El movimiento obrero en Chile

Capítulo IV

LOS PARTIDOS POLÍTICOS FRENTE A LA CUESTIÓN SOCIAL

"La cuestión social no existe". Mac Iver.

"¿No existe la cuestión social donde al pueblo que pide justicia se le amordaza, se le sablea, se le encarcela y se mata? "El Defensor de la Clase Proletaria". Iquique. 12-1-1904.

A. LOS PROBLEMAS SOCIALES

Desde la caída de Balmaceda hasta los últimos días de la primera administración de Alessandri, la vida política chilena gira en torno del parlamentarismo.

En el siglo pasado predominó la polémica doctrinaria acerba, dura y. a momentos, apasionante; discusión tras la cual actuaban definidos intereses de clase. Ahora - en el período del parlamentarismo- la preocupación central de los congresales es la combinación ministerial, o es la próxima interpelación ministerial, o bien es la maña que se da tal o cual parlamentario en obstruir ese o aquel proyecto. Es el período del parlamentarismo hueco y estéril; el esfuerzo serio y constructivo se conoce por excepción. La mediocridad, el espíritu conciliador, la vacuidad de conceptos, el oportunismo y la habilidad para sortear las maniobras y triquiñuelas de los contrarios, caracterizan a los políticos. La rencilla menuda, la llana despreocupación es interrumpida a veces por las denuncias de los parlamentarios demócratas acerca de los abusos cometidos contra los trabajadores. Los problemas económicos inquietan a menudo; pero son contadas las oportunidades en donde se analizan con vista al futuro desarrollo del país; por otra parte, acerca de estas interrogantes no hay un pensamiento común en cada partido y las intervenciones de los parlamentarios responden más bien a sus interpretaciones personales y accidentales de los hechos que a una concepción orgánica o ideológica de ellos.

La intervención gubernamental para elegir a los parlamentarios, característica del siglo XIX. es reemplazada por el cohecho más desvergonzado (1); los cargos al Congreso son llenados en un verdadero remate; escasas posibilidades tendrán, por tanto, los obreros para llegar a ocupar un puesto en el cuerpo legislativo. Es la nuestra una democracia formal; en apariencias hay una separación de los poderes clásicos: en la práctica una estrecha red de intereses los ata y los mezcla. Los grandes problemas nacionales quedan insolubles. El proletariado es atropellado, perseguido, vejado y ni una voz de protesta quiebra la calma desesperante del Parlamento; los propios representantes demócratas dejan oír sus quejas en un lenguaje legalista y vacilante, característica que se acentúa a medida que se acercan al poder. La protesta popular obliga a veces a los políticos a ir a los centros de trabajo; se designan comisiones parlamentarias que investigan la suerte de los trabajadores; dramáticos informes describen las dantescas condiciones de vida de los pampinos; pasarán, sin embargo, años para que se legisle y se eviten, en parte, las tragedias descritas. Serán también curiosas las primeras conclusiones de las comisiones investigadoras: hay "problemas sociales" dice, pero no existe la "cuestión social" en Chile. Si la "paz veneciana" es rota por una huelga o una protesta organizada de los trabajadores, fácil será atribuirla a factores externos, a los agitadores, a los subversivos, a los disolventes; debe, por ende, actuarse con firmeza, sin contemplaciones, con el poder que da la fuerza, contra todos los elementos desquiciadores. Más tarde, cuando el desarrollo y la fuerza del movimiento obrero, hagan ya imposible la repetición permanente del fusil y la persecución legal, se dictarán leyes sociales, las cuales sancionarán en derecho conquistas que los obreros habían obtenido antes, la mayoría de las veces. Los partidos políticos tradicionales así irán insensiblemente cambiando de una actitud contemplativa frente al problema social a una actitud más cautelosa, de concesión legal y de refuerzo legal, al mismo tiempo, del aparato represivo.

Examinemos la posición de los partidos políticos frente a los distintos problemas sociales.

1. La cesantía

Varias razones obligan a preocuparse de este problema. No sólo la repercusión del hecho en la vida económica. La masa flotante de obreros era también un motivo de intranquilidad entre los salitreros (2).

En 1897, en el Congreso diversos parlamentarios se referirán al problema y a la solución propuesta por el gobierno. El diputado Robinet dirá que 'ton motivo de haberse suspendido los trabajos en gran número de empresas salitreras de Tarapacá, han quedado sin ocupación numerosos jornaleros de la pampa. La mayor parte de ellos, aprovechándose de un ofrecimiento del Gobierno, se han inscrito para trasladarse a Magallanes"[1].

En el Senado, por esa misma fecha, el senador Fernández Concha afirmaba: "Conocida es de todos los señores senadores la situación por demás angustiosa y aflictiva porque atraviesa la clase obrera a causa de la falta de trabajo y, por más buena voluntad que tengan los miembros del Congreso para dictar leyes que consulten la satisfacción de esta grave necesidad pública, lo cierto es que llevamos ya más de dos meses de sesiones y no se ha dictado ley alguna en este sentido". Propone a continuación un proyecto de ley que "autoriza al Presidente de la República para gastar hasta la suma de un mil pesos diarios, con el objeto de dar comida a los obreros que carecen de trabajo", suma que se invertiría "en las ciudades en que, a juicio del gobierno, se sienta la mayor necesidad y la distribución se hará por conducto de las sociedades de caridad o beneficencia ya establecidas" autorización que duraría "dos meses contados desde la fecha de la promulgación de la ley"[2]. El problema de la cesantía continúa preocupando a los senadores. "Es necesario sostiene el senador Gutiérrez- que el Gobierno tome algunas medidas salvadoras, pues no es posible que millares de operarios que ganaban cuatro, cinco o más pesos al día, pululen por las calles de Valparaíso ofreciendo sus servicios por un plato de comida, como he tenido oportunidad de verlo yo mismo". En esa misma sesión se dice: "¿Acaso es un misterio para alguien que hay más de tres mil hombres desocupados, que antes ganaban cuatro, cinco y seis pesos diarios? No me explico que harán esos hombres cuando pierdan la esperanza de obtener trabajo... Ya estamos viendo que, por este motivo, una multitud de buenos operarios se van a Magallanes. Esa misma suerte les estará reservada a muchos otros, si el Gobierno no trata de poner remedio a la situación que los aflige"[3].

La actitud fundamental frente a la cesantía no cambiará substancialmente en ocasiones posteriores. En 1914, cuando el espectro de la cesantía se presente como una nueva amenaza, se presentará a la Cámara de Diputados el Ministro del Interior a pedir autorización para invertir un millón de pesos en el pago de los trabajadores desocupados en el norte para que puedan trasladarse al centro del país. El diputado del Partido Nacional, Cornelio Saavedra Montt, ha de estimar inconveniente la medida "por cuanto en Santiago y Valparaíso haya también numerosos cesantes"; estima que es más conveniente auxiliar a los desocupados en las mismas provincias del norte. En apoyo de su tesis, el Ministro del Interior lee un telegrama de los salitreros quienes dicen serles imposible "mantener la gente trabajadora en los campamentos de sus respectivas salitreras, porque los víveres se estaban acabando y debían cerrar y despachar los trabajadores... que a fines de ese mes se reunirían en Iquique de veinte a treinta mil personas, entre hombres y mujeres y niños desocupados y sería muy difícil proveerlos de alimentos... que habría que agregar a este número que baja de la Pampa el de la gente de Iquique, como fleteros, cargadores de salitre, carbón y otros que residen en Iquique, que sin trabajo, formarían un conjunto peligroso y muy difícil de alimentarlos". Luego el Ministro agrega que "en las provincias del norte hay un exceso de brazos que podemos estimar en sesenta mil operarios... Hasta la fecha han llegado diez mil trabajadores, a quienes se les ha proporcionado albergue y alimentación; porque todos viven sin recursos de ninguna especie y sin ningún dinero en los bolsillos" [4].

En síntesis, el problema de la cesantía ha de enfrentarse en cada oportunidad a través de paliativos; no se pensará jamás crear nuevas fuentes de producción capaces de salvar, en parte, las dramáticas repercusiones de las crisis periódicas del sistema capitalista. Y, como lo advertíamos, el peligro que significaba la masa de obreros sin trabajos en la estabilidad social, es el mayor incentivo que obliga a los gobernantes a no prescindir de una solución.

2. Los contratos de trabajo

En general los partidos políticos tradicionales no se preocupan por este problema. En 1895, en una intervención en la Convención del Partido Conservador de ese año, Carlos Concha S., había pedido a los Gobiernos "preocuparse también y a medida que lo exijan el desarrollo industrial y la población del país, de dictar reglamentos sobre el trabajo para poner a salvo de las exigencias o tiranías del jefe, a los operarios de las fábricas; para evitar que el trabajo pueda dañar la salud de los trabajadores; para mantener entre unos y otros la debida separación por razones del sexo o de la edad; para velar por la higiene del taller y, en general, para regularizar los derechos y obligaciones de todos" s. El Partido Radical, inscribe en 1912 en su programa "la legislación sobre el contrato de trabajo".

Pese a tan enfáticas declaraciones programáticas, pasarán muchos años antes que se dicten leyes que vengan a renovar las disposiciones contenidas en el Código Civil y el Código de Comercio, inadecuadas e incompletas en relación a la nueva realidad social.

3. El trabajo de niños y de mujeres

Escasa atención a los parlamentarios de los distintos partidos políticos merecerá el trabajo de los niños y de las mujeres.

En los programas figurará la necesidad de "reglamentar el trabajo de mujeres y niños"; pero solo a mediados de 1917 se dictará la ley sobre sala-cunas en los establecimientos que ocupan mujeres, el reglamento de la ley será conocido en 1921. En 1917 los ferrocarriles dictan un decreto sobre el trabajo de las mujeres y los niños en sus maestranzas. Tendrán que transcurrir varios años antes que se conozcan disposiciones generales que comprendan a todos los menores de edad y a las mujeres.

4. Las fichas

La existencia de fichas -especialmente en las salitreras-originó largos debates en el Parlamento. En todos los tonos se denuncian los abonos que significan la existencia de las fichas.

Pero sólo en 1904 las protestas se concretan en un proyecto de ley -que es aprobado en general- que obliga a cancelar los salarios en moneda legal a todos los obreros. En el informe elevado por la "Comisión Consultiva del Norte" se sostenía que "sin creer en absoluto que existe en Chile y especialmente en las provincias del norte un malestar obrero con caracteres semejantes a las cuestiones sociales de otros países, cree la Comisión que ha llegado para el nuestro, y especialmente para dichas provincias, el momento de dar principio a la legislación obrera, como medio de subsanar los males que existen y, sobre todo, de prever los que puedan existir sobre esta materia"; a continuación proponían terminar con el sistema de fichas.

Prácticamente todos los partidos políticos se pronunciaron contra el sistema de fichas; la clase obrera en todos sus movimientos encabeza las peticiones por la abolición de ellas; disposiciones legales, claras y terminantes, son aprobadas por el Parlamento; pero, a pesar de todo, se continuarán conociendo reclamos por el empleo obligado de fichas hasta alrededor de la primera guerra mundial. En la Cámara se escuchará en 1912 a un representante demócrata reclamar por el uso de fichas en una compañía salitrera en la zona de Taltal [6]. La prensa dará a conocer también casos similares. Ocurría un hecho simple: los representantes locales del Gobierno hacían caso omiso de las leyes dictadas y favorecían abiertamente los intereses de los capitalistas; cuando más tarde son obligados a abandonar sus puestos, tendrán una pronta acogida en las oficinas salitreras. Fue el caso, por ejemplo, del intendente de Tarapacá, Enrique Fisher Rubio, nombrado, una vez que dejó su cargo, gerente de la Combinación Salitrera, designación que causó, en 1903, un bullado escándalo.

5. Los accidentes de trabajo

Los partidos políticos no eran insensibles a la gravedad que significaban los accidentes continuos en los sitios de trabajo.

El Partido Nacional, por ejemplo, en la Convención de 1910 discutía el problema y consideraba que si se aspiraba a preservar el porvenir había que preocuparse de las condiciones higiénicas de los talleres. Uno de los convencionales es alérgico para atacara quienes amparados en el principio de la libertad se niegan a aceptar una reglamentación adecuada con estos elevados fines. "El Estado no puede, ni debe mirar indiferente e impasible... que el obrero caiga abandonado, como un perro, en la lucha del trabajo, bajo el golpe de accidentes, hijos de la casualidad o de la imprevisión, perdiendo la vida o la salud, que es todo su capital, y quedando ellos y sus propias familias entregados al hambre, a la desesperación y al vicio, sin que los patrones estén civilmente obligados a indemnizarlos o sin que un seguro obligatorio de previsión social llene inmediatamente las exigencias de tan dolorosa situación", sostiene en la Convención don Enrique Montt [7]. En el Programa aprobado se pedirán "leyes que establezcan las indemnizaciones debidas en los accidentes del trabajo, las condiciones higiénicas de los talleres y las limitaciones a que deben sujetarse las labores de las mujeres y de los niños" [8].

Un criterio similar muestran en el Congreso distintos parlamentarios. Aunque no falta la voz disidente que tratará de eximir a las empresas industriales de toda responsabilidad y hacerla recaer en los trabajadores, que serían imprudentes y fatalistas [9], la verdad es que la mayoría de ellos pide "una buena legislación social sobre accidentes de trabajo (que) debe encontrarse vinculada a medidas preventivas que garanticen la seguridad de los obreros, por medio de la reglamentación legal del trabajo... leyes de previsión social que coloquen el medio en que el obrero ejercita sus facultades, en condiciones tales, que sean una garantía para su salud y para su seguridad"[10].

La ley sobre accidentes de trabajo empieza a discutirse en 1913; pasarán tres años antes que sea promulgada y ha de ser complementada en 1924 con la Ley 4.055. Su dictación fue aplaudida por todos los sectores.

6. La vivienda

Desde un principio los partidos políticos plantean su inquietud por el grave problema de la vivienda.

El Partido Conservador en 1895 pide en su programa "proteger la organización de las sociedades destinadas a la construcción de barrios obreros" [11]. El Partido Liberal-Democrático, un año más tarde, insiste en la "construcción de barrios obreros, que inculcan en éstos hábitos de moralidad y economía" [12]. Por aquellos mismos años el Partido Liberal estimaba necesario "arbitrar los medios para mejorar las condiciones higiénicas de las habitaciones de los obreros, obligando a los que construyen este género de edificios a cumplir con un mínimo de exigencias que aseguren a sus locatarios la cantidad de luz y aire que son indispensables para la vida y que eviten los peligros de infección que ocasionan las construcciones defectuosas o la falta de aquellos recursos que son indispensables en las grandes aglomeraciones de población" [13]. El Partido Radical, en su convención de 1888, había señalado en un informe de la comisión de mayoría, que "materia de detenido estudio ha sido... la necesidad de proporcionar a la gente desvalida habitaciones sanas y relativamente cómodas, que concluyan con la justa antipatía que tiene el pobre por su triste rancho y lo hace naturalmente nómada y disipado. Darle habitación propia de ser racional es la mejor manera de despertar en él hábitos de higiene, gusto por un modesto hogar confortable y sentimientos de familias, base buena entre las menores de todo principio moral. Así se evitarán muchas epidemias y muchos crímenes, el Estado ahorrará fuertes sumas de las que gasta en cárceles y hospitales y así podemos levantar el nivel moral e intelectual de nuestro pueblo y llegar a constituir en Chile una verdadera democracia" [14].

Ningún partido político ignoró el problema de la vivienda. Fruto de esas preocupaciones fue el proyecto de ley presentado en 1892 a la Cámara de Diputados. En sus considerandos se decía que "la mortalidad verdaderamente excepcional que ocurre en el Departamento de Santiago se debe, entre otras causas, a las habitaciones que ocupa la clase proletaria, cuya falta absoluta de higiene es algo que debe preocupar al legislador. En los últimos años la más pequeña epidemia hace millones de víctimas y aunque la actividad privada hace esfuerzos por detener en todo sentido estos males, hemos creído que se impone el deber de coadyuvar a ella. Por estas circunstancias sometemos a la deliberación de la Cámara el siguiente Proyecto de Ley:

Artículo 1º: Se autoriza al Presidente de la República para que invierta hasta la cantidad de quinientos mil pesos para construir cuatro barrios para obreros en la ciudad de Santiago.

Artículo 2º: Concluidos que sean estos trabajos, su administración y dirección correrá a cargo de la Junta de Beneficencia la que deberá invertir el producto de los arriendos en nuevas construcciones del mismo género" [15].

Las ideas se suceden. En 1898, don Julio Pérez Canto. por mandato de la Sociedad de Fomento Fabril publicó un interesante volumen acerca de esta materia con los resultados obtenidos en el extranjero. En 1900, el Gobierno designa una comisión presidida por don J.A. Gandarillas, que elaboró el primer proyecto sobre habitaciones higiénicas y baratas; en ese mismo año el diputado Francisco Rivas Vicuña formuló un contraproyecto. Informó ambos proyectos, después de oír al Consejo de Higiene. la misma Comisión. Sólo en 1905 vino a conocerse el proyecto de Consejo de Habitaciones Populares que tenía entre sus atribuciones la de declarar insalubres a las casas a fin de que se les mejorasen o se le declarasen inhabitables, en el último caso debía destruirse y reemplazarse por una construcción adecuada, para lo cual contaban con facilidades especiales...

Tanto en las declaraciones programáticas como en la ley aprobada se refieren, al citar el caso de la vivienda, al problema presentado en la ciudad con la existencia de conventillos o de la falta de habitaciones en las grandes urbes; preocupación que nace fundamentalmente, como lo declaran en convenciones o en los proyectos presentados al Parlamento, del peligro que significa para toda la población la extensión de epidemias, en especial la viruela que diezmaba entonces las grandes ciudades. Había, por consiguiente, un interés colectivo en buscar solución a un problema que afectaba tan directamente a toda la sociedad. No existe la misma preocupación por la construcción de habitaciones higiénicas y baratas en la zona del salitre, del cobre, del carbón o en el campo chileno. En tales casos, no sentían la amenaza de contagios epidémicos; es un asunto privado que concierne a las compañías, sostendrán los abogados. Lo mismo se afirmará al referirse a las habitaciones de los campesinos, tema ingrato para un parlamento compuesto en mayor parte de grandes terratenientes.

7. La educación

La preocupación por la instrucción primaria y obligatoria ha de ser una bandera de combate de los partidos democráticos. El Partido Radical se distingue en las campañas educacionales. "La instrucción pública es una obligación del Estado en cuanto corresponde al derecho del individuo para exigir de la sociedad en que vive, los medios de cumplir los deberes que de la existencia misma del Estado se originan -proclaman los radicales en 1888-. En Chile es más perfecta esa obligación pues la sociedad, fuera del Estado, carece de elementos suficientes y adecuados para proporcionar entre nosotros la instrucción primaria. La instrucción pública, tan descuidada entre nosotros, adolece de defectos graves: es empírica, incompleta o inconducente. Debe dedicársele atención preferente -concluyen- la misma atención que se presta a la persona y a los bienes de los ciudadanos; debe obedecer a principios científicos, debe ser dada al hombre y a la mujer y debe tener finalidad social" [16]. "Instrucción primaria gratuita, católica y voluntaria -expresan los miembros del Partido Conservador en 1895- la secundaria y superior, pagadas por los que la reciben. Libertad de enseñanza" [17]. "Implantación de la Instrucción Primaria, no sólo gratuita, sino también obligatoria" [18], reclaman los liberales-democráticos. "La instrucción obligatoria será una medida de preservación para los vicios y para la decadencia de nuestra raza, y la ociosidad no será la característica de nuestros niños y no los veremos en los patios de los conventillos ni en las calles de los arrabales, aguzando el ingenio para dañar al prójimo"[19], se escuchará a un convencional del Partido Nacional en 1910. El Partido Liberal, en 1907. en su programa sostiene la "necesidad de establecer la instrucción primaria obligatoria, debiendo ser gratuita y laica, costeada por el Estado".

Y así todos los partidos se pronuncian por ampliar lo los beneficios de la educación; pero tan excelentes declaraciones programáticas adquieren realidad sólo en 1919 cuando se dicta la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. sin que ella -debido a nuestra débil estructura económica- fuera capaz de solucionar el problema del analfabetismo.

8. El ahorro forzoso

El salario, la jornada de trabajo, la incorporación de las mujeres y los niños, las fichas y la ausencia de libertad de comercio en las minas o industrias, la desvalorización de la moneda, formaban un conjunto de problemas que inquietaban a la opinión pública. Los partidos políticos advertían el mal y muchos de ellos con inquietud contemplaban el desarrollo del movimiento obrero que pedía soluciones.

Después de la guerra civil de 1891, en las convenciones de los partidos políticos se discute y se analiza el problema: "¿Cuál es la suerte de los centenares de obreros chilenos que se matan, que no trabajan, en las pampas de Tarapacá? -pregunta un delegado a la Convención del Partido Conservador de 1895-. En esas regiones -contesta él mismo- campea libremente el extranjero explotador, para quien no hay otra ley que esa que inspira su interés insaciable, ni otro Dios que su sola voluntad, siempre agria, despótica siempre. Y considerando y tratando al infeliz obrero como a un animal de carga, lo abruma de exacciones hasta el punto de hacerse ilusiones el mezquino y efímero salario. Y las autoridades, así administrativas como judiciales, ven embotadas su acción en las diestras y astutas redes que les tiende el extranjero" [20]. Pero si el enfoque es certero, la respuesta es insuficiente para tornar el "ilusorio, mezquino y efímero salario" en una remuneración justa. El principio de la caridad y el ahorro forzoso de los trabajadores, aparecen como soluciones ideales.

El ahorro forzoso será la panacea de casi todos los partidos. Todos ellos la inscriben en su programa (Partido Nacional. 1910; Partido Radical. 1912 y Partido Liberal, 1913). La aceptación de la libre concurrencia conducía necesariamente a tal conclusión. Si los obreros no viven bien, se debe a su falta de previsión dirán todos ellos. Sólo en 1919, el Partido Radical ha de reaccionar contra estos principios y su Programa afirmará la necesidad de "una legislación que asegure un salario mínimo".

En un cuadro aparte debemos situar al Partido Demócrata que, junto con los anarquistas, sostienen en el Parlamento y, en especial, en el seno de los organismos de los trabajadores la necesidad de establecer una remuneración adecuada para los que viven de un salario. Serán pilos los más ardientes defensores de la estabilidad monetaria. Años más tarde, al darse el Partido Obrero Socialista se valorizará esta actitud de los demócratas.

B. LOS PARTIDOS POLÍTICOS

1. El Partido Conservador

El Partido Conservador expresa los intereses de los grandes hacendados y es el defensor intransigente de la Iglesia Católica. Partido de larga tradición en el país, resistió con éxito los embates de sus adversarios; mientras éstos se dividían en numerosas facciones, los conservadores resistían unidos, mantenían el control del inquilinaje y aseguraban una poderosa representación parlamentaria.

En 1895, después de las grandes huelgas de Tarapacá, el problema social por primera vez es debatido en una Convención Conservadora. La política de la mano fuerte y del principio de autoridad es aplaudida en todas las intervenciones. "Deberá emplearse severa energía y dictarse leyes que repriman y prevengan las huelgas de los operarios", sostiene en esa oportunidad el convencional Carlos Concha. Agrega "causadas, como son genera/mente por la iniciativa de los audaces e irresponsables, vienen a establecer una verdadera tiranía sobre sus mismos compañeros, pues obligan a dejar el trabajo a muchos que con el alzamiento privan a sus hijos del jornal, único sostén de la familia. Además las huelgas que perjudican a los que las constituyen, vienen a perturba la tranquilidad pública y son causa de los grandes males sociales. Castigarla y reprimirla es un bien para unos y para otros" [21]. Era sorprendente, en apariencias, oír tales afirmaciones en un partido católico a escasos años de la encíclica papal de León XIII, que fijó una nueva posición ante la cuestión social (3). Será esta una constante característica del Partido Conservador. Las Encíclicas se recordarán en torneos partidarios; desde 1901 adelante serán citadas, aunque tergiversadas o interpretadas en forma bizantina.

Más tarde no se sostendrá públicamente el principio de orden por la fuerza, pese a que nunca se escuchará desde las bancas conservadoras una crítica o atisbo de protesta por las sucesivas masacres de trabajadores conocidas en nuestra historia.

La responsabilidad social de los católicos, pasa a ser el lema de los conservadores. Feliú Cruz define acertadamente -a juicio nuestro- el espíritu de las nuevas concepciones, "esta forma de caridad -escribe - expresada en su sentido material de limosna era un deber moral otorgarlo o no, según quedara entregado a la conciencia del donante. Con tal criterio, el deber, la obligación, la necesidad imperiosa de ir en protección de las clases desvalidas por medio de los instrumentos jurídicos sociales, desaparecía automáticamente. Es por esto un error decir que la legislación social del trabajo corresponda al Partido Conservador y que después ella se inspiró en los principios proclamados por él " [22].

En 1901, la Cuestión Social es conocida en la Convención de ese Partido por intermedio de su líder, Carlos Walker Martínez, quien dirá: "Libertad para todos los oprimidos, amor entre los de abajo y los de arriba, ni opresores ni oprimidos, culto para todo lo moral y todo lo santo honradez y trabajo, virtud y abnegación, fraternidad sincera... He aquí el orden social cristiano tal como nosotros lo sostenemos, conforme a las sublimes enseñanzas del Pontífice que rige los destinos de la Iglesia" [23]. Era difícil, a principios de siglo, para un partido que se decía representante del pensamiento social de la Iglesia Católica, ignorar las enseñanzas sociales de la Iglesia. Parte importante del Rerum Novarum es destinado a atacar los vicios del capitalismo, observaciones ellas que herían al sector más fuerte del Partido Conservador; ha de salvarse la situación, insistiendo en las críticas que el Rerum Novarum hace al socialismo y planteando en su programa una serie de reformas tendientes a mejorar la situación de los asalariados. La práctica política no se conformó, sin embargo, a las declaraciones programáticas. "Ese Partido, por ejemplo, legisló sobre tierras sin dividirlas; habló de pagar salarios humanos sin gravar el capital en favor del trabajo; dictó leyes sobre habitaciones campesinas, a fin de acabar con el rancho, sin ejecutarlas; no estableció muchas escuelas que se necesitan en los fundos; no se preocupó de enaltecer la vida del obrero ni del campesino" [24].

En las convenciones posteriores continuará hablándose de la suerte de los asalariados. En 1917 la discusión adquiere un nuevo tono. Las circunstancias eran también distintas. Un imperio autocrítico había caído en Europa y era reemplazado por nuevas formas de vida, los obreros exigían que la post-guerra terminase con viejas estructuras. en el país los trabajadores propugnaban cambios en la organización gremial de más prestigio, las huelgas nacionales adquirían vuelo y amplitud desconocidas en el decenio anterior. Todo esto hace exclamar al senador Alfredo Barros Errázuriz, en la discusión del programa del Partido Conservador, que "la cuestión social, mejor dicho, la asistencia a un malestar que un grave desorden que reina en la sociedad moderna constituye el gran hecho histórico que preocupa al mundo desde mediados del siglo pasado y es algo de una realidad tan abrumadora que no niega, ni siquiera pone en duda ningún publicista serio... Se han roto o debilitados los vínculos que unían a patrones y obreros, por el olvido de parte de muchos patrones de sus deberes de justicia y de caridad y por la pérdida de la antigua fidelidad y sumisión de los obreros... Cunde el número de personas descontentas con la actual organización social y que todo lo espera del trastorno y del desorden... (Los obreros se pervierten) leyendo los mismos periódicos subversivos que se pasan de mano en mano y oyendo siempre la misma propaganda, todo lo cual crea ante ellos una profunda comunidad de ideas y un espíritu de clase que adquiere cada día mayor importancia... Basta acercarse a los obreros para convencerse del cambio radical que en ellos se ha operado de algún tiempo a esta parte: manifiestan anhelo de hablar, de discutir, de instruirse, y de conocer todo lo relativo de los problemas que a ellos les afectan y comprenden todo el alcance de sus derechos; desconfían de todo movimiento que no nazca exclusivamente de ellos mismos y tienen cierta conciencia de clase para afirmar sus derechos, bajo su propia acción, independiente de la tutela de las clases directivas" [25].

Condolidas eran las palabras del senador por Llanquihue, pero reflejaban fielmente la realidad. Los obreros crearon sus propios organismos, los muchos intentos habidos para formar sindicatos católicos, conforme a la enseñanza de León XIII, no tuvieron éxito. También fracasaron los deseos de crear una convivencia amigable, paternal, entre capitalistas y obreros. Las leyes que rigen el capitalismo eran más fuertes que esas aspiraciones. Se explica así que más de una vez el Partido Conservador, comprobando la imposibilidad de recuperar la fidelidad y sumisión tan soñada, fuera el más vigoroso impulsador de la legislación represiva y de la persecución a los dirigentes obreros, en un estéril y postrero esfuerzo por ahogar el problema social.

2. El Partido Liberal

El Partido Liberal se destacó en el siglo pasado al defender la libertad electoral, las incompatibilidades parlamentarias, el estado docente y laico y, en fin, todas aquellas aspiraciones de carácter progresista surgidas a lo largo del siglo XIX. Representaba los intereses de los grandes hacendados, viñateros, salitreros e industriales; un sector importante de la intelectualidad también reconoció filas en el seno de este Partido. En tos últimos decenios del siglo pasado empieza a sufrir escisiones. Un grupo da origen al Partido Radical. Otro aparecerá como heredero del pensamiento político de Balmaceda y fundará el Partido Liberal-Democrático. Por último, a raíz de la elección de Pedro Montt como Presidente de la República, la antigua fracción de nacionales cobrará su independencia y formará el Partido Nacional.

Imbuido en las enseñanzas ortodoxas del manchesterianismo por mucho tiempo los liberales negarán la existencia de la cuestión social. El sistema económico social y político se regía, al decir de ellos, por leyes perfectas, su libre juego permitía el normal desarrollo de la sociedad. En la Convención de 1892 solo reconocerán la necesidad de preocuparse del problema de la vivienda, en 1907 los convencionales estiman conveniente mejorar la situación de las clases trabajadoras y "armonizar los intereses de patrones y obreros evitando así en nuestro país la lucha de clases" [26]. Es en 1907 cuando en su programa afirman la necesidad de "establecer la legislación del trabajo asegurando a patrones y obreros, especialmente precisando la responsabilidad del patrón en caso de accidentes que se deban g su culpa y la de los obreros que traten de impedir a sus compañeros el ejercicio de su derecho al trabajo"; en el mismo programa piden se mejoren las condiciones higiénicas de las habitaciones, se facilite el crédito a los obreros, se reglamente el trabajo de mujeres y niños, se procure la formación de poblaciones para los obreros, etc.

La discusión de los problemas sociales empieza a ser un hecho corriente en el Partido Liberal. Los motivos fueron expuestos claramente en las discusiones sostenidas en la Convención de 1903. Los parlamentarios fueron explícitos al contestar las críticas hechas por los jóvenes delegados a ese torneo. El Partido Liberal -responderán- no puede aparecer a la zaga de los planteamientos sociales , inscritos en el Programa del Partido Conservador, por cuanto de persistir tal situación se perdería ascendiente sobre sectores poderosos de la población. La resolución respectiva expresa, por otra parte, el mismo espíritu. "La Convención declara que dentro del orden existen te deben resolverse las cuestiones sociales como materia política fundamental, no por espíritu de caridad sino de solidaridad social [27].

Diez años más tarde un convencional insistirá: "¿Puede y debe el liberalismo político abandonar sus antiguas posiciones individualistas y atender la evolución democrática por medio de medidas legislativas y administrativas, aunque esto signifique ensanchar (la labor estatal) y, como creen algunos, restringir la libertad individual?

A mi juicio, sí. Y, como lo declaró la Convención de octubre tales asuntos deben ser materia de la política fundamental del liberalismo..." [28].

En 1919 la Convención del Partido Liberal declarará que considera fundamental "la solución más íntegra posible de los problemas sociales" y que "ha de propender, en consecuencia, al perfeccionamiento físico y espiritual del ciudadano, en términos que lo habiliten para desarrollar una acción eficaz y recoger el máximun de los beneficios a que le dan derecho los principios de justicia y solidaridad humana". El Partido Liberal acentuaba así, audazmente, una aparente línea de solidaridad social, en el propósito de no aislarse respecto a las masas trabajadoras que -impulsadas en gran parte, por el éxito de la Revolución Rusa- buscaban formas nuevas de vida.

Hombres de este partido legislan más tarde sobre los tribunales arbitrales en un intento de limitar las huelgas entre los obreros. Poco a poco, sin embargo, irán desapareciendo los matices que los diferencian de los conservadores. El aparecimiento en la escena del proletariado que reclama todos sus derechos, los une y relega a segundo plano sus antiguas discusiones. Junto a los conservadores reclaman su sitio al dictarse leyes represivas y perseguir al pujante movimiento obrero.

3. El Partido Liberal Democrático

El Partido Liberal-Democrático recogió el afecto y las simpatías de las masas populares por el Presidente Balmaceda; las duras críticas hechas por sus líderes a quienes guiaban el país, los juicios cáusticos acerca de los vicios políticos y parlamentarios, la defensa ardiente del desarrollo industrial del país, atisbos de independencia para condenar algunas persecuciones obreras y, en especial, al proclamar el pensamiento político de Balmaceda como propio, contribuyó a que sectores importantes del país lo apoyaran y creyeran en el destino de ese partido.

En sucesivas convenciones examinan la realidad nacional y aportan constructivas proposiciones sobre el futuro del país. Pero la base heterogénea del partido -junto a sectores populares había abogados de algunas compañías salitreras, industriales poderosos y políticos profesionales- y su carencia de una clara definición ideológica que resolviera los nuevos problemas sociales presentados, van a causar su decadencia.

Ignorarán la cuestión social: simplemente para los liberales-democráticos no existe. Represión, leyes discriminatorias serán aprobadas con su concurso. Así también contribuirán a su definitiva desaparición del campo político.

El juicio de Valdés Canje sobre el Partido Liberal-Democrático es definitivo. "Hubo un partido, el que acompañó al Presidente Balmaceda caído el 91, vuelto a la arena política entre el esplendor de la gloria de los mártires y los lampos de la simpatía popular, que pareció por un momento constituirse en depositario de los ideales de aquel gran hombre y ser el baluarte en que todos los chilenos que conservaban puro su civismo, irían a encastillarse para resistir los embates de la corrupción triunfadora. Pero la ilusión duró muy poco; desde un principio hicieron cabeza, no los más balmacedistas sino los más aristócratas, muchos de ellos solo habían tenido simpatías desmayadas por el egregio republicano y aún algunos de ellos que en momentos difíciles le habían vuelto la espalda ahora corrían a cobijarse bajo su ilustre sombra. Este partido, que en un principio penetró hasta el corazón del pueblo, porque nuestra gente de trabajo tiene un verdadero culto, por Balmaceda, ha ido perdiendo el efecto general a medida que ha ido echando al olvido, y hasta escarnecido, los principios que consagró con su sangre el mártir del 91. Ni el respeto por la Constitución que establece el derecho del Presidente de la República para elegir libremente a sus ministros, ni los anhelos de dar al pueblo felicidad, proporcionándole trabajo e instrucción, ni la aspiración de devolver al país una moneda honrada, ni las reformas liberales, nada, nada conserva del que llama su fundador, ese partido mercantil y logrero que ha timado con el nombre de liberal-democrático"[29].

4. El Partido Nacional

El Partido Nacional agrupa a grandes comerciantes, banqueros e industriales enriquecidos. En la Tercera Convención, efectuada el año del Centenario, afirman como aspiraciones la definitiva consolidación del orden público, el establecimiento de un régimen político regular, la paz social, fundada en el fiel cumplimiento de las leyes y en el respeto de todas las creencias. Se daban, por tanto, las bases para que, pese a sus diferencias con los conservadores, unieran sus esfuerzos en el común propósito de conservar el orden público que tantas vidas significó para los trabajadores.

En esta Convención se escucha la curiosa fórmula: "No existe la cuestión social; pero tenemos problemas sociales" [30]. No hay protestas de los explotados sino abandono de los dirigentes por levantar el nivel moral y mejorar la vida material de los de abajo. "No es precisamente la cuestión social, sino el cuidado social lo que debe preocuparnos", sostiene el mismo convencional.

Otro convencional piensa que el Estado no puede ni debe tampoco contemplar con indiferencia los lock-out y las huelgas, ambos son por su naturaleza compleja de "peligrosas proyecciones sociales y tienden casi siempre a convertirse en un ataque contra las personas y las propiedades y a alterar, en consecuencia, el orden público, de modo que hay un interés general en prohibirlos o reglamentarlos en beneficio de la conservación de la paz y el orden del Estado y de los intereses de los mismos patrones y obreros" [31]. Estima además que "en la huelga se observa que la hostilidad va, no sólo contra el capital, sino que alcanza aún contra la libertad de trabajo... a veces la huelga es encendida y atizada, no por iniciativa de los obreros, sino de sus comités directivos de sus asociaciones que buscan en ella fines perturbadores del orden público, por sí solo incapaces de defender los intereses de las clases trabajadoras" ". Pide, por consiguiente, una ley que prohíba las huelgas, una ley que prevenga la repetición de conflictos o, en su defecto, tribunales arbitrales obligatorios que diriman los conflictos entre el capital y el trabajo. Obvio es entonces la actitud que asumirán en la vida política práctica frente a la cuestión social. Las declaraciones programáticas sobre legislación social dormirán años, hasta que el Partido Nacional desaparezca como organización independiente, pero la legislación tendiente a cercenar los derechos de los trabajadores -derecho a la huelga, libre asociación, libertad de prensa y de opinión, etc.- serán prontamente aprobadas con el concurso de los nacionales.

6. El Partido Radical

El Partido Radical aparece como intérprete de los industriales mineros y las capas medidas de la población. Con posterioridad se incorporan a su seno los nuevos terratenientes de la frontera al sur que tendrán decisiva influencia en la marcha de este partido.

En sus orígenes no tenía un programa definido: luchaba contra el autoritarismo pelucón, por el estado docente y laico y la enseñanza de tipo científico, pero carecía de un pensamiento común para examinar el problema económico.

En 1888, desde el 19 al 24 de noviembre, se efectuó su primera convención. Sesenta y cinco delegados departamentales concurrieron a la Convención presidida por el patriarca Manuel Antonio Matta. Un año antes se había fundado el Partido Demócrata, cuyo programa hacía referencias a la cuestión social. El Partido Radical no aprende la lección y, a pesar que había nacido como avanzada extremista del Partido Liberal y se retrataba como audaz innovador en los clásicos moldes políticos chilenos, sólo en un artículo, casi al final del programa, dirá que es preocupación suya "el mejoramiento de la condición de los proletarios y obreros" [33] .

Los principios individualistas orientarán al radicalismo por casi dos decenios. En 1899, Mac Iver sostendrá enfáticamente que la filosofía de los radicales emana de los principios de Adam Smith. Pasarán pocos años y una afirmación de Mac Iver despertará hondo revuelo: "La cuestión social no existe. Los obreros del salitre ganan los sueldos más altos del mundo. Son los campesinos y las capas medias de la población quienes realmente se ven abocadas a una difícil situación. Los obreros no tienen ideas, sino necesidades", termina diciendo Mac Iver. Es fácil imaginar la polémica nacida en todos los sectores ante tan insólitas declaraciones. Los partidos tradicionales se aprovecharon de ella y la utilizaron para influenciar en las demás colectividades políticas a los personeros un tanto levantiscos que reclamaban por la solución de los problemas de los trabajadores. La prensa obrera por su parte lo fustigó sin piedad. "Terrible ha sido la tempestad que se ha desencadenado en el país entre las colectividades obreras leemos en un periódico de Taltal- contra el discurso del Jefe del Partido Radical, don Enrique Mac-lver, que pronunció en una sesión central de su partido referente al problema social que actualmente se desarrolla en Chile. Toda la prensa obrera y democrática ha protestado de las palabras vertidas por el senador radical contra el elemento obrero del país y por la inexactitud que tales palabras contienen al referirse al problema social" [34].

En Iquique el periódico "El Defensor de la Clase Proletaria" comenta: "En una conocida conferencia, Mac Iver expone que la cuestión social no existe, que los obreros de Tarapacá por ejemplo, ganan los más altos salarios; que es en la clase media donde figuran 'los verdaderos mártires de la sociedad que se consideran felices con un sueldo de $ 50,00 mensuales con los cuales pasan una vida de verdaderas privaciones internas'. En cuanto a los campesinos los peones constituyen una verdadera raza de ilotas, una masa ignorante que está perdida y que no contribuyen en nada al progreso del país, andando el tiempo puede esa gente levantarse para ejercer reivindicaciones como se dice en el lenguaje socialista' ". El articulista critica tales afirmaciones. Niega la existencia de grandes salarios entre los obreros: "¿Ignora Mac Iver. ignora alguien en Chile la manera cómo los salarios son reducidos a la más insignificante realidad? ¿No sabe Mac Iver, como lo sabe todo el mundo, que las fichas, las multas, los precios de las mercaderías y muchas otras enormidades convierten esos salarios en una ración de hambre que ninguna necesidad satisface?". Y más adelante agrega: "¿No existe la cuestión social donde junto al palacio de la opulencia se exhibe la pocilga que se llama conventillo en que mueren a destajo los pobres que en su miseria están obligados a habitarlos?... ¿No existe la cuestión social donde mientras vagan por las calles millares de obreros sin trabajo, unos cuantos oligarcas monopolizan la explotación industrial en los establecimientos penales arruinando capitales, amortiguando iniciativas, matando energías?... ¿No existe la cuestión social donde se explota el esfuerzo de la mujer trabajadora hasta obligarla a buscar el prostíbulo para mejor subvenir sus necesidades? ¿No existe la cuestión social donde el pueblo que pide justicia se te amordaza, se le sablea, se le encarcela y se le mata? ¿No existe en fin la cuestión social, donde hay un Partido Radical cuyo jefe clama por la división de las clases, estableciendo que solo las gentes ilustradas deben ingresar a su seno?... Y el hambre que niega la existencia de la cuestión social refiriéndose solo a los obreros, escoge frases almibaradas para establecer que ella apenas existe respecto a los campesinos y los empleados de cierto orden, de quienes pretende que se olviden los que trabajan por el mejoramiento del proletariado. ¡Cómo si en nuestra constante lucha en tal sentido, hubiésemos dicho alguna vez que únicamente el proletariado está compuesto por el obrero, cuando sabemos que el proletariado del trabajo intelectual siente las mismas necesidades y sufre las mismas crueldades que le impone la burguesía" [35].

El conflicto no tardó en llegar a la base misma del Partido Radical. Los juicios de Mac Iver reflejaban las concepciones de los sectores pudientes de ese partido: la pequeña burguesía industrial, los mineros enriquecidos en el norte y los latifundistas del sur. Pero en ese mismo partido existía un fuerte sector de empleados particulares y públicos, pequeños profesionales e intelectuales en vivo contacto con las ideas europeas; para todas estas capas la existencia de la cuestión social era una realidad innegable. Valentín Letelier, estudioso, profesor universitario, sociólogo de su tiempo, expresará los puntos de vista de este último sector. Nace así una discusión que conmueve al Partido Radical.

En la Convención de 1906 triunfa la corriente de Valentín Letelier. Según algunos autores habría sido el triunfo de la corriente socialista. Nada más erróneo. Se había acordado "que es deber moral, obligación social y obra de previsión política no abandonar en la lucha por la vida a los desvalidos y especialmente a los pobres que viven del trabajo diario; y que en consecuencia, se deben dictar aquellas leyes y crear aquellas instituciones que sean necesarias para mejorar su condición y para ponerlas hasta donde se pueda, sin daño del derecho en pie de igualdad con las otras clases sociales", además se pedía el mejoramiento de la habitación de los pobres, implantación de Cajas de Ahorro, legislación sobre contrato de trabajo, prohibición del trabajo para impúberes y reglamentación del de mujeres y adolescentes, legislación sobre accidentes de trabajo, fomento de escuela de talleres, instalación por el Estado de Caja de Invalidez, escuelas nocturnas, creación de Instituto de Trabajo, creación de escuelas para proletarios con auxilio de material a los alumnos. En síntesis, todas las medidas -de extrema conveniencia- remediaban la ausencia de legislación social, protegían a los asalariados. No se iba más lejos. La crítica iba dirigida a los efectos del sistema capitalista, pero no atacaba la esencia misma de él. El respeto a la propiedad privada -base fundamental del capitalismo- continúa siendo para los radicales, un principio básico.

Las líneas programáticas acordadas en 1906 dominarán |a vida del Partido Radical durante todo el período parlamentario. Por ejemplo, la Quinta Convención, realizada en 1919. reafirma ampliamente los planteamientos conocidos en 1906. "Considera que la armonía social solo puede fundarse en la libertad de conciencia, en la igualdad de derechos y en la reglamentación de las relaciones entre los factores que concurren a la producción de la riqueza (patrón, intermediario y obrero)" [36].

Las ideas de armonía social presiden el pensamiento de los radicales, ideas resultantes del compromiso entre los dos sectores que internamente tratan de dirigir la vida de su partido. En el programa se admitirán aspiraciones de amplios sectores populares, que lo definirán como partido avanzado. En el poder la situación cambia para los hombres de partido, Armando Quezada Acharan -por ejemplo-, olvidará sus afanes populistas y aplicará el rigor implacable de la ley a quienes califique de "subversivos" y contrarios al orden constitucional. La inconsecuencia de la pequeña burguesía, jacobina en las asambleas, ultraizquierdista en la oposición, vacilante y conciliadora en el fragor de la lucha, arribista, arbitraria en el poder son características que, más de una vez, se expresaran en el Partido Radical.

6. El Partido Demócrata

El Partido Demócrata es quien organiza las primeras manifestaciones y campañas populares. Los mítines realizados nacionalmente contra el impuesto que gravaba al ganado argentino y en favor de la protección a la industria nacional, fueron impulsados por los demócratas. El Congreso Social Obrero, actuando bajo su inspiración realizó intensa propaganda y organizó la lucha por los derechos de los trabajadores. Son diputados demócratas quienes, por primera vez, en el Parlamento denuncian los abusos cometidos por los capitalistas. Fundan numerosos periódicos en el país. En 1906, Recabarren anota los siguientes periódicos demócratas: Iquique: "El Pueblo", bisemanal, "La Democracia", semanario; Antofagasta: "La Vanguardia", diario; Taltal: "La Voz del Obrero", diario; Santiago: "La Reforma", diario; Talcahuano: "La Justicia", bisemanal; Nueva Imperial: "Democracia", semanario; Chillan: "La Discusión", diario; San Javier: "La Estrella", semanario. [37]

El año 1906 marca el año de mayor influencia de este partido. Logra obtener en las elecciones seis representantes ante la Cámara de Diputados: Antofagasta, Valparaíso, Concepción, Malleco, Cautín y Valdivia; el Congreso Nacional anulará las de Antofagasta, Malleco y Cautín. Parecía que el Partido Demócrata iba a encarnar definitivamente las aspiraciones de renovación de las masas populares. Los ideales socialistas eran ya conocidos en el partido; en la Convención efectuada en Temuco el 20 de noviembre se había acordado: "1º Con el voto en contra del señor Salinas, delegado por Valparaíso, estimar que no sería prudente cambiar el nombre de Demócrata por el de Socialista. 2º Por unanimidad de los miembros de la comisión someter a consideración de la Convención, para que a su vez proceda conforme a lo determinado en el artículo 24, inciso 1º del Reglamento Central, el siguiente agregado al artículo 1º del Programa del Partido: De acuerdo a estas ideas, el Partido sostiene y hace suyo todos los principios que persigue el Socialismo Universal para mejorar la condición de las clases trabajadoras'" [38].

El progreso experimentado por el partido descansaba en éxitos muy precarios: la base artesanal de un sector influyente demócrata, la demagogia de muchos de sus dirigentes y la adhesión sin principios a combinaciones electorales explicarán, en parte, su posterior descenso.

Con motivo de las elecciones a la Presidencia de la República, el Partido Demócrata se dividió en dos corrientes en 1906. Una dirigida por Malaquías Concha y Román Leiva se adhiere a la candidatura de Lazcano. Otra dirigida por Recabarren y Veas proclama a Zenón Torrealba, obrero hojalatero . La corriente encabezada por Recabarren adopta el nombre de Demócrata Doctrinaria y perdura hasta 1908, fecha en que vuelve a unirse con el sector de Malaquías Concha. Por esos años era visible el alejamiento experimentado por los demócratas respecto de la clase obrera; el caudillaje y las pequeñas ambiciones habían desplazado las ricas inquietudes que habían dado origen al Partido.

Más tarde, en 1916, el Partido Demócrata hará un esfuerzo por recuperar su antiguo carácter popular. En la Convención de ese año en Talcahuano, modificará sustancialmente el Programa e incorporará aspiraciones propias de los partidos socialistas. Pero es inútil. La clase obrera había formado su propio partido, el Obrero Socialista, y comprenderá claramente que la nueva postura de los demócratas tiende sólo a detener el éxodo de sus militantes. Un periódico demócrata disipaba toda duda al sostener que los planteamientos socialistas se hacían "a fin de quitar todo pretexto a los que se hacen llamar socialistas para separársenos y fundar nuevas agrupaciones obreras que debiliten las filas del proletariado y retarden su emancipación" [40].

C. EL SOCIALISMO EN CHILE

1. Antecedentes

A fines del siglo pasado varios movimientos socialistas surgen en el país. El desarrollo experimentado por el proletariado chileno, la radicación de obreros extranjeros que asimilaron el espíritu revolucionario europeo, los obreros chilenos que en el exterior conocieron las nuevas ideas, los periódicos y folletos europeos y americanos de propaganda que llegan al país, son algunos de los antecedentes -según Hernán Ramírez- que explican el vuelo adquirido, en el último decenio, del siglo XIX, por las ideas socialistas en Chile.

Las primeras manifestaciones socialistas son conocidas en el Partido Demócrata. Muchos de sus militantes -Luis Peña y Lara y Agustín J. Leiva, por ejemplo- aspiran a transformar el Partido Democrático en una organización de tipo socialista. Tiene especial interés el artículo de A.B.L. aparecido en el periódico "El Pueblo" el 12 de agosto de 189341 que hace referencia a Marx y expone acertadamente los antecedentes favorables al futuro del socialismo.

Pronto, desengañados del Partido Demócrata, los socialistas tratan de fundar un partido nuevo. En 1891 el Partido Proteccionista [42] pretende encausar a la clase obrera; durará muy pocos años debido a la desintegración de sus escasos militantes, algunos fieles a las ideas, en 1899, organizaran el Partido Proteccionista Obrero que tratará, en vano, revivir los antiguos propósitos.

Mayor importancia, por su claridad ideológica, tuvo el Centro Social Obrero que difunde los principios socialistas a partir de 1896; pronto entra en contacto con la Agrupación Fraternal Obrera y dan origen a la Unión Socialista; en el periódico editado afirmarán que 'la lucha de clases, desconocida hasta ayer en Chile, se empeñará desde hoy, frente a frente proletarios y burgueses, artistas y profanos, reformadores y reaccionarios, victimas y verdugos" [43]. El Programa de la Unión Socialista en su primer artículo dirá que "tiene por objeto implantar el socialismo en Chile". Propaganda, charlas, divulgación de la nueva ideología son las principales actividades de la Unión Socialista; relaciones con socialistas argentinos, organización de grupos en Valparaíso y otros puntos del país fueron también preocupación de sus dirigentes. Los ataques reaccionarios no desalientan a sus fundadores y el 8 de diciembre de 1897 fundan el Partido Socialista, continuador de la Unión Socialista; José Gregorio Olivares, Francisco Garfias, Eduardo Wolleter, Adolfo Peralta, Alejandro Bustamante y Ricardo Guerrero aparecen entre sus principales organizadores. Pese a que los miembros del Partido Socialista decían suscribir la ideología socialista, no existía en ellos una común concepción, muchos estaban influidos por los anarquistas, otros participaban de las ideas de Saint-Simon y los utopistas, unos pocos hablaban del socialismo científico. Fácil es comprender su futura disgregación. Algunos han de fundar el Partido Obrero Socialista Francisco Bilbao, después recuperará el nombre de Partido Socialista y que trata de mantenerse fiel al socialismo científico.

En otros puntos del territorio se harán serios intentos por formar un partido a la clase obrera. Punta Arenas conoce en 1897 la Unión Obrera que en 1898 se transforma en Partido Socialista; Valparaíso en 1901 sabe del Partido Demócrata-Socialista, de orientación marxista; Iquique ve en esos años esfuerzos similares.

Todos los propósitos de organizar el Partido Socialista tienen, a principios de siglo escasa suerte. La mezcla abigarrada de ideas marxistas, anarquistas y utópicas confunde y oscurece las perspectivas de los jóvenes audaces fundadores de los nuevos partidos. No era menor el obstáculo presentado por la existencia de un fuerte Partido Demócrata, aparente partido de avanzada y de poderosa influencia en un sector importante del proletariado nacional.

2. El Partido Demócrata y el Socialismo

La necesidad de un Partido Socialista era sentida por todos los obreros. Por largo tiempo continuarán creyendo en la posibilidad de transformar el Partido Demócrata. Hemos visto, en párrafos anteriores, como en 1904 hubo proposiciones para cambiar el nombre de este Partido por el de socialista. Paulatinamente la esperanza depositada en los demócratas se irá desvaneciendo. Recabarren jugará un papel de primer orden en destruir las ilusiones cifradas en el Partido Demócrata.

Luis Emilio Recabarren en 1906 ataca sin vacilar los planteamientos oficiales hechos por la directiva de su partido al ofrecer el apoyo a la candidatura de Lazcano. Sostiene que ella nada significa para la clase obrera. Divide el partido. Luego, perseguido por la policía, visita Argentina y Europa; el intercambio de ideas con los socialistas de esos países contribuye a fortalecer en él la convicción de crear un nuevo partido. De España traerá una edición de "El Capital" de Marx, traducción de Iglesias, que conservará como el bien más preciado. En su viaje comprobó -y así lo manifiesta en sus numerosos artículos- el profundo contraste existente entre los partidos socialistas -fuertes, bólidos, unidos por una común ideología y de severa moral para sus integrantes- y el Partido Demócrata chileno carente de ideología, dirigido por políticos inescrupulosos, de moral sinuosa. Durante su ausencia, Abdon Díaz, prestigioso líder obrero de Iquique, había pretendido organizar el Partido Obrero con escasa suerte. Las condiciones para fundar un Partido Socialista eran, pese a esto, muy propicias. La prensa obrera, en numerosos artículos, reclamaba por su existencia. Recabarren actúa todavía en el Partido Demócrata, en un audaz intento, apoyándose en los elementos más avanzados, de provocar un cambio en la orientación y estructura de ese partido. A principios de 1911, a pedido de un grupo de personas que pretenden implantar el socialismo en Chile, Recabarren solicita autorización al directorio de su partido para hacer una gira por el país. El directorio no accede a la petición y lo acusa de divisionista [44]. Al día siguiente, 31 de enero de 1911, treinta disidentes acusan a su partido de no tener ideas políticas claras [45]. Recabarren parte al norte. En Iquique funda el periódico "El Despertar de los Trabajadores". En artículos, comentarios, respuestas a consultas y correspondencia aparecida en el periódico se clarifica "poco a poco lo que significaría para los trabajadores la existencia de un partido propio, sin compromisos con otros grupos o intereses".

3. El Partido Obrero Socialista

a) Fundación

El 3 de junio de 1911, el Partido Demócrata de Iquique se reúne, bajo la dirección de Recabarren y se acuerda adoptar el nombre de socialista "porque la doctrina socialista -dicen en una declaración pública" más completa que la demócrata, realizará de verdad la redención de los oprimidos. La doctrina demócrata significa sólo hacer el gobierno de una nación en conformidad a las ideas políticas de la mayoría de los ciudadanos. La doctrina socialista significa perfeccionamiento de las costumbres políticas y la modificación de las costumbres económicas en forma que dé a todos los medios de vivir dichosos" [46]. Dos días después se celebra la primera reunión del nuevo partido y se discute la denominación. Unos querían se llamara Partido Obrero Socialista, otros querían llamarlo Socialista a secas; triunfó el primer sector. Simultáneamente, un día antes, el 3 en Punta Arenas se fundaba el Partido en esa ciudad; en agosto de ese mismo año, los socialistas del sur enviaban una carta dirigiéndose al organismo creado por Recabarren. En noviembre una filial era fundada en Antofagasta. En Santiago por la misma fecha surgía otra. El Partido Obrero Socialista era una realidad en el país.

La fundación del Partido Obrero Socialista significó una serie de ataques y críticas a sus principales dirigentes, casi todos antiguos demócratas. Recabarren a esas críticas contesta: "Yo ingresé al Partido en febrero de 1894 atraído por la propaganda que se hacia diciéndose que se trataba de un partido que buscaba el mejoramiento de la clase obrera y que por esa razón todos los trabajadores debían prestarle su concurso.

Yo creí que era un partido obrero y por eso ingresé al lado de muchos otros obreros a robustecer a ese ejército que se llamaba Partido Demócrata... ¿Qué he hecho en el Partido Demócrata durante tantos años?

Queda contestado: constante acción, óiganlo bien, constante acción regeneradora, para llevar la marcha del partido, que yo creía propio de los trabajadores, por el camino de los verdaderos triunfos del pueblo...

No puedo seguir al lado de traidores e incapaces.

En todos los pueblos de Chile se conoce mi acción constante y a ellos les toca juzgar...

Si estando en el Partido juré ser fiel a la doctrina de la democracia y a la causa del pueblo yo no he violado mi juramento porque continuó defendiendo la doctrina y esa misma causa" [47].

Muy poco tiempo después explica con más profundidad las diferencias sustanciales que lo alejaron del Partido Demócrata. "La Democracia es solamente una doctrina que aspira al perfeccionamiento de las costumbres políticas de los pueblos y que establece igualdad de medios para los que puedan alcanzar mayores progresos.

El Socialismo es una doctrina enteramente diferente. El socialismo es la transformación de la organización social con la abolición de la propiedad privada y de las fuerzas que la mantienen, porque es de la única manera que las multitudes dejarán de ser explotadas y esquilmadas con la tiranía del salario en la forma presente.

La Democracia no resuelve los problemas obreros y sociales.

El Socialismo sí que los resuelve" [48]

Respecto a los anarquistas dice:

"Nosotros los socialistas tampoco juzgamos bueno el actual régimen, trabajamos como los anarquistas por la transformación. Los anarquistas emplean métodos distintos a los nuestros, aunque en lo tocante a la transformación estamos de acuerdo.

Ellos son antipolíticos por convicción, mientras nosotros hacemos política" [49].

Los principios socialistas serán más ampliamente explicados en un folleto en 1913 (4). Recabarren entre los medios para llegar al pueblo destacará la educación doctrinaria "y moral del pueblo por medio del libro, del folleto, del periódico, del diario, de la tribuna, de la conferencia, del teatro, del arte; la organización de toda clase de asociaciones que concurran al mismo fin; de la acción política para la conquista de los poderes públicos; de la acción gremial para la lucha de clases; de la organización cooperativa para ir monopolizando los actuales negocios del mundo, hasta que el poder de la cooperativa sea una verdadera fuerza de socialización de todos los medios de producción y cambio" [50].

En la misma medida que el Partido Obrero Socialista se fortalece, los ataques a Recabarren arrecian. No se descarta ninguna arma en las críticas dirigidas al fundador del Partido Obrero Socialista (5). Los ataques van desde la defensa del reformismo hasta la vida privada de Recabarren. Este sigue su obra y el 1º de mayo de 1915 preside en Valparaíso el Primer Congreso Nacional del Partido Obrero Socialista. Hasta entonces las secciones que habían surgido en el país mantenían contacto a través de Recabarren; a partir de esta fecha se darán una Directiva Nacional, Programas y Estatutos.

b) Programas y Estatutos

El Programa del Partido Obrero Socialista reconocía que la "sociedad presente es injusta desde el momento en que está dividida en dos clases", una poseedora de todos los medios de producción y otra poseedora solo de "su fuerza muscular y cerebral". El salario recibido por los obreros, prosigue, corresponde a una ínfima parte del producto total del trabajo y sus variaciones son origina das por las necesidades de la industria y la afluencia de productores. La desigualdad existente "no proviene de ningún efecto natural, sino del acaparamiento violento llevado a efecto por la clase capitalista"; los capitalistas defienden su privilegio con el saber que les dan las riquezas y el poder del Estado. En la sociedad hay una lucha de clases entre explotadores y explotados, los socialistas toman parte en ella y exigen que desaparezca el antagonismo de clases entre capitalistas y trabajadores. En Chile el problema social es agudo debido a una "oligarquía sin entrañas que se adjudica la instrucción, la fortuna y el poder a los cuales se sienten predestinadas un reducido número de familias". "Dada esta situación, las agrupaciones socialistas de Chile constituyen en el país el Partido Obrero Socialista, y llaman al pueblo trabajador a alistarse en sus filas de partido de clase para suprimir las diferencias de condición, convertir a todos los hombres en una sola clase, de trabajadores inteligentes, iguales y libres, y para implantar un régimen en que la producción sea un factor común y común también el goce de los productos: esto es, la transformación de la propiedad individual, en propiedad colectiva común. El Partido Obrero Socialista se declara libre de todo dogma, por lo tanto laico, y aspira a que sea el país también laico. Por tanto: realizaremos una lucha política como un medio para quitar a la burguesía el poder político, a fin de que cese ser instrumento de dominación; realizaremos obra de saneamiento político, llevando a las diputaciones representantes de nuestra clase que impongan nuestro programa; invadiremos las municipalidades para hacer obra de higienización en las poblaciones, abolir los impuestos a los artículos de necesidad para la vida, y haciendo que los servicios de utilidad general estén en manos de las mismas municipalidades y no sirvan como objeto de lucro de particulares. Crearemos fábricas y almacenes cooperativa de orden general para evitar la carestía que los comerciantes particulares tratarán de imponer. Organizaremos a todos los trabajadores de todos los gremios y oficios en federaciones de resistencia con caja de fondos dedicados esencialmente al sostén de las luchas entre el capital y el trabajo. Todos estos actos se realizaren ciñéndose al programa, que servirá para que, dando mayor facilidad para instruirse y regenerarse, dándoles mayor libertad, más comodidad, mejor alimento, más salud, en fin, vida más humana, transformen su medio de vida y se capaciten para lograr el fin de nuestras aspiraciones, de hacer la más perfecta igualdad social y económica entre los seres humanos".

Sorprende y enorgullece ver la madurez alcanzada por el proletariado chilenos en aquellos años, las consideraciones hechas son, en general, de tanta justicia que hoy día pueden suscribirse casi en su totalidad. Si consideramos que la totalidad de los integrantes en el Primer Congreso del Partido Obrero Socialista, eran obreros, simples trabajadores de la pampa, del carbón, de los puertos o de la helada Patagonia, el mérito resalta todavía mucho más.

Los Estatutos estructuran al Partido Obrero Socialista a base de Asambleas o agrupaciones seccionales que se formaban a base de un mínimo de siete personas. Cada agrupación seccional tiene su administración propia y decide sobre sus asuntos internos; las secciones eligen un delegado al Consejo Federal que existe en cada región donde sea necesario y tienen a su cargo la dirección general de la educación y velan por la uniformidad de la propaganda. Un Consejo Nacional armoniza la propaganda y la acción en el país. Los Congresos Nacionales eran la máxima autoridad.

c) Posición ante la guerra y tradición internacionalista

En 1914 la guerra europea conmovió a todo el mundo. En Chile las repercusiones en el campo económico fueron apreciables. El salitre sufrió altibajos derivados del desarrollo del conflicto. En 1913 se habían exportado 2.738.339 toneladas métricas de salitre, en 1914 baja a 1.846.783 toneladas métricas; el año 1919 registra la más baja cifra de exportación de salitre desde 1892, la cifra registrada era de 915.239 toneladas métricas. A la par de las fluctuaciones experimentadas en el mercado salitrero corre el desplazamiento experimentado por este producto por el salitre sintético.

La crisis salitrera tuvo eco doloroso en los asalariados. Docenas de miles quedarán sin trabajo y marcharán al sur sin esperanzas de ocupación. La miseria se agudizará. El Gobierno chileno encuentra en el cercenamiento de sueldos de los empleados públicos la única manera de salvar la crisis. Los partidos políticos continúan preocupados de las crisis ministeriales. Nadie propone medidas efectivas para salvar la crisis chilena. Recabarren, en cambio, se distingue por su visión novedosa y acertada acerca de las consecuencias de la guerra en el plano mundial.

"A la guerra -dice Recabarren en 1914- debe seguir la revolución sin contemplaciones y sin timideces. El proletariado debe tomar a su cargo la dirección de tos destinos de los pueblos.

La burguesía capitalista ha fracasado, ha probado su absoluta incapacidad y los pueblos no debemos permitir continuar gobernados bajo el imperio de los brutos...

Tan inmenso debemos considerar el crimen presente, que debemos predisponernos a trabajar para que termine la era del dominio de la burguesía.

Los trabajadores todos y sus familias que han soportado el martirio de esta guerra, deben preocuparse de trabajar por fomentar el espíritu de organización hasta constituir un poder inexpugnable capaz de impedir los salvajismos de los reyes y emperadores.

La llamada civilización y cultura burguesa han fracasado, han naufragado miserablemente.

Debe surgir ahora triunfante la cultura, la civilización socialista que debe imponer el desarme absoluto de las naciones como primera medida para evitar el porvenir de nuevas guerras.

Solo el socialismo puede imponer la paz al mundo y estamos seguros que tras esta guerra los pueblos acompañarán al socialismo en sus ideas de paz y amor" [51].

La posición de repudio a la guerra fue compartida por el Partido Obrero Socialista, hecho que refleja la solidez de convicciones socialistas en la clase obrera.

El internacionalismo proletario es, en verdad, una característica permanente de la clase obrera. Causa verdadero asombro saber, por ejemplo, la solidaridad gestada en 1905 durante la primera revolución rusa. Fue una actitud uniforme en el país y no el grito aislado de Recabarren en el Salitre. En Valparaíso, el periódico local "La Voz del Pueblo", a principio de 1905 inició una campaña destinada a abrir una suscripción en favor de los revolucionarios rusos, idea que es aplaudida por los pampinos" . En el resto de la prensa obrera se escriben numerosos artículos que elogian a los revolucionarios rusos de esa época (6). El desarrollo de los acontecimientos fue seguido con vivo interés. La Asamblea Demócrata de Tocopilla, presidida por Recabarren acuerda manifestar sus simpatías por los revolucionarios (7). Ese mismo año, el 28 de agosto, la Mancomunal de Tocopilla, entre otras, propicia una Conferencia Pública donde el tema de fondo es la revolución rusa.

Más tarde, en 1909, otra campaña solidaria moviliza a todos los obreros, esta vez con el apoyo de sectores intelectuales y de otras capas sociales. Desfiles populares se hacen en Santiago pidiendo la libertad de Francisco Ferrer, anarquista español acusado de intentar asesinar al rey Alfonso. En la capital de Chile, el Club Radical izó su bandera a media asta al saberse el fusilamiento de Ferrer y en un mitin de protesta se unen las voces de la abnegada luchadora obrera Carmela Jeria y la de los diputados radicales Armando Quezada Larraín y Fidel Muñoz Rodríguez. En los diarios aparecen artículos y editoriales condenando el crimen cometido.[54]

En 1912, con motivo del triunfo de la revolución china encabezado por Sun Yat Sen, nuevos editoriales elogian el paso dado por el pueblo chino. [55]

Educados en esta escuela de internacionalismo obrero, fácilmente se comprende la actitud asumida por el Partido Obrero Socialista y Recabarren al estallar la Revolución Rusa. En 1917, en los primeros meses Recabarren escribe:

"Lleva apenas poco más de un mes el régimen maximalista (sic) y podemos decir que ha avanzado más de un siglo en tan corto tiempo... El sueño, la utopía de esos locos llamados socialistas, pasa a ser no solo una realización, sino que la fuente de todo progreso y felicidad humana. Es el programa de la verdadera revolución, que ninguna democracia pretendió ensayar jamás".[56]

Un periódico obrero dirá por esos mismos días:

"Rusia revolucionaria, librando al mundo de la guerra es el más poderoso baluarte de la verdadera democracia, de la democracia del pueblo honrado y trabajador".[57]

d) Apreciación general

Por este camino, de luchas por el socialismo y haciendo suyas las mejores tradiciones revolucionarias del pueblo chileno, el Partido Obrero Socialista se desarrolló y llegó a ser una organización poderosa, por que interpretaba fielmente las esperanzas de los trabajadores. Nació entre la clase obrera y nunca nadie pudo romper los sólidos lazos que los unían a quienes le dieron la vida.

Serias fallas, sin embargo, entorpecían su crecimiento. Débil ideológicamente, confiaba en exceso en las posibilidades del cooperativismo; un estrecho sectarismo confunde su acción y no distingue las diferencias existentes entre una organización sindical -la FOCH- y un partido de los trabajadores, muchas veces intenta hacer del organismo gremial un simple aparato partidario; su tipo de organización, por último, a base de asambleas, no era el más adecuado a un partido revolucionario, la educación de todos sus miembros no era factible y las mínimas seguridades para sus militantes no podía asegurarse. Pese a lo anotado, el Partido Obrero Socialista al organizar a los trabajadores del país bajo la ideología socialista, al desplazar a los anarquistas en el campo político y gremial y al derrotar las concepciones reformistas en la Federación Obrera de Chile, incorpora a la historia -con una sólida confianza en su destino- a la clase obrera y trabajadores del país. En lo sucesivo no podrá prescindir, en ningún campo de la actividad nacional, de la clase que en sí encierra el porvenir del país: la clase obrera.

4. Luis Emilio Recabarren

Las injusticias sociales, la miseria de las masas, la riqueza acumulada en unos pocos y los abusos del poder hirieron la sensibilidad de muchos hombres que intentaron descubrir sus causas.

Es conocida la experiencia tolstoyana en las admirables páginas de Santiván. Hay también la valiosa y humana experiencia de Alejandro Venegas del que, si bien terminara sus días decepcionado y lleno de amargura, no pueden desconocerse los nobles propósitos de conocer a su pueblo y transmitir sus anhelos y esperanzas. Sobresalen, bajo estos relieves, los nombres de distintos líderes obreros - Hipólito Zuleta, Abdón Díaz, Gregorio Trincado, Escobar y Carvallo- que por diferentes senderos trataron de organizar la acción del proletariado. Pero, pese a los méritos de los anotados, es Recabarren la principal figura de todo el movimiento obrero chileno. No se puede abordar el estudio de la época parlamentaria -que coincide con la aparición de la cuestión social- sin analizar, aunque sea brevemente, el aporte de Luis Emilio Recabarren a las luchas sociales.

Atacado en vida en todos los tonos, hoy se trata de hacer de Recabarren un apóstol un tanto soñador y utópico o un líder de visión y clarividencia ejemplar. Nada más erróneo. El desarrollo del pensamiento de Recabarren es la historia del movimiento obrero chileno, con sus triunfos y caídas, con sus aciertos y sus errores. El gran mérito de Recabarren radica en su constante evolución ideológica plasmada en la confrontación de su pensamiento con la realidad. Las experiencias de la clase obrera, nacional e internacionalmente, son rápidamente asimiladas por él, hecho que contribuye a pulir sus armas ideológicas y acercarlo -cada día más- a una concepción científica de la sociedad. En un comienzo es fácil advertir en sus escritos concepciones anarquistas y socialistas utópicas. Asimismo en su obra "La Materia Eterna e Inteligente"

-esbozo de explicación materialista del mundo y cuyo título es de por sí un acierto- no puede en ningún instante, tomarse como modelo de una visión científica. Tampoco podría haberlo sido. La clase obrera, sus dirigentes por consiguiente, no estaba lo suficientemente madura para asimilar a principios de siglo la ideología del socialismo científico. Innecesario nos parece insistir en las ilusiones de Recabarren sobre el Partido Demócrata y de la confusión tenidas sobre los papeles que debían asumir los sindicatos y los partidos políticos. Obvio es entonces discriminar acerca de la herencia de Recabarren, sin que esto signifique menospreciar o subestimar su figura.

Muy grande es el legado de Recabarren. La tradición internacionalista que imprime al movimiento obrero, junto con otros dirigentes; su posición pacifista; el papel que le asigna a la prensa obrera; su concepción unitaria del movimiento obrero; su confianza ilimitada de la clase obrera; su lucha incansable para hacer del partido que fundara un verdadero partido de masas; su intransigencia con el sectarismo; la sencillez y modestia de su vida, son -entre muchas- las principales virtudes que los obreros, los trabajadores en general, deben a Luis Emilio Recabarren.

Y, por cierto, que es una herencia considerable.

En síntesis, fue el impulso de los obreros, sus luchas, sus organizaciones las que obligaron a los partidos tradicionales a preocuparse y a pronunciarse sobre la cuestión social. Tan pronto el movimiento proletario se hizo amenazante los programas de los partidos políticos tuvieron que acoger las aspiraciones populares. Oportunismo en los más, simpatía por el pueblo en los menos.

Las declaraciones programáticas tomarán realidad años más tarde. El mundo empieza a vivir una nueva época a partir de 1918. En Chile la generación del 20, Alessandri, las capas medias de la población incorporadas activamente a la vida política empezarán a presionar a los cuerpos legislativos y ejecutivo para que dicten leyes sociales. El país podrá preciarse entonces de una avanzada legislación social, pero las bases mismas del régimen no se modifican. Y, a pesar de los triunfos obtenidos por la clase obrera hasta nuestros días, es evidente, sin embargo, que la cuestión social no ha desaparecido.

Referencias Bibliográficas

1. Diputados, Cámara de: Sesión de 23-XI-1897.
2. Senado: Sesión de 9-VIII-1897.
3. Senado Sesión de 11-VIII-1897.
4. Diputados. Cámara de: Sesión de 19-VIII-1914.
5. Partido Conservador: Convención de 1895. Pág. 31.
6. Diputados, Cámara de: Sesión de 3-II-1912.
7. Partido Nacional: Convención de 1910. Pág. 91.
8. Partido Nacional: Id. Pág. 182.
9. Diputados, Cámara de: Sesión de 20-XII-1914.
10. Diputados. Cámara de: Sesión de 3-XII-1913.
11. Partido Conservador: Convención de 1895. Pág. 49.
12. Partido Liberal Democrático: Convención 1896. Pág. 37.
13. Partido Liberal: Convención 1892. Pág. 14.
14. Partido Radical: Programa del Pág. 61-62.
15. Diputados, Cámara de: Sesión de 17-XII-1895.
16. Partido Radical: Convención 1888. Pág. 10.
17. Partido Conservador: Convención de 1895. Pág. 49.
18. Partido Liberal Democrático: Convención. Pág. 96.
19. Partido Nacional: Convención de 1910. Pág. 149.
20. Partido Conservador: Convención de 1895. Pág. 42.
21. Partido Conservador: Id. Pág. 31.
22 .Feliú C., Guillermo: Chile visto a través de Agustín Ross. Pág. 116.
23. Feliú C., Guillermo: Id. Pág. 115.
24. Feliú C., Guillermo: Id. Pág. 116-117.
25. Partido Conservador Su Historia. Pág. 53.
26. Partido Liberal: Convención 1907. Pág. 358.
27. Partido Liberal: Tercera Convención.
28. Silva, Gustavo: El liberalismo político. Pág. 26-27.
29. Valdés Canje Sinceridad. Pág. 49.
30. Partido Nacional: Convención de 1910. Pág. 75.
31. Partido Nacional: Id. Pág. 91.
32. Partido Nacional: Id. Pág. 92.
33. Partido Radical: Programa del. 1888. Pág. 24.
34. "La Voz del Obrero": Taltal. 2-1-1904.
36. "El Defensor de la Clase Proletaria": Iquique. 9-I-1904.
36. Partido Radical: Quinta Convención.
37. "La Voz del Obrero": Taltal 12-II-1906.
38. "La Voz del Obrero": Taltal. 8-XII-1904.
39. "El Proletario": Tocopilla. 9-VI-1904.
40. "La Voz del Obrero" Taltal. 30-XI-1916.
41. Ramírez Necochea, Hernán: "Historia del Movimiento Obrero". Pág. 221.
42. Ramírez Necochea, Hernán: Id Pág. 225.
43. Ramírez Necochea, Hernán: Id. Pág. 229.
44. "La Voz del Obrero": Taltal. 31-I-1911.
45. "La Voz del Obrero": Taltal. 1-II-1911.
46. "El Despertar de los Trabajadores": Iquique. 6-VI 1912.
47. "El Despertar de los Trabajadores": Iquique. 12-IX-1912.
48. "El Despertar de los Trabajadores": Iquique. 19-IX-1912.
49. "El Despertar de los Trabajadores": Iquique. 23-I-1912.
50. Recabarren, Luis Emilio "El socialismo". Pág. 58.
51. "El Despertar de los Trabajadores": Iquique. 30-VIII-1914.
52. "La Voz del Pueblo": Taltal 2-IV-1905.
53. "El Proletario": Tocopilla. 15-VIII-1905.
54. "La Voz del Obrero": Taltal. 15-X-1909.
55. "La Voz del Obrero": Taltal. 4-I-1912.
56. "Adelante": Talcahuano. 5-II-1918.
57. "Adelante": Talcahuano. 2-II-1918.


Notas:

1. "Los sillones parlamentarios pasaron a ser al adorno de los acaudalados y la expresión ostentosa de los elementos plutocráticos". Donoso, Ricardo: "Desarrollo Político y Social de Chile desde la Constitución de 1833". Pág. 104.

2. "Los trabajen que la industria reclama por ahora -leemos- lo ejecutan periódicamente en el Toco, paralizándose por algún tiempo y volviéndose después a emprender, de donde resulta una masa de gente que emigra de las salitreras y se establecen en el puerto en donde no existe campo para tanto operario, quedan estos sin trabajo y, por lo tanto, desocupados y en disposición de cometer cualquier atrocidad por algunos cabecillas revoltosos que nunca faltan entre las masas". "El Tarapacá". Iquique. -VIII-1896.

3. Es interesante conocer la opinión del convencional Carlos Concha sobre las encíclicas papales. Expresaba:

"Por esto cuando León XIII hizo oír su voz desde el Vaticano llamando a los hombres a la concordia y al trabajo a la sombra de la fe, invocando sus inmortales destinos y su común origen; cuando pedía resignación a tos desvalidos, generosidad a los opulentos y tolerancia a los Gobiernos, fue entonces que llegaron a los pies del anciano los testimonios de rendida gratitud de soberanos que sentían vacilar sus coronas en sus sienes, de hombres de Estado que se hallaban en la impotencia de gobernar, de los parlamentos y la prensa de diversos países y distintas religiones, de todos los que representaban algo serio, algo noble, algo digno; porque ya empezaban a verse tos frutos de las funestas teorías, ya eran hombres los niños educados en las escuetas laicas, ya las degeneraciones del socialismo reemplazaban las ideas por el explosivo, el sistema por el crimen, porque a pedazos caían los templos y los teatros, porque el mundo dormía sobra un volcán". Partido Conservador. Convención de 1895. Pág. 29.

4. "Las bases esenciales del socialismo se sostiene en el folleto consisten en la abolición o transformación de lo que actualmente se llama propiedad privada, proponiendo en su reemplazo la constitución de la propiedad colectiva o común.

Se entiende por propiedad privada la posesión y usufructo individual sobre la tierra y sus productos, sobre las herramientas, maquinas y medios ate producción, de cambio y de transporte.

La consecuencia de la propiedad privada es la coexistencia de patrones y obreros y la explotación que hacen los patrones del trabajo de los obreros, Como consecuencia de la existencia de patrones y obreros, existe también el gobierno político de los países con todo su cotejo de opresiones y tiranías.

Se entiende por propiedad colectiva o común, la abolición de la propiedad individual o privada, de manera que la tierra, los edificios, las maquinarias, herramientas y todo cuanto existe producido por el trabajo del hombre sea utilizado por todos y para todos, repartidos en la justa proporción que cada cual necesite según sus gustos.

La transformación de la propiedad privada en colectiva no significa en ningún caso un despojo de los bienes necesarios al individuo en beneficio de la colectividad...

Si el socialismo es la abolición de los imaginarios derechos sobre la propiedad privada, el socialismo se presenta entonces como una doctrina de la más perfecta justicia, de verdadero amor y de progresivo perfeccionamiento individual y moral.

El socialismo es, pues, desde el punto de vista científico una doctrina económica que tiene por objeto aumentar los goces humanos. El socialismo es, pues, desde el punto de vista social, una doctrina de sentimiento, de justicia y moral que tiene por objeto suprimir todas las desgracias ocasionadas por la mala organización de la actual sociedad para que la vida sea vivida en medio de goces perpetuos". Recabarren: "El Socialismo", pág. 3-4-5.

5. "Recabarren no es socialista -escribe Eduardo Gentoso porque no practica el amor, puesto que predica el odio de hombres contra hombres. No es socialista porque no quiere la felicidad de los demás, puesto que no quiere ni la de su esposa ni la de sus hijos, ya que los ha abandonado a su propia suerte, dejándolos en la orfandad y la miseria, haciéndolos infelices y desgraciados con su infame proceder. No es socialista porque vive explotando a los mismos trabajadores a quienes pretende defender y unir". (La Voz del Obrero. 17-7-1914). E insiste "el Socialismo no es una doctrina de intransigencia absoluta como la predica y la practica Recabarren. No, el Socialismo es una doctrina científica que aspira a transformar la sociedad sin violencias, sin imposiciones para nadie, sino que por el libre consentimiento de la mayoría de los ciudadanos o habitantes del país". ("La Locomotora". Santiago, 24-1-1914).

6. "Esta revolución social que desde que estalló la guerra entre Rusia y Japón, veníamos vaticinando los periodistas obreros de todo el mundo civilizado, se ha iniciado en condiciones que halagan el amor propio universal del obrero, porque sus estallidos sólo han tenido por cuna el seno de nuestra clase". (La Voz del Obrero. Taltal, 27-I-1905).

"Si nosotros miramos hacia el futuro estamos en la obligación de cooperar al triunfo de nuestros hermanos de Rusia; y como no podemos hacerlo con nuestro brazo, enviemos a esos compañeros el óbolo que le sirva para adquirir el hacha que derribe los tronos". (El Proletario. Tocopilla, 28-III-1905).

7. La resolución adoptada decía lo siguiente:

"Manifestar públicamente las simpatías que inspira a esta agrupación el movimiento obrero de Rusia.

Los trabajadores del orbe se ponen de pie marchando a la conquista de los fueros y los derechos que corresponde al hombre.

Aquel pueblo oprimido bajo una de las mayores tiranías del mundo, ha sentido las nostalgias de la libertad y se alza potente y vigoroso a recuperar sus perdidos derechos.

Debe contar con el aplauso de los proletarios.

Aquel pueblo tiranizado por la mano de los verdugos coronados ha sentido por fin la afrenta en su rostro, y se ha lanzado a repelerla.

Debe contar con el apoyo de todos los pueblos.

La sangre de ese pueblo debe salvar al mundo.

La agrupación demócrata de Tocopilla, espera, en consecuencia que el triunfo del proletariado de Rusia sea el triunfo universal de los proletarios". (El Proletario. Tocopilla, 8-IV-1905).


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