José Carrasco. Asesinato de un periodista


La opción revolucionaria

Entre los hechos políticos cruciales que marcaron a Pepe y su generación estuvo la Revolución Cubana y los movimientos guerrilleros que a partir de ella surgieron en América Latina. El Che Guevara peleando por el socialismo en Bolivia y, después de su asesinato, la lucha que Elmo Catalán siguió en esas tierras junto al "Ejército de Liberación Nacional" eran hechos que impactaban. Sobre todo para quienes habían sido amigos y compañeros de profesión de Catalán. También ejercieron fuerte influencia las luchas que se daban en esos años en Europa, África, Asia por cambiar el sistema imperante y contra el colonialismo que el primer continente aún mantenía. El caso de Argelia o el París de mayo de 1968 eran experiencias que mostraban una izquierda distinta. La disputa chino-soviética era, asimismo, otro de los hechos marcadores.

A gran cantidad de jóvenes que en Chile militaban en los partidos de la izquierda tradicional, estas experiencias los llevaron a una revisión crítica de sus posturas. Las luchas electorales, el "Frente de Acción Popular", FRAP, que otra vez había reunido a las fuerzas de izquierda y progresistas para enfrentar la elección de 1964 había sido nuevamente derrotado. Las contiendas por lograr el cambio del sistema dentro de las reglas del mismo sistema aparecían como vías ineficaces. La lucha armada, la guerrilla para llegar al socialismo, era algo concreto y atrayente.

Como resultado de ese conflicto, de esa discusión, había surgido en 1965 uno de los principales partidos nuevos que interpretaban y acogían a esa nueva izquierda: el MIR. Para Pepe fue el lugar donde encontró la respuesta a sus antiguas inquietudes político-sociales.

Nelson Gutiérrez, que por entonces era dirigente de la Federación de Estudiantes de Concepción, FEC, explicó los motivos de la opción de Pepe y de toda esa generación. "Sufrieron el influjo de la fuerte radicalización social e ideológica que afectó entre el 65 y el 67 a gruesos sectores de la pequeña burguesía estudiantil, intelectual y profesional. También de la emergencia de sectores como los pobladores, el campesinado, además de la radicalización de la pequeña burguesía funcionaría y la clase obrera industrial".

Según Gutiérrez, la opción de Pepe obedeció a muchos factores: "El había llegado a la conclusión de que los partidos de la izquierda chilena, no obstante el rol importante que habían jugado en la actividad política nacional, no tenían una idea estratégica que permitiera resolver los problemas del poder en Chile. La práctica de esos partidos no lo satisfacía plenamente. No veía que una militancia en ellos pudiera llenar su decisión de compromiso revolucionario. Buscaba una militancia más global, más completa, más radical, que implicara un compromiso profundo con el socialismo, con la lucha para una sociedad nueva. Y eso significaba de algún modo una cierta ruptura con las formas institucionales en que la izquierda hacía política en el país".

Lo que motivó a Pepe fue también válido para un grueso sector de los periodistas y los trabajadores de la cultura, para una serie de sectores intelectuales de la época. Señala Gutiérrez: "Fue muy importante lo que el MIR expresaba como proyecto, como esperanza de renovación radical en la sociedad chilena de los '60. Desde un punto de vista ideológico y cultural, su proyecto era enormemente atractivo porque se inscribía en todo ese esfuerzo de renovación del marxismo latinoamericano y del pensamiento marxista en Chile. Un esfuerzo antidogmático para fundar realmente un pensamiento marxista, que fuera capaz de analizar la realidad y fundar una práctica revolucionaria sobre la base de una fusión de las clases populares y del desarrollo de un método de acción revolucionaria". Añade que también influyó "el que el MIR, de alguna manera, fue capaz de captar a parte importante de la intelectualidad revolucionaria de América Latina y de aquella que comenzó a formarse en la década del 50 y 60 en Chile. Era por ende, un partido atractivo también por su proyección latinoamericana".

Quienes optaban por esta posición veían que el MIR podía ser capaz de extraer lecciones: "De la revolución cubana, del desarrollo de las organizaciones guerrilleras que nacieron y desarrollaron al calor de aquélla. Se pensaba que se podía asimilar y proyectar esas experiencias en la construcción de una vanguardia de nuevo tipo en Chile, que permitiera efectivamente llevar al pueblo chileno al socialismo. Todo ello con el enorme idealismo propio de los años de emergencia de nuevas organizaciones. Después, como lo demostró la vida, el camino sería mucho más difícil", concluye Gutiérrez.

Con motivo de la muerte de Luciano Cruz, en 1971, el propio Pepe escribió en la Revista Punto Final la historia del Movimiento de Izquierda Revolucionaria por el cual había optado. En sus partes medulares, señalaba:

"A comienzos de 1964, como resultado de las disidencias producidas en la militancia comunista y socialista, surge la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM) y en ella tienen destacada participación tres estudiantes de medicina: Luciano Cruz, Miguel Enríquez y Bautista von Schouwen. La Vanguardia comienza a realizar una fuerte actividad en la Universidad de Concepción y un naciente trabajo en el movimiento obrero de la provincia. (...) Ese mismo año Concepción es sede de un Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Medicina, en que participan jóvenes que militan en diversos movimientos revolucionarios de América Latina. Luciano, junto a Miguel Enríquez y Bautista von Schouwen participan y el Congreso se convierte en un evento que analiza a fondo el carácter del proceso revolucionario latinoamericano, la continentalidad del combate y las formas que asumirá la lucha armada".

Agregaba Pepe que "la derrota electoral de 1964 y la pérdida de la Federación de Estudiantes de Concepción no determina que los recién surgidos líderes de la izquierda revolucionaria entren en período de desaparición". Por el contrario, indicaba, "determina que la real conducción de las luchas estudiantiles pase de hecho a manos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, surgido el 15 de agosto de 1965". Luego añadía:

"La agitación estudiantil llega a las calles de Concepción y la Izquierda Revolucionaria crece en su influencia en la medida que su accionar no queda en la palabra y se convierte, en los hechos, en participación activa en todos y cada uno de los enfrentamientos. Una protesta callejera contra la visita de los marinos norteamericanos integrantes de la Operación Unitas permite a carabineros detener por primera vez a Luciano Cruz (...) Este, como dirigente del MIR, no sólo impulsa el trabajo entre los estudiantes sino que además lo lleva hasta el seno del proletariado urbano (...) La acción infatigable del Movimiento de Izquierda Revolucionaria ha determinado que el Gobierno de Frei agudice la represión y decida el nacimiento de un cuerpo especial de carabineros: el Grupo Móvil. Sin embargo, la acción de este grupo y su incursión por el Barrio Universitario no hace cambiar la situación. Ha nacido el MUI, Movimiento Universitario de Izquierda, bajo el impulso y la conducción del MIR (...) El retroceso que había caracterizado al movimiento de masas luego de la derrota electoral de 1964 comenzaba ahora a convertirse en una nueva fuerza movilizada (...) El ascenso de las movilizaciones, que durante el 66 eran aún tambaleantes, se consolida el año 67 ante la evidente crisis provocada por el Gobierno de Frei. Las luchas de los trabajadores contra el gobierno reaccionario de Frei y la movilización estudiantil por la reforma universitaria marcan ese año (...) Los diarios y radios capitalinas comienzan a tener una preocupación cada vez mayor por la agitada vida política y gremial de Concepción (...) En diciembre de 1967 el MIR realiza su Tercer Congreso Nacional, evento que reafirma el carácter de la revolución chilena como socialista y que define la estrategia de la lucha armada para la conquista del poder por obreros y campesinos. Se fija además como una de las tareas importantes la intensificación del trabajo político entre obreros y campesinos y el desarrollo de una organización militar que se convierta en la vanguardia de la lucha del proletariado".

Cuando Pepe decide entrar al MIR, decide también ratificar con hechos aquella real "ley de guerra" en la que creía: ser periodista y militante en forma inseparable. La decisión le significó más de una vez doblar su jomada de trabajo y convertirse -como muchos recuerdan- en un verdadero "hombre orquesta".

"Ayúdame con un 'acarreíto'"

En 1969 se integró al equipo de prensa de Canal 9. Este se acababa de formar y lo dirigía Mario Díaz, el "Chico", quien también era Jefe de Redacción de "Punto Final". Estaban asimismo Augusto Carmona, Enrique Canelo, Marcela Otero y Darío Rojas. La idea era hacer noticieros cada media hora, con despachos en cualquier instante si era necesario. Según recuerda Marcela Otero, "el Canal era entonces el único que apoyaba a Allende y se estaba iniciando la campaña presidencial del 70, por lo cual su rol era importante".

Era un tiempo especialmente agitado para Pepe porque, además, el MIR había pasado hacía poco a la clandestinidad. Le faltaban horas para el trabajo.

La decisión de clandestinizarse la tomó el MIR luego de la persecución abierta y constante que sufrían sus dirigentes máximos después del supuesto secuestro del periodista Hernán Osses Santa María, director del diario "Las Noticias de la Tarde" de Talcahuano. La historia, que los miembros del MIR negaban enfáticamente, había sido según Osses así: Una joven estudiante -Ingrid Sucarrat, según la acusación- lo había llamado el 5 de junio de 1969 a la redacción del periódico para pedirle que se juntaran pues tenía una bombástica denuncia que hacerle. Lo había citado en el Bar "Baccaratt" y al ir llegando al lugar lo habían agarrado, según la versión de Osses, entre la muchacha y Luciano Cruz y lo habían llevado a un lugar desconocido. Osses, que en su diario lanzaba virulentos ataques al MIR, dijo que en su cautiverio se le había obligado a desnudarse y se le habían tomado fotos. Aclaro sí que no lo habían violado, como señaló alguna prensa.

El hecho generó una violenta incursión del Grupo Móvil en el Barrio Universitario de Concepción. "Quedaron centenares de estudiantes gravemente heridos", recuerda Irene Geis, quien por entonces era directora de la Escuela de Periodismo de esa ciudad. "Era una época tensa, estaban los atisbos de la campaña electoral, había una represión bastante fuerte, tomas de terreno, mucha agitación social, y esto fue un escándalo monumental. En el allanamiento al Hogar Universitario se llevaron todos los libros que olieran a izquierdismo, dieron vuelta colchones, rompieron todo. Fue algo inédito".

Como todos los funcionarios de la Policía Política de Investigaciones, la "P.P.", buscaban por cielo, mar y tierra a Luciano Cruz y a los dirigentes del MIR, éstos optaron por salir de circulación. Los "Guatones de la PP", como se les llamaba por entonces, eran quizás el equivalente -guardando las proporciones- de la CNI de hoy. Dos meses después, en agosto de 1969, hacían negra noticia al torturar -algo escandaloso en esos tiempos- a tres ex militantes del MIR que habían asaltado el Supermercado Portofino.

La situación del MIR y todo lo ocurrido, mantenía a Pepe pendiente prioritariamente de la campaña de solidaridad que surgió en torno al caso. Todos los días había actos de desagravio por los estudiantes penquistas y pidiendo la libertad de Nelson Gutiérrez, entonces presidente de la FEC. De modo que se le hacía poco el tiempo y, como señala Marcela Otero, "era fregado porque se contaba poco con él; estaba en una reunión y otra y llegaba tarde". 

Después de despachar el noticiero de la noche, Pepe seguía su actividad. A más de algún colega con auto le pidió que lo ayudara a "hacer unos acarreítos". El "bulto" era generalmente Luciano Cruz, del cual se había hecho gran amigo y compinche. Muchos señalan incluso que fue por mediación de éste que entró finalmente al MIR.

A Marcela le tocó alguna vez recibir la petición. "No éramos íntimos amigos, pero yo me metía en esos 'forros' de andar con Luciano Cruz en mi citroneta por las calles de Santiago porque en un momento así uno no se podía correr. El me pedía un favor que yo podía hacer, pues tenía el medio: el auto".

Como era tal su dedicación al periodismo y a la política, en su hogar poco lo veían. Con Olivia esperaban a su primer hijo y a pesar de la alegría que ello significó para Pepe, no cambió sus hábitos. La prioridad que estableciera para siempre al entrar al MIR le hizo por entonces delegar en su pareja la crianza de los hijos. Siempre le reconocería a Olivia esa dedicación por partida doble, y algunos años después, cuando saliera de la cárcel, comenzaría a resarcir con creces ese desapego formal a sus hijos. Marcela Otero lo recuerda en esas épocas: "Yo sabía que era casado pero costaba creerlo. Era tan militante que no parecía papá ni marido o, al menos, no se le veía esa faceta. Estaba puesto para el MIR, con una gran incondicionalidad hacia sus dirigentes, los que tenían un carisma que a Pepe aún le faltaba. Su entrega era total, yo dina que hasta casi enajenada. Antes que lo asesinaran también tenía una entrega enorme, pero estaba junto a su mujer, codo a codo, en todas las labores. Había cambiado, ya no tenía esa cosa alocada, era más completo".

Era tanta la pasión que ponía en la lucha que incluso Mario Díaz -su jefe y quien también era del MIR- le dijo un día que, o volvía a cumplir con su trabajo en forma normal o se iba del Canal. Marcela Otero recuerda que ya ni siquiera participaba en la bohemia. "Cerca del Canal estaba el bar Las Bahamas. Un colega tenía cuenta abierta para todos sus amigos pero Pepe no iba. Ya esa vida no tenía sentido para él. Sólo lo tenía la conspiración, salir a pintar las murallas, la chuchoca política".

Ese año el MIR se mantuvo en la clandestinidad porque luego inició las llamadas "acciones directas". Eran los asaltos a bancos "como táctica del momento y por necesidades de pertrechamiento para la preparación militar", como señalaban sus dirigentes. Miguel Enríquez justificó estas acciones señalando por entonces: "Como alguien dijera, es más inmoral poseer un banco que asaltarlo, especialmente si esto último se hace para cambiar la condición de miseria en que viven obreros y campesinos". Los atracos les significaban importantes botines y sus autores nunca eran atrapados. Excepto en el asalto al supermercado Portofino, cuando se produce la detención de Jorge Silva Luvecci, Juan Martínez Briceño y Francisco Pérez Molina. A ellos se les siguió un bullado proceso, que de hecho se transformó en un juicio al MIR. El Ministro en Visita designado, José Cánovas Robles, llevó el caso de una forma que mereció reiteradas críticas de la prensa de izquierda.

Es justamente en esos meses álgidos cuando Pepe vive una de sus más increíbles anécdotas político-periodísticas. Ocurre cuando acompaña a Luciano Cruz a "entrevistar" al General Roberto Viaux, preso en el Hospital Militar después del "Tacnazo".

Entrevista con "Pillería"

Carrasco y Cruz tenían establecidos ciertos vínculos con sectores radicalizados de las Fuerzas Armadas, especialmente de la oficialidad joven. En ello se basaron para dar este golpe de audacia. Contaron con que Viaux debía tener apoyo al interior del Ejército y que, seguramente, por esa vía era posible romper la prohibición de recibir a periodistas o visitas. A través de información que consiguieron de otros lados, lograron contactos que les permitieron ingresar a conversar con Viaux. Luciano Cruz -que tenía un aspecto absolutamente identificable- se pegó un bigote, se puso anteojos y se vistió con "ropa adecuada".

Pepe relató la aventura en "Punto Final" dos años después:

"En 1969 el trabajo partidario de Luciano se encamina ya a las tareas de información e inteligencia. El 'Tacnazo' produce una nueva situación en sectores del Ejército que nadie se ha atrevido a investigar más afondo. Las declaraciones de Viaux no permiten dibujar claramente la realidad de sus planes golpistas. Luciano Cruz decide investigarlo personalmente. El hombre más buscado por la policía chilena decide entrar al Hospital Militar donde se encuentra 'detenido' uno de los hombres más protegidos por el gobierno democratacristiano".

"Con la grabadora bajo el brazo, una pistola Colt 45 en la cintura y un aspecto de despreocupado europeo, ingresa al Hospital Militar a entrevistar a Viaux. El general golpista se siente halagado y accede de inmediato a la entrevista. En ese momento se encuentra ocupado con algunos oficiales y le pide que espere veinte minutos. Luciano acepta y conversa animadamente con la esposa de Viaux y el oficial de Inteligencia encargado de la custodia.

"Luciano, que hablaba francés y algo de italiano, les explica que él es Saverio Tuttino, periodista del 'Paese Sera' (lo cual es un dato real) y en un español italianado les habla desde la instalación de la planta Fiat en la Unión Soviética hasta el desarrollo económico de Italia. En un momento la esposa de Viaux consulta:

-¿Cómo es el clima en Roma...?

"Tuttino se levanta, se acerca a una ventana y luego responde:

-Chimilare al de acá, pero un poquitino más checo...

"Luego viene la entrevista al general Viaux. Durante algunos minutos el oficial golpista se mantiene en sus declaraciones ya largamente difundidas. Sin embargo, su vanidad es superior a su capacidad de simulación, y luego de solicitar al periodista italiano que apague la grabadora, accede a conversar de todo con el compromiso que la conversación no se dé a conocer hasta después del año nuevo. Corría el mes de diciembre del 69.

"Tuttino no lo deja terminar asegurándole:

-Genérale. lo he chido entrevistadore de mucha persona importanti y chiempre he chabido guardare un checreto...

"La vanidad del general y el hábil interrogatorio del supuesto periodista fueron dejando claramente a la luz los principales aspectos del plan golpista", concluyó su relato Pepe.

Se podría decir que en esos tiempos Pepe era una especie de "productor" en su partido. Ayudaba a que muchas cosas salieran, y salieran bien. Se encargaba de proporcionar los elementos materiales y humanos para que así fuera. Generalmente, en este último rubro se proporcionaba a sí mismo. Y así, en esta época también se desempeñaba como chofer del secretariado nacional del MIR, que seguía clandestino.

En esta labor le tocó en una ocasión recibir a tres dirigentes de Concepción y trasladarlos hasta el lugar donde se desarrollaría una reunión del Comité Central. El punto de encuentro era la Plaza Italia. Pepe, junto a otro compañero, esperaba a los viajeros. Al encontrarlos, los invitó a dirigirse al auto en que los trasladaría: un huevito de color rojo...

"Pepone", como ya empezaron a llamarlo en esa época, no tenía todavía una participación intelectual en el MIR, pero era un hombre de completa confianza. Para desempeñarse como "chofer operativo" debía serlo. "Esa era una tarea muy importante en condiciones de clandestinidad y a quienes se destacaba para la labor debían tener dos cualidades: ser militantes de plena confianza política, porque se enteraban de todo, y ser eficaces desde el punto de vista técnico", señala Nelson Gutiérrez.

Era común en esa época que profesionales o intelectuales, universitarios y profesores, además de su labor normal, entraran a participar en las tareas clandestinas y conspirativas que desarrollaba el MIR. "Pepe incluso -recuerda Gutiérrez- aportó como chofer en distintas operaciones y acciones que se desarrollaron en aquella época. También cumplió una labor importante en todas las tareas de información e inteligencia".

Con Luciano Cruz se complementaban en esta tarea. Por entonces, Cruz trabajaba con los periodistas -logró que un importante núcleo entrara a militar al MIR- y era el responsable de Inteligencia. En la recolección de información se apoyaba en su amigo Pepone, que era un hombre esencialmente de acción y que quizás por ello había elegido el periodismo como carrera. Al respecto, Federico Gana recuerda que por entonces tuvo que hacer para su diario una entrevista al MIR en la clandestinidad. "Pepe me citó en una esquina, me dio mil vueltas en auto y llegamos finalmente. Estaban todos los máximos dirigentes. Después me fue a dejar. El era el anónimo, el que organizaba cosas. Se notaba que era un soldado de la causa, que quería trabajar más que ser un dirigente importante".

Pero sin proponérselo, llegaría a serlo. El cambio se produjo con el advenimiento del Gobierno de la Unidad Popular, en 1970.

El periodismo militante

Con Salvador Allende, la izquierda ganaba finalmente la elección presidencial después de tres intentos fallidos a lo largo de dos décadas. Obviamente, la posición que sustentaba el MIR lo había hecho auto excluirse de la coalición ganadora. Frente al triunfo de la Unidad Popular, declaró: "La mayoría electoral de la U.P. significa un inmenso avance en la conciencia política de los trabajadores, que con certeza favorecerá el desarrollo de un camino revolucionario en Chile. La mayoría electoral ha formalizado un impasse entre los trabajadores por un lado, y los patrones de fundos y fábricas, por otro (...). Los hoy poderosos no cederán sus riquezas y privilegios gratuitamente. La estrategia de la lucha armada, hoy más que nunca, está plenamente vigente (...) El MIR no llama a engaño a nadie ni se sube a carro electoral victorioso alguno (...) Sostenemos que la mayoría electoral de la izquierda o de un gobierno de la U.P. son un excelente punto de partida para la lucha directa por la conquista del poder por los trabajadores, que incorporando nuevos contingentes de masas y bajo nuevas formas de lucha, con seguridad terminará en un enfrentamiento entre los explotadores nacionales y extranjeros por un lado y los trabajadores, por otro. (...) El MIR se propone apoyar el programa de gobierno, buscar su radicalización en los frentes de masas y hoy, como tarea fundamental y urgente, colocar sus esfuerzos en la defensa del triunfo electoral frente a las maquinaciones de la derecha y el imperialismo".

En el primer año del Gobierno de Salvador Allende, Pepe entró a la planta de redactores de la revista "Punto Final". Comenzó así una etapa que se prolongaría hasta el Golpe de Estado: la del periodista al servicio de la política. Porque su labor en "Punto Final" y en la Radio Nacional del MIR -donde también trabajó después- serían básicamente un complemento de su principal quehacer a partir de 1971: las tareas partidarias.

"Punto Final" había nacido en agosto de 1966. Su director era Manuel Cabieses y su Consejo de Redacción estaba entonces integrado por Mario Díaz, Augusto Olivares y Carlos Jorquera Tolosa, consejo que se fue rápidamente ampliando. La línea de la Revista se explícito en el editorial de su primer número:

"Todo órgano de prensa tiene una posición, aun aquellos que se escudan en una aparente 'objetividad'. Nosotros no queremos engañar a nadie. Estamos en la izquierda, o sea, entre las fuerzas políticas y sociales que combaten por el socialismo. Somos, en consecuencia, antiimperialistas y antioligárquicos. Estamos contra el feudalismo y sus nuevas expresiones: el neocapitalismo y el 'gorilismo'. No creemos, por cierto, que el reformismo sea un remedio aconsejable para los países en vías de desarrollo como el nuestro. Por el contrario, estimamos que es un factor de retraso, si no se le combate y denuncia en el proceso de liberación de nuestro pueblo. Buscamos divulgar, por lo tanto, un auténtico pensamiento revolucionario. En esa tarea seremos todo lo amplios que exige la inquietante y compleja realidad nacional. Pero seremos firmes y consecuentes en nuestro propósito. Consideramos que, si bien nuestro pueblo no necesita de tutores que encuadren la dirección de sus luchas, ni de pontífices que digan la última palabra, hay urgencia de entregar antecedentes que actúen como factores estimulantes del combate. Una corriente renovadora del pensamiento revolucionario recorre América Latina. No es ningún misterio que ella emana de la Revolución Cubana. Se está manifestando en cada uno de nuestros países, en diferentes formas. Es necesario, por eso, contar con amplios elementos de juicio. No ocultaremos lo que otros esconden. Trabajaremos con armas ideológicas limpias, sin odios ni resentimientos y no rehuiremos la polémica. Pero siempre nos guiará el convencimiento de que las organizaciones políticas que el pueblo se ha dado son instrumentos cuyo perfeccionamiento debe buscarse con lealtad, nunca su destrucción o división. Combatiremos, entonces, al verdadero enemigo. Estamos, en resumen, en el gran cauce del movimiento político y social empujado por las aspas de la revolución socialista que llama a la conciencia latinoamericana. En esa corriente pueden existir, y de hecho existen, matices y opiniones diferentes. Pero todas confluyen a un mismo objetivo. Eso lo tendremos presente".

Pepe se incorporó a "Punto Final" en lo que constituyó tal vez su segundo "momento fundacional": el período 70-73. Allí fue destacado por la dirección del MIR debido a que en el equipo de PF no había entonces militantes de ese partido. Los periodistas se irían incorporando después y al final del gobierno de Allende el grueso del staff sería de esa organización .

En la revista, Pepe cumple con lo que se encomienda: "ser el portavoz de la alternativa socialista revolucionaria que se desarrolla en ese período, la que se diferencia y confronta con la política oficial del Gobierno", según señala Nelson Gutiérrez. En la Revista escribió una gama muy variada de artículos. Entre éstos: "La Verdad sobre la Huelga del Carbón", "Sobre Mitos en la Izquierda", "La Universidad en el Ojo de la Tormenta", "El Fracaso de las Medias Tintas", en que criticó al Ministro de Economía Orlando Millas por su proyecto para el período; "La Escuela Unificada: reto al dominio de la Ideología Burguesa", "Las Empresas deben ser del Pueblo".

En el año 71 también vivió una de las experiencias con la que probablemente más había soñado en los últimos años: conocer Cuba.

Viajó junto a una delegación de periodistas chilenos invitado al Séptimo Congreso de la Organización Internacional de Periodistas, OIP. La misma que lo premiaría póstumamente 15 años después, reconociendo en él a quien ejerció siempre un periodismo de lucha y compromiso creciente.

"Cuba, que linda es Cuba..."

El son de las guajiras recibió al grupo a su llegada a La Habana. Iban representantes de todo el abanico político, incluida la Democracia Cristiana. Dentro de la delegación, la voz de "Pepone" se hacía oír. Pataleaba y discutía cuando algo no le parecía. Había adquirido una gran seguridad en sí mismo. Quedó de manifiesto a raíz de un incidente que se produjo entre los miembros de la delegación.

El grupo de periodistas chilenos debía recibir el premio póstumo a Elmo Catalán. El contenido que debía tener el discurso de agradecimiento fue lo que originó la pelea entre Pepe y otros delegados, entre ellos, los comunistas. El insistía en que se reivindicara el carácter guerrillero de Catalán ya que era un periodista que había dejado la máquina de escribir, la teoría, por los hechos. Había ido, recalcaba Pepe, a pelear a Bolivia para construir una sociedad distinta y más justa y había dado la vida por ello. Sus oponentes pensaban que había que destacar la labor de periodista combatiente y no enfatizar tanto la conducta guerrillera.

En el viaje, Pepe dirigió y organizó, como era su costumbre, un sinfín de actividades. El carácter de real "cuadro" político que ya existía en el MIR quedó en evidencia. Pero la seriedad de su compromiso se mezcló constantemente con un estado de euforia casi infantil por lo que estaba viviendo. Siempre recordaba un episodio que había sido fascinante para él: el viaje por la Selva de Escambray junto a Fidel Castro.

Este surgió a raíz del pedido que hicieron los periodistas chilenos de ver a Castro. La delegación era la "regalona" dentro del evento debido a todo el proceso que se vivía en Chile: el triunfo de Allende y lo que muchos percibían como la segunda revolución en América Latina, lograda por la vía electoral. Ello hizo que la respuesta al pedido fuera una citación para estar a las 6 de la mañana siguiente en el aeropuerto. Cuando subió al avión, el grupo se encontró con los más importantes Comandantes de la Revolución a bordo. El viaje era al Escambray. Allí, luego de un nuevo recorrido de cuatro horas por tierra, la delegación fue recibida por Fidel Castro, quien los invitó a un completo recorrido por esa provincia.

Para ello los subió a un jeep que él mismo manejó. Pepe se había lesionado un tobillo de modo que Castro pidió al resto del grupo que lo dejaran ir en el asiento delantero. Todos debieron apiñarse atrás. "Yo llevaba la metralleta de Fidel. Anduvimos todo el día por los montes hablando mil y una cosas. Y Fidel dándonos clase de todo", recordaba Pepe. "Nos preguntó que cuánto cemento producíamos en Chile. Todos nos miramos. '¡Pero ustedes no saben nada!', nos dijo riéndose. El sabía todo acerca de Chile. De ese jeep salió la invitación para que viniera a nuestro país. Le dijimos ¿Y cuándo nos va a ir a ver? Y el respondió: 'Invítenme oficialmente y voy'".

El viaje, desde luego, reafirmó sus convicciones, como él señalaba. La certeza de que una revolución socialista era posible en Chile lo hizo participar cada vez con mayor compromiso en la lucha política. Sus tareas partidarias en la época de la Unidad Popular fueron principalmente de agitación y organización.

En la calle y el mitin

En 1972 fue nombrado Jefe de una de las estructuras del MIR llamadas "Grupos Político-Militares", GPM. Según él relataba, el suyo era el GPM-7, y era una estructura de sectores medios, geográficamente ubicada en el centro de Santiago: Mapocho, Matta, Matucana. Todos los GPM tenían trabajo político de masas y Pepe desarrollaba su labor con los estudiantes secundarios, los empleados bancarios, los medios de comunicación, las industrias del llamado "Cordón Industrial Bellavista", la editorial Quimantú, los canales de televisión e incluso el sector salud.

La tarea era agitar las bases del Partido que había en esos lugares. También preocuparse de que cada estructura tuviera un grupo a cargo de tareas militares que se dividían en operativas, de información, de apoyo, de infraestructura. La creación de este GPM se le había asignado porque se lo consideraba un hombre que entendía que el trabajo de organización era de fundamental importancia. Su tarea debía ser -se le había dicho- atender la "explosión demográfica" del MIR en sectores medios: en trabajadores de la cultura, la prensa, los profesionales. Pepe fue más allá y desarrolló también un trabajo importante en los bolsones de miseria que existían en la zona céntrica de la capital. Se metió en los conventillos y cites y retomó la labor con los arrendatarios, que eran sectores bastante olvidados en el trabajo poblacional de la izquierda desde hacía varias décadas.

Uno de sus grupos favoritos para trabajar políticamente eran los estudiantes. Pepe siempre recordaba que en ese tiempo los "cabros" lo hallaban muy "hinchapelotas" porque les pedía decenas de tareas a la vez. Le gustaba trabajar con los jóvenes, tenía una actitud casi paternal con los de menor edad y pensaba que había que exigirles porque "pueden dar mucho". Uno de sus más cercanos era Mauricio Jorquera, de 17 años, y a quien mataron después del Golpe de Estado. Pepe recordaba que era brillante y le tenía gran afecto. Con él trabajaba en el Frente de Estudiantes Revolucionarios, FER. Cuando esta organización se tomaba un colegio, Pepe era infaltable. Llegaba con el director de "Punto Final" y con los dirigentes del MIR y se quedaba hasta a prepararles la comida a los jóvenes.

Por entonces también trabajó en el Cordón Industrial de Vicuña Mackenna en tareas de agitación y propaganda. Participaba en el "Coordinador Metropolitano", donde convergían el MIR y los partidos de izquierda que, dentro de la Unidad Popular, alentaron la línea del fortalecimiento del "Poder Popular". Quienes lo vieron actuar en mítines, reuniones y actos callejeros recuerdan que su discurso para "dar la línea" tendía siempre a limar asperezas respecto de las diferencias con la U.P. Sin embargo, era fiero para combatir "el reformismo y las medias tintas", como lo expresaba sin tapujos en sus artículos de "Punto Final". Muchos lo recuerdan sectario "como todo el mundo entonces, estaba imbuido de una sobreideologización", señalan.

Durante esa época también trabajó junto a su colega Gladys Díaz en el sector periodístico. Debían dar apoyo a todo lo que fuera el desarrollo del trabajo de masas a nivel nacional, sobre todo en el campo sindical. A través del Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR, del cual Gladys Díaz era dirigente, el MIR vinculaba su trabajo con la Central Única de Trabajadores. Pepe también aportaba en el trabajo de difusión y propaganda de la Comisión Política. Según Nelson Gutiérrez, "en el período 70-73 fue cuando mejor la dirección del MIR pudo establecer una relación directa con el proceso político chileno, con la opinión pública, en una relación directa de conducción sobre las clases populares. Ello a partir de un gran trabajo en el campo de la agitación y la propaganda y en el campo periodístico y de los medios de comunicación. Pepe jugó un rol importante en eso".

Era infaltable maestro de ceremonias en todos los grandes actos de masas del MIR. También era quien estaba detrás de la organización de actos oficiales y de conferencias de prensa de la Comisión Política. Era quien se relacionaba con la prensa y los medios de comunicación. Siempre combinando sus dos actividades.

El dramático fin de la U.P.

El problema de las comunicaciones era clave para el MIR y, desde luego, su posición frente a éste era claramente distinta a aquélla de la Unidad Popular. Para ese partido, el Gobierno de Allende era sólo un paso en el proceso revolucionario que había que construir. El conflicto ideológico que vivía Chile en ese momento se explícito básicamente a través de todo el sistema comunicacional. No hubo clara conciencia en los partidos que integraban la U.P. de un problema que para el MIR parecía básico: no era suficiente tener el control de cerca de un 20 por ciento de los medios y mejorar posiciones dentro del 80 por ciento restante que poseía la burguesía para hacer frente a la arremetida de la derecha. Era necesario cambiar el tono del discurso político, planteaba el MIR. "La prensa de izquierda había sido hasta el Gobierno de Frei siempre de oposición, por lo tanto tenía una tendencia a la barricada. Era una prensa especializada en la denuncia política, económica. Esto cambia cuando asume Allende: ya no basta la denuncia, el problema es la construcción de una nueva sociedad y por lo tanto el discurso político debe variar. Eso, la gente del MIR lo tenía muy claro", señala Juan Rojo, quien en 1972 reemplazó a Mario Planet como director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile.

El conflicto ideológico se explícito muy luego en el Canal 9. Augusto Carmona, miembro del MIR, sucedió como director del Canal a Augusto Olivares y asumió como Jefe del Departamento de Prensa entre 1971 y 1972. En ese lapso le imprimió al noticiero un claro carácter vanguardista, lo que entró en conflicto con la posición frente a las comunicaciones que tenía la Universidad de la cual dependía el canal. Se produjo la toma de ese medio de comunicación. Carmona lideró la acción y Pepe también participó activamente.

Los trabajadores de TV-9 tuvieron que organizarse muy bien. Era necesario para defenderse de los ataques de "Patria y Libertad" y otros grupos que le habían declarado la guerra al Gobierno de la Unidad Popular. Por ello, por ejemplo, se crearon las guardias de noche y otras organizaciones de defensa. Pero más difícil que esta tarea era seguir funcionando normalmente a pesar de los problemas. Pepe recordaba que el Canal 9 no tenía siquiera película y había que pedírsela a Augusto Olivares del Canal 7. O que el rector de la Universidad, Edgardo Boeninger, y el Consejo Universitario controlado por la Democracia Cristiana, habían cortado la sal y agua a los protagonistas de la toma. Que además había un proceso en los Tribunales de Justicia donde el rector pedía la devolución del Canal, lo que en definitiva logró.

El viernes 7 de septiembre de 1973 las fuerzas policiales entraron al Canal. La decisión de entregarlo la tomaron los trabajadores luego que el Presidente Allende se los pidió en vista del conflictivo momento que se vivía.

Nadie, Salvador Allende tal vez menos que nadie, quería creer en lo realmente dramáticos que eran esos momentos. Y cuan cerca estaba el fin. Nadie quería creer con certeza lo que era vox populi.

El 11 de septiembre Pepe confirmó lo que quizás siempre -tal vez desde que escuchaba a su madre contar las historias de los gringos de las salitreras- había pensado. Que eran capaces de hacerlo. Que lo habían hecho. A sangre y fuego. Salvador Allende estaba muerto. El Palacio de La Moneda había sido destruido, y la Junta Militar que comandaba el general Augusto Pinochet se había tomado el poder por medio de un sangriento Golpe de Estado. En horas se había roto la "tradición constitucionalista" de las FF.AA., en la que Salvador Allende creía tan firmemente sólo unas horas antes. La ciudad estaba militarizada y había enfrentamientos en diversos sectores de Santiago y provincia.

Pepe venía de vuelta del departamento del "Chico" Díaz donde había ido a buscar a Manuel Cabieses, el director de "Punto Final". Como periodistas y militantes, tenían que ver exactamente qué estaba pasando. Cuando iban saliendo del centro, donde quedaba el departamento de Díaz, los interceptó una patrulla de Carabineros en tenida de guerra. Les pidieron los documentos. Ambos portaban sus cédulas de identidad reales. Eran hombres públicos, periodistas conocidos, sobre todo Cabieses que había aparecido más de una vez en las portadas de los diarios. Los procesos por las publicaciones de "Punto Final" -que también afectaron en algunas ocasiones a Pepe- lo habían convertido en el centro de la noticia varias veces. Pasaron al policía sus cédulas de identidad. Este las observó detenidamente. Los estaba dejando ir cuando un carabinero que había mirado toda la escena con cara de desconfiado se acercó. Les pidió nuevamente los documentos de identidad. Partió hacia donde tenían la lista de los "buscados". El nombre de Cabieses estaba escrito allí. Fue detenido mientras a José Carrasco, el "Pepone", lo dejaban ir sin problemas.

Pepe partió raudo, tocando el manojo de llaves que llevaba en el bolsillo: cada una de esas llaves abría una a una las casas de seguridad que el MIR tenía en ese momento.

A Cabieses lo liberaron 24 horas después. Al igual que Pepe, recibió la orden de pasar a la clandestinidad.

Pepe lo hizo junto a Jane Vanini, una joven brasileña que había sido secretaria de "Punto Final" y quien era su compañera desde hacía más de un año. Ella había llegado a Chile para escapar de la dictadura de su país y por ello utilizaba una identidad falsa: "Gabriela Fernández". Juntos vivieron un duro período, clandestinos. El 6 de diciembre de 1974 fue detenido.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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