El movimiento obrero en Chile

Capítulo III

LUCHAS Y ORGANIZACIONES DEL PROLETARIADO

"El fin primordial de un Gobierno debe ser el de amparar la propiedad, la vida y el orden social" (Rafael Sotomayor. Intervención en la Cámara de Diputados. 10-I-1908).

A. PRIMERAS MANIFESTACIONES DE PROTESTA

1. Las primeras luchas de la clase obrera

Los proletarios no se resignaron pasivamente a su vida de miserias; buscaron mejorar su situación, se rebelaron contra quienes los explotaban. Rebelión espontánea, aislada, individual en un comienzo; huelga, movimiento colectivo luego, falto todavía de dirección y perspectivas, pero en donde los obreros expresan su conciencia de clase y hacen de su organización el instrumento eficaz para defender su porvenir; huelgas nacionales, por último, realizadas en un plano más elevado y que refleja el grado de madurez alcanzado por la clase obrera. Las reivindicaciones económicas encuentran un cauce adecuado en las nuevas ideas políticas, el proletariado comprende que no basta luchar por la reivindicación inmediata sino que debe modificar, cambiar, la estructura de un régimen para terminar definitivamente con su explotación.

La cangalla, o sea la sustracción del mineral por parte de los operarios es una de las primeras manifestaciones de protesta que encontramos entre los mineros en el siglo pasado. Para el obrero la cangalla no era un robo sino un derecho, tomaba algo que le pertenecía pues "la naturaleza ha colocado vetas en los cerros de la que él es tan dueño como el que la descubre" [1]. El minero actuaba así, obligado por la necesidad. Es la forma más primitiva de protesta.

Hernán Ramírez nos dice en su última obra que en esos tiempos "frecuentemente en los centros mineros hubo rebeliones de trabajadores en la que las interrupciones de faenas, se acompañaban de saqueos a almacenes y tiendas"[2]. La rebelión minera de Chañarcillo, en 1834, es una de las primeras que se tiene conocimiento. Veinte y cinco años más tarde movimientos similares se conocen en la zona del carbón. Son "actos de violencia cuya causa, sin duda alguna hay que encontrarla en la exasperación que producía entre los obreros la explotación inhumana de que se les hacía víctima" [3].

En este período, que se extiende hasta la Guerra del Pacífico, es posible anotar un mínimo de veinte huelgas, reflejo del mayor desarrollo experimentado por el proletariado.

Signo de los nuevos tiempos fue lo ocurrido en 1874 en Valparaíso; el 13 de febrero de ese año los jornaleros de ese puerto, agrupados en un gremio reconocido por la ley, solicitaron un aumento en sus tarifas de transporte, tarifas que eran fijadas por la autoridad. No se accedió a la petición, los dirigentes fueron expulsados y se decretó la reorganización del gremio; los obreros frente a este abuso reaccionaron y, por unanimidad, declararon la huelga. El Gobierno utilizó tropas para reemplazar a los huelguistas en sus labores, los que resistieron cerca de un mes las órdenes de la autoridad [4].

Los conflictos de clase toman más fuerza en el período que sigue a la terminación de la Guerra del Pacífico. Entre 1884 y 1889, H. Ramírez anota un mínimo de 59 conflictos obreros y de ellos "la mayor parte... se produjo a partir de 1887, alcanzando un promedio de dos por mes en 1888 y 1889"; "... los conflictos se produjeron con más frecuencia y en más elevada cantidad en los centros de mayor concentración proletaria... afectaron a sectores muy variados de , trabajadores; en términos generales se pueden distinguir elementos pertenecientes a unos veinte gremios diferentes... gran parte de los movimientos registrados fueron huelgas... todos los movimientos, sin excepción, fueron reivindicativos; en ellos se pedían alzas de salarios, respeto a los compromisos entre obreros y empresarios no cumplidos por éstos, mejoramiento de las condiciones de trabajo, etc... varios movimientos huelguísticos no estallaron inesperadamente, sino que fueron la culminación de un proceso que solía empezar con la presentación de peticiones"[5] .

Destaquemos entre estos movimientos el ocurrido en Santiago en 1888, fecha en que se produce una de las primeras manifestaciones públicas de masas de importancia. En esa oportunidad, el Partido Demócrata, recién fundado, convocó a un mitin de protesta contra el alza de precios en los tranvías que circulaban en Santiago. En la concentración, efectuada el 29 de abril de ese año, participaron de dos a tres mil personas; la manifestación se hacía tranquilamente, mas la policía actuó con brusquedad y trató de disolver el comicio; los ánimos se enardecieron y comenzó una verdadera batalla campal. El saldo fue varios heridos y "un total de veintiséis carros inutilizados que representan un valor aproximado de 50 a 60 mil pesos, según cálculos que se creen prudentes. También se perdieron varios caballos"[6] anota "El Ferrocarril" de la época. El directorio del Partido Demócrata fue encarcelado.

Es de interés conocer también el movimiento que en ese mismo año, en septiembre, ocurrió entre los mineros de Lota. La policía, sin motivos aparentes detuvo a cuatro mineros; los compañeros de labores reclamaron por la detención arbitraria; al no tener éxito en las reclamaciones, asaltaron el cuartel de la policía y las pulperías. Movimiento explosivo, espontáneo, inorgánico, es reflejo del grado de comprensión adquirido por el proletariado de esos años.

2. Las organizaciones mutuales

La explotación que sufrían las masas por el capitalismo, obliga a éstas a buscarse una defensa. El proletariado, en el período que resumimos, no tenía un papel primordial y dirigente. Corresponderá al artesanado nacional encontrar en las mutuales, el primer tipo de organización.

El 18 de septiembre de 1853, el obrero de imprenta, peruano, Víctor Laynez, funda la Sociedad Tipográfica, sociedad de socorros mutuos, que "se proponía la ayuda recíproca de sus componentes" y hacer llegar los beneficios de la educación y la cultura a todos los sectores populares. Los círculos de Gobierno iniciaron la persecución de los fundadores de esta primera mutual y llegaron hasta ordenar su disolución; no había pasado aún el alarma producida por el auge que había adquirido, pocos años antes, la Sociedad de Igualdad y creyeron ver en la Sociedad Tipográfica una nueva forma de aquélla. El 28 de febrero de 1874 volvió a reorganizarse.

En el período comprendido entre la fundación y reorganización de la Sociedad Tipográfica, habían aparecido varias sociedades mutuales. En 1856, en Valparaíso, nace la Sociedad de Artesanos, dos años después en el mismo puerto se conoce otra sociedad similar. En Santiago se organiza, en 1862, la Sociedad Unión de Artesanos y en La Serena, ese mismo año, se funda la Unión de Artesanos. En 1870, trece sociedades mutuales habían solicitado reconocimiento especial del Gobierno [7].

En 1872 conocemos un nuevo tipo de sociedad, las asociaciones de ahorro, representada por la Sociedad de Sastres de Santiago, que compraba terrenos, los loteaba y los vendía a sus miembros con grandes facilidades [8]; también adquirió una sastrería donde estableció una cooperativa de producción.

Las mutuales ignoraron la lucha de clases; creían en la colaboración entre el capital y el trabajo. Muchos años después, en 1906, un periodista obrero hacía una justa crítica a este tipo de sociedades. Decía:

"Sin desconocer que las sociedades de socorros mutuos prestaron y prestan aún algunos servicios, ellos son tan insignificantes en relación con las necesidades del obrero moderno, que casi no vale la pena mencionarlos. Más que asegurarse contra la enfermedad, lo que el trabajador necesita es eludir los golpes de la miseria antes que pensar en un sepulcro para después de la muerte: hoy se piensa en vivir la vida con dignidad y con todo lo necesario al desarrollo de todas las facultades humanas.

El socorro mutuo tal cual se practica hizo su época.

Por eso los obreros van desertando de estas sociedades de socorros y de otras de mero pasatiempo, que no hacen más que abatir y enervar los caracteres, para aportar a la lucha económica su contingente entusiasta y vasto talento" [9].

Pese a las acertadas observaciones, las sociedades mutuales continuaron desarrollándose. En 1913 existían 547 con 90.609 asociados.[10]

El desarrollo experimentado por las sociedades mutuales y, más tarde por los organismos de resistencia del proletariado, explican la posición de los partidos políticos. El Partido Conservador, por ejemplo, trató en un principio organizar a los artesanos y obreros en asociaciones estrechas y sectarias; pero obtuvieron escaso éxito. "Elementos de extracción burguesa se entrometieron (más tarde) decisivamente en las sociedades burguesas mutualistas a fin de acentuar sus limitaciones esenciales y de combatir cual quier asomo de politización de los trabajadores, en nombre de un sedicente e intencionado apoliticismo; ellos querían que los miembros de las sociedades mutualistas fueran hombres de orden, económicos, disciplinados, previsores, etc., pero castrados de todo pensamiento político o social, sobre todo si él no se inspiraba en ideologías abiertamente burguesas" [11]. Guiados por estos mismos propósitos, el Partido Liberal en la Convención de 1907 inscribió en su programa el "fomento de las sociedades cooperativas y de asistencia mutua".

B. LA LUCHA DEL PROLETARIADO EN LA ULTIMA DÉCADA DEL SIGLO XIX

1. El movimiento de 1890

Una serie de huelgas las de mayor trascendencia en el siglo XIX- se conocen en julio de 1890.

El primer estallido es en Iquique, de ese puerto se extiende rápidamente a la provincia de Tarapacá, Antofagasta, a la ciudad de Valparaíso y -en menor proporción- a Viña del Mar, Santiago, Quillota, Los Andes, Talca, Concepción, Lota y Coronel.

El 2 de julio, los lancheros de Iquique comisionan a sus compañeros Eugenio Reyes Z., Antonio Covarrubias, Manuel Molina, Carlos Alvarez, Cecilio Bran, Joaquín Carrasco, José del Carmen Vallejo, Luis B. Ramírez, Nasario Reyes y Juan Guerra para que los represente ante los comerciantes e industriales "y ante las autoridades si así fuera necesario" en la defensa de sus peticiones, resumidas en los siguientes puntos:

"1º Cobrar desde la fecha de embarque y desembarque de salitre, carbón, maderas y demás mercaderías a los precios que actualmente se pagan, pero en moneda de plata o su equivalente en billetes corrientes al cambio fijado por el Gobierno para la percepción de los derechos de aduana.

"2º Exigir, para evitar reclamos, que se anote en la papeleta correspondiente a cada lanchada, no sólo el número de sacos, sino su peso respectivo.

"3º Suspender nuestras labores hasta el día en que se acceda a nuestras legítimas exigencias" [12].

El movimiento se propagó rápidamente. Al día siguiente, otros gremios se adhieren, con sus propias reivindicaciones, a las peticiones de los lancheros. El 4 todas las faenas de Iquique habían paralizado. Desfiles y concentraciones mantenían vivo el interés de los obreros; una de las concentraciones tuvo cerca de ocho mil personas, la que fue reprimida violentamente por el intendente de la provincia.

La situación se agravaba por el conflicto existente entre el Congreso y Balmaceda. Las agrupaciones políticas tratan de obtener beneficios partidarios y acusan a Balmaceda en todos los tonos por su actitud frente a la huelga (1).

Los capitalistas habían enviado un telegrama al Presidente de la República pidiéndole que "se digne tomar medidas que salven la situación y hagan respetar los cuantiosos capitales comprometidos en esta provincia" [13]. El Presidente contestó: "Recibido Telegrama, pido informes a la Intendencia. Deseo que Uds. digan cuáles son las exigencias de los huelguistas, qué paso han dado Uds. para una inteligencia razonable y equitativa con los trabajadores" [14]. La reacción de los parlamentarios fue airada, pese a que Balmaceda -junto con el telegrama de respuesta- enviaba tropas a la zona norte en buques de guerra (2).

La discusión en el Congreso continuó durante largo tiempo. El conflicto, entretanto, en Iquique encontraba solución. Los dueños de panaderías accedieron a las peticiones de sus obreros: pagarían en dinero a partir de esa fecha y elevaron el monto de los salarios en un 50 por ciento. Dos días después, el 7 de julio, los portuarios recibían una acogida favorable a sus peticiones. El 8 obtenían un triunfo los ferroviarios y los obreros de la Fundición Tarapacá. El movimiento terminaba en Iquique y se extendía a la pampa.

Diez mil obreros participaban en el conflicto en las salitreras. "Paralizaron todas las oficinas salitreras y las minas de Huantajaya, también fueron paralizadas las faenas en el puerto de Pisagua y en otros lugares"[15]. Las peticiones eran substancialmente las mismas que tenían los lancheros de Iquique: pago en dinero y no en fichas, pago mensual, mejoramiento de las condiciones de trabajo, eliminación de las multas, libertad de comercio en las oficinas salitreras y otros minerales. Tal como lo afirmara Isidoro Errázuriz, en algunas oficinas, los obreros exasperados por la explotación de que eran objeto, asaltaron las oficinas; diez a quince obreros perecieron, unas cuantas decenas fueron heridas por los guardias de las compañías. El movimiento terminó con un convenio entre los huelguistas y las oficinas por el que éstas reconocían el derecho que asistía a los obreros y prometían acceder a todas sus peticiones; sin embargo, una vez reintegrado a sus labores y contando con el auxilio de las fuerzas armadas, desconocieron lo firmado días antes, e incluso cerraron algunas de las oficinas. A los obreros no les fue posible empezar el movimiento con la fuerza de antes debido a que muchos de ellos se amedrentaron con el cierre de las oficinas.

En Antofagasta, casi al mismo tiempo, el 11 de julio, los ferroviarios se declararon en huelga exigiendo que sus salarios fueran pagados en plata o en su equivalente en billetes. Eran trescientos obreros los que abandonaron sus labores; al mediodía habían conseguido la adhesión de los obreros que trabajaban en las faenas de la playa, en los hornos de la Compañía de Salitre y en la fábrica de Orchard, siendo a esas horas más de dos mil los huelguistas. En la tarde fueron recibidos por el Intendente y jefe de empresas quienes accedieron a sus peticiones. Estando todo solucionado se produjo, esa noche, un incidente con las tropas de la ciudad que abrieron fuego sobre los obreros y dieron muerte a algunos de ellos, dejando varios heridos. Se inicia un nuevo período de agitación y sólo después de algunos días los obreros reanudan su trabajo. Los capitalistas actuaron en la misma forma que los de Iquique: en un principio accedieron a las peticiones, pero tan pronto los obreros se habían reintegrado al trabajo, con el auxilio de la fuerza armada, desconocieron lo acordado.

El 21 de julio surgía el movimiento en Valparaíso, entre los lancheros. Un informe de la comisión designada por la Cámara de Diputados para investigar sobre la huelga, además de dar interesantes detalles acerca del desarrollo de los acontecimientos, exime de responsabilidad, por los incidentes acaecidos, a los huelguistas; concluye acusando al Presidente de la República por haber promovido los incidentes (3).

El movimiento se extendió a la mayor parte del país. Se producen huelgas en Santiago (obreros de la Compañía de Gas), en Quillota (obreros panificadores), en Talca (obreros panificadores). Concepción (obreros panificadores), Viña del Mar (general). Conatos de huelga hubo en Lota, Coronel, Los Andes, Calera y diversos puntos del país. [16]

Hay algunas características comunes a estas huelgas que Hernán Ramírez destaca con razón: son precisas y homogéneas en sus demandas; se producen con simultaneidad en diversos puntos de la República y comprometen a sectores amplios de trabajadores al punto de que en Tarapacá, Antofagasta y Valparaíso se declaran verdaderas huelgas generales. Estos hechos hacen suponer la posibilidad de una organización nacional: son los portuarios quienes se declaran en huelga en Arica, Pisagua, Antofagasta, Valparaíso y son panificadores los huelguistas de Iquique, Antofagasta, Quillota, Talca y Concepción; gremios que, por lo demás, se habían destacado en los movimientos de los años 1888 y 1889. Fueron, además, los huelguistas hábiles en aprovechar las diferencias políticas entre Balmaceda y el Congreso; los movimientos estallaron justamente en el mejor momento, cuando el conflicto entre los opositores y el Gobierno había hecho crisis. Se comprende entonces la causa de la alarma prendida entre los parlamentarios ante el desarrollo inusitado de las huelgas.

2. Otros movimientos huelguísticos en la década del 90

Durante toda la década siguieron los conflictos. Los obreros habían comprendido la fuerza de lucha y de su organización. En ningún instante desfallecen. Más de 300 huelgas se anotan en este breve lapso.[17] Anotemos las principales.

En 1892 los operarios de sastres en Santiago se declaran en huelga, y logran un triunfo al obtener un precio mínimo a cobrarse por el trabajo que hacen considerando las variaciones que sufriese el cambio. En febrero de 1893, los jornaleros, los lancheros y fleteros de Iquique se declaran en huelga por reivindicaciones económicas, movimiento bien organizado y que contó con la unidad de todos ellos, incluso los carretoneros de esa ciudad paralizaron sus labores en solidaridad con la gente de mar. En marzo de 1893 los obreros de la mina de carbón de Cólico fueron a la huelga por haberse reducido sus jornales. En abril de ese mismo año, son los mineros de Coronel quienes se declaran en huelga pidiendo un mayor jornal. Una serie de huelgas se suceden por mejores salarios y porque éstos sean pagados a un cambio fijo. Señalemos, entre otras, las de los panificadores de La Serena en marzo de 1893; la de los jornaleros de Junin, enero de 1894; la de los trabajadores de la compañía de vapores, lancheros y empleados del ferrocarril en Taltal; la de los jornaleros de Iquique, enero de 1894; la de los obreros de la maestranza de ferrocarril en Antofagasta, enero de 1894; la de los obreros de la Oficina Centro Lagunas en junio de 1894; la de los lancheros de Iquique en 1898 y la de los ferroviarios de ese puerto en octubre de 1898.

3. Las organizaciones obreras

El movimiento obrero en esta década se ha fortalecido. La espontaneidad de las luchas anteriores cede paso a la organización de los movimientos, y, como decíamos, es posible sospechar hasta la existencia de una organización nacional entre los obreros de una misma actividad. A veces los acontecimientos superan la capacidad de organización de sus dirigentes, tal es la impresión que nos deja a momentos la lectura del Informe suscrito por la Comisión nombrada por la Cámara de Diputados para reunir antecedentes sobre el origen y desarrollo de la huelga en Valparaíso en 1890; pero, en todo caso, se advierte serenidad y espíritu de organización en las filas proletarias. No se puede descargar la intención de grupos políticos de aprovecharse del movimiento obrero; mas, si la intención existió, los obreros supieron conservar la independencia necesaria y hacer de sus peticiones el centro de las actividades. Las peticiones son de carácter económico, aunque una de ellas, la cancelación de los salarios a un cambio fijo, los conducirá más tarde a analizar las implicaciones políticas de esa aspiración.

Los obreros han valorizado la fuerza de su unidad. En 1895 en una carta firmada por Luis B. Díaz, Juan Francisco González y Jenaro Alarcón, dirigida al Presidente de la Sociedad de Socorros Mutuos, pidiéndole organizar una Confederación Obrera Mutualista, se lee lo que sigue:

"La sociabilidad obrera es la poderosa fuerza que en no lejano día aplastará el orgullo y las ambiciones de los que no reconocen el indiscutible derecho de los productores... la necesidad de un centro general de sociedades que trabajen prácticamente a nombre de la sociabilidad obrera para inclinar la balanza de justicia y de derecho en favor de los que desconociendo mezquinas miras sólo aspiran a que no sea nulo aquello de protección al trabajo e igualdad ante la ley".[18]

La necesidad de luchar unidos será la preocupación permanente de la clase obrera y sus dirigentes desde los comienzos de las luchas de la clase obrera chilena (4).

Entre los intentos unitarios de organización de la clase obrera cabe destacar a la Liga de Sociedades Obreras, iniciativa de los carpinteros agrupados en la Unión de Carpinteros en la ciudad de Valparaíso. Pretendió agrupar a todas las organizaciones obreras de ese puerto; ha de tener escasa vida: predominaba en su orientación las concepciones mutualistas y en la práctica fue insensible a los movimientos posteriores del proletariado porteño.

A partir de 1890, diferentes dirigentes harán mención y lucharán por un organismo único del proletariado; pero esta vez ha de ser para luchar por reivindicaciones inmediatas y lograr la definitiva emancipación social. Las citas a Marx y a la Segunda Internacional serán frecuentes en los periódicos obreros.

Entre estos audaces dirigentes proletarios sobresalen los nombres de Peña y Lara y Carlos Jorquera. Al segundo de los nombrados correspondió la organización de la Gran Unión Marítima de Valparaíso en 1892, Sección Chilena de la Liga Marítima Internacional, que a su vez organiza filiales en Iquique y Callao; Jorquera organiza también la Liga Tipográfica de Valparaíso -que crea secciones correspondientes en Santiago, Concepción, Iquique y La Serena-; por último, ha de organizar "la Unión de Albañiles, Estucadores, Canteros y Marmolistas, de la Unión de Pintores, Doradores, Empapeladores y Barnizadores, de la Unión Protectora de Zapateros y de la Unión de Sombrereros" [19].

A raíz del proyecto enviado por el Ejecutivo al Congreso, en 1892, destinado a reprimir las huelgas, los obreros despliegan gran actividad y el 8 de noviembre de ese año se acepta en principio la formación, en Valparaíso, de la Federación Obrera, idea que se materializa días después. "Ella se presenta como el primer esfuerzo hecho en el país con el fin de estructurar la central sindical; incluso, probablemente sus iniciadores pensaron hacer de ella un organismo obrero sudamericano, como lo demuestra el nombre completo que se le asignó (Federación General de Uniones de Protección al Trabajo de Sudamérica) " [20]. La intervención de los anarquistas posteriormente limitó su desarrollo y la Federación desaparece.

En Santiago hubo serios intentos de agrupar a las organizaciones sindicales. En 1894 se constituye la Confederación Obrera de Sociedades Unidas que pretendió convocar a un Congreso Nacional de Sociedades Obreras, pero, desgraciadamente, sin éxito.[21]

En Iquique se organizó la Sociedad Obrera de la Provincia de Tarapacá en 1896, de escasa vida.

Todos los intentos no serán en vano, la clase obrera extraerá experiencias de sus fracasos y en el decenio siguiente dará forma a su sostenida aspiración unitaria.

4. Los partidos políticos y la nueva realidad social

Los partidos políticos no podrán desentenderse del vuelo adquirido por el movimiento obrero. Darán las más diversas interpretaciones acerca del origen de las huelgas.

Para los conservadores son "causadas generalmente, por la iniciativa de los más audaces e impetuosos, (que) vienen a establecer una verdadera tiranía sobre sus mismos compañeros pues obligan a dejar el trabajo a muchos que con el alzamiento privan a sus hijos del jornal, único sostén de la familia. Además, las huelgas que perjudican a los que las constituyen vienen a perturbar la tranquilidad pública y son causa de grandes males sociales. Castigarlas y reprimirlas es un bien para unos y para otros". Agregan los conservadores, "combinada a esta acción de las leyes y de la educación, deberá hacerse sentir la mano del jefe de la fábrica o del gerente de la industria, cuya única obligación no deberá reducirse al puntual pago del salario, sino que deberá ejercer sobre sus empleados una supervigilancia paternal... en esta lucha en que deberán prestarse auxilio todas las fuerzas sanas de una nación cabe la más desinteresada y hermosa parte a la caridad particular, y el ciudadano que destine algo de su tiempo o de su fortuna al servicio de las clases trabajadoras, realizará el más grande beneficio a su patria, haciendo a la vez obra de político y filántropo... El Estado debería proteger al espíritu de caridad o de filantropía de sus ciudadanos, premiando sus obras y auxiliando aquellas que juzgue patrióticas, morales y garantidas" [22]. Los conservadores, al mismo tiempo, acusarán a los liberales de ser responsables de los movimientos obreros por sus continuos ataques a la religión."

Liberales y radicales sostienen que las huelgas son obra de agitadores.

Todos los partidos nombrados tratan también de demostrar que los obreros viven en condiciones inmejorables y que, por consiguiente, no se justifican sus exigencias. El obrero es libre de escoger su ocupación, predican, y puede elegir la mejor remunerada. También cuenta con sus mujeres e hijos que los pueden ayudar a ganarse la vida. Nada más injustificado que las huelgas, concluyen. Es necesario entonces, conforme a estos principios, impedir las huelgas. Así se somete por parte del Ejecutivo un proyecto destinado a impedir las huelgas; proyecto que castigaba con presidio a quien incitara, por palabra o por escrito, a la huelga. La prensa obrera fue unánime en condenarlo y una intensa agitación prendió entre las organizaciones obreras. El proyecto no fue aprobado, ni siquiera se sometió a votación.

C. LOS AÑOS SANGRIENTOS

"En Chile no hay distinción de castas, ni hay clase alguna enemiga del pueblo; por el contrario, éste se encuentra en condiciones privilegiadas respecto de las clases menesterosas de otros países, pues hasta él no alcanzan las contribuciones, no le alcanza la de haberes siquiera. Luego es ridículo poner entre nosotros en contraposición al pueblo con las clases acomodadas", sostenía en la Cámara al terminar el siglo el representante conservador Joaquín Walker Martínez [24]. Pese a tan enfática declaración, los años que siguen son los más cruentos en la historia del movimiento obrero chileno. Centenares de obreros muertos en horrendas masacres, otros perseguidos y arrojados violentamente de sus sitios de trabajo, periódicos obreros asaltados y destruidos por la fuerza policial: tal es el panorama que presenta gran parte del primer decenio del presente siglo.

Es ajeno a nuestro propósito hacer una enumeración detallada de todas las huelgas y protestas obreras habidas en el período que estudiamos; nos interesa mostrar aquellos hechos más representativos, porque de otro modo nos extenderíamos inútilmente. De acuerdo con el criterio esbozado, damos a conocer los principales movimientos obreros.

1. La celebración del primero de mayo

Desde fines del siglo pasado la prensa obrera conmemoraba el primero de mayo, jornada internacional por las ocho horas diarias de trabajo y que era también un día de balance de los éxitos y fracasos alcanzados por el movimiento obrero.

El primer primero de mayo celebrado parece ser el de 1892 en Valparaíso. "Luis Peña y Lara escribió en 1893 un manifiesto que parece ser el más antiguo hecho en Chile con motivo del primero de mayo" [25]. En 1898, bajo la dirección del Partido Socialista dirigido por J.G. Olivares y en el cual militaba Alejandro Escobar y Carvallo, efectuó un acto público en 1898 para celebrar esa fecha, mitin que se repelió en 1899 y en años posteriores. El 1º de mayo de 1900, los grupos anarquistas organizan la conmemoración del día del trabajo; sus periódicos y volantes especiales resaltan la importancia de los actos efectuados. En Valparaíso se realiza un desfile en la misma oportunidad. A partir de este año, regularmente se empezará a celebrar mítines el primero de mayo e irán adquiriendo cada vez más importancia; la celebración no se circunscribirá a Santiago y Valparaíso, sino que se extenderá a los centros más poblados del país.

Destaquemos, entre las fechas, la celebración en 1905. En Santiago, los anarquistas tuvieron incidentes con jóvenes de colegios católicos. En Punta Arenas se realiza un paro parcial, un desfile y actividades culturales. En Valparaíso, la Mancomunal Obrera realiza un desfile. La prensa obrera destaca en ediciones especiales la significación de la celebración. Conferencias alusivas se realizan a lo largo del país.

Al año siguiente, el primero de mayo tiene relieves extraordinarios. Luis Emilio Recabarren habla a más de diez mil obreros en una gran concentración en Santiago. Miles de obreros paralizan sus labores en Viña del Mar y Valparaíso y acuden a una concentración convocada por la Conferencia Mancomunal de Trabajadores de Chile; asisten los miembros de la comisión organizadora presidida por el obrero, diputado del Partido Demócrata Bonifacio Veas; entre los obreros que han paralizado sus labores destacan los representantes de los gremios de Panaderos, Sociedades de Resistencia de Albañiles, Carpinteros de Viña, Gremio Artes Mecánicas, zapateros y aparadores. Unión de Lancheros en Resistencia, aplanchadores y lavanderas y la Federación Mancomunal de Viña del Mar. El Partido Demócrata organiza, por primera vez, la celebración en Iquique; la asistencia al mitin es calculada en 1.500 personas que oyen a los oradores Olegario Alvarez, Víctor M. Aliaga, Rosendo Benavides y a un pampino. Como en el año anterior, en el resto del país, se publican ediciones especiales de diarios obreros, conferencias y charlas alusivas.

1907 marca la cúspide de la celebración del primero de mayo, por esos años. Treinta mil personas asisten al mitin organizado por la Mancomunal de Obreros y la Federación de Trabajadores de Chile. Todos los obreros de la capital paralizan sus labores. A la concentración del Parque Cousiño asisten treinta y cinco sociedades de resistencia. Carmela Jeria habla en representación del periódico "La Alborada", Inés Macías por las costureras, Ricardo Guerrero por el diario "La Reforma" y Francisco Gallardo por la Federación de Zapateros. En Iquique todos los obreros dejan de trabajar y desfilan por las calles. La presencia de del crucero "Esmeralda" en la bahía no los cohíbe. En la pampa paralizan sus labores la oficina Trinidad. El mitin en Iquique es grandioso. Otros mítines se celebran en Tacna, Tocopilla y Antofagasta. En Taltal se oye hablar en la concentración al conocido dirigente Eduardo Gentoso; todos los obreros portuarios paralizan sus labores para acudir al mitin. En Valparaíso miles de personas que representan a cerca de veinte organizaciones sindicales, escuchan a Bonifacio Veas en el acto organizado por la Confederación Mancomunal y por las Ligas de Resistencia. En Talca los obreros dejan de trabajar y desfilan por las calles centrales. Chillán y Victoria conocen asambleas conmemorativas. En Concepción y Valdivia se efectúan mítines y desfiles. Por primera vez todo el país celebraba el primero de mayo con un entusiasmo extraordinario. El proletariado acudía a los llamados de sus organizaciones y estrechaba unido los lazos de sus organizaciones.

Con posterioridad, el breve retroceso experimentado por el movimiento obrero a raíz de la masacre de la Escuela Santa María, ha de repercutir en la celebración del primero de mayo. Las concentraciones, por algunos años, tendrán menor relieve que las anteriores.

2. Las manifestaciones de protestas

Durante los siete primeros años del presente siglo son múltiples las protestas del proletariado chileno. Las huelgas se suceden por las más diversas causas: mejoramiento de salarios, abolición de multas, pago oportuno de las remuneraciones, jornada reglamentada de las horas de trabajo, descanso dominical, defensa de los cesantes, defensa de los dirigentes obreros, abolición de fichas, defensa de la moneda, son, entre otras, las predominantes.

Analicemos los conflictos más típicos de este período.

a) La lucha por una remuneración justa

Las luchas por un mejor salario son las más frecuentes (5). Muchos de los conflictos por una remuneración adecuada se resuelven favorablemente a los trabajadores, en otros interviene la autoridad que hace jugar un papel decisivo a las fuerzas policiales, siempre en favor de los capitalistas.

Ninguno de los movimientos, sin embargo, se limita exclusivamente a solicitar un mejoramiento en los salarios; adquieren variadas formas y, en el mayor número de casos, se suman a la reivindicación inicial otra serie de aspiraciones (jornada de ocho horas, pago de los salarios a un tipo fijo, pago de las horas extras de trabajo de acuerdo a tablas especiales, cancelación regular de las remuneraciones -mensual o quincenalmente- condiciones dignas de trabajo, etc.).

Poco a poco irán también superándose las formas de organización en la preparación y mantención de las huelgas.

Conozcamos, con algún detalle, el movimiento organizado por la Mancomunal de Iquique con los obreros marítimos, iniciado el 15 de diciembre de 1901 y que termina el 12 de enero de 1902, fecha en que es quebrado con obreros contratados en el sur por las compañías afectadas. La huelga de los obreros marítimos era parte de un movimiento mayor -siempre bajo la dirección de la Mancomunal- que comprendió a la casi totalidad de los gremios del puerto. Remoción de capataces, solidaridad con los despedidos de su trabajo en el ferrocarril salitrero y, en especial, aumento de salarios eran los principales puntos contemplados en las peticiones.

El intendente de Tarapacá informó en un oficio dirigido al Ministro del Interior y explica las razones que a su juicio, justifican su actitud ante el movimiento, sobre todo la detención ordenada por él contra el dirigente de los trabajadores mancomunados, Abdón Díaz. "Existe en este puerto una institución denominada Sociedad Mancomunal de Obreros - dice el oficio- de la cual forman parte casi todos los trabajadores y jornaleros de esta bahía. El Presidente de esta Sociedad, Abdón Díaz, ha sido durante este último tiempo el instigador de las huelgas que se han producido, en perjuicio directo de los intereses del Estado y del comercio en general. Principalmente estas huelgas se han llevado a efecto por la petición de aumento de jornal que en muchas veces se les ha dado, pero habiéndose también exigido a muchas casas embarcadoras de salitre, la destitución de algunos capataces y otros empleados, éstas se negaron a acceder, por cuyo motivo los peticionarios manifestaron su descontento y negáronse a trabajar.

En la época que yo me hice cargo de esta Intendencia, se produjo una huelga entre los trabajadores de algunas casas embarcadoras de salitre de este puerto; su promotor fue, como lo he expuesto, el presidente de la sociedad indicada, Abdón Díaz.

Temiendo que estas huelgas tomaran un carácter general y fueran imitadas por los trabajadores de las faenas de la pampa, la cual estuvo en inminente peligro de realizarse, llamé a la sala de esta Intendencia al citado Abdón Díaz y le expresé que lo hacía responsable de la alteración del orden público si las huelgas que se había iniciado entre los trabajadores de algunas casas comerciales se hacia general y extensiva a todas las demás casas embarcadoras de salitre.

Como lo había previsto, las huelgas se produjeron en la forma indicada, esto es, fueron generales. Con este motivo y con el derecho que me concede en número 2 del artículo 8º de la ley de 25 de septiembre de 1884, puse a disposición del juez letrado en lo criminal a Abdón Díaz, para los efectos de la pena que es delito que contempla el artículo 269 del Código Penal.

Hago presente a V.S., antes de terminar, que está aún vigente la orden a la prefectura de policía para poner a disposición del juez letrado correspondiente a los promotores o instigadores de estas huelgas, las que pueden traer consecuencias de alguna gravedad, como lo manifesté a V.S."[29]

El artículo 269 del Código Penal invocado por el intendente Enrique Fisher Rubio sancionaba a "los que perturbaren gravemente la tranquilidad pública por causar injuria u otro mal a alguna persona particular o con cualquier otro fin reprobado" y, en verdad, el hecho de no trabajar, de declararse en huelga, sólo en virtud de la ambigüedad de la ley podía caer bajo sus sanciones.

La arbitrariedad de la autoridad provincial quedó de manifiesto en el telegrama que dirigiera el 23 de diciembre al Ministerio del Interior: "Acabo de ser notificado por las casas embarcadoras -expresa- que en vista de la imposibilidad de entenderse con los jornaleros y lancheros de la bahía que se niegan a trabajar aún después de haberles aumentado el jornal en los últimos días, van a suspender toda operación de embarque de salitre y descarga del carbón en la bahía. Es de temer que esta medida traiga una paralización general del trabajo, lo que creará una situación grave, pues no solo disminuirá la renta fiscal sino que tendrá que sufrir el abastecimiento de la ciudad.

Para atender en parte a esto, he dispuesto que estén listas fuerzas del Ejército y Policía para la descarga de los artículos de consumo que conduzcan los vapores de carrera.

Me permito insinuar a U.S. la conveniencia de que un transporte a vapor de la carrera traiga de cuatrocientos a quinientos jornaleros y lancheros. Estos ganan de $ 8,00 a $ 10.00 diarios.

Estas huelgas que se vienen repitiendo con mucha frecuencia obedecen a instigaciones de ciertos individuos que se han creado una renta con ellas.

He ordenado policía ponga disposición Juzgado los que se ocupan de esta propaganda y sean sorprendidos por ella". [30]

Los obreros al saber de este telegrama se dirigen al Ministro del Interior al día siguiente, informándole que no hay huelga y que los problemas han sido solucionados; pero que la actitud de los industriales de paralizar los trabajos va a causar serios conflictos.

Los capitalistas, por su parte, estaban interesados en prolongar el conflicto. Esperaban al barco "Cachapoal" con quinientos obreros contratados en el sur; de este modo tendrían en Iquique un exceso de brazos que ofrecería sus servicios, más tarde, por la mitad o un tercio del salario que recibían los antiguos operarios. La Mancomunal logró que los obreros de Valparaíso se negaran a ser contratados; pero no pudo impedir que en el resto del país, las compañías engancharan a los obreros que necesitaban. El movimiento había fracasado; pero su importancia era innegable. "La huelga de Iquique -escribe Recabarren por esa misma fecha es para mí el primer grito de rebelión que lama el chileno, es el primero de protesta arrojado al rostro de los capitalistas". [31]

Entre los movimientos por un mejoramiento en los salarios se destaca el de Valparaíso en 1903, que fuera reprimido violentamente.

El 15 de abril de ese año, los estibadores y chateros de la Cía. Inglesa de Valparaíso (P.S.N.C.) dirigían una nota al gerente pidiéndole aumento de salarios y menos horas de trabajo. En un manifiesto que se hizo público exponían su situación:

"Lo que ganamos trabajando de 6 A.M. a 6 P.M. son tres pesos veinte por descarga de mercaderías, y por descarga de carbón cuatro pesos cincuenta, salario este último que hace tiempo lo ganan otros, pues a nosotros ya no se nos ocupa en esto.

¿Cuál es entonces la abundancia de salarios que tenemos para que usted no encuentre justo que pidamos un aumento de precio para un trabajo abrumador y mal remunerado que apenas nos alcanza para las más premiosas necesidades, que nos cuesta sacrificios de dejar algo para vestir y arrendar casa?

Por otra parte, las horas que empleamos en el trabajo son tantas que por más robustos que seamos no podemos soportarlas, porque al fin nos rinde, pues no nos dan el tiempo suficiente para el descanso y recuperar las fuerzas perdidas.

Nosotros pedimos lo que deseamos, por los medios correctos y tranquilos. La violencia se ha hecho para aquellos a quienes no les asiste el derecho; nosotros que lo tenemos, sabremos mantenerlo con dignidad, que también la conocemos, aunque somos pobres".

La respuesta del gerente de la Cía. Inglesa de Vapores es típica por la soberbia y prepotencia que denota: "Si no quieren trabajar, la compañía contratará otros trabajadores".

El conflicto se extendió. Los estibadores de la Compañía Sudamericana de Vapores, por los mismos motivos, se adhirieron a la huelga. Los obreros de la maestranza, en esos mismos días, exigían al Gobierno en un mitin, trabajo para las fábricas nacionales. A medida que los barcos de las compañías en conflicto llegaban al puerto, los tripulantes se adherían a la huelga. Los lancheros de la bahía a su vez se declaran en huelga, piden que la tarifa de descarga sea modificada.

El Almirante Fernández Vial es acusado por el diario "El Mercurio" de "instigador y amparador de los huelguistas" [32], por cuanto los obreros -afirman las compañías de vapores P.S.N.C., KOSMOS, West Coast, Gulf Line y C.S.A.V.- usarían el nombre de él para conseguir el apoyo de otros gremios, hecho que sería de gravedad dado que el Almirante era la primera autoridad marítima del territorio. El Gobierno hizo suyas las calumniosas acusaciones de las compañías navieras contra el Almirante Fernández Vial, lo exoneró y lo nombró Jefe de la escuadrilla de evolución, puesto que él rechazó". Los obreros reclamaron por la remoción y solicitaron al Gobernador Marítimo que se nombrara a Fernández Vial como árbitro; pero el Gobernador no accedió a la petición por cuanto -según expresó- el Almirante no era persona grata a los patrones. Sobre la posibilidad del arbitraje se interroga a Mr. Sharpe quien contestó estar muy ocupado para preocuparse de tal nombramiento, el Gerente de la Sudamericana de Vapores agrega que "con la gente que se está contratando, se reemplazará a los antiguos y que no se necesita entrar en arreglos con nadie" [34]. En efecto, las compañías, de acuerdo, con las declaraciones del Gerente de la C.S.A.V. empiezan a traer gente de afuera, los incidentes menudean entre los huelguistas y los obreros traídos para romper el movimiento.

En mítines, donde sobresale la figura de Magno Espinoza, se protesta por la intervención de las autoridades en favor de los empresarios; el Almirante Jorge Montt, reemplazante de Fernández Vial, y "El Mercurio" son el centro de los ataques de los huelguistas. El 1º de mayo se celebra con gran efervescencia, en el desfile y en el mitin hay continuos choques con la policía.

El 7 de mayo, a pedido del Gobernador Marítimo se efectúa una reunión para resolver sobre el arbitraje solicitado por los huelguistas. Los representantes de las compañías se niegan a acceder a una solución justa. El gerente de la C.S.A.V. afirma no tener autorización, el gerente de la Cía. Inglesa "lo estima improcedente por cuanto ella paga bien a los operarios y solicita protección policial para la gente que quiere volver al trabajo" [35]. Las autoridades acogieron el pedido de las compañías y ampararon la contratación de nuevos operarios.

La indignación entre los obreros cundía. El 11 de mayo en un mitin los comités obreros resuelven no enviar más notas a los gerentes y se declaran en libertad de acción, no respondiendo de lo que pueda suceder. Al día siguiente se promovieron los desórdenes. Los huelguistas se dirigieron a los muelles a fin de impedir que trabajaran los rompehuelgas, obligados por la policía a retirarse se dirigen a la Plaza Echaurren, detienen el carro 42; el sub-prefecto de policía, Washington Salvo dispara y mata al obrero Manuel Carvallo, la policía hiere a dos más. La tormenta se desencadenó. Los obreros repelen a la policía que huye ante las pedradas del pueblo. El Intendente pide a Santiago se les envíen tropas. La marinería, ese mismo día, desembarca, pero se niega a disparar contra los huelguistas. Los obreros incendian el edificio de la C.S.A.V. y el gerente huye por los tejados del castigo que desean aplicarle los obreros. "El Mercurio" es defendido por los empleados de ese periódico que disparan sobre la muchedumbre, siete cadáveres quedan frente al diario; el nombre de "Matasiete" designará al diario por largo tiempo. Tratan también los huelguistas de asaltar la casa de los principales accionistas de las intransigentes compañías y la casa del Almirante Jorge Montt; en todas ellas los moradores se defienden a balazos. Casas de préstamos, despachos, el malecón son asaltados. El Gobierno, ahora con ejemplar diligencia, envía tropas al mando del general José Manuel Ortúzar; en vano el diputado Malaquías Concha solicitaba audiencia al vicepresidente Barros Luco, para pedirle garantías en favor de los obreros. Las fuerzas armadas mostraban en sus bajas a 8 oficiales y 20 soldados con heridas de poca importancia; los huelguistas acusaban 30 muertos y más de 200 heridos. Seis regimientos habían estado presente en "la mantención del orden público ".

El movimiento de los obreros de Valparaíso contó con la solidaridad del proletariado chileno. El 13 de mayo, por ejemplo, en Santiago se había efectuado un mitin de solidaridad, y de protesta contra las autoridades y empresas; entre los oradores se destacaban los nombres de Marcos Yáñez, Alejandro Escobar y Carvallo; la esposa de Magno Espinoza, en ese momento preso, acusado de ser redactor de las proclamas conocidas en la huelga.

Los huelguistas, entretanto, "manifestaron deseos de entrar en arreglos y propusieron como árbitros al contralmirante Fernández Vial y al diputado electo Angel Guarello; pero las compañías se negaron a aceptarlos. Fueron indicados como hombres buenos el almirante Latorre, con Juan E. Naylor, superintendente del cuerpo de Bomberos y don Braulio Moreno, presidente de la Corte de Apelaciones. Los obreros declararon que se someterían a su fallo" [36]. Los gerentes de las compañías se mostraban más accesibles a una solución. "Estos caballeros manifestaron que no tenían inconveniente en aceptar a los operarios que se presentaran a las faenas desde el día de hoy" [37]. El 16 de mayo Valparaíso recobraba su normalidad.

El intendente de la provincia de Valparaíso fue destituido; el coronel Roberto Silva Renard fue comisionado para instruir sumario a la marinería que se negó a disparar contra el pueblo. La Corte de Apelaciones nombró a un Ministro en Visita que, al dar cuenta de su misión, deja constancia no poder dar luz sobre los culpables; pese a la declaración condenó a 180 personas a diversas penas, a cuatro absuelve y a 21 deja para juicio de lato conocimiento. La comisión de hombres buenos hizo justicia a los huelguistas y la casi totalidad de sus aspiraciones fueron resueltas favorablemente.

Las compañías se negaron más tarde, a cumplir el fallo. En septiembre de ese mismo año, los lancheros del Muelle Vergara tuvieron que declararse en huelga para exigir el cumplimiento del compromiso. El Gobernador Marítimo impuso el acuerdo.

La protesta por la masacre fue general en el país. El propio diario "El Mercurio" de Santiago acusaba a las compañías de vapores de haber sido las principales responsables de los incidentes por su terquedad a considerar las peticiones de los obreros y rechazar el arbitraje propuesto oportunamente. No escapaba a su crítica la autoridad de Santiago por la desidia incalificable mostrada cuando había posibilidad de solución [38].

En el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados se promovió un debate sobre los sucesos de Valparaíso (6).

Señalemos, por último, entre los movimientos por un mejor salario, el conflicto ocurrido en la oficina "Ballena" que nos ilustra además acerca del efectivo control del Gobierno mantenido por las empresas salitreras; por otra parte, el conocimiento de sus antecedentes nos demostrará una vez más la actitud arbitraria del Ejecutivo para enfrentar los movimientos obreros.

El 23 de octubre de 1903, más de cuatrocientos obreros de la citada oficina paralizaron sus labores en protesta por la disminución de sus salarios. La empresa pide auxilio al Gobierno, el que rápidamente envía a la zona afectada el acorazado "O'Higgins" y da orden de prisión contra los dirigentes Luis Gorigoitía, Víctor Hidalgo y otros. Un destacamento de marinería desembarca en Taltal, apresa a los dirigentes obreros y los pone a disposición del juez de esa ciudad. Con el concurso de las fuerzas armadas, el gobernador de Taltal hace formar a los operarios y elige al azar a 50 de ellos para enviarlos de inmediato, en un barco de guerra, a Valparaíso sin permitirles siquiera hablar con sus compañeros ni despedirse de sus familiares.

El conflicto es discutido en la Cámara de Diputados. El Ministro del Interior, Arturo Besa, es acusado de usar su influencia para favorecer los intereses de la casa industrial afectada, la firma "Besa y Cía.", a la cual él está directamente vinculado.

El Ministro en su defensa comenta que le "parece lo más natural que la influencia la tengan los industriales, los hombres de trabajo, y no los que van a promover dificultades a los industriales". La huelga no tenía razón de ser, agrega, pues "los obreros son tratados del modo más humano posible"; "si hay detenidos -termina- es debido a delitos comunes, a que cortaron el telégrafo". En una sesión posterior, en el mismo cuerpo legislativo, se demostró que el telégrafo no había sido cortado y que, por tanto, era totalmente injusta la detención de los dirigentes.[39]

Un diputado, Enrique Villegas, al intervenir en favor del Ministro del Interior, dice que "si bien la huelga terminó de una manera pacífica, en los primeros momentos tuvo caracteres verdaderamente agresivos", tesis que dará lugar a toda clase de abusos. El Ministro Besa reafirma, por último sus puntos de vista y los sintetiza al expresar: "Me parece que es deber ineludible del Gobierno el enviar fuerza pública a todo lugar del país en que se produzcan huelgas o cualquier desorden ".[40]

La discusión dio algunos frutos. Los obreros triunfaron en su petición fundamental -impedir la disminución de sus ya escasas remuneraciones- y los detenidos fueron puestos en libertad.

b) La lucha por la abolición de multas

En la mayor parte de los movimientos obreros -en especial en los centros mineros- se protesta enérgicamente contra las multas injustas impuestas por las empresas. Un buen ejemplo de esta lucha nos dan los maquinistas y cobradores de la empresa de Tracción Eléctrica de Santiago; en sus reivindicaciones se anotaban el mejoramiento de sus salarios, la reposición de los obreros separados injustamente del trabajo por la compañía, la jornada de nueve horas y la abolición de las multas.

En el mes de marzo de 1902 se declararon en huelga. En esa ocasión se puso de manifiesto la actitud de verdadera guerra sostenida por el Gobierno contra los trabajadores. En las manifestaciones callejeras se produjeron desórdenes, provocados por los obreros contratados por la compañía para quebrar el justo movimiento de los trabajadores. La prensa, enfocó el problema en diversa forma (7), aunque muchos reconocen la justeza de las peticiones de los huelguistas. "La suma acumulada por las multas, debería destinarse a un fin justo y práctico, por ejemplo, premio a los empleados mejores, o a formar el fondo de una Caja de Previsión", comenta "La Prensa" de Curicó [41]. Otros periódicos atacarán el atropello policial a los obreros, un diario de Chillan propone, para evitar los continuos abusos cometidos contra los trabajadores, procurar arreglos arbitrales. [42], proposición que será acogida por varios partidos políticos posteriormente.

Las luchas contra las injustas multas han de continuar en todos los movimientos posteriores de la clase obrera, hasta lograr el triunfo.

c) La lucha contra la carestía de la vida

Hemos explicado en el capítulo anterior la absoluta falta de relación entre el constante aumento de los precios de los artículos de primera necesidad y los salarios. Los trabajadores no se conformaron con pedir aumento en sus emolumentos; también han de organizar fuertes movimientos, con el resto de la población, contra el alza de los artículos de consumo. En su prensa, los obreros manifestaban su preocupación por este fenómeno que tan duramente se reflejaba en su constante lucha por la vida (8).

En 1905, en Santiago, se conoce el movimiento más serio hasta entonces para protestar por la carestía de la vida.

Un fuerte movimiento se inicia en la capital por la derogación de la ley que gravaba el ganado, importado desde Argentina, dictada en diciembre de 1897, lo que repercutía desfavorablemente en el precio de la carne, situación agravada por el fracaso experimentado por la ganadería nacional.

El domingo 22 de octubre, la población de Santiago celebra un mitin de protesta por el impuesto que gravaba la internación del ganado argentino. Las conclusiones del mitin fueron presentadas al Presidente de la República, Germán Riesco, el que se negó a recibir la delegación popular. Esto despertó la indignación del pueblo que reclamaba con legítima razón de la carestía de la carne, el azúcar y de todo lo esencial para alimentarse. Algunas circunstancias dan más gravedad al problema : el gabinete estaba renunciado, el ejército había salido de maniobras a algunos cientos de kilómetros de Santiago. Los concurrentes a la manifestación se retiraron de la Moneda gritando a viva voz su indignación; la policía atropello a los manifestantes y estos se defendieron a pedradas. La ira popular fue inmensa. "El pueblo destrozaba los escaños de los paseos, los vidrios de los edificios públicos y los focos y faroles del alumbrado. Hacia la noche la Alameda presentaba un aspecto fantástico: los grandes mecheros de gas habían sido rotos en sus bases e incendiados allí: llamas enormes y fuliginosas parecían brotar desde la tierra misma. El resto de la ciudad quedó a oscuras. Sin embargo, la propiedad privada no sufrió desmán alguno: el pueblo estaba enfurecido, pero no robaba. Esa noche, la juventud oligárquica se armó en complicidad con el gobierno y recorrió los barrios populares asesinando a todos aquellos que encontraba en su camino " [43].

Al día siguiente las manifestaciones prosiguieron. Y el martes 24 regresó el Ejército que de nuevo, amparados por la autoridad, recorrieron la ciudad dando lanzasos y repartiendo balas al pueblo indefenso. "El Ferrocarril" eleva la cifra de muertos a 70, heridos 300 y detenidos 530. El número exacto de víctimas no se conoció, el gobierno estableció la censura de prensa. El Gabinete acordó incluir en la convocatoria el proyecto que derogaba la ley que gravaba el ganado argentino y tomaba medidas para impedir que volviesen a suceder manifestaciones populares como la conocida. No hubo sanción para ninguno de los guardias blancos, ni se hizo investigación para deslindar responsabilidades. La "Semana Roja" fue otra de las manifestaciones de la incapacidad de los gobiernos para dar solución a los problemas que tan hondamente afectaban a los sectores populares.

d) La lucha contra las pulperías

Hemos señalado en el capítulo anterior los distintos medios usados por los empresarios para disminuir el salario real de los obreros. En las minas señalábamos el uso de fichas que se podían gastar sólo en las pulperías que mantenían las empresas. Los trabajadores siempre acompañaban en sus peticiones la necesidad de terminar con este sistema e implantar la libertad de comercio, esto es la posibilidad que comerciantes provenientes de cualquier parte pudieran vender libremente sus mercancías.

Citemos, para ilustrar sobre estas protestas, la huelga ocurrida en la zona del carbón en 1903, donde los obreros reclamaban por la abolición de las pulperías y contra el excesivo descuento que hacían en sus salarios los administradores cuando el carbón -extraído en el mineral- venía en los cajones con mucha tosca o disminuido en su peso. La empresa, como en todas las oportunidades, no accedió a las peticiones.

El Gobierno envía al Regimiento Chacabuco a la zona del conflicto. En un mitin efectuado por los huelguistas en Coronel, hay un incidente entre ellos y los militares; tres obreros fueron muertos y dos heridos. En esos mismos días fondea en la bahía, frente a Lota, el crucero "Zenteno". Hay nuevos incidentes y perecen tres obreros y quince quedan heridos.

El movimiento termina en un acuerdo, mediante el cual las peticiones son atendidas parcialmente. Los obreros se reintegran a sus labores, aunque treinta familias son despedidas por la Compañía en el deseo de amedrentar a los mineros.

Algunos periódicos protestaron por el uso de la fuerza policial para acallar la protesta de los obreros. "Si en presencia de una huelga tranquila -decía "La Prensa" de Curicó- como era la de Coronel, se mantuviera acuartelada la tropa, en lugar de hacer circular entre la gente que tiene hambre de pan y justicia, se evitarían los choques que tan funestos y lamentables resultados acarrean" [44]. Muchos acusaron al Partido Demócrata -en particular a Malaquías Concha- de instigar a los huelguistas. Otros, en el Parlamento, defienden la participación de la fuerza pública; su papel, según el diputado radical Robinet, "es velar porque no se obligue, por los huelguistas, a los obreros que quieren trabajar a tomar parte forzosa en la huelga. Es indudable y debe ser respetado el derecho de los obreros que no quieren trabajar... A mi juicio, la tropa debe estar presente en el lugar del suceso, siguiendo los movimientos de los huelguistas, sin estorbarlos; pero reprimiéndolos inmediatamente que se salgan de la manifestación tranquila de su protesta" [45].

e) La lucha contra la intensificación del trabajo

A principios de siglo hubo, en algunas empresas, intentos de "racionalizar" el trabajo.

Así, en enero de 1905, los obreros ferroviarios de Antofagasta se declararon en huelga por las abusivas medidas internas adoptadas por la empresa, alguna de las cuales llegaban al extremo de "vigilar a los operarios para impedir que se demoraren más del tiempo necesario para satisfacer sus necesidades naturales "[46].

Hubo algunos incidentes, obreros exaltados trataron de destruir parte de las instalaciones, las fuerzas armadas trataron de reprimir el movimiento; pero días después se firmó un acuerdo entre los obreros y los capitalistas; se accedía a algunas de las peticiones obreras aunque quedaba "entendido que la empresa podía tomar las medidas conducentes a fiscalizar la concurrencia de los operarios a los escusados, pudendo mantener en el sitio en que se halla actualmente colocada la garita, el empleado que se designe para tomar el nombre de los operarios que estime conveniente "[47].

f) La lucha por una jornada racional de trabajo

Desde 1900 adelante, la lucha por la disminución en la jornada de trabajo, se hace presente en todos los conflictos importantes.

Tiene interés conocer, en este sentido, la huelga declarada el 20 de mayo de 1902 por los obreros de Lota que reclamaban por mejora de sus salarios, terminar con los abusos cometidos con los obreros y la jornada de ocho horas de trabajo. El día indicado los obreros dejaron los piques y se dirigieron a Coronel a solicitar, de la autoridad respectiva, garantías legales para proseguir el movimiento. La autoridad dio muestra de sensatez y dio amplia libertad a los dirigentes, haciéndolos responsables del orden y la tranquilidad de los obreros. Los mineros, bajo la dirección de la Federación de Trabajadores de Lota y Coronel de reciente formación, nombran una comisión de tres huelguistas para que se entrevisten con el administrador de la compañía; los resultados fueron infructuosos. Acordaron entonces los obreros enviar una delegación a Santiago para que discutieran directamente con los propietarios de la mina; las gestiones, en esta oportunidad, tuvieron éxito parcial. Se obtuvo pago mensual, mejora de los sueldos y promesa de terminar con los abusos que se cometían con los mineros.

La jornada de ocho fue rechazada. La huelga había durado doce días, durante su realización los obreros habían sido objeto de provocaciones que ellos habían salvado. Pero el día que regresaban a sus piques, fueron baleados por el ingeniero de la Compañía, Gregorio Raby. La administración, ese mismo día, desalojaba a las familias de los huelguistas que se habían ausentado de sus casas durante los días de huelga. También ese día en Concepción la policía trató, sin lograrlo, disolver un mitin convocado por los obreros de la ciudad en apoyo a sus compañeros de Lota. Durante el desarrollo de la huelga los obreros de Concepción, Santiago y Valparaíso enviaron comunicaciones a los mineros prometiéndole ayuda, lo que no fue necesario [48]. Semanas después la Compañía desconoció los compromisos contraídos, los obreros de nuevo tuvieron que ir a la huelga. La policía detuvo a uno de los dirigentes obreros, Víctor Alarcón; sin embargo, los mineros triunfaron, la empresa prometió de nuevo aumento en los sueldos y supresión de multas.

A partir de este año la petición de una jornada de ocho horas o la disminución en la jornada de trabajo se incorpora a los movimientos obreros. Ese mismo año, por ejemplo, los operarios del ferrocarril de Caleta Buena, se declaran en huelga y solicitan, entre otras aspiraciones, la disminución de la jornada de trabajo en una hora. Los estibadores y chateros de la Cía. Inglesa de Vapores en 1903 -como lo hemos visto anteriormente- tenían en sus peticiones, una mejor reglamentación de la jornada de trabajo. En Chañara!, en 1903, los obreros, en noviembre de ese año, se declaran en huelga y piden también la disminución de las horas de trabajo.

Pero uno de los movimientos más significativos, por una jornada racional de trabajo, lo encontramos en 1906 en Antofagasta.

Los sindicatos obreros de esa ciudad, encabezados por los operarios del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, iniciaron un movimiento para conseguir 8 horas de trabajo y la concesión de una hora y media de reposo para almorzar. En un documento dirigido a sus patrones explicaban la justicia de sus peticiones:

"Señores empleadores, industriales, administradores, contratistas y patrones en general:

Los gremios obreros de Antofagasta reunidos en Asamblea Pública han acordado dirigirse a vosotros en demanda de una mejora que consideran justa y necesaria para el descanso y la salud del trabajador.

Tal es la hora y media de almuerzo en vez de una hora que se nos da tiempo demasiado escaso para ir a nuestras casas a comer con tranquilidad y para descansar un poco de las fatigas del trabajo.

Es tan necesaria esta media hora más para el almuerzo que todos los trabajadores del centro y del sur del país disfrutan de ella desde tiempos inmemoriales.

Solo nosotros aquí en el Norte escaseamos de esta, para nosotros necesaria libertad y comodidad.

Y no se escapará a penetración de persona alguna, que sea razonable y generosa, el motivo de que un trabajador fatigado y oprimido, no tiene ni puede tener las fuerzas y la voluntad para el trabajo que poseen los que gozan de un descanso suficiente y reparador.

Por esto no dudamos que vosotros haréis justicia concediendo inmediatamente la media hora más de almuerzo que solicitamos de vuestro espíritu de justicia y humanidad.

En nombre pues de la fraternidad social y la justicia moral, os exigimos acordéis concedernos media hora más de tiempo para almorzar.

Es justicia y necesidad.

Antofagasta, 30 de enero de 1906"[49].

El diario "El Industrial" de Antofagasta (15-11-1906), defensor de las compañías salitreras, encuentra que "se funda esta petición en la razón muy lógica de que la mayoría de los trabajadores, en la imposibilidad de pagar los cánones verdaderamente exhorbitantes que han alcanzado los arriendos de habitaciones, se ven obligados a vivir en los suburbios, de tal modo que las más de las veces no pueden aunque quieran, llegar a tiempo a sus trabajos, lo cual ocasiona varios males que ahora pretenden remediar: la pérdida de una parte de sus jornales por llegar atrasados; las molestias que le causa esta medida y el peligro de las enfermedades que pueden contraerse por comer a la ligera, para cumplir con sus deberes ".

La petición es rechazada. Dos días después se declaran en huelga los trabajadores y se unen a ella los obreros de las compañías de salitre que solicitaban un 20 por ciento de aumento en sus salarios. Obreros de los muelles de "Lihn y Cía.", "Barnett y Cía.", de fundición "Orchard", etc. se suman a la huelga. Más de 4.000 obreros eran los huelguistas dirigidos por la Mancomunal y por intermedio de un Comité a cuya cabeza estaban Casimiro Fuentes, anarquista de Santiago; Alejandro Escobar y Carvallo, secretario general; un radical, Vicente Díaz, de tesorero. Los otros componentes del comité eran Luis González, Antonio Castro, Antonio Cornejo, Carlos Rabanales, Juan Segundo Alvarez, Francisco Gaviño, Manuel Castro, Carlos Muñoz, Luis T. Pinto, Santiago Cuevas, Guillermo Fernández, Luis Olivares, Isaías Marín, Arturo Galvarino Flores, Eustaquio Lazo, Felipe Campaña, Fidel Tapia, Roberto London, Avelino Flores, Manuel Ríos y M. Calvo.

El 6 de febrero, día inicial de la huelga, marinería con ametralladoras procedente del crucero "Blanco Encalada", desembarca en la ciudad. A mediodía, un desfile de los trabajadores detiene todo el tráfico en Antofagasta. Dos carretas cargadas de cerveza son volcadas por los huelguistas y se promueve un incidente entre ellos y la policía. La intendencia toma medidas para "resguardar el orden". En la tarde, a las cinco horas, los obreros se concentraban en la Plaza Colón para conocer el resultado de las gestiones de avenimiento. En un mitin un negro norteamericano habló entre los aplausos de la muchedumbre. Los capitalistas, con anuencia de la autoridad provincial, habían formado una "guardia de orden" armada. Fue entonces cuando se produjo la nueva masacre. Escuchamos a Recabarren la relación de los hechos:

"Un grupo de comerciantes armados con el permiso de la autoridad, se paseaban en presencia del puerto en actitud provocadora. El gentío que en ese momento ocupaba la plaza y que estaba alegre oyendo a sus oradores y esperando que debía traer una comisión, al ver las fanfarronadas de estos comerciantes los silbaba y sólo este hecho fue suficiente para que esos comerciantes, con premeditación y con una intención realmente criminal, dispararan sus armas con furia de salvajes, sobre toda la multitud produciendo muertos y heridos y el desconcierto que es de suponer.

Esto ocurría en la playa, los comerciantes que disparaban entraban en el Club de la Unión y las balas iban a dar en el edificio del frente, donde está la intendencia. Aquí estaba destacado un piquete del "Esmeralda", el que al sentir las balas se armó, salió a las calles con sus jefes y creyendo que era el pueblo el que atacaba la intendencia, la tropa hizo a su vez fuego sobre el pueblo, según unos, y al aire según otros, de modo que los obreros quedaron entre dos fuegos.

Se nos ha dicho por testigos oculares que una voz dirigía a los caballeros con expresiones como ésta: 'dirigir bien la puntería' 'al kiosco', como quien dice, allí están los cabecillas, a ellos sus fuegos.

Compréndase ahora al extremo a que hemos llegado. ¿Quién es o quiénes son los culpables de todo esto que ocurre?

La gente honrada los encontrará.

La empresa de los ferrocarriles con una testarudez propia de ingleses no quiere, sin otra razón, acceder a esta petición tan llena de justicia, elevada por los trabajadores a sus patrones.

Una empresa tan sumamente rica, ¿por qué no accede a ésta petición?

No vemos pues, sino la mala obra, la mala intención, la poca humanidad, la carencia absoluta de espíritu moral entre esas gentes capitalistas. ¿Y así se pretende que el pueblo guarde moderación y cultura? ¿Dónde está la capacidad, la inteligencia de las clases llamadas dirigentes?

No la vemos en ninguna parte.

Ahora, ¿cómo calificar la conducta de la autoridad que da patente libre a un grupo de personas, que se les declara irresponsables, para que asesinen impunemente a un pueblo tranquilo e indefenso?

¿No se mide la consecuencia de estos hechos?

¿No se prevén sus resultados?

En presencia de lo ocurrido anoche esperamos que el intendente quite inmediatamente las armas a esa gente con instintos de asesinos. Basta una primera tragedia para proceder de esta manera. Si esto no se hace, veremos simplemente un propósito dañino que creeremos, como podrá creer todo el pueblo, que en esta acción, como en casi todas, las autoridades y los capitalistas marchan en un íntimo convenio perjudicando directamente al obrero" [50].

La responsabilidad de la autoridad provincial era innegable: había autorizado la formación de las "guardias de orden" autorizó al Comandante del Batallón "Esmeralda" para que les entregara armas y municiones, y el propio secretario de la Intendencia, Lindor Castillo dirigía la guardia blanca. Por lo menos 48 obreros perecieron, el número exacto fue imposible determinarlo, un prudente silencio conservó toda la prensa seria sobre el particular. Sanciones contra los autores de la masacre no hubo. Luis E. Recabarren fue detenido, el periódico dirigido por él, "La Vanguardia", fue clausurado y sus redactores detenidos. La misma suerte tuvo el otro periódico obrero "El Marítimo". La prensa denuncia días más tarde que a Recabarren se le ha amenazado de muerte [51].

Tendrán que pasar muchos años y los proletarios sostener combates muy serios para que la jornada de trabajo, las ocho horas, sea realidad a través de una ley.

g) La lucha por el descanso dominical

Los obreros debían trabajar todos los días. No había descanso para ellos. Es también a principios de siglo cuando se inician los primeros movimientos por obtener el descanso dominical.

En 1903, por ejemplo, los panificadores de Santiago y Valparaíso se declaran en huelga por aumento de salarios y el reconocimiento al descanso dominical.

El comité de huelguistas es detenido por la policía. Igual suerte ocurre con el comité reemplazante del anterior. Treinta días dura el conflicto que termina con un aumento de jornales y la libertad de los dirigentes.

La aspiración del descanso dominical se mantendrá por años en el movimiento obrero, hasta que se logre triunfar y se legisle sobre la materia.

h) La defensa de la industria nacional

Los trabajadores chilenos en más de una oportunidad, defendieron la supervivencia de las incipientes fuentes productivas nacionales; comprendían ellos que además de estar contribuyendo a su propia seguridad, al tener un trabajo permanente, estaban también aportando al desarrollo progresivo de la economía nacional.

En un mitin, por ejemplo, efectuado el 30 de diciembre de 1903 en Concepción, los obreros piden que se favorezca el carbón nacional. La competencia del carbón traído por los barcos australianos como lastre y vendido a cualquier precio era ruinosa para la industria nacional y mermaba los salarios de la clase obrera. Los trabajadores piden que se grave el carbón extranjero en un 25 por ciento. Denuncian que en Cólico y en Curanilahue hay más de 2.000 familias sin trabajo y mil más en otros establecimientos mineros.

i) La lucha contra la desvalorización de la moneda.

La masacre de la Escuela Santa María

En un principio los asalariados se conformaban con solicitar solamente un mejoramiento en sus remuneraciones; pero, su experiencia ha de demostrarle que el aumento será ficticio en tanto continúe el proceso de desvalorización de la moneda. El movimiento más serio iniciado en este sentido es el de los obreros del salitre en 1907, que hemos de conocer en detalle, dado la horrenda masacre con que se cerró la justa huelga de los pampinos.

En diciembre de 1907, los obreros de la Pampa de Tarapacá suscribían el siguiente petitorio:

"1º. Aceptar por el momento la circulación de fichas hasta que haya sencillo cambiándolas todas las oficinas a la par; y si alguna no lo hiciera debía ser multada con $ 500.

2º. Pago de jornales a razón de un cambio de 18 d.

3º. Libertad de comercio en las oficinas en forma amplia y absoluta.

4º. Cierre general con reja de fierro en todos los cachuchos y chuladores de las oficinas salitreras y pagando estos una indemnización de $ 5.000 a $ 10.000 a los trabajadores que se malogren a consecuencia de no haberse cumplido con esta obligación.

5º. En cada oficina habría al lado afuera de la Pulpería y tienda, una balanza y una vara para comprobar los pesos y medidas.

6º. Conceder lugar gratuito para que funcionen escuelas nocturnas, siempre que algunos obreros lo soliciten.

7º. Que el administrador no podrá arrojar a la rampla el caliche decomisado y aprovecharlo después en los cachuchos.

8º. Que el administrador no pueda despedir a los obreros que han tomado parte en el presente movimiento sin darles un desahucio en dos o tres meses o en cambio $300 ó $500.

9º. Que en lo futuro se obligan patrones y obreros a dar un aviso de quince días antes de poner término al trabajo.

10º. Este acuerdo una vez adoptado se reducirá a escritura pública, firmando los patrones y las personas comisionadas por los obreros" [52].

Un comité dirige a los 18.000 obreros en conflicto, a la cabeza como presidente se encuentra a José Briggs, anarquista; vicepresidente, Manuel Altamirano; tesorero, José Santos Morales; secretario, Nicanor Rodríguez; pro-secretario, Ladislao Córdova; delegados: Francisco Ruiz por Oficina "San Lorenzo"; Rosario Calderón por Oficina "Santa Lucía"; Roberto Montero por Oficina "San Agustín"; Juan D. González por Oficina "Esmeralda"; A. Méndez por Oficina "Santa Ana"; José Paz por Oficina "Cataluña"; Luis Córdova por Oficina "Argentina"; Evaristo Paredes por Oficina "Perú"; Félix Paiva por Oficina "San Pedro", José M. Cáceres por Oficina "San Enrique", Arturo Tapia por Oficina "Cholita"; Manuel Quiroz por Oficina "Sebastopol"; Ladislao Córdova por Oficina "San Pablo"; José M. Montenegro por Oficina "Cóndor"; Germán Gómez por Oficina "Pirineos"; Pedro H. Aranda por Oficina "Pozo al Monte"; Ignacio Morando por Oficina "Buen Retiro"; Ramón Fernández por Oficina "Carmen Bajo"; Julio Irigoyen por Oficina "San Pedro".

Las peticiones no fueron acogidas por los salitreros. Los obreros, con sus mujeres e hijos, abandonan sus sitios de trabajo e inician una larga marcha hacia Iquique. Una prolongada columna que había atravesado la árida pampa, llega el día 13 al pueblo de San Antonio. Ese mismo día prosiguen hacia Iquique; los obreros de las oficinas de San Pedro, Cholita y Sebastopol se suman a los huelguistas y prosiguen la marcha encabezados por banderas de las repúblicas de América Latina. La policía los esperaba fuera de Iquique y los hacen pasar directamente al Hipódromo, sitio que les tenía reservado para concentrarlos. El comité de huelguistas se entrevista con el intendente interino, Julio Guzmán García, el que asesorado por el comandante Almorza, propuso una tregua de 8 días para que las compañías pudieran buscar una solución, entre tanto los obreros debían volver a sus sitios de trabajo. El Comité aceptó, pero al ir a tomar los trenes vieron que éstos sólo tenían carros planos y no de pasajeros, en vista de lo cual resolvieron no embarcarse. Ese mismo día, en un mitin celebrado en la playa condenaron acremente la actitud de las autoridades; seis mil huelguistas aplaudían a los oradores ese domingo 15 de diciembre. Al día siguiente una misión integrada por el gobernador, Miguel Aguirre, el vicario apostólico, Martín Bucker y los señores Agustín Arrieta y Santiago Toro Lorca se entrevistan con los salitreros en busca de una solución; éstos piden un plazo para estudiar el petitorio.

Los obreros entre tanto eran alojados en la Escuela Santa María, muchos pernoctaron en las plazas. La moral de los proletarios era alta. La tranquilidad en la ciudad, absoluta. A fin de evitar cualquier incidente los obreros nombran comités encargados de vigilar la ciudad y las familias de los pampinos. Cada día llegaban más obreros de las distintas oficinas. El 17 sumaban ocho mil los obreros que se encontraban en Iquique.

El Gobierno, en conocimiento de estos antecedentes, resolvió acelerar el regreso del intendente titular Carlos Eastman acompañado de Silva Renard -cuya actuación arbitraria y prepotente era ya conocida en conflictos anteriores- y Sinforoso Ledesma. Días antes el ministro respectivo había enviado a Iquique el transporte Blanco Encalada. Las órdenes del Ministro del Interior, Rafael Sotomayor, no admitían dudas: "En todos los casos debe prestar amparo personas y propiedades; debe primar sobre toda otra consideración la conveniencia manifiesta que conviene reprimir con firmeza al principio, sin esperar desórdenes tomen cuerpo. La fuerza pública debe hacerse respetar, cualquiera que sea el sacrificio que imponga", telegrafiaba al intendente el 14 de diciembre. Poco importaban las garantías constitucionales: Para adoptar medidas preventivas proceda como en estado de sitio. Avise inmediatamente oficinas prohibición gente bajar Iquique. Despache fuerza indispensable para impedir que lleguen, usando todos los medios para conseguirlo. Fuerza pública debe hacer respetar orden cueste lo que cueste. Esmeralda va camino y se alista más tropas", decía el telegrama que el 16 de ese mes enviaba R. Sotomayor al Intendente" . Efectivamente el Gobierno tomaba las medidas militares que eran necesarias para consumar sus propósitos. El Carampangue y el Granaderos de Iquique recibían los refuerzos del 0'Higgins de Copiapó, el Rancagua y el Atacama de Tacna, marinería del crucero Zenteno, el transporte Maipo con carabineros, etc.

Cuando el intendente Eastman llegó a Iquique fue recibido con alborozo por los huelguistas, entusiasmo que aumentó al declarar éste que estaba autorizado por el Presidente de la República para solucionar el conflicto. Los obreros sentían la necesidad de una solución, algunos niños habían fallecido debido a las penosas condiciones en que se encontraban en el puerto. Pero ahora los salitreros manifestaron "Que no les era posible discutir bajo la presión de la considerable masa de huelguistas concentrados en la ciudad, porque, si en estas condiciones accedieran a todo o parte de lo pedido por los trabajadores, perderían el prestigio moral, el sentimiento de respeto, que es la única fuerza del patrón respecto del obrero" [54]. El comité de huelguistas propuso que si los empresarios aceptaban un aumento en los salarios de un 60 por ciento, ellos indicarían a sus compañeros regresar a las salitreras, para en el plazo de un mes, llegar a un acuerdo sobre el resto de las peticiones. El intendente hablo de nuevo con los capitalistas y les indicó que el Gobierno estaba de acuerdo en pagar la mitad del aumento de salario durante el mes que duraran las conversaciones; los salitreros contestaron que no podían resolver nada en tanto los obreros presionaran con la huelga. Propuso entonces el intendente el arbitraje; recién en Tocopilla se había resuelto favorablemente un conflicto gracias al arbitraje, adujo. Los salitreros accedieron siempre que los obreros regresaran a su trabajo a fin de mantener "intacto el prestigio moral de sus patrones".

Llegó el 21 de diciembre. Los huelguistas desestiman la petición de los salitreros y dan a conocer sus inquietudes, porque puedan ocurrir hechos graves; en efecto, el día anterior, en Buenaventura un piquete de soldados baleó a una columna de huelguistas que tomaban un tren para ira Iquique.

Los obreros tenían razón. Todo estaba preparado para la masacre. Ambulancias y médicos eran movilizados el 21 a Iquique; una rígida censura se aplicaba en cables y telegramas; se prohíbe publicar diarios para el día 22; el cónsul de Perú se moviliza para retirar a sus compatriotas del sitio de la futura tragedia, quienes no aceptaron abandonar a sus compañeros; Roberto Silva Renard alistaba su ejército para la batalla que daría a los obreros indefensos, cuyo delito era pedir justicia y creer en la buena fe de sus gobernantes. El último intento de avenimiento corrió a cuenta de Abdón Díaz, presidente de la Mancomunal de Obreros, tampoco obtuvo resultados.

Así llegó el mediodía. Para conocer el desarrollo posterior de los sucesos, leamos el parte oficial de Silva Renard, documento difícil de superar en su desprecio y odio por los trabajadores. "Ayer, inmediatamente que recibí en la plaza Arturo Prat, a la una tres cuartos pasado meridiano, y en circunstancias de revistar las tropas de guarnición y de la Marina, la orden de reconcentrar en el Club Hípico a los huelguistas, haciéndoles que evacuasen la plaza Manuel Montt y la Escuela Santa María, donde se sabía estaba una gran masa de huelguistas constituidos en asambleas permanentes, presidida por los directores del movimiento, dirigí la infantería hacia dicha plaza y calle adyacente de manera de poder cumplir las disposiciones de U.S. en las mejores condiciones respecto de la dispersión de los huelguistas, encausando la turba por la calle Barros Arana hacia el Club Hípico.

Cumplido el movimiento por la infantería del Ejército y la Marina, me dirigí a la plaza Manuel Montt con cien granaderos acompañado del coronel Ledesma y de mis ayudantes, y al llegar a dicho sitio, veo que la escuela de Santa María, que ocupa toda la manzana sur de la plaza, estaba repleta de huelguistas presidido por el titulado consejo directivo de la huelga, instalados en la azotea con frente a la plaza y en medio de banderas de diversos grupos y naciones.

Desde dentro y hacia el centro de la plaza rebozaba una turba de huelguistas que no cabían en el interior de la escuela y que en apretada masa cubrían la entrada y el frente.

Calculé que en el interior de la escuela habían cinco mil individuos y afuera dos mil que constituían claramente la parte más decidida y exaltada de los aglomerados.

Y allí oían discursos y arengas de sus oradores que se sucedían sin cesar en medio de toques de corneta, vivas y gritos de la multitud.

Como usted comprenderá, los oradores no hacían otra cosa que repetir aquellas frases comunes de guerra al capital y orden social existentes. Observaba bien la situación y tomando las medidas necesarias para circunscribir en el menor radio posible la acción de la fuerza pública, comisioné al coronel Ledesma para acercarse al comité que presidía el movimiento y comunicarle de orden de US. evacuar la escuela y la plaza y se dirigiera al Club Hípico con la gente.

A los cinco minutos volvió el coronel diciéndome que el comité se negaba a cumplir dicha orden y que habían sido infructuosas sus palabras... En vista de esto tomé nuevas disposiciones y traté de imponer a los huelguistas el respeto y la sumisión. Hice avanzar dos ametralladoras del crucero 'Esmeralda' y las coloqué frente a la escuela con puntería fija a la azotea, en donde estaba reunido el comité directivo huelguista. Coloqué un piquete del regimiento 0'Higgins a la izquierda de las ametralladoras para hacer fuego oblicuo a la azotea por encima de la muchedumbre aglomerada al lado afuera... Llegué al comité (y) les comuniqué la orden de US... Todo fue inútil... Viendo eran inútiles todos mis esfuerzos pacíficos y persuasivos, me retiré haciéndoles saber que iba a emplear la fuerza.

Reuní a los jefes que me acompañaban y estudié con ellos la posibilidad de obtener la sumisión con las armas blancas introduciendo a la infantería con la bayoneta armada que con ataque vigoroso hacia e interior aprehendieron a todo el comité, y haciendo cargar a la caballería sobre la turba aglomerada en el exterior; se constató que estas operaciones no darían resultado por lo apretado y compacta que se mantenía la muchedumbre exterior, para cargarla con éxito, y se vio, por el contrario, que un ataque con arma blanca o caballería podía dejar a la infantería y jinetes el peligro de poder ser tomados por los huelguistas, complicándose la situación para las operaciones siguientes. Se vio por tanto que no había más recurso que el empleo de las armas de fuego para obtener resultado eficaz y ordenado...

...Convencido que no era posible esperar más tiempo sin comprometer el respeto y el prestigio de las autoridades y de las fuerza pública, penetrado también de la necesidad de dominar la rebelión antes de que terminase el día, ordené a las 3 3/4 P.M. una descarga por un piquete del regimiento 0'Higgins hacia la azotea mencionada y por un piquete de marinería situado en la calle Lautaro hacia la puerta de la Escuela, donde estaban los huelguistas más rebeldes y exaltados.

A esta descarga se respondió con tiros de revolver y aún de rifles que hirieron a tres soldados y dos marineros matando dos caballos de los granaderos. Entonces ordené dos descargas más y fuego a las ametralladoras con puntería fija hacia la azotea, donde vociferaba el comité entre banderas y toques de corneta. Hechas las descargas, y a este fuero de ametralladoras, que no duraría sino treinta segundos, la muchedumbre se rindió.

Hice evacuar la escuela, y todos tos huelguistas, en número de seis a siete mil rodeados por las tropas, fueron conducidos por la calle Barros Arana al Club Hípico.

En la mañana fue disuelta esta masa, enviando a la pampa salitrera, por trenes que US. puso a mi disposición, de cinco a seis mil. El resto, compuesto en su mayor parte de gente de Iquique, fue entregado a la policía para su identificación, incluso doscientos individuos que manifestaron deseos de irse al sur...

...El infrascrito lamenta este doloroso resultado, del cual son responsables únicamente los agitadores, que, ambiciosos de popularidad y dominio, arrastran al pueblo a situaciones violentas, contrarias al orden social y que, por la majestad de la ley; la fuerza pública, debe amparar, por severa que sea su misión.

Dios guarde a US. (firmado) R. SILVA RENARD " .

Más de mil obreros perdieron la vida en esta horrenda masacre. La indignación popular fue grande. El Congreso Social Obrero intentó llamar a una huelga general en todo el país, de protesta por los sucesos de la Escuela Santa María y por el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores (pago de salarios a pesos de 18 d., rebaja en las tarifas aduaneras para los artículos de consumo que no se producían en el país; rebajas en las tarifas de transporte de ferrocarriles del ganado, cereales, carbón, etc.; rebajas en las tarifas de tercera clase en los ferrocarriles); en la circular dirigida a los sindicatos -firmada por Zenon Torrealba y Enrique Díaz Vera- terminaba afirmando que "la terrible hora presente impone a la clase trabajadora la necesidad de unirse para hacer respetar sus libertades y sus derechos" [56]. Al llamado del Congreso Social Obrero, contestó -entre otras organizaciones- la Mancomunal de Tocopilla que, después de hacer un plebiscito entre sus adherentes, declaraba "que no es el momento oportuno para producir un movimiento huelguístico que interprete los ideales de los trabajadores, ya que nuestra organización social no tiene la amplitud necesaria en el país y carece de conexión precisa en todas las ramas de la industria"[57] definían así la verdadera situación de la clase obrera después de la masacre de la Escuela Santa María.

Recabarren se encontraba en Argentina, y desde allí protestaba airado [58] y comentaba los hechos (9).

El Gobierno en cambio aplaudía y felicitaba públicamente al general Silva Renard. "Opinión pública comprende doloroso extremo fue necesidad ineludible para cumplir deber primordial de afianzar el orden y la tranquilidad pública... Las voces aisladas que por motivos políticos se han hecho oír en diputados no tienen eco, como puede verlo US., por las apreciaciones de toda la prensa seria", telegrafiaba el Ministro del Interior al intendente de la Provincias [59]. En la Cámara, en efecto, además de las protestas de los parlamentarios demócratas, se escuchaba también la crítica de Arturo Alessandri P.: "Los movimientos populares hay que combatirlos yendo al origen del mal y dictando leyes que rijan las relaciones entre el capital y el trabajo decía- de manera que estas dos fuerzas se equilibren o que marchen paralelamente, sin chocarse jamás y en forma armónica".[60]

El Ministro del Interior, Rafael Sotomayor, sostiene en su defensa que se "ha expuesto a la censura pública por conservar el orden público que es lo primero que necesita toda autoridad bien constituida para poder amparar las vidas y las propiedades de los ciudadanos. Esta garantía no está inscrita en la Constitución, pero los gobiernos para eso existen. El fin primordial de un Gobierno debe ser el de amparar la propiedad, la vida y el orden social... El Gobierno conoce las disposiciones de la Constitución y sabe que es su deber respetar y hacer respetar el derecho de reunión y la libertad de prensa; pero, a la vez, sabe que también están garantidos la propiedad, la vida y el orden público que son las cosas más sagradas y más dignas de respeto ". A juicio del Ministro del Interior la huelga tuvo su origen en agitadores provenientes de Argentina. No se conforma con lo que ha dicho, llega al extremo de afirmar que "en las relaciones entre los trabajadores y patrones en las salitreras existe la ley del embudo. La responsabilidad pesa sobre los patrones; pero también sobre éstos las exigencias de muchas voces desmedidas y los caprichos del trabajador... Se dice que el patrón se impone al trabajador, y es al revés, el operario es quien se impone al patrón. Las explotaciones de que se habla existen muchas veces en la fantasía de algunos..."[61]

Colocado de espaldas a la realidad, en una sesión posterior R. Sotomayor niega la existencia de clases sociales en el país. En Chile, dice, "no hay más que una clase social... ¿cuántos millones del presupuesto se destina a aliviar a la gente desvalida de las clases populares? ¿Cuántas sociedades, de jóvenes, de caballeros, de señoras no hay dirigidas a amparar no solo a los obreros enfermos o inválidos, sino también a la hoz de la sociedad, a los criminales? ¿Cómo entonces se propaga una idea tan errónea, tan falsa, tan perniciosa? Las más distinguidas damas de la República entran a los lugares más inmundos, a lugares donde no entrarían en su propia casa, en sus propios fundos, a contribuir con su óbolo a aliviar pobrezas y alentar con sus consuelos las miserias morales. Es que no hay aquí sino una sola clase social, y si hay alguna que vaya siendo privilegiada es precisamente aquella que se dice explotada por las demás" [62].

Pese a tan categóricas declaraciones más adelante, al pedírsele explicaciones en el mismo debate, de las razones por las cuales ha clausurado e impedido la circulación de la prensa, sin tener autoridad legal, con todo desenfado contesta: "El diario 'La Época' es un periódico que tiene entre sus lectores alguna gente inconsciente y ha publicado noticias falsas para incitar al pueblo a la venganza; pero no son los mismos periódicos que están llamados a circular entre las clases altas, aunque en ellos se habla de sedición. Esos artículos no hacen mayor daño. Creo que aunque el señor diputado por Curicó leyese uno de esos diarios en que se incitase a ir contra los poderes públicos, no por eso se sentiría S.S. animado de tal propósito. No pasa lo mismo con el pueblo que discierne poco y que fácilmente, se puede sentir animado de subvertir el orden público".

Malaquías Concha: "¿Qué no hay una sola clase social en Chile?"

Sotomayor: "Ante la ley sí, pero la condición de los individuos no es ni puede ser igual. Hay hombres como los de las clases elevadas, que tienen criterio, instrucción y discernimiento suficiente para ver lo que puede importar un artículo de la naturaleza de que se trata; mientras que esos ángeles de que hablaba el señor diputado por Concepción no tienen criterio para discernir, y la prueba es que lo dirigen quince o veinte explotadores que labran la desgracia del pueblo".

Veas: "Debe haber un banquillo para los explotadores del pueblo, y otro para las clases altas".

Sotomayor: "Evidentemente".[63]

Refiriéndose a los mismos hechos, Joaquín Walker Martínez, adopta una actitud cautelosa. Diputado de oposición no quiere comprometerse con la suerte del gabinete, pero, al mismo tiempo, desea salvar los principios sustentados por Sotomayor.

"No es conveniente dejar que el pueblo crea que hay un divorcio entre él y las clases elevadas -dice-. Yo no reconozco más que una sola clase social en mi país; para mí no hay obreros ni clases acomodadas; para mí todos son chilenos. Es necesario para evitar un divorcio de las clases sociales, que el pueblo vea que sus representantes quieren penetrarse de la verdad de las cosas".

Contados senadores -como Sánchez Mansell acusarán a las compañías de ser las causantes de esa "mancha oprobiosa en nuestra historia administrativa". Los demás parlamentarios guardarán un cuidadoso silencio [64]. El debate continuó por largo tiempo. La interpelación al ministro presentada por los diputados demócratas jamás vio su final; en cada oportunidad en que algún diputado de esas filas pretendía proseguir sus observaciones, la sala quedaba sin quórum. Ninguna sanción tendrán los responsables de la masacre.

3. Las tácticas de lucha del proletariado

En este período es posible observar una clara evolución en las tácticas utilizadas por el proletariado. No siempre se usaron los métodos más adecuados.

A fines del siglo pasado por ejemplo, según informa "El Imparcial" de Huara, hubo un intento entre los obreros del salitre para uniformar un movimiento encaminado a destruir las oficinas; con este objeto delegados obreros se habrían reunido en Iquique para ponerse de acuerdo, a fin de que en una hora determinada en todo el salitre se destruyesen los medios de comunicación (telégrafo, teléfono, ferrocarriles, etc.) y se facilitaran sus propósitos. El movimiento, sin embargo no prosperó.

Ocho años más tarde en 1904 los obreros de Taltal. hicieron publicar en la prensa obrera del país el siguiente aviso:

"¡Atención obreros!

Ningún obrero consciente debe ir a trabajar a las oficinas 'Chile', 'Alemania' y 'Atacama' ni comprar en sus almacenes de Taltal.

Boicot a la Compañía Salitrera Alemana".

Por cierto que los propósitos de los obreros de Taltal no fructificaron. Masas de obreros engañados, provenientes del Sur, sin trabajo, se veían obligados a emplearse en las oficinas citadas.

Los proletarios empiezan a comprender que para vencer a su enemigo de clase deben utilizar todos los medios posibles. "No debemos desdeñar las armas que la misma burguesía pone en nuestras manos -escribe el honrado e inteligente periodista obrero Hipólito Zuleta, por aquellos mismos años- para atacarle cuando creamos convenientes a nuestros intereses. Aquí me refiero precisamente al voto político, que es el arma más eficaz que debemos emplear para contrarrestar los avances de la burguesía, estorbándoles de este modo en toda ocasión, hasta obtener el triunfo de nuestros ideales y conseguir un relativo bienestar para las masas oprimidas". Pese a la clara exageración contenida en las apreciaciones de Zuleta, estas indicaban un cambio entre los obreros, habituados a desdeñar la lucha parlamentaria.

Al mismo tiempo se sostenía, por algunos obreros conocedores de los elementales principios del socialismo, una constante polémica acerca de la manera como eran conducidas muchas huelgas. Hemos tenido ya ocasión de conocer la crítica hecha por Recabarren al desarrollo del movimiento de 1907; en verdad, él no hacía sino asimilar y sintetizar la experiencia acumulada por la clase obrera chilena.

A partir de 1907 se usarán los métodos más variados de lucha y se combinarán reivindicaciones de tipo económico con algunas de tipo político. La influencia anarquista, fuerte hasta entonces, empieza a declinar.

4. La discusión sobre el origen y significado de las huelgas

Hemos comprobado, a través de todos los movimientos esbozados, la actitud beligerante, parcial, arbitraria, del Gobierno para enfrentar los conflictos de clase.

El Gobierno no se conformaba con utilizar indebidamente las fuerzas armadas para reprimir violentamente, a sangre y fuego, los movimientos obreros; sino que, en más de una ocasión, puso al servicio de las empresas a miembros de la administración pública a fin de romper huelgas provocada por los bajos salarios o abusos cometidos por los empresarios (10).

La política de terror y represión violenta nacía de la clara identidad existente entre el Gobierno y los sectores capitalistas. El caso del Ministro Besa que con ejemplar diligencia movilizó el Ejército y la Armada para romper una huelga que afectaba a la compañía de la cual era el principal interesado, no era un hecho aislado en nuestra vida política. Años más tarde, el Ministro Sotomayor es acusado de poner a su servicio recursos estatales; en 1907 defendió en la Cámara de Diputados un empréstito por £ 500.000 hecho a la casa Granja -en la que tenía intereses-, empréstito que ocasionó perjuicios manifiestos al comercio y a la hacienda pública65. Obvio es entonces que en tales condiciones la política gubernamental tenía que ser de abierta parcialidad en los conflictos obreros.

En más de una oportunidad, en el Parlamento, se escucharon opiniones clamando por una nueva actitud de los Poderes Públicos frente a los conflictos sociales. Si Mac Iver en 1903 exclamaba que la cuestión social no existía, hombres de las más diversas corrientes demostraban lo, contrario. En el mensaje presidencial de ese año, se proponían proyectos destinados a "prevenir dificultades entre patrones y obreros", recomendación que partía de 'la importancia que tiene el estudio de los problemas sociales"; las medidas propuestas eran superficiales, pero importa destacar que la existencia y gravedad del problema estaba en la mente de muchos.

Ese año también en el Parlamento se empieza a debatir la cuestión social. Semanas después de la explosión popular de Valparaíso, habiéndose producido un cambio ministerial, Agustín Edwards, conspicuo miembro del Partido Nacional, estimaba que el país esperaba mucho de este Ministerio "que tiene grandes responsabilidades sobre si, delicados problemas financieros que resolver, una cuestión internacional de grande importancia de latente actualidad que abordar y luchas modernas y naturales entre el capital y trabajo que hay que encauzar en una corriente sana y de armonía de los intereses de todas las clases sociales". En esa oportunidad, el parlamentario conservador, Francisco Hunneus, agrega estar "profundamente convencido de la gran importancia de la cuestión social que ha atraído en torno de ella la mirada universal, de esa cuestión que existe no sólo en Europa sino también en nuestro propio Chile y que está íntimamente unida no sólo al orden moral y religioso, sino también al político y económico. Que no suceda en Chile, señor Presidente, lo que ha sucedido en la vieja Europa que se dejó llevar por un optimismo liberal y por sus ideas en extremo individualistas y se mantuvo indiferente al movimiento obrero, para tener que despertar cuando todas las instituciones existentes estaban ya amenazadas de muerte, cuando el pavoroso problema de salvación social se presentaba en toda su magnitud. Es tiempo sobrado de que dejemos, en parte siquiera, de mano nuestras rencillas políticas y de que nos preocupemos seriamente de la condición de los obreros chilenos... .la conservación del orden social cristiano debe ser la suprema aspiración de nuestro país, de todos los que nos llamamos chilenos, sin distinción de partidos" [66].

Empiezan a surgir diversas sugerencias para legislar sobre los contratos de trabajo, resolver por arbitraje las diferencias entre patrones y obreros, constituir seguro o indemnización por accidentes de trabajo, crear fondos de recursos en beneficio de las familias de los empleados fallecidos, abolición absoluta del pago en fichas, despachar el proyecto de Habitación Obrera, etc.

Movidos debates en el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados, contribuyen a clarificar la posición de los diversos partidos sobre la cuestión social. "Aquí nos estamos asustando con la cuestión obrera, con una cuestión que en realidad -decía el diputado conservador Eulogio Díaz Sagredo- no existe... en verdad, no puede decirse que se haya producido en Chile el problema o la cuestión obrera que es causa de preocupaciones en Europa". A lo cual el diputado radical, Fidel Muñoz, acotaba: "El Partido Conservador, o más propiamente el clerical, no puede mirar con agrado que se levante el velo de la ignorancia y miseria que cubre a las clases trabajadoras de nuestro país. A lo más pueden admitir los conservadores que, tratándose del trabajador desgraciado y desvalido, le tienda su mano la caridad cristiana, que es lo único que conceden a los proletarios, a los cuales, no quieren considerar como sus iguales ni como ciudadanos libres de una República... Es necesario que el Congreso contemple la verdadera situación de nuestras clases trabajadoras y que los que nos titulamos representantes del pueblo, hagamos obra para el pueblo". Interviene en el debate Emilio Bello Codecido y dice:

"Considero muy digno de estudio y de alto interés público el procurar por todos los medios posibles, el mejoramiento de la condición de la clase obrera y de todo lo que tienda a armonizar las relaciones entre el capital y el trabajo... el partido liberal-democrático se encuentra más cerca de esta idea que otros partidos, por figurar en su programa principios económicos que tiendan a prestar amparo a ¡as clases trabajadoras. El problema obrero está... relacionado muy de cerca con la cuestión económica, con la situación del erario público, y con todos aquellos medios que tiendan a asegurar al obrero una remuneración conveniente y equitativa que satisfaga a sus necesidades más premiosas. Pero para solucionar todos esos problemas se requiere previamente exista el trabajo, esto es que se impulsen todas aquellas obras que dan vida a la industria y desarrollo al trabajo" [61]. Los parlamentarios del Partido Demócrata sobresalen entre los diputados por su preocupación e interés por resolver los problemas de los trabajadores; sin embargo, sus esfuerzos se frustran ante la frialdad e indecisión del resto de los congresales cuando hay que votar una resolución de este tipo; entonces se olvidan las declaraciones y priman los intereses.

La política de terror policial es denunciada en el Congreso, asimismo es considerada errónea la tesis de quienes sostienen que las huelgas son obras de agitadores u obedecen a causas artificiales. Son conflictos de intereses -proclaman varios- y de ahí la conveniencia que las autoridades adopten la más absoluta prescindencia frente a cada conflicto. El arbitraje obligatorio sería el medio para salvar los movimientos de protesta de los trabajadores, afirman varios parlamentarios (11).

También el Parlamento presta atención a la creciente influencia que en el desarrollo de los conflictos sociales adoptan representantes de intereses foráneos. Ya en 1903 en la Cámara de Diputados, se conocían las instrucciones del subsecretario de Marina de EE.UU., Mr. Aboody, a la escuadra americana del Pacífico, compeliéndola a alistarse rápidamente para dirigirse a Valparaíso en caso de que la escuadra del almirante Summer "no sea lo suficientemente fuerte para hacer respetar los intereses americanos"; el diputado Eulogio Díaz Sagredo protestaba indignado por la pasividad de la Cancillería chilena ante el atropello manifiesto a la soberanía nacional que significaban tales disposiciones.[68]

Fue, sin embargo, al año siguiente cuando se vio el alcance que significaba la abusiva intromisión de representantes extranjeros en la vida nacional. En efecto, refiriéndose a la represión habida en Tocopilla, donde Silva Renard amenazó con el fusilamiento a los obreros que desobedecieran sus órdenes, Malaquías Concha, denunciaba la actitud del cónsul inglés de esa zona que en persona dirigió a los rompe-huelgas, "desde un bote que llevaba izada la bandera inglesa... para considerar como una agresión a la bandera británica cualquier ataque que los huelguistas hicieran a sus reemplazantes y justificar alguna reclamación diplomática que habría sido dolorosa para nuestro prestigio o por lo menos para nuestro tesoro". Agrega el diputado Malaquías Concha que el Gobierno, escuchando las insinuaciones del ministro inglés, aumentó las gratificaciones de que "gozan los militares que prestan servicios de Taltal al Norte, con el fin, se dijo, de mejorar el personal militar que a esas regiones se envía, porque el ministro inglés había insinuado que no estaba suficientemente garantido el capital inglés invertido en la explotación de las salitreras" [69]

La discusión no prosiguió. La intervención foránea era facilitada por hábiles abogados que sabían guardar silencio y conservar una permanente influencia en las esferas gubernativas. Nunca se conocerá el caso de un gobierno chileno movilizando las tropas para hacer respetar el derecho de los trabajadores; las fuerzas armadas sólo han de movilizarse para hacer respetar el "orden y la propiedad" como afirmara el Ministro del Interior, Rafael Sotomayor.

La discusión sobre las huelgas -el problema social en general- ha de revivirse cada vez que un nuevo conflicto sea conocido. La legislación que dé un mínimo de garantías a los trabajadores tardará muchos años en dictarse.

5. Las organizaciones de la clase obrera

En todo el período hubo muchos intentos de agrupar a los obreros nacionalmente.

Es en el Norte donde surgen los primeros intentos. En 1900 se funda la "Sociedad Pampina" en la oficina Santa Clara que tres años más tarde pretenden ampliarla con delegados de otras oficinas. [70]

a) El Congreso Social Obrero

En 1902 se organizó, con representación de 168 sociedades que agrupaban un total de 20.000 asociados, el "Congreso Social Obrero" de destacada actuación en el primer decenio del presente siglo.

El principal impulsador fue Zenón Torrealba y serán los demócratas sus principales orientadores. Importantes sectores de la opinión pública recibieron con entusiasmo su constitución (12). El Congreso quiso en un principio, limitar las finalidades del movimiento obrero a objetivos exclusivamente mutuales; mas, la experiencia dolorosa de los pampinos, de los mineros del carbón y los obreros industriales, hizo que muy pronto cambiara su carácter.

En las convenciones que celebró el Congreso Social Obrero, se incorporarán al temario la lucha por la jornada de 9 y 8 horas sucesivamente, reglamentación del inquilinaje, derechos de la mujer trabajadora y empleada, defensa del trabajo contra el capital y el abuso, etc.; incluso se adoptarán resoluciones contra el sistema de fichas y en 1904 se pedirá a las autoridades gubernativas la libertad de Luis Emilio Recabarren injustamente detenido en Tocopilla y solidarizará con Luis Gorigoitía y Eduardo Genioso detenidos por sus actividades sindicales. Es también el Congreso Social Obrero quien, en 1908, llamará a la huelga general para protestar por la masacre de la Escuela Santa María.

A pesar del aporte positivo que significó el Congreso Social Obrero, éste fue incapaz de superar la visión limitada impresa por sus dirigentes, artesanos en su mayoría. Influía negativamente en su marcha la orientación conciliadora y vacilante de los sectores más débiles del Partido Demócrata. En la práctica, después de 1908, perderá toda fuerza en el campo gremial.

b) Las Mancomunales

Fue en 1900 cuando se hizo el intento más serio de formar una organización dé la clase obrera chilena. Es entonces cuando nacen las primeras Combinaciones Mancomúnales de Obreros que, en cierto modo, son los primeros sindicatos obreros del país. Son los trabajadores del mar en los puertos nortinos quienes primero le dan forma; luego se extenderá al interior en la Pampa. Las Mancomunales pronto adquirirán grandes proporciones y serán conocidas en todo el país. Organiza a los obreros, dirige su movimiento, fomenta la solidaridad y protege a sus afiliados con ayuda asistencial, abre escuelas y trata de alejar a los obreros de los vicios por intermedio de las filarmónicas, centros sociales y artísticos. Es un feliz intento de armonizar la tradición mutual que imperaba hasta esa fecha y las nuevas necesidades mediatas e inmediatas del movimiento proletario (13).

Papel importante en el desarrollo de las Mancomúnales, tuvo Luis Emilio Recabarren. Los obreros de Tocopilla, admiradores de Recabarren por su tenaz campaña en pro de las reivindicaciones de las masas obreras y populares, lo llamaron, en 1903, para que fuera a trabajar con ellos en la organización de la Combinación Mancomunal de aquella ciudad. En septiembre de aquel año, la Mancomunal de Tocopilla resolvió publicar un periódico destinado a la propaganda; en el mismo mes era adquirida la imprenta y el 18 de octubre aparecía el primer número de "El Trabajo", dirigido por Recabarren, periódico que sería un efectivo impulsador de la organización.

La organización interna de la Mancomunal estaba estructurada de la siguiente manera: Consejo Directivo General, Congreso, Cuerpo y Tesorería, Gremio y Grupos. Los grupos eran la base de la Mancomunal y estaban formados por pequeños grupos de obreros de una misma actividad, ellos elegían a los jefes y recaudadores de grupos. Los gremios estaban formados por todos los grupos de una misma actividad, y elegían un directorio compuesto de cinco miembros. Tres representantes de cada gremio formaban el Congreso, el cual se reunía cada cuatro meses. El Consejo Directivo General era elegido por el Congreso. Para ocupar los distintos cargos se requería cumplir con determinados requisitos. Eran organizaciones de afiliación voluntaria por tanto es difícil saber el número de sus miembros, pero su vitalidad e influencia en el movimiento obrero era un hecho innegable (14).

Se comprende entonces los numerosos atropellos cometidos con las Mancomunales.

En Iquique, lugar donde se funda la primera Mancomunal, los capitalistas se valieron de un sujeto sin escrúpulos, Lorenzo Morales, para que en 1902 pidiera la disolución de la Mancomunal, basado en que legalmente las sociedades sólo eran personas cuando estaban autorizadas por el Presidente de la República; como el requisito no se había cumplido, se pedía la disolución de la sociedad y la entrega de los aportes individuales. Para poder salvar la Mancomunal, Abdón Díaz y Maximiliano Vera -fundadores de ese organismo- acordaron formar una Sociedad Mancomunal de Obreros bajo la razón social de su presidente; la sociedad tenía por objeto "la carga y descarga de naves, ya sea de salitre, carbón y mercaderías en general; la carga y descarga de carros; la carga de lanchas y el transporte de salitre y carbón, desde el puerto a las naves o desde éstas a las tierras; y en general todos los demás trabajos de ribera u otros que los socios acuerden llevar a efecto; las utilidades se repartían en partes iguales entre los socios y una parte de ella se destina a la realización de honras a la fundación de establecimientos útiles de provecho para la gente obrera que prestan sus servicios en esta sociedad". Pudo así legalmente salvarse.

En 1904 en Tocopilla sufrieron la dura represión armaba de las tropas comandadas por Silva Renard. Fue duramente perseguida por la autoridad local, Víctor Gutiérrez. El 5 de marzo de ese año fue asaltado el local por un piquete de policía y la imprenta clausurada. Tres obreros fueron heridos por la policía.

Pese al desarrollo alcanzado, a fines de 1907 era evidente su decadencia. Hubo errores orgánicos e ideológicos que impidieron su fortalecimiento. No constituyó un todo orgánico en el plano nacional y prevaleció en ella -como agudamente comentaba Recabarren en el análisis de la masacre de la Escuela Santa María- tendencias anarquistas que condujeron a más de una derrota de proporciones a la clase obrera. No bastaba para dirigir al proletariado la honradez de propósitos y la abnegación por la causa del pueblo, era necesario además tener en cuenta las posibilidades concretas de los obreros en cada batalla que daban, limitar el campo de combate y elegir la táctica adecuada.

La masacre de la Escuela Santa María marcó el descenso definitivo de las Mancomunales.

c) Las organizaciones de resistencia

Los anarquistas especialmente, organizaron las Sociedades de Resistencia que comprendían uno o más gremios de obreros de la misma industria. Se formaron a veces, con ocasión de huelgas parciales en algunas fábricas, o generales en un ramo de la minería, como en el salitre.

Las ligas de resistencia circunscriben la lucha de los obreros a reivindicaciones económicas.

Para ellos la huelga es el arma eficaz que ha de derrumbar la sociedad capitalista. Al insistir en el uso exclusivo de esta arma, y desconocer la importancia que tenía para el movimiento obrero todos los instrumentos posibles para el logro de sus aspiraciones, condujeron, pese a su heroicidad, y sacrificio, a más de una derrota a la clase obrera, derrotas que fueron minando su influencia. Las sociedades de resistencia se incorporarán a las Mancomúnales y a las diferentes organizaciones que aparecen a lo largo de nuestro estudio.

d) Otras organizaciones

Desde principios de siglo aparecen organizaciones locales que pretendían agrupar a los obreros de una misma actividad y defender sus intereses. Sus principios eran parecidos a los de las Mancomunales.

En el carbón, por ejemplo, en 1901 se organiza la Federación del Carbón que dirigió importantes movimientos de los obreros de esa zona. Asimismo, en el salitre ha de organizarse la Federación del Salitre que agrupará a las agrupaciones locales salitreras.

En 1906, cuando se advertían los primeros síntomas de la decadencia de las Mancomúnales, en Santiago se intenta organizar la Federación del Trabajo que se proponía:

"Reunir en su seno a las diferentes organizaciones obreras (sociedades de trabajo) que tengan por objeto el mejoramiento y defensa de las condiciones de trabajo por medio de la asociación. Procurar la creación de nuevas sociedades de oficio donde no existan y auxiliarlas para que constituyan federaciones locales y federaciones de oficio. Practicar debidamente el principio de solidaridad entre las organizaciones adheridas con arreglo a las prescripciones de los presentes estatutos. Mantener estrechas relaciones con las organizaciones obreras de los demás países que persiguen el mismo fin que esta Federación y practicar con ella del mismo modo, siempre que sea posible, el principio de solidaridad. La Federación usará de los medios necesarios ante quien corresponda para obtener el mejoramiento del proletariado. Con este objeto, la Federación acepta en principio la lucha de clases; no pertenece a ningún partido político, no profesa ninguna religión, no reconoce distinción de raza o nacionalidad y se gobierna con la resolución de sus asociados en Federaciones o Congresos; sus miembros son libres personalmente de defender y propagar las opiniones que consideren más aceptables, siempre que estas no vayan en contra de los requisitos fundamentales de la institución".[71]

La Federación de Trabajadores sólo logró tener vida en la ciudad de Santiago reuniendo a un gran número de gremios.

En los años inmediatamente posteriores a la masacre de la Escuela Santa María, el movimiento obrero da un paso atrás. Algunas organizaciones sindicales se extinguen. Otras resisten en el Norte. En Santiago los panificadores, los obreros del calzado, los gráficos y los tranviarios, mantienen periódicos organizados. En la lejana Punta Arenas, el gremio de marineros y fogoneros organiza en 1909 la Unión Internacional de Obreros y Trabajadores que edita un periódico. "La Voz del Obrero".

D. EL DECENIO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

1. El proceso de los subversivos

Al iniciarse 1911, el país sabe de un complot anarquista. Se inicia así el llamado "proceso de los subversivos". La policía de Santiago, con su torpeza tradicional, había hecho estallar un petardo inocuo frente a la Casa de María, ubicada en la calle del Carmen. Como es ya un hábito las bombas de origen policial, aquella estaba envuelta en periódicos anarquistas, algunos editados en Buenos Aires, de que la policía se incautaba mañosamente. La "paternidad de la bomba, con tales pañales, era manifiesta, y la policía aprehendió y puso a disposición del juez Bianchi a varios anarquistas notorios, entre ellos a un obrero francés, llamado Aquiles Lemire, zapatero de oficio" [72]. La arbitrariedad con que actuó el juez mereció protesta de parlamentarios. El Ministro de Justicia, en la Cámara, defiende al juez y dice:

"... todos ellos en el momento de declarar, han dicho que no pertenecen a ningún partido político, que tampoco son demócratas, sino que son anarquistas, esto es individuos que persiguen el trastorno del orden social, que es un delito que clasifica y castiga el Código Penal" [73].

El Ministro del Interior, acota:

"De esto no quepa la menor duda en la Cámara: tenemos el anarquismo en Chile, organizado en sociedades llamadas de resistencia, que existen en Santiago y Valparaíso. Y en el interrogatorio que se les ha hecho a estos individuos han declarado francamente que son anarquistas, que quieren el trastorno del orden social existente y que no aceptan nada de lo que existe... Y el hecho es que nos encontramos con que en Chile existe el anarquismo organizado en sociedades de resistencia".

Veas: "¡Son unos cuantos descabellados no más!".

Gutiérrez (Ministro del Interior): "Tanto más temibles si son descabellados. Yo temo las reuniones de estos descabellados, porque pueden llevarnos a extremos deplorables. Mientras tanto esta secta ya organiza, cunde y cundirá más, desgraciadamente si no se impide su desarrollo. Se esperaba que llegaran de la República Argentina famosos anarquistas, a dar conferencias privadas a estos asociados; pero han suspendido su viaje con motivo de esta investigación judicial que se está haciendo en Chile. El anarquismo existe organizado en Chile, son sociedades de resistencia, y las bombas que han explotado en el último tiempo son de aquellas manos, y esas manos ya se sabe de quienes son. Ante esta situación, yo creo que ningún partido debe hacer causa común con ellos, mucho menos el Partido Demócrata que tiene un programa de democracia y no de anarquismo. Digo esto porque en algunas sesiones solemnes de esta Cámara han protestado de que se les considere siquiera como socialistas".

Veas: "Lo repito: no defendamos a los anarquistas, defendamos a los inocentes que han ido a formar la dicha sociedad de resistencia creyendo que de ello iban a derivar un beneficio, un mejoramiento en su condición y en la de su familia... ". [74]

Es sorprendente oír a un Ministro hablar sobre las sociedades de resistencia y la existencia de anarquistas como de un hecho inusitado en la vida política del país, cuando tenían éstas más de veinte años de existencia y de actuación en los medios obreros. La búsqueda de víctimas propiciatorias había empezado en la vida política del país. fácil era atribuir todos los males de la nación a la existencia de unos cuantos agitadores profesionales, si se los extermina la paz reinaría de nuevo en la República. Los agitadores "eran para la oligarquía los únicos responsables del problema social, que sin ellos no existiría: los más simples o los más feroces de entre los oligarcas sostenían impúdicamente que bastaría con fondear en el mar una media docena de agitadores para hacer desaparecer toda la cuestión social: llegaron a proponer una medida semejante en una reunión de senadores y hallaron conveniente la medida por lo menos cuatro de los presentes". [75]

a) El caso de Voltaire Argandoña y Hortensia Quinio

Numerosos procesos se abrieron en esos días contra los "subversivos". Entre ellos se recuerda el caso de Voltaire Argandoña y su compañera Hortensia Quinio, detenidos por la policía, sin orden competente, y acusados de esconder bajo la cama dos cartuchos de dinamita procedentes de las Obras del Puerto de San Antonio. Fueron cruelmente torturados para que confesaran la procedencia de los cartuchos, naturalmente ninguno pudo confesar lo que ignoraban. Argandoña era dirigente obrero de prestigio e inteligencia. Fueron declarados reos, y el proceso duró más de dos años y jamás se les dio libertad provisional. El juez condenó a Argandoña, sin tener prueba alguna contra él, a tres años y un día por "andar con instrumentos conocidamente destinados a causar estragos" y absolvió a Hortensia Quinio por falta de pruebas. Poco tiempo después fallecía Hortensia Quinio a consecuencia de las torturas experimentadas en la prisión. Las apelaciones no fueron oídas ni por la Corte de Apelaciones ni por la Corte Suprema.

b) El caso de Efraín Plaza Olmedo

Efraín Plaza Olmedo, obrero panadero, anarquista, en invierno de 1912 tuvo un extravío mental. Por esos días en El Teniente había caído un rodado de nieve que sepultó a cuarenta obreros, y el 12 de junio mientras la juventud se paseaba indiferente por las calles centrales de Santiago, Plaza Olmedo, en un ataque de locura, sacó un revólver que llevaba consigo y disparó a los paseantes. Dos jóvenes fueron muertos. En los tribunales intentó fundamentar las razones que le asistieron a su crimen, pretendía según él llamar la atención del pueblo a su miseria y hacia el egoísmo de la burguesía. Fue condenado a cuarenta años de presidio. En la prisión fue aislado y tratado en forma brutal. Sólo en 1925 fue puesto en libertad. Meses después fue encontrado muerto, ignorándose si su desaparición fue causa de un suicidio o de asesinato de la policía.

c) El caso de Antonio Ramón Ramón

Antonio Ramón Ramón, español, perdió a su hermano en la masacre de Iquique. Hombre de costumbres sobrias y ejemplar, jamás pudo reponerse de la muerte de su hermano. La idea de la venganza lo perseguía. El 14 de diciembre de 1914, cerca del Parque Cousiño, intenta dar puñaladas a Silva Renard. Fue detenido en el mismo sitio y uno de los ayudantes de Silva Renard se ensañó contra él; en tanto dos policías lo tenían de los brazos, le daba sablazos en la cabeza y sólo tuvo que detenerse debido a que los espectadores lo impidieron. Un juez suplente "famoso por sus desvergonzadas prevaricaciones", Arturo Laiz Verbal, condenó a ocho años a Ramón. Después de una serie de apelaciones la condena fue mantenida.

d) El caso de Julio Rebosio

En 1919 es conocido el caso de Julio Rebosio. Anarquista orador ardiente, recorría el país propagando sus ideas. Sufrió una serie de persecuciones. Detenido en 1917 como remiso al servicio militar fue tratado con rigor inhumano en el cuartel, se fugó de la enfermería y salió a recorrer la costa del Pacífico hasta México. En ese país fue condenado a muerte pero alcanzó a ser indultado por las autoridades. Vuelve a Chile y en 1918 edita "Verba Roja" en la ciudad de Iquique. La policía asaltó la imprenta, la destruyó y lo detuvo. Fue puesto a disposición de la justicia militar. Allí se le mantuvo en uno de los cuarteles "en condiciones dignas de la Edad Media, en un calabozo sin luz ni aire, sin alimentos, con grillos e incomunicado"'16, "no se le permite hablar con su abogado y él mismo no sabe por qué se le tiene preso" [77]; el Ministro de Guerra ordenó que cesara ese estado de cosas, pero el comandante general del arma no obedeció. "Rebosio fue acusado de ser espía peruano. Lo trasladaron a Iquique en un barco de guerra, y en el viaje, lo colgaron de los pies por veinticuatro horas y no recibió sino pan y agua hasta llegar a Iquique. Iba deshecho, molido, con una tos cavernosa que ya no lo abandono más y con los dedos agarrotados y torpes; pero conservo su entereza" [78]. El Consejo de Guerra que lo juzgaba por desertor lo condenó a muerte. "La Corte Marcial viendo la consulta, anuló el fallo y todo el procedimiento por falta de competencia. Declaró que no podía haberse seguido causa por la deserción de 1917, porque con ocasión del centenario de Maipú (5 de abril de 1918) una ley de la República había otorgado amnistía amplia y general a todos los desertores del Ejército y la Armada y a todos los infractores y remisos al servicio militar; y que no quedaba subsistente otro delito que juzgar que las actividades subversivas de Rebosio como editor del periódico 'Verba Roja', que eran de la competencia del Juez del Crimen de Santiago" [79]. Engrillado regresó a Santiago. Casi moribundo fue puesto en libertad provisional por el juez. Destruida su salud, sin poder sostenerse a sí mismo, sin esperanzas en sus afectos, termina por suicidarse, frente a la casa de la que había sido su compañera. Seis mil obreros acompañaron a Rebosio a la tumba.

e) El caso de Casimiro Barrios

En este decenio se dicta la ley de residencia que autorizaba al gobierno para expulsar del país a todo extranjero indeseable y a los que propagaran ideas perniciosas, inmorales o contrarias a la seguridad interior del estado. El Gobierno de Sanfuentes se caracterizó por el uso de esta ley en forma discriminada. Fue la expulsión de Casimiro Barrios, joven español, que pretendió organizar a los empleados de tienda, la que despertó más indignación. En la Cámara de Diputados el representante radical Pinto Duran, se refirió con indignación a la expulsión de Barrios. "Desde luego noto que se ha faltado al principio de la retroactividad de las leyes, al condenar a Barios por hechos ocurridos antes de la vigencia de la ley de residencia... ninguno que conozca al señor Barrios, puede negar que es una persona que se preocupa de mejorar la situación de las gentes humildes, de las gentes de su condición... Yo lamento, señor Presidente, que aparezca interviniendo en esta cuestión de la primera aplicación de la ley de residencia, uno de los hombres que más respeto y quiero en el país: el señor Armando Quezada" [80]. En una sesión posterior, se hace una curiosa defensa de la autoridad, "no importa que la ley haya sido dictada posteriormente -afirma el diputado Roberto Sánchez- la ley es preventiva, conserva el orden" [81].

f) La Ley de Residencia

En general el Gobierno contó con el beneplácito de los partidos tradicionales en su política de persecución a los obreros; incluso vemos a unos de los hombres que más se había distinguido en el decenio anterior por sus declaraciones populistas. Armando Quezada, aplicar la ley de residencia sin titubear un instante.

El Partido Demócrata protesta en forma débil, conciliadora, típica de un partido que abandona, poco a poco, sus enunciados de emancipación social para suplantarlos por las granjerías del poder. A fines de 1909 cuando se discutía en la Cámara de Diputados, la ley de residencia, Malaquías Concha en su intervención mostraba claramente las tendencias reformistas que ilusionaban a su partido. "Nosotros somos abiertamente contrarios a las ideas del anarquismo -decía- que tiene por base el individualismo y el despotismo de los hombres de gobierno. Consideramos que es tan anarquista el que abusa del poder como el que se subleva desde abajo, tan desalmado el que mata por el sable como el que mata con la bomba. Nosotros los demócratas somos de la escuela contraria, somos sostenedores del colectivismo. Y el anarquismo individualista es el mayor enemigo del socialismo, de los que deseamos que los lazos de la familia humana se estrechen más y más por la conciencia del derecho de cada uno. Sobre todo aquí en Chile, en un pueblo libre en que por medio de las elecciones se pueden hacer pasar leyes de protección al más débil contra los abusos del más fuerte y para hacer valer los derechos de las clases trabajadoras respecto a los patrones o de los que explotan su trabajo, el anarquismo no tiene base para existir. De manera que no caben violencias de ningún género cuando un pueblo goza de relativa libertad para gobernarse por sí mismo" [82]

A excepción del Partido Obrero Socialista, de las organizaciones sindicales, de los anarquistas y de algunos intelectuales, todos los otros sectores sociales hicieron suya la política represiva contra los trabajadores.

2. La lucha por una mejor remuneración

La lucha por un mejor salario fue, como en el decenio anterior, la más frecuente. También en estas oportunidades el Gobierno persistió en utilizar las fuerzas armadas para reprimir los movimientos reivindicativos de los asalariados.

Señalaremos la huelga más importante en este sentido. Hemos de observar que ellas no sólo se concentran en el salitre y en el carbón, sino que ahora se presentan en todo el país.

En diciembre de 1912, los obreros de Punta Arenas y la Patagonia chilena se declaran en huelga solicitando aumento de salarios. El Gobierno, por intermedio de la autoridad regional, redujo a prisión al directorio de la Federación Obrera. El conflicto no fue solucionado. Los obreros fueron hostilizados.

Ese mismo año, los ferroviarios de Coquimbo, por el mismo motivo, se declaran en huelga en toda la provincia; exigen que se les paguen los salarios en moneda de 16 peniques, conquista que lograron al igual que sus compañeros de la zona central.

En 1916, la Empresa de Ferrocarriles redujo los salarios de los obreros en un 15% , 20% y hasta 40%, medida que provocó una huelga. Intervienen las fuerzas policiales y actúan con violencia. Los ferroviarios no lograron un triunfo total.

Por ese año, los obreros del carbón de Curanilahue se declaran en huelga. Piden que se les pague ocho veces al año en vez de cuatro como se acostumbraba, aumento de sueldos y abolición de multas. El Gobierno envía tropas. Los obreros son ametrallados: 30 son las bajas que cuentan entre muertos y heridos.[83]

También en 1916, los obreros de la mina Loreto en Punta Arenas triunfan en una huelga que duró 22 días, obtienen un 15% de aumento en los sueldos y el reconocimiento del primero de mayo como día festivo.[84]

Por último, ese año, otros tres conflictos se destacan. En Iquique se produce una huelga entre los cargadores de la bahía; el Gobierno envía tropas del Ejército a reemplazar a los huelguistas. En Coronel, los obreros de la Cía. Schwager se declaran en huelga por aumento de salarios. En Punta Arenas se declaran en huelga los trabajadores de las estancias; de nuevo las fuerzas armadas fueron ocupadas en labores habituales de los trabajadores.

3. Huelgas del cobre

Los mineros de las grandes compañías cupríferas se incorporan activamente a las luchas obreras en esta década.

Al empezar 1911 los obreros del mineral "El Teniente" inician un movimiento que asume grandes caracteres. Los operarios exigen el aumento de salarios, el abaratamiento de mercaderías expendidas en el mineral y la separación de empleadores superiores que tiranizaban a sus subalternos. En el mineral se provocan incidentes. El 15 de febrero parten al mineral 20 hombres armados desde Rancagua; de Santiago salen 50 carabineros a imponer la autoridad en el mineral. Los obreros entonces bajan a Rancagua y solicitan hablar con el intendente; éste responde pidiendo un regimiento de Santiago para su protección. Por suerte el incidente no fue más lejos; el 18 de ese mes se anunciaba el término de la huelga; las peticiones de los obreros habían sido escuchadas en parte.

El 1º de julio de 1915 los operarios de Chuquicamata abandonan el trabajo. Exigen que doscientos de sus compañeros sean repuestos en sus obligaciones. En un pliego de peticiones agregan los siguientes puntos: ocho horas de trabajo; aumento de los sueldos en un 25%; pago de sobretiempo con un 50% de recargo; hora y media para almorzar; facilitar la Escuela para dar clases nocturnas a los obreros; rebaja en los precios de la pulpería; rebaja en la contribución que dan los obreros para el Hospital al 1% mensual (pagaban $ 0,10 diarios); prohibición de despedir a ningún operario del campamento aunque no esté trabajando, hasta que encuentre algo en que ocuparse en alguna sección; libre comercio en el campamento para los artículos alimenticios y de tienda; mejoramiento de las habitaciones, luz eléctrica en general en todas las habitaciones; poner a disposición de los obreros un máquina con sus respectivos coches para el trabajo de la gente de Chuquicamata en Punta de Rieles, en combinación con el ferrocarril Antofagasta-Bolivia, y limitación de la jornada de trabajo del día domingo hasta las 11 A.M. Los trabajadores en huelga sumaron tres mil. El paro duró una semana y fracasó.[85]

El 5 de noviembre de 1918, los obreros de "El Teniente" vuelven a hacer noticia. Ese día se declaran en huelga debido a que la empresa no aceptó la reposición de 28 obreros a quienes despedía por ser miembros de la Federación de Obreros de Chile (FOCH). Como era ya costumbre en los movimientos huelguísticos de la clase obrera, se incorporan nuevas peticiones: aumento de salarios, disminución de las horas de trabajo y separación de los jefes arbitrarios. El Gobierno moviliza tropas para amedrentar a los huelguistas; el intendente ordena desalojar las casas. Ochocientos obreros llegan entonces en tren a Rancagua y cinco mil con sus mujeres y niños marchan a pie hasta la misma ciudad. Obtienen el triunfo: la jornada de trabajo queda reducida a ocho horas y la FOCH es reconocida.[86]

4. La lucha de la jornada de ocho horas

No solo en el cobre se ha conseguido una jornada racional de trabajo, en muchas industrias se logra idéntica conquista.

En 1919, por ejemplo, los obreros de la fábrica de paños "Bellavista" se declaran en huelga a fin de que se acceda a limitar la jornada de trabajo a ocho horas y los salarios sean aumentados en un 25%. Los obreros de la fábrica de tejas, propiedad de esa misma firma, se adhieren a las peticiones y fueron también a la huelga. Los industriales trataron de quebrar la huelga, contratando niños para reemplazar a los huelguistas. Después de cinco días de suspensión en sus labores, los operarios triunfan, obtienen aumento de sueldos y la jornada diaria se reduce de 10 horas a 9 ½.

5. La huelga del "mono"

En 1913 se inicia un gran movimiento entre los portuarios de Valparaíso. El Ministro de Industrias y Obras Públicas decretó el retrato obligatorio de los operarios que trabajaban en los ferrocarriles del Estado. Los obreros se negaron a retratarse, consideraron el decreto "abiertamente inconstitucional, ilegal y atentatorio contra la dignidad de la gente que trabaja que no tiene por qué ser comparada con las meretrices a quienes por razón de salud pública se hace retratar y con las personas que cometen un delito y se hacen merecedoras del registro policial"; tenían, por otra parte, justificados temores que la medida sirviera más tarde para perseguir a los dirigentes sindicales y se les impidiera trabajar en cualquiera obra pública. A la negativa de los obreros se respondió con la fuerza, los comisarios de la policía de los ferrocarriles pretendieron obligar a los obreros ir por las oficinas a retratarse.

Diez mil obreros se declaran entonces en huelga y muy pronto se pliega la gente de mar. La bahía de Valparaíso se paraliza. Había comenzado la "huelga del mono". Los dirigentes fueron detenidos. Los obreros realizan un mitin con la asistencia de 15.000 obreros y piden la libertad de sus dirigentes y la de un dirigente sindical peruano, Otazu, el cual encontrándose de paso en Chile fue embarcado en un buque de guerra, trasladado a Coquimbo y de ahí enviado a su país.

Los obreros en huelga incorporan a su petición fundamental -abolición de la disposición ministerial en orden a exigir la fotografía de los obreros del ferrocarril- otras reivindicaciones: jornada de ocho horas, reglamento del trabajo de las mujeres y niños en los talleres, el descanso dominical, la responsabilidad de los patrones en los accidentes de trabajo.

En la Cámara se escucha al Ministro de Vías y Obras Públicas, Zañartu Prieto:

Zañartu: "... Se dice que esta medida es inconstitucional, ¿qué artículo de la Constitución infringe, pregunto yo a la Honorable Cámara? Se trata simplemente de una medida de seguridad y de orden en el servicio... esta huelga no ha nacido en el personal mismo, ella se debe a influencias exteriores, se debe a parásitos que perpetuamente viven al fado de las maestranzas del trabajo de los obreros, que viven torciendo sus sentimientos con miras innegables... trataré de hacer respetar en toda su fuerza el principio de autoridad por encima de toda consideración... ".

Malaquías Concha: "... El Gobierno no puede hacer otra cosa que aquella por la cual está autorizado por la Constitución; todo lo demás es una violación de la Constitución, un atropello de las libertades públicas... Nuestra pseudo aristocracia ha dado en obligar a los cocheros a cortarse el bigote, para que no se confunda con los patrones. Así, vamos de paso en paso, olvidando el respeto debido a la persona humana... El principio de autoridad, el deber del Gobierno consiste en respetar la libertad humana, en respetar fas instituciones establecidas" [87]

El Ministro Zañartu, posteriormente, insiste en su posición y dice que tanto más injusta es la huelga de los ferroviarios si se considera que son privilegiados respecto a otros gremios: "trabajan ocho horas diarias. Todavía se les paga el jornal de los sábados en la tarde, y de los domingos, que no trabajan. Tienen estos operarios, además la venta/a de que si sufren accidentes en el servicio, el Estado sigue pagándoles sus salarios por un plazo que llega hasta los seis meses, según creo, como si durante ese tiempo hubieran trabajado. Al cumplir estos operarios cuarenta años de servicios tienen el derecho a jubilación " [83].

Después de algunos días de huelga, los trabajadores aceptaron volver al trabajo. La fotografía obligatoria se aplicó.

Años más tarde se presentó un proyecto de ley al Congreso, pretendiendo exigir a los obreros, no habiendo aún ninguna ley sobre identificación obligatoria, su carnet de identidad. La "huelga del mono" reaparecerá con nuevas fuerzas esos años de 1917 y 1918. Hubo protesta general en el país. La Sociedad Unión Gremial de Trabajadores de Antofagasta en un manifiesto público sintetiza la reacción de los trabajadores:

"Se quiere estatuir una ley indigna contra la clase obrera.

Nuevamente se pretende atentar contra los derechos y libertad de los trabajadores queriendo imponer un sistema inicuo de controlación que quiere hacer la autoridad marítima de todos los trabajadores del mar...

Según una ley o decreto ministerial, se quiere que todos los trabajadores de la bahía de los puertos chilenos, cargadores, estibadores, lancheros, jornaleros, todos los que hagan o realicen faenas en el mar, sean retratados forzosamente, que en concepto consciente y honrado equivale a decir que sean marcados...

Todos deben oponerse tenaz y valientemente al retrato de sus personas, llegando al paro general, si es posible, en todos los puertos de Chile, antes de permitir que se retraten... La ley o decreto del traba/o forzoso entraña un inminente peligro para las clases trabajadoras, porque cuando un obrero sea suspendido de su trabajo por la voluntad idiota de jefes imbéciles o de autoridades inertes y tiránicas se hará reproducción de su retrato y se repartirá en toda la costa y en ningún puerto del país podrá trabajar porque así lo quiere la voluntad de un imbécil.

El retrato forzoso de los trabajadores de la bahía en los puertos del país menoscaba la dignidad del hombre"[89].

Al constituirse la "Federación Marítima del Litoral" en el Congreso Marítimo celebrado en Valparaíso, se acordó iniciar una huelga nacional el 23 de julio de 1917. La huelga sería por la abolición del decreto de la fotografía forzosa, por el aumento de salarios, por la jornada de 8 horas diarias con un sobretiempo máximo de cuatro horas, por seguridad en los materiales de trabajo, por un peso máximo de 92 kilos para los bultos que se carguen por hombre y por la abolición de contratistas o intermediarios en las faenas marítimas y su reemplazo por armadores de la Oficina de Trabajo.

La huelga se hizo general el día fijado. El Gobierno implanta la censura telegráfica y moviliza las tropas para reemplazar a los obreros.[90] Los marítimos se mantienen firmes y desde Arica a Punta Arenas ni uno de ellos trabaja. La solidaridad obrera se hace presente, acuerdos de apoyo adoptan los sindicatos, las mujeres de Iquique efectúan un mitin de apoyo y publican un manifiesto donde aplauden a los huelguistas. Después de una larga lucha los obreros portuarios ganan y su aspiración fundamental -rechazo del "mono"- es aceptada.

6. La huelga "del tarro"

Uno de los movimientos de mayor relieve conocidos en este decenio es el de la "huelga del tarro". La Compañía de Ferrocarriles de Antofagasta a Bolivia pretendió suprimir a los acolladores de los carros y obligar a los fogoneros a hacer el trabajo. Estos se declaran en huelga. La solidaridad de los trabajadores fue impresionante. Así, por ejemplo, un grupo de mujeres y niños de Antofagasta salió fuera de la ciudad y se tendió sobre la línea férrea para impedir el paso de los trenes con tropas enviadas a la Pampa a "sofocar" el movimiento. Hubo disparos de fusiles, heridos, pero los trenes no pasaron y al día siguiente, después de un mes de huelga, los obreros triunfaban.

7. La incorporación del magisterio a las luchas sociales

Es en 1919 cuando se contempla la incorporación del magisterio a las luchas sociales. Los profesores primarios de Santiago se declaran en huelga al no accederse a su petición de aumento de sueldos. La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), los apoya. La huelga cuenta con el apoyo de los trabajadores que la alientan desde las columnas de su prensa. Parece ser la primera huelga en su género en Sudamérica.[91]

8. La lucha contra la carestía de la vida

El movimiento más serio para combatir el alza de los artículos de primera necesidad, se inició al terminar la guerra. En 1919 las organizaciones obreras, los estudiantes y partidos políticos de avanzada organizan la "Asamblea Popular de Alimentación" que organizó mítines en el país. especialmente en Santiago, para protestar por la carestía de la vida.

Al año siguiente tendrá desarrollo y jugará un papel importante en la vida política nacional.

9. La masacre de Puerto Natales

1919 se cierra con una horrenda masacre en Natales.

La Federación Obrera declaró una huelga en defensa de unos obreros que la "Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego" quería expulsar. Pronto hubo diez mil obreros en huelga. Los administradores de la Compañía cerraron la pulpería y abandonaron el establecimiento. Obreros del vecino puerto de Borles se sumaron a la protesta y se dirigen a Natales a manifestarle su solidaridad. Aquí son recibidos a balazos por las fuerzas policiales, que repetían la hazaña realizada el día antes con los obreros de la ciudad.

Los trabajadores al verse atropellados respondieron al ataque. Natales era una ciudad proletaria. Toda la población se levantó contra los carabineros y la policía, quienes se refugiaron en sus cuarteles. La ciudad quedó en manos de los huelguistas. Organizaron los obreros -bajo la dirección de la FOCH- la administración de Natales: asistencia médica y hospitalaria para los heridos, racionamiento de la población, vigilancia, etc. Para evitar incidentes se restringió la movilización y las calles fueron patrulladas. Enviaron una comisión a Punta Arenas y ofrecieron entregar la ciudad a las autoridades civiles, siempre que no les enviaran tropas militares; la comisión tuvo que andar más de 300 kilómetros para cumplir con su cometido. Las autoridades decidieron, una vez más, ignorar la sensata proposición de los obreros y decidieron "mandar tropas que los sometiesen a sangre y fuego y ejercieran sobre los sublevados sangrientas represalias. Varios días duró la tensión de losáramos. mientras que las tropas llegaban cruzando la frontera argentina. Sin resistencia se apoderaron de la plaza, y persiguieron con lujo de crueldad y sañudo rigor a todos los dirigentes, a todos los heridos, a todos los que fueran denunciados por subversivos o promotores del desorden. En la refriega primera había habido tres o cuatro carabineros muertos; algunos heridos se habían producido también entre tos empleados. Naturalmente las víctimas entra los obreros eran mucho mas. De todo se culpó a los detenidos, que eran más de cuarenta, y se les instruyó un proceso riguroso por toda suerte de delitos: sedición, alzamiento a mano armada, asociación ilícita, homicidio, robo, daño, incendio... Con el proceso no paró la persecución. La autoridad política por su cuenta, se dedicó a cazar sin piedad a los llamados agitadores: muchos fueron golpeados inhumanamente y aún fondeados en el mar. El secretario de la federación obrera de Natales era don Daniel Cádiz. Comerciante pacífico, no se había mezclado en la huelga, pero era tildado de agitador. Una noche, a las dos de la mañana fue asaltada su casa, llevado a la policía, puesto en el cepo, con una temperatura de veinte grados bajo cero y dejado allí, sin abrigo, sin alimento durante varios días. Enseguida, sin decir nada a su mujer sobre su suerte, a pesar del grave estado de ella, la hicieron subir por la fuerza con sus tres hijitos de corta edad en un camión y fueron a dejarles a Río Gallegos, en la República argentina a 400 kilómetros de distancia: su almacén, en el que tenían el capital pacientemente acumulado en muchos años de sacrificio, todo su mobiliario y su ropa quedaron abandonados en Natales y nunca más se supo de todo ello. A Río Gallegos trasladaron también, creyendo hacerle un gran favor, a Daniel Cádiz, con prohibición de volver a Chile; previamente le robaron su pasaporte y demás papeles de identidad para que las autoridades argentinas lo trataran como a un forajido". [92]

10. El Gobierno y las huelgas

La política represiva seguida por el Gobierno en este período, al igual que en la década anterior, mereció observaciones de algunos parlamentarios.

En 1916 se discute en la Cámara de Diputados sobre la política seguida por el Gobierno al utilizar las fuerzas armadas como rompehuelgas.

El Ministro del Interior, Zañartu Prieto, da a conocer las razones que tiene el Gobierno para emplear a los conscriptos en las labores de los huelguistas, teoría que serviría más tarde -hasta nuestros días- a los distintos gobiernos para amparar toda clase de arbitrariedades. "Desde hace algunos años, señor Presidente -afirma- en el mundo entero civilizado se acepta el derecho de huelga como cosa indispensable. Esta es la teoría general, éstos son los principios generales; pero hay casos en que la excepción se abre camino. Así, por ejemplo, en servicios como los ferrocarriles, el telégrafo y otros de esta naturaleza, el derecho no es absoluto. No se acepta el derecho de huelga por el mal extraordinario que ella podría producir con las suspensiones de esos servicios... el Gobierno tiene una participación considerable en la industria salitrera así es que una huelga de los cargadores no solo perjudicaría a las compañías de salitre, sino también al Estado, y en estas condiciones el Gobierno está en la obligación de velar por sus propios intereses. Pero hay todavía una razón más fundamental que justifica la actitud del Gobierno al permitir que por un tiempo se hiciera el carguío por la marinería y el Ejército y es que los operarios que se declaraban en huelga eran, digamos, 150 o 200, y producida la huelga por ellos, impedían que continuara el trabajo de las salitreras, porque al no poder hacer el carguío de salitre, este iba a irse amontonando en forma indefinida sin poder tener salida. Por defender los intereses de estos doscientos obreros se iba a perjudicar a una población obrera de 30 a 40 mil personas". Un parlamentario, en esa oportunidad, al justificar la política gubernamental, llegará a sostener: "La huelga será legitima para los empleados que trabajan; pero también es legítimo que el Gobierno defienda sus intereses. Si se trata, por ejemplo de una huelga de ferrocarriles, nadie puede negar el derecho al Fisco a poner un batallón de Ferrocarrileros para mover ese ferrocarril, si los empleados están en huelga. El Gobierno no tiene derecho a compulsar al trabajo al obrero del ferrocarril; pero puede poner a miembros del Ejército en reemplazo de ese obrero" [93]. Es obvio que a la luz de teorías de esa especie, el derecho a la huelga fuera en la práctica, un mito.

Las concepciones del Ministro Zañartu sirven al año siguiente para reemplazar en el norte a los obreros en huelga, hecho que motiva la protesta de algunos parlamentarios demócratas. En Valparaíso, el general Bari no se conformó con hacer actuar las tropas como rompehuelga en un conflicto de los cargadores del puerto, sino que prohibió reuniones y desfiles en lugares y calles centrales de la ciudad, tomando atribuciones de la cual carecía en propio Congreso.

11. Las organizaciones de la clase obrera

a) La Federación de Obreros de Chile (FOCH)

El reagrupamiento de la clase obrera empezó el mismo año del centenario.

Quienes inician este proceso, son los ferroviarios. En 1908 la Empresa de Ferrocarriles, invocando el déficit habido en sus balances, retuvo el 10 por ciento de los sueldos de su personal bajo la promesa de devolverlo posteriormente; promesa que naturalmente no cumplió. Los obreros ferroviarios inician una larga campaña para que se le devuelva lo que en propiedad les pertenece y encargan su defensa legal al abogado conservador. Pablo Marín Pinuer. En 1919 los tribunales acogen favorablemente la petición de los afectados y ordenan, por sentencia judicial, que se les cancele lo adeudado. Para organizar la defensa de los ferroviarios nació entonces en Santiago, el 18 de septiembre de 1909, la Federación Obrera de Chile (FOCH), organizada por el abogado Marín Pinuer y presidida por Emilio Cambié, quien estuvo a la cabeza hasta 1914. Pablo Marín Pinuer donó cien mil pesos de los trescientos mil pesos oro de 18 peniques que le correspondía por sus honorarios en la defensa de los trabajadores del riel, a la Gran Federación Obrera de Chile.

En 1909, la FOCH tenía el siguiente programa de acción social:

I. Previsión social. Seguro contra enfermedades, seguro de vida, constitución de un fondo de viuda y huérfanos para los socios fallecidos; seguros de desocupación forzosa; establecimientos de cooperativas de consumo y producción; fomento de ahorro; lucha contra el alcoholismo; crédito en dinero a los asociados.

II. Educación. Apertura de escuelas; sostenimiento de un órgano de publicidad; teatros y conferencias, creación de bibliotecas.

III. Trabajo. En sus estatutos la FOCH decía:

1. Intervenir amistosamente en los desacuerdos que se produzcan entre los obreros y patrones, siempre que las causas sean justificadas; trabajar por la implantación de la jornada de ocho horas y del salario mínimo, siempre que éste sea suficiente para subvenir a las necesidades del hogar obrero.

2. Como demostración práctica de que la institución desea evitar los conflictos que se produzcan entre obreros y patrones declaran que aceptan el arbitraje como medio de conciliación y se esforzará por obtener de las autoridades de la nación la constitución de tribunales arbitrales en que estén representados los intereses obreros para dirimir los conflictos que se produzcan entre el capital y el trabajo, siempre que estén representados por iguales partes y una parte neutral que falle las discusiones.

3. Crear un organismo, que se denominará "Oficina de Trabajo" y cuya labor será la de facilitar la contratación de trabajo del elemento obrero, con sede en Santiago y ramificaciones en todos los consejos federales y bajo la autoridad inmediata con reglamentos uniformes.

En cuanto a las relaciones con los poderes públicos, los estatutos (art. 40, inciso 11) hacen textualmente la siguiente declaración:

"Cultivar amistosamente relaciones con los poderes públicos y autoridades administrativas, encuadrándolas al espíritu de los estatutos, a tal punto, que pueden ser consideradas, acogidas y convertidas en ley de la República, las ideas de bienestar de las ciases trabajadoras".[94]

Fácil es advertir el carácter mutualista y de colaboración planteado en un principio por la Federación Obrera de Chile. Nacida bajo los auspicios de los conservadores, siendo un abogado de sus filas el que la fundó, habiendo sido bendecido su estandarte conforme al ceremonial católico -hecho insólito en las costumbres gremiales de esos tiempos-; aceptando la idea del arbitraje obligatorio -pedido a principios de siglo por la prensa oficial-; y el hecho de aceptar la colaboración de clases, podría haber hecho pensar que los días de la FOCH estaban contados. No fue así. Después de la desaparición de la Mancomunal y las limitaciones de las sociedades de resistencia, la clase obrera necesitaba un organismo que los unificara en su acción y este papel correspondió a la FOCH. No tardarán en incorporarse a ella, progresivamente, los dirigentes obreros más avanzados, Recabarren entre ellos, que harán internamente una intensa campaña por elevar el nivel ideológico de la FOCH.

La organización de la FOCH era simple. La base de ella eran los consejos generales de Federaciones. Los Consejos Federales elegían delegados a la Junta Ejecutiva, compuesta de 54 delegados y que era la máxima autoridad de la FOCH. La Junta Ejecutiva designaba a su vez la mesa directiva compuesta de ocho directores y teniendo a su cabeza el presidente. Fundó un periódico denominado "Federación Obrera", el primer número apareció en 1910.

La Primera Convención se efectuó en 1911, aprobó el programa y los estatutos. La Segunda Convención realizada en 1917 en Valparaíso, tiene excepcional importancia. En sus resoluciones se habla del "deseo de agrupar a toda la clase trabajadora, sin distinción de sexos, colores políticos ni religiosos". Esta resolución se producía en momentos en que el proletariado internacional buscaba su ubicación histórica, como consecuencia del cansancio producido por la primera guerra mundial y de la expectación creada por el triunfo de la primera revolución rusa (febrero de 1917) que conduciría en breve plazo a la clase obrera al poder. En Chile, la existencia del Partido Obrero Socialista que señalaba un camino nuevo al proletariado, había contribuido a la radicalización de las masas. Los obreros del salitre, del carbón y de Magallanes, orientados por Recabarren, empujan a la FOCH hacia nuevas sendas.

El carácter mutualista y de colaboración de clases no armonizaba con la época que se vivía, época del desarrollo del proletariado y de antagonismos insalvables con las clases explotadoras. "La clase obrera necesita algo más concreto y real. No quieren que los poderes públicos consideren, acojan y conviertan en ley de la República, las ideas de bienestar hacia la clase trabajadora. La clase obrera y el pueblo necesitan luchar por mejor salario, mejor trato, menos horas de trabajo, mejor habitación", dice Recabarren.

La primera guerra mundial había dejado huellas en el país. La crisis de la industria salitrera creó una difícil situación económica y financiera al país con la desocupación forzosa, agravada con la paralización de otras industrias y la falta de importaciones y exportaciones a que condenaba el bloqueo marítimo de las potencias en guerra. El proletariado necesitaba una organización capaz de conducirlo a salvar tan crítica situación.

El cambio decisivo en el timón de la FOCH se dará en diciembre de 1919 en Concepción durante su Tercera Convención. Allí se encontrarán frente a frente dos concepciones. A un lado Pablo Marín Pinuer que aspiraba a que la FOCH continuara por los cauces pacíficos del mutualismo y de la colaboración de clases; al otro lado, los obreros de las minas, de los puertos y de las industrias, con Luis Emilio Recabarren, que aspiraban darle a la FOCH un carácter clasista, de lucha y de amplia solidaridad con todos los pueblos que luchaban por ideales de justicia y de transformación social. El triunfo correspondió a quienes deseaban un cambio profundo en los destinos de la FOCH (15).

En la Tercera Convención participaron 68 Consejos Federales. A partir de entonces se adopta el nombre de FOCH, y la bandera roja pasa a ser el emblema. Entre las aspiraciones mínimas se incluye la reglamentación de trabajo, empezando por su disminución; mejoramiento de los salarios, abaratamiento del costo de la vida y creación de cooperativas; cambio en la política tributaria (supresión de impuestos indirectos e implantación del impuesto a la renta); campaña contra el alcoholismo.

En la Declaración de Principios dice: "Defender la vida, la salud, los intereses morales y materiales de la clase trabajadora, de ambos sexos, de la explotación patronal y de toda forma de explotación y de opresión; proteger a sus afiliados en todos los actos que establezcan sus estatutos; fomentar el progreso de la institución y cultura de la clase trabajadora por medio de conferencias, escuelas, bibliotecas, prensa y de toda actividad cultural y conquistar la libertad efectiva (económica) y moral, política y social de la clase trabajadora (obreros y empleados de ambos sexos), aboliendo el régimen con su inaceptable sistema de organización industrial y comercial que reduce a la esclavitud a la mayoría de la población". Abolido el sistema capitalista será reemplazado por la FOCH, bajo cuyo control "estaría la administración de la producción industrial y sus consecuencias".

La FOCH al llegar el año 1920 es la organización que dirige el movimiento obrero en su mayoría. Continuará creciendo y bajo la dirección de Recabarren acentuará su evolución ideológica.

b) La I.W.W.

Al finalizar 1919, el 24 de diciembre, aparecía una nueva organización sindical en el país, la I.W.W., de clara definición anarquista. En su Primera Convención expresan textualmente: "Debemos declarar, desde el primer momento que los enemigos de los trabajadores industriales del mundo son: el Capital, el Gobierno y el Clero. Contra ellos se dirigirá especialmente nuestra propaganda, así en la calle, en el taller como en nuestras propias familias" [95]. No acepta la acción política y propaga la enseñanza racionalista. Como tácticas de lucha acepta en primer término la huelga general, la huelga parcial, el boicot, el sabotaje y el label. El label "consiste en aplicar la marca del sindicato en los productos de aquellas industrias que siguen trabajando por haber aceptado de común acuerdo con los obreros las tarifas de horario y jornal, permitiendo que el público consumidor europeo pueda boicotear los productos de aquellos industriales testarudos recalcitrantes"[96].

La base social de los anarquistas eran fundamentalmente los portuarios y los artesanos. Años más tarde, en 1925, contaba con las siguientes asociaciones: gremio de lancheros, gremios de jornaleros, gremios de cabotaje, fracción de tripulantes de vapores, gremio de panaderos, gremio de albañiles y estucadores, unión de obreros de maestranza, federación de zapateros, unión fabril de ambos sexos, fracción de estibadores y jornaleros del mar de Valparaíso y Viña del Mar.

c) Otras organizaciones

Paralelas a las organizaciones anteriores que pretendían agrupar a los trabajadores nacionalmente, existieron otras que unían a trabajadores de una misma actividad. La Federación Ferroviaria, la Federación de Obreros de Imprenta, son entre otras, las más destacadas.

Entre los sectores intelectuales, los más avanzados en su organización fueron los profesores. El 1º de mayo de 1915 fundan la "Federación de Profesores de Instrucción Primaria de Chile" que se proponía uniformar al magisterio; luchar por su mejoramiento económico; levantar el nivel social, cultural y moral del Magisterio, y proteger a sus socios y a la familia. Era dirigida por una asamblea de delegados que se reunía cada dos años; los delegados designaban el Consejo Directivo; existían además agrupaciones departamentales. La Federación llegó a tener agrupaciones departamentales en casi todas las ciudades del país. En 1919 celebraron el Primer Congreso de Educación Primaria; importante papel les cupo también en la dictación de Ley de Instrucción Primaria Obligatoria.

Existieron también algunas organizaciones gremiales fuertemente influenciada por sectores católicos, de escasa importancia en el desarrollo de las luchas sociales.

d) Organización de los campesinos

Es también a final de 1919 cuando, por primera vez, se hace un intento de organizar la Federación de Inquilinos. Hasta ese momento, pese a que en innumerables artículos se había denunciado la situación trágica en que vivían los campesinos, nunca se había hecho un esfuerzo serio por darle una organización. "El 17 de noviembre, la Sociedad Nacional de Agricultura fue informada que una tentativa con este objeto se había hecho en Catemu, en el valle de Aconcagua, con la intención aparente de federar a los inquilinos con una organización de mineros. El proyecto no fructificó, pero produjo de todos modos una situación peligrosa, resultante de la agitación que provocaban las huelgas fabriles. Nunca tal vez los hacendados se sintieron más alarmados ni más temerosos de la siembra de ideas comunistas [97].

12. La organización de las mujeres

Las mujeres, en la lucha por sus derechos políticos principalmente, empiezan a organizarse casi al mismo tiempo que la clase obrera y con la ayuda de ésta.

En 1894 encontramos organizada un Sociedad Emancipadora de la Mujer. "En su última Junta General esta institución nombró el siguiente directorio: Presidente: Srta. Elvira Moya; Vicepresidente: Sra. Juana Roldan de Alarcón; Secretarios: Sra. Doralia Zamora y. de L. y Srta. Máxima Loreto Jofré; Tesorero: Srta. María P. García, Margarita Medina, Elvia Ligarte. Francisca Quezada, Carmela Aguilera, Filomena Ahumada, Verónica Barrientes. Cenobia Cordero y Domitila Bascuñán; Comisión de Contabilidad: Sra. Elena Barrientes de M.; Srta. Mercedes Avendaño, Micaela Prado, Juana Castro y Primitiva Cerda", leemos en un periódico de la época.[98]

Seis años más tarde, en el periódico "Democracia"[99], se informa de la existencia de una "Asociación de Señoritas Unión y Ahorro", cuya secretaria es Berta Recabarren S., seguramente hermana de Luis E. Recabarren, director del periódico.

En 1906, ahora con finalidades distintas, se organiza en Santiago una Asociación de Costureras en Resistencia. Sus objetivos eran:

"1º Reglamentar las horas de trabajo, aboliendo la costumbre de trabajar de noche.

2º Reglamentar la forma que garantice a la obrera costurera la justa y racional remuneración de su trabajo.

3º Obtener el descanso dominical.

4º Fundar la Caja de Beneficencia cuyo objeto es atender la curación de las sodas enfermas y ayuda pecuniaria en los casos de falta de trabajo.

5º Formar una institución, que tendrá por objeto hacer de la Asociación un Centro de Instrucción y Cultura donde las asociadas, sin distinción de categoría, puedan concurrir diariamente a nutrir sus inteligencias en conocimientos nuevos y útiles y en particular con todos aquellos conocimientos que se relacionan a la obra de costura. Para propagar la instrucción se organiza el sistema de concierto-conferencia y certámenes, etc., etc." [100]. Observemos como en este caso a las aspiraciones propias de un grupo de mujeres que desempeñan el mismo oficio se suman el deseo de instruirse y ayudarse mutuamente en una misma organización.

No se limita la actividad de las mujeres a las organizaciones específicas de sus oficios. Al incorporarse a las industrias o al acompañar a sus maridos al trabajo en la pampa o en el carbón, tendrán, las más de las veces, que trabajar Para suplir el escaso salario de sus compañeros. Sensible a la explotación de su esposo o hijo, verán los abusos que se cometen con los trabajadores y no tardará en participar en la propia organización de los obreros. Los trabajadores, por su parte, estimulaban la incorporación de las mujeres a las luchas sociales (16).

La incorporación de las mujeres a las luchas sociales fue una realidad. La encontraremos en los mítines en la voz ardiente de Carmela Jeria y Teresa Flores, en los movimientos huelguísticos incorporando sus reivindicaciones a los pliegos de peticiones y han de cerrar el período de nuestro estudio con un gesto heroico al arrojarse a la línea del tren a fin de impedir que tropas fueran a reprimir el movimiento de los obreros ferroviarios de la Pampa.

Referencias Bibliográficas

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2. Ramírez N., Hernán: "Historia del Movimiento Obrero en Chile". Pág. 130.
3. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 133.
4. Ljubetic-Ortiz: "Estudio sobre el origen y desarrollo del proletariado en Chile en el siglo XIX". Pág. 283.
5. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 285.
6. "El Ferrocarril": 1-V-1888.
7. Poblete T., Moisés: "La organización sindical en Chile". Pág. 24.
8. Ljubetic-Ortiz: Ob. cit. Pág. 193.
9."La Reforma": Santiago. 2 -VIII-1906.
10. Alvarez A., Osear: Apuntes históricos del movimiento sindical.
11. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 172.
12. Diputados, Camara de: Sesión de 3-Vil 1890.
13. Diputados, Cámara de: Sesión de 11 1-1892.
14. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 295.
15. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 296.
16. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 305.
17 Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 314.
18. "La Igualdad": Santiago. 7-XI 1-1895.
19. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 263.
20. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 265.
21. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 268.
22. Partido Conservador: Convención 1895. Pág. 31.
23. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 318.
24. Diputados, Camara de: Sesión de 27 VI 1-1900.
25. Ramírez N., Hernán: Ob. cit. Pág. 218.
26. Diputados, Camara de: Sesión de 9-1-1902.
27. Diputados, Cámara de: Sesión del 9-1-1902.
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92. Vicuña F., Carlos: Ob. cit. Tomo 1. Pág. 63.
93. Diputados, Camara de: Sesión de 29-XII-1916.
94. Poblete T., Moisés: Ob. cit. Pág. 27.
95. Poblete T., Moisés: Ob. cit. Pág. 29.
96. Muñoz C. Ramón: "Influencia de la lucha sindicalista".
97. Mac Bride, Jorge: Ob. cit. Pág. 143.
98. "La Igualdad": Santiago. 15-IX-1894.
99. "La Democracia": Santiago. 21-X-1900.
100. "La Reforma": Santiago. 22-VII-1906.


Notas:

1. Parlamentarios como Zegers acusan a Balmaceda de fomentar la lucha de clases en el país, en circunstancias -dice el diputado- que "no hay entre nosotros ciases o castas, por la sencilla razón de que todos los ciudadanos son igualas ante la ley, iguales en derecho, y.'porque todos pueden Hogar a las jerarquías superiores por la virtud y el trabajo". C. de Diputados. Sesión de 11-1 1892.

La Cámara de Diputados oye sostener al representante conservador que la "situación de esa provincia es sumamente tirante y amenaza hacerse todavía más difícil si las cosas siguen como van y el Gobierno se mantiene en la terquedad en que se ha colocado en los últimos anos. La prohibición da Is exportación de salitre deja sin trabajo a muchos trabajadores y queda una población inmensa sin tener pan para sus hijos, ni abrigo honrado para sus familias; y desde hoy amenaza levantarse una masa hambrienta para exigir aquello a que tiene derecho todo hombre: elementos de vida. La situación social de Tarapacá crea y produce en nuestro país repentinamente una plaga que estaba muy lejos de nosotros y es al cáncer que tiene dañada en sus entrañas a las sociedades europeas". Cita a continuación un telegrama que ha recibido de Iquique que dice: "Bancos cerrados por temerse serios desordenas. Se piden garantías a las autoridades". Termina su intervención afirmando "tener noticias que en otros departamentos de la República se esté levantando también una agitación que puede llegar a ser excesivamente funesta con motivo de la falta de despacho de las aduanas" y propone a la Cámara que "pregunte al Presidente de la República cuales han sido las medidas que se han tomado ". C. de Diputados. Sesión de 3-VII-1890.

2. Isidoro Errázuriz comentaba en la Cámara de Diputados: "Durante los días últimos ha llegado de Tarapacá noticias alarmantes sobre la huelga de trabajadores, perturbación del orden público y ataque a las propiedades. Se supo luego que la ciudad estaba enteramente amenazada y los banqueros y comercio de Iquique dirigieron con tal motivo, un telegrama al Presidente de la República pidiéndole garantías para sus intereses radicados ahí' al amparo de la ley chilena. El Presidente de la República, en mala hora, en una hora desgraciada, contestó que respecto de los desórdenes pedirá informes al Intendente, y acerca de las desavenencias ocurridas, pidió que pasos habían dado para llegar a una inteligencia equitativa con los huelguistas. Es decir que en presencia de un motín que amenazaba la vida y propiedades, el señor Presidente de la República reconocía derecho de levantar bandera de hostilidad contra los habitantes de Iquique a los perturbadores del orden social. Es decir que el Presidente de la República repetía en Iquique lo que hizo en Santiago, cuando se quemaron carros urbanos. acto que fue consecuencia de la actitud anterior del Presidente de la República.

La respuesta del Presidente de la República ha merecido con justicia del comercio de Iquique una contestación que es un sangriento latigazo. Las huelgas entretanto toman vuelo y el comercio fue agredido de hecho. La huelga de los jornaleros y lancheros ha pasado hoy a las oficinas salitreras y el telégrafo nos transmite en este momento que la oficina de San Donato ha sido encendida y arrasada, que las oficinas Ramírez, Tres Marías y Rosario han sido saqueadas y que hay varios muertos y heridos, con la circunstancia de que las victimas no han sido los salitreros, sino los que defendían su vida en las oficinas salitreras.

En Pisagua la alarma es enorme. Los trabajadoras están en plena revuelta y los habitantes han ido a buscar un refugio en las navas fondeadas en la bahía. Hechos desgraciados, señor Presidente, que contra lo afirmado en esta sala... manifiestan que la fuerza pública as insuficiente para amparar en esos lugares la vida y propiedad de los ciudadanos". El diputado gobiernista, Pérez Montt, en la defensa que hace del gobierno recuerda que los factores causantes de la protesta de los obreros existen desde hace tiempo. "Si ha tomado más vuelo el movimiento se debe -según él- a que al suspenderse el cobro de las contribuciones por acuerdo de la Cámara, los obreros no han podido cobrar sus salarios". C. de Diputados, sesión de 8-VII-1890.

3. "Comenzaron a manifestarse síntomas del desorden en las primeras horas de la madrugada del lunes -dice el informe- . Dos o tres pequeños grupos, compuestos a lo más de cuatro o cinco hombres, recorrieron el malecón a impedían trabajar a los que se ocupaban de temprano en sus quehaceres. A unos con ruego, a otros con amenazas, los separaron de sus tareas, paralizando así el servicio de la bahía.

Nadie los contuvo, ninguna autoridad se mezcló con ellos o les dijo una palabra.

Ya en número de cuarenta, más o menos, se fueron a la aduana, declarando que estaban un huelga, que ese día no trabajaban e incitando con sus gritos y vociferaciones a que los jornaleros del recinto su incorporaran en sus filas. La confusión se introdujo en los almacenes, los empleados comenzaron a cerrar sus puertas. Acto continuo los titulados huelguistas paralizaron la maquinaria que sirve al muelle y a todos los almacenes de la aduana, y varios de ellos marcharon a la fundición de Lever Murphy. que está cercana, contagiando y sublevando a los trabajadores con gritos y exclamaciones... los que trabajaban en la fábrica se unieron a los promotores del desorden. Alarmado el Superintendente de Aduanas con lo que pasaba, concurrió a la Intendencia en demanda de auxilio. El intendente no dio crédito enteramente a lo que la comunicaban al mismo tiempo varios empleados. El auxilio solicitado sólo llegó a las cuatro de la tarde. Felizmente los bullangueros no hicieron daño en los almacenes, se armaron con mangos de hacha o de rayos de rueda que se descargaban en ese momento, para una casa de comercio, y así en tumulto se dirigieron a la Plaza de la Intendencia. Eran las once de la mañana. Llegados allí no sabían que hacer. Todos hablaban al mismo tiempo, pretendiendo hacerse oír. Uno de los que parecía de los principales, dijo que era necesario que se suprimiera el 25 por ciento que se cobra a los jornaleros del gremio por el uso del muelle fiscal y que se les pagara en plata... Se nombró una comisión de tres personas en la que figuraba un empleado de aduanas, para que se pusiera al habla con el Intendente de la Provincia. (El Intendente fue obligado a hablar desde un tranvía que pasaba por ese sitio y prometió arreglarlo todo). El tumulto su acrecentó un vez de disminuir... partidas diversas comenzaron por apedrear los faroles del alumbrado público, después por asaltar y saquear las casas de prenda y por último, despachos y tiendas... La Plaza de la Intendencia fue durante el día un mitin permanente, donde oradores improvisados y desconocidos azuzaban a las turbas, criticando duramente la oposición parlamentaria, a los Bancos y a los diarios contrarios a la administración... Durante diez minutos, por lo menos, este grupo apedreó la imprenta de 'La Unión' sin que fuerza de la linea, que estaba un la plaza de la Justicia, a pocas varas de distancia de los revoltosos hicieran algún ademán, siquiera para contenerlos. . el envío de fuerzas, no se consiguió sino después de largo rato, bastando unos cuantos soldados para dispersar la turba... el numero de heridos que hubo todo ni día sube de trescientos, y según el comandante de policía, pasa de quinientos. De los muertos no se sabe a punto fijo el número exacto, pues algunos creen que son mas de cuarenta y otros no más de doce. ¿Fueron los lancheros, los del gremio de jornaleros y artesanos en general los que robaron, saquearon y cometieron todos los desórdenes y atropellos de que fue victima la Ciudad? No señor; de ninguna manera. Todos están de acorde de que los desórdenes se verificaron por gentes desconocidas, sean individuos de mala fama que salieran de sus guaridas de los cerros, sed personas que habían venido los días anteriores y que no eran de la ciudad. Los heridos, un su mayor parte, pertenecen a estas dos clases enunciadas.

Hasta la hora en que llegó el general Valdivieso con las fuerzas de su mando la ciudad había permanecido entregada a las turbas. Las turbas, al parecer se dispersaban al aproximarse la fuerza, pero apenas esta había caminado una cuadra, volvían a organizarse nuevamente a sus espaldas". C. de Diputados. Sesión del 15-111-1900.

4. Años más tarde, en 1902, un periódico nortino editorializa sobre el problema y dice:

"Así como en el viejo mundo se levantan los obraros reclamando su derecho a la vida, así también debemos levantarnos los obreros chilenos para romper las cadenas con que nos oprime la burguesía operante lanzándonos al rostro mismo las miserables migajas que nos arrostran de su opípara mesa; combatiéndola por la prensa y la asociación y urgiéndonos como a un solo hombre, en vista que en Chile se ha hecho ya muy común en todos los gobiernos que, cuando los trabajadores protestan de los abusos patronales y pidan aumento equitativo de sus jornales se manda a la soldadesca inconsciente con órdenes terminantes para callar la voz de la razón con sable y bayonetas...

Empero, todas estas vivencias arbitrarias, fiel engendro de la soberbia capitalista, tendrán su término el día en que nos unamos en grandes sociedades de resistencia, que son hoy por hoy los únicos baluartes que debemos oponer a la explotación burguesa". "La Voz del Obrero", Taltal. 18-XII-1902.

5. Es absolutamente imposible enumerar todos los conflictos originados por esta causa. Sólo en 1906 se puede anotar un mínimo de tres huelgas por mes, de obreros que reclaman un mejor salario.

6. El diputado radical Fidel Muñoz acusa al Gobierno por no adoptar las medidas que hubieran prevenido los incidentes. La intervención del parlamentario refleja, con claridad, las concepciones que primaban en su partido acerca de la realidad social.

"¿Qué hizo al intendente y qué hizo el Gobierno? preguntaba-. Nada, absolutamente nada, y llegó la huelga, y la ciudad se encontró sin defensa ante los revoltosos, el alto comercio se vio entregado al pillaje de la chusma y del pueblo enfurecido porque no se proporcionaba alivio alguno a su triste situación.

Yo fui testigo presencial de esos sucesos, señor Presidente. ¿Fue aquel un movimiento socialista, obra del pueblo corrompido por las ideas desquiciadoras del orden social? No señor Presidente; en nuestro país, no han prendido todavía las ideas socialistas y anárquicas. Como no hay grandes fabricas ni se ha desarrollado la industria, no se presenta aún el problema del trabajo sin descanso del proletariado puesto al servicio del enriquecimiento sin medida de un cierto número de familias: de modo que, aun cuando hay quienes predican las ideas anarquistas, ellas no encuentran eco, y los obreros están por los partidos de orden. Y este es el secreto del éxito del Partido Radical. En las elecciones últimas se vio que triunfaban con las mayorías más altas los veinte y tres candidatos que presentó nuestro partido por la adhesión de los hombres de trabajo a nuestras ideas y en toda la República. No sucedería lo mismo si hubieran prendido en Chile las ideas que sostiene Carlos Marx en su obra sobre los conflictos entre el capital y el trabajo.

Fue, pues la huelga de Valparaíso un movimiento de ocasión. El pueblo se vio forzado a levantarse porque no se atendían sus premiosas necesidades en medio de la crisis porque atravesamos. La autoridad no supo o no quiso prevenir el estallido, y una vez producido el primer choque, que fue sangriento, al ver que el pueblo se echaba sobre los edificios para incendiarlos, que la propiedad y la vida de los ciudadanos estaban en peligro, el intendente, en vez de procurar robustecer la fuerza defensora del orden, se encerró en los salones de la intendencia a conferenciar con los consejeros que no tañían responsabilidad por sus consejos ni fuerzas para resguardar el interés común.

Hubo falta de previsión para evitar el mal. y en seguida falta de energía y de tino para impedir que los sublevados cometieran sus desmanes... ¿Puede haber sucesos mas graves? Se ataca la propiedad, se incendian edificios en el primer puerto de la República, la autoridad no ampara los bienes ni la vida de los habitantes tranquilos, y el Gobierno no dice aun una palabra para anunciar los temperamentos que haya adoptado a fin de evitar la repetición de tales sucesos...

El Partido Radical cumple un alto deber patriótico al plantear en este recinto la cuestión relativa a la situación de la clase obrara. Uno de los puntos más importantes del programa de nuestro partido es la mejora de la condición de los obreros que, a nuestro juicio, merecen tanta consideración como los elementos sociales poseedores del capital y de la ilustración. Si es verdad que merece el amparo de la ley el capitalista que entrega a la industria el fruto de sus esfuerzos acumulados, también lo merece al obrero que sacrifica a ella toda su actividad y el Partido Radical amparará las pretensiones legitimas de nuestra clase trabajadora, siempre que ellas te manifiesten en la forma correcta que autoricen las leyes". C. de Diputados. Sesión de 19-VI-1903.

7. "Nos permitimos decir a los huelguistas -sostiene "El Chileno"- con leal franqueza que vuelvan a su trabajo. La empresa los admite hoy hasta las seis de la tarde, y no rechazará, según se nos informa, sino a los que hayan hecho destrozos en los carros o a los promotores. Los demás serán admitidos sin excepción ". "El Chileno" Santiago, 30-III-1902.

"Si los huelguistas incurren en la punible violencia de amenazar y atacar a sus compañeros que se niegan a tomar parte en la huelga, no harían con este abuso sin justificativo alguno ante el derecho, mas que despertar en las autoridades el apetito de incurrir en un abuso análogo, obligando a trabajar a los huelguistas". "El Mercurio". Santiago, 31-III-1902.

8. "¿Quién no recuerda haber comprado en »su plaza -pregunta el periódico de Taltal- la carne a veinte centavos la libra?, hoy cobran cuarenta centavos y cincuenta centavos. La Harina flor, con la que se hace el pan de cada día, costaba cinco centavos la libra, hoy cuesta diez centavos. El azúcar de los países vecinos, donde la tienen a seis centavos la libra, a nosotros nos cuesta veinte centavos y veinticinco centavos... Un par de medias de algodón de esas que usamos los rotos nos costaba veinte centavos, hoy nos cuesta cincuenta centavos, y todavía el tendero se queja que no se gana nada con la venta de este artículo... no hay proporción entre el aumento de jornal con el aumento de precios en las mercaderías... las mercaderías han aumentado su valor en más del cien por ciento, al paso que los sueldos de los obreros por término medio no han aumentado el cincuenta por ciento... Los que usufructúan las diferencias que hay entre el aumento de precios en las mercaderías y el salario de los obreros , son los únicos culpables de las huelgas". "La Voz del Obrero". Taltal. 26-111-1903.

9. "La más pura crueldad, al mas refinado salvajismo -escribía- acaban de emplear los guardianes de la sociedad burguesa para dominar y reducir el hermoso movimiento obrero que estallaba en el Norte de Chile, en la provincia de Tarapacá, con el objeto de exigir de los capitalistas el cumplimiento de promesas anteriores sobre al mejoramiento de la condición económica en que viven las familias obreras en aquella región del país. No somos nosotros quienes nos encargamos de ponderar o de engrandecer el crimen burgués, son sus propios autores, es la pluma del mismo individuo (si puede llamarse individuo a una bestia sedienta de sangre), que ordenó la masacre, la que relata con toda impudicia, con toda relajación, los detallas de como llevó a cabo su cobarde hazaña de hacer funcionar dos ametralladoras sobre el edificio ocupado por la masa principal de los huelguistas y en donde estaba radicado el "Comité General de la Huelga". Conste que en Iquique todos los edificios son de madera y material liviano, de modo que las balas de las ametralladoras han hecho peor efecto que en una plaza, pues en el edificio los obreros han sido masacrados a montones... El parte que el general Silva Renard ha pasado a las autoridades superiores sobre su valiente hazaña... es la expresión mas genuina de la moral burguesa, es la revelación clara, evidente de la falta de inteligencia de las llamadas clases superiores de la sociedad, es el exponente desnudo, es la expresión salvaje, bárbara de los sentimientos Y de las costumbres que todavía dominan en el ambiente burgués de Chile.

Los huelguistas no habían cometido ningún acto condenable aún. Estaban en huelga, concentrados en varios locales, esperando la resolución de los patrones acerca de las peticiones.

El Comité de Huelga estaba en los momentos de la masacre, redactando un memorial para dirigirlo al Presidente de la República, en el que exponían la miserable situación en que vivían a causa de la crisis económica creada por la depreciación de la moneda y por el excesivo abuso de los capitalistas ingleses...

... La rebelión quedó sofocada.

Los carros de la basura recogen los cadáveres y los heridos. Muchos sobrevivientes son arrastrados a la prisión. La sociedad burguesa canta gloria. Ha triunfado. Reconoce que la petición de los obreros era muy justa, pero debía esperar sumisamente hasta que ellos -los capitalistas- les pluguiera resolver".

A continuación Recabarren explica las condiciones de vida de los trabajadores y de la justicia de sus peticiones. Agrega:

"La constante agitación de los obreros desde hace más de 10 años a esta parte ha hecho desaparecer alguno de estos abusos y aminorar los estragos de otros. La acción de los obreros se ha dirigido por dos caminos, directamente atacando a los capitalistas con la huelga; indirectamente hacia el gobierno por medio de sus diputados, exigiendo de él el cumplimiento de las leyes que prohíben la circulación de vales o moneda legales y las que prevén los accidentas de trabajo.

Los obreros encaminando su acción en esta forma, obligan al gobierno a intervenir favorablemente, a los capitalistas a acceder a sus justas demandas. Pero a la vez que lograba exterminar algunos abusos, nacían otros, obra del mismo régimen burgués".

Explica entonces lo que ha significado para los obreros la desvalorización de la moneda y cómo los trabajadores han tenido que luchar para hacer respetar sus derechos

"En este terreno están colocadas dos entidades: obreros y capitalistas. Los obreros en una extrema miseria. Los capitalistas en una extrema abundancia que la ven los trabajadores.

Uno de los factores que ha impulsado a la burguesía a proceder tan cruelmente en la destrucción de este movimiento obrero que pedia justicia, es el gran temor con que ven extenderse la agitación obrera, en estos instantes en que carecen de fuerzas armadas suficientes a causa del fracaso de las leyes militares. Emplean la crueldad extrema, infundir el temor un el menor tiempo posible, desbaratar la organización que pueda resistir, he ahí el plan de hoy de los burgueses chilenos...

Cañones y metrallas, toda una armada de guerra para dominar una huelga de 10a 15 mil obreros.

Esta carnicería humana cometida en Iquique ha conmovido profundamente a toda la organización obrera del país que apresta a levantarse para protestar contra tanto inaudito vejamen. Pero el Gobierno también en todas partes pretende impedir a los obreros la realización de sus deseos.

En los puertos vecinos de Iquique. en Tocopilla, Taltal y especialmente Antofagasta, puede decirse que se ha establecido un verdadero estado de sitio, prohibiendo toda reunión en que los obreros pudieran deliberar acerca de la solidaridad que debían prestar a sus desgraciados compañeros de Iquique. En Valparaíso... se ha prohibido toda manifestación relacionada con los sucesos de Iquique y el diario obrero de esta ciudad 'La Época' ha sido arbitrariamente clausurado por orden del gobierno, siendo que la legislatura chilena no permite ningún atentado que amordace la prensa y el director de la publicación ha sido acusado por publicar y comentar quizás la verdad de los crímenes realizados por la sanguinaria burguesía de Chile".

Después de recordar las sucesivas masacres que ha sufrido la clase obrera chilena, Recabarren termina diciendo;

"La violencia empleada como respuesta a los ataques de la tropa no ha señalado jamás una victoria obrera. Ni una sola conquista en las luchas económicas, ha seguido a las irrupciones populares. Al contrario, los capitalistas, aprovechando ese anonadamiento que sigue a sucesos luctuosos han aprovechado cínicamente para salir airosos y vencedores de sus explotaciones vergonzosas al trabajo de los obreros.

Hasta hoy los obreros no han podido seguir un camino mas seguro Son en su mayor parte ignorantes, sin orientación científica sobre las luchas de clases, sin métodos, sin una organización siquiera regular... y con una prensa, aunque numerosa, pero falta de puntos precisos sobre esta clase de lucha. Así se explica que sólo hayan pensado en la violencia, y cuyo método ensayado ya en repetidas ocasiones y estrellado contra las bayonetas y los cañones debe señalar un cambio de táctica mas inteligente, menos violenta, más eficaz, menos bulliciosa, la organización poderosa del proletariado en el terreno económico, político y cooperativo para sustituir inteligentemente por estos tres caminos a la actual sociedad". "la Voz del Obrero", Taltal. 13 1-1908.

10. A raíz, por ejemplo, de las huelgas de los obreros tipógrafos de Santiago en 1902, los diputados Artemio Gutiérrez y Malaquías Concha critican la actitud del Gobierno que envió miembros de la policía de seguridad a trabajar en las imprentas afectadas por la huelga.

11. "No creo comenta el diputado radical Eduardo Suárez Mujica - que las huelgas puedan ser la obra de un agitador, del propósito de un hombre o da un círculo que tenga interés un promoverlas; hay un malestar en al cuerpo obrero y ese malestar hay que estudiarlo y remediarlo para que no tome mayores proporciones. A los obreros contentos con su suerte no habría agitadores que tuvieran fuerza humana suficiente para moverlos... Descuidando estas situaciones... es como se forman entre ciertos elementos populares que, por su ignorancia, no comprenden el objetivo real de los movimientos obreros, las corrientes del socialismo, de anarquismo y de otras que llegan a producir graves daños en los países que se están desarrollando". C. de Diputados. Sesión de 28-I-1904.

Las huelgas son "manifestaciones del descontento que puede producirse entre los trabajadores y sus patrones... son contradicciones de intereses entre unos y otros dice el diputado Darío Sánchez Mansell-. El rol de las autoridades, en presencia de controversia de intereses, no puede ser sino da la mis absoluta prescindencia porque ambos elementos son igualmente dignos en estas controversias. Sólo pueden inmiscuirte las autoridades... cuando ellas envuelvan un desacato o un movimiento qm perturbe el orden o la paz pública ". C. de Diputados. Sesión de 29-I-1904.

Por su parte, la prensa obrera interviene en la polémica y dice: "Entusiasmada se muestra la prensa del sur, porque algunos desertores de la clase proletaria predican contra la huelga, oponiéndose a que ella sea w lo sucesivo la que imponga al capitalismo la razón.

Llegan a decir que la huelga no ha sido jamás beneficiosa, dejando sólo pésimos resultados y no obteniendo con ella, con la huelga, ninguna ventaja para el esfuerzo gastado... Pero lo que sí sabe, es que aquí en Chile, a la huelga se le debe casi todas las batallas ganadas por el trabajo en su constante lucha contra el capital, lucha basada en que el hombre debe ganar por su trabajo como lo que debe percibir el capitalista por lo que aporta en la empresa o fabrica, mineral o hacienda.

Si hoy en día los mineros de las grandes faenas de Lota y Coronel, ven compensados mejor sus esfuerzos, si ganan mejor jornal y reciben un trato un poco más decente de lo que hasta ayer tenían se debe única y exclusivamente a la huelga, a ese gran recurso que Dios ha puesto en manos de los oprimidos, de los desheredados, de los oprimidos... Se dirá que el objetivo perseguido por los proletarios nunca ha sido fielmente alcanzado.

En ello estamos de acuerdo y vamos a decirlo.

Los proletarios en sus huelgas no han tenido que luchar tan solo con el capital, han tenido que ver caer doscientos mil obstáculos más, opuestos por todos los que pululan alrededor del bolsillo de los capitalistas. Las huelgas contra el capital pidiéndole a éste que no usufructe tanto del capital y comparta algo de ella con los que lo ayudan a ser el rey de la banca y de la sociedad, tiene siempre que vencer la fuerza que facilita al gobierno, con el pretexto de resguardar el orden, cuando va únicamente a sablear y asesinar a los huelguistas". "El Defensor de la Clase Proletaria". Iquique. 1-III-1904

12. "Hoy se inaugura en Santiago al Primer Congreso Social Obrero organizado en el país. En las naciones mas adelantadas el movimiento obrero ha asumido un carácter que preocupa justamente a los legisladores, sociólogos y pensadores. La sociedad actual descansa sobre un cúmulo de diferencias e injusticias, que se hacen cada día más eminente a las masas, las cuales al organizarse y trabajar por la conquista de su parte y bienestar, persiguen un legitimo derecho... es necesario a los obreros instruirse, asociarse, mancomunar sus esfuerzos. Este Congreso es el primer paso que los obreros dan por el camino indicado". "La Prensa". Curicó. 17-IX-1902.

13. Un buen ejemplo de las Mancomunales nos lo dan la declaración de principios de la Combinación Mancomunal de Antofagasta.

OBJETO Y ASPIRACIÓN DE LA COMBINACIÓN

1. La Combinación Mancomunal de Obreros tiene por objeto la mancomunidad de los gremios obreros.

2. La creación de un centro combinal deliberativo que se denominará Congreso Obrero en cada gremio que esté debidamente representado por miembros de su propio ramo.

3. Vincular el porvenir de los combinados y de las clases obreras en general v el bienestar económico, industrial y social.

4. La implantación de una Caja de Ahorro, promoviendo la economía como medio de alcanzar el mejoramiento económico del obrero.

5. Difundir en el obrero los hábitos de sana moral, de pensar en el porvenir e inducirlos a detestar el vicio y rechazar el mal.

6. Fomentar el espíritu laborioso de los obreros, como medio de propender al desarrollo de su capacidad industrial.

7. La ilustración de los combinados por medio de las conferencias en el que se les explicara el buen uso que deben hacer de sus derechos sociales.

8. Activar todos los recursos legales que favorezcan los fines que se persiguen y que tiendan a asegurar el bienestar y el progreso de los combinados y los obreros en general.

9. Procurar la creación de establecimientos útiles y le formación de instituciones benéficas y de provecho común.

10. Es deber de la Combinación prestar su atención y estudiar el interésete cada gremio en particular y de todos en general.

11. Defender los derechos que las leyes acuerden en favor de los combinados en particular y de todos en general.

12.Será un deber primordial de la Combinación, la adquisición de un lugar propio con capacidad y departamentos necesarios para contener a toda la corporación e instalaciones conducentes a la ilustración obrera.

13. La Combinación en beneficios de los mancomunados que cumplan con los preceptos de la organización verificará, en sesión solemne, un sorteo de dinero con el 20 por ciento de sus entradas; y acordará, para determinadas épocas, premios condecorativos y honorarios que hagan honor al mérito del obrero.

14. La organización es de carácter nacional, y para que sus beneficios sean de provecho general a todos los obreros del país se hará extensiva a toda la República.

15. Para la mejor difusión de las ideas consagradas, se manifestaran estas por medio de publicaciones impresas, en la forma que las circunstancias del tiempo y las aspiraciones generales lo exijan.

16. La Combinación se ocupará de todos los asuntos que sirven de base a su constitución y acatará todos los acuerdos nacidos de la Dirección General y sancionados por el Congreso.

14. Recabarren con legítimo orgullo, escribió en 1906:

"En el terreno económico el proletariado esto hoy día en activa organización: casi todos los gremios están organizados en sociedades de resistencia, de defensa, en cada uno de los pueblos donde es posible acumular elementos sociales. Los gremios están federados en cada pueblo para la mejor inteligencia entre si. Estas federaciones de gremios estén organizadas bajo diferentes nombres.

Con el nombre de Combinación Mancomunal de Obreros estén federados los gremios de resistencia y aún de Socorros Mutuos en las siguientes ciudades: Iquique, Pisagua, Tocopilla, Antofagasta, Aguas Blancas, Taltal, Santa Lucia. Chañaral, Las Animas, Quillota, Coronel, Lola. Talcahuano, Lebu, Temuco y Valdivia.

Son pues veinte y cinco las principales ciudades donde los obreros están en mayor número congregados dentro de diversos establecimientos de trabajo. La Combinación Mancomunal de Obreros fundada en veinticinco sociedades, es considerada como una sola asociación para los efectos de solidaridad y lucha en pro del mejoramiento económico de sus asociados. Esta Combinación cuenta con unos 15.000 asociados, teniendo su mayor tuerza de acción en la región salitrera, en Valparaíso, y en Coronel que es una región minera. Cuenta a la fecha con diez imprentas propias que publican semanarios y bisemanarios de diversos formatos. Tales son 'El Trabajo' de Iquique, 'El Proletario' de Tocopilla. 'La Libertad Social' de Antofagasta, 'El Defensor' de Taltal, 'El Deber' en Chañaral, 'El Trabajo' de Coquimbo, 'El Orden' de La Serena, 'La Razón' de Ovalle. y 'La Defensa ' de Coronel.

Es pues, la Mancomunal, la asociación más numerosa, más poderosa y regularmente organizada en Chile. No hay otra que se cuente en estas condiciones.

Ha sido y es la asociación mis perseguida por las autoridades. Muchos de sus socios han sido procesados y encarcelados por conducta a prisión gua ha fluctuado entre sesenta días y 19 meses. Sus publicaciones han sido acusadas y sus imprentas clausuradas y secuestradas por las autoridades.

Mas, esta persecución, si bien es cierto no ha permitido el gran desarrollo que espera a la Mancomunal, en cambio no ha conseguido detener los bríos de los que luchan por su triunfo.

Actualmente el presidente de la Mancomunal de Chañaral esté preso y condenado a dos años de presidio por el gran delito de haber dirigido a la Cámara de Diputados un telegrama de protesta cuando esta Corporación expulsó de su seno al diputado obrero Luis E. Recabarren. El presidente de la Mancomunal de Tocopilla, Gregorio Trincado y Recabarren están condenados a 18 meses de prisión por supuestos atañidos a la autoridad". "La Voz del Obrero". Taltal. 12 y 13 de noviembre de 1906.

15. Recabarren en un balance de la Convención, dirá de ella mal tarde:

"... es un inmenso acontecimiento en la historia proletaria de este país, tanto por la calidad de los elementos proletarios que la compusieron como por las fuerzas numéricas que estaban representadas. La casi totalidad de la Convención se componía de juventud brillante por su entusiasmo para abrazar los idéalas de reivindicación social, por su capacidad para abordar los problemas que se trataban, y soñadora confundo en sus fuerzas que serán sobradas para realizar al magnifico programa que se han trazado.

Muy pocos delegados tenían representación indirecta, casi todos venían del seno de las organizaciones que le dieron poder.

Las organizaciones femeninas estaban bien representadas. La labor mas importante ha sido la construcción de la declaración de principios de la Federación, que da un carácter perfecto de clases, pues la organización obrera se ha dado cuenta que necesita tener como meta la socialización de los medios de producción y de cambio, ya que de otra manera, la acción por el mejoramiento y perfeccionamiento de las condiciones de vida resultarían una labor eterna y estéril.

El estatuto es una pieza completamente nueva y a la altura del nuevo espíritu que anima al proletariado. Traerá como consecuencia una mayor unión de fumas proletarias, más consistencia, mejor administración y descentralización del trabajo, pues antes sólo existía una Junta Ejecutiva que debía atender una gran labor, ahora queda creada una Junta Ejecutiva Provincial en cada provincia, que descargará el trabajo da la Junta Ejecutiva. En casi toda la discusión de las materias tratadas, no ha habido divergencias de fondo y aún en los asuntos más delicados, que tienen prejuicios o intereses creados, todavía existentes, aún cuando se gastó bastante fuego, todo se desarrolló en un ambiente dominante de elevación de miras, de cordura y de clara comprensión de los deberes que le correspondía a los delegados en las horas soberanas porque atraviesa la vida proletaria de Chile... Ha salido de esa Convención una fuerza mucho más grande, más vigoren, mas inteligente y su labor futura llena de responsabilidades ha de dar frutos grandiosos con el concurso de todos los trabajadores". "Adelante". Talcahuano, 29-1-1920.

16. Un buen ejemplo nos lo da la Combinación Mancomunal de Obreros de Taltal, que en un manifiesto dirigido a las mujeres en 1905, expresa:

"La Combinación Mancomunal de Obreros que tenemos el honor de formar parte, tomando en consideración la critica situación porque atraviesa la mujer en nuestro país, debido al abandono en que se le tiene en materia social ha acordado en una sesión especial admitir en su seno a asta bella mitad del género humano, tan digna de mejor suerte y tan olvidada en Chile por nuestros dirigentes o legisladores... Tiempo es ya pues de que la mujer obrera chilena despierte de su marasmo y su apatía y se lance a conquistar su emancipación social y económica acudiendo al llamado que le hacen las Mancomunales de Obreros, cuyos avanzados programas permitan alcanzar tan bellas aspiraciones. En Taltal existen un gran número de obreras que dejan sus pulmones en el taller, ganando salarios irrisorios que no les alcanzan ni para las más premiosas necesidades de la vida.

Estas obreras necesitan de una institución social firme y robusta que vele por sus intereses y persiga su pronto e inmediato mejoramiento y esa institución es la Mancomunal de Obreros, únicos, fuertes e inexpugnables baluartes con que cuenta para su defensa el proletariado universal. En la Mancomunal de Obreros de Taltal caben todas las aspiraciones emancipadoras de la mujer obrera y no dudamos que vosotras, obreras taltalinas y del interior del departamento oigáis nuestro fraternal llamado acudiendo presurosas a engrosar las filas de esta benéfica institución que esta llamada a ser la futura reivindicadora de nuestros derechos hasta hoy desconocidos...".

Recabarren, por su parte, en forma insistente, desde sus primeros escritos, tratará de incorporar orgánicamente a la mujer al movimiento obrero y político:

"Estáis entregada a la inacción -que es la muerte- dejando que otros (capitalistas ruines e ingratos! exploten vuestra paciencia a su vil capricho, aumentando sus fortunas con el fruto de vuestro trabajo aportado con sinsabores que sólo vuestra abnegación os hace soportar".

Después de describir los esfuerzos y la explotación de que es objeto la mujer en todo su trabajo, Recabarren agrega:

"Todas estas dolencias no tendrán término confiando a la acción del tiempo su reparación. Es necesario, es preciso, es urgente, para la mujer que trabaja y gana un ridiculo salario que busque en el campo de la educación socialista el verdadero alivio a sus pesares.

Mientras viva asida a la coyunda de los prejuicios tradicionales, mientras lleve uncido a su frente el yugo de operaciones pueriles que no le aliviará sus eternos dolores, mientras sea tímida para tomar posiciones de sus propias vitalidades y luchar contra los opresores, tendremos el pesar de ver batallando inútilmente por gozar da la libertad y felicidad que le quitan sus propios errores... "La Voz del Obrero". Taltal. 4-VI-1907.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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