Prisión en chile


4. La batalla de los murales

ĦAunque corten todas las flores jamás podrán impedir que retorne la primavera!

Un sacerdote prisionero, Regimiento de Copiapó, septiembre, de 1973.

Una de las más heroicas batallas que libraron los militares fascistas contra la cultura en Chile, en los días que siguieron al golpe, se libró contra la pintura mural: se ordenó borrar todos los murales que las brigadas "Ramona Parra" y "Elmo Catalán" habían pintado en numerosos sitios públicos y que expresaban la eclosión de un vigoroso arte popular y revolucionario. Pero la borratina no se detuvo ahí. El alcalde de Chillán, Gastón Cruz, oficial retirado del Ejército, ordenó borrar uno de los murales de mayor calidad artística que existía en Chile: el mural de Julio Escámez, ejecutado en el Salón de la Ilustre Municipalidad, de la ciudad natal del prócer Bernardo 0'Higgins. El mural ofrecía un panorama fabuloso de la sociedad contemporánea, con sus vertiginosos cambios científicos y tecnológicos, sus luchas sociales, la guerra y la paz. El alcalde Cruz no vaciló en tomar la decisión y el mural fue borrado.

Las autoridades militares, sin embargo, obligaron al pintor Julio Escámez, como lo hicieron con los más destacados artistas plásticos regionales, a donar algunas obras para el Fondo de la Reconstrucción Nacional.

En la sede regional de la Universidad de Chile en Chillán, también se borraron los murales, que en sus galerías interiores habían ejecutado profesores y estudiantes durante los Trabajos Sociales de Verano, del año anterior. La misma suerte corrieron los murales ejecutados en Quirihue, Yungay y San Ignacio. Pero los combates contra la pintura social no se detendrían ahí. Los militares chillanejos, más ignorantes aún que sus jefes metropolitanos, lo que es bastante decir, la emprendieron contra el mural que David Alfaro Siqueiros realizó en la Escuela México, de Chillán, donada al pueblo chileno por el presidente Lázaro Cárdenas en 1939.

Siqueiros ejecutó en esa escuela chillaneja una de sus obras más celebradas. Sin embargo, los militares no pudieron tolerar impasibles que en ese mural, cuya temática ofrece trazos paralelos de la historia de México y Chile, pudiera figurar el rostro del fundador del movimiento obrero chileno, Luis Emilio Recabarren, entre los próceres nacionales. Cuando la decisión de arremeter contra el mural de Siqueiros estaba tomando cuerpo, algunas personalidades locales menos afiebradas, vinculados a las autoridades militares, les sugirieron, tímidamente, que sería bueno obtener un dictamen técnico de Santiago antes de borrar el mural.

Al cabo de algunos días, arribó a Chillán una "misión técnica", que presurosamente se dirigió a la Escuela México para someter el mural de Siqueiros a su penetrante crítica de arte. Luego de darle una mirada, uno de los oficiales se dirigió a las autoridades locales que acompañaban a los "expertos" y les dijo: "No, señores, este mural no se borrará a pesar de que habría sobrados motivos históricos y patrióticos para hacerlo de inmediato... habría más líos con la Embajada de México... el señor Echeverría haría una tremenda alharaca y nos acusaría de destruir valores de la cultura... Ustedes saben que el señor Echeverría se ha convertido en un abogado de los allendistas... Hay que dejar el mural tal como está y luego será tarea de los profesores de la escuela explicarles al público y a los alumnos que el señor Siqueiros podrá ser un buen pintor, pero aquí ha tergiversado la historia de Chile... ĦSí, señores!, aquí se ha tergiversado nuestra historia nacional con fines políticos. De dónde han sacado que ese 'pinganilla' de Recabarren puede figurar en la galería de los próceres de Chile junto a 0'Higgins? El señor Recabarren podrá ser importante en Rusia, pero no en Chile, aquí no tenemos héroes de ese nivel; un agitador social, un agente del comunismo internacional... de manera, señores, que está claro: no revolvamos más las aguas con los mexicanos y vamos andando, porque nosotros tenemos mucho trabajo en la capital y regresamos esta misma noche..." (1)

Por fortuna, la misión no emitió un "informe técnico". Era evidente que traía instrucciones: no provocar mayores dificultades con la Embajada de México. La firme actitud del presidente Echeverría salvó también, como puede apreciarse, esta obra monumental de Siqueiros, tesoro del arte universal.


Notas:

1. El odio de clase de los fascistas los llevó a tratar de hacer desaparecer todo vestigio público de la fisura de Luis Emilio Recabarren: se ordenó quitar su nombre a poblaciones, calles, centros comunitarios, sindicatos, clubes deportivos, incluso, destruir el monumento que la Central Única de Trabajadores le había levantado en la Plaza Almagro de Santiago.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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