Chile Libro Negro


CHILE
LIBRO NEGRO

Editado por Hans-Werner Bartsch,
Martha Buschmann, Gerhard Stuby y Erich Wulff

PAHL-RUGENSTEIN


Prefacio

El 11 de septiembre de 1973 es una fecha imborrable. No solamente para el pueblo chileno, que en los tres años de gobierno de la Unidad Popular había aprendido a tener confianza en el futuro, sino también para todos los hombres del mundo que en la lucha de los obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales chilenos vieron reflejadas sus propias aspiraciones en cuanto a más democracia y justicia social, y que hicieron suya la causa del pueblo chileno. Los cuatro meses de barbarie fascista transcurridos desde entonces conmovieron al país; cuatro meses del más sangriento terror, que de modo muy claro nos hace recordar a la brutal tiranía del fascismo hitleriano. Miles de patriotas chilenos cayeron víctimas de este terror; a millones les trajo indescriptible dolor y desesperación. El presente libro apunta los crímenes de la Junta, crímenes perpetrados durante los 120 días de su régimen de dictadura brutal. Documentos insobornables atestiguan: La violación de la democracia en Chile, el quebranto de los acuerdos internacionales y el asesinato de miles y miles de patriotas chilenos fueron planeados en las oficinas de la CIA y en las sedes de los consorcios multinacionales, la ITT y otros monopolios estadounidenses; su ejecución era comandada desde afuera. El presente libro muestra también qué es lo que destruyeron: los adelantos sociales y políticos que el pueblo chileno había conquistado bajo su gobierno de Unidad Popular; conquistas que pueden ser expresadas en cifras, pero también otras que sólo era posible verlas en la cara de los jóvenes chilenos que, conscientes de tener en sus manos su propio futuro, participaban con entusiasmo en la construcción de la patria.

El golpe en Chile, y nuestras propias experiencias dolorosas bajo el fascismo hitleriano, nos alertan a estar vigilantes. Pero tampoco podemos pasar por alto que en nuestro país hubo voces que no sólo trataron de justificar la toma del poder por la Junta Militar. El modo de enfocar la sangrienta violación de la Constitución en Chile, señala quienes son los amigos y quienes son los enemigos de la democracia. De allí que nadie pueda ser eximido de su obligación de tomar una posición clara en este asunto. El golpe en Chile tampoco exime a las fuerzas democráticas de su responsabilidad de constituir un frente conjunto contra los defensores morales y políticos de la Junta militar fascista en nuestro país, de constituir un frente común contra los intentos de socavar los derechos fundamentales de nuestra Constitución.

La unidad de amplias capas del pueblo chileno, tal como era expresada en la alianza de los partidos democráticos de la Unidad Popular, trasciende, por su ejemplar significado, las fronteras de Chile. La solidaria colaboración entre partidos y organizaciones de diversas ideologías, entre marxistas, cristianos y liberales, era, a pesar del pasajero retroceso del pueblo chileno, la garantía de sus conquistas políticas y sociales en los tres años de gobierno popular de Allende. Y es en esa misma unidad en que se basa la fuerza de la resistencia antifascista que se está organizando en Chile. La Unidad Popular se está convirtiendo así en un símbolo que marca el despliegue de las fuerzas de cada uno de los pueblos que luchan por la libertad, la independencia y el progreso social.

El 11 de septiembre de 1973 se desencadenó la noche del fascismo sobre Chile libre. El pueblo chileno enfrenta una lucha dura, una lucha que implica muchos esfuerzos y sacrificios. No sólo combate a un puñado de militares fascistas, sino a un enemigo mucho más poderoso, experto en oprimir a otros pueblos, y que no tiene escrúpulos en cuanto a las formas y medios. Pero, la historia la hacen los pueblos, como dijera Salvador Allende de cara a la muerte. El mundo de 1973 no es el de 1933. En todas partes las fuerzas antimperialistas pudieron conquistar poderosas posiciones. El movimiento de protesta y la solidaridad con los antifascistas chilenos se ha extendido a todo el globo. También este libro tiene la finalidad de ser una contribución a la lucha por la justa causa chilena.

Colonia, en febrero de 1974

Los editores


Introducción

Fecha imborrable:

11 de septiembre de 1973

Sobre el Chile libre se cierne la noche de la barbarie fascista. Una camarilla de generales vendidos derriba al gobierno legítimo de la Unidad Popular.

Es bombardeada e incendiada con proyectiles la sede de gobierno del Presidente electo por el pueblo. Es asesinado el Presidente Dr. Salvador Allende.

Los verdugos fascistas confinan a un campo de concentración a Luís Corvalán, secretario general del Partido Comunista de Chile. El ejército instaura un régimen de terror. Las calles de las ciudades chilenas se inundan de la sangre de decenas de miles de partidarios de la Unidad Popular. Tanques, artillería y bombas ahogan la libertad del pueblo.

Crece en el mundo un grito de ira e indignación.

Fecha imborrable: ¡el 11 de septiembre de 1973!

Un pueblo es sumido de nuevo a la servidumbre. Un pueblo que durante un momento histórico había sentido el aliento liberador de una vida digna del ser humano.

Es derrocado un gobierno que en tres años había conseguido lo que sus antecesores no lograron en ciento y cincuenta años. Un gobierno que dio leche a los niños de Chile; educación a la juventud de Chile; tierra a los campesinos de Chile; trabajo a los desocupados de Chile; que entregó las grandes empresas a los trabajadores de Chile; que recuperó el cobre del pueble chileno y que dio casas a los que no tenían techo.

Un pueblo es sumido de nuevo en la miseria, un pueblo cuyo camino hacia la luz era seguido con esperanza por los explotados de toda América Latina.

Fecha imborrable: ¡el 11 de septiembre de 1973!

Día también del heroísmo grandioso de la gente sencilla, de los obreros, campesinos y de los intelectuales chilenos. Día de la resistencia heroica de su Presidente, quien, con el arma en la mano, enfrentó a los asesinos de la democracia, para caer en la lucha. Comienzo de una etapa en la lucha revolucionaria de un pueblo que no se da por vencido ante el enemigo armado hasta los dientes; un pueblo que sigue leal a la causa de la Unidad Popular, que hace frente a las torturas, a la muerte y a los campos de concentración; que reúne a sus fuerzas, que volverá a conquistar su libertad y que, finalmente, ajustará cuentas con sus verdugos!

Todas las fuerzas progresistas del mundo se solidarizan con este pueblo que sufre y lucha; con los partidarios de la Unidad Popular; con todos los patriotas de Chile.

Al cierre de la redacción de este libro hacía cuatro meses que la junta fascista ejercía su dominio sobre el país andino. ¿Qué trajeron tres años de Unidad Popular, y qué trajeron cuatro meses de fascismo al pueblo chileno? La respuesta a ello dicta la sentencia a la junta y a sus instigadores con sus fajos de dólares.

Tres años de Unidad Popular significaron tres años de lucha exitosa por la independencia nacional, por la liberación del hombre trabajador, por el progreso social. Por primera vez en Chile podían erguir la cabeza quienes durante siglos tuvieron que agacharla bajo el yugo de los explotadores internos y extranjeros. Por primera vez podían saciarse quienes siempre padecieron hambre. Por primera vez en el país tenía autoridad la palabra de quienes crean con su trabajo todos los valores y no la de aquellos que se apropian como ladrones de las riquezas. Los tres años de la Unidad Popular señalaban un camino hacia una vida nueva, laboriosa y difícil, pero exitosa, digna; el nuevo camino de la dignidad para todo un pueblo.

Cuatro meses de junta militar son cuatro meses de ininterrumpido terror fascista, de detenciones masivas, de torturas masivas y de ejecuciones masivas; significan cuatro meses de angustia y espanto, de deportaciones y campos de concentración, de denuncias y condenas dictadas por tribunales de guerra. Nunca en la historia el pueblo chileno vivió tal orgía de asesinatos y masacres, de arbitrariedad, inquisición y barbarie. Los que decían que terminarían con el supuesto «caos», instauraron el caos total como norma cotidiana. Cuatro meses de junta militar fascista significan la liquidación de todas las conquistas sociales de la Unidad Popular; significan miseria y sin parangón; significan entregar las empresas del pueblo a los consorcios internos y foráneos; devolver la tierra a los terratenientes indulgentes; transformar las universidades en cuarteles. Cuatro meses de Junta significan la barbarie constituida en sistema.

Tres años de Unidad Popular significaron un pueblo libre en acción, conocido en el mundo por sus apasionadas y entusiastas demonstraciones; por sus canciones; por la ejemplar actitud de su Presidente, el gran humanista y socialista Dr. Allende.

Cuatro meses de junta militar significan La Moneda destruida; silencio en las calles; miedo en los ojos de la gente. Significan por lo menos veinte mil personas vilmente asesinadas, otras tanto secuestradas, un sinnúmero de perseguidos, vejados y torturados. Estos cuatro meses son los rostros de los asesinos de uniforme; el tiroteo de sus fusiles; el ruido fratricido de sus tanques.

¿Sobre quién recae la culpa de que haya sido destruido tan sangrientamente lo que fuera emprendido con tanto entusiasmo y vitalidad? ¿Quién obstaculizó el camino de la esperanza de todo un continente? ¿Quién trasladó la Edad Media al siglo veinte? Es preciso sacar a luz toda la verdad. ¿Quién planeó el crimen y quién lo ejecutó? ¿Quién lo deseaba, quién lo aprobó, y quien lo apoya? Y, ante todo: ¿Por qué?

Este libro quiere dar una respuesta a esas preguntas. Basándose en documentos, números, hechos; basándose en la declaración de testigos, protocolos, investigaciones; basándose en fotografías insobornables, que desenmascaran y acusan el crimen y la mentira con todos los elementos que permiten sacar a luz la verdad.

Este libro testimonia: el 11 de septiembre de 1973 -y lo que le siguió -no se llevó a cabo un golpe «común», no fue uno de los habituales golpes de Estado de mero significado local o nacional. El 11 de septiembre de 1973 empezó un delirio truculento, que prosigue hasta hoy y que es resultado de la alevosa conspiración maquinada por los grandes consorcios estadounidenses y supranacionales contra la paz y el progreso, contra la libertad y la democracia, no sólo del pueblo chileno, sino de todos los pueblos del mundo. Es la conspiración de las fuerzas agresivas imperialistas que por su avidez de lucro y para conservar sus privilegios practicaron el genocidio del pueblo vietnamita. Quienes secundaron al fascismo en Chile son los mismos que siempre recurrieron a métodos dictatoriales fascistas cuando los pueblos querían poner fin a la explotación, a las crisis y a las guerras. El golpe contra la Unidad Popular en Chile está dirigido contra la unidad democrática y revolucionaria de los pueblos de todos los países.

Pero el mundo de 1973 no es el mundo de 1933. Hoy avanza la causa de la paz y libertad, la causa del progreso social, de la democracia y del socialismo. Se va imponiendo en la vida de los pueblos el principio de la coexistencia pacífica entre países con diferente régimen social. Cada vez más se van restringiendo las posibilidades de los imperialistas. Los adversarios de la paz y del progreso todavía están en condiciones de imponerse pasajeramente en algunos países. No cabe subestimar sus fuerzas. Pero, como dijera el Dr. Salvador Allende, seguro del triunfo hasta el momento de enfrentar la muerte: «No se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.»

Este libro ha de servir a la causa del pueblo chileno, ha de decir sobre el camino que recorrió, la verdad sobre sus sufrimientos, la verdad sobre su lucha.

La causa de la Unidad Popular no ha muerto. Vive. Vive en la mente y en el corazón de millones de chilenos, de millones de explotados y oprimidos de América Latina, de millones de demócratas y socialistas del mundo entero. Y esta causa justa triunfará.

Pero hasta el día de la victoria es deber de todo hombre progresista, en cada país, hacer todo para paralizar el brazo de los verdugos de los patriotas y demócratas chilenos, a fin de impedir más crímenes, salvar vidas humanas, poner fin a la masacre, y luchar por la libertad de Luís Corvalán y por la de los miles de presos políticos.

Millones de mentes, millones de corazones, millones de bocas, millones de brazos se transforman en una grandiosa fuerza cuando, unidos en solidaridad activa, suman su protesta contra el genocidio. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que ni uno solo de los crímenes perpetrados por los verdugos contra el pueblo chileno quede en la sombra; para que día a día crezcan la protesta y la solidaridad; ¡para que sean restablecidas la libertad y la democracia en Chile!

La conciencia mundial constituye una poderosa fuerza. ¡La conciencia mundial somos todos nosotros! ¡Nuestra palabra, nuestra acción por Chile!


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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