Desarrollo económico - social de Chile

Desarrollo económico - social de Chile
Ensayo crítico

Julio César Jobet

PROLOGO
Hugo Zemelman

SEMBLANZA BIOGRÁFICA
Osvaldo Arias Escobedo

Centro de Estudios del Movimiento Obrero
Salvador Allende
Casa de Chile
México 1982


PRESENTACIÓN

En 1981 se cumplieron 30 años de la primera edición del Ensayo crítico del Desarrollo Económico-Social de Chile, de Julio César Jobet, obra pionera de la historiografía chilena.

Ese mismo año, murió Jobet a los 69 años de edad, legando al pueblo chileno una vasta obra intelectual y política.

El Centro de Estudios del Movimiento Obrero Salvador Allende, se propuso promover la reedición de su principal aporte a la historiografía chilena como un homenaje a su tesonera labor ideológica junto a los trabajadores chilenos.

Casa de Chile, en México, se solidarizó con la iniciativa y compartió el patrocinio del proyecto. Agradecemos a su Director, Hugo Miranda esta colaboración, aporte que permitirá a estudiosos de la realidad chilena disponer de un valioso instrumento de información y análisis. El texto que ponemos en circulación es facsimilar de la segunda edición chilena realizada por la Universidad de Chile en 1956. Ha sido complementado por una breve semblanza biográfica escrita por Osvaldo Arias Escobedo y un nuevo prólogo perteneciente a Hugo Zemelman.

México D.F., septiembre, 1982


PROLOGO

Hugo Zemelman (1)

El Ensayo Crítico del Desarrollo Económico-social de Chile, aparece publicado en 1951 cuando se marca un hito en la historiografía chilena. Es el año en que nace la nueva historia como reacción a una interpretación domeñada por un pensamiento oligárquico como el de Francisco A. Encina y Jaime Eyzaguirre que se ha expresado, como lo señala Sergio Villalobos, en una "percepción falsa e incompleta del pasado de Chile predominante hasta mediados del siglo actual".

Chile, país de historiadores, como se ha acostumbrado decir, ha sido el sujeto de una historia reducida al simple relato que le ha "quitado estatura a la historia..., de suerte que el vasto repertorio de hechos no constituyen líneas claras que sirvan de base a la interpretación" (2) .Contra esta deformación reaccionan libros como el de Jobet para romper con la ficción de la esfera de lo político como un acontecer autónomo y que por sí mismo explica el acontecer histórico.

La historia escrita por la burguesía ha sido una historia jurídica y de acontecimientos en que se encamaron valores ideológicos como el hispanismo de Jaime Eyzaguirre y el peluconismo tardío amante de los gobiernos fuertes de un Alberto Edwards, pasando por la interpretación racista de Francisco A. Encina con base en que el protagonismo histórico ha descansado en la aristocracia castellano vasca.

La idea del estilo portaliano de gobernar entronizada en la ideología oficial del actual Gobierno Militar encuentra su antecedente en la obra de algunos de estos intérpretes del desarrollo nacional, como es el caso de Edwards quien ve en el gobierno fuerte "al estilo portaliano " la recuperación de las viejas categorías que habían hecho grande a Chile.

La nueva historia de los años cincuenta se edifica sobre los cimientos de una interpretación más estructural de los hechos sociales y económicos "cediendo el paso la historia de acontecimientos a una historia centrada en temas", con lo que se abandona la "linea preferentemente política o la historia general para profundizar en los hechos" a través de la investigación monográfica que se inicia con fuerza desde mediados del siglo. A este contexto pertenece el libro de Jobet.

Este cambio de enfoques se acompaña con mayor rigor metodológico en la nueva generación de jóvenes historiadores que, egresados de la Facultad de Filosofía y Letras, han asimilado el marxismo y los métodos cuantitativos de análisis, no sólo como concepción del mundo y de la sociedad sino como forma de análisis y de construcción del conocimiento histórico.

"El cambio histórico es entendido en función de las variaciones estructurales ", para lo cual se vigoriza el esfuerzo de penetrar en el conocimiento de distintos aspectos estructurales hasta ese momento desconocidos, como ser la estructura de la propiedad agrícola, la relación entre economía y grupos sociales, el trabajo indígena, el peonaje y el inquilinaje, el comercio, el movimiento obrero, etc. De esta manera se abre el umbral para una recreación histórica original organizada en base a una mayor riqueza de material que pretende dar cuenta de la realidad como un todo complejo. Se abandona la antigua perspectiva de reducir la historia a lo episódico a lo que pueda derivar de la acción de los individuos. Se comienza a poner mayor atención en la dinámica estructural que en última instancia explica el conjunto del movimiento de la sociedad.

Desde otro ángulo, la historia deja de estar centrada en la historia capitalina o del valle central del país, donde se asentaran las familias coloniales y que fueran las protagonistas de la historia republicana del siglo XIX. Se ensancha el horizonte del análisis hasta incluirá "la totalidad del territorio para que los hechos regionales estén presentes en la historia nacional". Comienza a forjarse un nuevo concepto de sociedad nacional, más complejo y objetivo que resulta de los conflictos entre las clases y el papel de las distintas regiones del país en el contexto conformado por la economía y la cultura. Lo que exige del historiador mayor sofisticación en el análisis y una toma de conciencia de lo hecho en historiografía hasta el momento.

En la Introducción a su libro, y en otros trabajos (3) Jobet, formula su pensamiento. Es importante señalar que asume una posición claramente comprometida y militante, de manera que su historia reconoce explícitos supuestos ideológicos sin que ello signifique su aceptación dogmática.

Su opinión sobre la historiografía anterior es contundente cuando afirma que ésta ha "sido escrita por cronistas de familia, por vulgares disecadores de hechos y hombre o por escribas cortesanos" por lo que "nada trascendental y cierto ha dicho sobre el tiránico, negativo y tartufo papel desempeñado por los privilegios hereditarios en una república democrática de ficción, pero de contenido feudal y burgués". En forma particular, respecto de Encina y Edwards emite opiniones desde su posición combativa. A Encina dedica un ensayo en el que afirma su orientación se desprende "un fuerte desprecio hacia el pensamiento y la acción democrática que han permitido el desarrollo progresivo del país... No es de extrañar que esta nueva Historia de Chile sea el arsenal histórico de los grupos reaccionarios del país " (4).

Encuentra grandes identidades con el pensamiento de Edwards cuya influencia y de su maestro Spengler, "es manifiesta en toda la creación enciniana". Opone a la concepción encimaría, que concede "una importancia exagerada a la sicología en la explicación de los fenómenos sociales y políticos", la explicación materialista histórica de la sociedad que asimila en su vertiente metodológica y política con un alto grado de compromiso personal.

En su ensayo "Los problemas de la Historia" (5), sintetiza su opinión acerca del marxismo en los siguientes términos: "Para Marx no es la idea, no es lo espiritual ni lo divino, lo que constituye la fuerza de la evolución, sino que esta fuerza reside en la materia. Afirma que el estado económico de un pueblo es el que determina el estado social y este, a su vez, su estado político, religioso e intelectual. El estado económico tiene su causa y esta causa fundamental de toda evolución histórica, es la lucha que el hombre sostiene con la naturaleza para asegurar su existencia ". Sin embargo se resiste a una interpretación de carácter determinista económica "que hace automático el proceso histórico". De aquí su valoración de los aspectos culturales y también sicológicos de un pueblo para alcanzar la plena comprensión de una sociedad, a pesar de sostener que el "materialismo histórico, en el fondo, no es otra cosa que la tentativa de aplicar los métodos científicos generales al estudio de los fenómenos históricos " con lo que parece diluirse la especificidad de la historia y de sus métodos de análisis. El ultimo apartado del Ensayo está dedicado a una reflexión sobre el carácter moral, cultural y sicológico de la sociedad chilena. Habla de la "decadencia moral en las diversas clases sociales, pero más fuerte en los sectores dirigentes todo lo cual determina la existencia de una permanente y honda pugna de clases sociales antagónicas y trastornos cotidianos" que se expresa en el "predominio de una politiquería eunuco y bastarda ". (p. 231)

Es indudable que en Jobet se combina en su asimilación del materialismo histórico la herencia del positivismo (que es la tendencia dominante en historiografía desde Diego Barros Arana), que se refleja en la ausencia de una reflexión acerca de la particularidad del marxismo como metodología de análisis, con su posición crítica frente al movimiento comunista internacional dominado en la época por el estalinismo y su pertenencia a un movimiento revolucionario de orientación marxista pero nacional como es el Partido Socialista de Chile en el que milita desde su fundación, lo que lo lleva a desarrollar una concepción ética del socialismo inherente a su acendrado humanismo.

Jobet es un humanista revolucionario para quien los valores del individuo como ser social no pueden perderse en la perspectiva de ningún proceso de cambio por violento que sea, lo que se transparentó en su comportamiento como hombre y estudioso. De esta manera procura enriquecer su concepción del marxismo cuando sostiene que en el desenvolvimiento de la historia no solamente influyen las necesidades materiales sino que también cumplen "un rol importante las teorías políticas, que responden a una concepción racional de la sociedad; e, igualmente, la voluntad humana, o sea el hombre muchas veces más allá de su pertenencia de clase y de sus exigencias materiales se mueve por aspiraciones, pasiones, instintos, que en un momento dado ocupan su existencia hasta provocar acciones trascendentales, desligadas de motivos puramente económicos, como son el heroísmo, la santidad, el honor, la amistad y muchos aspectos de la creación estética", (p. 17)

Comparte con Mondolfo la opinión de que "no hay una dialéctica fatal y automática de las cosas sobrepuestas al hombre, sino que hay siempre la lucha de los hombres hacedores de la Historia", ya que "la propia economía es una creación del hombre, y todo el movimiento y desarrollo de la historia es un intercambio continuo y reacción recíproca de efectos que se transforman en causas y de causas que se convierten en efectos ".

Desde esta perspectiva, reitera su critica de la historiografía chilena al sostener, citando a Guillermo Feliú Cruz que nos ha hecho "creer que somos un pueblo superior. Nuestras virtudes aparecen dominando, avasalladoras sobre las lacras de nuestros vicios", por cuanto la historia escrita "sólo sirvió siempre para fortalecer las pretensiones de una casta y asegurar su posición. No rozó la epidermis del gran pueblo ". La misma oligarquía chilena se ha complacido en ver reflejada en la historia "las altas glorias de sus antepasados". De ahí que concluya que "no es un juicio aventurado afirmar que la historia de Chile está por hacerse. Hasta el presente no ha sido más que el relato de los grandes magnates del país y la crónica de la clase pudiente, cuyos privilegios ocupan el sitio preponderante como si no existiera nada fuera de ellas... Es necesario, por eso, llevar a cabo la historia del pueblo chileno, cuyas condiciones de vida se han desconocido, para destacar el papel decisivo y fundamental que ha jugado en la evolución de la nacionalidad", (p. 15)

Pretende una reacción esclarecedora de la permeación dominante. Embiste en contra de las falsificaciones y mitificaciones que han impedido ver nuestra realidad. En este sentido es posible que la crítica más significante, que caracteriza a toda la nueva historia que nace de los cincuenta, es la que se refiere al régimen político vigente en Chile. "La democracia que ha imperado ha sido limitada, formalista y falsa, pues existe en el papel, y no en la práctica, caracterizándonos como a un país de simuladnos políticas. Así se habla del respeto a la voluntad popular y se veneran al Ejecutivo y al Parlamento como poderes públicos de alta calidad democrática, pero todos los grandes partidos políticos asientan su dominio sobre un electorado reducido, en relación a la masa de la población, y éste convertido en mesnada, que solamente entrega su sufragio a quien le paga más". O bien, cuando al analizar la acción de los partidos avanza juicios categóricos acerca del carácter clasista de la legalidad ya que estos han centrado su "preocupación en mantener y defender privilegios económicos de una reducida minoría, bajo una apariencia de régimen democrático, y establecer una inocua tradición de respeto a la ley, que no es más que respeto a la oligarquía dominante", (p. 25)

Este análisis ha supuesto una previa caracterización de la clase dominante en cuyo esbozo se sintetiza un cuadro completo de la sociedad chilena.- "Pocas clases dominantes más egoístas, tartufos y crueles que la oligarquía chilena. Ha mantenido el latifundio y el inquilinaje feudales, negándose a toda reforma agraria democrática; ha desvalorizado sistemáticamente la moneda; ha entregado las materias primas al capital extranjero imperialista; ha creado una incipiente y artificial industria en forma de monopolios abusivos; ha dominado el crédito con fines de lucro, por medio de bancos de su absoluto control; ha mantenido al pueblo laborioso en misérrimas condiciones de vida; ha impedido el funcionamiento de un sistema político democrático verdadero, y ha generado un estado de desmoralización total" (p. 20). Se podría decir que estos constituyen los aspectos con los que Jobet construye su análisis histórico: desde los internacionales hasta los estrictamente nacionales, los económicos y los culturales; los procesos estructurales hasta los políticos y sicológicos.

Su método de análisis puede a veces incurrir en sesgos valorativos pero nunca se podría decir que caiga en la deformación del reduccionismo. Se podrían, a este respecto, mostrar diferentes análisis de situaciones histórico concretas en las que se puede apreciar el esfuerzo por un análisis totalizante. Por ejemplo, al analizar el triunfo de Alessandri en las elecciones presidenciales de 1920, además de ubicarse en el tras fondo determinado por el desarrollo de la economía, se efectúa al análisis del hecho político, como situación coyuntural, y la de los personajes en su rescate como actores de la historia.

En efecto, dice Jobet, "en este año de 1920, se presenta una de las coyunturas sociales y políticas más dramáticas del país. La crisis de postguerra, el crecimiento del movimiento obrero y la agitación de las capas pequeño-burguesas, las especulaciones desenfrenadas de la clase dominante y la ineptitud del Gobierno, crean un clima político de hondas resonancias que se traduce en la quiebra del gobierno de la oligarquía" (p. 156); lo que se completa con el retrato de Alessandri que "interpretó sus confusas esperanzas y sus anhelos reivindicacionistas, en un lenguaje abundante, demagógico y confuso como las aspiraciones de las masas" (p. 157). Otro tanto con el estudio del golpe militar del 5 de septiembre de 1924, que hace posible la primera legislación laboral, en el que los militares a través de la inquietud de la joven oficialidad son los portavoces de las inquietudes populares y de las capas medias producto de la crisis que es caracterizada mediante la incorporación de elementos económicos, políticos y morales. "La aristocracia dominante, dueña del Estado, había sufrido... una gravísima transformación. La riqueza del salitre la pervierte y corrompe unciéndola al carro del imperialismo y la incrementa con nuevos elementos sociales, de costumbres amorales y de anhelos insaciables. Esta oligarquía, antaño sobria y honrada, pierde tales atributos y desde finales del siglo pasado el fraude entra en todas partes" (p. 167). Tras fondo que favorece que la Junta Militar "formada por fe fes de alto grado, viejos y ligados a la clase dirigente en desacuerdo y pugna con el sentimiento de la oficialidad revolucionaria pronto se entregue a los intereses y caudillos de la plutocracia".

Procura destacar las mediaciones político-culturales y las de los dirigentes, líderes y caudillos, en la orientación que asumen los procesos históricos. La importancia de la figura de Recabarren para la comprensión del movimiento obrero de la época también es digno de destacarse. Allí no sólo se destaca la influencia sino que la connotación que tiene sobre el contenido y orientación del líder sobre los movimientos sociales, ya que "por sobre partidos y tendencias, Recabarren es un precursor genuino del socialismo y del movimiento obrero chileno con perspectivas americanistas "(p. 172). Es interesante reparar en afirmaciones como estas, muy frecuentes en Jobet y, en general, en todos los historiadores comprometidos con un proyecto político-ideológico, pues se encuentran articuladas proposiciones que relacionan elementos de la sociedad y, a la vez, incorporan al análisis concreto la idea de dirección de los procesos. Noción de dirección que no responde a un simple juicio de valor sino a un ángulo de reconstrucción de la historia en devenir según la posibilidad objetiva planteada por la acción de un sujeto. Es el caso de nociones como "socialismo" y "americanismo" asociados al fenómeno "movimiento obrero". Lo que hace de la investigación de Jobet un trabajo esencialmente político y ensayístico en el sentido de su aspiración a la síntesis interpretativa. No hay propiamente una disección de hechos (contra cuya carga positivista se rebela) sino que la búsqueda de una linea central del desenvolvimiento histórico cimentada no sólo en la acción de la clase sino en sus proyectos históricos.

Los juicios en Jobet son juicios de opción por cuanto a pesar de efectuar sus recortes en función de procesos estructurales estudia al interior de estos las coyunturas políticas y el papel de los personajes. Nunca se desprende de su elección político ideológica que le sirve de base tanto para adentrarse en profundidad en la realidad como para emitir opiniones valorativas.

Su afán por no perder una visión totalizante de la realidad lo lleva a rescatar como principio heurístico (consustancial al materialismo dialéctico) el respeto por la particularidad de las situaciones históricas. Su crítica al estalinismo es una expresión de lo que decimos en cuanto a esa conjugación de opinión valorativa y rescate de la concreción. "El Partido Comunista (chileno), cegado por un sectarismo intransigente, no logra agrupar a las masas. Vive desligado de nuestra realidad objetiva, sirviendo fielmente las orientaciones de la III Internacional. Desde esta época el comunismo ha evidenciado su desprecio por la idiosincracia de los pueblos, de sus defectos y virtudes; su rechazo a interpretar las ideas particulares y modalidades específicas que forja la vida diaria de los hombres en las diversas partes del globo; su insistencia para trasladar conceptos, juicios y fórmulas hechas para realidades y mentalidades distintas; su incapacidad para ser intérprete honrado y sincero de los deseos y aspiraciones de las masas de cada nación " (p. 181). Posición que necesariamente lo conduce a defender la idea de un Partido Socialista, que reconociendo los "principios del socialismo científico, como fundamento filosófico y político de su programa... enfoca dialécticamente nuestra existencia nacional y se remonta al análisis de la realidad continental, condenando los errores de los partidos adheridos a la II y III Internacionales" (p. 197). Es necesario comprobar que la "realidad económico-social semifeudal de Chile es diversa a la de los países industrializados", por lo que políticamente es necesario destacar la "importancia de las clases medias, o pequeña burguesía, numerosa y empobrecida tanto como los obreros y campesinos". En este sentido Jobet es un ideólogo del Partido Socialista, como "movimiento revolucionario a base de la unión de los trabajadores manuales e intelectuales, para lograr la implantación de un Gobierno de trabajadores".

Su enfoque de la historia corresponde a la óptica definida por el proyecto de desarrollo del movimiento obrero y las capas medias radicalizadas, que en su lenguaje se expresa como una posición revolucionaria democrático-popular.

Las exigencias planteadas por su enfoque ideológico conducen a Jobet a juicios morales que no se corresponden siempre con un planteamiento político científico. Para mantenemos al interior del mismo ejemplo, no hay ningún intento por comprender al estalinismo como fenómeno al modo de un Deutscher. Es en el plano de sus opciones excesivamente pasional que hace que muchas veces no logre desprenderse del ámbito de la polémica. Largos párrafos de su libro son menos que ensayísticos, pecando de periodísticos como puede atestiguarlo la imprecisión científica de muchos términos, pero que responden al clima intelectual del debate público de su tiempo. Es el caso de términos como régimen feudal-capitalista, o de oligarquía-imperialista.

Está fuertemente imbuido de una preocupación ética su análisis; una suerte de catonismo de izquierda que exige del lector leerlo con la misma pasión con que escribiera el autor..

No obstante las observaciones críticas que pudieran formularse a su obra desde una concepción más elaborada del materialismo histórico, es indudable que Jobet da en esta obra, como en otros escritos, una contribución muy valiosa a la construcción de una historiografía chilena desde la perspectiva de los trabajadores.

Su reedición en México pondrá en manos de los jóvenes chilenos que se forman lejos de la patria, una oportunidad de acercamiento a la historia de su pueblo hoy brutalmente deformada por el fascismo y les planteará, sin duda, el desafío de ahondar y ensanchar la ruta que Jobet abrió con esta obra pionera. De interés será también este libro para todos los estudiosos de la problemática latinoamericana, pueblo-continente que necesita como requisito fundamental para conquistar su futuro, conquistar también su pasado oculto o deformado por la historiografía creada como apología de las clases dirigentes.


Notas:

1. Sociólogo, investigador de El Colegio de México y Consejero del Centro de Estudios del Movimiento Obrero Salvador Allende.

2. Sergio Villalobos. Introducción a la Historia del Pueblo Chileno, Tomo I, p. 43. Santiago de Chile.

3. Véase: Tres Ensayos Históricos. Santiago, Quimantú.

4. Tres Ensayos Históricos: "Francisco A. Encina, sociólogo e historiador". Santiago. Quimantú, p. 153.

5. Op. cit.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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