El movimiento obrero en Chile

Capítulo II

EL PROLETARIADO: TRABAJO Y EXISTENCIA

"¿ Quiénes son los responsables de estos hondos males? ¿A quién atribuir las desgracias y miserias que aquejan a nuestro pueblo?".
("La Dinamita": Valparaíso. 1888).

1. EL PROLETARIADO Y LA POBLACIÓN CHILENA

La actividad minera, el desarrollo de los ferrocarriles, la intensificación del movimiento portuario, la construcción de obras públicas y privadas, la modernización de las ciudades, el surgimiento de nuevas industrias y actividades de toda índole acentuarán el proceso de crecimiento del proletariado. Así, éste sector estimado en 150.000 hombres en 1890 y en 200.000 a 250.000 en 1900, sobrepasa los 350.000 en 1920.

Donde con más claridad se observa el fenómeno de crecimiento del proletariado es en la minería. El salitre, por ejemplo, en 1890 ocupa a 4.534 operarios, sube a 22.485 en 1895, a 40.825 en 1908 y a 56.981 en 1918.1 En el carbón ocurre otro tanto: 17 minas en 1914 ocupan a 8.105 operarios, 13 minas tendrán 11.132 trabajadores en 1919 2; en Lota la población sube de 906 hombres que eran en 1891 a 2.629 en 1919.3 El mismo hecho se repite en el cobre: 24 establecimientos dan trabajo a 2.322 personas en 1911, 17 establecimientos ocupan a 7.348 obreros en 1915 y 14 establecimientos en 1920 ocuparán 9.184 hombres. 4

La actividad industrial no escapa al proceso general, ocupa a 52.922 obreros en 1915 y sube a 71.464 en 1919. 5

Las cifras indican los cambios que se operan en la estructura social chilena. En el siglo pasado predomina en forma abrumadora la población rural y su influencia en visible en todos los campos de la vida nacional. A fines de siglo su proporción es mucho menor en relación con el total de la población (1), nuevas clases sociales han de incorporarse a la vida política y nuevos problemas han de preocupar a la colectividad. La aglomeración de los trabajadores en las ciudades y en el salitre, carbón y cobre, acentuarán los caracteres típicos de las crisis sociales de nuestros tiempo -o cuestión social como se la ha llamado-; el problema de los salarios, el problema de la desocupación, el alza del costo de la vida, la miseria general, el enriquecimiento de los menos, la inseguridad económica pasarán a primer plano y las luchas por sus soluciones pondrá en pugna vio lenta a las dos clases antagónicas de nuestra sociedad: a quienes viven de sus salarios y quienes son dueños de los medios de producción.

Chile vive un período de febril construcción. La riqueza circula en el territorio. Modernas construcciones se levantan en la capital. Los gobernantes cuentan en las arcas fiscales las fabulosas rentas dejadas por el salitre. Pero los forjadores anónimos de las riquezas han de vivir sin tener acceso a ellas: nacen en conventillos o chozas miserables, los que sobreviven deambulan por campos y ciudades en busca de trabajo, han de ocuparse y recibir salarios irrisorios y no encuentran siquiera en la muerte el desencanto esperado (2); han de tener, sin embargo, pese a sus vidas de miserias, las fuerzas y la fe necesarias para organizarse y luchar por un mundo donde sea respetada su dignidad. (3)

2. EL PROBLEMA DE LA OCUPACIÓN

a) Los enganches

Falta en nuestra novela, el escritor que describa la tragedia de los enganchados. Drama cruel, no imaginado, es la del hombre modesto que en el campo oye hablar de las condiciones risueñas del trabajo en el norte o en la ciudad; compara las optimistas perspectivas que le pinta un hábil e inescrupuloso enganchador sobre las habitaciones, el salario y las mil garantías que encontraría en esos sitios con la triste y opresiva situación que vive en su rancho o en el conventillo de la ciudad. No vacila, parte con su mujer e hijos a la tierra prometida; la decepción, la indignación amarga, a veces violenta, aflora, apenas llega a su destino (4).

La burla era sangrienta, los enganchadores contrataban al máximo de trabajadores, de este modo las compañías tendrían abundancia de brazos y tendrían un buen pretexto para reducir los salarios. No importaba el sacrificio de miles de obreros, lo que interesaba era mantener una mano de obra abundante y barata, pronta a prestar cualquier servicio por pequeña que fuese la suma a cancelarse.

Las autoridades cuando no miraban con indiferencia el comercio humano hecho por los enganchadores, intervenían abiertamente en favor de éstos (5). Los partidos políticos ignoran el problema y únicamente los representantes demócratas intervienen, en algunas ocasiones, para protestar por tan infame negocio 6.

La clase obrera no se conforma con denunciar los abusos cometidos, sino que tratará de impedirlos. El problema ha de perdurar, en 1915 se oyen todavía protestas por los enganches y los socialistas hacen un llamado a la Federación Regional del Salitre para que trate de impedirlos.

b) El enganche de obreros peruanos y bolivianos

En la zona del salitre, junto a los trabajadores chilenos encontramos obreros peruanos y bolivianos. En 1902, por ejemplo, según los datos estadísticos oficiales, de los 24.538 trabajadores ocupados en esa industria, el 71% eran chilenos, el 14% bolivianos, el 11% peruanos y el 4°/o restante de otras nacionalidades.

La casi totalidad de los trabajadores chilenos eran de las provincias del sur. "Por su físico robusto y bien musculado, su inteligencia y su resistencia para soportar el sol ardiente y el polvo de la pampa eran muy superiores a los peruanos y bolivianos".7

Los bolivianos eran ocupados, en un principio, principalmente en trabajos subterráneos y en calicheras muy profundas, o sea en los trabajos más pesados, siendo notoria su mayor proporción en el norte de Tarapacá.

La presencia de peruanos y bolivianos en la zona salitrera se explica desde luego por el hecho de haber pertenecido esa región a Perú y Bolivia. Pero debemos agregar que posteriormente los empresarios fomentaron la inmigración de obreros de esa nacionalidad a esta zona. El menor desarrollo económico experimentado en las naciones hermanas y el consiguiente menor standard de vida, la menor experiencia en luchas sociales hacían de los trabajadores peruanos y bolivianos -al decir de la Comisión Consultiva del Norte- "a la par que muy resistentes para el trabajo, muy pasivos (porque) nunca protestan, nunca se sublevan, nunca dan señales de rebeldía". Se explica entonces el interés de los capitalistas por contar con un gran número de obreros de esa nacionalidad. Si en 1885 peruanos y bolivianos suman 24.189 repartidos en Tarapacá y Antofagasta, en 1907 ascenderían a 44.679: en doce años casi habían duplicado el número. El aumento fue apreciable a comienzos de siglo, coincidiendo con el auge del salitre y a la vez estimulado por las compañías que veían con preocupación el creciente poder de los obreros agrupados en la Mancomunal.

La reacción de los trabajadores chilenos no siempre fue acertada. Comprendían el peligro que significaba para sus aspiraciones la inmigración fomentada por los inescrupulosos empresarios y protestan, aunque muchas veces un dejo de chauvinismo se advierte en sus reacciones (6). Los empresarios por su parte, no escatimaron medios para traer trabajadores, bolivianos especialmente, y se dirigen a éstos en avisos escritos en quechua en el propósito de captarlos más fácilmente (7). Fue tal la intensidad de esta corriente inmigratoria que periódicos de esos países denunciaron a las autoridades el peligro que significaba para sus connacionales el ser contratados para trabajar en el norte de Chile (8).

A partir de 1907, después de la masacre de la Escuela Santa María, el número de trabajadores peruanos y bolivianos empieza a descender y la inmigración pierde fuerza.

c) La inmigración china

Los salitreros siempre guiados por el mismo propósito de obtener una mano de obra abundante y barata, fomentaron la inmigración china, de tal modo que si en 1886 hay sólo 540 de ellos en las provincias del norte, en 1907 han de ascender a 1.622.

Es en 1907 cuando estalla la polémica por la afluencia de chinos al norte del país. Concepciones racistas afloran en discusiones parlamentarias (9) y se sostienen las teorías más peregrinas contra el "peligro amarillo". Incluso llega a sostenerse que los chinos son portadores de una serie de enfermedades contagiosas que en ellos serían congénitas y que, por consiguiente, sería nefasto para el pueblo chileno mezclarse con ellos. El Partido Demócrata acabará por presentar un proyecto de ley por el cual se prohibía "la inmigración en el país de individuos de raza amarilla o mongólica y de la raza negra o etiópica". La clase obrera no escapa los prejuicios racistas (10), aunque comprendía los fines perseguidos por los capitalistas.

"No hay escasez de brazos, sino de salarios" -arguyen los obreros-, la inmigración es fomentada para disminuir los salarios puesto que, como lo expresan al Presidente Montt, "los obreros no podrán subvenir a las necesidades de la vida con $ 1,50, siendo esta la suma sobre la cual se ha calculado para traer operarios chinos" 7.

Pero, en esta oportunidad, el movimiento iniciado por los obreros contra la inmigración coincidió con la protesta -por otros motivos- de otros sectores y la inmigración asiática empezó a disminuir. Ya no fue posible la llegada de trabajadores chinos en grandes cantidades, sino en pequeños grupos. La inmigración prácticamente terminó al comprobarse que los chinos no se adaptaban al trabajo exigido por los empresarios en el salitre.

d) La cesantía

Las fluctuaciones en la producción salitrera repercuten con violencia en la masa trabajadora; desde los comienzos de su explotación, obreros recorrerán el país en busca de trabajo por haberlo perdido en el norte. Se adoptan diversas medidas frente a cada crisis; pero ninguna podrá impedir que años más tarde, con trágico ritmo, vuelva a repetirse el mismo fenómeno.

La primera crisis -en el período que nos preocupa- ocurre en los años 1896 a 1898. Anteriormente, en 1884, se había producido otra y en 1891 se había evitado debido a la conscripción de los obreros en el regimiento "Esmeralda". En 1895 trabajaban en el salitre 22.485 obreros, cifra que desciende en los años posteriores llegando a 15.955 en 1898; en tres años el número de obreros había disminuido en 6.530.

Causa directa de esta crisis fue la formación de la Tercera Combinación Salitrera, que señaló el plazo de tres meses a las distintas oficinas para que demostraran su capacidad. ST antes de la formación de la combinación, las oficinas habían despedido obreros, tan pronto se organiza, contratan de nuevo a obreros y luego pasados los tres meses de prueba, vuelven a despedirlos. Por cierto que la reincorporación la hicieron a base de salarios escasos, dado el exceso de oferta de mano de obra. En un informe elevado a la Intendencia de Tarapacá, el subdelegado de Pozo Almonte, criticaba con razón esa política y decía: "creemos que el Comité de la Combinación pudo haber evitado estas alternativas de abundancia y escasez de trabajo, disponiendo que las oficinas no hubieran verificado simultáneamente la prueba de su potencia productiva, sino que una después de otra; ... era preciso tener, en parte, algunas consideraciones con gente desnuda de recursos a la que no es dable obligar que marche un día al sur y regresar al otro" 8.

En los tres meses de producción las oficinas habían producido salitre en tal cantidad "que lo que les faltará por elaborarlo lo podrán hacer con toda facilidad en dos o tres meses, quedando entonces paralizadas hasta el 1º de abril del año venidero" 9. Los salitreros empezarán entonces a producir periódicamente, provocando con ello la existencia de un ejército de proletarios que se ofrecía a bajos salarios en distintas faenas.

El Gobierno ordenó el traslado de los cesantes en el salitre al sur del país. Los barcos iban dejando en los distintos puertos a parte de los cesantes, causando disturbios entre los afectados que protestaban por los desembarcos forzosos, protestas que eran acalladas por la fuerza pública.

Los empresarios hacían las condiciones todavía más difíciles a los obreros del norte al despedir sistemáticamente a los chilenos y mantener a los peruanos y bolivianos "por su condición humilde y servil... a la vez que a los rotos se les despide porque son altaneros o insolentes". 10

Las oficinas quedan abandonadas, un panorama desolador se ve en la Pampa (11). La crisis del norte conmueve al país. La actitud inhumana de los capitalistas es condenada por parte de la prensa. "Los dueños de las oficinas han tenido mas consideración con las muías - dice el diario "La Reforma" de Santiago- pues, le han pagado el flete por vapores para el sur para que descansen y engorden mientras vuelven a reabrirse los trabajos; al paso que a los rotos los han despedido con sólo decirles "no hay más trabajo". Los obreros se quejan amargamente de su suerte (12). En el Parlamento se protesta por la falta de ayuda efectiva a los cesantes. En Valparaíso se efectúa un mitin de protesta por la demora en dar trabajo en las fábricas a los cesantes.

La gravedad del problema nadie desconocía. El salitre era el nervio de la economía; toda la producción estaba atada a su destino. Si los obreros quedaban sin trabajo en el norte, la cesantía repercutía en todo el país y las entradas de las arcas fiscales disminuían. El Gobierno sólo atina a adoptar medidas de emergencia: trasladar cesantes al sur, abrir albergues y ollas populares; pero en momento alguno se pensó y tampoco ningún partido político lo plantea -salvo más tarde el Partido Obrero Socialista- ir a la destrucción del monopolio, nacionalizar esa riqueza e invertir las utilidades en la industrialización del país, para menguar los efectos de las crisis.

Al no adoptarse ninguna medida de fondo, el fenómeno volverá a repetirse con la misma agudeza de las veces anteriores. En 1909 el número de obreros en las salitreras disminuirá de 40.825 a 37.792. Pero será en 1914 cuando la cesantía conmueve de nuevo a la opinión pública. Cerca de 10.000 obreros quedan sin trabajo (1913: 53.161 obreros; 1914: 43.979). En el Parlamento se sostendrá que la cesantía no sólo alcanza a la producción salitrera, sino también a las fábricas 11.

De nuevo los albergues son la principal iniciativa gubernamental para afrontar el problema, se insinúa además que se adoptarán otras medidas -construcción de ferrocarriles y obras públicas- pero la iniciación del conflicto bélico ayudará pronto a salvar la delicada situación, aumentará el consumo de salitre y la industria absorberá a los trabajadores sin trabajo. Terminada la guerra, el fantasma de la cesantía se presenta otra vez al país. En 1918 "la falta de fletes, la falta de sacos, la falta de combustibles -denuncia un periódico obrero de Iquique- son los elementos principales que contribuyen a crear esta crisis que será angustiosa, no sólo para los habitantes que en esta región viven, sino para todo el país... Por falta de envase, de combustible y de tonelaje para transporte han empezado a parar varias oficinas de Taltal, Antofagasta y Tocopilla y seguirán suspendiendo sus labores varias de las de Iquique. Se calcula que en pocos días más en toda la región salitrera, desde Taltal a Pisagua, suspenderán su trabajo más de treinta oficinas. Treinta oficinas sin laborar significan cuarenta mil personas sin pan... la nacionalización de la industria salitrera se imponía evitando así el inevitable descalabro que hoy tendrá que sufrir... Lo mismo podía hacerse con las diversas industrias que mueven las fuerzas económicas del país"12.

La opinión de la clase obrera no es escuchada. Se continúa por las vías de la política tradicional adoptándose medidas de emergencia, camino que conducirá en 1921 a la cesantía a más de 40.000 obreros.

e) Carencia de contrato de trabajo

A la inseguridad permanente en el trabajo, se sumaba la carencia de legislación que impidiera los despidos injustos. No existían disposiciones legales para contratar a los obreros ni, mucho menos, para impedir que pudiera ser despedido repentinamente y sin causal justificada. "Es costumbre general -escriben Semper y Michel- que los trabajadores puedan ser despedidos inmediatamente, sin aviso previo; pero si son ellos los que desean retirarse, de ordinario sólo pueden exigir el pago de sus salarios quince días después del aviso" 13. El obrero estaba además indefenso frente a los abusos, al no existir ninguna autoridad judicial o policial que hiciera respetar los elementales principios de equidad.

La falta de protección legal para los obreros era una situación que afectaba a todos los trabajadores del país (13). Muchos de ellos se reúnen y solicitan de las autoridades y del Congreso una ley especial que establezca la forma en que deba notificarse la cesación del trabajo a los obreros en general. Pasarán muchos años que sean escuchados.

3. EL PROBLEMA DE LA REMUNERACIÓN

a) Los salarios

El nivel de los salarios determina fundamentalmente la correlación de las fuerzas de clase entre el proletariado y la burguesía. Los trabajadores chilenos desde fines del siglo pasado hacen grandes movimientos por mejorar sus remuneraciones; han de pasar varios años para que comprendan la necesidad de luchar, no por un aumento nominal del salario, sino por un aumento real en sus entradas. Los capitalistas han de recurrir a diversos medios para mermar los emolumentos de los asalariados. Mantendrán artificialmente un ejército de reserva de mano de obra pronto a trabajar por un salario bajo, recurrirán al pago en fichas, a las multas, a la extensión de la jornada de trabajo, a la incorporación de mujeres y niños al trabajo en reemplazo de los hombres, a la desvalorización de la moneda, etc. Las luchas entre asalariados y capitalistas será principalmente, por largo tiempo, en torno del monto de los salarios.

Examinemos las remuneraciones de los trabajadores según sus actividades específicas.

Las carretas cargadas con salitre eran conducidas por los cuarteadores o carreteros hasta los chanchos o máquinas chancadoras del caliche; obreros estos que tienen un salario fijo de $4.00 a $4.50.

Los chanchadores recogen el salitre triturado para llevarlo a los cachuchos o fondos de cocimiento. Ganan de $ 4.00 a $ 4.50.

a.1) Salario de los obreros del salitre

Las entradas de los obreros del salitre estaban condicionadas fundamentalmente por la actividad específica desempeñada por ellos en el proceso de producción del salitre.

En 1904, en un periódico obrero, se daban las siguientes cifras conforme a la especialidad de cada trabajador:

El barretero, o sea el obrero que iniciaba el trabajo en las calicheras cavando hoyos en los mantos de nitrato, provisto de una larga barreta, para abrir la calichera a tiros de dinamita, ganaba un jornal que mediaba entre $ 4.00 y $4.50.

Una vez abierta la calichera, entra a trabajar el particular que extrae las pellas del caliche y gana por carretadas, según la ley de este y según los pies de profundidad a que los extrae. Suele ganar hasta $ 5.00 diarios.

El caliche después de dieciocho, veinte o veinte y cuatro horas de hervor por medio del agua vieja y de las cañerías de vapor que recorren los cachuchos, ha exprimido todo el salitre, el cual sale en torrentes líquidos y va a las grandes tinajas de cristalización. El caliche que resta en el interior de los cachuchos es sacado por los derripiadores y llevado a los campos de desmontes por los cargadores. Son los que ganaban más, de $ 6.00 a $ 8.00 diarios, pero eran los que hacían el trabajo más penoso; la temperatura interna de los cachuchos después del proceso de cocimiento del salitre pasa de los 50º, sólo comparable a la de las calderas de los buques; los derripiadores debían ser necesariamente hombres de fuertes contexturas, capaces de soportar un trabajo tan infernal.

El periódico14 advertía sobre una serie de irregularidades cometidas con los obreros por las empresas, que mermaban considerablemente los salarios.

"El particular -decía- empieza a trabajar sin ganar un centavo. Se le entrega una calichera, pero en tronarla cuando es muy profunda, en dar con el caliche requerido y cuya ley le ha sido señalada, en partir las grandes bollas y en hacer acopios, suelen pasar seis, ocho, diez y hasta quince días.

"En ese tiempo el particular ha trabajado, pero no ha ganado ni un solo centavo. Lejos de eso se han endeudado, porque la oficina le ha hecho anticipos para su mantención... no pocos quedan endeudados para las calicheras siguientes, y sólo contados son los que logran sacar alguna utilidad.

"Otra irregularidad.

"Dicen los obreros que cuando el particular ha hecho grandes acopios, y está cargando después de algunos días de trabajo sin fruto, el corrector o sea una especie de mayordomo o revisador pagado por la oficina le notifica de repente que las carretadas sucesivas le serán pagadas a menos precio. Si se les pagaban al principio a $ 4.80 por ejemplo, les bajan de golpe a $ 4.00 o a $ 3.00. Da como razón que ese caliche no ha sido extraído de la misma profundidad que el anterior o que no tiene la misma ley.

"Una tercera irregularidad.

"Se quejan los obreros de que muchas veces la carretada de caliche al llegar a los chanchos (chancadoras) es calificado como costra y entonces no se les abona un centavo, es trabajo perdido. Pocos días después esa costra entra en los cachuchos y la oficina comete así, a ojos visto, un fraude liso y llano con el particular".

Es necesario considerar estas observaciones para apreciar el real salario de los pampinos. En ese entonces -como en nuestros días- muchos periódicos santiaguinos o de las empresas salitreras sostenían que los salarios de esa zona eran elevados y que los obreros abusaban al solicitar un aumento de éstos, cifras exhibidas parecían confirmar sus apreciaciones. Sin embargo -además de considerar la naturaleza dura del trabajo- era necesario comparar los precios de los artículos de primera necesidad en esa región (14); estimaciones elementales para saber la entrada real de los obreros del salitre.

La situación no varía sensiblemente años más tarde (15), la penosa situación de los obreros del salitre continúa siendo la misma.

Los obreros que desempeñaban labores complementarias en la producción salitrera se encontraban en el mismo grado de explotación.

Es el caso, por ejemplo, de los cargadores. En un principio no había límites para los sacos que transportaban. "Para el acarreo de los sacos de salitre -que pesan 139 kilos, término medio- sólo pueden ocuparse peones con fuerzas extraordinarias y acostumbrados a estos trabajos. Los cargadores pueden, pues, estar seguros, en caso de huelga, que no son fácilmente reemplazados por otra gente. Como los consumidores europeos se quejan del gran peso de los sacos, los productores recibieron con agrado la prohibición, que hizo el Gobierno de Chile, con el pretexto de una reglamentación higiénica, de no emplear sacos de más de 100 kilogramos. La adopción general de sacos más "pequeños" se aplazó hasta el 31 de abril de 1903, a causa de las existencias que tenían en las oficinas salitreras"15. Los salitreros si bien acogieron las disposiciones del Gobierno, burlaron su espíritu; si antes pagaban tres centavos por el acarreo de cada saco de tres quintales -por cualquier otra mercadería se pagaban quince y veinte centavos por quintal- ahora, al disminuir el máximo de peso transportable, pagaron dos centavos por saco de dos quintales. Años más tarde, conservando la última tarifa, volvieron a ocupar sacos de 120 a 140 kilos, lo que motivó una protesta de los obreros de Taltal 16.

Parecida era la situación de los obreros de los ferrocarriles salitreros. Los trabajadores de la Maestranza, los de la Bodega y, en general, todos, tienen un trabajo abrumador que empieza a las cinco de la mañana y termina a las seis de la tarde.

"Otro de los gremios que sufre tanto o más que los anteriores, son los desgraciados maquinistas, palanqueros y fogoneros.

"Tienen un trabajo abrumador; a cada momento arriesgan su vida, y la única garantía de que gozan es el de que un cambullón de cualquiera especie los deje sin trabajo, sin el pan de cada día.

"Da no se qué, cuando uno se aproxima a observar los sueldos de ellos.

"Los operarios de la Maestranza, que trabajan de doce a catorce horas, ganan, por término medio, un jornal de cuatro pesos.

"Los trabajadores de patio y demás que trabajan de catorce a quince horas ganan de $ 2.50 a $ 3.00.

"Los palanqueros y fogoneros ganan de $ 90.00 a $ 120.00 mensuales.

"En cuanto a los maquinistas se les paga según su nacionalidad, siendo preferidos, en cuanto a comodidades y mejor sueldo, aquellos que vienen importados de Inglaterra, Escocia o Irlanda...

"Los trabajadores del ferrocarril no se han fijado en la ganancia que obtienen con su trabajo en esa compañía -termina en su información el periódico obrero- (ganancia) que fluctúa entre tres y cuatro millones de pesos anuales, líquidos..."17.

a.2) Salarios de los obreros del carbón

Las condiciones de trabajo en el carbón -especialmente en Lota- son extremadamente penosas. Tienen, los mineros, que internarse por túneles estrechos inseguros, mal olientes y húmedos, bajo el mar, expuestos permanentemente a los derrumbes y al gas grisú.

Los salarios eran míseros. "El barretero gana -se decía en 1904- por cajón entre $ 1.00, $ 0.60, $ 0.35, $ 0.25 y $ 0.20 y debe pagar por su cuenta la pólvora que se vende a $ 0.40 y $ 0.50 la libra. Si el carbón es blando saca una a dos cargas diarias; pero si es duro, no le alcanza ni para comer. Para llegar al pique, tiene que andar por lo menos, media legua" 18.

"Los carreteros ganan $ 0.10 a $ 0.14 por cada cajón o sea $ 3.00 diarios. Trabajan catorce horas diarias y los turnos en la noche son de diez horas. Se impone una multa de $ 0.50 a quien por primera vez falta sin aviso y motivo justificado y es expulsado del establecimiento si ocurre por segunda vez" 19.

La situación no varía radicalmente en los años posteriores; por el contrario, si consideramos la permanente desvalorización de la moneda, los salarios reales disminuyen.

A continuación transcribimos datos oficiales sobre las minas del carbón quince años más tarde -en 1919-.
Minas Número de operarios Salario medio Días trabajados Ubicación
Montecristo 20 4,50 180 Tomé
Lirquén 230 5,30 275 Penco
El Rosal 145 4,78 240 Penco
Lota 1.975 5,70 258 Lota
Buen Retiro 327 5,93 275 Coronel
Playa Negra 80 6,08 259 Coronel
Coronel 102 6,14 261 Coronel
Schwager 2.170 4,96 262 Coronel
Carampangue 190 4,60 353 Carampangue
Chiflón y Nivel 995 5,57 205 Lebu
Victoria 150 3,60 280 Lebu
Cólico 340 5,20 275 Carampangue
Curanilahue 1.118 5,37 295 Lebu
Amalia 515 3,53 288 Lebu
Ebner 14 5,42 85 Valdivia
Loreto 43 7,79 280 P. Arenas

El promedio global de días trabajados es de 260 días al año; sólo en dos minas hay más de 300 días trabajados y de las dieciséis minas citadas hay 10 en donde se ha trabajado menos de 280 días al año; cifras todas necesarias para valorizar el salario efectivo del obrero que, de este modo, disminuye en un cuarto de lo anotado oficialmente.

a. 3) Salarios de los obreros del cobre

Si comparamos los salarios del obrero del cobre con el que recibe el pampino o el minero en el carbón, advertirnos que son más elevados; pero si en el salitre o en Lota las condiciones de trabajo y de existencia eran duras, en el cobre el trabajador carecía de los derechos más elementales. Un escritor, Ricardo Latcham a mediados de la tercera década de este siglo tuvo un feliz acierto al titular su libro, que denuncia los abusos y prepotencia de las compañías cupríferas, "Chuquicamata, Estado yanqui". Es la realidad. Un Estado dentro del Estado chileno. Nuestras leyes no rigen en el imperio del cobre; para entrar a los campamentos donde viven los obreros con sus familias, miles de personas, es imprescindible pedir "pasaporte" a la compañía quien es dueña de otorgarlo; una policía particular reemplaza a los servicios policiales del país.

Las enfermedades profesionales -comunes a todos los mineros- terminan a temprana edad con los hombres que se han aventurado a trabajar en esos sitios. Las difíciles condiciones de trabajo explican la permanente movilidad de obreros en los comienzos de la explotación. "El movimiento de 60.000 individuos que subieron y bajaron en 1917 es para mí un hecho sugerente. Todavía en los primeros diez meses del presente año de 1918 se había batido el record del movimiento, pues la movilización alcanzó el guarismo de 70.000 personas; aunque gran parte de este excesivo transporte de pasajeros se debió a la epidemia de influenza española, que afectó a casi un tercio de la población de "El Teniente" y que se dirigió al hospital de Rancagua en busca de salud. Aún descartando esta causa de movilización no puedo explicarme el hecho sino por esa incesante renovación de obreros que, sin estar propiamente descontentos del trabajo ni del salario, no "aguantan" 20.

Los obreros denuncian la discriminación de que se hace objeto a los chilenos (16). En "Chuquicamata" y en "El Teniente" rejas separan a los extranjeros de los "nativos".

En una encuesta hecha en "El Teniente" en 1912 se fijaba como conclusión el salario medio a $ 7,27. En 1916 desciende a $ 6,30; en ese año el minero obtenía un mínimo de $ 4,50 y un máximo de $ 12,00, suma la última que se hacía a base de la salud y de la propia vida del minero; la alimentación por persona costaba alrededor de $ 3,00 diarios. En 1921, la estadística oficial señala un jornal medio de $ 8,96 para los trabajadores de la minería y metalurgia del cobre.

a.4) Salarios de los obreros de la industria

En la industria los salarios eran más bajos. En 1906 anotamos, según la Estadística Oficial, un salario semanal medio de $ 17,14 para los hombres, $ 7,92 para las mujeres y $ 5,88 para los niños y con un promedio de 278 días trabajados, situación que no varía sensiblemente en la década siguiente. En 1910 los industriales declaran, conforme indica el Boletín de la Oficina de Trabajo, que pagan a los obreros un término medio de $ 3,26 diarios, calculados a base de 360 días trabajados.

Debemos agregar que existe un desnivel muy acentuado en las distintas zonas del país en el pago de jornales. Así, mientras en las zonas industriales Tarapacá, Antofagasta, Santiago- se pagaba en 1910 un salario medio diario de $ 5,16, $ 5,09 y $ 3,20 respectivamente, en las zonas agrícolas -Colchagua, Talca y Cautín- el salario medio diario era de $ 2,97, $ 2,83 y $ 2,61.

Los salarios relativamente más altos los recibían los obreros metalúrgicos ($ 4,63 diarios), los de astilleros ($ 4,49 diarios) y de la construcción ($ 4,36 diarios). Los salarios más bajos correspondían a los obreros del tabaco ($ 2,57), textiles ($ 2,73), confección y vestuario ($ 2,82) y alcoholes y bebidas ($ 2,82), esto es en las industrias con mayor proporción de mujeres y niños.

a.5) Las remuneraciones de los empleados públicos

A una vida opaca, sin estímulos, sujeta a los vaivenes políticos se unía en el caso de los empleados públicos, una remuneración escasa. En 1906, por ejemplo, un subsecretario de Ministerio ganaba $ 750,00 mensuales; un oficial de partes -en el mismo sitio- recibía $ 216,00 mensuales; un oficial primero, $ 166,00 y un portero primero $ 70,00 mensuales. En 1904, un Director de Escuela de primera recibía $ 100,00 mensuales; un preceptor de escuela de segunda ganaba $ 70,00 mensuales; un preceptor de tercera, recibía $ 60,00, y un preceptor de una escuela de cuarta, ganaba $ 50,00. A los maestros con diez años de servicio se les aumentaba $ 50,00 mensuales para los que trabajaban en escuelas de primera y en $ 30,00 para los que trabajaban en las escuelas de las otras categorías.

A los sueldos escasos se sumaban los abusos cometidos con ellos. En 1915, por ejemplo, el senador Claro Solar presentó un proyecto de ley, que fue aprobado, mediante el cual se cercenó en un 15 por ciento los sueldos de todos los empleados públicos, so pretexto de la penuria que amenazaba al Estado con motivo de la guerra europea. "Las rentas del Estado se triplicaron, pero nadie pensó en devolver a los humildes el 15 por ciento que les habían extorsionado".21

Los empleados particulares recibían también escuálidos sueldos. La situación era tan crítica que "El Mercurio" de Valparaíso con fecha de 23 de abril de 1907, informaba que "se reunieron en la imprenta de 'El Mercurio' (Santiago) numerosos miembros del gremio de los empleados de comercio, debatieron su situación económica y acordaron solicitar de sus jefes un aumento equitativo de sus sueldos. Mientras salarios y jornales de los obreros han seguido un aumento progresivo y paralelo al costo de la vida, no ha sucedido así con el sueldo de los empleados. La condición actual del empleado no puede ser más precaria y angustiosa. Obligado a vivir con cierto decoro y sujeto a múltiples exigencias soporta resignado el alza de los arrendamientos al duplo, el encarecimiento del diario consumo...".

a. 6) El salario de los campesinos

Nada más triste que la suerte del campesino. "El salario de los inquilinos es poco más o menos el mismo de hace un siglo (escribe Mac Bride). Su cuantía se ha elevado de 10 a 30 o 40 centavos diarios y hay sitios donde se pagan hasta $ 0,75. Desgraciadamente la depreciación de la moneda y el mayor costo de la vida, han disminuido con mucho el valor adquisitivo del salario. Al presente un centavo chileno equivale a un décimo de centavo de Estados Unidos. El pago es generalmente mensual y las regalías casi las mismas de la colonia. A cada inquilino se le da un cerco o pedazo de tierra de dos acres de extensión, unido a su casa para que lo cultive o lo use como desee y que, por lo general, dedica a la hortaliza: porotos, cebolla, alcachofa, ají, maíz en cantidad suficiente para el consumo de la familia (El maíz en Chile es adecuado para el alimento humano y se le clasifica entre las hortalizas). Además no es raro que al inquilino se le de un pedazo de tierra más grande, tal vez un cuarto de cuadra, para que lo dedique a chacra o a la siembra de granos o de alfalfa. En algunas partes es costumbre cultivar este pedazo a medias con el patrón, quien proporciona herramientas y bueyes".22

Las apreciaciones de Mac Bride mantienen su valor íntegro. Coinciden con testimonios elocuentes acerca de la situación del inquilino en nuestro país. (17)

Los datos estadísticos de 1920-1921 señalan para los peones afuerinos un salario que fluctúa, en el período de siembra, entre $ 1.30 a $ 1,70 diarios; en el período de cosechas varía entre $ 1,50 y $ 2,00 diarios, y, en invierno entre $ 1,00 y $ 1,50.

b) La jornada de trabajo

El valor de las mercancías está determinado por la fuerza de trabajo invertido en ellas. En la jornada de trabajo es posible distinguir entre el tiempo necesario -que produce el valor de la fuerza de trabajo- y el tiempo suplementario -durante el cual se crea la plusvalía- o sea el incremento del valor inicial del capitalismo invertido. La relación existente entre el tiempo suplementario y el tiempo necesario marca el índice de explotación del obrero por el capitalista. Para aumentar sus ganancias, el capitalista ha intentado siempre ampliar al máximo la jornada de trabajo, con el propósito de obtener el máximo de tiempo suplementario. Nuestro país no escapa a esta fase en su desarrollo hacia el capitalismo.

En un comienzo la jornada de trabajo no tenía límites y podemos dar más de un ejemplo al respecto.

En párrafos anteriores se ha indicado cómo en el salitre se trabajaba de sol a sol y los operarios que se ocupaban a destajo no tenían horario. Lo mismo sucedía en el cobre, en el carbón, en las actividades agrícolas y prácticamente en todas las actividades.

En 1903 se denuncia que en la fábrica de tejidos de Puente Alto se trabaja hasta 13 horas sin más descanso que los cortos minutos que tienen los obreros para comer sus alimentos. Y en cuanto a éstos se les obliga a tomarlos en la cocina de la fábrica con un cincuenta por ciento de recargo, o esperarlo de sus casas, sentados en el suelo, bajo la inclemencia del sol y, lo que es peor en la vecindad de las letrinas. El trabajo nocturno se prolongaba de las ocho de la noche hasta las doce horas, contra todas las prácticas establecidas en los talleres y se les pagaba lo mismo que el trabajo diurno. La mayor parte de los empleados eran mujeres, no conocían el descanso dominical.23

"Es penoso tener que decir -afirmaba Armando Quezada Acharan- que en esta materia Chile tiene una legislación semi-bárbara o, más bien dicho, carece de toda legislación; en estos mismos momentos (octubre de 1905), los operarios de las Empresas de Tranvías Eléctricos de Santiago anuncian que hacen jornadas de doce, dieciséis y hasta de veinte horas. En la generalidad de las empresas industriales la jornada no baja de doce horas. Además hay en las minas, en las fábricas de vidrio y en otras, muchachos de ocho a diez años sometidos a jornadas inhumanamente agotadoras... La vida de nuestras clases obreras -terminaba- presenta características singularmente análogas a las que presentaban las clases obreras de Europa a principio del siglo XIX, agravados, sin embargo, en nuestro caso, por la ignorancia general del pueblo, por su cultura escasa y rara todavía. La tasa del salario reducida a cifras insignificantes salvo pocas excepciones; la falta de espíritu colectivo; la ausencia de todo confort, fe en todo solaz, de todo lo que puede hacer acordarse, a obreros que trabajan diez u once horas en un taller, de que es un ser huma no; la explotación de la niñez en faenas industriales; la falta de garantías contra los accidentes, las enfermedades, etc.; he aquí caracteres que por todas partes se encuentran entre los obreros chilenos".24

Los obreros no se resignaron pasivamente a esta condición y sostendrán grandes movimientos y huelgas por mejorar su existencia; entre sus peticiones tiene un lugar de preferencia la jornada de ocho horas. Habían hecho suya una reivindicación tradicional del movimiento obrero internacional. Los primeros éxitos en este sentido fueron obtenidos en Francia a principios de la revolución de 1848 y en Inglaterra por la Factory Acts de 1850. Fue en 1886 cuando se puso en primer plano de las reivindicaciones, en el campo internacional, la lucha por las ocho horas. La resolución decía: "Consideramos la limitación de la jornada de trabajo como la condición previa para el éxito de todos los demás esfuerzos por la emancipación... Proponemos que se fije en ocho horas el límite legal de la jornada de trabajo". Más adelante se adoptará el 1ro. de mayo como fecha símbolo de esta lucha y la clase obrera chilena desde la última década del siglo pasado empieza a celebrar esa jornada. Sucesivamente, importantes gremios van consiguiendo la reducción de la jornada de trabajo; en 1924 Luis Undurraga reconocerá en su libro "La Cuestión Social" que las ocho horas de trabajo era una realidad impuesta por los convenios firmados entre los obreros y empleadores. La ley dictada por esa fecha solo venía a sancionar jurídicamente una situación de hecho.

Pero hasta hoy día el problema no encuentra su justa solución. Los capitalistas han aceptado las ocho horas, pero la reducción del poder adquisitivo del salario como consecuencia de la desvalorización de la moneda, obliga al proletariado a trabajar horas extraordinarias si quiere conseguir alimentos para los suyos. Y, por este artificio, la jornada de ocho horas se transforma en una irrisión y llegara a darse el caso que cuando los obreros, pidiendo una remuneración justa, dejen de trabajar horas extraordinarias y se limiten a la jornada legal, sean acusados de subversivos.

c) El trabajo de las mujeres y los niños

La introducción de la máquina en el modo capitalista de producción fue una maldición para los obreros. Los economistas más serios se consuelan diciendo que los obreros rechazados de la producción por las máquinas, terminan, después de un tiempo más o menos largo, por volver a encontrar un empleo, ¡ Vana esperanza para los obreros! Mas, al mismo tiempo que la máquina entraña para la clase obrera un redoblamiento de la miseria, de inseguridad y posibilita las formas más refinadas de explotación, anuncia, sin embargo, la seguridad cierta de aumentar al máximo la producción que ha de facilitar la ascensión de la sociedad a una fase nueva y superior.

El manejo de la máquina es relativamente fácil, muchas de ellas pueden ser dirigidas por un niño. A un niño no es necesario pagarle lo que a un adulto. Lo mismo acontece con la mujer que se incorpora a la producción. El industrial los preferirá. Obtiene el capitalista una doble ganancia: por una parte paga menores salarios a las mujeres y niños que trabajan para él y, a la vez, provoca así una baja general de los salarios. Los efectos, sobre todo entre los niños, del trabajo prematuro, serán desastrosos. Niños ignorantes, raquíticos, retrasados, salen de las fábricas, prematuramente agotados. Vidas valiosas se apagaran entre la indiferencia de la sociedad.

Prácticamente, en las principales actividades productivas siempre hemos de encontrar a niños trabajando. En el salitre han de limpiar los infernales cachuchos; en el carbón acompañarán al trabajo a sus padres a los piques, a fin de obtener una remuneración extra que permita subsistir a su familia; en el campo, desde temprana edad, se verán obligados a ayudar al sustento de los suyos: llevarán los animales al pastoreo y en la cosecha y siempre desempeñarán los trabajos menores. Niños sin infancia, en las fábricas, en el campo y en las minas serán también víctimas del naciente capitalismo.

En el Parlamento un representante del Partido Demócrata, en 1912, al referirse a la huelga de los operarios de la "Fabrica Nacional de Vidrios" expresaba: "Los hornos están caldeados a una temperatura enorme, y el personal que ahí trabaja, generalmente no vive largos años, como sucede también con los panaderos, porque la vida se les agota temprano, debido a la dureza del oficio. Los salarios son pésimos y la jornada de trabajo es agotadora. He recibido informes -prosigue- de que hay en esa fábrica niños de diez, doce y catorce años que están sometidos a un trabajo muy superior a sus insignificantes fuerzas, y éste es un trabajo en el cual los niños están expuestos a perder fatalmente la vida en cualquier momento". 25

Es en la industria donde encontramos una incorporación más activa de mujeres y niños conforme nos señalan las cifras oficiales:
Año Hombres Mujeres Niños Total
1915 31.093 11.025 3.433 45.551
1916 33.466 13.345 4.119 50.930
1917 36.566 15.232 4.288 56.026
1918 39.839 17.787 5.546 62.172
1919 40.438 16.835 4.969 62.242 [26]

En resumen, por cada cuatro obreros adultos hay una mujer y un niño trabajando. A nueve obreros adultos -mujeres y hombres- corresponde un menor de edad en la producción, aproximadamente.

Las cifras no pueden ser más elocuentes.

d) Las fichas

Era norma en el salitre, en el carbón, en el campo y en muchas actividades productoras cancelar el sueldo por intermedio de fichas y no en numerario.

Las compañías alegaban en favor de las fichas, una supuesta imposibilidad de mantener grandes cantidades de dinero en las oficinas; las fichas -agregaban- eran más cómodas para las transacciones y necesidades diarias que el papel moneda chileno; el curso restringido de ellas -concluían por último- dificultaría a los operarios el abandono repentino de las faenas y evitaría que desperdiciaran sus ganancias en la bebida, el juego y otros excesos". Los pagos no se hacen en moneda corriente -decía el diputado radical Robinet- porque ocurre cuando así se procede que los trabajadores se van a Iquique y ya no vuelven más, con lo cual la oficina que les tenía, tiene que perder el trabajador y el dinero que ha invertido en su pasaje para llevarlo desde el sur".27

Tras estas concepciones habían razones de otra índole. Las oficinas trataban de recuperar -por medio de las fichas que debían invertirse en las pulperías- los salarios invertidos en los trabajadores (18).

Las fichas jamás se cambiaban a la par; contaban los capitalistas para esta finalidad con la complicidad de las autoridades que muchas veces llegaba a la impudicia (19).

El abuso es tanto más irritante, si consideramos que el uso de las fichas era abiertamente ilegal; existía una ley, dictada en 1852, que prohibía la acuñación de fichas o monedas fiduciarias, la Ley de los Bancos contenía también una prohibición análoga.28 Las fichas eran, en verdad, un capital ficticio que producía interés como un capital efectivo. La emisión de fichas por cada oficina constituía un privilegio; en la práctica, cada oficina emitía una moneda especial que tenía circulación exclusiva en esa área y ningún valor fuera de ella; los obreros eran, en consecuencia, obligados a invertir sus salarios en las pulperías que mantenían las empresas donde los precios eran más elevados.29

En el carbón se llegaba a peores extremos. En 1905 se denunciaba la existencia de fichas-carne, fichas-pan, etc.. que servían exclusivamente para la mercadería señalada.30

En el campo han de perdurar por más tiempo y las fichas circularán hasta años cercanos a los nuestros.

e) Las pulperías y la libertad de comercio

Hemos ya indicado como las pulperías eran el complemento necesario de las fichas. Cada empresa minera -sea en el salitre, cobre o carbón- mantenían almacenes especiales, denominados pulperías, que abastecían a los obreros. Las empresas no se conformaban con la existencia de las pulperías, sino que además prohibían, con el auxilio de la policía, el libre comercio en su territorio. En la Cámara de Diputados el ex intendente de Tarapacá, representante liberal, Gonzalo Bulnes, decía refiriéndose a este régimen: "Las oficinas tienen el monopolio de la venta de todo artículo consumido por los trabajadores, y para impedir que se acerque algún hombre con cigarrillos por ejemplo, o, alguna mujer con tortillas, tiene policía por su propia cuenta. Todo comerciante que por alguna oficina se acerque es considerado contrabandista, de tal modo que es frecuente oír decir: han caído en comiso los cigarrillos del vendedor tal, o las tortillas de fulano... Y allí (en las pulperías) lo que vale quince, veinte o veinticinco centavos, se vende por un peso; de modo que el trabajador va dejando en la pulpería, puedo afirmarlo de manera absoluta, el cincuenta por ciento de lo que gana. Esto es lo que yo vi cuando estuve en Tarapacá... Y a este respecto puedo decir que muchas veces se incita a los trabajadores a que se emborrachen con el propósito de que gasten todo su sueldo en fichas y no saquen a la fecha del pago un solo centavo... Los precios que exigen por las mercaderías son exorbitantes; una caja de fósforos vale veinte o treinta centavos... había pulpería .que daba doscientos mil pesos al año en utilidad".31

Dos años más tarde, en 1902 se denunciaba en el Parlamento que en Lota, los empresarios dentro de los recintos de su pertenencia prohibían todo comercio extraño y que establecían verdaderas aduanas.32

f) La desvalorización de la moneda

La desvalorización de la moneda fue un recurso que sirvió a los capitalistas para disminuir el salario real de los obreros.

Los trabajadores sostuvieron grandes huelgas en defensa de la estabilidad de la moneda. Por la misma tesis de una moneda estable estuvo la clase media y, en general, todos aquellos que defendían un sueldo o salario y que sin poseer bienes o usar del crédito vivían de su salario.

También participaron del mismo criterio algunos hombres de las clases dirigentes -Roberto Espinoza, Agustín Ross y Agustín Edwards entre otros- que midieron la desastrosa repercusión que tenía la inestabilidad monetaria (20).

La desvalorización de la moneda y el paralelo aumento del costo de la vida es un problema que preocupa a toda la prensa. "El Ferrocarril", por ejemplo, aborda en una crónica el problema y dice "el encarecimiento de los artículos de primera necesidad es el resultado previsto y que se veía venir en los primeros años corridos del siglo presente... Lo único estable en los últimos treinta años ha sido la depreciación constante del papel moneda y la carestía creciente de todos los elementos de vida que a su vez es fruto de la inestabilidad económica del país".33

Luis Emilio Recabarren en un folleto aparecido el año del Centenario destaca las consecuencias que tiene para los trabajadores la desvalorización de la moneda. "En 1890, veinte años atrás -escribe- un peón ganaba $ 1,50 al día en razón de 22 peniques por peso, obtenía 33 peniques al día; hoy, en 1910, ese mismo peón gana $ 3,00 al día, si los gana, a razón de 11 peniques obtiene un total de 33 peniques, o sea el mismo salario de veinte años. El precio de la vida es tres veces más caro que en 1890, luego por esa misma razón el salario del peón es más bajo que antes". A continuación da algunos datos que muestran el aserto de su última afirmación: "Todos los artículos de más indispensable consumo han subido en el último cuarto de siglo en más de un ciento por ciento en su valor en el más simple de los casos como puede verse en el cuadro que sigue:
Artículo Precio en 1890
$
Precio en 1910
$
1 cajón de azúcar 7,00 a 8,00 15,00 a 16.00
1 litro de leche 0,05 a 0,10 0,20 a 0,40
1 par de zapatos 10.00 20,00
1 kilo de pan 0,20 0,40
1 litro de parafina 0,15 a 0,20 0,35 a 0,40
1 kilo de carne 0,30 a 0,40 0,80 a 1,00
1 saco de papas 3,00 12,00

Repito una vez más que el precio de la vida ha subido en los últimos veinte y cinco años más de 100%, mientras que el salario avaluado en peniques no ha llegado al 40% de aumento. La vida es entonces hoy más angustiosa que antes".34

La apreciación de Recabarren era exacta. La comparación, por ejemplo, hecha entre el aumento experimentado en el costo de la vida y en los salarios, comprueban sus opiniones.
Años Costo de la vida Salarios
Nominales Reales
1913 100 100 100
1923 248 138 90 [36]

Así toda alza de salarios era ilusoria, por eso los obreros junto con pedir aumento en sus remuneraciones solicitan estas sean a un cambio fijo.

4. LOS ACCIDENTES DE TRABAJO

La seguridad en el trabajo se desconocía. En el salitre era corriente que ocurrieran accidentes, sin que las autoridades, mucho menos las empresas, adoptaran precauciones especiales para evitarlos. La muerte en los cachuchos era horrenda; los obreros caían frecuentemente en esos hornos hirvientes, ninguna baranda prestaba una mínima ayuda. Otras veces era la acendradora la causante de un accidente fatal. O la costra del caliche que al ser lanzada al aire con los tiros de dinamita caía como un proyectil sobre un trabajador.

En el carbón los derrumbes, el gas grisú causaban decenas de muertos cada año. En el cobre las enfermedades profesionales, los rodados de nieve, los derrumbes de túneles causaban también el desaparecimiento fatal de centenares de obreros. En la industria muchas veces los obreros, al carecer de elementales normas de protección, eran tomados por los engranajes de las máquinas, perdiendo la vida o -en el mejor de los casos- quedando lisiados para el resto de sus vidas.

Los obreros reclaman indignados de la falta de protección (21). A veces reaccionan airadamente por la desidia de las autoridades en prestar la mínima protección a quienes trabajan (22). Muchos sectores de la burguesía se suman a la protesta de los proletarios y reclaman por una legislación adecuada (23).

5. EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA

El problema de la vivienda o el empeoramiento de la vivienda obrera -sostiene Engels está provocado por la repentina afluencia de la población a las grandes ciudades, lo que se manifiesta a través de un alza enorme de los alquileres, una concentración mayor aún de los habitantes en las casas y la imposibilidad para algunos de encontrar alojamiento alguno.

Es un fenómeno típico de la congestión urbana que produce el capitalismo. El desarrollo de la industria, el espejismo de los altos salarios, atrae a la población campesina a la ciudad que se encuentran con carencia de habitaciones. Surgen así los tugurios.

El problema de la vivienda fue uno de los primeros que preocupó a nuestros políticos y estudiosos. Arturo Alessandri P., en la tesis presentada para recibirse de abogado, anotaba (24) que en Valparaíso en 1891 habían 543 conventillos con 6.426 piezas en las cuales vivían más de 17.000 personas, lo cual arrojaba un término medio de tres habitantes por pieza. De los 543 conventillos, 203 estaban en regular situación, el resto eran completamente inadecuados para habitarlos y "carecen de las más elementales condiciones que para ella se requieren"36.

Recabarren en uno de sus primeros escritos, en 1899, bajo el anagrama de Raúl Caneberis R., describía a su vez el contraste observado entre los conventillos y los palacios en la ciudad de Santiago (25).

Con escasa diferencia de algunos años, dos hombres de figuración nacional examinaban el mismo problema de dos ángulos distintos, dos puntos de vista de dos clases antagónicas. Uno creía en la solución del problema de la vivienda en el deseo que el obrero se moralizara y fuese -sin recelos ni odios- el paciente colaborador de la empresa capitalista. Para el otro, el problema de la vivienda era simplemente el reflejo de las injusticias visibles de una sociedad de clase.

La existencia de conventillos alarma a toda la sociedad. Son focos de epidemias que una vez desatadas no harán diferencias entre los moradores de un tugurio o de una rica mansión.

"El Mercurio" aterrorizado no tardará en decir, en Santiago, que los conventillos obran "en favor de las epidemias y de la enorme mortalidad. A esto se agrega la carencia casi absoluta de servicios de higiene pública... un factor poderosísimo para producir el resultado verdaderamente vergonzoso y aterrador que la epidemia de viruelas presenta hoy en todo el país (es) la calidad de las habitaciones que ocupan nuestra clase obrera y aún la gente más acomodada"". Los periódicos continuarán la campaña contra los conventillos en sucesivas publicaciones (26) sin que se llegue a la terminación de ellos.

En el Norte las condiciones no eran mejores. En un comienzo las habitaciones proporcionadas por las Compañías eran miserables chozas, hechas con sacos usados, trozo de hierro acanalado y pedazo de costra amontonado38. Después se construyeron los campamentos, formados por viviendas de cinco metros de frente por diez de fondo, sin otra techumbre o división que calaminas desnudas y divididas en el centro, para, de este modo, formar dos piezas. El piso era el propio suelo sin beneficio que conoció el primer explorador de la pampa.

Por lo general, en cada habitación vivían dos o más familias; si eran solteros se les hacinaba en grupos increíbles. hasta que el local estuviera repleto (27).

En los minerales del carbón el problema de la vivienda era y es todavía más agudo. En Lola, por ejemplo, se conocen las llamadas "camas calientes". Tal es la carencia de habitaciones que los obreros solteros viven en pensiones, como faltan camas y ellos trabajan turnos de ocho horas. uno tras otro, apenas uno de ellos se levanta su puesto es ocupado por el compañero que termina la faena. Fácil es imaginar los contagios y enfermedades que se transmiten.

En los minerales de cobre la situación no era mejor. La discriminación de que eran objetos los chilenos se refleja también en la ubicación de sus viviendas: se levantaban en las laderas de mayor pendiente -en el caso de "El Teniente" , sin suficientes exposición al sol y ventilación, expuestas a los derrumbes.

En el campo la habitación se compone de un dormitorio donde en la mayor promiscuidad, duerme toda la familia, y otra pieza que es una especie de bodega en que mezclan, en un montón confuso, las monturas, las ollas, los frenos y los cajones que hacen de sillas o mesas. Las piezas no tienen entablado, menos las murallas o el cielo; las murallas ni siquiera están pintadas. El dormitorio es oscuro, sin ventilación, de mal olor. La gente come en el suelo. "Son viviendas insalubres que no se diferencian de la ruca araucana y que apenas avanzan un poco de la caverna del hombre prehistórico" 39.

6. EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN

En un debate en la Cámara de Diputados, en 1900, el representante radical, Daniel Feliú, afirmaba "que las pensiones altas en los Liceos de Niñas tienen por objeto evitar que la mujer de las clases directivas de la sociedad chilena reciban una educación exclusivamente religiosa en los colegios de monjas, en que los padres más liberales se ven en el caso de colocar a sus hijas por no tener otros establecimientos en que educarlas. No sería posible dejar los liceos al alcance de todo el mundo. No hay en esto una cuestión de aristocracia, sino una simple cuestión de costumbres:

¿Cómo dejar que una niña que se ha criado con ciertos hábitos y tendencias se eduque en un establecimiento de instrucción al lado de otra que tiene hábitos y tendencias diametralmente opuestas?... Yo quiero que se iguale la educación de todas las clases. Las inferiores tienen establecimientos para recibir una buena educación, las superiores no los tienen y es preciso proporcionárselos. ¿Qué hay de malo en este propósito?".40 Difícil resulta encontrar una confesión más clara de los principios clasistas que orientan a nuestra educación. La organización escolar reflejará claramente la misma concepción. Se explica entonces que los grandes problemas educacionales no se resolvieran.

Una gran masa analfabeta caracterizaba a nuestro país. En 1900 los datos oficiales dan 114.410 alumnos menores de 14 años matriculados en la escuela primaria en el país.

De ellos 69.351 eran menores de 10 años, o sea aproximadamente el 60 por ciento de los alumnos matriculados; pero, en verdad, la cifra es menor si consideramos que la asistencia alcanzaba a un 63,7% de los alumnos matriculados. El número de analfabetos era, por tanto, muy elevado. El porcentaje de los que recibían instrucción fue siempre bajo. Las estadísticas señalan en 1915 en un 53,8% el porcentaje de los alumnos que reciben instrucción; en 1916 sube a un 57,38%, para bajar a un 54,71% en 1918 y a un 51,70% en 1919.

El ausentismo escolar se explica, en gran parte, por la dura necesidad de trabajar que tienen los menores para ayudar a la subsistencia de los suyos. Es la misma razón que hace disminuir drásticamente el número de educandos que prosiguen sus estudios en la enseñanza media. En 1919 los alumnos matriculados en la enseñanza primaria alcanzaban la cifra de 326.227; en la instrucción secundaria y especial sumaban 45.999 y en la superior apenas llegaban a la cifra de 4.138.41

La clase obrera desde el siglo pasado se preocupó por recibir una debida instrucción. En las sociedades mutuales recibirán, muchas veces, el conocimiento de las primeras letras. Recabarren, a principios de siglo, hizo de la educación de los obreros, uno de los pilares de su acción. En los sindicatos funda escuelas y pide y cuenta con la ayuda de sus compañeros y hombres progresistas provenientes de otras clases. Los estudiantes de la Universidad fiscal han de destacarse en esta noble tarea.

7. LA DELINCUENCIA. LOS VICIOS.

La delincuencia prospera en la misma medida que aumenta la miseria de las capas populares. Los delitos contra la propiedad son mayores en los momentos de crisis económica. Resulta por tanto, un poco desatinado las medidas propuestas por algunos parlamentarios para extirpar la delincuencia: aplicar trabajo forzado de ocho horas en vez de enviar a los delincuentes a las prisiones "a pasar muy buena vida"42. Era el criterio predominante en las capas dirigentes. El Ministro de Justicia en 1900, sostiene enfáticamente en el Senado de la República que la causa del recrudecimiento de la delincuencia está en la aplicación de las penas en Chile que es "sumamente leve, tan leve que casi podría decirse que estas penas no moralizan, ni regeneran, ni habilitan a los penados para volver a la vida social" y termina expresando que en verdad "nuestras cárceles y establecimientos penales hoy día son hoteles, son clubs"; un senador irá más lejos en ese debate y dirá que "la única pena establecida hoy, en la ley que sea capaz de atemorizar a los delincuentes es la de azotes; para gentes semi-salvajes, éste casi es el único castigo que produce efecto"43.

Obvio es que tales medidas propuestas no terminaron con la delincuencia.

Sin embargo, en la prensa o en las intervenciones de los parlamentarios se continuará afirmando que los males existentes se deben a que el pueblo chileno es de ladrones y borrachos, la solución sería aplicar medidas enérgicas para terminar con los delincuentes y acabar con los vicios.

Recabarren ha de protestar contra tales afirmaciones y en sucesivos artículos reclamará para los proletarios el honor de una campaña efectiva contra el vicio y la delincuencia. Recuperación que, por cierto, a juicio de él, debe hacerse por medios educativos y en caso alguno con medidas coercitivas. Va más lejos y afirma que en tanto no cambie la situación económica poco se avanzará en el camino de extirpar estos males sociales. Y concluye: "cuando el proletariado ha usado su bandera de combate contra la clase burguesa, no lo hace simplemente para conquistar un mendrugo, sino que lo hace para quemar todas las llagas sociales que... infecta el mundo en que vivimos, haciendo sus víctimas escogidas en las familias proletarias"44.

8. LA JUSTICIA

Los proletarios no soñaban con el poder de la justicia. La sabían minada. En el salitre, por ejemplo, los jueces de Menor Cuantía eran empleados de las compañías y en vano los obreros pedían a las autoridades que se remunerara por el Estado a estos representantes del Poder Judicial. Era natural que, existiendo tal vicio, no existiera la menor posibilidad de jueces imparciales. Tampoco podía esperarse rectificaciones de los más altos magistrados.

Valdés Canje daba, sobre la Justicia, un juicio lapidario:

"La casi totalidad de los ministros de cortes han obtenido sus puestos mediante los influjos políticos y a estas circunstancias se debe que haya tribunales modelos de ineptitud y que los partidos pugnen por sus candidatos cada vez que se ofrece e/ nombramiento de un juez. Hay cortes que han pasado a ser pertenencias de un partido, porque casi todos sus ministros son de una misma filiación política, y naturalmente todos los jueces que se nombran en la jurisdicción de esas cortes son de una misma camada". 45

Confirmaba así las palabras de un obrero que reclama por la injusta detención de Recabarren en 1904 y exclama: "Las leyes de Chile no son más que palabras escritas que sólo se cumplen con creces cuando se trata de proteger a los privilegiados de las castas aristocráticas, pero que se hace mofa de ellas, cuando los que piden su cumplimiento pertenecen a la plebe popular como los burgueses llaman a las clases laboriosas de la sociedad, que como las abejas obreras en el colmenar elaboran la miel que solo consumen los zánganos oficiales, enemigos del pueblo que les da de comer, los cacos de la alta banca, los gobernantes, la casta militar y los sacerdotes del culto católico..." 46.


Referencias Bibliográficas

1. Estadística, Dirección de "Sinopsis Estadística". Año 1920, pág. 96.
2. Estadística, Dirección de: "Sinopsis Estadística". Año 1920, pág. 97.
3. Astorquiza, Octavio: "Lota". pág. 133
4. Estadística, Dirección de: Ob cit , pág 95.
5. Estadística. Dirección de Ob cit , pág 98.
6. Diputados, Cámara de Sesión de 7-XI-1911.
7. Semper y Michel "La Industria del Salitre en Chile", pág. 100.
8. "El Tarapacá" Iquique, 1-VII-1896
9. "El Tarapacá" Iquique, 21-VII 1896.
10. "El pueblo" Pisagua. 22-VI-1897
11. Diputados. Cámara de; Sesión de 17-VIII-1914.
12. "El despertar de los trabajadores" Iquique, 3-IV-1918.
13. Semper y Michel: Ob. cit., pág. 101.
14. "El defensor de la clase proletaria" Iquique. 2-VI-1904.
15. Semper y Michel Ob cit . pág 90
16. "La voz del obrero". Taltal, 20-III-1906
17. "El defensor de la clase proletaria", Iquique. 2-VI-1904
18. "El alba", Lota-Coronel, 1-VII-1904
19. Contreras, Arturo "El derecho de los pobres", pág 18.
20. Fuenzalida. Alejandro "El trabajo y la vida en el mineral", "El Teniente", pág 66
21. Vicuña. Carlos "La Tiranía en Chile", Tomo I, pág. 51.
22. MacBride. Jorge "Chile Su Tierra y su gente", pag. 131.
23. "El chileno" Santiago, 16-VIII 1905
24. Quezada A . Armando; "La Economía Social", pág. 361.
25. Diputados. Cámara de Sesión de 17-V-1912
26. Estadística, Dirección de Ob cit , pág 100
27. Diputados, Cámara de Sesión de 5-IX-1901
28. Diputados, Cámara de Sesión de 13 VIII 1900.
29. Diputados, Cámara de Sesión de 5 IX 1901
30. Contreras. Arturo Ob cit, pág 18
31. Diputados, Cámara de Sesión de 5-IX 1901
32. Diputados. Cámara de Sesión de 13-VIII-1902.
33. "El ferrocarril" Santiago, 22-VIII-1907
34. Recabarren, Luis Emilio "Ricos y pobres"
35. Álvarez A , Oscar "Historia Industrial de Chile", pág. 221.
36. Alessandri P., Arturo: "Habitaciones para Obreros", págs. 1.122-1.123.
37. "El Mercurio". Santiago, 27 VII 1905.
38. Semper y Michel Ob cit. pág 103
39. "El Coquimbo", La Serena, 27-VII-1903
40. Diputados, Cámara de Sesión de 1-IX-1900
41. Estadística, Dirección de Ob cit, pág 51
42. Senado Sesión de 7-XI-1900
43. Senado Sesión de 7-XI-1900
44. "La voz del obrero" Taltal, 1-VII-1909.
45. Valdés Canje: "Sinceridad", pág 59.
46. "La voz del obrero" Taltal. 16-VII-1904.


Notas:

1. La población urbana alcanza a un 27% en 1875, a 30,6% en 1885.38% en 1895, a 43,2% en 1907 y a 46,4% en 1920. Corporación de Fomento: "Geografía Económica". Vol. II. Pág. 118.

2. Los cementerios, en el salitre, se encuentran sin cierre y los cadáveres de los obreros son comidos por los perros, se denuncia en un artículo aparecido en el periódico ''La voz del obrero". Taltal 15-X-04.

3. En una proclame aparecida en 1888 en Valparaíso, con motivo de las elecciones municipales de ese año, los obreros retratan fielmente su situación: "¡Ah el pueblo es la víctima de las más criminales expoliaciones. Se le mantiene en estrecha servidumbre, en miserable proletariado, situación más terrible aun que la de los antiguos esclavos. Los que antes tenían esclavos los cuidaban, siquiera como se cuidaba a las bestias de carga y a los animales de trabajo o engorda, pero el proletariado, el obrero moderno es sólo considerado como una cifra, un factor que contribuye con el sudor de su frente a la riqueza del amo y que se rechaza y abandona a su triste suerte el día que, agotadas sus fuerzas, se rinde al peso de las enfermedades. Se le arroja como a un perro, como al leproso, el día que no sea capaz de trabajar y, en tal situación el infeliz obrero halla sólo en la muerte el término de sus dolores y el consuelo de sus desgracias infinitas.

¿Quiénes son los responsables de estos hondos males?

¿A quiénes atribuir las desgracias y miserias que aquejan a nuestro pueblo?

A nadie sino a los gobernantes y a los legisladores que solo gobiernan y legislan para chupar la sangre del pueblo". ("La Dinamita". Valparaíso, 1888).

Refiriéndose a la situación del campesino, René Montero escribe:

"Viviendo, salvo muy escasas excepciones en ranchos reducidos con paredes vegetales y techos de totora, trabajando desde la salida hasta la puesta del sol, ganando jornales irrisorios y aceptando de patrones y capataces un trato insultante, arbitrario y a veces criminal, la vida de nuestros inquilinos se ha arrastrado miserable y menguada". (Montero, René: "Orígenes del problema social en Chile". Pág. 24).

4. La prensa obrera denuncia cientos de casos. Leemos en un periódico del norte, la protesta de un enganchado, en lenguaje torpe, pero vigoroso, que dice así:

"Desde no hace mucho la compañía salitrera alemana se ha empeñado de una manera muy activa en enviar a los distintos puntos del país a unos cuantos verdugos y canallas a buscar gente de trabajo, llegando allá con promesas que ni en sueños piensa la compañía darle cumplimiento ni aún en la décima parte de lo que prometen.

Sí señor, uno de esos cobardes es el nombrado Venegas de la Oficina Alemana. Un mísero costrero que hoy, por la sinvergüenzura que la caracteriza es el mandado a Iquique, Antofagasta, Coquimbo. Huasco y varios otros puntos del país a traer gente por medio del engaño y la falsedad.

¿Cuánto de nosotros que por medio del engaño de que hemos sido víctima no hemos abandonado hogares, madres, esposas y todo lo más sagrado, con el fin de venir a prosperar algo con nuestros sacrificios?

Hay más, ¿cuentos pobres con familias se nos ha traído engañados como ames hemos dicho y diremos mil veces? Ahora bien, llegamos a la Oficina donde se nos lleva, nos meten tres y cuatro familias en un cuartucho que solo se puede soportar el calor y las fatigas teniendo las puertas abiertas de par en par, durmiendo uno sobre otros. Los solteros, quince y veinte en una casillita que tiene tres piecesitas que no son más grandes que la de los casados...

"El ferrocarril... presta toda clase de facilidades para (trasladar) las gentes (a) las oficinas y, sin embargo, para trasladarnos al puerto se nos atraca en el precio de pasajes y flete de equipaje, cobrándonos el doble" (firman 146 obreros traídos por la "Compañía Salitrera Alemana". Cuartel de Policía. Taltal. 28 de enero de 1905). "La voz del obrero". Taltal. 28-I-1905. Un periódico de Coquimbo, a su vez, denuncia:

"Aquí se les ofrece un jornal de cuatro o cinco pesos y transporte gratis para la familia, pero llegando allá (Taltal) se les paga la mitad del jornal prometido y si no lo aceptan los dejan abandonados en un pueblo desconocido, sin amparo ni recursos para el regreso y en resumidas cuentas, se verán en la necesidad de aceptar el salario que sus patrones quieran imponerlas". "La Doctrina Popular". Coquimbo. 3-II-1905.

Por su parte, un diario de Tocopilla reproduce un aviso aparecido en Santiago que decía: "Enganche. Necesito doscientos trabajadores con familia y solteros para Antofagasta. Se pagan buenos jornales y se dan buenos trabajos a trato. Pasaje y alimentación será gratis hasta dejarlos en sus trabajos. Las familias tienen casas gratis y los solteros piezas en el mismo campamento". El periódico, a continuación, mostraba la realidad. El barco, con pasaje pagado, partía desde Valparaíso; el trayecto de Santiago a Valparaíso corría por cuenta de los enganchados. En el viaje a Antofagasta sólo algunos recibían comida: el pan que consumían tenían que pagarlo de sus propios bolsillos. Al llegar a Antofagasta eran ocupados en los trabajos de la línea de ferrocarril longitudinal. Se les prometía un salario de doce pesos a los capataces y diez pesos a los trabajadores; recibían siete y seis pesos respectivamente. Las casas eran carpas inmundas. Los trabajadores sólo podían comer, por no existir otra alternativa, en cantinas que mantenían los contratistas y amigos del jefe, donde se les cobraba por un mal almuerzo la suma de $ 2,30. El pan, duro, era llevado dos veces a la semana al campamento. El agua era escasa. Las compras tenían que hacerlas en las pulperías a precios dos o tres veces superiores a los normales. Los crímenes y robos eran frecuentes; los accidentes del trabajo, un fenómeno natural. Se trabajaba desde las 5.30 A.M. hasta las 6.30 P.M. Por último, era imposible si los obreros engañados pretender regresar, porque nunca se les cancelada el total de sus salarios, siempre se les adeuda 12 o 15 días. "El Proletario". Tocopilla. 1-II-1912.

5. Leemos en el periódico "La voz del obrero". Taltal, 18-X-1905, la siguiente denuncia: "En el barco 'El Imperial' llegó un nuevo enganche el 17 de octubre... "lo que más causó admiración fue ver al comandante de la policía de la comuna de Santa Lucía, a cargo de dicho enganche". El mismo periódico (16-11-1907) denuncia: "Trescientos obreros enganchados llegaron en el barco 'California' a Taltal. Iban a Antofagasta, pero la policía los obligó a desembarcar en Taltal e ir a Paposo".

6. "Los propietarios de algunas oficinas salitreras han enviado agentes al interior, o sea a Bolivia, a buscar los indios que vengan a trabajar por coca o yuca -informa un periódico obrero en 1904 . Ellos están conforme con tener un gangocho en que dormir, un poco de coca y yuca para mascar..." ("El Defensor de los Trabajadores", Iquique, 16-VII-1904). Otro periódico dice: "En Collahuasi, entre la clase trabajadora, el elemento preponderante es el boliviano... preferidos son aquí, señor Director, para el trabajo y para todo lo que Ud. se le ocurra, los bolivianos; no (es) que ellos sean para el efecto mejores que los chilenos, sino que tal vez porque los señores capitalistas querrán con ello ahorrar dinero".

7. El periódico "El Industrial" (Iquique, 3-V-1888) reproduce el siguiente aviso: "Guillascaico. Oficinapi Zumag Retirupi necesitacum Pachag llanka-donsta, calicheraspag y maquinapag, pagasca zumagta pachag fiska cnun-kogta quillapi, mucuy casas kacimanta zumag, coca ug zarapi libra".

8. "El Mercurio" (Antofagasta, 11-V-1907I reproduce un voto de la Municipalidad de Cochabamba donde se insinúa a la policía "intervenga en los contratos que hacen los emigrantes con los agentes que vienen de la costa, especialmente de las Compañías Salitreras, para enganchar gente".

9. El senador liberal-democrático Elías J. Balmaceda después de afirmar que ha visto en los diarios de Santiago, transcrito de la prensa del norte, la noticia del hecho singular... de haberse puesto en remate los chinos que trajo no hace mucho un vapor proveniente de la costa asiática" termina expresando que el "Gobierno se halla en el deber de preocuparse de esta cuestión del inmigrante, que tiene diversos aspectos, entre los cuales el más considerable acaso es la cuestión sobre la cual han llamado la atención las autoridades y vecinos de Tarapacá haciéndoles ver el peligro que envuelve para aquella localidad la inmigración asiática". Senado. Sesión del 31 de agosto de 1907.

10. El 5 de mayo de 1907 en Iquique se convoca a un mitin "para protestar de la inmigración china que la Combinación Salitrera ha resuelto fomentar so pretexto de la escasez de brazos. En el mitin se acordó pedir al Presidente Montt la construcción de un barrio especial para chinos en Iquique. "El Tarapacá". Iquique, 27-IV-1907.

11. "Con la ida de este cantón de gran número de trabajadores leemos en el periódico "El Imparcial" de Huara de 25 de octubre de 1896 - se han descolgado una gran cantidad de perros vagos que pululan por las calles a toda hora .. en noches pasadas, un pobre hombre, de los muchos que vagan de oficina en oficina en busca de trabajo, pasaba con su cama a la espalda en las primeras horas de la noche cuando da un modo repentino se ve acosado por esas partidas que merodeaban, y lo estrechan de tal modo que la ropa se la hicieron jirones, a los gritos de auxilio el sereno de la estación, quien a balazos y a garrotazos pudo librarlo de una muerte segura"

12. "La situación un tanto difícil porque atravesamos se lee en "El Pueblo de Pisagua" el 1 7 de abril de 1898" los que residimos aquí, en vez de mejorar se agrava día a día.

Los salitreros paralizan sus oficina", y esta medida que es reclamada por necesidad, según dicen, deja sin ocupación a algunos centenares de hombres, muchos de ellos padres de familia y radicados aquí, en Tarapacá, desde hace algunos anos. Cada oficina que suspende su trabajo es un golpe de muerte que reciben los comerciantes establecidos aquí y a las demás poblaciones que se han formado en Catalina, Dolores y Zapiga, porque la gente, no teniendo en que ocuparse, aunque están escasos de recursos, siempre encuentran medios para poder abandonar la Pampa y dirigirse a otra parte donde su trabajo pueda ser remunerado El jornal es mezquino, porque sólo alcanza para comer a los hombres solos, pero no a los que cuentan con numerosas familias".

13. "Ni el Código Civil ni el del comercio disponen nada, absolutamente nada respecto a la forma en que deba notificarse a cesación de trábalo a los obreros en general -afirmaba el periódico católico "El chileno" con fecha 16-VII-1905-... Los obreros han caído en cuenta de que no es posible que... se les deje a ellos entregados al azar de la buena o mala digestión del dueño de la fábrica o de su mayordomo. Es costumbre entre nosotros que cuando a un obrero no se le quiera dar mas trabajo, sea porque el taller va a estar de "para" o porque se le crea de mala conducta o por cualquiera otra circunstancia, no se le notifica la mala noticia sino en el instante mismo en que se le entrega el sueldo mensual. Tiempo es de que todo esto concluya".

14. Un obrero, en forma airada, responde a 1« aseveración, hecha por el director del periódico "El Chileno" de Valparaíso, sobre altos salarios en el norte. Dice así:

"Le aseguro, al señor mencionado que el trabajador al día en la pampa gana en todas partes $ 2.50 diarios. El trabajador que gana seis, siete y ocho pesos diarios es el cargador de salitre y derripiador el chanchero o asendrador y bota-ripio ganan de $ 4.50 a $ 5.00 diarios, esto es cuando la oficina elabora doce y catorce fondadas en veinticuatro horas, que son pocas. He de advertir que estos obreros trabajan día y noche. Las horas de descanso son a intervalos de una y media a dos horas cuando mas, por consiguiente estos hombres deben ser muy fuertes y aclimatados en las faenas. Sin embargo de cuando en cuando ponen un reemplazante a fin de darse tiempo para dormir. Estos trabajos duran temporadas nada más. pues ninguna oficina elabora en estas condiciones más de seis meses. La comida diaria de estos individuos cuesta de $ 3.00 a $ 3.50 debido a la hora inoportuna que la efectúan. Ahora quiero que me oiga alguna persona que conozca aquellos trabajos y la pampa, sin contar con la adversidad del clima, ¿cuánto tiempo dura un par de calzado? Calamorros de trabajo, quince días y valen $ 3.50. El ripio, el agua vieja, y el salitre lo queman de tal manera que se quiebran como un pedazo de madera podrida y lo mismo sucede con la ropa que lleva puesta el individuo. Veamos las privaciones del pampino. Este no tiene ningún día festivo por la oficina, incluso el 18 de septiembre. Si falta un día o un rato al trabajo se le pone reemplazante...

Una sandía regular vale $ 3.00, en Valparaíso $ 0,25; una lata de agua parafinera $0,20 y así todo.

Nada diré lo que llaman casa de balde... pues los cuartos de zing no pasan de ser hornos donde no se puede vivir" ("El Defensor de la Clase Proletaria", Iquique, 3-III-1904),

En otro artículo se agrega, refiriéndose al mismo problema se denuncia. "Hay oficinas, como en "La Perla", por ejemplo, en que se trabaja al día y con cuadrillas, ganando cada uno de los que forman esa cuadrilla S 2.50 y la comida de ese mismo trabajador le cuesta $ 1.50. Si tiene familia se come el día y la semana en uno sólo, y queda empeñado en la casa hasta que pueda irse con la camanchaca. "El Defensor de la Clase Proletaria". Iquique, 11-VI-1904.

15. El valiente periodista que fue Tancredo Pinochet, trece años mas tarde, en un excelente reportaje del pampino, denuncia su triste condición:

"Yo lo miré, queriendo leer el cansancio en el rostro de ese hombre que llevaba diez horas de ruda labor en medio del frío glacial de la noche pampina. Pero sus facciones no mostraban cansancio y con el ánimo entero se disponía a seguir su jornada de diez y seis horas... Sentado él a mi mesa junto conmigo, alumbrados por una vela, revisamos cuidadosamente todas sus libretas, sin que faltara una sola de ellas, y encontramos lo siguiente:
septiembre recibió $ 36.00 septiembre recibió $ 187.00
octubre recibió $ 144.00 octubre recibió $ 254.00
noviembre recibió $ 165.00 noviembre recibió $ 188.00
diciembre recibió $ 155.00 diciembre recibió $ 198.00
enero de 1916 recibió $ 179.00 enero de 1917 recibió $ 247.00
febrero recibió $ 214.00 febrero recibió $ 224.00
marzo recibió $ 257.00 marzo recibió $ 231.00
abril recibió $ 125.00 abril recibió $ 234.00
mayo recibió $ 165.00 mayo recibió $ 263.00
junio recibió $ 197.00 junio recibió $ 275.00
julio recibió $ 237.00 julio recibió $ 255.00
agosto recibió $ 237.00 $ 4.677.00

En total ha recibido Tránsito López $ 4.677.00 en veinte y tres meses. El promedio mensual que ha ganado es de $ 203.35.

El barretero tiene que gastar de su propia cuenta el material de explosión, dinamita, fulminante y guia, que alcanzan, según me lo aseguran él y los demás obreros, a tres pesos diarios. Esto equivale en los veintiséis días de trabajo al mes a $ 78.00 mensuales. En consecuencia, le queda a él, como salario mensual el saldo de $ 123.35 lo que debe alcanzar para comer a él y su familia. La familia de este obrero se compone de los padres y tres hijos, lo que da $ 1.04 para la comida y el vestido de cada uno de ellos... la comida y la ropa son más caras en la pampa que en el sur del país". Pinochet, Tancredo: "El Infierno del Dante". Págs. 77-78-79.

16. "A los chilenos se les hace vivir en locales insalubres, estrechos y malolientes. A veces seis, ocho o diez hombres habitan en un solo departamento. El campamento recibe el humo mortífero de la fundición; las pobres compañeras de los obreros deben permanecer horas enteras a todo el sol, para recibir el diario que corresponde a sus maridos". "El Despertar de los Trabajadores", Iquique, 5-III-1916.

En "El Teniente", las habitaciones de los obreros eran las más expuestas a los rodados de la nieve y cuando un accidente de esta naturaleza ocurre, siempre serán los trabajadores chilenos los afectados y nunca los extranjeros, cuyas casas han sido construidas en lugares seguros. "La Voz del Obrero", Taltal, 24-7-1913

17. Elocuente es el retrato que Tancredo Pinochet hace de la vida del campesino en el propio fundo del Presidente de la República, Juan Luis Sanfuentes y que reproducimos en el acápite pertinente. Dice así al referirle al salario:

"Yo me junté a uno de ellos. Todos sabían hablar, Excelencia, y daba lo mismo juntarse a cualquiera.
-¿Habrá trabajo aquí?
-No, están despidiendo afuerinos.
-¿Cuánto ganan?
-Nos pagaban uno treinta. Ahora nos dan uno.
-¿Qué dan de comer?
-Una galleta en la mañana, un plato de poroto a mediodía, y otra galleta en la tarde.
-¿Dónde duermen?
-Allá.
Y mostró el montón de paja al lado de la trilladora.
-¿Cuántos duermen ahí?
-Como veinte.
-Así, a pleno campo.
-¡Claro!

Así es, Excelencia. Se trabaja en vuestra hacienda de sol a sol. Se come un pan de desayuno, sin café, ni té, sin agua caliente; un plato de porotos a mediodía, sin pan; y otro plato al concluir el día Después de esto, la bestia humana de vuestro campo no va a un dormitorio a desnudarse para meterse en su cama. No se desnuda; se tira en un montón de paja a toda intemperie, y al día siguiente se levanta, sin lavarse, desperezándose como una bestia y principiando de nuevo a trabajar de sol a sol y comer una galleta en la mañana, otro plato de porotos a mediodía, y otra galleta al declinar la tarde...

Tez morena, bien morena, mirada inteligente y dulce con el corazón en los ojos, vuestro mayordomo. Benjamín Reyes, conversó solícitamente con nosotros.

-¿Cuánto gana un inquilino de esta hacienda?, pregunté.
-El de afuera, un peso: el de aquí, sesenta centavos.
-¿Cuánto terreno les da la hacienda a los de aquí para sus cultivos personales
-Media cuadra.
-¿Consiguen economizar algo? ¿Hay alguien que haya ahorrado algún dinero?

El mayordomo se rió. Excelencia.
- ¡Qué ocurrencia , contestó, no alcanza lo que se gana para medianamente vivir.
-¿Tiene otro pedazo de pan, señora?, preguntó mi secretario.
-No, dijo la mujer. Les he dado todo lo que por casualidad había. A esta hora no se come pan.

"El pan de vuestra hacienda no era bueno. Excelencia. Era hecho todo de harina de maíz. Pero nosotros lo hallamos como los porotos. Esta vez me he convencido, Excelencia, de que el hambre es el mejor condimento de las comidas, y vale más que un cocinero francés...

Ahora bien. Excelencia, vos sabéis que no se puede hablar del peso chileno como de una unidad de medida. El peso chileno no tiene valor fijo; su poder adquisitivo ha ido en constante descenso. De manera que, para que se entienda bien, debemos ver cuántos peniques ganaba el peón afuerino de vuestro abuelo, y cuantos peniques gana vuestro peón. El penique es una moneda honrada; el peso chileno, no. El inquilino de vuestro abuelo ganaba catorce peniques y diecinueve décimos, y vuestro peón gana cinco peniques, diez décimos. Gana ahora vuestro inquilino, Excelencia, casi un tercio de lo que ganaba dos generaciones antes...". Pinochet, Tancredo: Inquilinos en la hacienda de S.E.

18. "Este sistema de pagar los salarios ha sido causa de que algunas oficinas inescrupulosas hayan explotado a sus operarios, subiendo de una manera desmedida los precios de los artículos de pulpería, obligándolos así a dejar en sus cajas la totalidad de sus salarios. Semper y Michel: "La Industria del Salitre en Chile", pag. 102.

19. "A principios del presente año el Gobierno pasó una nota a las autoridades ordenando que las fichas emitidas por las oficinas salitreras fueran cambiadas a la par. Sin embargo, las fichas son cambiadas con un descuento da 20%, y aún 30%. lo que es un despojo violento y vergonzoso a los jornaleros... Respecto al negocio de las fichas v a varios otros con que se explota a la clase trabajadora en el norte, es justo reconocer que no han faltado hombres bien inspirados en el Gobierno que hayan querido combatirlos de frente. Debemos recordar aquí muy especialmente, la interésame memoria del ex Ministro de Hacienda, Sr. Guillermo Barros Jara, en que condena terminantemente el asunto de las fichas. Obedeciendo a estos propósitos, el Gobierno transcribió al intendente de Tarapacá en agosto de 1902 un decreto en que se ordenaba el cambio de fichas a la par. Pero el intendente se burló de esta orden suprema y los "oficineros" dicen los firmantes (se refiere a una presentación, hecha por los obreros del salitre al Parlamento pidiendo la abolición de las fichas) "premiaron la complicidad del Sr. Fisher Rubio, nombrándolo gerente de la Asociación Salitrera". Con esto, el actual intendente, Sr. Agustín Gana Urzúa, no ha querido hacer nada en favor de los oprimidos y explotados. En estas condiciones, y no teniendo ya de quien hacerse oír los gremios del norte han elevado al Ministerio del Interior una solicitud con más de 2.000 firmas, donde piden principalmente el cambio a la par, ya ordenado por el Gobierno del Excmo. Sr. Riesco, el libre comercio en las oficinas y el cierre de los cachuchos, o sea los depósitos en que le beneficia el salitre". "El chileno". Santiago, 9 de octubre de 1903.

20. "Las necesidades, cada día le cuestan más satisfacerlas (a la clase que vive de salarios). Recuerda los tiempos pasados, aquellos en que los precios eran bajos: v sufre las privaciones, sin poder explicarse esa carestía de la vida. Si de estas observaciones generales penetramos un poco más a fondo en el problema, veremos muy pronto, que el circulante que sirve para pagar esos salarios y para adquirir lo que los salarios necesitan para vivir, es un billete de "curso forzoso", que no es actualmente aceptado lino por el 23% del valor que tenia la moneda hace 35 años". Espinoza, Roberto: "La Reforma Bancaria y Monetaria", pág. 27.

21. "Ya es hora de exigirles a los capitalistas lo que toda nación civilizada les impone cuando cae algún trabajador herido o cuando muere; ya es hora de que pague ese capitalista el verdadero valor del daño ocasionado, y no esté creyendo de que porque pagó el hospital o los funerales, cumplió con su obligación". "El Defensor de la Clase Proletaria", Iquique, 4 VI-1904.

22. Reclamando de las victimas caídas en los cachuchos, algunos obreros recomiendan la violencia: "Si queréis rejilla, destruid la primera oficina en que una nueva victima vaya a aumentar el número de muertos o de los que le arrastran miserablemente, mostrando sus llagas para que la caridad pública los sostenga". "El Defensor de la Clase Proletaria", Iquique, 14-VI-1904.

23. "El trabajo entre nosotros no tiene forma de contrato, ni resguardo ni garantía alguna para el trabajador sostiene un periódico católico de Santiago El individuo llega, se alquila, trabaja hasta que se acaba la faena o hasta que una desgracia lo lanza al hospital. Ninguna garantía para su vida, para la conservación de sus miembros, para la conservación de su familia. El patrón, en cambio tiene la garantía del salario del trabajador; y se reserva el derecho de lanzarlo a la calle apenas no lo desee o no le convenga. Adviértase que esta forma primitiva de contratación de servicios rige indefinidamente con niños de menor edad...

Existe la necesidad de reglamentar de algún modo el trabajo estableciendo compensaciones para el infeliz que por casualidad o, por su desastrosa imprevisión, perece en el mismo sitio en donde ganaba el pan con el sudor de su rostro.

No es posible que la suene de un hombre esté enteramente desligada de los intereses de su patrón, en cuyo provecho redunda el trabajo de aquel. El jornal sólo no puede poner término a toda obligación, desde que con ese jornal se paga el esfuerzo pero nunca el motor; se paga el brazo, no el ser que lo posee.

Las legislaciones de todos los países contienen disposiciones relativas a los accidentes del trabajo. Fuera de las Cajas de Previsión, de Seguros y de Ahorros constituidas por cada gremio, hay leyes especiales encargadas de tutelar la vida de los obreros" (Termina el artículo pidiendo se acelere la tramitación del proyecto presentado a la Cámara de Diputados por los representantes demócratas). El Chileno, Santiago, 3-1-1904.

24. "El obrero, sobre cuyos hombros pesa con más rigor la inexorable ley del trabajo y de la lucha por la existencia escribía- necesita más que nadie la influencia moralizadora del hogar; pero para que esto se obtenga, es menester procurarle una vivienda cómoda, sana y aseada. De otra suerte, cuando abatido por la fatiga, abrumado bajo el peso tremendo del cansancio, se retira a su habitación, el aspecto lóbrego y sombrío, su miseria y humedad le relajan al espíritu, las funciones de la vida se ejercen ' lenta y perezosamente por falta de los elementos primordiales y se siente instintivamente inclinado a alejarse de aquel recinto para dirigirse a la taberna en busca de un consuelo, de un enervante que lo procure en el éxtasis del delirio el olvido absoluto de la vida y sus penas". Alessandri P., Arturo' "Habitaciones para obreros", pág. 1120.

25. "Quienquiera que recorra los barrios apartados del centro de la población -decía- no podrá menos que sentir pena de ver tanta desgracia. Una atmósfera pesada, insoportable, se absorbe perturbando los sentido*. Gentes que viven entre lodazales sufriendo de una pésima salud a consecuencia de que la higiene es absolutamente desconocida para ella. Mujeres y niños, semidesnudos apenas si cubren sus carnes con inmundos harapos.

Hombres llenos de vida, entregados al ocio, al vicio, al robo, al crimen, a todo acto degradante por no tener una ocupación honrada en que poder emplear sus fuerzas y su inteligencia.

Es un cuadro espeluznante que nos ofrecen los suburbios de esta orgullosa capital en cuyo centro, en cuyo corazón se alzan deslumbrantes palacios habitados por mujeres soberbias, que hacen gala de democracia y riqueza... sin acordarse que a pocos pasos de sus palacios, sus iguales perecen de hambre.

Igual cosa sucede con los hombres millonarios que viven sin trabajar en la Opulencia, a fuerza de especular, de robar el trabajo honrado a esos miserables que consumen su existencia en el vicio, en el lodo y los consumen aires impuros que absorben sus inmundas habitaciones... Se reprocha y castiga al pobre que en su ignorancia falta a sus deberes, mientras que al noble se le ampara y protege porque es rico... Así contemplamos esta enorme desigualdad humana, que tarde o temprano tendrá que producir un cataclismo que alguna vez ponga término a esta infame explotación de que somos víctimas tantos años... Hay en este desgraciado Santiago una gran cantidad de conventillos en estado ruinoso, porque sus propietarios cuando se trata de edificar habitaciones para obreros, emplean materiales más inadecuados, y por esta condición son también antihigiénicos. Los conventillos de Santiago presentan un aspecto poco digno de la capital de la República. Y, sin embargo, los opulentos propietarios del suelo viven en lujoso» palacios derrochando el dinero que debieran invertir en darle alivio a la humanidad que trabajando contribuye al aumento de sus riquezas". "Democracia", Santiago, 12 a 19 de febrero de 1889. Luis E. Recabarren.

26. "Es imposible imaginarse nada más antihigiénico, más inhumano, más criminal que muchos de nuestros conventillos. Sa ve que el mas sórdido espíritu de lucro ha presidido su construcción... Es posible que en los corrales de animales se consulten mejores condiciones, algunas comodidades de esas que aquí se niegan avaramente a los hombres", "El Chileno", Santiago, 27 VII-03.

"La dificultad está precisamente en esto: que unos no se resignan a perder los intereses del 30 y más por ciento que suelen dar los conventillos y rancherías, y que otros no tienen el espíritu de progreso y la iniciativa necesaria para convencer de que es un buen negocio construir casitas para obreros en buenas condiciones". El Mercurio. Santiago. 27-VII-1905.

27. "Todas las necesidades deben hacerse dentro de la casa, si no se prefiere ir a las calicheras y exponer a la mu|er o a las hijas a la afrenta de desalmados que nunca faltan en las aglomeraciones humanas". "La voz del obrero". Taltal, 28-1-1911. En 1917, así se describía la habitación de un obrero salitrero' "Mi casa, por ser soltero, no tenia las tres piezas que se concede a cada familia de obrero, ni tenía tampoco un tosco alero que en la hilera de casas de frente daba alguna sombra en los dinteles de la puerta. Era un cuarto redondo

Mi cuarto redondo era un cuarto cuadrado que no tenía una sola puerta, que no tenía ninguna ventana, ninguna claraboya. Su piso es la tierra virgen... su cielo, la calamina fierro galvanizado, plancha de zinc puesta desnudamente sobre las costaneras, sus paredes son calamina desnuda, la puerta es de calamina también. Allí están los cuartos, uno a continuación de otro, en larga hilera que se aprovecha la calamina del centro como muralla divisoria.

Al cuarto de mi compañero hubo que llevar una cama y un catre para mi. El tenia su colchón puesto sobre un catre formado con cuatro tarros de parafina y algunas tablas. Yo no he estado jamás en mi vida en una habitación más calurosa.

Es sencillamente insoportable. Parecen dichas casas que reverberan en el interior los rayos focalizados de todo el ardiente sol pampino. Pero el día declina, el calor decrece; llega un momento en que la temperatura es agradable, y después principia a refrescar, y luego a hacer frío, y muy luego, mucho, mucho frío. De noche el hielo intenso, que escarcha el agua en invierno con gruesas capas de cristal en el interior de la pieza, hace evocar la temperatura de las inmensas cámaras de frió en los frigoríficos de Natales o Puerto Sara. Es un frió penetrante, son rachas de hielo que invaden el cuarto de calamina. Parece ahora que la casa hubiera sido hecha para que allí se concentrara todo el hielo nocturno de la Pampa, que se creería de nieve y no de caliche. . No hay en esas casas instalaciones de alcantarillado, de toilette Las inmundicias las retiran tres veces por semana de las calles y las esparcen en la vecindad del campamento en forma tal que huelen mal y crían miríadas de moscas en el campamento. Muchos me lo ha dicho el mismo administrador duermen dentro de un saco; se acomodan en el interior lo mejor que pueden y ese saco es catre, colchón, sábana, frazada, almohadón y colcha". Pinochet, Tancredo: "El Infierno del Dante". pags. 37-38.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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