Prigué
Prigué

"PRELUDIO EN DO SOSTENIDO"


Capítulo 7

Ocho horas al sol no es tanto, si existe la posibilidad de quitarse la chaqueta. Además si el sol reemplaza a los palos. Y por ende si uno lleva 19 días a la sombra de un encierro helado.

Nos sentaron en la mañana a las siete y media en la más alta de las corridas de asientos del velódromo a los 15 prisioneros. Al primero lo llamaron como a las diez y al penúltimo a las 16. A mí a las 16.45. La FACH corría con nuestros interrogatorios.

En el velódromo. Estadio para ciclismo junto al central de fútbol. El Nacional, había mucha gente. Los prisioneros distribuidos en grupos de quince ocupaban diferentes localidades. En las casetas de frente a la Tribuna interrogaban a muchachas del Servicio Nacional de Salud. En el caracol, con medio cuerpo envuelto por las frazadas, permanecían los de la población "La Legua".

Nos sacaron a las seis de la mañana de la escotilla. A los trescientos.

- Responderán un par de preguntas y a lo mejor salen libres hoy mismo.

Águila Uno, oficial de Punta Arenas con su tropa nos condujo y sentó en la Tribuna. Armó su automático sobre una repisa. Lo apuntó hacia nosotros. Dio unos pasos con las manos tomadas por atrás como preparándose para decirnos algo. Nos volvió a mirar. Ratificó la posición del automático. Instruyó a un soldado y se fue.

Un milico chico, negro, peludo de ojos pulguientos quedó a cargo de la ametralladora. El habló:

- ¡ P'tas que marchan mal!

Se rió mostrando dientes amarillos.

Volvió Águila Uno. Entregó su casco al asistente, el peludo. Se colocó cuidadosamente un gorro de piel de caracul negro. Sacó una lista de su guerrera y nos distribuyó.

30 de Septiembre de 1973. El Estadio y el cielo estaban recién lavados por la lluvia de la noche y los días anteriores. Si es cierto lo que dicen podríamos salir en libertad hoy mismo. El toque de queda comienza a las seis de la tarde. Hasta las cuatro suelen soltar presos. Entonces tomar una micro hasta San Diego y allí la liebre Renca-Paradero 15. Llegar de sorpresa a la casa. Abrazar a mi gente y después comer, comer pan, pan fresco, mucho pan. Matar este hambre desesperante y apaciguar las punzadas del estómago. Bañarse bien jabonado y dormir en una cama con colchón, sábanas. Botar esta ropa pegajosa y maloliente. Estos pantalones con arrugones de sangre seca y esta chaqueta con el forro descosido. Quemar estos hediondeces. Tal vez meterse en una tina de agua tibia. Llegar al atardecer al barrio y abrir una puerta dando la mejor sorpresa a la familia.

Un capitán de la FACH con casco azul, fornido, se asoma al descanso de la escalera de subida a la galería y nos mira.

- Tú, ven.

El primero de los quince baja rápido y desaparece.

Qué mala suerte, soy el último. Pero por lo menos diez de los que están conmigo pasarán rápidos. Cayeron detenidos por andar en la calle después de las seis de la tarde. Por desobedecer el toque. Generalmente a esos les controlan el domicilio y los sueltan. Así era antes a lo menos. Antes del golpe. En las conversaciones entabladas con la boca chueca cada uno afirma su inocencia y argumenta ante los demás. Como si esto nos ayudara. . .

- Ser socialista no es un delito, me dijo mi vecino. El Partido Socialista era un partido legal hasta el 11. Después lo ilegalizaron. Y desde el 11 yo estoy preso. Entonces no me pueden condenar en calidad de socialista.

- Naturalmente -le decía yo.

- Y Ud. que es comunista está en el caso mío. Tienen que soltarnos.

Por el pasillo que desemboca en las graderías sale nuevamente el oficial azul. Se seca la transpiración de la frente con un pañuelo arrugado. Con el mismo pedazo de género indica al segundo que baje.

Van dos. Y menos de una hora. ¿Dónde los estarán interrogando. . .? ¿Cuántos. . . ? ¿Y, con qué métodos. ..? Quedamos trece. Al hambre se suma la sed.

Mi amigo tiene razón. La ilegalización de los partidos de izquierda se produjo cuando ya estábamos detenidos. Ahora somos miembros de organizaciones borradas en el texto de los decretos. Su existencia no depende de qué decida la Junta. En el caso de los comunistas, más de la mitad de su vida ha funcionado clandestinamente. Un trabajo más delicado, peligroso, pero con miles dispuestos a realizarlo. Eso tiene que saberlo la dictadura. Las persecuciones, las cárceles, los asesinatos, no acaban con los comunistas. Se les plantea entonces una nueva tarea, infructuosa.

Llaman al tercero, cuarto, quinto. 12 horas. El sexto. Restamos nueve. Pero esto marcha rápido. Los interrogados no regresan. Los más optimistas creen que pueden ir ya camino de sus hogares. De aquí

no se siente cuando leen listas al lado, en el de fútbol, el grande. Y de allá salen. Los pesimistas piensan que los han incomunicado de nuevo en otras dependencias de este mismo velódromo, porque las aposentadurías y camarines de las piscinas están ocupadas con las mujeres.

Aumenta el calor. Y nace un pequeño dolor de cabeza. En la pista de cemento de las carreras de bicicleta Águila arenga a las mujeres del Servicio Nacional de Salud. Les exhibe balas. Se las entrega para que las palpen. Nos señala como si nos las hubiera quitado a nosotros.

Son más de las cuatro. Quedamos cuatro. Y al poco rato dos. Y ahora únicamente permanezco yo sentado, solo, en lo alto. Uno de los soldados de guardia pasa cerca y me estira un pan pidiéndome que lo esconda. Lo meto en una cartera de la chaqueta sobre mis rodillas y como nervioso la mitad. Aumenta un poco la sed, pero se aplaca el hambre.

16.45. Sale el tacho.

- Te vamos a dejar para mañana temprano. Realmente lo lamento. Sin interrogatorio formal es imposible pensar en la libertad. Porque el anterior, me imagino que no vale.

- Ven, aún tenemos algo de tiempo.

Desciendo poniéndome la chaqueta. Llego al descanso a su lado. Me señala un pasillo sombrío donde hay una mesa y tres sillas. Algunos papeles, cigarrillos. Avanzo a la mesa. El que me trajo, me sigue. Conversa algo relacionado con el frío o el calor. No les han traído de comer. Ambos se sientan. Son macizos, de hombros anchos. Los dos llevan gafas oscuras. Por la corpulencia deben ser pilotos. Y por la edad, capitanes o algo más. Me afirmo en el respaldo de la silla desocupada. Los cristales ahumados de los anteojos impiden ver hacia donde dirigen sus miradas. Pero aparentemente las tienen fijas en mi. Parecen tranquilos, aunque algo cansados. Lo importante entonces es que no se irriten, porque deben pegar como muías.

- Así que eres comunista ¿desde cuándo...?

- 1950.

- ¿Estuviste en la Juventud...?

- No.

- ¿Estuviste detenido durante el Gobierno de don Gabriel González...?

- No.

- Debes ser una persona muy importante en el Partido, para dirigir una radio.

- No. Simple militante. Y dirigía una radio porque sé dirigir una radio. Únicamente por eso.

- ¿Eres periodista...? ¿En qué diario trabajaste. ..?

- En "El Siglo."

Uno de ellos está sentado frente a mí. El otro mirando de lado. Me desespera no verles los ojos. Miro al de delante y veo el reflejo de mi cara en sus anteojos.

- Los comunistas manejaron la economía de Chile y dejaron la embarrada.

- Hubo errores en el manejo de la economía. El Gobierno los reconoció.

- ¿Qué piensan los comunistas de las fuerzas armadas. . .?

- Que debieran haber gobernado con nosotros.

- ¿Con los comunistas...?

- Con el Gobierno del Presidente Allende. La Unidad Popular.

- ¡ Uds. querían instaurar una dictadura!

- Nosotros queríamos aplicar el programa de la Unidad Popular. Y para llevarlo a cabo requeríamos del concurso de Uds. La tarea era difícil, queríamos completar nuestra soberanía con la soberanía económica.

- Como no, Uds. querían una dictadura. Incluso yo iba a presentar mi expediente de retiro para abandonar Chile. Quería irme a Venezuela, porque yo no podría vivir bajo una dictadura.

Me quedé callado. No había pregunta que responder. Y el tema fue expuesto por él. Se dio cuenta. Titubeó por primera vez. Mencionó la dictadura. ¿Y qué era lo de Chile en estos momentos. . .? Comprendió su "metedura de pata". Gol a mi favor. Ahora me siento un poco más seguro de mí mismo. Y mientras me siguiera preguntando generalidades de la política chilena no habría problemas.

- ¿Por qué querían quebrar la disciplina de las fuerzas armadas?

- Que yo sepa no interesaba al Gobierno. El Gobierno buscaba el concurso de los militares para la realización de un programa conocido por todos y aprobado en una elección.

- Mentira, Uds. intentaron sobornar a altos mandos de las fuerzas armadas. Hemos detenido oficiales de la propia FACH con cheques en dólares firmados por Luis Corvalán.

Aquí sí que lo tengo. No puede haber mentira más grande que esa. Debe buscar la discusión, enredarme. Estoy cansado, pero no tanto. Si conservo la serenidad y la lucidez puedo manejarme.

- Eso me parece improbable, señor. Corvalán no es rico. Vive de la dieta de senador. Mal le alcanzaría para comprar dólares. No tiene cuenta bancaria. Además, como Ud. sabe, los altos funcionarios de la administración pública comunistas entregaban el excedente de un sueldo de obrero calificado del que vivían, para la construcción de jardines infantiles. Los comunistas no son ricos.

- ¿Qué clave tenía la radio de la CUT para los trabajadores. ..?

- No tenía ninguna clave.

- ¿Qué transmitieron el 11...?

- El llamado de la CUT para que los trabajadores se concentraran en sus lugares de trabajo.

- ¿Qué más. . .?

- Nada más porque sus aviones nos bombardearon y derribaron el mástil principal a la primera pasada. Acallaron la planta.

(Total, si eran pilotos se sentirían orgullosos de su puntería. Efectivamente, así fue. . .) Pero son más de las cinco. Guardé un pedazo de pan en la chaqueta. Si pudiera fumar. Fumar mostraría debilidad y comer pan parecería una grosería. Paciencia.

- ¿Allende era comunista...?

- No señor. Socialista.

-- ¿Lo conociste. . .?

- Sí señor. En 1952 durante su primera campaña presidencial. Trabajé en todas sus campañas presidenciales.

- ¿Por qué. . .?

- Los comunistas lo apoyamos en todas sus campañas.

- ¿Y ahora que fue Presidente se llenaron los bolsillos, no. . .?

- No señor. Los comunistas luchamos con Allende para conquistar el poder y transformar Chile. No para enriquecemos. Ya ve, yo no tengo ni teléfono en la casa. Tampoco automóvil. Uds. allanaron mi casa y saben cómo vivo.

- Pero tus dirigentes sí.

- Ellos sí que son modestos, señor.

Todas las preguntas las formulaba el que quiso irse a Venezuela, el otro resoplaba en mi oído derecho. ¿Estarán interrogando también desde las ocho de la mañana. . .? Ojalá. Habrán tenido mucha actividad este último tiempo. Mientras más agotados estén mejor para mí. El alargamiento de las cosas, sin que se enojen, me conviene.

- Dame los nombres de los miristas que trabajaban en tu radio.

- En la radio Recabarren todo el personal fue contratado por su calidad profesional. No preguntamos a nadie su militancia política. Importaba solamente que no fueron enemigos del Gobierno. De mi militancia le puedo responder. De las demás, francamente, no lo sé. Los comunistas nos parecemos a los uniformados en que hay cosas que no preguntamos a nuestros amigos y no comentamos siquiera con nuestras esposas. En los demás partidos de izquierda es igual.

Vuelta a reformular las preguntas del comienzo. Una y otra vez. Sin embargo a veces el interrogatorio adquiría visos de una conversación. Me pregunta de mi familia. Sueldo. Si mis hijos estudian o trabajan. Regresa al Plan Zeta.

- Pero buscaban la guerra civil, descabezando primero a los altos mandos. ¿O no conocías el Plan Zeta.. .?

- Aquí en el Estadio lo conocí. Claro que circulan entre los presos versiones diferentes y contradictorias. Producto, por cierto, de la fuente en que uno lo escuchó. Permanecemos incomunicados desde el 11. No recibimos periódicos. No escuchamos radio. Ignoramos absolutamente lo que sucede fuera.

- Pero sabrás que los comunistas han sido puestos fuera de la ley, que se acabó toda la irresponsabilidad politiquera de la mal llamada Unidad Popular. Que ahora gobernamos nosotros. Y que lo que nosotros ordenamos se hace. ¡Eso lo sabes!

- Sé que gobiernan las fuerzas armadas.

- ¿Y qué te parece. . .?

- Desconozco lo que sucede fuera aparte de lo que me sucedió a mi y a mis colegas detenidos, bastante grave, por cierto. Eso si, siento mucha pena por lo ocurrido.

- Uds. lo buscaron. Con sus radios machacando

todo el día la propaganda, las canciones "protesta".

En tu radio hacían excelente propaganda.

- Desgraciadamente si hubiéramos transmitido

excelente propaganda yo no estaría aquí.

- Y nosotros tampoco. Estaríamos en el cementerio.

- Nuestra propaganda no fue buena. Es uno de los errores que nos condujo al derrumbe.

- ¡Pero los trabajadores les escuchaban a Uds. !

¿La CUT les escuchaba a Uds. . .?

- Entre las radios de izquierda las de mayor sintonía eran Portales, Magallanes, Corporación.

- ¿Y los equipos rusos que les encontramos.. .?

- No los alcanzamos a utilizar. Y eran de fabricación checa.

- ¿Iban a ser los más potentes de Chile, no. ..?

- íbamos a ser una radio de alcance medio con 50 kilos. Agricultura, Cooperativa, Minería, Chilena, por nombrarle sólo esas cuatro de derecha, tienen una potencia de 100 kilos cada una. Agricultura, además posee un dispositivo que le permite, en determinados casos, duplicar su potencia. Ud. sabe, sin embargo, que 100 kilos es suficiente para nuestro país. siempre que se cuente con estaciones para cadena en provincia.

Pasamos revista a las instalaciones, influencia.

características programáticas de muchas radios, antes de abandonar el tema para pasear otra vez por lo antes dialogado varias veces.

- ¿Sabes qué piensan hacer los comunistas contra nosotros...?

- No señor.

- Volverán a lo de antes. A lo mismo que les pasó durante el Gobierno de González Videla. Se esconderán y reorganizarán como hormigas. Disimuladamente se meterán en todas partes con la idea fija de conquistar el poder. ¿Es así...?

- Sí señor.

- ¿Y tú, qué piensas hacer si te soltamos. ..?

- Trabajar. Creo que difícilmente encontraré ocupación en los diarios que quedan. No me recibirá ninguna radio. Tenemos en casa un laboratorio de aficionado. A lo mejor con él puedo ganarme la vida. Con mi hijo lo haremos funcionar. Y tendré que hacerlo de inmediato, porque la situación económica es difícil. Tengo entendido que confiscaron la radio, nadie cobró sueldo, ni indemnización.

- Las leyes sociales se seguirán cumpliendo como siempre.

Oscurece. Por el pasillo cruzan ráfagas de viento frío. Extrae de un cajón un papel mimeografiado y me lo pasa. Dice algo como que el firmante se compromete a no participar en actividades políticas de ninguna especie, ni asistir a mítines, ni reuniones.

- ¿Estás dispuesto a firmarlo. . .?

- Con una aclaración. No soy un muchacho y las ideas que sostengo no me comprometo a borrarlas.

- Aquí no se persigue a nadie por lo que piensa.

No combatimos las ideas. Eso sí. Este compromiso

es serio. Lo que se firma ante nosotros se cumple.

Diferimos de Uds. que nunca cumplieron los compromisos que firmaron. El Gobierno de Allende estuvo lleno de informalidades. Ahora si a tí te encontramos metido en algo no te saca ni cristo de la cárcel. ¿Firmas. . .?

- Firmo. ¿Esto significa arresto domiciliario. ..?

- Puedes llevar una vida normal. Claro que si te

ausentas de la ciudad, conviene que avises a carabineros señalando dónde y cuánto tiempo permanecerás fuera. Pero te reitero. Nada de andar metido en marchitas, concentraciones, sindicatos. ¿De acuerdo. ..?

- Si. Llama a un soldado. Le ordena que me lleve y le entrega un papel con algo escrito. Cuando parto los oficiales se levantan suspirando y comentan a mis espaldas que todavía no les han traído el rancho. Fuera del pasillo la claridad difusa de neones. Son las ocho de la noche.

Incrédulo miro hacia atrás. ¿Será posible que hayan terminado? ¿Dónde estará la trampita. . .? ¿Por qué resultó tan fácil. . .? Únicamente transpiré. ¿Iré efectivamente libre...? Repaso las preguntas
que me formularon y las respuestas que les di. Más que tomar nota de lo que yo decía el interrogador jugueteaba con un lápiz de pasta. Tapados por las gafas ahumadas nunca pude leer la expresión de sus ojos. Pero ellos dos, sí la mía. Si me guió por las conclusiones puedo salir libre. ¿Mañana. . ? ¿Pasado. ..? En el interrogatorio del Ministerio de Defensa me amenazaron con 60 días de prisión. Llevo 20. Me faltan 40. Más de un mes. Con soltura pasaré pascua y año nuevo en libertad. Lo claro hasta ahora es que me tienen preso por mi militancia política. Han tenido tiempo de investigarme. Disponían de muchos datos míos. Más de lo que me hubiera imaginado. Comienzo a sentirme cansado y con picazón bajo los párpados. Enciendo un cigarrillo y trago pan al mismo tiempo. Un cosquilleo de satisfacción remece las tripas. ¡ El pan, y el fin del interrogatorio! Inconfundible sensación de rendir con éxito un examen escolar. No conocemos el resultado en notas, pero creemos haber demostrado dominio en la materia. Y el ánimo de haber caminado por el filo de un cuchillo sin herirse.

En la tribuna del velódromo quedamos separados en tres grupos. Águila vigila que no hablemos entre nosotros. Aguardamos quietos casi una hora. Me preguntan los compañeros con gestos: ¿Qué tal...?

¡Bien, les respondo! ¿Y tú. . .? Bien, dice uno. Otro, más o menos. Águila arenga de nuevo a las enfermeras. Estas simulan escucharlo atentas. Todavía anda con la bala en la mano. Hasta que recibe una lista y de acuerdo con ella nos hace formar al lado de afuera. Tres rectángulos. Nos colocamos las frazadas sobre los hombros. Hace bastante frío. Un compañero refunfuña su hambre. El Águila lo escucha :

- ¿Y a vos qué te pasa...? ¿Querís mocha...? Tengo un remedio para los gallitos. ¡ Si te sentís tan hombre, pégate un salto conmigo!

Desafía ufano con las manos empuñadas. Nos cuenta varias veces y varias veces nos pasa lista. Regresamos al Estadio de nuevo. ¿De nuevo a la escotilla. . .? Iba de nuevo entre los incomunicados. Pero yo no sabía eso.


Edición digital del Centro Documental Blest el 19jun03
Capitulo Anterior Proximo Capitulo Sube