Prigué
Prigué

"VEN"


Capítulo 6

Escotilla 7. Más de doscientos prisioneros paseándose en la oscuridad. En un extremo, reja. Al otro, una escala a la galería norte, bajo la cual vivimos. Vemos únicamente las patas del trípode de la ametralladora al extremo superior de la escala, tapón de vigilancia con tres soldados y el artefacto. A ambos lados de este pasadizo de escape al campo deportivo, retretes inundados. Por entre los barrotes de la puerta de reja asegurada con cadenas y candados, aparece el paisaje que nos separa de la calle, tanques y tropa. Recibiendo en tumultos la ración de media taza de porotos cocidos cada 24 horas, viviremos allí 14 días.

Constituimos un grupo heterogéneo, donde hay cerca de 100 estudiantes y profesores de la Universidad Técnica del Estado, cargadores de la Vega y Mercado Central, funcionarios de CORFO, vendedores de hierbas medicinales, obreros textiles, trabajadores de la radio Recabarren. A los dos días nos repartieron una frazada para cada cuatro personas, y tres días después, una por cabeza. A la semana aparecieron colchones, de a uno para cada seis y paquetes de la Cruz Roja Internacional con una toalla rosada, jabón, peineta, pasta y cepillo de dientes. Entonces circulábamos con todas nuestras pertenencias a cuestas. Nos dejaron tranquilos en el encierro y pese a la obligación de levantarnos a las seis disponíamos de muchas posibilidades de tendernos en los rincones oscuros y dormir buena parte del tiempo. Los días de lluvia nos empapábamos enteros y de noche las queridas frazadas flotaban incapaces de aislamos del agua escurriendo con barro de las galerías, nuestro techo. Aislados del mundo exterior veíamos una lejana fila de mujeres reclamando afuera, portando bultos con alimento y ropa que no les permitían enviamos. En Octubre aceptaron la entrada de paquetes que en los trámites de "revisión" perdían la mitad, tres cuartas partes, o la totalidad de su contenido.

A los pocos días los muchachos de la UTE establecieron relaciones con los soldados de la ametralladora en el extremo de la escala. Entre jóvenes el diálogo se mantuvo fácil y fluido. Los conscriptos, traídos de Antofagasta el 11, preguntaban por las tropas extranjeras. Les dijeron que venían a combatir con tropas regulares de cubanos y soviéticos. Todavía no los habían topado. Mientras cumplieron allí su guardia negaron aceptar las verdades que les exponían los estudiantes prisioneros. El transcurrir del tiempo deberá haberlos convencido, en las semanas y meses siguientes, de que fueron engañados.

Los de Madeco llegaron a medianoche con los bolsillos colmados de pan. Los 80 venían de la Base Aérea de El Bosque amoratados de golpes. Al despedirlos para El Nacional les regalaron comida en abundancia y pan para el camino. Traían frío, sueño, cansancio. Nosotros padecíamos hambre acumulada. Por eso el intercambio funcionó de inmediato. Una frazada valía un pan. Varios compañeros durmieron destapados después de comerse la tarifa de la cubierta, el pan. Los de Madeco lamentaban dos días después haberse deshecho de su pancito, porque habían sacrificado igualmente el hambre al frío.

Acusados de fabricar tanquetas en su industria metalúrgica, los obreros de Madeco venían tan maltratados como el resto. Sin embargo plagados de cicatrices y ansiosos de comer, no perdían su capacidad de organización y empuje para resolver problemas.

- Aquí andamos al lote, constataron. Producimos mucho desorden cuando nos traen los porotos. Por eso algunos compañeros se quedan sin comer. No puede ser. ¿No ven que a los milicos les conviene eso. . ? Pero a nosotros, no.

- De acuerdo, dijimos todos. Resolvamos el problema.

Los 300 nos agrupamos en seis "filas" de a 50. Al aparecer el rancho, ordenadamente se presentaba la Fila Uno, la Dos y así sucesivamente hasta la Seis. Al día siguiente la fila Dos se acercaba primero a la repartición. Nombramos "cuadrillas" de limpieza, para el secado constante de los baños con llaves goteando. Distribuimos los rincones con menos corrientes de aire para los más afectados por las flagelaciones y los viejos. Establecimos turnos de vigilancia para evitar que quienes durmieran en el día fueran descubiertos por las rondas. Contabilizamos la existencia de cigarrillos, creando con ellos un fondo común y los racionamos. Un correo, inesperadamente establecido, con el exterior proveyó este fondo de más cigarrillos. Obligamos a bañarse a Martínez, traído de los calabozos de una comisaría, hirviendo de piojos y ladillas. Pedimos a la Cruz Roja desinfección de la escotilla. Nos enviaron un tarro con un líquido lechoso que nos sirvió para blanqueamos todo el cuerpo con una brocha de pintor.

Los de Madeco fueron detenidos con posterioridad al golpe del 11. Después de los días de toque de queda íntegros, y reanudadas las actividades en el país, se presentaron en su industria. Trabajaron normalmente varios días. Una mañana llegaron camiones y autobuses de la FACH. Formaron a los trabajadores en el patio. Leyeron una lista de los que tenían que acompañarlos a una "breve declaración" a la Base Aérea de El Bosque. No hubo tal declaración, sino que el tratamiento habitual a todos los detenidos. Como nosotros esperaban decisión de "su caso".

Pero los habitantes de la escotilla 7 nos opusimos bulliciosamente a la realización de un "show" artístico propuesto por esos obreros. Eso sí que no. Estamos demasiado amargados para soportarlo. Nos han golpeado incesantemente durante nueve días. Traicionaron a Chile. Arrasaron con el gobierno popular, obra de generaciones de lucha. Aguantamos difícilmente la necesidad de llorar a nuestros muertos, así que perdonen. Están meando fuera del tiesto.

No hay show.

- Hay show, insistían ellos. ¿No se dan cuenta que por este camino de lamentaciones y amarguras no llegamos a ninguna parte. . .? Lo importante ahora es vivir y para vivir precisamos desear vivir, es comprometerse a rehacer lo que nos derribaron.

- Por ningún motivo aceptaremos canciones, poemas o chistes. ¿Quién sabe si mañana lo volvamos a discutir? Ahora no. Hay mucha, mucha pena. Algunas de nuestras mujeres también están detenidas. ¿Dónde están.. .? Todos Uds. saben lo que hacen con nuestras mujeres. Se las entregan a la tropa para que las violen. Y las torturan como a nosotros. Y peor. ¿Y vamos a cantar y reímos...? Por ningún motivo.

- Nuestras compañeras necesitarán hombres enteros y fuertes cuando renazcan. Precisarán mucho nuestro apoyo. Comencemos por demostramos a nosotros mismos que somos capaces de sobreponernos a esto y a lo que vendrá. Ya "Peineta", ¡comienza!

El "Peineta González", un muchacho muy flaco, de pelo engominado terminado en un jopo en la frente, cantó con tres o cuatro más, anunció recitadores, relató decenas de chistes con los que se reía él y sus amigos. Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando finalizó el espectáculo.

Los de la UTE observaron silenciosos. El resto silbó, reclamó, abucheó, insultó. Los dos bandos sostuvieron sus puntos de vista. Las cuadrillas de aseo actuaron de moderadores impidiendo pugilatos.

A la noche siguiente no plantearon ninguna alternativa. Y simplemente nos invitaron a asistir a su "alegre espectáculo". Los jóvenes de la UTE les acompañaron y sumaron sus propios cantantes, recitadores y humoristas. Transcurrida una hora y tanto, afónico "el Peineta", asesorado por "el Chanfaina", dirigía a todos los participantes en aquellos compases que posteriormente constituirían "el himno de los presos":

"Escucha hermano la canción de la alegría y el canto alegre del que espera el nuevo día" ...

Envueltos por la supersensibilidad de nuestros corazones escuchamos inmóviles y silenciosos;

"ven

canta

sueña

cantando

vive

soñando

el

nuevo

sol"

¡Familiares! ¡Compañeros muertos! ¡Los vimos botados entre la basura de las calles! ¿Ana, dónde estás. . .? Apresada el 11. ¿Lograste la libertad o transcurres un trayecto como el de los demás, de prisión y vejaciones...? ¡Hijos míos! ¿Viven aún...? ¿Cómo? ¿Hijo, partiste decidido al centro el 11. . . hubo baleos y muertos en la ruta. . .? ¿Qué es de ti? Valia, ni tu madre ni tu padre te fueron a buscar al mediodía del 11 a tu escuela del barrio. ¿Dónde quedaste cuando se vaciaron las salas de clase y partieron tus compañeros y maestras espantadas. . .? ¿Te llevaron consigo. . .? ¿O permaneciste en la sala de clases solitaria...? .. .Quiero confiar en que están libres y sanos, durmiendo y soñando esta pesadilla.

".. .en que los hombres volverán a ser hermanos"

"Peineta" gesticula emocionado al centro del círculo de brazos tomados en lo alto. Los universitarios cantan. Todos cantamos:

"en que los hombres volverán a ser hermanos. .." - ¡ Todos contra la pared. . . !

No vimos ingresar a la tropa invadiendo la escotilla. Únicamente sus empellones y vociferaciones al irrumpir a la carrera en nuestra ceremonia, electrizarla y transformarla en un vértigo de caminatas, trotes, flexiones de brazos, vueltas y más vueltas por la pista de ceniza. Luego, permanecer algunas horas al frío de la noche y entrar con las orejas azules escuchando la repetición de las amenazas si organizábamos manifestaciones políticas como ésta. Los de Madeco tenían razón.


Edición digital del Centro Documental Blest el 19jun03
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