El caso Schneider

INTERVENCIÓN DEL ABOGADO DE LA FAMILIA SCHNEIDER

SR. SERGIO POLITOFF

Señor Presidente

Me he visto en la necesidad de ordenar el gigantesco material de este proceso, en torno a ciertas preguntas fundamentales.

La opción, el énfasis, en estas materias, no ha podido estar determinado, como habría sido mi deseo, por el contexto histórico, excepcional, en que el hecho sucedió, ni siquiera por la magnitud material extraordinaria del expediente en que aparecen centenares de protagonistas y testigos y una cantidad enorme de incidentes, de anecdotarios y de acontecimientos, sino que sobre todo por la verdadera avalancha de palabras de los abogados defensores, quienes a través de sus escritos y de sus alegatos colocan a los abogados representantes del Gobierno, y de la parte perjudicada, en la necesidad de afrontar toda suerte de acrobacias jurídicas, de hacerse cargo de las mas variadas y caprichosas observaciones, tanto desde el plano del Derecho, como en el plano de los hechos.

Hacerse cargo, Ilustrísimo Tribunal, de cosas tan sorprendentes, de verdaderas paradojas, como que por ejemplo la muerte no es, legalmente, un daño grave, o la pretensión de que una persona que está encerrada, bloqueada, por individuos armadas, para desprenderse de los cuales hay que colocarse en la posición de la ignominia de levantar los brazos y pedir clemencia o afrontar el riesgo que eso significa, y que a esto se llame secuestro frustrado, porque, según dijeron algunos abogados, podía el General Schneider moverse ágilmente en el interior del automóvil, o podía bajarse a dar una caminata.

Pregón de pescado

A toda esta superchería jurídica, Ilustrísimo Tribunal, que casi corresponde a lo que el viejo Azorín llamaba "pregón de pescado" que según sostiene es la fórmula con que en Segovia todavía se habla de aquellos discursos que suscitan incredulidad e ironía, al lado de este pregón de pescado Jurídico está la farsa en el plano de la presentación de los protagonistas, porque, Ilustrísimo Tribunal, en esta tentativa por hacer de lo blanco negro y de lo negro blanco, toda la sordidez, toda la insania, toda la locura moral, toda la crueldad de los personajes de este terrible episodio de nuestra Historia, aparecen cubiertas por los cosméticos pastosos con que el señor Roberto Viaux es presentado, por ejemplo, como una especie de águila de las montañas, y los sicarios, en que hay toda una inquieta fauna, como verá Vuestra Señoría Ilustrísima, con el prontuario policial, y con los datos que arroja el proceso, que ha habido que estudiar con toda minuciosidad, en que hay rufianes, "cogoteros", estafadores profesionales, traficantes de drogas, maniáticos y psicópatas, son presentados como una especie de haz deslumbrante de altruismo, de idealismo, de patriotismo y de generosidad.

Es pues indispensable para esta defensa destinar la mayor parte de las observaciones a refutar todo aquello que hay de farsa en lo jurídico, y que significa la pretensión de llevar a este Ilustrísimo Tribunal -lo que naturalmente no podrían conseguir- a transformar a nuestra justicia en el hazmerreír de la justicia mundial, porque este no es un proceso que puede pasar inadvertido en el mundo, porque la sentencia será, inevitablemente, estudiada, y los disparates jurídicos que aquí se pretende obtener cubrirían de vergüenza la tradición jurídica de nuestro país.

Al lado de ello está la desfiguración de los personajes y de los acontecimientos, y todo ello coloca -insisto- a esta defensa en la necesidad de desordenar, en alguna medida, la exposición, para poner el énfasis, para poner la atención en aquellos puntos que los abogados contrarios nos forzaron a abordar.

Lo decisivo

Tradicionalmente, en un proceso criminal es preciso responder a dos preguntas: la pregunta de la tipicidad, o sea, ¿qué es lo que hiciste y cómo se llama, para le ley penal, aquello que tú hiciste?; y la pregunta de la culpabilidad, o sea, la pregunta sobre el reproche moral, sobre el reproche subjetivo, sobre la medida de reproche que debe hacerse a cada individuo por aquello que hizo.

Pero, si así procediéramos, Ilustrísimo Tribunal, en este caso, si restringiéramos el debate a estas dos preguntas: ¿cómo se llama lo que hiciste? y ¿cuál es el grado, cuál es la medida de tu culpabilidad?, estaríamos obviando aquello que, a mi juicio, es lo decisivo en este proceso, aquello que si no se considera no se entiende lo fundamental de este caso. Y es que se trata de un crimen perpetrado por un aparato, por una organización.

El que lleva las riendas

Y el que llevaba dolosamente las riendas, el que tenía el control de la situación, el hombre que estaba detrás, el que tenía que decidir el sí, el cuándo, el cómo, el que manejaba todos los hilos de la situación, el que estaba en el primer rango, aquel a quien le bastaba mover un dedo para que el secuestro del General Schneider no se perpetrara, esta persona es Roberto Viaux Marambio.

Y no es por azar, señor presidente, que el abogado de Viaux ha tratado de miminizar la importancia de la intervención de Roberto Viaux; "uno de tantos en el engranaje", dijo. En realidad se le ha tratado de colocar, y él mismo ha tratado de colocarse, lo más distante posible de los acontecimientos.

Un trabajo decente

Esto no tiene nada de original. Ya en otras ocasiones otros criminales han hecho cosas parecidas. Y, por ejemplo, es muy sintomática a este respecto, la actitud de Adolf Eichmann, primero frente a la policía, y luego frente al Tribunal de Jerusalén. ¿Qué fue lo que dijo Eichmann en el interrogatorio policial?

"En mí se habrían producido antes conflictos, si hubiera estado detrás de las alambradas de espinos, y hubiera tenido que actuar dentro del campo de concentración, pues, entonces, me habría encontrado metido dentro del acontecimiento". Y Adolf Eichmann, así como Roberto Viaux, siempre quisieron estar fuera del acontecimiento.

Cuando Roberto Viaux se reúne en la calle Amunátegui, para dar las instrucciones destinadas a que sea perpetrado el secuestro del General Schneider y si es posible, también el del General Prats, ("Operación Alfa" y "Operación Beta"), a la salida de la comida de generales, él parte a Viña, y está en Viña y está en Reñaca, está lejos del acontecimiento.

¿Qué es lo que dice, Ilustrísimo Tribunal, Eichmann al Juzgado de Jerusalén? "Nosotros no teníamos que ver con ninguna clase de horror, sino que hicimos nuestro trabajo de una manera decente". ("Anstandig" es la palabra alemana que él usa: "decente", "honorable".)

Esta decencia esta honorabilidad, esto de mantenerse distante. Eso de no usar el arma. Eso de no estar ahí metido con los automóviles, es lo que pretende Viaux que lo desgaje del horror en que consistió este crimen abominable.

¿Y qué dijo la sentencia del Tribunal de Jerusalén en el caso de Eichmann? "Su conciencia hubiera despertado si hubiese tenido que arrojar personalmente los recipientes de gas entre las víctimas. Pero su cometido consistió en capturar las victimas en los países de Europa y deportarlas a las cámaras de gas, su conciencia permaneció tranquila".

Distancia y responsabilidad

Ilustrísimo Tribunal, hay una obra: "El autor detrás del autor", del profesor Friedrich Christian Schroeder. Ahora, qué es lo que explica al mencionado tratadista en esta obra, que se llama "El autor detrás del autor", "Contribución a la teoría de la autoría mediata", edición de Berlín, 1965:

"Reiterado aplauso, aprobación ha "encontrado en la literatura alemana el dictamen del fallo del Tribunal Distrital de Jerusalén, de acuerdo con el cual la medida de la responsabilidad no disminuye sino crece con la mayor lejanía o distancia del lugar del hecho".

Y este famoso fallo, señor presidente, a que se refiere Schroeder, y que ha producido tanto entusiasmo en un país que se caracteriza por algunos de los más profundos estudios en el ámbito del Derecho Penal, porque todo el mundo sabe que 31 algo existe en Chile en materia de dogmática jurídico-penal, si algo hemos aprendido para entender la teoría del delito, se debe en buena parte a los grandes autores, a los grandes tratadistas alemanes. Y en este momento, en Alemania, se recibe con aplauso esta contribución del fallo de Jerusalén, en el caso Eichmann.

¿Y qué es lo que dice, exactamente, el fallo en esa materia? Lo extraigo del libro "Política y crimen" del gran escritor, ensayista y poeta Hans Magnus Enzesberger, Frankfurt, 1964. Esto dice el fallo de Jerusalén:

"En un crimen tan horrible y complicado, como es aquel del que tenemos que ocuparnos, un crimen en el cual muchas personas, de diversos planos, y a través de distintos modos de acción, toman parte como ideadores, organizadores y órganos de ejecución, de acuerdo con sus variados rangos, en un crimen semejante tiene poco sentido servirse de los conceptos habituales de instigación y conspiración. Pues estos crímenes fueron cometidos masivamente, no solamente en consideración a las víctimas, sino también en consideración a los autores. Y la distancia de un autor respecto de aquel que ha matado fácticamente a la victima, o su cercanía de él, carece de importancia como medida para su responsabilidad. Todo al contrario, dicen los jueces de Jerusalén, crece, en general, esta responsabilidad, en la medida en que nos alejamos, de aquel que ha usado con su propia mano el instrumento homicida".

El que no puede ser cambiado

Y la explicación. Ilustrísimo Tribunal, de por qué en estos crímenes perpetrados por aparatos organizados la distancia hace crecer la responsabilidad con respecto al ejecutor que pone las manos violentas sobre la víctima, la da el eminente Claus Roxim. El ha dado la más clara explicación de este asunto. De por qué el autor que está detrás del autor, tiene el dominio del hecho y tiene el dominio de las voluntades.

El autor mediato, Ilustrísimo Tribunal, tradicionalmente se restringía a aquellos casos en que un sujeto mediante coacción utilizaba a otro individuo como instrumento, o cuando una persona utilizaba a otra mediante error, como por ejemplo, si un individuo en un hotel le dice a un camarero: "Mire, vaya a la habitación 51, mi habitación, a buscar mi maletín, que se me quedó allá". Entonces, naturalmente, es la larga mano del autor mediato que se sirve de un instrumento inconsciente; ése es el autor mediato.

Pero Roxim dice: Hay otra tercera situación, en que no hay miedo, no hay coacción ni hay engaño. Es el caso del dominio de las voluntades, gracias al aparato de poder de la organización.

¿Y en qué se manifiesta, señor presidente, este poder que maneja en una organización el hombre que está detrás? La respuesta está: "...en que se pueda cambiar a los ejecutores a discreción".

Es la fungibilidad de los ejecutores, es la intercambiabilidad de los ejecutores lo que caracteriza esta situación de principal responsabilidad del hombre que está detrás. Si bien los ejecutores son responsables, como autores, porque son autores dolosos, son empero, personajes anónimos, para el que está detrás, para el que decide el sí, el cuándo y el cómo. Y que se llame "El chico Mario", o que se llame Lagos, "Giro Sin Tornillo" o que se llame "Severino" o se llame "Gilberto", todos ellos pueden ser cambiados unos por otros en cualquier momento, Ilustrísimo Tribunal. El que no puede ser cambiado es aquél que tiene que decidir cuándo y cómo, y que tiene que decidir el sí del delito.

Contrapunto

Señor presidente; yo quisiera, demostrar sa la práctica de este proceso, cuánta verdad hay en lo recién planteado. Tomemos, por ejemplo, a dos de los ejecutores: Luis Hurtado Arnés, alias "Leonardo" y Fernando José Cruzat, alias "Custodio".

Cruzat, "Custodio", nace en 1936; Hurtado, "Leonardo", en 1937. Anotaciones policiales de Cruzat, "Custodio": registra delitos tales como diversos robos, usurpación de funciones, giro doloso de cheques, tráfico de drogas.

Prontuario de Hurtado, "Leonardo" -nombre delicado- estafas reiteradas, giro doloso de cheques.

Ambos tienen una característica -por lo demás muy frecuente en estos aventureros el correspondiente viaje a la Argentina-. Uno en 1965, el otro en 1969. Ambos son naturalmente, Ilustrísimo Tribunal, ardientes nacionalistas, y partidarios del orden, porque a ello no obsta ni oscuro prontuario en delitos comunes. Y así Hurtado, "Leonardo", fue presidente de la Juventud del Movimiento Independiente Alessandrista, sigla MIA y luego presidente del Movimiento Cívico Independiente, de ultraderecha.

Cruzat, "Custodio", miembro del grupo derechista Ofensiva Nacional de Liberación.

La Sirena y el placer

Pero, hay más: estas dos personas fungibles, en edad, en su trayectoria, en su carácter delictuoso, en este caso concreto actúan de la misma manera, almuerzan en la boite "La Sirena", de propiedad de otro individuo fungible, aunque mejor colocado, Carlos Aravena, traficante de cocaína y dólares. Ahí, en el departamento que este Aravena ha facilitado, se realizan las reuniones conspirativas, se organiza el secuestro, materialmente, en sus detalles, y almuerzan en "La Sirena", frecuentemente con mujeres, hay una serie de alusiones a esta materia en el curso del proceso. Entonces, en esa atmósfera, en esa boîte, donde hay tráfico de cocaína, donde hay tráfico de dólares, en. reuniones con "niñas", ahí almuerzan, porque son, naturalmente, mercenarios, individuos que no trabajan, cuya trayectoria es la trayectoria de los delincuentes.

Pero, sigue la fungibilidad, Ilustrísimo Tribunal, ambos son guardaespaldas de Roberto Viaux, ambos viajan a Viña después de aquélla reunión en calle Amunátegui, viajan acompañando a Viaux, con otro intercambiable sin oficio, con otro individuo fungible: Requena, alias "Erasmo" -porque hay esta predilección por nombres espirituales: "Leonardo", "Erasmo"- el 18 de octubre viajan a Viña, para acompañar a Viaux, y hace Hurtado esta observación, a fojas 482:

"El 19 y 20 de este mes, en Viña, el "general Viaux procedió a visitar a un familiar de la calle Libertad, paseó por el centro, y fue a lugares de recreo, dándome cuenta que su propósito era hacerse notar, lo que "al parecer consiguió".

La coartada

¿Y por qué tanto interés en hacerse notar? ¿Por qué había que construir esta coartada?

Porque Roberto Viaux no quería estar en él acontecimiento. Porque Roberto Viaux quería aparecer alejado del horror. Porque Roberto Viaux estaba realizando la parte "decente" de la operación. El era el hombre que está detrás. El no era el ejecutor. El había dado las instrucciones en esta reunión, en la calle Amunátegui. El había dicho: "Va a haber una comida de generales. El General Schneider va a ser el primero en retirarse, naturalmente, él es el invitado. Si es posible, secuestren también al General Prats. El general Valenzuela se las arreglará para mantener y entretener al resto de los asistentes". Indica cuándo, indica cómo; da la instrucción, pero él parte a Viña y se hace ver, de manera ostentosa.

Ahora bien, Requena, o sea "Erasmo", relata: "A las 11 horas, encontrándome en el hotel "San Martín", de Viña, Hurtado atendió una llamada. Y al pasarme el fono escuché una voz que decía: "Habla Raúl Igualt, para que le comuniquen a Roberto, que la operación del cuñado no se hizo'" Dice Requena: "Se ubicó a Cruzat, se le comunicaron estas palabras, y todos volvieron a Santiago".

Los que pudieron estar

Pero, Tribunal Ilustrísimo, acontece una cosa curiosa: Hurtado, o sea, "Leonardo" y Requena, o sea, "Erasmo", están presos, y Cruzat, "Custodio", está en libertad. ¿Y por qué?

Porque el 22 de octubre, a las 8,15 Hurtado y Requena estuvieron allí. Hurtado en el "Borgward" de Gallardo, esperando en la ubicación en que se le habla dejado, ahí, en Martín de Zamora, al llegar a Américo Vespucio. En cuanto a Requena tenía que chocar con el jeep el "Mercedes" del general, por detrás. Pero Cruzat no estaba. Podía haber estado, podía haber sido otro el que estuviera en el jeep, podría haber sido otro el que estuviera en el "Borgward" ¡daba lo mismo!, ¡todos eran intercambiables, todos eran fungibles! Decidía Viaux, decidía el general, decidía el que estaba detrás.

¿Y qué relata Cruzat? A fojas 2.702:

"Cuando tomaba desayuno con Viaux, escucharon la noticia del atentado en contra del general Schneider. Viaux lanzó un garabato".

Pudo haber sido Requena el que escuchara el garabato, y pudo haber sido Cruzat -insisto- el que chocara con el jeep el "Mercedes" del general, porque se trata de individuos fungibles, intercambiables a discreción, porque han sido contratados como mercenarios, Ilustrísimo Tribunal.

La fortuna gira sin tornillo

¿Y no es también fungible o intercambiable otro mercenario sin trabajo?; Pedro José Lagos, alias "Giro Sin Tornillo", que es un individuo muy afortunado, porque se quedó dormido el día 22. El participó en atentados dinamiteros. El estuvo en el conato del día 19 a la salida de la comida de los generales. Estuvo el día 20 esperando la salida del general Schneider del Ministerio de Defensa. Participó el día 21 en los ensayos, en el Parque Cousiño, en el Barrio Alto. Pero, el día 22 se quedó dormido. Y por eso está en libertad.

Dos para un volante

Esto muestra a las claras, Ilustrísimo Tribunal, que todos los miembros de la banda son intercambiables, de la misma manera como son fungibles el taxista Yapur, como el taxista Berríos Silva, "El Chico Mario". Con la diferencia que a Yapur se le ha presentado aquí en los alegatos, como a un ser de una prodigiosa ingenuidad, con la misma perplejidad frente a su delito como un buey frente a un piano, que no entiende nada de lo que pasa, en circunstancias que, como luego se verá, tenía perfecto conocimiento de lo que acontecía. Había estado en reuniones con Viaux. Conocía hasta la denominación de los planes. Pero, Yapur es perfectamente intercambiable con su colega y amigo, Berríos Silva, aunque no es desdeñable el dato de que Mario Berríos tiene una condena por cuasi-delito de homicidio, y una condena a cuatro años por hurto. La diferencia está, con todo, más bien, en que Berríos Silva estaba sin trabajo y entonces era, naturalmente, más fácil que se sintiera tentado a participar como mercenario en este hecho.

Un caballero gallardo

Y el resto de la banda: Luis Gallardo Gallardo, alias "Gilberto". Según nos cuenta Diego Dávila, a fojas 313, dice Roberto Viaux, de Gallardo: "Gallardo, es un hombre valioso y de buenas ideas".

Ilustrísimo Tribunal, yo quiero que profundicemos un poco en este hombre valioso y de buenas ideas. Topelberg nos relata, a fojas 435:

"Al día siguiente, el hombre gordito que cuidaba el local de Catedral, y que al parecer vivía allí, había amenazado de dar cuenta de nuestras actividades al diario Clarín. Ante ello, Gallardo amenazó con 'darle el bajo' si hablaba. Por ello conversé con Gallardo y le señalé mi disconformidad ante el procedimiento, señalándome Gallardo que no podía echar pie atrás y que si alguno de nosotros trataba de hacerlo le 'darían el bajo' igualmente a alguien de nuestras familias".

Y a fojas 261 Silva. Donoso dice:

"Gallardo me manifestó que todo lo que viera me lo callara, bajo amenaza de ser baleado".

Pero, ¿no se tratará, señor presidente, de mera bravuconería? Porqué por algo le dijo el señor Igualt Ramírez a Díaz Pacheco, cuando Díaz Pacheco, este individuo tan especial, esta mezcla de patriotismo, de nacionalismo, de codicia, de avaricia, de sordidez, que quiere el golpe de Estado, pero quiere su plata, y va entonces, permanentemente reclamando el dinero de las armas y va a pedírselo a Viaux, entonces Igualt le dice a Díaz Pacheco: "Gallardo es un caballero respetable". Este caballero respetable -Gallardo- tiene los siguientes antecedentes, Ilustrísimo Tribunal, el 29 de mayo le 1952 declarado reo por tráfico ilegal de drogas, en el 2º Juzgado del Crimen; el 23 de febrero de 1959, declarado reo por el delito de hurto, por el Juzgado del Crimen de Valparaíso; el 13 de enero de 1968, giro doloso de cheques, del 4º y del ler. Juzgado. Naturalmente, ardiente nacionalista, hombre de orden, etcétera.

Peldaños de un escalafón

Sin embargo, yo na diría que Gallardo es enteramente fungible e intercambiable, por ejemplo, con Melgoza. No porque el alias de uno sea "Gilberto" y del otro sea "Severino"; ni tampoco por su ideología, que ya sabemos que todos tienen la misma, ni siquiera porque Gallardo sea delincuente, ponqué si bien Gallardo aparece como traficante de estupefacientes, ladrón y estafador, Melgoza no lo hace mal porque tiene una anotación de tres años y un día del Juzgado de Punta Arenas por robo con violencia, o sea, se trata de un "cogotero"; "...pedante y rosquero.. .", dice de él a fojas 2.960, Humberto Luis Contreras. La diferencia está, Ilustrísimo Tribunal, únicamente en el rango. Porque en estas organizaciones en que hay un hombre que está detrás, que es Roberto Viaux, y hay sujetos que actúan como órganos de ejecución, intercambiables y tangibles entre sí, hay, sin embargo, ciertos rangos, ciertos peldaños; y "Gilberto" -Gallardo- está en realidad en el escalafón más arriba que Melgoza, más arriba que "Severino". Es muy característica en la psicología de Gallardo, que él llega el 22 al sitio del suceso, hace la última inspección, conversa con los que van a participar en el secuestro, revisa el bloqueo de la calle, y después, como una serpiente, se escabulle.

El no está, en verdad, en el momento mismo del secuestro y del homicidio: se ha escabullido unos minutos antes ¿y para hacer qué, Ilustrísimo Tribunal? Para irse a Viña, al Hotel "0'Higgins". Porque hay en esta colección de delincuentes algo que es común en todos ellos, además de sus antecedentes, es la insensibilidad moral, la anestesia moral, que Vuestra Señoría ilustrísima la va a encontrar en todos los personajes, cualquiera que sea su posición, desde Viaux, el que está más arriba, hasta el último de estos ejecutores.

La canallada dorada

Pero, el aparato organizativo del crimen no estaba compuesto únicamente por hampones, por delincuentes comunes, por vagos, gente sin trabajo, que iba a almorzar gratis a "La Sirena", y que se alquilaban para el delito. Hay, por lo menos, otros dos grupos de personas manejados, naturalmente, todos por el hombre que está detrás, por Viaux.

Uno es el de los magnates opulentos: los Bouchón, los Cosmelli, los Vinet, Carey Tagle y otros, fungibles también entre si, que corresponden, más bien al aparato logístico; son los que proporcionan los medios, son los que proporcionan los automóviles. Ellos no se reúnen en "La Sirena", ellos se reúnen en sitios aristocráticos, en Santa Rosa de Las Condes, en el Club de Polo, en el Club de La Unión, etcétera. Este es otro de los grupos, el aparato de la logística, el grupo de los millonarios.

Los maniáticos

Tenemos el grupo de los hampones, el grupo de los magnates y hay otro grupo, en que está Diego Dávila, en que está Mario Montes, que son los maniáticos.

Son los militantes, los viejos y obsesos militantes del Partido Nacional Socialista; gente que tiene ya una tradición en este sentido. Es una verdadera obsesión la de introducirse en esta clase de asuntos, porque tienen un cierto desequilibrio en sus facultades mentales, o en su sentido moral. Están, desde luego, Juan Luis Bulnes, los Izquierdo Menéndez, que aunque por su fortuna podrían haberse conformado con un trabajo de logística, quisieron estar allí, en el momento en que se iba a perpetrar el crimen, y estuvieron allí, y dispararon por la espalda, sobre el general Schneider.

Culpabilidad y carácter

Ilustrísimo Tribunal, yo me detengo en estas cosas, porque se está juzgando a seres humanos, y no es posible emitir un juicio de culpabilidad sin conocer cómo son estas personas. Son seres humanos y tenemos que conocer su carácter y tenemos que conocer su motivación. Es la única manera de que todos estos fantasmas que aquí se nos han presentado, y que se trata de diluir, a través de formalismos, adquieran su verdadera significación.

Nacionalismo de magnates

Digamos del grupo de los magnates que está compuesto -para parafrasear a Roberto Viaux- de hombres valiosos y de muy buenas ideas; sobre todo muy valiosos. Comencemos con Julio Antonio Bouchón Sepúlveda, casado con doña Raquel Teresa Lyon Ossa, playboy, secretario del Club de Polo y Equitación San Cristóbal, tesorero del Old Grangonian Club; posee dos aviones, un "Bonanza" y un "Pipper", uno de capacidad para doce personas; su latifundio "Cañadilla" le fue expropiado, pero hay otro en Los Lagos, hay otro -"Chorrillos"- en Colchagua, donde se crían caballos belgas. ¿Y qué dice Bouchón?:

"Me incorporé a este movimiento "-declara a fojas 134- impulsado "por un sentimiento de hondo patriotismo".

Esta palabra, señor presidente, el patriotismo, aparece como un leitmotiv a través de todas las declaraciones de los reos. En esto coinciden los hampones, los delincuentes profesionales y estos millonarios de la logística, y los maniáticos y psicópatas. Todos hablan de patriotismo.

Pero, vea, Ilustrísimo Tribunal, cómo se expresa el patriotismo de Bouchón. Hay un momento en que Bouchón pierde la paciencia. Está conversando con Guillermo Carey y Julio Fontecilla, que son también dos ardientes patriotas, como se va a ver, y a fojas 195, dice:

"Expuso su opinión, en el sentido "de que todo este tira y afloja, que "llegaban las armas y que no llegaban, que había ayuda desde los Estados Unidos y que no la había, que también la había desde la Argentina y que no la había, solo se podía relacionar con el hecho de que tanto las fuerzas militares, como otras fuerzas nacionales y, asimismo los países mencionados, no querían, en realidad, un golpe militar, solamente querían que se siguiese el proceso constitucionalista".

Este es el nacionalista, el que se pregunta: "¿vienen los yanquis o no vienen los yanquis? ¿Vienen los argentinos o no vienen los argentinos? ¿Por qué no intervienen, por qué no nos invaden?

En el fondo, Tribunal Ilustrísimo, es como se ve un patriotismo muy singular, y que lo retrata el propio general Schneider, como lo voy a demostrar, en seguida.

Y Roberto Vinet -otro latifundista- de Victoria, también con buenas ideas patrióticas, dice a fojas 71:

"En la casa de esa gente no recuerdo cada vez quien dijo una cosa quien dijo la otra. Porque cuando yo iba a la casa de ellos siempre estaba Julio Fontecilla o estaba Jorge Arce o estaba el general Viaux o estaba el coronel Igualt. Yo había oído comentarios por fuera, de estas reuniones, de que había movimiento de tropas argentinas en el Beagle, y que había gran movimiento de refuerzos, en la frontera, en la parte argentina, y de que en el caso de que el golpe se diera y que aquí hubiera una revolución o algo, se creía que se iba a contar con el apoyo del Gobierno argentino, en armamentos".

Estos son los patriotas, Ilustrísimo Tribunal. Estas personas que se mueven entre caballos belgas y clubes elegantes, que sueñan en un gobierno dictatorial y fuerte, desde sus fundos, no les importa que las armas vengan desde Estados Unidos o del Gobierno argentino, que haya movimiento en el Beagle, que sean chilenos los asesinados con armas extranjeras. Su ardiente patriotismo y su amor por el orden los impulsa a participar en esta clase de actos.

"En la casa de Julio Fontecilla -dice todavía Vinet, a fojas 70- se me dijo que iba a llegar un avión con armas que habían ofrecido tal vez desde Estados Unidos, y que iban a llegar desde Panamá".

Y todavía, a fojas 66, esta perla: "El "golpe, sería un golpe similar a los que se han dado en otros países -entiendo yo- en que se parte desde arriba y no desde abajo".

Desde arriba

Porque lo que hay abajo es el pueblo, Ilustrísimo Tribunal ¡y no tiene para qué opinar el pueblo! Estas cosas se hacen desde arriba. Y se entra en conversaciones con cualquier agente internacional y se reciben armas de cualquier parte, con el propósito de torcer la voluntad popular. Y aquel obrero, aquel campesino que con sacrificio fueron a depositar su voto, porque tenían una determinada opinión respetable sobre cuál debía ser el curso de este país, ellos no podían decidir, porque había estos otros señores con estas singulares ideas patrióticas que estaban dispuestos a traer al extranjero a imponer la defensa de sus intereses. Y se llega, incluso, a este rudo pragmatismo, que es algo verdaderamente increíble: Jara Llamazares, primo de Vinet, le dice: (op. 63) "Estoy sumariado, mi única esperanza de quedar en el Ejército es el golpe de Estado".

Es decir: ¡un golpe de Estado para salvar "la pega", Ilustrísimo Tribunal!, ¡para conservar la posición dentro del Ejército! Un golpe de Estado puede significar miles de víctimas, pero esta gente piensa solamente en sus intereses. ¡Y es además patriotismo tan frágil!, porque Guillermo Carey Tagle, corre tan pronto ve la situación más o menos complicada, donde su buena tía Mary, en los Estados Unidos, donde ella está radicada.

"Lo propio, no el país"

Todos ellos son fungibles, son intercambiables, aunque los muevan intereses distintos. A los hampones los mueve este deseo de voluptuosidad, del Hotel "San Martín", del Hotel "0'Higgins", del "telefunken" jugado -como cuenta alguno de ellos- en el Hotel "San Martín", o los almuerzos en la boîte "La Sirena", o la defensa, en este otro grupo, de sus poderosos intereses económicos, de esta vida alegre, de esta "dolce vita".

Ilustrísimo Tribunal, esa aciaga mañana del 22 de octubre de 1970, cuando avanzaba el automóvil del general Schneider, por Martín de Zamora, hacia Américo Vespucio, nos relata el chofer del general, el cabo 1º. Leopoldo Mauna, que el general Schneider extrajo unos documentos que iba leyendo. Yo creo que Vuestra Señoría Ilustrísima debiera ver estos documentos. Esta fotocopia muestra la sangre del general Schneider; esto es lo que él estaba escribiendo en ese momento: "Disponer al Ejército ante un eventual estallido de insurgencia (ver Anexo 2). Los Comandos de Áreas Jurisdiccional de Seguridad Interior del Ejército". Y aquí está, Ilustrísimo Tribunal, su libreta, la libreta de notas, porque se ha tratado de falsificar la ideología patriótica y profesional y constitucionalista de este héroe nacional que es el general Schneider. Se ha incurrido en la impudicia de tratar de colocar al general Schneider asesinado, al servicio de sus asesinos.

¿Qué es lo que dicen estas notas? Atrás están los diversos días: 22 de octubre, 9.30, reunión Ministerio de Defensa, esta es la reunión que no pudo efectuarse; está el día 19, 21.00, comida de generales, etcétera. Y al dorso están los esquemas, de puño y letra del general Schneider, para los apuntes de la reunión de la Academia de Guerra, del 10 de septiembre de 1970, y en seguida, la reunión de las Academias, de Guerra y Politécnica, del 15 de septiembre de 1970. (N. del Editor. Ver Anexo 2.)

¿Y qué se dice en estos apuntes, de puño y letra del general? Se trataba de una exposición para los alumnos de la Academia de Guerra, de la que había sido profesor el general Schneider: "Proceso eleccionario. Tuvimos un planteamiento anterior muy claro. Vía legal, respeto al veredicto. Lo ocurrido: normal, no hay cambios. Fue nuestra actitud la única legal, otras nos dividen, otras nos echan contra el pueblo".

¡ Qué distinto -Ilustrísimo Tribunal- a aquellos señorones encopetados, que esperan esos golpes que se hagan por arriba con ayuda extranjera y en que el pueblo no cuenta para nada !

Aquí escribe el general: "Nos dividen, nos echan contra el pueblo". En esta reunión del día 15: "los que desean golpe de Estado, militar o civil, solamente de civiles. Campaña del terror. El éxodo, posición incomprensible. ¿Qué es lo que defienden? Lo propio, no el país". Esto escribe el general Schneider, de manera, Ilustrísimo Tribunal, que no soy yo, es el propio general Schneider, el inmolado general Schneider el que está acusando a sus victimarlos, a sus asesinos, a todo este aparato organizativo que estaba defendiendo lo propio y no el país. (Ver Anexo 2.)

La crueldad

Yo he insistido mucho sobre este aspecto del carácter, porque entiendo, y así se enseña en todos los textos de Derecho Penal, qué el juicio de culpabilidad es inseparable del carácter, y es inseparable de la motivación. Pero, dentro de esto del carácter hay algo que es realmente impresionante y que yo quiero denunciar ante Vuestra Señoría Ilustrísima, porque es algo que realmente conmueve: es este aspecto sórdido, de crueldad, de insensibilidad, porque ¿qué hace toda esta "gente? ¿La canalla proletaria, el lumpemproletariado y la canalla dorada, cuando yace agonizante el general Schneider?

Vuestra Señoría Ilustrísima ha tenido a la vista los antecedentes clínicos del Hospital Militar, de fojas 4.059. El peritaje balístico de fojas 4.336 y los innumerables testigos. ¿Qué pasa luego del disparo de Melgoza, hecho por el lado izquierdo, con su pistola "Colt" 45, que fractura el metacarpo y el extremo anterior del antebrazo derecho, erosionando el hombro derecho del general, porque él se ha dado vuelta al producirse la ruptura con el combo de la ventanilla izquierda del automóvil? El ha sacado su pistola, pistola "Star", el martillo está echado hacia atrás, está la bala pasada, pero, no ha alcanzado a disparar, es herido en la mano. Y entonces, por la espalda, dispara Bulnes, dispara Izquierdo, produciendo las heridas mortales.

Con este frío lenguaje médico-legista, se lee: ".. .penetrando los impactos por la espalda del Comandante en Jefe, cuando se hallaba reclinado hacia el costado izquierdo, herida por bala toracoabdominal derecha complicada con estallido de hígado y herida de pulmón derecho y herida por bala toráxico-izquierda complicada con heridas de pulmón. Ambos proyectiles disparados por la espalda".

El chofer relata a fojas 2.807 y 3.923:

"El general Schneider, tendido en el asiento, con sangre en la frente y en la mano se quejaba. Observé que el general se encontraba casi inclinado hacia la izquierda, en diagonal, y con una mano tomandose la región abdominal, quejándose fuertemente. En el trayecto hacia el Hospital Militar, el general trató de tomarse en el respaldo del asiento delantero y como tuvo dificultades lo vi que se recostó incluso encima del maletín".

El doctor Guillermo Drago anota a fojas 4.778, vuelta: "Anemia aguda y dolor. Recobró el conocimiento parcialmente para pedir agua".

¿Y qué hacen todos estos delincuentes, Ilustrísimo Tribunal?

Bulnes, cuando huye en el "Taunus" que tuvo la delicadeza de pedir que se le devuelva, sólo hace poco tiempo, que esperó algunos meses para pedir que le devolvieran el auto, se acuerda de Dios: "Si muero -dice esta frase para el bronce- que Dios nos perdone. Era una causa justa". Y a este joven Bulnes lo esperan los papas y los tíos opulentos y lo mandan ¡rápidamente! al extranjero donde hay verdaderas juntas de médicos, en el sentido figurado de juntas de juristas, internacionales, para protegerlo y ampararlo. No hay expiación, no hay arrepentimiento. Se ha visto herido y gimiendo al general por el dolor atroz, y se producen esta frases pomposas, para la historia.

Izquierdo vuelve los ojos hacia Bulnes y e dice: "Vacié todo el cargador". Y Bulnes dice: "Yo también".

Izquierdo Menéndez pertenece, como sabe Vuestra Señoría Ilustrísima, a esas familias opulentas del extremo sur de chile y en que la frontera no se sabe por donde pasa porque son fundos enormes, en Argentina, en Chile. Dicen que la tumba de los Menéndez está hecha de mármol negro, de la India.

¿Y Silva Donoso? Habla de los gemidos del general. El se acercó. Se le ha caído ese vestón con que pensaban cubrir al general, y él se acerca, siente los gemidos del general, pero, agrega: "Sentí una incómoda picazón en los ojos, producto de la pólvora recién disparada".

¿Labarca Metzger? Yo no voy a utilizar eufemismos, Ilustrísimo Tribunal, porque creo que sería faltar el respeto a Vuestra Señoría Ilustrísima, adornando el comportamiento de estos sujetos. Metzger en alemán quiere decir "carnicero", pero su verdadero alias es "Renato". El estaba con Requena cuando impactaron con el jeep el auto del general.

Aquí se habló por el abogado de Viaux de las oraciones, las preces de los asesinos. La frase textual de Labarca es: "Dejaron la cagada". Esa es la oración de Labarca.

Schneider, el hombre

Ellos están pensando únicamente en su conveniencia. Ha fracasado el plan, puede traerles dificultades. Ni un pensamiento sobre este ser humano que ha sido exterminado, porque no se trata sólo de un símbolo sino de un ser humano, con hijos, con mujer, con una vida heroica, desde aquella casa del general Schneider en el Paradero 7 de la Gran Avenida, un hombre modesto, un hombre espiritual, un hombre de nuestra época, que le gusta Beethoven y que le gusta Bach, pero también le gusta Schönberg, que le gustan los antiguos pintores, pero también le gusta Piccaso y le gusta Kandinsky. Y en su biblioteca está Shakespeare, pero está García Márquez y está Teilhard de Chardin, porque es un hombre culto, es un hombre espiritual. Pero, este individuo ha sido triturado, ha sido destrozado por estos individuos que como el mismo general denuncia: "defienden lo propio y no el país".

La fuga

¿Qué hace Melgoza? Huye a refugiarse donde su hermano Wolfgango que está todavía borracho, porque cuando llegó Melgoza aquella noche del 21 de octubre, está Wolfgango, su hermano, que se fue a tomar y volvió a las 4 de la mañana completamente ebrio. Y cuando llega Melgoza encuentra a su hermano todavía ebrio.

Y Hurtado, nuestro conocido "Leonardo", pasa con indiferencia; él ha presenciado todo el espectáculo. Ha estado ahí en el "Borgward" de Gallardo. Pero, reconoce que tuvo cierta dificultad para desbloquear su automóvil.

Dávila Basterrica, ¿qué dice? Se lee a fojas 320 lo que dijo: "Rajé para que se desbloquee la esquina y puedan salir los autos". Todos huyen. No hay una frase de conmiseración. No hay una frase de piedad. No hay una tortura de conciencia, Ilustrísimo Tribunal, sobre lo que se ha hecho, porque son todos, insisto: intercambiables y fungibles sobre todo en su insensibilidad y en su insania moral.

Pero, si se puede adivinar el por qué ello acontece en estos criminales y en estos delincuentes comunes, habituados a vivir en la Cárcel. Ilustrísimo Tribunal, habituados a vivir buscando la aventura, a los que les repugna el trabajo, y que toman la ideología política como un pretexto. Si uno más o menos puede entender por qué Gallardo, mientras agoniza el general, se va al Hotel "O'Higgins", como un gran señor, porque él quisiera ser fungible también en eso, con los Bouchón, con los Cosmelli, con los Vinet. Si a los hampones uno los puede entender en alguna medida, a estos magnates no es tan fácil comprenderlos.

Dice el Eclesiastés que "hay un tiempo para vivir, que hay un tiempo para morir", Pero Vuestra Señoría Ilustrísima va a ver respecto de esta gente que también hay un tiempo para hacer negocio, hay un tiempo para divertirse, mientras se está trabajando en el secuestro, y se está ayudando a la comisión de este crimen.

El día anterior al crimen

Quiero recordar el día 21 de octubre, es decir, un año justo después, del "Tacnazo". Tal vez hay en esto alguna fuente de explicación para la insistencia obstinada y absurda de Viaux de que tiene que ser ahora, tiene que ser ahora, porque es el "sol de Austerlitz", ¡es su nuevo momento de gloria!

Ese 21 de octubre llega Bouchón a la oficina del cuñado de Viaux, de Fontecilla. ¿Y qué le dice Fontecilla? A fojas 196 se lee: "que debía proporcionar "dos automóviles"; eso le dice Fontecilla a Bouchón, y a su vez a Fontecilla se lo ha encomendado Igualt Ramírez. "Debe proporcionar dos automóviles, con el objeto de proceder al secuestro del General Schneider; hay posibilidad de que éste se realice en camino o de regreso a su casa".

¡ Debe conseguir dos automóviles para secuestrar al General Schneider! No puede ser más claro, aquí no se trata, Ilustrísimo Tribunal, de establecer el cuerpo del delito sino la participación, aquí está confeso Bouchón. El sabe exactamente de qué se trata, para qué hay que conseguir los automóviles.

Poco rato después, a la misma oficina de Fontecilla llega Cosmelli, gran latifundista de Aisén, otra personalidad social importante. ¿Y qué le dice Fontecilla? "¡ Llega muy a tiempo! Se necesitan dos vehículos para el golpe. Contactóse con Bouchón".

Primero. Fontecilla da instrucciones a Bouchón, después a Cosmelli. ¿Y qué hace Cosmelli? Cosmelli se va a la casa de la suegra de Bouchón. Mientras tanto, Bouchón ha llamado por teléfono a Vinet, y le ha dicho: "Necesitamos un auto, podría ser el auto de tu suegra, podría ser el auto de tu madre, podría ser el auto tuyo". Y Vinet responde: "El auto de mi suegra, el auto de mi madre; ¡ni hablar! el auto mío, mira, tengo dudas, porque parece -dice- que mi automóvil está fichado por el Servicio de Inteligencia Militar, por Investigaciones y por la Unidad Popular". Esta es la paloma blanca -Vinet- que fue mencionado como arquetipo de pureza en el alegato , que escuché de su abogado, en que se le presentaba tan distante de todo, tan ajeno. El se sabía, sin embargo, tan comprometido que sospechaba que su auto, que estaba metido en todo, estaba fichado por el Servicio de Inteligencia Militar, por Investigaciones y por la Unidad Popular.

Llega en ese momento Cosmelli a la casa de los suegros de Bouchón, y entonces se van Juntos a la casa de Igualt. Yo quiero recordar a Vuestra Señoría Ilustrísima que indistintamente habla toda esta gente de "la casa de Igualt" O de "la casa de Viaux" porque son casas vecinas y estaban siempre juntos. En realidad Igualt Ramírez es un ser tan extraño que es una especie de alter ego de Viaux, casi son un mismo ser, aparecen siempre mezclados, habla uno por boca del otro. Es una relación especialísima.

Hay tiempo para el secuestro

Ahora, estos alegres jóvenes fungibles, Bouchón y Cosmelli, llegan a la casa de Igualt Ramírez, y lo que sigue, también, es muy sintomático de la personalidad de esta gente. Les abre la puerta un hombre no fungible. Vea, Vuestra Señoría Ilustrísima, como lo retratan ambos; es algo increíble, cómo juzgan ellos a ciertas personas que no son de su nivel: "Un tipo con cara de policía nos abrió -anota Cosmelli, como sí los policías tuvieran caras especiales- un tipo con cara de policía -dice Cosmelli-, a fojas 166 y 252". Bouchón dice: "una persona de rasgos grotescos nos abrió".

Una persona con cara de policía o, como sea, "con rasgos grotescos" les abre la puerta. "Y -dice Cosmelli- vinimos ahí a tomar conocimiento, en ese momento, a través de Igualt, Fontecilla y Viaux, que se trataba de secuestrar al General Schneider".

La verdad, Ilustrísimo Tribunal, que parece bastante dudoso que sólo en ese momento lo supo Cosmelli, que cuando Bouchón, en la casa de sus suegros conversó con Cosmelli, que se trataba de conseguir estos automóviles, no se habló específicamente del secuestro del General Schneider. Bouchón sí, lo conversó con Fontecilla, él lo confiesa. Pero, como sea, Cosmelli reconoce que por lo menos, ahí, en la casa de Viaux, en ese momento él supo que se trataba de conseguir automóviles para el secuestro del General Schneider; eso lo reconoce.

Bouchón reconoce que los automóviles eran requeridos para el secuestro a fojas 3.389, y Cosmelli lo reconoce a fojas 166 y 252.

En el careo con Viaux, a fojas 3.387 se lee:

"El 21 de octubre concurrí a la casa de Viaux, acompañado de Cosmelli. Allí encontré a Raúl Igualt. Recuerdo que Julio Fontecilla traía en su mano un 'spray', usado por la policía norteamericana, como gas paralizante. Y expresó que ese elemento sería usado para raptar a Schneider. Fontecilla agregó que su mujer lo había usado en una reunión de 'Patria y Libertad'. Se hizo presente Viaux y al preguntársele sobre la efectividad de dicho gas, en las partes no porosas de la piel, Viaux manifestó que era un elemento de probada efectividad". Viaux no niega la entrevista, pero, dice que jamás habló de la efectividad del "spray" pues "desconoce su existencia", (careo de fojas 3.387 vuelta).

Igualt encarece que los autos deben estar a las 19,30. Están concertados para el secuestro y ahora hay que conseguir los automóviles con prontitud. Pero, como decía, Ilustrísimo Tribunal, hay tiempo para secuestrar y hay tiempo para los negocios y hay tiempo para divertirse.

Hay un tiempo para los negocios

Bouchón tiene que ir a San Fernando. Y entonces se va de Tobalaba en uno de sus dos aviones, en el "Bonanza", a San Femando a apartar novillos. Se está preparando el secuestro de un general, del Comandante en Jefe del Ejército. El secuestro de un General inevitablemente significa riesgos para la vida de la persona. Este es un peligro consustancial a esta clase de delitos. Pero él tiene que pensar simultáneamente en apartar novillos. Y entonces se va en el "Bonanza", realiza con destreza esta actividad, vuelve, cambia de avión, y en el "Pipper Azteca" regresa a Tobalaba donde lo espera, Ilustrísimo Tribunal, Cosmelli, exultante. Está feliz porque ya ha conseguido dos automóviles: uno, de Vinet, que es ese "Dodge Dart", azul, en que participan Diego Dávila con Maftey, "Eduardo", el día 22. Ese es el auto de Vinet, que lo ha conseguido Cosmelli y el otro es el "Peugeot" blanco, logrado a través de Vinet, del abogado Gustavo Valenzuela.

Cuenta Cosmelli, a fojas 166 y 252 que después de dejar a Bouchón en Tobalaba se fue donde Vinet y éste, que ha superado sus dudas, le prestó el "Dodge Dart", y con el duplicado de las llaves. Luego parten ambos: Cosmelli y Vinet al aristocrático Club de Equitación de Santa Rosa de Las Condes. El testigo Guillermo Castro Préndez, a fojas 3.339, dice lo siguiente:

"Mientras estaba montado, observé conversando a Gustavo Valenzuela y Roberto Vinet. Le pregunté por su automóvil a Valenzuela. Y respondió que se lo había prestado a Vinet, quien tenia fiesta con unas niñas.

En realidad no se habló de niñas en esa conversación de Vinet y Valenzuela. Vinel dice, a fojas 2.930, que cuando le pidió el "Peugeot" blanco a Gustavo Valenzuela le explicó que necesitaba ese vehículo, por cuanto esa noche se realizaba el proyectado golpe de Estado, hecho que se lo había indicado Cosmelli.

Hay un tiempo para divertirse

Pero, Ilustrísimo Tribunal, Vinet ha visto el césped, ha visto los caballos y se excita con la idea de montar él también. Y entonces toman el automóvil del abogado Valenzuela, el "Peugeot" blanco, lo van a dejar, y Cosmelli trae nuevamente a su amigo Vinet a Santa Rosa de Las Condes, para que siga practicando sport. Con esa insensibilidad se facilita un hecho que puede costar la vida de un ser humano, que puede traer el derramamiento de sangre, pero él tiene que seguir sus inclinaciones deportivas. ¡No hay ni siquiera una perturbación de conciencia! ¡Ni siquiera una duda! (ni siquiera una preocupación, Ilustrísimo Tribunal! Como si todo esto fuera un Juego de niños.

Misión cumplida

Cosmelli ya tiene, entonces, los dos automóviles. Tiene el automóvil de Vinet, tiene el automóvil del abogado Valenzuela y corre, entonces, a Tobalaba. ¡Qué contrariedad, llega Bouchón y él no ha puesto su automóvil ! Entonces mira a alrededor -eso es lo que él nos cuenta- y ve a su amigo Gonzalo Urrutia Arestizábal, quien declara a fojas 3.440, que ahí mismo, en Tobalaba, Bouchón le pidió su "Peugeot" blanco, para una fiesta, a lo que accedió. Entonces, tienen los tres automóviles; no son cuatro, son tres, los dos que ha conseguido Cosmelli y éste que acaba de conseguir con tanta facilidad Bouchón; saben de qué se trata y para qué son. Se van donde Igualt, no sé si el "hombre de los rasgos grotescos, con cara de policía" es el que abre la puerta; eso no está claro, lo que sí está claro es que conversan con Igualt y le piden alicates para romper el llavero y dejar sólo las llaves amarradas con un alambrito, porque son muy minuciosos, no quieren dejar ninguna huella, ellos no quieren estar en el acontecimiento, quieren también estar alejados. Entonces, llega Igualt, busca el alambrito, busca los alicates y se resuelve la situación. Está cumplida la misión; había que conseguir automóviles, para secuestrar al General Schneider. Se han conseguido los automóviles.

Una leve sombra

¿Y qué hacen estos encopetados señores después? ¿Dónde tendrán que ir, Ilustrísimo Tribunal? Naturalmente al Club de Polo. Se van al Club de Polo a charlar Pero, hay una pequeña sombra dentro de toda esa atmósfera de alegría. Mientras estos caballeros beben, hay algo que los inquieta. Y dice Cosmelli. a fojas 169: Estaban "algo intranquilos, porque les "parecía cosa de locos que horas antes "de cometerse el hecho, no tenían los "autos que ellos debieron conseguir. Esto parece cosa de locos, en realidad, que nosotros a tan pocas horas hayamos tenido que andar consiguiendo autos. Esto no debe estar, tal vez, muy bien organizado".

Pero, su frivolidad, su indiferencia, su incuria, su negligencia, su culpa, respecto de lo que pueda acontecer a la victima, es una cosa tan manifiesta que se compensa con otras preocupaciones. Ellos tienen dolo respecto del secuestro. Pero tienen indiferencia, incuria, negligencia, les da lo mismo, no se preocupan, no toman ninguna medida para asegurarse de que no vaya a ocurrir algo más grave. Hay tiempo para divertirse, para conseguir automóviles. ¡Y hay tiempo para los negocios! Porque esa misma noche Bouchón tiene una reunión muy importante en la casa de su suegro, donde se va a discutir un cuantioso negocio de venta de animales.

La noche de los cuchillos largos

Y entonces, esa misma noche, la noche en que Gallardo con la banda de hampones están preparando los detalles, con autitos de juguete, de cómo se va a cometer el secuestro, Bouchón, cumplida su misión de logística, de suministrar los automóviles, se ha ido a discutir una venta de animales a la casa de su suegro.

La mañana del crimen

El día 22 de octubre -en que no está "el sol de Austerlitz", Ilustrísimo Tribunal- es una mañana, como sabe Vuestra Señora Ilustrísima, muy lúgubre, con llovizna. A las 7,30, cuando llega el chofer del General Schneider, a esa misma hora se levanta Bouchón. 7.30, tiene que acompañar con su señora a su cuñada Elizabeth Lyon Ossa al Colegio Universitario Inglés. A las 8,05 Bouchón espera a Fontecilla en las Torres de Tajamar; ha habido un error, en realidad, debían haberse juntado en la Portada de Vitacura. Se les explica por teléfono. El deja a su señora frente a la discothéque "Moustache", conversa con Raúl Igualt Ossa, personaje sobre el cual vamos a tener que volver, Ilustrísimo Tribunal, porque aquí se le ha tratado de presentar siempre algo así como el "bobo" del cuento, él está en todo, pero no se da cuenta de nada. Conversa con Igualt Ossa -Bouchón- se va al Club de Polo y se entera, por su suegra, que se ha perpetrado este atentado.

Hay tiempo para la codicia

¿Y qué es lo que hace Bouchón? ¿Rezar?, porque debe ser un hombre piadoso. ¿Llorar?, porque debe ser un hombre sensible. El lo explica: se va a Cerrillos a hacer, y lo dice seguramente en un tono fastidiado, porque habla del "papeleo", debe estar fastidiado por el aspecto burocrático del asunto, a hacer una operación de reexportación de whisky.

¿Puede concebir, Tribunal Ilustrísimo, una mayor insania? Se ha perpetrado un crimen horrible, un crimen que nos conmueve como chilenos, pero que a cualquier ser humano debiera dejar angustiado: "... yo he facilitado automóviles para perpetrar este atentado, que al parecer puede costar la vida del General Schneider, a un ser humano..."; pero, él tiene que ir a hacer los trámites de la reexportación de una partida de whisky, todo el "papeleo" -dice- tuve que hacerlo. O sea, que hay tiempo para morir, hay tiempo para vivir, para divertirse, para los negocios y hay tiempo también para la codicia.

¿Y mientras tanto Cosmelli, qué es lo que hace? Cosmelli a las 9 de la mañana llama a Vinet. Y él dice a fojas 602: "le hablé cabalísticamente -¿cuál será el lenguaje 'cabalístico' para un Cosmelli?- de un negocio de animales que había fracasado". Pero, Vinet tiene tanto sueño, está medio dormido, no entiende nada de lo que le han dicho.

Los motivos

Gallardo ha huido, se va al Hotel "0'Higgins", ya lo he dicho, como un gran señor hasta el último momento, y los otros compiten con él en esto de la actitud de desprecio por el significado del crimen horrible que han perpetrado.

Pero, la culpabilidad, insisto, no se agota con el juicio sobre el carácter. Los motivos; conocemos el motivo de los hampones, de los maleantes, de los vagos, de los chulos, de estos individuos que son traficantes de drogas, estafadores profesionales, "cogoteros", etcétera. Ellos quieren voluptuosidad, quieren "telefunken" en el Hotel "San Martín", quieren el Hotel "0'Higgins", quieren la "pichicata" y las "niñas" en la boite "La Sirena". Conocemos la motivación de los opulentos, de los Cosmelli, de los Vinet, de los Bouchón, de los demás, a los cuales el propio General Schneider señala como defendiendo lo propio y no el país.

Nacionalismo nacional y nacionalismo internacional

Pero ¿y Diego Dávila, Mario Montes o el propio general Viaux, ¿qué es lo que los motiva? Porque Diego Dávila, por ejemplo no se puede decir que es un magante. Tiene dos casas, tiene dos sitios, tiene un buen puesto como administrador de un servicentro, en San Bernardo, pero no es potentado. Es un hombre que tiene una buena posición económica. El no es, por otra parte, un delincuente; tiene alguna anotación por infracción a la Ley de Cheques. Está el famoso asunto de la fuga de Kelly, pero no es un hampón. ¿Qué es lo que lo determina? El no es fungible por un Cosmelli o un Bouchón, no es fungible por un "Giro Sin Tornillo" o por "El Chico Mario" o por "Custodio" o por "Leonardo".

Es que se trata de un maniático, Ilustrísimo Tribunal. Es un fascista. Y es un fascista, un nacionalista de manera tan especial como son nuestros nacionalistas. Porque así como Diego Dávila ayuda a otro "nacionalista" argentino a fugarse hemos visto al nacionalista Marshall correr a refugiarse de la tiranía de Allende, donde los "nacionalistas" bolivianos. O sea, que estos nacionalistas son también fungibles internacionalmente. Es un nacionalismo que uno no logra entender. Se trata, evidentemente, de una clase de perturbación.

Mario Montes Tagle, es también miembro del Partido Nacional Socialista. Igual que Dávila, los dos son nazis, pero no nazis en un sentido metafórico, sino precisamente del Partido Nacional Socialista. Dice Montes, a fojas 1.799: "Soy amigo de varios años de Juan Diego Dávila, amistad derivada de nuestros ideales nacionalistas. En varias ocasiones participé con él en operaciones extralegales". ¡Qué fina expresión, Ilustrísimo Tribunal! "Como por ejemplo en la fuga de Patricio Kelly". Yo quiero recordar a Vuestra Señoría Ilustrísima algo sobre Montes Tagle, porque uno de los problemas de la defensa es esta enorme cantidad de nombres, y hay que ir ubicándolos a cada uno. Este segundo nazi, según relata Gallardo, a fojas 4.519, llega al departamento de 10 de Julio, de Aravena, del dueño de "La Sirena", y manifiesta que viene de parte de Diego Dávila a buscar una pistola. Se le entrega la pistola; es la pistola "Lugger" que Montes lleva consigo el 22 de octubre, cuando se acerca a Melgoza y le dice: "Me han mandado para ayudarlo". Y Montes recuerda que Melgoza le aconsejó "que sacara el seguro de su arma, pues, seguramente, habría problemas". Porque va a ver. Vuestra Señoría Ilustrísima, cómo una declaración con otra, un antecedente con otro van creando la convicción de que aquí todos tenían claro que había riesgos, que no se habían tomado medidas de precaución, que todo esto se había hecho con chapucería y con brutalidad y con indiferencia. ¡Habría problemas! ¡"tiene que sacar el seguro del arma"!

¿Qué motiva -insisto- a estos nazis? A Dávila Basterrica, a Mario Montes o a Jorge Medina Arriaza, dinamitero, que no es tan nazi como los otros dos, porque él dice, a fojas 793, él mismo lo explica, hace una distinción algo sutil: "mi nacionalismo es sui géneris, el de Diego Dávila es mucho más a ultranza que el mío".

Está clara la motivación de "la corte de los milagros", Ilustrísimo Tribunal, de los "Gilbertos", "Severino", "Leonardo", de "Giro Sin Tornillo", de todos los mercenarios. La voluptuosidad, la corrupción, la "pichicata", "La Sirena", el vivir gratis, el vivir bien, vivir fácil. Y si además les pagan las armas ¡tanto mejor si Viaux les paga las armas! como se las paga al viscoso Díaz Pacheco. Díaz Pacheco, insisto, que llega siempre, reclamando: "¡Qué pasa con mi dinero!". ¡Porque él es nacionalista, porque él quiere el golpe de Estado, él quiere el secuestro, pero, también "mi plata"! Y ahí, entonces, como recordará Vuestra Señoría Ilustrísima, Viaux, en forma altiva lo manda donde su tesorero, donde Arce, para que le pague, e Igualt tranquiliza de Díaz Pacheco, observando que "Gallardo es una persona respetable, que no tenga desconfianza".

¿Viaux, un político?

Pero ¡cómo no va a ser mejor embellecer esta "dolce vita" con pretextos políticos! Los discursos políticos de Viaux, son algo tan lamentable que hasta Hurtado, señor Presidente, que tal vez por el hecho de ser un estafador profesional (esa es la anotación de su prontuario, estafas reiteradas), no es imbécil, admite que cuando oyó a Viaux disertar sobre la unidad americana, lo dice a fojas 481, "no le dio la impresión de que éste fuera experto en temas políticos". Porque Roberto Viaux no es experto en temas políticos ¡hasta Hurtado se da cuenta que no es experto! Pero él habla de componer y descomponer a Chile como a un automóvil en mal estado. Sueña con ser Presidente, Ilustrísimo Tribunal. Sí, esto de las ambiciones políticas de este hombre, del hombre que está detrás, son antiguas. Aquí hay una carta de 19 de agosto de 1970 dirigida a Roberto Viaux, fojas 1.584; estos son algunos de los motivos que se le sugieren a Roberto Viaux, para su campaña política: la "V" con una estrella, la "V" también con otra estrella, un poco más ancha; la "V" con un casco militar; después se va a parar, naturalmente, a combinar el "(Viva Viaux!" en la araña de "Patria y Libertad", pero éste es un proceso ulterior.

Pero, estos dos brazos de la tenaza que maneja Viaux: el de los magnates y el de los hampones, no explica cuál es la motivación de Viaux ni explica la significación de la motivación de Dávila y los demás nazis. Y aunque mi distinguido colega Jorge Mera, se ha referido extensamente a este tema, yo creo indispensable añadir aunque sea algo sobre el asunto, frente a las toneladas de retórica sobre el altruismo, los motivos nobles, la generosidad y el patriotismo con que se ha tratado de presentar a los reos.

Autores por convicción y autores de conciencia

Quiero comenzar con una cita del profesor Dr. Heinitz, extraída de su artículo "El autor por convicción en el derecho penal" (Der Ubenzeugungstater im Strafrecht), publicado en la famosa revista alemana de Derecho Penal, en un número dedicado precisamente al tratamiento monográfico de estos temas: autor por convicción y autor por conciencia (t. 78, p.630):

"Si el juez estuviera constreñido a "tomar la medida de lo justo, lo injusto y la culpabilidad, no de la ley sino de lo que tiene por verdadero cada cual, individualmente, ello sería el fin del orden jurídico".

Del mismo modo con Vuestra Señoría Ilustrísima va a tener que enfrentarse a problemas técnico-jurídicos. No debiera decir problemas, pseudoproblemas, planteados por la defensa de los reos. Y Vuestra Señoría Ilustrísima va a tener que decidir si hay secuestro consumado o no, de acuerdo con la ley, y de acuerdo con la doctrina penal, y así enfrentará el problema sobre si hay un solo delito o varios delitos y cuál es el significado de la previsibilidad y de la previsión frente a la muerte del General Schneider, y todos estos asuntos y otros que tendré que analizar más adelante serán abordados y resueltos con un criterio técnico-jurídico, no pueden pretender los reos que se les juzgue de acuerdo con su particular ideología o sus particulares intereses y no de acuerdo con el orden jurídico que nos rige a todos.

Dice el profesor Jeschek: "El que sigue sus propias ideas discrepantes sobre Derecho y Moralidad, no puede luego exigir una consideración especial".

Claro está que esto puede sonar demasiado fuerte, Ilustrísimo Tribunal. Porque hay personas que evidentemente suscitan un sentimiento de indulgencia dentro de los marcos que el Derecho consiente. Dentro del marco penal de un delito, el Juez se tiene que colocar, por cierto, también en el aspecto moral y juzgar la mayor o menor reprochabilidad.

¿Cómo negar indulgencia, digamos, para proponer ejemplos que no admitan controversia, al médico que causa un aborto porque la mujer ha ingerido "Thalidomide" y está desesperada porque piensa que va a tener un hijo deforme; o al "Testigo de Jehová" que es contrario a la guerra y se pone, entonces, en contra de las normas que lo obligan a cumplir sus deberes militares? ¿Y el tan citado ejemplo de San Crispín, que robaba cuero para hacerle zapatos a los pobres?

¿Cómo no entender esta convicción, este sentimiento del deber, y mirar con alguna indulgencia el hecho?

Claro que no basta cualquier convicción. Frente a estas alegaciones, los juristas, sobre todos los que han sido contemporáneos de las terribles expresiones del fanatismo, tienden a volverse cada vez más escépticos.

Dice Heinitz:

"Muchos de los que asesinaron niños judíos en los campos de concentración hitlerianos estaban convencidos de que los judíos y sólo los judíos eran los autores de todos los males del mundo".

¡Qué duda cabe que estaban convencidos!

Añade todavía:

"La historia de la humanidad ofrece, en verdad, copiosos ejemplos dé fanatismo político, religioso, social o nacional, y los peores crímenes de la historia fueron cometidos por semejantes fanáticos, algunos de los cuales creían en la legitimidad de su actuar".

¿Y para qué vamos a citar los ejemplos más obvios? ¿Es que el que asesinó a Mahatma Gandhi no pensaba que estaba realizando una gran obra? ¿O tal vez el que mató a Martín Luther King? ¿O los asesinos de los atletas israelíes, o las represalias de los israelíes sobre aldeas y gente indefensa?

No basta la convicción, no basta el fanatismo. No basta ser chiflado o declararse nacionalista "sui géneris" o del otro.

Arguye Hans Welzel (p. 621 del citado ejemplar de la Revista):

"Decisión de conciencia no significa la simple convicción subjetiva, que puede abarcar cualquier ocurrencia, cualquier capricho o manía, cualquier pensamiento fantástico, sino solamente la resolución adoptada con la máxima seriedad, en la lucha de la razón, de la inteligencia, por alcanzar lo que es moralmente correcto".

Puede suscitar respeto el conflicto de conciencia, el verdadero conflicto de conciencia, en que hay un tormento interior, una lucha entre el deber impuesto por el orden jurídico y el propio sentimiento moral. Pero no estos frívolos. No estos individuos que desprecian al pueblo chileno, así como desprecian una vida humana que van a exterminar, sin pensar mayormente, sin angustia, sin escrúpulos.

Pero si bien Diego Dávila, miembro del Partido Nacional Socialista, nacionalista entre comillas, nacionalista profesional, como Montes Tagle, también nazista, son maniáticos obsesivos, no puede decirse lo mismo de Viaux.

Los motivos de Viaux

Roberto Viaux no es un fanático, pero tampoco es un autor de conciencia. Entonces, ¿cómo se explica su actuación? Estoy firmemente convencido, después de haber estudiado con toda minuciosidad el proceso, que Viaux corresponde a un tipo de personalidad que Heinitz describe con elocuencia y que parece dicho pensando en un personaje como el que nos ocupa. Antepóngase, si no, el nombre. (Viaux) "pertenece a la gran cantidad de aquellos que en tiempos de agitados procesos políticos o de otro orden, se sienten movidos por su fatuidad, por su vanidad, a encaramarse, como sea, al primer plano".

Roberto Viaux no es un autor de conciencia. No tiene siquiera ideas políticas, pero quiere estar siempre en el primer plano. Lastimosamente, sin conflicto interior alguno, que se exprese en el concepto del deber, en el raciocinio en torno a las inevitables preguntas que debía imponerle su formación militar, pomposo y declamatorio, se prepara para asumir su posición de líder.

Sin tener siquiera una formación política elemental o un programa definido está dispuesto a "desarmar y armar a Chile" -según nos narra Ravest- "como si se tratara de un automóvil descompuesto".

La larga mano del imperialismo

Con todo, en la vanidad de Roberto Viaux, en este orgullo, en esta fatalidad, en esta preocupación por sí mismo, en su egocentrismo, en su ambición, hay algo muy sórdido, oscuro, detrás.

Topelberg declara a fs. 433 vta.:

"Al ser preguntado acerca de su programa de Gobierno, en caso de una eventual elección como presidente de la nación -todo esto en una segunda vuelta- Viaux expresó su desacuerdo con la politiquería del país. RESPECTO A LAS NACIONALIZACIONES, SEÑALO NO ERA PARTIDARIO DE ELLAS, sino de atraer capitales extranjeros al país".

¿Qué pensaría, Ilustrísimo Tribunal, la Kennecott, de estas opiniones? ¿Qué pensaría la ITT? ¿No era aquél entonces, el gran tema patriótico, el gran tema de la nacionalización del cobre, planteada por Allende, planteada por Tomic, la gran aspiración nacional consagrada, finalmente, por la unanimidad de nuestro Congreso?

Viaux se mostraba contrario a la nacionalización, ¿y qué. tiene de extraño, entonces, Tribunal Ilustrísimo, lo que Hal Hendrix, le escribe a Guerrity, que es Vicepresidente Sénior de la ITT:

"Es un hecho, que la semana pasada, Washington dio instrucciones a Viaux de echarse atrás. Se tenía la impresión de que no estaba suficientemente preparado, de que estaba desfasado en el tiempo y que debería 'enfriarse' para una fecha posterior no determinada."

"Emisarios le indicaron que, si se movía prematuramente y perdía, su derrota sería comparable a una "Bahía Cochinos en Chile."

"Como parte de la persuasión para demorarse, se le dieron a Viaux seguridades verbales de que recibiría asistencia material y apoyo de los Estados Unidos y otros, para una maniobra posterior. Debe hacerse notar que posteriormente amigos de Viaux informaron que Viaux se inclinaba al escepticismo frente a ofertas solamente verbales. En el intertanto, Viaux ha estado conferenciando con oficiales de alto rango y bajo rango, sobre la necesidad de tomar algunas medidas para evitar que Allende se convirtiera en presidente. Tiene ofertas de apoyo de varios pero, desgraciadamente, no las tiene de ninguno de los Comandos de tropa claves, por lo menos es lo que obra en nuestro conocimiento".

Esto escribe, Ilustrísimo Tribunal el relacionador público de la ITT al vicepresidente de esta gigantesca empresa.

El millón de dólares de Reyes

Pero, señor presidente, sucede que hay antecedentes en el proceso que resultan absolutamente coincidentes con asta sospecha ¿qué dice Fernández, a fojas 332? Vincule Vuestra Señoría Ilustrísima esta comunicación que se hace entre dos agentes norteamericanos y lo que expresa Fernández a fojas 332:

"Como en principio se me dijera que "el General Viaux estaba al tanto, me entrevisté con él informándome. No creía la presencia en Chile de las metralletas -¡fíjese bien Vuestra Señoría Ilustrísima: no creía Viaux en la presencia en Chile de las metralletas- que a él personalmente le había ofrecido comprar un ciudadano chileno, nacionalizado venezolano, de apellido Reyes, que se aldaba en el Hotel Crillón, quien disponía de un millón de dólares, vinculado a todos los monopolios internacionales y agente internacional de la conjura".

Este individuo le ofrece a Viaux armas por un millón de dólares. ¿Y se subleva el sentimiento patriótico, Ilustrísimo Tribunal, de Viaux? ¡Qué se va a sublevar! Si no es sólo que él es contrario a las nacionalizaciones sino que él está dispuesto a ser elevado, en su ambición y en su egocentrismo, por cualquier vía, ¡con armas argentinas, con armas norteamericanas! Y lo único que ocurre es que le molesta que sólo se le den seguridades verbales, se le den instrucciones, pero él no vea la materialidad de las metralletas.

Esta sombra vergonzante está detrás de Roberto Viaux. Pero en lo que nos concierne, nos interesa, en lo que significa el secuestro con resultado muerte del General Schneider, el que llevaba las riendas, el hombre que estaba detrás, el que tenía el control del eje de las voluntades: era Roberto Viaux. Y nadie más que él.

El plan original

¿Cuál era el plan original, Ilustrísimo Tribunal, de Roberto Viaux?

Ya se sabe que eran las cuatro primeras antigüedades del Ejército, quienes debían ser secuestradas: "Operación Alfa", "Operación Beta", "Operación Gamma", "Operación Delta". Esto lo narra Topelberg, a fojas 436. Pero, pronto, queda reducido a dos. Según Yapur, fojas 394, la "Operación Alfa": General Schneider; la "Operación Beta": General Prats.

A fines de septiembre, Tribunal Ilustrísimo, Viaux -personalmente- encomienda a Rubén Santander que ubique los domicilios de los generales Schneider y Prats. Esto no fue una idea subitánea, fue una cosa fría y calculada. Fue una cosa pensada desde mucho tiempo. Dávila Basterrica nos dice a fojas 315:

"A fines de septiembre, en una conversación que tuve con el general Viaux en su casa, me dijo que había encomendado a elementos independientes y entre ellos a Rubén Santander la ubicación de los domicilios de los generales Schneider y Prats, ya que dentro de los planes que se estaban preparando pondría ser necesario el secuestro de ellos".

Y Viaux encomienda a Gallardo -este hombre valioso y de buenas ideas- y a Dávila que empiecen a preparar los detalles,

Viaux ordena el plan "Alfa y el plan Beta"

Ilustrísimo Tribunal, la declaración de Prieto, de tojas 3.084 es de 29 de octubre. Ahora bien, en esa declaración se dice: que el 22 de octubre, Melgoza le relató a Prieto, o sea, esta no es una cosa en que pueda haber una confusión, son pocos días después del acontecimiento. Melgoza relata a Prieto, su primo, en casa de Alejandrina Pezoa, que la primera tentativa, la del 19 fue ordenada por Viaux.

No se trata, señor presidente, que haya sido comunicada a Viaux; fue ordenada por éste.

Vuestra Señoría Ilustrísima ya conoce los detalles: el día 17 de octubre, en un departamento de calle Amunátegui, a la altura del 400, se realiza esta reunión. Ya me he referido a esta materia. Ahí plantea Viaux concretamente:

"Debe secuestrarse a Schneider, y si se puede a Prats. La comida se va a realizar en la sede de la Comandancia en Jefe, de Presidente Errázuriz".

Viaux dice que el General Schneider se va a retirar primero, posteriormente Prats, por lo que, si es posible, se secuestre a ambos generales, y que el general Valenzuela tendrá la misión de entretener a los demás, y que él va a esperar las noticias en Vina, para lo cual pide compañía. Y de ahí es que, entonces, Hurtado, Requena y Cruzat lo acompañan.

El hombre que está detrás no acepta objeciones

En esa reunión, Dávila, como lo hace en diversas ocasiones y lo va a ver Vuestra Señoría Ilustrísima una y otra vez, le transmite sus temores. Diego Dávila, a fojas 3.178 expresa:

"Le transmitió sus temores de que la misión fracasara debido a la mala calidad humana de las personas que estaban en conocimiento del plan".

Pero Viaux, que es el que lleva las riendas, Viaux que puede escuchar opiniones en contrario, pero él decide el sí, el cuándo y el cómo, ¡insiste!: ¡Debe hacerse! Es decir, esto prueba ya dos cosas: que Viaux tenía el control de la situación, porque no obstante las protestas de Dávila sobre la mala calidad de los ejecutores fungibles, intercambiables, eso a Viaux no le importa, él decide que sí, que debe hacerse y que él va a esperar en Viña, paseándose ostentosamente, va a esperar el resultado. Eso es lo primero que demuestra ésto.

La muerte era previsible y se debió prever

Y lo segundo, que era previsible que algo grave, mucho más grave que el secuestro podía acontecer. Porque, Ilustrísimo Tribunal, ¿es qué se estaba preparando un secuestro por un grupo de comandos organizados, técnicos que van a actuar como el reloj, con la precisión del reloj, en que están todos los detalles calculados con la precisión que debe esperarse de un general que conoce lo que significa una operación? Un grupo de hampones ha sido contratados; y desde Viña, Viaux va a esperar lo que acontezca. Y él dice que hay que hacerlo. El señala cuándo, señala dónde, señala el instante, pero no se toma ninguna medida de protección. Tal vez el buen deseo, es claro; se dice: "a Viaux no le servía el General Schneider muerto, él lo quería secuestrado".

Pero ya el abogado Jorge Mera ha recordado a Vuestra Señoría Ilustrísima ese ejemplo, que se señala en todos los textos, relativo a aquellos mendigos que secuestran niños para desfigurarlos, y poder hacerlos pedir limosna. ¿Es que al mendigo le servía muerto el niño? ¡Si lo quería para pedir limosna! Pero cuando lo sometían a esas toscas operaciones de deformación ellos se representaban la posibilidad de un riesgo. No podían menos de prever la posibilidad y actuaban de todas maneras.

Vea el Ilustrísimo Tribunal la calidad intelectual y moral de estos ejecutores. Gallardo declara que ellos pensaban que no había necesidad de ninguna medida especial para secuestrar a los generales Schneider y Prats, porque, como iban a venir de una comida ¡seguramente iban a venir ebrios!

¿Concibe, Vuestra Señoría Ilustrísima, esa pretensión que uno la puede pensar en degenerados o en niños?

Pero ¿es posible que se piense que el secuestro de dos generales de la República -entre ellos el Comandante en Jefe- no necesita, para evitar cualquier riesgo ulterior, para que no haya peligro, tomar alguna medida de precaución, que no sea confiar en que están borrachos, dejando a un lado, lo que eso significa de desdoroso para presentar a dos de las más altas autoridades de nuestro Ejército?

Un cuñado circunspecto

¡Viaux no pudo dejar de prever los riesgos que significaba este secuestro!.

Pero, Ilustrísimo Tribunal, no sólo tiene el control de la situación, no sólo ha ideado el asunto ya desde septiembre, no sólo ha señalado el momento en que debe actuarse sino que toma medidas prácticas, concretas. Toma algunas medidas que en cierto modo lo acercan un poquito más que esa calculada actitud distante de no estar en el horror. Consigue un jeep, ese famoso jeep "Willys" que se usa para impactar al "Mercedes" del general; fue conseguido a través de su cuñado Igualt Ossa, ese es el jeep que se emplea el día 19, el que se emplea el día 22.

A fojas 153, dice Raúl Igualt Ossa, que "escuchó mencionar al General Schneider entre los que serían secuestrados", porque Igualt Ossa anda como un "zombie", Ilustrísimo Tribunal, se pasea por esa casa, su padre está metido en esto, está muy metido, es el alter ego de Viaux, pero. .. él oye... así... mencionar... de paso... secuestros... ¡de paso, el General Schneider! ... El va y busca un jeep, por instrucciones de su padre y de Viaux, y lo consigue. Es un jeep de propiedad de Cruz Serrano, que es dueño de un servicentro, y se obtiene a través del empleado Benjamín Giles, Que declaran respectivamente a tojas 3.112 y 3.161. Siempre haciendo el papel del bobo del cuento, dice Igualt Ossa, a fojas 3.280:

"Las llaves del jeep que le fue facilitado, al parecer, por el socio del propietario del servicentro de Antonio Varas con Bilbao, las entregó en la casa de Viaux, y no recuerda a quién".

Este "zombie" ¡tiene cuarenta años, Ilustrísimo Tribunal! Es socio del señor Adolfo Ballas. Estaba ahí, viviendo ahí. Y ha tratado, naturalmente, de presentarse siempre como una persona algo distante del asunto. Dice Igualt Ossa a fojas 153:

'Ya en la semana que comenzó el 19 de octubre, aumentaron las reuniones, llegaba la gente y salía gente; de acuerdo a lo que escuché, sus conversaciones, parece que la idea era iniciar este movimiento con algunos raptos. Y me parece que entre los nombre escuché mencionar al General Schneider".

Un bastón de Mariscal frustrado

El día 20, Ilustrísimo Tribunal, cuando ha fracasado ya el conato del día 19, Dávila va a la casa de Viaux, y le expresa nuevamente sus temores. Yo escuché con simpatía la metáfora que usó don Sergio Miranda, al referirse a la participación de Dávila: esa imagen, del cautivo español frente al General San Martín: " ¡Ah, si esta espada hubiera dirigido las operaciones!".

Dávila, efectivamente, va donde Viaux y le dice:

"Si con esta gente no se puede... porque esta gente es de muy mala clase. Es gente que no es de fiar. No podemos estar tranquilos. Déjeme a mí organizar esto. Llega Gallardo y, objeta: ¡No!, yo tengo un plan perfecto para el día 22!

Viaux es un hombre ambicioso, es un hombre distante, es un hombre ecléctico. El dice frente a la opción:

"Bueno, las dos. ¡Para qué vamos a discutir! La 'operación Dávila' el 21, si fracasa la 'operación Dávila', el 22 la 'operación Gallardo' ".

¿Puede haber, Ilustrísimo Tribunal, mayor frivolidad?

La culpa de Viaux

Aquí se ha dicho que no responde Viaux de la muerte porque no quiso la muerte; que no responde Viaux de la muerte porque no previó la muerte.

Ilustrísimo Tribunal, vamos a suponer que no previó, vamos a suponerlo no obstante la advertencia del buen sentido, de la experiencia común, de que a un general de la República no puede secuestrárselo sin riesgo para su vida. ¡Pero, si además estaban las advertencias constantes de Dávila Basterrica!

Pero vamos a suponer que la cabeza del general Viaux era absolutamente impenetrable a todas estas advertencias del buen sentido, de la experiencia, de la lógica, de los reclamos del propio Dávila. Vamos a suponerlo así, que no previo, que no se le ocurrió, que tal vez pensó que iba a venir distraído, así como el día 19 se suponía que iban a venir ebrios, que no iba a pasar nada, que no se le pasó por la mente.

Pero ¿qué es la culpa, Ilustrísimo Tribunal?, ¡si la culpa consiste en no prever lo que se debió prever! ¡Pero si eso es justamente la culpa! Si cuando se castiga al individuo que va a cien kilómetros por hora y atraviesa con luz roja, si no hay nadie y no atropella a nadie, es una infracción de policía. Pero si atropella a alguien, y le da muerte. ¿Por qué se le castiga, señor presidente? Porque él no previo. ¡Es claro que no previo! Si es que el que va a cien kilómetros por hora atravesando con luz roja no ha previsto, porque si previera, naturalmente no pasaría. El es un hombre que confía en la suerte, que se entrega alegremente al azar. Pero, debió prever. Si la culpa consiste en eso. Si cuando uno ha previsto está en dolo. Esa es la regla general. Y el único caso en que está en culpa, la llamada culpa con representación, tiene lugar cuando uno se representa un resultado como posible, y después lo descarta porque piensa ligeramente, confía en que no se va a producir.

Si yo voy con un automóvil y veo que alguien atraviesa la calle, y yo pienso: "en realidad, podría atropellarlo, pero, en verdad, yo tengo una gran pericia, creo que en fin de cuentas no pasará nada", Eso es ligereza. Eso es culpa con representación. Ha pensado, ha imaginado la posibilidad del resultado y después la ha descartado ¡pero, es culpa!

En definitiva, no prever aquello que se debió prever.

Y naturalmente que a Viaux no se le está reprochando el haber buscado de propósito la muerte del General Schneider, ¡por qué si así fuera estaría condenado por homicidio calificado! A Viaux se le reprocha haber sido el hombre que ha manejado toda la operación del secuestro, utilizando ejecutores intercambiables y fungibles, porque el importante era él, porque él era el que decidía -y eso lo hizo con dolo- y en cuanto al resultado más grave que la ley ha previsto, respecto de ese resultado de la muerte, Viaux debió prever, por lo menos; si es que no lo previo ¡debió prever; tenía la obligación de prever! Porque era previsible que la muerte podía suceder.

Y, entonces, Viaux, insisto, eclécticamente dice: "El proyecto del 21 o el proyecto del 22. Ambos".

Pero, dentro de esta colección de chapucería se jugaba con una vida humana.

Una vida humana no es un detonador

El abogado de Viaux habló de que no quería, Viaux no quería matar al General Schneider, porque era un símbolo, un símbolo, Ilustrísimo Tribunal, y además -insisto- un ser humano, un padre de familia, que no puede ser utilizado como un detonador. Porque cualquiera que sea la posición filosófica de los señores Ministros que me escuchan, coincidirán en la idea kantiana de que el ser humano no es un instrumento para otros fines, es un fin en sí mismo. Y cualquiera que sea el propósito político ideológico, cualquiera que sea el que se quiera invocar, no se puede usar de pretexto para destruir a un ser humano. No se puede jugar con una vida humana, como un instrumento para ver si resultan otros fines, cualquiera que sea su inspiración.

¡No hay postergación!

Pero, Dávila, que ha pedido autorización para confeccionar un plan para el día 21 en la noche, se rinde. Y llega el 21 y dice:

"En realidad, no puedo improvisar un plan en un día".

Pide postergación. Viaux dice:

"¡No! No hay postergación: Se hace el 'plan Gallardo' ".

No quiero hacer conjeturas, Ilustrísimo Tribunal, de tipo psicológico. Si tal vez son ensoñaciones astrológicas: el hecho de que se tratara de un año justo del "Tacnazo". ¿Estar demasiado próximo el Congreso Pleno? Lo concreto es que Viaux adopta la decisión:

"Usted, señor Dávila, me dice que ésto está mal organizado. Usted me dice que es gente que no está preparada y que no es adecuada, que usted no es capaz de inventar, usted que es un experto, usted que es un nacionalista profesional, usted que participó en la fuga de Kelly, usted me dice que no se puede. Pero, yo insisto en que se haga. Y que se haga, como lo dice Gallardo".

Y, entonces, Dávila, que no puede estar ajeno a esta aventura porque es demasiado emocionante, contesta:

"Conforme. Yo también me incluyo entre los ejecutores y acepto la posición que se me asigne".

Y, por eso, concertado para la ejecución. está presente el día 22 en aquella esquina de Martín de Zamora con Américo Vespucio.

Inquietudes y temores

El tema, Ilustrísimo Tribunal, de los riesgos y de la previsibilidad es el tema fundamental para vincular a Viaux y a los demás partícipes con el resultado.

¿Qué dice Fontecilla a fojas 3.421?:

"Cuando Raúl Igualt le pidió que consiguiera cuatro vehículos, él sabía que iban a ser usados para el rapto del General Schneider. Sabía que la acción se iba a efectuar el 22. Viaux pensaba que el secuestro del General Schneider implicaba violencia física en la persona de aquél".

¿Es que se puede ejercer violencia física sobre un general de la República, sin riesgo para la vida de ese general de la República?

No se trata de secuestrar a cualquier persona. Se trata de una persona que tiene la obligación de reaccionar.

El estaba dando instrucciones, Ilustrísimo Tribunal, está preparándose para que el Ejército reacciona frente a cualquier insurgencia. Y él, personalmente, frente a una violencia física ¿no iba a reaccionar?

A fojas 129 dice Roberto Vinet:

"En cuanto al posible secuestro del General Schneider, sólo últimamente se vino a considerar, y como una extrema alternativa desesperada, por cuanto se sabía que este hecho traería consecuencias desfavorables".

¿Por qué desesperada? ¿Por qué desfavorable? ¿Es que todos pensaban en los riesgos .y el único que no pensaba en los riesgos era Viaux?

A fojas 4.520 Melgoza le dice a Montes que "saque el seguro de su arma, pues seguramente habida problemas". ¿Qué problemas podría haber?

¿Y Viaux no pensó que pudiera haber problemas?

Y Labarca, a fojas 3.678 le dice a Requena:

"Presiento que algo va a salir mal. "La gente está muy nerviosa".

¿Presentimiento de qué?

El único que no tiene presentimientos...

Y cuando ahí en el Club de Polo conversan los caballeros y dicen que: "esto es cosa de locos". ¡Todos piensan en estas cosas! ¡Todos reconocen que hay algo absurdo! Topelberg llama a toda la operación una brutalidad. Una brutalidad de torpeza. Y eso es la culpa, Ilustrísimo Tribunal.

A fojas 1.943, careo entre Viaux y Dávila; se refiere a la conversación de la noche del 20 de octubre:

"Nuevamente le reiteré mis temores de que esta acción del secuestro fracasaría por la mala calidad del elemento humano, debido a su falta de serenidad".

¿Y qué significa, Ilustrísimo Tribunal, falta de serenidad?

Los que tenían la obligación de prever

Gente que va a tener que chocar el automóvil. Va a tener que romper con combo las puertas... los vidrios del automóvil. Que va a tener que aturdir al chofer. Que va a tener que abrir el seguro. Que va a tener que sacar al general por la fuerza. ¿Y se supone que esta gente, sin serenidad, es capaz de hacer una operación como ésta? ¿Sin riesgo para la vida del General Schneider? ¿Por qué el legislador estableció esta agravante, Ilustrísimo Tribunal, sino porque son inherente a la acción de secuestro otros riesgos mayores? Si la Ley lo ha previsto en abstracto, porque normalmente acompañan a un secuestro siempre otros riesgos ulteriores. ¿Viaux y esta gente no lo iban a prever? Supongamos que no lo previeron ¡debieron preverlo! Y la previsíbilidad es justamente la culpa.

Y, además, gente que llega con un arsenal, Ilustrísimo Tribunal. Si el jeep en que venía Labarca con Requena estaba lleno de armas. Y todos estaban armados.

¡Cómo es posible pensar que no iba a haber alguna posibilidad de riesgo mayor!

¿Y qué declara Viaux a fojas 1.944?, ¡con un verdadero desparpajo increíble!:

"En ningún momento se pensó en la posibilidad de que el General Schneider se resistiera a la acción de retención -siempre se elude la palabra secuestro. Retención como si hermoseando la palabra, entonces, su sentido cambiara- dadas las medidas que para ello había tomado el grupo de Dávila y Gallardo".

¿Qué medidas? ¿Qué medidas habían tomado Gallardo y Dávila como para tener a Viaux tan tranquilo, de que no iba a poder producirse ningún riesgo para la vida del general? ¡Una que se pudiera señalar!

Si cuando hicieron el ensayo aquel 21 en la noche, era tal el enredo y tal la confusión que ellos mismos no sabían cómo iban a actuar.

Dávila insiste: "¡Posterguémoslo!"

Viaux dice que no: "Ahora o nunca". Vea Vuestra Señoría Ilustrísima este careo, que es fundamental, entre Dávila y Viaux, fojas 1.943:

Juan Diego Dávila:

"Es efectivo lo que expresa Roberto "Viaux aquí presente. Ratifico asimismo que el día 21 de octubre, y después de haber pensado durante el día, me convencí que era imposible en tan corto tiempo elaborar un plan de secuestro, elegir la gente, prepararla y tenerla lista para las 19 horas. Por ello fui a ver al general Viaux a su domicilio, en la noche, y le expresé que no podía preparar el plan en tan corto tiempo, agregando mi preocupación por no encontrar aconsejable la forma en que se llevaría a cabo el secuestro. Por lo anterior, le sugerí aplazarlo y que me permitiera efectuarlo yo el día 22 en la noche. En esos momentos llegó Luis Gallardo, quien le reiteró al general la factibilidad de realizarlo, de acuerdo a su idea, oportunidad en la cual le explicó al general, el detalle de cómo se había planificado el secuestro, para la mañana del día siguiente, en Martín de Zamora con Américo Vespucio, Asimismo Gallardo me invitó a que fuéramos juntos, al sector donde se iban a efectuar los preparativos para la maniobra del secuestro. Yo, al principio me negué, pero como él me instó a que le prestara colaboración al general Viaux, acepté que me asignara la misión de trasladar al General Schneider, después del secuestro al lugar en que se pensaba retenerlo por 24 ó 48 horas. Es decir, en la calle Traiguén 2328".

Roberto Viaux:

"Es efectivo que el señor Juan Diego Dávila me hizo presente que no estaba en condiciones de realizar la retención del General Schneider en esa noche, por lo cual me pedia mi autorización para hacerlo al día siguiente, al anochecer. Le expresé que ya era muy tarde, que la última oportunidad sería el día siguiente en la mañana, por lo cual se seguirla, entonces, el plan propuesto por el señor Gallardo. Me recuerdo que el señor Gallardo me mostró un croquis del lugar en que se iba a efectuar la retención. Le contesté que no quería saber los detalles de esto".

El no quería estar metido en el acontecimiento. Veía el croquis, daba las ideas generales, pero no tomaba ninguna medida de precaución.

Se sigue, Ilustrísimo Tribunal, de lo dicho que Viaux dirigió la operación y que, por ende, tenía la obligación de prever los riesgos que este acontecimiento podía entrañar.

¿Qué es un secuestro?

Pero, Ilustrísimo Señor, aquí se han planteado algunos problemas jurídicos o pseudos problemas jurídicos, que con los elementos de hecho, que he explicado, creo que podremos ahora revisar.

¿Se trata de secuestro, o no? Este es el asunto en que han insistido muchos de los abogados defensores.

Los abogados defensores están en su derecho de tratar de poner blanco lo negro y negro lo blanco. Pero, lo que resulta muy difícil de imaginar es que puedan citar un autor, un desarrollo jurídico razonable, para demostrar que esta conducta consistió en un secuestro frustrado o en un principio de ejecución.

¿Qué es -Ilustrísimo Tribunal- el secuestro?

Ello, dentro del ámbito de la tipificación de delitos para amparar la libertad, tomada en el sentido más amplio, como aquella posibilidad de determinarse de acuerdo con la propia motivación. Porque eso es la libertad, en un sentido amplio, la posibilidad de determinarse de acuerdo con la pronta motivación y no con la motivación ajena.

El derecho de irse o quedarse

Hay un aspecto de esa libertad, ese aspecto, para decirlo con palabras de Binding citado por Maurach: "Es la libertad para realizar la decisión de abandonar el actual paradero"; D. Penal, Parte Especial, página 115. (Muchas de estas obras son obras especializadas, en idiomas extranjeros, y yo las pongo a disposición de Vuestra Señoría Ilustrísima, para hacer el cotejo con las traducciones que yo he acompañado. Porque esta es la parte especial de Maurach, que no está traducida.)

¡Ese es el bien jurídico tutelado en esta clase de delitos!

Porque el secuestro está descrito en todos los códigos del mundo. ¡Y con palabras casi idénticas, porque significa siempre lo mismo, lo que se trata de amparar, o sea, repito: la libertad para realizar la decisión de abandonar el actual paradero, o sea, la libertad, el derecho que yo tengo para quedarme o para irme, el derecho que tengo para alejarme o permanecer en el lugar en que estoy. Entonces, Maurach califica la esencia de este delito como "la anulación de la libertad de otro para decidir su paradero". Y así lo ha resuelto la jurisprudencia alemana que es la que en forma más rica ha desarrollado esta idea: "es la anulación de la libertad de otro para decidir su paradero".

Soler, autor argentino, su "Derecho Penal Argentino", tomo IV, página 46; dice:

"La libertad que aquí se toma en consideración es la libertad de movimiento, tanto en el sentido de poder trasladarse libremente de un lugar a otro, libertad de la que se priva a un sujeto mediante el acto de encerramiento, como en el sentido de privar a alguien de la libertad de ir a determinado lugar, del cual el autor no tiene derecho alguno para excluirlo".

Cuello Calón, profesor español, "Derecho Penal", tomo II, parte especial, página 700:

"Son elementos de este delito: 1º:

"El hecho de privar a una persona de su libertad. El texto legal prevé dos modalidades de privación de libertad: el encierro y la detención ¡igual que en nuestro Código!" 'Encerrar significa recluir a una persona en un lugar de donde no "puede salir".

"Detener a una persona equivale a "impedirle o restringirle la libertad "de movimiento".

Y añade un ejemplo: "Sufre encierro "el que trasladándose a un punto "en automóvil no puede apearse en "el de su destino, por no parar o "atenuar la velocidad el conductor" (página 701).

El cerco del General Schneider.

Es decir, Ilustrísimo Tribunal, una persona está en un automóvil, quiere bajar, y el hecho de que no se disminuya la velocidad, significa que no puede bajarse porque corre el riesgo inherente a bajarse en un auto en movimiento.

El riesgo del golpe, el riesgo de las lesiones que puede sufrir, ese es el cerco. El está impedido de moverse, de decidir por sí mismo, dónde debe ir, dónde quiere ir, si quedarse o irse. Está cercado porque no puede ejercer su libertad potencial, la facultad que tiene toda persona para decidir si sigue o se queda, si prosigue en su movimiento o no.

Como son tantos los abogados que han distorsionado este asunto, yo me propongo demostrar a Vuestra Señoría Ilustrísima con el apoyo de variadas fuentes doctrinales, de distinta procedencia, que ningún autor de ningún país del mundo ¡jamas pudo hacer ni ha hecho alguna cita, o ha desarrollado un pensamiento que refleje la posibilidad de considerar frustrado un hecho como el que afrontaba el General Schneider! Colocado en una situación en que, bloqueado y rodeado por individuos armados, con el chofer que se ha escondido, que ha hundido la cabeza frente a los agresores, sólo tiene la posibilidad de suplicar, de levantar los brazos y pedir: "¡Por favor, cálmense; me rindo, acepto!", o enfrentarlos, como lo hizo. El no puede decidir por sí mismo si prosigue o no prosigue en su camino. Ha sido privado de esa facultad. .. ..

Explica el profesor Raúl Peña Cabrera, en su "Derecho Penal Peruano", Parte Especial, página 315:

'La forma de privación de la libertad más frecuente es la detención. No es necesario -dice- la abductio del loco ad locum -el cambio de lugar a lugar de la víctima-, pues la persona puede ser detenida en su propia casa".

'Hay delito cuando para obtener la libertad se precisan considerables esfuerzos y notables riesgos -verbi gratia: salir desnudo". (Obra citada, página 315).

¡Estos son los notables riesgos que proponen los autores! El solo hecho de que una persona, para recuperar su libertad tenga que atentar contra su propio pudor; salir desnudo, ya es considerado suficiente por los tratadistas, para que el delito esté consumado.

¿Y aquí no ha habido riesgo que pueda parangonarse a eso?

Era un riesgo muchísimo mayor. Era un cerco de fuego, Ilustrísimo Tribunal. Era un cerco armado. Era un cerco que significaba que la voluntad del general Schneider estaba a merced de estos individuos, aparte del compromiso de su propio decoro de militar porque no se le puede exigir a un militar, para considerar que conserva su facultad de movilización, para considerar que conserva su facultad de cambiar de lugar, el que esté en condiciones de abandonar el lugar de su encierro mediante súplicas.

¿Qué dice el profesor Labatut, jurista chileno? Derecho Penal, Tomo II, página 65:

"El delito comprende toda privación de la libertad personal, tomada esta expresión en sentido restrictivo de libertad física, y concretamente de libertad ambulatoria, o sea, del derecho que tienen los individuos lugar a otro o de permanecer en uno determinado".

Que se sigue de lo dicho; lo digo con palabras de Maurach:

'El delito está consumado cuando el ofendido es colocado en condiciones tales que le permiten liberarse solamente a costa de peligros o dificultades que no se le pueden exigir". (6 p. cít, página 116).

Basta, Ilustrísimo Tribunal, que el individuo sea colocado en una posición en que recuperar la libertad le signifique riesgos o dificultades que no se le pueden exigir, para que el secuestro se entienda completo.

La reacción de un soldado.

Si el general Schneider hubiera decidido, hubiera querido decidir, una cosa distinta de lo que los sujetos que lo rodeaban pretendían, él estaba colocado entre la perdición, en el sentido de ser aniquilado físicamente o el deshonor de colocarse a merced de sus secuestradores. Y ninguna de las dos cosas podían exigírseles al general. Y entonces él reaccionó como militar y como hombre, sacó su pistola. Era el único camino posible en ese instante. Del mismo modo que la legítima defensa no es subsidiaria, en el sentido de que no está subordinada a la posibilidad de fuga, porque nadie puede ser forzado a la ignominia, asimismo la libertad de movimiento no permanece por la circunstancia de que ella pueda pagarse con el precio del deshonor. Es más: hay determinadas personas que, por su posición, tienen el deber de cuidar su honor en cuanto símbolo de una institución.

Quiero recordar aquí un caso significativo, un famoso proceso en Italia, algo así como diez años atrás, en que se juzgaba a unos monjes sicilianos acusados de haber redactado cartas que contenían amenazas de muerte con las que se extorsionaba a algunos comerciantes, forzados a pagar crecidas sumas de dinero. La prensa dio el nombre a este proceso como el caso dei frati mafiosi. Los clérigos se defendieron arguyendo que ellos, amenazados a su vez por la mafia, se habían hallado, presa del terror, entre la perdición y el crimen e invocaron el estado de necesidad exculpante.

Yo cito, señor Presidente, este caso, porque recuerdo un gran artículo de Giovanni Leone, el actual Presidente de Italia, quien, como sabe Usía Ilustrísima, es un notable jurista, un gran penalista, un gran procesalista. Leone protestó contra el fallo, fallo absolutorio de esos monjes argumentando que; si bien en circunstancias normales, para un individuo común, el argumento del terror, del miedo, podía ser invocado, esto no era posible respecto de aquellas personas que por vocación estaban llamadas al heroísmo, porque ellas habían elegido una profesión que las colocaba en una posición social distinta a las demás gentes y en que no le es era dable invocar, sin más, la exculpación por estado de necesidad, puesto que, como sacerdotes tenían la obligación de afrontar el riesgo y no podían escudarse tras el terror.

El militar no puede ser llamado a la ignominia.

Este precedente no sólo constituye una hipótesis interesante para discurrir sobre los problemas de la autoría mediata en los casos de coacción, cuando el miedo es utilizado por el hombre que está detrás, el cual se sirve de un instrumento, sino además, y esto es lo que ahora nos ocupa, para poner énfasis en la posición del militar que, al igual que el sacerdote, no puede ser llamado a la ignominia de rogar por su vida.

Si tal era el precio para rehacer la facultad de moverse y deambular, quiere decir que ella le había sido quitada.

Pero aquí se ha sostenido una cosa tan increíble que significa en el fondo querer llevar a Vuestra Señoría Ilustrísima, insisto, a transformarnos en el hazmerreír de la doctrina penal en el mundo, en cuanto a que porque el general podía desplazarse dentro del interior del automóvil, porque no estaba paralizado, lo que es casi físicamente imposible de imaginar en un caso de secuestro, que esté petrificado, porque no estaba petrificado, el delito no se consumó.

Ilustrísimo Tribunal, el profesor Hans Welzel, uno de los especialistas contemporáneos más prestigiosos, ¿qué nos dice en su obra "Das Deutsche Strafrecht", sépüma edición, Berlín 1960, página 279?:

"La acción típica consiste, la acción del secuestro consiste, en el estorbo para el libre cambio de lugar. Los medios son aquí indiferentes, lo más importante es el encierro, esto es, el mantener cautivo en un espacio cercado. Encierro hay también, entonces, si el espacio tiene salida, cuya abertura o no es conocida del encerrado o su uso es peligroso para él o no le es exigible".

Una lesión exigua de la libertad.

Pero aquí se ha dicho: "...es que de acuerdo con esa teoría, basta tomar del brazo a una persona para que el delito esté consumado". Ese es uno de los argumentos que yo escuché aquí.

Pero, Ilustrísimo Tribunal, si alguien me toma del brazo |me sacudo, me desprendo! ¡No es un estorbo que me prive de mi facultad, de mi potencialidad de decidir por mi mismo el lugar de mi paradero! ¡Si me quedo o me voy!

Señor Presidente: la interpretación del precepto y de la palabra encierro y de la palabra detención corresponde precisamente al sentido que le da la vida, la realidad de la vida, a las cosas. Si alguien me coge del brazo me desprendo. Es un estorbo ínfimo e insignificante, que por regla general no puede ser computado. En principio, habrá que ver cada situación; pero lo normal es que sea un estorbo insignificante; por eso los autores hablan de ciertas conductas que son socialmente adecuadas, es decir, consentidas, toleradas por las normas éticosociales.

Así, por ejemplo, nuestro Código Penal, cuando describe las lesiones, habla de herir, golpear o maltratar de obra. Y cuando alguna comadre hace una pequeña herida en el lóbulo de la oreja a una niñita para poder ponerle pendientes o aros ¿no realiza un acto de herir? ¿Hay una causal de justificación expresa: cumplimiento del deber, ejercicio de un derecho? No está previsto en la ley, no hay ninguna norma que diga que esa herida no debe ser castigada como lesión ¿Y por qué no es castigada? Porque eso es algo ínfimo, tan exiguo, tan insignificante, como violación del bien jurídico, que nadie lo toma en cuenta. Evidentemente cuando la exigüidad del daño social, cuando la exigüidad en la lesión del bien jurídico tiene esas características, ese daño no es por cierto tomado en consideración.

Pero eso no tiene nada que ver con la fugacidad, con el carácter pasajero o no, de la lesión profunda del bien jurídico. Cuando una persona está cercada, impedida de decidir por sí misma, no tomada del brazo, sino a través de un cerco de fuego, Ilustrísimo Tribunal, un cerco feroz de gente armada, de gente que ha llegado con combos y ha roto los vidrios, que vienen dispuestos a todo. ¡Eso no es tomar del brazo! ¡Son símiles fantásticos y formalistas que no tienen nada que hacer con la realidad!

Misterios y sofismas del tiempo.

Se ha tratado de inventar aquí una teoría, una teoría sorprendente: la teoría del tiempo. Yo oí a un abogado que hizo hasta una metafísica, una ontología del tiempo. Hizo unas reflexiones sobre el tiempo, que parecía que estuviéramos en una clase destinada a penetrar en los misterios del ser, en los misterios de la nada, en el misterio del tiempo, en los grandes problemas metafísicos.

¿Y, eso, para qué? ¿Para demostrar qué? Para demostrar que se necesitan tal vez cinco minutos de encierro. ¿Y por qué no diez? ¿Y por qué no tres? ¿Y por qué no medio minuto? ¿Y por qué no dos horas? ¡De dónde se ha sacado esto de la exigencia de un tiempo largo! Es que les parece demasiado fugaz, porque se murió el general. Entonces no hubo secuestro consumado, fue demasiado corto el encierro. ¡Si no es un asunto de computadoras, de contabilidad! Se trata de decidir si la conducta produjo o no por completo la lesión del bien jurídico que se ampara. Los autores se han ocupado alguna vez de esto de la fugacidad, y lo despachan, Ilustrísimo Tribunal, con dos lineas, o con dos palabras porque es demasiado obvio que no tiene por qué exigirse una detención prolongada. Lo que interesa qué es: lo que interesa es que el sujeto, por fugaz que sea, por pasajera que sea esta privación, mientras existió, él no estaba en la posibilidad de decidir por si mismo su paradero.

Un secuestro "fugaz"

Uno de los códigos más modernos del mundo, el Código de la República Democrática Alemana, que tiene tres o cuatro años de vigencia, en el párrafo 131, como explican los autores del libro exegético, Lehrkommentar, Strafrecht der Deutschen Demokratischen Republik, tutela,

"la libertad de movimiento personal del ser humano como presupuesto elemental y parte integrante de su libertad social de decisión y de acción".

En el tipo legal -dicen los comentaristas en la parte correspondiente a dicho párrafo- se prevé especialmente el encierro como forma típica del secuestro. Aquél existe cuando alguien mediante la obstrucción o privación de la salida es impedido de dejar un espacio cerrado. Ejemplo (dice el Comentario): una pieza, un cuarto, un automóvil".

La muerte es "efímera"

Escuche vuestra Señoría Ilustrísima, y perdone el Tribunal Ilustrísimo si uso la expresión alemana, porque yo quiero al hacer las citas mostrar cómo se repite hasta en la nomenclatura, en todos los textos la misma expresión:

"En el tipo legal queda comprendida toda anulación aún pasajera. Y la fórmula es: "... wenn auch nur vorübergehende Aufhebung" ,.emulación efímera, fugaz, de la posibilidad de cambiar sin impedición el propio paradero".

En el tipo legal -repito- queda comprendida toda anulación, aun pasajera, efímera, fugaz, porque eso quiere decir "vorübergehend", efímero, fugaz, pasajero; queda comprendida toda anulación aún pasajera, efímera, de la posibilidad de cambiar sin impedición el propio paradero.

Pero ¿no será esto la opinión de los tratadistas comunistas? ¿Es que a lo mejor los tratadistas capitalistas piensan distinto?

MAURACH, Ilustrísimo Señor, página 117 de su Derecho Penal:

"Consumación del hecho -textual, así se llama el párrafo, Consumación del hecho-: existe consumación con la anulación de la libertad de movimiento sin consideración a su duración, y sin consideración a si el encerrado ha estado consciente de la privación de libertad de que fue objeto".

Esto es todo lo que dice; ¡si es que no hay para qué decir más! Es algo demasiado obvio. No le dedica ni una línea más. Cita, en el mismo sentido a Schonke-Schroder, parágrafo 11, citado por él en esta página 117 de la Parte Especial, de la 4ª edición de su Derecho Penal.

Este otro libro, Ilustrísimo Tribunal, que usan los estudiantes para sus lecciones cotidianas, es como, digamos, el... lo que se llama "el diablito" o el manual que usan los estudiantes alemanes, de la República Federal. ¿Qué dice esta obra, el popular LACKNER-MAASEN (p. 422)?

"El precepto asegura el derecho de toda persona para elegir por si misma el lugar de su paradero. Se tutela la libertad de "movimiento potencial de la persona".

Esto lo ha dicho la jurisprudencia alemana, no es una invención de la doctrina, porque la doctrina penal creación jurisprudencial. Son los tribunales los que han dado este concepto: lo que importa es que la persona disponga de esa posibilidad, que no se le haya quitado esa posibilidad.

"Por eso lo que importa -añada- no es si el ofendido quiere proseguir su movimiento, sino si dicha posibilidad le ha sido quitada. El delito existe tan pronto alguien -y repito la fórmula alemana- ... "wenn auch nur vorübergehend...", aunque sea fugazmente, efímeramente, pasajeramente, y aun sin saberlo -porque una persona puede ser secuestrada y no haberse percatado de ello- mediante fuerza, astucia, amenaza, hipnosis, adormecimiento, arrebatándole las ropas, por la no detención de un automóvil, por la remisión a una salida peligrosa o indecente, etc., es impedido de dejar libremente el lugar de su paradero".

¿Estaba o no impedido, aunque sea fugazmente, aunque sea pasajeramente, aunque sea efímeramente, el General Schneider, estaba o no impedido de abandonar el sitio en que se encontraba? ¿De decidir por sí mismo su paradero? ¡Si fue efímero porque lo mataron, Ilustrísimo Tribunal! ¡Si es una cosa escandalosa que se haya llegado a sostener que, porque se fue más allá del secuestro, porque el peligro se transformó en daño, porque el peligro que califica el secuestro mediante la hipótesis de un daño más grave aconteció realmente, ello beneficia al propio delincuente!

Pero podría decirse que tengo predilección por los tratadistas alemanes y que tal vez en otros países se piense distinto. Es la opinión de todos. Vea el Tribunal Ilustrísimo:

MAGGIORE, italiano. "Derecho Penal", t. IV, p. 459;

"No es necesario que la privación de libertad dure un tiempo más o menos largo. Un secuestro de leve duración seguido de la libertad, también hace perfecto el delito".

La lesión es el camino de la muerte.

Y hay que decir: seguido de la libertad o seguido de la muerte, Ilustrísimo Tribunal. Porque no se ve en qué sentido cambia la situación. Tendríamos que llegar al absurdo para sostener una tesis distinta.

Supongamos que hay tres individuos: Pedro, Juan y Diego y frente a ellos están "A", "B" y "C". Pedro da una palmada suave en el labio a "A". Juan da una palmada suave a "B". Diego da una palmada suave a "C", y de los tres labios mana un hilillo de sangre.

Pedro ha cometido un delito consumado de lesiones leves; Juan ha cometido un delito consumado de lesiones leves; pero sucede que "C" es hemofílico, cosa que Diego no podía saber, y "C" muere a consecuencias de una hemorragia incontenible.

Pedro es condenado por el delito-falta de lesiones leves; Juan es condenado por el delito-falta de lesiones leves; pero a Diego no puede condenársele por cuasidelito de homicidio porque, para que haya culpa y por consiguiente cuasidelito, la muerte tiene que ser previsible y él no puede prever que el sujeto ese es hemofílico. Entonces, por la muerte, no responde. Pero las lesiones leves se frustraron porque fueron demasiado fugaces, Ilustrísimo Tribunal: "¡No ve que se murió! Entonces las lesiones leves duraron sólo un instante. Y como se frustraron estas lesiones leves, y las lesiones leves no se castigan. Diego es absuelto porque "C" ha fallecido.

¿Puede darse un absurdo mayor? Pero si las lesiones son el camino de la muerte, Ilustrísimo Tribunal. No se frustran si se muere; hay un plus que podrá computarse o no por concepto de cuasidelito de homicidio, pero el delito de lesiones no se frustró por la muerte, del mismo modo que el peligro no se frustra por el daño. ¡Cómo vamos a decir que el peligro inherente al secuestro se frustró porque murió el general Schneider! Si eso es una cosa que no resiste el buen sentido. Y por eso todos los autores coinciden en que el delito está perfecto, aunque sea fugaz, aunque sea efímero, si lo que interesa, lo que fundamentalmente interesa aquí es lo siguiente: perdí o no mi potencialidad de decidir si podía moverme o no; si podía cambiar de paradero; si podía trasladarme ó quedarme, ¡si eso es lo que se protege! Y no tiene que llegar alguien con un reloj a calcular los minutos. ¡Si no se trata de operaciones contables! ¡Si no se trata de meras abstruserías jurídicas, sino de conceptos de la vida, Ilustrísimo Tribunal! Yo encuentro verdaderamente grotesco lo que se ha pretendido aquí. Es una cosa que resulta verdaderamente monstruosa. Yo entiendo, los abogados tienen derecho a sostener cualquier doctrina, cualquier teoría; ¡pero es una falta de respeto a un Tribunal de la República, en un asunto de esta trascendencia, lo que se espera que Vuestra Señoría Ilustrísima le diga al mundo, que tendrá que conocer el fallo por el asesinato del general Schneider! Porque éste es un asunto que interesa a la opinión mundial. Nuestra justicia piensa que cuando una persona es colocada en un cerco, del que no puede salir, por el peligro o por las exigencias indecorosas que significan, cualquier otra solución que tratar de defenderse, piensa nuestra justicia que fue demasiado efímero, porque mataron a la victima. ¿Esto es lo que se pretende que diga vuestra Señoría Ilustrísima?

Eusebio Gómez, profesor argentino, antiguo maestro, Tratado de Derecho Penal, Tomo III, página 339:

"La privación más o menos prolongada de la libertad no se tiene en cuenta sino como circunstancia calificativa del delito. No es indispensable para que la privación de la libertad opere, el traslado de la persona a un lugar distinto de aquel en que se encontraba".

Federico Puig Peña, Derecho Penal, Tomo IV, página 137, profesor español:

"Es indiferente a los efectos de este delito que la privación de libertad sea o no por poco tiempo".

Volvamos a los alemanes, el Schwarz Dreher, página 708:

"La acción consiste en arrebatar a una persona el uso de su libertad personal. Se debe haberle quitado la posibilidad -y otra vez la fórmula alemana- "sei es auch nur vorübergehend...", aunque sea pasajera, efímeramente, de abandonar por su voluntad un espacio; el espacio puede también ser una cosa movible, por ejemplo, una embarcación, un auto".

¿No parece escrito para este caso, Ilustrísimo Tribunal?

Puede tratarse de un objeto movible, como un auto; puede tratarse de una privación pasajera o efímera; si lo que importa es que el sujeto pasivo había quedado en una posición en que no podía decidir por si mismo su libertad ambulatoria.

Teoría y vida

Pero, señor Presidente, decía Goethe que es gris toda teoría y verde el árbol dorado de la vida. De tal manera, que dejemos a un lado los tratadistas, los autores eruditos y veamos qué dice el buen sentido, la lógica más elemental:

Cuando el reo Labarca Metzger se percata de lo que ha acontecido protesta con una expresión grosera, procaz, que repetí en esta audiencia sin eufemismos. ¿No se equivocó al reaccionar de esa manera? ¿No sentía él, intuitivamente, que había sucedido algo más grave, no menos grave?

El no dijo: ¡Albricias! ¡Se frustró el delito!; porque él entendía claramente que lo que había acontecido era más grave.

Resulta verdaderamente ridículo, propio del teatro del absurdo, propio de Ionesco, que se diga: ¡Magnifico! ¡Queda impune el acto porque la víctima murió!

¡Si el General desciende de su automóvil suplicante es más grave que si el General muere, al reaccionar como su honor de soldado se lo dictaba!

Es como si un individuo que dispara sobre otro y le causa una lesión que lo deja ciego, al ser procesado por la lesión gravísima, reclama: ¡Momento! Yo tenia intención de matar. Computen mi intención de matar y castíguenme por homicidio frustrado. No tomen en cuenta que yo he provocado la lesión gravísima. Con semejante alegación, si se admitiera el procesado tendría una pena menor, ya que, es bien sabido, un homicidio que fracasa (frustrado) tiene una pena menor que una lesión gravísima efectivamente producida. Tribunal Ilustrísimo, si cuando la ley establece este delito de secuestro con resultado grave es porque reconoce la potencialidad de peligro que envuelve el que se realice la acción base. Y si la acción base se produce dolosamente, el secuestro, pero el peligro se transformó en un daño, la acción base no se frustra. Ello seria totalmente disparatado. Por otra parte, yo quisiera hacer reflexionar a Vuestra Señoría Ilustrísima sobre un punto particular, relacionado con esto. Es cierto que como han dicho algunos abogados en sus alegatos, puede dañe que un secuestrado fallezca porque le sobreviene bronconeumonía. Es un ejemplo que se puso aquí. Perfectamente, es uno de los casos que pueden suceder. Alguien es secuestrado, le viene bronconeumonía y fallece.

¿Pero no será tan frecuente o tal vez mas frecuente que estos daños ulteriores se produzcan en el momento mismo en que se está verificando la sustracción? ¿No es éste uno de los momentos de clímax del peligro? Justamente cuando se está cometiendo el secuestro.

Si una persona que está siendo secuestrada, Ilustrísimo Tribunal, que está siendo cogida y privada de su libertad ambulatoria, tratando de huir cae bajo las ruedas del automóvil y fallece, ¿vamos a decir que se frustró o que es un delito que está en grado de tentativa?

El buen sentido y la doctrina universal concluyen ya lo hemos dicho, que:

El delito se consuma desde que el sujeto queda colocado en una posición en que no puede decidir por si mismo su paradero, si se queda o si se va, aunque sea efímeramente, aunque sea fugazmente.

Y esto que lo han expresado los autores, pensando en la recuperación de la libertad, ¡cómo no va a ser más lógico todavía cuando se trata del caso en que se fue más allá con el daño causado a la víctima! Porque el secuestro con resultado de muerte es un delito pluriofensivo: Es un delito de daño contra la libertad, pero es un delito de peligro para otros bienes jurídicos. Y la producción del daño que el peligro entraña no puede frustrar el delito base, Ilustrísimo Tribunal, eso nos parece una cosa a todas luces evidente.

Toda otra interpretación, que conduce a la imagen de los reos felicitándose mutuamente porque la muerte de au víctima los favoreció, parece argumento kafkiano, forma. extrema de pedantería y farsa.

La muerte no frustró el secuestro sino que hizo emerger la calificante, aquella que justamente está prevista para ser cubierta por el dolo de peligro que no puede faltar en estos casos.

El argumento contrario, que ilustré con el ejemplo de tres lesiones leves, dos consumadas y una frustrada por la muerte ("te felicito porque tu victima murió"), es un desatino, al que viene perfectamente el mote segoviano de "pregón de pescado".

Fugacidad y tentativa

Pero -se dice- es que esto de la fugacidad está conectado con la idea de tentativa. Porque querría decir, entonces, que éste es un delito que no admite tentativa.

Tal alegación la escuché y me pareció no poco sorprendente, porque es algo así como decir: "Bueno, distribuyamos de una manera equitativa los preceptos, de manera que quede un poquito para el delito consumado, otro poquito para el delito frustrado y otro poquito para la tentativa". O sea, no se va al fondo, a ver si el delito está consumado o no. sino que a decir: "Bueno, ¿y en qué queda la tentativa?".

Está bien, si se quiere un ejemplo de tentativa, podemos dar un ejemplo de tentativa: Un individuo que está sobre un caballo lanza el lazo sobre otro a quien quiere aprisionar y no lo logra. Es una tentativa. La víctima no ha sido privada de su potencialidad ambulatoria, ha seguido caminando tranquilamente. Ha habido una tentativa.

¿Eso es lo que se necesita para que el problema de fondo quede resuelto? O sea, ¿todo este argumento, Ilustrísimo Tribunal, descansa sobre la idea de que pongamos ejemplos de tentativa de secuestro? Ahí hay un ejemplo de tentativa de secuestro.

Por lo demás, los estudiosos, desde Carrara, siempre señalaron que en esta clase de delitos la tentativa es difícil de concebir. ¡Es claro que es difícil de concebir! ¿Y qué significa eso? Significa que hay delitos en que la tentativa se da con más frecuencia que en otros. Son muchas las figuras delictivas en que se estrecha el ámbito de la tentativa con relación al delito consumado.

Así, no es frecuente la tentativa de injuria. Alguien empieza a contar una historia escabrosa respecto de una persona, y anuncia que va a decir el nombre, lo que en ese momento se le impide. Podemos plantearnos el problema. Una carta con un contenido hiriente que no llega a su destino porque el portador la extravía... Sin embargo, ¿es que alguien ha entrado a hacer disquisiciones exquisitas sobre el tiempo y la naturaleza del delito de injuria, por el hecho de que la posibilidad de la tentativa sea limitada?

En el secuestro se puede dar la tentativa. pero no podemos transformar en tentativa este caso, por las razones que. con alguna insistencia, Ilustrísimo Tribunal, desgraciadamente, he debido señalar, por la abundancia de los abogados defensores, siempre sobre este extraño argumento.

El secuestro de Leopoldo Rauna

Otro abogado dijo una cosa que me parece igualmente asombrosa, porque se trata de un argumento que se supone jurídico; con una sonrisa satisfecha, casi sarcástica, ha dicho algún abogado: "¿Y el chofer? ¿Que no hubo secuestro del chofer?".

¿Qué es lo que se pretende con ese argumento? ¿Qué se quiere significar con ese argumento?

¿Se quiere significar que es licito encañonar al chofer? ¿Y que el chofer no pueda proseguir su camino y tenga que refugiarse debajo del asiento?

¿Eso es licito? ¿Está permitido por el derecho? ¿Qué es lo que se quiere significar con eso, con ese ejemplo?

Un delito con pluralidad de víctimas

Aquí lo que ha acontecido, Ilustrísimo Tribunal, es que hay un delito con pluralidad de victimas, como cuando alguien dice una palabra que es una injuria para más de una persona, o cuando se da un golpe que hiere a varios, o cuando en un cuasidelito se produce pluralidad de muertos o lesionados.

¿Qué es lo que se quiere significar, Ilustrísimo Tribunal, con este argumento sobre el chofer?

Repito: ¿que es licito lo que se hizo a su respecto?

¿Es que Leopoldo Rauna estaba en la posibilidad de proseguir libremente sus movimientos?

Aquí hay un fenómeno jurídico que ha provocado alguna discusión, pero que, para lo que nos interesa, es por completo secundario. ¿Cuál es la discusión?

En estos casos, en que un sujeto, con un solo hecho vulnera bienes jurídicos semejantes, de varias personas, algunos tratadistas, como el viejo Von Liszt, sostenían que había tipicidad reforzada, o sea, un solo delito, aunque hubiera pluralidad de victimas. Pero la opinión mayoritaria entre nosotros (puede confrontarse la conocida Memoria de Prueba de Juan Bustos, "El concurso ideal de delitos", p. 69) se pronuncia por la pluralidad de delitos, regida por el sistema de penalidad especial del Art. 75.

En nuestra jurisprudencia hay un fallo antiguo, de 1914, publicado en la "Gaceta de los Tribunales", t 1 p. 523, sentencia 197, que parece inclinarse por la teoría de Von Liszt. En su considerando 5.9 se dice, en efecto:

"Podría quizás estimarse que habría "un solo delito si de un disparo hubieran sido heridas las dos víctimas", "pero no se puede sostener eso cuando los disparos fueron dos", de donde pareciere que los sentenciadores pensaron que si de un solo disparo fallecen dos personas o más hay un solo homicidio.

Pero las sentencias más recientes, como una que he anotado aquí, de la Corte Suprema, "Revista de Derecho", t. 53, Secc. IV, p. 188, que se refiere a un chofer que atraviesa con su micro un cruce y como consecuencia de un choque mueren 24 personas y se producen lesiones de otras 12, concluyen que debe aplicarse el artículo 75, esto es, un hecho único, pero delitos plurales, tantos como víctimas. Algunos hablan aquí de concurso ideal de segunda clase, no propiamente heterogéneo (como en el caso de la violación-incesto), ni tampoco propiamente homogéneo, como cuando de un solo hecho imprudente se sigue la muerte de varias personas. Aquí habría un concurso ideal heterogéneo impropio de delitos, porque algunas de las víctimas murieron y otras sólo quedaron lesionadas.

Como sea, la discusión se centra en si se trata de tipicidad reforzada o se trata de concurso ideal de delitos. Si hay un solo delito o se aplica el artículo 75 del C. P.

Pero esto, ¿qué tiene que ver todo esto con la pretensión de que el acto respecto del chofer señor Rauna es impune, está permitido por el derecho?

La aritmética de las brujas

Es más: si la pretensión es la de ir a parar, como en una suerte de carambola, a la conclusión que concierne al supuesto fracaso del delito respecto del General Schneider. ¡Que el delito de secuestro del General Schneider se frustró! ¡o llegó al grado de tentativa! ¡o hasta es impune, porque apenas llegó a la etapa de acto preparatorio!

Si hay aquí algún aspecto que considerar con respecto a la situación del chofer es si debe ser computada o no, si hay algún problema procesal por no haber sido considerado en la acusación de una manera explícita, porque se trataba de un mismo hecho con pluralidad de victimas.

Para eso podrá tener interés el asunto, para los efectos de ver si se puede computar o no este plus, pero este plus no puede transformarse en menos. Será en todo caso un más, que podrá añadirse o no, pero en caso alguno restarse al delito consumado que afecta al General Schneider.

Ese es el asunto, ¡a menos que contemos al estilo de las brujas!

El secuestro con resultado de muerte

Viene el asunto en seguida de la calificación por el resultado del inciso 3º del artículo 141.

Como es bien sabido, el citado artículo, luego de castigar con una determinada pena el delito base ("el que sin derecho encerrare o detuviere a otro privándole de su libertad"), agrega en el inciso 3º esta calificación por el resultado: si resultare un daño grave la pena será tal otra.

Nadie discute que se trata de una calificación por el resultado, de una agravación por el resultado.

La calificación por el resultado

Jiménez de Asúa, cuando pasa revista en su Tratado a los delitos calificados por el resultado en la legislación latinoamericana, señala como arquetipo el inciso 3º del articulo 141 del C. P. chileno.

Lo mismo dicen nuestros juristas, sin excluir a mis distinguidos colegas, ambos abogados de algunos de los reos de la causa, Luis Ortiz y Alfredo Etcheberry.

En su Memoria de Prueba, "Teoría sobre las hipótesis preterintencionales", dice Luis Ortiz que no es frecuente encontrar verdaderas figuras calificadas por el resultado en nuestro Código, pero que un buen ejemplo lo constituye el artículo 141 (p. 66). Algo semejante observa el profesor Etcheberry (págs. 212 y 213 de su libro) al señalar que el secuestro con resultado da daño grave en persona del ofendido "transforma al secuestro en un delito calificado por el resultado".

Ahora bien, respecto de esta calificación por el resultado quisiera hacer una observación preliminar.

Una hipótesis a mayor abundamiento

Aunque toda la doctrina, como Vuestra Señoría Ilustrísima ha podido ver, reconoce que el tiempo no juega aquí ningún papel y basta que el sujeto pasivo esté, aunque sea efímeramente o fugazmente privado de la posibilidad de determinar su paradero, para que el delito esté consumado, vamos a suponer que nada de ello es verdad y que nada de ello se ha dicho por los especialistas.

Vamos a suponer, solamente para los electos del análisis, aunque me repugne ratonar sobre la posibilidad de la frustración, ya que es del todo irracional, aunque ningún autor lo sostenga, vamos a suponer que el delito estuviere frustrado. La calificación por el resultado aún así debería aplicarse y el inciso 3.9 del Art. 141 regiría igualmente, porque la ley no dice: "el secuestro consumado será castigado con tal pena, si se produjere tal resultado".

Sino que dice: "Si del encierro o detención resultare daño grave".

De tal manera, que aun en ese ejemplo extremo, en este caso extremo, en esa absurda suposición de que este delito se frustró o llegó al grado de solamente tentativa, que se trata de un encierro frustrado o de una detención frustrada, si se traduce en la muerte del detenido o encerrado, ¿por qué no se va a aplicar la calificación?

De tal manera, que para aquella victima que trató de huir mientras está forcejeando por tratar de salvarse, y cae bajo las ruedas del auto ¿no hay un daño grave a su respecto? ¿Tiene que ser, entonces, todo bien ordenado y tranquilo para que los juristas puedan ir dividiendo las distintas etapas del delito? ¿Debe pensarse el delito de acuerdo con la realidad de la vida, o vamos a crear fórmulas puramente artificiales, para deleite de los amantes de enredos y sofismas?

Si la víctima se percata del propósito y trata de defenderse y se produce ahí la muerte, ¿no va a operar la calificación?

La alegre imprecisión

Pero algunos de los abogados han dicho que a Roberto Viaux no le servía muerto el General Schneider; le servia solamente vivo. Roberto Viaux y sus secuaces no querían la muerte del General Schneider. Admitamos, Ilustrísimo Tribunal, que Roberto Viaux no quería la muerte de Schneider. Que ni siquiera la previo. Puse el ejemplo en mi alegato de ayer; el que va con su automóvil a 100 kilómetros por hora y pasa con luz roja no quiere matar a ningún transeúnte, ni siquiera ha previsto esa posibilidad porque si la previera, lo más probable es que se detendría. El solamente quiere demostrar que es una personalidad alegre, como dicen los niños de ahora, "un capo", y pasa entonces a una gran velocidad y no le importa la luz roja. Pero esta simple infracción de policía se transforma en cuasidelito de homicidio si se da muerte a una persona, a un transeúnte. Porque aunque no lo previo, debió preverlo, porque era previsible, y la culpa consiste precisamente en no prever lo que se podía y se debía prever, lo que se tenía la obligación de prever.

¿Y por qué razón si el transeúnte, en este ejemplo es un gimnasta, un acróbata y da un salto inverosímil y el auto pasa a su lado y no lo atropella, sigue siendo una infracción de policía? ¿Por qué Ilustrísimo Tribunal? Porque la ley no se satisface con el no prever algo previsible, para castigar por cuasidelito de homicidio, porque la ley precisa un doble desvaler: un desvalor de resultado y desvalor de acción. Tiene que producirse la muerte para que le carguemos en cuenta aquella falta de previsión en que la culpa consiste cuando el resultado es previsible.

No son "los dados de hierro del destino"

De tal manera, Ilustrísimo Tribunal, que no se nos traiga aquí, como en la tragedia griega, el destino, el azar, como agentes de la muerte del General Schneider. Se imputa a Roberto Viaux y a todos sus cómplices y a todos sus secuaces, porque la muerte del General Schneider si no fue querida, si no fue buscada de propósito, si ni siquiera fue prevista, aun en este evento, era previsible, era terriblemente previsible, porque no podía ser más obvio que ese riesgo de muerte existía.

Por eso se carga en cuenta el resultado, señor Presidente, porque se trata de una acción que causa daño en la libertad de una persona, pero que entraña a la vez un riesgo de daños mayores.

La acción con capacidad de ser peor

Dice Armando Uribe Arce, en la página 13 de su excelente libro "Los delitos calificados por el resultado": "Se nos hizo patente que en cada caso de los examinados, había una o más circunstancias, que obligaron a los legisladores a establecer el peculiar deber de cuidado. El de evitar que su acción, que llevaba en si la potencia de un resultado más grave que el querido, llegara en el hecho a producirlo ... porque la ley suponía esa capacidad de ser peor, de la acción incriminada".

¿Puede estar mejor escrito, Ilustrísimo Tribunal? Tal vez porque Armando Uribe es, como se sabe, además de un Jurista distinguido un gran escritor; ¿puede haberse hecho mejor la presentación del problema? Cuando se refiere Armando Uribe, precisamente a este delito, al del articulo 141, ¿qué es lo que nos dice al referirse al inciso 3º?

El que comete el hecho doloso de encerrar o detener a otro sin derecho, debe conocer que de este hecho particular puede? derivar otros de mayor gravedad. La ley en este supuesto, exige del agente el debido cuidado para que evite esas posibles consecuencias más graves. Como no puede suponer la previsión actual, y muchos menos el querer de ese resultado sobreviviente, se limita a establecer la previsibilldad de estas circunstancias agravantes de que habla el codificador, y con ese criterio se justifica el deber de cuidado, se atreve a imputar el resultado más grave a titulo de culpa.

La despiadada ligereza

¿Y no tenían, entonces, Viaux y su grupo un especial deber de cuidado, puesto que era previsible el riesgo para la vida del General Schneider? Piénsese en las advertencias continuas de Dávila, en la admisión de que "parece cosa de locos", al decir de Cosmelli. (Todo está hecho con brutalidad, con despiadada ligereza! ¿No era previsible que algo podía acontecer? ¿Y qué dice Viaux con desenfado, con frescura, Ilustrísimo Tribunal, a fojas 1.944?

"En ningún momento se pensó en la posibilidad de que el General Schneider se resistiera a la acción de retención, dadas las medidas que para ello había tomado el grupo de Dávila y Gallardo".

¿Cuáles medidas? ¿Es que se trataba de un comando de personas con nervios de acero, especialmente adiestradas, que iban a actuar como en aquellas películas espectaculares, en que los protagonistas llegan con la velocidad del rayo? Todo previsto en sus menores detalles. ¡Si se trataba de una banda de delincuentes, de hampones, todos con un prontuario nutridísimo! Dávila Basterrica protestaba: "(Pero si esta gente no tiene serenidad, es gente de muy mala clase!", y cato se lo decía a Viaux una y otra vez.

Napoleón y "la corte de los milagros"

¿Dónde está el acatamiento del deber de cuidado, señor Presidente? Y entonces aquí viene lo grotesco y lo terrible, por. que no es sólo la dimensión política, no es sólo la dimensión histórica; es la dimensión humana, el sacrificio de una vida humana preciosa corno la del General Schneider, de un hombre finísimo, de un intelectual, de un patriota, de un hombre eminente, destruido, aniquilado por esta "troupe", por esta cuadrilla, por esta canalla, por esta "corte de los milagros". Y detrás de ellos, manejando la situación, este nuevo Napoleón, esperando un AUSTERLTTZ, justo al año siguiente de la ocupación del Tacna.

Señor Presidente: el profesor Armando Uribe ofrece una serie de casos en este libro: El que pone manos violentas en la persona de un ministro de un culto y resulta la muerte; si de la aplicación de los tormentos o del rigor innecesariamente empleados resulta la muerte del paciente; el abandono de niños, si a consecuencia del abandono le resultaren lesiones o la muerte; la sustracción de menores, si a consecuencia de ella resultaren lesiones graves o la muerte, etc. Y concluye:

"Justamente porque en la acción primitiva hay una potencia, aunque esa potencia no sea en su efecto prevista por el agente, ni menos querida, tiene el deber de evitar tal efecto, ya que conoce la potencia en sí por el mero hecho de ejercitarla, y si viola ese deber incurre en culpa".

El malvado descuido

Ya el antiguo maestro Carrara, Ilustrísimo Tribunal, se planteaba ese problema: ¿cómo puede imputarse a un hombre algo que no ha previsto ni querido? Y en uno de sus opúsculos, Justamente el que se refiere a la culpa, dice; "Hay, pues, ciertos hechos especialmente dispuestos por la naturaleza, porque son en si malvados, a desencadenar otros y otros más graves y dañosos, y la malevolencia inicial contiene la aptitud de un malvado descuido consecuente, y la ley impone el deber de cuidado, exige la previsibilidad.

Y Vuestra Señoría Ilustrísima debe recordar, en aquel otro opúsculo, sobre el caso fortuito, cuando Carrara señala el caso de aquella criada a la que se le debe reprochar su culpa cuando coloca una vela encendida cerca de unos cortinajes, y de lo que se sigue un incendio. El dice "debió prever el cambiante cielo de Italia, porque era previsible, porque era una experiencia de la vida, que esa mujer debía tener".

Se exige la previsibilidad, no la previsión, no el haber querido; basta el hecho de no haber previsto, debiendo prever.

Jiménez de Asúa, tomo 6º, página 133, de su Tratado: "Nosotros entendemos los delitos calificados por el resultado, condicionados a la previsibilidad del resultado más grave". Y por ello los códigos más modernos, como fruto de toda esta reflexión de siglos, Ilustrísimo Tribunal, ya han optado por decirlo directamente. Y lo dice el Código Penal de la República Democrática Alemana y el Código de la República Federal Alemana, que son códigos recientes.

El deber de emplear la inteligencia

Pero quiero hacer esta nueva cita de Carrara: "El profundo criterio de la previsibilidad, la previsibilidad del resultado, permite imputar finalmente al hombre que debió prever -porque la naturaleza de las cosas así lo exigía- y que sin embargo no previo; y es un vicio de la voluntad, violatorio de esa excelente idea del deber moral que a todo hombre le incumbe de emplear inteligencia en prever las consecuencias de los propios hechos.

El que se mete a perpetrar un delito, Ilustrísimo Tribunal, aunque sea desde atrás, aunque sea el hombre que no quiere estar metido en el acontecimiento y quiere dirigir de atrás; el que no quiere estar en el horror, pero si quiere realizar una conducta decente y honorable, pero dirige la situación, tiene el deber de actuar con inteligencia para impedir aquel resultado previsible que debió prever.

Y de ahí entonces -decía- los textos de los códigos: Del Código Penal de la República Democrática Alemana, párrafo 131, que, después de definir el secuestro como: "el que encierra a una persona o de otra manera antijurídica la despoja de la libertad personal será castigado", añade en el inciso 2º: "el que mediante el secuestro ocasiona culposamente una lesión corporal grave", tal pena, y "si ocasiona culposamente la muerte de la víctima" tal otra pena. Lo mismo acontece con el Código Penal de la República Federal Alemana: agrava el secuestro por el resultado de lesiones o de muerte, pero exige culpa, exige previsibilidad.

Y la Ley española, Ilustrísimo Tribunal, sobre represión del terrorismo y bandidaje, castiga con la pena de muerte si produjesen los secuestradores la muerte de la persona secuestrada o no dieren razón de su paradero, salvo que las especiales circunstancias del hecho pongan claramente de manifiesto que en ningún momento haya debido temerse racionalmente por la vida o integridad corporal de la persona secuestrada.

Los que mueren de nostalgia y los que mueren de amor

Pero, Ilustrísimo Tribunal, el profesor Luis Ortiz es mucho más drástico que yo. Porque Vuestra Señoría Ilustrísima habrá observado que yo he estado razonando sobre la base de que se impute a Roberto Viaux, a sus cómplices y a sus secuaces el resultado de muerte, porque no lo previeron habiendo debido preverlo. Pero el profesor Ortiz sostiene una teoría que haría empalidecer a su cliente Bouchón, si lo escuchara.

Porque Luis Ortiz, en su Memoria de Prueba sobre los delitos preterintencionales, un trabajo bien conocido, del año 1959, dice en las páginas 66 y 67: "En los delitos calificados por el resultado, estimamos que el resultado más dañoso se imputa al hechor, por el solo vínculo causal material, sin atender a la culpabilidad del delito: no importa que el consecuente sea o no imprevisible. Al agente se imputa de todos modos y la pena se impone por el resultado". Entonces Ortiz quiere poner un ejemplo, lo busca y lo encuentra: ¡el artículo 141, inciso 3º! Precisamente el que nos ocupa. ¿Y qué hipótesis propone el profesor Ortiz, Ilustrísimo Tribunal?; "Rodea a su víctima de las mayores comodidades y a pesar de ello ésta enferma y muere de nostalgia" (página 67).

Si la víctima del secuestro muere de nostalgia, debe imputarse el resultado al secuestrador -dice el profesor Ortiz- aunque sea absolutamente imprevisible y hasta desconcertante ¿y por qué de nostalgia? ¿Y por qué no de amor? Como en el poema de Heine, cuando la hija del Sultán le pregunta al esclavo qué es lo que acontece, quién es, cuál es su ralea, y él dice: "Yo soy de aquellos que mueren cuando aman". Entonces la princesa, Ilustrísimo Tribunal, la hija de Sultán ¿debiera responder de la muerte de amor?

¿Debiera responderse de toda muerte aunque sea imprevisible? ¿Muerte por nostalgia, muerte por amor? ¿Aun la muerte que no haya sido posible prever? Esa es la tesis que se formula en esta obra, que ya no puede ser más drástica, que ya no puede ser más rigurosa.

Yo no he sostenido esta tesis, porque no creo que cuando un abogado acusador, cuando un abogado querellante, reclama una pena, tenga el derecho a ser tan irresponsable de inventar o adoptar teorías en que no cree para ponerlas al servicio de una pena severa. Y yo he utilizado, aun fatigando a Vuestra Señoría Ilustrísima, todo lo que ha dicho la doctrina universal sobre esta materia y he fundado jurídica y moralmente la gravedad de la pena que merece Roberto Viaux, en que a lo menos no previo lo que debió prever. Y no he desarrollado la tesis de la punibilidad por el solo resultado objetivo, por la sola casualidad.

Dos y dos son cinco, es una cosa encantadora

El profesor Etcheberry, por su parte, en su libro (tomo tercero, página 213) propone una teoría que debo calificar con todo el aprecio que tengo por mi distinguido amigo, como una teoría sorprendente, una verdadera paradoja. Porque Luis Ortiz nos dice: da lo mismo que sea previsible la muerte o que no sea previsible; si se produce el resultado, se carga en cuenta al hechor. Da lo mismo que haya culpa o que no haya culpa. Pero la tesis del profesor Etcheberry es muy especial, como verá Vuestra Señoría Ilustrísima, y conduce a la conclusión sorprendente que dos más dos son cinco.

¿Qué es lo que dice el profesor Etcheberry? Admite que el concepto de daño grave, referido a la persona del secuestrado comprende las lesiones graves -ya que la ley les da este calificativo también a las mutilaciones y el homicidio, que son resultados más graves que aquéllos-; admite entonces que dentro de la fórmula de daño grave se incluye el homicidio; punto que también fue discutido por algún abogado en estos estrados.

Pero aquí viene lo sorprendente, Ilustrísimo Tribunal; añade: "Si respecto del daño grave para la persona ha existido una posición culposa (consciente o inconsciente), existirá un concurso entre un secuestro (simple) y un cuasidelito de homicidio, lesiones, etc., verdadera figura preterintencional. Para que opere esta causal de agravación -la del inciso final del artículo 171- es preciso que el "daño grave", referido a la persona del secuestrado, se haya producido en forma enteramente objetiva, fortuita".

Es decir, si el resultado era previsible y no se previo: secuestro simple, más cuasidelito de homicidio; si, en cambio, el resultado era imprevisible, si murió de nostalgia, si murió de amor, entonces, Ilustrísimo Tribunal, sí se aplica la calificante.

Si el resultado era previsible, pero no se previó por el secuestrador debiendo preverlo: secuestro simple más cuasidelito de homicidio. Si el resultado no solamente no se previo, sino que era imprevisible, y por consiguiente fue fortuito el resultado; secuestro calificado.

Hay que reconocer que esta teoría es de tal manera extraña, que la posición del profesor Ortiz resulta casi dulce y humanitaria cuando dice que da lo mismo; porque, Ilustrísimo Tribunal, sucede entonces, que es mejor que haya culpa y es peor que falte la culpa. O sea que el secuestrador tendría que ser demente para prodigar cuidados al secuestrado, porque si hay culpa se castiga por un concurso de secuestro simple más cuasidelito de homicidio, y como hay un concurso, la pena máxima son cinco años. Si es descuidado, si hay de parte de él negligencia, imprudencia, desinterés, aquello que justamente tenemos que reprocharle, le aplicamos la pena más baja. En cambio si es cuidadoso, si se ha preocupado de la víctima, si ha tratado de impedir todo daño, pero se produce fortuitamente el resultado, puede ser la pena de hasta 20 años. ¡Es decir que se premia, Ilustrísimo Tribunal, al que actúa con imprudencia!

¿Como puede sostenerse una cosa semejante? Solamente, porque el profesor Etcheberry, cuando escribió en su libro sobre esta materia, vio solamente las armonías de las formas. Entonces, claro, el delito es calificado por resultado, el resultado ha de ser fortuito, y si hay culpa aplicamos el cuasidelito de homicidio, y no se daba cuenta al discurrir así de la paradoja monstruosa a que esto conducía. La paradoja -repito- de que la circunstancia de actuar con indiferencia, con despreocupación, merece premio y la pena llega sólo hasta cinco años. En circunstancias que si el resultado de muerte es puramente fortuito, en ese caso se puede condenar hasta a 20 años.

El profesor Ortiz no llega a tanto. El dice que da lo mismo que haya culpa o que no haya culpa, que sea previsible o que no sea previsible, pero naturalmente no llega a esta otra tesis tan especial.

Tomemos, Ilustrísimo Tribunal, el caso que nos ocupa con arreglo a la teoría del profesor Etcheberry, expuesta en su libro. Se ha utilizado un escuadrón comando para el secuestro: todo está perfectamente calculado hasta el menor detalle; es una operación perfecta, desde el punto de vista técnico no puede ser más racional, no puede estar mejor organizada; pero se produce la muerte fortuita, ¡cayó una lámpara! Entonces sí se puede aplicar la calificante; puede llegar la pena a 20 años. Pero si se hace en forma chapucera, imprudente, se llega con pistolas, con revólveres, de la manera más descuidada, sin tomar ninguna medida de amparo para la vida del secuestrado, sin prever nada, en este caso es cuasidelito de homicidio y la pena sólo puede llegar hasta cinco años.

No creo que valga la pena insistir en esta materia, porque, evidentemente, así se llega a la conclusión que jovialmente señalara Dostoiewsky; cuando decía que es cierto que dos y dos son cuatro, pero que dos y dos son cinco es también una cosa encantadora; dos y dos son cinco. claro, es una cosa encantadora, pero no es en absoluto encantador concluir que la culpa, la existencia de culpa, debe favorecer al reo.

Y que lo perjudica la circunstancia de que actuó en forma cuidadosa.

Por consiguiente, Ilustrísimo Tribunal, se carga en cuenta de Roberto Viaux y de todos sus secuaces el resultado, porque era previsible y porque no lo previeron habiendo debido preverlo.

Donde se demuestra que la muerte es un daño grave

Pero dos palabras sobre ese extrañísimo argumento, que se dio por algún abogado, de que la muerte no es un daño grave para la ley. Jamás soñé, Ilustrísimo Tribunal, que en un alegato o en alguna oportunidad tuviera que tratar de ocuparme de un tema como éste, pero hay por lo menos que decir algo. ¿De dónde extrajo este colega este problema que como ha visto Vuestra Señoría Ilustrísima, no se le ha ocurrido a ninguno de los otros abogados defensores? De la circunstancia de que el modelo español decía: "Si se hubiesen causado lesiones graves a la persona encerrada o detenida, o se le hubiera amenazado de muerte". Entonces este precepto, que fue el modelo español, al pasar a nuestro Código donde fue modificado, al parecer demostraría que nuestros comisionados no tenían pensado el resultado muerte, porque el modelo se refería a la amenaza de muerte.

Es difícil razonar sobre una cosa tan absurda, pero es sabido que el fundamento de todo este asunto está en que el comisionado español tomó el precepto del modelo francés, en que bastaba la amenaza de muerte para que el reo fuera castigado con la pena de muerte.

Entonces los Juristas españoles calcaron el texto del código francés; no aplicaron pena de muerte, sino que pena privativa de libertad hasta 20 años y lo dejaron así con la sola amenaza de muerte, sin hablar de la muerte. Pero hubo tales problemas con esta forma de configurar el tipo legal que tuvieron, ya el 8 de enero de 1877, que establecer la pena de muerte si resultaba la muerte, otro tanto hicieron, luego en la actual ley sobre terrorismo y bandidaje a que me he referido. Pero, como sea, nuestro código, por fortuna no ha suscitado esta clase de disputas.

Esto es en el plano jurídico, pero en el plano del buen sentido, Ilustrísimo Tribunal, ¿la muerte no es un daño grave? Es decir, si al secuestrado lo abandona su mujer, o si el secuestrado resulta arruinado, porque la mujer o los deudores se cansaron de esperar, la pena puede ser muy alta; pero no así si se produce la muerte del secuestrado, porque ésta no es un daño grave, no logro entender la lógica de esta argumentación.

¿Quiénes responden por la muerte del General Schneider?

Ilustrísimo Tribunal, admitiendo entonces que el delito de secuestro calificado con el resultado daños graves se imputa a todos aquellos que actuaron con dolo respecto del secuestro, y que tenían la obligación de prever el resultado, queda la cuestión de decidir la situación de los distintos partícipes.

¿A quiénes se aplica la calificante y a quiénes no en esta clase de delitos calificados por el resultado? ¿Cómo se opera cuando es un delito calificado por el resultado y hay instigadores, hay cómplices, etc.?

Dice Hans Welzel, en su Derecho Penal Alemán, en la parte general, traducción castellana de la IIª edición, página 175:

"El tipo calificado por el resultado, sólo ha de considerarse respecto de aquellos cooperadores, (autor o partícipe) que han obrado culposamente en relación al resultado calificado. Desde un punto de vista dogmático, se trata de que la instigación o complicidad en el delito base... se califica por la co-causación culposa del resultado más grave, por ejemplo, la muerte: luego por la autoría culposa concomitante respecto de ese resultado".

Repito, señor Presidente: ¡la instigación y la complicidad en el delito base se califican por la co-causación culposa del resultado más grave! Es decir, todos aquellos instigadores, ejecutores, cómplices, que están en culpa, respecto del resultado, que actuaron con dolo en el delito base y están en culpa respecto de la muerte, a todos aquéllos se les aplica la calificante; a aquellos a los cuales no es posible atribuir culpa, porque a su respecto era imprevisible, a ellos, si, no podrá cargárseles en cuenta este resultado.

¿Y quiénes son Ilustrísimo Tribunal?

Roberto Viaux no es sólo el instigador, es el autor mediato, es el hombre que esté detrás, es el que maneja todo, es el que decide cuándo, el que decide el sí, el que decide cómo. Pero no sólo Viaux debe responder por el resultado más grave; los autores-cómplices, los que concertados para la ejecución facilitaron los medios, que actuaron con dolo respecto del secuestro y que tenían el deber de prever el resultado, naturalmente que están en culpa también respecto de la muerte.

"El Chico Mario", "Giro sin Tornillo", Bouchon, Cosmelli, y todos los demás personajes, todos los que se concertaron para el secuestro con dolo y que tenían una posición de culpa frente al resultado más grave que podía suscitarse.

Los que idearon el secuestro, los que lo organizaron, los que actuaron en cualquiera de las formas de autoría del articulo 15, o de complicidad del articulo 16, y respecto de los cuales pueda sostenerse que ha habido previsibilidad y que por ende no previeron el riesgo mortal, habiendo y debido preverlo, co-causaron con su culpa el resultado; porque ellos pusieron una contribución causal al resultado y esa contribución causal se les imputa a título de culpa.

El primer nivel de responsabilidad

¿y quiénes son? ¡Todos, Ilustrísimo Tribunal! Yo he tratado de pensar respecto de quién podría sostener que no hay culpa en cuanto al resultado final. Dejemos el primer nivel, el caso de Roberto Viaux. Insisto que él había sido General, él no podía menos de conocer los riesgos de esta operación; conocía al General Schneider y comprendía que no era fácil y que no podía menos de ser riesgoso tratar de llegar hasta él, aturdir al chofer, romper los vidrios, levantar el seguro, cogerlo en vilo y llevárselo, sin que él fuera a resistir. Esto era realmente de tal manera previsible, que no veo cómo podría sostenerse que no hay culpa respecto de ese resultado en lo que concierne a Viaux.

Los que están situados en el medio

Y el segundo nivel, Ilustrísimo Tribunal, porque en estas organizaciones, en estos aparatos -insisto- hay diversos niveles. Y quiero usar las palabras que usó Servatius, el abogado de Eichmann en Jerusalén para referirse a su defendido: "lo que no está ni al principio ni al final de hecho, sino que en el sector que se encuentra situado en el medio".

Porque hay algunos en este caso, que no están ni en el principio ni en el final del hecho.

El caso de Gallardo, Ilustrísimo Tribunal. El no está en el principio porque no es la cabeza, él lo ha dicho: "tenemos que cumplir con Viaux, tenemos que obedecer a Viaux, Viaux nos ha dado la instrucción". El no está en el principio. En el principio está Viaux, "hay que cumplir como sea" -dice él- pero está subordinado al hombre que está detrás. Pero tampoco está al final, porque llega Gallardo al sitio, da algunas instrucciones, conversa con Dávila, se preocupa de que estén las barreras, deja a Hurtado en su auto y después se escabulle, ya lo dije, como una serpiente, y se va al Hotel 0'Higgins de Viña del Mar, a gozar esos últimos instantes de placer, de hombre que sabe disfrutar de la vida. Y en esa misma situación intermedia, entre los que no están ni en el principio ni en el final, se hallan desde luego Igualt Ramírez, Fontecilla y ese extraño personaje que es Igualt Ossa, quien como decía en la audiencia de ayer, trata de aparecer siempre como el bobo del cuento. Oye hablar vagamente de que se pretende secuestrar al General Schneider, no tiene todo muy claro, va a buscar las llaves del jeep porque le manda el General Viaux que las obtenga, él las obtiene. El las entrega a alguien en la casa, no se acuerda bien. En la noche del 21, su papá le dice -él es un hombre de 40 años- el papá le dice: "ahora se va a producir el golpe", "qué interesante", debe haber pensado, y así transcurre su actuación en este proceso. Está metido en todo, incluso!' esto es interesante, hasta toma algunas medidas para que se proteja a Viaux después del secuestro. Labarca dice: a fojas 409, que a petición del cuñado de Viaux, Raúl Igualt, había dado instrucciones de mandar gente a la casa de éste para proteger a Viaux, después del secuestro del General Schneider.

Un poco más arriba, un poco más abajo, Igualt Ramírez, Igualt Ossa, y qué decir de Fontecilla, el hombre que da las instrucciones a Bouchon, que da las instrucciones a Cosmelli.

Hay una carta de Guillermo Carey Tagle, a fojas 1.927, en que se lee: "El día 20 de octubre fui a despedirme de Julio Fontecilla y ver cómo podríamos concretar nuestras posibilidades de trabajo en el extranjero, a fin de combinarlas, ya que él también había decidido irse. Conversamos sobre nuestras posibles actividades en el extranjero". Ahora debe estar combinando algo con Guillermo Carey, ahí donde la dulce y buena tía Mary, en EE. UU., porque Fontecilla ha desaparecido como se sabe, y debe estar entonces organizando negocios fuera de algunos recientes viajes furtivos a Chile. Pero entonces él estaba movido por Igualt Ramírez e Igualt Ramírez estaba movido por Viaux. Los parientes estaban situados en el medio, todos están concertados para la perpetración del delito, todos estaban en dolo respecto del secuestro y todos estaban en culpa respecto de la muerte.

Bouchon confiesa que cuando fue a la oficina de Fontecilla, éste le precisó: necesito automóviles para el secuestro del General Schneider. Cosmelli reconoce que en la casa de Viaux se le informó que los autos se requerían para el secuestro del General Schneider. Ambos están confesos, Ilustrísimo Tribunal, de su participación, porque el cuerpo del delito está acreditado.

Bouchon consiguió con Urrutia Mendizábal un auto; Cosmelli consiguió dos: el auto de Vinet y el auto del abogado Valenzuela. En esa oportunidad, que recordé a Vuestra Señoría Ilustrísima, ahí en esa atmósfera magnífica, de sano esparcimiento en contacto con la naturaleza, de césped, de caballos, en que se conversaba de fiestas; ahí se obtuvieron esos autos que fueron entregados a Igualt Ramírez, quien ayudó con alicates a romper el llavero y a reemplazarlo por un alambre. Se entregaron los autos, se entregaron las llaves, se cumplió la misión y estos caballeros encopetados se fueron a sus casas.

El hecho de no haber estado allí el jueves 22 de octubre en la mañana, el hecho de que hayan participado en el medio, el hecho de haber estado concertados y haber realizado una labor honorable y decente en el sentido de Eichmann, no los hace irresponsables respecto del resultado; ellos estaban con dolo en cuanto a la acción del secuestro, había concierto y hay co-causación culposa respecto del resultado. La calificación no debe ser de cómplices, sino de autores, en el sentido del artículo 15 número tercero.

Unos se conciertan en el Departamento de Diez de Julio, en el Parque Cousiño, en Los Dominicos; hacen experimentos, hacen ensayos, Requena, "Erasmo", hace el papel de General Schneider en este simulacro; grita Gallardo como loco, creando dificultades con Melgoza, que encuentra que su líder o su pequeño líder, es un tanto nervioso, desagradable, y puede atraer la atención sobre lo que están haciendo ahí. En todo ese ambiente absurdo, de circo pobre, se va generando el crimen terrible que se va a perpetrar al día siguiente. Todos se conciertan, todos saben de lo que se trata; llegan con arsenales, porque el jeep está lleno de armas. Todos han llegado armados y han sacado el seguro de sus armas, porque puede haber dificultades; todos son responsables del secuestro consumado, todos son responsables de la muerte.

La espada tronchada de Dávila

También, por cierto, Dávila Basterrica, aunque no sacó la espada con el brillo que él había anunciado y admitió jugar un papel un tanto secundarlo en aquel momento. Estaba concertado y estalla presente, aunque no computemos el hecho de que avanzó con el automóvil con ese Dodge Dart azul, y se colocó ahí también para ayudar al bloqueo del General Schneider. Aunque esta contribución causal adicional no la tomáramos en cuenta, de acuerdo con el artículo 15, número tercero, es suficiente el hecho de que estaba concertado para la ejecución y a ello se añadió su presencia, aunque sin tomar parte inmediata en el hecho mismo.

El pañuelo de Medina

Medina Arriaza, dinamitero de una torre de alta tensión, que ha obtenido la casa de la calle Traiguén donde debía ser llevada la victima, es el que tiene que sacar el pañuelo con que se pone en movimiento esta operación. Saca el pañuelo, en ademán de sonarse, y entonces ahí empieza todo el movimiento de automóviles delante y detrás del Mercedes Benz del General Schneider. Está concertado, y está ahí, está contribuyendo de una manera causal, porque él pone en actividad toda esta cadena de hechos cuando comienza la operación "Alfa", la operación que debe conducir al secuestro y a la muerte del General Schneider.

La cortina de Fernández

Y todos los que tienen que realizar otras conductas, como Fernández, que ha participado en todos los intentos anteriores y ahora se le ha dado el papel de "servir de cortina" (esa es la expresión que se emplea: "de cortina"). Entonces fuma tranquilamente y sigue a los demás autos; él tiene que "tapar" por detrás toda esta operación. Va a presenciar, va a facilitar los medios, va a tomar parte en el hecho.

Asaltantes y asesinos

Hurtado, "El Chico Mario". Montes Tagle, Silva Donoso, Labarca, Requena y todos los demás, salvo naturalmente aquellos respecto de los cuales no es posible hablar de co-causación culposa, sino que de co-causación dolosa. Los asesinos: Bulnes, Izquierdo, Melgoza.

Comprendo, Ilustrísimo Tribunal, la fatiga de Vuestra Señoría Ilustrísima con este alegato tan extenso; trataré de ser lo más breve que pueda, pero hay todavía una materia que no puedo dejar de mencionar.

El pez más chico que devora al más grande

Otros de los pseudos problemas jurídicos que aquí se han suscitado, y que es igualmente espantable desde el punto de vista lógico, es la extraña teoría, Ilustrísimo Tribunal, de que el peí más chico se come al pez más grande.

El delito contra la Seguridad del Estado lo devora todo, incluyendo el secuestro, incluyendo la muerte del General Schneider; es una de las teorías más sorprendentes que he podido escuchar.

Es realmente una curiosa paradoja y volvemos a la aritmética de las "brujas": Dos y dos son cinco; porque entonces, Ilustrísimo Tribunal, podemos dar una recomendación a la gente que busca emociones fuertes, y le podemos decir: "Señor usted quiere armar y desarmar a Chile como si fuera un automóvil descompuesto. Pregónelo a todos los vientos y acto seguido, ponga bombas en el Estadio Nacional, mate parlamentarios y otras personalidades, realice toda clase de crímenes y no se preocupe, porque como usted lo que persigue es desarmar y armar a Chile de nuevo, su infracción a la Ley de Seguridad del Estado va a devorar todos estos delitos comunes que usted haya cometido".

Es extraño, Ilustrísimo Tribunal, que estas cosas se hayan sostenido anta Vuestra Señoría Ilustrísima con la pretensión -ya lo dije- absurda de arrancar de un Tribunal de Justicia de Chile un fallo que produzca estupor.

¿Y puede pretender con seriedad un abogado, que Vuestra Señoría Ilustrísima diga en su sentencia que los delitos son absorbidos, estos delitos que son atentados contra la libertad de una persona y contra la vida de una persona, por ser un delito de la Ley de Seguridad del Estado cuya pena máxima es de 5 años? Porque, Ilustrísimo Tribunal, vuelvo al ejemplo de esa persona que quiere armar y desarmar a Chile y que ponga una bomba, y que mate a doscientas personas en el Estadio Nacional, y que mate a todos los parlamentarios de la Unidad Popular y mate, incluso, a algunos parlamentarios de la Democracia Cristiana, y que realice toda clase de actos que produzcan emociones fuertes; después, si tiene una buena conducta anterior, no podrá ser condenado ni siquiera a cinco anos; tendrá que ser condenado -porque no se puede aplicar el grado superior- al máximo de tres años. Y si tiene un buen abogado. ese buen abogado va a pedir que se le remita condicionalmente la pena. De tal manera entonces, que no va a tener ni siquiera que estar preso por realizar todas estas aberraciones y estos delitos comunes que son devorados por la Ley de Seguridad del Estado.

¿Concurso aparente de leyes o concurso del delito?

Es realmente demasiado absurdo como para darle importancia; sin embargo, yo no quiero eludir el asunto jurídico. ¿Cuál podría ser la vía para sostener una cosa tan incoherente como ésta? Tendría que ser la idea de que aquí hay un concurso aparente de leyes penales. El concurso aparente de leyes penales, como su nombre lo indica, es un concurso que no existe; parece haberlo, pero no existe; parece haber varias leyes que pugnan por regir un hecho, pero en realidad no son varias las leyes que deben regir ese hecho; hay solamente una, la verdadera.

Cuando un hijo mata a su padre, emergen: el tipo legal que castiga el homicidio, el tipo legal que castiga el parricidio, pero el intérprete dice: "hay una ley especial y esta ley desplaza a la otra; y castigo sólo por parricidio, no castigó por homicidio y por parricidio". Ese es el principio de la especialidad.

Pero existe también el principio de la absorción o consunción. Evidentemente que cuando una conducta conceptualmente lleva consigo otra. cuando normalmente, ordinariamente, una acompaña a la otra, no se castiga por dos delitos porque hay solamente uno que absorbe el disvalor del otro. Cuando un individuo perpetra el delito de robo con, escalamiento, entonces, por cierto, convienen todos los autores, todos los tratadistas: evidentemente no se castiga por robo con escalamiento, ademas por violación de domicilio y además por daños, si se han producido daños para entrar. Como si una persona dispara sobre otra y le causa la muerte, no se le castiga, además, por el daño que causa en su ropa, porque ese daño, aun cuando uno puede imaginar el homicidio de una i persona desnuda, lo normal es que así no acontezca y por consiguiente, cada vez que se mata se causa un daño adicional que esté incorporado en el disvalor fundamental, que es la destrucción de la vida.

Por eso dice Welzel (op. cit., página 322), cuando se refiere al concurso aparente resuelto por la absorción que: "existe cuando un delito es la forma de comisión normal de otro". Cuando un delito en la forma de comisión normal de otro, regularmente, ordinariamente, de acuerdo con la experiencia de la vida, Ilustrísimo Tribunal, una lesión peligrosa -dice él- queda consumida dentro del homicidio, no se castiga por el homicidio y la lesión que causó el individuo.

A Pedro que causa una lesión a Juan de que resulta la muerte, no se le castiga por homicidio y por lesiones, porque la lesión es absorbida por el homicidio.

También se habla del caso en que el hecho posterior quede impune; o mejor dicho, son castigado conjuntamente. Tal sucede con el delito de aprovechamiento, es el caso del ladrón que destruye la cosa hurtada. El ladrón ya desposeyó, asumió la posesión de la cosa sustraída, y no se le castiga además por el delito de daños cuando destruye las cosas que ha sustraído.

Pero ¿qué es lo que añade Welzel? "El hecho posterior, sin embargo, es punible cuando lesiona otro bien jurídico. Por ejemplo, la venta de una cosa hurtada a un tercero, de buena fe, es estafa en relación al comprador". Porque hay una nueva violación de un bien jurídico, hay otra persona que ha sufrido a su vez un atentado contra su libertad de determinación y contra su patrimonio. Y BAUMGARTEN, en su famosa obra clásica sobre el concurso ideal de delitos que aparece en el Frank-Festgabe, página 202, pone el ejemplo: ¿Qué pasa cuando un individuo sustrae un revólver y con él da muerte a otro? ¿Se va a pretender que el homicidio queda consumido por el hurto? Es una cosa realmente bastante absurda y no quiero entonces insistir más sobre esto, porque sostengo que no tiene nada que ver con lo que allí se trata.

En un atentado contra la seguridad del Estado, hay un ataque contra un bien jurídico de un sujeto pasivo fundamental que es el Estado, pero hay además atentado contra bienes jurídicos de una persona individual: atentado contra su libertad y su vida. Y no se ve cómo se va a considerar absorbido esto en aquello. No veo cómo se va a sostener que un delito, Ilustrísimo Tribunal, que estaba consumado antes del secuestro -porque si a Viaux y a los demás se les hubiera detenido el día 21, ya había infracción a la Ley de Seguridad del Estado- estaba consumado, ¿y por qué, entonces, va absorber en su disvalor este atentado ulterior contra la libertad y la vida del General Schneider? Es -insisto- absolutamente incomprensible una teoría semejante.

¿Patente de corso?

Es una teoría que crea una especie de patente de corso. Aquel individuo que tenga un propósito político tiene una patente de corso, para cometer cualquier clase de villanía, cualquier tipo de infracción, violar toda clase de bienes jurídicos. ¿Por qué?, ya que tiene un propósito de tipo subversivo todo lo que haga ha de ser devorado, todo va a ser absorbido, todo va a ser consumido por este delito político.

Ojeada retrospectiva

Creo haber demostrado que el General Schneider fue víctima de un aparato organizativo; que él era la cabeza y el hombre dirigente, el que manejaba todo este aparato. Que los ejecutores eran todos fungibles e intercambiables, en esta obra común, y lo eran también en el grado de abyección, de insensibilidad moral con que actuaron, que hace más reprochable su conducta. Que no hubo aquí sino viles, pequeños y mezquinos intereses. Que no hubo autores de conciencia y que en el caso personal de Roberto Viaux aparece clara una megalomanía, una vanidad desmesurada, que le hizo perder todo sentido de las proporciones, que lo hilo perder el sentido del amor y el respeto que debía a la Institución en que se había formado, la lealtad a su compañero, el respeto que merece una vida humana; porque cegado por esta ambición, él estaba dispuesto a recibir ayuda del extranjero, viniera desde donde viniera, y corriera la sangre de quien fuera, siempre que él lograra estos propósitos estelares que se había señalado.

Hay detrás de él, además, como vio Vuestra Señoría Ilustrísima, con la cita que hice ayer, una sospecha infamante y bastante grave a su respecto, en cuanto a sus vinculaciones con el extranjero. En seguida, está claro que se trata de un secuestro consumado, porque el General Schneider quedó privado de la facultad de exteriorizar libremente su determinación de irse o quedarse; estaba cercado, imposibilitado de ejercer esta facultad fundamental de la libertad humana.

Que el resultado más grave,, la muerte, se le carga en cuenta, por la circunstancia de que se trataba de una acción peligrosa que conlleva la previsibilidad del resultado mayor; que por consiguiente, la co-causación culposa abarca a todos aquellos que tenían el deber de prever ese resultado.

Está demostrado también que la muerte es un daño grave, cosa. que parece bastante evidente, como aparece asimismo demostrado que el pez más chico no se come al pez más grande y que aquí ha habido concurso de delito y no concurso aparente de leyes. Por consiguiente que dos y dos son cuatro y no son cinco, aunque si fueran cinco, sería una cosa encantadora.

¿Qué parte de la oración es aquí el pueblo?

Señor presidente: yo mostré a Vuestra Señoría Ilustrísima una fotografía de una hoja que llevaba la mancha de la sangre del General Schneider. Era lo que él estaba escribiendo en ese instante, en que daba las instrucciones al Ejército para oponerse a la insurgencia. Yo quiero hacer presente a Vuestra Señoría Ilustrísima, que el General Schneider no sólo tenía un concepto claro de su deber constitucional, sino que en sus apuntes también se hablaba de que cualquier posición que no fuera la constitucional, "nos divide", decía, "y nos echa contra el pueblo". Cuando Prieto, uno de los reos, asistió a una de las reuniones conspirativas, narra que eran tales las cosas que se decían que él preguntó ¿y qué parte de la oración es aquí la Constitución? Esto provocó grandes risas, como puede provocar grandes risas la pregunta ¿qué parte de la oración es aquí el pueblo? Porque Ilustrísimo Tribunal, para todas las personas que manejaron esta operación ominosa, Chile es un espacio, es un territorio, es el territorio donde se hacen los negocios, es un lugar en que el pueblo no juega ningún papel, es un lugar en que se puede calcular fríamente el derramamiento de la sangre. Porque se trataba de lograr que como consecuencia del secuestro del General Schneider, se le buscara en las poblaciones, para lo cual su automóvil sería sugestivamente abandonado. Y de esta manera provocar enfrentamientos. Y el inevitable sacrificio de gente inocente. Señor presidente, estoy persuadido de que si Vuestra Señoría Ilustrísima -lo que no creo- adoptara una actitud clemente, adoptara una actitud considerada respecto de esta banda que de la manera más frívola ha aniquilado una vida humana y ha calculado un riesgo que pudo significar transformar a Chile en una hoguera, ese riesgo se va a mantener; y esa riesgo, Ilustrísimo Tribunal, no es sólo el riesgo de nueva sangre que se derrame, del pueblo chileno. Es también el riesgo de que la sangre del General Schneider, su pensamiento y su vida hubieran sido derramados en vano.

Esto es lo que tenía que decir.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
Capitulo Anterior Proximo Capitulo Sube