El caso Schneider

EL CASO SCHNEIDER

INTERVENCIÓN DEL ABOGADO DEL SUPREMO GOBIERNO SR. JORGE MERA F.

Se ha tratado de mantener oculto el significado de lo conspiración.

Puesto que alego únicamente en representación del Supremo Gobierno, y no también en representación de la parte perjudicada, mi alegato se circunscribirá solamente a todo lo que diga relación con los delitos contemplados y castigados en la Ley de Seguridad del Estado.

De los delitos de secuestro y homicidio del General Schneider se ocupará el abogado de la parte perjudicada, mi distinguido colega, profesor Sergio Politoff.

Con todo, como son aspectos que se encuentran indiscutiblemente relacionados entre sí, porque evidentemente el secuestro formaba parte del plan general sedicioso, deberé referirme, en la medida de lo indispensable, también al secuestro y a la muerte del general Schneider.

De lo contrario, no podría ser apreciada debidamente la responsabilidad que cabe a los procesados en los delitos castigados en la Ley de Seguridad del Estado.

Empero, desde ya debo advertir que esta relación, que no puedo menos de reconocer, entre el secuestro y la muerte del general Schneider y el plan sedicioso general, no quiere decir que Jurídicamente ambas conductas delictivas no sean independientes. Lo son, y de esto me ocuparé latamente en otra parte de este alegato. Solamente quiero dejar bien en claro, y desde un comienzo, que una cosa es que dentro del plan general esté incluida la comisión de ciertos delitos, y otra cosa bien distinta es que, jurídicamente, todas estas acciones delictivas merezcan socialmente una reprobación distinta y autónoma, por constituir cada una de ellas un desvalor propio, un atentado independiente a diversos bienes jurídicos e intereses sociales: el orden público, la seguridad interior del Estado, la libertad ambulatoria y la vida.

Pero, en fin, de esos aspectos relativos a los concursos de delitos que se plantean en este proceso, me referiré, como digo, más adelante.

Después de escuchar atentamente, lo mismo que Vuestra Señoría Ilustrísima, los alegatos de todos los abogados de los reos que me han precedido en el uso de la palabra, pareciera que los hechos de la causa, que todos los delitos que se han cometido y hasta el mismo plan sedicioso, se hubieran producido en una forma fantasmagórica.

En efecto, los abogados de los reos sólo han reconocido, y muy disminuida en cada caso, la participación de sus respectivos defendidos, en hechos bien concretos y materiales de este plan sedicioso que terminó en el cobarde asesinato del general Schneider. Pareciera que los autores intelectuales, los responsables morales de toda esta conspiración, se hubieran escabullido y que no existieran.

Nadie se quiere responsabilizar tampoco de los aspectos más desagradables, más sórdidos y más repudiables que tienen los hechos de la causa.

Desde el momento mismo en que se asesinó alevosamente al Comandante en Jefe del Ejército, General Rene Schneider Chereau, y quedó al descubierto de esta manera el sucio complot que terminó con el sacrificio de su vida, ciertos sectores se han empeñado en mantener bien oculto el verdadero significado de estos hechos, y a veces han llegado hasta burdas tergiversaciones de los mismos.

Falta examen profundo de los hechos.

Se han preocupado, por el contrario, de crear confusión en la opinión pública, desviando la atención hacia otros aspectos que no son los más importantes, que no son los fundamentales. No se ha revelado cuál es la trascendencia de estos hechos, cuáles son los verdaderos móviles que los inspiraron y las finalidades que se perseguían. A este respecto, cabe destacar, por ejemplo, la separación que desde un comienzo se pretendió hacer, entre el secuestro del General Schneider, toda esta operación destinada a privarlo de su libertad, por una parte, y su muerte, por la otra, desligando ambos sucesos, como si no estuvieran intrínsecamente ligados y como si la muerte no fuera la consecuencia -yo no digo que querían hacerlo-, pero la consecuencia probable, más o menos cierta, que conllevaba por su propia naturaleza el plan de secuestro. Toda acción de secuestro, como veremos más adelante, es una acción extremadamente riesgosa y por eso es que la ley ha cargado en cuenta de los responsables del secuestro el resultado de daño grave cuando éste se produce, aunque no exista, como se verá, una vinculación subjetiva entre la conducta y ese resultado, vinculación que, por cierto, existe en el presente caso.

Con todo esto quiero hacer notar que falta un examen completo, un examen profundo de los hechos, que nos revele la auténtica dimensión de los mismos; que nos revele su real significado, sus móviles y sus propósitos.

Este análisis de los hechos, realizado con profundidad y seriedad, ha sido escamoteado por los sectores a que antes aludía. Pero este examen, desde esa perspectiva, es a todas luces necesario, indispensable, porque solamente así se podrán apreciar los hechos a cabalidad y no parcialmente. Porque forman parte de los hechos, desde luego, no solamente los aspectos materiales de su ocurrencia, sino que su real significado. Si desconocemos la verdadera trascendencia de los hechos, no podremos apreciar cada uno de los hechos materiales en su debida medida y profundidad, y entonces no estaremos en condiciones tampoco de apreciar jurídicamente la responsabilidad que a cada cual le incumbe.

También, este examen minucioso, no de los hechos en sí mismos en sus aspectos puramente descriptivos, sino del significado de los hechos, es indispensable, como manera de que hechos tan repudiables no vuelvan a repetirse. Esta posición, a la cual he aludido, que prescinde del verdadero sentido de la conspiración y que explica solamente sus aspectos formales, sus perfiles puramente materiales, se ha manifestado también, desgraciadamente, en los alegatos de los abogados de los reos que me han precedido en el uso de la palabra.

Ninguno de ellos emprende el análisis racional, el examen profundo de los hechos; por el contrario: han ocultado sistemáticamente la trascendencia histórica de este complot. El examen que han hecho los abogados de los reos ha sido evidentemente formalista, restringido únicamente a aspectos materiales de la conspiración; a aspectos descriptivos, escamoteando, escabullendo, el examen serlo y profundo de los mismos y negándose a revelar la verdadera trascendencia de esta conjura.

Tal vez deba pensarse que están justificados porque ninguno de ellos defendía a todos los reos y debían ocuparse concretamente de la participación de uno, dos o tres de los reos, y esto les impedía desentrañar el verdadero sentido de los hechos, que solamente se puede apreciar cuando se tienen a la vista todos los antecedentes y cuando se calibra bien la participación de todos los reos y lo que hay detrás de cada una de estas participaciones, consideradas aisladamente.

Yo comprendo que, ante el deber profesional de tener que limitarse únicamente a los aspectos de la participación del defendido de uno, se escapen los otros aspectos. Solamente cumplo con el deber de denunciar lo que ha ocurrido y lo que Vuestra Señoría Ilustrísima ha escuchado.

La conspiración más ominosa en la vida del país.

Se recurre a una maraña de argumentaciones seudojurídicaa, sin seriedad científica, como si se tratara, Ilustrísimo Tribunal, de un vulgar hurto. Únicamente se plantea el problema en los aspectos puramente "técnicos", deformando los conceptos jurídicos y el sentido de la ley, prescindiendo del significado de los hechos.

Lo que se está juzgando no es un delito cualquiera, no es un suceso trivial, es la conspiración más ominosa de que se tenga memoria en la vida institucional de nuestro país, como tendremos oportunidad de demostrarlo. Inspirada, como veremos, contrariamente a lo que algunos han pretendido, en los más bajos, sórdidos y viles motivos, estaba destinada a impedir que se realizara la voluntad popular, que se acababa de manifestar en las urnas, y que se cumpliera la decisión del Congreso Pleno. Se quería impedir que el candidato electo, señor Salvador Allende Gossens, asumiera sus funciones presidenciales.

Complot fríamente calculado

Se trata, como también lo veremos más adelante con mayor detención, de un complot fríamente calculado, que pretendía crear a toda costa, aun a costa del sacrificio de la vida del General Schneider, un caos artificial en el país.

Contemplaba este plan sedicioso allanamientos a las poblaciones de Santiago, que se realizarían con posterioridad al secuestro del General Schneider; allanamientos que inevitablemente iban a tener que resultar cruentos; allanamientos que inevitablemente iban a tener que significar el sacrificio de muchas vidas inocentes, porque se contaba con que los pobladores, a los que se suponía en poder de armas, se enfrentarían con la policía uniformada, se enfrentarían con Carabineros, y entonces moriría mucha gente.

Todo esto, dentro del plan de producir una situación de extrema tensión en el país. ¿Y con qué fin? Con el fin de forzar, de inducir o al menos de decidir a las Fuerzas Armadas, ante tanto caos, a asumir el control del país, impidiendo de esta manera que se cumpliera la decisión del Congreso Pleno y la voluntad del pueblo.

Intento de perversión de la Institucionalidad

Este aspecto de la conspiración, que revela una perversión de la institucionalidad, puesto que mediante engaño se pretendía que las Fuerzas Armadas adoptaran una actitud que iba a servir a los intereses de los complotadores, este aspecto -digo- de la conspiración no ha sido en absoluto examinado en el proceso. Lo que se pretendía era usar, instrumentalizar a las Fuerzas Armadas de Chile, que deben estar al servicio de Chile, para que sirvieran a los intereses egoístas y sórdidos de los complotadores, a quienes los guiaban los más mezquinos apetitos. Los complotadores no dan nunca la cara en este proceso. Ellos actúan desde lejos, a la distancia, actúan como en el billar: por carambola. Ellos querían producir artificialmente un estado de caos, para que las Fuerzas Armadas creyeran que efectivamente había una tensión extrema en el país y que la autoridad civil era incapaz de mantener el orden público y la paz social. Entonces, se pensaba, que en esta creencia y ante esta relajación absoluta y ante la ineptitud de la autoridad civil, las Fuerzas Armadas asumirían el Gobierno de la República.

Todo esto, repito, se ha ocultado: se han tergiversado los hechos en forma increíble, al punto de llegar a presentar a los procesados como personas que actuaban impulsadas por ideales políticas; como personas altruistas, generosas, desinteresadas, a quienes no movía otra cosa que el progreso de su Patria.

Veremos que todo esto es una burda deformación, que todo esto no es sino una grotesca mistificación. Veremos, más adelante, que no concurren ninguna de las características de altruismo y de generosidad anotadas, y ninguna de las características que la doctrina penal ha reclamado desde siempre para darle a un hecho el carácter de delito político. Para el debido juzgamiento de los hechos, para la debida apreciación de la verdadera responsabilidad legal y moral que incumbe a cada uno de los procesados, sobre todo a los organizadores de este complot, no debe perderse nunca de vista la verdadera dimensión de estos hechos y los aspectos sórdidos a los que me he referido, y en los cuales insistiré más adelante.

Estos hechos no se pueden apreciar con miopía; lo terrible de estos mismos hechos, debe presidir y debe llenar de sentido el análisis jurídico que se haga de ellos. En todo momento debe tenerse presente la insensibilidad extrema de los procesados, el maquiavelismo con que actuaron, el cálculo frío de sus planes, el juego con las vidas humanas. El sacrificio de estos últimos debía ser la consecuencia de los allanamientos que se proyectaban en los sectores poblacionales de Santiago. Se contaba y se esperaba que murieran muchas personas.

La muerte del General Schneider no era ajena al plan.

No se debe perder de vista tampoco la muerte misma del General Schneider, que, como veremos, si bien no era buscada por las complotadores, no era ajena al plan y era una consecuencia muy probable de esta operación de secuestro, que fue ejecutada y planeada por personas que no tenían ningún conocimiento de esta clase de hechos, que estaba destinada al fracaso, pese a lo cual se insistió en llevarla a cabo.

No se deben pasar por alto tampoco los móviles egoístas, individuales, la ambición personal que movía a los complotadores. Esto es lo que debe tenerse presente para apreciar la responsabilidad jurídica de los procesados, porque no es lo mismo, evidentemente. Juzgar y aplicarle penas a una persona con un espíritu grande, que a una persona con un espíritu mezquino y miserable.

Es este análisis de los hechos, realizado profundamente, cuya falta es notoria, el que intentaré hacer a lo largo de estas audiencias.

A continuación me referiré muy sucintamente a los hechos de la causa en lo que ellos dicen relación con la Ley de Seguridad del Estado.

Para no agobiar a Vuestra Señoría Ilustrísima, no puedo embarcarme en la exposición completa, total acabada, del plan sedicioso; no puedo describir la participación que a cada uno de los complotadores cupo en este plan sedicioso; esta sola tarea puramente descriptiva, puramente expositiva, tomaría muchísimas horas.

Nadie ha negado la existencia del complot.

Tampoco es necesario que lo haga, porque la existencia de la conspiración investigada, destinada a impedir que se cumpliera el curso constitucional y que asumiera sus funciones quien debía hacerlo, es un hecho de la causa. Nadie ha negado la existencia de este complot, ni el más apasionado de los abogados de los reos ha podido hacerlo, porque es algo absolutamente indiscutible.

De la misma manera, el nacimiento del complot, la preparación de él, sus alternativas y su trágico desenlace son también bien conocidos, al menos en sus aspectos materiales, en sus aspectos formales.

Esto me excusa, pues, de entrar a ocuparme con detalles de todos los hechos; y eso sólo -digo- tomaría varias audiencias y es innecesario hacerlo, porque Vuestra Señoría Ilustrísima, con la relación del señor relator y con la exposición que han hecho los distintos abogados, ha podido compenetrarse de los aspectos descriptivos, de los aspectos formales de la conspiración.

La conspiración.

Por eso, me referiré a grandes rasgos a este plan sedicioso, destacando si los aspectos más sobresalientes del mismo.

Me detendré, en cambio, con mucho mayor latitud, en el significado de ese plan sedicioso, en la trascendencia de los hechos, pues sobre esto nada, absolutamente nada, se ha dicho y urge hacerlo.

Conocidos los resultados de la elección presidencial última, en donde obtuvo la primera mayoría relativa don Salvador Allende, y conocida también, posteriormente, la decisión del Partido Demócrata Cristiano de votar en el Congreso Pleno por el señor Allende, con lo que quedaba asegurada su elección como Presidente de la República, ciertos elementos, contrarios a que esta posibilidad llegara a transformarse en una realidad, se concertaron para impedir que Salvador Allende asumiera el Gobierno de la República y trazaron diversos planes con este objetivo. Comenzaron por tomar contacto con cuatro altos jefes militares, que se plegaron a este complot. Ellos son el General Camilo Valenzuela, el Almirante Hugo Tirado Barros, el General Joaquín García y el General Vicente Huerta (todos en retiro actualmente). Todos éstos son hechos de la causa.

Se estudiaron diversas maneras de conseguir estos fines sediciosos que ellos perseguían. Pueden mencionarse entre estas muchas alternativas y formas de conseguir un mismo propósito las siguientes: Obtener el alzamiento de unidades del Ejército y la Armada de Santiago, dentro del propósito general de crear caos, incertidumbre y una tensión extrema que impeliera a las Fuerzas Armadas a intervenir y a asumir el control del Gobierno.

También se pensó que Roberto Viaux se acuartelara en alguna unidad militar de Santiago, tomando su mando. Como veremos, ésta fue una sugerencia de Camilo Valenzuela Godoy.

También se pensó, más concretamente ya, y dentro del mismo propósito de crear caos y tensión, en la realización de atentados terroristas en la ciudad de Santiago, a los que me referiré más adelante. Como estos atentados no produjeron el sismo último deseado por los complotadores, éstos optan en definitiva por producir un hecho de gran trascendencia pública, sin precedente alguno en la vida del país, para obligar así a una rápida y masiva acción policial, en todos los barrios de Santiago, destinada a requisar armamentos que se suponía estarían en poder de la extrema izquierda.

Como ya lo dijimos, y lo desarrollaremos más adelante, lo que se perseguía con tales allanamientos que realizaría Carabineros a las poblaciones de Santiago, era producir enfrentamientos sangrientos entre la población civil y Carabineros, para que así, de una vez por todas, las Fuerzas Armadas, en el plan de los complotadores, se decidieran ya a asumir el control del Gobierno. Posteriormente a estos hechos, se pensaba dirigir una carta para conocimiento de la opinión pública, para forzar al Gobierno a que entregara el mando de la Nación a un Gabinete Militar.

Secuestrar a las cuatro primeras antigüedades del Ejército.

Decía que como los actos terroristas, si bien causaron grave alarma pública, no lo hicieron al extremo deseado por los complotadores y que debía inducir a las Fuerzas Armadas a asumir el control del Gobierno, se pensó en un hecho sin precedentes; un hecho gravemente trascendente y en primer lugar se piensa en el secuestro de las cuatro primeras antigüedades del Ejército. Esto lo declaran innumerables reos de la causa.

El Coronel Igualt Ramírez (suegro de Viaux) precisa que de esta manera quedaría accidentalmente al mando del Ejército el General Camilo Valenzuela Godoy, que era uno de los que participaban en este complot y una de las personas de decisiva importancia, como veremos, y decisiva actuación también en la primera tentativa de secuestro que se hizo de la persona del General Schneider.

Después se limitó el número de las personas a las que se pensaba secuestrar a dos: a las dos primeras antigüedades del Ejército, el General Rene Schneider y el General Carlos Prats.

Finalmente, se optó por secuestrar solamente al Comandante en Jefe del Ejército, don René Schneider.

Roberto Viaux Marambio, alias "Desiderio".

En todos estos planes sediciosos destinados a impedir que se realizara la voluntad popular y que asumiera el Gobierno de la República el Presidente electo, aparece en el proceso como jefe visible de la conspiración Roberto Viaux Marambio, secundado -como hemos dicho- por los generales Valenzuela, Tirado, Huerta y García, por diversas personas de su grupo familiar y amigos suyos, su suegro, sus cuñados (Fontecilla, Arce, Igualt Ossa) y en general por los demás reos de la causa, que reconocían en Roberto Viaux a su jefe y al cual mencionaban entre ellos incluso con un alias: "Desiderio", porque en definitiva decidía todas las operaciones.

Dinamitero Arancibia Clavel a las órdenes de Viaux.

A continuación, me referiré dentro de estos hechos que he bosquejado a grandes rasgos, a los atentados de carácter terrorista que se planearon y se llevaron a cabo dentro del propósito general que animaba a los complotadores de producir un caos y una tensión extrema en el país. Se ha pretendido desvincular estos actos terroristas del plan sedicioso general, cuyo jefe era Roberto Viaux. Se ha dicho que nada tenían que ver estos atentados terroristas con la persona de Viaux, con Camilo Valenzuela, con Tirado, Huerta, García, con los parientes y amigos de Viaux, con los demás procesados. Que estas personas que realizaban los atentados eran sujetos que actuaban por cuenta propia y que podían haber perseguido igual finalidad de crear alarma y caos, pero que estas acciones no formaban parte del plan general trazado por Viaux y sus secuaces.

Esta separación que se intenta hacer, entre los actos terroristas, por un lado, y el plan sedicioso comandado por Viaux, por el otro, es una buena muestra de la estrategia general que se ha seguido por los abogados de los reos. Separar todos los aspectos desagradables, enojosos, sórdidos, de los otros aspectos que se estiman menos repulsivos; pero la verdad es, y así aflora inequívocamente en el proceso, que estos actos terroristas estaban, no solamente estrechamente vinculados con el plan general, sino que formaban parte suya y parte muy importante, como tendremos oportunidad de comprobar.

El reo Arancibia Clavel, que era el autor intelectual de todos estos atentados, que participó en la mayoría de ellos y que era además la persona que servía de enlace entre los distintos grupos terroristas de extrema derecha que se formaron y que les proporcionaba a los mismos dinamitas y otros elementos destructivos -digo- que Arancibia Clavel, el principal participe en esos actos terroristas, ha declarado a fojas 1.877, vuelta, que Viaux estuvo en conocimiento de esos atentados y que prestó su acuerdo, su autorización, para que se continuara con los mismos.

Es, pues, el principal autor intelectual y material de estos atentados terroristas, Arancibia Clavel, el que implica directamente a Viaux en la realización de estos atentados terroristas.

Y dice que no solamente estuvo en conocimiento, sino que él prestó su acuerdo, su consentimiento para que se continuaran realizando este tipo de atentados terroristas.

Pero no solamente Arancibia Clavel es quien declara lo mismo; también el reo Juan Diego Dávila Basterrica, a fojas 304 y siguientes, confirma que Arancibia Clavel actuaba en la realización de estos atentados terroristas bajo las órdenes de Roberto Viaux.

No ensuciarse las manos.

Sin embargo, como hemos dicho, Viaux pretende desvincularse, marginarse totalmente de estos atentados terroristas. Niega toda ingerencia en los mismos, niega haber tenido conocimiento de quienes los estaban efectuando. Nuevamente aparece aquí el empeño de Viaux de eludir su responsabilidad. De limitarla solamente a los aspectos que él juzga que no son tan repudiables. Esta es la actitud general del reo Viaux en el proceso. No ensuciarse las manos; él responde hasta aquí no mas; de todo lo repudiable, de todo lo sórdido, de todo lo mezquino, que respondan los demás. Yo no sabia nada, yo no tengo nada que ver con esto.

Basta hacer algunas consideraciones elementales para llegar a la convicción absoluta de que los actos terroristas no podían sino formar parte de este plan general sedicioso comandado por Roberto Viaux.

En realidad resulta absurdo pensar que estos actos terroristas están desvinculados del plan general sedicioso, cuando perseguían los mismos fines: producir la misma alarma, el mismo caos, la misma tensión que perseguía el plan general sedicioso.

Además, entre los autores de los atentados terroristas había numerosos integrantes que tuvieron participación destacada y decisiva en la conspiración preparada por Roberto Viaux. ¿Por qué, si los actos terroristas están desvinculados del plan general se da la coincidencia de que en dichos atentados terroristas hayan participado, entre otros, por ejemplo, tos reos Juan Diego Dávila Basterrica, Gallardo, Carlos Labarca, Jaime Melgoza, Luis Hurtado Arnés, Juan Enrique Prieto y Jorge Lagos, todos los cuales no niegan su participación en el plan sedicioso general? Y ellos mismos participaban, también, en los diferentes atentados terroristas que se hicieron en la ciudad de Santiago.

Esto sólo está demostrando, Ilustrísimo Señor, que los atentados terroristas estaban insertos y formaban parte evidentemente del plan general, destinado a producir el caos, la coyuntura o el sacudón en la opinión pública -como dice otro de los reos- que forzara a las Fuerzas Armadas a intervenir en la política interna del país y asumir el control del Gobierno.

En realidad resulta disparatado y carente totalmente de sentido Imaginar siquiera que esas personas que realizaban los atentados terroristas actuaban por su cuenta, actuaban solos, desvinculados del plan general, cuando eran -en buena parte- los mismos que estaban participando en el plan sedicioso.

Evidentemente que no iban a poner las bombas solamente para meter ruidos; las ponían para producir el mismo efecto que estaba considerado en el plan general, como requisito para que las Fuerzas Armadas se decidieran a intervenir y asumir el control.

La declaración del reo Sergio Topelberg, en la contestación a su acusación, de fojas 2.434, hace luz en esta vinculación que había entre los actos terroristas y el plan sedicioso general, comandado por Roberto Viaux.

¿Qué dice Sergio Topelberg en esta contestación a la acusación fiscal de fojas 2.434? Dice que él fue inducido a participar en el complot tendiente a impedir el ascenso a Salvador Allende al Gobierno.

¿Y cuál era la colaboración que le pedían sus inductores? Era precisamente colocar material explosivo, una bomba en este caso, en el Canal 9 de TV. ¿Y quiénes eran estos inductores del reo Sergio Topelberg, según el propio Sergio Topelberg lo dice?; ¿quiénes eran estos inductores a los actos terroristas? Lo dice muy claramente: "personajes políticos y militares a quienes ya no les basta la simple charla democrática y política". O sea, los mismos personajes ya conocidos, los mismos organizadores del complot general. Estos eran los que lo indujeron a él a colaborar en este complot, y a colaborar, ¿cómo, de qué manera? Precisamente colocando bombas, dinamitas, etc., en diversos lugares de Santiago.

Esto prueba, pues, de la manera más irrebatible, conjuntamente con los demás antecedentes que he expuesto, la estrecha vinculación que existe entre los atentados terroristas, por una parte, y el plan sedicioso general comandado por Viaux, por la otra. De manera que no se puede pretender que se trate de actos que se encuentran absolutamente desvinculados entre sí y que nada tienen que hacer los unos con los otros.

Cuantiosos daños y gran alarma.

Todos tenemos en la memoria dichos actos de terrorismo -porque no hace mucho tiempo que ellos ocurrieron- que se repetían una y otra vez, sincronizadamente, y que produjeron, no solamente cuantiosos daños materiales y que milagrosamente no costaron vidas humanas, sino que también produjeron gran alarma publica e inquietud en la ciudad de Santiago, lo que se prueba con los recortes de prensa que exhibiré dentro de un momento al Tribunal.

Cada uno de estos atentados ponía en peligro la integridad corporal y la vida de numerosas personas inocentes; y cada uno de esos atentados, fuera de producir gran alarma pública, produjeron cuantiosos daños en la propiedad de personas que nada tenían que ver y que eran totalmente ajenas a los propósitos y a los móviles de estos complotadores.

Pueden recordarse, entre muchísimos otros, los siguientes atentados terroristas, a los que alude el dictamen del señor Fiscal:

-Una carga explosiva colocada el 26 de septiembre del año 1970, a las 3 de la madrugada, en el Supermercado "ALMAC" de Américo Vespucio.

-Otra carga de dinamita colocada el día 26 de septiembre, también a las 3 de la mañana, en el local del Supermercado de Vitacura Nº 4100.

-Otro atentado contra una torre de alta tensión, ubicada en la zona de Colina, en el kilómetro 21 de la Carretera San Martín.

-Otro atentado se produjo en la Escuela de Leyes.

-Otro atentado se produjo en Pudahuel.

-Otro atentado se produjo en la Bolsa de Comercio.

Y así sucesivamente, en una lista interminable.

Tengo aquí numerosos recortes de prensa de la época, que prueban hasta qué punto llegó a existir una alarma, una inquietud y una confusión extrema en la opinión pública de la época, por lo que en verdad los propósitos perseguidos por los complotadores -si bien no se realizaron plenamente, pues ellos pensaban que eso iba a forzar a las Fuerzas Armadas a asumir el control-, sin embargo, en cierta medida se consiguió lo que ellos pretendían. Y ellos, como siempre, en este proceso, actúan a la distancia y actúan inculpando a los demás de sus propias acciones.

La inexistente BOC

Muchos de estos atentados fueron atribuidos, como se sabe, a una inexistente "Brigada Obrero Campesina" (BOC), que se suponía era un movimiento de extrema izquierda, que era el que estaba deseando alterar el curso constitucional y provocar caos.

Como siempre -repito- estos complotadores, estos valientes héroes, atribuyen sus actos, y le achacan la responsabilidad a otras personas que nada tienen que hacer con ellos.

Por ejemplo, "El Mercurio", el día 27 de septiembre del año 1970, en la página 33 destaca en una gran fotografía, un automóvil FIAT baleado y dice: "Prácticamente acribillado a balazos resultó el automóvil FIAT 600 en que viajaban cuatro miembros del nuevo grupo extremista denominado "Brigada Obrero Campesina" -BOC-, y que en la madrugada de ayer cometió varios atentados terroristas contra supermercados". Los autores de estos atentados fueron posteriormente identificados y actualmente se encuentran condenados.

Y son los mismos complotadores que conocemos, que pretendían atribuir a un movimiento inexistente sus propios actos.

El día 30 de septiembre de 1970, el diario "La Segunda" dice: "Arsenal descubierto en La Florida era del MIR".

Empezaba a funcionar el plan que habían trazado.

Primero, producir gran alarma pública y después culpar de estos sucesos a movimientos de extrema Izquierda.

Y, en fin, tengo numerosos recortes que prueban la gran alarma pública que produjeron en la ciudad de Santiago y en el país entero, estos actos terroristas.

Por ejemplo, nuevamente el diario "La Segunda", el día viernes 2 de octubre del año 70, a grandes caracteres destaca: "Trataron de volar Pudahuel". El diario "El Mercurio", el sábado 3 de octubre, la misma noticia: "Atentado terrorista en aeropuerto de Pudahuel". En la primera página del tercer cuerpo del diario.

El 4 de octubre, el día siguiente: "Dos nuevos atentados terroristas". El diario "Las Ultimas Noticias": "Otras cinco bombas: Instituto Geográfico Militar, Torres de Tajamar, Canal Estatal, Hotel Sheraton, Cerro San Cristóbal y El Arrayán".

El mismo diario "Las Ultimas Noticias", el día lunes 5 de octubre: "Estallidos simultáneos".

Porque todo esto se hacía muy sincronizadamente, prácticamente a la misma hora, en distintos lugares de Santiago estallaban bombas y se producía gran revuelo: "Cinco bombas esta madrugada". El diario "La Tarde", que ahora no existe, de fecha lunes 5 de octubre, también destaca: "Tres nuevos atentados terroristas registrados en esta madrugada. Pánico".

El diario "La Segunda", de 5 de octubre, en la primera página dice: "Continúa la ola de terrorismo, trece atentados en tres días".

El diario "La Nación" de la época: "Cunde la ola terrorista". También con caracteres muy destacados.

El diario "La Segunda" en su primera página, el martes 6 de octubre: "Estalló bomba en Escuela de Leyes".

"Las Ultimas Noticias", del 8 de octubre: "Sigue escalada terrorista". El jueves 8 de octubre: "Un nuevo atentado con bomba". Lo destaca "La Segunda", también en su primera página.

"El Diario ilustrado": "Bomba estalló en firma distribuidora de autos".

El diario "Las Ultimas Noticias", de fecha 9 de octubre, en su primera página dice: "Noche de bombas". Y señala no menos de 8 ó 9 atentados, que se producían -como dije- más o menos a la misma hora y en forma totalmente sincronizada.

Condena unánime.

Estos hechos produjeron la condena unánime, no solamente de los sectores comprensiblemente afectados por los hechos -sectores políticos, me refiero-, sino que también de los sectores que hoy forman la oposición al actual Gobierno.

El diario "El Mercurio", por ejemplo, editorialmente destaca el día martes 13 de octubre, bajo el título: "Proyecciones del terrorismo", entre otras cosas, la siguiente: "En los últimos días se han verificado en la capital nuevos atentados terroristas, que fuera de causar alarma pública, produjeron estragos de consideración".

Añade: "Resulta curioso observar como la mayoría de los elementos que participaron en estos lamentables acontecimientos, se recluían entre los medios universitarios y hasta pertenecen a los claustros de la Escuela de Derecho". Más adelante dice: "Sin embargo, es lamentable que hoy surjan algunos que pongan en evidencia sus ideologías, sean de extrema derecha o de izquierda, por medio de la dinamita y de los cocteles molotov". El diario "La Tercera de la Hora", el día 29 de septiembre, recién cuando se habían comenzado a realizar estos atentados -que después continuaron- también es categórico en sus juicios condenatorios. Dice: "Todos estos hechos han provocado un repudio manifiesto de parte del mundo civilizado". "Hay consenso para condenar la violencia como una expresión de regresión a la barbarle y como una negación de los avances de la inteligencia del hombre". Y añade: "Por nuestra parte estimamos que el país está resolviendo todos sus problemas políticos a través de los cauces legales y constitucionales, y que por consiguiente no cabe el ejercicio de una posición terrorista". Huelga insistir en la gravedad y en la inmensa repulsa que causaron estos actos terroristas, porque todos los sectores de opinión, unánimemente, como hemos visto, los condenaron.

Cobardía moral.

Esto me ahorra entrar detalladamente a la reprobación de estos actos terroristas.

Sólo insistiré en dos aspectos especialmente importantes, que se revelan a través de la comisión de estos atentados de que son responsables los reos de la causa. En primer lugar, la cobardía moral de sus autores, cobardía que se expresa, no solamente de esta manera, sino que a través de todo el proceso.

Nunca dan la cara, absolutamente nunca; nadie sabe quiénes cometen esos actos en un primer momento, hasta que son sorprendidos, detenidos y procesados. Pero en una primera instancia nadie sabe e incluso, se inculpa a otros sectores. Siempre operan sigilosamente y en forma aleve, sobre seguro. Ellos nunca arriesgan nada, absolutamente nada, y actúan protegidos por las sombras; la mayoría de estos atentados se realizaron de noche. Y lo que es peor aún, como decía, tratan de inculpar a otros sectores y logran producir confusión, según vimos. El diario "El Mercurio", el diario "La Segunda", el diario "Las Ultimas Noticias" afirmaron, al comienzo, que los responsables de estos atentados eran el MIR y la inexistente BOC, como he dicho.

El plan era atribuir estos actos a esas organizaciones izquierdistas para que la repulsa recayera en esos sectores y ellos "a río revuelto" irían a cosechar lo que pretendían.

Estos son los valientes héroes, éstos son los personajes idealistas, éstos son los sujetos a quienes se ha pretendido caracterizar en forma grotesca como delincuentes políticos típicos, clásicos, como el arquetipo del delincuente político. Estos, que ni siquiera son capaces de responsabilizarse de sus propias acciones y que mienten una y otra vez.

Inocentes son los perjudicados.

El segundo aspecto que quería destacar de estos actos terroristas, además de la cobardía moral que ellos revelan, es el siguiente: fuera de producir estos atentados gran alarma pública, gran intranquilidad en la población, como vimos, y ello resulta indiscutible, estos atentados afectan directamente a personas inocentes.

En este caso, afortunadamente, únicamente en sus bienes, su propiedad, pero crean un gran peligro para la integridad corporal y hasta para la vida de las personas.

En realidad, si uno observa detenidamente estos atentados terroristas, se asombra de que los daños que ellos produjeron -que fueron cuantiosos- hayan sido solamente de orden pecuniario, porque dadas las características de estos actos terroristas y las personas que los ejecutaban, era muy probable que se causaran daños en la integridad corporal e incluso que produjeran la muerte de algunas personas.

Por ejemplo, sin ir más lejos, en el atentado que se produjo en la Escuela de Leyes -yo estaba presente en esa ocasión- aparte del gran ruido, del gran revuelo, de la gran confusión e inquietud que había entre los alumnos y los profesores, pues se trataba de una bomba de dimensiones considerables y de gran poder destructivo, pudieron haber resultado lesionadas o muertas muchas personas: se puso la bomba en un baño que estaba al lado de una sala de clases.

No se tomaban precauciones.

Los terroristas no tomaron nunca precauciones para evitar estas posibilidades de daños a terceros. Por el contrario, del proceso fluye que estos terroristas no eran expertos en la materia. Ellos no tenían conocimientos sobre estos elementos, desconocían el poder dañino de estos elementos. Sin embargo, ellos eran mandados a actuar; los que los mandaban a actuar sabían perfectamente que no eran peritos, y de todas maneras esto no los arredraba.

Recientemente la opinión pública mundial se ha conmovido con el atentado terrorista realizado en las Olimpiadas de Munich. Todos nos hemos indignado ante la ocurrencia de este hecho y hemos estimado que es un retroceso -como se dice- en la inteligencia humana.

Pero no tenemos que ir tan lejos para indignamos, porque estos actos terroristas de nuestros complotadores criollos merecen también análoga reprobación. ¿Y por qué? Precisamente porque los atentados terroristas afectan a personas inocentes; a quienes nada tienen que ver con los móviles que impulsan a sus aur lores. Frente a los terroristas, ninguno de nosotros está seguro; una persona puede tomar todas las precauciones, puede mantenerse ajena a toda disputa y sin embargo puede ser victima de un atentado terrorista sin tener "arte ni parte".

Se juega con la vida de los inocentes.

Este es el aspecto más repugnante de estos atentados terroristas, porque se juega con los bienes de las personas, se juega con la salud de las personas y se juega con la vida de las personas y de las personas inocentes. ¿Y para qué?: para conseguir determinados fines personales. Se utiliza, pues, a las personas como medio, se las utiliza como detonadores a las personas, para producir los efectos que desean los autores de estos actos terroristas. Se desconocen los principios humanistas más elementales, de acuerdo con los cuales toda persona, todo ser humano. por el hecho de serlo, es un fin en si mismo. Y no es un medio para conseguir fines; no se puede sacrificar a una persona en aras de conseguir un determinado fin. En todos estos actos terroristas hay un desprecio profundo por la humanidad misma.

En el presente caso, todos estos aspectos repudiables, como vimos, concurren, y con la agravante todavía de que los fines perseguidos por estos terroristas y por sus inductores son, como veremos, del más sórdido carácter personal, egoísta y mezquino. No tienen siquiera el pretexto o la excusa de invocar en su favor el altruismo de sus ideales.

El terrorismo no produce la consecuencia extrema.

Dijimos que tal como lo esperaban los reos, estos atentados terroristas produjeron gran alarma e intranquilidad pública en la población de Santiago. Pero no la consecuencia extrema que ellos habían previsto y que era la que animaba todas sus acciones. No produjeron la intervención de las Fuerzas Armadas, no produjeron que las Fuerzas Armadas asumieran el control del país y evitaran que las terribles hordas comunistas llegaran al Gobierno, nombre que dan al pueblo, a ese terrible "monstruo con mil pies y sin cabeza".

Por eso es que ante el fracaso de estos planes pensaron en producir otro hecho de gran trascendencia, de mayor trascendencia aún, como ellos mismos lo dicen, sin precedente alguno en la vida del país, que produjera la coyuntura favorable que decidiera a las Fuerzas Armadas a asumir el control.

Así fue como se perfeccionó el plan de secuestrar a las cuatro primeras antigüedades del Ejército, en una primera instancia, porque se suponía que las Fuerzas Armadas, si le secuestraban las cuatro primeras antigüedades, no iban a poder permanecer indiferentes, ¿no es cierto?, ante esta demostración de ineficiencia e ineptitud de la autoridad civil para garantizar el mantenimiento del orden público y el mantenimiento de la paz social. Después se pensó solamente en secuestrar al General Schneider, y al General Prats y, finalmente, únicamente al Comandante en Jefe del Ejército, el General Rene Schneider.

El reo Viaux ha manifestado que siempre se pensó en secuestrar solamente al Comandante en Jefe del Ejército y no a las cuatro antigüedades primero, y luego sólo a las dos primeras antigüedades.

Esta es una nueva demostración de cómo trata Viaux por todos los medios de limitar su verdadera responsabilidad. Pero consta fehacientemente en el proceso, con las declaraciones de muchísimos reos, que el plan era ése: secuestrar primero a cuatro generales, después a dos y, finalmente, a uno. Así, por ejemplo, lo declara Labarca, a fojas 1.-567; Fontecilla, a fojas 87 y 104; Dávila, el Coronel Igualt Ramírez, a fojas 1.707; Gallardo, a fojas 230.945, etc.

Tentativa de secuestro.

Nueva mentira, pues, de Viaux, al tratar de limitar su responsabilidad únicamente al secuestro del General Schneider, diciendo que nunca se pensó primero en secuestrar a las cuatro primeras antigüedades, y luego a las dos primeras. Pero, en fin, se siguió con este plan sedicioso y una vez que se hubo decidido secuestrar únicamente al General don Rene Schneider, se elaboraron planes al efecto y fue así como antes de los trágicos hechos del 22 de octubre, en dos oportunidades se intentó secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército. La primera vez fue el día 19 de octubre a la salida de una comida que se le daba al Comandante en Jefe del Ejército en una casa de calle Presidente Errázuriz, y la segunda oportunidad fue el día 21 de octubre a la salida del Ministerio de Defensa.

Si uno examina estos intentos fallidos de secuestro, lee las declaraciones que hacen los reos en el proceso, explicando las causas del fracaso, se da cuenta de que era verdaderamente criminal e inaudito seguir en el afán de secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército con las mismas personas que lo habían intentado dos veces y que habían fracasado en la forma más increíble. La primera vez -como dije- se trataba de secuestrar al General a la salida de una comida que se le daba, que se daba en su honor en la casa de los Comandantes en Jefes del Ejército, de calle Presidente Errázuriz. El General Camilo Valenzuela Godoy fue el que dio el aviso; dijo: se presenta la oportunidad propicia para secuestrar al General Schneider, porque el 19 le damos una comida; preparen ustedes el secuestro, se supone que el General Schneider, como es el invitado, será el primero en retirarse y yo retengo con la conversación a los otros participantes en esta comida, de manera que los comandos que van a estar afuera esperándolo puedan actuar con entera libertad y con entera seguridad, sin ninguna preocupación y así se garantiza el éxito de esta operación.

¿Y qué pasó? El General Schneider salió de la comida primero que los otros participantes, como estaba previsto, pero en vez de subirse al auto de servicio, al Mercedes Benz, se subió a su automóvil particular y de esta manera fracasó el secuestro, porque los tales comandos ni siquiera se percataron de que se había ido en otro auto y por eso fracasó el secuestro.

Y la segunda tentativa de secuestro se realiza el 21 de octubre a la salida del Ministerio de Defensa, en la tarde; diversos autos, en los que iban algunos de los complotadores, siguen al auto en que iba siendo conducido el General Schneider y de repente se les pierde de vista. ¿Y por qué se les pierde de vista?, "porque iba muy rápido", dicen, y por eso no pueden seguirlo; porque a veces pasaba gente, se detenía el tráfico; a veces los semáforos estaban en rojo, así es que no pudieron secuestrarlo.

El ultimátum.

Estas eran las personas, las mismas personas que después participaron en el secuestro que terminó con la muerte del General Rene Schneider. Eran unos chambones, eran unos inútiles, no servían para nada, ni para esa operación, y sin embargo Viaux da el 21 de octubre el ultimátum. Dice: "A más tardar debe secuestrarse -como veremos más adelante- al General Schneider en la mañana del 22 de octubre", O sea, él, consciente de estos fracasos que se acababan de producir, consciente de la impericia extrema de las personas que iban a participar en ello, a pesar de eso da el ultimátum y para la mañana siguiente.

Y es así cómo se decide, ante la evidencia de los peligros que se corrían, el secuestro del General Rene Schneider, a realizarse en la mañana del 22 de octubre.

Advertencias de Dávila.

Uno de los reos, Juan Diego Dávila Basterrica, lo advierte, y así lo reconoce el propio Viaux en careo con éste, en forma insistente, reiterada y hasta majadera. Le advierte a Viaux que el plan que se ha preparado para secuestrar al General Schneider en la mañana del 22 de octubre es un plan que está destinado de antemano al fracaso y le advierte que es imposible que resulte; le hace ver que las personas que van a participar en este plan, que fueron las mismas que participaron en las dos tentativas anteriores de secuestro, no tienen la serenidad suficiente, no tienen la pericia suficiente, ni los conocimientos suficientes como para participar exitosamente en una operación de esa naturaleza. Le dice que todo el plan, en su concepción misma y en sus detalles, es descabellado.

Las advertencias de Dávila se extienden, además, al lugar en que se proyectaba hacer el secuestro, en la esquina de las calles Américo Vespucio con Martín de Zamora; y también le advierte a Viaux que la hora en que se pretende realizar la operación es absolutamente inadecuada. Y pese a todas estas advertencias, pese a todas estas evidencias irrefutables de los grandes riesgos que entrañaba esta operación, concretan el secuestro del General Schneider a realizarse el 22 de octubre.

A más tardar el 22.

¡De todas maneras, como sea, hay que hacer mañana el secuestro del General Schneider! Viaux no retrocede ante nada y por el contrario da -como dije- en la noche anterior, el 21 de octubre, da el ultimátum. Dice: "A más tardar el 22; si no, no se realiza". Y obliga a la gente que participó en el secuestro a realizar el secuestro en esas condiciones, que anunciaban a gritos que el secuestro no iba a poder obtener el fin deseado por los secuestradores. Viaux estaba desesperado, pues se anunciaba demasiado rápidamente el día en que el Congreso Pleno elegiría un nuevo Presidente de Chile, confirmando la voluntad popular: Salvador Allende.

De todos estos aspectos relativos al delito de secuestro se ocupará el abogado de la parte perjudicada más detenidamente. Con todo, yo también debo decir algo en relación con el secuestro, porque como lo dije al comienzo de la audiencia, es imposible negar que se trata de un aspecto que está íntimamente relacionado con el plan general.

Era seguro que el General Schneider se defendería.

Y quiero ser bien claro, para insistir - y no me cansaré de hacerlo- en que la muerte del General Schneider no es ajena al plan de secuestro, como han pretendido los abogados de los reos. No es ajena, yo no quiero decir con esto que los complotadores desearan, buscaran, quisieran la muerte del General Schneider, que actuaran con intención directa de matar. Yo no quiero decir eso. ¿En qué sentido digo que la muerte del General Schneider no es ajena al plan de secuestro y que por lo tanto los organizadores del secuestro son responsables de ella?

En el sentido de que la muerte de la víctima era una de las consecuencias más que probables de la acción del secuestro y que por lo tanto debió preverse, pues ella no es más que la concreción de una de las posibilidades peligrosas que toda acción de secuestro conlleva, y que en el presente caso eran más que probables: prácticamente ciertas, pues el General Schneider no podía menos que defenderse si se veía atacado.

Conciencia de los peligros

Y Roberto Viaux y todos los que organizaron este secuestro y los que participaron en él y lo llevaron a cabo estaban conscientes de que era riesgoso, de que peligraba la integridad corporal, y aún la vida del General Schneider, si es que la operación de secuestro se realizaba en la forma tal cual estaba proyectada. Y hemos visto ya cómo, especialmente uno de los reos, Juan Diego Dávila Basterrica, insistió, con majadería, sobre este punto, y le advirtió a Viaux de los peligros, pese a lo cual Viaux decidió seguir adelante, porque era más fuerte -en su ánimo- el fin que él pretendía conseguir, como veremos más adelante, que era un fin exclusivamente personal y él no se arredraba ni siquiera ante el peligro cierto de sacrificar la vida del General Schneider, porque para él era mucho más importante conseguir ese fin. Se trata de un riesgo que Roberto Viaux asumió. El General Schneider no murió a consecuencia de un infarto, no murió a consecuencia de un rayo que lo haya fulminado en una tempestad eléctrica; no murió, tampoco, a manos de un tercero extraño al plan, de un loco que hubiera aparecido de repente con un revólver y lo hubiera matado. El General Schneider murió a consecuencia de la misma operación de secuestro, y su muerte no fue sino la concreción de una de las posibilidades riesgosas que el plan de secuestro, y más aún, que la acción de secuestro, en abstracto, siempre conlleva. Porque la acción de secuestrar, la acción de detener o encerrar a otro, con el fin de privarlo de su libertad, es indiscutiblemente una acción peligrosa, una acción riesgosa, que en si misma contiene potencialmente las posibilidades de daño grave para la persona de la victima. Y es por eso que el inciso 3º del artículo 141 del Código Penal ha cargado en cuenta de los responsables de un secuestro este daño grave, cuando se produce, aunque no haya ninguna vinculación subjetiva entre la conducta y el resultado, vinculación que en este caso existe, porque como veremos, sí hay una conexión subjetiva entre la acción de secuestrar y el daño grave que es innecesario para que se configure el tipo legal, pero de todos modos ella existe y está constituida por el dolo eventual respecto de la muerte.

No puede pretenderse, Ilustrísimo Señor, que la muerte del General Schneider fuera inesperada, que no había sido prevista, que no se la imaginaron siquiera los complotadores. No se puede aceptar la afirmación que se ha hecho, en orden a que los complotadores ni siquiera se imaginaron que el General Schneider pudiera defenderse, porque incluso existía una orden general en el Ejército de que todos los militares en servicio activo debían andar armados.

Injuria a su memoria

Así que Viaux sabía perfectamente que el General Schneider y su chofer iban a encontrarse armados, o, al menos, era fácil suponerlo, y él, Viaux, autorizó personalmente, porque él era el que lo decidía todo, y de ahí, como recordábamos, su alias de "Desiderio", autorizó personalmente a los participes en el secuestro del 22 de octubre de 1970 para que fueran armados. Así que no nos pueden hacer creer que era inimaginable, que era imprevisible que el General Schneider se defendiera y en consecuencia que era imprevisible que se le ocasionara el daño grave al que se está refiriendo el inciso 3º del artículo 141, del Código Penal; porque sí que era previsible y era más aún que previsible, era sumamente probable, yo diría que era seguro que el General Schneider no podía menos que defenderse. Porque esto es lo que hace toda persona con un mínimo de dignidad que resulta atacada, y más aún un militar, y más aún un General, y más aún el Comandante en Jefe del Ejército: él está obligado a defenderse. El honor militar y la dignidad militar obligan a las personas a adoptar actitudes que van más allá de las que le son comúnmente exigibles al resto de los ciudadanos y suponer siquiera que permanecería impávido, esperando, sin defenderse, es una injuria a su memoria.

La dignidad militar.

Siempre se coloca como ejemplo cuando en las Escuelas de Derecho se enseña Derecho Penal, y se explica en el instituto de la Legitima Defensa, el siguiente. Se dice: si una persona que es agredida por otra, pudiendo rehuir el ataque y evitar el atentado en su contra, huyendo o fugándose, no lo hace, no está justificada. Viene la pregunta: no huye y se defiende y mata, por ejemplo, a su agresor. ¿Era ese medio razonable? ¿Era ese medio necesario en su actuar? Y se concluí que no, que el medio racional y necesario era fugarse o huir, si es que se podía. Pero inmediatamente se plantea la cuestión de que si el agredido es un militar. ¿Acaso se le puede exigir que se fugue o que huya para evitar el ataque que se intenta en su contra? Y siempre se ha respondido que no, y que el militar está cubierto con la eximente de la legitima defensa, si en vez de huir se defiende, y lesiona o mata a su agresor. ¿Por qué? Precisamente por lo que estoy diciendo: porque a los militares les es exigible en un grado mucho mayor la mantención en todo momento del honor y de la dignidad militar.

Así, pues, que si tenernos que cualquiera persona que sea victima de un secuestro, que se ve bloqueada por 26 automóviles, que ve que vienen acercándose robustos mocetones, provistos de chusos, que ve que intentan quebrarte el parabrisas y los vidrios de las ventanas a su automóvil, y que anda armado, cualquiera persona, no ya un militar, cualquier ciudadano, no puede menos que defenderse y el que planea un secuestro, no puede menos de contar con esta posibilidad; es la verdadera certeza en el caso del Comandante en Jefe del Ejército, Se debía contar con que él se defendería y se debía contar, entonces, con la producción no sólo posible, sino que probable, y aun prácticamente cierta, de daños graves y aun de la muerte de su persona.

He dicho que en la figura del artículo 141, inciso 3º del Código Penal, que se refiere al secuestro con resultado de daño grave, no se exige una vinculación subjetiva de dolo o culpa entre la acción y el resultado porque, como lo reconoce unánimemente la doctrina penal, se trata de un delito calificado por el resultado.

Se aceptaba la muerte del General Schneider

De todas maneras, en el caso concreto que nos ocupa, Roberto Viaux, y los demás instigadores, y los demás organizadores y participes de este secuestro, actuaron respecto de la muerte del General Schneider, no solamente con culpa, lo que ya seria excesivo, porque ni siquiera se exige culpa, sino que además actuaron con dolo eventual.

Como Vuestra Señoría Ilustrísima sabe y no necesito profundizar en ello, pero si decirlo para construir el razonamiento, existe dolo eventual cuando una persona sabe que de su actuar se puede derivar un resultado antijurídico, no es seguro que se derive; se puede derivar el resultado antijurídico, pero esa persona acepta este resultado antijurídico, que no desea, para el caso que se produzca, no se arredra, no se echa para atrás, a pesar de tener conciencia que de su actuar puede resultar el hecho ilícito. Ella lo acepta en su ánimo; en esos casos existe dolo eventual.

Se ha dicho aquí por los abogados defensores de los reos que no estamos en presencia de dolo eventual, porque el General Schneider no les servía muerto a los complotadores, sino que les servía vivo y vivo secuestrado. Y con esto se ha pretendido hacer creer que Viaux y los demás organizadores y participes en la conjura y el secuestro están exentos de responsabilidad respecto de la muerte del General Schneider.

Este es un argumento demagógico, en el sentido propio de la palabra demagogia. Es un argumento irracional, a pesar del impacto que pueda producir en los legos, a pesar de la impresión que pueda producir en las personas que no saben Derecho; pero sabemos que el dolo eventual precisamente existe, en muchos casos. aun cuando al sujeto activo no le convenga la realización del hecho que efectivamente se produce y que basta que el sujeto activo acepte este resultado que él sabe posible, que no se arredre, que no se eche atrás, que no desista de sus planes, que los continúe. En esos casos existe dolo eventual. Nada importa que en este caso el General Schneider no les sirviera muerto a los complotadores, como nada importa tampoco, porque hasta eso se ha llegado a decir, que no hayan tenido la intención de matarlo, porque evidentemente la falta de intención de matar descarta únicamente el dolo directo respecto de la muerte, pero no descarta el dolo eventual, porque precisamente en el dolo eventual no hay intención de matar.

Un ejemplo significativo.

Siempre se coloca en la doctrina penal, cuando se explica esta materia del dolo eventual, el siguiente ejemplo conocido como el de los mendigos rusos. Había Ciertos mendigos rusos que mutilaban a niños de corta edad y los mandaban a pedir limosna, con el objeto de conmover los sentimientos de las personas e inducirlas a la piedad. Entonces, algunos de los niñitos mutilados se morían, porque los mutiladores no eran médicos y no tenían conocimientos técnicos y otros sobrevivían y les servían a los mendigos rusos. ¿Pero qué pasaba con los niñitos que se morían? ¿Cuál era la responsabilidad de los mutiladores? Obviamente respondían por el delito de homicidio y el delito de homicidio con dolo eventual. ¿Por qué? Porque evidentemente los mutiladores no actuaban con dolo directo, respecto de la muerte de los niñitos; ellos querían mutilar y en el hecho mataban; a ellos no les convenía que los niñitos murieran, pero no por eso (y ellos tampoco tenían la intención de matarlos) vamos a negar la existencia del delito de homicidio respecto de esos niños mutilados, porque estamos en presencia, en ese caso, de un homicidio con dolo eventual, aunque y por más que a los mendigos rusos no les convinieran ni les sirvieran los niños muertos. ¡A ellos les servían vivos! ¡ Los querían para pedir limosna !

Así, pues, que no es un argumento, para descartar la existencia del dolo eventual, decir que, por una parte, no se actuó con la intención de matar, porque los mendigos rusos tampoco actuaban con la intención de matar. Y decir, por otra parte, que el General Schneider no les servía muerto, porque en el dolo eventual, muchas veces tampoco al sujeto activo le sirve, y al contrario, le perjudica el resultado de lo que está haciendo, pero él quiere conseguir otro fin y corre el riesgo, asume el riesgo y es, precisamente, esta asunción del riesgo lo que determina jurídicamente, según lo reconoce la doctrina universal, que se cargue ese resultado que se comete con dolo eventual en cuenta del hechor.

Lo extraño habría sido que el General Schneider resultara ileso.

De manera, pues, que no se puede desvincular la muerte del General Schneider del plan general del secuestro, porque era una consecuencia probable, era una concreción del riesgo que conlleva por su propia naturaleza toda acción de secuestrar, y en este caso, ante las evidencias concretas que existían y que se les representaron a Viaux y a los demás sobre los peligros de la acción de secuestro, en este caso -digo- resulta hasta grotesco pretender desvincular la muerte del General Schneider de la acción de secuestro; porque lo extraño habría sido, Ilustrísimo Señor, que tal cual estaba concebida la operación de secuestro, tal cuales eran los participantes, la hora y lugar donde se desarrolló el secuestro, lo raro, lo extraño, lo asombroso, habría sido que el General Schneider hubiera salido ileso de este secuestro. Lo más probable era -como resultó- que se le ocasionara un daño grave y de este daño grave deben responder los instigadores y todos los que participaron en el secuestro y ninguna argucia legal, ninguna deformación jurídica, ninguna mala aplicación de algún concepto jurídico, puede impedir que se condene a Roberto Viaux y los demás instigadores, organizadores y partícipes del secuestro, también por la muerte del General Schneider y concretamente por el secuestro con resultados de daño grave.

Algunas de las defensas de los reos han llegado incluso al extremo de atribuir la muerte del General Schneider al instinto de conservación de sus victimarios, y hasta han llegado a atribuir la muerte del General Schneider al destino.

Viaux era el destino.

Cuando bastaba, para que no se produjera, no realizar el plan o al menos no realizarlo en esas condiciones que se sabía que eran extremadamente riesgosas. En este caso, Viaux era el destino; para el General Schneider, Viaux era el destino, porque la vida del General Schneider dependía de que Viaux el 21 de octubre no diera el ultimátum que dio para que al día siguiente se realizara el secuestro. Y por lo que respecta al instinto de conservación, por lo grosera de esta afirmación y por no faltar el respeto a la inteligencia de Vuestra Señoría, no me ocupo de ella. Bonita cosa sería si cada vez que una persona asesinara a otra dijera que se estaba defendiendo de su víctima. Esto no tiene ningún sentido y constituye una muestra evidente de lo que denunciaba al comienzo de la audiencia en el sentido de la deformación grosera, burda, grotesca que se ha hecho, no solamente de los conceptos jurídicos más elementales, sino que hasta de los hechos mismos y de la misma realidad de la vida y de la misma naturaleza de las cosas.

Y Viaux es responsable de la muerte del General Schneider, porque aparte de todo lo que hemos dicho, estaba interiorizado absolutamente de todos los detalles del plan sedicioso en general y de todos los detalles del secuestro que se realizó el 22 de octubre, como lo estuvo de todos los detalles de las tentativas de secuestro del General Schneider, de los dos días 19 y 21 de octubre, como dije precedentemente.

De lo grave, que respondan los demás.

Viaux no es una gran figura en este proceso; es una figura que en este sentido está al mismo nivel de los ejecutores materiales. No es una figura de gran rango, que esté por encima de ellos, que solamente los otros lo impongan de lo que hacen y él dé su consentimiento como el gran señor, sin saber, sin interiorizarse, sin mancharse las manos con los detalles. El está interiorizado; él es el que controla todo; él es el que tiene todas las "riendas"; él es prácticamente un autor mediato. Prueba de ello es por ejemplo el "alias" que tenía, "Desiderio"; esto sólo lo coloca al mismo nivel de los otros; al gran señor no se le conoce con un alias, se le conoce como el Jefe, pero este señor tenía igual que los demás, igual que "El Célico Mario", "Nelson", igual que "Severino" y "Giro sin Tornillo", y los demás hampones, su propio "alias". Era, eso si, el principal HAMPÓN, el que decidla, "EL DESIDERIO".

Los complotadores, entre ellos, cuando conversaban privadamente tendrán que haberse referido al "Desiderio". Se refirió a tal cosa el "Desiderio", se opone a esto otro, "Desiderio" cree que es más prudente hacer esta otra cosa, en fin. Además, la numeración por letras de los planes de las diversas alternativas, también estaba en conocimiento de Viaux; esto también está indicando hasta qué punto él estaba interiorizado de todo, dominaba todas las alternativas, al extremo de que tal posibilidad la reconocía de inmediato por la letra: éste es el Proyecto Alfa, éste es el Beta, éste es el Gama. Así es que pretender que Viaux está ajeno a los detalles mismos del plan de secuestro es una gran tergiversación de los hechos; no demuestra sino la cobardía de Viaux al pretender escabullir de esta manera su verdadera responsabilidad. Como he dicho y tendré que repetirlo muchas veces, Viaux sólo quiere responder hasta cierto punto; más allá de ese punto, todo lo sórdido, desagradable, repudiable, él dice ¡ah! aquí yo no respondo, yo dije esto, y hasta aquí nada más; de lo demás no me ocupo. De lo grave, que respondan los demás.

Para demostrar hasta qué punto Roberto Viaux, alias Desiderio, estaba interiorizado de estos planes de secuestro, hasta qué punto él dominaba todos los aspectos, participaba en las discusiones, proponía correcciones del plan, hacia sugerencias, daba las órdenes, etc., basta considerar solamente, como lo declaran numerosos reos, y de este punto me ocuparé en verdad más adelante, pero lo dejo planteado, declaran que Viaux los citó a ellos, a Gallardo, Dávila, Labarca, Melgoza, y a otros -después veré los datos exactos-, los citó, los convocó a una reunión el 17 de octubre, me parece, para planear el secuestro del General Schneider a la salida de la comida que se le daría en calle Presidente Errázuriz, y a la que me he referido.

No fueron, pues, los que participaron en esa tentativa de secuestro el 19 de octubre, los que le fueron a decir a Viaux: "Mire, jefe, hemos hecho este plan; qué me dice usted, ¿lo aprueba o no lo aprueba". Fue al revés. Viaux los citó, y cada uno de ellos lo declara y en careos lo declaran. Viaux los citó a todos para que discutieran y perfeccionaran el plan de secuestro del General Schneider el día 19 de octubre, porque se presentaba una ocasión propicia que no podían perder. Esto demuestra -repito- hasta qué punto Viaux era el que dominaba todas las acciones y que era él el que conocía todas las diversas alternativas de los planes hasta en sus menores detalles, como que era él el que convocaba a las reuniones y participaba directamente y daba órdenes personales a los diferentes complotadores y hampones.

Se buscaban enfrentamientos sangrientos.

El secuestro del General Schneider, de acuerdo con el plan de los conspiradores, sería seguido de allanamientos a las poblaciones de Santiago, los que se realizarían por Carabineros, y para ello se contaba con el concurso de otro de los complotadores: el General Vicente Huerta, que era el Director del Cuerpo de Carabineros.

El pretexto que se daría para realizar estos allanamientos era el que se habla tenido conocimiento de que en esas poblaciones existían armas en poder de movimientos de la extrema izquierda y entonces era preciso requisar esas armas. Se contaba con que estos allanamientos se harían violentamente y que inevitablemente se iban a producir enfrentamientos entre la policía uniformada y los sectores civiles de la población. Si el enfrentamiento se hubiera realizado, en el sentir de los conspiradores no podían menos las Fuerzas Armadas que intervenir y asumir el control del país, si es que ya no se hablan decidido por el solo secuestro de su Comandante en Jefe.

Más adelante tendré una oportunidad de referirme más detenidamente a lo repudiable de estos allanamientos que se intentaban practicar y al desprecio por la vida humana que ellos significan.

Este es el bonito "nacionalismo" con que, románticamente, intentan adornar sus actuaciones algunos de los reos de la causa. Bonita forma de preocuparse por el bienestar de Chile. ¡Líbrenos Dios de vernos gobernados por gente que actúa a distancia, por "carambolas" y que pretendían iniciar su "gloriosa" jornada derramando sangre inocente en la ciudad de Santiago!

Impudicia increíble.

El coronel Raúl Igualt Ramírez crudamente se refiere a estos hechos constituidos por los allanamientos a que me he referido, y explica -con una impudicia increíble, porque se pensaba que se podía matar a mucha gente ¡y se lo deseaba! para decidir a las Fuerzas Armadas- lo que para ellos eran estos allanamientos. Dice: "... Se practicarían allanamientos -a fojas 1.682 lo dice-, se practicarían allanamientos a fin de que el país tomara conciencia del peligro del ¡¡comunismo!" ¡Asómbrese, Vuestra Señoría Ilustrísima!: se iban a producir esos allanamientos, se iba a jugar con las vidas humanas, se las iba a sacrificar, para que el país tomara conciencia de lo que era ¡¡¡el comunismo!!!

El país tiene ahora conciencia de lo que es el fascismo, en realidad, porque se pensaban sacrificar muchas vidas humanas, con absoluto desprecio por lo que es la Humanidad, y por las consideraciones más elementales que merecen todos los seres humanos.

Me he referido, a grandes rasgos, a los hechos del proceso, y a algunos de sus aspectos, sin perjuicio de que a medida que lo exija el ordenamiento del alegato, me refiera de nuevo a muchos de estos aspectos.

Injurias al Juez Militar.

En este momento deseo ocuparme de las críticas que se han dirigido a la sentencia de primera instancia pronunciada por el Juez Militar, General Orlando Urbina, y a las críticas, y más que críticas: injurias, que se han dirigido, a veces abiertamente, otras veces veladamente, en contra de la persona misma del sentenciador.

Yo soy respetuoso de las opiniones ajenas y, por lo mismo, reconozco el derecho a la crítica, y el derecho a discrepar, como una garantía elemental que tenemos todas las personas, pero distingo también -por lo mismo que aprecio la opinión ajena- entre lo que constituye propiamente una opinión, entre lo que constituye propiamente la manifestación de un pensamiento -lo que siempre será legítimo- y lo que constituye una injuria, que no es un pensamiento, que es lo contrario del pensamiento. Porque la injuria es un llamado a la irracionalidad de las personas. No es un llamado a su actitud de raciocinio. Por eso es .que nosotros podemos comprender, puesto que se trata de los abogados de los reos, que están apelando de una sentencia, podemos comprender -digo- que se emitan opiniones discordantes con la sentencia, o sea, con las opiniones manifestadas en la sentencia, y que se emita otra opinión, y que las opiniones contradictorias jueguen y luchen. Eso lo podemos aceptar. Y eso es lo que siempre se hace en las revistas científicas cuando se critican los fallos judiciales. Evidentemente, uno, a veces, en forma apasionada, discrepa del parecer del sentenciador y crítica.

Todo esto, por apasionado que sea, se encuentra justificado. Todo lo que implique atacar conceptos y presentar otra forma de ver jurídicamente el problema, está justificado. Pero lo que no puede tolerarse es que a pretexto de criticar una sentencia, se injurie a la persona que dictó esa sentencia. Y es lo que, desgraciadamente, ha sucedido en algunos de los alegatos de los reos. No en todos; muchos colegas han insistido precisamente en esto que estoy planteando, y han reafirmado su respeto por la persona del sentenciador y han limitado sus críticas, a veces vehementes, al contenido conceptual de la sentencia.

Pero yo he escuchado en estas audiencias, especialmente de parte del abogado que defiende a Roberto Viaux, expresiones que exceden a la pura crítica, expresiones que no son solamente violentas, sino que francamente insolentes, y expresiones que configuran las injurias al Juez Militar. Exceden -con mucho- estos juicios, a los que me referiré detenidamente, de los términos de lo tolerable y de lo que siempre ha sido la práctica en nuestro Foro entre los abogados que actuamos en estrados.

Escarnio y mofa.

Se presenta al Tribunal Militar de primera instancia, que dictó la sentencia recurrida, no solamente como ignorante, lo que tal vez alguien podría pretender justificar, puesto que están discrepando, aunque yo, personalmente, no lo acepto, sino que, además, se emplean expresiones destinadas a producir escarnio y mofa, expresiones que llamen a la irrisión de la persona del sentenciador; expresiones que están destinadas a presentar de él una imagen grosera y grotesca. De lo que se trata es evidentemente de restarle al Tribunal Militar, a la persona del General Orlando Urbina, toda independencia y toda autoridad jurídica y moral, con un propósito bien claro: crear la sensación de que dicho Tribunal está compuesto por ignorantes y no pudo sino dictar un sólo fallo: equivocado, absurdo, inverosímil, abusivo e injusto, formas todas éstas en que se califica a dicho fallo.

Para no ser acusado de poner en boca de terceros lo que éstos no han dicho, me referiré, más concretamente, a las más significativas injurias proferidas ante Vuestra Señoría Ilustrísima, en contra de la persona del Juez Militar, General Orlando Urbina. Se comienza por calificar al fallo de poco serio. ¿Qué se quiere decir con esto de que el fallo es poco serio? ¿Se quiere decir que es un fallo divertido? Se agrega que es un fallo de antología. Se dice que este fallo se dictó precipitadamente. Esto, desde luego, es falso. El fallo no se dictó precipitadamente. Vuestra Señoría -y aun el país entero- tiene conciencia de que este fallo demoró muchísimo tiempo en salir, tanto tiempo que muchos de los reos estaban inquietos, naturalmente inquietos por esta demora en la tramitación de la causa. La sentencia nunca salía. Recuerdo haber escuchado al abogado defensor del señor Cosmelli decir que esta sentencia se esperó con gran expectación, y que se esperó durante muchísimo tiempo, y que, a pesar de que los reos estaban naturalmente preocupados por esta demora, comprendían de que era una demora justificada ante la complejidad del proceso mismo y ante la trascendencia de los asuntos sobre los que debería pronunciarse dicho fallo.

De manera, pues, que cuando se afirma que el fallo se dictó precipitadamente, se está faltando, flagrantemente, a la verdad. No se puede desconocer que todos estábamos interesados en que el fallo saliera lo más rápidamente posible. Se agrega que el fallo del General Urbina revela descuido rayano en la desidia. Se dice que este fallo elude el examen de la defensa, de las argumentaciones hechas por las defensas. No se dice solamente que no las hace, lo que podría atribuirse a un olvido, sino que se dice que se elude el examen hecho por los abogados defensores, con lo que se está diciendo que consciente y deliberadamente se deja a los reos de la causa en la indefensión. ¡Es gravísima esta imputación, Vuestra Señoría Ilustrísima, la más grave que se le puede hacer a un Juez que cumple una función de administrar Justicia y que, por lo menos, debe escuchar a las dos partes y se le está imputando no escuchar a una de las partes sino que únicamente a la otra y eludir las defensas jurídicas que han hecho sus diferentes abogados!

Se dice, además, que el fallo de primera instancia transforma los hechos. Transformar los hechos es tergiversarlos, es cambiarlos, modificarlos, o sea, es mentir. Ilustrísimo Señor. Se está atribuyendo esto al sentenciador de primera instancia, al decirse que el fallo transforma los hechos.

Se agrega que el fallo del General Urbina da razones burdas. ¿Y para qué? Para lograr el propósito del sentenciador de condenar a los reos a toda costa, con "las penas más descontroladas". Se presenta, pues, al Juez como privado de toda independencia y animado desde un comienzo de la tramitación del proceso con la finalidad de condenar a los reos, a toda costa, con prescindencia del mérito del proceso. También esta imputación resulta en extremo grave y ofensiva y es apta para desacreditar y constituye un menosprecio de la persona del General Urbina decirle que él, a toda costa, y para imponer "penas descontroladas" llega al extremo de dar razones burdas, o sea, cuando no puede dar razones buenas, deforma los hechos por una parte, y en seguida acomoda razones jurídicas burdas a esos hechos previamente deformados.

Vulgaridad y mal gusto.

Pero donde ya no tiene limites esta actitud de la defensa de algunos abogados de los reos es cuando se hace una gran alharaca y un gran escarnio y una gran mofa con la expresión rapto que emplea la sentencia en un considerando para referirse al secuestro. Se aprovecha esta expresión que puede estimarse desafortunada desde un punto de vista jurídico estricto, se aprovecha esta oportunidad, digo, para hacer burla del fallo, cayéndose en la peor demostración de vulgaridad y de mal gusto, porque es sabido que el rapto está asociado a motivaciones sexuales, y quién pretendería que eso esto tiene algo que ver, de acuerdo con el sentido común y la buena fe, con esta operación de secuestro que terminó con la muerte del General Schneider, que es una cosa bastante seria y con la cual pareciera prudente no jugar ni reírse. Esto sólo constituye una falta de respeto inadmisible, y además una demostración de que se ignoran otros sentidos que tiene la palabra rapto. Porque la expresión rapto, desde luego, en su sentido natural y obvio, significa, en último término, arrebato, y esto puede aplicarse también, en un sentido muy lato, al secuestro. Y es así, por ejemplo, cuando hablamos de un rapto de furor, de un rapto de ira, de un rapto de cólera o de un rapto de alegría, hablamos de un arrebato.

La pedantería, no diré jurídica sino que leguleya, no puede desconocer este otro significado de la palabra rapto, que también le es inherente.

Además, los abogados de los reos, que se han reído tanto de la palabra rapto, dejan en una muy mala posición a sus propios defendidos y participantes en el secuestro, que frecuentemente en el proceso hablan del rapto del General Schneider, y nadie pretendería, indudablemente, que perseguían raptarlo en el sentido que le atribuye la Ley al rapto cuando lo tipifica como delito, sino que en el otro sentido -natural y obvio- que también tiene la palabra rapto, de arrebatar, quitar.

Además, estos abogados defensores no deberían tener tantos remilgos y quejarse de que las expresiones jurídicas no se las use siempre en un sentido, en el sentido que les es más propio, porque (yo no lo voy a decir, pues supongo que se trata de un desliz) uno podría preguntarse por qué ellos ni siquiera son afortunados cuando denominan a la Ley 12.927, que se llama Ley de Seguridad del Estado: Dicen Ley de Seguridad Interior del Estado. Yo no voy a extraer la consecuencia de que no sabiendo el nombre de la Ley menos van a tener idea de su contenido, porque seguramente se trata de un error o de un olvido.

Ignorancia inaudita

Siguiendo dentro de este propósito de desprestigiar a toda costa a la persona misma del sentenciador, General Urbina, se dice que en el considerando 27 de la sentencia el Juez Militar se traiciona. Pero ¿se traiciona de qué? ¿Acaso él tiene que ocultar algo? ¿Acaso él tiene propósitos torvos, mezquinos, ilícitos? ¿Por qué se va a estar traicionando? Puede que él, como todos nosotros, no emplee las expresiones más felices a veces. Nadie está libre de incurrir en el error. Y, ¡ay del que se crea libre de tal cosa!.

Al pretender, pues, que el Juez se está traicionando, lo que se quiere decir es que el Juez está descubriendo sus propósitos. ¿Y cuáles son sus propósitos? Según estos abogados: No hacer justicia sino que, a toda costa, condenar a los reos de la causa ¡a las penas más descontroladas!, como textualmente lo dijo uno de los defensores de los reos. Y, ¿en qué se apoya esta apreciación de que el Tribunal de primera instancia se ha traicionando en el considerando 27 y ha descubierto sus propósitos? Se apoya en lo siguiente; ésta es la razón que se da: se dice que los hechos de la causa no pueden calificarse de secuestro con resultado de muerte para unos y de homicidio calificado para otros, porque esta calificación simultánea, para distintas personas acerca de un mismo hecho, sería incompatible, se dice. Esta afirmación, en realidad, solamente puede explicarse por una ignorancia inaudita de los conceptos más elementales del Derecho Penal, puesto que resulta a todas luces evidente que un mismo hecho material puede ser calificado de distinta forma para los diferentes participantes en este hecho material. Y ésto, siendo como es, un concepto elemental no requiere ni siquiera de ejemplificación alguna; pero piense Vuestra Señoría Ilustrísima en el caso de los diferentes partícipes, en el mismo caso que pretenden plantear, desde su punto de vista, los defensores de los reos. Ellos, en definitiva. pretenden que se califiquen los hechos, para Viaux y los organizadores, de una manera, y para los ejecutores materiales, de otra. ¿Acaso no son los mismos hechos que se están calificando de distinta (manera para dos grupos de personas, aun desde el punto de vista de la defensa? De manera, pues, que resulta ininteligible esta denuncia que se hace con gran escándalo, de los propósitos del sentenciador, que ha llegado, se dice en el considerando 27, a traicionarse.

Se agrega aun que el sentenciador trata con saña a uno de los procesados, a Raúl Igualt Ramírez.

¿Y qué significa saña? ¿Cuándo se actúa con ensañamiento? Se presenta, pues, al General Urbina como a un verdadero carnicero, como a un ave de presa, empeñado en perseguir a toda costa al Coronel Raúl Igualt Ramírez, y no en hacerle justicia, y no en apreciar la verdadera dimensión y los limites de su responsabilidad sino que, como sea, achacarle responsabilidades inexistentes para imponerle penas "descontroladas". Se llega incluso al extremo de calificar al fallo no solamente de abusivo e ilegal -lo que obviamente se dice- sino que, además, de inconstitucional.

¿Y cuál es la razón que se da para decir que el fallo es inconstitucional, al menos en una parte? La siguiente: se dice que esta sentencia castiga a uno de los procesados, a Raúl Igualt Ossa, porque debió prever. Se extrañan, entonces, de que se castigue a alguien porque debió prever. Y se afirma enfáticamente que no puede castigarse, dentro de nuestro sistema legal, a nadie que no haya previsto el hecho; que la ley exigiría a lo menos y la Constitución exigiría, a lo menos, para castigar a una persona, que hubiera previsto el hecho. Y al señor Igualt Ossa se lo estaría castigando por el sentenciador porque debió prever. Entonces se dice: la sentencia es inconstitucional. Esta afirmación revela, Vuestra Señoría Ilustrísima, nuevamente, una total ignorancia en materias penales. Porque la mayoría de los tratadistas caracterizan a la culpa en una primera aproximación al problema, tratadistas penales y civiles, precisamente como no haber previsto aquello que debió preverse. Y en eso, en buenas cuentas, consiste la culpa o al menos una de las formas de la culpa, que es la culpa sin representación o como la llaman otros autores, culpa sin previsión.

De manera, pues, que desde luego, en una buena parte de los delitos culposos o cuasidelitos, como los llama nuestro Código, se está imponiendo pena a sujetos que debiendo prever algo ino lo previeron! Y esto no es inconstitucional porque en eso consiste la culpa, y esta caracterización de la culpa es la que ha dado la doctrina universal.

Supongamos, por ejemplo, que una persona va de picnic, y deja la fogata encendida cuando se aleja del lugar, pues es una persona muy descuidada. Existen dos posibilidades, desde el punto de vista anímico, descartando el dolo: el sujeto se representa que se puede incendiar el bosque o el sujeto no se representa que se puede incendiar el bosque. En el primer caso el sujeto se representa que se puede incendiar el bosque, pero dice: "el viento no está en esta dirección, seguramente no se va a incendiar el bosque", y se va muy tranquilo y el bosque se incendia, El actúa culpablemente desde luego. No hay dolo, pero él tiene culpa respecto del incendio, ¿no es cierto?, porque él se representó un resultado y con falta de cuidado desechó la producción de ese resultado, confió en que no se iba a producir. Pero ¿qué pasa si el sujeto ni siquiera se representa la posibilidad de que la fogata, los restos de la fogata que él dejó, desencadenen un incendio y se va muy tranquilamente para su casa y el bosque se incendia? ¿El actúa con culpa respecto del incendio o no? Lógicamente que actúa con culpa y, precisamente, con la clase de culpa llamada sin representación o sin previsión! Lo mismo podemos decir en un homicidio. Yo puedo dejar, por ejemplo, que un niño sipa jugando con un revólver, que yo no sé si está cargado o no. Puedo representarme que está cargado y me voy, y el niño se dispara y muere; puedo no representarme que está cargado el revólver; ni siquiera lo preveo y el niño también se mata. En los dos casos me condenan a mi por cuasidelito de homicidio, porque actué con culpa, actué con falta de cuidado, aun cuando en el segundo caso haya actuado sin prever lo que podía suceder y, precisamente, la ley me carga el resultado porque debí preveerlo, debí ser más cuidadoso, y al no ser mas cuidadoso, al no preverlo, estoy manifestando una desconsideración por las normas sociales mínimas. Y, entonces, por eso, la ley me aplica una pena. En ambos casos, pues, culpa con representación o previsión, o culpa sin representación o previsión, en ambos casos hay culpa. Lo que se puede discutir teóricamente es cuál de estas dos culpas: la con representación o la sin representación es más grave. Y en el hecho, en doctrina penal hay largas disquisiciones acerca de cuál de las dos culpas es grave, y unos nos dicen que es más grave el caso en que el sujeto prevé el resultado y lo desecha, porque confía en que no se va a producir, y otros dicen que es más grave la otra situación en que sujeto ni siquiera prevé.

Para probar mis afirmaciones de que se había llegado incluso a la injuria, más menos velada, más o menos abierta, de la persona del General Urbina, puedo añadir aún otras consideraciones breves.

Asociación malintencionada

El abogado del reo Viaux llegó incluso a asociar a la persona del General Urbina con el Presidente de la República, al decir que mientras el Presidente de la República había reconocido la existencia de los delitos conexos al darles asilo político a los refugiados argentinos, el Juez Militar no había tenido igual predicamento respecto de los reos de la causa.

Aparte de que esto denota un desconocimiento absoluto de los conceptos jurídicos más elementales, pues una cosa es la institución de los delitos conexos para los efectos del Derecho Internacional Público y otra muy diferente es la institución de los delitos conexos para los efectos de la regla de competencia establecida en el Código Orgánico de Tribunales; aparte de esto, digo, esta asociación, malévola y malintencionada, que se pretende ha cer es verdaderamente inaudita.

El Gobierno y la Justicia Militar son dos cosas totalmente diferentes, totalmente independientes. Así que no se ve por qué van a tener que estar de acuerdo, aparte, como dije, de que se trata de dos instituciones jurídicas que no tienen nada que ver la una con la otra, salvo el nombre.

¿Por qué se ataca al Juez Militar?

En suma, pues, de lo que se trata es de desprestigiar al Juez Militar; se le atribuyen, como hemos visto, propósitos torvos, mezquinos; se le niega que esté cumpliendo la función de administrar justicia; por el contrario, transformarla loa hechos, daría razones burdas, se ensañaría, abusaría y deformaría la ley y hasta la Constitución de la República.

¿Y por qué se ataca tanto al Juez Militar? Se le ataca porque él comprendió el terrible significado de estos hechos y su horrenda dimensión, puntos a los que me referí en la audiencia anterior y sobre los cuales volveré.

Entendió los aspectos ruines de este plan, la vileza de los móviles y la mezquindad de los objetivos perseguidos. Por eso es que se le ataca: porque les aplicó la ley.

El delito político: una gran mascarada

A continuación deberé ocuparme de otro de los puntos que de una u otra manera han estado presentes en las defensas de todos los abogadas, o de la mayoría de los abogados defensores de los reos. Estos han centrado sus alegaciones en la idea del delito político. Esto era perfectamente previsible de parte nuestra; era natural que se pretendiera dar esta imagen de los procesados. No serían delincuentes comunes, no serían personas acreedoras a la reprobación social, sino que serían delincuentes políticos.

De esta manera se pretende dar una imagen romántica, simpática y hasta soñadora de estas gentes. Veremos cómo todo esto es falso y se aparta absolutamente de la realidad del proceso. Se trata de una gran mascarada, de una mistificación, de una magnificación de los delincuentes comunes. Se trata de vestir con un ropaje atrayente, con una fachada menos repudiable, los hechos, para ocultar la sordidez y la ruindad de los mismos.

En efecto, veremos que de cualquiera manera que se conciba el delito político, apelando a cualquier doctrina, a la opinión de cualquier autor del pasado o del presente, no se dan en este caso las características que la doctrina penal universal reclama como esenciales para que estemos frente a un delito político. Y al respecto es muy sintomático que los abogados de los reos se hayan limitado simplemente a decir que estamos en presencia de un delito político, y no hayan desarrollado esta idea; no hayan dado razones, salvo tres o cuatro frases, pura palabrería hueca, que no examinaban científicamente el problema, que es lo que me propongo hacer.

Chile: un automóvil descompuesto

Para que estemos en presencia de un delito político, como lo Indica el mismo nombre de esta institución, es preciso, cuando menos, que los delincuentes políticos tengan una concepción política de la sociedad; tengan una conciencia política, tengan una convicción política, si queremos recurrir al lenguaje que en la terminología moderna de la doctrina alemana se usa para aludir a los delincuentes políticos (delincuentes de conciencia, delincuentes de convicción).

Pero resulta que los reos ni siquiera tenían planes de Gobierno, como veremos. Lo reconocen ellos mismos. Menos aún tenían creencias ni convicciones políticas más o menos fundamentadas, aun desde el punto de vista de ellos; carecían hasta de la cultura política más elemental, como tendremos oportunidad de comprobarlo.

Por ejemplo, uno de los procesados, Hurtado Arnés, declara que, después de escuchar a Viaux hablar de Bolívar y la burocracia, le dio la impresión de que no entendía nada de política.

Veamos cuál era el repertorio filosófico-político de Viaux, que emana del mismo proceso. Empieza Viaux por comparar a Chile con un automóvil descompuesto, que debe ser desarmado y armado nuevamente. Esto lo declara Boris Ravest, a fojas 449.

¿Y quién sería este mecánico genial? Por supuesto que él: Viaux. El se atribuye a sí mismo la calidad de artífice de esta nueva República que Iba a terminar con todos los males por los que pasaba Chile. Falta, pues, el elemento esencial del delito político que es una mínima cultura política, una creencia política, una convicción política, una concepción del mundo y de la sociedad, propia, que tenga siquiera una mínima coherencia interna. Simplemente ellos dicen que son delincuentes políticos, pero, en verdad, como digo, no tenían ni siquiera los conocimientos políticos más elementales; nos pueden decir también que son héroes, poetas, cualquier cosa; pueden también decir que son chacales, y esto sí estaría más acertado.

Patriotas

Sin embargo, muchos de los procesados tratan de darle un contenido ideológico a la conspiración, para hacer más atrayente su posición, y dicen ser nacionalistas. Desde luego que ni siquiera explican alguna vez siquiera lo que entienden por nacionalismo. Se trata, simplemente, de presentarse en un aspecto que no resulte tan repudiable. Porque todos sabemos que históricamente los verdaderos delincuentes políticos, los verdaderos idealistas y altruistas han sido identificados como patriotas, y el patriotismo, pues, está en la base del delito político, y es por esto que estas personas se presentan a sí mismas como nacionalistas, como patriotas. Pero ya en la audiencia anterior tuvimos oportunidad de ver cuán poco les importaba el bien de Chile, cuán poco les importaba la vida de los chilenos, cuán poco les importó la vida del General Schneider, cuánto desprecio sentían por el pueblo chileno, al que estaban dispuestos a masacrar, y por la voluntad del pueblo chileno, la que querían torcer, desde la distancia, usando mediante fraude a las FF. AA.

Son, en todo caso, unos nacionalistas bastante curiosos. El nacionalista Viaux, por ejemplo, según lo declaran varios reos, entre ellos Sergio Topelberg, a fojas 432 y 433 vta., no es partidario de las nacionalizaciones de nuestras riquezas básicas: él prefiere traer capitales extranjeros para que las exploten en Chile. Este es el "nacionalista" Roberto Viaux Marambio. Y éstos son los "nacionalistas" que participaron en esta conspiración.

Pero no solamente él: Carey y Fontecilla declaran a fojas 1.824, y se desprende también de una carta que Carey dirigió a Fontecilla a fojas 1.819. Ambos aparecen haciendo planes, entre septiembre y octubre, para irse a trabajar al extranjero, Ilustrísimo Señor, y, sin embargo, ellos se autodenominan como "nacionalistas".

"Nacionalistas" que habían aceptado encantados cualquier ayuda extranjera para realizar el golpe que preparaban, desconociendo la voluntad del pueblo y sacrificando a miles de chilenos.

De todo esto, pues, se desprende que se trata de una burda mascarada, que solamente pretende revestirlos de un ropaje simpático para ocultar, como hemos dicho, su sordidez.

Gallardo: "un hombre valioso"

Veamos otra "perla" de este repertorio filosófico de Viaux. Para Viaux, Gallardo, por ejemplo, era un hombre valioso y de buenas ideas. Veamos algunas actuaciones de Gallardo, este hombre tan valioso para Viaux. Topelberg, a fojas 435 declara que Gallardo amenazó de muerte al vigilante de uno de los lugares de reunión; le dijo que si decía algo o que si se retiraba, si ponía en conocimiento de alguna persona la existencia de estas reuniones conspirativas, le daría "el bajo"; que a todo el que se retirara, lo matarían. Y éste es el hombre de buenas ideas para Roberto Viaux.

Otra demostración de esta "cultura política" de Viaux, y lo declara su suegro, el Coronel Igualt, a fojas 1.682: Viaux creía que Patricio Rojas, el ex Ministro del Interior del gobierno anterior, era comunista. Y lo creía, porque pensaba que en un viaje que había hecho a Moscú el señor Rojas, el año 1962, se había afiliado secretamente al Partido Comunista.

De manera, pues, que resulta hasta innecesario insistir en la falta de este elemento esencial del delito político que es la creencia política, la convicción política, que se fundamentan en una mínima cultura política. Yo no pido que sean eruditos.

No hay, pues, ideas políticas; lo que si hay, como lo veremos, es otra cosa muy distinta: ambiciones políticas personales, que siempre se han estimado como la antítesis del delito político.

Móviles egoístas

Pero no es ésa la única característica que falta, en este caso, y que determina que deba negárseles a estos delincuentes el carácter de delincuentes políticos.

La característica más fundamental todavía, que ha definido siempre al delito político, es el móvil altruista, el móvil idealista que debe presidir las acciones delictivas. Los delincuentes políticos son personas que se determinan por factores impersonales y colectivos. Sus móviles son supraindividuales, metaindividuales. Ellos no actúan por egoísmo. Se trata de personas altruistas que actúan con idealismo. Se caracterizan por su generosidad y por su desinterés. Toda mezquindad, todo interés personal, toda ambición o cálculo sórdido les es ajeno a los verdaderos delincuentes políticos.

Y no puede ser de otro modo, porque ésta es la única razón que permite explicar el trato de privilegio que se les ha otorgado siempre a los delincuentes políticos.

Los delincuentes políticos, objetivamente, realizan acciones muy graves, como que atenían, no en contra de un bien jurídico determinado, sino que en contra de la suma de los bienes jurídicos, el orden jurídico y el orden social.

¿Y por qué, a pesar de ser estas acciones desde un punto de vista objetivo e intrínseco, tan graves, sin embargo, al delincuente político se lo trata penalmente con bondad?

Precisamente porque se atiende al móvil altruista y al móvil idealista que preside estas acciones: a la personalidad de sus autores.

¿Y concurre en el presente caso este móvil altruista de parte de los procesados? Preguntarlo ya parece una burla; indiscutiblemente que no concurre. Los delincuentes políticos son personas que luchan por el mejoramiento de su país. Les interesa el interés de su Patria, el avance de su Patria.

Como vimos, los reos ni siquiera tenían planes de Gobierno. Esto era lo que les interesaba, el bienestar y el progreso de Chile. Se preguntará ¿para qué querían el Gobierno, entonces, si ni siquiera tenían planes de Gobierno, si ni siquiera tenían creencias políticas?; ¿qué razones, pues, determinaron a los reos a actuar? No la misma a todos. A unos, como a Viaux, Camilo Valenzuela, Hugo Tirado Barros, etc.. que tendrían lugares destacados si triunfaba la conspiración que planearon, los guiaba la ambición política de carácter personal, el deseo del poder político; a otros, los que podríamos llamar la gente rica que participaba en esta conspiración, los guiaba, evidentemente, la defensa de sus intereses patrimoniales. Y hay, a grandes rasgos, dentro de esta jauría humana, otro grupo: el de los mercenarios, los hampones, las personas que realizaban tareas menores (guardaespaldas, etc.). Estos solamente se prestaban a la conspiración lo mismo que pudieron haberse prestado a cualquier otra cosa. En vez de trabajar, como hacen todas las personas decentes, a ellos se les pagaba al final del día una determinada suma de escudos en premio a las tareas que estaban realizando.

La ambición política personal

Refirámonos al primer grupo, a aquellos que los guiaban la ambición política personal y el deseo del poder. Este es el caso de Roberto Viaux, de Hugo Tirado y de Camilo Valenzuela, fundamentalmente. Para nadie es un secreto, ni en el Ejército ni en Chile en general, la inmensa ambición política personal de Viaux. Todo el país tiene conciencia de ésto. Y así se desprende del proceso. Roberto Viaux, después de los hechos del "Tacnazo" dejó de ser un militar, para transformarse en un político. Su misma defensa ha hablado en estrados de la carrera política de Viaux.

A fojas 231, Luis Gallardo Gallardo declara que Viaux incluso no descartaba ser candidato presidencial, en caso de ser elegido Alessandri por el Congreso y que éste renunciara, lo que daría origen a una nueva elección presidencial; incluso se imprimieron volantes en favor de Viaux, con el consentimiento y con la aprobación de Viaux. Y estos volantes - da risa leerlos ahora- decían: "LA DEMOCRACIA PELIGRA. VIAUX, CUMPLA SU PALABRA. ¿SÁLVENOS!". Ellos, hablando de Democracia, fabricándose es tos volantes, en favor de la Democracia cuando precisamente estaban atentando en contra de todo el orden jurídico y que rían impedir que se cumpliera la voluntad democrática y popular que se acaba ba de expresar inequívocamente en las urnas, y más adelante con la decisión de Partido Demócrata Cristiano, en forme inequívoca.

En fin, en el proceso aparecen innumerables antecedentes que demuestran categóricamente que Viaux ocuparía un lugar destacado si triunfaba la revuelta. Su suegro, declarando a fojas 1.682, expresa que Viaux, en un primer momento, sería Ministro de Defensa; quien asumiría el mando de la Nación sería el Almirante Hugo Tirado Barros.

A ellos, pues, no los guiaba, repito, el ideal político, cualquiera que fuera. Los guiaba, simplemente, la más mezquina, la más calculadora ambición de tipo personal. Y esto en toda la doctrina penal -antigua o moderna- ha significado el rechazo de la idea del delito político.

La "extrema alternativa desesperada"

La ambición personal de Viaux era tan desmesurada quo se desespera, literalmente se desespera, ante los dos intentos fallidos de secuestrar al General Schneider, a los que me referí en la audiencia pasada, y da el ultimátum, porque a él a su vez se le había dado ese ultimátum. Le habían dicho que si el golpe no se daba, que si el secuestro no se daba, si no se hacían antes del 22 ó durante el 22 de octubre del año 1970, no iba a haber golpe. Entonces se le desvanecían todas las esperanzas a Viaux y por eso es que da este ultimátum el día 21, en conocimiento, como recordábamos ayer, de todos los peligros que entrañaba esta acción de secuestro y pese a las advertencias, entre otros, de Juan Diego Dávila Basterrica. Pese a todo eso, asume el riesgo cierto y concreto de sacrificar al General Schneider, lo que sería seguido del sacrificio de pobladores, a consecuencia de los allanamientos que se proyectaba hacer a las poblaciones de Santiago.

Así era, pues, de grande la ambición de Roberto Viaux y las demás personas que participaban en esta conspiración. Uno de los reos, Vinet, a fojas 129, en una de las primeras declaraciones que se prestaron en esta causa, dice que el secuestro del General Schneider fue considerado como la "extrema alternativa desesperada", para lograr estos propósitos. Después que no habían tenido éxito con planes terroristas no encontraron nada mejor que secuestrar al General Schneider, con personas que no tenían ninguna experiencia y que iban a poner en peligro su vida. Decidieron, pues, secuestrarlo, con desprecio total de su vida. como veíamos también ayer.

Otros reos -como he dicho-, entre los que destacan Camilo Valenzuela Godoy y Hugo Tirado Barros, también estaban determinados por la ambición personal, esto se demuestra con la sola consideración de los lugares destacadísimos que ocuparían. Además, se trata de personas que, al igual que Viaux, antes nunca habían manifestado un ideal político nacionalista; de repente, estas personas, ya de cierta edad, se vuelven nacionalistas. Esto solo está demostrando que se podrían haber vuelto cualquier cosa. Como vehículo, como medio, para lograr la satisfacción de sus intereses personales. Son estos nacionalistas de nuevo cuño, estos nacionalistas desconocidos de antes, los que fariseamente se presentan como "patriotas". De repente dicen: "¡Nosotros somos nacionalistas, y qué fue!"

Presumiblemente, también, estos motivos de orden personal, de deseos de poder personal, determinaron a las personas allegadas a Viaux, como su suegro y sus cuñados, los que, triunfante esta revuelta, suponían que ellos también mejorarían su posición.

Este es, pues, el primer grupo, el primer gran grupo de estos delincuentes que participaron en esta conspiración. La primera muestra de esta impresionante galería lombrosiana que desfila por este proceso, o la primera muestra de esta criminalidad atávica, si preferimos el lenguaje de Ferri.

Un segundo grupo está formado por la gente de mucho dinero, para quienes, desde luego, el Programa de la Unidad Popular representaba un peligro para sus intereses económicos

Los millonarios "idealistas"

Es el caso, por ejemplo, de Vinet, de Bouchon, de Ballas, de Cosmelli, entre otros. Ellos participaron en el complot, pues, única y exclusivamente por la defensa de sus intereses personales. Son, pues, la antítesis de los delincuentes políticos. No tenían ningún ideal político altruista. Pensar siquiera que estos millonarios que participaron en esta conspiración estaban motivados por ideales, es absurdo; ningún antecedente lo insinúa siquiera, salvo la propia declaración de ellos, que desde luego no puede probar nada ante la evidencia abrumadora en contrario que existe en el proceso. Este grupo es el que se ocupa de la adquisición de las armas, de la facilitación de los medios (autos, etc.) para cometer el secuestro del General Schneider. Ponen también a disposición sus aviones, etc.

Los mercenarios

Y, finalmente, un tercer grupo está formado -como decía antes- por los mercenarios, los hampones, quienes no pueden pretender que se los considere, también, como personas idealistas, altruistas. generosas y desinteresadas que luchaban por el bienestar de su patria. Ellos, simplemente, accedían a participar en esta conspiración, porque al final del día se les entregaba una determinada suma de dinero; porque se les pagaban las comidas y de vez en cuando se les permitían ciertos esparcimientos más o menos sensuales. Estos hampones tienen nutrido historia policial, que en unos casos va desde los brutales cogeteos a las estafas más delicadas, pasando por las drogas y los cheques sin fondos.

Como se ve, pues, a ningún grupo de los participantes en la conspiración los guiaba un móvil altruista, idealista, y en consecuencia no pueden ser calificados de delincuentes políticos, porque algunos de una manera y otros de otra, todos actuaban en la defensa de sus propios intereses y en su propio beneficio personal. Eran personas que perseguían propósitos individuales y no colectivos. Lo que se prueba ante la inexistencia siquiera de planes de Gobierno, de manera, pues, que resulta grotesco presentarlos como delincuentes políticos, y es una deformación más que han intentado hacer sus defensores, porque precisamente esta clase de personas pueden ser exhibidas en todas partes como paradigmas de lo contrario a lo que es y a lo que debe ser y a lo que siempre ha sido el concepto del delito político y el concepto del delincuente político.

Una burla cruel

Pero no son solamente estas dos características a las que me he referido, las que le quitan categórica y definitivamente el carácter de delincuentes políticos a los actores de esta causa. En efecto, siempre se ha estimado que el arquetipo del delincuente político es el sujeto que supedita todo, absolutamente todo, y por cierto su propia seguridad personal, a la obtención de un propósito colectivo. Es el sujeto valiente, osado, que en todo momento se arriesga, es la persona que da la cara. Esto es también lo que lo presenta ante la opinión pública como un personaje atrayente y simpático, con el cual uno puede estar de acuerdo o no, pero que al menos ,se respeta, y a veces hasta se admira. Precisamente, porque son personas que están dispuestas, incluso, a ofrendar su propia vida en aras del progreso de la humanidad.

¿Ocurre esto en el presente caso? Desde luego que no, Ilustrísimo Señor, y sería una mofa, una burla cruel pretenderlo

Sobre seguro

En todo momento estas personas, a las que se intenta presentar poco menos que como héroes, actúan en las sombras. Nunca corren riesgos, siempre actúan sobre seguro y siempre pretenden inculpar a otros grupos de sus propias acciones. Jamás dan la cara.

Así ocurre, como lo veíamos en la audiencia del día de ayer, con los actos terroristas que precedieron al secuestro, que se ejecutaban en la noche, que pretendían atribuirse a la Brigada Obrero Campesina, y que cierta prensa -incluso- pretendió creerlo y así lo publicó

Y así ocurre con el secuestro del mismo General Schneider, que fue ejecutado con una increíble alevosía.

Viaux y los demás actores de esta conspiración están lejos de presentar esta característica de valentía que -como digo- siempre se ha estimado que es consustancial con la idea del delito político.

"La gran figura"

Viaux pretende desvincularse de todos los aspectos sórdidos de esta conjura, por más que los hechos de la causa lo vinculen directamente con ellos. Y así veíamos que él pretende no tener ninguna ingerencia ni ninguna relación siquiera con los actos terroristas, pese a que como vimos, el autor intelectual y el autor material de todos estos actos terroristas, Arancibia Clavel, dice que actuaba bajo las órdenes de Viaux.

Pretende, también, desvincularse de otros aspectos -de detalle tal vez- del proceso: la adquisición de las armas a Nicolás Díaz Pacheco, en circunstancias de que hay antecedentes en el proceso de que él estaba en perfecto conocimiento de esto, y que él era el que daba las órdenes para que se le pagara a Díaz Pacheco. Y era también el que avalaba a los deudores de Nicolás Díaz Pacheco -sus secuaces- y le decía a esta persona que le vendía las armas que no tenía por qué tener cuidado, que sus deudores eran personas honorables.

Es el mismo Viaux que pretende escabullir su responsabilidad en la muerte del General Schneider, a pesar de haber sido él el que preparó el plan, a pesar de haber sido él el que dio el ultimátum para que éste se realizara y a pesar de haber sido advertido de los peligros que para la vida del General Schneider significaba proseguir en los frívolos y criminales intentos de secuestro de su persona.

Viaux pretende ser la gran figura y mantener siempre las manos limpias. El quiere que todo lo enojoso, todo lo desagradable, le sea ajeno y que con ello carguen los demás. Su posición es: yo respondo hasta aquí; de aquí para adelante, todo lo que pueda ser molesto, todo lo que pueda ser ruin, de eso yo no respondo. De eso que respondan los demás.

Inmensa cobardía

Sin embargo, nada de esto es así. Sabemos que Viaux era el jefe de esta conspiración, que nada se hacía sin su consentimiento y autorización. Que él era el que manejaba absolutamente todos estos hilos. Y esto se demuestra hasta con el seudónimo, con el alias" que le dan sus propios compañeros de aventuras: "Desiderio", el que decidía todo.

Viaux es el responsable de todo cuanto sucedió y también -por cierto- de la muerte del General Schneider. Nada de lo que diga podrá quitar esa idea de la cabeza, porque diga lo que diga, no podrá hacer variar la realidad de los hechos, la propia naturaleza de las cosas. Ningún detalle le era desconocido. El dominaba todos los aspectos de esta conspiración, de manera que al querer rehuir su responsabilidad y pretender que otros respondan por él, no está sino demostrando su inmensa cobardía, porque -en efecto- nada es más poco viril que no hacer frente a la responsabilidad que se tiene.

Y veíamos ayer que se llegaba al cinismo increíble, a la desfachatez de atribuir al destino y al instinto de conservación de sus victimarios la muerte del General Schneider. Cuando bastaba con que no se hubiera ejecutado este plan descabellado de secuestro, para que el General Schneider continuara vivo.

Y decíamos ayer que para el General Schneider el destino era Viaux; que el destino se había empezado a cumplir en la noche anterior, cuando Viaux, pese a las advertencias y a la conciencia que tenía de los riesgos que el secuestro implicaba para el General Schneider, dio de todas maneras el ultimátum y dijo: "A MAS TARDAR, DEBEN SECUESTRARLO MAÑANA", el 22 de octubre de 1970.

Ellos no se habrían defendido

La cobardía de Viaux se expresa de muchas maneras. Desde luego, al decir -como lo ha dicho, y no como se atreve a decirlo- que ni él, ni ninguno de los que participaron en la conspiración, se imaginó siquiera que el General Schneider se defendería al verse bloqueado por 26 vehículos y al ver que personas armadas se aproximaban hacia él e intentaban quebrar los vidrios de la ventana de su automóvil. Suponían que no se iba a defender y sin embargo sabían que el General y su chofer estaban armados o debían saberlo o imaginarlo, pues nadie puede pretender que lo normal sea que los militares vayan desarmados.

Si esto es así, si realmente -lo que es imposible- Viaux y los demás no se imaginaron que el General Schneider se defendería, con eso están proyectando su propia cobardía, porque en el fondo lo que están diciendo es que ellos, en análogas circunstancias, no se habrían defendido.

Decíamos ayer que la dignidad militar, que el sentimiento del honor militar, hace más perentoria aún la obligación de una persona de defenderse.

¿Dónde estaba Viaux durante la primera tentativa de secuestro?

Tenemos otras muestras, además, de la cobardía de Viaux y que emanan de datos irrefutables del proceso. Por ejemplo: en la primera tentativa de secuestro, que se realizó el día 19 de octubre, a la salida de la comida que se le daba al General Schneider en la casa de calle Presidente Errázuriz; tentativa, de secuestro parala cual Viaux, personalmente, convocó a los autores materiales y los instruyó. ¿Dónde se encontraba Roberto Viaux el día 19 de octubre, día en que se intentó secuestrar al General Schneider por orden de él? Se encontraba, Ilustrísimo Señor, en Viña del Mar, y se preocupó de que las personas de esa ciudad lo vieran, y se paseó, para que, por si acaso resultaba el secuestro, poder decir: yo no tuve nada que ver con esto, fueron otras personas, no me castiguen a mí por lo que yo no he ejecutado.

De manera que la imagen que se ha intentado crear de Viaux no corresponde en absoluto a la realidad del proceso. Viaux está lejos de tener las virtudes morales que su defensa le supone. Ya hemos visto cómo sólo lo guiaba su ambición personal, cómo carecía de los conocimientos políticos más elementales y cómo actúa en todo momento con increíble cobardía, rehuyendo su responsabilidad. Su posición es; "Yo respondo hasta aquí y de aquí para adelante que restan los demás".

Pero esta cobardía de Viaux no es cosa nueva, Ilustrísimo Señor; ya se había manifestado años atrás, en los sucesos el público conoce hoy día como el "Tacnazo".

¿ Cuál fue la actitud de Viaux durante la tramitación de aquel proceso? Sabemos todos hoy día, que su carrera política, puede decirse, comenzó en esos momentos del "Tacnazo". Hoy día todos lo vinculan -hasta él mismo lo hace- con estos hechos.

Pero durante la tramitación del proceso, y cuando era posible que lo sancionaran gravemente por su participación en estos hechos, él negó toda ingerencia en ellos y tengo aquí la sentencia dictada por el Tribunal Militar. El llegó al extremo increíble de decir que ciertos oficiales lo fueron a buscar a su casa a las 6 de la mañana, y que así supo por primera vez que sucedía en el Tacna; como estimó graves los hechos, inmediatamente se trasladó al Regimiento Tacna, y ahí recién se impuso del acuartelamiento.

Esta declaración de Roberto Viaux significó, entre otras cosas, que a otros reos de la causa, que tenían una participación menos grave que la de él, se les sancionara, sin embargo, con mayor severidad. Viaux obtuvo una sentencia más benévola. Después, cuando quedó en libertad, cuando no le fue tan mal en ese proceso, ahí sí que se atribuyó todo el supuesto mérito de acciones de esa índole. De manera, pues, que no es una invención arbitraria de esta defensa afirmar que Viaux es una persona tremendamente cobarde y que escabulle su responsabilidad, y que siempre -no solamente ahora- lo ha hecho.

Viaux y sus secuaces, pues, están muy lejos de presentar la apostura heroica en contra de un Gobierno que dispone del poder y de la fuerza, que es el rasgo distintivo de los delincuentes políticos.

¡Estos son los valientes héroes! Como vimos, están lejos de presentar las características románticas que su defensa les supone.

"Un General que no es un delator"

La figura de Viaux en el proceso resulta hasta ridícula, Ilustrísimo Señor Por ejemplo, en el careo con el Almirante Hugo Tirado Barros, antes que se decidiera a confesar los hechos -porque ni siquiera eso lo hizo desde un comienzo-, dijo ante una pregunta del Fiscal: "Un General no es un delator". Y, sin embargo, con posterioridad los delató a todos. Y ¿cuál es la excusa que invoca para delatarlos? Dice que estaban achacándole toda la responsabilidad y que solamente él estaba respondiendo de los hechos. ¡Pero si precisamente cuando una persona no es delatora no le importa eso! ¡Cuando una persona ha planeado con otras un delito, y solamente a ella la policía la detiene, no va a inculpar a sus demás compañeros de correrías!

Esto es, incluso, un lema, una consigna -tal vez la única- que respetan hasta los hampones de peor categoría; es tal vez la única regla moral a que se atienen: no delatar a los compañeros. Si encuentran a uno, él solamente es el que responde, el que resulta perjudicado y silencia la responsabilidad de los otros.

Pero ni siquiera esta mínima calidad moral tiene Roberto Viaux. ¿Y para qué realizaban todas estas acciones? Estas personas de esta catadura moral las realizaban para lograr sus mezquinas ambiciones personales y para defender sus sórdidos intereses. ¿Y en qué momento lo hacían? Recién después de una elección presidencial; recién después de la decisión de la Democracia Cristiana de votar en el Congreso por el candidato electo; recién después de conocerse la opinión y la voluntad del pueblo.

Desprecio por el pueblo

¿Y a quién representan estos sujetos? ¿Qué poderoso ideal, qué sagrado encargo debían realizar, que los autorizaba a cometer tales atrocidades? A nadie. Actuaban por su cuenta y por motivos personales, como hemos visto. Esto es lo más espeluznante que tienen estos sucesos. Esto es lo que hace más condenable esta clase de hechos; tanta perfidia, tanto cálculo maquiavélico, tanto egoísmo, tanta hipocresía. Casi arrastraron al país a la catástrofe de una guerra civil para satisfacer sus propios mezquinos y sórdidos intereses personales. Y con un desprecio absoluto por el pueblo que acababa de depositar su voto en las urnas.

Doblez e hipocresía

Roberto Viaux, el día 21 de octubre del año 70, hizo publicar -un día antes que se asesinara al General Schneider- una carta en los diarios de Santiago, donde condenaba una conspiración en la que había participado Arturo Marshall. El estaba condenando esa conspiración y hacía alardes legalistas y constitucionalistas, diciendo que debía respetarse el curso constitucional. Y lo decía el 21 de octubre, sin que nadie se lo preguntara y lo decía dos días después que él había preparado y ordenado que se secuestrara al General Schneider a la salida de la comida que se le ofreciera en la casa de calle Presidente Errázuriz. Este es el doblez y la hipocresía de Viaux.

"Símbolo de las virtudes nacionales"

Por todas estas razones, da risa cuando su suegro lo presenta, a fojas 1.682, como "símbolo de las virtudes nacionales que parecían perdidas". La verdad es que es símbolo de la cobardía, de la insensibilidad y del maquiavelismo más repugnante. Y agrega el Coronel Igualt Ramírez:

"En Viaux se encontró un líder de corte muy distinto al conocido en nuestro país". En esto sí que tiene razón, reconociéndolo como a un líder muy distinto a los líderes que hemos tenido en la historia de nuestro país.

Otra característica de los delitos políticos, íntimamente relacionada con la anterior, es que los delitos políticos no ofenden el sentido ético de la sociedad, no hieren el principio de la justicia. Esto también explica el trato de privilegio para los delitos políticos. Pero en el presente caso, los móviles personales, la cobardía en el actuar, el frío cálculo en el sacrificio de vidas inocentes, ofenden los más elementales sentimientos morales y causan la mayor de las repugnancias.

El pueblo antigolpista

Otro rasgo de los delincuentes políticos es que ellos luchan por ideales que son los prevalecientes -si no en la ideología- en la sensibilidad de su generación; los delincuentes políticos encarnan ideales que están en el ánimo de todos, a veces expresados de manera amorfa. Pero ellos son los que representan esos ideales y la sensibilidad de su generación. También falta este rasgo que caracteriza y define a la delincuencia política, porque la sensibilidad pública -cuando tuvieron lugar estos hechos- era evidentemente contraria a toda clase de maniobras golpistas, y así se acababa de demostrar, en la forma más inequívoca posible, con la culminación del acto electoral del 4 de septiembre.

Así, pues, que la sensibilidad pública nada tenía que hacer con estos manejos de Viaux; la sensibilidad y la conciencia públicas, por el contrario, reclamaban cambios estructurales no deseados por Viaux y su gente.

Nuevamente se ve, pues, que Viaux y sus secuaces no se representaban más que a sí mismos; por lo tanto, no pueden tener la única pretensión que se les califique como delincuentes políticos, porque no expresaban ninguna clase de deseos colectivos ni de deseos generales. Y a ellos mismos les constaba, porque el pueblo acababa de pronunciar su veredicto, aunque a ellos la verdad es que el pueblo no les importaba nada.

El delincuente político está dentro de la línea general marcada con la opinión de su tiempo; su actitud no amenaza los intereses generales de la sociedad. Aquí ocurre todo lo contrario: los reos actuaban en contra de los intereses generales, no representaban a la opinión general y ellos lo sabían; hasta eran contrarios a las nacionalizaciones de nuestras riquezas básicas, como hemos dicho precedentemente, y eso tal vez explique la mención precisa que de Viaux se hace en los documentos secretos de la ITT.

Un ser desventurado y caballeresco

El concepto de delito político está ligado en la doctrina moderna, en su nacimiento, históricamente, a la lucha en contra del tirano; delincuente político es al que no le queda más remedio que luchar con la violencia en contra del tirano.

Esta es la imagen tradicional del delito político y así nació históricamente el delito político. Por eso es que el delincuente político ha sido siempre valorado como un ser desventurado y caballeresco, terrible sólo para los déspotas y prometedor de un porvenir mejor y más justo. Siempre se le ha caracterizado como a un ser perseguido por una autoridad anacrónica y cruel.

Por eso las acciones de los delincuentes políticos eran estimadas justas aunque ilegales; estaban destinadas a liberar al pueblo oprimido, a derrotar al tirano. Pero en el presente caso, ocurre precisamente lo contrario: se quería impedir la liberación del pueblo, los cambios que habrían de traer mayor justicia. No se luchaba contra el tirano, sino que ellos tenían la pretensión de convertirse en tales.

Al delincuente político, al verdadero delincuente político, no le queda otro camino que recurrir a la violencia en contra del tirano si las vías legales están cerradas, y esto es también lo que en parte explica el trato de privilegio con que siempre se ha juzgado a los delincuentes políticos.

En el presente caso, la situación para Viaux y sus secuaces es totalmente inversa; no luchaban contra tirano alguno; por el contrario, lo que deseaban era poner una cuña al progreso. La idea de la lucha contra la opresión es tan fundamental en el delito político, que el tratadista argentino SEBASTIÁN SOLER, por ejemplo, ha dicho con razón que la teoría del delito político ha sido hecha, sucesivamente, desde el punto de vista del tirano y del oprimido por la tiranía.

Para el tirano, los delitos políticos son los delitos más graves, a veces se los castiga hasta con la muerte. Desde otro punto de vista podemos anotar que el estudio del delito político ha sido enfocado también, a partir de la distinción que hacía FERRI de la criminalidad; él distinguía entre criminalidad o delincuencia atávica y criminalidad o delincuencia evolutiva.

El delincuente político marcha hacia el futuro

La delincuencia atávica era la delincuencia común, y la delincuencia evolutiva era la delincuencia de índole política. De acuerdo con el sentido de la palabra evolución -delincuencia evolutiva-, el delito político no es un paso que se da hacia atrás en el progreso de la humanidad, sino que es un paso -el delito político- que se da hacia adelante. Por eso ha podido decir Luis Jiménez de Azúa que el delincuente político, el verdadero, marcha hacia el futuro.

Lo que Viaux y sus secuaces trataban de hacer, era tratar de llevar al país hacia atrás, en regresión. No son, pues, delincuentes políticos, tampoco desde ese punto de vista.

No basta, desde luego, que las acciones persigan modificar objetivamente, o cambiar la organización política del Estado, para que estemos en presencia de un delito político; la doctrina rechaza estas interpretaciones.

Es preciso que el nuevo orden al que se aspira signifique un avance, un progreso, en relación con el existente. Nada de eso ocurre en el caso de autos, Ilustrísimo Señor, como lo hemos demostrado hasta la saciedad.

Nada hay en el proceso que se parezca siquiera a los delitos políticos.

Carambola

Hay, finalmente, otro aspecto que tampoco concurre en este caso y que también define, según la doctrina penal universal, el delito político, y es el siguiente: los delincuentes políticos se enfrentan a la institucionalidad, se baten con las fuerzas del orden; es lógico, porque ellos persiguen con la violencia un nuevo orden. ¿Ocurre esto en el presente caso? De ninguna manera. Aquí no hay enfrentamiento franco con la autoridad ni con las fuerzas del orden; se actúa a la distancia, deseando producir efectos por carambola, como veíamos ayer, creando un caos artificial, en la esperanza de que esto decidiera a las Fuerzas Armadas a asumir el control del Gobierno.

Estos delincuentes no se enfrentan, pues, a la institucionalidad, a las fuerzas del orden; por el contrario: pretenden instrumentalízarlas, usarlas, para que las Fuerzas Armadas, engañadas y en la creencia de que efectivamente había un caos, intervinieran en la política del país y asumieran su control.

Es necesario destacar la gravedad de este aspecto de la conspiración, porque lo que pretendían era desvirtuar las funciones de las Fuerzas Armadas; porque las Fuerzas Armadas están para servir a Chile y no están para servir los intereses sórdidos de los complotadores.

Como hemos visto, en esta conspiración y para conseguir los fines personales perseguidos por los conspiradores, se contemplaba la muerte de inocentes y hasta en esto se quería comprometer al Cuerpo de Carabineros, como vimos.

Causa indignación, pues, este intento ominoso de pervertir la institucionalidad y su sentido, mediante el engaño. Yo he leído, hace semanas atrás, con verdadera consternación, un titular de la revista "Patria y Libertad", en que se reproducía una declaración del General Schneider y ocupaba la primera plana. Los titulares más destacados, los únicos titulares de ese número de "Patria y Libertad" a que me estoy refiriendo, decían ahí, reproduciendo una declaración del General Schneider: Las Fuerzas Armadas deben servir a la nación, que es permanente, más que al Estado o al Gobierno, que es transitorio. Pero si, precisamente, los complotadores pretendían que las Fuerzas Armadas no sirvieran a la nación y al pueblo, sino que les sirvieran a ellos, a la consecución de sus sórdidos intereses, porque la nación y el pueblo acababan de manifestar su opinión en las urnas. Se quería, pues, mediante el fraude, que las Fuerzas Armadas se volvieran en contra de la nación y en contra del pueblo, de quien han recibido las armas y que al asumir el control ellas, no se pudiera cumplir con la voluntad popular.

Las fuerzas del orden serían así, pues, utilizadas, usadas o instrumentalizadas en contra del pueblo y la nación para conseguir éxitos en estos planes criminales.

Amantes del derecho

Pero ese intento de pervertir la institucionalidad no debe extrañar, desde luego, de parte de esta clase de complotadores, porque es obvio que ellos no tenían ningún respeto ni por la Constitución ni por el Estado de Derecho, a pesar que con una impudicia increíble, Igualt Ramírez, a fojas 1.682, dice que en el nuevo Gobierno se respetaría el derecho, porque ellos eran amantes del derecho. Verdaderamente ésto lo deja a uno abrumado, porque uno está acostumbrado a que las personas, por impúdicas que sean, guarden siquiera el mínimo de vergüenza, que es precisamente la que falta, como lo comprobamos a cada rato, en la personalidad de estas personas a las que se intenta presentar como héroes.

Juan Enrique Prieto, a fojas 214, en una reunión conspirativa, pregunta por el papel que jugaba la Constitución en todo esto, y en respuesta obtiene risas solamente. Le dicen que hay valores superiores a la Constitución. ¿Cuáles eran estos valores superiores a la Constitución para estos complotadores? Eran las ambiciones de poder, los intereses económicos.

Todo esto contrasta dramáticamente con la posición verdaderamente constitucionalista del General Schneider, que fue la que en último término, la que en definitiva, le causó la muerte.

Espero que haya quedado suficientemente claro que no hay ningún antecedente en el proceso y que por la Inversa, hay muchísimos que demuestran lo contrario, que permita suponer que estamos aquí en presencia de un delito político, o en presencia de delincuentes políticos. Son exactamente el reverso, la antítesis: cobardes, egoístas, sin siquiera planes de Gobierno ni creencias políticas, como no ser un falso, contradictorio e ininteligible "nacionalismo".

Confusión de las defensas de los reos

A continuación me ocuparé de dos aspectos jurídicos de carácter general que de una u otra manera afectan a todos los procesados de la causa y que me evitará entrar a ocuparme con minuciosidad de cada uno de los reos, cosa que por lo demás es imposible.

Estes dos aspectos jurídicos de carácter general son los siguientes: los problemas de concurso de delitos que se plantean en este proceso, y en segundo término, la estructura legal del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado. Pero antes de entrar al estudio de estos dos aspectos jurídicos de carácter, general me referiré a otros dos puntos, que han sido puestos en el tapete de la discusión por la defensa de algunos de los reos -también en este caso por la defensa; de Viaux- y que resultan jurídicamente incoherentes y aun ininteligibles. Me ocuparé primero de estos dos puntos previos, antes de entrar a otros planteamientos que otros abogados han hecho con mayor coherencia.

Se trata de dos aspectos de carácter general sobre los cuales se ha creado por algunas defensas tal confusión, que se en precisas algunas consideraciones a aclarar los conceptos.

Por ejemplo, la defensa de Viaux planteó dos puntos fundamentales: uno, el primero, que estaríamos en presencia -ante todos estos hechos que yo he relatado- de un sólo delito; el delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del citado, que sanciona el alzamiento en contra del Gobierno constituido y la provocación de la guerra civil.

Este sería el único delito cometido. El secuestro, el homicidio, todo lo demás, quedaría absorbido por este delito. Ese es el primer punto. Y el segundo punto (en subsidio): que se trataría de delitos conexos; el secuestro, el homicidio, serían delitos conexos al alzamiento, contemplado en el artículo 4º. Como veremos, estos planteamientos resultan absurdos desde el punto de vista legal y del sentido común.

Argumentos descabellados

Yo voy a criticar estas posiciones ciñéndose a los argumentos en los que se fundamentan, porque más adelante otros defensores plantearon, como dije, con más coherencia el problema relativo a los concursos de delitos, aunque sus planteamientos también resultan extraños y las consecuencias de ellos son a todas luces disparatadas desde el punto de vista jurídico y del sentido común. En este momento quiero referirme solamente a las defensas que han creado mayor confusión en estos puntos. El primer punto es que habría un solo delito, el del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado.

¿Cómo se razona para llegar a tan "brillante" conclusión? De lo que se trataba -se dice- era de alzarse en contra del Gobierno constituido y esta conducta la sanciona el artículo 4." de la Ley 12.927, que se refiere a ella en cualquier forma que se haga o cualquiera que sea el medio que se emplee para realizar dicho alzamiento.

En consecuencia, se dice -puesto que el secuestro del General Schneider era un medio para perpetrar el delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado-, existiría solamente este último delito, que absorbería al secuestro

Esto resulta verdaderamente descabellado, porque según este criterio, aunque los complotadores hubieran matado a cien mil personas con el fin de provocar un alzamiento en contra del Gobierno constituido, existiría un solo delito, el delito del artículo cuarto y la vena no podría exceder de cinco años de privación o de restricción de la libertad. Y bastaría que el delincuente tuviera un atenuante -por ejemplo, que fuera la primera vez que delinque- para que la pena no pudiera exceder de tres años, con lo cual se le podría remitir.

Patente para delinquir

Tal concepción es tan disparatada, que su solo enunciado produce su rechazo haciéndose innecesarias mayores consideraciones, aunque más adelante volveremos sobre este mismo punto de los concursos, pero refiriéndome a los planteamientos que otras defensas han hecho, repito, con cierta mayor coherencia. En este momento estoy destacando la propia incoherencia interna de estos otros razonamientos.

De acuerdo con este parecer de la defensa de Viaux y de la de otros reos, los sediciosos tendrían patentes para cometer los más atroces crímenes, porque se les castigaría únicamente por el delito de sedición, si es que los otros crímenes estaban vinculados de una u otra manera con el fin último de obtener el alzamiento contra el Gobierno constituido.

Esta tesis no ha sido siquiera considerada en ningún lugar del mundo. En Chile, desde luego que no. Siempre se ha condenado en esta clase de procesos, por el delito previsto en la Ley de Seguridad del Estado y además por los restantes delitos que se hayan cometido, previstos en el Código Penal y en leyes especiales, porque una cosa es la Seguridad Interior del país, y otra cosa muy distinta a eso, en este caso, por ejemplo, es la libertad ambulatoria del General Schneider, que era atacada por el secuestro, y la vida del general, que era atacada por el secuestro con daño grave y por el homicidio. Y se trata de dos bienes jurídicos totalmente diferentes, irreductibles uno al otro y que por lo tanto no pueden ser absorbidos en un solo delito.

Si se lesionan todos estos bienes jurídicos, que son diferentes, existen otros tantos delitos y no uno sólo y por todos estos delitos debe responderse; pero no es esto lo más absurdo de la tesis -digo- de la defensa de Viaux y otras defensas. ¿Por qué, cuál sería la consecuencia lógica, desde el punto de vista jurídico? ¿Qué se desprendería de este planteamiento erróneo? Que habría aquí un concurso aparente de leyes penales. Aparentemente se cometerían varios delitos, pero en definitiva existiría sólo el delito de alzamiento, previsto en el artículo 4º. Solo en apariencia se habría secuestrado al General Schneider; sólo en apariencia se le habría asesinado. La verdad sería que sólo realmente se habría cometido el delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado. Esa es la consecuencia "lógica", ¿no es cierto?, porque un delito habrá sido absorbido o consumido por el otro; pero esto no lo dice la defensa de Viaux y otras defensas, sino que lo que dicen ellos es que en mérito de lo anterior existiría concurso ideal de delitos y que por lo tanto debe aplicarse al artículo 75 del Código Penal.

"No me ayude tanto, compadre

Esto resulta miel sobre hojuelas para la defensa del Gobierno, porque, qué más querría el Gobierno que se aplicara el artículo 75 y la regla que allí se establece. Porque, en efecto, ¿cuál es la consecuencia de aplicar el artículo 75 del Código Penal? La consecuencia es que se está afirmando que hay un concurso ideal o material de delitos en relación de medio a fin y sabido es que cuando existe un concurso ideal o material de delitos, existen dos delitos, no un solo delito, sino que dos delitos. Y lo que pasa es que en esos casos se establece por la ley una regla especial de penalidad; ¿y qué es lo que dice el artículo 75? Dice que en estos casos se impondrá la pena mayor asignada al delito más grave; o sea, que no puede resultar más perjudicado Viaux con que se le aplique lo que su defensa pretende, porque habría que aplicarle la pena mayor asignada al delito más grave.

Viaux, si tuviera conocimientos jurídicos, podría decirle a su defensor, y lo mismo otros defendidos a sus defensores, que invocan el artículo 75 del C. P.: "no me ayude tanto, compadre", porque efectivamente es lo peor que se puede invocar en su defensa.

Yo cumplo no más con el deber de destacar la incoherencia Interna entre estos planteamientos y la poca seriedad y consistencia de ellos.

Las defensas de los reos piden el mayor rigor

No menos absurda resulta la segunda defensa que se hace de Viaux. al decir que, en subsidio de lo anterior, se estime que estaríamos en presencia no de un sólo delito, sino que de delitos conexos. ¿Y cual seria la consecuencia de estimar que habría delitos conexos? Según las defensas, según estas defensas, la misma consecuencia anterior; se aplicarla el artículo 75. O sea, el mayor rigor para sus defendidos, la pena mayor asignada al delito más grave. De todas maneras, cabe destacar el profundo desconocimiento jurídico que se demuestra al pretender que estaríamos en presencia aquí de delitos conexos, en el sentido que en el derecho penal internacional se le atribuye a esta expresión, porque estos defensores están confundiendo la institución de los delitos conexos, aplicable en el Derecho Internacional a los efectos de la extradición y el asilo político, con la regla de competencia establecida en el artículo 165 del Código Orgánico de Tribunales. Según esta disposición: SE CONSIDERAN DELITOS CONEXOS PARA ESTOS EFECTOS DE LA COMPETENCIA, NO PARA LOS EFECTOS DEL DERECHO INTERNACIONAL PUBLICO. Se considera, digo, entre otros casos, delitos conexos a aquellos en que un delito es el medio para cometer el otro. De manera que nada tiene de parecido esta institución especial del artículo 165 del Código Orgánico de Tribunales con la otra institución del Derecho Internacional Público de los delitos conexos, aunque como vimos no tenia ninguna consecuencia práctica esta argumentación de la defensa, porque de todas maneras se conducía a que debía extremarse el rigor y a castigarse con la pena mayor asignada al delito más grave, según la regla del artículo 75.

¿Un solo delito?

A continuación me referiré al primer gran problema que planteaba y que es aplicable, en general, a todos los reos de la causa y que se relaciona con el concurso de delitos.

Es evidente que los hechos de la causa revisten mucha complejidad y que no es uno solo el hecho de la causa, sino que muchos -diversos hechos existen en esta causa-, que se encuadran en más de un tipo legal; se encuadran en tres, en cuatro tipos legales. Hay personas que, además de estar en el artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado, lo están en el artículo 6º, que además están en el secuestro con resultado de muerte, etc.

Entonces se plantea el problema de saber si esas personas que objetivamente han realizado conductas que se encuadran en varios preceptos legales, han cometido un solo delito, atendida la finalidad última que se perseguía, que era el alzamiento contra el Gobierno constituido, o han cometido, a pesar de actuar impulsados por esa misma única finalidad, diversos delitos: todos los delitos en los cuales encuadran sus conductas. Este es el problema seudojuridico que se plantea: ¿hay un solo delito o hay varios delitos?

Se ha dicho que los delitos que forman parte del plan subversivo, destinado a impedir que Salvador Allende asumiera la Presidencia, y que están con este plan en relación de medio a fin, no deben castigarse separadamente, y que deben entenderse consumidos o absorbidos por el delito principal: el delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado.

Límite que se coloca

Esta es la posición de los abogados defensores de los reos. Pero estos mismos abogados defensores, salvo los anteriores, a los que me refería, han puesto un límite; por ejemplo, Alfredo Echeberry, que defiende a Cosmelli y a Fontecilla, ha puesto un limité. Ha dicho: "debe aplicarse una sola pena. Y aquí hay un sólo delito, el del artículo 4º", pero con el siguiente limite: "esto no rige sino para delitos menores, o sea, el secuestro simple". El homicidio, el secuestro seguido de muerte, tienen una pena muchísimo mayor que el delito del artículo 4º. Sería absurdo que los absorbiera este último delito: este límite estaría puesto por el sentido común: repito que ésto le reconocen aun algunos de los abogados que defienden a los reos.

Luego, el artículo 4º, según Echeberry, en ningún caso podría consumir o absorber un delito que tenga más penalidad que la establecida en el artículo 4º. O sea, no podría consumir o absorber al secuestro con resultado de daño grave, que tiene pena mayor, y tampoco podría consumir o absorber al homicidio del General Schneider. Esto lo digo para plantear el "debate" en sus justas proporciones. Yo creo que tampoco ningún otro delito puede ser absorbido por el artículo 4º. Pero hago esta distinción para delimitar, lo más propiamente posible, los términos exactos del problema seudojurídico al que se nos obliga a enfrentarnos

¿Puede "desaparecer" el secuestro?

De acuerdo con esta conclusión de Echeberry, el secuestro simple, en cambio, puesto que tiene una pena similar a la del artículo 4º, si deberla entenderse absorbido por el artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado y existiría entonces un solo delito para esta gente: el delito del artículo 4º. Esta tesis se pronuncia por la existencia de un concurso aparente de leyes penales entre las figuras del secuestro simple y la figura del alzamiento prevista en el artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado.

Concurso aparente; no habría delitos diversos, sino que un solo delito, aparentemente habría varios delitos, pero en realidad habría un solo delito, según esta posición: el delito de secuestro no existiría, desaparecería, se esfumaría jurídicamente. El "derecho" lo haría desaparecer.

Existe concurso aparente cuando a un hecho parecen aplicables varias leyes penales que se excluyen entre si, siendo el caso regido en definitiva por una sola de ellas. En los casos de concurso aparente de leyes penales debe optarse por la aplicación excluyente y exclusiva de un solo precepto legal.

Esta es la tesis, entonces, de Echeberry, entre otros abogados de los reos.

Pero inmediatamente se plantea un problema, porque en los casos de concurso ideal en que un hecho constituye dos o más delitos, tenemos que también se da la situación de que unos mismos hechos se adaptan a dos o más tipos legales.

Y en los casos de concursos materiales en que los delitos están relacionados en conexión ideológica de medio a fin, también se plantea el mismo problema de saber si hay un solo delito o hay dos ó más delitos. ¿Cómo distinguir en la práctica cuándo estamos en presencia de un concurso aparente de leyes penales y debemos optar por un solo precepto penal exclusivo, de cuando estamos en presencia de un concurso ideal o material en condiciones ideológicas de medio a fin y debemos aplicar todos los preceptos? Ante un hecho de la vida real, ¿cómo saber si estamos en presencia de un concurso aparente o de un concurso ideal o material? Ante los hechos de esta causa, ¿cómo saber si el secuestro y el alzamiento son concursos aparentes y hay un solo delito, o son concursos ideales o materiales y hay dos delitos, y no uno?

Algunos ejemplos significativos

Coloquemos un ejemplo: Juan, por ejemplo, viola a su hermana María. Su hecho encuadra en dos tipos legales diferentes. Por una parte hay Incesto, porque ha yacido con una de las parientes que la ley prevé. Y por la otra parte hay violación. ¿Se aplican ambos preceptos? ¿Hay dos delitos o hay un solo delito en ese caso? ¿Hay concurso ideal de delitos o hay concurso aparente de leyes penales? Unánimemente la doctrina resuelve este problema diciendo: en este caso hay concurso ideal de delitos. O sea, hay dos delitos y no un solo delito. No hay concurso aparente. Ningún delito absorber al otro. ¿Y por qué, a pesar de haber un solo hecho? Porque el legislador ese sólo hecho lo valora de dos maneras diferentes y lo castiga por los dos aspectos que tiene. Un aspecto de incesto y el otro aspecto de la violación. Precisamente porque el contenido delictivo de esta acción realizada por Juan -en el ejemplo- solamente es captado en toda su plenitud y en toda su significación, por esos dos preceptos: por el de la violación y por el del incesto, aplicados simultáneamente. La aplicación de uno solo de esos preceptos prescindiría de una parte del desvalor de esa acción. Si optáramos solamente por el incesto o solamente por la violación,, no comprenderíamos en la pena todo el contenido de injusto que tiene esa conducta. Estamos en ese caso ante un ejemplo de concurso ideal y no de un concurso aparente.

Coloquemos otro ejemplo para diferenciar nítidamente cuándo hay concurso aparente y cuándo hay concurso ideal: porque a primera vista se puede producir alguna confusión.

En el segundo ejemplo: Juan se apropia de diversas especies que se encuentran en el interior de una casa habitación, para lo cual rompe un vidrio de la ventana a objeto de introducirse en la morada.

Este hecho realizado por Juan encuadra lo menos en tres tipos legales: por una parte encuadra en el tipo legal del robo con fuerza en las cosas. Por otra parte encuadra en el tipo legal de los daños, porque se rompió la ventana. Y finalmente también encuadra en el tipo legal de la violación de domicilio, porque se entró a una morada ajena sin la voluntad de su dueño. ¿Pero se aplican en este caso estos tres tipos legales? ¿Hay tres delitos o habrá solamente uno? En este caso, también la doctrina es unánime: "Ah, dice, no, aquí la situación es diferente. Aquí si que hay un solo delito y no tres delitos, a pesar de que hechos se encuadran en tres preceptos legales distintos; ¿y por que en este caso hay un solo delito y en el caso anterior había dos delitos? Porque aquí si que el contenido delictivo de la acción, el desvalor de ella, está captado en plenitud por un solo tipo legal: por el tipo legal del robo con fuerza en las cosas. ¿Por qué? Por el legislador al castigar el robo con fuerza en las cosas ha tomado en cuenta de acuerdo con lo que normalmente ocurre, de acuerdo con lo que es de ordinaria ocurrencia, el robo con fuerza en las cosas va a ir acompañado habitualmente de daños en la propiedad que se producen precisamente para entrar con fuerza (la que es un elemento de aquel delito) al interior de la habitación. Y ha tomado en cuenta también que en la mayoría de los casos, necesariamente se viola la morada ajena. Y por eso es que castiga solamente por robo con fuerza en las cosas, y no por tres delitos, porque si se castigara por tres delitos estaría sancionando un hecho, un mismo hecho, tres veces.

Lo normal y lo excepcional

Planteemos nuevamente la pregunta: ¿cómo distinguir un concurso aparente de leyes de un concurso de delitos? Debemos partir de una premisa básica: lo normal, no lo absoluto pero la normal, es que si un mismo hecho encuadra en dos o más tipos legales, haya no un solo delito, sino que haya dos o más delitos. O sea, lo normal es que haya tantos delitos como tipos legales sean aplicables. Es decir, lo normal es que haya concurso ideal o concurso material.

Pero hemos visto que en ocasiones hay concurso aparente, y hay un solo delito, ¿y cuándo ocurre esto, que es lo excepcional? Es lo excepcional que encuadra una misma conducta en dos tipos legales, sin embargo haya un solo delito. Esto ocurre en dos casos solamente.

Uno, cuando hay una relación de género a especie entre los dos preceptos.

Por ejemplo: Juan mata a su padre; lógicamente que comete únicamente parricidio; no comete, además, homicidio, porque el precepto de parricidio es especial respecto del homicidio. Esta es la primera situación que es totalmente ajena al caso que nos ocupa, porque evidentemente que el alzamiento del artículo 4º y el secuestro del artículo 141 del Código Penal no están -ni nadie lo ha pretendido- en relación de género a especie.

Entonces veamos cuál es el segundo caso de concurso aparente de leyes penales. Cuando uno de los preceptos que concurren en esta disputa que es el concurso aparente de leyes penales, contiene en si el desvalor de los demás preceptos, lo que ocurría en el robo con fuerza en las cosas, que contenía ya el desvalor del daño y el desvalor de la violación de morada.

El primero es el principio de la especialidad, y este segundo, que estamos viendo ahora, es el llamado principio de la absorción, que se da cuando uno de los preceptos ya contiene el desvalor delictivo del otro precepto que concurre en la disputa.

El principio de la "absorción"

Sabemos que los abogados de los reos han expresado que estamos en presencia de un concurso aparente que debe resolverse con el principio de la absorción o consunción. Y concretamente han dicho que el delito del artículo 4º -el alzamiento contra el Gobierno constituido, que sería el delito fin- es el delito que ya contiene el desvalor delictivo del delito medio, que serla el delito de secuestro.

El artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado habría considerado el desvalor del secuestro, o sea, habría considerado el desvalor de la privación de la libertad ambulatoria de una persona.

¿Y por qué se pretende aplicar aquí el principio de la absorción? Se pretende aplicar el principio de la absorción porque este principio entre otras situaciones entra a regir cuando un delito es el medio conceptualmente necesario o más o menos inherente para cometer otro delito. Es el medio normal de la comisión de otro delito. Era lo que pasaba en el robo con fuerza en las cosas con el daño. El daño, la violación de morada, generalmente son el medio de comisión del robo. De modo que el robo con fuerza en las cosas normalmente no se puede cometer sin que previamente se cometa el delito de daños y el delito de violación de morada.

Entonces, se pretende que aquí la situación es idéntica.

¿Acompaña el secuestro al delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado?

El secuestro habría sido el medio, no solamente dentro del plan de los autores, sino que el medio que normalmente acompaña conceptualmente a la comisión de delito del artículo 4º. Se dice que el artículo 4º, conceptualmente, es casi imposible que se cometa, que se configure, que se consume, si es que no se comete el delito de secuestro. Esto es lo que se pretende.

Pero veamos si es verdad, que el secuestro es un delito que acompaña normalmente, según la realidad de la vida, según lo que habitualmente ocurre, al delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado -porque los mismos defensores han puesto este requisito previo y dicen que para aplicar el principio de la absorción es preciso que uno de los delitos acompañe normalmente al otro-, veamos, pues, si conceptualmente el secuestro acompaña normalmente al delito previsto en el artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado.

Basta, Ilustrísimo Señor, leer el artículo 4º y las distintas formas delictivas que se contienen en el artículo 4º, para darse cuenta de una vez por todas y en forma Irrebatible que el secuestro normalmente no es el medio para cometer el delito del artículo 4º, y por lo tanto, cae por la base el presupuesto que los mismos abogados defensores hablan colocado; que sea el medio que normalmente acompaña al delito del artículo 4º.

Por ejemplo, tomemos el caso de la letra "C". "Los que se reúnan, concierten o faciliten reuniones destinadas a proponer el derrocamiento del Gobierno constituido, o a conspirar contra su estabilidad". Este es un delito de peligro y más encima un delito de peligro abstracto, que no requiere siquiera para consumarse que se produzca un riesgo concreto para la seguridad del Estado. Basta que se realicen estas reuniones conspirativas para que este delito se consume; ¿y qué tiene que ver la consumación de este delito con el secuestro? ¿Es el secuestro normalmente necesario para cometer el delito de la letra "C" del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado?

¿De la misma manera que el daño lo era para cometer el robo con fuerza en las cosas? Evidentemente que no; nunca el secuestro acompaña al delito de la letra "C" del artículo 4º y nunca normalmente acompaña a ninguna de las otras formas delictivas contempladas en el artículo 4º y tampoco a la conducta básica descrita en el encabezamiento de dicho precepto, porque se trata de un delito de peligro abstracto, de un delito formal y una conducta que está muy distante todavía de la sublevación propiamente tal, como incluso lo han reconocido los propios abogados defensores de los reos.

De manera, pues, que pretender que el secuestro queda consumido o absorbido por el artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado, porque lo acompaña normalmente, es un absurdo; el secuestro no acompaña nunca al delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado. Conceptualmente -y esto es lo que importa-, conceptualmente, no lo acompaña; otra cosa es que en el plan concreto del hechor lo haya acompañado, pero eso no basta, porque para aplicar el principio de la absorción es preciso que conceptualmente, en abstracto, un delito sea la forma de comisión normal del otro.

Otro ejemplo ilustrativo

Coloquemos un nuevo ejemplo, para apreciar la situación en su verdadera dimensión. En la primera alternativa del ejemplo, Juan viola a María. Como María opone tenaz resistencia, Juan a fin de reducirla y de vencer su voluntad le propina golpes que le causan lesiones leves y después la viola. ¿Juan responde únicamente por violación o responde además por lesiones leves? Evidentemente que responde únicamente por violación, porque la violación en la hipótesis de violación con violencia, contiene ya el desvalor de ciertas lesiones leves que se van a causar a la victima al oponer resistencia. Así es que serla absurdo castigar también por las lesiones leves. ¿Por qué? Porque las lesiones leves acompañan normalmente, conceptualmente, al delito de violación y por eso no pueden ser consideradas como un delito separado.

Pero veamos la segunda alternativa del ejemplo. Juan también desea violar a María, pero sabe que los hermanos de María constantemente la cuidan y vigilan. Por eso planea quitarlos de en medio a fin de lograr su propósito, y un día, entonces, va de visita a casa, de María y en un momento de descuido golpea a los hermanos de María, los deja inconscientes y con lesiones de mediana gravedad en la cabeza; después viola a María, a la que también le causa lesiones durante la lucha que se traba entre ellos.

Juan, desde luego, responde por el delito de violación. ¿Responde también de las lesiones a María? Ya vimos que no. ¿Pero responde de las lesiones causadas a los hermanos de María que la estaban vigilando? Desde luego que si, responde de esas lesiones. Por más que en su plan concreto esas lesiones estén en conexión de medio a fin con el objetivo final que él persigue de violar a María. ¿Y por qué no responde de las lesiones causadas a María y si de las lesiones causadas a los hermanos de María? Precisamente porque las lesiones causadas a María forman parte normalmente de la violación y la ley ya ha considerado ese desvalor. Pero las lesiones causadas a terceros extraños que vigilan a la victima no forman parte de una comisión normal del delito de violación y por lo tanto el delito de violación no puede haber considerado ya ese otro desvalor. Y ante un ejemplo semejante, la doctrina penal universal está de acuerdo en que las lesiones causadas a los hermanos de María constituyen un delito aparte, un delito de lesiones, y que por ese delito debe responder Juan, por más que dentro de su plan concreto el arguya que esas lesiones formaban parte de su plan, estaban en conexión de medio a fin. Entonces se le responde: eso a usted no le sirve, señor, a usted le sirve únicamente invocar ese argumento respecto de las lesiones causadas a María; porque si que estas lesiones formaban parte normalmente de la violación, pero no esas otras; esas otras son un medio contingente, un medio accidental, no un medio conceptual o algún medio normal de comisión de las violaciones.

Pues bien, vemos que en el presente caso existe lo mismo, dentro del plan concreto de los complotadores; el secuestro era un medio para producir el alzamiento final, pero eso no basta -como vimos- para que estemos en presencia de un concurso aparente que deba ser resuelto por la aplicación del principio de la absorción, por la sencilla razón que el secuestro no acompaña normalmente a los delitos del artículo 4º. No los acompaña nunca, no sólo normalmente, sino que no los acompaña nunca, así que es imposible, pues, pretender aplicar el principio de la absorción.

La opinión de la doctrina

Veamos lo que dicen los autores de Derecho Penal sobre este tema: por ejemplo, Hans Welzel, uno de los más destacados penalistas alemanes de la actualidad, y que es el autor más liberal en materia de concursos aparentes de leyes penales. Welzel quiere que todo sea concurso aparente, quiere que haya un solo delito; siempre quiere que un delito -lo digo así- absorba todos los delitos; así, pues, que por eso nosotros citamos a Welzel. que es el autor más liberal en materia de concursos; o sea, el que más perjudicial podría ser para nuestra tesis. ¿Y qué dice welzel? Welzel, sin embargo, reconoce que en casos como éste, estamos en presencia, no de un concurso aparente de leyes en que haya un solo delito, sino que en presencia de un concurso ya material o ya ideal, en que hay dos o más delitos. Precisa este autor que el principio de absorción o consunción sólo se aplica cuando conceptualmente un delito es la forma normal de otro.

Y esto se desprende también de los ejemplos que coloca, aparte de las afirmaciones científicas que hace. Coloca el siguiente ejemplo: estoy citando la última edición de la obra de Welzel, la página 309 de su Derecho Penal Alemán. Dice: cuando alguien, por ejemplo, hurta una pistola para asesinar con ella a otro, y ésto también lo realiza, abraza todos los actos aislados en un único y gran contexto final, puesto por la voluntad (pareciera que hasta aquí nos está dando en la cabeza); pero de acuerdo al contenido de sentido social jurídico de este contexto final, ya el hurto de la pistola forma una unidad de injusto cerrada en si misma, y a esta unidad de injusto cerrada en si misma, formada por el hurto, se agrega el asesinato como otra unidad de injusto independiente, y por lo tanto, se responde en ese ejemplo de hurto y de asesinato, por mucho que dentro del plan que se trazó, del plan completo que se trazó el autor, dentro de ese plan, el hurto no se explica sino en relación con el asesinato.

Pero eso a la ley no le basta, porque para que haya absorción y un solo delito es preciso que el delito medio sea la forma normal, conceptualmente, de comisión del otro delito y eso no pasa aquí, en el caso del hurto de la pistola para matar.

Tampoco pasa -como vimos- en el secuestro del General Schneider; porque si bien dentro del plan el secuestro estaba destinado a producir el alzamiento final, aquél no es un medio que normalmente acompaña al artículo 4º, porque el artículo 4º es un delito de peligro abstracto y formal que se satisface incluso por las puras reuniones conspirativas, por lo que mal pudo haber incluido el desvalor que representa el secuestro. Y, en fin, Welzel coloca otros ejemplos Igualmente claros, en que sostiene que hay dos delitos y no uno solo.

Por ejemplo, una persona está cometiendo un delito de violación de morada: ha entrado en una morada sin la voluntad de su dueño y llega el dueño, y como al delincuente le interesa mantenerse en la morada, le pega al dueño para que se vaya y lo lesiona. En este caso, se podría decir, hay un delito, el de violación de morada, porque las lesiones están en relación con ese delito. Sin embargo, Welzel es clarísimo: en este caso hay concurso ideal entre lesiones y violación de domicilio y hay dos delitos. Y en muchos otros ejemplos. ¿Y por qué esto? Porque ninguno de los dos tipos legales, examinados separadamente, por sí sólo haría justicia al contenido de injusto de la acción. Y sólo los dos tipos legales, los tres o los que sean, agotan el hecho en todos sus respectos. Aplicar solamente uno de ellos significa abarcar solamente uno de sus sentidos y no todos.

Bien, lo que queremos que haya quedado claro es que hay que distinguir en los casos en que un delito es el medio de comisión del otro. Hay que distinguir entre dos cosas bien distintas; la primera es que conceptualmente un delito sea el medio normal de comisión del otro, lo que vimos que pasaba con las lesiones leves inferidas a la victima de una violación, y lo que vimos que pasaba también con los daños en el delito con fuerza en las cosas.

Ahí hay un solo delito porque el delito primero que se comete es el medio normal de cometer el otro delito.

Pero la otra situación se da cuando si bien es verdad que hay una cierta vinculación de medio a fin entre los dos delitos, el delito medio no es el medio normal para cometer el otro, sino que es un medio que accidentalmente se da en forma contingente dentro del plan trazado por el autor, como vimos que era la situación del que hurta para matar; ahí hay dos delitos y no uno solo

Si queremos una razón de texto en nuestra legislación para corroborar lo que venimos exponiendo, basta citar el mismo artículo 75 del Código Penal. El artículo 75 del Código Penal se refiere a dos situaciones diversas; una, el concurso ideal propiamente tal, y otra, el concurso ideal llamado impropio, pero que en verdad es un concurso material de delitos que están en relación de medio a fin. Dice: "la disposición del artículo anterior no es aplicable en el caso de que un solo hecho constituya dos o más delitos, o cuando upo de ellos sea el medio necesario para cometer el otro". En ambos casos se aplicará la pena mayor asignada al delito más grave. El artículo 75 nunca tendría aplicación si bastara que en el plan del hechor los delitos estuvieran en relación de medio a fin, pues siempre habría un solo delito y no dos, y el artículo 75 exige que haya dos delitos.

De manera, pues, que nos parece de toda evidencia que en el presente caso no se puede invocar el principio de la absorción y estimar que hay un solo delito. Sería realmente insensato pretender que el artículo 4º -que contempla alzamientos muy especiales de peligro abstracto, formales, y que están muy lejas de la consecución del fin último, que se satisfacen con reuniones conspirativas- digo, que el artículo 4º hubiera ya considerado el desvalor de un delito que, como el secuestro, no tiene nada que ver con el artículo 4º, conceptualmente.

Luego, el artículo 4º no puede, pues, absorber al secuestro y ambas figuras conservan plenamente su autonomía. Podría citar otras muchas razones jurídicas y opiniones de tratadistas, pero estoy urgido por el tiempo y espero que con las razones que he dado respecto de este punto, haya quedado bien claro lo que he venido sosteniendo.

El secuestro vino después

Pero antes de pasar al otro punto quería referirme a una situación de hecho, que dice relación con este mismo problema seudojurídico; se parte de la base de que el secuestro era el medio para cometer el delito del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado. Y esto que se acepta tan livianamente, sin embargo no resiste el menor análisis. ¿Por qué, Ilustrísimo Señor? Porque el delito del artículo 4º ya se encontraba cometido y se encontraba consumado cuando se cometió el secuestro del General Schneider. De manera, pues, que a menos de aceptar un secuestro que opere retroactivamente como medio, se impone con vehemencia a la razón que el secuestro no fue el medio de cometer un delito que ya estaba cometido, un delito que estaba cometido con las primeras inducciones al alzamiento, de acuerdo con la letra a) del artículo 4º, o con las primeras reuniones conspirativas (letra c), y que estaba plenamente consumado, y que si se hubiera descubierto la conspiración en ese momento, se habrían aplicado esas penas.

El secuestro vino después. No era un medio para cometer el delito del artículo 4º. Es verdad que era un medio para conseguir los fines últimos perseguidos por los complotadores. Pero esos fines últimos perseguidos por los complotadores -el triunfo de su movimiento- desde luego que no forman parte del tipo legal del artículo 4.P, que es mucho más modesto y que es un delito de peligro abstracto y un delito formal que se satisface con las primeras manifestaciones de peligro para la Seguridad Interior del Estado; de manera pues, que se atenta en contra de las más elementales normas del pensamiento lógico, cuando se pretende que el secuestro era un medio de cometer el alzamiento del artículo 4º, en circunstancias que el alzamiento del artículo 4º estaba cometido antes de que se realizara el secuestro.

Pero hay, además, otras razones que impiden también aplicar el principio de la absorción en este caso y están contenidas en la ley, Ilustrísimo Señor, lo mismo que las que he dado.

Sanciones separadas

Una de ellas es el artículo 131 del Código Penal, que a la letra dice: "los delitos particulares cometidos en una sublevación, o con motivo de ella, serán castigados respectivamente con las penas designadas para ellos". El artículo 131, pues, es categórico; se pone en el caso no sólo de que durante una sublevación (y no solamente durante una sublevación, porque podría decirse que se trata de delitos accidentales), sino que también con motivo de una sublevación se cometan delitos particulares, y ordena que sean castigados respectivamente con las penas designadas paca ellos. Y esto lo dice la Ley para las sublevaciones, en las cuales están incluso incluidos los alzamientos a mano armada del artículo 121.

Si durante un alzamiento a mano armada del artículo 121 se comete un secuestro que sea el medio para cometer la sublevación, el secuestro, de acuerdo con el artículo 131, debe castigarse separadamente, porque así lo dice este precepto. Entonces, con mayor razón, los secuestros que se cometan, no ya en un alzamiento a mano armada, sino que los secuestros que se cometan durante un alzamiento como el del artículo 4º, desde luego que también deben sancionarse separadamente, porque si ni siquiera el alzamiento a mano armada consume al secuestro que se comete con motivo de ella, menos aún las simples reuniones conspirativas o la simple inducción a subvertir el orden público van a consumir ese mismo delito. Sería realmente absurdo y a la ley no puede imputársele una muestra de irracionalidad semejante.

El mismo abogado Echeberry, en su obra de Derecho Penal, en el tomo cuarto, dice que el artículo 121 del Código Penal es una excepción, incluso, no ya solamente al concurso aparente de leyes penales, sino que es una excepción hasta al artículo 75 del C. P. y que aquí hay un concurso material de delitos; lo dice expresamente, aun cuando los delitos estén en relación de medio a fin; eso no obsta, lo dice Echeberry, para que se sigan considerando los delitos como dos unidades de injusto independientes y para que por ambas se responda.

Pero hay además otra razón de texto y es el artículo 22 de la Ley de Seguridad del Estado, según el cual los delitos sancionados por esta Ley, que se perpetraren durante la sublevación o alzamiento contra el Gobierno constituido, serán castigados con las penas acumulativas correspondientes a todos los delitos cometidos.

La Ley en materia de Seguridad del Estado ha sido tan rigurosa, que ni aun en estos casos en que se cometen delitos previstos en esta Ley de Seguridad del Estado, y que están relacionados con la sublevación o el alzamiento, ha permitido que el delito fin consuma a los delitos medios; ni aun en este caso a pesar de que atentaban en contra del mismo bien jurídico, y de que cualquiera pudiera considerar a primera vista desconcertante castigar, por ejemplo, por el alzamiento a mano armada del artículo 121 del Código Penal y castigar, además, por < los actos de terrorismo de la letra a) del artículo 6.9. Pero el artículo 22 obliga a castigar separadamente por ambos delitos; esto nos está demostrando hasta la saciedad que no puede pretenderse que el alzamiento del artículo 4º consuma o absorba al secuestro, que le es totalmente ajeno, porque de así considerarse se pasarla no solamente por los conceptos jurídicos más elementales, no solamente por las doctrinas penales aceptadas universalmente, sino que además se pasarla por encima de la letra y del espíritu de los preceptos legales a lo que he hecho alusión y que no dejan ninguna duda acerca de lo que vengo planteando.

Este último razonamiento que dice relación. con el artículo 22 de la Ley de Seguridad del Estado, demuestra que a aquellos reos que se encuentran incluidos en el artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado, y en el artículode la Ley de Seguridad del Estado, deben aplicárseles, contrariamente a lo que hace la sentencia, las penas acumulativas correspondientes a estos dos delitos, porque así expresamente lo dice el artículo 22, de acuerdo con lo que he dicho, y pido formalmente que se tenga presente esta consideración al dictarse la sentencia de segunda instancia, porque implica una modificación importante respecto de la sentencia de primera instancia.

A propósito de terrorismo

Hay otro aspecto, por último, de los concursos de delitos que debo tratar: es el relativo a la situación en que se encuentran las personas que cometieron, no solamente un acto de terrorismo, ni colocaron una sola bomba, sino que cometieron varios atentados terroristas y responden en la sentencia solamente por un atentado terrorista. Deben responder por todos los atentados terroristas que cometieron. También en esta parte pido que se modifique la sentencia de primera instancia que considera que se debe castigar solamente por un solo delito. Porque a mí me parece sumamente peligroso que una persona que pone una bomba hoy día, que pone otra bomba mañana, que pone una tercera bomba una semana después, una cuarta y una quinta meses después, con una única finalidad de crear alarma y caos, cuando sea sorprendido y juzgado se vaya a considerar que solamente ha cometido un solo delito; porque esto querría decir -Ilustrísimo Señor- que solamente se le estarla sancionando por el primer atentado terrorista y que los demás atentados quedarían impunes.

Se me podrá refutar diciendo: Ud. no ha oído hablar del delito continuado. Pero no estamos aquí en presencia de un delito continuado. ¿Por qué? Porque aparte de que el delito continuado ha sido calificado por los autores como un fetiche jurídico, Imposible de aprehender, casi, desde el punto de vista lógico, si hay algo que caracteriza al delito continuado es esa suerte de indiferencia que hay en que la conducta delictiva se cometa por partes o que se cometa toda entera de una vez; y siempre se pone como ejemplo de delito continuado el siguiente. Se dice: Supongamos que una persona que vive con otra le hurta los 20 cigarros que tiene en una cajita; pero no se los hurta en una misma ocasión, sino que un día le hurta un cigarro, otro día le hurta otro, etc. Nadie pretenderá que se vayan a cometer tantos hurtos como cigarros hayan sido hurtados, porque el sentido común lo está diciendo, ya que no el sentido jurídico, porque a discutir esto se han entregado todos los tratadistas sin resultados. Pero el sentido común nos está diciendo que es indiferente, ¿no es cierto? que se hurte toda la caja de una sola vez, o que se la hurte por partes. Pero muy distinta es la situación en este proceso. No es indiferente que se cometa un acto terrorista que afecta a tal persona en sus bienes, a tal otra persona en su integridad física, a que se cometan diez, veinte atentados terroristas. Este caso es totalmente distinto al de los cigarros.

Porque si se estimara que en este caso hay un solo delito de terrorismo y no tantos delitos de terrorismo como atentados terroristas se ejecutaron, habría que aceptar, para mantener una línea de pensamiento consecuente, que si yo el día de mañana asalto la casa matriz de un banco, una semana después asalto una de sus sucursales, un mes después asalto la tercera sucursal, habría cometido un solo delito, porque mi propósito habría sido el mismo; arruinar al banquero. Es absurdo y nunca nadie lo ha pretendido, como igualmente inadecuado jurídicamente sería estimar que en este caso hay un solo delito de terrorismo, porque muchos son los atentados terroristas y cada uno de ellos por separado merece sanción.

Los que en cualquier forma o por cualquier medio

A continuación entro a ocuparme del otro aspecto de carácter jurídico general al que aludía precedentemente y que de una u otra manera, al igual que el anterior, afecta a todos los reos de la causa. Y es la estructura del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado.

Deberé ser muy breve porque estoy muy urgido por el tiempo.

Se ha criticado la tesis de la sentencia de considerar que el delito del artículo 4º estaría configurado en su encabezamiento, que dice que lo cometen "los que en cualquier forma o por cualquier medio se alzaren en contra del Gobierno constituido o provocaren la Guerra Civil, y especialmente...". Enumera siete casos (letras "a" a "g").

Porque se agrega que en realidad los delitos son los contemplados taxativamente en cada una de estás letras y que no hay más delitos que aquellos a que se refieren las letras "a" a "g", del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado. Esto es lo que se ha dicho.

En mi opinión, el delito del artículo 4º está configurado en su encabezamiento. Como veremos, claramente se desprende esto, no solamente de su letra sino que del espíritu, de la finalidad y de la historia de la Ley y del mismo sentido común.

En efecto, se sanciona a los que en cualquier forma o por cualquier medio se alzaren en contra del Gobierno constituido o provocaren la guerra civil; y, especialmente, o sea, y sobre todo, a tales y cuales personas; pero no únicamente a esas personas, porque previamente se ha dicho que no solamente, sino que especialmente eran ellos los sancionados; lo mismo que los que en cualquier forma o por cualquier medio se alzaren en contra del Gobierno constituido; y en las letras "a" a "g" no están contemplados ni todas las formas ni todos los medios que existen para alzarse en contra del Gobierno constituido o para provocar la guerra civil. Hay otras formas de cometer este delito que no están incluidas en ninguna de esas letras, pero que deben sancionarse conforme con el encabezamiento del precepto.

Se ha comparado por algunas defensas el encabezamiento del artículo 4º con el encabezamiento de los artículos 1º y 6º.

El encabezamiento del artículo 1º dice: además de los delitos previstos en tales y cuales partes cometen delito contra la soberanía nacional, y nace una enumeración. y el artículo 8º dice: cometen delito del orden público tales o cuales personas. Y en la simple comparación, pues, del encabezamiento de los artículos 1º y 6º, aparece que el encabezamiento del artículo 4º no se limita -y en esto se diferencia de los otros encabezamientos- a señalar el bien jurídico protegido -la Seguridad Interior del Estado-, porque además de cumplir esa finalidad, estructura un verdadero tipo legal; "el que en cualquier forma o por cualquier medio se alzare contra el Gobierno constituido o provocare la guerra civil". Un tipo legal que tiene su sujeto activo determinado (los que) sus verbos rectores (se alzaran en contra del Gobierno constituido o provocaran la guerra civil) , sus conductas y sus medios comisivos. Otra cosa es que sea más o menos ardua la tarea de interpretación para determinar cuáles son los limites típicos del artículo 4º. No sería la primera vez que el legislador es vago, pero lo que no puede discutirse es que el legislador, claramente, ha pretendido establecer un tipo legal y cuando el sentido de la ley es claro, de acuerdo con el artículo 19 del Código Civil, no debe desentenderse a su tenor literal y como veremos, el sentido del artículo 4º es perfectamente claro. Porque lo que el artículo 4º persigue no es otra cosa -Ilustrísimo Señor- que paliar las deficiencias del Código Penal respecto de la protección de la Seguridad Interior del Estado y por eso es que estos delitos -como lo han reconocido todas las personas que se han ocupado de ello- son delitos de peligro abstracto, son delitos formales.

Carlos Künsemüller, que recientemente ha escrito su memoria de prueba sobre los delitos atentatorios de la Seguridad Interior del Estado, contenidos en leyes especiales, dice que desde el punto de vista del objeto jurídico las infracciones están configuradas como delitos de peligro, por cuanto no es condición de la sanción penal la producción de un daño o de un menoscabo efectivo del bien jurídico.

En efecto, para que aquélla reciba aplicación basta la existencia de un mero riesgo, la posibilidad de que se produzcan las consecuencias ya referidas; hilando más fino la última consideración, podemos sostener que la mayoría de las figuras, a más de pertenecer al género de delitos de peligro, pertenecen a la especie de los de peligro abstracto, por cuanto la ley simplemente presume en determinadas circunstancias un peligro para la soberanía del poder del Estado y lo sanciona sin entrar a exigir la producción efectiva de un riesgo cierto para aquélla.

La ley no se ha amarrado las manos

Esta ha sido la finalidad del artículo 4º, y por eso la amplitud de sus términos en su encabezamiento.

No ha sido la finalidad de la ley amarrarse las manos y decir: "estas figuras solamente que se consideran en las letras "A" a "G" soy yo el que las sanciona". Porque esto sería verdaderamente absurdo.

Hay muchas otras conductas que uno puede imaginar, que son mucho más graves y que atontan más gravemente contra la Seguridad Interior del Estado y que tampoco están contempladas en el Código Penal y que no encuadran en ninguna de las letras "A" a "G" del artículo 4º.

Habría que llegar a la conclusión absurda de que mientras se sanciona, por ejemplo, el solo hecho de concertarse para celebrar una reunión conspirativa -o sea, si se sanciona como un delito consumado un simple acto preparatorio-, no se sancionarían otras actuaciones dentro de una conspiración que pueden ser mucho más graves; ésta es una deformación formalista, un mal uso de los conceptos jurídicos: pretender desvirtuar así la finalidad clarísima de la ley.

El mismo abogado Luis Ortiz ha sostenido en estos estrados que el delito no está contenido en el encabezamiento, sino que en las respectivas letras. Sin embargo, al contestar la acusación de Boris Ravest, expresa categóricamente, que las letras "A" a "G" son formas específicas del encabezamiento del artículo 4º; y que el tipo legal está descrito en dicho encabezamiento. Y esto es obvio que es así, Ilustrísimo Señor, porque de lo contrario querría decir que las expresiones que usa la Ley -por cualquier forma, por cualquier medio- no tendrían ningún sentido; porque a pesar de haber dicho la Ley: cometen este delito los que por cualquier medio o en cualquier forma se alzan en contra del Gobierno constituido, habría que llegar a la conclusión que esto es falso; que los que por cualquier medio o por cualquier forma se alzan contra el Gobierno constituido no cometen este delito; que solamente se sanciona aquí a los que se alzan en las formas previstas taxativamente en dichas letras. Seria, pues, desatender el tenor literal clarísimo del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado.

En fin, se podrían hacer otras muchísimas consideraciones para demostrar que el delito está descrito en el encabezamiento y que las letras no son sino formas ejemplares de los distintos medios o formas de comisión de este delito, atendida la finalidad -como decía- que ha perseguido al legislador de ampliar y no de restringir la protección de la Seguridad Interior del Estado.

Incluso se ha dicho que el Fiscal y aun el Supremo Gobierno discrepan de la tesis del sentenciador y que también hasta el Supremo Gobierno creerla que el tipo legal no está contemplado en el artículo 4º, sino que en las distintas letras.

Yo no sé cuál será el pensamiento íntimo del Fiscal, pero por lo que respecta a nuestro propio pensamiento, puedo decir que nunca hemos sostenido que el delito no esté contemplado en el encabezamiento. Cuando nos adherimos al dictamen del Fiscal, que mencionaba en cada caso las letras, estuvimos de acuerdo, porque estamos convencidos que la actuación de los reos se encuadra no solamente en el encabezamiento del artículo 4º sino que se encuadra en cada una de las letras a las que hace alusión el señor Fiscal. Y al intentar demostrar cuál es la interpretación correcta del artículo 4º, sólo estoy cumpliendo con mi deber profesional, para el caso hipotético de que se aceptara la tesis de algunos reos en el sentido de que ellos, si bien participaron en la conspiración, no estarían afectados por las letras concretas previstas en el artículo 4º.

A mí me indujeron

Algunos reos han pretendido que sus conductas no se encuadran en ninguna de las letras del artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado. Ellos dicen: "Si, señor, yo participé en la conspiración, yo realicé actos útiles a la conspiración, pero sin embargo, no estoy ni en la letra "a" porque yo no fui el inductor, sino que fui el inducido, ni estoy en la letra "a" porque tampoco me reunía a conspirar". Eso es falso, todos se reunieron para conspirar, por lo cual de todos modos deben ser sancionados.

Otros dicen: "no estoy en la letra "D", porque yo no quería sustituir a la fuerza pública, sino que quería ayudar a la fuerza pública", etc.

Con estas argumentaciones pretenden escabullirse de las letras concretas previstas en el artículo 4º, pese a que ellos reconocen su participación en la conspiración. Precisamente el artículo 4º, al establecer este tipo legal amplio en su encabezamiento, está persiguiendo que las personas que han participado en las conspiraciones no escabullan su responsabilidad, alegando que no se encuentran en ninguna de esas letras, porque esas letras se dieron por la simple vía ejemplar y no son las únicas formas de cometer el delito. Porque a la Ley debe suponérsele una mínima racionalidad, y seria francamente absurdo que mientras se sancionara una simple reunión conspirativa o aun una simple facilitación de una reunión conspirativa, no se sancionara a personas que han tenido más destacada intervención en la conspiración, en el complot.

Querría decir que la Ley, que el. legislador y la Ley se han vuelto locos; que establecen ciertas normas que no tienen sentido y ningún significado. Y sabemos, y aun lo saben los estudiantes de Derecho del primer ano, que las interpretaciones que conducen al absurdo; las interpretaciones que conducen a negarles sentido a los preceptos, las interpretaciones que conducen a tener la letra de la Ley por letra muerta, lo que ocurriría si se aceptaran estas tesis disparatadas, deben ser rechazadas.

No puedo referirme a cada una de las argumentaciones que han hecho las defensas de los reos, para tratar de escabullirse de las respectivas letras, por falta de tiempo. Eso seria además innecesario, pues de acuerdo con lo que se expresa en el dictamen del señor fiscal y en la sentencia, las actuaciones de los reos se encuadran con precisión en dichas letras. De todas maneras, como vimos, ese encuadramiento perfecto no sería necesario porque, a lo menos, todos -salva contadísimas excepciones a las que luego me referiré- están confesos de haber participado en la conspiración. Sin embargo, me ocuparé de algunos aspectos pintorescos de las defensas de los reos en este sentido. Por ejemplo, algunos reos reconocen haber participado en la conspiración y el Fiscal dictó acusaciones en contra de ellos por la letra "a" del artículo 4º, según el cual se castiga a los que inciten o induzcan a la subversión del orden público o a la revuelta, resistencia, o derrocamiento del Gobierno constituido, etc. Entonces ellos dicen, no obstante -repito- reconocer su participación en la conspiración: "yo no induje a nadie, a mí me indujeron y por lo tanto debe absolvérseme del artículo 4º", a pesar de que participaron en reuniones conspirativas, y en consecuencia caen en la letra "c". Y aunque no hubieran participado en reuniones conspirativas, y me pongo en esta situación hipotética, sólo para los efectos del análisis, de todas maneras caerían dentro del encabezamiento del Art. 4º.

Otros dicen -algunos de los que están en la letra D del Art. 4º que consiste en incitar, inducir, financiar o ayudar a la organización de milicias privadas, grupos de combate u otras organizaciones semejantes, o en formar parte de ellas, con el fin de sustituir a la fuerza pública, atacarla o interferir su desempeño, con el objeto de alzarse contra el Gobierno constituido- que efectivamente ellos incitaron, facilitaron, indujeron o ayudaron a la organización de milicias privadas (esto lo dicen Cosmelli, Fontecilla, Vinet -entre otros-), pero agregan que se da solamente la primera parte del tipo legal, porque na se dan en el caso nuestro -dicen- las finalidades que la ley exige: que estos grupos de combate tengan por fin sustituir a la fuerza pública, atacarla o interferir en su desempeño, con el objeto de alzarse contra el Gobierno constituido.

Pretendían alzarse, porque hasta ellos mismos lo reconocen, pero dicen que no pretendían sustituir la fuerza pública, ni atacarla, ni interferir en su desempeño. ¿Y cuál es la excusa que dan para decir que pese a organizar estas milicias privadas, la finalidad no era sustituir a la fuerza pública? Dicen: "nosotros creíamos que la fuerza pública y los altos mandos de las Fuerzas Armadas estaban con nosotros; entonces, al formar estos grupos de combate o milicias privadas, no estábamos sustituyendo a la fuerza pública, sino que, por el contrario, la estábamos ayudando". Estas argumentaciones, Ilustrísimo Señor, son disparatadas, son muy poco serias y el solo enunciarlas es una injuria gratuita para las Fuerzas Armadas. Además, yo no creo que los reos supusieran que las Fuerzas Armadas como institución estuvieran interviniendo en el complot, pero aunque lo hubieran creído, existe igual el delito porque sustituir a la fuerza pública no significa liquidar a la fuerza pública y ponerse ellos en vez de la fuerza pública, sino que realizar funciones propias y privativas de la fuerza pública; ésta no necesitaba, para cumplir con su misión, de ayuda privada alguna, y menos del auxilio de los golpistas.

Arrebato y obcecación

De manera, pues, que con toda esta clase de triquiñuelas se pretende sacar a los diferentes reos de las letras específicas del Art. 4., y que se dicte sentencia absolutoria en contra de ellos, aun respecto del alzamiento contemplado en el Art. 4º, pese a que ellos mismos reconocen que participaron en la conspiración. Hay otras perlas jurídicas de este estilo. Por ejemplo, otros abogados pretenden que a sus defendidos se les aplique la atenuante del Nº 5 del Art. 11 del Código Penal, que consiste en actuar por motivos tan poderosos que naturalmente provoquen arrebatos u obcecación. Esta es una atenuante pasional; siempre se pone el caso del marido -por ejemplo- que mata a su mujer cuando la sorprende en adulterio. Entonces sí, se dice, es comprensible la reacción del marido y por eso se le beneficia con esta atenuante pasional.

¿Y cuál es la razón que dan los reos, algunos de elfos, para pretender asilarse en esta atenuante? Dicen: "a nosotros nos producía arrebato y obcecación que la Unidad Popular asumiera el Gobierno del país".

Esto no merece consideración alguna, Ilustrísimo Señor, porque es nuevamente otra falta de seriedad inaudita en la exposición de los problemas.

Camilo Valenzuela: una de las piezas fundamentales

A continuación me voy a referir a la participación en el complot de dos reos, que son Camilo Valenzuela Godoy y Hugo Tirado Barros, que a diferencia de los demás, han negado su participación en esta conspiración.

En primer lugar me ocuparé de la situación en que se encuentra Camilo Valenzuela Godoy.

A Camilo Valenzuela Godoy le cupo, indiscutiblemente, una participación decisiva en la conspiración. Era una de las piezas fundamentales, como veremos. Desde luego, se pretendía así, darle más peso a esta conspiración. Además, como él era General del Ejército (era la quinta antigüedad del Ejército), colaboraría desde dentro con este plan conspirativo que se preparaba. Ocuparía un alto cargo también, en caso de que triunfara esta revuelta.

Camilo Valenzuela, como veremos, aporta diversas ideas a esta conspiración y toma con otras personas la decisión de secuestrar al General Schneider. El, incluso, llega a tener una participación muy activa en el primer Intento de secuestro, que se realizó el 19 de octubre del año 70. Cabe recordar que de acuerdo con lo que declara Raúl Igualt Ramírez, primitivamente se pensaba secuestrar a las cuatro primeras antigüedades del Ejército, de manera que quedaría accidentalmente al mando de las Fuerzas Armadas Camilo Valenzuela Godoy. Los hechos señalados, en los que tan importante como decisiva participación tuvo Camilo Valenzuela, configuran el delito del Art. 4º de la Ley de Seguridad del Estado, específicamente la letra c, pues evidentemente existía un plan deliberado y sistemático, destinado a producir el derrocamiento del Gobierno constituido. Y Camilo Valenzuela, dentro de este plan, participó en diversas reuniones conspirativas, tendientes a lograr los fines últimos que se perseguían.

Veamos con más detención ¿cuál fue la participación y la contribución concreta de Camilo Valenzuela a esta conspiración?

Las reuniones con Viaux

Viaux declara haber celebrado numerosas reuniones -y en una ocasión las precisa en el número de 8- con Camilo Valenzuela Godoy.

La primera, en una casa de Príncipe de Gales; otras reuniones en la chacra Santa Elena; incluso, dos reuniones celebradas de noche en el interior de un automóvil en la calle Santiaguillo al llegar al Parque Cousiño. Todas estas reuniones, de acuerdo con el testimonio del propio Viaux -es importante para estos efectos, pues él es el que aparece como cabeza de esta conspiración-, indican que estas reuniones con Camilo Valenzuela Godoy tuvieron inequívocamente un contenido sedicioso.

Así se desprende no solamente por lo que declara Viaux, sino que otros dos testigos presenciales: el Coronel Igualt y su hijo, y numerosos otros testigos, cuyo testimonio es bastante importante, puesto que son nada menos que los demás reos de la causa.

El hombre de las sugerencias

A fojas 1.953 Viaux declara que Camilo Valenzuela insinuó que él, Viaux, se fuera a una unidad militar, tomara su mando y se acuartelara, a fin de producir esa coyuntura que necesitaban los altos mandos para actuar, de acuerdo con el plan general, al que me he referido precedentemente.

Esto sólo demuestra hasta qué punto estaba envuelto y hasta qué punto era destacada y decisiva la participación de Camilo Valenzuela en esta conspiración. El era el hombre que hacia las sugerencias; él era el que presentaba diversas alternativas para producir este caos artificial, esta situación de tensión extrema, con la cual esperaban forzar a las Fuerzas Armadas a asumir el control del Gobierno, impidiendo que entrara en funciones el actual Presidente.

Pero la participación de Camilo Valenzuela Godoy no se limita solamente a estas reuniones conspirativas -lo que ya bastaría- ni a dar consejos, a hacer sugerencias para que prosperen los planes -lo que ya excede propiamente el tipo legal del artículo 4º- sino que, además, participa activamente de diversas maneras, como por ejemplo, en la primera tentativa de secuestro, realizada en la calle Presidente Errázuriz, el 19 de octubre, a la salida de una comida que se le daba al Comandante en Jefe del Ejército.

Gestor de la primera tentativa de secuestro

El Coronel Igualt Ramírez, a fojas 1.701 y 1.702, presenta a Camilo Valenzuela Godoy como un verdadero gestor de este plan de secuestro, que se realizó, pero no se consumó el 19 de octubre, y al que me he referido.

Dice el Coronel Igualt, y lo dicen también otros reos de la causa, que fue él, Camilo Valenzuela, quien informó de la comida del 19 de octubre que se le daría al General Schneider.

Pero no se limitó a esto la intervención de Valenzuela, sino que él dijo que como Schneider era el invitado a esta comida, con toda seguridad sería el primero en retirarse. Entonces él, Camilo Valenzuela, se ocuparía de retener, mediante la conversación, a los demás participantes en esta comida, para dar tiempo a que los comandos que esperaban en la calle, pudieran actuar con toda tranquilidad y sin ningún temor de entorpecimiento para realizar sus tareas.

Sabemos que esa tentativa de secuestro fracasó, y que ni aun ante este fracaso, que denotaba la total incapacidad de estos hampones de mala clase para realizar una maniobra de ese tipo, de todas maneras Viaux insistió en que se secuestrara al General Schneider tres días después, mediante un plan que no estaba bien elaborado y sobre los peligros del cual se le advirtió insistentemente.

Pérfido doblez

Pero en este momento quiero llamar la atención sobre la perfidia, sobre el doblez, la hipocresía de Camilo Valenzuela Godoy. El iba a estar conversando -estuvo conversando- con el General Schneider en esa comida, como su amigo, y paralelamente, estaba pendiente del momento en que tenia que retirarse, ya que se había asignado la misión de retener a los demás participes en esta comida, para que a la persona a la que estaban festejando la secuestraran sus compañeros complotadores a la salida del festejo. Veremos más adelante que este rasgo de pérfido doblez es el que caracteriza en el proceso a Camilo Valenzuela Godoy.

Camilo Valenzuela Godoy, como también aparece en autos, almorzaba frecuentemente con el General Schneider.

Era una persona que estaba allegada a él y con el cual tal vez intercambiaba intimidades. Y paralelamente a estos almuerzos de camaradería que se celebraran habitualmente una vez a la semana, los días martes, Camilo Valenzuela Godoy estaba participando en un complot cuya culminación era el secuestro extremadamente riesgoso para la vida del General Schneider.

También Camilo Valenzuela Godoy estaba presente y participando activamente en otro momento culminante de la conspiración, cuando se dio -según las palabras de Viaux- el ¡vamos! a la operación de secuestro del General Schneider. Esto solo demuestra, pues, hasta qué punto su intervención era de las más importantes en este plan general de sedición; incluso en esa reunión a la que alude Viaux a fojas 1.758, en que se dió el ¡ vamos!, Camilo Valenzuela Godoy llevó la representación de otra de estas cuatro personalidades de las Fuerzas Armadas que estaban en el complot. De manera, pues, que él era hasta el mandatario de otro de los complotadores. Innegable es, pues, su participación y su gran responsabilidad: no era una participación nimia e insignificante, sino que era una participación de la mayor importancia y jerarquía.

Las declaraciones de sus compinches

¿Cuáles son, Ilustrísimo Señor, las pruebas que existen en el proceso en contra de Camilo Valenzuela Godoy?

Prácticamente todos los que participaron en este complot, todos los reos de la causa, desde Roberto Viaux para abajo, pasando por el Coronel Igualt, pasando por Raúl Igualt Ossa -que era el que asistía como vigilante a las reuniones conspirativas- y los demás procesados, declaran en forma categórica que a Camilo Valenzuela Godoy no solamente le cupo una participación en este complot y era uno de los complotadores, sino que además estaba destinado a ocupar las mayores jerarquías y era una de las piezas fundamentales de esta conjura. Era la quinta antigüedad del Ejército, incluso, la que accidentalmente tomaría el mando dentro del plan primitivo al que he aludido, que consistía en secuestrar a las primeras cuatro antigüedades del Ejército.

Y en un proceso de esta naturaleza, las declaraciones de los reos son, desde luego, fundamentales, porque los conspiradores no firman escrituras públicas, ni les andan contando a todas las personas (que después puedan ser testigos) sus propósitos. De manera, pues, que a menos que una persona confiese su participación en la conspiración, la única otra manera de castigarla es a través de presunciones, las principales de las cuales se basan en las declaraciones unánimes de los co-reos. De manera, entonces, que en contra de Camilo Valenzuela Godoy existe la prueba más importante que puede existir en un proceso de esta naturaleza: las declaraciones de sus co-reos. Se podría pensar, también, que existe acuerdo entre los complotadores para inculpar a Camilo Valenzuela Godoy, y que todos los complotadores, excepto Viaux y el Coronel Igualt Ramírez y su hijo, Raúl Igualt Ossa, estarían hablando por boca de Viaux, y que sería la palabra de Viaux en contra de la palabra de Camilo Valenzuela Godoy.

Pero esto, en realidad, no resiste el menor análisis, porque no se trata de un acuerdo entre Viaux y los demás partícipes; porque mientras Viaux, durante mucho tiempo, no reveló los alcances de esta conspiración y se negó a declarar, el resto de los co-reos, excepto -como digo- Igualt Ramírez, ya estaba declarando, mientras Viaux no declaraba.

Así que no hablaban por boca de Viaux; hablaban por cuenta propia. Viaux estaba negando, no estaba dando ningún antecedente. De manera, pues, que los coreos están diciendo la verdad cuando dicen que Camilo Valenzuela Godoy participó en esta ominosa conspiración. No se trata de una monstruosa invención, planeada hasta en sus menores detalles. Suponerlo siquiera resulta absurdo, ante el mérito del proceso.

Excusas pueriles y malévolas

Pero con mayor fuerza aun que las pruebas a que he aludido, de los mismos descargos que da Valenzuela Godoy para eludir su responsabilidad, se prueba en forma categórica e irrebatible que él participó en la conspiración. Estas excusas que da él, como veremos, son la mejor de las pruebas y la más inequívoca de las demostraciones de que Camilo Valenzuela Godoy participó en las reuniones conspirativas a que he aludido, y que tuvo una destacada participación en el complot.

Camilo Valenzuela no puede negar que él asistió a reuniones con Viaux y por eso es que, sabiendo que no lo puede negar -porque hay muchas personas (algunas estuvieron presentes, y otras lo vieron reunirse con Viaux) que habrían declarado lo contrario-, entonces actúa en todo esto con una perfidia diabólica; parte por reconocer las reuniones y dice: "sí, yo efectivamente me reuní con Roberto Viaux, pero no como él dice, en todas esas ocasiones, sino que me reuní solamente en tres ocasiones". Desde luego, esto bastaría; pero él da una excusa para decir por qué, a pesar de haberse reunido con Viaux -que era un conspirador notorio-, a pesar de reconocer la realidad -porque no podía hacer menos-, a pesar de haber reconocido sus reuniones con Viaux, él pretende escabullirse de la letra c del Art. 4º, que precisamente se refiere a los que se reúnan, concierten o faciliten reuniones destinadas a proponer el derrocamiento del Gobierno constituido o a conspirar centra su estabilidad.

¿Cuál es la excusa que él da para -admitiendo las reuniones- decir: "no estoy dentro de la letra c del Art. 4º de la Ley de Seguridad del Estado"? La más increíble, la más absurda y pueril y la más pérfida de las excusas. Dice que asistió a esas reuniones, a esas tres reuniones con Viaux, con conocimiento del General Schneider, y más aún, no solamente con conocimiento del General Schneider sino que por orden del General Schneider, como su informante de los propósitos de Viaux.

Tenemos, pues, que según lo pretende Camilo Valenzuela Godoy, habría sido el propio General Schneider -que tuvo que pagar con el sacrificio de su vida su posición constitucionalista- el que habría inducido a Camilo Valenzuela Godoy a celebrar estas reuniones con Viaux, que repito era un conspirador notorio y respecto del cual había recomendaciones en el Ejército en orden a no mantener ningún contacto con él, ni siquiera indirecto.

Se plantea, pues, la duda, se lanza la insidia, se pretende hacer sombra sobre la figura del General Schneider; y así tan liviana como frívolamente Camilo Valenzuela dice que él asistía a estas reuniones -porque no se atreve a llegar al extremo de negarlas-, cumpliendo órdenes del General Schneider, quien le habría recomendado que se reuniera con Viaux para ver cuáles eran realmente los propósitos de éste.

Esto, Ilustrísimo Señor, es absolutamente imposible. El General Schneider no pudo encomendar a Camilo Valenzuela Godoy reunirse con Viaux para saber cuáles eran los propósitos de este último.

En el proceso aparece meridianamente claro y probado hasta la saciedad que esta excusa es absurda, es disparatada, no se compadece con la realidad ni se compadece con la personalidad íntegra del General Schneider. Así, por ejemplo, fluye claramente de las declaraciones de diversas personas que no pudieron menos de estar en conocimiento de esta supuesta orden del General Schneider -referida a las entrevistas de Camilo Valenzuela con Viaux- en caso que se hubiera producido.

El General Schneider rechazó cualquier contacto con Viaux

Y así tenemos, por ejemplo, que a fojas 1.336, de estos autos, declara don Mario Sepúlveda Squella, que es el Director de Inteligencia (General de Brigada, Director de Inteligencia, Mario Sepúlveda Squella). ¿Y qué es lo que nos dice? Voy a leer la declaración, porque es sumamente interesante y no es demasiado larga:

Dice: "De acuerdo con lo solicitado por esta Fiscalía, en su oficio de la referencia, en relación con la causa que instruye ese Tribunal Militar, por infracción a la Ley de Seguridad Interior del Estado, expreso, bajo juramento, lo siguiente:

"1º. El ex Comandante en Jefe del Ejército, General don Rene Schneider Chereau, jamás me hizo saber que habría instruido al entonces Comandante de la Guarnición de Santiago, General Camilo Valenzuela Godoy, para que accediera a invitaciones de Roberto Viaux Marambio para conocer las intenciones de éste, en relación con la situación política que vivía el país.

"2º. En el caso hipotético que el señor General Rene Schneider hubiese dado alguna instrucción al General Valenzuela sobre la materia referida en el párrafo precedente, tengo la certeza total de que me lo habría dado a conocer en forma inmediata, y no en forma privada, sino que en presencia del General Valenzuela. Y esto lo afirmo de manera absoluta, pues ésa fue la invariable linea de conducta del General Schneider en todas sus actitudes, y en especial, en asuntos como el que se trata. Baso esta afirmación además en el hecho de que mi calidad de Director de Inteligencia del Ejército, cargo de la absoluta confianza del Comandante en Jefe del Ejército, me obligaba a un contacto diario y personal con él, circunstancia en que le informaba de todos los aspectos referidos a mi función.

"Por su parte, el General Schneider me daba a conocer antecedentes, comentarios, etc, o me señalaba alguna tarea específica que, desde el punto de vista institucional, le interesara se llevara a cabo. Debo enfatizar que jamás tuvo reservas de ninguna especie para conmigo en estas materias"

Y agrega:

"La concurrencia del General Valenzuela a invitaciones de Viaux caían precisamente dentro de los asuntos propios de Inteligencia. Y si el General Schneider hubiese tenido sólo conocimiento de tales invitaciones, afirmo categóricamente que a la primera persona que le habría comunicado estos asuntos habría sido a mí, por las razones dadas precedentemente".

"Considero también que no habría dejado por ningún motivo ausente del conocimiento de estos asuntos -si los hubiese conocido- al señor General Carlos Prats González, por el cargo que desempeñaba y por la estrecha amistad que los unía, lo cual los había llevado a almorzar juntos todos los días en el privado del señor Comandante en Jefe, almuerzos a los cuales también concurría el General Valenzuela; circunstancia que hace imposible que hubiese quedado marginado de conocer estos aspectos si el señor General Schneider hubiese tenido algún antecedente sobre la materia.

"Estimo que tampoco el General señor Pablo Schaffhauser Acuña, Jefe del Estado Mayor General del Ejército, habría quedado sin ser informado por el señor General Schneider, dada su calidad de colaborador inmediato de toda su confianza".

"Deseo señalar expresamente, que el señor General Schneider en todo momento rechazó de plano cualquier contacto directo o indirecto con Roberto Viaux, y tal actitud la hizo presente en las reuniones del Cuerpo de Generales, habidas en septiembre y octubre, actitud que los generales hicimos nuestras, y nadie expreso su pensamiento contrario a ellas".

Y termina diciendo:

"Por lo expresado, considero que es imposible que el señor General Schneider haya instruido al General Camilo Valenzuela para que accediera a invitaciones de Roberto Viaux, con el fin de conocer las intenciones de éste, en relación con la situación política que vivía el país, aunque haya tenido conocimiento de tales invitaciones".

De manera, pues, que el Director de Inteligencia de la época, Mario Sepúlveda Squella, es bastante categórico; no deja duda alguna acerca de que la excusa que da Camilo Valenzuela para justificar su asistencia a reuniones con Viaux es falsa, porque tratándose de asuntos que caían dentro de la órbita de la Inteligencia Militar, el General Sepúlveda habría sido informado por el propio General Schneider porque ésa era la norma de honradez y lealtad invariable de toda su vida.

Cabe destacar, pues, que Camilo Valenzuela pretende trasladar al General Schneider su propia doblez y su propia hipocresía -que han quedado manifestadas de tantas maneras, según vimos-.

El General Schneider, como sabemos, por las declaraciones del General Sepúlveda, en todas las reuniones del Cuerpo de Generales, habidas en septiembre y octubre, que son las fechas claves, recomendó no reunirse con Viaux. Que ningún oficial se reuniera con Viaux y que no tuvieran ningún contacto con él, directo o indirecto.

Entonces Camilo Valenzuela Godoy pretende que mientras en las reuniones con el Cuerpo de Generales, el General Schneider, Comandante en Jefe del Ejército, mantenía una actitud determinada: que nadie se conectara o reuniera o vinculara -ni siquiera de la manera más indirecta- con Viaux, por otra parte y a espaldas del Cuerpo de Generales, a espaldas del Servicio de Inteligencia Militar, a espaldas de todas las autoridades correspondientes, lo instruía a él, Camilo Valenzuela, para que él fuera a reunirse con Roberto Viaux. Se pretende, pues, dar una imagen de bajeza y de doblez del General Schneider, que esta defensa tiene el deber de destacar por su extremada gravedad y por la cobardía que significa hacer imputaciones a una persona ya fallecida que no puede desvirtuarlas.

Pero no es solamente el General de Brigada Mario Sepúlveda Squella, Director de Inteligencia, el que rechaza de pía. no siquiera la posibilidad de que el General Schneider hubiera instruido a Valenzuela para que se reuniera con Viaux.

El General de División Pablo Schafthauser Acuña, Jefe del Estado Mayor del Ejército, también ha declarado en este proceso. Y ha dicho que bajo juramento él declara que jamás, jamás, el ex Comandante en Jefe del Ejército, General Rene Schneider Chereau, le hizo saber que había instruido al entonces Comandante de la Guarnición de Santiago, General Camilo Valenzuela, para que aceptara y concurriera a invitaciones que pudiera provocar Roberto Viaux Marambio, con el fin de conocer las intenciones de éste, en relación con la situación política que vivía el país.

Por el contrario, dice: "Puedo manifestar a Usía que el General Schneider siempre, y en cada reunión del Cuerpo de Generales, reiteraba su deseo de que ningún Oficial de la Institución tuviera contacto alguno con Viaux Marambio".

Igualmente categórico es el General Schaffhauser, cuando rechaza la posibilidad de que estas reuniones hayan sido inducidas por el General Schneider.

Así, pues, de la declaración del General Schaffhauser queda igualmente al descubierto la bajeza de Camilo Valenzuela al pretender que el General Schneider tenía una doble cara, una cara en las reuniones de generales, donde rechazara siquiera cualquier contacto indirecto con Viaux, y otra cara, en la intimidad con Camilo Valenzuela, mandándolo a saber cuáles eran las intenciones de Viaux.

Finalmente, también ha declarado en el proceso el Coronel del Ejército Fernando González Martínez, Secretario General del Ejército, y bajo la religión del juramento expone:

"Contestando lo que me pregunta el Tribunal y en mi calidad de Secretario General del Ejército, puesto que desempeño permanentemente al lado del Comandante en Jefe del Ejército, nunca me impuse por parte del señor Comandante en Jefe del Ejército de la época. General Rene Schneider, de que éste hubiera instruido al entonces General Camilo Valenzuela para que tomara contacto o aceptara alguna invitación para conversar con el General en retiro Roberto Viaux Marambio. Debo agregar al Tribunal que dado el puesto que desempeño, pude observar que generalmente el General Rene Schneider almorzaba en compañía de los Generales Carlos Prats y Camilo Valenzuela Godoy; al término de dichas oportunidades, normalmente conversaba con el General Schneider sobre los asuntos del servicio y nunca éste me manifestó algo relacionado con lo que el Tribunal me pregunta".

Desenmascarado

Todos estos antecedentes del proceso, pues, en forma, realmente abrumadora, atendidas la cantidad y la calidad de las personas que declaran, sobre cuya honradez no puede discutirse, llegan a la conclusión inequívoca de que la excusa que da Camilo Valenzuela Godoy, para justificar su presencia en reuniones con Viaux, es absolutamente falsa, y me imagino que el Tribunal dará más crédito a estos tres Oficiales distinguidos, que en razón de los cargos que ocupaban estaban en conocimiento de esas materias, que a Camilo Valenzuela Godoy, que da una excusa tan pueril como maligna y en contra de la cual hay además tantas y abundantes pruebas en estos autos,

De manera que queda absolutamente desenmascarado Camilo Valenzuela y si estas reuniones a las que reconoce haber asistido no fueron por orden del General Schneider para conocer los propósitos de Viaux, no pueden haber sido sino lógicamente para lo que el mismo Viaux y el resto de los procesados señalan. Por algo es que Camilo Valenzuela Godoy se preocupó de inventar una excusa, porque sabia que si reconocía la presencia en las reuniones y no inventaba ninguna excusa, de plano estaría en el Artículo 4º, letra "c". De acuerdo con lo que hemos expuesto, él debe ser comprendido en ese artículo, al rechazarse en la forma irrebatible que hemos visto la excusa poco viril, absurda, disparatada y pérfida que él presenta.

Nueva insidia

Pero no se acaba aquí la insidia de Camilo Valenzuela Godoy en contra del General Schneider, al mezclarlo en estas reuniones ilícitas.

La defensa de Camilo Valenzuela Godoy ha dicho que no era la primera vez que el General Schneider comisionaba a una persona para que cumpliera una misión confidencial, sin darle cuenta, ni al Servicio de Inteligencia Militar, ni a las demás autoridades que sean procedentes.

De manera, pues, que se ha pretendido hacer creer que el General Schneider a menudo confiaba a personas de la confianza suya ciertas misiones confidenciales, a espaldas, o sin conocimiento de las autoridades que debían tomar conocimiento de ellas.

Y así, por ejemplo, se trajo aquí el libro de Florencia Varas, en que Viaux aparece diciendo en una de sus páginas que el General (que era entonces Coronel, me parece) Germán Brady había asistido a reuniones con él por órdenes del General Schneider, y que el General Schneider no había dado cuenta a sus superiores o a quien correspondiera de esta misión confidencial.

De esta manera se pretende destruir la presunción que elabora cuidadosamente la sentencia. Se dice: "la sentencia se basa en que el General Schneider habría tenido que comunicar a diversos organismos estas reuniones de Valenzuela Godoy con Viaux Marambio, pues bien, en otra ocasión el General Schneider tampoco comunicó a quien correspondía las misiones confidenciales que él encargaba a personas de su confianza".

Esto es absolutamente falso. El General Germán Brady -a la sazón, hablo de diciembre, noviembre o diciembre del año 1969 cuando fue la entrevista con Viaux- era Jefe del Departamento de Inteligencia de la Defensa Nacional.

Y, efectivamente, se reunió con Viaux; pero eso fue cuando Viaux estaba en el Hospital Militar como consecuencia del Tacnazo en los meses -me parece- de noviembre, diciembre y hasta mediados de enero de 1970. A Viaux lo fueron a visitar muchos amigos y conocidos suyos y entre esas personas estaba el General Brady.

Rasgo humanitario

El General Schneider supo que el General Brady era amigo de Roberto Viaux; y entonces le pidió que en la próxima ocasión en que visitara en el Hospital Militar a Roberto Viaux le dijera de su parte y ante publicaciones de prensa, hechas por Viaux, que no se sintiera perseguido, ni por las Fuerzas Armadas, ni por él, como Comandante en Jete del Ejército, porque él. Rene Schneider, lo iba a tratar a Viaux de la misma manera como trataba a todos los Generales en retiro. Y por lo que respectaba al proceso que se le seguía con motivo del "Tacnazo", estos hechos deberían ser fallados por la justicia militar, la que estaba ya en conocimiento de ellos.

El General Brady, la próxima vez que se reunió con Viaux en el Hospital Militar, le comunicó este recado del General Schneider y al día siguiente dio cuenta al Servicio de Inteligencia Militar. No ocultó, pues, como se ha pretendido, el hecho de haberse reunido con Viaux, y por lo demás lo hizo con un fin perfectamente legitimo y, más que legitimo, él es una demostración de un rasgo humanitario del General Schneider, que una vez más revela la grandeza de su espíritu, que está muy por encima, no solamente de los complotadores (el parangón sólo injuria su memoria), sino que incluso de la mayoría de los hombres, según lo manifiestan todos cuantos lo conocieron.

De manera, pues, que de esta manera queda destruida esta tremenda insidia que se ha pretendido tejer en contra del General Schneider.

Es falso que él no hubiera comunicado esta reunión del General Brady con Roberto Viaux, porque se comunicó y además era una reunión que tenía por fin un asunto no solamente licito sino que además -como he dicho- profundamente humanitario.

Otra respuesta absurda

De manera que con todos estos antecedentes queda plenamente demostrado que el General en retiro Camilo Valenzuela Godoy ha participado en esta conspiración y específicamente en las reuniones conspirativas a que alude la letra "c" del Artículo 4º, motivo por el cual deberá ser castigado en conformidad a este precepto. Casi no debiera añadirse nada más, pero de todas maneras, para agotar las posibilidades del análisis, veamos qué era lo que Camilo Valenzuela, según él lo declara, hacía en esas reuniones que él reconoce haber tenido con Viaux. ¿Cuál es la explicación que da Camilo Valenzuela? El dice: "Yo iba a visitar a Viaux y él me preguntaba cuál era mi posición y la del Ejército. Yo le decía: tanto mi posición como la del Ejército son constitucionalistas". Dice que asistía a todas las reuniones solamente para que le preguntaran eso y él contestaba eso y se iba. Y para eso asistía a reuniones en la noche, poco menos que embozado; llegaba incluso a tener reuniones en el interior de vehículos. Eran reuniones obviamente clandestinas a las que él asistía. ¿Y únicamente para que se le preguntara cuál era su posición?

Esto, Ilustrísimo Señor, es totalmente absurdo, no tiene ningún sentido; estas reuniones clandestinas a las que llama una persona que no tiene autoridad para ello -como es el caso de Viaux- para tratar sobre asuntos deliberantes, es lo que en la terminología militar se denomina "conciliábulo" -y el solo hecho de asistir a un conciliábulo es ya una conducta penada por la ley, concretamente en el Artículo 24 de la Ley de Seguridad del Estado-. Camilo Valenzuela ha pretendido que el General Schneider era el inductor a estos conciliábulos, a estas reuniones clandestinas e ilícitas penadas por la ley, y que él asistía únicamente para decir: "mi posición es la posición del Ejército, legal y constitucionalista".

No se va de noche, no se va disfrazado, no se va a reuniones en el interior de automóviles, a reuniones clandestinas, solamente para decir: "yo soy un constitucionalista, yo soy un legalista, conmigo no tienen nada que hacer". Esto no tiene ninguna verosimilitud y entonces todo esto encuadra dentro de este mismo contacto de falsedad a que aludía precedentemente.

Hay muchos otros detalles del proceso que revelan la falsedad de Valenzuela, pero atendido al tiempo, me parece innecesario insistir en ello, ante lo abrumador de las pruebas que he expuesto.

Tirado Barros asumiría el mando

En consecuencia, paso a ocuparme de la situación en que se encuentra el Almirante Hugo Tirado Barros, que es muy semejante a la de Camilo Valenzuela Godoy, puesto que, como él, está negando. Y la participación de él también se encuadra dentro de la letra "c" del Artículo 4º de la Ley de Seguridad del Estado, porque también se reunió -y él mismo lo reconoce- al menos en dos oportunidades con Viaux. Muchas de las reflexiones que he hecho respecto de Camilo Valenzuela Godoy, que prueban fehacientemente su participación en este complot. son aplicables también a Hugo Tirado Barros, por lo cual seré muy breve al referirme a este reo,

Basta señalar, para apreciar la importancia que tenía Hugo Tirado Barros en este complot, que como lo declara el Coronel Raúl Igualt Ramírez, a fojas 1.782, Hugo Tirado Barros era la persona que estaba destinada a asumir el control del Gobierno en caso de que triunfara este alzamiento que se proyectaba.

Y si bien él no asistió personalmente a la reunión con Viaux y con Valenzuela en que se dio el "vamos" a la operación de secuestro del General Schneider, mandó como su representante, me parece que a Joaquín García. En todo caso mandó a Camilo Valenzuela -a uno de los dos-. Así, pues, que asistió también a esta reunión por interpósita persona.

Lo mismo que la participación de Valenzuela, la de Tirado también está acreditada con creces y prácticamente la totalidad de sus co-reos lo mencionan; no solamente lo mencionan, sino que le imputan una participación bien concreta y definida.

Tirado no informó de las reuniones

Desde luego, el propio Tirado Barros reconoce haberse reunido en dos oportunidades con Viaux. Y reconoce también que no dio cuenta a sus superiores de estas reuniones con Viaux. Viaux le preguntó cuál era su posición, así que Tirado no pudo menos que percatarse de las hazañas golpistas que preparaba Viaux. Esto sólo ya determina, al menos, que se le sancione conforme al Art. 24 de la Ley de Seguridad del Estado, por no haber dado cuenta a sus superiores de que se proyectaba cometer un delito castigado por la Ley de Seguridad del Estado.

Pero veremos que, mucho más que eso, la participación de Hugo Tirado Barros -como dije- quedaba comprendida en la letra "c" del Artículo 4º de la Ley 12.927.

Descargos ridículos

¿Cuál es la excusa que da Hugo Tirado Barros para justificar sus reuniones con Viaux, reuniones siempre clandestinas y a espaldas de todo el mundo y que no se comunicaban a nadie? El no tiene la astucia -al menos según lo que se desprende en el proceso- ni la perfidia de Camilo Valenzuela, de pretender que estaba actuando por cuenta de otro. En esto tal vez su posición -desde el punto moral- sea levemente mejor. Pero la excusa que da es Igualmente pueril. Acepta haberse reunido dos veces con Viaux y que en cada reunión Viaux le preguntaba que cuál era la posición de la Armada. Y Hugo Tirado Barros se limitaba a decirle que, tanto la posición de la Armada, como la suya personal, eran de estricto apego al Estado de Derecho, ya que eran constitucionalistas y que eran contrarios a toda posibilidad de que se alterara el curso constitucional.

Sin embargo, esta excusa no es verosímil, porque nadie se reúne con un conspirador notorio, como era Viaux, para reiterarle su posición legalista. Nadie se reúne con un conspirador de esta clase, solamente para manifestarle su posición contraria al golpe. Y debemos tener presente, Ilustrísimo Señor, que para asistir a estas reuniones con Viaux, Hugo Tirado Barros viajó en las dos ocasiones -como también consta de la declaración del Coronel Igualt Ramírez a fojas 1.682- desde Valparaíso, y que ambas reuniones fueron celebradas en la noche en forma totalmente clandestina.

Entonces ¿cómo se puede creer que Tirado Barros viniera en la noche, embozado, a reuniones clandestinas, expresamente desde Valparaíso, solamente para repetirle a Viaux: "mire, hombre, mi posición es constitución alista, yo amo el Estado de Derecho y soy contrario al golpe"? ¿Es que se pretende que alguien pueda creer una excusa tan insensata y tan disparatada? Desde luego que no; esto sólo está demostrando que si las reuniones no tenían ese fin, no pudieron menos de tener el fin conspirativo al que aluden todos los reos, desde Viaux para abajo, lo mismo que en el caso de Camilo Valenzuela Godoy, y para citar solamente a algunos, tenemos que Viaux -en innumerables declaraciones-, Igualt Ramírez- lo mismo-, Gallardo Labarca, Fontecilla, Melgoza, Prieto, Igualt Ossa, etc., implican a Hugo Tirado Barros en este complot. Y lo implican a través de la atribución de cargos concretos que se refieren a circunstancias de comisión de estas reuniones, que no pueden, por lo mismo, atribuirse a la fantasía de los complotadores.

De manera que las pruebas que existen en contra de Tirado Barros son las mismas que las que existen en contra de Camilo Valenzuela Godoy: abrumadoras.

Mayor responsabilidad

De manera, que debe mantenerse la sentencia a su respecto, en esta parte, y elevarse la pena al máximo que permite la ley.

Porque tanto Camilo Valenzuela como Hugo Tirado estaban especialmente obligados, en razón de sus altas funciones, porque eran Jefes militares en servicio activo -el Almirante Hugo Tirado Barros fue Comandante en Jefe de la Armada en la época del complot y Valenzuela era Comandante en Jefe de la Guarnición de Santiago-, más que cualquier otro ciudadano, estaban obligados digo, muy especialmente, a mantener una actitud de acuerdo con el Estado de Derecho y de respeto por la Constitución.

De manera que ellos, al participar en esta conspiración destinada a alterar el curso constitucional e impedir que asumiera quien debía hacerlo, estaban faltando al deber general de abstenerse de realizar esas conductas a que se refiere la Ley de Seguridad del Estado, y además estaban quebrantando e infringiendo su deber especifico, pues administrativamente, como altos oficiales debían de abstenerse de realizar estas conductas ilícitas y conspirativas.

Desde luego, como decía anteriormente, los conspiradores no firman ni escrituras públicas ni le andan contando a todo el mundo sus propósitos. Y es por eso que su participación puede acreditarse solamente. por regla general, a través de presunciones y a través de la confesión.

Las presunciones que existen en este caso, constituidas principalmente por las declaraciones de los demás reos y por las excusas que dan ambos reos de sus reuniones con Roberto Viaux, son más que suficientes y reúnen, incluso, las condiciones que la ley exige para que hagan plena prueba, lo cual, como se sabe, no es necesario en este caso, porque la letra "J" del Artículo 27 de la Ley de Seguridad del Estado, permite al Tribunal, no solamente apreciar la prueba en conciencia, sino que además fallar en conciencia.

De manera que no puede caber ninguna duda de la participación de Valenzuela y de Tirado en esta conspiración. Por lo tanto deben ser castigados muy severamente, en atención a que además del general, quebrantaron un deber específico, que agrava su responsabilidad.

"Echarse al trajín"

Finalmente, en relación con este punto debe tenerse presente que la posición de los militares constitucionalistas era te de negarse a reunirse con Viaux, a tomar todo contacto o enlace con él, directo o indirecto, como se desprendía de las declaraciones por oficio de los Generales Schaffhauser y Sepúlveda (Director de Inteligencia) y del Secretario General del Ejército. De manera que es un hecho de la causa que los afanes golpistas de Viaux eran tan conocidos, que incluso había recomendación de no reunirse con él; desde el momento que Valenzuela y Tirado aceptan haberse reunido con él en forma clandestina, es lógico concluir que estaban conspirando.

Por ejemplo, el General Carlos Prats declara por oficio: Viaux, a través del Teniente en retiro Daniel Carlos Arriagada García -que era amigo del General Prats-, trató de trabar enlace con el General Prats, y éste se negó rotundamente. Incluso en su declaración expresa que él le manifestó muy sentidamente al Teniente en retiro Arriagada -que era amigo de él- que por qué le faltaba el respeto a un amigo de 40 años, al pretender que se reuniera con Viaux, que eso significaba echarlo al trajín.

El solo hecho de reunirse con Viaux en esta forma, clandestina, a espaldas de todo el mundo, significaba para los militares constitucionalistas echarse al trajín.

Esto prueba hasta qué punto el solo hecho de reconocer la asistencia a las reuniones configura ya, por sí solo, el delito de la letra "C" del Artículo 4º, además de que existen todas las otras pruebas abrumadoras a que he hecho alusión.

Llego así a la parte final de este alegato, sin poder ocuparme de la situación del resto de los reos -a la que espero haberme referido de una u otra manera en esta audiencia-. Pero confío haber sido lo suficientemente claro para describir ante Usía Ilustrísima los crímenes que deberá juzgar.

Sanción ejemplar

Claro, para presentar la verdadera dimensión de los hechos, su terrible significado; para destruir los mitos (que se han intentado crear en torno a las personas que participaron en estos hechos; para revelar en toda su sordidez y vileza, los móviles y las finalidades que perseguían estos hechos; espero haber sido claro para dejar al descubierto la cobardía que los preside, la insensibilidad general que los anima, y que se manifiesta de una y otra manera a lo largo de este proceso; claro para haber señalado el cálculo frío con que fueron ejecutados estos crímenes; para mostrar cómo se jugó con vidas humanas y cómo se las despreciaba; claro, para explicar cómo y por qué se llegó a la muerte del General Schneider -que si bien no se la buscaba, no era en manera alguna ajena al plan-, y sobre todo, claro, para hacer sentir la necesidad insoslayable de castigar tan atroces crímenes con el máximo de rigor que la ley permite manteniendo en lo fundamental la sentencia de primera instancia con las modificaciones que han podido desprenderse de lo que he expresado a lo largo de estas audiencias.

Espero haber sido claro para estremecer la conciencia del Tribunal, haciendo ineludible el deber de imponer una sanción ejemplar a todos los responsables, y muy principalmente a los que concibieron, planearon y llevaron adelante estos crímenes, a la cabeza de los cuales estaba Roberto Viaux Marambio.

Viaux, el mayor responsable

Estoy cierto que el Tribunal tiene conciencia del verdadero significado de estos hechos y que aplicará las sanciones en consecuencia. He insistido en la inmensa responsabilidad de Roberto Viaux Marambio; él es el mayor responsable de todo cuanto sucedió, legal y moralmente; su responsabilidad no puede ser negada ni disminuida con ninguna clase de apreciaciones seudojurídicas.

Lo terrible de la dimensión de los hechos está muy por encima de toda clase de consideraciones pueriles y absurdas. Todas estas argumentaciones, según lo he dicho y lo reitero, son de ninguna seriedad desde el punto de vista científico-penal. Estas argumentaciones deben dar paso a la comprensión de estos hechos y el Tribunal debe impregnarse del sentido y de la trascendencia que éstos tienen y de la personalidad de los autores que los ejecutaron.

Muchas veces, escuchando los alegatos de los abogados de los reos, me dio la impresión de que estuvieran hablando de algo enteramente distinto a los crímenes cometidos. Porque solamente explicaban descriptivamente los hechos, pero se negaban a revelar la horrenda y terrible dimensión que los mismos tenían.

No solamente Vuestra Señoría tiene conciencia, sino que todo el país tiene conciencia de que Viaux es el mayor responsable, y por lo tanto a él no puede desligárselo de ninguno de los aspectos de este proceso. Es más responsable aún que los que dispararon materialmente en contra del General Schneider y le dieron muerte, porque éstos no lo habrían hecho nunca si es que Viaux no les hubiera dado ese ultimátum absolutamente insensato.

De manera, pues, que pretender -como se ha pretendido- que la muerte no sería daño grave, como lo dice uno de los abogados de los reos, o que el delito no está consumado, es absurdo. Esto último significaría decir que el General Schneider conservaba su libertad ambulatoria; o sea, (que podía seguir por Bilbao, pasando por la Plaza Pedro de Valdivia, llegar a la Plaza Italia y llegar al Ministerio de Defensa. Si era libre, si conservaba su libertad ambulatoria, si el secuestro se frustró, él podía hacerlo. ¿Y cómo se va a pretender que podía hacerlo, cuando estaba bloqueado por 26 automóviles, cuando el jeep que impactó su Mercedes Benz era un verdadero arsenal, cuando las personas que debían participar directamente en la operación de secuestro estaban armadas por órdenes expresas de Viaux?

Pero se ha pretendido decir incluso eso: que el secuestro no estaba consumado. Yo no sé entonces cuándo estaría consumado un secuestro, a menos que se pretenda que para que se consume el secuestro deba dejarse maniatada absolutamente a la víctima y privada de todo movimiento.

Ninguna de estas consideraciones, muchas de ellas delirantes, podrá salvar a Viaux y a sus secuaces de la responsabilidad inmensa que ellos tienen en estos hechos.

Porque el Derecho debe estar al servicio de la realidad de la vida y debe estar al servicio de la sociedad. El Derecho no puede servir únicamente para que se construya un silogismo tras otro y se llegue a cualquier conclusión, sin que previamente el jurista, mirando hacia el cielo, pero con los pies firmemente aposentados en la tierra, se haya preguntado claramente quiénes son los hombres que se van a juzgar, y cuál es el sentido de la norma legal que se ha dictado para esos hombres, y no para que los "juristas" pongan supuestamente a prueba su "ingenio".

Esto es lo que tenía que decir.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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