Prisión en chile


3. El golpe en la Universidad

Podrán quemar todos los libros de Marx, de Lenin y del Che,
pero no podrán quemar las ideas que iluminan nuestra época.

Un profesor de la Universidad de Concepción,
Isla Quiriquina, octubre, 1973.

Al instalarse el gobierno de la Unidad Popular, en las universidades chilenas se vivía un proceso de reforma de las estructuras del poder y de la política académica global. Los cambios en la estructura del poder abrieron participación a estudiantes, funcionarios administrativos y docentes en la conducción de la Universidad. En la política académica se expresaron en el llamado "compromiso social de la Universidad", buscando una vinculación de las actividades académicas con las tareas del desarrollo nacional y el proceso político que transformaba la sociedad chilena.

En la Universidad de Concepción (1) la reforma universitaria provocó serios conflictos, tanto por el carácter marcadamente oligárquico del poder universitario tradicional, como por la radicalización del movimiento estudiantil.

En 1969, la comunidad universitaria, en votación directa y proporcional, según se tratara de los estamentos docentes, no académico y estudiantil, eligió como autoridades máximas al doctor Edgardo Enríquez Frodden y al profesor Galo Gómez Oyarzún. Ambas personalidades representaban una fórmula de gobierno universitario de indiscutible solvencia académica y política. El rector Enríquez era un médico brillante, alto dignatario de la masonería y militante antiguo del Partido Radical. El vicerrector Gómez era un destacado profesor socialista, dirigente del magisterio, ex presidente de la federación de estudiantes.

Los rasgos esenciales de la política universitaria, que impulsaron las nuevas autoridades, podrían ser resumidos en los siguientes aspectos: desarrollo de una investigación científica, orientada a dar una respuesta académica a urgentes problemas nacionales, como la producción de nuevos alimentos, tecnología del cobre, transformación del agro, para cuya materialización se trabajó en importantes convenios concertados con la Corporación de Fomento de la Producción. Desarrollo de una docencia que respondiera a las necesidades de profesionales y técnicos para el trabajo productivo y los servicios. Se crearon nuevas carreras profesionales, cursos especiales para trabajadores y se ampliaron notablemente los cupos de matrículas y los programas de asistencia para favorecer el ingreso a las aulas universitarias a miles de jóvenes de modestos recursos. Desarrollo de una difusión cultural vinculada a las luchas de los trabajadores, apoyando sus niveles de organización sindical, vecinal y cooperativa, otorgando una decidida primacía a proyectos de promoción social y cultural de la mujer.

Una investigación, docencia y difusión, de tales contenidos, no pudo realizarse impunemente. El odio de clase contra la Universidad de Concepción se expresó en violentas agresiones de los partidos políticos reaccionarios, provocaciones de los colegios profesionales y desusados ataques de la prensa ligada a quienes la nueva orientación universitaria amenazaba en sus privilegios. En el interior de la Universidad, el fascismo se aglutinó en torno a una conocida consigna reaccionaria: "ˇFuera la política de la Universidad!" A la política del compromiso social de la vida académica, el fascismo opuso las hipócritas voces del apoliticismo, postulando una tecnocracia y escapismo social tajantemente reaccionario.

Lamentablemente para el avance del fascismo, el terreno fue abonado por muchos errores de la izquierda: demandas extemporáneas y demagógicas, a veces surgidas de la disputa entre fuerzas de la propia izquierda por la influencia estudiantil; divisionismo suicida entre los diversos grupos estudiantiles de izquierda; agitación de una propaganda ramplona y sectaria. La vida ha demostrado que no basta tener una política justa sólo en los principios si no se sabe implementar la concepción estratégica con una táctica adecuada, sensata, flexible y coherente; imponer disciplina y tener en cuenta las peculiaridades de cada frente de lucha.

El vuelco hacia la derecha de los sectores de las capas medias, que se verificaba en el país desde fines de 1972 por variadas razones surgidas del proceso general de avances y dificultades del gobierno del presidente Allende, fue favorecido en la Universidad por serios y reiterados errores de la izquierda. Al producirse, a comienzos de 1973, las elecciones para rector y vicerrector, el fascismo logró articular un frente político en la Universidad de Concepción capaz de derrotar a las fuerzas de izquierda, las que además se presentaron a la elección con dos candidaturas: una de la Unidad Popular y otra del MIR.

La rectoría fue ganada por Carlos von Pleassing y la vicerrectoría por Lorenzo González, ambas personalidades de escaso relieve académico, pero sostenidas con virulencia por quienes ofrecían la despolitización universitaria. No obstante, los estatutos universitarios establecidos por la reforma universitaria, y que tenían el carácter de una ley de la república, radicaban la suma del poder académico en el Consejo Superior. Este organismo estaba integrado por los directores de escuelas e institutos, por los directores de Investigación Científica y Difusión Cultural, y por una importante representación estudiantil. El Consejo Superior no se renovaba paralelamente al nombramiento del rector y del vicerrector, de manera que la izquierda retuvo un amplio control sobre este cuerpo colegiado.

A las pocas semanas de instaladas las nuevas autoridades en la rectoría y la vicerrectoría, se hizo evidente que pronto el conflicto de poderes entre estos personeros y el Consejo Superior sería inevitable. En estas condiciones, sorprendió el golpe fascista a la Universidad de Concepción. A pocas horas del golpe, el rector von Pleassing dio en la Universidad su propio golpe: decretó la disolución del Consejo Superior y asumió todo el poder. La resolución del rector recibió el respaldo público de los jefes militares más importantes de la región, el general Washington Carrasco y el almirante Jorge Paredes. El comunicado de los militares reconocía que, "dentro de los principios de la autonomía universitaria", corresponde que su propia autoridad estudie y resuelva todas las medidas conducentes a la reorganización de la Universidad de Concepción. Sin embargo, a pesar del carácter abiertamente fascista del pronunciamiento universitario del rector, y de las referencias a la "autonomía universitaria" de los jefes militares de la región, pronto von Pleassing habría de tener un retiro bochornoso. (2)

Los jefes militares lo desplazaron e instalaron en la rectoría a un capitán de navío en retiro y que era, hasta hacía algunas semanas, un funcionario administrativo encardado de los hogares universitarios. Probablemente, a ningún reaccionario de la Universidad ni de la región le habría pasado jamás por la cabeza que un individuo como el capitán Guillermo González Bastías pudiera llegar alguna vez a ser la autoridad máxima de la Universidad de Concepción. El capitán carecía de la más elemental solvencia académica, sin titulo ni estudios universitarios; además, había sido separado de su cargo por el Consejo Superior, a petición de los alumnos, por inmoralidades e incompetencia manifiesta en el manejo de los hogares estudiantiles.

El capitán González Bastías asumió la rectoría con plenitud de poderes y ha tratado de ejercerlos desde el primer día. Designó todas las nuevas autoridades académicas y administrativas. Buscó afanosamente colocar en las direcciones de escuelas e institutos a gente que "no le hiciera sombra"y, no obstante que logró reclutar un elenco no despreciable de ilustres mediocridades, la verdad es que sigue siendo la figura más enana del gobierno actual de la Universidad de Concepción.

Carente de toda autoridad intelectual y moral, ejerce su poder apoyado en los carabineros y militares instalados en las puertas de las aulas universitarias, y de oficiales que controlan cada paso significativo de la vida académica y administrativa. Incluso, desplazó pronto al secretario general, abogado Ramón Domínguez, un hombre de reconocidas tendencias reaccionarias, pero que tenía un grave defecto: un posgrado en Europa y cierto estilo civilizado para tratar a la gente, que para el capitán-rector no era más que pura "debilidad ideológica". El abogado Domínguez fue relevado de su cargo por un fiscal de carabineros de apellido Villagrán, quien de uniforme y con los procedimientos propios de un policía con poder, cumple sus funciones a plena satisfacción del capitán González Bastías. El capitán-rector comentó a la prensa, cuando el policía asumió la Secretaría General de la Universidad: "Se trata de revestir a la autoridad universitaria del don de mando necesario para asegurar el libre desarrollo del espíritu que, como se sabe, es el lema de nuestra querida Universidad..."

Una apretada reseña de las tropelías cometidas en la Universidad de Concepción, iniciadas bajo von Pleassing y continuadas por su capitán-rector, registra los siguientes hechos principales: 1) Clausura de las escuelas de Sociología y Periodismo. Expulsión de todos los alumnos y profesores. 2) Clausura del Instituto del Arte, con expulsión de todos los actores del Teatro Universitario y de otros numerosos artistas y profesores. 3) Clausura del Consejo de Difusión Cultural, con expulsión de más del 90% del personal que trabajaba en los programas de acción social, escuelas de temporada, publicaciones, etc. Ordenó quemar todos los materiales recopilados para el Museo del Movimiento Obrero Chileno, uno de los principales proyectos en marcha; destruyó miles de fotografías, cintas magnetofónicas, libros, folletos, carteles, periódicos, etc. También fueron quemadas todas las publicaciones del Consejo y la Radio de la Universidad, dependiente de este organismo, transformada en Radio de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. 4) Despido de más de 400 profesores y funcionarios administrativos. 5) Expulsión de la Universidad de alrededor de 5 mil estudiantes. 6) Proscripción de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción.

El presidente de la Federación de Estudiantes de Concepción, Enrique Sepúlveda, fue autorizado para asilarse en la Embajada de Francia, tenazmente perseguido por las autoridades militares. El secretario general, Antonio Leal, y los dirigentes Darío Villarroel, Francisco Feres y Mario Ricardi, fueron capturados y llevados a la isla Quiriquina, donde permanecieron varios meses detenidos. Las torturas y presiones de todo tipo resultaron inútiles para desmoralizarlos. A Feres le detuvieron a su esposa, en avanzado estado de gravidez, y resultaba emocionante verla cuando lograba algunos minutos para hablarle. Con Leal y Villarroel compartimos muy estrechamente el cautiverio. Nos reconfortaba comprobar su madurez política, nivel ideológico y fortaleza moral, propia de cuadros que habrán de jugar un destacado papel en el futuro de la revolución chilena.

Además de estos dirigentes, centenares de estudiantes fueron detenidos y torturados en diversos lugares de Concepción y algunos llegaron hasta la isla. La Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción era uno de los principales blancos del odio fascista, por su trayectoria de lucha que la puso a la vanguardia de los estudiantes chilenos. La notable politización de la masa estudiantil, la calidad de sus líderes y sus profundas vinculaciones con los trabajadores dieron a esta organización estudiantil una importancia política de carácter nacional. 7) Confinamiento por largos periodos, incluso de más de un año, de numerosos profesores universitarios: Edgardo Enríquez, Galo Gómez, Jorge Peña, Orlando Retamal, Marco Antonio Enríquez, Mario Ricardi, Sergio Arredondo, Jorge Yáñez, Rafael Darricarrere, Iván Salazar, Fernando Enríquez Barra, Eugenio García, Pablo Aznar, Edgardo Garbuisky, Rigoberto Rivera, Pilar Campaña, Néstor d'Alessio, Miguel Aignarent, Marcelo Ferrada, Nimia Jaque, Alejandro Witker, Wenceslao Rioseco, condenado a tres años de cárcel y Pedro Améstica, condenado a treinta años. 8) Cierre de los hogares de estudiantes y cancelación de las más importantes conquistas de asistencia estudiantil, sobre la base de "financiar el presupuesto universitario y que todos sus servicios se paguen". 9) Persecución ideológica a todas las expresiones del pensamiento social avanzado, inclusive a personalidades demócratas cristianos. El director de la Escuela de Medicina, doctor Fructuoso Viel, militante demócrata cristiano, fue separado de su cargo por no darle suficiente confianza al capitán-rector. 10) Asesinato por tortura de dos miembros del Consejo Superior: el ingeniero Pedro Ríos, ex director de la sede de Los Angeles de la Universidad de Concepción y el periodista Fernando Alvarez Castillo, de Radio Universidad de Concepción. 11) Degradación del conjunto de la vida académica: calidad de la docencia, opresión del pensamiento, delación y amenazas.

El capitán-rector ha impuesto la adulación oficial a su persona. En ocasión de su santo, organiza comidas a las cuales se obliga a asistir a todos los profesores. En cada escuela se solicitan adhesiones vergonzantes en dos listas, en una deben firmar los adherentes y en otras quienes se excusan con las razones correspondientes.

En enero de 1975, el capitán-rector conmovió al país con una de sus medidas destinadas a "restablecer la disciplina y el principio de autoridad" en la Universidad de Concepción. Con voz tronante anunció a la prensa que había ordenado la expulsión de todos los alumnos del cuarto año de la escuela de Medicina, como represalia por el hecho de que algunos estudiantes, que hacían práctica en un hospital, habían sustraído anticonceptivos. Era evidente que la medida era desproporcionada al supuesto delito y que, además, resultaba absurdo sancionar a un curso entero por faltas cometidas por un grupo de alumnos. Pero el capitán-rector permanecía inconmovible y respondía en tono doctoral, negándose a los ruegos de los estudiantes afectados con una de sus máximas preferidas: "La ley pareja no es dura, y cuando es dura, es como piedra".

Por su parte, el almirante Castro, ministro de Educación, se negaba a intervenir "porque el gobierno es celoso de la autonomía universitaria y los problemas académicos deben ser resueltos por las autoridades académicas". El escándalo trascendió las fronteras: una universidad británica ofreció becas para todos los alumnos expulsados, incluyendo los pasajes, para su inmediato traslado a Inglaterra.

Pinochet metió mano en el asunto y ordenó al capitán-rector dejar sin efecto su medida, para no dar pretextos a la campaña internacional contra su gobierno. El capitán González, al recibir la orden de su superior jerárquico, recordó que en el cuartel las voces de mando no se discuten y dejó sin efecto la medida, declarando que lo hacia "para evitar hacerle el juego al gobierno marxista-leninista-laborista de su majestad la Reina de Inglaterra".

El capitán-rector realiza su obra destructora en la Universidad convencido de que cumple una misión histórica; "mientras los norteamericanos se ablandan con Rusia, nosotros nos endurecemos... Chile será el más firme bastión de Occidente contra el flagelo rojo que avanza sobre el mundo y ante el cual se derriten las democracias inoperante de Europa... Chile será un ejemplo para el mundo libre y en esta cruzada los universitarios de Concepción tenemos que cumplir grandes responsabilidades...", decía en una entrevista radial, a pocos días de haber asumido su cargo.

En otra oportunidad, declaró a los medios de difusión: "Somos nacionalistas ciento uno por ciento... chilenos de tomo y lomo, rechazamos las ideologías foráneas que destruyan la nacionalidad; no tenemos más bandera que la chilena, más escudo que el chileno, más canciones que el sagrado himno patrio y el hermoso folklore de nuestros 'huasos'... somos nacionalistas hasta la médula, por eso rechazamos el marxismo que es una ideología al servicio de Moscú..." En esa misma ocasión, anunciaba a la prensa que viajaría a Santiago para obtener el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos para una solicitud que tenia presentada en aquel país encaminada a la venida inmediata de 150 Cuerpos de Paz; elementos a los que calificó, como "muy preparados", y que "vendrán a reforzar nuestra docencia y la investigación científica... sin hacer política".


Notas:

1. Nos referimos solamente a la Universidad de Concepción, principal centro de educación superior de la región del Bío-Bío. Al 11 de septiembre de 1973, tenía alrededor de 20 mil estudiantes y 1400 profesores.

2. El golpe de von Pleassing en la Universidad de Concepción, superó en brutalidad a todo lo ocurrido en el resto de las universidades chilenas, antes del nombramiento de los interventores militares. Tiene el triste honor de ser el único rector que inició la persecución por su propia cuenta, revelando una increíble cobardía moral y un desprecio absoluto por los valores académicos.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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