Prigué
Prigué

"¿POR QUE? ¿POR QUE?"


Capítulo 14

Los nuevos ocuparon un pabellón entero y escribieron con pintura en las murallas "Barrio Puerto".

Llevaríamos dos o tres meses en Chacabuco.

Corrimos a las rejas para verlos descender de los camiones, formarse a la lista, numerarse, bajar las maletas, desnudarse para la revisión corporal y después entrar al campo saludándonos contentos.

Detenidos también el 11 y 12 de Septiembre, permanecieron encerrados en las bodegas del "Lebu" en uno de los malecones de Valparaíso.

Chacabuco lo consideraron un "paraíso". Sol, aire, dos cuadras de ancho por cuatro cuadras de largo. Gigantesco espacio para caminar. Posibilidades de hablar con los demás.

En el barco la vida era dura. Oscuridad perenne del encierro, latigazos en la espalda al subir a cubierta para tragar los porotos y lavarse, sentarse con la espalda apoyada en la pared y masturbarse al ritmo de las órdenes: "el que no acaba es maricón y al maricón se le patean las bolas". Pijes del grupo fascista "Patria y Libertad" de civil chequean rostros paseándose entre los oficiales.

Vienen disciplinados. Saben ordenarse en filas al más puro estilo prusiano. Marchan como soldados sacando pecho y gritando a todo pulmón: "firme, mi teniente", en las listas matinales. Se cuadran con sonoridad de tacos. Y pegan sus manos tiesas a la costura del pantalón. Apresados por la marina con ella adquirieron marcialidad. Algunos también vivieron en un balneario construido durante el Gobierno Popular para los trabajadores en la aldea de Puchuncaví, cerca de Quintero, en la provincia de Aconcagua, Melinka, en el lenguaje cifrado de la armada. Ejercitando el uno, dos, tres, cuatro, los giros a la de-ré y a la iz-quier, aprendieron disciplina paramilitar. Reconocen las jinetas e identifican los grados. A los porteños nunca les sucede lo que a Cuevitas el día de nuestra llegada a Chacabuco. Los empellones y puntapiés al desnudarse ante los demás intensificaron sus deseos de orinar. Temeroso se acercó a un uniformado que encendía un cigarrillo y le dijo, tocándole el hombro:

- Oye peladito, ¿dónde puedo echar la corta?

- ¡Qué te imaginas roto de mierda! se espantó el interpelado volviéndose.

- Oh, perdón mi cabo.

Recibió entonces una bofetada y cayó al suelo castigado por los dos errores cometidos. El tal uniformado no era "peladito" y al pedirle perdón como "mi cabo" agravó su culpa. Se trataba nada menos que del orgulloso teniente Minoletti.

A las dos semanas los porteños vivían más angustiados que nosotros. Ausencia de verdor, comida insuficiente y desabrida. Calles ripiadas o con cascajos de caliche, sin un árbol, ni una planta, o flor, añoraban su Pacífico, sus cerros, los rancheríos colgados en las quebradas, el viento salobre, húmedo. Sus pieles adquirieron el quemado negruzco de los demás. La mayor parte de ese grupo de setenta la componían profesores.

Arribaron dos camionadas de hombres del campo, campesinos de Colchagua. Estos vivieron en los calabozos del Regimiento de San Fernando algunos meses y después los evacuaron a Chacabuco. Los "huasitos" sí que sufrieron. Intentaron cultivar verduras. Las semillas se quemaron con el salitre apenas sembradas. Con sus sombreros de ala ancha, ojotas y ponchos desteñidos, vagaban como fantasmas entre los escombros, las piedras, las ruinas de la oficina abandonada. Construyeron telares e iniciaron la producción de chamantos a la sombra de sus literas.

Siempre nos conmovía la llegada de los nuevos. Traían noticias de otros lugares del país. Y aún cuando los trataron de manera idéntica a nosotros, siempre sus relatos contenían chispas de vida diferente y nombres de personas conocidas detenidas, libres o muertas.

El contingente más numeroso vino desde la provincia de Concepción. Mantenidos presos algunos meses en el Estadio Regional, ahora continuaban su odisea en Chacabuco. 200 y tantos. Mapuches y mineros del carbón de Lota y Coronel, con más asesinatos en sus bocas. Traían un coro y una organización parecida a la que nos dimos en el Estadio Nacional y que aquí perfeccionamos.

Más camionadas de chilenos procedentes del norte chico, provincias agrarias, extremo sur y extremo norte. En cada regimiento o cuartel policial les dejaron huellas de flagelaciones en sus costados. Igual hombres que mujeres. Colgados de helicópteros se les sumergía en el mar y luego los paseaban flotando sobre las copas de los árboles en los bosques. A algunos les estrellaron contra las rocas para escarmiento de los demás. Y a otros simplemente los soltaron desde las alturas. De los que descendieron muchos quedaron encarcelados en la Isla Quiriquina, sede de la Escuela de Grumetes de la Armada. Nadie era capaz de calibrar la cantidad enorme de muertos. Sólo meneaban la cabeza repitiendo: "muchos, muchos".

Superamos holgadamente los mil en este resumen de la geografía humana de Chile concentrada en Chacabuco. Pero había literas preparadas para 3.200.

Había quienes se lamentaban de la prolongación del encierro y de la incomunicación en medio del desierto. Del acentuamiento de dolores a la columna, o despertaban gritando al desembarazarse de una pesadilla nocturna. Pero nadie se consideraba definitivamente derrotado.

Eramos conscientes de la hecatombe vivida por Chile. La recapitulábamos una y otra vez.

- Quién nos quita lo bailao, decía un campesino, al que le arrancaron la oreja derecha al descolgarlo del gancho carnicero.

Ese campesino recibió tierras y las trabajó con cien más en una cooperativa lechera. Administró bienes colectivos y develó endemoniados secretos de administración. Apenas sabía leer y escribir. Supo de insumos, costos, inversiones y aún cuando los comienzos fueron complicados, al momento en que las cosas ya marchaban, vino el golpe. Pero aprendió que podía manejar esa empresa agrícola y hacerla producir más y mejor que antes cuando mandaba el patrón. Ahora vivía en función de la libertad y el trabajo necesario para recuperar lo perdido, y entre lo perdido, también el tiempo.

Los de Luchetti, Textil Progreso, Indumetal, pensaban parecido. Dirigieron industrias importantes, cometieron fallas, remediaron errores. Pero ahora cada uno de esos trabajadores se siente en condiciones de hacerlo mejor que antes. "Fabricaremos una nueva oportunidad" prometían.

¿Y para qué hablar de los que cumplieron funciones en la administración desde ministerios y servicios? Entraron a un mundo desconocido, porque en sus escritorios de subalternos, nunca decidieron.

Los burócratas con tradición les atiborraron con papeleo y memorándums. Les enturbiaron la mente, es cierto, pero aprendieron e impusieron eficiencia.

Tanto unos como otros sabían de organización y de lucha contra un poder que los aplastó siempre. Accedidos a ese poder buscaron mucho con quién pelear más arriba, antes de entender que arriba estaban ellos y que ahora correspondía nada menos que meter acelerador al proceso, con toda su gente arriba del carro y sin que se les cayera nadie. O pocos. Costó digerir esa sencilla operación mental, en un clima pululante de tumultos y distorsiones.

- ¿Y de qué manera podíamos aprender si no era accionando con las propias manos las palancas del Estado? Los que manejaron Chile hasta Noviembre de 1970, asimilaron una escuela de 150 años de aprendizaje, práctica. ¿Y si nosotros logramos captarlo en tres años ello nos demuestra a nosotros que obreros y campesinos somos capaces? ¿Somos capaces, o no?

- Sin embargo nos botaron. ¿Por qué? ¿Por qué?

Era la pregunta que nos veníamos formulando desde el mismo día 11 y tal vez desde un poco antes, al advertir que el Gobierno Popular hacía agua, como una lancha a la que le van retirando las tablas del fondo.

- ¡Peleando no nos derrotaron, porque nosotros no hemos peleado! El pueblo no combatió, sencillamente cayó sobre él una artillada maquinaria militar escupiendo fuego. Sí, pues. Así es la cosa. En este terreno aún no nos vemos las caras, pese a que nos tengan presos y nos etiqueten de "prisioneros de guerra". En Chile combatió uno de los bandos, el otro recibió, recibió y recibe. Los que recibimos seguimos constituyendo la mayoría. Nos desparramaron es cierto ¿y cuándo nos juntemos de nuevo, ah? ¿Quién nos para?

Largas conversaciones de porteños, santiaguinos, colchaguinos, penquistas, talquinos, serenenses. Charlas cautelosas donde no se eluden responsabilidades personales.

- Entonces, si el ejército salió a destruirnos nuestras organizaciones, supo que no hallaría contendores armados. Allanó primero las fábricas buscando armas. Seguro que no las había, descargó el golpe. Esto quiere decir que nos habían derrotado antes de la masacre del 11.

- Botó al Gobierno, asesinó al compañero Allende e impuso toque de queda por varios días para evitar la huelga general y cazarnos como moscas en nuestras industrias y poblaciones. O sea que el enemigo eligió el terreno, porque ya nos superaba. ¡Estábamos derrotados antes del golpe! Esa es la cuestión.

- Parece que sí. Nos estábamos quedando solos, compañero. Únicamente los trabajadores. Los aliados se habían echado el pollo.

Sin analizar razones de la pérdida de los aliados -capas medias- era una realidad que coincidíamos en determinar como efectiva y real. Y aquí era donde erizadas de espinas, discurrían cuidadosamente para no herir susceptibilidades.

Repasamos los antecedentes. 1970, constituimos el 36 por ciento del electorado. En Marzo del 73, en las parlamentarias, subimos al 44 por ciento. La diferencia entre ambas fechas es que sectores decisivos de las capas medias comerciantes, industriales pequeños y medios, pequeños y medianos agricultores, profesionales- subieron a nuestras posiciones atraídos por la coherente y clarísima movilización de la izquierda, con metas que les interpretaban cabalmente como patriotas. La reacción, aislada, reducida a su mínima expresión se inmovilizó. Eramos mayoría imbatible.

Vendrían dos meses de inusitada violencia antes que el Congreso Pleno ratificara el veredicto popular. Plantean la repetición de las elecciones. El representante de la derecha. Jorge Alessandri renunciará y volcará su caudal en Freí. Este ganará aliviadamente por mayoría absoluta. Además, lanzan el país al caos económico. Corrida bancaria con vaciado intempestivo de los depósitos, incluidos los de las Asociaciones de Ahorro y Préstamo. ¿Con qué hacer frente a tal volumen de pagos? El Ministro de Hacienda de ese entonces anuncia por televisión que se encargarán partidas de papel moneda a Inglaterra para imprimir billetes, pues los que circulan se están agotando. Los capitales escapan impunemente al exterior. Paralizan las fábricas. Cierran el comercio. Explotan las bombas. Rumores tenebrosos copan las líneas telefónicas. Asesinan al Comandante en Jefe del Ejército, General Rene Schneider en un operativo organizado y financiado por la CÍA. Con este crimen tientan al ejército para que cierre el paso a Allende. Las responsabilidades de los trabajadores aumentan a niveles desconocidos. Pero la UP actúa conforme a los principios de su programa, claramente, extendiendo su influencia, ganando adeptos leales más allá de sus costas. Dirige la situación pese a la confusión y dificultades. Y al asumir la presidencia Allende en Noviembre hay una tarea esperando con carácter inaplazable: echar a andar el país paralizado. Airear la burocracia gelatinosa. Clarificar ante más gente los propósitos del Gobierno Popular, porque éstos realmente interpretan a las mayorías y han sido deformados por la propaganda reaccionaria y la maquinaria de la infiltración manejada por la ITT, los consorcios del cobre, los medios de difusión serviles a sus dinastías washingtonianas.

Por primera vez en la historia de Chile cuatro obreros ocupan carteras ministerial, tres comunistas y un socialista. La Presidencia --poder ejecutivo-- es uno de los tres pilares en los que reposa la juridicidad chilena. El más importante, maneja toda la administración pública y las FF.AA. Derrotada la derecha se arrincona en los otros dos. Parlamento y poder judicial. Allí entierra sus raíces y desde allí extiende sus ramas. Con el Ejecutivo en manos del pueblo es posible avanzar mucho, pero es preciso crecer, arrimándonos más los unos a los otros con la meta de conquistar también los otros poderes a medida que se priva de su poder económico a la oligarquía criolla. El empuje de las masas organizadas y disciplinadas aglutina mayorías incuestionables en medidas que no resisten espera: nacionalización del cobre, impulso a fondo de la reforma agraria, nacionalización de las empresas imperialistas y de áreas de producción monopólicas nacionales. Se reajustan en justicia sueldos y salarios. Y cada niño chileno recibe medio litro de leche al día, gratuitamente.

Asediando al movimiento popular desde la periferia y germinando posteriormente en algunos de sus órganos, brotes voluntaristas se desarrollan estableciendo barreras a la ampliación de su musculatura. Obsequian imágenes caóticas, desorientadoras a quienes luchan por nuestro fracaso. Ahora hay dos frentes, el de la derecha tradicional y el del voluntarismo ultra que nos fustiga los tobillos impidiéndonos correr. En la impunidad se apodera de pequeños predios agrícolas y de empresas de ínfima importancia económica. Distrae las fuerzas dedicadas a las transformaciones de fondo. Se atrinchera en boliches insignificantes desde donde nos anatomiza de reformistas. Sopla al reivindicacionismo desfocado en las empresas del área social. Precisamos producción y productividad y nos promueve huelgas.

Marcha con palos por las calles en grotesca exhibición bélica. Interferencia y hostigamiento a la UP y al Gobierno Popular. La derecha, dueña de su intocado aparato de prensa, radio y TV, amplifica y multiplica sus movimientos. Una secta infiltrada por la CIA asesina al ex vicepresidente de la República Pérez Zujovic, militante de la democracia cristiana. Es un taco a los posibles entendimientos con los sectores progresistas en aquel momento mayoritarios en ese partido, j Cómo utilizan los enemigos de Chile a esos jóvenes apenas tostados de marxismo! La derecha refriega sus acciones al Gobierno en jugadas de carambola dirigidas a las Fuerzas Armadas donde los progresistas pierden terreno.

El imperialismo enguantado de derecha prueba los caminos del retorno. Halagos a Allende, amenaza, intentos de corrupción en la izquierda. Esa ruta no le da dividendos.

Los comunistas en altos cargos reciben sueldos de obreros calificados y el resto del dinero va al fondo de construcción de jardines infantiles. La iniciativa no logra generalizar.

A comienzos del 71 trabajan ya a pleno rendimiento las industrias, muchas de las cuales lo hacían al cincuenta por ciento de su capacidad instalada en el pasado. Se pone límite a los alquileres y en los doce meses de ese año la cesantía que era del 8,3 por ciento, disminuye espectacularmente al 3,8 por ciento. Miles de familias sin techo reciben casas de emergencia de madera en tanto se construyen las casas definitivas a un ritmo de noventa mil al año. Por primera vez los pobres se ternean y comen carne, calzan a sus hijos y regalan una tela para vestido a su mujer. La masa consumidora, acrecentada por salarios reales a los precios, activa la producción, consume cuanto elaboran las fábricas funcionando a tres turnos. Los comerciantes gozan contabilizando ganancias, pero se agotan vendiendo a las muchedumbres harapientas con plata en el bolsillo, arremolinada tras de sus mostradores. Cines y restaurantes se repletan. Viviendas nunca terminadas por sus dueños, de salario semanal en los barrios, reciben techo nuevo, vidrios y cortinas en las ventanas. Hay trabajo y posibilidad de elegirlo.

El imperialismo maniobra bloqueando importaciones fundamentales para el funcionamiento de la industria: desde Estados Unidos dejan de llegar repuestos para el transporte terrestre y materia prima para la industria textil. Las conspiraciones se suceden una a la otra. En Marzo del 71, la del Mayor Marshall y en Octubre del 72 la del General Canales, director de la Escuela Militar. En Junio del 73 la del Coronel Souper y el regimiento blindado número dos de Santiago. Sin embargo, la correlación dentro de las FF.AA., se mantiene favorable a la Constitución, a las leyes, a los cambios que van transformando la cara de Chile.

Cada uno de estos intentos golpistas es contenido y aplastado.

¡Si pudiéramos combatir en un solo frente! Pero dos son indispensables. El de la producción y el de la defensa del Gobierno. Y en ese último debemos bifurcamos porque el Gobierno es asediado por las conspiraciones de derecha y por la agitación a la masa de trabajadores por los voluntaristas ultrarrevolucionaristas.

La derecha clama que se acabó la libertad y se debe retornar a un Estado Legal. Golpea las puertas de los cuarteles pidiendo la intervención militar. Conserva su influencia en la prensa, la radio, la televisión. Para justificar el reforzamiento económico de sus medios de difusión, alimentados con dólares imperiales, publicita campañas de venta de bonos y la supuesta adquisición de éstos por su público.

Escriben Yakarta en las paredes.

El crecimiento impetuoso de 1971, reflejado en las elecciones municipales, donde obtenemos el 51 por ciento de los votos, se detiene a finales de ese año. Amenaza descender el 72. Volodia Teitelboim señala en una conferencia de prensa que este deterioro al crecimiento, que se acelerará con una bajada de nuestras fuerzas si no enmendamos urgentemente como UP, es en gran parte nuestra culpa. Nos falta flexibilidad, dice. para trabajar en las capas medias. En vez de sumarlas a nuestra gran gesta liberadora de la patria, las estamos pateando y expulsando. Es marzo de 1972. ¡Qué razón le ciarían los meses venideros!

Más inscripciones en las calles: ¡ Yakarta!

De 180 emisoras transmitiendo en Chile, la derecha maneja 130. Y entre ellas la más potente. El Canal Nacional de televisión, con alcance a todo el territorio, no logra desembarazarse de la influencia derechista presente en sus programas de mayor sintonía. Canal 9, de la Universidad de Chile, manejado íntegramente por sectores de izquierda y poseedor de la primera sintonía al asumir Allende la presidencia en el 70, baja a último lugar de las preferencias del público por el sectarismo de la programación y porque no puede superar problemas técnicos y económicos. Canal 13, de la Universidad Católica, expulsa a todos los izquierdistas y se transforma en vocero abierto de la derecha al comienzo y de la sedición y el golpe después. Racimos de dólares tonifican sus finanzas y se da la curiosísima situación de que a los izquierdistas los echan de los medios de difusión de la derecha y a los de derecha no los podemos sacar del Canal Nacional. Una ley lo impide.

La empresa "El Mercurio", una y mil veces confirmado su financiamiento por la CIA y las compañías transnacionales mantiene alto tiraje con tres diarios en la capital y varios en provincia. En la izquierda hay también diarios, pero únicamente "El Siglo" refleja plenamente el pensamiento de la Unidad Popular y del Presidente Allende. "Clarín", otro de gran tiraje en la izquierda, coquetea a menudo con quienes desde afuera de la Unidad Popular. pretenden señalarle rumbos aventureros al Gobierno. Otros rotativos no logran influir. Y sobre todo, no hay ninguno que se extienda con su mensaje a sectores de la población que no nos son adversos. Que vendrían a nuestro lado, o que por lo menos, podríamos neutralizar.

La empresa editorial Quimantú, con sus poderosas y modernas instalaciones tampoco consigue colocarse a la altura lograda por los trabajadores con su triunfo y su Gobierno. Allí la excepción funciona en el departamento de libros, donde Joaquín Gutiérrez impone la difusión masiva de obras literarias de calidad y contenido. Un alimento necesario para las mayorías en su vigoroso empeño de liberar y construir.

Pero donde realmente hizo falta el impulso creador y el laborar constante organizado tras metas concretas fue en el cine. Disponíamos de las viejas instalaciones de Chile Films, anticuadas, pero en condiciones de aportar imágenes movilizadoras. La mitad del tiempo se pasó en discusiones bizantinas y teorizaciones interminables. No hubo películas en los cines y algunas de las que salieron, mejor nunca se hubieran filmado. Únicamente en el último año se planificó y puso en marcha la edición semanal de un noticiario y algunos largometrajes. Pero ya era tarde.

Nuestro proceso, por sus singulares características nos daba poco o ningún margen de error, cometimos tantos y pese a ello cuando en Marzo de 1973 obtuvimos un 44 por ciento del electorado, qué gran lección nos dieron los trabajadores. Con un aparato publicitario que les machacaba la conciencia día a día en contra de las tareas emprendidas, con dificultades de abastecimiento y jornadas de trabajo y vigilancia, no perdían la brújula de clase y se mantenían firmes avanzando, construyendo, soñando con más imaginación que los demás en la patria que nos aguardaba al final de las trasnochadas y caminatas interminables.

Nunca fue posible, es cierto, que el Gobierno dedicara toda su energía a resolver este problema. Porque si primero fue echar a andar la industria y parar la sedición, impulsar la reforma agraria y contener los golpistas, desplegar la construcción masiva de casas y atar las manos a los conspiradores, garantizar el abastecimiento, consolidar el área social de la economía, nacionalizar los bancos, aplastando a los saboteadores. Movilizados y resolviendo tareas cada vez más difíciles y complejas, los trabajadores no encontraron la tregua necesaria para abocarse a la solución de la posesión, contenido y dirección de los medios de comunicación masivos. Y bien se encargó la derecha de no dársela. Allí se defendió con dientes y muelas. Cuando se le tocó el más pequeño interés en este terreno se jugó por entero y no aceptó derrotas. Y no las tuvo.

Y escribió Yakarta en las paredes.

Cuando los subversivos pillados con las manos en la masa pasaban a los tribunales, éstos se encargaban de dejarles en libertad de inmediato.

Y ante la clausura de algún órgano de difusión de la derecha, de la misma manera tribunales y parlamento, torcían la nariz interpretando las leyes a su antojo, levantando castigos e imponiendo su mayoría holgada para darles impunidad.

¿Y cómo logramos de todas maneras progresar?

Si el Congreso no nos daba leyes, ¿cómo pudimos de todas maneras avanzar?

De la República Socialista de Chile de 1932 quedó vigente un decreto-ley por medio del cual se autorizaba al ejecutivo la intervención y apropiación de aquellas empresas que disminuyeran o paralizaran su producción creando desabastecimiento. Se aplicó en cada caso que correspondía. Los trabajadores la cogían en sus manos, la echaban a andar de nuevo. Posteriormente se llegaba a acuerdo con los ex propietarios para su adquisición por el Estado. Así nació el área de propiedad social de la economía.

No hubo ni habría ley para la nacionalización de la banca, petición mantenida por las organizaciones gremiales de los trabajadores bancarios, y necesidad determinante para la economía en gestación. Pero nada impedía que la Corporación de Fomento llegara a acuerdo individual, directo y particular con los poseedores de acciones, con los dueños de algunas o con los propietarios de grandes paquetes. Adquiridas de esta forma las acciones, y consiguiendo la Corfo mayoría en los directorios entró a controlar el sistema bancario. De manera parecida se nacionalizó la banca internacional con sucursales en Chile.

Cada una de estas medidas, repudiadas por la derecha, garantizaban su imposición por la movilización y respaldo de los trabajadores. En el caso de la industria por la decisión de sus obreros y empleados de manejarla con sus propias manos y en el caso de la banca porque también sus trabajadores eran capaces y estaban decididos a impulsarla.

Por eso el fascismo amenazaba: Yakarta. Hasta que desembocaron en el Yakarta que preparaban.

Las carreras de los perros ladrando a las patrullas recorriendo el campo, suspendían nuestras conversaciones en las que detallábamos paso a paso lo que fue nuestro Gobierno y cómo deberíamos comportarnos cuando tomáramos nuevamente su conducción.

A nuestro alrededor Chacabuco se humanizaba con la llegada de los perros. Ahora vivían con nosotros no solamente las moscas y los ratones, sino que también una veintena de quiltros vagabundos. Con su panza arrastrando al suelo, flaca, desollejada y la cola entre las piernas, amaneció en el interior de una casa la avanzada del desembarco canino. La acogimos alimentándola y preparándola para que pariera en buenas condiciones. Se le dio ubicación y nombre: La Punta. De La Punta nació Zorba y Mamerto. El trío recibió refuerzos muy luego con media docena más de perros caminantes del desierto. Cada mañana levantaban tierra corriendo entre las filas de prisioneros que formábamos para la lista y de noche ladraban a las estrellas y a los uniformados. El ladrido de los perros anunciaba los tristes amaneceres de ese campo de concentración donde un millar y medio de chilenos esperaban salir para encontrar los cabos desatados que les permitieran integrarse a la canción de la resistencia cuya letra se escribía afuera de las rejas.

Algunos obtenían la libertad y a todos los demás se nos sugería que muy pronto les acompañaríamos. Nos reuníamos bajo la torre de la puerta y cantábamos la despedida. Agitaban pañuelos entre la polvareda levantada por los camiones en marcha. Muchos de ellos cayeron posteriormente detenidos y los encontramos en otros campos. Ninguno arrepentido. Planificando actuar con mayor cautela la próxima vez que abandonaran la prisión.

Pero los que salían eran reemplazados por nuevos transportes de detenidos. Y ahora la represión mostraba signos de transformación. Se convertía en más selectiva y los interrogatorios eran brutalmente refinados. Ya no eran las pateaduras y simulacros de ahorcamiento en el cerro Chena de San Bernardo, sino que la aplicación sofisticada de la electricidad en el Regimiento de Tejas Verdes, en la Casa de las Campanas de calle Londres, Villa Grimaldi, Academia de Guerra de la FACH en Santiago. A un dentista le cortaron los tendones de su mano derecha con alambres de acero. A otro le quebraron siete costillas clavándole el pecho con un palo de escoba y palanqueando dentro hasta que se rompieron los huesos. Era el examen de un oficial chileno ante su instructor brasileño en Tejas Verdes. Un padre asistió a la violación de una hija de 12 años. A ninguno de éstos se les halló cargo suficiente para conducirlos a tribunales militares o civiles. Convencidos los torturadores que de nada les podrían acusar determinaron para ellos la aplicación de la Ley de estado de sitio y su encierro en Chacabuco.

Allá también estuvieron un par de meses veinte muchachos de Valparaíso recién salidos de los Consejos de Guerra incoados en contra de ellos por la marina. Estudiantes, profesionales, obreros, periodistas. Uno de los periodistas condenado a tres años de prisión porque era el gerente del diario "La Unión", una cooperativa de trabajadores y vocero de izquierda. Un estudiante de 18 años condenado a cadena perpetua y 20 años más. Entre los condenados otro muchacho de 19 años venía con la columna vertebral rota por los interrogatorios. Ninguno de ellos tuvo defensa en el tribunal.

Un soldado se pegó un tiro durante su guardia en la puerta del Hospital. Los médicos prisioneros, llamados con urgencia, intentaron salvarlo en operación apresurada. Murió.

Otros soldados me contaban, cuando estuve hospitalizado en Chacabuco, de su cansancio, hastío y pena por cumplir las funciones encomendadas.

- Entre nosotros hay muchos enfermos, me contaban. Hemos visto cosas feas. A nosotros, que somos de Antofagasta, nos llevaron a la capital el 11. Nos dieron el peor trabajo, recoger muertos en la noche, echarlos a camiones que los llevaban no sabemos dónde. Uno de mis amigos de la compañía tuvo que dispararle a un joven que permanecía quieto entre los muertos. Cuando le tomamos se levantó. Ahí nos dimos cuenta que estaba vivo. Mi teniente lo obligó a arrodillarse y ordenó a mi amigo que le descargara el fusil en la cara. Se la rompió entera. Mi amigo fue dado de baja porque está loco. Yo no puedo ver sangre. Cada vez que la veo, vomito. Ojalá esto termine pronto.

En el Hospital también había ratones. Nosotros nos acostumbramos a sus carreras grises y silenciosas con la cola estirada hacia atrás. Los soldados ante su presencia se alteraban, apuntaban y disparaban. Las balas barrenaban veloces las murallas agrietadas después de un viaje fulminante. Un trayecto sin obstáculos, porque a veces no se trataba de ratones, sino que de una acción ordenada por el alerta vigilante de la pura y simple imaginación.


Edición digital del Centro Documental Blest el 19jun03
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