Desarrollo económico - social de Chile

capítulo III

ÉPOCA DE LA PENETRACIÓN DEL IMPERIALISMO INGLÉS
Y DEL DOMINIO DE LA PLUTOCRACIA

1. Con el triunfo de la "revolución" de 1891 se estableció el régimen parlamentario, aunque no se reformó la Constitución de 1833. Este sistema significó el debilitamiento de la autoridad del Ejecutivo y el predominio absoluto del Congreso, debido a las facultades que dispuso para ejercerlas sobre aquel otro poder. Ellas fueron: 1º Interpelar y censurar a los ministros. 2º Negar y postergar la aprobación de las leyes de presupuestos y de cobro de contribuciones. 3º Obstrucción al despacho de leyes formuladas por el Ejecutivo, al amparo de los reglamentos de las Cámaras.

El sistema parlamentario impuesto no contemplaba la clausura de los debates para evitar las discusiones interminables, en tal forma que cada diputado, si quería, podía obstaculizar toda la labor del Congreso, lo que indica la anarquía funesta introducida por el sistema triunfante. Tampoco contemplaba la facultad del Presidente para disolver el Congreso y convocar al pueblo a nuevas elecciones (plebiscito).

La implantación del régimen parlamentario convirtió al Presidente, que tiene la responsabilidad de sus actos, en un instrumento de los congresos que no tienen ninguna, lo que se tradujo en la desorganización del país. En efecto, este sistema produjo la esterilidad en la administración pública; determinó la rotativa ministerial (hubo ministerios que duraron pocos días: Jorge Montt tuvo 8 ministerios, ocho cambios totales y cuatro parciales; Errázuriz Echaurren, 11, once cambios totales y once parciales; Riesco, 16, dieciséis cambios totales y tres parciales; Pedro Montt, 9, nueve cambios totales y dos parciales; Barros Luco, 13, trece cambios totales y seis parciales; Sanfuentes, 15, quince cambio totales y cinco parciales; Alessandri, hasta la revolución de 1924, 16, dieciséis cambios totales y dos parciales) y en un lapso de 33 años desfilaron según diversas combinaciones, 530 ministros a través de 121 cambios totales y parciales (desde el gobierno de Prieto, 1831, hasta fines del de Santa María, 1886, hubo 34 gabinetes, y en la administración de Balmaceda hubo 16 ministerios); se desarrolló al máximo la politiquería y el profesionalismo político; se permitió la entrega de las riquezas mineras al capital imperialista y se impidió toda labor gubernativa metódica y eficaz (1).

Agravaron la anterior situación la Ley Electoral de 1890 y la Ley de Municipalidades de 1891. En la primera, la oposición había logrado establecer el voto acumulativo, que introdujo el cohecho en forma funesta. La intervención del gobierno fue reemplazada por la acción corruptora del dinero. Un grave mal fue reemplazado por otro peor. Fueron elegidos, por la sola voluntad de sus riquezas, parlamentarios ignorantes y deshonestos. La segunda ley fue aprobada bajo la inspiración de Irarrázabal. Establecía la Comuna Autónoma, ampliando en forma vastísima las facultades de las corporaciones municipales, independizándolas del gobierno. De esta manera se paralizaron los progresos edilicios del país, pues la mayoría de los municipios cayeron en manos de los agentes electorales subalternos o de politiqueros de baja categoría. Los municipios generaban el poder electoral, motivo por el que los fraudes y el cohecho alcanzaron proporciones increíbles, abriéndose paso una desenfrenada corrupción política. Hubo senadurías que costaron cientos de miles de pesos. La Ley de Municipalidades de 1891 encargó, también, a dichas corporaciones que fomentaran la construcción, en condiciones higiénicas, de conventillos, con lo que se dio legalidad a una de las peores calamidades que vive nuestra clase trabajadora..

En resumen, el sistema parlamentario se afirmó decisivamente con la dictación de la Ley de Organización y Atribuciones de las Municipalidades o ley sobre "comunas autónomas", defendida apasionadamente por el más genuino representante de la vieja oligarquía opulenta y apergaminada, marqués de Irarrázaval; y con la Ley de Elecciones, que puso en manos de los municipios el mecanismo principal de la elección, con lo que entregó para siempre a los grandes terratenientes la designación de la mayoría de los "representantes del pueblo". Estas "dos leyes son una combinación hecha con sagacidad jesuítica para afianzar de una manera incontrovertible el predominio de los oligarcas del país".

Por otro lado, las incompatibilidades que 'defendían los enemigos de Balmaceda y que una vez triunfantes hiciéronlas ley de la República, tenían por objeto, so pretexto de impedir la intervención oficial en las elecciones, exclusivamente impedir que los hombres capacitados y estudiosos llegaran al Congreso. Era un instrumento antidemocrático por excelencia. La Ley de incompatibilidades, junto a las de Municipalidades y de Elecciones, significaron que podían ser elegidos diputados o senadores solamente los ricos.

Gracias a esta injusta y monstruosa organización, desde entonces en adelante "no se vuelve a ver aquel fantasma horrendo de la intervención gubernativa; ha muerto para siempre y sobre su tumba se han alzado como hienas cobardes y traidoras la compra de votos, el cohecho de vocales, la suplantación de electores, el voto de los muertos, la falsificación de las actas, los poderes duales y, por último, la decisión parcial e injusta de las Cámaras". (2)

2. Durante los gobiernos de Jorge Montt (1891-1896) y de Errázuriz Echaurren (1896-1901) se inicia la penetración imperialista en forma intensa. Capta las finanzas nacionales por medio de cuantiosos empréstitos y se apodera del salitre y del cobre. El 1º de enero de 1891 se había creado la segunda combinación salitrera bajo el exclusivo control de los capitales ingleses, los que terminaron por apoderarse de las reservas del Estado. (3)

El remate de las reservas salitrales fue un cómodo expediente para obtener recursos, llegándose al punto de casi enajenarlas al capital extranjero. Por ley del 29 de noviembre de 1893, se entregaban a la subasta pública 23 estacamentos salitreros fiscales y 38 oficinas que eran del dominio del Estado, lo que significaba una verdadera puñalada al patrimonio nacional. Esta política suicida, antinacional, mereció la condenación de algunos chilenos clarividentes, los pocos que comprendieron las ideas de Balmaceda, entre los que se destacó don Luis Aldunate, cuyo lema era "Chile para los chilenos". Censuró la política de remates de oficinas salitreras y de los estacamentos y expresaba: "el remate de las propiedades salitreras fiscales tiene que producir dolorosas consecuencias, no sólo porque no hay capitales en el país que puedan competir en concurrencia libre con la masa de recursos de los cuales disponen los extranjeros, sino porque necesitábamos precisamente de las oficinas, de las máquinas del Estado para entregarlas a nuestros connacionales en condiciones de ventaja, que les estimularan a iniciarse en las luchas y los azares de esa industria, que requiere de grandes medios de desenvolvimiento y que está sujeta a sacudidas violentas". Su criterio era el que los terrenos salitreros se entregaran en forma de contratos de arrendamiento, o sea, de elaboración, a los capitalistas o sociedades nacionales. Esta medida era tanto más justa cuanto que los chilenos demostraron su pujanza y capacidad desde mediados del siglo al iniciar la explotación del salitre, como ya hemos visto. Aun más, el capital chileno no sólo habilitó a sus nacionales, sino que también a los ingleses, quienes más tarde llevaron a Londres los títulos de sus negocios, colocándolos muy valorizados. Es así como en los orígenes del desarrollo moderno de la industria salitrera no llegaron libras esterlinas a dar actividad sino que, exclusivamente, pesos chilenos. En 1897 los intereses británicos constituían el 43%; los chilenos, el 16%; los alemanes, el 13%; los españoles, el 10% y los franceses, el 8%. En esta época de Jorge Montt se intensifica, asimismo, otra manifestación de la incapacidad gobernante de la oligarquía: la permanente inclinación a obtener empréstitos en los grandes países capitalistas. Montt se vio obligado a contratar tres empréstitos a la casa Rothschild por la cantidad de 7.000.000 de £. El 1º de enero de 1900 la deuda externa llegaba a 234.000.000 de pesos oro de 18 d. A partir de esta época menudean los empréstitos que constituyen en algunos períodos una verdadera orgía financiera. Muchos de ellos no fueron invertidos en obras de utilidad nacional, no sirvieron para crear riquezas, sino que fueron despilfarrados, originándose déficits que sólo nuevos empréstitos podían saldar. Esta penetración imperialista de las finanzas nacionales ha ayudado a la formación de una ávida burocracia, al desprecio de las labores productivas, a la malversación de los fondos públicos y al reparto de sinecuras administrativas. Los empréstitos han ahogado las fuerzas productoras; han influido en el encarecimiento de la vida y en el aumento de la miseria popular. Con razón un penetrante escritor latinoamericano ha expresado estas justas palabras: "Y cuando las entradas normales no bastan para enriquecer a esas famélicas oligarquías, el empréstito que compromete al porvenir mismo del país, parece ser para todos cosa natural" (4).

Las riquezas del salitre crearon, por medio de escandalosos monopolios, fortunas privadas que corrompieron a la clase dirigente hasta su médula. Luego, la casi totalidad de esas riquezas cayeron en manos del imperialismo extranjero, que subvenciona largamente a los "abogados" nativos que lo sirven. En la misma forma financia a parlamentarios y altos funcionarios públicos que defienden sus intereses antinacionales. La sobriedad y austeridad "tradicionales" se pierden y entran a primar en la sociedad los valores provenientes del dinero obtenido en cualquiera forma, despreciándose los valores éticos, fundamentales para el buen desarrollo de una comunidad determinada. Lo que temían Balmaceda y Enrique S. Sanfuentes, a causa de la conquista de la inmensa riqueza salitrera, se produjo en esta época para desgracia de nuestro país. El patriotismo y el espíritu nacional sufren una quiebra profunda que aún no se logra soldar.

La inversión irracional de los empréstitos se ha traducido en la dependencia financiera del país al prestamista extranjero. La pérdida de nuestras materias primas y la esclavitud financiera han impedido la indispensable explotación por sí mismo de sus riquezas naturales. Los empréstitos y la inversión desorbitada de capitales extranjeros, no sujetos a ningún control, han significado, fuera de algunos pequeños beneficios, la entrega total de las grandes riquezas nacionales a los trust internacionales, lo que ha empobrecido al país y ha sumido en la miseria a las multitudes obreras. Todo ello, además, ha impedido la formación de grandes capitales nacionales necesarios para el desarrollo industrial independiente del país. Mientras Balmaceda destinaba los fondos provenientes del salitre para que se invirtieran en la creación de nuevas industrias y en obras públicas, que habilitarían al país para vivir de otros recursos propios sin que la población tuviera que sufrir por las mermas de la venta de dicho mineral, los revolucionarios de 1891 entregaron el salitre al capital extranjero, endeudaron el país, provocaron la crisis de 1897-1898 y dieron paso a la descomposición nacional que aún hoy sentimos.

3. Los terratenientes siguieron provocando la desvalorización con grave perjuicio para la economía nacional y para la situación de las masas laboriosas. "En esta época aciaga concluyen los escrúpulos, se desencadenan la codicia y las ambiciones más ruines, y el desenfreno, como una ola gigantesca, siempre creciendo, todo lo alcanza y lo malea. Un año después de la revolución, en noviembre de 1892, el Congreso infama el nombre de la nación, hasta entonces inmaculado, declarando que Chile no pagará de su deuda interna más que una parte, 24 peniques por 46 que recibió. Dos años y dos meses más tarde, como si esta afrenta hubiera sido poca, el Congreso acuerda pagar sólo 18 peniques; se hace la conversión a este tipo en junio del 95, y tres años después, perdido el último resto de patriotismo y dignidad, se le echa una zancadilla y se hace del crédito nacional una chacota canallesca con que se consigue hacer bajar el cambio a siete peniques y cinco centavos" (5).

En 1898 se dictó una ley que autorizó la emisión de 50 millones de pesos papel-moneda, que no sólo importó la quiebra del padrón-oro, implantado durante un breve lapso de tres años (1895-1898), sino la imposición de un régimen monetario que pesaría exclusivamente sobre las clases asalariadas. En cambio, se beneficiaba la clase terrateniente, clase que, endeudada fuertemente, encontraba grandes conveniencias en tal medida, pues sus deudas se reducían en forma considerable. Como predominaba en el Congreso, no le era difícil la aprobación de tan nefasta política.

En 1898 se anuló la conversión, que se había realizado por el clamor de la ciudadanía, a causa de la labor tenaz en su contra de los terratenientes y banqueros que ganaban con el papel-moneda, y para lograrlo, recurrieron a diversos expedientes, sobre todo a especular con la delicada situación internacional con Argentina. So pretexto de adquirir armas para no estar desprevenidos ante una posible agresión, volvieron al sistema de las emisiones tan dañosas para la nación.

El escritor norteamericano F. W. Fetter estima que el fracaso de la conversión de 1895-98 se debió a tres causas: 1º Los errores de los partidarios de la ley de conversión, al pretender convertir a un tipo de cambio en oro demasiado elevado (24 d.). 2º La poderosa oposición de la clase endeudada no sólo a la deflación sino también a la estabilización. 3º Las condiciones económicas mundiales (los bajos precios en oro de los productos chilenos en el mercado extranjero).

La más importante de estas causas es la segunda. La clase agrícola deudora había contraído sus deudas en pesos papel y se oponía a toda fijación de la moneda. Durante los años anteriores a la conversión, la Caja de Crédito Hipotecario y los bancos hipotecarios aumentaron sus préstamos debido a que los propietarios tenían tanta influencia en el gobierno que confiaban impedir toda conversión; sin embargo, ésta se realizó, pero esos préstamos desempeñaron un papel importante en la agitación que puso término a la conversión en 1898. Esas deudas no fueron contraídas con fines reproductivos sino de lujo, financiamiento de viajes, compra de ropa y muebles finos, construcción de palacios residenciales y adquisición de objetos de calidad y licores importados. Desde 1892 se produjo una ola de importaciones, y en ese año el país tuvo un exceso cuyo volumen no lo constituían maquinarias o artículos similares de naturaleza productiva, sino que, como consecuencia del alto standard de vida de la clase dominante, artículos alimenticios de buen gusto, vinos y licores finos, drogas y específicos medicinales, tejidos de lana y algodón. El propio Mac-Iver, al enfocar después la experiencia de la conversión, expresó que para que una ley de esa especie fuese eficaz sería necesario previamente que el Congreso votase 35 ó 40 millones de pesos para pagar a los grandes deudores.

Con motivo del debate en el Congreso, el diputado Gacitúa, en sesión del 16 de julio de 1898, hizo una serie de consideraciones duras acerca de quiénes eran los que pretendían anular el régimen metálico para restablecer el sistema de papel-moneda, agregando que "los que siempre vivieron de las ajenas fatigas, saboreaban anticipadamente la esperanza de vender caro el fruto de sus tierras y pagar con moneda fácil el sudor de sus inquilinos". Son muy sugestivos algunos párrafos del informe al Departamento de Estado, del Ministro americano en Santiago, señor Henry Lane Wilson, quien escribe: "Entre los pequeños comerciantes, artesanos y clase trabajadora en general, que favorecían el patrón de oro y se oponían tenazmente a toda emisión de papel moneda por el gobierno, el sentimiento de protesta se tradujo en reuniones tumultuosas y amenazantes. Los terratenientes, que tenían gran mayoría de representantes en el Congreso, eran casi todos partidarios de este cambio. Aunque muchos de ellos tenían fuertes deudas hipotecarias, no trepidaron en aprobar una medida que directamente afectaba sus intereses, reduciendo sus obligaciones".

Recientemente, otro ensayista norteamericano ha interpretado con mucha agudeza este fenómeno cuando ha escrito lo siguiente: "El problema social (chileno) es un problema económico creado en parte por la especulación monetaria de los hacendados, ya que los gobernantes conservadores de Chile, caso único en la historia, depreciaron el valor de su propia moneda mediante innecesarias emisiones de papel-moneda. El objetivo que perseguían era el de poder pagar con pesos más baratos las hipotecas con las cuales contaban para sus viajes a Europa. Lo que se proponían cuando anularon el standard de oro de tres años, en 1898, era lograr vender caro el producto de sus tierras y pagar barato el sudor de sus peones" (6).

Es verdad que la situación económica derivada del monopolio del salitre era buena, pero por el régimen de papel-moneda los terratenientes realizaban un verdadero despojo de las clases laboriosas. El salitre financiaba en un 68% los gastos gubernamentales, lo que evitaba a la oligarquía imponerse contribuciones gravosa. Por otra parte, el mercado salitrero imponía la existencia de pequeñas industrias y de comercios que vivían en dependencia de la industria salitrera. Además, dicha industria permitió a la clase terrateniente mantener en sus latifundios una economía feudal de verdadera servidumbre para sus masas trabajadoras. Sus productos tenían un mercado seguro en las pampas. Los latifundistas, en realidad, no viven del cultivo de la tierra, sino que de la explotación de los trabajadores del campo.

4. La conquista del salitre, la mayor explotación del carbón, el desarrollo de la industria liviana, retuerzan considerablemente a la burguesía, la qua es ayudada, además, por el capital extranjero. En las industrias extractivas y en la industria liviana se constituye y vigoriza el proletariado industrial que se organiza en las primeras sociedades de resistencia. La aristocracia terrateniente y la burguesía liberal ya no se combaten. Se funden por el entrelazamiento de sus intereses económicos. Coexisten el feudalismo agrario y el naciente capitalismo industrial. La guerra social termina siempre con el aplastamiento de una de las clases en lucha o en la consunción de ambas. En el caso de la oligarquía feudal y la burguesía demo-liberal chilenas, se produce su alianza.

La lucha, enconada en sus principios, fue corta, pues existían relaciones económicas y sociales que las unían. Los capitalistas habían surgido en gran parte de la misma clase latifundista y muchos latifundistas se convirtieron después en capitalistas. Así, terratenientes y capitalistas dominan al país explotando a los grandes sectores populares, a la vez que no tienen el menor gesto de defensa del patrimonio nacional, permitiendo que los consorcios imperialistas se apoderen de todas las riquezas naturales del país. El imperialismo inglés predomina desde que jugó un rol tan decisivo en la derrota y muerte de Balmaceda y donde el imperialismo alemán también jugó un papel de cierta consideración y, luego, capitalistas alemanes realizan importantes inversiones en el salitre, instalan diversas industrias y monopolizan la energía eléctrica. Su influencia creciente se hace sentir en la educación, organizada desde la época de Balmaceda por una misión de notables pedagogos alemanes y en el ejército, igualmente estructurado "a la prusiana". Pasa a constituir un fuerte rival del imperialismo inglés. Esta influencia de la penetración económica y cultural del imperialismo alemán se ve facilitada por la instalación de diversas casas comerciales y por la existencia de un núcleo numeroso y homogéneo de población de ese origen en una extensa y rica zona del país (provincias de Cautín, Valdivia, Osorno y Llanquihue).

El imperialismo alemán actúa poderosamente para recuperar el tiempo perdido, puesto que aparece con retardo en el reparto del mundo entre las grandes potencias, y pretende dominar la parte meridional de América del. Sur, desplazando a Inglaterra, a base de su penetración económica y del apoyo activo de la población de origen alemán radicada en estas comarcas (sur del Brasil, Uruguay, Argentina y Chile), cuyo clima y condiciones de producción son aptos para el trabajo de los elementos humanos de la Europa occidental. Aún más, diversos tratadistas alemanes estudian este problema y formulan reveladoras pretensiones. Así, Johannes Unold, en su obra El Germanismo en Chile (1899), al condolerse de que Alemania haya quedado excluida del reparto de América, a pesar de haber colaborado en su conquista, expresa que, no obstante, pueden cumplir la elevada tarea de instruir y dirigir a los pueblos de Latinoamérica. Los alemanes, según este escritor, "estarían llamados a ser los preceptores y los guías de esas naciones, en el orden intelectual, económico y político". Plantea como etapa primera para llegar a su objetivo con los gobiernos americanos, por ejemplo, con el de Chile, para colonizar de 3 a 5 millones de hectáreas "en forma tal que se ayudase poderosamente a la expansión del germanismo en toda América española" con la constitución de esta "pequeña Alemania en la costa del Pacífico".

5. Al cerrarse el siglo XIX, la riqueza nacional había aumentado. Las rentas ordinarias habían subido de $ 4.334.000 de 463|16 d., en 1850 a más de 100 millones de pesos oro de 18 d. en 1900. Sin embargo, en la base, la condición de las masas obreras no sufre ninguna alteración favorable y siguen viviendo en la más completa miseria, explotadas y oprimidas.

Las fracciones oligárquicas que se disputan el gobierno y se suceden en él, administran el país como un vasto feudo. A consecuencia de la derrota de Balmaceda desapareció el sistema presidencial autoritario y entró a predominar el Congreso, al que no se le puede responsabilizar por sus actos. Se impuso un régimen en el que el Presidente carece de autoridad e impera un Congreso sin responsabilidad, instrumento exclusivo de los privilegios de una ínfima minoría plutocrática. Los partidos políticos, llamados a ser los vehículos realizadores de las grandes aspiraciones nacionales, se transforman en montoneras entrecruzadas por los más viles y deleznables apetitos. Sus "directivas y parlamentarios constituyen sectores vitalicios que alternan sin mayores consecuencias en la rotativa ministerial, en los bancos del Congreso, en las directivas partidarias y en la alta burocracia.

La industria salitrera pasa a poder del imperialismo; las tierras del Sur quedan sometidas a una rapiña frenética; los bancos particulares alcanzan una prepotencia nociva; se mantiene el billete de curso forzoso, a pesar de la dolorosa y constante queja de los sectores asalariados y consumidores; se recurre a la formación dolosa de sociedades anónimas, cuya finalidad es el engaño y la expoliación; y estas mismas fuerzas que protagonizan la realidad señalada, se oponen tenazmente a la discusión y aprobación de una legislación agrícola, industrial y social, que abra las posibilidades de desarrollo amplio del país y de mejoramiento efectivo de las condiciones de vida de su pueblo; asimismo se oponen porfiadamente a la dictación de la ley de instrucción primaria obligatoria, por cuanto la in-cultura del pueblo afirma sus prerrogativas de clase privilegiada.

En medio del predominio de los intereses de una plutocracia ávida y antichilena, que provoca el atraso y decadencia del país al permitir la desnacionalización de la economía, la desvalorización de la moneda, la especulación y el encarecimiento de los artículos de primera necesidad, la inflación y la miseria del pueblo, en medio de tan lamentable panorama, surgen los primeros grupos obreros y lanzan sus publicaciones periódicas iniciales, las que manifiestan ya un fuerte sentido de clase. Nacen el "Centro Social Obrero"; la "Unión Socialista" (fundada el 17 de octubre de 1897) ; el "Partido Obrero Francisco Bilbao" (1898); el "Partido Socialista" (1901), agrupaciones efímeras," pero que ya expresan las inquietudes clasistas de las capas superiores del proletariado nacional. Orientados por las ideas socialistas y anarquistas, estos grupos realizan una activa propaganda en los grandes poblados y en las regiones industriales, y sus publicaciones constituyen importantes documentos de sus inquietudes rebeldes y generosas. Menudean los títulos El Trabajo, El Obrero, El Pueblo, La Democracia, El Proletario, La Vanguardia, aunque estos mismos nombres son utilizados para dar a luz periódicos enemigos de la organización de la clase obrera. En 1896 aparece en Santiago el semanario La Voz del Pueblo, que se proclama defensor de los intereses de las clases trabajadoras; en septiembre de 1897, El Proletario; en noviembre de 1898, El Rebelde, periódico anarquista; en marzo de 1898, La Tromba, semanario de sociología, ciencias, artes, filosofía y socialismo; en agosto de 1899, La Campaña, publicación quincenal de artes y propaganda social; en febrero del mismo año salió a luz El Trabajo, periódico defensor de la doctrina del partido obrero "Francisco Bilbao"; en febrero de 1900 aparece El Ácrata; al año siguiente La Agitación, periódico eventual, y en este mismo año El Socialista, publicación quincenal de carácter social, científico y político.

Esta eclosión de publicaciones populares alcanza las regiones industriales del país. El Obrero, órgano de la Unión Obrera y defensor de los intereses de la clase trabajadora, aparece en diciembre de 1897, en Punta Arenas; El Proletario, órgano de los derechos del proletariado, en 1899, en Carrizal Alto; El Trabajo, órgano de la Combinación Mancomunal de Obreros, en Iquique, en 1901; El Obrero, periódico defensor de las clases obreras de la República, en La Serena, en 1901; Germinal, periódico demócrata-socialista, en Valparaíso, en 1901, y en este puerto salen, también. El Grito del Pueblo, órgano de defensa del pueblo oprimido, en 1902, y El Obrero, periódico defensor de la clase trabajadora, el mismo año; El Obrero Mancomunal, en Iquique, semanario fundado en 1903; La Voz del Obrero, órgano de la clase obrera, en Taltal, semidiario fundado en 1902 y que aparece regularmente hasta 1912; El Proletario, de Tocopilla, semidiario fundado en 1904 y que aparece hasta 1914; El 1º de Mayo, órgano de la Sociedad Mancomunal organizada de Chañaral; El Obrero, en Antofagasta, etc. Los periódicos obreros, de tendencias socialistas o anarquistas, brotan especialmente en Santiago, Valparaíso, en la región salitrera y en Magallanes, y traducen las aspiraciones tumultuosas de un sector social que despierta vigorosamente. La cíase trabajadora ya no se conforma con ser el núcleo pasivo y resignado de la sociabilidad nacional; adviene desordenada y pujante, reclamando sus derechos y señalando a los enemigos que le impiden superar la triste realidad económica, política y cultural en que permanece injustamente.

6. En el gobierno seudo-parlamentario victorioso, en 1891, los numerosos partidos políticos se diferencian sólo por sus puntos de vista acerca de las relaciones entre el Estado y la Iglesia y la cuestión de la educación pública; pero en los problemas económicos y sociales no tienen posición ni criterio distintos; de ahí que la estructura económica del país no es tocada y se mantiene el latifundio, se facilita la penetración imperialista y se impone el régimen del papel-moneda que provoca un creciente inflacionismo, dirigido y aprovechado por la clase dominante, conservadora, que mira exclusivamente la defensa de sus bienes. Las agrupaciones políticas existentes representan y sirven dichos intereses. Los partidos Conservador, Nacional, Liberal y Liberal-Democrático, expresan las relaciones del latifundio, la banca, la empresa extranjera y la Iglesia. Para el Partido Conservador la razón de su existencia reside en la lucha por el mantenimiento de los privilegios vinculados a los negocios agrícolas y bancarios y la defensa de la iglesia católica. Controla rígidamente los inquilinos de sus grandes latifundios, sostiene una estrecha alianza con la Iglesia e impone un concepto cerrado de disciplina y orden. A través de la Iglesia domina, también, un apreciable sector de clase media, y aun obrera, especialmente en las ciudades del centro del país; domina a la familia y a mucha juventud por medio de las ceremonias del culto y a través de la enseñanza particular congregacionista. En el gobierno trata de demoler todo lo que tiene orientación liberal o democrática, y en la oposición obstruye e impide todo lo que significa progreso o atentado a sus privilegios.

El Partido Liberal se liga, social y económicamente, en forma estrecha al Partido Conservador. Si el pasado los separaba, puesto que el liberalismo logró imponer una serie de leyes que hirieron jurídicamente al conservatismo y a la Iglesia, desde la caída de Balmaceda nada sustancial los distancia. El Partido Liberal se transforma en una agrupación centrista, necesaria a todo gobierno, dividida en tres o cuatro fracciones por meros apetitos subalternos y oportunistas. En los regímenes de coalición actúa con los conservadores y en los de alianza con los radicales. A esta altura carece de programa y de conducta política, pero, en la práctica, defiende los intereses de los grandes hacendados y viñateros, de los salitreros e industriales, de la plutocracia y, únicamente, una débil defensa de las leyes laicas y del Estado docente le pone un matiz que lo diferencia levemente frente a los conservadores.

El Partido Nacional reúne elementos de la alta burocracia estatal y de la plutocracia. Sus componentes se vinculan a los negocios bancarios y comerciales e industriales, cuyos intereses representan. Al nacer fueron ardientes partidarios del sometimiento de la Iglesia a la tuición del Estado, pero desde fines del siglo XIX hasta su desaparición, fueron partidarios del debilitamiento del Poder Ejecutivo y aliados a los conservadores y sectores liberales alimentaron las coaliciones reaccionarias.

El Partido Liberal Democrático, que surgió en 1893 como depositario de las ideas de Balmaceda, solamente fue una montonera oportunista y despreciable. Era un grupo aristocrático que reunía a elementos pudientes y a ciertos sectores medios, siúticos, de provincia, sinceramente adeptos a Balmaceda, que pronto abandonaron el programa del gran Presidente para transformarse en uno dé los factores de mayor descomposición de la política chilena. Con sobrada razón ha escrito Alejandro Venegas: "Este partido que en un principio penetró hasta el corazón del pueblo, porque nuestra gente de trabajo tiene un verdadero culto por Balmaceda, ha ido perdiendo el afecto general a medida que ha ido echando al olvido y hasta escarneciendo los principios que consagró con su sangre el mártir del 91. Ni el respeto por la Constitución que establece el derecho del Presidente de la República para elegir libremente a sus ministros, ni los anhelos de dar al pueblo felicidad, proporcionándole trabajo e instrucción ni la aspiración de devolver al país una moneda honrada, ni las reformas liberales, nada, nada conserva del que llama su fundador ese partido mercantil y logrero que ha tomado el nombre sarcástico de liberal-democrático".

El Partido Radical defiende los intereses de la burguesía demo-liberal (industriales y mineros) y de la pequeña burguesía democrática (profesionales, empleados y burocracia estatal), disciplinada en las logias masónicas. También recluta poderosos sectores latifundistas (especialmente en los del sur del país). Después de sus luchas doctrinarias de 1864-1884 se plegó al carro de la oligarquía gobernante, ayudando a derribar a Balmaceda en alianza con los conservadores y entrando a formar parte de los gabinetes de coalición. Según el programa aprobado en su Convención de 1888, sus puntos fundamentales eran obtener la separación del Estado y la Iglesia; el establecimiento de la enseñanza primaria "gratuita, laica y obligatoria" y el mejoramiento de la situación legal de la mujer. En el orden económico-social sólo consultaba una tímida proposición sobre el "mejoramiento de la condición de los proletarios y obreros". Esta anodina actitud del Partido Radical es curiosa desde que a mediados del siglo XIX, Arcos y, Bilbao, considerado éste precursor del radicalismo, habían planteado en términos claros y decididos la necesidad de mejorar las condiciones económicas del pueblo y de incorporarlo a la cultura y a la política. Aún más, en ese mismo año de 1888, aparecía en París el libro Chili et Chiliens, del noticioso viajero y observador Charles Wiener, en el que se describía la angustiosa condición de miseria del roto, sobre todo de su habitación, el conventillo, que es el "refugio de la mugre y a menudo del crimen". Dice que el roto carece en realidad de hogar y vive en la miseria. (7)

¿Por qué la Convención Radical de 1888 soslayó el problema social chileno, a pesar de considerarse partido de avanzada y en circunstancias que observadores extranjeros lo exhibían con crudeza, puesto que ya se planteaba agudamente? Porque ... "los políticos que formaron la asamblea eran, en su mayoría, profesionales o estudiosos de cierta distinción; figuraban en el núcleo intelectual estrechamente vinculado a la oligarquía burguesa de su tiempo; en este grupo gobernante, ellos eran la vanguardia, pero sólo la vanguardia de una oligarquía que secularmente sustentaba el desprecio y el rencor hacia el "roto", de cepa mestiza, generado en las encomiendas feudales. En concepto suyo este elemento social no merecía otra suerte que la que alcanzaba, porque sus mayores nunca tuvieron una subsistencia mejor... Una vez más quedó comprobado el hecho de que una clase gobernante nunca legisla, ni siquiera se propone legislar, en favor de otra clase que esté excluida de la gestión del poder público" (8)

El Partido Radical, expresión de los intereses de la burguesía, no se atrevió a defender una reforma amplia encaminada a elevar el nivel económico y moral de las masas laboriosas, sumidas en la miseria y la abyección. Ni nunca lo ha hecho, a pesar de haber integrado combinaciones de "izquierda" y dominar el poder. Ha permanecido siempre leal a sus intereses. burgueses y reaccionarios. Es verdad que en su seno se libra una constante lucha entre los sectores burgués y pequeño-burgués. A partir de 1906, cuando Valentín Letelier vence al individualista acérrimo Enrique Mac-Iver, y logra incorporar al programa del radicalismo algunas tibias consideraciones sobre los problemas sociales que agitaban al país, adquiere una enconada fisonomía esta pugna entre el sector burgués, de arraigados principios liberales y capitalistas, y el sector de clase media, de confusas aspiraciones socializantes. Valentín Letelier, sostenedor de las nuevas tendencias sociales, afirmó que si el Partido Radical no se daba un programa socialista mínimo dejaría de ser radical y democrático. No obstante la adopción de algunas ideas que reconocían la necesidad de legislar en favor de los sectores populares, el Partido Radical estuvo al lado de los grandes intereses económicos de la plutocracia nacional y sólo en cuestiones religiosas y educacionales se manifestó distante de ella.

El Partido Demócrata es el único partido popular en esta época. Se había fundado en 1887, distinguiéndose el domingo 29 de abril de 1888 al dirigir un ruidoso movimiento de protesta en Santiago por el alza de las tarifas tranviarias, celebrando su primera Convención el 14 de julio de 1889. En 1894 hizo elegir su primer diputado, y en 1912, un senador. En 1916 formó parte del Ministerio. El Partido Demócrata agrupó al artesanado y a algunos sectores obreros. Es el primer partido que trata dé organizar a las masas obreras en una agrupación independiente y que se afana por despertar en ellas la conciencia dé clase. Sus tendencias eran laicas y populares y es el precursor de las leyes sociales. En su programa establecía reivindicaciones de carácter político, tendientes a afirmar una verdadera democracia; de índole económica (conversión del papel-moneda y restablecimiento de la circulación metálica, desarrollo de la producción manufacturera, colonización del Sur con elemento nacional), y de carácter social (legislación social, honestidad administrativa, desarrollo de la instrucción primaria obligatoria, creación del Ministerio del Trabajo).

A pesar de tan brillante programa, el Partido Demócrata no jugó ningún rol importante y, por el contrario, provocó grandes daños a la masa popular. Entró con gran entusiasmo al juego de las alianzas políticas y puso el elemento obrero al servicio de las clases plutocráticas. Es bastante certero el juicio del destacado publicista Alejandro Venegas: "Desde su cuna le ha cubierto la sombra siniestra de un pecado original, la falta de ideales de los que para surgir adulan a las multitudes haciéndolas formarse un concepto errado de sus derechos y de cuáles deben ser los objetos de sus aspiraciones. Siempre ha sido una agrupación sin jefes, sólo con cabecillas egoístas, de ambiciosos vulgares; tal vez nadie ha hecho tanto daño a la causa del pueblo como el Partido Demócrata, que con su venalidad, con su codicia, con la rapiña de que ha hecho gala en los municipios que han caído en su poder, la ha desacreditado y hecho profundamente antipática" (9).

De esta manera la descomposición política alcanza su máximo durante la época del parlamentarismo y la corrupción de las costumbres electorales ofrece caracteres sin precedentes. Este proceso se inicia desde las elecciones presidenciales de 1896, en. las que el candidato de la Alianza Liberal, don Vicente Reyes, venció por cuatro electores; el personero de la coalición, don Federico Errázuriz Echaurren, compró a algunos de los electores aliancistas y luego, en el Congreso Pleno, sus numerosos parientes le dieron el triunfo. De esa manera el país tuvo un gobernante que había conseguido su alto cargo por el cohecho, la venalidad y el nepotismo, además de que personalmente era de inteligencia mediocre y de costumbres disipadas" (10).

7. Las cien "familias" (oligarquía dominante y dueña del gobierno) imperan sin contrapeso. El inflacionismo sistemático que impulsan coincidió, en su primera época, con una gran prosperidad debido a las condiciones económicas mundiales favorables, que permitieron un auge a las industrias de exportación y, además, dieron lugar a una gran especulación, con motivo de haberse creado nuevas empresas, muchas de las cuales "tenían por objeto la explotación de sustancias que no existían más que en la imaginación o en la malicia de sus organizadores".

Algunas cifras nos permiten fijar el proceso de los negocios en estos años de orgía y especulación:

Año Capitales en moneda chilena Capitales en £
1904 28.598.000 995.000
1905 216.062.000 8.393.240
1906 88.046.000 7.999.000
1907 49.858.387 851.000

En 1904 el Ejecutivo autorizó la existencia legal de 59 compañías anónimas con un capital de $ 93.663.900 (explotaciones de cobre, salitre, carbón, frigoríficos, productos agrícolas y ganaderos). En 1905 autorizó la existencia legal de 170 sociedades industriales y comerciales con un capital de 271.000.000 de pesos (11).

Al hablar de esta bonanza económica es preciso no olvidar que en el fondo la economía nacional está amarrada a la industria salitrera, de tal suerte que en 1905, en una renta ordinaria de $ 90.636.701.56, los derechos de exportación del "oro blanco" llegan a la suma de 56.645.288,64, oro de 18 d.

Este período de prosperidad artificial tuvo un término catastrófico. En 1906 se produjo el colapso de muchas de las compañías recientemente creadas, la restricción del crédito y la disminución de las reservas bancarias. Con razón Valdés Cange, al analizar esta época de auge, expresa que descansaba en bases engañosas, motivo por el que fatalmente debía producirse su derrumbe. La ley de 29 de diciembre de 1901 fijó el 1º de enero de 1910 para poner fin al curso forzoso, y al mismo tiempo lanzó al mercado 30 millones de pesos en billetes inconvertibles. Esta ley produjo un descenso del cambio y la emisión señalada "en una época de verdadera prosperidad tuvo que producir su consecuencia lógica: abundancia de capitales y facilidad para obtener préstamos, lo que fomenta las empresas aventuradas, que al fin y al cabo tienen que terminar con una liquidación desastrosa. Efectivamente, durante el año 5 se organizaron sin fundamento serio centenares de sociedades industriales que representaban centenares de millones de pesos" (12).

La situación indicada se prestó para las más atrevidas especulaciones que causaron luego la ruina de muchas personas. Sin embargo, la crisis que se abre a continuación no afectó a los grandes magnates (agricultores y banqueros), pero se aprovecharon de ella para obtener nuevas emisiones que hicieron descender más el cambio, agravando la miseria de las masas por el encarecimiento continuo de la vida, especialmente de los artículos de primera necesidad para el pueblo. Los malos negocios y las condiciones del crédito que siguen a la fase de bonanza eran, pues, la consecuencia natural de la especulación desenfrenada, que el gobierno agravó y profundizó al tratar de solucionarla recurriendo a nuevas emisiones, puesto que con ello no hizo otra cosa que elevar el costo de la vida y perjudicar a las grandes masas consumidoras: "Las clases asalariadas frente al alza de los precios comenzaron a luchar por obtener salarios más altos, lo que dio origen a que se desarrollara una conciencia de clase. El alza de los precios fue uno de los elementos más importantes en el desarrollo de la cuestión social en Chile (13).

Este peligro inflacionista fue advertido en su época. Enrique Mac-Iver, destacado político y gran orador, fue un enemigo permanente del régimen papelero y denunció sus peligros, a la vez que indicaba los perniciosos trastornos que provocaba la subsistencia de ese sistema. En un discurso que pronunció en el Senado, el 17 de mayo de 1906, a raíz de las primeras grandes huelgas, decía: "Este estado de profunda agitación y excitación de las clases trabajadoras, esta carestía intolerable de la vida, que puede ser indiferente para los que tienen negocios en la Bolsa, ¿no piensan, mis honorables colegas, que pueden traer envueltas las huelgas futuras, con todas sus consecuencias? Los que estamos aquí podemos defendernos de la baja de la moneda, los que tienen ganados saben que éstos subirán de valor, los que tienen otros negocios tienen campo donde reponerse de las perturbaciones del valor de la moneda; pero los pobres, los que están afuera, los que viven de salarios, ésos no .tienen medios de defensa; ésos son los débiles en la lucha por la vida; ésos son las víctimas..."

Así como el florecimiento económico del país, de principios del siglo, llevó aparejada en la base la intensificación de la explotación de la clase obrera, alcanzando caracteres pavorosos en las regiones del salitre, el alza del costo de la vida agudiza dicha situación. Es en contra de este injusto estado de cosas que se rebelan las masas trabajadoras, lo que provoca sangrientos conflictos.

8. En 1904 trabajaban en el salitre 24.445 obreros, de los cuales 17.398 eran chilenos. En las faenas del cobre, que empezaban a reiniciarse con vigor, laboraban importantes núcleos, los que sumados a los ocupados en las minas de carbón y en las industrias nacientes, constituyen un proletariado en formación digno de tomarse en cuenta. Las condiciones de vida y de trabajo de este proletariado son terribles. Un historiador, que no puede ser tachado de parcial, escribe, al referirse a los obreros de las salitreras, que si bien los salarios que recibían eran subidos en relación a los de las demás faenas, vivían en pésima situación, debido a las habitaciones inadecuadas, a la falta de seguridades en las faenas (riesgos a que se exponían en los cachuchos hirvientes), a los precios excesivos de los artículos en las pulperías, y agrega: "a la vista de este cuadro puede afirmarse que no era más miserable la condición de los indígenas, durante la. época colonial, en los lavaderos de oro. Todos los dueños de salitreras, tanto chilenos como ingleses, fueron igualmente culpables de su conducta con los trabajadores" (14).

Este cuadro se ensombrece más debido a la rápida alza de precios de las mercaderías importadas y de los productos nacionales, experimentada desde 1905. Precisamente en estos años es cuando se inician los conflictos del' trabajo en escala apreciable: huelgas, represiones, matanzas. Su origen radica, pues, en la despiadada explotación capitalista: bajos salarios, malas condiciones de trabajo, alto costo de la vida. Los trabajadores solicitan seguridades en el trabajo, combaten la inflación y piden aumento de salarios y que su pago se haga sobre la base de una moneda fija.

El doctor Nicolás Palacios, al calcular los salarios en la región central del país, expresa que no subían en proporción a la baja del valor de la moneda. El jornalero de la región agrícola ganaba, según sus estudios, entre $ 0,50 a $ 1 al día, lo que significaba una renta anual de $ 148 a $ 296, descontando 52 domingos, 15 días festivos eclesiásticos y 2 civiles, o sea, de $ 12,33 a $ 24,66 al mes. El promedio obtenido alcanzaba a $ 17,49 de 17 d. mensuales. Esta suma equivalía a la cuarta parte del jornal de un argentino, a la quinta del de un inglés, a la sexta del de un australiano y a la octava parte del salario de un norteamericano. Estos cálculos están hechos a base de que el jornalero no se enferme nunca y sin tomar en cuenta los días que tiene que vagar buscando trabajo (15).

En 1907, según el censo de ese año, la población del país alcanzaba a 3.250.000 habitantes, de los cuales el 43% se concentraba en las poblaciones de más de 1.000 habitantes (en 1875 la población urbana comprendía el 21% y la rural, el 73%) El porcentaje mencionado indica el desarrollo urbano a expensas del campo. Las masas campesinas empiezan a abandonarlo desde que en las faenas mineras y de la construcción (ferrocarriles, caminos, edificación) encuentran trabajo mejor remunerado. Sin embargo, este ausentismo del campo no es sólo un problema de salarios: es, principalmente, a causa de la no realización de una reforma agraria que arraigue al trabajador rural a la tierra por los lazos de la propiedad o por los de la adecuada retribución de su esfuerzo y de las buenas condiciones de vida y sus mínimas comodidades de habitación, alimento y vestuario. En el año 1930 la población urbana alcanzará a la mitad del total, 49,4% y en 1940 la población urbana es de 2.633.479 (52,5%), mientras la rural es de 2.390.060 (47,5%). Aumenta constantemente el porcentaje de la población urbana y ésta tiende a concentrarse en la capital, provocando el ausentismo de las provincias. Estos fenómenos son bastante sintomáticos de nuestra realidad socio-económica. Una atinada consideración indica la necesidad urgente de la reforma agraria y de la introducción de la técnica y el maquinismo en la explotación agraria, a la vez que la obligación perentoria de industrializar el país para dar vida próspera y segura a las provincias.

El crecimiento urbano, más el apreciable desarrollo industrial, ayudan a la formación del movimiento obrero. Según el censo indicado, 1907, la población activa llegaba a 1.250.000 (40%), de los cuales casi un millón constituían la clase asalariada o proletariado; 300.000 obreros, trabajadores libres; 240.000 gañanes, o trabajadores ambulantes; 220.000 labradores del suelo; 40.000 mineros; 140.000 comerciantes y empleados de comercio. El mismo censo revelaba una cifra de 60% de analfabetos (25% población infantil y 35% masa adulta en dicho estado).

El historiador y sociólogo don Luis Galdames, en un estudio dedicado al movimiento obrero en esta época, llega a resultados parecidos en lo que respecta a salarios. Al detallar los jornales que ganan los inquilinos y que son variables según las regalías de que gozan, considera que en los años de 1907-8 fluctuaban de 0,20 centavos a $ 1 en moneda corriente de 101/2 d. En cuanto a las peonadas ambulantes, "forasteros", ganaban un salario que variaba de 0,80 centavos a $ 1,60, sujeto a diversa escala (con "ración" o sin ella, a trato o al día) y según las localidades y faenas. Es así como los salarios de un real de principios del siglo XIX eran de 2 reales a mediados y de 10 reales a principios del actual; en cuanto al valor de la moneda había disminuido de 47 d. a mediados del siglo XIX, a 12 d. a comienzos del siglo XX. Esta miseria en que se debate la población campesina se debe al régimen de propiedad agraria existente, basado en el latifundio. Claudio Gay escribió, asombrado, en su obra La agricultura chilena ... "Una familia compuesta de cuatro personas puede vivir perfectamente con cien pesos al año y aun con menos, porque en verano los peones de esta provincia (Santiago), como los de todo el país, no se alimentan sino con frutas y en el invierno con harina tostada y con orejones de manzana".

Los salarios en las minas de Tarapacá y Antofagasta eran de $ 5 a 6 en el interior y de $ 4 a 5 en la costa, en moneda de 10 1/2 d. En las provincias de Atacama, Coquimbo y Aconcagua, de $ 2 a 3,50 en la costa y de 2 a 4 en el interior. En las minas de carbón se pagaba hasta $ 5,50. En Magallanes, $ 6. En las industrias el salario medio para los hombres era de $ 3,80 y para las mujeres y niños de $ 1,80, en moneda de 101/2 d., con una jornada de 9 a 12 horas. Si a veces pueden considerarse elevados los salarios debe recordarse que, desde la revolución de 1891 hasta 1908, el costo de la vida se había duplicado y el valor de la moneda había descendido a la mitad, por lo que los precios de los artículos de consumo se cuadruplicaron (16).

De paso anota Nicolás Palacios que la ley que fijó en 18 d. el valor del peso chileno canceló de una plumada el cincuenta por ciento de las deudas de sus autores, pero causó, en cambio, la muerte de muchos millares de niños proletarios. Y en esta época, en que Palacios hacía sus cálculos, los salarios del campe habían experimentado aumentos a causa de la influencia de los mejores salarios en la minería, industrias y obras públicas. Por otra parte, la introducción de algunas maquinarias en las faenas agrícolas era más corriente, pero éstas no mejoraron las condiciones de vida de los campesinos; sólo repercutieron en la obtención de mayores ganancias para los grandes hacendados. Situación tan curiosa e irritante ha sido observada hasta por escritores totalmente ajenos a nuestro país. Así, por ejemplo, los geógrafos franceses, hermanos Reclus, expresan con aguda visión: "Los grandes progresos de la mecánica agrícola han aumentado los productos del suelo, pero no han mejorado la situación del labrador, es decir, del bracero del campo, antes bien la han empeorado, mientras que los terratenientes, algunos de los cuales poseen extensiones de 200.000 hectáreas, consiguen con menor número de jornales cosechar los frutos de sus dilatadas fincas" (17).

Al analizar los movimientos obreros, don Luis Galdames explica que se generan por las malas condiciones de vida, por la carencia de una protección adecuada del trabajo y por la indiferencia de las clases superiores. Con respecto a la mísera situación de los obreros del salitre, dice: "no hay tal vez otra región del mundo civilizado en que la organización del trabajo sea más defectuosa y en que pueda observarse con caracteres más graves la omnipotencia del capital, que por ser en este caso extranjero y hallarse en un país en que la situación de las clases laboriosas se mira con cierta indiferencia y estar empleado todavía en una industria de la cual depende la mayor de las entradas fiscales, lleva sus imposiciones a extremos verdaderamente imponderables".

No obstante, las conclusiones que Galdames saca de su exposición son muy confusas. Así expresa que los movimientos obreros obedecieron a razones políticas más bien que económicas y sociales, en circunstancias de que se desprende nítidamente de su propio estudio que lo fueron a causa de las condiciones de su mísera existencia. Se retuerza esta conclusión cuando él mismo expresa que no obedecieron a una agitación socialista, que no existía, sino que a la política económica del Gobierno, agregando que no reivindican derechos de clase sino que tratan de mejorar las condiciones de trabajo y de salud.

9. Los partidos políticos no atienden el clamor popular, debido a su situación económica angustiosa. Se limitan a luchar entre sí por el reparto de las granjerias administrativas y por la defensa de los intereses que sirven, Mientras las masas yacen en la pobreza y en la desesperación. Los presidentes, personeros de la clase dominante, solamente representan a la reacción. Germán Riesco (1901-6) carecía de personalidad y de dotes de mando y fue elegido por sus condiciones negativas, pues los jefes políticos de la Alianza, divididos en mil fracciones, estimaron que "no era una amenaza para nadie". La época de Riesco fue de negocios y especulaciones sin freno, en la que pulularon los gestores administrativos con absoluta impudicia, aprovechando la neutralidad benévola del primer mandatario. Pedro Montt (1906-10), que le sucedió, era un político torpe, testarudo y atropellador, interventor veterano, opositor obstinado al gobierno de Balmaceda y caudillo de la desgraciada revolución de 1891, enemigo de los humildes, por lo que realizó una gestión administrativa antipopular y al servicio de la oligarquía insaciable.

El proletariado, surgido del desarrollo capitalista del país y víctima de las contradicciones del régimen, expresa sus primeras rebeldías en manifestaciones revolucionarias de gran repercusión que espantan a la oligarquía y a los presidentes Riesco y Montt, representantes de la estabilidad económica de los terratenientes y burgueses.

Las huelgas y disturbios de Valparaíso (mayo de 1903) , Santiago (octubre de 1905), Antofagasta (febrero de 1906) e Iquique (diciembre de 1907), demuestran la efervescencia de las masas, que ya no aceptan resignadamente su miseria y, por el contrario, inician la lucha por una participación justa en la riqueza y por lograr el mejoramiento de sus lamentables condiciones de vida. Era esto tanto más justo cuanto que los negocios de la clase plutocrática prosperaban ininterrumpidamente. Esos movimientos adquirieron proporciones extraordinarias.

La manifestación revolucionaria inicial de la clase obrera chilena, y que indica el comienzo de una lucha de clase activa, fue la huelga de los gremios marítimos de Valparaíso, el II de mayo de 1903, desatada ante la negativa de las autoridades para acceder a lo solicitado en un pliego de peticiones, especialmente aumento de salarios. Esta huelga produjo diversos disturbios y culminó con el incendio del inmueble de la Compañía Sudamericana de Vapores. El gobierno lanzó las fuerzas armadas contra las masa, siendo éstas vencidas a pesar de su larga resistencia. Numerosos muertos y heridos rubricaron esta primera jornada de clases.

El 22 de octubre de 1905, las masas laboriosas de Santiago realizan un gran mitin para protestar por el encarecimiento de la vida y, sobre todo, del alza del precio de la carne. Se había formado un "Comité Pro-Abolición del impuesto al ganado argentino", del cual era miembro Luis Emilio Recabarren, que realizó una agitación intensa a lo largo del país durante varios meses. El impuesto al ganado argentino era una de las leyes más impopulares, mantenida exclusivamente en beneficio de unos cuantos grandes agricultores incapaces y de algunos contrabandistas, lo que siempre ha dado motivo para negociados y situaciones irritantes, a costa del pueblo. Le fue presentado un pliego de peticiones al Presidente Germán Riesco, quien no lo atendió. Las masas atacaron a los especuladores, destruyeron algunos almacenes y tomaron posesión de las comisarías de Policía, de tal manera que durante 48 hora fueron dueñas de la capital. Las fuerzas policiales se habían retirado a reunirse con el ejército, que estaba de maniobras. La represión alcanzó caracteres de gran violencia y cayeron más de 200 obreros.

El 6 de febrero de 1906 estalló en Antofagasta una gran huelga de los cargadores dé la playa y operarios de la maestranza del ferrocarril, a la que se agregaron los lancheros, carretoneros y trabajadores de la pampa. Pedían aumento de salarios y mayor tiempo para las comidas. Las masas atacaron violentamente a los explotadores, dando muerte a varios de ellos. El crucero Blanco Encalada disparó sobre la ciudad y desembarcó marinería. Fueron muertos y heridos innumerables obreros.

El 16 de diciembre de 1907 estalló en Iquique un gran movimiento, en el que participaron 10.000 trabajadores. Pedían aumento de salarios, seguridades en las faenas (colocación de rejillas metálicas en torno a los cachuchos hirvientes, a fin de impedir las frecuentes caídas de los obreros y su muerte horrorosa) y comercio libre que pusiera fin a la explotación de las pulperías de las compañías salitreras. Las autoridades, en vez de atender sus justas demandas, ordenaron ametrallarlos, siendo muertos más de 2.000 hombres, mujeres y niños. Esta feroz represión fue autorizada por el Presidente Montt y llevada a cabo por el jefe de las fuerzas militares, comandante Silva Renard. La prensa al servicio de la oligarquía atenuó la matanza y el Congreso cometió la indignidad de aprobar la conducta de las autoridades; apoyaba en todo al gobierno de Montt, en una coalición disfrazada con el nombre de "tregua doctrinaria" y en la que nacionales, radicales, conservadores y liberales doctrinarios daban su consentimiento a las más vergonzosas iniquidades.

F. W. Fetter, en su obra La inflación monetaria en Chile, reproduce una nota del corresponsal de The Economista de Londres, que comunicó, en abril de 1909, desde Iquique, que 500 obreros habían sido muertos o heridos en los disturbios de diciembre de 1907. El Dr. Julio Valdés Cange afirma en su libro Sinceridad que los obreros del salitre en Iquique, exasperados por los abusos, solicitaron respeto para su trabajo y educación para sus hijos, lo que fue estimado un audaz atentado por los magnates y autoridades y "reprimido con el fusilamiento de dos mil de ellos en la Escuela Santa María". Luego, los niños debieron asistir a clases pasando por sobre las enormes costras de sangre, parte de ella proveniente de sus propios parientes.

Carlos Vicuña, al describir esta matanza en su obra La Tiranía en Chile, narra que ..."el general Silva Renard hizo funcionar las ametralladoras desembarcadas del 0'Higgins esa misma mañana y barrió la plaza y la escuela. Sólo funcionaron un minuto, pero estaba tan apiñada y desprevenida la gente, que más de setecientas personas, en su mayoría mujeres y niños, murieron bajo la metralla implacable. Fue tal la premura de Silva Renard, que unos ocho soldados que habían entrado a la escuela Santa María a notificar la orden de desalojo no alcanzaron a salir a tiempo y cayeron bajo las balas".

Según el testimonio de mi padre. Armando Jobet Angevin, que era suboficial del Carampangue en ese entonces, calcula que las bajas alcanzaron a 2.000, pues a él le correspondió el primer turno de entrega de cadáveres contando 900. Hombres, mujeres y niños estaban rebanados por las ametralladoras. Entre los incidentes curiosos de esa nefasta jornada destaca el que se relaciona con la negativa de un sargento primero a cargar con su pelotón de lanceros sobre la masa indefensa. Dio orden de retirada a sus hombres.

Esta matanza autorizada por el Presidente Montt formó parte de los beneficios que le otorgara a la clase industrial-salitrera y latifundista. En seguida "permitió una emisión de 30 millones de pesos en billetes primero, y un nuevo aplazamiento de la conversión metálica después . .." Con las emisiones de 1904 y 1906 y las anteriores a esos años, la moneda de curso forzoso llegaba a 150 millones de pesos. Estos hechos indican la torpeza criminal de la política económica de la oligarquía, determinada exclusivamente por, sus intereses clasistas (18).

En 1908 el valor del salitre exportado fue de $ 233.865.403; el del cobre de $ 7.073.728 y el del trigo de $ 12.115.770. Los negocios de la clase privilegiada prosperaban, mientras el pueblo agobiado soportaba una miseria creciente. La miseria se profundiza por la desvalorización constante de la moneda, hecho doloroso en el que tienen igual responsabilidad los bancos (que fueron los que en 1878 causaron el curso forzoso), los propietarios agrícolas, que hipotecaban sus fundos, y los mineros exportadores. Los grandes agricultores, mineros y banqueros, legisladores de Chile, que lo han organizado todo en provecho propio, a trueque de favorecer sus intereses han deprimido la moneda, debilitando la economía nacional y provocando la miseria angustiosa de su pueblo. Los hacendados y mineros han mirado siempre con regocijo la depreciación, porque así han podido recibir mejores precios en papel-moneda por sus productos. Diversos escritores y, en especial, Roberto Espinoza y Agustín Ross, han afirmado que los intereses de los hacendados, mineros y banqueros, de todos los que han tenido valores que exportar, se han favorecido con la baja del circulante fiduciario: ".. .en efecto, las obligaciones no se elevan, aunque el papel-moneda baje; ni se elevan las contribuciones, ni los fletes, ni los salarios; pero, eso sí, se alzan los precios de la tierra, de los arriendos, de las maderas, del trigo, de los animales, de la leche, del pasto, de los vinos, del salitre, del cobre, del carbón, proporcionalmente al descenso del circulante fiduciario, ya veces en una proporción algo más elevada". El alza de los salarios y fletes se hace con lentitud y jamás en relación al descenso del papel-moneda, razón por la que es cierto que, en gran parte, la prosperidad de los hacendados se ha debido "a los altos precios que, mediante el régimen del papel-moneda, han alcanzado los productos de la agricultura; a los bajos salarios que, favorecidos por ese mismo régimen, han podido pagar a los gañanes, inquilinos, mayordomos, administradores y demás gente que tienen necesidad de ocupar: a los contribuyentes y fletes cada vez más Ínfimos, que han satisfecho gracias a las depreciaciones de ese mismo billete y que han podido pagar sus deudas hipotecarias con valores reales cada vez más pequeños, mediante ese mismo papel-moneda ..." (19)

Los agricultores latifundistas son los que en Chile han aprovechado de la depreciación de la moneda a costa del pueblo consumidor y de la nación y así han prosperado más los hacendados que la industria agrícola, siempre atrasada y en déficit con respecto a las necesidades reales del país.

10. En estas primeras manifestaciones violentas de la lucha de clases, que hemos señalado, con la insurgencia pujante de la clase obrera, se destaca el conductor más valioso del proletariado en su período de formación: Luis Emilio Recabarren Serrano, "don Reca", como cariñosamente lo llamaban los trabajadores chileno. Recabarren nació en Valparaíso, en 1876, y joven ingresó al gremio de los tipógrafos. Autodidacto disciplinado, llegó a poseer una amplia cultura social y política. Ingresó al Partido Demócrata, el partido popular en esa época; pero dedicó sus esfuerzos a dar vida a una estructura sindical de la clase obrera. En ese tiempo no existía; sólo se mantenían algunas sociedades mutualistas que poco o nada significaban en el movimiento obrero (en 1906 existían 206 sociedades mutualistas, y este movimiento mutualista había surgido en 1853; su papel en la formación de una conciencia clasista de la clase trabajadora ha sido nulo). Nace un nuevo tipo de agrupación obrera, que se denominó "Mancomunal" y, en Iquique, en 1901 se fundó la primera; al año siguiente, por Recabarren en Tocopilla, y, pronto, en Antofagasta, Taltal, Chañaral, pues lleva a cabo su obra, de preferencia, en el seno de los trabajadores salitreros. Al mismo tiempo funda numerosos periódicos de batalla en los que plantea y defiende las necesidades de las multitudes laboriosas. Algunos de los más conocidos son: La Reforma, Santiago, 1906; El Grito Popular, Iquique, 1911; La Defensa Obrera, Antofagasta, 1912; El Despertar de los Trabajadores, Iquique, 1912; El Socialista, Antofagasta, 1918; La Federación Obrera, Santiago, 1921-24 (de este periódico era su administrador y alcanzó una gran importancia, llegando a tirar más de 20.000 ejemplares). Luis Emilio Recabarren es el indiscutido creador de la prensa genuinamente obrera.

También redacta y edita numerosos folletos sencillos sobre temas sociales, con el objeto de educar a la clase obrera. En sus folletos incluye recomendaciones para que se organicen, lean y protejan la prensa obrera; que no beban ni se entreguen a los vicios que destruyen su organismo y su conciencia de clase. Algunos de esos folletos son: Mi Juramento, 1910; Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana; El Sembrador de odios, 1910; El Socialismo, 1912; Patria y Patriotismo, 1914; Los albores de la revolución social en Chile, 1921.

La labor sindical de Recabarren; sus condiciones de organizador y propagandista; su atan por elevar la cultura de sus compañeros de trabajo por medio del folleto y de la prensa, lo acreditan como a un hombre de notable perfil social y político, con verdaderos contornos de apóstol.

Se ha dicho que Recabarren era de pocas luces y en este sentido se le ha querido disminuir y desconocer. Es un juicio simple y falso. Por el contrario, fue un autodidacta extraordinario, de sólida preparación en materias sociales y gran conocedor de los problemas que afectaban a las clases laboriosas y a la economía nacional. Los sectores más adelantados de la clase obrera, lo siguieron con devoción. Su talento natural y su desinterés le crearon una atmósfera de respeto y admiración. El historiador Ricardo Donoso expresa que el más caracterizado de los dirigentes populares "por sus perfiles verdaderamente apostólicos y por la abnegación con que sirvió sus ideales, fue Luis Emilio Recabarren, tipógrafo de profesión, quien trasladándose a la región salitrera consagró todas sus energías al servicio de los intereses de las clases trabajadoras" (20)

En marzo de 1906, cuando el cohecho más desenfrenado era el único medio para elegir a los miembros del Congreso, Recabarren fue designado diputado por la circunscripción de Tocopilla, Antofagasta y Taltal. Una mayoría ocasional, de carácter político-religioso, lo excluyo de la Cámara so pretexto de que no había prestado el juramento en la forma tradicional y ordenó repetir la elección. Triunfó de nuevo Recabarren; pero la Cámara, a pesar de que oyó su brillante defensa, no respetó su victoria. La prensa, en forma unánime, estuvo de su parte, y El Mercurio llego a expresar que era el único diputado que debía su asiento a una limpia expresión ciudadana y no al cohecho. La razón de este atropello sin precedentes radicó en un motivo de clase, claramente expuesto por el diputado Rocuant, defensor del rival de Recabarren, en el párrafo que reproducimos: "En vista de todo lo cual yo declaro que si no hubiera estricta justicia para expulsar al señor Recabarren de la Cámara, ello sería necesario hacerlo por razones de alta moralidad social y por otras que están vinculadas a la felicidad y engrandecimiento del pueblo, pues no es tolerable que en la Cámara vengan a representarse las ideas de disolución social que sostiene el señor Recabarren".

En el curso del debate sobre esta elección, Recabarren planteó muy bien cómo su caso estaba subordinado al proceso general de la lucha de clases en el país: "No es que nosotros traigamos aquí esta división de clases para acentuarla ante la Cámara; es la Cámara la que marca esta división cuando al pobre, por el solo hecho de ser pobre, se le señala la puerta. Puede ser que me equivoque; pero tengo el presentimiento de que no se hará justicia a mi causa. Ojalá estuviera en un error, porque si la Cámara se inspirara en estricta justicia al fallar esta elección, tendería con ese solo hecho un puente salvador entre los que nosotros llamaremos los oprimidos y los que, por diversos factores, constituyen una clase aparte y que nosotros nos atrevemos a calificar de los opresores. Conozco un poco la historia de la Humanidad y en ella he aprendido que en más de una ocasión se han producido en los pueblos cataclismos sociales espantosos que han precipitado en un mismo abismo a ambas clases sociales. Yo no quiero ver confundirse en un abismo de sangre a los hermanos de una misma nación; pero si ello llegara a suceder, no seríamos nosotros los culpables. Cuando la clase trabajadora lleva sus representantes a las instituciones públicas bajo el amparo de las leyes existentes, llega la mano enguantada del caballero a usurparle su legítima representación, manifestándole que no es digna su compañía. En este caso, por ejemplo, ¿por qué no se retira ese candidato radical que no tiene más apoyo que la mayoría ocasional de la Cámara, para dar paso al verdadero enviado de los pueblos del Norte? No me duele retirarme de este recinto; al fin y al cabo no soy yo el ofendido. Es el pueblo que me ha elegido el que tendrá que convencerse de que aquí, pasando sobre la Constitución y las leyes, se ha violado su voluntad claramente manifestada".

Después de esta usurpación, Recabarren se fue al extranjero y recorrió Argentina y España. Regresó a fines de 1908 para cumplir una condena a prisión, determinada por su prédica y propaganda. Al quedar en libertad prosiguió su labor de organización de la clase obrera y de divulgación de los principios socialistas. En junio de 1912 echó las bases de un partido político de la clase trabajadora, cuyo objetivo era conquistar su total emancipación económica y social a través del establecimiento de un régimen socialista: el Partido Obrero Socialista. Fueron sus principales dirigentes, además de L. E. Recabarren, Enrique Díaz Vera, Carlos Alberto Martínez y Manuel Hidalgo, No adquirió volumen, revelando que la clase obrera nacional todavía no poseía madurez política. (En Santiago logró hacer elegir un regidor, Manuel Hidalgo, para el período de 1913-1915).

De todas maneras es un antecedente de interés en la historia del movimiento obrero y ello permite aquilatar el criterio certero de Recabarren, que ya planteaba la lucha sindical como inseparable de la acción política. Para él, la clase trabajadora debía realizar una doble lucha en contra de la plutocracia dominante: la conquista de reivindicaciones inmediatas por medio de la organización sindical y la transformación integral del régimen a través de la organización política independiente de la clase obrera.

Su folleto El Socialismo constituye la plataforma teórica del nuevo partido y en uno de sus acápites afirma: "la transformación de la propiedad privada en colectiva, no significa en ningún caso un despojo de los bienes necesarios al individuo en beneficio de la colectividad. No se piense que con esta transformación los ricos de hoy vayan a ser pobres mañana. Eso no sería socialismo: sería solamente cambio de posesión de la riqueza. La existencia de la propiedad privada y su consagración presente es la causa matriz de todos los males existentes. Por eso es que el socialismo ha nacido como remedio ineludible para ese mal social. Si el socialismo es la abolición de los imaginarios derechos sobre la propiedad privada, el socialismo se presenta entonces como una doctrina de la más perfecta justicia, de verdadero amor y de progresivo perfeccionamiento individual y moral".

El 18 de septiembre de 1909 se fundó, por los conservadores Pablo Marín Pinuer y Emilio Cambié, la Federación Obrera de Chile. Se creó sobre bases mutualistas, con finalidades de . asistencia social, de mejoramiento económico (formar cooperativas de consumo, crédito en dinero a sus asociados, fomento del ahorro, seguros contra enfermedades, de vida, de desocupación forzosa) y de perfeccionamiento moral y cultural (lucha contra el alcoholismo, creación de escuelas, teatros, bibliotecas, periódicos, dictación de conferenciase.

La Foch propiciaba en lo sindical intervenir en los desacuerdos de patrones y obreros, en forma de armonizar, y aceptaba el arbitraje como medida de conciliación del capital y el trabajo. Luchaba por la creación de tribunales arbitrales en que estuvieran representados los intereses obreros y patronales por iguales partes y una neutral llamada a fallar las discusiones. Perseguía el establecimiento de la jornada de 8 horas y de un salario mínimo vital. Propiciaba la creación de un organismo denominado Oficina del Trabajo para facilitar la contratación de trabajo para el elemento obrero.

A pesar de su estructura mutual inicial, la Foch fue la base de una central del proletariado revolucionario. Es que en la época de su nacimiento la acción de la clase obrera era sostenidamente combativa, de tal modo que no le satisfacía una entidad mutualista. Así en 1908 hubo 29 huelgas importantes (11 en Santiago, 3 en Antofagasta, 3 en Concepción y 3 en la zona carbonífera). Pronto la Foch se convertirá en una agrupación abiertamente batalladora. Su primera convención se realizó en Santiago, en 1911, y en ella se discutieron problemas relacionados con la efectividad y extensión de los servicios prestados por la institución a sus asociados y problemas referentes a la organización de la clase obrera. Ingresan a ella las "mancomúnales" de Recabarren y en su segunda convención, celebrada en Valparaíso, en 1917, se aprobó un acuerdo que traducía el deseo de agrupar en la Federación Obrera de Chile a toda la masa asalariada del país, sin distinción de ninguna especie. Desde esta convención es un poderoso instrumento del movimiento sindical obrero revolucionario y su principal cerebro es Luis Emilio Recabarren quien recorrió el país sembrando la inquietud clasista en todos los grandes centros trabajadores.

En su tercera convención verificada en Concepción en 1919, el programa reformista y de colaboración a la política social del gobierno, que había mantenido la Foch, sufre un cambio substancial. Se aprobaron nuevos estatutos y la declaración de principios adoptada proclamaba la total abolición del régimen capitalista y declaraba que, eliminado este sistema, correspondería a la Foch tomar el control de toda la economía nacional y asumir sus responsabilidades.

La clase dominante gobierna sin mayores sobresaltos. En 1910 se conmemora el primer centenario de vida nacional independiente. Sube a la presidencia don Ramón Barros Luco, anciano de ochenta años, malicioso y socarrón, mediocre de inteligencia, sin idealismo ni talento, solamente un macuco que compendia las características de los gobernantes de la aristocracia rural; absoluta falta de capacidad de estadista, macuquería en los procedimientos políticos, malicia en las relaciones personales, "ebrio de indolencia", como dijo Balmaceda del Presidente Pérez; duerme una permanente siesta "dejando hacer, dejando pasar". Para él los problemas se resuelven solos o no tienen solución. No cree en la acción orientadora, rectora y realizadora de los hombres. Es de aquellos ciudadanos, tan comunes en nuestra patria, que "no son una amenaza para nadie" y que cuando suben al gobierno no lo son "ni para los más rapaces", por lo que se les considera "buenas personas". De ahí que el país sea gobernado como un feudo en el que la minoritaria clase pudiente hace y deshace a su antojo.

En 1910, con motivo del centenario, se oyó la primera gran voz de alerta, honrada y valerosa, sobre la real situación del país, lanzada por el Dr. Julio Valdés Cange, seudónimo del educador Alejandro Venegas, en su notable libro Sinceridad. Chile íntimo en 1910, en cuyas páginas ardientes pone en descubierto la política de explotación y provecho exclusivista llevada a cabo por la clase dominante. Demuestra que la evolución republicana ha alcanzado un nivel formal elevado, pero asentada en débiles bases, pues la miseria de las grandes masas y su despojó sistemático han sido las normas en el curso de ese primer siglo de vida "independiente". ¿A qué se ha debido tan lamentable actitud, según Valdés Cange? A que "los que gobiernan, nacidos por lo común en la opulencia, educados lejos del pueblo, en establecimientos en que se rinde pleito homenaje a su fortuna y al nombre de su familia, dedicados después a la tarea no muy difícil de acrecentar su patrimonio con el sudor ajeno, han manejado la cosa pública en la misma forma y con los mismos fines que su propia hacienda, dictando las leyes para su propio y exclusivo provecho. Con este procedimiento han prosperado tanto, han ascendido a tal altura, que tienden las miradas a las clases inferiores y, no viendo más que los rasgos generales, la perspectiva engañosa, se creen en el mejor de los mundos y siguen resueltamente caminando hacia el abismo. Pero nosotros, los que vivimos entre los de abajo, vemos todas las miserias, todos los vicios, todas las angustias de este pueblo que se gloria de ser el más noble y viril de los nacidos en América".

Después de su crítica acerba y justa. Alejandro Venegas expresa con fervor la necesidad urgente de enmendar rumbos; los gobernantes, volviendo los ojos al pueblo, deben democratizar efectivamente las instituciones. Sólo por ese medio se podrá poner término a la farsa que significa el Chile europeizado, con una ligera mano de barniz, después de cien años de vida republicana, y al contraste que existe entre la minoría lujosa y rica de los magnates dueños de verdaderos dominios, y el pueblo, que permanece en un abandono deplorable: "no a mucha distancia de los teatros, jardines y residencias señoriales, vive el pueblo, es decir, las nueve décimas partes de la población de Chile, sumido en la más espantosa miseria económica, fisiológica y moral, degenerando rápidamente bajo el influjo del trabajo excesivo, la mala alimentación, la falta de hábitos de higiene, la ignorancia extrema y los vicios más groseros".

El valor moral ejemplar de Alejandro Venegas Valdés al trazar crudamente el dramático cuadro de la realidad social y política de Chile, índice de una, personalidad nobilísima y avizora, es de una gravitación inmensa para las actuales generaciones y como una especie de legado que debemos responsablemente asumir y continuar hasta obtener la felicidad de nuestro pueblo. Fue un escritor amargo, pero movido por una sed insaciable de justicia, y, además, no se limitó solamente a la crítica, ya que esbozó un amplio programa de reformas.

El historiador Ricardo Donoso dice: "Un obscuro maestro de provincia. Alejandro Venegas, publicó con el título de Sinceridad. Chile íntimo en 1910, un crudo análisis de los males que aquejaban al organismo político de la nación, los daños causados al país por el régimen del papel-moneda, el lamentable estado de los servicios públicos y las lacras que padecía el organismo social. Conocía Venegas como nadie su patria, que había recorrido de un extremo a otro con afán de estudioso y corazón vibrante de patriota; con una valentía que hacía recordar la de Francisco Bilbao, hundió su escalpelo escrutador en el palpitante organismo de las clases sociales chilenas".

Es una profunda verdad la de que desde 1891, por culpa de las clases dirigentes, se malogra la creación de una realidad . progresiva para nuestro país. El río de oro del salitre se derrocha sin plan ni concierto para vivir al día en medio de la miseria del pueblo, de la injusticia y la indiferencia. Las regiones que suministran la riqueza son las más abandonadas y no recogen la más mínima cuota de lo que entregan generosamente, ni siquiera para instalar los servicios más indispensables.

La clase gobernante no intenta crear nuevas fuentes de producción y de trabajo, por ejemplo, montar y desarrollar la marina mercante, la pesca, la explotación racional de las maderas; construir caminos permanentes, escuelas industriales, echar las bases de la industria pesada, establecer la asistencia social, resolver el problema de las habitaciones, etc. Dejan que el país se mantenga en la pobreza, el atraso y la incultura.

El ensayista Eduardo Frei, en una obra reciente, al sintetizar las grandes líneas matrices que han caracterizado el desenvolvimiento nacional durante la época del parlamentarismo, apunta, en forma penetrante, esta ausencia de espíritu creador en los sectores dirigentes: "En lo económico, es el despilfarro de las rentas del salitre y la periódica desvalorización monetaria, que permite pagar fácilmente sus deudas a los que podían contraerías, pues hace recaer, en el hecho, sobre la gran masa de la población, el pago de aquéllas, mediante la disminución crónica del poder adquisitivo de sueldos y salarios que provoca; en lo social, es el nacimiento y desarrollo de una clase media y de un proletariado industrial y minero que van adquiriendo madurez, consistencia e influencia y que, al abandonar los antiguos cuadros ideológicos y políticos, transforma la división que existía entre dos o más partidos cuyas directivas provienen de una misma categoría social, para llevar al terreno político una lucha clasista, fundada en motivos económicos; en lo psicológico, ,es un pronunciado resentimiento y antagonismo; en lo político, es un régimen parlamentario que se esterilizó por el abuso y la exageración, en lo que participan, sin excepción, todos los grupos partidistas que, incapaces de canalizar o interpretar los cambios más hondos, han de ver sobrevenir la crisis del sistema y en la vida ... algo así como la desviación de los objetivos nacionales" (21).

Por esta época, en que surge pujante la clase obrera, la lucha de clases se agrava porque la clase media que se desarrolla paralelamente se proletariza a causa de su carencia de consistencia económica y social. La subsistencia de un régimen agrícola feudal no permite la existencia de una clase de pequeños propietarios independientes, numerosa, próspera y fuerte. Las inversiones imperialistas en la minería y la concentración industrial provocan la explotación del empleado y eliminan la pequeña industria y la pequeña minería. Y la desvalorización de la moneda destruye toda posibilidad de una economía fundada en el ahorro y en la técnica, lo que hace desaparecer al pequeño capitalista y al artesano.

La proletarización de la clase media agudiza la lucha de clases en el país y conduce a este sector social a ser la columna vertebral del movimiento político que alcanza su coyuntura máxima en 1919-1920 y que tuvo por abanderado mesiánico a don Arturo Alessandri Palma.

El Gobierno y el Congreso, y las diversas instituciones, traducen y consagran el predominio de la minoría plutocrática. Actúan en defensa de las riquezas y de los privilegios de la oligarquía desde que están formados por viejos terratenientes, poderosos industriales y banqueros y por los accionistas de las grandes compañías. Su política es miope y egoísta, cerrada y hostil a toda reforma en beneficio del pueblo, causando la esterilidad impresionante de esos años inútiles.

11. La política nefasta de los presidentes "buenas personas", que alcanza su máxima expresión con don Ramón Barros Luco, se afirma en la prosperidad creciente del salitre provocada por la guerra mundial y la reiniciación de la explotación del cobre en grande. En 1911, la Compañía de Ferrocarriles de Tarapacá alcanzó una utilidad, remesada a Londres, de 505.869 £. En 1912, la Compañía del Ferrocarril de Antofagasta percibió por utilidades líquidas enteramente remesadas a Londres, 751.639 £. Por esta época, por conceptos de utilidades provenientes de los ferrocarriles, empresas industriales, casas de comercio, compañías de seguros y cables, salían del país más de 2.000.000 de £ a lo que habría que agregar el servicio de la deuda externa. En 1912, el salitre y el yodo contribuyeron por derechos de exportación con $ 83.519.105 de 18 d., 58% del total de las rentas del Estado. En 1915 se exportaron 2.023.321 toneladas métricas de salitre. Sin embargo, la deuda externa era de $ 434.085.066.67 oro de 18 d., lo que habría obligado a los gobernantes a tomar medidas para sanear las finanzas nacionales y mejorar las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Pero ni siquiera lo intentaron y eso que numerosas comisiones parlamentarias investigaron las tremendas condiciones de vida de las masas y los escándalos y abusos ocurridos en diversos servicios del Estado. Una de 1911, presidida por José Ramón Gutiérrez, investigó las concesiones de tierra en el Sur, sin resultados prácticos; hubo otra para estudiar las concesiones salitreras que escandalizaban por la forma como se constituían y por los atropellos que originaban (los famosos escándalos de las "cachimbas salitreras" y de "la reposición de linderos"). Una comisión parlamentaria presidida por don Enrique Oyarzún, que en 1913 recorrió las ciudades y pampas del Norte (Pisagua, Iquique, Tocopilla y Antofagasta), presentó un cuadro macabro de la miseria y abandono de esa región, en la que el alcoholismo, la prostitución, la pobreza extrema, el abandono de los servicios públicos y,, la corrupción de los funcionarios eran las características normales.

Según el Cónsul inglés en Iquique, señor Fisher Hudson, el capital invertido en la industria salitrera en 1910 era el siguiente:

Capitales británicos £ 10.700.000
Capitales chilenos 10.500.000
Capitales alemanes 3.300.000
Capitales varios 3.000.000
£ 27.500.000

De acuerdo con las exportaciones de 1911 y 1912 los intereses chilenos representaban el 381/3%, los ingleses el 37%, los alemanes el 15% y el resto los demás. Por esta fecha trabajaban 170 oficinas que daban labor a más de 45.000 obreros. A pesar de la fuerte penetración imperialista, todavía los intereses y capitales chilenos eran importantes, de tal suerte que la riqueza salitrera contribuía en alto grado a la prosperidad nacional, más exactamente de su clase dirigente, que en esa situación favorable afirma su dominación clasista. Ya por este entonces, don Francisco Valdés Vergara, al estudiar nuestra balanza de pagos y problemas monetarios, afirmaba que las inversiones británicas habían alcanzado utilidades que mantenían en desequilibrio nuestra balanza de pagos internacionales (22).

Los complejos problemas de la economía del país y la política económica seguida por sus gobernantes han merecido un estudio extraordinariamente valioso salido de la pluma del historiador y sociólogo don Francisco A. Encina, en el que quedan en descubierto las principales fallas de nuestra colectividad. Su título es Nuestra inferioridad económica. (Sus causas y consecuencias) y en el momento de su aparición, año de 1912, importó un patriótico grito de advertencia que aún resuena con vivísima actualidad. En este libro se estudian con hondura y, certera visión los diversos factores que han influido en el estancamiento y atraso de la economía nacional. Analiza la agricultura, principal actividad económica en Chile (en cuanto al sector de la población, que depende de ella), limitada por las condiciones de su propio territorio, y la minería, que no incorpora riqueza al suelo y que ha sido absorbida por el capitalismo extranjero, el que se lleva todas las utilidades, permitiendo sólo una débil y refleja prosperidad. Asimismo, define en sus diversos rasgos la psicología económica del chileno. Finalmente, traza un notable análisis de la necesidad del incremento industrial y comercial de la nación, como el verdadero camino que debe seguir para lograr su grandeza y que debe conseguirse por la utilización racional de sus variadas materias primas y, especialmente, por una nueva orientación de la enseñanza, la que por estar ligada a la conservación y renovación de la sociedad juega un rol decisivo en el cambio y creación de las aptitudes individuales, facilitando un desenvolvimiento económico efectivo y que hasta ahora no ha existido. Dice Encina, en algunos de sus párrafos más brillantes: "contrariada por la naturaleza del suelo y del clima; por el descenso mundial de los precios, consecuencia del ingreso a la concurrencia de grandes regiones más favorecidas; y raleado y encarecido el brazo por las industrias extractivas, nuestra agricultura se encontró en la imposibilidad de competir con sus rivales en el mercado universal; y renunciando a una lucha que no podía soportar, concluyó por limitarse a subvenir a las necesidades del mercado propio que el salitre creó en Tarapacá y Antofagasta al amparo del arancel aduanero". Así el desarrolle agrícola quedó subordinado al del desenvolvimiento de la industria salitrera. El descenso incesante del valor de la moneda disimulaba la baja enorme de los precios de los productos agrícolas en el mercado mundial. Por otro lado, la industria del salitre es una ilusoria riqueza para el país, según Encina, pues la casi totalidad de la participación del empresario en su utilidad ha salido fuera sin dejar rastros en nuestra economía y la considerable intensidad de vida que reflejamente provoca esta industria sólo en parte pequeñísima ha aprovechado a nuestra vitalidad. Los derechos percibidos por el Fisco han permitido libertar a la agricultura y demás industrias del aumento progresivo de las contribuciones que el desarrollo social y la extensión y perfeccionamiento de la administración pública hacían ineludibles. Esos derechos han obrado en el sentido de desarrollar la riqueza privada en vez de acrecentar las rentas fiscales. Ha contribuido, también, a aumentar el parasitismo. Este parasitismo, determinado por la realidad feudal penetrada por el imperialismo, alcanza caracteres odiosos: "los individuos que no alcanzan empleos de planta recogen las migajas del presupuesto fiscal por medio de las jubilaciones, de las pensiones y de los contratos y comisiones para los objetos más variados, o enteran los días voltejeando en rededor de los personajes influyentes, mientras les llega el turno" (23).

La guerra mundial permitió un gran florecimiento del país, por cuanto en 1915-18 se produjeron enormes ventas de minerales y productos agrícolas (se exportaron más de 2.500.000 toneladas de salitre y 300.000 toneladas de cobre). La intensificación del trabajo en las pampas del norte impulsó a la agricultura y entonó a las industrias existentes en función del mayor consumo de esa región en auge. La oligarquía plutocrática obtuvo ganancias fabulosas, que no redundaron en beneficio del país ni de su pueblo. Las masas se movilizaron para conseguir algunas reformas y beneficios, pero sin lograrlo, no obstante diversas huelgas.

El gobierno dirigido por Juan Luis Sanfuentes (1915-1920), politiquero hábil, inescrupuloso, sin moralidad política ni idealismo, había triunfado por el fraude, la compra y la ayuda de un congreso de parciales, y en el poder defendió exclusivamente las ganancias de la plutocracia, reprimiendo las diversas manifestaciones populares y cometiendo toda clase de inicuas persecuciones.

Al término de la guerra se paralizan nuestras fuentes de producción, lo que determina una crisis general. A fines de 1918, el derrumbe de la industria salitrera provoca la cesantía de miles de obreros. El costo de la vida se eleva considerablemente. La política al día del torpe y desgraciado gobierno exhibe su nefasta ineficacia por haber carecido del más elemental criterio de previsión; el país queda sumido en una horrible crisis económica y social. Los millares de trabajadores luchan por conseguir trabajo y abaratamiento de la vida. Se suceden gigantescos Mítines de Hambre y a través de la Asamblea Obrera de Alimentación, auspiciada por la Foch, se agrupan todos los elementos de la clase trabajadora para conseguir la solución de su apremiante y angustiosa situación. El 28 de agosto de 1919 se llevó a efecto un mitin al que asistieron alrededor de 100.000 personas, hecho no presenciado hasta ese momento; pero, a pesar de tales manifestaciones, sin precedentes en la historia del país, nada se consiguió y el Gobierno se mantuvo sordo a tan legítimo clamor.

Desde 1880 hasta 1919 los valores del salitre han representado, según los cálculos del economista don Daniel Martner, la suma de $ 5.753.902.000 en oro de 18 d., proporcionando de esa cantidad al Fisco más de 1.000.000.000 en oro de igual clase, los que no permitieron crear una economía nacional grande, estable e independiente, debido a la voracidad de la clase dominante y a la incapacidad de sus gobernantes. Otro tanto quedó en el país por concepto de salarios y diversas inversiones menores, representando la utilidad neta de los capitalistas más de 2.500.000.000 en oro de 18 d., suma de la cual casi los dos tercios son para el imperialismo.

Carlos Vicuña, en su obra La Tiranía en Chile, calcula que el Estado, desde 1879 a 1928, recibió alrededor de £ 250.000.000 por concepto de impuestos; los obreros recibieron £ 100.000.000 por salarios. Más de £ 500.000.000 fueron para los capitalistas (24).

Esta tremenda crisis económica y social de 1919 fue la consecuencia directa del término de la guerra en nuestro país, pero, además, como resultado del mismo acontecimiento, se producen otros hechos que repercuten fuertemente en nuestra nación. En primer lugar, el imperialismo alemán es aplastado y eliminado de la competencia mundial. Había alcanzado una situación preponderante, pero en la vasta contienda armada de 1914-18 es derrotado. Antes de serlo había intentado la dominación universal. Resumen de sus anhelos en lo que respecta a nuestro continente en esa época es el libro de Otto Richard Tannenberg: La gran Alemania, 1911, en el que analiza la cuestión colonial alemana e insiste en la necesidad de que la América del Sur, especialmente la cuenca del Plata y su alrededores, pase a ser dominio alemán. En el Proyecto de plan con que termina esa obra se señala expresamente, en su acápite Nº 93, que Alemania debe tomar bajo su protección las repúblicas de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, el tercio meridional de Bolivia y la parte sur de Brasil. Nos concede Tannenberg por privilegio especial que Chile y Argentina conserven su lengua y autonomía, aunque el alemán debería ser enseñado en las escuelas como segunda lengua.

Con motivo de la derrota de 1918, el imperialismo alemán, que había realizado en Chile una fuerte penetración, es desplazado por el inglés y la industria eléctrica pasa a manos de capitales británicos. En 1919, la Compañía Alemana que controlaba la industria eléctrica de Chile fue rematada en Londres en la suma de un millón de libras. Así, entre los pagos de guerra que el capitalismo alemán tuvo que hacer al capitalismo ingles, se consideró la "industria eléctrica chilena". En esta forma el imperialismo inglés alcanza el máximo de su predominio en el país.

En segundo término, a consecuencia de la guerra mundial, se precipita en forma avasalladora la entrada en escena del imperialismo norteamericano. Estados Unidos, que era deudor de Europa por la suma de 3.000 millones de dólares, cubrió rápidamente su deuda, pasando a ser acreedor de ese continente por más de 15.000 millones de dólares. Su papel financiero se acrecienta por el hecho de que diversos países latinoamericanos importaron capital de Estados Unidos y no de Europa. Estados Unidos entra a desplazar en gran parte a Inglaterra y acentúa su influencia en América, dándole una firme base material al "panamericanismo", movimiento que ha servido de vehículo ideológico al imperialismo norteamericano. En Chile su influencia era muy débil. En 1912 sus inversiones se calcularon en 15 millones de dólares y en ese mismo año las internaciones procedentes de dicho país sumaban $ 55.038.790. Pero aumenta su penetración desde que, en 1911, sus capitales inician la explotación del mineral de "El Teniente" y, en 1913, la explotación de Chuquicamata, el mineral de cobre más grande del mundo. (Desde la guerra del Pacífico había declinado la importancia de la producción cuprífera, desplazada por la del salitre, pero, a partir de esta fecha se intensifica gracias a las cuantiosas inversiones de capitales norteamericanos). En 1918 las internaciones procedentes de los Estados Unidos alcanzan la suma de $ 203.451.891 y sus inversiones empiezan a crecer notablemente, lo eme desata una lucha sorda entre ambos imperialismos, inglés y norteamericano, en el seno de nuestra economía, lo que determinará en su mayor parte la política nacional de 1920 en adelante.

En tercer lugar, estrechamente vinculado a la guerra mundial, está el triunfo de la Revolución Socialista en Rusia, lo que difunde considerablemente las ideas marxistas revolucionarias, influyendo también en nuestro país. Hasta este entonces habían circulado libros españoles, en ediciones baratas, lanzadas por numerosas editoriales, entre las cuales se destaca la Casa Sempere, de Valencia. Son traducciones de obras de Proudhon, Lafargue, Kropotkine, Jaurés, Deville, Kautsky, Labriola, Darwin, Bakunin, Iglesias, Tolstoy, Nordau, etc., que hablan de la democracia, el socialismo, la ciencia, la revolución, el ateísmo, la lucha de clases, "la propiedad es un robo", los derechos de los trabajadores. Desde 1918 llega una nueva literatura que habla de la revolución social, de la dictadura del proletariado, de los soviets, de la organización internacional de los trabajadores. Se divulgan las obras de Marx, Engels, Lenin, Plejanov, Bujarin y otros. Gran parte del movimiento obrero nacional se orienta hacia caminos socialistas. Desde luego, la Foch se transforma, en el Congreso de Concepción del 25 de diciembre de 1919, en un organismo sindical revolucionario. Prosigue su proceso de radicalización y en su Congreso de Rancagua, celebrado el 25 de diciembre de 1921, acuerda su adhesión a la Internacional Comunista de Moscú, constituida a consecuencia de la victoria de los bolcheviques, y resuelve que su organización sea a base de consejos industríales. Por otra parte, el Partido Socialista Obrero, que Recabarren fundara en 1912, fue transformado en el Partido Comunista, sección chilena de la Tercera Internacional. A partir de esta época los sectores más importantes del proletariado nacional luchan por conseguir la abolición de la propiedad privada, que es la que genera la explotación del hombre por el hombre, y por obtener, en cambio, la socialización de los medios de producción y cambio. Luis Emilio Recabarren visita Rusia, durante seis semanas, la Rusia de Lenin, y a su vuelta realiza una intensa cruzada en favor de la "patria de los trabajadores". En su libro La Rusia obrera y campesina. Algo de lo visto en una visita a Moscú, Santiago, 1923, recopila sus conferencias y artículos dedicados a dar a conocer la obra de los revolucionarios soviéticos.

De todas maneras, el movimiento obrero nacional está en su primera etapa, débil, con escasa conciencia de clase. Junto a las ideas socialistas marxistas florecen las ideas anarquistas que penetran en la juventud universitaria, en los medios intelectuales y en ciertos sectores obreros. En 1919 se fundó la I.W.W. (Trabajadores Industriales del Mundo), que agrupó a varios miles de obreros de los gremios marítimos, de la construcción, del calzado y de imprenta. La I.W.W., de acuerdo con lo resuelto en su primera Convención, el 24 de diciembre de 1919, se declaraba una organización revolucionaria que perseguía la supresión del salariado por medio de la unión de los obreros y su organización de base por industrias en lugar de las entidades gremiales existentes, que debían tomar posesión de los medios de producción para construir la sociedad futura. Sus enemigos eran el capital, el clero y el gobierno y sus métodos de lucha la huelga, el sabotaje y el boicot.

12. Sanfuentes fue el instrumento dócil de la plutocracia, defensor de sus negocios y de sus prebendas en la administración pública; facilitó, sus especulaciones y amparó abiertamente estas censurables operaciones de la clase pudiente, mientras reprimía con estúpida crueldad toda acción de las clases trabajadoras, que en esta época, a consecuencia de la grave crisis desatada en 1919, libraban una tenaz lucha reivindicacionista. En el mantenimiento de su política antipopular, Sanfuentes se manchó con varias represiones sangrientas y con diversos episodios que han caracterizado a su período como a uno de los más antipáticos de la historia nacional.

En 1919, a raíz de una huelga que comprendió a los miles de trabajadores de Puerto Natales, tropas de ejército, obedeciendo órdenes superiores, masacraron a numerosos obreros, cuyo delito consistía en haberse levantado contra la dura explotación de los grandes estancieros, amos de aquellas lejanas comarcas. La cruel represión de Puerto Natales no tenía excusa de ninguna especie. Pero, en vez de reparar los excesos cometidos, al año siguiente, en junio de 1920, las autoridades de la ciudad de Magallanes hicieron incendiar el local de la Foch, repleto de obreros, mujeres y niños, que celebraban una fiesta, provocando una matanza inhumana y bestial. Las personas, al tratar de huir del local, devorado por las llamas, eran muertas a tiros. Tanto en la represión de Puerto Natales como en la de Magallanes, no fue suficiente la muerte de innumerables hombres; se persiguió, además, y se encarceló a los sobrevivientes, acusados de haber cometido diversos delitos. Se les tramitó largos procesos y numerosos fueron fondeados.

En Santiago, Sanfuentes hizo perseguir a los dirigentes obreros, estudiantes y societarios, acusados de "agitadores" y "subversivos", estimándoseles como los causantes de los movimientos proletarios de la época. Entre estas odiosas persecuciones se destacó, por su crueldad sádica, la que costara la vida al grande y noble dirigente anarquista Julio Rebosio: se procesó a los miembros de la I. W. W., por intermedio del tristemente famoso funcionario judicial José Astorquiza Líbano, que significó el apresamiento de varias decenas; se hizo allanar el local de la Federación de Estudiantes de Chile, centro de inquietud intelectual y de renovación social, aprehendiéndose al joven poeta José Domingo Gómez Rojas, quien, sometido a toda suerte de vejámenes y malos tratos, murió trastornado el 29 de septiembre de 1920; se aplicó la ley de residencia a varios dirigentes, entre ellos al distinguido luchador, de origen español. Casimiro Barrios; se encarceló a Recabarren en Antofagasta. Muchos otros atropellos se cometieron en esa turbia etapa. Las masas respondían con huelgas, concentraciones y una robustecida conciencia de lucha. En la zona del carbón se produjo un movimiento huelguístico que duró 83 días, dirigido por la Foch, y que abarcó la zona de Coronel, Lota, Curanilahue y Lebu.

En este año de 1920 se presenta una de las coyunturas sociales y políticas más dramáticas del país. La crisis de postguerra, el crecimiento del movimiento obrero y la agitación de las capas pequeño-burguesas, las especulaciones desentrenadas de la clase dominante y la ineptitud del Gobierno, crean un clima político de hondas resonancias que se traduce en la quiebra del gobierno de la oligarquía. Se abre una era de fuerte lucha en pro de la democracia y de reformas sociales. Se aprovecha hábilmente de este clima, haciéndose eco de las esperanzas del pueblo, el político liberal don Arturo Alessandri Palma, hombre de talento y fácil oratoria, con una fuerte inclinación hacia la demagogia, destacado al primer plano nacional con motivo de su elección senatorial victoriosa por la provincia de Tarapacá, en pugna con los magnates salitreros que poseían un verdadero feudo electoral en esa región. Con motivo de su inesperado triunfo fue bautizado con el apodo de "El León de Tarapacá", que se hizo ampliamente popular, y con verbosidad y demagogia inigualadas, acaudilla el movimiento democrático-burgués, socialmente comandado por la pequeña burguesía, a través de la Alianza Liberal, conjunción de fuerzas populistas (partidos Radical, Demócrata y sectores liberales).

13. Con mucha certeza el historiador Alberto Edwards expresa que en 1920 "la verdadera lucha de clases se encendió entre la pequeña burguesía educada en los liceos y la sociedad tradicional". El mismo ha trazado un cuadro preciso de la incapacidad económica y política de los gobiernos de la época del parlamentarismo, contra quienes se alzan las fuerzas populares en el año 1920. Tanto más cierta es esta afirmación cuanto que los dirigentes obreros con conciencia clasista definida levantaron la candidatura presidencial de Luis Emilio Recabarren, proclamada en una convención realizada los días 1- 4 de junio de 1920, en Antofagasta, sin lograr eco, porque las masas, insuficientemente organizadas, solamente entrenadas en la lucha sindical económica, no estaban preparadas para una lucha política independiente y de ahí que marcharan uncidas al carro de la pequeña burguesía, determinando su triunfo.

Frente al movimiento democrático en ascenso, la oligarquía demuestra su ineptitud y su corrupción: "en el orden financiero, la renta extraordinaria del salitre permitió, desde la época de Santa María, suprimir todas las contribuciones que gravaban la riqueza, dejando sólo en pie las de aduana. Así, a pesar del salitre y de la relativa economía de la administración, se producían de cuando en cuanto dificultades rentísticas que se saldaban invariablemente con empréstitos... Desde la época de Pinto, y salvo un corto período de tres años, el país vivió bajo el funesto régimen papel-moneda. Las frecuentes crisis que con este motivo se producían, se remediaban siempre con nuevas emisiones que, rebajando el valor del circulante, hacían buenos los malos negocios de la oligarquía bursátil y agraria, impidiendo, al mismo tiempo, la formación de capitales de ahorro y el desarrollo de un crédito sano y condenando a la miseria a los que vivían de sueldos, salarios y rentas fijas, a la clase media en masa, a los afiliados del ejército, y a los obreros mismos. Pero, como los demás problemas, el del papel-moneda tampoco encontró entonces solución: iba a durar tanto como el régimen mismo" (25).

Contra esta oligarquía incapaz y mediocre se alzaban las fuerzas populares. Alessandri interpretó sus confusas esperanzas y sus anhelos reivindicacionistas, en un lenguaje abundante, demagógico y confuso como las aspiraciones de las masas. Su rival fue Luis Barros Borgoño, quien por familia, cargos y vinculaciones, representaba genuinamente a la oligarquía. Su candidatura había surgido irresistible desde que el Club de la Unión, baluarte de la aristocracia, la había lanzado. Ya se ha dicho que "el Congreso y la Moneda han sido muchas veces tan sólo el proscenio público del drama político real desenredado en sus salones reservados" y de ellos nació la candidatura oligárquica.

La lucha presidencial de 1920 coincide con un mayor desenfreno de los especuladores, gestores administrativos, saqueadores del Fisco. En la Bolsa se verificaban manejos sombríos y arruinadores. Entre ellos es famosa, como cifra y compendio de la época, la vergonzosa especulación que, con los bonos de las minas de estaño de Llallaguas, realizaron algunos íntimos de Sanfuentes, valiéndose de que el Presidente retuvo un telegrama que importaba una amenaza de guerra con Bolivia. Y para cubrir el fraude y la grita de los estafados, a la vez que robarle el triunfo que Alessandri había alcanzado en las elecciones del 25 de junio de 1920, el Gobierno lanzó la noticia del peligro bélico, decretándose una movilización general para impedir una posible invasión boliviana. Era una maniobra cínica para ocultar la especulación mencionada, escamotearle el triunfo a Alessandri y ampliar el campo de corso y operaciones de los gestores con el aprovisionamiento del ejército movilizado, para lo cual el Congreso dio autorización al Ministro de Guerra con el fin de que gastase varias decenas de millones de pesos, ministro que no se anduvo con chicas a este respecto y realizó verdaderos derroches, lo que motivó que a tan indigna pantomima se la denominase "la guerra de don Ladislao". Carlos Vicuña, en su valeroso libro La Tiranía en Chile, describe de la siguiente manera la acción del flamante Ministro de Guerra: Ladislao Errázuriz repartió en pocos días más de cuarenta millones a sus amigos y parientes por pastos azumagados y porotos empedernidos destinados al Ejército, que los aristócratas de Santiago vendían al Gobierno- a precios fabulosos, por intermedio de la casa comercial Castagneto Hnos., interesada alcahuete de esos negociados. Naturalmente, este despilfarro en beneficio de los tiburones no podía hacerse sin restringir el pan de los humildes. A principios de 1915, a propuesta del senador Claro Solar, una ley había cercenado por parejo a todos los empleados de la administración pública un 15% de sus sueldos, a pretexto de la penuria que amenazaba al Estado con motivo de la guerra europea. En realidad aquella catástrofe inaudita fue para Chile una fuente de prosperidad: su salitre se vendió a los aliados en cantidades fantásticas y a precios nunca vistos; su industria y su comercio marítimo adquirieron un vuelo extraordinario, la agricultura se tonificó con la demanda a gran precio de todos sus productos y la industria fabril, libre de toda competencia, adquirió un auge que ha durado hasta hace poco. Las rentas del Estado se triplicaron, pero nadie pensó en devolver a los humildes el 159o que se les había extorsionado.

Lo anterior significaba que la oligarquía pretendía a toda costa quedarse en el poder y para ello recurría a todos los expedientes. Aún más, en la retaguardia se aprovechó la "guerra de don Ladislao" para apalear a los dirigentes de la juventud y del movimiento obrero. Don Enrique Zañartu Prieto, desde el balcón de la Moneda, instigó a una poblada para que atacase a los "traidores" y "derrotistas" de la Federación de Estudiantes de Chile. El asalto se llevó a efecto el 21 de julio de 1920, destruyéndose el local, su biblioteca y diversos objetos. También se utilizaba este "clima bélico" para desacreditar al candidato triunfante acusándolo de "vendido al oro peruano", al mismo tiempo que lo enredaban en un pleito con el Banco de Chile. No obstante todas estas triquiñuelas, no lograron liquidarlo y debieron aceptar a regañadientes su triunfo.

En diciembre de 1920 asumió Alessandri la Presidencia y desde el primer día su gobierno se demostró por debajo de las -circunstancias históricas y de las responsabilidades contraídas con el pueblo. Fue un gobierno desorientado y demagógico que no enfrentó ni solucionó ninguno de los problemas vitales de las masas. Por el contrario, al mes de estar en el poder, en enero de 1921, se produjo la horrorosa matanza de San Gregorio (Antofagasta), causada por la protesta de los trabajadores en vista de sus condiciones de trabajo, el aislamiento en que vivían, las persecuciones de que eran objeto y el lock-out patronal repentino que paralizó diversas oficinas a raíz de la disminución de las exportaciones, ya que el fin de la guerra había ocasionado una menor demanda. Toda la acción de Alessandri se redujo a presentar un proyecto del Código del Trabajo, que fue archivado en el Congreso, donde tenía mayoría la reacción plutocrática y donde obstaculizaba toda labor que pudiera emprenderse en favor del pueblo.

14. El gobierno de Alessandri fue de una trágica inoperancia. Es verdad que renovó el personal político en un sentido democrático, pero no reveló mayor capacidad ni probidad que sus antecesores. El historiador Ricardo Donoso expresa que se rodeó de gente insignificante intelectual y moralmente, la "execrable camarilla". Su carácter vehemente e impulsivo y su equipo de colaboradores mediocres, más la enconada y ciega oposición de las fuerzas coalicionistas, explican la incapacidad de esta época turbia. La afirmación de Ricardo Donoso no es aislada; antes que él ya le había formulado el mismo cargo Carlos Vicuña cuando escribe que eligió como ministros a hombres que carecían de inteligencia, de honradez y de prestigio y, naturalmente, con hombres mediocres o nulos o con pillastres desvergonzados no era posible hacer obra superior y mucho menos acometer la grandiosa transformación social ofrecida en los programas. Alessandri no fue capaz ni de desprenderse de sus compromisos electorales ni de tener a su lado hombres de valía tú de prescindir en materia pública de sus vivaces pasiones personales. En uno de sus párrafos, dice Carlos Vicuña: "También demostró Alessandri su incapacidad política en el manejo de los caudales públicos. Jamás se había hecho una .. administración más dispendiosa. Muchos de los aumentos de los presupuestos eran justificados, y principalmente el de los sueldos de los empleados públicos, quienes no podían ya vivir con la depreciación de la moneda fiduciaria. Pero cada gasto razonable era oscurecido por una nube de despilfarres. Las prodigalidades de Ladislao Errázuriz, en las postrimerías de la administración Sanfuentes, quedaron pálidas: solamente en los albergues que se decretaron para los cesantes de las salitreras, se botaron más de cincuenta millones que se repartieron algunos felices proveedores. Los obreros albergados, corrompidos por el ocio y por las comedias y fraudes de la autoridad, vivían hacinados promiscuamente en grandes barracones, inmundos y llenos de piojos, y servían al Presidente para organizar "manifestaciones" públicas contra sus enemigos políticos del Senado" . (26)

Al mismo tiempo, Alessandri fue acusado de servir los intereses del imperialismo ingles al tratar de otorgar la ampliación de la concesión a "The Nitrate Railway Company" para la explotación monopolista del ferrocarril salitrero de Tarapacá y que debió revocar por la intervención del Congreso.

La oligarquía atacaba obstinadamente a Alessandri por sus gastos y por los negociados de sus adeptos; pero guardaba silencio ante las obras de progreso, ante las demandas justas del gobierno para aliviar las penurias de las clases trabajadoras o ante aquellas inversiones y despilfarros que la beneficiaban y ante los subsidios a ciertas compañías y negocios que sólo enriquecían, a costa del Estado, a unos cuantos oligarcas y plutócratas; por otra parte, mientras las fuerzas conservadoras llevaban a fondo su odioso ataque y oposición al gobierno, se enriquecían en proporciones no vistas hasta entonces. La plutocracia, en una verdadera orgía bursátil, realizaba negocios pingües frente a las clases media y popular que vivían en la más tremenda necesidad.

El gobierno de Alessandri, a pesar de sus graves reparos, significó una apreciable transformación social, por cuanto se consiguió un avance en el proceso de democratización del país. La oligarquía fue cercenada en algunos de sus privilegios y, en cambio, ascendieron a diversos altos cargos de la administración pública, elementos de la clase media. Defendió una serie de leyes sociales, que por lo menos trataban de infiltrar un criterio más humano frente a la cuestión social, agravada por el incremento del proletariado. La obra de Alessandri tuvo un enemigo tenaz y ciego en la oligarquía plutocrática, políticamente organizada en la Unión Nacional y con mayoría en el Senado, baluarte de la enconada oposición a su Gobierno, donde criticaban con saña sus presupuestos, empréstitos, leyes,, ministerios y política exterior.

Entre los escándalos típicos de esta confusa época se destaca el de las "cincuenta mil libras esterlinas", originado en uno de esos extraños pleitos salitreros entre el Fisco y la Compañía de Salitres de Antofagasta, cuyos accionistas eran de lo más representativo de la oligarquía. Derrotada la Compañía en el pleito, convino con su abogado principal un honorario de £ 50.000 ($ 2.000.000), para que arreglara la situación y llegara a una transacción con el Gobierno, lo que logró con Alessandri. El arreglo fue aprobado por el Congreso, o sea, por los oligarcas que tenían fuertes intereses en el asunto. Este convenio fue denunciado con caracteres de escándalo cuando en la cuenta que el Pool de Importadores de Salitres presentó a sus. asociados, figuraba una partida de £ 64.000 (21/2 millones de pesos) pagadas en Chile por comisiones ocasionadas por la aprobación del convenio ya aludido, según el cual la Asociación Salitrera pagó al Pool £ 1.500.000. Del debate se desprendió que los promotores del escándalo eran accionistas de la Compañía de Salitres, desde el senador denunciante hasta el Presidente del Senado, quien era, además, abogado defensor de los intereses de la Compañía contra el Fisco. Los originadores del affaire se beneficiaron con la operación, pero quisieron desprestigiar al gobierno de Alessandri, en vista de que su amigo, el abogado Horacio Fabres, recibió las £ 50.000 para vencer las dificultades que se oponían a la transacción. Era un escándalo de la oligarquía opositora que sobornó, corrompió y se benefició a costa del patrimonio fiscal y, luego, trató de utilizar su propio escándalo para manchar al Presidente, ajeno a él.

La Cámara se apasiona debatiendo una serie de largos escándalos: el de los albergues, donde se hacen humo varios millones y cuyo proceso quedó en nada y sus actores ni siquiera fueron encargados reos; el del fundo Pellahuen, viejo y típico litigio de tierras entre particulares y el Fisco, con hondas gravitaciones sociales (centenares de ocupantes sin defensa ante las depredaciones de poderosos "dueños", según títulos espúreos); el de la Concesión Silva Rivas, otorgada en 1905 por 47.000 hectáreas, pero que se apoderó de 160.000 hectáreas más. A raíz de las denuncias tuvo que devolverlas, quedando en manos de un guardador, lo que dio origen a un nuevo escándalo protagonizado por dicho funcionario; el del alza de las tarifas eléctricas, donde el diputado partidario del alza era el abogado rentado de la Compañía (£ 5.000 anuales más el 5% de las utilidades líquidas) beneficiada con esa medida. Y así otros.

Un historiador mexicano ha enfocado con bastante exactitud el carácter y contenido del gobierno de Alessandri en las frases que reproduzco: "Era el primer Presidente que anunciaba representar intereses opuestos a los de la casta dominante. Esta vinculación de Alessandri con las clases humildes, convencionalismo demagógico, no dejaba satisfechos a los verdaderos revolucionarlos, para quienes el nuevo Presidente, por su fortuna y por sus hábitos de epicúreo mundano, formaba parte de los privilegiados, no separándolo de ellos sino el matiz de vagas tendencias reformistas que explota en las alturas la vanidad política al señalarse los lineamientos de una transición. Desde los tiempos de Balmaceda, la oligarquía hereditaria de las familias coloniales y de los republicanos de 1833 había empezado a sufrir cambios profundos en su composición, abriendo paso a elementos de procedencia oclocrática elevados por la riqueza de los nitratos. Hubo una irrupción de hombres que asaltaron audazmente el bastión senatorial. Muchos de ellos no llevaban otro mérito que el de la fortuna, y algunos careciendo hasta de este pasaporte, suplían todo lo que hasta entonces se había exigido en Chile para gobernar, con -el arte de gastar los millones del salitre. La presidencia de Alessandri avanzó hacia un inevitable conflicto. La presión de los elementos trabajadores organizados exigía la constitución de un poder central que recogiese las más urgentes reivindicaciones del proletariado. El viejo partido oligárquico, dueño del imposibilismo senatorial, se oponía a toda evolución de inteligencia. Por otra parte, la Cámara de Diputados, lejos de comprender su papel de renovadora, o de revolucionaria, llegado el caso, perdió todo el prestigio que hubiera podido haberle quedado cuando, en momentos de estrechez económica, ocasionada por la baja del salitre y la paralización de las exportaciones, después del auge que les dio la gran guerra europea, cometió la acción indelicada y, además, .torpe, de asignar exorbitantes dietas de dos mil pesos mensuales para sus miembros, en tanto que el Ejército, la Marina y la burocracia, sufrían la misma penuria de los obreros. Hubo un clamor público, ya no contra los senadores y los partidos favorables al estancamiento, sino contra los políticos en masa" (27).

El gobierno de Alessandri careció de plan, de energía y de la firme voluntad creadora que los tiempos y los obstáculos exigían perentoriamente para ser superados. La masa trabajadora y la opinión independiente viven decepcionados y desalentados. Se crea un clima unánime de repudio a la politiquería y a los partidos políticos fracasados y estériles y en contra de los compadrazgos y latrocinios administrativos (asunto de los albergues, de las cincuenta mil libras, intervención electoral) y en contra de la incapacidad gubernativa. Más aún, el Presidente, en vez de actuar para dar solución a los asuntos y remediar la delicada situación, la agrava con sus métodos equivocados, como los que empleara en las elecciones parlamentarias de marzo de 1.924, en las que una intervención descarada dio la victoria a las fuerzas democráticas, aunque desprestigiándolas totalmente. La oligarquía vencida se refugia en una organización secreta semi-terrorista, la Tea, cuyos fines, principios y organización eran secretos; agrupaba a connotados personeros de la aristocracia reaccionaria y su principal rol se redujo a preparar y conseguir la intervención del Ejercito en la política y en contra del movimiento democrático. Para ello utilizaron hábilmente su situación económica angustiosa derivada de los bajos sueldos, recortados por la depreciación monetaria. Alessandri defendía el aumento de sueldos y salarios, pero eran precisamente los miembros de la oligarquía quienes se oponían y le obstaculizaban a la vez que explotaban esa situación, de la que eran los únicos culpables, para desacreditar al gobierno. Una actitud desgraciada y extemporánea del Parlamento elegido en las intervenidas elecciones de 1924, que en vez de despachar el aumento solicitado y otros proyectos para arbitrar fondos al erario, se dedicó a discutir el proyecto de dieta parlamentaria, precipitó el descontento de las fuerzas armadas en una acción insurreccional.

En el fondo de la actitud de los militares se movían intereses cuantiosos provenientes de la acción encarnizada de la oligarquía para recuperar el poder y, además, se entremezclan y chocan los apetitos imperialistas ingleses y norteamericanos.

Un documento curioso de esta convulsionada época es el libro de José Luis Riesco: La Revolución Social (De su génesis y su desarrollo), publicado en 1924. Refleja las inquietudes sociales e ideológicas que conmovían al mundo y al país. Hace un análisis social a través de sus diversas teorías, desde Rousseau hasta el Bolchevismo y Fascismo. Se detiene especialmente en las doctrinas de Marx; estudia los movimientos revolucionarios del siglo XIX y la I y II Internacionales, ahonda en la revolución rusa y la dictadura del proletariado, trazando un amplio cuadro de sus teorías y realizaciones a través de sus constituciones y medidas prácticas diversas. Analiza el desarrollo del comunismo en Europa y la creación y finalidades de la III Internacional: "el régimen bolchevista persigue, sistemáticamente, la nivelación por lo bajo de los seres humanos. El odio a toda superioridad, a todo altruismo, a toda nobleza del corazón o del espíritu, es uno de los sentimientos que los bolchevistas se empeñan y se complacen en desarrollar, principalmente en la mente y en el alma de los niños ... La lección de Rusia mutilada puede ser una enseña, una triste enseña, que como un harapo desgarrado tremola sus jirones en medio de un huracán revolucionario, para demostrar a los hombres que no es fácil conculcar los principios establecidos por el derecho natural, por la justicia social y por la naturaleza humana"... El libro X de esta obra trata de nuestros problemas políticos y sociales,. afirmando que en Chile existen sólo dos clases sociales bien definidas: la clase alta, ilustrada y egoísta, y la clase baja, iletrada e indolente, que se va despertando para transformarse de clase dirigida en clase dirigente. Niega la existencia de una clase intermedia, lo que agrava la lucha social: "Poseemos un gobierno oligarca, porque el poder está en manos de un número de personas relativamente reducido... La oligarquía chilena es una oligarquía lugareña que ha de desaparecer tan pronto como el obrerismo plebeyo se unifique y se discipline". Cree que las medidas para afrontar la lucha social son dos: 1º Aumentar la producción para mejorar los salarios y el desarrollo industrial y comercial. 2º Establecer la legislación del trabajo para lograr la solución arbitral de los conflictos entre patrones y obreros, o sea, entre el trabajo y el capital.

En seguida, describe las organizaciones obreras existentes; analiza el régimen parlamentario y sus defectos; el régimen electoral y sus vicios; el centralismo absorbente y la crisis de los partidos políticos. Considera que las dos corrientes políticas: reaccionaria (conservadores y liberales) y reformista (liberales doctrinarios, radicales y demócratas) son, desde el punto de vista de sus tendencias sociales, burguesas (conservadores, liberales y radicales) y proletaria (demócratas y comunistas). Tanto la corriente reaccionaria. Unión Nacional, como la reformista. Alianza Liberal, carecen de prestigio y base, pues los hombres de una y otra están contaminados y corrompidos en el tráfico de la politiquería mercenaria y prostituida. El Partido Radical "está muy lejos de ser partido extremo o avanzado, pues para ello le falta aún recorrer muchas etapas de la evolución política, social y económica, que conduce a la transformación del régimen capitalista en régimen socialista".. .

La idea de salvar a la república de los traficantes politiqueros profesionales y de los abusos y excesos del parlamentarismo, solamente está en cada ciudadano honrado y patriota. Agrega que "la extrema izquierda, la cual no existe en la actualidad, habrán de constituirla con el tiempo, el Partido Socialista, partido de orden, y doctrina y el Comunista, que no existe como colectividad organizada, pero que cuenta en Chile con fuerzas respetables, que sería inoficioso desconocer. Respecto del socialismo pensamos en que no está distante el día que se organicen sus fuerzas a base de elementos que habrán de segregarse de los partidos avanzados, los cuales le proporcionarán aquellos elementos que en la actualidad no concuerdan dentro de estas organizaciones políticas en el concepto moderno de partido de ideas reivindicacionistas, pero encuadradas doctrinariamente en la evolución de los regímenes políticos. Nuestro país debe iniciar cuanto antes la era de reforma política, social y económica, que se impone a las necesidades del presente, para salvaguardar los intereses del futuro, aunque no se nos escapa que toda reforma requiere meditación y un concepto clarividente de la transformación por que atraviesa la sociedad moderna y ha de encontrar resistencias, tropiezos y obstrucciones por parte de aquellos espíritus vacilantes que no desean darse el trabajo de estudiar la evolución histórica del momento presente en el gran evangelio de la vida".

Combate la falsa democracia y señala sus defectos: "El gobierno de las incapacidades y de aquellos que medran a su amparo, conduce, fatalmente, a la dictadura o a la revolución social. La falsa democracia no evoluciona hacia ideales de humanidad y de justicia social, porque se lo impiden intereses creados por la ambición de aquellos que usufructúan el poder". De ahí la necesidad de aceptar un gobierno reformista y verdaderamente democrático.

15. El 5 de septiembre de 1924 se produjo el primer golpe de las fuerzas armadas, asumiendo el poder una Junta Militar (Altamirano, Neff y Bennett). Bajo su presión el Parlamento aprobó una serie de leyes sociales, detenidas largo tiempo por la oposición reaccionaria. El 8 de septiembre de 1924 fueron despachadas las leyes que llevan los números 4053 a 4059 y que constituyen la base de la moderna legislación social del país. La paternidad de estas leyes se la atribuyen diversos partidos y distintos políticos, olvidando que las masas de obreros y empleados durante varios años las exigieron entre sus reivindicaciones fundamentales, sufriendo numerosas represiones a raíz de las campañas que desataron para imponer su consideración en los poderes públicos. Esta legislación social no se la debe la clase trabajadora a nadie en particular, sino a su propia fuerza y lucha y, por lo demás, todavía está sin solución el problema de su perfeccionamiento y vigencia efectiva.

Los revolucionarios del 5 de septiembre atacaban como generadores "del estado de postración del país" a los políticos de menor cuantía. No enfocaban la raíz que nutría la injusticia imperante y su adjunta anarquía política y esterilidad realizadora. En el seno de la oligarquía plutocrática era donde se asilaban los elementos generadores del atraso y descomposición del país y donde ocupaban destacado sitio los grandes causantes de la grave situación nacional.

Es bastante aclarador el cuadro social que traza Carlos Vicuña, del que se desprende nítidamente la causa profunda de tan honda crisis y que no es otra que la abismante división de clases existentes, provocadora de antagonismos violentos. Constata la organización de tres clases: la llamada aristocracia, la clase media y el pueblo bajo (campesinos y rotos). Estas clases conviven separadas, constituyendo tres sociedades diferentes, a pesar de su mismo origen, de su misma lengua, de las mismas pasiones y prejuicios, de que cultivan las mismas tierras y viven de los mismos negocios. El peor obstáculo para superar tan odiosa división y antagonismo, ha sido la aristocracia dominante, cerrada y egoísta, igualmente separada del pueblo bajo de los campos y suburbios que de la clase media de las villas y ciudades. La aristocracia se empeña en impedir la unificación de nuestra sociedad, borrando las diferencias, fundiendo las familias, despertando las afinidades electivas, alimentando sentimientos e ideales comunes. La aristocracia se empeña en contrarrestar toda fuerza de mejoramiento común, subrayando a diario las diferencias sociales, a su juicio infranqueables; desdenes, humillaciones, burlas, sarcasmos, vejámenes para la clase media; injusticia, explotación y desprecio para el pueblo bajo. La clase media se refina cada día con el estudio y la inmigración europea que le aporta sangre nueva, vigorosa, activa, rica de sentimentalidad e inteligencia, lo que le permite que sobresalgan tipos superiores; y el pueblo adquiere cada día mayor preparación y conciencia cívica. En la ascensión de ambas clases reside la posibilidad de terminar con las absurdas divisiones, borrando los privilegios económicos, políticos y morales contrarios a la paz y a la justicia, al orden y al progreso.

La aristocracia dominante, dueña del Estado, había sufrido, por otra parte, una gravísima transformación. La riqueza del salitre la pervierte y corrompe unciéndola al carro del imperialismo y la incrementa con nuevos elementos sociales, de costumbres amorales y de anhelos insaciables. Esta oligarquía, antaño sobria y honrada, pierde tales atributos y desde fines del siglo pasado el fraude entra en todas partes: en el gobierno, en el Congreso, en los tribunales, en la administración, en la prensa y en los espíritus: "La ley insidiosa, la concesión bastarda, el juicio villano, el fallo venal, el fraude administrativo, la falsificación notarial, la suplantación, la superchería, todo tuvo carta de ciudadanía en la vida del salitre y manchó con un estigma de robo y prevaricación todas las conciencias y todas las nuevas fortunas. Esta gente aventurera y corrompida y sus secuaces mediocres o cobardes, así como sus cómplices, son los que han gobernado a Chile durante los últimos tiempos, en un progresivo descenso administrativo y social que se acentúa duramente desde la revolución de 1891, primera gran crisis de esta perturbación profunda. La más grave característica de esta crisis moral fue el reblandecimiento de las conciencias y la inconsistencia de los juicios. El honrado y el ladrón, el casto y el adúltero, el apóstol y el arribista, el maestro y el mercachifle de ideas, el político y el intrigante, el juez íntegro y el prevaricador, el hombre de carácter y el esclavo servil, fueron confundidos en la misma opinión amorfa e hipócrita, que bajo formas amables oculta el odio y el desprecio".

La Junta Militar, formada por jefes de alto grado, viejos y ligados a la clase dirigente, no puede penetrar la realidad tan certeramente bosquejada por Carlos Vicuña y es así cómo en desacuerdo y pugna con el sentimiento de la oficialidad revolucionaria pronto se entregan a los intereses y caudillos de la plutocracia. La Junta Militar dirigida por el general Altamirano pasó a ser el dócil instrumento de la reacción, lo que de nuevo significó el más total predominio oligárquico en el país y que se manifestó, sin lugar a dudas, en la designación de Ladislao Errázuriz como candidato a la presidencia, lo que constituía un verdadero desafío al pueblo, pues representaba a la aristocracia odiada que volvía al poder; él era su corifeo más genuino, caracterizado por su soberbia aristocrática y por su ridícula pantomima de 1920 ("la movilización de don Ladislao"), la que dio pretexto a turbios manejos. Este predominio de la oligarquía en el seno de la Junta Militar provocó otro "pronunciamiento", dirigido por la oficialidad joven, el 23 de enero de 1925, a raíz del cual se constituye una nueva Junta (Emilio Bello Codecido, Ward y Dartnell), cuya medida más trascendental fue la de llamar al gobierno al Presidente Alessandri, quien se había desterrado con motivo del primer movimiento militar. Las clases populares habían apoyado el pronunciamiento del 23 de enero sobre la base del regreso de Alessandri y la convocación de una Asamblea Constituyente, con el objeto de iniciar el reordenamiento institucional del país.

El año de 1925 fue muy denso en acontecimientos de toda índole En primer término, se dietó una nueva Constitución, de carácter presidencialista, como una reacción al desgobierno introducido por el sistema pseudo-parlamentario impuesto después del triunfo de la revolución de 1891. Esta constitución eliminó el sometimiento del Ejecutivo al Congreso, especialmente por las facultades que poseía éste de dictar las llamadas leyes periódicas (según la Constitución de 1833, el Congreso debía autorizar cada año los gastos públicos, los fijos y los variables; y cada dieciocho meses el cobro de las contribuciones y fijar las fuerzas de mar y tierra, armas que esgrimía en contra del Ejecutivo, produciendo un desorden caótico en el país) y, también, estableció la separación de la Iglesia y el Estado. El Poder Ejecutivo fue considerablemente robustecido.

Con la nueva etapa de Alessandri entra caudalosamente al país el imperialismo yanqui. La llegada en este año de 1925 de la misión Kemmerer a poner orden en las finanzas, a estudiar la capacidad económica del país y a hacer el inventario de sus riquezas, que podrían beneficiar a los consorcios norteamericanos, significó el desplazamiento del imperialismo inglés por los capitalistas de Wall Street. El Banco Central, organizado por Mr. Kemmerer, aseguró el dominio de la oligarquía plutocrática nacional, sirviente del capital imperialista. La Misión Kemmerer, como la Misión Long (médico del Departamento de Sanidad de los Estados Unidos), se manifestaron, en esa época, como la vanguardia de la intensa arremetida del capital norteamericano en el país.

Ante la presión constante de las fuerzas militares, algunos de cuyos personeros ya exhibían deseos de asumir directamente la dirección del país, Arturo Alessandri abandonó el poder, entregándole el mando a su contendor de 1920, personero genuino de la oligarquía, don Luis Barros Borgoño, lo que indicaba la desorientación y carencia de principios del mandatario "popular". Barros Borgoño, en su calidad de Director de la Caja de Crédito Hipotecario, institución fiscal que controlaba la casi totalidad del crédito predial del país, era un verdadero dictador económico. En Chile han sido la Caja de Crédito Hipotecario y el Club de la Unión los organismos en los que ha descansado especialmente la dominación financiera y política de la reacción imperante y ningún gobierno se ha atrevido a tocarlos (28).

16. La clase trabajadora libra constantes luchas, aunque no logra conquistar ningún alivio y permanece al margen de las alternativas políticas de esos oscuros instantes de anarquía en el seno de la clase dominante, de sus grupos 'políticos y de sus instituciones básicas.

La lucha contra el encarecimiento de la v-ida y de los arriendos alcanzó un inusitado vigor. La explotación de los "conventillos" y "cites" era un negocio muy lucrativo para algunos capitalistas y congregaciones religiosas, debido a que rendían una rentabilidad enorme para los escasos capitales invertidos, de tal suerte que por la explotación inhumana de millares de proletarios conseguían pingües utilidades, y la lucha en contra de la cesantía, la carestía de la vida y los arriendos elevados, dio origen a un movimiento tan vasto como lo fuera el de la Asamblea Obrera de la Alimentación, en 1919. A través de las Ligas de Arrendatarios, agitando las consignas del "no pago" y del "cincuenta por ciento de rebaja" movilizaron a la opinión pública. El gobierno, alarmado, creó los Tribunales de la Vivienda y tomó otras medidas efectistas, de carácter demagógico, que en vez de solucionar el aflictivo problema, lo agravaron con una serie de consecuencias que ennegrecieron la triste realidad de la vivienda. Finalmente, el clamor popular fue acallado sin que obtuviera resultados concretos favorables.

El movimiento obrero, aprovechando las contradicciones del régimen y la anarquía política, se había desarrollado y reforzado por la agitación de algunos importantes gremios de asalariados: los maestros que, en 1922, habían organizado la Asociación General de Maestros; y los empleados, agrupados en la Unión de Empleados de Chile, lo que incrementa considerablemente la acción de masas. Sin embargo, un hecho desgraciado había entristecido a la clase obrera nacional. En diciembre de 1924 se suicidó Luis Emilio Recabarren. Sus compañeros creen que se quitó la vida agobiado por el trabajo, las persecuciones y las incomprensiones. Había sido diputado en el período 1921-1924, sobresaliendo como un magnífico y esforzado defensor de las reivindicaciones sociales. En el seno de la Cámara de Diputados, Recabarren exhibió la falacia de las promesas preelectorales; la ineficacia de los partidos políticos y sus combinaciones artificiales; analizó y puso en descubierto el carácter clasista de los presupuestos; expuso las condiciones de vida de los trabajadores del salitre, del carbón y de los campos, faenas en las cuales miles son despedidos y -millares permanecían con los brazos cruzados, sometidos a la constante represión policial, mientras las compañías son insensibles a toda mínima justicia. Miseria, abandono, carencia de habitaciones y de asistencia hospitalaria, tiranía, destrucción sistemática de la prensa obrera, encarcelamiento de los dirigentes proletarios, tal era el cuadro ordinario de la vida de las masas asalariadas y que Recabarren revela en un lenguaje sencillo, escueto y valeroso.

Y, para Recabarren, tanto la Alianza Liberal como la Unión Nacional, agrupaciones políticas predominantes, son culpables de tal estado: "... Pero si la Alianza Liberal ha hecho crisis, si la Alianza Liberal se ha destrozado y ha demostrado una desorientación completa, si las condiciones económicas han llegado a una situación que jamás se ha visto en la historia de nuestro país, ¿podrán decirnos los que antes de ahora formaron siempre en los gobiernos de coalición que ellos propiciaron en el curso de su administración algún sistema perfecto o que hicieron algo efectivo por el bienestar del país? No, señores diputados, no puede decirse nada en este sentido. Tanto ha hecho crisis la coalición, hoy llamada Unión Nacional, como crisis ha hecho la Alianza; tanta incapacidad y desorientación ha demostrado la fracción llamada coalición como la fracción llamada Alianza. No debo ir a buscar muy lejos las pruebas para demostrar a la Cámara y al país entero la verdad de estas afirmaciones. En el transcurso de la historia de este país, año por año ha ido descendiendo el precio de nuestra moneda, año por año ha ido subiendo el valor del poroto, de la harina, de los artículos de vestir, de la habitación, etc. De manera que, año por año, va deprimiéndose el valor de nuestra moneda y subiendo el costo de la vida, y año por año va empeorándose y haciéndose más crítica la condición económica de nuestra nación, de nuestro pueblo, a quien tanto halagan cuando necesitan llevarlo al matadero ... En el régimen de Coalición se deprimió el valor de la moneda y se encareció la vida, y en el régimen de Alianza se ha continuado por el mismo camino, siempre en marcha descendente nuestra situación económica. De manera que el, país no tiene ahora confianza en estas combinaciones políticas; ya no puede tener más confianza en ellas... ¡Cuidado, Honorables diputados! No vaya a ser cosa que esta crisis sea precursora de una revolución. No hay que tomar con cierta sorna los hechos que se van marcando en nuestra historia. Nosotros, como ya lo hemos dicho, no querríamos qué" nuestro país se viera envuelto en una lucha fratricida; pero no somos nosotros los llamados a remediar las cosas; sois vosotros, los legisladores y los gobernantes del país, los que tenéis el deber de prevenir los hechos. Pero no prevenirlos con coacción, con amenazas, con disminución de los derechos populares, sino con un programa que coloque al pueblo día a día en una situación mejor, que le permita cifrar una esperanza para después".

Con la muerte de Recabarren, los obreros perdieron a su más abnegado dirigente. Recabarren era la figura máxima, indiscutida, de la clase trabajadora chilena, motivo por el que su desaparecimiento fue de graves consecuencias.

Recabarren, al final de su fecunda contienda en pro de la organización de la clase obrera nacional, tendiente a conseguir sus reivindicaciones más sentidas, después de librar una lucha de casi treinta años, se afilió a la Internacional Comunista, cuando la revolución rusa, comandada por Lenin, era la esperanza de todos los hombres de avanzada del mundo. Recabarren, por su vida y por su acción, es un genuino dirigente obrero nacional, de auténtica formación socialista, como lo demuestran su fundación del Partido Obrero Socialista, en 1912, y la transformación a que sometió a la Foch, haciéndola el principal organismo unitario de las masas laboriosas en su batalla sindical. Su adhesión final al comunismo fue el resultado de su sincera posición revolucionaria y en ningún instante empaña su desvelo, sin limitaciones ni dogmatismos, por la clase trabajadora chilena. El Partido Comunista, sección chilena de la Tercera Internacional, organizado después de la dictadura del general Carlos Ibáñez, en 1931-32, ha mantenido una actitud en cierto modo despectiva hacia Recabarren; su memoria se ha debilitado a través de sus continuos virajes. En 1933, al quedar estructurados, política e ideológicamente, los cuadros del Partido Comunista, expresó que "la ideología de Recabarren es la herencia que el partido debe superar rápidamente"; suponía que ella era un serio obstáculo para la penetración por ese partido del marxismo-leninismo y su transformación en verdadero instrumento de combate.

Podemos afirmar, con toda razón, que por sobre partidos y tendencias, Recabarren es un precursor genuino del socialismo y del movimiento obrero chileno con perspectivas americanistas. Recabarren es una figura que pertenece al movimiento popular y democrático, ajeno a toda concomitancia con el stalinismo actual.

A la desgracia que significó la muerte de Recabarren, se sumó la derivada de la más sangrienta de las represiones. Los obreros del salitre provocaron un vasto conflicto en defensa de sus anhelos de mejoramiento económico. El 4 de junio de 1925 estalló una gran huelga en las oficinas de La Coruña y Galicia (Iquique). Las autoridades ordenaron una represión feroz, de una crueldad no superada. Todos los que estuvieron en aquella zona y conocieron las peripecias de este drama, afirman que fueron masacrados 1.900 obreros; pero otros testigos oculares estiman en más de 3.000 el número de las víctimas. Los campamentos obreros fueron bombardeados con artillería de campaña. Decenas fueron asesinados en las calicheras donde se ocultaban: "a muchos infelices los hacían cavar sus propias fosas y los fusilaban en seguida... Se cuenta el caso espeluznante de un carro de ferrocarril lleno de hombres, despachados de la Pampa a la ciudad, que no llegó a su destino, y hasta hoy nada se sabe de la suerte de los infelices que iban en él. .." Numerosos sobrevivientes fueron embarcados en el "0'Higgins" y fondeados (29).

A fines de 1925 se constituyó la Unión Social Republicana de Asalariados de Chile (Usrach), que agrupó a las organizaciones de obreros y de empleados, llegando a contar con más de cien mil adherentes. La Foch había llegado a controlar una cifra semejante de afiliados a lo largo del país, con 214 sindicatos; pero después de la matanza de La Coruña se produjo un retroceso, apreciable ya a causa del desaliento que cundió con el suicidio de Recabarren.

Es por esta razón que la Usrach pasa a encabezar el movimiento popular, infundiéndole nuevo vigor y esperanzas: La Usrach se Organizó para conseguir la emancipación económica, social, política y espiritual de los asalariados e implantar una sociedad fundada en la justicia, la cooperación y la solidaridad. La Usrach enfrentó las elecciones presidenciales de 1926 llevando como abanderado al Dr. José Santos Salas, en pugna con las fuerzas reaccionarias que se agruparon en torno a Emiliano Figueroa Larraín, personaje de la misma escuela de don Ramón Barros Luco, vividor amable, jugador de naipes, hombre egoísta y sin carácter. José Santos Salas obtuvo 80 mil votos, pero triunfó ampliamente Figueroa Larraín, apoyado por una coalición de todos los partidos históricos. Gobernó año y medio envuelto en una gran descomposición política y bajo la presión creciente del coronel Ibáñez y las fuerzas armadas, hasta que éste sube al poder en 1927, iniciando una fuerte dictadura.

Con el triunfo de Carlos Ibáñez del Campo desaparece el régimen de libertades públicas; es destruido el movimiento democrático pequeño-burgués, y la clase obrera, que ascendía y se organizaba para llevar a cabo independientemente su propia lucha, es aniquilada. Por otra parte, hasta ese entonces la economía nacional y sus grupos dirigentes habían estado ligados al imperialismo inglés. Este se desarrolló en forma de empréstitos y de inversiones en el salitre, ferrocarriles salitreros y electricidad. Desde la época de la primera guerra mundial inicia su penetración el imperialismo norteamericano; sus grandes consorcios desarrollan y dominan la explotación del cobre; en 1925-26 sus inversiones son cuantiosas y durante la dictadura de Ibáñez son decisivas. Chile pasa a tener, después de Cuba, las mayores inversiones yanquis.

El imperialismo yanqui capta y domina la economía nacional, afirmando el régimen feudal interno y desarrollando la minería para la exportación de materias primas. En 1925 la estadística agraria demuestra la subsistencia del latifundio, según el cuadro que reproduzco:

Propiedad Cantidad T. Sup. porcentaje
menores de 5 hects. 46.136 73.069 0.29%
de 5-20 27.475 292.411 1.15
de 21-50 13.853 470.414 1.85
de 51-200 12.503 1.288.048 5.07
de 201-1009 7.236 3.242.582 12.75
de 1001-5000 2.080 4.245.124 16.70
de más de 5000 570 15.813.796 62.19
109.853 25.425.444 100 %

La capa de los grandes terratenientes controla la economía agraria y domina los órganos del poder. Para mantener su hegemonía se enlaza al imperialismo yanqui, transformándose en su servidora y agente, a costa del patrimonio nacional y de la explotación inhumana de sus grandes masas laboriosas.


Notas:

1. Guillermo Feliú Cruz, en su libro reciente: Chile visto a través de Agustín Ross, Santiago, 1950, entrega una estadística minuciosa de la rotativa ministerial en las págs. 96-103, detallando los gabinetes, el número de sus ministros y su filiación y los cambios de combinaciones a que obedecieron.

2. Valdés Cange, en su libro Sinceridad, hace un excelente análisis de la decadencia de las municipalidades a raíz de la mencionada ley; también de la farsa de la ley de incompatibilidades parlamentarias.

3. Daniel Martner: Política Comercial e Historia Económica Chilena, tomo II, págs. 487-88.

4. F. García Calderón: Les democraties latines d'Amérique. Excelente capitulo sobre la nefasta política financiera de los países de Latinoamérica.

5. Valdés Cange: Sinceridad.

6. A. Mac-Leish. Ensayo titulado Chile, publicado en la revista Fortune y traducido por la revista Hoy. El autor visitó nuestro país imponiéndose de su realidad social, económica y política. En la misma forma se conoce que ha aprovechado una abundante literatura sobre el desarrollo histórico del país, fundamentalmente las obras de sus compatriotas: G. Mac-Bride: Chile, su tierra y su gente y F. W. Fetter: La inflación monetaria en Chile.

7. Charles Wiener estuvo en Chile por primera vez en 1876; Se dedicó al estudio y exploración de América. Escribió: Ensayo sobre las instituciones políticas, religiosas, económicas y sociales del Imperio de los Incas, en 1874, y, luego, Las últimas exploraciones geográficas de América, en 1876. En 1879 defendió a Chile desde las columnas de El Siglo XIX, de Paris. Llegó como Secretario de la Legación de Francia en Chile, en 1884 permaneció hasta 1887. En 1888 publicó su libro Chile y los chilenos.

8. Luis Galdames: Valentín Letelier y su obra. Para conocer el desarrollo interno del radicalismo se puede leer el libro de Ángel Custodio Espejo: El Partido Radical, sus obras y sus hombres.

9. Valdés Cange: Sinceridad. En sus primeras páginas se hace un excelente análisis critico de los partidos políticos chilenos. En dos obras recientes se ahonda en el tema: Alberto Edwards-Eduardo Frei: Historia de los partidos políticos chilenos. La segunda parte, redactada por Eduardo Frei, que abarca desde la época de Balmaceda hasta 1938, es de sumo interés para la comprensión del periodo que estudiamos, y Guillermo Feliú Cruz: Chile visto a través de Agustín Ross, que enfoca detenidamente los programas de los diversos partidos políticos chilenos durante la etapa del parlamentarismo y, en especial, su posición frente a la cuestión social.

10. Carlos Vicuña Fuentes, en su notable obra La Tiranía en Chile, expresa que su gobierno fue prudente y pacifico, "sólo manchado por indignos actos de venganza contra sus enemigos políticos y por bacanales nocturnas, que eran una nota de escándalo a la que el país no estaba acostumbrado".

11. Daniel Martner: Historia Económica de Chile.

12. Julio Valdés Cange: Cartas a Pedro Montt.

13. F. W. Fetter: La inflación monetaria en Chile. Este libro ha sido muy atacado por los personeros de la oligarquía, especialmente por sus "economistas". Pero un integrante de ella, y gran magnate, don Agustín Ross, en su obra Sesenta años de cuestiones monetarias y financieras y de problemas bancarios (1851-1910), condena el régimen papel moneda, destacando que el pueblo tiene que soportar el daño principal causado por él además de que se pierden los capitales propios, se malogra el ahorro y todo cae en poder de los audaces "que han creado y mantienen el plan de subsistencia y de depreciación sistemática y gradual del papel-moneda de curso forzoso". Y termina: "en resumen, y a riesgo de ser tildado de hacer uso de repeticiones inútiles, creemos que hemos logrado probar con claridad, en este capitulo, que, a pesar de las condiciones naturales y económicas del país, todas favorables para mantener a firme el padrón monetario de oro, la emisión del papel-moneda, y su gradual depreciación, han sido especialmente en su segunda época, impuestas, sin duda, al país por una fracción interesada de la comunidad y para su propia conveniencia".

14. Domingo Amunátegui Solar: Historia Social de Chile.

15. Datos tomados de la obra del Dr. Nicolás Palacios: Raza Chilena, 1904. Nicolás Palacios es un pensador contradictorio, por cuanto indicó con gran exactitud las terribles condiciones de vida de los trabajadores y, en cambio, atacó las ideas socialistas que, brotando de esa injusticia social, propiciaban una amplia reforma, atacó a la aristocracia y a las "clases superiores" para defender y reivindicar al pueblo. Es intransigente en su interés permanente por la suerte de los trabajadores, en quienes encontraba las más grandes virtudes y cualidades. Es uno de los que han señalado en forma más certera su triste condición debido a la torpeza y egoísmo de sus gobernantes y a la soberbia de sus clases dirigentes. En la misma forma ha condenado, con palabra de fuego, innumerables abusos, actos injustos y escándalos acaecidos en el país, en desmedro de Chile y de su pueblo.

16. Luis Galdames: Los movimientos obreros en Chile. Presentado al Cuarto Congreso Científico (1º Panamericano), celebrado en Santiago de Chile el 25 de diciembre de 1908 al 6 de enero de 1909. Publicado en el vol. X, tomo III, págs. 361-81, junto con el trabajo de don Agustín Ross, que hemos citado.

17. Onésimo y Elíseo Reclus: Geografía Universal (Traducción y Prólogo de Blasco Ibáñez), tomo VI. Madrid, 1907. En cien páginas presentan un cuadro bien completo de la geografía de Chile en sus diversos aspectos. Además, emiten curiosos conceptos sobre el temprano desarrollo industrial de Chile, exagerados en verdad, pero de todas maneras hablan el lenguaje que en Chile debió ser el de sus gobernantes si hubieran tenido una exacta visión del futuro. Contando los chilenos con abundantísima riqueza mineral prefirieron establecer fábricas en el país para aprovechar en ellas las primeras materias y mandarlas a la Gran Bretaña, desde donde salían, bajo distinta forma, para las demás naciones del globo. Comenzó en Chile la industria manufacturera por fundiciones de cobre, refinación de la plata, fabricación de productos químicos, altos hornos (comparables hoy a los que en Europa les sirvieron de modelo) y ha llegado a los mayores adelantos conocidos". Los hermanos Reclus consideran portentosa la prosperidad industrial chilena con sus fábricas de harinas, refinerías de azúcar, fábricas de paños, de clavos, alfarería y cerámica. Destaca que solamente no se fabrican todavía rieles, máquinas y vagones, debiendo comprarse en el extranjero. Junto con señalar este importante desarrollo económico, ponen de relieve la energía, tenacidad y empresas guerreras de Chile, de tal modo que su comercio y movimiento marítimo han hecho que se levanten en estos lejanos parajes "los cimientos de un Estado marítimo, ni más ni menos como lo fueron Fenicia en lo antiguo o Venecia en la Edad Media. El único peligro para Chile que ven estos escritores, es la vecindad de Argentina, pues "por mucho que Chile aventaje en lo militar y guerrero a las demás naciones sudamericanas no deja de ser algo peligrosa para el porvenir la vecindad de la Argentina". De todas maneras afirman que Chile "en realidad es un pueblo rico y de gran porvenir".

Desgraciadamente, los hermanos Reclus se han dejado llevar por su simpatía a nuestra nación, presentando un cuadro demasiado risueño y halagador de su realidad, bastante distante de ser efectivo. Pero Chile. debería ser los que los Reclus pintan si sus riquezas se hubieran aprovechado con un criterio social y no para disfrute de una minoría derrochadora, orgullosa e insensible. Es necesario, si, conseguir que algún día la realidad descrita por los hermanos Reclus sea efectiva y aun sobrepasada.

La miopía de la clase gobernante chilena ha sido tan grande que por no repudiar los certificados salitreros del gobierno peruano permitir que las salitreras cayeran en manos de capitalistas extranjeros, quienes han disfrutado de la mayor parte de la utilidad de esa vasta industria. Similar actitud sostuvo con respecto de la colonización del sur del país al permitir la creación del latifundio en vez de desarrollar la pequeña y mediana propiedad. En 1886, el diputado conservador Francisco de Borja. Echeverría publicó su libro Tierras Fiscales y Colonización, donde critica la forma en que se otorgaban las concesiones de tierras en el Sur, al rematar extensiones, en un solo lote, de hasta 50.000 hectáreas, con lo que tendía a perpetuar el latifundio y el criterio de que una minoría posea toda la tierra cultivable de Chile. Ahí recomendaba un régimen de pequeña propiedad, pero no fue tomado en cuenta.

18. En el libro de Carlos Vicuña Fuentes: La Tiranía en Chile, se describen con bastantes datos las diversas masacres mencionadas y, también, las de 1919, 1920, 1921 y 1925. Es muy interesante al respecto el libro del dirigente anarquista Luis Heredia: Cómo se construirá el socialismo, en el que junto con describir el origen y desarrollo de los primeros grupos socialistas y anarquistas hace un buen análisis del desenvolvimiento de las luchas de la clase obrera nacional y de las represiones que ha sufrido.

19. Véase Roberto Espinoza: Cuestiones financieras de Chile, Santiago. 1909. Esta obra es citada con mucha frecuencia y reproducida en párrafos , extensos por don Agustín Ross en su ensayo Chile. 1851-1910. Sesenta años de cuestiones monetarias y financieras y de problemas bancarios, Valparaíso, 1910, Santiago, 1911. Don Guillermo Feliu Cruz en su obra reciente: Chile visto a través de Agustín Ross. 1891-1924, hace una útil selección de las páginas de A. Ross.

20. Desarrollo político y social de Chile desde la Constitución de 1833.

21. Alberto Edwards-Eduardo Frei: Historia de los partidos políticos chilenos. La segunda parte, que abarca el desenvolvimiento político nacional desde 1891 a 1938, ha sido redactada por Eduardo Frei, dinámico ensayista, animado de un elevado propósito renovador.

22. Véase su obra: Fracaso de la conversión metálica y su libro de recopilación Problemas económicos de Chile, donde reconoce como patriótica y clarividente la política salitrera de Balmaceda, orientada a impedir la absorción de tan importante riqueza nacional por el capital extranjero.

23. Esta obra de F. A. Encina es de gran interés. En muchos aspectos aparece influida por las ideas y afirmaciones del doctor Nicolás Palacios expuestas en su obra Raza Chilena. Encina es un pensador robusto, nacionalista en la buena acepción del vocablo, aunque limitado por su dependencia de las filas conservadoras y terratenientes. Es así cómo, a pesar de que el doctor Valdés Cange en su libro Sinceridad llega a numerosas conclusiones que luego Encina acepta, es atacado ruda e injustamente por éste. En una nota de su libro mencionado emite un juicio arbitrario y violento en contra de Sinceridad. Dicha opinión no se compagina con los propios postulados que sustenta el señor Encina. En este hecho, como en otros, residen sus contradicciones, que provienen de su adhesión política conservadora y por otra parte de los resultados contrarios a esas ideas que emanan de la realidad económico-social del país que él mismo estudia con gran agudeza y valentía.

24. Es ésta la trágica consecuencia de la desnacionalización creciente de la economía nacional. Algunos escritores oportunamente hicieron ver tan perjudicial fenómeno, pero no lograron ninguna gravitación. Nicolás Palacios en su conferencia Decadencia del espíritu de nacionalidad, dada en la Universidad de Chile, el 2 de agosto de 1908, lanza voces de alerta. Tancredo Pinochet Lebrún analiza y demuestra la completa y rápida desnacionalización económica del país en su notable libro: La conquista de Chile en el siglo XX, Santiago, 1909.

25. Alberto Edwards: La fronda aristocrática.

26. Véase Desarrollo político y social de Chile desde la Constitución de 1833. Las afirmaciones del mencionado historiador le valieron una respuesta de don Arturo Alessandri, publicada con el título de Rectificaciones al tomo IX de la Historia de América de Ricardo Levene, Santiago de Chile, 1941. En esta obra detalla la labor realizada en sus dos administraciones. Es indudable que trata de refutar airadamente los cargos de que es objeto y presenta a sus períodos como extraordinarios en la historia del país por la vasta labor cumplida y la calidad de sus colaboradores, citados con nombres y apellidos, muchos de los cuales pertenecían a la aristocracia y los demás a la clase media ansiosa de vincularse y de servir a la reacción.

27. Véase Carlos Pereira: Historia de América, Madrid, 1925, 8 tomos. El tomo VIII trata de Chile. Es una obra bastante interesante, sobre todo en los capítulos dedicados a la Colonia e Independencia, pero demasiado sucinta y escueta al analizar la época republicana. Termina este libro con la elección presidencial de Figueroa Larraín y la amenaza del cesarismo militar y lo cierra un juicio de interés: "Este pueblo, cuya significación étnica y cuya energía le han permitido desarrollarse dando a todas sus afirmaciones un sentido de originalidad, sabrá resolver nuevos problemas con fórmulas propias.

28. Carlos Vicuña Fuentes en La Tiranía en Chile define justamente el papel opresor de la institución aludida: "La Caja fue fundada en 1855 por el genio previsor de Antonio Varas para estimular la agricultura. Su ley orgánica no establece que tenga utilidades, pues en la mente de su autor las acumulaciones de su fondo de reserva deberían servir para aliviar a los deudores amortizando extraordinariamente sus deudas o rebajando sus intereses. Este propósito no se ha cumplido nunca y el monstruoso interés penal del 24%, que ganaban los intereses atrasados, ha acumulado en la Caja centenares de millones improductivos amasados con las lágrimas de los deudores humildes que no saben hallar gracia.

29. Véanse detalles horripilantes de esta masacre en la obra de Carlos Vicuña, La Tiranía en Chile, tomo II. En medio del encarnizamiento de la represión. Vicuña refiere que se destacó la actitud valerosa de un oficial llamado Enrique Caballero, quien impidió a una ametralladora barrer a las mujeres y niños, por lo que fue sumariado.

En cuanto a los culpables máximos de tan inhumana matanza, afirma que el principal es el coronel Carlos Ibáñez del Campo, quien la habría ordenado en su calidad de Ministro de Guerra, a espaldas del presidente Arturo Alessandri y, luego, le sigue en responsabilidad el general Florentino de la Guardia.

La mencionada obra de Carlos Vicuña es de mérito decisivo y de extraordinario valor. En sus paginas apasionadas, veraces y terribles, analiza detenidamente el desarrollo social de Chile, de los partidos políticos: sus programas, fuerzas y claudicaciones, traza cuadros precisos de las diversas administraciones desde Balmaceda a la dictadura de Ibáñez; describe varios de los más importantes hechos de la clase trabajadora y las inhumanas matanzas que sufriera, con abundantes detalles que nos permiten conocer las justas causas que provocaron sus movimientos frente a una obcecada actitud de egoísmo y crueldad de los patrones, gobierno y fuerzas armadas. La parte más considerable de la obra está destinada a narrar los orígenes del movimiento militar que surgió el 5 de septiembre de 1924 y sus diversas vicisitudes hasta que asume el gobierno el coronel Carlos Ibáñez del Campo.

Vicuña Fuentes es un declarado enemigo de la intromisión de los militares en la vida cívica y las emprende con rudeza y valentía en contra de la dictadura de Ibáñez; denunciando todos sus manejos, atropellos y vejámenes.

Este libro de Vicuña Fuentes reúne méritos sobresalientes por sus ideas generales, por la cantidad inmensa de hechos que narra prolijamente, por el carácter de memorias que presenta, de tal manera que es un instrumento indispensable para conocer un turbulento período de nuestra historia, a través del testimonio de un luchador honesto e insobornable, por el retrato desnudo y feroz que traza de cada uno de los principales dirigentes que han actuado hasta la época de Ibáñez, por la valentía con que descorre los telones que ocultan los verdaderos móviles en los asuntos políticos y en las vidas privadas de los grandes camaleones de la política nacional.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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