Luis Emilio Recabarren. Obras Selectas


EL SOCIALISMO

DOS PALABRAS DE PRESENTACIÓN

El socialismo, por su nombre solo, tiene muchos enemigos, así como tiene también apasionados defensores y propagandistas.

Al hacer este trabajo queremos servir a los socialistas y a nuestros enemigos.

Creemos que toda persona que llegue a comprender completamente el socialismo no podrá rechazarlo y concluirá por ser su abnegado defensor, en la convicción de que esta doctrina es la única que, llevada a la práctica, realizará realmente la felicidad humana. Creemos, además, que la doctrina socialista es lo más fácil de llevar a la práctica.

Por esta convicción queremos expresar, elementalmente sí, lo que es socialismo.

Con esta explicación nuestros amigos completarán sus conocimientos y tomarán argumentos suficientes para propagar la doctrina y para defenderla de los ataques injustificados del enemigo.

Con esta explicación creemos servir también a los que desconocen el socialismo. Los que crean inaceptables nuestras doctrinas tomarán en este librito el conocimiento de ella y podrán atacarla en donde encuentren sus defectos.

Queremos, pues, que especialmente lean este librito los enemigos del socialismo.

La presentación de la doctrina la hacemos metódica y ordenada para facilitar su comprensión y su desarrollo.

Solicitamos, pues, un poquito de atención sobre las páginas siguientes.

Los enemigos del socialismo presentan siempre esta doctrina distinta de lo que en verdad es, para de ese modo aumentarle más sus enemigos y presentarlo de más difícil realización.

Es necesario no confundir la doctrina socialista con parte del movimiento obrero en el cual intervienen los socialistas.

En el movimiento obrero hacia la emancipación suelen verificarse actos que hieren el sentimiento de justicia y que los socialistas a veces no pueden ni prever ni evitar.

¿QUÉ ES EL SOCIALISMO?

El socialismo es una doctrina de estructura precisa y definida, que tiene por objeto modificar las defectuosas costumbres actuales, proponiendo otras más perfectas.

La base esencial del socialismo consiste en la abolición o transformación de lo que ahora se llama propiedad privada, planteando en su reemplazo la constitución de la propiedad colectiva o común.

Se entiende por propiedad privada la posesión y usufructo individual sobre la tierra y sus productos, sobre las herramientas, máquinas y medios de producción, de cambio y transporte.

La consecuencia de la propiedad privada es la coexistencia de patrones y obreros y la explotación que hacen los patrones del trabajo de los obreros.

Como consecuencia de la existencia de patrones y obreros, existe también el gobierno político de los países con todo su cortejo de opresiones y tiranías.

Se entiende por propiedad colectiva o común la abolición de la propiedad individual o privada, de manera que la tierra, los edificios, las maquinarias, herramientas y todo cuanto existe producido por el trabajo del hombre sea utilizado por todos y para todos, repartido en la justa proporción que cada cual necesite según sus gustos.

La transformación de la propiedad privada en colectiva no significa en ningún caso un despojo de los bienes necesarios al individuo en beneficio de la colectividad.

No se piense que con esta transformación los ricos de hoy vayan a ser pobres mañana.

Eso no sería socialismo, sería solamente cambio de posesión de la riqueza.

La existencia de la propiedad privada y su consagración presente es la causa matriz de todos los males existentes. Por eso es que el socialismo ha nacido como remedio ineludible para ese mal social.

Si el socialismo es la abolición de los imaginarios derechos sobre la propiedad privada, el socialismo ye presenta entonces como una doctrina de la más perfecta justicia, de verdadero amor, y de progresivo perfeccionamiento individual y moral.

El socialismo es, pues, desde el punto de vista científico, una doctrina económica que tiene por objeto aumentar los goces humanos.

El socialismo es, pues, desde el punto de vista social, una doctrina de sentimientos de justicia y de moral, que tiene por objeto suprimir todas las desgracias ocasionadas por la mala organización de la actual sociedad para que la vida sea vivida en medio de goces perpetuos.

Para probar que todo esto es justo y de fácil realización, continuaremos con explicaciones detalladas y precisas.

LOS DEFECTOS ACTUALES EN LA ORGANIZACIÓN DE LOS PUEBLOS

En el presente, como en el pasado, los pueblos viven oprimidos bajo el yugo de una constitución defectuosa que produce inmensos males.

Todos los vicios, todos los delitos, todos los crímenes, el inmenso desarrollo de la prostitución, son consecuencias de la mala constitución de los pueblos y de su tolerancia por los individuos que sufren las consecuencias.

En medio de esta presente mala organización social, muchos individuos luchan por vivir lo mejor posible, sin preocuparse de que los medios sean honrosos o deshonrosos.

Así, unos viven comerciando con la prostitución de la mujer; otros viven robando por medio del garito o de comercios ilícitos; otros, explotando inicuamente la ignorancia y el hambre.

¿Cómo podremos llamar honroso el medio de fortuna que muchos empleados fiscales se buscan, dando libre progreso a la prostitución, al juego, a la borrachera, con tal que esto les produzca una renta permanente y segura que les permita acumular una fortuna para vivir holgadamente? Ese medio de vida es indigno.

Dentro de la doctrina socialista se considera que la naturaleza, ayudada por el hombre y la máquina, produce de sobra todo lo que se necesita, y entonces todos pueden vivir a sus anchas con el fruto de su trabajo honrado y aliviado.

El pauperismo o miseria. Consecuencia de la mala organización social, como hemos dicho, es la miseria repugnante que domina sobre el mayor número de los habitantes de todos los pueblos.

Podríamos asegurar que de cada 100 habitantes en el mundo, 80 viven mal, sufriendo la miseria.

Las clases más incultas de la sociedad soportan la peor parte de la miseria, porque carecen de todo. No tienen mobiliario, ni el más necesario, no tienen ropa; viven con unos asquerosos andrajos que medio cubren sus carnes. Entre las clases obreras y empleados de negocios minoristas, la miseria es un poco menos, por tratarse de clases que tienen un poquito de más cultura. Entre las clases de empleados superiores y pequeños propietarios de talleres o comercios, hay siempre miseria, puesto que viven de rentas inseguras que en cualquier momento pueden desaparecer.

La miseria produce desgracia y dolores atroces que hacen tan amarga la vida, que llevan a muchos a la desesperación.

El dolor es muy diferente según la cultura.

Un peón que ha nacido durmiendo sobre la tierra y que ha crecido rodeado de desnudeces y miseria, sufre cuando reconoce su miseria y sospecha que podría vivir mejor.

Pero un individuo que ha nacido rodeado de algunas comodidades, cuando comprende y ve que sobre el mundo hay muchas cosas que gozar y sus recursos y esperanzas no se lo permiten, sus sufrimientos son mayores porque hay más capacidad.

La doctrina socialista propone medidas fáciles y hacederas para hacer desaparecer todas esas desgracias, y esas medida se verán más adelante.

La miseria moral.

El estado actual de las poblaciones nos muestra toda su miseria moral, que es motivo de retardo de todo progreso. Tenemos como consecuencia de esto que hay machos individuos que no conciben una condición superior.

El alcohol desempeña una grande y funesta labor, contribuyendo a embrutecer los individuos.

Entre los seres más incultos la degradación es tan inmensa que entristece, pues hay muchos hombres menos inteligentes que muchos animales.

Entre individuos más cultos existe depravación que los conduce a comerciar y explotar indignamente con sus propios semejantes.

La miseria moral es muy repugnante y, aparte de que causa desgracias a toda la sociedad, es deber humano contribuir a la disminución y desaparición de todas las causas que produce esa miseria.

La causa de estas miserias y sus efectos. Las causas de las miserias son muchas y muy antiguas. La humanidad arranca desde un momento oscuro e inconsciente. Animal primero, salvaje en seguida durante un inmenso período, conservándose hasta la época presente una gran cuota de salvajismo.

La cultura y la civilización datan desde muy antiguo, es verdad, pero en dosis muy pronunciadas de egoísmo y privilegio. La civilización se ha ido desarrollando en medio de ciertos círculos sociales, no alcanzando a la mayor parte.

Las primeras civilizaciones, nacidas en un ambiente de mucha ignorancia aún, contribuyeron por egoísmo y ambición a envilecer más las clases salvajes, porque fueron sometidas al servicio de los primeros que concebían un grado de progreso civil.

Los primeros hombres más civilizados, ambiciosos de aumentar sus goces, esclavizaron a sus semejantes, incapaces todavía de comprender las consecuencias de esa esclavitud.

La esclavitud ha viajado a través de la historia transformándose periódicamente, hasta llegar al momento actual en que en los países más civilizados se llama al productor asalariado, pues la mayoría de los hombres y mujeres están sometidos a otros, bajo el nombre de salario o sueldo.

La constitución política. A medida que la cultura ha progresado en ciertas clases, se han ido formando los pueblos o naciones, adoptando una ley o constitución escrita que nos sirviera de norma de vida.

La constitución actual de las naciones data de muchos años atrás. Los pueblos más jóvenes de Sudamérica cuentan casi todos con más de cien años de vida nacional orgánica.

Organizados los pueblos en épocas muy antiguas, sus Constituciones fueron hechas bajo el espíritu atrasado dominante en aquella época y por un reducido número de personas.

Esas Constituciones defectuosas imperan todavía, constituyendo una verdadera tiranía para los pueblos modernos.

Sin embargo, esas Constituciones se han modificado, se modifican (también se violan) y continuarán modificándose por la intervención de los socialistas en los Congresos.

A influencias de las modificaciones que los socialistas logran introducir en las Constituciones, se aumentarán las comodidades de que carecen los pueblos.

La constitución industrial. La vida industrial es el poder económico de los pueblos.

La industria es el producto natural del desenvolvimiento y el progreso de los pueblos.

En el presente momento histórico, la industria influye en la marcha política y social de los pueblos.

La industria ha nacido defectuosa e incompleta; mientras más atrás en la historia, más atrasada. La inteligencia del hombre y la necesidad de hacer más aliviados los trabajos fueron dando lugar a creaciones e inventos hasta llegar al momento presente en que la industria, si es el verdadero progreso, es también el sitio donde reside todo el problema social que ha dado vida al socialismo.

La industria es hoy el arma de la más cruel explotación y opresión, que da a los audaces la riqueza arrancada con el trabajo de los pobres.

La industria es hoy el principal factor de la propiedad privada o individual y es en ella donde la acción socialista se hace sentir con más intensidad, para modificarla hasta que deje de ser fuente de explotación.

La modificación del modo de ser industrial ha venido realizándose por la fuerza propia del progreso industrial.

A medida que el progreso mecánico se ha demostrado en la industria, el obrero ha sentido también la necesidad de su progreso. Y como el obrero no podrá separarse de la industria, los progresos serán comunes.

La explotación.

El mundo actual vive montado sobre el régimen de la explotación del hombre.

Unos hombres explotan a otros.

En la época más remota de la humanidad no hubo explotación, porque no había trabajo organizado.

Desde que se inició la organización del trabajo comenzó la era de la explotación, hasta haber llegado al grado de la mayor iniquidad, y tan monstruosa se ha presentado la explotación que en repetidas ocasiones los esclavos del salario han realizado verdaderas sublevaciones.

En el momento presente, entre los burgueses, no se concibe fortuna ni progreso económico sin explotación.

Desde el punto de vista humano y moral, el hombre no debe realizar esa obra de explotación.

El socialismo propone medios honrosos para aumentar los goces humanos de todos, aboliendo el sistema de la explotación, y esos medios quedarán señalados en este librito.

La opresión y los impuestos.

A consecuencia de asegurar la estabilidad de la explotación ha tenido que establecerse la opresión, organizándose los gobiernos, con su conjunto de leyes egoístas y dictadas por la clase que gobierna, para someter a las poblaciones al cumplimiento de esas leyes, especialmente de aquellas que producen dinero, como los impuestos y contribuciones.

Las leyes forman una verdadera cadena de opresión y los impuestos que gravitan todos sobre el pueblo contribuyen a hacer más odiosa esa opresión.

Aparte de las contribuciones legales que se cobran para formar la renta fiscal, en todos los pueblos hay otra inmensa cantidad de contribuciones que se cobran indebidamente por las autoridades para aumentar sus rentas particulares, aumentando así el costo de la vida del pueblo y haciendo más odiosa la opresión.

Este estado moral de los pueblos es indigno.

La existencia de los seres humanos debe tener un objeto, y ése no puede ser otro que hacer de la vida una idealidad, fuente de goces verdaderos, donde los seres humanos perfectos disfruten de las creaciones de la inteligencia.

Para llegar a ese objetivo, la humanidad debe encaminarse gradualmente hacia su más completa perfección.

No puede ser más indigno que unos pocos hombres se deleiten esclavizando al mayor número y haciéndolo trabajar a sabiendas de que les explotan.

Los socialistas queremos perfeccionar la vida para que llegue un momento que no seamos opresores, explotadores ni verdugos; ni víctimas, ni explotados, ni miserables.

Se dirá que hay cosas irremediables en la vida.

Nosotros negamos esa afirmación.

Todas las cosas que existen pueden perfeccionarse, todas.

Todo el pasado de la humanidad es una cadena de pruebas, de que todas las cosas han venido perfeccionándose paso a paso y continuarán perfeccionándose. Hoy con más rapidez que antes, por razón de que hoy se dispone de medios más perfectos que en el pasado.

Por eso el socialismo tiene la absoluta certidumbre de su victoria, puesto que el socialismo no es otra cosa que la perfección en progreso incesante para multiplicar los goces de todos los seres humanos, o sea la abolición de todas las causas que producen desgracias y miserias.

La transformación de la propiedad no es otra cosa que el perfeccionamiento del derecho.

Todos tienen derecho a vivir bien.

La forma de la actual propiedad limita y hasta suprime el derecho a vivir bien; por esa razón, la base del socialismo está en la transformación radical del derecho a la propiedad.

RAZONES DE EXISTENCIA DEL SOCIALISMO

Todo cuanto existe debe tener una razón de su existencia.

La palabra socialismo es la derivación de los fenómenos y problemas sociales condensados en la palabra socialismo.

La doctrina socialista es el producto filosófico de esos problemas sociales.

El socialismo tiene diversas razones de existencia que explicaremos en capítulos separados para cada razón.

Lo expresado en los capítulos anteriores ya serían bastantes razones constituyentes de la necesidad del socialismo.

Los capítulos anteriores representan los defectos de la sociedad actual y con su conjunto de desigualdades sociales, políticas y económicas, que tantos daños causan a la humanidad.

Pero todos esos defectos que demuestran la necesidad de corregirlos, no bastan todavía, puesto que muchos defienden todo lo existente y sólo admiten mejorar por caridad la mala vida de los desgraciados y quieren que cada cual busque su mejoramiento por medios ilícitos, habiendo medios honrosos.

En medio de tanto defecto que causa miserias dolorosas, el socialismo nace allí como un remedio único y necesario.

El socialismo surge entonces, exponiendo su sublime doctrina de justicia, de amor, de derecho, estrictamente legal y natural.

Para justificar el derecho del socialismo, explicaremos en varios capítulos las distintas razones que constituyen su base de acción.

RAZONES HISTÓRICAS

Para combatir al socialismo se invocan argumentos de todas clases y entre ellos muchos históricos.

Se llega a decir que el socialismo es irrealizable sólo porque va a transformar todo lo que se ha hecho con el trabajo de tantos siglos.

Otros dicen que si el socialismo llega a realizarse, será después de muchos siglos.

También el presente es obra de muchos siglos.

Penetremos, pues, en la historia y constatemos sus acciones.

Las transformaciones sucesivas de los pueblos. Casi todos los pueblos del mundo se han transformado modificando todas sus costumbres sociales y políticas.

La Francia era una monarquía constitucional, con un gobierno aristocrático ayudado por el clero. El pueblo y las clases media e intelectual vivían en el ambiente propio de la monarquía y, sin embargo, concibieron y ejecutaron la transformación adoptando el sistema republicano. [Recabarren alude a la Revolución Francesa.]

Se abolió la monarquía de derecho hereditario y se estableció la República, con presidente elegido y renovado.

Se abolió la propiedad feudal y se confiscaron muchos de los frutos del feudalismo. Podríamos decir que la Revolución creó la propiedad industrial y desarrolló la propiedad privada o individual, al abolir la propiedad feudal.

Si se aceptó que la Revolución Francesa transformara la propiedad, ¿por qué el socialismo no podrá cambiarla en forma más progresista todavía?

Una buena parte del mundo aplaudió y aceptó la acción de Francia.

La Revolución Francesa no sólo produjo efectos en Francia, sino que su ejemplo repercutió en el resto del mundo y en los países sudamericanos transformó la propiedad por medio de la revolución.

¿Cómo se constituyó la propiedad en Chile, Argentina, Perú, etc.?

Por medio de la revolución violenta y de la expropiación con las armas en la mano.

Producidas en estos países las revoluciones tendientes a constituirlos en naciones independientes, confiscaron la propiedad de derecho español y expropiaron a todos los que no aceptaban el nuevo régimen o que no eran nativos.

Estas transformaciones de la propiedad han sido y son aplaudidas y consagradas hasta el presente, porque se trata de actos realizados ya por la clase rica, pero cuando se supone que el socialismo dirigido por el proletariado pudiera realizar confiscaciones o expropiaciones en beneficio de la colectividad, entonces se alzan irrazonables griterías contra el socialismo.

En las revoluciones de 1810, la Argentina, Chile, Perú, etc., transformaron los Estados y expropiaron la propiedad, aboliendo todos los derechos monárquicos y feudales en estos suelos.

Todos esos actos se realizaron en el nombre del pueblo.

Si la razón que obró entonces ha sido aceptada, con mayor lógica se aceptará la razón socialista.

En Chile, como en los demás países, existe una ley que autoriza al gobierno para declarar de utilidad nacional los terrenos que sean necesarios para los servicios públicos o comodidades locales.

Ese mismo criterio, ampliado a un grado superior de justicia, podría aplicarse dentro de la acción socialista: declarar todo de utilidad nacional y para la explotación colectiva.

La gran China, vieja nacionalidad con tradiciones carcomidas y antiquísimas, ha entrado a la vida moderna presente realizando muchos actos de transformación, tanto en la vida pública como privada.

Organizó su régimen político de gobierno

pasando al Estado republicano democrático, desde la monarquía absoluta y despótica.

¿No es esto una prueba de que todo se puede transformar y es modificable?

Si el socialismo es una doctrina que, introducida en la vida social, política y económica, aumenta los goces y felicidades con sólo ir modificando paso a paso las costumbres, tiene en el pasado una razón de su revolución. El mundo ha sido en su carrera hasta el presente una cadena de transformaciones. El socialismo será una transformación inevitable. Lo que hoy hacemos los socialistas es guiar a esa transformación para que no se desvíe del espíritu de amor y justicia que debe serle inseparable.

La acción revolucionaria violenta. En el pasado, casi todos los progresos políticos, sociales y económicos de los pueblos se han realizado por medio de la violencia sangrienta.

Pero felizmente, a medida que ha avanzado el tiempo, la violencia ha disminuido.

Si Francia tuvo tanta sangre para convertirse en República, casi en la misma época los Estados Unidos de Norteamérica realizaban su transformación en condiciones más honrosas.

Turquía, Portugal y China han realizado sus transformaciones con menos violencia.

Así, las acciones socialistas ya realizadas han llevado muchas el sello de la violencia sangrienta, pero poco a poco, a medida que se organizan los socialistas, en sus actos va disminuyendo la violencia sangrienta.

Todas las acciones del presente tienden, pues, a suprimir toda violencia.

La acción revolucionaria legal. El socialismo cada día se acoge más a la acción revolucionaria legal, obrando directamente, como puede, sobre la legislación, la fiscalización y la administración desde las ya numerosas bancas que ocupa, en los diferentes países, en el Congreso y en los municipios.

Si llamamos revolucionario al socialismo es porque no admite otra palabra el pensamiento y la acción que se realizan para transformar este mundo lleno de miserias y desgracias en un verdadero paraíso de felicidades y goces.

La acción revolucionaria legal del socialismo quedará ampliamente tratada más adelante, en los capítulos que describe los medios de acción del socialismo.

La tendencia perenne hacia la transformación. En apoyo de nuestros pensamientos podemos invocar los hechos de la historia.

La historia del mundo es la historia de las transformaciones y del progreso.

Un descubrimiento ha motivado y obligado el nacimiento de otro descubrimiento, y así, en una cadena sucesiva de hechos jamás interrumpidos, se han modificado las cosas, los seres y sus leyes. El hecho de que la humanidad siga su camino ya empezado de continuar modificando las cosas, los seres y las leyes, ese hecho solo constituirá el camino hacia la realización del socialismo que ninguna fuerza puede evitar, puesto que nada ha podido detener el progreso hasta su grado presente.

Estos hechos de la vida ya vivida por el mundo son la prueba más formidable de que el socialismo llegará a su completo triunfo.

La acción presente de los socialistas no sólo se limita a destruir los obstáculos, señalando la historia como prueba y justificando la doctrina, sino que también avanza construyendo todo lo que puede con su acción creadora, como lo expresamos en algunos otros capítulos.

Desde el pasado hasta hoy. En el momento presente la generalidad de los individuos no medita sobre el espacio de tiempo que habrá necesitado cada progreso para realizarse.

Por ejemplo, el ferrocarril no cuenta con ciento cincuenta años de existencia y no cabe duda de que los vehículos de transporte cuentan cerca de dos mil años de existencia.

Ha sido menester ese largo período para llegar a esa hermosa perfección presente que aún no se detiene.

¿Cuántos millones de días han sido menester para llegar a obtener la radiotelegrafía?

Es triste reconocer que en el momento presente se celebra y se goza de todo lo que hoy existe sin pensar que a cada progreso los egoístas de todos los tiempos ponían mil obstáculos de todas clases.

Ponían obstáculos los que creían que sólo del cielo podían venir los inventos.

Las empresas de carretas pusieron mil obstáculos al ferrocarril.

Así, hoy la carreta de las costumbres burguesas pretende impedir que avance por la vía de la conciencia humana la fuerza imponderable de la justicia socialista.

Desde hoy hacia el futuro. La acción socialista desde hoy hacia el futuro se presentará, cada momento, más fácil y su marcha será de más en más rápida, porque los medios de que dispone el socialismo de hoy hacia el futuro son, como todas las cosas, más perfectos.

Por ejemplo, si en el pasado para transportar cien sacos de trigo se necesitaban cinco carretas con varias yuntas de bueyes y diez horas para recorrer sesenta kilómetros, hoy esa operación se puede hacer en una hora y en una bodega por ferrocarril.

Resulta un trabajo mil veces más simple. Así también el socialismo dispone hoy de medios poderosos para realizar sus propósitos. El libro, la tribuna, el periódico, el diario, el folleto, la conferencia, el teatro, la organización, su representación en Congresos y municipios, todos esos medios cada día más poderosos acercan la era de la vida socialista, porque todos esos medios irán convenciendo a los burgueses de que se vivirá mucho mejor dentro del régimen socialista que con la organización actual de la sociedad, y también irán haciendo desaparecer todas las ignorancias y groserías actuales del pueblo para convertirlo en un elemento regenerado, instruido, pensador y progresista. Los niños de hoy, instruidos en el ambiente socialista, harán ya, tan cerca, inmensa labor sobre sus hijos que más adelante formarán la modalidad socialista dominante.

RAZONES ECONÓMICAS Y CIENTÍFICAS

A las razones de carácter histórico que prueban que el socialismo es una circunstancia normal de la vida e inherente al progreso, que no puede desconsiderarse, presentaremos en este capítulo razones que completan las anteriores.

La economía y la ciencia se encargan de colocar al socialismo en el sitio preponderante que le corresponde.

Sólo seres degenerados pueden negar el socialismo o mirarle como despreciable e insignificante.

A las razones históricas agregamos ahora razones económicas y científicas que están más estrechamente ligadas a la vida presente.

Factores que producen la riqueza.

La riqueza no es producto de un individuo ni de una sociedad. La riqueza es producto común.

Cuantas riquezas posee el mundo repartidas en todas sus naciones, son el producto del trabajo y de la inteligencia de la humanidad realizado en miles de años.

La riqueza no puede producirse sino con el concurso común y en la época presente la encontramos reducida a dos factores: el capital y el trabajo, que explicaremos en párrafos siguientes.

Para explotar y gozar de las riquezas minerales de Sudamérica, los españoles tuvieron que traer herramientas compradas en Inglaterra y en transportes construidos con elementos diferentes, en lo cual tomaron parte muchas razas.

Hoy día, como antes, para muchas industrias se necesita reunir elementos de las distintas partes del mundo, en las cuales trabajan obreros de distintas razas y condiciones y capitales internacionales.

Todo esto es dicho en prueba de que por mucho que se individualice la propiedad del producto, éste no puede dejar de ser fruto del trabajo de comunidades de trabajadores.

Por esto, si hay una ley que compele al trabajo común, el socialismo deriva su doctrina de esa lógica estrictamente vinculada a la naturaleza de la vida.

El capital. La sociedad presente alega que sus comodidades son fruto de su capital, olvidando intencionalmente que el capital no ha podido existir sin un trabajo primero, que después de convertido en capital ha sido disfrutado por los que no han realizado el trabajo.

El capital se formó en el pasado con el trabajo realizado por millones de esclavos a quienes no se pagaba salario.

El capital continúa formándose en el presente y aumentándose incesantemente con el fruto del trabajo que no se paga a los obreros, puesto que hoy día a un obrero que produce diez le dan como salario dos. El resto pasa a ser capital.

El capital así formado en el pasado y en el presente, constituye por hoy un factor de riqueza y con él se realizan gigantescos negocios para la felicidad de unos pocos, con el sacrificio y dolor de muchos.

En la región salitrera se ha constatado que cada trabajador produce al fisco, solamente, la enorme suma de 2.500 pesos anuales. Si esta suma la da al fisco como contribución, si el obrero no recoge arriba de 2.000 pesos por salarios al año, si el capital se lleva otro producto grande, ¿cuánto es lo que produce cada obrero y cuánto le toca a él?

El trabajo. La fuerza del hombre empleada para producir y transformar la producción es lo que llamamos trabajo.

El trabajo ha sido el primer acto del hombre que ha iniciado la vida del progreso.

Cuando habrá empezado el trabajo, no existía aún ni la remota idea del capital, ni del dinero, ni cosa parecida.

Trabajo amontonado durante siglos ha venido a motivar, en una época donde la inteligencia no estaba aún desarrollada, la creación de un signo para cambiar un objeto por otro, signo que hoy se llama dinero.

En los tiempos primitivos se cambiaba trigo por bueyes, o bueyes por armas. Hoy se cambia trigo por dinero y dinero por pan.

El trabajo es, pues, el primer esfuerzo de los hombres y después de muchos siglos de trabajo ha venido a organizarse el capital del trabajo ya realizado.

Si todas las cosas tienen un autor, el autor del capital es el trabajo.

El trabajo, es, entonces, la fuerza creadora de todas las cosas; al trabajo se debe todo, al trabajo deben su existencia el capital y todo cuanto exista que se llame riqueza.

Entonces no hay razón de ninguna clase para decir que el capital es quien produce el trabajo.

Los patrones han creado una expresión que han vulgarizado para hacer creer a los obreros que sin patrones no habría trabajo.

Pero esto es un error.

En siglos anteriores la audacia de algunos individuos permitió que amontonaran abundancia de producción, de la que fueron constituyéndose en propietarios y legándola a su posteridad en forma de herencias.

Pero esa producción abundante había sido fruto del trabajo de muchos.

Todo el mundo sabe que durante el período de la esclavitud los hombres más fuertes, dominando a los más débiles, les explotaron su trabajo y se adueñaron de las riquezas producidas por el trabajo de millares de esclavos.

Después de la esclavitud ha venido el salario, que es solamente una transformación de la esclavitud.

Pagando bajos salarios a miles de trabajadores, unos pocos individuos amontonan en poco tiempo fortunas fabulosas.

El salario es la forma de la esclavitud presente.

Si diez hombres trabajando en una mina sacan cada día -término medio- 500 pesos de metal, cambiable inmediatamente por dinero, y en cambio de ese trabajo se le da a cada hombre, con el nombre de salario, 10 pesos, demuestra que sólo se le da la quinta parte de lo que produce.

Del resto se apodera el capitalista.

El capitalista alega, como razón justa para apoderarse de esa parte de la producción, que él invierte capital en salarios y en herramientas, maquinarias y todo lo que origine una industria.

En el capítulo en que tratamos de la maquinaria se verá el valor de ese aporte.

Por ahora, dejamos establecido aquí que el trabajo es el factor principal de toda producción, de toda riqueza, de todo capital.

Si en la producción de la riqueza entran como factores el capital, el trabajo y la máquina, todo queda reducido y derivado del trabajo, porque ya lo hemos probado que sin trabajo no hay ni capital ni máquinas.

El trabajo ha dado vida a la máquina y al capital.

La maquinaria.

El progreso de las maquinarias en todas las industrias es un factor de gran importancia, que, si por ahora constituye un medio de mayor explotación para los obreros, en cambio para el porvenir, más largo que el presente, significará la verdadera felicidad de los pueblos.

La maquinaria es hecha por los trabajadores y no puede funcionar sin el concurso de los trabajadores.

Los capitalistas alegan hoy día, como un motivo para apropiarse de la mayor parte del producto, que ellos aportan la maquinaria, que significa un capital en movimiento.

Pero éste es un argumento sin razón.

Si la máquina produce, es por obra del obrero que la conduce.

En la producción, la maquinaria no aumenta el valor del producto, no puede aumentarlo ni tiene por qué.

La maquinaria traspasa su valor y nada más.

Así, por ejemplo, si una máquina de coser dura mil días y cuesta 100 pesos, resulta que se gasta a razón de 10 centavos al día y que esta cantidad es la que traspasa al producto.

Por una costura que se realice en el espacio de un día, por la máquina no puede agregarse mayor valor que el que corresponda, más el interés equivalente.

La máquina aporta, pues, sólo un valor fijo.

La máquina aporta un movimiento mecánico inconsciente.

El obrero aporta cuidado, inteligencia, interés, arte.

El obrero tiene que ser el compañero inseparable de la máquina.

El obrero es el creador y constructor de la máquina.

Por ejemplo, si un par de zapatos tiene como precio corriente de venta 30 pesos y su valor se descompone como sigue:

Materiales (cuero, suela, etc.) $ 10:00

Uso de las máquinas " 4.00

Administración, gastos generales " 4.00

Salario del obrero " 4.00

Precio neto $ 22.00

Y si se vende a 30 pesos, ¿quién le da ese valor?

Ese valor no puede salir sino de quien lo construye.

Los materiales no aumentan su valor. El uso de las máquinas tampoco, sólo descuentan su amortización incluyendo intereses.

Administración y gastos generales están en el mismo caso de máquinas y materiales.

Siendo el obrero factor indispensable de la producción, resulta el único agente que produce valores en todos los objetos de la producción.

Así, pues, esos 8 pesos que exceden del valor neto de los zapatos es valor producido por el obrero.

Sobre esta materia se publicará dentro de poco un folleto que contendrá explicaciones más amplias y más completas.

Los necesidades individuales. El hombre primitivo sólo necesitaba comer. Durante muchos siglos han vivido los hombres primitivos sin otra necesidad que la comida.

Comían lo que estaba a su mano: frutos, raíces, yerbas, pájaros.

El primer trabajo ha consistido en buscarse el alimento.

Las necesidades de los hombres han variado y aumentado tanto que para señalarlas en un orden progresivo, tomando en cuenta cada época de la vida, no bastaría un gran libro y aquí no podemos disponer sino de un breve capítulo para ello.

Contemplemos al hombre primitivo, viviendo en un mundo vacío, sin casas, sin obras de ninguna clase, sin más trabajo que buscarse el alimento.

Contemplemos al hombre de hoy rodeado de millones y millones de objetos diferentes que se han fabricado en el transcurso del tiempo.

¡Cuan enormemente diferente es la necesidad presente del hombre de su necesidad pasada!

Cada objeto o instrumento o cosa que existe significa el desarrollo de las necesidades del hombre.

El hombre en la época presente no puede vivir como al principio de la humanidad.

Sus necesidades de hoy son mil veces más numerosas que antes.

La lucha que el proletariado desarrolla en el presente es empujada por las necesidades morales y materiales, creadas ya por la humanidad, y esta lucha no cesará hasta que el hombre pueda satisfacer sus necesidades sin más freno que la razón.

La transformación sucesiva de las necesidades.

A medida que se han ido creando nuevos objetos, instrumentos o cosas, las necesidades se Han ido transformando.

El hombre que primero sólo necesitó comer, después necesitó vestirse y cubrirse bajo techo;

para vestirse y cubrirse bajo techo tuvo que inventar.

Sus inventos han sido cada día más prodigiosos hasta producir el asombro.

Ojalá cada uno de nuestros lectores se detuviera algunos momentos para pensar en todo aquello que no nos es posible escribir, referente a los inventos que ha tenido que hacer el hombre al frente de cada necesidad creada.

Cuando se le ocurrió al hombre vestirse, no existían géneros ni herramientas.

Cuando se le ocurrió al hombre vivir en casas, no había nada para construirlas.

Entonces apareció el trabajo en forma más variada y desde aquel momento el trabajo ha sido el poder más grande que ha convertido en realidad todas las caprichosas pero justificadas ilusiones del hombre.

¡Qué hermosa, qué sublime y qué inmensa es la historia del trabajo! ¡Nada hay más hermoso que el trabajo!

Pero qué triste es contemplar el producto fiel trabajo con los productores del trabajo, o sea los trabajadores.

Legiones innumerables de seres abyectos han sido los que con su fuerza y su mediana inteligencia individual han creado y dado forma a todo lo grandioso que hoy podamos admirar y que es en parte propiedad colectiva.

Llegamos a la época presente donde se han reunido ya millares de necesidades, que el individuo las siente según sea el grado de conocimientos que haya alcanzado o el ambiente en que viva.

Las necesidades que siente un campesino que no sale de su terruño son bien diferentes a las necesidades de ese mismo campesino transformado en trabajador residente en una ciudad.

Dentro del justo concepto del derecho no es posible poner prohibiciones al derecho de satisfacer las necesidades.

El hombre necesita vestirse y cada día mejor, según vaya viendo el perfeccionamiento de los vestidos.

El hombre necesita vivir con comodidad, a medida que vaya apreciando las ventajas de una cómoda habitación.

El hombre necesita satisfacer otras mil necesidades que hoy forman parte de la vida, y que nadie tiene derecho a prohibir sentir el deseo de satisfacer esas necesidades.

Una enfermedad aquejará a un hombre y necesitará medicamentos caros y cambiar de ciudad para aspirar a su mejoramiento, pero tendrá que consultar su salario para ver si puede satisfacer aquellas necesidades.

Y aquí es cuando aparece el salario como una ley infame y los creadores del salario como unos criminales y los que lo aceptan como unos idiotas e incapaces.

Aquí es donde surge espléndido el pensamiento de reformar y de perfeccionar la costumbre del salario para sacar al hombre de esa esclavitud que lo asesina.

Y es el socialismo únicamente quien impulsa este pensamiento de destruir la esclavitud del salario.

A los trabajadores les dice: sois víctimas y sufrís porque toleráis el salario.

A los ricos les dice: aparecéis como verdugos de vuestros semejantes porque mantenéis la infame costumbre del salario.

¿Qué vendrá entonces en vez del salario? ¿Cómo viviremos sin salario o en otra forma?

La acción perfeccionadora del socialismo no tiene límites. De manera que nadie puede precisar cuándo se habrá llegado al estado de completa perfección.

Por esta razón no se podrá asegurar cómo y cuándo vendrá cada época de perfeccionamiento.

Hemos dicho antes que el salario es una esclavitud y que está llamado a desaparecer.

Pero ¿con qué se reemplazará al salario? No podemos precisarlo.

Puede ser que durante mucho tiempo exista un signo de cambio, como la moneda. Bien puede ser también que algún día desaparezca, porque la organización social se hará de tal manera que no se necesitará signo ninguno.

Habrá para esto una razón de alta moralidad.

Si el alimento no se puede privar a nadie, justo es que no se exija dinero por él. En las mismas condiciones están todas las cosas necesarias para la vida.

Pero cuando se habla de vivir en una sociedad sin dinero, se piensa en que eso sería imposible y se olvida que el mundo ha vivido, en épocas en que había menos inteligencia, más tiempo sin dinero que con el dinero.

No se tratará de volver al pasado, sino de aceptar un modo de vivir más justo y sin enredos.

No se podrá alegar de que haya cosas imposibles de realizar, porque después de haber des-


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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