El movimiento obrero en Chile

PROLOGO

Chile después de su independencia vive una etapa de reestructuración y expansión de su economía. Un naciente capitalismo comercial y bancario caracteriza el país en el siglo XIX a diferencia de la economía preponderantemente agraria del Chile colonial.

La minería, base de la economía nacional, explota principalmente yacimientos de plata, cobre y oro de alta ley. Varios factores contribuyen a su desarrollo progresivo, entre los que cabe destacar la incesante demanda de minerales por los países europeos que habían empezado la revolución industrial; Inglaterra ocupa un lugar de honor entre todos ellos, hasta el punto que hacia el año 1860, el 63% del cobre consumido en ese país era de procedencia chilena (1). El descubrimiento de minas y yacimientos de alta ley permiten la explotación mediante una técnica rudimentaria; Egaña, por ejemplo, señala, al comenzar el siglo, que se elaboran sólo aquellos minerales de cobre de más de un 50% de contenido fino. Incluso en 1893, las trece minas más grandes indicaban una ley media de 21%, y las pequeñas tenían una ley media de 40%. De las trescientas setenta y tres minas que se encontraban en explotación, cuarenta y cuatro poseían una máquina a vapor (2). Pero los yacimientos no eran ilimitados y con estos procedimientos no podía continuarse indefinidamente. Pocos años después de explotados se agotaban los minerales de alta ley o las minas requerían trabajo más profundo que demandaban fuertes inversiones, aumentando los costos. La crisis no tar do en llegar, agudizada por el descenso de precios de los minerales en el mercado mundial. El sistema capitalista primitivo, imperante en Chile, será incapaz de dar solución a los problemas presentados.

La influencia de la minería en la vida nacional fue apreciable. Gracias a ella se produjo un verdadero proceso de acumulación de capitales en el país, que se concentraron en capitalistas particulares, por una parte, y en el Estado por la otra. Los capitalistas particulares usaron estos capitales en levantar bancos, casas comerciales, fundiciones, en la adquisición de tierras, construcción de muelles, ferrocarriles, etc. Cousiño, con una fortuna adquirida en las minas del norte, explota las minas del carbón. Agustín Edwards, aviador de los mineros de Chañarcillo, abre un Banco en Valparaíso. Son mineros también los que levantan el primer ferrocarril que ha de unir el centro urbano y el puerto de la zona minera de más vida a mediados del siglo pasado. El Estado aprovecha los beneficios de la minería incrementando sus rentas, con lo cual dispone de recursos para producir una efectiva habilitación económica del país; se coloniza el sur, se fomenta la educación, se inician obras públicas en todo el país, etc. El comercio internacional se intensifica teniendo por base la explotación de productos minerales. Con esto, el poder adquisitivo del país aumenta en forma apreciable, posibilitando nuestras importaciones. Los pocos intentos de innovación en la agricultura se deben también a los mineros que traen una nueva mentalidad; la producción agropecuaria se ve además estimulada como resultado del ensanchamiento del mercado interno y de la aplicación de nuevos capitales en la agricultura. El capital extranjero, en especial el inglés, llegan al país junto con la explotación de la minería, lo que ha de traducirse en la creciente subordinación de nuestro comercio internacional a intereses foráneos.

Los mineros son los innovadores, los reformistas en el campo político que apoyan las revueltas contra el poder autocrático de Manuel Montt, y los que, un tanto escépticos en lo religioso, no vacilarán en dictar leyes laicas y han de propugnar por la paulatina separación de la Iglesia y el Estado. Algunos advertirán con alarma, la influencia creciente de los intereses foráneos en la economía nacional; muchos no han de titubear al constituir la base del "Partido Radical, audaz avanzada del pensamiento político en la segunda mitad del siglo pasado. Forman la burguesía minera que emerge en el primer plano de la vida nacional tratando de romper los lazos tradicionales que atan a Chile a un sistema económico semi-feudal.

Al lado de este capitalismo naciente y pujante, subsiste una estructura agraria de caracteres típicamente feudales. El latifundio impera en el campo, y es el principal factor negativo en la vida del país. Con razón Luis Sadá, agrónomo italiano, director de la Quinta Normal, dirá que "una de las causas que más ha obligado a la agricultura a girar encadenada por la rutina, ha sido la concentración de las más dilatadas y productivas propiedades en manos de cierta clase privilegiada" (3). Vicuña Mackenna, a su vez, al enunciar los males que aquejan a la agricultura, destacará en primer lugar, "el desproporcionado tamaño de nuestras propiedades" (4). La retrasada estructura agraria fue el elemento negativo que obstruyó el progreso de las actividades agropecuarias, a pesar de darse una serie de condiciones favorables que pudieron haberla transformado en sus fundamentos. En efecto la explotación minera del norte significó un ensanche inesperado del mercado interno; asimismo California y Australia, durante la fiebre del oro, y Europa, más tarde, en la guerra Franco-Prusiana, abrieron nuevos mercados a los productos de nuestra tierra. Todo conducía a un cambio en los métodos de cultivo, en el reemplazo de viejas técnicas; pero pudo más el espíritu rutinario de los terratenientes que se conformaban, en vez de capitalizar, con aumentar sus caudales e invertirlos en soberbias mansiones o en importar suntuosos amoblados y vestidos para sus señoras e hijas.

El comercio exterior está en manos de casas extranjeras, cuya sede principal es el puerto de Valparaíso. El primer lugar de las exportaciones lo tiene la minería (80%), y los productos agrícolas siguen a larga distancia (12%); trigo, harina y productos de chacarería se venden a lo largo de la costa del Pacífico, Europa. Río de la Plata y ocasionalmente a Australia. El librecambismo, del cual hizo escuela Courcelle Seneuil, domina en nuestra política comercial. Se dicta en 1864 una nueva ordenanza de aduanas que declara la absoluta libertad del cabotaje nacional, medida que si bien contribuyó a favorecer la mayor exportación de productos agrícolas, dio un golpe de muerte a la marina mercante nacional, en tal mal pie después de la guerra con España de esos mismos años. "Los tratados que Chile firmó en ese tiempo llevaron incorporados sin discriminación "la cláusula de la nación más favorecida". Por medio de ella los estados contrayentes se obligan a otorgar las ventajas que puedan proporcionar a una tercera nación, también al otro contrayente. Esto ocurrió con los países europeos, particularmente con Inglaterra que gracias a dicha cláusula hizo de América Latina una verdadera colonia comercial, impidiendo en Chile el progreso manufacturero y el de la marina mercante nacional" (5).

Todo indicaba que el país marchaba seguro y próspero. Los partidos políticos debatían en el Parlamento las cuestiones doctrinarias, los problemas económicos les preocupan sólo esporádicamente; la clase obrera, de reciente formación, es débil y manifiesta a lo lejos su descontento en brotes de rebeldía espontánea, aislada y sin perspectivas; el pensamiento que se atreve a salir de ciertos moldes aceptados es bruscamente puesto a raya, y sus líderes. Arcos y Bilbao, pronto deben salir del país. Pero en 1873 se empiezan a advertir signos amenazadores en la vida económica nacional, provocados, al decir de Encina (6), por el descenso mundial de precios que se produce ese año; por el ingreso al mercado mundial de la producción agrícola de grandes zonas que no tenían antes fácil salida al mar (*). Además, influye el cese de la incorporación al cultivo extensivo de los seis mil kilómetros cuadrados "más fértiles y aprovechables en nuestro territorio" y el broceo de "casi todas las minas de alta ley y de fácil explotación" (7).

Tal era la situación cuando estalló la Guerra del Pacífico, o del "salitre" como con más propiedad la denominan los bolivianos. Diversos autores coinciden que 1879 señala un hito en nuestra historia. "Después de aquella guerra... surgen las clases medias, se extiende el comercio, se requieren técnicos profesionales y funcionarios preparados" (8). "La Guerra del Pacífico... terminará por destruir la sencilla sociedad agrícola que caracteriza nuestra vida política y económica-social a través de todo el siglo pasado... Sobre todo produjo grandes cambios sociales: se transforma la clase alta, nace la clase media y surgen los primeros movimientos de la clase trabajadora... Por otra parte, el industrialismo acentuó las diferencias sociales, produciendo desigualdad de riquezas superiores a las que han existido en cualquiera época anterior; aumentó en proporción enorme la riqueza de la clase patronal y dejó casi estacionario los salarios reales de la clase trabajadora" (9). Pero, y destaquémoslo, "el control de la industria salitrera fue tomado por capitalistas extranjeros, quienes desde esta posición estratégica tan sólida comenzaron a ejercer una influencia decisiva en la vida económica social. El salitre tuvo la rara virtud de importar a nuestro país al más avanzado de los capitalismos de la época: el capitalismo británico, que aprovechando las circunstancias hizo efectiva nuestra sujeción a él" (10).

Pero estos últimos temas merecen un desarrollo más amplio.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Ramírez, Hernán: "Historia del movimiento obrero en Chile. Siglo XIX" Pág.29.

2. Keller, Carlos: "La eterna crisis chilena". Pág. 188.

3. Sada, Luis: "La Quinta Normal y la enseñanza de la agricultura en Chile" Pág. 4.

4. Vicuña M., Benjamín: "La agricultura de Chile". Pág. 93.

5. Sepúlveda. Sergio: "El trigo y la producción en Chile". Pág. 61.

6. Encina, Francisco A.: "Nuestra inferioridad económica". Pág. 284.

7. Encina, Francisco A.: Ob. cit. pág. 287.

8. Keller, Carlos: Ob. cit. pág.50.

9. Heisse, Julio: "La Constitución de 1925 y las nuevas tendencias político sociales". Pág. 102.

10. Ramírez, Hernán: "La guerra civil de 1891". Pág. 51.

(*) "Entre 1870 y 1890 ingresan a la concurrencia agrícola universal la India, los Estados Unidos, el Canadá, la Rusia, la Australia, y la República Argentina". ENCINA, Francisco A.: "Nuestra inferioridad Económica. Sus causas, sus consecuencias". Pág. 285.


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