Historia del movimiento obrero en chile


CAPITULO VI

AMANECER DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA EN CHILE (1)

El crecimiento cuantitativo alcanzado por la clase obrera antes de la Guerra del Pacífico y acentuado tan vigorosamente después de ella, y el grado relativamente alto de concentración que alcanzó en diversos puntos del país, sobre todo en Santiago, Valparaíso, Concepción y las provincias del norte, constituyen hechos que colocan al proletariado nacional en una nueva y trascendental etapa de su desarrollo. Contribuyen de una manera decisiva a esto mismo circunstancias de carácter nacional e internacional.

En el orden nacional, las nuevas condiciones económicas, sociales, políticas y culturales imperantes en el país tienen que repercutir favorablemente en el proceso de maduración del proletariado.

En el orden internacional, con el año 1880 se abre un período de gran crecimiento y progreso en el movimiento obrero. Pudiera decirse que la semilla sembrada por la Primera Internacional empezó a producir sus frutos poco después de su disolución; en efecto, en todos los países el movimiento obrero toma el carácter de grandes movimientos de masas que tendían -cada vez más- a tener como bandera de agitación y como plataforma de lucha al socialismo científico (2). Se constituían agrupaciones políticas y gremiales que ganaban terreno y se fortalecían legal o clandestinamente en los países europeos y en los Estados Unidos. Culmina este proceso con la reanudación de esfuerzos para restablecer la unidad internacional del proletariado. De los antiguos partidarios de Bakunin surge la primera iniciativa; ellos, agrupados alrededor de líderes como Kropotkin, Malatesta, Reclus y otros, dieron origen al "anarquismo comunista" (3) y constituyeron en 1881, en Londres, la Asociación Internacional del Pueblo Trabajador, organismo en general débil, pero con algún arraigo y sobre todo capaz de realizar una labor espectacular en países como Italia, España, Francia y los Estados Unidos. Poco después, llevaron adelante este movimiento unificador los socialistas, quienes celebraron en París, el 14 de julio de 1889, el Primer Congreso de la Segunda Internacional.

La Segunda Internacional no nació como un organismo ejecutivo capaz de adoptar e imponer resoluciones a grupos nacionales que eran filiales suyos; en sus orígenes fue más bien una especie de oficina de informaciones o nexo encargado de facilitar la natural alianza y entendimiento que los partidos socialistas de Europa y América debían tener entre sí. De consiguiente, la Segunda Internacional fue, por su naturaleza, una entidad exclusivamente socialista; en ella no se dio cabida a los anarquistas, especialmente después de las resoluciones adoptadas en el Congreso de Londres del año 1896.

Aparte de la Segunda Internacional y de la Asociación Internacional del Pueblo Trabajador, a partir de 1880 empezaron a formarse los llamados Secretariados Profesionales Internacionales, organismos internacionales de carácter exclusivamente sindical, pero sobre los cuales se hicieron sentir las influencias de las corrientes ideológicas que actuaban sobre el proletariado. Entre las diversas federaciones sindicales internacionales, podemos mencionar la de los tipógrafos, constituida en 1889, y la Federación Internacional Minero., formada en 1890.

El aparecimiento de estos diversos organismos internacionales coincidió con el desarrollo alcanzado por el proletariado chileno y con el surgimiento de condiciones que habrían de favorecer su mayor madurez. Pues bien, la acción de tales organismos se hizo sentir sobre nuestra clase obrera a través de los siguientes conductos:

1. Difusión de informaciones relativas al movimiento obrero internacional en la prensa chilena. En diversos periódicos hemos encontrado múltiples informaciones, sea en la forma de artículos o como noticias cablegráficas procedentes del extranjero, relativas a las organizaciones de trabajadores y a las luchas que éstos sostenían. Un ejemplo es bastante ilustrativo: sólo en la edición correspondiente al 3 de agosto de 1886, el diario "El Tarapacá", de Iquique, publicó dos artículos sobre estas materias; uno se titulaba "Las asociaciones obreras" y el otro los "Knights of Labor" (Caballeros del Trabajo). Es frecuente hallar reseñas sobre el programa del Partido Social Demócrata Alemán, informaciones sobre la Segunda Internacional, artículos de Kropotkin, o simplemente noticias de huelgas que se producían en los diversos países europeos.

2. Hasta Chile llegaron en tránsito o para radicarse definitivamente numerosos obreros extranjeros que en alguna forma estuvieron vinculados a instituciones sindicales y políticas de sus países. Ellos actuaron como agentes propagandistas de las formas de organización y lucha de sus compañeros europeos, como asimismo de las ideologías que sustentaban. Por estos motivos, no es raro encontrar entre los organizadores del proletariado nacional nombres extranjeros como E. Boergel, E. Haeberle, Mario Centore, Avelino Samorati, Rohweder, Stenwall, Huschel, Rogolini, Berruti, Mangia, Schultz, Calé, etc.

3. Numerosos chilenos, entre ellos una gran cantidad de obreros, tuvieron oportunidad de salir del país y, en el exterior, tomar contacto con las organizaciones y con la prensa de los trabajadores, con las obras que difundían sus ideas, etc. Vueltos a Chile se transformaron en activos participantes en el movimiento obrero nacional, al que aportaron sus conocimientos y su experiencia.

4. También llegaron hasta Chile libros, folletos, periódicos y revistas publicados por los organismos obreros europeos y americanos, y que eran escritos o en los cuales colaboraban los más destacados luchadores del viejo mundo.

5. Por último, es muy probable que las instituciones internacionales de trabajadores hubieran hecho llegar más de una vez hasta Chile, directa o indirectamente, a algunos encargados de organización y propaganda. Carecemos, sin embargo, de informaciones que nos permitan afirmar esto de un modo categórico.

Por consiguiente, el movimiento obrero internacional comenzó a ejercer decisiva influencia en el movimiento obrero chileno, ayudándolo a que madurara más rápidamente y superara las formas de organización, las concepciones ideológicas y las limitaciones en que se encontraba.

Por lo expuesto, podemos sostener que después de la Guerra del Pacífico, la clase obrera chilena alcanza un nivel de relativo desarrollo que la capacita para actuar con cierta independencia, con mayor cohesión y seguridad, conciencia y organización. Dicho de otra manera, el fenómeno lucha de clases en que el proletariado se hace presente como una fuerza activa, se va haciendo cada vez más preciso y toma contornos más definidos. Entre los documentos reveladores de esta situación, es singularmente valioso un editorial publicado en "La Unión" de Valparaíso, el 6 de mayo de 1888. Decía este diario conservador:

"...es indudable que desde hace algunos años a esta parte, un viento de sorda irritación y de profundo descontento sopla sobre nuestras clases trabajadoras perturbándolas, inquietándolas, agitándolas y arremolinándolas en los más populosos centros de ]a República, como Santiago, Valparaíso, Talca, Chillan, Concepción, etc.

"Es cierto que la organización de esos revueltos elementos es muy embrionaria todavía y que, faltos de hábiles caudillos y de recursos pecuniarios do una parte, y oprimidos de otra por la mole abrumadora de la intervención electoral, no han logrado todavía disciplinarse ni hacerse representar en el Congreso.

"Se trata de un nuevo elemento que surge en el horizonte de nuestras contiendas políticas y de un nuevo campeón que ha penetrado al recinto del combate, bisoño, pero ardoroso; inerme, pero robusto; fácil de derrotar por ahora, pero difícil de vencer con las tretas del desdén o con las armas de la represión brutal, únicas que contra él están levantando los dueños y explotadores del campo que sirve de teatro y objetivo a los combatientes.

"En resumen, y compendiando lo expuesto en este artículo: el movimiento socialista no es en Chile un fantasma... sino un peligro que surge y un problema muy grave que se impone al patriotismo de los hombres previsores..."

Bien pudiera decirse que los párrafos anteriores constituyen una especie de acta mediante la cual se deja constancia del nacimiento del nuevo movimiento obrero chileno que sale de su prehistoria para entrar gallardamente en la historia nacional después de 1880.

Pero más reveladores que documentos como el citado son los hechos. Ellos muestran de una manera irredargüible que en los años que siguieron a la Guerra del Pacífico, las tensiones sociales provocadas por la existencia de la clase obrera y la explotación de que se le hacía objeto, son indisimulables. Debido a ellos se producen diversos fenómenos que tienen entre sus actores de primera categoría al proletariado y que, por otra parte, poseen la más alta significación en la historia de nuestro movimiento obrero. Entre ellos podemos mencionar la formación del Partido Democrático en 1887, el desarrollo de las organizaciones obreras y la notable intensificación de las luchas reivindicativas de la clase obrera, que tuvieron en el ano 1890 uno de sus más aguerridos episodios.

* * *

En el mes de noviembre del año 1887 se fundó el Partido Democrático, el que fue concebido por uno de sus organizadores como "el partido político" del "pueblo obrero" (4). Sus antecedentes hay que encontrarlos en sectores sociales que, en un momento dado, bajo la presión de circunstancias existentes, lograron coaligar sus esfuerzos generando una entidad política de importancia, porque en su seno se van a clarificar ideologías y se van a deslindar posiciones político-sociales de gran trascendencia posterior. Los elementos que generaron al Partido Democrático fueron un sector progresista de la clase media o pequeña burguesía, un inerte contingente de artesanos y algunos núcleos proletarios, que -posteriormente- fueron haciéndose más numerosos.

Desde su fundación, el Partido Radical había logrado provocar una coalición de burgueses progresistas poseedores de una ideología liberal, con pequeño-burgueses y artesanos. En general, mantuvo vivas las tradiciones de ese liberalismo avanzado que preconizara Bilbao y que eran sostenidas por diversas instituciones como la Masonería, la Sociedad Unión Republicana del Pueblo, la Sociedad Escuela Republicana, la Sociedad de la Igualdad de Valparaíso, la Sociedad Republicana Francisco Bilbao, etc.

Sin embargo, aun en sus orígenes, el Partido Radical tuvo el carácter de una entidad política esencialmente burguesa; su plana mayor la formaban acaudalados mineros, comerciantes y banqueros (5). Ellos, por su condición, por los intereses económico-sociales que representaban, colocaron al radicalismo dando las espaldas a los intereses y aspiraciones de la clase media y de los artesanos que lo integraban. En una palabra, en las filas radicales había antagonismos de clase que se traducían en divergencias doctrinarias entre sus componentes. Tales situaciones de pugnas internas se resolvían, por lo general, en favor de los dirigentes burgueses, quienes hacían concesiones a los elementos avanzados sólo en el terreno estrictamente doctrinario político y siempre manteniéndose dentro de los límites del liberalismo.

En tales condiciones, pequeño-burgueses como Malaquías Concha, Avelino Contardo, Guillermo Feliú Gana, Rafael Castro y otros, colocados en razón de su extracción social en una posición más progresista, hicieron en 1884 una serie de proposiciones programáticas destinadas a colocar al radicalismo en una posición de vanguardia dentro del movimiento social chileno. Su afán era impulsar todas aquellas transformaciones que aceleraran el desarrollo de lo que hoy llamamos la revolución democrático-burguesa, incorporando muy activamente en ella a elementos de extracción artesana y proletaria.

Con tal objeto, el 23 de noviembre de 1884 presentaron a la Asamblea Radical celebrada en Santiago un proyecto de programa que insistía en la formulación de avanzados postulados liberales. Entre otras cosas, en él se propugnaba el sufragio universal a los veintiún años, la efectiva democratización de las instituciones políticas, el desarrollo de la educación, en especial de la técnica, etc. Como punto esencial se señalaba la conveniencia de proteger la industria nacional; a este respecto se decía: "En orden a la riqueza pública, como una de las necesidades más premiosas que se hacen sentir en el país y como el único medio de procurar el engrandecimiento y la prosperidad de la República, el Partido Radical proclama la más decidida protección a la industria nacional" (6). Como se puede apreciar, los elementos progresistas procuraron incorporar plenamente al radicalismo en un movimiento que tendiera en forma acelerada a la realización dé la revolución democrático-burguesa.

Exponiendo con mayor amplitud el pensamiento de estos elementos, en 1885 Malaquías Concha escribió:

"Las libertades públicas se enlazan estrechamente a la prosperidad y fuerza productiva de las naciones... Los que abrazamos el credo radical, que tiene por divisa el afianzamiento e implantación de las libertades públicas, no podemos dejar de considerar como punto esencial de nuestra doctrina la creación de un sistema de economía nacional que nos independice de la dominación que a este respecto ejercen sobre nosotros las naciones extranjeras y que, haciéndonos prósperos y felices en el interior, nos permita conservar puro y sin mancilla el depósito sagrado de la libertad... Sostendremos la protección a las industrias nacionales como medio para alcanzar la educación industrial y el grado de poder productivo que ostentan las naciones más adelantadas" (7).

Este párrafo es extraordinariamente rico por su contenido y es revelador de un avanzado criterio para encarar tanto los problemas políticos como económicos; de haberse impuesto en el Partido Radical, los trascendentales cambios que se estaban produciendo en la vida chilena, y que se acentuaron a partir de 1886, habrían contado con el respaldo orgánico de un partido que ya comenzaba a diseñarse como una fuerza política de primer orden. La alta burguesía radical frustró estas posibilidades. Aspiraciones como las expresadas por Malaquías Concha no podían ser compartidas de buenas a primeras por hombres como Enrique Mac Iver, Federico Varela u otros.

Los sectores avanzados de la pequeña burguesía y los artesanos radicales iniciaron entonces activa propaganda a sus puntos de vista; fundaron en 1885 el periódico "La Igualdad", cuyo director era Avelino Contardo y entre cuyos redactores más importantes estaba Malaquías Concha. Sus esfuerzos resultaron vanos; los burgueses tenían el dominio casi completo del partido y oponían una barrera infranqueable a quienes pretendían llevarlo a una posición definidamente progresista. En vista de esto, Malaquías Concha y sus amigos se decidieron en favor del activo enlace con la clase obrera.

* * *

Hemos visto ya como, con anterioridad a 1879, la clase obrera comenzó a forjar su conciencia de clase y también sus primeras organizaciones. Pequeños núcleos que constituían algo así como una vanguardia proletaria, habían llegado a poseer cierta educación política. Luego, después de la Guerra del Pacífico, la literatura socialista europea llegaba abundantemente, por lo que estas ideas alcanzaban mayor difusión; además, a través de diversos medios, se generalizaba en Chile el conocimiento de las luchas sostenidas por el proletariado europeo; se hacía notar también la propaganda viva de trabajadores extranjeros radicados en el país o que llegaban ocasionalmente hasta él. Estas influencias acentuaron y extendieron el proceso de desarrollo ideológico del proletariado nacional en forma tan notoria que el 22 de agosto de 1887, en "La Igualdad", se afirmaba:

"El pueblo es proteccionista, materialista y socialista; el pueblo quiere trabajo, instrucción y libertad; el pueblo no quiere jerarquía, ni clases, no quiere la explotación del débil por el fuerte..."

Estas líneas, muy breves, acusan -sin embargo- un hecho de singular importancia: por primera vez en Chile se define al pueblo como socialista y se reconoce, en seguida, que fundamentales conceptos socialistas han logrado penetrar en la conciencia popular.

Consecuencia de esta madurez alcanzada por algunos elementos proletarios es el planteamiento reiteradamente formulado en orden a organizar políticamente a la clase obrera. Se deseaba "...una asociación política creada con el objeto de unir a todos los obreros de la República, con un programa común, con aspiraciones tendentes a un mismo fin..." (8); se quería llegar a la unión obrera que "...nacería a la vida para fundar en la República la verdadera democracia..." (9) "El propósito de unirse todos los obreros del país bajo un programa común formando una unión que pueda resistir el capricho de los poderosos y los atropellos de las autoridades, será una verdadera salvaguardia de m democracia y de los derechos del pueblo. No creemos que sea difícil realizar ese grandioso pensamiento que, sin duda alguna, traerá innumerables beneficios a la clase obrera establecida en toda nuestra República sin cohesión y sin vínculos que puedan unirlos en torno de propósitos liberales y civilizadores" (10). En un periódico llamado "Los Ecos del Taller", publicado en Valparaíso, se puntualizaba:

"Las páginas de la historia de los opresores irán a una pira ardiendo para que se regenere y cuente a nuestros sucesores hechos políticos justicieros. Valor y constancia obreros chilenos para trabajar por la unión y la confraternidad si no queréis seguir siendo vil instrumento de unos cuantos privilegiados que juegan con vosotros en las políticas internas de nuestro país y después que ocupan los mejores puestos administrativos os tiranizan" (11).

* * *

Las aspiraciones del proletariado en orden a organizarse coincidieron con las de los elementos progresistas y pequeño-burgueses del Partido Radical quienes, impotentes para cambiar la orientación de su colectividad, se aprestaban a levantar tienda aparte. Esta coincidencia, estimulada por contactos establecidos desde hacía algún tiempo, a lo largo de los años 1885 y 1886, se concretaron en la formación de la Sociedad de la Igualdad, instalada en Santiago el 17 de octubre de 1886.

La orientación de esta nueva sociedad en poco difería de la constituida por Bilbao y Arcos en 1850; sus finalidades eran parecidas (12). Por tanto, lo mismo que aquella, fue ésta también una organización típicamente democrático-burguesa dirigida por elementos de clase media animados de propósitos progresistas y empeñados incluso en sellar una alianza con las clases populares para la realización de sus fines. Los elementos trabajadores más conscientes vieron ya en esta Sociedad los comienzos de una organización política en la que, por primera vez, iban a tener alguna influencia; por esto es que al comunicarse su instalación se informaba:

"Nuestros hermanos de provincia pueden contar con que la Unión Obrera es ya un hecho y que la Sociedad de La Igualdad es la hija primogénita destinada a unir a todos los trabajadores chilenos en un solo pensamiento: la libertad en todas sus manifestaciones, la igualdad... la fraternidad..." (13)

Quedó de esta manera institucionalizada una alianza entre obreros, artesanos y pequeño-burgueses, alianza dentro de la cual estos últimos tenían la dirección (14).

Fortalecidos de esta manera, los pequeño-burgueses radicales levantaron dentro de su partido, con mayor energía, la consigna de que el Partido Radical tenía que ser democrático. "El radicalismo, para prosperar, tendrá que descender al pueblo y convertirse en algo semejante al socialismo democrático alemán. El pueblo oprimido se unirá a él mediante el levantado esfuerzo de los más distinguidos hijos del trabajo". Esto escribía Avelino Contardo en "La Igualdad" el 15 de agosto de 1887, acusando con sus palabras la influencia que el movimiento socialista europeo ya estaba produciendo en nuestro país. Días más tarde, el 24 de agosto, en "La Libertad" de Talca, Guillermo Feliú Gana, según parece, agregaba: "El Partido Radical debe ser, ante todo, demócrata y republicano. Su verdadera existencia no se comprende de otra manera. El contacto de la oligarquía o de la aristocracia tiene que serle necesariamente funesto; éstas, atrayéndolo, querrán siempre concluir con sus principios, porque ellos no les convienen y les repugnan, y hasta pretenderán borrar su nombre..." (15)

La izquierda radical fracasó en su empeño; en vista de lo cual, sus miembros, impulsados por los obreros, decidieron marginarse del radicalismo constituyéndose el Partido Democrático, el que se instaló el 20 de noviembre de 1887. En esta oportunidad se designó la primera directiva y se dio la aprobación al primer Programa Democrático (16) documento que sirvió de base al programa de 1889, y que expresa el carácter que se quiso dar a la nueva organización.

El Partido Democrático no fue un partido de la clase obrera. En él convivían elementos de diversa extracción social que tenían, en consecuencia, diversos intereses económico-sociales. Al lado del pequeño-burgués, estaban el artesano y el proletario. Por tal motivo, el programa democrático fue una especie de transacción; en él se postularon ideas inspiradas en avanzados principios liberales, con lo cual quedaban satisfechos elementos pequeño-burgueses; por otra parte, al señalarse que el Partido Democrático tenía por objeto "...la emancipación política, social y económica del pueblo...", se daba atención, por primera vez en un conglomerado político chileno, a aspiraciones de las clases trabajadoras.

La heterogénea extracción de sus componentes y sobre todo el arribismo de algunos de sus dirigentes, fueron causa de que el Partido Democrático careciera de la suficiente unidad y coherencia ideológica y también de una sólida estructura partidaria. En su interior hubo pugnas y conflictos permanentes, debido a lo cual pasó por múltiples y a veces muy ingratas peripecias.

No obstante, su formación tiene gran trascendencia en la historia del movimiento obrero nacional. En efecto, la calidad de trabajadores que ostentaron muchos dirigentes y el contenido avanzado de su programa, hicieron que el Partido tuviera gran raigambre popular y llegara a ser -incuestionablemente- el primer partido auténticamente popular, de masas, que hubo en Chile. De esta manera, pudo captar e interpretar las aspiraciones de la clase trabajadora, encauzar sus primeras luchas político-sociales y abrir al proletariado perspectivas muy amplias para su posterior evolución. El Partido Democrático fue, además, una escuela formadora de excelentes cuadros dirigentes de la clase obrera; en los debates de toda índole que se suscitaban en sus asambleas, en los actos de masas, en las discusiones doctrinarias, en la realización de tareas tan importantes como publicar y distribuir periódicos, organizar concentraciones o ganar nuevos militantes, se fueron destacando gradualmente algunos hombres que llegaron a ser brillantes dirigentes proletarios y grandes organizadores de la clase obrera; entre ellos, el más notable de todos fue Luis Emilio Recabarren.

Las proyecciones positivas que tuvo la formación del Partido Democrático, fueron percibidas en su integridad por los elementos reaccionarios, quienes, desde el primer instante, lo hicieron blanco de rudos ataques. "El Porvenir", periódico conservador, llegó a formular un llamado para que las fuerzas de "orden" lo eliminaran de la vida política; "debemos contribuir todos -decía- sin distinción de colores políticos, a que no siga cundiendo el pretendido Partido Democrático, que no es sino la encarnación del espíritu socialista. Tal partido no tiene razón de ser entre nosotros, y no debemos reconocerle los derechos de la beligerancia..." (17) El mismo periódico había sostenido antes: "La formación del pretendido partido democrático, con apariencias de movimiento meramente político, es en realidad indicio de que la propaganda socialista ha encontrado en Chile terreno propicio, mal que pese a los optimistas que tienen una confianza excesiva en la flemática cordura de nuestro pueblo. Y no debemos olvidar que hay en el país quienes están interesados en fomentar por todos los medios posibles cualesquiera perturbaciones capaces de trastornar o al menos suscitar dificultades al actual orden de cosas..." (18)

* * *

Los años que siguieron a la formación del Partido Democráticos fueron trascendentales en el desarrollo del proletariado nacional y, por consiguiente, también en su organización política. Sobre ese partido y sobre toda la clase obrera se hicieron sentir intensamente las influencias de las variadas ideologías que operaban en el movimiento obrero internacional; de esta suerte, en Chile se empiezan a observar con toda nitidez esas ideologías, las que actuaron como corrientes muy definidas en el seno de nuestro movimiento obrero.

El socialismo llegó a constituir la más importante y promisoria corriente de pensamiento político-social específicamente proletario que se manifestó en el país. Hubo diversas expresiones de él, especialmente en el Partido Democrático. Numerosos militantes suyos actuaban guiados por inconfundibles conceptos socialistas que difundían a través de la prensa partidaria y de toda la actividad que el Partido realizaba. No sería aventurado decir que se formó una especie de fracción o ala socialista, cuya intención fue hacer del Partido Democrático un auténtico Partido Socialista (19).

Entre los primeros exponentes destacados de esta corriente estuvo Luis Peña y Lara. Muy pocos son los datos que poseemos sobre su personalidad; sabemos sí, por propia declaración, que ya en 1893 era un socialista antiguo y convencido (20). La exposición de sus ideas se encuentra en una multitud de artículos de prensa; en todos ellos da a conocer una y otra vez su adhesión al socialismo y su convencimiento de que al Partido Democrático le correspondía poseer una orientación definidamente socialista.

Luis Peña y Lara escribió en 1893 un manifiesto que parece ser el más antiguo hecho en Chile con motivo del Primero de Mayo. Este documento es de singular valor, ya que es un índice del desarrollo ideológico alcanzado por sectores que -en su época- eran la vanguardia del proletariado nacional. He aquí algunos párrafos de él:

"Trabajadores y obreros demócratas de Chile:

"Hoy es el día en que el pueblo hambriento y desnudo formula enérgica protesta contra el orden de cosas existente, contra la organización actual de la sociedad burguesa...

"Ese grito de protesta lanzado por el oprimido que trabaja y nada tiene, es universal: no reconoce ni fronteras ni razas ni nacionalidades, y donde quiera haya explotados y explotadores, víctimas y verdugos, se presiente la formidable lucha de la igualdad económica contra la tiranía política; de la libertad social contra las usurpadas regalías de la nobleza; del egoísmo de las clases privilegiadas contra la fraternidad y contra la soberanía augusta del pueblo entero.

"No queremos ser más bestias de carga flageladas por el látigo del mayoral...

"Obreros explotados por el capitalista: es preciso que comprendáis que sólo bajo la roja bandera del Partido Demócrata trabajáis por vuestra redención social y económica...

"Para realizar este gran pensamiento de la unificación de la familia proletaria bajo un estandarte de mutua solidaridad, los obreros proletarios han consagrado como día de protesta universal, la fecha clásica ¿el 1º de Mayo.

"El obrero chileno no puede permanecer indiferente a tan fausto día cuando nuestros hermanos y compañeros del mundo entero luchan por conquistar independencia y libertad... Que sepan nuestros hermanos ¿e Europa y América que aquí también... estamos dispuestos a defender nuestra soberanía y nuestros naturales derechos...

"¡De pie todos los explotados y oprimidos!

"¡De pie todos los hambrientos y todas las víctimas!

"Y hurra, por la soberana justicia de la futura sociedad regenerada por el pueblo trabajador...!

"Sol del 1º de Mayo: tú iluminarás un día la gloriosa victoria del proletariado contra la nobleza, del obrero contra el patrón, el triunfo de los demócratas contra los lacayos y servidores de los tiranos..! (21)

También se debe a Peña y Lara una serie de artículos que, bajo el título "Nuestra razón de ser", se publicó en "El Ciudadano" de Limache en el mes de enero de 1884. Expone allí su concepto de que el Partido Democrático es un partido esencialmente clasista cuya finalidad era emancipar a las clases trabajadoras de la esclavitud social y económica en que estaban sumidos; nació este Partido -escribe- porque "...se creyó que educando al obrero en las agitadas luchas de la política se militarizarían los desorganizados tercios proletarios; que así conocida su fuerza de unión, se despertará en él un espíritu de rebelión que detendrá los avances arbitrarios del poder..." (22) Explica luego que el régimen capitalista es régimen de explotación y opresión para el obrero; así por ejemplo, todo el sistema jurídico y toda la estructura política que establece la Constitución chilena, "...lejos de asegurar la independencia social deja al pueblo a merced de la usura capitalista y de los caprichos e intereses de la mercantil sociedad burguesa, y por último, que ella, la flamante Constitución, lejos de afianzar y de proteger la libertad y los derechos individuales de los miembros de la clase obrera, proletaria, trabajadora, sanciona la explotación y la tiranía que es el imperio de la fuerza bruta" (23). A pesar de que el régimen burgués no ofrece garantías al proletariado para su emancipación, éste debe -sin embargo- "...aprovechar las facilidades, por cierto que problemáticas y bien escasas, que nos brindan las instituciones republicanas para educar al pueblo, sin olvidar también que lo que perseguimos es su emancipación definitiva" (24). Con esta posición, Peña y Lara sigue la línea trazada por los teóricos socialistas, y muestra su absoluta disconformidad con el apoliticismo de los anarquistas, a quienes refuta directamente rechazando algunas afirmaciones de Proudhon. Finalmente, para Peña y Lara, el Partido Democrático debe poseer una orientación revolucionaria, por lo cual aunque sea posible que en él cambien sus hombres, nunca cambie "...su tendencia revolucionaria que a despecho de contrarios y falsos amigos, ha de emancipar al pueblo chileno social, política y económicamente!" (25) Rubricando estas ideas expresa: "...la revolución social que emancipará a los gremios trabajadores es el cumplimiento de una ley histórica, fatal, el triunfo de la justicia y de la libertad en la armonía. Felices los que vivan en la emancipada sociedad de mañana y mil veces gloriosos los soldados demócratas que trabajen, contribuyan y mueran por su triunfo" (26).

No sólo Peña y Lara fue exponente del socialismo en el Partido Democrático. Muchos otros hombres estuvieron en esta posición; ellos no sólo llegaron a entender con cierta claridad lo que significaba el socialismo, sino que también trataron de actuar paralelamente con el movimiento socialista internacional. Una señal de esto último lo constituye el hecho de que en nuestro país, el 1º de Mayo de 1892 se hubiera realizado una concentración obrera en la Plaza de la Justicia de Valparaíso; en esta ocasión, el dirigente democrático Agustín J. Leiva hizo un breve alcance sobre el significado de esta fecha e invitó a la clase obrera a unirse a fin de que "...el rico ceda lo que por derecho y razón nos pertenece" (27). En cuanto al grado de comprensión que se tuvo del socialismo, es muy revelador un artículo titulado "La Sociedad Futura" publicado por un incógnito A. B. L. en "El Pueblo", el 12 de agosto de 1893; el autor, después de hacer muy atinadas referencias a Marx, escribió lo siguiente en los últimos párrafos de su trabajo:

"Después de todo, la revolución social, o mejor dicho, la evolución social, no es tan difícil como parece.

"Por una parte, merced a la propaganda incesante de las doctrinas socialistas, las clases obreras, arrastrando consigo a las clases proletarias, marchan apresuradamente hacia el nivelamiento de las condiciones y de las inteligencias; y por otra, la desigualdad creciente de las fortunas, la aglomeración de capitales, de instrumentos de trabajo y de medios de acción en manos de un grupo cada vez más restringido de grandes millonarios o de compañías poderosas, facilitando y presagiando su concentración en manos del Estado, son síntomas que permiten esperar y desear el advenimiento de la nueva era..."

Al lado del grupo auténticamente socialista que pugnaba por tomar el control y orientar al Partido Democrático, existían también en este partido elementos pequeño-burgueses que no salían de los marcos de un liberalismo avanzado o que llegaban hasta un socialismo declamatorio, expresión un tanto retrasada del viejo socialismo utópico; ellos también exponían sus puntos de vista en la prensa democrática o bien divulgaban las doctrinas de ideólogos como Bilbao, Fourier, Saint Simón u otros (28). Explicando esta posición se afirmaba que la "...bandera social del Partido Democrático de Chile es la primera que flameó orgullosa y altiva sobre las ruinas de La Bastilla. El ideal político de nuestro partido está encerrado en el sublime grito reformista de los filósofos del siglo XVIII, que es la trinidad de la edad moderna: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Nosotros, humildes soldados de la causa democrática, al tratar de popularizar los principios científicos de Karr (29), Saint Simón, de Fourier, de Pedro Lerroux y de tantos otros ilustres pensadores, creemos servir a la causa del pueblo, que es nuestra causa..." (30)

Finalmente, en las filas democráticas hubo también algunos, muy pocos -a decir verdad-, que se denominaban "anarquistas-comunistas", quienes seguían y difundían fervorosamente el ideario de Kropotkin y de sus antecesores Bakunin y Proudhon.

Los socialistas, los utopistas y los anarquistas trataron -cada grupo por su cuenta- de orientar tanto teórica como prácticamente al Partido Democrático. De ahí que las asambleas de este partido fueran frecuente campo de enérgicas discusiones; y de ahí también que su prensa difundiera tanto principios socialistas como utopistas o anarquistas.

Aparte de los socialistas que militaban en el Partido Democrático, había algunos que se mantenían independientes. Unos y otros, actuando concertadamente o sin ninguna conexión entre sí, lograron forjar algunos pequeños núcleos proletarios dotados de una sólida conciencia de clase e impregnados de la ideología socialista. Estas ideas inspiraron a numerosos poetas populares para que escribieran composiciones alusivas al socialismo; entre ellas, llama la atención una que tiene la forma de cueca, titulada "Canto Popular", que dice así:

Levantemos la idea
de un pueblo libre
que adora el socialismo
que le redimen;

Que le redimen, sí,
vivan los pueblos
que de la democracia
buscan los fueros

Buscan los fueros, sí,
que nada sirve
la vida de los hombres
si son serviles.

Alzad pueblo valiente
alzad la frente.

Boguemos por el triunfo
de la igualdad
que divisa es de toda
la humanidad.

Gran divisa por cierto
de un pueblo humano
que a todos los mortales
los llama hermanos.

Los llama hermanos, sí,
que el egoísmo
es sentimiento innoble
de fin de siglo.

Unión universal
proclámase triunfal.
(31)

Algo parecido sucedía con los anarquistas; al margen del Partido Democrático, existían grupos de anarquistas que desplegaban una actividad relativamente intensa. Tanto es así, que a comienzos del año 1893 comenzaron a publicar en Valparaíso un periódico con el nombre de "El Oprimido" (32). Además, polemizaban con los socialistas, procurando de esta manera hacer más conocidas sus ideas (33).

En cuanto a los utopistas, ellos no llegaron a constituir grupos o fracciones; muchos actuaron entre los democráticos; otros fueron independientes y algunos, como por ejemplo Víctor José Arellano Machuca, llegaron a ser miembros de otros partidos políticos. Los utopistas se llamaban a sí mismos socialistas; era frecuente verlos actuar como franco-tiradores en defensa del socialismo; en esta posición estuvo más de una vez Arellano, quien entre otras cosas, el año 1893 publicó en Valparaíso un folleto titulado "El Catolicismo y el Socialismo", que era una réplica a una pastoral antisocialista lanzada por el arzobispo de Santiago Mariano Casanova (34).

* * *

Los socialistas que actuaban en el Partido Democrático no tuvieron en realidad éxito en sus aspiraciones por transformar a esta agrupación política en un núcleo socialista. Este fracaso dejó abierto el camino para que una y otra vez, en distintas épocas, elementos imbuidos de una ideología más avanzada se retiraran de este partido y procuraran constituir grupos políticos más genuinamente populares.

El primero de éstos fue el que se constituyó con el nombre de Partido Proteccionista el año 1891, poco después de terminada la guerra civil; su objetivo era servir de centro a "...todo movimiento que lleve envuelto un bien de las clases obreras e industriales..." Con una existencia lánguida, este minúsculo partido logró sobrevivir durante tres o cuatro años; al deshacerse, muchos de sus miembros se reintegraron a las filas democráticas; otros se volcaron hacia organizaciones socialistas o anarquistas; unos pocos, por fin, que se mantuvieron independientes, fundaron en 1899 el Partido Proteccionista Obrero; según su programa, debía "...propender constantemente por todos los medios legítimos y posibles, a mejorar las condiciones de las clases trabajadoras desheredadas de la fortuna..."; además, preconizaba una política destinada a impulsar el progreso económico del país mediante el fomento de la industrialización, la subdivisión de la propiedad, la creación del Banco del Estado, etc.

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En febrero del año 1896, un grupo formado por miembros del Partido Democrático y por obreros independientes, puso las bases en Santiago del Centro Social Obrero, "...el que abogaría por los derechos e intereses de los hombres de trabajo..." (35) Desde su constitución misma, el Centro realizó una actividad tendiente a aproximarse a las masas trabajadoras y a erigirse en su vanguardia tanto por su combatividad como por su clara definición ideológica; realizaba periódicas asambleas públicas en las que se debatían problemas de interés para la clase obrera, los que eran enfocados con criterio estrictamente clasista (36). Fruto de esta actividad fue la consolidación del Centro en el curso del año 1896: el número de sus militantes aumentó de un modo apreciable, por lo que fue preciso organizar algo así como "secciones" de él en varias comunas de Santiago; su directiva tomó un carácter definitivo (37), y fue elaborado el programa de la institución; por último, el 22 de noviembre, se inició la publicación de "El Grito del pueblo", órgano oficial del Centro (38).

De acuerdo con su programa, el Centro se proponía luchar por la realización de una serie de medidas de carácter económico, social y cultural de gran importancia para la clase obrera y, en seguida, se señalaba el propósito de hacer llegar "...a la representación nacional a ciudadanos pertenecientes a la clase obrera, porque son los únicos que conocen la verdadera situación del pueblo y los que en verdad trabajan por mejorarla". Precisamente, éste es el punto que marca con mayor énfasis la diferencia entre el Partido Democrático y el Centro Social Obrero; este último adquiere el carácter de una organización predominantemente proletaria y poseedora de una tendencia exclusivamente socialista como se percibe claramente en las páginas de "El Grito del Pueblo".

Este periódico se dedicó a difundir principios socialistas. "Somos socialistas. ¡Ya no somos un pueblo ignorante!", se decía en un artículo publicado el 6 de diciembre de 1896; y con esta exclamación se ratificaba toda la orientación del periódico y se exponía de una manera integral el carácter del Centro Social Obrero. Notable entre los artículos publicados, es uno que se titulaba "El socialismo en Chile" subscrito por alguien que usaba el pseudónimo Karl Marx. En él se decía:

"Las ideas para esparcirse no respetan nada.

"Cruzan los mares como el Atlántico para llegar al cosmopolita Buenos Aires y levantar apóstoles por millares.

"Atraviesan soberbias cordilleras, como los Andes, para sentar sus reales en el indolente Chile y convertir a hijos del pueblo, acostumbrados a besar la mano del verdugo que los azota en hombres libres que luchan sin miedo por emanciparse del tutelaje burgués.

"Y las ideas redentoras del socialismo, después de arraigarse firmemente en el proletariado argentino, penetran en Chile y principian su obra bienhechora.

"El Centro Social Obrero se funda bajo esas bases.

"Principió su propaganda poco a poco, pero firme y seguro...

"Las ideas continúan propagándose. Los hijos del pueblo abriendo los ojos y la bandera roja del socialismo cobijando apóstoles" (39).

Además del Centro Social Obrero, ya en 1896 existía también en Santiago la Agrupación Fraternal Obrera, entidad dirigida por Luis L. Olea y Marcos de la Barra. Poseía un carácter francamente socialista, lo mismo que sus dirigentes. Luis L. Olea, por ejemplo, era marxista, como lo revelan los siguientes párrafos de una carta abierta dirigida a David Acosta:

"Diviso en esos temas al gladiador temerario que desafiando las fieras humanas esgrime con la seguridad del éxito las armas de la razón templadas en el yunque de las teorías de Marx... La burguesía tiene ante sí el horizonte sombrío de su maldad que la refleja en horribles espejismos al terror y la destrucción ejercitadas por los brazos del proletario desesperado, que en venganza de tanta injusticia se rebela contra la iniquidad que le oprime.

"Tiemble ya por su porvenir, que el día fatal de la vindicación llegará al fin, y entre los escombros de todo un régimen se alzará triunfante el sol del socialismo" (40).

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Pues bien, desde fines de 1896, el Centro Social Obrero entró en activas relaciones con la Agrupación Fraternal Obrera; ambas organizaciones realizaron conjuntamente trabajo de masas, etc. (41) Tales relaciones se mantuvieron y se estrecharon a lo largo de todo el año 1897 y, en el mes de octubre, ambos organismos se fusionaron dando origen a la Unión Socialista (42).

Como se ve, la Unión Socialista fue la culminación de un proceso preparatorio a través del cual elementos más o menos diversos, fueron adquiriendo unidad de propósitos y sobre todo, clarificando su posición ideológica en un sentido socialista. Etapa de este proceso fue la transformación del periódico "El Grito del Pueblo" en otro llamado "El Proletario", cuya publicación se inició en septiembre de 1897. Los planteamientos hechos en este periódico son importantes; en uno de ellos se dice:

"La lucha de clases, desconocida hasta ayer en Chile, se empeñará desde hoy, y frente a frente proletarios y burgueses, artistas y profanos, reformadores y reaccionarios, víctimas y verdugos" (43)

La Unión Socialista nació como un organismo transitorio (44); el artículo 26 de su programa expresaba esta situación en los siguientes términos: "Se declara que este programa es secundario y sólo adaptable a la Unión Socialista, pues cuando se inaugure como Partido, habrá que aceptar el programa universal". De esto se deducen dos hechos igualmente valiosos: por un lado se expresaba la decisión de llegar a constituir un Partido Socialista sólido y consistente; en segundo término, se deseaba que tal Partido fuera la rama chilena del movimiento socialista internacional, para lo cual se debería aceptar "...el programa universal" del socialismo.

No obstante su condición transitoria o su calidad de organización preparatoria, la Unión Socialista poseyó un programa que servía de base a su actividad y en el cual se señalaba su carácter de agrupación política cuyo objeto era implantar el socialismo en Chile (45).

Durante los últimos meses de 1897, la Unión Socialista realizó una activa propaganda. En su local se dictaban charlas de capacitación política y de divulgación socialista (46); en "El Proletario" se publicaban combativos artículos que llamaban a los trabajadores a "...formar en el Partido de Clase, en el que trae envuelto en su programa la igualdad de los seres en la lucha por la vida" (47).

Las clases dirigentes veían con disgusto las actividades de la Unión Socialista; no podían contemplar impasibles el desarrollo de una entidad que tendía a organizar políticamente al proletariado a fin de que esta clase social pudiera lanzarse organizadamente a la lucha por la conquista de reivindicaciones inmediatas y que, en último término, trataría de crear las condiciones que hicieran posible el advenimiento del régimen socialista en substitución del capitalista. Así fue como al naciente movimiento socialista chileno se le hizo objeto de toda clase de agresiones; la prensa oligárquica y burguesa lanzaba encendidas condenaciones en su contra y las autoridades eclesiásticas, fieles intérpretes y sostenedoras de las clases dominantes, hacían lo mismo. Las autoridades ponían en movimiento el aparato represivo del Estado para dejarlo caer sobre la incipiente organización socialista a fin de destruirla y de amedrentar, con el empleo de la brutal violencia policial, a los trabajadores que quisieran incorporarse a ella. La más grave de estas provocaciones policiales tuvo lugar el domingo 17 de octubre de 1897.

Ese día, se debían discutir y aprobar los programas de la Unión Socialista. "La concurrencia era crecida; y los temas que debían desarrollarse de verdadera importancia para los obreros. A las 2 de la tarde, el presidente de la institución, don Hipólito Olivares, declaró abierta la sesión, dando principio a un discurso alusivo al acto.

"Apenas había comenzado su alocución, cuando varios individuos se le fueron encima, garrote en mano, formándose una barahúnda infernal.

"Se trataba de un asalto premeditado para estorbar la realización de aquella conferencia.

"En el momento de principiar el asalto, varios garroteros se fueron sobre las puertas del salón, cerrándolas para más fácil consumación de su obra vandálica.

"Maltrataron e hirieron gravemente a los miembros del directorio y a numerosos socios que asistieron a la conferencia, entregándose en seguida, a un pillaje verdaderamente irritante..." (48)

Este criminal asalto al local en que los miembros de la Unión Socialista sesionaban, se realizó bajo la dirección inmediata del Prefecto Castro, quien actuaba de acuerdo con instrucciones recibidas del Intendente de la Provincia, Fernández Blanco.

Los socialistas no fueron amedrentados por la violencia desatada en su contra; antes por el contrario, perseveraron en sus propósitos. Continuaron haciendo propaganda y ganando adeptos en Santiago, Valparaíso y otras ciudades; mantuvieron sus relaciones con el movimiento socialista argentino y, finalmente, el día 8 de diciembre de 1897 tomaron un histórico acuerdo: quedó proclamada la constitución del Partido Socialista de Chile (49).

Constituido el Partido Socialista, comenzó "a organizarse definitivamente sobre las mismas bases y principios que lo están los demás partidos socialistas americanos y europeos" (50). Su directiva quedó compuesta de las siguientes personas:

Presidente: J. Gregorio Olivares T. (51)
Secretarios: Francisco Garfias M. y Andrés Acevedo C.
Tesorero: Abraham Contalba.
Vocales: Luis Santander, Dionisio Ormazábal y M. de la Barra.

Entre las medidas adoptadas para asegurar su desarrollo, estuvo la publicación de "El Martillo", semanario de propaganda política cuyo editor fue Hipólito Olivares Mesa y que estuvo bajo la dirección inmediata ¿el presidente del partido; entre sus colaboradores se puede contar a Alejandro Escobar y Carvallo. Además, fue elaborado el Programa Mínimo del Partido, que en muchos aspectos no fue sino una ampliación del que tuvo la Unión Socialista. Llama la atención que en el texto de este programa se hubieran omitido dos importantes declaraciones que aparecían en los puntos 1º y 25º del programa de la Unión Socialista. Esto se debió a que se hicieron explícitas formulaciones en orden a que el Partido participaba de los planteamientos teóricos generales del movimiento socialista internacional (52).

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El Partido Socialista no logró ser un partido de masas; no pudo, tampoco, ser la expresión política de un proletariado industrial maduro. Lo primero ocurrió porque sus fundadores y dirigentes eran principalmente artesanos semiproletarizados, obreros que vendían su capacidad de trabajo a pequeños establecimientos industriales y algunos jóvenes pequeño-burgueses; lo segundo se debió simplemente a que, a pesar de su desarrollo, el proletariado chileno era la clase obrera de un país de retrasada conformación económica y social.

Por estos factores, el Partido Socialista no aglutinó g la clase obrera propiamente hablando, sobre todo al sector más cohesionado de ella como era el proletariado nortino, sino que fue el partido de un conjunto relativamente heterogéneo de elementos cuyas condiciones de existencia eran muy desfavorables dentro de la estructura imperante en el país.

Pues bien, de estos elementos puede decirse -repitiendo casi textualmente las palabras de Lenin- que adquirieron con gran facilidad una mentalidad "ultrarrevolucionaria", pero fueron incapaces de manifestar espíritu de organización, firmeza, disciplina; eran "rabiosos" o "enfurecidos" elementos, muy impresionados de los horrores del capitalismo y capaces de escribir o decir en su contra las peores cosas, pero carentes casi en absoluto de todo lo esencial en cuanto a las condiciones y exigencias de una firme lucha de clases en la que le corresponde actuar al proletariado (53). En sus, personalidades prevalecía el sentimiento sobre la razón, el impulso espontáneo sobre lo que era producto de una elaborada ideología. Sintetizando, no sería exagerado decir que el "ultrarrevolucionarismo" de que dieron muestras los cuadros del primer Partido Socialista que hubo en Chile, obstruyó las posibilidades para que ellos pudieran ser genuinamente revolucionarios; estuvieron, pues, carcomidos por un extremismo que, como muy bien lo demostró Lenin, no era otra cosa que infantilismo revolucionario o enfermedad infantil del auténtico socialismo.

Otros dos factores que contribuyeron a que el Partido Socialista tuviera estos caracteres: primero, la relativa juventud e inexperiencia de sus organizadores y primeros dirigentes; segundo, la propaganda anarquista que llegaba al país.

Respecto a lo primero, cabe decir que la mayor parte de quienes generaron y dirigieron el Partido Socialista eran hombres jóvenes cuyas edades no pasaban de los veintitrés o veinticuatro años; incluso había algunos adolescentes que bordeaban sólo diez y ocho años. Se habían sentido atraídos intelectualmente por las doctrinas socialistas, pero no las habían adquirido a través de las luchas sociales, es decir, a través de ese camino difícil en el cual la ideología se encarna y se hace la más legítima expresión de un individuo proletario y del proletariado en general.

Añádase a esto la presencia deformadora que el anarquismo tenía en nuestro país. Hemos puntualizado ya que en 1893 había claras manifestaciones de un grupo anarquista que seguramente actuaba con anterioridad a esa fecha. Este grupo realizaba una propaganda regularmente activa; de este modo, era frecuente que en periódicos como "El Pueblo" de Valparaíso, "La Democracia" de Santiago, "El Jornal" de Iquique o "El Obrero" de La Serena, se reprodujeran artículos de Kropotkin y de otros dirigentes anarquistas, en los cuales se atacaba al socialismo de una manera directa y a la vez violenta (54). Sus dirigentes daban pruebas de gran confusión ideológica, de falta de claridad en su pensamiento; su actividad carecía de perspectivas sólidas y permanecía dentro de los límites de un individualismo desesperanzado, quejumbroso y escéptico que, entre otras cosas, dio origen a algunas curiosas composiciones poéticas como "Libertaria" de Carlos Pezoa Veliz y "Hastío" de Magno Espinoza (55). Con estas actitudes, con este bagaje, llegaban los anarquistas hasta la clase obrera; en vez de actuar en su seno como una aguerrida vanguardia cuya misión consistía en educar y organizar a las clases trabajadoras, en dirigirlas responsable y conscientemente en sus luchas, sólo sembraban en ellas la confusión, presentándole objetivos falsos o fragmentarios, restringiendo el campo de sus actividades e impidiendo que llegaran a poseer adecuados instrumentos de lucha. El siguiente artículo publicado en "La Campaña", en enero de 1900, expresa claramente estos caracteres del anarquismo:

"Antes que bandera política, los obreros debemos izar bandera económica, organizamos por ahora, en sociedades gremiales de resistencia y fundando cooperativas de consumo. Eso es hacer obra práctica y provechosa. Esa será la primera etapa de la gran jornada.

"Y entre tanto, preparemos el futuro. Enseñemos a nuestros hijos a odiar todo lo que tenga tufo aristocrático; enseñémosles a esgrimir el hacha de las venganzas supremas; enseñésmosles que sus abuelos, sus antepasados, fueron carne miserable que arrastró vida de angustias, mientras los explotadores, los grandes ladrones públicos, los usufructuarios de la sangre y de las lágrimas del pueblo, lucían hermosos carruajes, consumían sabrosas viandas, bebían vinos generosos y llevaban sobre sí una indumentaria de príncipes, cosas todas que jamás produjeron. Enseñémosles a odiar, hasta que el odio acumulado de generación en generación, produzca el soberbio estallido de la liquidación final...!"

El anarquismo presentó todos los rasgos que lo caracterizan como una fuerza de esencia reaccionaria, aunque cubierta con seductores ropajes revolucionarios; tan evidente fue este carácter, que ni siquiera ocultó su menosprecio por la clase obrera; a este respecto, en un editorial de "El Ácrata" se decía lo que sigue:

"En este tiempo de hambre y miseria en la clase baja, de corrupción y podredumbre en la clase alta, de escándalos y robos en la burguesía, de estupidez, cobardía y servilismo entre los obreros, se hace necesaria una publicación como ésta que denuncie todos estos vicios y propague la reforma social que ha de traer la armonía y la equidad en la humana especie" (56).

Tan generalizada se hallaba entre los anarquistas la idea de que constituían un grupo selecto, superior a la clase obrera en su conjunto, que no faltó entre ellos alguien que los invitara a no hacer de sus doctrinas "...un socialismo de hombres elegidos, de superhombres, expresamente para las inteligencias superiores..." (57)

La conjunción de los factores señalados produjo el desplazamiento de algunos dirigentes del Partido Socialista hacia el anarquismo; y con ello, el Partido Socialista quedó inhabilitado para prosperar. Se desenvolvió en un plano aislado, estuvo huérfano del calor del pueblo; no se acercó a la clase obrera, sino que fue una especie de academia o cenáculo en el que tenían cabida sólo unos pocos iniciados. Gradualmente, el Partido se fue desintegrando, y la mayor parte de sus componentes se convirtió al anarquismo, al "socialismo libertario" como se decía entonces. De esta suerte, en 1898, es decir, muy poco tiempo después de haber comenzado, terminó la primera tentativa por organizar en el país un Partido Socialista. El fin de esta tentativa fue un fracaso, pero un fracaso ineludible. En Chile, como en todas partes del mundo, el movimiento socialista -antes de madurar y precisamente, para madurar- tenía que pasar por experiencias como ésta; en su infancia, debía sufrir las enfermedades propias de la infancia.

Destruido el partido, los "socialistas libertarios" se agruparon alrededor del periódico "La Campaña", que dirigían Alejandro Escobar y Carvallo (58), Nicolás Rodríguez, Manuel J. Montenegro y Luis Olea. Otro núcleo de anarquistas más o menos importantes fue el Ateneo Obrero, que empezó a funcionar en Santiago en agosto de 1899 y cuya directiva estaba compuesta de Carlos Pezoa Veliz (secretario), Avelino González (pro-secretario), Federico Castillo, Francisco Pinto, Policarpo Solís, Leopoldo Moya, Manuel Guzmán y Esteban Caviedes (vocales); algunos de estos dirigentes eran miembros del Partido Obrero Socialista Francisco Bilbao que se fundó en 1898. Además, por el año 1900, los anarquistas tenían organizados en Valparaíso algunos pequeños centros de artesanos o uniones en resistencia con los cuales dieron formas a una débil e inoperante sección chilena de la Federación Internacional de los Trabajadores o Asociación Internacional del Pueblo Trabajador.

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En febrero de 1898, un grupo de elementos marginados del Partido Democrático dio origen -en Santiago- al Partido Obrero Socialista Francisco Bilbao, que el año 1900 pasó a llamarse lisa y llanamente Partido Socialista. Sus organizadores fueron más o menos numerosos y entre ellos se puede nombrar a Ricardo Guerrero, Alejandro Bustamante, Adolfo Peralta, Nicasio Retamales, Avelino González, Eduardo Cubillos, etc.

Nació este Partido con una orientación socialista más o menos definida. Sus fundadores preconizaban la unión de los hombres de trabajo en una sola agrupación política cuya base doctrinaria fuera el socialismo científico (59); "-el obrero -decían- no debe esperar nada de tantos falsos apóstoles, su emancipación social, política y económica debe ser obra del obrero mismo y esto lo conseguirá mediante la unión que hace la fuerza, formando el partido de los explotados" (60)

El Partido Obrero Socialista Francisco Bilbao logró cierto auge a partir de 1899, es decir, cuando el Partido Socialista que dirigía J. Gregorio Olivares se desintegraba; mantuvo la posición alcanzada hasta 1902 más o menos; después de esta fecha decayó rápidamente.

Hasta 1902 puso en actividad una eficiente propaganda (61) que contó con diversos medios, entre otros, algunos periódicos como "El Genio", "La Nación", "El Trabajo" y finalmente "El Socialista", que empezó a publicarse en 1901. Fruto de esta actividad fue el crecimiento de la organización partidaria, la que llegó a tener carácter nacional; en efecto, además de las secciones que funcionaban con local propio en cada una de las diez comunas urbanas de Santiago, hubo secciones en Valparaíso, Antofagasta, Talcahuano, Curicó, Valdivia, Rancagua, Chillan, Linares, San Bernardo, Providencia, Maipú, Renca, San Miguel, Rengo, Melipilla Quillota y Machalí. Sobre la base de estas secciones, el año 1902 el Partido patrocinó la celebración de un amplio Congreso al que pudieran asistir representantes de todas las organizaciones de trabajadores de la República; se esperaba, de este modo, organizar un amplio movimiento político de carácter popular; este Congreso se realizó entre el 1º y el 6 de mayo, pero sus resultados fueron pobres, y quedaron muy por debajo de las expectativas que en él se habían cifrado. Se intentó también mantener vínculos con grupos socialistas de otros países americanos, para lo cual se proyectó -en 1901- celebrar un Congreso Internacional de Trabajadores; se estimaba que el funcionamiento de esta asamblea vendría a "...armonizar las fuerzas de los obreros, a ilustrar los partidos sobre su táctica internacional, y sobre todo a echar las bases de una verdadera y positiva unión de los partidos socialistas del continente" (62); desgraciadamente, una tan valiosa iniciativa no logró materializar.

En el Partido Socialista muy pronto se notaron dos corrientes bien marcadas: una socialdemócrata, incapaz de avanzar por el camino del socialismo, y otra auténticamente socialista; logró prevalecer la primera de ellas, con lo que el Partido fue perdiendo su fisonomía propia para asemejarse cada vez más al Partido Democrático; el predominio del sector socialdemócrata se evidenció en el programa del año 1902, cuyo artículo 1º dice así:

"El Partido Socialista es antagónico al anarquismo, al Partido Conservador y a la oligarquía en general, y su existencia tiene por objeto combatir el pauperismo, el vicio, el error, la ignorancia y el fanatismo. En consecuencia, pondrá todos los medios que estén de su parte para obtener la temperancia, la emancipación social, económica, política y religiosa de todos los habitantes del Estado por medio de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria, acompañada de un aprendizaje de arte u oficio.

"Para conseguir estos ideales, procurará, por medio del sufragio obtener representación en los diversos poderes públicos" (63).

Teniendo a la vista este documento, bien puede decirse que el Partido Socialista no tuvo de socialista más que el nombre y la acción de una minoría compuesta de hombres que realmente habían hecho suya esta ideología. Esto explica que después de 1902 se desvaneciera por completo y la mayor parte de sus componentes se reintegrara al Partido Democrático, en donde algunos, como Alejandro Bustamante, llegaron a tener cierta figuración.

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No sólo Santiago fue escenario de las primeras actividades socialistas en el país; también hubo algunas notables tentativas en provincias. De entre ellas, sólo tenemos algunas noticias concretas de las iniciadas en Punta Arenas en 1897 y en Valparaíso a fines de 1901.

Punta Arenas era un centro proletario relativamente pequeño, pero más o menos homogéneo; hasta esa ciudad llegaron numerosos inmigrantes europeos, muchos de los cuales seguramente eran socialistas. Lo cierto es que en 1897 se constituyó la Unión Obrera, organismo de carácter político y sindical, uno de cuyos dirigentes fue José Contardi. El 26 de diciembre de ese año se empezó a publicar el periódico "El Obrero". El carácter genuinamente socialista (64) que poseyó la Unión Obrera, la llevó a transformarse, el año 1898, en el Partido Socialista de Punta Arenas. Ignoramos si esta organización tuvo conexión con alguna de las agrupaciones congéneres de otros puntos del país; sabemos sí, que atrajo amplios grupos de trabajadores, despertando en ellos su conciencia de clase, su combatividad y su espíritu de organización.

En julio de 1901 se formó en Valparaíso el Partido Demócrata-Socialista. Entre sus promotores estuvieron Juan B. Larrucea, Joaquín Salinas, Ricardo Jara, Miguel F. Varas y varios otros antiguos militantes democráticos. Recién constituida, esta agrupación comenzó a publicar "Germinal", periódico en que se dieron a conocer valiosos trabajos de orientación marxista; además, elaboró su programa mínimo, cuya introducción (65) es notable por la fidelidad con que se ajusta a los principios socialistas.

Poco sabemos de la suerte posterior de este Partido; la ausencia de noticias relativas a él indica que su existencia fue efímera; además, el hecho de que algunos de sus miembros hubieran reaparecido más tarde entre los democráticos, es seña de que se desarticuló provocándose la vuelta de muchos de sus componentes a su tienda política de origen. Pero, la constitución del Partido Demócrata-Socialista y la coherencia ideológica manifestada por sus dirigentes en su colaboración a "Germinal" y en la elaboración del programa mínimo son prueba palpable de que en Valparaíso existieron largo tiempo antes de 1901, elementos profundamente imbuidos de las doctrinas socialistas.

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Del Partido Democrático se desprendieron grupos más o menos importantes que, a pesar de sus limitaciones y desviaciones, intentaron constituir orgánicamente el movimiento socialista en nuestro país. Pero mientras esto ocurría, en el seno de este mismo Partido hubo muchos hombres que gradualmente evolucionaron hacia el socialismo, manteniendo vivo ese sector socialista que hubo en las filas democráticas desde sus comienzos. Quienes siguieron esta trayectoria, casi sin proponérselo -espontáneamente- llegaron al convencimiento de que el Partido en que militaban era un Partido Socialista en razón de su carácter eminentemente popular. Para ellos, por consiguiente, la organización de un movimiento socialista auténtico no suponía otra cosa que acentuar el carácter popular del Partido identificándolo al máximo con la clase obrera y dotándolo de una posición doctrinaria cada vez más clara; no era necesario entonces provocar escisiones ni deserciones; bastaba sólo aproximarse más al proletariado y acelerar así una evolución interna capaz de liberar al Partido de las influencias pequeño-burguesas que en él había y de las limitaciones que ellas engendraban.

Luis Emilio Recabarren, la más recia figura en toda la historia de nuestro movimiento obrero, el dirigente inolvidable de la gran Federación Obrera de Chile, el fundador del Partido Socialista Obrero en 1912, fue uno de esos militantes democráticos que llegó a convertirse en un auténtico socialista como que, el año 1921, transformó al Partido Socialista Obrero en el Partido Comunista de Chile.

Ingresó al Partido Democrático cuando era aún muchacho; allí fue despertándose su conciencia e impregnándose de las concepciones político-sociales que en las postrimerías del siglo se hacían presente en el país; al cabo de algunos años se desplazó hacia el socialismo adquiriendo el convencimiento de que la colectividad de que formaba parte era socialista (66). En las filas democráticas logró destacarse; en enero de 1899, se le nombró miembro de la redacción del recién fundado periódico "La Democracia", cuya dirección llegó a ejercer el año 1900; este mismo año, se desempeñaba como secretario de la Agrupación Democrática de Santiago. En "La Democracia" escribió numerosos artículos firmados con su nombre o con los pseudónimos Lucas E. Barneri R. y Raúl Caneberis R.; a través de ellos se percibe el proceso de definición ideológica que se estaba produciendo en su espíritu.

Colocado ya en una posición socialista, Recabarren emprendió la tarea de eliminar del Partido Democrático la influencia pequeño-burguesa y artesanal arraigada en importantes sectores y que -con mucho oportunismo -manejaba Malaquías Concha. Para conseguir este objeto, Recabarren acentuó la vinculación del Partido con la clase obrera, procurando que se incorporaran a él grandes contingentes de proletarios, especialmente de la zona norte; además, difundió con ardor, a través de la prensa y de una incansable propaganda personal, los ideales socialistas que contraponía a las limitadas aspiraciones democráticas en los siguientes términos:

"...la doctrina socialista, más completa que la demócrata, realizará de verdad la redención de los oprimidos. La doctrina democrática significa sólo hacer el Gobierno de una nación en conformidad a las ideas políticas de la mayoría de los ciudadanos. La doctrina socialista significa perfeccionamiento de las costumbres políticas y modificación de las costumbres económicas en forma de dar a todos los medios de vivir dichosos" (67).

Convencido finalmente de la imposibilidad de que en una misma tienda política convivieran elementos sociales diferentes que sustentaban posiciones ideológicas antagónicas y, además, interpretando la aspiración del proletariado nortino, en junio de 1912, Recabarren y un grupo numeroso de aguerridos camaradas puso las ; bases del Partido Socialista Obrero al que rápidamente se incorporó una gran cantidad de agrupaciones democráticas de todo el país. De esta suerte, la intervención de Recabarren hizo posible que, por primera vez, se constituyera en el país un Partido Socialista de raigambre puramente proletaria, el que después de algunos años de consolidación y debido a la actividad del mismo Recabarren, se transformó en el Partido Comunista de Chile, a raíz de la Revolución Rusa.

Dentro del período que abarca el presente estudio, la significación que posee Recabarren en el movimiento obrero es pequeña; con cierta corrección pudiera decirse que durante ella el gran maestro de los trabajadores chilenos era sólo un aprendiz de revolucionario, un joven que iba modelando su personalidad de gran dirigente al calor de las luchas que el proletariado libraba en las postrimerías del pasado siglo (68).

El desarrollo del movimiento socialista fue seguido con cierta inquietud por los sectores dominantes de la sociedad chilena. Con el socialismo veían nacer la única fuerza capaz de organizar a las clases trabajadoras y de dirigirlas seria y consecuentemente en la lucha por su liberación. Se aparecía pues, el socialismo, como un fermento de rebeldía, como un anhelo destructor de privilegios e injusticias que se forjaba en el alma popular. Por eso es que de todas las capas dirigentes surgieron enérgicas condenas al socialismo y, a la vez, se procuró la adopción de medidas que de alguna manera paralizaran la expansión de una doctrina que se juzgaba altamente perniciosa y expresión de los más nefastos propósitos. Se intentó frecuentemente el empleo de la fuerza para amedrentar a quienes militaban en las agrupaciones socialistas o a quienes pretendían incorporarse a ellas; se desató una sostenida campaña de opinión en contra del socialismo usándose por las clases explotadoras todos los medios de difusión de ideas, incluso el púlpito y la pastoral.

Con respecto a esto último, vale la pena recordar que el 23 de abril de 1893, el arzobispo de Santiago, Mariano Casanova, dio a conocer una enérgica pastoral antisocialista. Este documento es de interés no sólo por los falaces argumentos empleados para impugnar al socialismo, sino también porque evidencia el espíritu reaccionario y profundamente antipopular que animaba a los altos dirigentes de la Iglesia Católica. En él se reconoce, primeramente, que en Chile se realizaba una intensa propaganda socialista "...por medio de publicaciones y reuniones de la clase obrera..." (69) Luego, intenta refutar las concepciones socialistas, señalando que su postulado contrario a la propiedad privada sobre los medios de producción "...traería consigo la ruina de la sociedad tal como Dios la ha establecido. En efecto, la completa comunidad de los bienes de fortuna destruiría la desigualdad de condiciones sociales en que se funda la sociedad..." (70) Esto, lógicamente, merece el repudio del jefe de la Iglesia; pretender destruir las desigualdades sociales es una herejía, puesto que la existencia de ricos y pobres, de explotadores y explotados "...no es obra del hombre, sino de la naturaleza o sea, de Dios, que reparte desigualmente sus dones" (71); de aquí se infiere que la doctrina socialista "...tiende a trastornar las bases en que Dios, autor de la sociedad, la ha establecido..." (72) En el concepto del prelado, las clases explotadas deben rehuir al socialismo, deben rechazarlo, pues él las conduce a la rebelión, a la lucha y les despierta el deseo de salir de la situación en que se hallan, en circunstancias que los designios de la divinidad le imponen el deber de aceptar mansamente su condición; después de todo, "...su pobreza es un tesoro para la vida futura, una semilla fecunda para la cosecha de la eternidad" (73); los proletarios no deben esforzarse por conquistar mejores condiciones de existencia, -deben recordar que "...nada tienen en este mundo, pero pueden tener los tesoros del cielo en el otro, si soportan con resignación cristiana las privaciones de su pobreza" (74). El criterio sustentado por la máxima autoridad eclesiástica chilena indica que los miembros del alto clero desempeñaban fielmente su papel de guardadores o protectores de los intereses de las clases dominantes a las que, por lo demás, ellos también pertenecían; así se explica que el ataque del arzobispo Casanova hubiera estado absolutamente desprovisto de razones teológicas o filosóficas y fuera de un simple ataque a los socialistas porque "...ellos pretenden desquiciar la sociedad para hacer felices a los pobres" (75).

Siguiendo en esta posición antisocialista, las clases dominantes procuraron penetrar al campo obrero por medio de agentes provocadores y divisionistas, lanzando consignas absurdas y organizando instituciones que mantuvieran a los elementos populares alejados de la influencia socialista. Entre estas instituciones, una vez más se destacaron las promovidas por los conservadores en colaboración con el clero; así por ejemplo, el año 1894, el sacerdote Ramón Ángel Jara organizó en Valparaíso la sociedad obrera "Orden y Trabajo"; por la misma fecha, un cura párroco de Chillan fundó con los conservadores dos círculos de obreros con el fin de impedir que éstos entraran a "...formar la corriente maldita del socialismo, ante cuyo desarrollo se estrechan y tiemblan las naciones" (76), también estas organizaciones tenían por finalidad consolidar al Partido Conservador; sus miembros, debido a la acción clerical, quedaban transformados en sumisos electores del conservantismo.

Las maniobras de los elementos reaccionarios sólo tuvieron un éxito relativo; obstaculizaron o retardaron el crecimiento del socialismo, pero no lograron impedir que él, en último término, penetrara profundamente en el espíritu de la clase obrera y le sirviera -hasta el día de hoy- de norma y enseña en las incesantes luchas que ha sostenido con sus explotadores por espacio de más de medio siglo.

* * *

Así como las clases dirigentes vieron en el movimiento político obrero un elemento negativo para sus intereses y para el régimen que brindaba protección a tales intereses, hubo en cambio quienes reconocieron en él la única fuerza de progreso que actuaba en el país y el más poderoso factor para el desarrollo de la democracia en Chile. Notable es a este respecto un editorial titulado "Movimiento Obrero" que publicó "La Tarde" de Santiago el 22 de abril de 1899 y que comenzaba así:

"Fácil es prever de donde partirá la reacción que habrá de modificar, un día u otro, nuestros hábitos políticos; fácil es distinguir donde se encuentra el germen de las futuras evoluciones que habrán de llevarnos a ese ideal de la democracia consistente en el gobierno por y para el pueblo..."


Notas

1. Complemento indispensable de este capítulo debería ser una exposición sumaria de los principios fundamentales del socialismo científico. Sin embargo, tomando en cuenta la amplitud de una tal exposición, hemos preferido reproducir los siguientes párrafos de la Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, que sintetizan admirablemente las enseñanzas de los fundadores del socialismo.

"Marx y Engels, los grandes maestros del proletariado, fueron, por oposición a los socialistas utópicos, los primeros que pusieron en claro que el socialismo no es el fruto de las cavilaciones de unos soñadores (utopistas), sino el resultado necesario del desarrollo de la moderna sociedad capitalista. Pusieron de relieve que el régimen capitalista se hundirá, lo mismo que se hundió el régimen feudal, y que el propio capitalismo engendra, con el proletariado, la fuerza que habrá de enterrarle. Y señalaron que sólo la lucha de clases "del proletariado, sólo el triunfo del proletariado sobre la burguesía, librará a la humanidad del capitalismo, de la explotación".

"Marx y Engels enseñaron al proletariado a tener conciencia de sus fuerzas, a tener conciencia de sus intereses de clase y a unirse para la lucha decisiva contra la burguesía. Descubrieron las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad capitalista y la lucha de clases dentro de ella tiene necesariamente que conducir al hundimiento del capitalismo y al triunfo de la clase obrera, a la dictadura del proletariado.

"Marx y Engels enseñaron que el proletariado industrial es la clase más revolucionaria y, por tanto, la más avanzada de la sociedad capitalista, y que sólo una clase como el proletariado puede agrupar en torno a ella a todas las fuerzas descontentas del capitalismo y conducirlas al asalto contra éste. Pero, para vencer al viejo mundo y crear una nueva sociedad sin clases, el proletariado nene que disponer de su propio partido obrero, al que Marx y Engels dieron el nombre de Partido Comunista". (Ob. cit. Págs. 12 y 13).

2. En Europa, el desarrollo de la clase obrera había dado origen a importantes instituciones políticas y sindicales íntimamente vinculadas entre sí. El período que siguió al año 1850 fue para las clases trabajadoras un extraordinario período de organización que culminó el año 1864 con la formación de la Asociación Internacional de Trabajadores, mejor conocida en la historia con el nombre de Primera Internacional. Tanto en su origen, como en su desarrollo, Carlos Marx tuvo una importancia decisiva; a él correspondió presentar un Mensaje Inaugural y él también escribió el preámbulo del Reglamento de la Internacional, documento de gran valor teórico.

La Primera Internacional logró un apreciable crecimiento; contaba con secciones en casi todos los países europeos y mantenía vínculos con organizaciones obreras norteamericanas. En su seno, había, sin embargo, falta de unidad ideológica en razón de la heterogeneidad de sus componentes; al lado de representantes del proletariado industrial, había representantes de artesanos, de elementos pequeño-burgueses y también de obreros de países económicamente retrasados como España e Italia. Consecuencia de esto, fueron las distintas corrientes ideológicas que actuaron en el movimiento obrero internacional y en su organismo de dirección.

Estas corrientes fueron: el marxismo, al cual adhirió el grueso del proletariado industrial, el proudhonismo, mezcla de mutualismo, cooperativismo, liberalismo y anarquismo, que tuvo alguna influencia hacia el año 1868 gracias al apoyo que le dispensaron pequeño-burgueses y artesanos, y el bakuninismo o anarquismo, que actuó como elemento de disgregación del movimiento obrero y que contaba con el respaldo de artesanos y de obreros de los países atrasados. Entre estas corrientes, el socialismo científico fue la de mayor fuerza y la que logró prevalecer; sin embargo, el antagonismo que hubo entre ellas fue un factor decisivo para que la Internacional cayera en colapso y finalmente se disolviera en 1876.

"La significación de la Internacional fue enorme. Durante su existencia, relativamente breve, logró organizar el movimiento obrero internacional, popularizó extensamente las ideas del socialismo, esbozó los problemas fundamentales del movimiento obrero e inició a la clase obrera en el problema de la fundación de partidos socialistas. Por último, a ella corresponde el mérito de la lucha encabezada por Marx, contra las influencias pequeño-burguesas sobre la clase obrera, con sus desviaciones gremiales y su sectarismo". (Y. M. Borachov y A. Z. Yonisiani: Historia Universal. 1700 - 1928. Pág. 283).

3. El "anarquismo comunista" es una combinación ideológica hecha a base de las doctrinas de Proudhon y Bakunin, revestida con elementos aislados del marxismo. Esto último se hizo con el objeto de dar al anarquismo cierta consistencia y de hacerlo atractivo. La verdad es que las ideologías socialistas y anarquistas no tienen ninguna posibilidad de enlace; ambas son esencialmente diversas.

4. Malaquías Concha: El Movimiento Obrero en Chile. Revista Económica Nº 11. Marzo de 1888.

5. La Convención Radical del año 1885 tuvo entre sus más destacados miembros a Manuel A. Matta, Enrique Valdés Vergara, Francisco Puelma Tupper, Enrique Mac Iver, Federico Várela, Antonio Alfonso, Juan Castellón, Rafael de la Sotta, Pedro Bannen, Juan de Dios Arlegui, Frutos Ossandón, Abraham Koenig, Abel Saavedra, Juan A. Palazuelos, etc.

6. "La Igualdad", 5 de octubre de 1885.

7. Ibid. 16 de septiembre de 1885.

8. "La Igualdad", 23 de agosto de 1886. Art. titulado "La Unión Obrera", firmado por Nihil.

9. "La Igualdad", 30 de agosto de 1886.

10. De un artículo publicado en "El Porvenir" de Taltal y reproducido en "La Igualdad", el 27 de septiembre de 1886.

11. "Los Ecos del Taller", 30 de julio de 1887.

12. Los Estatutos de la Sociedad, redactados por Malaquías Concha, fueron aprobados el 10 de diciembre de 1886 y, en la parte relativa a finalidades se establecía:

"Art. 3º El objeto de la Asociación es defender, por medio de la cooperación de todos los asociados, los derechos inalienables e imprescriptibles del hombre, propender a la emancipación política, social y económica del pueblo y procurar la vida de fraternidad entre los asociados.

Art. 4º La Sociedad proclama la independencia de la razón como autoridad de autoridades; la soberanía del pueblo como base de toda política, el deber y el amor a la fraternidad como vida moral".

13. "La Igualdad", 18 de octubre de 1886.

14. En un artículo publicado en "La Igualdad", el 12 de octubre de 1885, se decía: "Hay una alianza que el que estas líneas escribe, considera poderosa para poner un dique a la corriente impetuosa del cesarismo que hoy nos invade, y es la unión de comunes esfuerzos entre la clase obrera y la juventud radical, la que por medio de conferencias populares debe manifestar su entusiasmo por la causa de la libertad y de la ilustración del pueblo; y la juventud ilustrada está en el deber de derramar la luz del saber inculcando en la masa común de los obreros el amor al estudio científico y a una sana política".

15. Reproducido en "La Igualdad" el 29 de agosto de 1887.

16. El texto de este documento es el siguiente:

"Art. lo El Partido Democrático tiene por objeto la emancipación política, social y económica del pueblo.

"Art. 2º Para llenar estos fines se propone trabajar por obtener la debida representación en los diversos cuerpos políticos:

Congreso, municipios, juntas electorales, etc.

"Art. 3º Instrucción obligatoria, gratuita y laica. Combinación de la enseñanza literaria con el aprendizaje de algún arte u oficio. El Estado debe mantener en cada capital de provincia, por lo menos, escuelas profesionales y museos industriales.

"Art. 4º Independencia de los municipios y autonomía de los poderes electorales, legislativo, judicial y administrativo.

"Art. 5º Incompatibilidad absoluta de funciones legislativas, municipales o electorales con todo otro cargo público.

"Art. 6º Reducción del ejército permanente y supresión de la guardia nacional; en subsidio, igualdad absoluta de cargas militares.

"Art. 7º Supremacía del Estado sobre todas las asociaciones que existen en su seno. Organización por el Estado de la asistencia pública en favor de los enfermos, ancianos e inválidos.

"Art. 8º Reforma de nuestro régimen aduanero en el sentido de establecer la más amplia protección a la industria nacional, liberando la materia prima, recargando las manufacturas similares del extranjero y subvencionando las industrias importantes, los descubrimientos útiles y los más acabados perfeccionamientos industriales.

"Art. 9º Abolición de los impuestos sobre los artículos de alimentación y el ejercicio de artes e industrias, reemplazándolos Por un impuesto progresivo sobre los capitales que excedan cinco mil pesos". (Publicado en Revista Económica. Nº 9, enero de 1888).

17. "El Porvenir", 28 de febrero de 1893.

18. Ibid., 1º de noviembre de 1892.

19. En "El Pueblo" del 27 de febrero de 1892 se publicó un artículo necrológico con motivo de la muerte del dirigente obrero y democrático Francisco Pino Iglesias. En él, después de reseñarse la trayectoria de Pino, se dice: "Sin embargo, para consuelo de su familia y bien para la democracia y el socialismo, Pino deja un hijo que paso a paso sigue las huellas de su padre..."

20. En "La Igualdad" de Concepción, el 1º de abril de 1893, Peña escribió: "Participando por completo de las ideas emitidas por "El Pueblo", porque ellas son el credo del dogma socialista por que venimos luchando por años..."

21. Publicado en "El Obrero" de La Serena, el 29 de abril de 1893 y reproducido días después en la mayor parte de la prensa democrática.

22. "El Ciudadano", 14 de enero de 1894.

23. "El Ciudadano", 14 de enero de 1894.

24. Ibid., 14 de enero de 1894.

25. Ibid., 14 de enero de 1894.

26. Ibid., 14 de enero de 1894.

27. "El Pueblo", 14 de mayo de 1892. En verdad, esta concentración no fue convocada expresamente para celebrar el 1º de Mayo, sino para discutir "ideas y propósitos de imperiosa necesidad Para el progreso de la Patria, bienestar del pueblo y resguardo de derechos sagrados de los ciudadanos". (Ibid. 30 - IV).

28. Notable es a este respecto la serie titulada "Socialismo Universal", que se empezó a publicar en "El Pueblo" de Valparaíso, en Noviembre de 1892.

29. Suponemos que se ha querido decir "Karl Marx" en vez de "Karr".

30. Articulo firmado por Luis de la Mar y publicado en "El Obrero" de La Serena, el 23 de abril de 1893.

31. "El Josefino" (Órgano de los jotes de Valparaíso): 6 de agosto de 1894

32. "El Obrero" de La Serena informaba, el 27 de abril de 1893:

"Hemos recibido en nuestra oficina el primer número de "El Oprimido", periódico comunista-anárquico que se edita en Valparaíso .

33. A principios de 1893, "El Obrero" de La Serena publicó una serie de artículos firmados por C. J. y S. Martínez titulados "En defensa de mis ideas. Contestación a Luis Peña y Lara", que constituyen una clara exposición de las doctrinas anarquistas.

34. Este folleto posee un carácter polémico y manifiestamente anticlerical; en él se refutan las absurdas y pueriles afirmaciones con que Casanova atacaba al socialismo. Pero, es importante, sobre todo, porque a través de sus páginas se percibe la influencia que el utopismo conservó en nuestro país hasta fines del siglo XIX. El trabajo de Arellano contiene citas de Lerroux, Enfantin, Saint Simón y Cabet; termina con los siguientes párrafos:

"Que nadie se elimine del trabajo; que las leyes tengan por objeto mejorar la clase indigente y establecer progresivamente la igualdad; nada de impuestos sobre la pobreza ni sobre los objetos de primera necesidad y el trabajo; instrucción obligatoria: ¡he ahí lo que necesitamos, lo que pedimos los socialistas!

"¡Nada de monjes inútiles ni de banqueros innecesarios!"

"Trabajar según sus fuerzas, facultades y aptitudes; tal es el deber; consumir según sus necesidades; tal es el derecho económico y científico".

35. La reunión inaugural del Centro tuvo lugar en febrero: "La Democracia" del día 24 dio cuenta de este acto, informando además que la directiva provisoria del Centro quedó formada por Abdón Araya, Manuel Quiroz, Rafael Carranza, Juan Ramón Marchan t, Germán Larrecheda, Juan B. Peralta, Ramón R. Rojas y Víctor Cortés.

36. En la convocatoria a la asamblea que se realizó el 8 de marzo de 1896, se decía: "Compañeros de trabajo: Ninguno de vosotros ignoráis que los ricos, o sea la clase dirigente (pues hay que hablar bien claro) son, según ellos, los únicos individuos privilegiados para regir los destinos del país..." ("La Democracia", 7 de marzo de 1896). Esta asamblea fue preparatoria "...del gran meeting que se proyecta con el fin de pedir al Gobierno protección y trabajo y protestar del mal servicio y abusos que comete la empresa de los carros urbanos". (Ibid., 10 de marzo de 1896).

37. A mediados de 1896, su directiva quedó compuesta de las siguientes personas: Pascual Bravo, José M. Román, Rafael Carranza, Nicanor Vergara, Federico Honorato, Bindor Núñez, Manuel Vargas, Germán Larrecheda, Juan Atenas, Ignacio Carrión y Moisés de la Fuente.

En diciembre de 1896, existían secciones en las siguientes comunas de Santiago: 2, a, 7.a, 8.a y 10.a.

38. La dirección del periódico "El Grito del Pueblo", quedó encargada a una comisión integrada por José M. Román, Carlos Loyola, Rafael Carranza, Nicanor Vergara y Nicanor Riveros.

39. "El Grito del Pueblo", 29 de noviembre de 1896.

40. "El Proletario", 20 de septiembre de 1897.

41. Por ejemplo, ambas organizaron una concentración que tuvo lugar el 15 de diciembre de 1896, en la plaza Vicuña Mackenna, y a la que asistieron como cuatro mil manifestantes.

42. Algunos miembros del Centro Social Obrero, especialmente los que actuaban bajo inspiración anarquista, no se incorporaron a la Unión Socialista y mantuvieron al Centro independientemente. A fines de 1897 su directiva la componían: Rafael Carranza y Nicolás Quijada (secretarios) Miguel Soto (tesorero); y J. Agustín Ibarra, Carlos E. Espejo, Luis Farías Arturo Díaz, Juan Villa, Evaristo Portales, Vicente Leiva, Justiniano Madariaga, Luis Ibarra y Francisco Núñez. (Véase "La Ley", 25 de noviembre de 1897).

43. J. Gregorio Olivares T.: artículo titulado "Buscando la solución". ("El Proletario", 20 de septiembre de 1897). Los editores de este periódico fueron Andrés Acevedo y Germán Larrecheda; su redactor, Luis Olea; en él colaboraban J. Gregorio Olivares T., R. A. Zañartu, Marcos de la Barra, Alejandro Escobar y Carvallo, Ursula Bello de Lerrecheda, A. Araya, Magno Espinosa, Simón Valdovinos, etc.

44. Recalcando esto, en "El Proletario" del 17 de octubre de 1897, se decía: "...hoy la Unión Socialista es una agrupación cuyo principal objeto es propagar y dar a conocer las teorías doctrinarias del socialismo, organizando así la base en que ha de fundarse el partido.

45. El texto del Programa de la Unión Socialista es el siguiente:

"Art. 1º Se funda en Santiago de Chile una agrupación política denominada "Unión Socialista" y que tiene por objeto implantar el socialismo en Chile.

"Art. 2º Trabajar por la unión y protección entre los hombres de trabajo.

"Art. 3º Procurar la organización de cajas de resistencias para los casos de huelgas, solicitando al efecto la cooperación de los gremios en general.

"Art. 4º Abogar por que el trabajo de los obreros no exceda de 8 horas diarias.

"Art. 5º La instrucción del pueblo gratuita y obligatoria.

"Art. 6º Separación de la Iglesia del Estado.

"Art. 7º Instalación de escuelas nocturnas y talleres profesionales en todos los departamentos de la República.

"Art. 8º Fomento de las artes e industrias y fuerte gravamen a los artículos de lujo.

"Art. 9º Abolición de la pena de muerte, azotes y prisión perpetua .

"Art. 10º Reforma del sistema penitenciario, en el sentido de procurar la rehabilitación del detenido.

"Art. 11º (a) Basar el cobro de contribuciones en el tanto por ciento; (b) exceptuar del pago de contribución a los negocios cuyo capital no excede de cien pesos y a los talleres, menor de doscientos pesos, eliminando del avalúo las herramientas manuales cuando el valor de ellas no exceda de esta cantidad.

"Art. 12º Derogación de la ley que declara delito la embriaguez.

"Art. 13º Reorganización de la justicia de menor cuantía responsable y pagada por el Estado. Destitución inmediata de los actuarios de mayor cuantía que no se amolden al arancel judicial.

"Art. 14º Reorganización total de la policía de seguridad como base de garantía para todos los habitantes.

"Art. 15º Fundación de casas protectoras de la infancia y mendicidad.

"Art. 16º Mejoramiento de la higiene y salubridad públicas.

"Art. 17º La igual repartición de los empleos y cargos públicos, sin retención de ellos.

"Art. 18º Estricta observancia de la ley de comuna autónoma.

"Art. 19º División de las propuestas públicas para dar cabida a los pequeños capitales.

"Art. 20º Fundación de un montepío fiscal o municipal en todas las ciudades y cuyo interés por el dinero prestado no exceda de 2%.

"Art. 21º La elección de Presidente de la República será directa.

"Art. 22º Las funciones de los diputados, senadores y municipales será rentada.

"Art. 23º Supresión del militarismo bajo la base del desarme universal.

"Art. 24º El Presidente de la República no tendrá ninguna facultad extraordinaria.

"Art. 25º La Constitución del Estado de acuerdo con las doctrinas socialistas.

"Art. 26º Se declara que este Programa es secundario y sólo adoptable a la Unión Socialista, pues cuando se inaugure como Partido habrá que aceptar el programa universal". ("El Proletario", 17 de octubre de 1897).

46. La sede de la Unión Socialistas estaba en San Pablo 213'. Allí, el 17 de octubre de 1897 se dictaron las siguientes charlas:

"El militarismo y el socialismo", por Luis Olea; "El socialismo y la religión", por Ricardo Zañartu; "Las huelgas", por J. Gregorio Olivares; y "Unión y protección mutua", por Andrés Acevedo.

47. De un artículo publicado por Úrsula Bello de Larrecheda en "El Proletario", el 10 de octubre de 1897. En otros párrafos, este artículo decía:

"¡Arriba compañeros! La lucha está empeñada. ¡Luchad hasta vencer! Defendamos nuestros derechos tantos años usurpados por la mano enguantada del burgués.

"Nosotras, las que hemos cifrado nuestro porvenir y bienestar en la ruda labor de los hombres de trabajo, las que soportamos las injusticias y desigualdades del actual régimen social, nos adherimos entusiastas a la falange de los nuevos redentores de la humanidad: los socialistas.

Otro artículo de A. Araya M., publicado en el mismo periódico, decía:

"Sí, Revolución Social, es la que todos los pueblos persiguen, porque es una necesidad que se impone a toda otra para atacar de frente al monstruo absorbente de la burguesía.

"Esa hiena que no sacia nunca su sed de sangre y de exterminio contra el proletariado.

"Pero la hora de la venganza se acerca; sagrada idea del socialismo, tú surgirás!!

"Ya es un hecho consumado; esa doctrina sublime ha conquistado a todos los proletarios del mundo entero, porque esa doctrina y esa bandera simbolizan las más puras glorias de libertad y justicia.

"Por eso nosotros, los proletarios chilenos, nosotros los explotados, corremos presurosos a cobijarnos bajo esa bandera regeneradora.

"Cansados ya de nuestra esclavitud, porque hablemos claro, no somos otra cosa que el humilde instrumento del despotismo burgués, o sea de los amos señoriales de nuestra individualidad .

"Adelante compañeros de sufrimientos en la grande idea del socialismo; unámonos como un solo hombre para rechazar esta sociedad explotadora.

"¡Viva el socialismo!

"¡Viva la Revolución social!"

48. "La Ley", 18 de octubre de 1897.

49. "La Unión Socialista sesionó ayer, a las 2 P. M. presidida por el miembro Olea y con asistencia de 148 asambleístas. "Se tomaron los siguientes acuerdos:

"1º Proclamar la constitución del Partido Socialista. "2º Recomendar a los secretarios que contesten a la brevedad las correspondencias de Buenos Aires, Valparaíso y Chillan, insinuando en estas últimas la conveniencia de que los socialistas se organicen en grupos con el objeto de preparar una convención si es posible antes del 1º de mayo.

"3º Se nombró una comisión compuesta de los miembros de la Barra, Acevedo y Orellana, para que se pongan de acuerdo con las delegaciones de otras agrupaciones que han manifestado su adhesión a la Unión Socialista". ("La Ley", jueves 9 de diciembre de 1897).

50. "La Tromba", marzo de 1898.

51. José Gregorio Olivares Toledo fue un joven dirigente obrero, hijo de Hipólito Olivares Mesa. Militó en la Agrupación Democrática de Santiago de la cual fue elegido secretario en febrero de 1896. Sus inquietudes lo llevaron a vincularse a la Unión Socialista, de la cual, junto con su padre, fue uno de los más entusiastas dirigentes. Organizado en 1897 el Partido Socialista, fue designado presidente de su Comité Ejecutivo. Se mantuvo leal a los principios socialistas, de manera que cuando la mayor parte de los dirigentes de este partido se desvió hacia el anarquismo, él se marginó de la organización reintegrándose -según parece- al Partido Democrático, en el que luchó por sus convicciones socialistas. Colaboró en numerosos periódicos obreros, entre ellos en "El Ají", "El Proletario", "El Rayo", "El Martillo", "El Primero de Mayo" y "La Lucha de Clases". Fue también autor de numerosos folletos tales como "Las ocho horas de trabajo" y "La Confederación Obrera y su obra". Tuvo también una intensa actividad gremial, ya que fue miembro de las sociedades Igualdad y Trabajo, Unión de Artesanos, Confederación Obrera y otras. Falleció en septiembre de 1900, a los treinta años de edad, más o menos. Algunos datos biográficos de J. Gregorio Olivares T. se pueden encontrar en "La Aurora", del mes de mayo de 1903.

52. El texto del Programa del Partido Socialista es el siguiente:

"1º La unión y protección mutua entre los hombres de traba-

jo.

"2º Jornada de 8 horas para los adultos y 6 para los niños de 12 a 15 años, y prohibición de todo trabajo industrial a menores de 12 años.

"3º Supresión del trabajo nocturno en los talleres y fábricas

o en su defecto, doble remuneración.

"4? A igualdad de producción, igualdad de salario.

"5º Atención preferente a los trabajadores agrícolas y mineros .

"6º Creación, por medios electivos, de consejos departamentales compuestos de patrones y trabajadores, para vigilancia de fábricas y talleres, y para solucionar conflictos que sobrevengan entre unos y otros, rentados por el Estado.

"7º Responsabilidad efectiva de los patrones en accidentes del trabajo.

"8º Impuesto directo y progresivo sobre la renta y fijación de un máximum de la fortuna individual.

"9º Abolición de los monopolios y privilegios; división de toda propuesta pública y concurrencia pública a ella.

"10º Protección eficaz a las artes e industrias, y fuerte gravamen a los artículos de lujo.

"11º Instrucción laica, gratuita y obligatoria, creación. de escuelas e institutos nocturnos, talleres profesionales y agrícolas en todos los departamentos de la República, sostenidos por el Estado.

"12º Mejoramiento de la higiene y salubridad pública por

medio de dispensarios gratuitos, con asistencia diaria de médicos rentados y medicinas a disposición de las clases pobres, en cada comuna del departamento.

"13º Fundación de casas protectoras de niños desvalidos y ancianos y prohibición en absoluto de la mendicidad.

"14º Supresión de todo pago por derecho de sepultación.

"15º Instalación de montepíos fiscales en todos los departamentos de la República, cuyos préstamos no podrán exceder de un 2% mensual y con plazo de un año para las restituciones.

"16º Abolición de la pena de muerte, azotes y prisión perpetua; reforma del sistema penitenciario reemplazando las cárceles por establecimientos o colonias penales, industriales, agrícolas o profesionales.

"17º Igualdad de instrucción y de derechos civiles al hombre y a la mujer.

"18º Separación de la Iglesia y del Estado.

"19º El poder judicial elegido por votación popular y por tiempo determinado. La justicia de menor cuantía gratuita y costeada por el Estado.

"20º Las funciones legislativas rentadas.

"21º Absoluta libertad de imprenta.

"22º Sufragio universal.

"23º Severo castigo del fraude, cohecho electoral y juego d& bolsa.

"24º Supresión de toda facultad extraordinaria al Presidente de la República.

"25º Reorganización de la policía, bajo una base de garantía para todos los ciudadanos.

"26º Supresión de ejércitos permanentes.

"27º Revocabilidad de los representantes en caso de no cumplir el mandato de sus electores.

_"28º El Partido, para dar cumplimiento a este programa, trabajará por todos los medios legales para "llevar a la representación nacional el mayor número de representantes". ("El Martillo", 3 de julio de 1898).

53. Lenin: La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. Obras completas. Edición Problemas. Tomo IV. Pág. 333.

54. "El Jornal" de Iquique, el 8 de agosto de 1893, publicó un artículo de Kropotkin titulado "La Cuestión Social", en que se impugnaba al socialismo calificándolo de doctrina que "...tiene el inconveniente de conducir al pensamiento al error en la abstracción, en lugar de llevar los hechos al terreno práctico que buscamos". En "El Pueblo", el 31 de marzo de 1894, se empezó a publicar una serie de artículos de Kropotkin bajo el título de "El bienestar para todos".

55. LIBERTARIA. A Ignacio Herrera.

Cuando más me atormentan mis pesares

y me hiere implacable, el cruel dolor

yo pienso en la dulzura de una vida

sin Dios, ni leyes, ni amistad ni amor...

Que el Dios es creación de los idiotas

y látigo, la ley, de la opresión;

la amistad una utópica palabra

y una farsa ridícula el amor.

Por eso, cuando sufro y desespero

amo la vida en sepulcral mansión

donde todos los hombres son cadáveres

y no hay ni leyes, ni amistad, ni amor.

("La Campaña", 1ª quincena de septiembre de 1899)

HASTÍO

Busco en el mundo nuevos placeres

y el mismo hastío vuelvo a encontrar;

odio y maldigo a todos los seres

que son la causa de nuestro mal.

Yo vago errante, sólo en el mundo

voy predicando la Rebelión

de la Injusticia el dolor profundo

emanciparme es mi ambición.

¿De qué me sirve a mí vivir

sin que jamás pueda gozar?

¿si eternamente yo he de sufrir

y tendré siempre que vegetar?

Maldigo el día poco envidiable

en que mi padre me fue a engendrar

dándome vida tan miserable

en este mundo tan criminal...!

("La Campaña", octubre de 1899.)

56. "El Ácrata", 1º de febrero de 1900.

57. Federico Urales: Nuestro Socialismo. Art. publicado en "La Campaña", en septiembre de 1900.

58. Alejandro Escobar y Carvallo era un joven de extracción pequeño-burguesa que se sintió cogido por el movimiento socialista de la última década del siglo pasado. Miembro de la Unión Socialista, secundó los propósitos de quienes deseaban constituir un partido político de la clase obrera. Influenciado por el marxismo, se preocupó por difundir esta doctrina; entre los escritos que elaboró en esta etapa de su larga y confusa trayectoria ideológica, merece recordarse uno publicado en "El Proletario", el 10 de octubre de 1897, en el que decía: "La solución de estos grandes problemas, es la que tiene en su programa el Partido Socialista, partido universal compuesto de los hombres que trabajan para vivir, de los hombres que no roban, por medio del capital, producto del trabajo de otros hombres. Para llegar a la meta de sus designios, el Partido Socialista proclama: "la conquista del Poder". La conquista del poder no se hará por la guerra de cada explotado con su explotador (atentado) ni por la de todos los explotados contra todos los explotadores (rebelión), sino por la científica aplicación combinada, de las leyes naturales de Carlos Darwin, con las leyes económicas de Carlos Marx..."

Las convicciones socialistas de Escobar no podían ser muy firmes; desde luego, su calidad de pequeño-burgués constituía un obstáculo para que se identificara totalmente con la ideología del proletariado; por otra parte el hecho de que el movimiento socialista no llegara a ser efectivamente un partido de masas, un partido estrictamente proletario y combativo, fue un factor que impidió que en el espíritu de Escobar se arraigaran y purificaran sus convicciones socialistas. Esto explica que lo hubiera seducido la brillante pero inconsistente propaganda anarquista y utopista, posición a la que lo vemos adherir a fines de 1898 y de la cual llega a ser uno de los más genuinos exponentes en los primeros años de este siglo. Sus renuncios ideológicos son tan serios, que llegó a afirmar que "la idea cooperativa nació de la necesidad de sustraerse a la explotación burguesa y de implantar el comunismo ..." ("La Campaña", noviembre, 1900).

59. "El Trabajo", 28 de febrero de 1899.

60. "El Trabajo", 26 de febrero de 1899.

61. La importancia que justamente se atribuyó a la propaganda está muy bien expresada en los siguientes párrafos de un artículo publicado en "El Socialista" el 1º de octubre de 1901:

"Los partidos que no propagan su doctrina se enervan... Las masas que no palpitan ni levantan su bandera, son la carne permanente del abuso... Se necesita la propaganda del taller, de la calle, de la plaza pública para conseguir las anheladas ocho horas de trabajo y la equitativa remuneración del mismo.

"Para que la idea socialista se dilate es preciso que cada uno de los afiliados la pregone; la pregone en el círculo, la pregone en el hogar, la pregone entre los compañeros y donde quiera que haya una tristeza o una miseria social. Todos deben aportar algo al éxito. Los unos, su voz convencida, los otros, su consejo, éstos su experiencia, aquellos su ciencia o su pluma, todos su grano de arena, su partícula de labor, su palabra de aliento y de solidaridad.

"Para que la doctrina se haga fuerte y popular hacen falta las escuelas del partido. El árbol destinado a dar sombra y frutos Para el futuro, debe ser regado desde pequeño... Hay una moneda que se llama centavo de la propaganda. Es el óbolo que el obrero debe a su partido y a su doctrina. El centavo que acumulado forma la caja del partido... El socialismo es un campo casi virgen en Chile..."

62. "El Socialista", 17 de noviembre de 1901.

63. Este programa se encuentra publicado en todos los números de "El Socialista" del año 1902.

64. Se preconizaba la "...posesión del poder político por la clase trabajadora y transformación de los instrumentos de trabajo en propiedad colectiva, social o común". ("El Obrero", 26 de diciembre de 1897). Luego se reconocía que "...la lucha de clases se desarrolla donde quiera que existan burgueses y proletarios..." (Ibid., 2 de enero de 1898).

65. Este documento dice así: "El Partido Demócrata-Socialista se constituye con el objeto de propender a la abolición de todos los privilegios, a la realización de una existencia humana para todos y al establecimiento de un sistema social en que todos trabajen para la colectividad.

"El Partido Demócrata-Socialista considera:

"Que el desarrollo de la producción moderna, resultado de la aplicación de los descubrimientos científicos en las diversas ramas de la industria, tiende a socializar el trabajo y aniquila el esfuerzo individual bajo la presión del esfuerzo colectivo;

"Que en virtud de las necesidades de la gran producción, tiende igualmente, con la mayor división del trabajo, a transformar la capacidad técnica de los trabajadores con gran perjuicio de estos últimos;

"Que la socialización de la producción bajo el régimen actual de propiedad concentra toda la fortuna social entre las manos de la clase capitalista, y entrega a los trabajadores a una explotación moral y física cada vez más intensa;

"Que a consecuencia de las condiciones económicas de la sociedad actual, la clase obrera no podrá emanciparse de la dominación del capital sino socializándole y restituyendo a la colectividad la materia y los instrumentos de trabajo.

"Considerando además:

"Que siendo la emancipación económica de la clase trabajadora inseparable de su emancipación política, todos los esfuerzos y energías de esta clase deben tener por objeto inmediato:

"Obtener por todos los medios en su poder la mayor suma posible de propiedad colectiva, como contrapeso a la acumulación capitalista;

"Tener representación en todas las manifestaciones políticas y sociales, organizándose para adquirir el poder político que sirva como punto de partida de una organización social en la cual cada trabajador gozará de una mayor y más proporcionalmente justa suma de bienestar.

"Y considerando, por último, que la evolución social originada por la transición del régimen capitalista al régimen colectivista demanda los esfuerzos aunados y conscientes del proletariado entero constituido en partido de clase, el Partido Demócrata Socialista, como medio de organización y de lucha para la realización de esos fines sostiene:

"1. El mantenimiento y defensa de todas y cada una de las libertades civiles, políticas y municipales hasta hoy alcanzadas.

"2. Afianzamiento y extensión de esas libertades por medio de la práctica del referéndum y de la iniciativa popular, en la forma establecida en la República Suiza.

"3. Educación integral. La instrucción primaria laica y las nociones elementales de un arte, oficio, ramo de industria o comercio deben ser obligatorias y gratuitas para los varones menores de quince años y mujeres menores de trece y será recibida en los establecimientos fiscales y municipales.

"4. Al Estado y al Municipio corresponde la Asistencia Escolar Primaria, otorgada en su más amplia extensión.

"5. El Estado y el Municipio deben organizar y mantener la enseñanza industrial y comercial aplicable a las industrias extractivas, agrícolas, manufactureras y fabriles, creando los institutos técnicos superiores especiales y regionales; así como las escuelas profesionales y bibliotecas de artes y oficios que correspondan a las condiciones económicas y etnográficas de la nación.

"6. Los trabajadores de ambos sexos deben ser amparados y protegidos por la legislación bajo los principios siguientes:

"a) El trabajo de los menores de quince años debe ser prohibido; y el de la mujer particularmente reglamentado.

"b) Fijación de mínimum de salario y su condición de no embargable.

"c) Limitación legal de la jornada de trabajo a ocho horas y descanso dominical obligatorio"......

66. En febrero de 1901, Guido Anatolio Cartei, redactor de "La Vanguardia", órgano del Partido Socialista Argentino, escribió a Recabarren refiriéndose a la actitud de los trabajadores frente a las cuestiones de límites entre Chile y Argentina. Recabarren, comentando la comunicación de Cartei, expresó que el Partido Democrático chileno era equivalente al Partido Socialista argentino; y decía que en Argentina "...no existe el Partido Democrático, pues los obreros al constituirse ese Partido tomaron el nombre de Socialista, y se ha formado en la misma forma que el nuestro y su programa es muy parecido al nuestro..." ("La Democracia", 17 de mayo de 1901).

67. "El Despertar de los Trabajadores", 6 de julio de 1912.

68. En los precisos momentos en que revisaba las pruebas de este libro, llegó a mis manos el de J. C. Jobet, titulado "Recabarren. Los orígenes del movimiento obrero y del socialismo chilenos". Estimo necesario referirme a un subcapítulo de este trabajo; Ubicación e influencia de Recabarren. (Págs. 69 a 73).

Jobet, ofuscado por sus violentos y jamás disimulados prejuicios anticomunistas, pretende que ningún nexo queda entre la figura y la acción de Recabarren y el Partido Comunista de Chile; incluso llega a sostener que este Partido ha negado a Recabarren sus mejores cualidades y lo ha rebajado ante sus militantes y amigos.

Pues bien, al hacer estas antojadizas afirmaciones, Jobet deliberadamente olvida o reduce al mínimo un hecho: el mismo Recabarren consideró que su obra maestra fue la fundación del Partido Comunista de Chile. Por eso es que en este Partido militan los discípulos y los mejores camaradas de Recabarren; por eso mismo es que en este Partido se mantienen inalterables el recuerdo por Recabarren y la admiración por la obra grandiosa que realizó; y por eso también en ese Partido está vivo lo más valioso del espíritu de Recabarren: la lealtad a la clase trabajadora, lealtad que no está limitada por vacilaciones, claudicaciones ni concomitancias de ninguna especie con los enemigos del proletariado.

69. Mariano Casanova: Obras Pastorales. Pág. 286.

70. Ibid. Pág. 287. Llama la atención que maliciosamente el documento arzobispal transforma la proposición marxista contraria a la propiedad privada sobre los medios de producción, en proposición contraria a la propiedad privada en general.

71. Ibid. Pág. 287.

72. Mariano Casanova: Obras Pastorales. Pág. 288.

73. Ibid.

74. Ibid. Pág. 289.

75. Ibid. Págs. 289 y 290.

76. Del discurso pronunciado por Guillermo Viviani en la Convención Conservadora de 1895. Pág. 69.


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