Luis Emilio Recabarren. Obras Selectas


EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE RECABARREN

Julio César Jobet

I

En la época de la Independencia la sociedad chilena se encontraba escindida en una capa terrateniente; algunos estratos medios urbanos; una masa campesina ascendente a más de un 80% de la población, sometida a relaciones serviles, con fuertes vestigios señoriales, y un pequeño sector obrero de la construcción y de las minas. De tal realidad social resultaba una influencia preponderante de la aristocracia terrateniente y católica en la dirección del país. En el plano político solamente se anotaban bandos familiares y personalistas, en especial el antagonismo entre Carrerinos y O'higginistas. Desde la caída de la dictadura de 0'Higgins actuaron varios bandos políticos y se ensayaron diversos modos de organizar la República, los que fueron aventados con el triunfo de Portales y los pelucones, Portales cohesionó a la clase dueña de los medios de producción y a la Iglesia Católica; robusteció el Estado, e impuso la tutela civil sobre los caudillos militares, bajo la dirección de un partido único, el Partido Conservador (pelucones). Entre 1830 y 1848 el dominio de los conservadores fue inconmovible.

A lo largo de la República "en forma" se produjo un importante avance económico. En el sector de los dueños de los medios de producción surgieron diversos estratos nuevos. Al lado de los terratenientes aparecieron los empresarios mineros, los comerciantes ligados al tráfico exterior, y, en menor escala, al interno; algunos empresarios manufactureros; los altos funcionarios y empleados de la administración pública, y los profesionales (quienes procedían de la propia clase terrateniente tradicional, de los sectores medios urbanos y de los extranjeros radicados en el país). En el sector laboral empezó a disminuir lentamente el núcleo de los campesinos y a formarse un "ejército rural de reserva", y a su costa se acrecentó el artesanado urbano, en la multiplicación de los oficios, y el de los obreros del transporte y de la construcción (portuarios, ferroviarios, jornaleros de la edificación); aumentó el proletariado minero (en las faenas de la extracción de la plata, del carbón, del cobre y del salitre). En 1890 el 63% de la población era rural.

A raíz del avance económico y por el influjo de las ideas democráticas europeas, los sectores económicos nuevos y algunos ideólogos rechazaron el monopolitismo del poder ejercido por el Partido Conservador (pelucones). En 1849-51 se constituyó el Club de la Reforma, base del Partido Liberal, gracias al esfuerzo de José Victorino Lastarria; asimismo, se organizó la Sociedad de la Igualdad, nutrida con elementos artesanales, obreros y la juventud liberal, y movida por la actuación brillante de Santiago Arcos y Francisco Bilbao. Fue el período de los "girondinos chilenos" y de los "igualitarios". Consolidado el gobierno de Manuel Montt, se abrió el período de la "fronda aristocrática" que impuso el bipartidismo. El Partido Nacional, agrupación de los conservadores clericales, ultramontanos o "pechoños", se alió con el Partido Liberal, dando vida a la fusión liberal-conservadora, fuerza política de oposición a Montt y, en seguida, eje de la administración de José Joaquín Pérez. En la década de 1860 se inició la multiplicación de los partidos: en 1863 nació el Partido Radical; en 1873 se gestó la Alianza Liberal (liberales y radicales); en 1875-76, el fugaz Partido Liberal Democrático, formado por Benjamín Vicuña Mackenna; en 1887, el Partido Demócrata, y en 1894, el Partido Liberal Balmacedista.

En el siglo XIX, en Chile, asistimos a la formación de una vasta burguesía intermediaria, limitada casi exclusivamente a la esfera de la circulación y al papel de agente comercial del capital foráneo. La burguesía minera es sólo expoliadora de materia prima; la burguesía comercial es únicamente representante del capital extranjero. La burguesía intermediaria y el capital bancario, usurario, se ensamblaron con los intereses de la oligarquía terrateniente y ambas se aliaron y se entrelazaron con el capital extranjero. No se formó una burguesía a la europea, con intereses opuestos a los de la clase terrateniente y cuya misión fuera la de enfrentarse a la aristocracia tradicional. Por tal motivo no hubo un desarrollo industrial poderoso, amplio, impulsado por una burguesía activa, audaz, antiaristocrática y antiimperialista. Todos los nuevos sectores poseedores estaban comprometidos con la economía primario-exportadora. No hubo, entonces, conflicto entre una clase "feudal", terrateniente, y la clase "capitalista" burguesa. Hubo solidaridad básica de la clase propietaria de los medios de producción, ligada al capitalismo-imperialismo inglés, fundamentalmente. Las diversas colectividades políticas, con excepción del Partido Demócrata, aglutinaron a los distintos estratos de la clase propietaria y expresaron en mayor o menor grado sus intereses económicos y sociales y sus aspiraciones de poder.

El nacimiento del Partido Demócrata, el 20 de noviembre de 1887 (su primera convención general se llevó a cabo el 14 de julio de 1889, al cumplirse el primer centenario de la Revolución Francesa), tuvo su origen en el incremento de la clase trabajadora, en sus sectores anhelosos de constituir una agrupación propia, con un programa de reformas económicas, sociales y políticas a tono con sus necesidades específicas. Una década más tarde se formaron los primeros grupos socialistas, de vida efímera, como la Unión Socialista, en 1897; el Partido Obrero Francisco Bilbao; el Partido Socialista, en 1900.

A fines del siglo XIX, en sectores minoritarios del proletariado nacional, se difunden las ideas socialistas y el ideario anarquista, y bajo su influencia se produce un antagonismo entre quienes siguen a los ideólogos socialistas (Marx, Engels, Pablo Iglesias, José Ingenieros, Juan B. Justo), y los que adhieren a los ideólogos anarquistas (Bakunin, Kropotkin, Grave, Malatesta). El antagonismo señalado se refleja en la acción práctica de los trabajadores, al estructurarse organismos clasistas de lucha orientada por uno u otro ideario: las mancomunales poseen una tendencia socialista, y las sociedades de resistencia acogen el ideario anarquista.

En el plano político, los pequeños grupos socialistas no pasaron de constituir núcleos sin raigambre en las clases trabajadoras. La agrupación popular que creció con vigor fue el Partido Demócrata. A sus filas ingresó el joven obrero gráfico Luis Emilio Recabarren.

II

Luis Emilio Recabarren Serrano nació en Valparaíso, en 1876. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Santo Tomás de Aquino, y cumplidos los catorce años se hizo obrero tipógrafo. En 1894 ingresó al Partido Demócrata, año en que la colectividad obtuvo su primer representante en el Parlamento. Recabarren alcanzó una figuración de relieve en las agrupaciones demócratas de Santiago y Valparaíso. El 22 de enero de 1899 apareció el primer número del semanario La Democracia. Su equipo estuvo formado por Florentino Vivaceta, como director; Honorato Farías, subdirector; Isaías González y Luis Emilio Recabarren, secretarios. El periódico duró hasta mediados de 1901, y Recabarren llegó a ser su director. Aquí exhibió ya su interés en propagar la prensa obrera, con el propósito de capacitar políticamente a las masas populares, sometiendo a crítica severa al régimen burgués-capitalista, dando a conocer la situación de las clases laboriosas y exponiendo las líneas esenciales del pensamiento socialista. En su primer editorial declaró el periódico: "Trataremos de interpretar fielmente las aspiraciones e ideales del proletariado de nuestra patria". Y tal fue el móvil constante de la actividad política y sindical de Recabarren.

Recabarren asistió a las convenciones de su partido, de principios de siglo, como delegado de las asambleas del norte del país, y se destacó por sus posiciones doctrinarias. Se trasladó a Valparaíso y ahí ocupó el cargo de presidente provincial de su colectividad. Con su intensa labor contribuyó al triunfo de Ángel Guarello como diputado por esa circunscripción y a obtener la mayoría municipal para los demócratas del puerto en marzo de 1903. A pretexto de su actuación en una de las mesas, se le envolvió en un proceso, acusándosele de falsificar actas electorales. Estuvo encarcelado tres meses, y, en definitiva, fue absuelto, pues el juez desestimó la acusación por falsa. Con ese injusto encarcelamiento inició el largo rosario de prisiones en su agitada vida de dirigente popular.

En Valparaíso se celebró la Segunda Convención del Congreso Social Obrero (organismo unificador de sociedades mutualistas, de socorros mutuos), en septiembre de 1903. Los asalariados acudían a las sociedades mutualistas para protegerse de algunos riesgos del trabajo, cubiertos por tales entidades, y de ahí su importancia en esos años. A Recabarren le correspondió actuar en calidad de presidente de la Comisión Organizadora del citado congreso. Con motivo de ese acontecimiento gremial, el dirigente Gregorio Trincado, fundador de la Mancomunal de Tocopilla, comprometió a Recabarren a trasladarse a aquel puerto salitrero para ponerse al frente de un periódico gremial. Partió el 22 de septiembre y el 18 de octubre sacó a luz el primer número de El Trabajo. En sus páginas libró resonantes campañas en favor de las reivindicaciones obreras, hasta conmover a la opinión pública de la región, y, al mismo tiempo, provocar la airada reacción de las autoridades.

Con su viaje a Tocopilla se inició la actividad proletaria de Recabarren; se afirmó en su credo socialista, y entró a preocuparse por la constitución de la prensa obrera. Sus valientes campañas periodísticas desataron la furia reaccionaria del gobernador y autoridades en contra de la mancomunal y de su periódico. Los miembros de su directorio y Luis Emilio Recabarren fueron apresados en forma arbitraria, ilegal. Sin embargo, la Corte de Apelaciones y el gobierno liberal-democrático ampararon el abuso.

Recabarren absorbió todo el peso de la persecución gubernativa y estuvo ocho meses en la cárcel. En su folleto Proceso oficial contra la Sociedad Mancomunal de Tocopilla (publicado en Santiago en 1905) detalla el origen y las peripecias del ataque de las autoridades al funcionamiento de la mancomunal y de su prensa, que tendían, según ellas, a la subversión del orden público. En sus páginas, además, expone algunas de las ideas orientadoras de su actividad. Al comentar las expresiones de un ministro de la Corte de Apelaciones de Tacna sobre la cuestión social, Recabarren muestra su raíz en estas líneas: "¿No se sabe que donde existen explotadores y explotados, gobernantes y gobernados, miserias y riquezas, trabajadores y patrones, allí habrá de existir eternamente la cuestión social?"

En la respuesta a la acusación fiscal redactada por el abogado de la mancomunal Lindorfo Alarcón H., de acuerdo con Recabarren, se desarrolla un largo alegato basado en la Constitución y las leyes de la República para demostrar el alevoso atentado a las libertades llevado a cabo por la maquinaria política gobernante. Algunos de sus conceptos poseen permanente validez: "Privar la libertad del pensamiento es como privar al individuo el aire que respira. Hasta la libertad de pensamiento no le es dado llegar a ninguna autoridad. El pensamiento es, hoy por hoy, la única premisa que caracteriza la individualidad. Y esta libertad, unida al derecho de publicar nuestras opiniones, que consagran las leyes citadas, aun cuando lleguemos a extralimitarla, no tiene derecho para apreciarla la justicia ordinaria, como queda demostrado. Para la libertad de pensar no puede haber leyes, porque el laboratorio del pensamiento está destinado a servir a la humanidad... De ahí la hermosa concepción de Valtour, manifestada en estas sencillas palabras: "La libertad de pensar es un tesoro que únicamente se conserva gastándolo".

En las palabras finales de su folleto, Recabarren pinta un cuadro bien franco de la apatía de las masas trabajadoras, de la cual se benefician los sectores burgueses para mantener su dominación; pero, a la vez, reafirma su concepción socialista de que el avance y el triunfo futuros de los trabajadores deberán ser obra de ellos mismos. Escribe: "Aún hay muchos obreros que rehúsan unirse, mirando con indiferencia la miseria en que viven. Muchos también son nuestros enemigos: unos huyendo de la sociabilidad obrera, otros militando en los partidos políticos burgueses, dando su apoyo a los propios enemigos. Esta última persecución hecha por el gobierno a los pobres de Tocopilla, Taltal, Chañaral, Lota, Lebu y otros pueblos, nos trae una demostración evidente del odio que el rico, que el patrón, que el gobierno profesan a los pobres, sobre todo a los que piensan en estudiar y emanciparse de la ignorancia. En esta campaña do odios hecha por los burgueses, ya como gobernadores, como jueces, como fiscales, como ministros de Cortes, y aun como ministros de Estado y hasta el mismo mal agradecido del Presidente Riesco, elevado con el apoyo popular, campaña hecha contra el pueblo, ha quedado perfectamente en claro que nosotros los trabajadores nada tenemos que esperar de la canalla reinante, a no ser mayores azotes. Todos estos burgueses divididos en bandos políticos llamados balmacedistas y radicales, o conservadores y liberales, en tiempos de elección halagan las pasiones del pueblo y lo engañan con sus acostumbradas mentiras hasta que por su concurso llegan al poder, desde donde se convierten en los verdugos del pobre que les ayudara... Los adelantos que el pueblo haya conquistado se los debe a sí propio, a su iniciativa, a su labor realizada desde el solio de la sociabilidad obrera. Pronto llegará, pues, la hora de castigar a la burguesía que se burla de los fueros del pueblo".

La realidad descrita por Recabarren no le arredró en su misión revolucionaria, como tampoco lo amilanó la dura persecución del régimen dominante; por el contrario, inflamó su voluntad combativa. Mientras permaneció en la cárcel, por los sucesos de Tocopilla, escribió en su Diario, donde registraba sus pensamientos íntimos, estas frases notables: "Mi confianza está en el proletariado, en su combatividad que veo nacer aquí en la provincia. Aprovechar estas energías, interpretarlas y orientarlas, hacer que contribuyan a la liberación del pueblo y que la patria se beneficie con ellas: he ahí la gran labor... Lo importante no es desmayar, sino encarnarse en la agitación revolucionaria que uno mismo desencadena, en cuerpo y alma, sin reservas ni flaquezas". .. ¡Posición nítida de un revolucionario responsable, y consecuente entre sus palabras y sus acciones!

En este mismo Diario estampó las siguientes palabras, que completan las anteriores; "Soy de los que estiman que para despertar al trabajador del letargo tradicional es necesaria una gran agitación que haga estremecer a los pueblos, aun cuando algunos nos veamos expuestos a ser víctimas escogidas de las ferocidades burguesas. Con este espíritu encarné en El Trabajo todo el fuego posible y puse en el lenguaje una viveza natural que ya parecía ver desarrollarse un movimiento revolucionario capaz de trastornar todo el país".

De sus actividades y de sus ideas en los primeros años del siglo actual aparece ya su clara misión revolucionaria y su firme convicción socialista. Al mismo tiempo resulta evidente su actividad realista, sensata, dadas las condiciones sociales y políticas del país de aquella época: educar y organizar a los trabajadores, creando o elevando su conciencia de clase, con vistas a un cambio revolucionario de la sociedad por medio de su lucha de clase; y, por tal motivo, búsqueda del contacto con los trabajadores en todos los sitios de existencia y de actividad. Su afiliación al Partido Demócrata respondía a dicha actitud, pues era una agrupación política de artesanos y obreros, susceptibles de ser llevados a una posición revolucionaria. Cuando estimó urgente dar vida a una colectividad política socialista independiente no trepidó en alejarse de aquella agrupación y denunciarla como definitivamente entregada al juego de la reacción burguesa.

Ante una concepción y una posición doctrinaria, sindical y política tan claras, se torna incomprensible y absurda la beligerancia de los elementos anarquistas en contra de la personalidad y la empresa de Recabarren. En esos años los anarquistas, creadores de las sociedades de resistencia, atacaban a Recabarren por su acción proletaria, clasista, pero manteniéndose ligado al Partido Demócrata, cuyas directivas participaban del juego parlamentarista oligárquico. El principal personero del anarquismo de aquella época, Alejandro Escobar Carvallo (había sido uno de los fundadores de la Unión Socialista en 1897, pero viró pronto hacia el anarquismo), se dirigió en un artículo de prensa, un tanto pretencioso, a Recabarren en estos términos:

"¿Es usted socialista? ¿Es usted anarquista? o ¿es usted demócrata? Me lo figuro las tres cosas a la vez. Por sus escritos, por su labor, por sus promesas, usted es triple. ¿Qué propaganda es la que usted quiere hacer? Tal vez usted mismo no lo sabe. Eso es lo malo, usted debe estudiar a fondo la cuestión social". Lo acusa de candido porque creería en la justicia de los tribunales burgueses y concluye así: "Puede que las prisiones arbitrarias que lleva sufridas lo hagan más revolucionario y decidido".

La respuesta de Recabarren reafirmó sus convicciones socialistas revolucionarias; dejó en descubierto la actitud con frecuencia negativa de los anarquistas, lindante con un utopismo cómodo, paliado por un verbalismo extremista sin mayores consecuencias prácticas. En un párrafo bien sugerente le expresó: "¿Qué soy yo? Soy socialista revolucionario. Entre los medios para hacer la revolución está el parlamentarismo; por esta razón milito en el Partido Demócrata. Soy libre de llevar las armas que a mí me plazcan para hacer la revolución y libre a la vez de deshacerme de las que vaya estimando inútiles o gastadas o inofensivas, a mi debido tiempo... Los anarquistas chilenos, obcecados por las ideas de violencia que aconsejan a otros que las eje- cuten, se han hecho de un temperamento tan nervioso que los aleja del razonamiento y del cálculo. Si los ácratas chilenos no reaccionan en sus métodos, no habrán conseguido sino distanciarse de las masas obreras del país".

Después de la polémica Escobar Carvallo-Recabarren, el primero abandonó su militancia anarquista e ingresó al Partido Demócrata con el propósito de llevarlo a adoptar el programa socialista. Su nueva posición habría sido el resultado de un acuerdo entre él, Luis Emilio Recabarren y Lindorfo Alarcón, realizado en Tocopilla, en octubre de 1905. Al abandonar su posición anarquista despachó una carta política a sus amigos libertarios de Antofagasta, Valparaíso y Santiago, invitándolos a seguir su ejemplo. Dicho documento habría aparecido en el diario La Vanguardia, redactado por Arturo Laborda. (Lo menciona en el capítulo IV de sus memorias: "La organización política de la clase obrera a comienzos del siglo", en la revista Occidente, núm. 122, de marzo-abril de 1960.)

Recabarren dedicó sus principales esfuerzos . a la organización del proletariado salitrero, pero no descuidó su actividad política en el seno del Partido Demócrata, con vistas a la utilización de las elecciones como medio de educación política de las masas. Y, precisamente, aceptó la candidatura a diputado en representación de su partido, por la circunscripción de Antofagasta, en los comicios de marzo de 1906. Consiguió un triunfo amplio. Pero en ese entonces era la Cámara la que calificaba las elecciones, y una mayoría ocasional lo despojó de su mandato. Primero los conservadores armaron un escándalo porque Recabarren se negó a jurar en razón de no creer en la existencia de Dios; superado el asunto, en definitiva le negaron .sus poderes por ser un agitador que predicaba "ideas de disolución social". (1) La opinión pública quedó asombrada ante la impudicia de la Cámara de Diputados y la prensa burguesa misma condenó su decisión por abusiva e insólita. El Mercurio, en su editorial del 22 de junio de 1906, manifestó: "Ese diputado por Antofagasta es uno de los pocos hombres en Chile que han llegado hasta el Congreso exclusivamente en virtud del voto popular, por la simple, libre y espontánea voluntad del pueblo elector, sin intervención de fuerza alguna que perturbara el criterio de los que lo eligieron... Es, además, un hombre pobre, un obrero legítimo, no un supuesto obrero como no faltan entre nosotros. Carece no sólo de medios de fortuna, sino que además está alejado, por la misma actitud que ha asumido en estos últimos años, de toda esperanza de que ningún hombre de fortuna lo ayude. Y así, contra las autoridades, contra el dinero, sin gastar un centavo, sin emplear otros medios que los que le daban el ascendiente que había ido ganando sobro los electores, Recabarren ha llegado a la Cámara. Nosotros preguntamos a cualquier hombre honrado sin pasiones partidistas: ¿Puede haber en el Congreso de Chile un diputado más legítimamente elegido?..." En idéntica forma se expresaron El Ferrocarril y La Ley.

III

El año de 1906 marca el fin de la primera etapa en la vida política y sindical de Recabarren, rodeado de acontecimientos significativos. Triunfó en forma contundente en las elecciones parlamentarias como diputado por Antofagasta, pero la mayoría reaccionaria de la Cámara lo despojó ignominiosamente de su mandato, señalando con esa actitud que no estaba dispuesta a tolerar su incorporación al parlamento burgués, en vista de su actividad clasista y revolucionaria; lo mezcló en la huelga de febrero, en el puerto de Antofagasta, acusándolo de ser su instigador, y, por ende, desatando una persecución en su contra; en la lucha presidencial de ese año se negó a apoyar la candidatura del terrateniente Fernando Lazcano, candidato de la Coalición, en abierto desacuerdo con la directiva de su partido, presidida por Malaquías Concha; y separándose dio vida al Partido Democrático Doctrinario. Lo definió como demócrata socialista. Supone un antecedente sugestivo de su posterior decisión de fundar un partido socialista obrero. De acuerdo con su incansable tarea de educador político de la clase laboriosa editó el diario La Reforma, como portavoz de su fracción y defensor de los intereses de la clase obrera. En octubre de 1906, poco antes de terminar la defensa de su diputación, la Corte de Tacna lo condenó a 541 días de prisión como término del largo proceso en contra de la Mancomunal de Tocopilla. Para eludir el nuevo carcelazo, Recabarren se dirigió a la Argentina, donde permaneció el año de 1907. Ingresó al Partido Socialista y tuvo importante actuación en su seno.

A principios de 1908 partió a Europa y visitó España, Francia y Bélgica. A fines de 1908 volvió a Chile, cumplió su condena entre noviembre de ese año y agosto de 1909. De inmediato llevó a cabo un viaje de tres meses de duración por el centro y sur del país, dando conferencias y revisando la organización de los sectores trabajadores. El año del Centenario lo pasó en Santiago. Desarrolló una apreciable jornada cultural, de esclarecimiento ideológico, histórico y político. Publicó su folleto El sembrador de odios; dictó su conferencia con ocasión del primer centenario de la República, recogida en su " folleto Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana, excelente análisis del carácter clasista del movimiento de la independencia, de la pugna económica y social del proletariado y la burguesía a lo largo de la República, y del carácter engañador" de la historiografía, por cuanto, al reseñar la trayectoria del país, desconoce y olvida el papel jugado por el pueblo.

El 28 de mayo de 1910 dictó una conferencia en el Salón del Partido Demócrata de la segunda comuna de Santiago, para comentar y criticar una exposición del político burgués Francisco Valdés Vergara, en el Centro Conservador, el 1º de mayo de 1910. Es una certera y valiosa exégesis de la crueldad de la dominación oligárquica en el país, de la falsa concepción de los intelectuales burgueses respecto de las doctrinas socialistas y de la labor de los dirigentes obreros en el seno de las clases trabajadoras, y de la mistificadora posición de simpatía a las reivindicaciones populares pregonadas por algunos políticos conservadores.

Al examinar las agitaciones sociales en el país, en especial la gran huelga de Iquique en 1907, se refiere a la cruel masacre, reproduciendo el texto integro del parte oficial del general R. Silva Renard. Este famoso documento, típico del método de falseamiento de la verdad por parte de las autoridades en los actos de represión de los movimientos proletarios, describe sus planes para someter a los "sediciosos"; sus primeros pensamientos en cuanto a reducirlos por medio de un ataque de la infantería con bayoneta calada hacia el interior de la Escuela Santa María, junto con una carga de la caballería sobre la turba aglomerada en el exterior; pero al comprobar que no daría resultados, y penetrado "de la necesidad de dominar la rebelión", se decidió por ordenar disparar las ametralladoras y los fusiles, y "hechas las descargas de fusilería y ante el fuego de las ametralladoras que no duraron sino treinta segundos, la muchedumbre se rindió"... A la mañana siguiente de la hecatombe envió a la pampa 5.000 a 6.000 huelguistas, otros fueron entregados a la policía y 200 manifestaron deseos de volverse al sur. Terminaba su parte con las frases de rigor: "Esta es la relación exacta de los luctuosos sucesos... en los cuales han perdido sus vidas y salido heridos cerca de ciento cuarenta ciudadanos"...

El gobierno se limitó a aceptar el informe oficial del general y sus parlamentarios a guardar silencio, a pesar de su conocimiento de la magnitud real de la implacable matanza. Únicamente los diputados demócratas denunciaron el horror espeluznante del genocidio. Malaquías Concha y Bonifacio Veas manifestaron "que sobre 10.000 obreros sin armas se disparó con ametralladoras, no por espacio de treinta segundos, como dice el parte oficial, sino que la espantosa carnicería duró, por lo menos, tres minutos. Se formaron montañas de cadáveres hasta el techo de la Escuela Santa María. Y esto, señores diputados, en un país de libertad, en un país con instituciones que aseguran las garantías individuales". (La cifra de muertos sobrepasó los 2.000, entre hombres, mujeres y niños.) Alejandro Venegas en su libro Sinceridad, en páginas estremecedoras, relata aspectos del increíble crimen y corrobora la cifra ya mencionada. En mi Ensayo critico del desarrollo económico y social de Chile, he recordado el testimonio de mi padre, Armando Jobet Angevin, suboficial del regimiento Carampangue, a quien le correspondió el primer turno de entrega de cadáveres, y recogió 900, calculando una cifra mayor para los otros turnos. La cantidad de 2.000 ó 2.500 muertos le parecía ajustada a la realidad. El doctor Nicolás Palacios, en una serie de artículos publicados en el diario El Chileno de Valparaíso, al referirse en forma indignada a esa carnicería da un número de 585 bajas, entre muertos y heridos. Pero esta cifra resulta menguada frente a su propia descripción del infernal ametrallamiento desencadenado. Téngase presente el párrafo siguiente: "En el balcón central del edificio permanecían de pie, serenos, unos treinta hombres en la plenitud de la vida, cobijados por una gran bandera chilena, y rodeados de otras de diferentes naciones. Era el comité de los huelguistas; eran los cabecillas, los condenados a muerte desde el día anterior. Todas las miradas estaban fijas en ellos, hacia ellos se dirigían todas las bocas de fuego. De pie, serenos, recibieron la descarga. Como heridos del rayo cayeron todos, y sobre ellos se desplomó la gran bandera. La muerte de los jefes de la huelga y las banderas blancas y los pañuelos que se agitaban en varias partes nos hicieron creer a los espectadores imparciales que el acto había terminado, ilusión que sólo duró un instante; el fuego graneado que de todas partes siguió a la descarga cerrada fue tan vivo como el de una gran batalla, las ametralladoras producían un ruido de trueno ensordecedor y continuado. Hubo un momento de silencio mientras se modificaba el alza de las ametralladoras bajándolas en dirección al vestíbulo y patio del edificio, ocupados por una masa compacta e hirviente de hombres que se rebasaba a la plaza... , y luego el trueno continuó. La fusilería, entre tanto, disparaba sobre el pueblo asilado en las carpas de la plaza y a los que huían desatentados del centro del combate. .. Callaron las ametralladoras y los fusiles para dar lugar a que la infantería penetrase por las puertas laterales de la escuela, descargando sus armas sobre los grupos de hombres y mujeres que huían en todas direcciones... ganando las calles por entre las patas de los caballos, arrostrando las lanzas de los granaderos encargados de impedirlo y buscando un asilo en las casas inmediatas"... El doctor Nicolás Palacios fue testigo ocular de la horrorosa masacre.

En este folleto, muy importante en la producción de Recabarren, (2) analiza y critica la conferencia de Francisco Valdés Vergara, por estimarla una expresión típica de la actitud maquiavélica de la clase dominante, algunos de cuyos intelectuales se disfrazan de hombres bien inspirados, accesibles a recoger las aspiraciones de las clases trabajadoras y a dictar algunas leyes inocuas en su favor; pero, en el fondo, exhortan a la juventud a luchar contra las aspiraciones legítimas del proletariado y a resistir cualquier cambio dirigido a eliminar los privilegios. Recabarren plantea sus puntos de vista a través del enfoque a tres asuntos: el examen de las agitaciones sociales, recordando el horror de la tragedia de Iquique, apenas mencionada y con errores imperdonables por el conferencista burgués; el análisis de su combate a la igualdad social por considerarla irrealizable desde su posición de burgués privilegiado; y un desenmascaramiento de sus proposiciones de mejoramiento del pueblo, por ser engañosas y sin efectos prácticos.

Recabarren se explicaba la creciente actividad de los partidos burgueses en orden a propagar sus doctrinas y a preparar a la juventud a su favor, como el método más eficaz para defender sus intereses de clase y sus privilegios, porque la burguesía advertía "claramente el porvenir sombrío que le espera como clase privilegiada, y comprende que a medida que prospere la educación popular mejor será el camino de la acción que le conduzca a su verdadero bienestar. Entonces, con la previsión del que siente la necesidad de su conservación, toma las medidas del caso: instruye y arma a su juventud para que ésta llegue hasta el pueblo, por todos los medios, para inocularle, para inyectarle el veneno de la decepción, de la desconfianza, de la indiferencia. Esta es la acción que más interesa a la clase capitalista porque va encaminada a su conservación como clase y a la mantención de todos sus indebidos privilegios".

El enfoque de Francisco Valdés Vergara sobre el problema social chileno era éste: "Algunos gremios de obreros, quejosos de su suerte, faltos de medios para mejorarla y de resignación para sufrirla, mal dirigidos por agitadores que los engañan para explotarlos, se han entregado a los peores abusos de la violencia y por la violencia también han sido reprimidos. No puedo recordar sin tristeza aquella tragedia de Iquique que ahogó en un charco de sangre el levantamiento sedicioso de algunos miles de obreros. Esta muchedumbre se levantó amenazante contra el orden, contra los bienes y las personas, se negó a todo avenimiento inspirado por la justicia y hubo de ser sometida, para evitar mayores males, con el empleo severo de las armas... Los obreros amotinados, después de formular diversas quejas por sus salarios, por las horas de trabajo o por otras causas, alzaron resueltamente como bandera de sedición la reforma social, haciendo consistir ésta en la supresión de la propiedad, en el despojo del capital, para nivelar a los hombres en un régimen ilusorio de comunidad que había de seguir de la ruina de todo lo existente".

Recabarren desmenuzó todas las falsas consideraciones de Valdés; respecto de la matanza de la Escuela Santa María dio a conocer el informe oficial, cínico y cruel; y en cuanto al proceso de miseria creciente de las masas reiteró la justeza elemental de su solicitud de alza de los salarios para contrarrestar en parte la tremenda expoliación oculta bajo la desvalorización constante de la moneda estimulada por la clase plutocrática. El obrero, a pesar del aumento nominal de salarios, ganaba cada vez menos peniques y, en cambio, los capitalistas se embolsaban cantidades crecientes de libras esterlinas por ese ignominioso conducto: "El capitalista consideraba justo encarecer el precio de los artículos de consumo cuando bajaba el tipo de cambio, pero consideraba injusto que los obreros pretendieran aumentos de salarios".

Para F. Valdés Vergara la aspiración a la igualdad es irremediable y, en cambio, "la desigualdad es ley de la creación. La desigualdad, por extraño que parezca, llega a ser la armonía". Según ese autor, "no hay sino una igualdad: la de adorar a Dios, la de recibir su misericordia. Yo no conozco sino un sitio donde hasta el mendigo más infeliz sea igual al rico y al poderoso y ese sitio único es el templo católico". Luis Emilio Recabarren refuta minuciosamente los tartufescos argumentos; rechaza el injusto dogma de la "desigualdad natural", y, en cambio, alega en forma convincente sobre la igualdad social. Junto con atacar la hipocresía de la Iglesia en este campo, se hace cargo del sentido vulgar dado a la aspiración de igualdad por parte de los elementos expoliadores de la sociedad, sentido rechazado por el socialismo. Los socialistas pretenden algo muy distinto, y así lo proclama: "Lo que buscamos, lo que queremos, es la mayor suma de felicidad, de comodidad, de instrucción, de completo bienestar para cada ser humano, e indudablemente cargamos nuestras afecciones primero para los que más sufren... Lo que queremos es que se reconozcan iguales derechos y deberes en todos los individuos. La aspiración a la felicidad no modifica las numerosas circunstancias que señalan igualdad de condiciones en la vida social, como medio de llegar a la felicidad".

Recabarren no cree operantes las proposiciones de mejoramiento del pueblo del escritor oligarca, y exclama: "Por eso cuando nosotros notamos la falta de sinceridad en la clase rica alzamos como bandera y como doctrina el hermoso pensamiento del gran filósofo socialista Carlos Marx, que dice: "La emancipación del proletariado debe ser la obra propia del mismo proletariado"."

En cuanto a la calumnia difundida por los intelectuales y políticos oligarcas sobre los agitadores populares, quienes serían explotadores de las masas, zánganos inútiles, el líder obrero la considera una deliberada ofensa injusta y confiesa: "Yo me creo un agitador y creo que ese señor Valdés no podría decirme esa ofensa sin ofender a la verdad y a la justicia".

En las páginas finales de su ensayo llama a los asistentes a apresurar y mejorar la organización obrera y a extender su educación: "Acudid a reforzar las organizaciones obreras, pues sólo allí reside el principio de vuestra futura emancipación". Así como es necesario organizarse es ineludible instruirse; la educación es la muerte de la ignorancia y es, a la vez, la vida y el alma de la libertad, de la justicia, de la moral y de la verdad.

Después de su fructífera labor en Santiago se trasladó a Iquique. Aquí llevó a efecto una intensa e histórica tarea de organización del proletariado, de esclarecimiento doctrinario y político, y, por fin, dio vida a una agrupación socialista de trascendencia. En 1911 fundó y redactó el periódico demócrata-socialista El Grito Popular. A comienzos de 1912 fundó el inter-diario El Despertar de los Trabajadores, y desde su número 126, del 1º de noviembre de 1912, apareció como "diario socialista de la mañana". Fue una de sus creaciones más perdurables en el campo del periodismo combatiente, proletario. Rompió definitivamente sus lazos con el Partido Demócrata, y el 6 de junio de 1912 fundó el Partido Obrero Socialista. En su folleto El socialismo (Iquique, 1912) desarrolló los principios teóricos y programáticos de la nueva colectividad política popular. Su finalidad no era otra que la de instaurar el régimen socialista. El socialismo aspira a transformar la sociedad actual por otra más justa e igualitaria, aboliendo las diferencias de clases y convirtiendo a todos los ciudadanos en trabajadores dueños del fruto de su trabajo, libres e iguales, a través de un régimen de producción en el cual se substituye la propiedad individual por la propiedad colectiva o común. El "socialismo es... lo opuesto a todos los defectos sociales, y por lo cual aparece como el perfeccionamiento mismo". En cuanto a los medios para realizarlo, manifiesta: "La táctica se desarrollará en cada país según su ambiente atávico y según las modalidades de cada pueblo y según las conveniencias locales. Los medios son generalmente iguales en todos los países, pero se destacan dos medios predilectos: la organización de los trabajadores y su educación en la doctrina. En consecuencia, el socialismo usará para realizarse como armas de combate: la educación doctrinaria y moral del pueblo por medio del libro, del folleto, del periódico, del diario, de la tribuna, de la conferencia, del teatro, del arte; la organización de toda clase de asociaciones que concurran al mismo fin; de la acción política para la conquista de los poderes públicos; de la acción gremial para la lucha de clases; de la organización cooperativa para ir monopolizando los actuales negocios del mundo, hasta que el poder de la cooperativa sea una verdadera fuerza de socialización de todos los medios de producción y de cambio. Toda esta acción la realiza actualmente el socialismo usando para ello los medios legales que cada nación franquea, esto cuando las naciones tienen organización constitucional. En los países despóticos como Rusia, los socialistas se han visto forzados a una obra violenta para conquistar libertades democráticas que franquean el progreso de las ideas..." Examina la lucha de clases, la acción del gremio y de la cooperativa, la huelga, o sea, el conjunto de los medios económicos. y luego describe los medios políticos: la conquista del poder, la misión de la minoría socialista en el Congreso (denuncia de las represiones, fiscalización de los actos incorrectos administrativos, crítica de los defectos de la organización capitalista, leyes en beneficio de las clases trabajadoras) y en el Municipio; la afiliación a la Internacional de los Trabajadores, agrupación de los partidos socialistas y de las federaciones gremiales.

En el reglamento del nuevo partido se esbozan algunos conceptos particulares y se confunde un tanto la organización política con la gremial. Su base era la agrupación seccional, o sección simplemente, con siete miembros a lo menos, en cada pueblo o faena. Todas las secciones eran iguales y dependían de un consejo federal. Cada sección elegiría un comité administrativo y designaría un delegado para constituir el consejo federal. Y éste se estructuraría en cada región donde se estimara necesaria la federación de secciones. Un Consejo Nacional tendría a su cargo la acción obrera del país. Se daba así a la organización política un carácter más sindical-obrerista, en vista del desajuste evidente hasta ese instante entre una extendida conciencia gremialista en vastos sectores proletarios y al mismo tiempo un pronunciado retraso en la comprensión de la necesidad de crear un organismo político propio, de clase. Millares de trabajadores seguían al Partido Demócrata y, aun, al Partido Radical.

Recabarren trabajó con energía en la consolidación del Partido Obrero Socialista; impulsó el periodismo popular con El Despertar de los Trabajadores, convertido en diario, y con la publicación de un semanario de propaganda anticlerical: El Bonete. A la vez fundó la Sociedad de Defensa del Trabajo de Oficios Varios, instaló la Casa del Pueblo y echó a andar una cooperativa obrera. Su antiguo rival, y luego camarada, Alejandro Escobar Carvallo, de visita en Iquique por esta fecha, detalla con admiración la enorme obra de Recabarren. Además de su éxito en la dirección del diario El Despertar de los Trabajadores y en la conducción de la Casa del Pueblo, había formado una cooperativa de panadería y arrendado un edificio de dos pisos y media cuadra de largo, instalando un salón cinematográfico, todo por cuenta de la cooperativa. Emite un juicio elogioso, digno de ser reproducido: "Su inteligencia práctica y su gran capacidad de organización, unidas a su don natural de gentes, hacían de Recabarren un verdadero conductor de pueblos. A esto cabe añadir su acrisolada honradez en el manejo de bienes de la comunidad y su vida austera y sobria, de un verdadero apóstol".

El trabajo de Recabarren en el norte de Chile, entre los años 1912 y 1915, se refleja con caracteres sugestivos en su correspondencia con Carlos Alberto Martínez. Hemos leído cuarenta cartas suyas dirigidas a su camarada de lucha. Aunque breves y muchas de ellas sobre pequeños asuntos propios de la rutina de una actividad periodística y sindical regular, varias son muy informativas. En una del 16 de junio de 1912, desde Iquique, le da cuenta de la fundación del Partido Obrero Socialista y le pide el apoyo de los compañeros de Santiago al movimiento político iniciado en el puerto nortino fundando en la capital una agrupación con idéntico nombre. En otra carta, de 24 de julio de 1912, le comunica la existencia de dos periódicos en Iquique, El Despertar de los Trabajadores, semidiario, y El Bonete, semanario dominical, y le comenta: "El Bonete tiene buena acogida, pero en cambio nos echamos los odios clericales y de las autoridades ídem"... Le anuncia dos proyectos importantes: El Despertar saldrá como diario desde el mes de octubre, e iniciará la publicación de una Revista Socialista mensual, de artes, ciencia y literatura, con ilustraciones. (Este segundo proyecto no pudo llevarlo a la realidad.) En carta del 9 de octubre de 1912 le anuncia la próxima venida a Chile del dirigente socialista español Pablo Iglesias, llamado por Recabarren. El viaje costaría 10.000 pesos, fuera de los gastos en el país. En varias misivas sucesivas le insiste sobre la trascendencia de una estada de Pablo Iglesias en Chile, y por lo tanto, la necesidad urgente de reunir los fondos adecuados para costearla, realizar la propaganda y el plan de giras. A su juicio, debería llegar a Punta Arenas; de ahí saltar a Talcahuano-Concepción; luego a Santiago-Valparaíso, y, finalmente, al norte: Antofagasta e Iquique. Recabarren alcanzó a organizar en Iquique un comité pro gira de Pablo Iglesias.

En carta del 8 de febrero de 1913 le detalla su obra gremial: "Llevamos organizados en este año: gremio de lancheros, con 150 cotizantes; gremio de fundidores, con 35 cotizantes; gremio de mecánicos, con 28 cotizantes. Oficios Varios tiene más de 200 cotizantes. Están en vías de organizarse: carpinteros, peluqueros, jornaleros". En otros párrafos le agrega: "El 16 estaré en Antofagasta... tal vez un mes... Visitaré también Tocopilla. Estaremos firmes como un peral. ¡Viva el socialismo! El arma poderosa que aquí esgrimen los canallas es hacer creer que yo, cualquier día, me voy a ir con la plata. Como si yo fuera a manejar los fondos de los gremios o federaciones. Yo sólo administro el dinero de El Despertar y nada más. Sin embargo el pueblo ya no da crédito..." En otras lineas le dice: "El 1º de mayo promete estar soberbio. Le estamos dando mayor importancia a la organización obrera que al Partido Socialista. Cada día brotan nuevos oradores y conferencistas a ayudarme. Fui el primero en invitar a Belén de Zárraga. Tendrá aquí mucho éxito y lo será para nosotros".

A mediados de febrero de 1913 se embarcó con rumbo a Antofagasta. Recorrió diversas oficinas haciendo propaganda socialista, y lo llamaban de Tocopilla, Taltal y Chañaral. De su permanencia en Antofagasta quedó una carta muy interesante. Se refiere al triunfo de Manuel Hidalgo como regidor de la Municipalidad de Santiago. Está fechada a 5 de abril de 1913, y dice: "Hoy me regreso a Iquique llamado para arreglar conflictos internos de la imprenta... Dejo en el puerto 120 suscriptores a El Despertar y en la pampa conseguí aumentar como 50 más de los que habían..." Y le agrega:"Muy hermosa obra haría Hidalgo si no formara alianza con nadie y observara una conducta independiente de compromisos con los demás partidos, y en cambio estuviera atento a dar una opinión elevada y desde el punto de vista socialista para cada asunto interesante que haya en el municipio. Ojalá que su preocupación constante fuera empujar al municipio a realizar actos que contribuyan al abaratamiento de la vida obrera. Estimo que dentro de este orden hay para labor permanente. Si los demócratas tomaran en el municipio una actitud útil en algunos casos, llevándose la delantera con algunas ideas, Hidalgo debe apoyarlos con su palabra y con su voto. El éxito de nuestra organización socialista va a tener hoy un punto de apoyo en la obra de Hidalgo. De modo que es necesario que todos le ayudemos, con cariño y entusiasmo. Tenemos necesidad de que Hidalgo no piense que es solo entre treinta, sino que va a hacer una obra útil en la cual debe interesar a todo el municipio"...

De sus lacónicas epístolas se desprende su laboriosidad de hormiga, su incansable preocupación por la organización y educación del proletariado, por el desarrollo de la prensa obrera; asimismo sobresale su atención vigilante sobre todos los acontecimientos nacionales y la misión del recientemente fundado P.O.S.; resaltan su espíritu de camaradería, su generosidad, su entusiasmo y su perspicacia y sensatez para enfocar los problemas prácticos de la lucha del sector popular independiente y revolucionario.

En medio de sus afanes políticos, sindicales y cooperativos, de sus pesadas responsabilidades periodísticas, aun se daba tiempo para sostener polémicas resonantes con políticos o diaristas burgueses y con sacerdotes beligerantes. En una discusión pública con un fraile batallador, le declaraba que "la obra de Cristo aparece como una protesta a la tiranía y corrupción de aquella época"; apabulló en pública justa oratoria, en un teatro de Iquique, al director de El Nacional. a propósito del tema relacionado con el verdadero patriotismo. Sus enemigos de las clases oligárquicas lo acusaban de antipatriota y enemigo del ejército, y otros llegaron a manifestar que no se había definido con nitidez en contra de la guerra (esta estúpida acusación incluso la repitieron después de su muerte dirigentes que se decían sus discípulos». Recabarren publicó un folleto titulado Patria y patriotismo (Iquique, 1914, y de él se hicieron varias tiradas). En él define en forma admirable su concepto de patria y explica cómo hacía prácticamente patria auténtica; condenó la guerra, porque los socialistas "somos y seremos enemigos de la guerra y creemos así amar mejor nuestra patria que los partidarios de la guerra". Siempre se declaró partidario de la paz y de la justicia social, y enemigo acérrimo de la guerra.

En 1915, Recabarren fue candidato a diputado del P.O.S. por Tarapacá. No obstante una dura campaña a lo largo de la región, salió derrotado por el cohecho y el fraude de los candidatos oligarcas. A fines de abril partió a Valparaíso y participó en .el primer congreso general del Partido Obrero Socialista, donde se le eligió miembro de su Comité Ejecutivo.

Más tarde, en mayo, regresó a Valparaíso y ahí trabajó algunos meses (en carta a Carlos A. Martínez, fechada a 21 de agosto de 1915, en Valparaíso, le dice que ya va a enterar tres meses de luchas en ese puerto y le habla de un periódico, El Socialista, con 500 ejemplares de tiraje, sacado por su exclusivo esfuerzo, sin un centavo de ingreso). Por su correspondencia se advierte que se instaló en Valparaíso hasta comienzos de 1916. Desde aquí inició una campaña propagandística con la visita a todas las ciudades importantes del centro y sur del país, hasta arribar a Punta Arenas. Aquí, entre otras actividades, dictó el 8 de julio, en el local de la Federación Obrera, una conferencia sobre La mujer y su educación.

IV

De Punta Arenas se trasladó a Buenos Aires. Ahí llevó a cabo una intensa labor en el seno. del Partido Socialista y entre los gremios. Al mismo tiempo publicó tres ensayos doctrinarios: Lo que puede hacer la Municipalidad en mancas del pueblo inteligente, con dos ediciones en el año de 1917; Lo que da el gremialismo, o sea los beneficios inmediatos para los obreros y sus familias y La materia eterna c inteligente, ambos aparecidos ese mismo año.

En el primer folleto, dirigido a las clases populares bonaerenses, indica cómo una buena municipalidad puede tomar medidas efectivas y eficaces sobre el mejoramiento de la vivienda, la higiene de la ciudad, la alimentación y la seguridad del trabajo. Frente al fracaso de los diversos partidos para organizar e impulsar las labores prácticas de los municipios, Recabarren escribe: "Sólo la clase trabajadora organizada en el Partido Socialista podrá afrontar la responsabilidad de hacer una buena administración municipal. Sólo los proletarios saben lo que es vivir en conventillos, inquilinatos o barrios inmundos, perpetuamente encharcados y hediondos; sólo ellos saben lo que es alimentarse al capricho de almaceneros y vendedores sin pudor; por eso, y por todas las razones que se explican más adelante, el pueblo de la capital argentina y de todas las comunas debe decidir, sin vacilar, de su futura suerte. Si vota la lista socialista tendrá la esperanza de ver una nueva acción en pro de su mejoramiento. Si vota las listas burguesas, verá repetirse la labor inútil del pasado, pero devoradora de un enorme presupuesto".

Recabarren cree que la municipalidad socialista podría llevar a cabo una gran labor benéfica para el vecindario, con la participación activa de éste. Puede propender a la salubridad e higiene públicas; desarrollar la cultura y la ilustración; influir en el abaratamiento de la vida; estimular medidas de previsión y solidaridad sociales. Sin duda que no terminaría con los defectos de la organización social, pero puede alcanzar cierto perfeccionamiento de la sociedad y crear bases para avanzar hacia la completa reorganización social: "Cuando los socialistas estamos convencidos de que todas las desgracias que afligen a la humanidad son producto inevitable de su mala organización social, nuestro deber es convencernos cada vez más de que sólo la progresiva capacidad del pueblo será efectivamente el arma más formidable que ha de producir la "reorganización de la sociedad humana" sobre las bases de la propiedad colectiva, y la "capacidad progresiva" del pueblo no se adquiere en períodos de "eterna teorización" ni de "ejercicios huelguísticos", sino que esa capacitación debe adquirirse y demostrarse en la "práctica" de la vida orgánica gremial, cooperativa, política, educacional, legislativa y municipal".

En su folleto Lo que da el gremialismo, o sea los beneficios inmediatos para los obreros y sus familias describe las funciones de la organización gremial en la sociedad actual y exalta su misión en el sentido de preparar a sus asociados para verificar la expropiación de la clase capitalista, reemplazándola en sus responsabilidades directoras de la producción y del consumo. Todas las formas de organización gremial se encuentran establecidas para conseguir de inmediato: el mejoramiento del salario hasta obtener su abolición; la disminución de las horas de trabajo; el perfeccionamiento de las condiciones de trabajo; la eliminación del trabajo de los menores de dieciséis años; la igualdad de trato para el hombre y la mujer; acudir a la huelga como medio de lucha; progreso educacional, intelectual y moral de sus afiliados; capacidad para transformar la sociedad, hasta hacer desaparecer la clase patronal, explotadora y opresora, y con ello obtener la abolición del régimen capitalista.

En su ensayo La materia eterna e inteligente condensa sus inquietudes filosóficas. Rechaza la idea de un creador, la idea de Dios, y, en cambio, afirma la eternidad de la materia. La vida, el Universo, "todo es materia en perpetua transformación... El movimiento, la ley eterna universal, no desvirtúa ni aminora la existencia eterna de la materia"... El origen de la vida humana es el fruto de la transformación de la materia, en la cual reside una inteligencia en constante progresión; y comprueba la falsedad de un alma espiritual eterna. El materialismo "conduce al mundo hacia la verdad. La ciencia alumbra ese camino. La materia es la única cosa o existencia cierta, efectiva, innegable... Ella nos da la vida eterna en una rotación de acontecimientos que jamás se interrumpe... Con ella damos forma a los pensamientos que pueden traducirse en objetos. Ella es la única base que motiva el nacimiento o concepción de nuestras ilusiones, de nuestros ideales y de nuestros anhelos. Cuantas ilusiones forje el ser humano, todas han de tener por base la materia. El cerebro que las concibe es materia. El sentimiento espiritual no existiría sin el cerebro. Nada puede existir fuera de la materia".

Recabarren ataca a la Iglesia, porque no hace otra cosa que "prolongar la existencia de las desgracias y de las injusticias". El libre albedrío "no puede existir cuando el hombre obra conforme al ambiente, al clima y a los medios de vida de que dispone". Al examinar la estructura de la sociedad, comprueba que la actual organización económica entrega el poder político en manos de la clase capitalista, dueña de los medios de producción, y por tal razón somete a los ciudadanos dueños únicamente de sus brazos y sus fuerzas, que se encuentran obligados a vender a los propietarios industriales o patrones. En el presente modo de vivir del mundo "las condiciones económicas determinan en general las condiciones sociales y morales de los seres. Todos los pueblos del mundo están hoy regidos por un igual sistema económico, basado en la explotación del hombre por el hombre. Esta condición de vida no puede producir nada noble. .. Las mayorías explotadas y gobernadas viven en dominante abyección, son groseras, viciosas, delincuentes. En su seno se fecundan todas las vilezas, todas las bajas pasiones que sólo contribuyen a fortificar y a aumentar sus desgracias y sufrimientos. Este tipo del ser abyecto, grosero, vil, producto del estado social; este tipo así tan miserable ¿es la obra magnífica de Dios?"

En el plano político y sindical, Recabarren se colocó al lado de los elementos socialistas de avanzada, partidarios de la paz y enemigos de la claudicación belicista de la II Internacional. Participó en la fundación del periódico La Internacional y del Partido Socialista Internacional, creado a principios de 1918. Pasó a Montevideo, donde también fundó una sección del Partido Socialista Internacional. Más tarde ambas agrupaciones revolucionarias aceptaron las condiciones propuestas por el II Congreso de la Internacional Comunista y se transformaron en partidos comunistas, secciones argentina y uruguaya de la III Internacional. Recabarren ha sido, entonces, uno de los fundadores de los partidos comunistas de Argentina y Uruguay.

Regresó a Chile en los primeros meses de 1918 radicándose en Antofagasta. Ahí fundó El Socialista, periódico de amplia circulación y de profunda influencia en la región nortina. También se preocupó por difundir el teatro, como medio de educación política del pueblo. Escribió un pequeño drama social: Desdicha obrera, y al parecer es autor de varios otros. En un artículo sobre las trascendencias del teatro, expresó: "Consideramos al teatro como una necesidad educativa y de crítica de los defectos".

Por esa época, gracias a sus esfuerzos se transformó la Federación Obrera de Chile en una gran central sindical nacional. En su III Congreso, celebrado el 25-30 de diciembre de 1919 en Concepción, se le designó presidente de la Convención y gracias a su prestigio y a su posición de avanzada, resultado de su contacto con los trabajadores y sus reivindicaciones auténticas, se definió como una organización clasista y revolucionaria. Su nueva orientación quedó reflejada en su Declaración de Principios, aprobada el 25 de diciembre de 1919. En ella, al detallar sus propósitos, proclama su decisión de "conquistar la libertad efectiva, económica y moral, política y social de la clase trabajadora (obreros y empleados de ambos sexos), aboliendo el régimen capitalista, con su inaceptable sistema de organización industrial y comercial, que reduce a la esclavitud a la mayoría de la población. Abolido el sistema capitalista será reemplazado por la Federación Obrera, que se hará cargo de la administración de la producción industrial y de sus consecuencias"... Entre las aspiraciones sustentadas por la FOCH, luchará "por el mejoramiento de los salarios, de manera que correspondan a las necesidades de la vida de constante progreso, hasta producir la transformación del régimen del asalariado por un mejoramiento superior, que concluya con la esclavitud del salario"... Y luego manifiesta: "Esta Federación será la escuela donde se moldee el mejor pensamiento que oriente al proletariado de ambos sexos a la perfección de su organización social e industrial, hasta obtener su integral emancipación... Por lo tanto, la Federación Obrera de Chile levanta su bandera, inspirada en estas dos profundas sanciones internacionales: "La unión hace la fuerza" y la "emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de los trabajadores mismos".

La FOCH se transformó en un organismo sindical revolucionario, alejado de cualquier colaboración, en una definida línea clasista en la cual se entrelazaban los aspectos político y gremial, para conducir a todo el proletariado en la vasta empresa de derribar el sistema capitalista e instaurar, en cambio, un régimen socialista.

El propio Recabarren resumió el aspecto principal de la III Convención de la FOCH en un artículo publicado en el periódico Adelante, de Talcahuano, en estas líneas: "La labor más importante ha sido la confección de la Declaración de Principios de la Federación, que le da un carácter perfecto de clase, pues la organización obrera se ha dado cuenta que necesita tener como meta la socialización de los medios de producción y de cambio, ya que de otra manera la acción por el mejoramiento de las condiciones de vida resultará como lucha eterna y estéril".

El período previo a la celebración del III Congreso de la FOCH se había caracterizado por la combatividad de la clase obrera. Numerosas huelgas conmovieron a las diversas zonas obreras. En carta a Carlos A. Martínez, del 30 de agosto de 1919, le informa: "El mineral de Chuquicamata, que ha sido terrible feudo de los yanquis democráticos, no pudo trabajar, ayer, pues el paro fue total. Nuestras federaciones se robustecieron poderosa y rápidamente. En Iquique el movimiento fue también un brusco y colosal despertar. Estamos muy contentos, todos, de tan magno esfuerzo"; y en una nueva carta, del 20 de noviembre de 1919, le comunica el estallido de muchas huelgas en Antofagasta, Mejillones e Iquique.

Se entró a la dramática coyuntura político-social de 1920. El caudillo liberal, verboso partidario de reformas sociales en beneficio de las clases laboriosas, senador Arturo Alessandri, aunque perteneciente a las clases pudientes, se transformó en portavoz de una reforma constitucional para eliminar el nefasto parlamentarismo oligárquico y dotar al país de una legislación social, acaudillando un vasto movimiento reformista, cuyo eje fueron las clases medias alistadas en una fracción del liberalismo y en el radicalismo. Recabarren no se dejó atrapar por la propaganda demagógica del abanderado populista, y tampoco se ilusionaron los integrantes del Partido Obrero Socialista, quienes rechazaron la petición de apoyo a Alessandri y, por el contrario, en su II Congreso General, el 1 y 2 de enero de 1920, levantaron la candidatura presidencial de L. E. Recabarren. Por primera vez en la historia del país se alzaba una postulación obrera a la presidencia de la República.

Dentro del plan de maniobras represivas, el gobierno había impuesto la detención de Recabarren. En carta desde la "Policía de Tocopilla, de julio 13 de 1920", a Carlos A. Martínez, le comunica su prisión ordenada por el Intendente, y quien, al verse burlado por el juez titular, se dirigió al Presidente Sanfuentes, pidiéndole que las Cortes nombraran a un ministro para irlo a condenar. Le solicita a C.A.M. una denuncia del turbio asunto y una publicación en La Nación o El Mercurio descubriéndolo. Asimismo le exige la movilización de todos los Consejos, que conozcan los vejámenes de la justicia y se levanten contra la agresión de los intereses privilegiados al proletariado organizado.

La persecución y encarcelamiento de Recabarren formaron parte del famoso, por inicuo, "proceso de los subversivos". A él se sumaron el asalto a la Federación de Estudiantes de Chile, el incendio del local de la Federación Obrera de Magallanes y el asesinato de sus ocupantes, más otros desmanes abominables.

El 25-27 de diciembre de 1920 se verificó el III Congreso General del P.O.S. Recabarren publicó su folleto ¿Que es lo que queremos federados y socialistas; y para qué? Desmenuza la miseria predominante, la esclavitud del salario y la ineludible necesidad de abolir toda propiedad privada y establecer la propiedad colectiva de tierras, minas, fábricas, medios de transportes, comercio, habitaciones, etc. Según Recabarren, los federados y socialistas quieren abolir la causa de la injusticia, de la miseria, de la esclavitud y del vicio, que es la propiedad privada, y así todos puedan gozar en perpetuo bienestar y tranquilidad la felicidad que a cada cual permita su propia inteligencia en una sociedad racionalmente organizada. Incluye, en ese folleto, un proyecto de nueva Constitución para Chile sobre la base del programa máximo del socialismo.

En las elecciones de marzo de 1921 triunfó su candidatura a diputado por Antofagasta. Obtuvo 2.621 sufragios. Su victoria la alcanzó a pesar de todos los obstáculos opuestos por las autoridades, y no fue el menor el derivado del intento de mezclarlo en los trágicos sucesos de comienzos de febrero de 1921, que culminaron en la sangrienta masacre de San Gregorio.

Su primer discurso pronunciado en la Cámara de Diputados, en las sesiones del 15 y 16 de julio de 1921, constituye un magnífico panorama del desarrollo de las ideas socialistas en Chile, una defensa valiente de la madurez política e ideológica del proletariado nacional y una exaltación de la labor abnegada de los agitadores populares, todos chilenos vinculados a los sufrimientos de la clase obrera, sin la menor concomitancia con elementos extranjeros (porque tal era la acusación falsa de los oligarcas), y quienes se habían anticipado a otros países a proclamar ideas y reivindicaciones socialistas y a desencadenar acciones combativas, incluso a Rusia en plena revolución, y a cuyo gobierno achacaban ser el causante de todas las agitaciones proletarias. Recabarren recogió su primero y extenso discurso en un folleto, con el título de Los albores de la revolución social en Chile.

Junto con desempeñar regularmente -sus responsabilidades parlamentarias, dedicaba especial cuidado a la aparición de la prensa obrera. Desde agosto del mismo ano, sacó La Federación Obrera, como un diario socialista y órgano central de la central sindical mencionada. Se transformó en el vocero radical de las aspiraciones populares y durante tres años libró campañas valerosas en favor de los intereses del proletariado nacional."

Ante el proceso de la Revolución Rusa y de la expansión del comunismo como ideario y vehículo de los sectores más avanzados de la clase obrera mundial, Recabarren se sumió al contagio ilusionado de la época, y decidió ligarse a la organización internacional del socialismo revolucionario. Así la FOCH, en su IV Congreso celebrado en Rancagua, los días 24-30 de diciembre de 1921, acordó su adhesión a la Internacional Sindical Roja, por 106 votos contra 12. En esa época la FOCH agrupaba a 102 organizaciones con 80.000 trabajadores afiliados. En seguida, los días I." y 2 de enero de 1922, verificó su IV Congreso General el Partido Obrero Socialista, con asistencia de 9 seccionales. Se rechazó la participación del Partido Demócrata, porque, según Recabarren, "era colaborador de los partidos opresores que explotaban a las clases trabajadoras". Se transformó en Partido Comunista, sección chilena de la III Internacional. Este IV Congreso del P.O.S. es, entonces, el I Congreso del Partido Comunista chileno. (3)

V

Recabarren realizó un viaje de seis semanas de duración a Rusia entre noviembre y diciembre de 1922. Sus impresiones las reunió en un opúsculo titulado La Rusia obrera y campesina. Algo de lo visto en una visita a Moscú, aparecido a comienzo de 1923.

La asistencia a los grandes torneos políticos del nuevo régimen comunista le impresionaron fuertemente y las personalidades extraordinarias de Lenin y de Trotsky le produjeron honda admiración. En su opúsculo citado reproduce los informes de los dos geniales conductores socialistas sobre la situación económica de Rusia y las perspectivas de la revolución.

A su regreso, Recabarren se integró a sus tareas directivas en el P.O.S., en la FOCH, en el periodismo popular y en el Parlamento, en defensa de los intereses del proletariado chileno. Su desempeño en la Cámara de Diputados alcanzó singular relieve. Su conocimiento profundo de la vida de la clase trabajadora, su cultura social y su inmensa experiencia organizativa y política en el servicio de las masas obreras le permitieron actuar con brillo y seguridad. Sus diversos discursos causaron impacto en ese hemiciclo de los representantes de la burguesía, al descorrer el velo de la explotación y de los sufrimientos de los desposeídos; al criticar con exactitud los abusos y los privilegios de los poderosos y de las autoridades al servicio exclusivo de su sistema, y al exponer las aspiraciones y los esfuerzos en favor de la educación y organización de los trabajadores. Recabarren se impuso al respeto de todos por su alto idealismo, por su talento natural, por su ecuanimidad y serenidad. Afrontó ataques desmesurados, rabiosos, de algunos de los más cerriles y soberbios representantes de la oligarquía y libró polémicas ardorosas con distintos diputados, y siempre salió airoso porque exhibió capacidad, franqueza, admirable nivel intelectual y moral.

En medio de los debates interminables de los politicastros de las diversas fracciones de la oligarquía gobernante en torno a asuntos abstractos o a escándalos abominables, y la esterilidad de la labor parlamentaria, mientras el país se desmoronaba en el atraso, la miseria y la improvisación, Recabarren aportó una voz honda y sincera llamando la atención sobre tan suicida actitud y pidió la solución de los problemas urgentes de la economía y el trabajo. En vista de la carencia de decisión realizadora, de patriotismo, de espíritu de creación, de todas las agrupaciones políticas y de sus principales personeros, Recabarren arremetió con frecuencia en contra de la incapacidad de los distintos Ministerios, representantes de esa calamidad parlamentarista. En una de sus intervenciones resumió su pensamiento en palabras sencillas pero profundas: "Tanto ha hecho crisis la Coalición, hoy llamada Unión Nacional, como crisis ha hecho la Alianza; tanta incapacidad y desorientación ha demostrado la fracción llamada Coalición como la fracción llamada Alianza. No debo ir a buscar muy lejos las pruebas para demostrar a la Cámara y al país entero la verdad de estas afirmaciones. En el transcurso de la historia de este país, año por año ha ido descendiendo el precio de nuestra moneda; año por año ha ido subiendo el valor del poroto, de la harina, de los artículos de vestir, de la habitación, etc. De manera que, año por año, va deprimiéndose el valor de nuestra moneda y subiendo el costo de la vida, y año por año va empeorándose y haciéndose más critica la condición económica de nuestra nación, de nuestro pueblo, a quien tanto halagan cuando necesitan llevarlo al matadero, . . En el régimen de Coalición se deprimió el valor de nuestra moneda y se encareció la vida, y en el régimen de Alianza se ha continuado por el mismo camino, siempre en marcha descendente de nuestra situación económica. De manera que el país no tiene ahora confianza en estas combinaciones políticas, ya no puede tener más confianza en ellas"... "¡Cuidado, Honorables Diputados! No vaya a ser cosa que esta crisis sea precursora de una revolución. No hay que tomar con cierta sorna los hechos que se van marcando en nuestra historia. Nosotros, como ya lo hemos dicho, no querríamos que nuestro país se viera envuelto en una lucha fratricida; pero no somos nosotros los llamados a remediar las cosas: sois vosotros los legisladores y los gobernantes del país los que tenéis el deber de prevenir los hechos. Pero no prevenirlos con coacción, con amenaza, con disminución de los derechos populares, sino con un programa que coloque al pueblo día a día en una situación mejor, que le permita cifrar una esperanza para después"...

Al ser atacado por su labor en el seno de las masas, reivindicó con orgullo su condición de agitador: "Es muy infantil el tratar de separar a los agitadores de la masa, porque los agitadores somos parte integrante de esa masa... El hecho sólo de mantener un criterio de esta naturaleza, de creer o hacer creer al país que sin los agitadores la masa estaría tranquila, ese solo hecho es lo que mantiene hasta el momento presente este enorme distanciamiento entre la llamada clase aristocrática u oligarca del país y las clases trabajadoras, porque siempre se aprovechan las primeras de este concepto para negar a las clases trabajadoras la realización de las aspiraciones a que en justicia tienen derecho; son cosa de los agitadores, se dice; los trabajadores no pedirían nada sin la obra de los agitadores. Para Su Señoría, las masas ciudadanas pueden andar andrajosas, en situación degradada, y si algo piden, es obra de los agitadores, porque ellas nada quieren. En el supuesto caso de que las masas trabajadoras no quisieran nada, yo creo que Su Señoría, el Honorable Diputado que me ha interrumpido se refiere al diputado conservador Rafael Luis Gumucio), no se apartaría de ellas y les daría toda la razón, si llegara a ponerse en contacto con ellas en las haciendas -Sus Señorías son casi los únicos dueños de fundos-, en las fábricas, y viera el estado material de esos obreros. Su Señoría se sentiría indignado y procuraría levantarlas de la miseria y poner fin a las injusticias y abusos de que son victimas".

Al analizar los presupuestos de la nación dejó al desnudo la demagogia del gobierno, con su cacareada justicia social, y la hipocresía de la oposición coalicionista. En uno de sus párrafos generales decía: "¡Tanto que se ha hablado de justicia social!... Yo, señor Presidente, esperaba ver traducirse ese pensamiento en el Presupuesto. ¿Y por qué esperaba yo ver traducirse ese pensamiento de. justicia social en el Presupuesto? Porque el Presupuesto representa en el régimen actual la ley matriz, la ley de más importancia y porque en el Presupuesto están contenidas, cristalizadas, las ideas y aspiraciones de todos los partidos... Veo que esta ley sigue siendo lo que fue siempre: una ley de favores políticos, una ley de privilegios, que parece difícil que pueda modificarse en los momentos presentes; una ley de favoritismos para servir los intereses de determinada clase social, de determinado grupo de gobernantes; una ley que consolida, que mantiene y alimenta, ¡señores!, la más profunda, la más irritante de las desigualdades sociales, de las injusticias sociales. Y, cuando así lo contemplo, me pregunto: ¿dónde están las promesas de justicia social? ¿Dónde quedaron los programas cantados al pueblo en las vísperas electorales?"

En resumen, Recabarren libró una formidable batalla, como representante del proletariado nacional, en el seno del parlamento burgués, con innegable coraje, certera dialéctica crítica, talento y vigor. El cumplimiento de sus responsabilidades parlamentarias no lo alejó en ningún instante del contacto fecundo con las organizaciones obreras. Recorrió el país, preocupado de intensificar la constitución política y sindical de las masas y de divulgar la prensa obrera. Participó en la celebración de la IV y V Convenciones de la FOCH, y del II y III Congresos del P.C. En esas tareas habituales en la existencia y trayectoria de Recabarren llegó al año 1924, al término del cual pondrá fin a su vida. ¿Cómo ocurrió tan trágico suceso?

En las elecciones de marzo de 1924, Recabarren no fue reelegido, y desde esa fecha se desencadenó en el seno del P.C. una fuerte resistencia al liderazgo del experimentado dirigente, por parte de los elementos jóvenes. A fines de mayo de 1924 dejó de existir el periódico La Federación Obrera, dirigido y mantenido por el esfuerzo de Recabarren. Se le reemplazó por el diario Justicia, y en sus páginas se escribieron artículos criticando su gestión. Apareció un panfleto titulado Rebelión, firmado por Pablo López, Roberto Pinto, Castor Vilarín y otros, en contra de su jefatura. La actividad de los jóvenes revolucionarios provocó una fuerte pugna interna, sometiendo a crítica a los viejos dirigentes y a Recabarren. En el III Congreso del P.C., realizado en Viña del Mar, los días 18-24 de septiembre, se eligió un Comité Ejecutivo Nacional formado por Ernesto González, Roberto Pinto, Juan Ramírez, Manuel Quinta, Ambrosio Toledo, Lino Paniagua y Luis Emilio Recabarren. El viejo líder, colocado en minoría, impugnó la decisión del Congreso, en estas lineas: "He agitado a las masas obreras de Chile durante más de veinticinco años, excitando a la juventud a organizarse, a estudiar y a luchar por el derrumbe del oprobioso régimen capitalista, pero jamás he aceptado que la dirección central de un organismo obrero sea puesta en manos de afiliados nuevos que carecen totalmente de experiencia, de conciencia y de seriedad. Y la mayoría de los elegidos carecen de antecedentes y de experiencia en nuestro partido y no pueden exhibirnos pruebas de su devoción a las ideas comunistas y al sacrificio que ellas exigen", y añadía: "este incidente que me he visto obligado a provocar tiene por objeto defender los intereses del presente y porvenir del Partido Comunista, amenazado por la vanidad y petulancia de afiliados novicios que ignoran el verdadero objetivo de nuestro partido".

A raíz de la decidida actitud de Recabarren de no aceptar en la directiva a elementos improvisados, no probados en la lucha, se produjeron rectificaciones en el Comité Ejecutivo, pero ellas no contentaron a Recabarren. La ingrata pugna desencadenada durante los preparativos del III Congreso, en su desarrollo y resoluciones, y, luego, a raíz de sus consecuencias, provocó innumerables incidentes, acusaciones, polémicas y juicios apasionados, desagradables y odiosos. Sobre todo fue lamentable la actitud en contra de Recabarren, a quien envolvieron en virulentos ataques. Por ejemplo, Roberto Pinto lo acusó de tener "la fatuidad de creerse amo y señor de esta colectividad" y llamó al Comité Ejecutivo a "refrenar con mano firme este arranque de rey y absolutista". Castor Vilarin expresó: "No es Recabarren quien puede apreciar la conducta de ningún militante, porque sólo conoce lo que le llegan a contar a su escritorio los agentes confidenciales. Finalmente, mantengo mi concepto vertido en 1923, cuando traté a Recabarren de canalla".

Paralelamente a estos graves desacuerdos internos del P.C. y al desafío de la autoridad de Recabarren, estalló la insurrección de las fuerzas armadas el 5 de septiembre de 1924, que extenderá una peligrosa confusión en la ciudadanía en vista del cansancio general ante el desorden administrativo y el repudio generalizado al corrompido e infecundo sistema parlamentarista contra el cual se alzaban los militares.

Aunque para Recabarren la dictadura militar era tan brutal como la dictadura burguesa, frente a los primeros planteamientos de la junta castrense afirmó que el proletariado concordaba con la idea de una Asamblea Constituyente porque si iba a ser libre y abierta, el proletariado habría de tener mayoría. Estas declaraciones, y otras posiciones cautelosas asumidas por las directivas de la FOCH y del P.C., repercutieron en el III Congreso, encendiendo acusaciones y disputas violentas.

El político radical Arturo Olavarria Bravo, en su libro Chile entre dos Alessandri (memorias políticas), tomo I (publicado en 1962), hace algunas breves referencias a Recabarren. A su juicio no era un agitador disolvente, promotor del caos y del desorden, sino un dirigente social responsable, educador de las masas, íntegro e inteligente, quien sabía resguardar los derechos de los asalariados y evitar los choques sangrientos con la fuerza pública. Describe el fracaso de un mitin popular contra el recién instaurado régimen militar, y la desilusión de Recabarren. Este le habría manifestado su oposición al movimiento militar, porque cerraba el paso al progreso social e impondría una mayor esclavitud del trabajador. Su desencanto brotaba de la comprobación de la inconsciencia del pueblo, que no se daba cuenta del alcance verdadero de la situación, y, por el contrario, sectores obreros aplaudían a las autoridades militares.

El suicidio de Recabarren, según la opinión de Fanny Simón, escritora norteamericana, autora de una magnifica biografía de Recabarren, escrita después de una larga permanencia en Chile y de una escrupulosa investigación, se produjo por un irreprimible desaliento originado en la confusa situación de Chile y en el descalabro interno de sus organizaciones de clase, sobre todo el P.C. Se mezclaban en el cuadro agobiador la derrota electoral de 1924, la reducción de las filas de la FOCH, la toma del poder por los militares, la apatía de las masas ante el peligroso suceso y, finalmente, la conversión del P.C. en herramienta de las posiciones de elementos jóvenes, enemigos de su autoridad. Por otra parte, su propia naturaleza física presentaba síntomas de agotamiento y de enfermedad. De ahí la fuente de su amargura, de su pesimismo, hasta llevarlo a eliminarse. El abatimiento lo hizo empuñar una pistola y suicidarse el 19 de diciembre de 1924, a los cuarenta y ocho años.

La muerte de Recabarren privó al proletariado chileno de su más abnegado, fiel e intransigente representante. Agitador incansable, dotado de un coraje resuelto; propagandista infatigable de los ideales socialistas y de las reivindicaciones obreras; organizador sindical y político, supo crear organismos de lucha eficaces, entrenando y educando a las masas, extendiendo y fortaleciendo su conciencia de clase; revolucionario firme y, a la vez, cauto, sensato, por su experiencia práctica en contacto directo con las clases trabajadoras, por su conocimiento de la tradición de la clase obrera nacional, de sus virtudes y sus defectos, y de sus potencialidades de lucha, por su clara comprensión del odio y de la resistencia de la burguesía a cualquier avance del proletariado, odio que experimentó en carne propia a través de largas prisiones, procesos burdos, persecuciones sin sentido.

La influencia, el legado de Recabarren en el movimiento obrero chileno ha sido enorme. El Partido Comunista lo considera su fundador, y el Partido Socialista también lo coloca entre sus precursores más genuinos. Sin embargo, las directivas transitorias, según las posiciones del momento o las consignas esquemáticas de las agrupaciones que se vinculan a su memoria, no han trepidado en difamarlo enfocándolo con criterios no históricos y oportunistas, y, por ende, desvirtuando su real personalidad, su papel y su valer en 'las circunstancias extraordinariamente difíciles y especiales do Chile en el primer cuarto del presente siglo. En mi ensayo sobre su trayectoria he reproducido un documento característico de ese equivocado método, subordinado a virajes sin conexión con la verdadera historia. (4)

En julio de 1934 un delegado del Comité Ejecutivo de la FOCH, en Santiago, de acuerdo con las veleidades de la época, afirmó: "Recabarren es nuestro, dio vida y organización a nuestra gloriosa FOCH; bajo su dirección se dieron las más gigantescas luchas del proletariado; a través de varios congresos de la FOCH y del partido señaló a las masas el camino del socialismo; pero Recabarren no combatió la guerra, sobreestimó al proletariado del carbón y del salitre, no dándole importancia a la organización del campo; no combatió el imperialismo; no señaló el carácter de la revolución en estos países semicoloniales; tuvo enormes ilusiones democrático-burguesas, no armó ideológicamente al proletariado. Nuestro compañero Recabarren no nos enseñó nada".

Las frases de ese dirigente reproducen los conceptos oficiales de la III Internacional en 1933 y 1934, y carecen de la más mínima brizna de verdad. Todo su contenido es falso e injurioso y la última afirmación: "no nos enseñó nada", es sencillamente abominable. Recabarren combatió la guerra en todos sus actos, en sus escritos y en su labor periodística, incluso sostuvo polémicas públicas en torno a ese problema; fue un organizador y educador insuperable; condujo formidables movimientos de masas; sufrió años de cárcel a causa de su incansable tarea de agitación; defendió la Revolución Rusa y a sus líderes Lenin y Trotsky (en la Cámara de Diputados rindió homenaje a Lenin a raíz de su fallecimiento a comienzos de 1924, e hizo gestiones para que ese organismo enviara su pésame al gobierno ruso); no tuvo ilusiones electoralistas, pero utilizó las elecciones como una forma de lucha del proletariado, subordinada a su más amplia concepción de despertar la conciencia de clase y de educar políticamente a las clases trabajadoras. Por su desprecio al reformismo electoralista, el año 1920 no se dejó entusiasmar por la campaña demagógica de Alessandri y se negó a apoyarlo. (El P.O.S., por primera vez en la historia de Chile, levantó la candidatura de un obrero, la de Recabarren.) Combatió al imperialismo dentro de su bastión, en el salitre y el cobre, colocándose al frente de las grandes huelgas del proletariado de la zona.

Recabarren no tuvo ilusiones democrático-burguesas; al revés, decenas de años después de su muerte, con formidables experiencias sociales y políticas y con inmensas masas trabajadoras bien entrenadas, "concientizadas" en el socialismo, sin embargo, hay quienes defienden y sostienen alianzas y posiciones democrático-burguesas, de acuerdo con fórmulas como las de "frente popular" ,"frente de liberación nacional" y "unidad popular amplia".

La figura humana, política, sindical y moral de Recabarren emerge formidable y señera; es el más alto y mejor de la clase trabajadora chilena en su período de formación y de lucha independiente; es la noble personificación de lo mejor de la tradición revolucionaria proletaria de nuestro país.


Notas:

1. Ver el folleto do Recabarren: Mi juramento en la Cámara de Diputados, en la sesión del 5 de junio de 1906. Santiago de Chile, 1910.

2. Publicado con el título La huelga de Iquique en diciembre de 1907. La teoría de la igualdad, por Luis E. Recabarren S. (Crítica y comentarios a la conferencia dada por don Francisco Valdés Vergara, en el Centro Conservador, el lº de mayo de 1910). Santiago de Chile. (En la página 1 coloca este otro titulo: Luis E. Recabarren S. El pensamiento y la acción de los hombres y de las sociedades. Por dicho motivo el folleto ha sido citado con dos títulos diferentes y ha inducido a error.)

3. La Declaración de Principios del Partido Comunista, fundado el lº de enero de 1922 en Rancagua, es la siguiente: "El Partido Comunista de Chile, reunido en Congreso en la ciudad de Rancagua el 1º de enero de 1922, después de ratificar su adhesión a la Internacional Comunista con sede en Moscú, y considerando: Que la sociedad capitalista, por lo mismo que se divide en clases, cimienta su estructura jurídica, política y económica sobre la explotación del hombre por el hombre: que en este proceso se ha llegado al grado de máximo desarrollo, razón por la cual la lucha de clases se hace más intensa; que en virtud de este hecho, comprobado en todo el mundo sujeto a la dominación del capitalismo, las clases son cada vez más irreconciliables; que los componentes de esas clases no sólo se manifiestan en defensa de sus intereses aisladamente, sino que, por el contrario, tienden a agruparse con directivas propias, constituyendo organismos con funciones definidas; a fin de que la clase trabajadora pueda encaminarse ventajosamente a la consecución de sus ideales, que propague la supresión do la explotación del hombre por el hombre, instaurando en su defecto una sociedad comunista, es indispensable organizar sus fuerzas, capacitándose para la implantación de su dictadura en el período de transición; que para conseguir ese resultado se requiere la constitución de un organismo revolucionario de vanguardia, con propósitos claros, directivas precisas, que no puede ser otro que el Partido Comunista; por lo tanto, resuelve: lº Constituirse en sección chilena de la Internacional Comunista, aceptando sus tesis y luchando por el triunfo de su causa, que es la causa de la clase proletaria. 2º Llamar al proletariado do todo el país, que forma el nervio de las distintas regiones: carbonífera, salitrera, minera, agrícola, industrial, etc..., para que, en completo acuerdo con los fines anteriormente explicados, se incorpore a sus filas, y 3º Desenvolverse paralelamente, en perfecta inteligencia, con la organización sindical revolucionaria, a fin de constituir un lazo indestructible en la lucha final contra el capitalismo. Además se adoptaron las siguientes medidas: lº Se fijó la ciudad de Viña del Mar como sede del Comité Ejecutivo Nacional. 2º Se dispuso la publicación de un periódico que sería el órgano del Comité Ejecutivo Nacional, y 3º Se designa un Comité Ejecutivo Nacional integrado por: Juan Espinoza. Carlos Flores, Onofre González, Alfredo Guerrero, Isaías Iriarte, Manuel Leiva, Carlos Olivares, Benjamín Rojas y Ramón Sepúlveda Leal; esto último fue designado Secretario General. (El Congreso no se pronunció sobre la estructura orgánica ni sobre los Estatutos del PC; conservó los que tenía el Partido Obrero Socialista.)

4. Páginas 70-71 de mi libro: Recabarren. Los orígenes del movimiento obrero y del socialismo chileno. Prensa Latinoamericana. Santiago de Chile, 1955.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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