Vía legal hacia el socialismo ?


CAPITULO II

SITUACIÓN ECONÓMICA DE CHILE AL PRODUCIRSE

EL TRIUNFO DE LA UNIDAD POPULAR

En el momento de asumir la Presidencia de la República el candidato de la Unidad Popular Salvador Allende, a fines de 1970, la economía chilena presentaba dos características de las cuales derivan varias consecuencias: ser una economía dependiente y monopólica.

El país nació como una colonia subdesarrollada, dependiente y con altos grados de concentración monopólica en los diversos sectores de actividad. Su economía estaba constituida por producción casi exclusivamente agrícola, parte de la cual se exportaba. Obtenida la independencia política. Chile hubo de integrarse al sistema capitalista mundial, dentro de cuyo esquema de división internacional de las tareas y funciones económicas quedó colocado como un país económicamente dependiente, en razón de ser exportador de bienes primarios (agrícolas y mineros) e importador de bienes de consumo.

Si bien había venido constituyéndose gradualmente dentro de este siglo una base industrial, particularmente de manufacturas livianas de consumo, es a partir de 1939 que se inicia un esfuerzo organizado para alcanzar una industrialización a nivel liviano y mediano, esfuerzo que se vio favorecido por las restricciones que impuso la Segunda Guerra Mundial al comercio internacional. Esa industrialización se desarrolla con dificultad, ahogada por la falta de un mercado amplio y, en su parte principal queda a cargo de inversionistas extranjeros. Sin embargo, con el apoyo del Estado o mediante capitales proporcionados directamente por él, se desarrollan la industria siderúrgica, la exploración, producción y refinación de petróleo, la generación de energía eléctrica y los transportes por ferrocarril, marítimos y aéreos, entre otros. Estas actividades sirven principalmente para atender las necesidades internas y, en algunos casos como el petróleo, ni siquiera las cubren medianamente.

Con el correr de los años las exportaciones agrícolas, factor esencial de la economía nacional originaria, quedan reducidas a algunos pocos rubros selectivos cuya cuantía pesa muy poco dentro de las cifras del intercambio con el exterior (frutas, vinos, etc.); se incrementan, en cambio, las mineras a tal punto que pasan a constituirse casi en la totalidad de lo que el país comercia con el exterior. Estas exportaciones mineras, a su vez, van a quedar reducidas casi exclusivamente al cobre que producen grandes empresas norteamericanas establecidas en el país. Estas últimas pasan a representar el 80 por ciento del total de lo que Chile vende en los mercados internacionales.

La presencia de capital extranjero conduce a que más del 50 por ciento de los ingresos de divisas del país vayan a dar en definitiva al extranjero a través de remesas por utilidades, amortizaciones, depreciación, etc. (1)

En la producción industrial y minera la condición de dependencia se agudiza debido a la necesidad de contar con tecnología foránea, que debe ser pagada costosamente.

Desde el comienzo del proceso de industrialización se aprecia una concentración de capitales destinados a ella, concentración que avanza a tal punto que en 1970 existen 144 empresas que controlan más del 50 por ciento de todos los activos en cada uno de los sectores de la industria manufacturera chilena; aparte de esto, en más del 50 por ciento de las empresas los diez mayores accionistas poseen entre el 90 por ciento y el 100 por ciento del capital (2). A esto se añade que estos grandes accionistas se repiten en las directivas de las grandes empresas monopólicas.

El crédito bancario favorece a las empresas monopólicas, puesto que quienes controlan las directivas de importantes bancos privados son parte de los mismos grupos que dominan en aquellas. Al asumir el gobierno de la Unidad Popular, 166 grandes empresas que representaban apenas el 0,005 por ciento de todas las empresas registradas oficialmente, disfrutaban del 84 por ciento de la totalidad del crédito bancario interno; en cambio, alrededor de 30.000 otros empresarios debían conformarse con el 16 por ciento restante del volumen crediticio (3). Además, en abril de 1968 52 directores de los cinco mayores bancos privados ocupaban 316 puestos en los directorios de las sociedades anónimas que eran las principales beneficiarías del crédito otorgado por dichos bancos.

Las empresas monopólicas, por su parte, empiezan a extenderse mediante la adquisición de paquetes de acciones de otras empresas de muy variada índole, lo que les permite operar con un criterio planificador central que favorece aun más sus propósitos concentradores (4).

Dentro de este gran marco de dependencia del extranjero y de concentración monopólica, se van haciendo presentes variadas características que, obviamente, arrancan de aquél.

A fines de la década del 60 se acerca a cero la tasa del crecimiento del producto nacional bruto. Después de haber alcanzado en 1966 un porcentaje del 7 por ciento, decae al año siguiente al 2,3 por ciento. Y en los dos años posteriores, 1968 y 1969, llega apenas al 2,9 y al 3,1 por ciento, respectivamente (5). Esto en un país cuya población crece a razón de un 2,2 por ciento anual. En algunos sectores de la economía las tasas de expansión resultan incluso negativas; es solamente el ritmo alto de otros, principalmente de los que se hallan en manos extranjeras, el que permite, a duras penas, un promedio general que manifiesta un insignificante avance. Son los años de la "revolución en libertad" del Presidente Frei.

El fenómeno trae como efecto --y no podía menos de ser así-- una descapitalización interna, por extracción creciente del excedente generado al interior de una economía que, en buena parte, se halla en manos extranjeras. Pues, como se expresó, se acrecientan los egresos de divisas en razón de remesas al extranjero de utilidades, amortizaciones, pagos de tecnología y depreciación. En el período 1950-1967 sale al exterior por concepto de inversiones extranjeras cuatro veces más que el aporte que se hace durante el período como ingreso neto de inversiones (6).

Dentro de la industria se aprecian grandes diferencias en cuanto a su progreso técnico. Puede distinguirse dentro de ella un sector moderno y otro primitivo. El primero cuenta con maquinaria moderna y está en condiciones de incorporar tecnologías avanzadas; se identifica con la industria perteneciente a extranjeros y con alguna industria de propiedad de nacionales que ha logrado una concentración monopólica apreciable. El segundo tiende a distanciarse cada vez más del anterior. Es así como el 18 por ciento de la fuerza de trabajo que labora dentro del sector moderno genera el 54 por ciento del producto, mientras que un 25 por ciento de ella vinculada al sector primitivo, genera apenas el 4 por ciento del producto (7).

Se manifiesta también una clara tendencia a la concentración del ingreso. Entre 1960 y 1969 la remuneración al trabajo se mueve entre el 52,9 por ciento en el primero de esos años y el 53,1 por ciento en el últimamente mencionado, dentro del ingreso nacional. En cambio, la remuneración neta de los propietarios y empresarios sube del 17,7 por ciento en 1960, al 24,5 por ciento en 1969 (8).

El control por extranjeros de la industria chilena va en aumento; ella crece en más de tres veces en la década de los 60 y se localiza en las industrias más dinámicas (9). En 1968 la participación del capital extranjero alcanza al 17 por ciento del total de los capitales pagados en las sociedades anónimas industriales chilenas y en algunas de ellas, como las del caucho y equipo y maquinarias eléctricas, se aproxima al 50 por ciento (10). En esta forma, la asignación y distribución de recursos de una parte importante de la economía queda entregada a personas ajenas a la comunidad nacional. Esto es sin perjuicio de lo que más adelante se dirá acerca de una progresiva participación del Estado en ciertos ramos industriales fundamentales, que se manifiesta dentro del período de Frei (1964-1970).

Los datos referentes a la concentración de la propiedad de la tierra tienen también interés. En 1965, al comienzo de la presidencia de Freí, existían en el país 4.876 predios agrícolas mayores de 80 hectáreas de riego básico (11), los cuales equivalían tan sólo al 2 por ciento del total de propiedades agrícolas chilenas, pero representaban el 55,3 por ciento de toda la extensión cultivable del país (12). Hasta marzo de 1970, como consecuencia de la reforma agraria llevada a cabo bajo el gobierno de Frei, se había expropiado sólo el 16,3 por ciento de la tierra regada y el 10 por ciento de la tierra de secano en manos de latifundistas (13).

Párrafo aparte merece la gran minería del cobre, fuente de la gran mayoría de las divisas que obtiene el país.

Desde que a comienzos de este siglo se inició en gran escala la explotación de la minería del cobre, por empresas norteamericanas, la situación de esta industria extractiva gozó de significativas ventajas dentro del país: primeramente bajos impuestos y, luego, disposiciones de excepción en cuanto al retorno al país del valor de sus exportaciones. Cuando la minería del cobre pasó a constituirse en el principal factor de la economía nacional, tras la crisis del salitre natural, la legislación procura, mediante sucesivos preceptos, ir aumentando los beneficios que el Estado percibía de ella en razón de tributos sobre los precios de venta del cobre o sobre las utilidades líquidas de las empresas. Pero la fijación del precio de venta del producto en el mercado internacional, efectuada siempre a espaldas de los poderes públicos chilenos, perjudica grandemente estos propósitos. Fuera de esto, las utilidades netas son reducidas por las empresas norteamericanas por la vía de la deducción en sus balances de fuertes sumas correspondientes a estimación por agotamiento de minas, amortización de sus bienes, asesoramiento de sus casas matrices y pago de tecnología. Esto, sin contar con que los precios de venta del producto en el exterior son reducidos artificialmente por las compañías norteamericanas (14).

El Presidente Frei toma la bandera de la que llamó "la chilenización" de esta industria, destinada a asociar al Estado chileno, en algunos casos con proporción mayoritaria, en las empresas norteamericanas y a aumentar la producción. Pero esta formación de sociedades mixtas y el contenido de cláusulas especiales que se introdujeron en los contratos respectivos eran de clara conveniencia para los socios norteamericanos, como lo comprueba el hecho de que no obstante haber vendido éstos, en algún caso, el 51 por ciento de sus derechos sociales y haber recibido el precio correspondiente, vieron elevadas sus ganancias totales a varias veces las sumas que percibían anteriormente, sin que hubiere sobrevenido un aumento sensible de la producción. Hubo ocasiones en que los socios norteamericanos tuvieron en un año, como ganancias netas, cantidades equivalentes a más del 200 por ciento de su capital efectivamente invertido. Además, los socios norteamericanos se aseguraron que conservarían por largos años en forma exclusiva, la administración de las sociedades mixtas, su dirección técnica y el control de las ventas de cobre en el extranjero (15).

La pretendida "chilenización" y su subsiguiente etapa, denominada por Freí como "nacionalización pactada", se habían transformado, por consiguiente, en un suculento negocio para los inversionistas americanos; no habían logrado quitar a éstos el control y alta dirección de la más importante industria nacional, y pasaban a erigirse en vallas jurídicas de importancia para una efectiva nacionalización futura de dicha industria minera. El Estado chileno, en cambio, solamente quedaba en situación de aprovechar una parte de los ocasionales aumentos de precio; en tal caso, su provecho económico tenía una proporción inferior al que alcanzaban las empresas norteamericanas, ahora asociadas. Se había producido, así, una frustración más de un anhelo nacional ya generalizado: la total recuperación de la primera y principal actividad económica chilena (16).

En el interior de esta economía tan distorsionada, el Estado desempeña hasta entonces un papel negativo en muchos aspectos, pues a través de la legislación o de la ausencia de ella, por medio del crédito y del desarrollo de una infraestructura favorecedora de las empresas extranjeras y monopólicas, facilita el proceso de concentración monopólica y de desnacionalización de la economía.

El abastecimiento alimenticio de la población se ve dificultado y encarecido por una agricultura de libre iniciativa cuyo rendimiento va en descenso. El sector agrícola, que hasta en las primeras décadas del presente siglo era capaz de proporcionar todos los rubros básicos de la alimentación popular y aun de dejar un excedente para exportación, que en los siglos anteriores fue considerable, se muestra inapto para continuar esa tarea. En efecto, a comienzos de la década del 60 la tasa acumulativa de esta producción crecía a razón de 1,83 por ciento anual, siendo que el aumento demográfico tenía, como se vio, un índice superior (17). Esto obliga a buscar abastecimiento alimenticio en el exterior (principalmente trigo y carne) y a distraer en ello una cuota cada vez más alta de los ingresos de divisas del país.

Lo anterior conduce a un notable deterioro de los términos nacionales del intercambio, puesto que no solamente se destinan las divisas que generan las exportaciones chilenas a la adquisición de maquinarias, de materias primas no producidas en el país y, en general, de bienes industriales de manufactura avanzada, sino también a productos agrícolas que el país podría producir, sin contar con las importaciones de bienes superfinos. A ello se agrega que las exportaciones de bienes primarios mantienen o ven disminuidos sus precios, en tanto aumentan los de las importaciones y que una deuda pública y privada externa cada vez más alta, ve incrementado, a su vez, su servicio anual por amortización e intereses (18).

En estas condiciones disminuyen las ocupaciones remuneradas y empieza a aumentar la desocupación. La tasa de desocupación, que se había mantenido por sobre el 7 por ciento en todo el país durante el gobierno de J. Alessandri (1958-1964), baja al 4,7 por ciento y al 4,9 por ciento en los años de 1967 y 1968, respectivamente; pero sube al 6 por ciento en 1967 (19). Por su parte, la endémica inflación chilena vuelve a repuntar fuertemente. Mientras el aumento de los precios al consumidor fue del 5,4 por ciento en 1960 y del 9,7 por ciento en 1961, para llegar al 45,4 por ciento en 1963 y al 38,4 por ciento en 1964, no obstante verse reducida al 17 por ciento en 1966, empieza a ascender nuevamente en los cuatro últimos años de gobierno de Frei hasta llegar en 1970 al 34,9 por ciento (20).

Todo esto se traduce, como es evidente, en un estancamiento de la economía, demostrado por la información que antes consignamos acerca del fuerte debilitamiento de la tasa de crecimiento del producto nacional bruto.


Notas:

1. Manuel J. Barrera, "Chile 1970-1972. La conflictiva experiencia de los cambios estructurales", Ildis, Estudios y Documentos, N 25, p. 23.

2. Oscar G. Garretón, "Concentración monopólica en Chile. Participación del Estado y los trabajadores en la gestión económica", en Cuadernos de la Realidad Nacional, Universidad Católica de Chile, N9 7, marzo de 1971, Santiago de Chile, p. 144. Conviene agregar que según declaración del representante de la Sociedad de Fomento Fabril, organización central de los industriales, que aparece en el periódico El Mercurio de 15 de febrero de 1972, las 91 empresas industriales que la Corporación de Fomento de la Producción (entidad estatal) quería adquirir por aquella época "reúnen el 55 por ciento del total de la producción industrial nacional".

3. Oficina de Prensa e Informaciones. "El área de propiedad social", publicación mimeografiada. Santiago de Chile, abril de 1972, p. 11.

4. Jorge Leiva y Alejandro Gutiérrez, "Consideraciones acerca de la estatización de la banca", en Revista Mensaje, N9 197, marzo-abril 1972, Santiago de Chile, pp. 91 y ss.

5. Odeplan, "Antecedentes sobre el desarrollo chileno, 1960-1970", Cuadro N 1, p. 1.

6. Manuel J. Barrera, op. cit., p. 24.

7. P. Vuskovic, "Distribución del Ingreso y Opciones de Desarrollo", en Cuadernos de la Realidad Nacional, Universidad Católica de Chile, 1970, N 5, Santiago de Chile, pp. 41-60.

8. Odeplan, "Cuentas Nacionales, 1960-1969".

9. O. Garretón y J. Cisternas, "Algunas características del proceso de toma de decisiones en la gran empresa. La dinámica de la concentración". Corfo. "Posibilidad de sustitución de importaciones en una estrategia de desarrollo industrial para la década del 70".

10. Sergio Bitar, La inversión extranjera en la industria chilena, Santiago de Chile, Corfo, 1969.

11. Se trata de predios tipos de tamaño mediano, determinados a base de su capacidad de producción, pues se les constituye con dicha superficie, pero situados en el centro del país y suponiéndoles tierras de primera calidad. Debido a esto su superficie real puede ser muy superior a dichas 80 hectáreas.

12. "Chile: Reforma Agraria y Gobierno Popular", Ediciones Periferia, Buenos Aires, 1973. Diagnóstico de la Reforma Agraria Chilena, por Solón Barraclough y Almino Alfonso, p. 20 y La Reforma Agraria y las Clases Dominantes, por Hugo Zemelman, p. 154.

13. Misma obra citada en nota precedente. El Desarrollo Capitalista del Campo Chileno, por Silvia Hernández, p. 121.

Por contraste puede agregarse que durante los 18 primeros meses del gobierno de Allende se expropiaron en Chile 3.150 fundos, con 5.144.067 hs. de superficie, según anota la misma autora citada dentro de esta nota. Con ello se puso término virtualmente a la expropiación de latifundios, según informa Zemelman en su trabajo citado en la nota anterior, p. 153.

14. Eduardo Novoa Monreal, La Batalla por el Cobre. Editorial Quimantú, Santiago de Chile, 1972.

15. Ibid.

16. Manuel J. Barrera, ob. cit., p. 21.

17. CIDA Chile, Tenencia de la tierra y desarrollo socio-económico del sector agrícola, Santiago de Chile, 1966, p. 43.

18. Conforme al cuadro estadístico N9 318 publicado por Corfo en "Antecedentes sobre el desarrollo chileno 1960-1970", p. 36, la deuda chilena en moneda extranjera ascendía en 1960 a 548 millones de dólares; llegó en 1964 a 1.896 millones de dólares (al iniciarse el gobierno de Frei) y alcanzó a 2.975 millones de dólares cuando terminó el gobierno de Frei.

19. Fuente: Odeplan: "Desocupación como porcentaje de la población activa", en "Antecedentes sobre el desarrollo chileno, 1960-1970", antes citado, p. 78.

20. Ver: Odeplan: mismo estudio citado en la nota anterior, Cuadro N 25, p. 39.


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