El paso de los gansos


Fernando Alegría

EL PASO DE LOS GANSOS

Prefacio

Comenzada que fue la batalla del 11 de septiembre de 1973, las personas que aquí hablamos nos reunimos con mayor o menor prontitud y procedimos a estampar nuestro testimonio. Digo «estampar» pues las voces salían mezcladas con los estampidos de metrallas, fusiles y cañones y en cada uno de nosotros se dio el momento de la decisión y la voluntad de cargar o descargar armas y, siendo unos de profesión marcial, corrieron a sus cuarteles (regimientos, comisarías, academias de guerra, puestos navales, campos aéreos), y siendo otros de matrícula estudiantil acudieron también a sus sitios de combate (universidades y colegios), mientras que los obreros, artesanos y pobladores atrincherándose en los cordones industriales, y el Compañero Presidente, entretanto, reunía a su guardia personal en la casa de La Moneda y cerraba los viejos portones coloniales para impedir la entrada de tanques, carros blindados, ambulancias y helicópteros, a éstos especialmente ya que revoloteaban tratando de meterse a su despacho por los balcones del segundo piso.

Pero había asimismo, gente de natural pacífico que en esos momentos no supo exactamente cómo proceder: más de alguno salió a las calles y encontró las balas de patrulleros militares o policiales; otros murieron mirando por los postigos entreabiertos de sus casas; otros llenaron las iglesias y, cuando fue necesario, rezaron y ayudaron a cargar cadáveres; así como los bomberos echaban grandes sábanas de agua sobre los techos ardiendo de La Moneda y, más tarde, alrededor de las cuatro o tal vez cerca de las seis, formaron la columna de hombres de cuero y de humo, de hule y hollín que cargó al Presidente en una camilla tapándolo con un choapino boliviano de serios colores.

Los más, sin embargo, permanecieron pensando en sus casas, haciendo llamados telefónicos, consagrando a los muertos familiares, aguardando las campanillas de los allanadores y quemadores de libros y las bocinas de los camiones que, cargados de gente, como en día de clásico futbolístico, aceleraban hacia el Estadio.

Yo (es decir, la persona que combatió, rezó, levantó muertos, ayudó a apagar los tizones de La Moneda, habló por teléfono y fue fusilado y está a la diestra de Dios Padre, y si no fue fusilado, fue torturado y espera aún el juicio final a la siniestra de la junta) no puedo, no podré jamás ya hablar con justicia y sabiduría y responder por muertos y vivos que, aún cuando lo deseen e insistan, no conseguirán rectificar mis palabras.

No obstante, testifico sin dudar de algunas cosas que nadie podrá contradecir: nosotros los muertos somos los que llevamos la voz cantante en esta historia, somos los que más gritamos, los ultra vociferantes y tumultuosos y agitados, en una palabra, los verdaderos extremistas a que se refieren los decretos y folios jurídicos de guerra. Otro sí, por muy muertos que estemos llevamos la responsabilidad de muchos vivos bajo el brazo y la vamos cumpliendo con humor negro y entereza de ultratumba, o sea, constituimos una Resistencia imbatible y —lejos de mí la ironía—, imperecedera; somos los muertos que seguimos muriendo a cada hora de cada día del curso escogido por los enemigos de la vida; decimos con sencillez que somos eternos porque sabido es que a los muertos no les entran balas. Ninguno de nosotros murió en el sentido legalista de la palabra: lo que murió fue un mito y si nos cuesta aceptar su deceso es porque lo matábamos ritualmente cada vez que se nos movía la tierra bajo los pies y era necesario tener país y gritarle viva y añadirle ¡Mier...mosa patria! Venerábamos ese mito y nos tapábamos con él para negar el frío de agosto, la sequía de todo el año y las raíces del sauce llorón que los chilenos hemos acarreado siempre con orgullo por todas partes.

Pueblo pobre, pero sufrido; país ala y cielo, nieve para sobrevivir, océano profundo para confesarnos, bosques talados aunque renacientes, selvas ruinosas de lluvias y he-lechos y mapuches petrificados, una isla de pascua y una tierra del fuego, Chile, creemos en él y lo hemos querido como se quiere al hijo que nadie entiende, que pocos aprecian, que todos olvidan. Y el hijo crece, de adolescente se hace hombre, saca voz de Neruda, y llega el momento en que el mundo lo escucha.

PRIMERA PARTE

Las diez de últimas

DIGO QUE SEPTIEMBRE SI ES PRIMAVERA LLEGA TARDE ESTOS DÍAS A CHILE habrá un sol que no aparece por ninguna parte una cordillera nevada que se queda opacacerros oscuros en la costa cielo cerrado sobre los barrios de Santiago la escasa luz que entra por el ventanal tiene el cansancio de toda una casa Gran Casa dormida aún

La mano busca en la oscuridad y encuentra botones de colores que se prenden y se apagan oigo una voz familiar pero a esta hora más bien confusa y dura me siento a la orilla de la cama he encendido la luz del veladorescucho con atención mis palabras después son tranquilas órdenes e instrucciones de alguien que ha esperado esa llamada tal vez no esta madrugada pero que la sentía venir en sueños con un clamor de ruidos imprevistos carreras exclamaciones y rostros apenas visibles que me esquivan y sin embargo siguen merodeando al acecho buscándome

Sí claro a La Moneda inmediatamente la Guardia queda reforzada y reforcemos también nuestra gente para el trayecto apenas esté listo todo me avisa cuatro automóviles conforme y las armas en la camioneta

Un momento de espera es posible que dé unos pasosse acerque a la ventana entreabra los postigos pero no son gestos definidos ni las ideas son palabras sólo una sensación de vacío conciencia fulminante de soledad y apremio después nos rehacemos nos armamos de golpe y algunas caras pasan a nuestro lado igual que móviles en la gris oscuridad del alba quizás una de ellas se detenga a mirarnos pero luego se borra y en su lugar hay un espejo sobriamente claro llamándonos tal vez fue el rostro de una mujer o de varias en una

Vamos andando en las poblaciones marginales las nubes son más bajas la luz más incierta las banderas chilenas y las banderas rojas se sacuden el rocío del amanecer los fogones empiezan a echar humo un olor a pan quemado se pega a las casas de tabla se levantan hombres entumidos y miran al cielo otras sombras se mueven entre acequias y braseros y chispas

Por el barrio alto hacia el centro comienza un tráfico veloz no el de todos los días los autobuses están en huelga nadie trabaja el comercio ha cerrado sus puertas son autos elegantes y hombres solos la pistola o el fusil automático en el asiento

Patria y Libertad se desliza hacia su puesto de combate las estaciones de radio de la insurrección empezaron ya su hit-parade y el adolescente rubio trina trina trina lily trina marlene marchas comunicados virajes cortantes de una junta militar

Vamos vistiéndonos oigo las carreras de los GAP en el corredor las voces en el jardín el ruido de los motores calentándose los golpes de puertas el metal de las armas que se cargan apenas de abajo una canción y voces inciertas en la radio pero insistentes no son los slogans comerciales mañaneros ni tampoco noticias otra cosa

El coronel de carabineros ha dicho dijo ya hace tiempo ¿más? ¿menos? la flota regresó en la noche de alta mar abriendo el agua de seda la nocturna Operación Unitas rendez-vous al amanecer esquinazo marino merino han ocupado Valparaíso los teléfonos suenan en varios sitios de la casa

Tomás Moro se ha encendido como un trasatlántico de la ciudad llegan ecos lejanos bajo toldos mojados Puerto Montt me dice usted que no se combate aún pero podría combatirse lo cierto es que no hay noticias

La figura del hombre sigue organizándose en la luz del espejo sobre la cómoda la mirada detrás de las lentes recuperó su fuerza tranquila un tanto distante El Presidente se ha puesto un pullover gris pantalones marengo

en el bolsillo de la chaqueta de tweed un pañuelo de seda rojo pienso en los espacios abiertos a ambos lados de La Moneda en balcones algún saludo y tal vez en palabras fuertes decisivas finales

4 de septiembre de noche una muchedumbre de 600.000 personas le aclamó frente al palacio culminación de marchas y concentraciones en que la voz de Allende se enronquecía clamando contra el terrorismo de la derecha llamando al pueblo a defender el gobierno de la Unidad Popular

Hoy tanques uniformes cascos pardos a lo largo del día es densa la atmósfera de las plazas bombardeadas soledad de fuego en otra soledad fría mi propio cuerpo expuesto a un ataque sin dimensión aún al filo del combate mandos y contramandos bocinazos nombres malditos ecos en un mundo que ya tomó forma y esa forma es un inmenso escudo oxidado sobre la mañana del 11 de septiembre en Chile

Cuatro autos azules vamos pegando y la camioneta salen con un viraje violento al pasar las grandes puertas de rejas a toda velocidad cambiando posiciones en el camino tejiendo un relampagueante laberinto de pistas invisibles apenas comenzadas cuando la imprevista maniobra de uno de los Fiats las deshace el diseño deslumbra engaña por las esquinas queda el eco de las sirenas las pocas gentes a esa hora caminan miran entienden miran otra vez vuelven a sus casas

El Presidente en la puerta principal de La Moneda la Guardia no se rinde mierda rinde los honores rodeado por su escolta entra a paso rápido en la mano derecha lleva un fusil automático tengo 23 hombres armados en la camioneta dos ametralladoras calibre 30 tres bazucas tres Allende narra los escasos detalles que conoce los efectos disponibles a la defensa del palacio siete agentes de investigaciones aquí no pasa ningún uniforme armado

Tranquilidad se alzó la marina se alzó la FACH Radio Magallanes trabajadores de Chile francotiradores que defenderán los edificios vecinos salud compañeros asomado al balcón observó el vacío de las calles

torre del Seguro Obrero 1938 ahí están los cuerpos sin cara los nazis asesinados en octubre primavera grupo folklórico observándome desde las ventanas fusiles ensangrentados balazos que han quedado en el tiempovoces entre los rugidos de Alessandri y los aullidos de von Marees los nazis con las manos en alto por Morandé el general Arriagada mátenlos por la mierda ¿a todos? a todos las pistolas y las ametralladoras empiezan a recorrer el edificio de alto abajo y van cayendo por las escaleras los nazis lenta pesadamente Alessandri aparece en el Congreso y esquiva los tiros que le dispara von Marees miren no más los huevones con revoluciones a mí no quedó ni uno ni para contar el cuento pero quedaron tres no miles y ahora sapean los cadáveres los verdes cadáveres uniformados desde sus tanques polvorientos y sus aviones sin hélices ¡la cueca del 38 es la cueca de la victoria el Parque Cousiño floreado la carroza abierta de don Pedro banderitas de papel en el aire Allende de frac a jurar soy Ministro de Salud Pública del Frente Popular!

Por los citófonos de palacio oigo ruidos extraños alguien llama en nombre de la junta el avión a su disposición por supuesto y su familia y los que usted digano hay alternativa o renuncia y se va o se va y renuncia o La Moneda será bombardeada me oye BOMBARDEADA

«Los traidores no conocen lo que es un hombre de honor de aquí me sacarán muerto» con casco y metralleta en la mano ahora están llamando los dirigentes de la UP y del MIR y ahora viene llegando una delegación de carabineros hablen hablan salen rajados para la Intendencia así que la Guardia no se rinde mierda pero entran los edecanes y parten los edecanes no es el momento para confiar en uniformes qué se le va a hacer el edecán aéreo desea quedarse nos veremos en alguna carroza qué le vamos a hacer afectuosamente

Gran ruido de botas en el Patio de Invierno los pacos suben y bajan los peldaños de piedra vamos corriendo cabritos pacos gigantescos lujosos lustrosos espolín y taco alto al zaguán de La Moneda parece que vuelven los fusiles y van a disparar las fuerzas del GAP disparan primero llegan ministros subsecretarios asesores dirigentes saltan en pedazos las ventanas del segundo piso fuego cruzado sobre la Plaza de la Constitución Vamos despidiéndonos

Compatriotas:

Esta será, seguramente, la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron...

Ante estos hechos, sólo me cabe decir a los trabajadores:

Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregamos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente.

Tienen la fuerza, podrán avasallar, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.

Seguramente Radio Magallanes será callada, y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes.

No importa, lo seguirán oyendo, siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

El pueblo debe defenderse pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco humillarse. Trabajadores de mi patria:

Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres de Chile este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre digno para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile!
¡Viva el Pueblo!
¡Vivan los Trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras...

Las tropas de infantería avanzan por Morandé y Teatinos ataque envolvente y fuego concentrado contra el despacho de Allende contrataque los soldados retroceden tres tanques y el líder se para frente a las puertas de La Moneda desde el balcón del Presidente sale un disparo de bazuca que da en el blanco el tanque humeando se va de lado y queda animal abierto vaciándose en la Plaza pero los otros insisten

Llamó a la Tencha por teléfono no salgas de Tomás Moro y Tomás Moro ya volando en pedazos entre las ruinas los GAP pasan con un Fiat blanco en andas bajan unos peldaños y lo depositan donde las monjitas Tencha buscando La Moneda que se ha perdido en el humo

Apuntando siempre a la sala del Presidente los carros blindados dirigen sus ametralladoras contra la sala de escoltas

Vamos cubriéndonos de pólvora se paralizó el centro los autos de Patria y Libertad por los suburbios de Las Condes, El Golf, Vitacura blancos azules rojos silenciosos submarinos tiburones bajo acacias doradas acá son las columnas pardas camiones jeeps piezas de artillería disparando contra La Moneda se lucha encarnizadamente una hora insurrectos colgados parados hincados los tanques salen de La Nación entran al Ministerio de Defensa pegados al asfalto haciendo la puntería desde las terrazas de los ministerios, las Cajas y los bancos esquinas inesperadas y azoteas al aire militantes de la UP los mantienen a raya

El Presidente ministros y asesores al Salón Toesca vamos analizando la situación porque nos tienen copados el futuro de la revolución chilena no depende de esta batalla exige cuadros y dirigentes para la resistencia futura la lección de Chile no se ha perdido sacarle punta los que no tengan armas y qué se le va a hacer los demás a ocupar sus puestos de combate

Apareció el Puma volando ya y vuelve estirando las patas revoloteando disparando sus cañones sobre las terrazas vecinas a La Moneda sin descanso el matapiojo ametrallando los últimos reductos estratégicos de francotiradores los citófonos suenan una sola onda rabiosos ultimátums me amenazan con la fuerza aérea nos dan seis minutos y después tres miramos al cielo

Allende con dos GAP su médico carabineros militares leales un fotógrafo va disminuyendo el tiroteo se .....


Fernando Alegría
EL PASO DE LOS GANSOS
Novela
editorial laia/barcelona

Diseño y realización de la
cubierta: Tone Hoverstad y Loni Geest
© Fernando Alegría, 1979
Primera edición: marzo, 1980
Propiedad de esta edición (incluido el diseño de la cubierta): Editorial Laia, S.A.
Barcelona-14
Depósito legal: B. 8.026-1980
ISBN: 84-7222-985-8
Impreso en: Industrias Gráficas Márquez,
Ignacio Iglesias, 26 - Badalona.
Printed in Spain


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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