José Carrasco. Asesinato de un periodista


La agitada década del '60

Al matricularse en periodismo Pepe tenía 18 años. Estaba feliz. Como "perro con pulgas". Por fin entraba a esa carrera que ya era amor antiguo en su vida. Y, por si fuera poco, se instalaba en el "glorioso" Pedagógico de la Universidad de Chile, donde estaba ubicada la sede de la Escuela. La aventura se preveía muy entusiasmante y Pepe contaba para vivirla con una juventud que le brotaba.

El Pedagógico tenía en ese momento una característica central: estaba impregnado de Revolución Cubana. Hacía tres años que el Movimiento 26 de Julio, que lideraba el joven abogado y guerrillero Fidel Castro, había derrocado en Cuba a la dictadura de Fulgencio Batista. El triunfo, traducido en una nueva sociedad, en una revolución socialista naciente, era inédito en América Latina. Y ejercía una clara influencia en la izquierda de todo el continente. En el Pedagógico, que era un real "bastión" de este sector político, la lección de los cubanos era ávidamente discutida. Se la percibía como una virtual epopeya: la acción de esos 80 jóvenes, que habían dejado desde sus carreras universitarias hasta su cómoda vida burguesa para ir a pelear contra Batista, impactaba. Más aún lo hacía el saber que sólo 12 de ellos habían logrado sobrevivir al desembarco desde el pequeño "Granma". Y que de las playas de Cuba habían llegado a la Sierra Maestra para prender la mecha ese año 56. El primero de enero de 1959 derrotaban a Batista. El deseo de emular esa aventura de lucha, exitosa y plena de romanticismo, crecía.

Dentro del quehacer periodístico había también otro gran tema en debate que iba separando aguas entre las fuerzas políticas: la "Ley Mordaza", impulsada por el Ministro de Justicia de Alessandri, Enrique Ortúzar. Su discusión creaba un real hecho político en la sociedad chilena y hacía nacer el debate sobre cuestiones tan claves como la libertad de prensa y el control de los medios de comunicación masiva. El periodista Juan Rojo, por entonces compañero de escuela de Pepe, estudió a fondo ese conflicto: "La discusión sobre el proyecto de ley que se dio en el Congreso no fue casual. En la sociedad chilena se vivía un conflicto político, al punto que en el año 64 uno de los temas principales en la elección presidencial fue justamente la Ley Mordaza". "Aunque el proyecto Ortúzar -escribió en ensayo sobre el tema- pretendió aparecer como desligado de su real contenido ideológico-político, éste estaba claro. La ley debía reprimir, no por causas político-contingentes, sino porque era necesario 'velar por la sanidad moral de los ciudadanos'. No fue casual, tampoco, que se discutiera meses antes de la campaña, período en que lo central era acallar a los pocos medios opositores al régimen de Alessandri".

Este clima agitado, ardiente, polémico, iba sembrando lentamente en Pepe las certezas y convicciones que asumiría unos años después. Por entonces le sumaba múltiples interrogantes. "Tal vez sus ideas las llevaba en la sangre. Nosotros nunca le dijimos 'no te metai en esto' o cosas así. No nos daba miedo, como uno había estado metido...", esboza su padre para intentar explicar el fuerte compromiso político que Pepe tomaría en el futuro.

Ese año 62, allá lejos en Concepción, Luciano Cruz entraba a las Juventudes Comunistas y Miguel Enríquez y Bautista von Schouwen se convertían en militantes socialistas. Pepe, en cambio, seguía en el camino de las preguntas. "Eramos re ingenuotes, éramos de izquierda, pero una izquierda bien vaga", recuerda Orlando, "Nano", Cabrera, uno de sus más cercanos compinches de esos años.

Cabrera y todos los que lo conocieron en esos primeros años de universidad coinciden en señalar que las prioridades de Pepe eran claras: el basquetbol y después el resto. Pero de sus andanzas por el camino del deporte emergieron muy pronto hechos y personas que lo hicieron asumir tangencial, aunque profundamente, otros intereses.

Fue lo que ocurrió con Helio Gallardo, un estudiante de sociología. Cuando Pepe y otros alumnos del Pedagógico, también fanáticos del basquetbol, decidieron quitar a los estudiantes del Instituto de Educación Física el monopolio de las copas de campeón, apareció Gallardo. Era un destacado basquetbolista y se integró al equipo creado por el grupo de Pepe. Cuenta Orlando Cabrera: "Se transformó en el alma mater del equipo el Helio. Era muy inteligente y nos empezó a meter en la onda política. Compraba revistas como "Política, Economía y Cultura" y nos proponía discutir los artículos. Los analizábamos después de los partidos en II Bosco. Claro que la cosa era matizada: nos amanecíamos hablando indirectamente de política, o sea, analizando la sociedad, pero nuestra base de discusión era el basquetbol. Eran tertulias interminables. Eramos un grupo grande de jugadores, donde había panameños, argentinos, muchos extranjeros. Salíamos los hombres. A veces llevábamos a las pololas, como excepción. Il Bosco estaba dividido en comedores y restaurant. En este último no se podía tomar vino, entonces pedíamos una fuente de papas fritas y 'coca' o una 'cañada dry fría', o sea tinto y blanco. Nos nos alcanzaba para más".

Pepe llegó a ser entrenador y relacionador público del equipo del Pedagógico. Luego empezó con su amigo Nano a participar en las competencias de la Asociación Santiago de Basquetbol. Ello redundó, en que sus primeros trabajos estuvieron directa o indirectamente relacionados con ese deporte. Así fue como con Cabrera crearon un programa radial. "Dijimos, aquí esta la"papa": ser empresarios radiales y transmitir los partidos desde el Estadio Nataniel. La radio quedaba en Estado, en un séptimo piso. Pepe era informador de cancha y yo comentarista. A veces nos turnábamos. Trasmitíamos los martes y jueves a las 21.30. Lo que ganamos fue tan poco que para lo único que alcanzó fue para tomar. Y para una comida final", recuerda.

Corría el año 65. El "fracaso empresarial" no fue tan grave porque desde hacía casi un año Pepe también trabajaba en la revista "Gol y Gol". Esta había salido para el Mundial de Fútbol de 1962 como competencia de "Estadio". Nano lo llevó allí. "A mi padre, que también era periodista, le ofrecieron subdirigirla. Yo me empecé a meter en 1964 y cuando ya estábamos en las competencias de la Asociación Santiago, Pepe me preguntó un día si podía escribir allí de basquetbol. Empezó con parrafitos y poco a poco se quedó", relata.

Fueron los tiempos de la bohemia periodística para Pepe. Una experiencia que sólo viviría con dedicación hasta entrar al MIR e iniciarse en el periodismo militante a fines de 1967. A partir de los años 1968, 1969, su entrega sería casi absoluta al partido, aun a costa del desapego de sus seres más queridos.

Pero por entonces, como todos los periodistas, frecuentaba Il Bosco, El Nuria, o el Bodegón Manuel Rodríguez.

Otro de sus compinches cercanos era Daniel Galleguillos, también compañero de Universidad. Se sentía muy unido a él tal vez porque ambos eran de origen humilde: Pepe era de Conchalí y Galleguillos de Quinta Normal. También trabajaron juntos en el Diario La Tercera y en Radio Minería. "Era una época en que se reconocía la calidad periodística de la gente y, evidentemente, había más posibilidad de demostrarla", señala Galleguillos. Sobre la bohemia post-pega, recuerda: "Al Bosco íbamos por conversar con los periodistas que se juntaban allí. Gente como el Oso Olivares, Jorquera, los hermanos Gómez López, Elmo Catalán. Con Elmo fuimos amigos". Galleguillos también rememora anécdotas que vivió con Pepe: "Una vez fuimos a Pomaire en una camioneta de mi padre. Yo no sabía manejar. Pepe me dijo que él sí. Pero parece que sólo había aprendido la primera y segunda y se fundió el motor".

Esta amistad juvenil se fue deteriorando por las diferencias políticas y se rompió definitivamente a fines de los '60. Pepe se desilusionó de su amigo y se lo escribió algunos años después en una columna de "Punto Final": "Galleguillos te desclasaste. Ocurrió cuando te cambiaste de San Pablo a Vitacura". Sólo se volvieron a ver en 1984, cuando los invitó a comer Alejandro Cabrera, quien había sido su profesor. "Nos abrazamos y estuvimos largo rato conversando del pasado. Quedamos de vernos. De hecho hubo algunos llamados. Luego me enteré con pena de su asesinato. Antes había sabido de las amenazas. A través de un amigo le envié un recado dándole mi apoyo y diciéndole que lamentaba lo que estaba pasando. Estoy seguro que como nos conocíamos humanamente, yo le seguía cayendo bien como él a mí. Después del 73 había preguntado por él. Ya se había acabado la pelea y es muy ordinario golpear a la gente en el suelo. Es de roto de alma".

En esos tiempos bohemios quien también lo recuerda es el periodista Osvaldo "Chino" Muray. Era Jefe de Informaciones de La Tercera cuando Pepe estaba allí. "Muchas veces yo le decía: 'Bueno Pepe, ¿te pensai morir de periodista?' Me decía que le gustaba su pega y que nunca había pensado en ganar plata. Nunca fue de ambiciones, de andar bien arreglado, acorbatado. No iba con él". En el diario era también muy tallero: "Hacía unos gorros idénticos a los que usan los obreros de la construcción, de papel café grueso. Les ponía inscripciones: 'Camaroniums que se dormen batracius fornicatum'. Era lo que ahora llaman un 'lolo puntete' ", según Galleguillos.

Osvaldo Muray recuerda como algo muy especial la heterogeneidad de las amistades. "Nos juntábamos con Silvia Pinto, Gladys Díaz y Carmen Puelma. Nadie desconfiaba de nadie y cada uno sabía lo que pensaba el otro. No había empacho en decir que éste es del MIR y el otro del Partido Nacional. Tampoco importaba la diferencia de edad o de cargos. Yo farreaba con Pepe y tenía once años más que él y era su jefe. Quizás el tener lugares donde siempre nos encontrábamos -Il Bosco en la noche o el café Haití en el día- impedía que hubiese esa cosa solapada, oscura, esa desconfianza que hoy nos rodea.". "En Il Bosco, cuenta, nos juntábamos con los políticos, los colegas, las coristas del Bim Bam Bum y medio mundo. Había mesas típicas: como la del 'Gato' Gamboa y los de El Clarín. O la de Pepe Gómez. La del 'Flaco' Lira. También había unos periodistas hediondos a momio. Allí arreglábamos el país y cuando venían épocas de elecciones, era un pandemónium. Hubo cosas notables como cuando Tito Mundt llegó con un tarro con parafina: la empezó a derramar por las patas de nuestra mesa y dijo que había que prenderle fuego al país porque no tenía arreglo".

Esta vida del trasnoche y de emociones nuevas trajo a Pepe también más de un mal rato. Como la situación que le tocó vivir junto a Nano Cabrera en Valparaíso, que para sus 22 años fue muy bochornosa. Se disputaba un Campeonato Nacional de Basquetbol y ellos partieron a cubrir el evento para "Gol y Gol". Recuerda Nano que como la revista era conocida y tenía un tiraje considerable, ellos se creían muy importantes, "pero eramos unos cabros no más". Esto quedó claro en esa ocasión. "Llegó la noche, se hizo tarde y no pudimos volver. Tampoco teníamos dónde dormir. Nos paseamos como hasta las tres de la mañana sin saber qué hacer. A esa hora nos sentamos en la Plaza. Era tanto el frío que vimos que nuestra única solución era ir a un hotel parejero que había al frente. Afuera estaba lleno de taxis. Teníamos tanta vergüenza que pasó como una hora hasta que nos metimos. Lo hicimos igual que esas parejas que tratan de entrar sin que nadie se dé cuenta. La niña que nos atendió nos miró bien extrañada. Al otro día salimos como a las 11:00, otra vez como 'comandos'".

En esa época Pepe también inició una de sus primeras relaciones amorosas estables. Aunque entre quienes lo conocieron hay disparidad de criterios respecto de su debilidad por las mujeres, todos coinciden en que sus uniones fueron duraderas. En 1964 se puso a pololear con Carolina Flores, secretaria de la Escuela de Periodismo. En realidad, secretaria de Mario Planet. Este, con la investidura de un maestro más que de un profesor, "aguachaba" a los alumnos que veía más inquietos. Esta distinción que hacía Planet también se acompañaba de una especial preocupación por la vida personal y privada de sus alumnos elegidos. Y para "vigilar" el romance de Pepe, creía tener un doble derecho: Carolina era su secretaria. Con la joven, Pepe tuvo una relación de cinco años. Al final de ese episodio afectivo también estuvo marcado con el signo de la muerte, que lo acechó siempre. Carola murió en un accidente automovilístico mientras iba un fin de semana a Rancagua, donde vivían sus padres.

"Elegí mal la profesión "...

Pepe fue introvertido sólo cuando niño. Después el cambio fue notable: "Era un busquilla de la vida. Estaba siempre rodeado de gente, hablaba, buscaba nuevos compañeros para organizar siempre tres cosas al mismo tiempo, como hasta su último día", señala Federico Gana, otro de sus compañeros de periodismo y quien también lo fue en el Instituto Nacional. Nano Cabrera complementa: "Andaba metiéndose en todos lados. Entró mucho después que yo a 'Gol y Gol' y a la semana todos lo conocían. Mucho más que a mí, que llevaba un año".

Lo anterior no significaba que no tuviera inseguridades, que a veces lo llevaron a profundas crisis existenciales y vocacionales. Orlando Cabrera recuerda una de éstas. "íbamos caminando por el Parque Forestal, a la casa de mis viejos, que quedaba en Loreto. Ahí almorzábamos todos los días cuando trabajábamos en 'Gol y Gol'. Al Pepe le costaba escribir, era tiesote, duro. Entonces de pronto me dice : -¡Estoy cagado! -¿Por qué?, le pregunto yo. -¡Puta, yo nunca voy a aprender a escribir! -No seai huevón, le dije, si estamos recién empezando, no te preocupís. Yo tenía más facilidades porque tenía más práctica no mas. -No, agregó, yo nunca voy poder. Se quebró bien quebrado el Guatón y abrazándome me dijo: -Yo nunca voy a poder escribir, elegí mal la profesión. Yo siempre lo molestaba después con ese episodio".

Pero como era de un optimismo imbatible, no le costó reponerse de ese pesar. Decidió superar la crisis consiguiéndose otra "pega" en la empresa Zig Zag. Además de "Gol y Gol", ésta editaba semanalmente entre 25 y 30 revistas. Paseándose por el edificio, llegó a la redacción de "Siete Días", una revista magazinesca que había creado Tito Mundt y que entonces dirigía Irene Geis. "Yo no lo conocía. Llegó y me dijo: Señora Irene, yo quiero trabajar aquí", cuenta Irene. Y se quedó, "porque allí era un lugar de puertas abiertas".

Desde 1964, Zig Zag era propiedad de la Democracia Cristiana, que había ganado las elecciones presidenciales. Rememora Irene: "Ese partido venía con un proyecto de gobierno por 30 años por lo menos, según una frase famosa. Por lo tanto, compró buena parte de la Sociedad Periodística del Sur, Sopesur, además de Zig Zag y una cantidad de medios independientes. El gerente en Zig Zag era Ignacio Cousiño, con el cual teníamos peleas atroces pero hacíamos igual lo que nos daba la gana. Era todo un país que hoy parece muy insólito".

El nuevo lugar de trabajo para Pepe era "muy especial, muy loco", según recuerda su ex directora. Se jugaba ajedrez, se oían tangos, se tomaba mucho café, se hacía un diario mural. Todo en una empresa que era muy solemne. "Eramos un grupo de gente joven que introdujimos un gran caos, que le cambiamos el estilo de vida a Zig Zag. Que, aunque para almorzar había turnos de obreros y empleados, rompimos esa ley y comíamos con los obreros. Revolucionamos la empresa y empezamos a ser imitados", relata Irene.

Su primera lucha

El desborde de actividad tenía en Pepe un sentido. No era sólo "hiperkinesia". Iba más allá de la aparente irreflexibilidad con la que podía confundirse. "Pepe venía preparado para algo más serio", reflexiona Federico Gana

Al mismo tiempo que trasnochaba en Il Bosco y jugaba basquetbol, en el mundo del periodismo había entablado relaciones que lo marcarían. Se había hecho muy amigo de Augusto Carmona, un joven líder político de cursos superiores, que llegó a ser un alto dirigente del MIR (murió asesinado después del Golpe de 1973). De Gladys Díaz, otra futura dirigente de ese partido. De Ernesto Carmona, a cuya casa llegó cuando debió salir al exilio en 1977. De Horacio Marotta, con quien tuvo una amistad profunda, y junto al cual trabajaría luego en televisión. Su grupo comenzaba a estructurarse. Luego consumirían el equipo de la Revista "Punto Final" o serían compañeros en el MIR. También estaban los "viejos periodistas", que entonces tenían alrededor de 40 años. Gente como Augusto Olivares, quien murió en La Moneda tras el asalto de las fuerzas golpistas el 11 de septiembre de 1973; Carlos Jorquera y Manuel Cabieses, hoy exiliados; los hermanos José y Mario Gómez López, también desterrados por largos años; Mario Díaz, quien murió sin poder regresar a su patria después de 1973, y muchos otros personajes destacados de la prensa de izquierda. Ellos aparecían como figuras importantes e influyentes para esos jóvenes universitarios insertos en un momento particular de la historia chilena.

Esa Escuela de Periodismo donde convergía la izquierda, donde había una discusión política permanente, donde la derecha no tenía ningún peso, donde el periodismo se concebía como realmente comprometido con las luchas sociales y como una actividad, si no de trinchera por lo menos de vanguardia y ligada al proceso social, esa escuela sería el semillero de una generación de periodistas como Pepe, con clara identificación política. El "Pedagógico", en general, sería la cuna de futuros e importantes líderes políticos.

En Pepe el primer presagio concreto de lo que sería su opción futura se dio en 1966 cuando en la sede del sindicato de Zig Zag protagonizó un episodio esclarecedor.

El sindicato de la poderosa editora había llamado a una asamblea general para tratar el problema suscitado entre los trabajadores y la empresa por un pliego de peticiones no satisfecho. Pepe decidió ir e invitó a su amigo Nano Cabrera. "El tenía más conciencia que yo y me dijo: 'tenemos que ir porque hay que ver qué pasa con esta cuestión' ", cuenta Cabrera. La sede sindical de calle Constitución estaba repleta. Sentados en medio de cientos de obreros, los dos jóvenes escuchaban atentos. Se estaban proponiendo formas de hacer frente a la negativa de la empresa. "De pronto, con gran sorpresa y vergüenza mía, porque nosotros no estábamos ni contratados ni menos sindicalizados, Pepe pide la palabra, ¿Qué vai a decir Guatón?, le pregunto". Pero Pepe se levanta y hace una arenga llamando a los trabajadores a tomarse la empresa y a no dejar salir las revistas porque -explicó- era la única forma que había de presionar a los patrones", relata Cabrera. Las revistas que ya estaban en talleres eran cerca de 30. La asamblea se vino abajo aplaudiendo y Pepe fue nominado inmediatamente para integrar el Comité de Huelga.

La empresa solucionó el conflicto antes que la sangre llegara al río, es decir, antes de la toma de Zig Zag. La presión del sindicato logró que se cumpliera con todas las reivindicaciones. Pero para Pepe el hecho tuvo un resultado muy distinto. Le significó sufrir su primera represión laboral: lo echaron de la empresa apenas terminó la huelga.

Su actitud en ese galpón sindical fue el primer fruto de todo un proceso de búsqueda. La decantación se estaba produciendo y el primer signo de la opción política que haría en 1967 era inequívoco. Asimismo este proceso se producía por la vía de los hechos y no del intelecto.

En esto último coinciden todos los testigos de su ingreso al MIR, que había nacido como partido en 1965 en Concepción. "Sus incursiones en la lucha sindical -como en el Comité de Huelga de Zig Zag, o más adelante en el Sindicato de Trabajadores Radiales- lo radicalizan. Comienza a darse cuenta que para el desarrollo de las reivindicaciones de los trabajadores no hay más opción que una organización revolucionaria. Una organización que luche por cambiar la estructura económica y social. Por ello su compromiso político tiene que ver con un compromiso de clase más que ideológico", señalan. Y agregan: "No llegó al MIR por una radicalización estudiantil. No llegó, como la mayoría, a optar por la política revolucionaria en lugar de la reformista a partir del estudio concienzudo de textos de Lenin, Marx, o el Che. Lo hizo a partir de sus vivencias concretas". Irene Geis recuerda que no era lo político propiamente tal, sino lo sindical, lo que lo atraía fuertemente. "Tenía una postura sindicalista marcada, una tendencia a meterse y participar en las luchas obreras". En su trabajo como periodista las vivencias que lo irían formando se daban a destajo.

De lo que le tocaba ver y vivir, lo que más lo rebelaba era la injusticia y la explotación. Lo encabritaban de tal forma que sentía que su deber era denunciarlas, pero de una forma en que realmente llegara el mensaje. Ello lo llevó a idear una nueva aventura periodística. Se la propuso a Irene Geis. La idea era audaz: incursionar en un medio experimental como lo era la televisión y crear en el Canal 9 de la Universidad de Chile un programa de denuncia. Una especie de "Perro Mundo" criollo. Cuando convenció a Irene, Pepe habló con Mario Planet, que era director de Canal 9. Por supuesto, se salió con la suya.

El programa fue bautizado como "Emisión Cero" y nació unos meses antes que Pepe entrara a militar al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, en 1967. Cuando ello ocurriera, a fines de ese año, Pepe asumiría una conducta que nunca abandonaría: no dejar de trabajar en periodismo a pesar de las responsabilidades políticas. El dirigente del MIR Nelson Gutiérrez explicó -en entrevista concedida después del asesinato de Pepe- esta conducta: "Una de sus grandes virtudes fue nunca abandonar la profesión por la militancia. Era como una ley de guerra para él.

Consideraba que era difícil hacer política si no se estaba inmerso en la sociedad real, en lo cotidiano, en el trabajo, en la sobrevivencia diaria. El único momento en que no pudo trabajar, en que no pudo autosostenerse mediante su profesión, fue en la época de la clandestinidad post 73. Pero el resto de su vida, en Chile y en el exilio, siempre combinó las dos actividades".

Esta idea, esta concepción de lo que significaba ser un militante revolucionario, Pepe también la explicó poco antes de su muerte a un grupo de adolescentes chilenos. Dándoles una charla de formación política les dijo: "Llegué atrasado porque tuve que llevar a mi hijo al médico y porque después tuve que pasar al trabajo a ordenar mis actividades del día. Yo tengo trabajo, familia, mujer e hijos. Los quiero mucho y creo ser además un buen revolucionario. Con esto les quiero decir que el militante revolucionario tiene que ser apegado a la realidad, no puede perder los vínculos con la sociedad, su compromiso no puede medirse sólo con la cantidad de tiempo que le dedica a la actividad política sino también en la capacidad de reflejar su compromiso en las otras actividades de la vida cotidiana".

Escozor nacional

El equipo de "Emisión Cero" lo conformaron Irene Geis, Horacio Marotta y Pepe. "Creo que de los tres, Pepe era el más avanzado políticamente. Sin ser todavía mirista, tenía más claro su marxismo, por así decirlo, su énfasis en la lucha de clases", recuerda Irene.

El primer programa salió al aire el 17 de enero de 1967. Dirigido por Charles Elsesser, los reportajes trataron sobre el ambiente fiero y pintoresco de la Vega Central, lo patético del Cementerio General y lo vulgar de la vida nocturna santiaguina, como lo consignó la Revista Ecran de esa semana. El tono de la crítica fue positivo: "Emisión Cero sale al aire todos los martes a las 22.45, cerrando la programación y dejando más de una conciencia intranquila... Pretende ser un espacio diferente, con grandes reportajes de actualidad latente, que enfrenten al teleespectador con el lado amargo de la vida". Irene Geis explicaba: "El programa sigue la línea de filmes como Perro Mundo', mostrando fuertes contrastes -como los hoteles para perros y los niños con hambre, los estacionamientos de autos y la falta de vivienda- que sacudan al teleespectador y lo saquen de su aletargamiento".

El sacudón social que "Emisión Cero" quería pegar no tardó en producirse. Tuvo casi caracteres de cataclismo, si se mide por la reacción de las autoridades del gobierno de la época. El detonante se dio en el programa del 14 de marzo de ese año.

La idea era enfocar la labor de la policía de Investigaciones "desde dentro". Para ello se iba a detallar el trabajo de ese servicio y también se iba a presentar una denuncia. Esto sería debatido con funcionarios de la institución que estaban invitados. Como ninguno de ellos llegó sólo se pudo mostrar una película sobre la labor de Investigaciones y luego dejar la palabra a la denunciante, una estudiante de 16 años llamada Patricia Peña. Ella contó que días antes había sufrido "toda clase de indignidades" en el cuartel central de Investigaciones. Junto a su hermana y una amiga habían sido detenidas por ser presuntas testigos de un crimen ocurrido en su población. Habían estado arrestadas diez horas. Lo que les hicieron allí lo relató el diario "La Segunda": "A una la desnudaron entera, a otra la dejaron sólo en ropa interior y a Patricia, que adujo que estaba enferma de su ciclo natural, la obligaron a 'demostrarlo'. Las tres fueron manoseadas brutalmente pese a sus llantos e imploraciones de respeto. Al salir, las golpearon en la cara y les hicieron jurar que no dirían una palabra de nada". La Segunda continuó: "Patricia estuvo en el Canal 9 con su mamá y un hermano. Todos lloraron histéricamente durante su relato frente a las cámaras... La réplica no se hizo esperar. A mediodía de hoy Investigaciones anunció querellas surtidas".

El 16 de marzo, todos lo diarios de Santiago anunciaron las querellas del director de Investigaciones, Emilio Oelckers, por calumnias, injurias y difamación, contra el programa del Canal 9. El directivo decía que las acusaciones "herían, e incluso a los funcionarios de la Brigada de Homicidios", y que serían ampliadas a las jóvenes denunciantes. Las querellas, se informaba, tenían la anuencia del Ministro del Interior Bernardo Leighton, "a quien se dio amplia cuenta de los hechos, en su estricta realidad". Leighton anunció sumario en Investigaciones: para castigar a los culpables si los cargos eran verídicos o para hacer la denuncia al Colegio de Periodistas y presentar la querella correspondiente si no lo eran. Agregó: "Un programa de esa especie es inconveniente. Ahí hay groserías vulgares, denigrantes, impropias de un canal de la universidad. No es periodismo ni es nada...Toda la realidad no puede ser sacada a la luz pública".

El director del Canal 9, Mario Planet, se entrevistó con Leighton y envió carta a Oelckers, respaldando al equipo de "Emisión Cero". Los periodistas del espacio sacaron declaración pública y señalaron que lo inmoral no era lo dicho en el programa sino que hechos de ese tipo sucedieran y no se dijeran. Las muchachas denunciantes reiteraron sus acusaciones y reconocieron a catorce de sus agresores. El Mercurio editorializó: "Lo ocurrido en Canal 9 fue un espectáculo que desbordó todos los límites de consideración a los televidentes(...) Las acusaciones se convirtieron en un hecho escandaloso por la circunstancia de que emanaron de personas a quienes no podía exigirse compostura de lenguaje ni contención de ademanes".

Para Irene Geis, todo el escándalo fue un poco "inflado". "Al gobierno se le escapaba el Canal 9, se izquierdizaba. El régimen se sintió atacado y trató de armar un drama. Pero un drama de esa época. Nunca se nos ocurrió tener miedo. Estábamos entre asustados y divertidos que nos detuvieran esa misma noche. No nos parecía gracioso, pero tampoco un horror".

El programa duró dos años. En ese trabajo casi a pulso, Pepe tuvo una participación vital. Cuenta Irene: "Era de un entusiasmo loco. Tenía un auto, 'El Avispón Gris', que era una chatarra. Nos pasaba a buscar a todos -incluidos entrevistados- donde estuviéramos. Nos llevaba al Canal y nos iba a dejar de vuelta. El Canal se llovía, Pepe era de los que llevaba tarritos para las goteras. Tenía una pasión por toda esa cosa. La grabadora que usábamos se la había pedido prestada al Negro Hodge, el jugador de la Chile. En esa época eran un lujo. Como Pepe hacía deporte conocía a Hodge y sabía que éste había traído una grabadora de México. Era bueno el Pepe y eso fue algo que conservó toda su vida. Era una bellísima persona, dulce, cariñoso, entusiasta, noble, muy derecho".

Por supuesto, no era perfecto. Uno de sus principales defectos de entonces, recuerda Irene, era la falta de sutileza. "Era un buen periodista, tenía sentido de la noticia, pero era tosco. La sutileza no corría con él. Eso quedó muy reflejado en el programa y en 'Siete Días', e incluso lo llevó un poco a su fracaso como animador del programa, que dejó antes del término. Era muy directo, muy joven, muy impulsivo, muy atarantado. Disparaba las cosas. Mientras Horacio y yo éramos más intelectualizados, Pepe era más aterrizado, más pragmático. Menos Cortázar, que era nuestro ídolo. Con él nada de 'cronopios', lucha de clases sí. Por ahí iba la cosa para él y por ahí surgían las discusiones entre nosotros. Pero era a la vez muy receptivo, captaba y asimilaba las críticas y eso nos hacía ser un equipo muy aflatado".

En 1969 Pepe trabajó en Radio Minería. Allí vivió dos hechos importantes que se relacionaron. Uno ocurrió en el área afectiva cuando conoció a una periodista que cubría el sector político y que era activa militante del Partido Socialista y muy "canchera". Lo encandiló. En un rápido flechazo, Pepe se ligó a Olivia Mora, con quien se casó poco tiempo después. Su forma de hacerlo, desde luego tampoco fue convencional. Recuerda Nano Cabrera: "El día menos pensado Pepe me llama y me dice "Negro, quiero que me acompañís. ¿Podís estar a tal hora en el Registro Civil de Ñuñoa?', '¿te vai a casar?', le pregunto. 'Claro', me responde. Y fui testigo de su matrimonio. Después nos fuimos todos al departamento de Olivia a celebrar con champagne".

Juntos tuvieron dos hijos: Iván Ernesto que nació en 1970 y Luciano Camilo, que llegó en 1972. Las influencias que marcaron a su generación se grafican en los nombres que Pepe y su mujer escogieron para los hijos. En el mayor, Ernesto fue por el Che Guevara. En el caso del menor, los nombres los escogieron por Luciano Cruz, el dirigente del MIR, y Camilo Cienfuegos, el guerrillero cubano. Quizás los tiempos que se vivían fueron también la causa que llevó al fracaso matrimonial de la pareja. Una vida demasiado agitada, en la que el compromiso político era más fuerte que la familia, los hizo separarse antes que naciera Luciano.

El segundo hecho importante de ese año Pepe lo protagoniza junto a Olivia cuando crearon el sindicato de periodistas en la Radio Minería. Su madre recuerda: "Rafael Otero, director de la radio, no había podido modelar a Pepe a su gusto. Y en un viaje que hizo al extranjero, Pepe y Olivia formaron el sindicato. Cuando llegó estaba furioso. Para él como que era de 'rotos' tener un sindicato". Pepe salió pronto de la radio. Antes de hacerlo, sin embargo, tuvo otra actuación que pasó a la historia de la emisora. Pero no precisamente por las mismas buenas razones anteriores...

Su hermano Raúl recuerda la anécdota: "Yo tenía 13 años y un día Pepe me pidió que lo acompañara al aeropuerto de Los Cerrillos. El tenía el dato que en el vuelo tal venía el canciller Gabriel Valdés. Entonces me dijo que lo esperara en la terraza mientras iba a la losa. Me dijo: 'Si levanto la mano quiere decir que viene Valdés y tú corres al móvil para que den la noticia'. Yo miraba muy atento y de pronto vi que subía una mano. Partí corriendo. Resultó que era sólo el saludo de alguien. Valdés no había llegado en ese avión. Pepe se fue de gran 'luma' en la radio".

Después de Radio Minería, su amigo Nano Cabrera -que trabajaba en La Nación- lo llevó a ese medio. Le consiguió pega en el suplemento de espectáculos y el paso de Carrasco por allí tampoco pasó inadvertido. Hizo un reportaje al programa "Sábados Gigantes", "por dentro", como era su especialidad. "Fue muy bueno. Se metió al estudio y registró todas las reacciones de Don Francisco fuera de las cámaras. Salió el diario y quedó la escoba. Otro escándalo, con cartas que fueron y vinieron", cuenta Nano.

Pepe militaba en el MIR desde hacía dos años aproximadamente. Diversos hechos políticos y sociales a lo largo de esos años habían sido claves para su formación y su decisión final. También para lo que ocurría en el país y que tendría su desenlace en 1973.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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