Desarrollo económico - social de Chile

Capítulo I

ÉPOCA DE LA ASCENSIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

1. Durante el gobierno de Joaquín Prieto (1831-1841), impuesto como resultado del triunfo de las fuerzas conservadoras en la batalla de Lircay (abril de 1830), se asentó definitivamente el dominio político de la clase terrateniente, consolidándose la sociedad feudal.

El pipiolismo predominó hasta 1829 y en la presidencia del general Francisco A. Pinto se dictó la Constitución de 1828, documento jurídico máximo de la ideología y aspiraciones liberales. Incorporaba una serie de medidas orientadas a sacudir el colonialismo aún intacto, a pesar del movimiento de la Independencia, y reducir, en parte, la oligarquía feudal por medio de la desamortización de los mayorazgos y mediante el secuestro de los bienes del clero regular y la reglamentación de su poder; por la consagración de las libertades individuales y el ensanchamiento de la educación pública. No obstante, esta pieza jurídica capital del liberalismo pipiólo de 1825-1829, demuestra su debilidad y vaguedad al establecer la religión católica apostólica romana como religión del Estado "con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra" y al negar al pueblo su participación en la cosa pública, o sea, en la lucha contra la reacción feudal, limitando la ciudadanía. Esta se le confería a "los chilenos naturales que, habiendo cumplido 21 años o antes si fueren casados o sirviesen en la milicia, profesen alguna ciencia, arte o industria, o ejerzan un empleo, o posean un capital en giro, o propiedad raíz de que vivir". La disposición reproducida inhabilitaba a los obreros de la ciudad y a los trabajadores źdel campo para inscribirse como ciudadanos electores; además, de suspendía la ciudadanía "por la condición de sirviente domestico". Los sectores populares quedaban claramente marginados de la vida cívica.

De todas maneras, es importante destacar en la Constitución de 1828 el juego armónico de los poderes públicos que implantaba. El Ejecutivo era de generación indirecta; la Cámara de Diputados lo era por elección popular y el Senado por las Asambleas Provinciales. En el Poder Judicial, la Corte Suprema la generaba el Congreso; los Jueces de Letras los nombraba el ejecutivo de ternas presentadas por las Asambleas Provinciales.

Estas eran elegidas por voto popular, organizaban el Poder Municipal y proponían en ternas los intendentes para su designación por el Ejecutivo. Significaban la descentralización dentro del unitarismo.

El pipiolismo sucumbió ante la coalición de pelucones, estanqueros y O'Higginistas, conducidos por Diego Portales, quien supo maniobrar con habilidad. Disciplinó a los pelucones y liquidó las miras caudillistas de los partidos de 0'Higgins, logrando ponerlos al servicio de sus planes y dándole, más tarde, la presidencia de la República al general Joaquín Prieto, su principal figura. Por otra parte, el fracaso del pipiolismo se hizo rotundo a causa del atraso económico; la carencia de educación política en la inmensa masa del pueblo, hundido en la miseria y la ignorancia, en los prejuicios y la sumisión y, también, en razón de su carencia de finalidades precisas y homogéneas, hecho que provocaba sus divisiones internas. Dentro del grupo de orientación liberal, o pipióla, se cobijaban los federalistas, quienes lograron un abierto predominio en 1826. Los federalistas atacaban el caudillismo y el desorden administrativo, señalaban el abandono en que se mantenía a las provincias y acusaban al raimen autocrático como al verdadero causante de tal situación. Querían renovar las instituciones coloniales y propiciaban la descentralización. En la práctica, al preconizar la autonomía de las regiones, contribuyeron a mantener el localismo, elemento esencial de la feudalidad, y sus campañas favorecieron, en último término, la supervivencia del sistema colonial.

Portales, una vez victorioso, entregó el poder a la clase aristocrática, fortaleciendo su vehículo político: el partido Conservador y supo prestigiar su acción, porque no buscó la dictadura personal ni la de sus partidarios más cercanos.

Las más importantes medidas tomadas por Diego Portales para asegurar el control del gobierno en manos de las fuerzas conservadoras fueron las siguientes: restablecimiento de los mayorazgos y del poder eclesiástico (éste lo robusteció con la devolución de los bienes confiscados al clero regular, el mantenimiento de la censura de los libros que se introducían al país por una comisión eclesiástica y la asistencia obligatoria de los funcionarios públicos a las festividades religiosas, medidas que sellaban la estrecha alianza que había existido entre la clase terrateniente y la Iglesia); supresión de las asambleas provinciales, con el objeto de impedir toda grieta en la organización unitaria y centralizada del país, desintegración del Ejército y eliminación de toda la oficialidad que profesaba ideas liberales y que estaba formada por los más ilustres y gloriosos jefes de la Independencia, los héroes de Chacabuco y Maipú; organización de un nuevo Ejército a base del núcleo de Prieto y el restablecimiento de la Academia Militar, que se propuso preparar una nueva oficialidad; y creación de guardias cívicas, estrictamente controladas por el gobierno, a manera de guardia pretoriana, que al supeditar el Ejercito significó un tremendo poder de coacción al servicio de la clase dirigente; disolución del Partido pipiólo, cuyos directores fueron duramente perseguidos.

Las medidas represivas de Diego Portales formaban parte de una política fría, realista e implacable, para imponer el gobierno fuerte de los pelucones, y se afianzaron con la favorable situación económica derivada de la explotación de nuevos minerales, y en especial, de Chañarcillo, al sur de Copiapó, descubierto en 1832, y que aportó ciento cincuenta millones de pesos oro de 18 peniques a la economía nacional. Portales fue el restaurador de la oligarquía colonial en el poder con el auxilio de los mayorazgos y de la Iglesia. La realidad portaliana se mantuvo firme, aunque con algunos sobresaltos, victoriosamente superados, a pesar de costarle la vida a su creador.

La expresión jurídica de la victoria de los pelucones fue la Constitución de 1833, documento que, según un notable historiador hispano, hijo de Chile una república autocrática de la que el Presidente era "el delegado de la oligarquía dominante". Esta constitución, inspirada por Diego Portales, "venía a garantizar la autoridad de unas docenas de familias hacendadas" (1)

La Constitución de 1833 consagraba la influencia preponderante de la clase terrateniente. Un Ejecutivo omnímodo traducía y defendía los intereses de la clase dominante. Establecía una república censitaria al exigir una determinada propiedad o renta para tener derecho a sufragio, a la vez que señalaba diversas marginaciones de la vida ciudadana, proclamaba a la religión católica la oficial del Estado; restablecía los mayorazgos y suprimía las asambleas provinciales.

El carácter autocrático de la Constitución de 1833 queda de manifiesto en las diversas facultades dadas al Ejecutivo: designaba los ministros, intendentes y gobernadores; ejercía el patronato sobre la Iglesia; se le confería veto absoluto en la formación de las leyes; podía vetar por un año los proyectos de leyes aprobados por el Congreso; tenía atribución para organizar un Consejo de Estado; podía declarar suspendido, en receso del Congreso, de acuerdo con el Consejo de Estado (designado por el), el imperio de la Constitución en un punto determinado del país; existía una marcada preponderancia del Senado, compuesto de veinte miembros elegidos indirectamente, aunque en la práctica eran designados por el Ejecutivo; tenía autorización para solicitar del Congreso facultades extraordinarias. Los historiadores conservadores han defendido la Constitución de 1833 como la base en que se apoyó el desenvolvimiento republicano y el progreso de Chile. Han recurrido a las más tinas artes dialécticas para interpretar su contenido y presentarlo en forma atrayente, es decir, como una pieza republicana y democrática. Manifestación muy expresiva de esa actitud es la defensa de don Jaime Eyzaguirre (2). Según este historiador, la Constitución de 1833 daba vida a un "Estado que no era oligárquico, puesto que no se creaba para el predominio abusivo de una clase, pero que tampoco era democrático, ya que no se llamaba a todos los ciudadanos a participar en igual forma en su dirección. Estado en realidad aristocrático, aunque fundado no en los privilegios de la sangre, sino en los de la virtud e inteligencia. Los hombres que debían regirlo eran escogidos de cualquier clase, con tal que revelaran condiciones sobresalientes de capacidad, y en este sentido se admitía un margen democrático".

Es verdad que, a lo largo del desenvolvimiento republicano; se encuentran algunos nombres modestos ligados a la dirección política del país; pero ello se explica no por una realidad democrática, sino que por motivos religiosos, adhesión cerrada al catolicismo, o por la entrega, a menudo servil, a los intereses y privilegios de la clase feudal, como abogados y escribas asalariados, en cuyo servicio y defensa se demuestran más exigentes que los propios miembros de la aristocracia.

Algunos escrúpulos le obligan a decir, al historiador citado, que "un Presidente autorizado para permanecer en el poder durante un decenio y entre cuyas facultades amplísimas contaba la de dejar temporalmente sin efecto las garantías individuales, un Senado de nueve anos de duración; y un cuerpo electoral fundado en el sufragio censitario, decían poco de república democrática y hablaban más de monarquía electiva" sostenida por una aristocracia virtuosa y progresista.

La dictadura portaliana significó la instauración de las formas coloniales bajo la aparente estructura republicana. Se produce lo que el pensador argentino José Ingenieros denominaría "la restauración". En efecto, los caudillos e ideas del movimiento emancipador son aplastados y se impone un retorno a la realidad pre-revolucionaria, dominando de nuevo los intereses afectados por la revolución. La estática colonial trata de imperar ahogando el único bien efectivo que nos diera la emancipación: la conciencia política y cultural, el noble anhelo de superar la inercia y el atraso de los días coloniales.

Los rasgos sobresalientes de esta época de restauración son los siguientes: mantenimiento de la paz interna, es decir, el "orden", utilizando para ello todos los medios posibles, con el objeto de eliminar el movimiento liberal; poca política y mucha administración, para adormecer la conciencia política del pueblo, y conseguir prestigio en el exterior para que el extranjero nos vea con buenos ojos, nos de su confianza y su crédito. Con tiempo, esta política permitirá la colonización de porciones considerables del territorio, otorgamiento de empréstitos, inversiones cuantiosas para explotar nuestras riquezas naturales, lo que, a la larga, se concretara en la explotación imperialista que ha agobiado al país.

Portales llevó a cabo con éxito estos principios, y los gobiernos decenales que le sucedieron continuaron en la misma forma . programa. Sin embargo, a causa del desarrollo económico del país y de la influencia de la ideología liberal europea, tanto en dominio político como en el cultural, reviven las ideas reformistas, especialmente a partir de la administración de Manuel Bulnes.

2. Durante el decenio de Bulnes, se producen diversos sucesos que vigoriza la economía. Desde 1845, mas o menos, comienza a explotarse formalmente el carbón, debido a la labor de dos hombres de empresa: Juan Mackay y Guillermo Wheelwright. primero trabajó las minas de carbón; el segundo, lo utilizó el transporte marítimo (por la acción de Wheelwright se ndó, con capitales ingleses, la Compañía de Vapores del Pacífico). En 1848, en Coronel, por Jorge Rojas, y más adelante por Federico Schwager y Guillermo Délano. En 1852 llegó el más importante organizador de las explotaciones carboníferas, Matías Cousiño, casado con la viuda del millonario minero Miguel Gallo, para proveer a las fundiciones de cobre del norte. Posteriormente, la economía recibe un nuevo impulso a raíz del descubrimiento de los terrenos auríferos de California, lo que produjo, junto a una gran emigración chilena hacia esa comarca, un apreciable aumento de la producción agrícola y manufacturera. El trigo y la harina de Chile, tenían una aceptación especial en esa región, en la misma forma que sus obreros eran grandemente estimados. "La causa de las exportaciones a California estaba en la extraordinaria actividad que nació ahí por los descubrimientos mineros a mediados del siglo pasado, circunstancia en que por razones de transportes los abastecimientos de Norteamérica no fueron suficientes. El desarrollo del comercio de Chile con California empezó sólo en 1848, con una gran exportación chilena por valor de $ 250.195 que, en 1849 subió a $ 1.835.460 y que en 1850 fue de $ 2.445.868. El cambio internacional estuvo en 1850 a 46.3/16 peniques por peso. (3)

Toda esa riqueza se vuelca en la realización de grandes obras públicas; se abren caminos, se construyen ferrocarriles (en 1848 se inicia la construcción, dirigida por Guillermo Wheelwright, del primer ferrocarril chileno y segundo de Sudamérica de Caldera a Copiapó, zona minera que estaba en plena prosperidad. Con ese fin se formó una sociedad particular de doce mineros de Copiapó. Entre ellos, Agustín Edwards Ossandón, Tomás Gallo, Gregorio Ossa y Matías Cousiño. El primer tren corrió el 25 de diciembre de 1851; barcos a vapor recorren las extensas costas del Pacifico, reemplazando a los barcos a la vela; el telégrafo abrevia las comunicaciones. Y la minería continuaba siempre en aumento. En 1848 se descubrió cerca de Copiapó el mineral de Tres Puntas y otros. El vasto mercado de California aseguraba una enorme demanda a la agricultura. He ahí las causas del floreciente estado de la economía nacional. Por otra parte, llegan algunos industriales franceses y los primeros colonos alemanes a la zona sur, región de Valdivia, incorporando esas tierras a la producción.

3. Este auge económico influye en la estructuración del movimiento demo-liberal, como asimismo un suceso político externo: la revolución francesa de 1848, la cual, después de estallar en París, se extendió por toda Europa, propiciando audaces reformas políticas y sociales, desde un punto de vista democrático, popular y socialista. Este movimiento revolucionario repercute notoriamente en la juventud chilena, al igual que la literatura revolucionaria francesa en boga. Desde ese instante se inicia con nuevos bríos la lucha para reemplazar el sistema social y político imperante y establecer, en cambio, un sistema liberal y democrático que pusiera control al dominio de la aristocracia terrateniente que gobernaba en forma dictatorial.

A los elementos renovadores se les imponía la necesidad de organizar un partido político que diera forma sistemática a sus aspiraciones. Lastarria y Espejo redactaron "El Siglo", con el objeto de que sirviera de vehículo a una agrupación liberal; y luego, el primero publicó, con el mismo motivo, la "Revista de Santiago", suprimida a causa de la aparición de su ensayo: "Manuscrito del Diablo", en el que condena hábitos antisociales y las preocupaciones antidemocráticas de la oligarquía gobernante.

Poco después, a mediados de 1849, en la Cámara de Diputados, se organiza una brillante mayoría opositora al gobierno y nace, en seguida, el Club de la Reforma, agrupando al sector liberal más avanzado, que tuvo una breve y agitada vida. El movimiento liberal fracasa, porque las fuerzas sociales en que se apoya son muy débiles. El proceso de estructuración económica de la burguesía demo-liberal constituye la base del desenvolvimiento correlativo de su consolidación política. Esta última comparte las debilidades y fortalecimiento de aquél, puesto que de él depende. Es por esto que solamente cuando esa clase se ha integrado como tal, independientemente, sobre cimientos económicos propios, sólo entonces, y al presentarse la coyuntura histórica favorable, insurge poderosa a conquistar para el poder político, indispensable para consagrar jurídicamente su hegemonía exclusiva.

Lo mismo puede expresarse con respecto del nacimiento y desarrollo progresivo de la clase trabajadora en la época actual.

4. Ante el fracaso del naciente movimiento demo-liberal, un joven discípulo de los pensadores socialistas utopistas franceses, Santiago Arcos Arlegui, inicia las gestiones para movilizar a la capa popular, (artesanos y núcleos obreros urbanos) y juventud liberal, a través de un organismo político propio e independiente, que tendría por objeto luchar no sólo por "el triunfo de un candidato progresista, sino también sacar al pueblo de la vergonzosa tutela a que se le tiene sujeto". En esa época ya se movían las fuerzas políticas del país para enfrentar la lucha presidencial de 1851. Arcos se vio secundado en su acción por Francisco Bilbao, quien recién llegaba al país, después de permanecer en Europa desde 1844. En abril de 1850 quedó constituida la "Sociedad de la Igualdad", organismo que durante siete meses libró una valerosa contienda en contra del gobierno feudal dominante hasta que fue aplastada por éste. Su declaración de principios se condensaba en tres puntos: 1║ La soberanía de la razón como autoridad de autoridades. 2║ La soberanía del pueblo como base de toda política. 3║ El amor y la fraternidad universales como vida moral. Su objetivo político inmediato fue la lucha por la conquista de las libertades electorales, aplicación de las libertades públicas y oposición a la candidatura de Manuel Montt.

La Sociedad de la Igualdad despertó un considerable fervor en las masas de la época. Tuvo su himno de guerra: "La Igualitaria"; sus diarios: "El Amigo del Pueblo" y "La Barra"; inauguró el sistema de las conferencias populares y de la discusión pública de los problemas que afectaban a las masas necesitadas. Su organización constituye la base lejana de los modernos partidos obreros. Sus concentraciones políticas reunieron a miles de ciudadanos, hecho inusitado para ese tiempo. Combatió con ardor la candidatura de Montt, expresando sus dirigentes que "proclamar a Montt para candidato a la Presidencia, es autorizar la revolución..." Precisamente, su vida política terminó con un gran mitin, el 28 de octubre de 1850, con asistencia de 3.000 personas, en el que aprobaron un tremendo voto en su contra. Ante esta situación, el gobierno la liquidó so pretexto de una especie de levantamiento producido en San Felipe, siendo sus dirigentes apresados y desterrados.

5. En los primeros instantes en que la Sociedad de la Igualdad combatía la candidatura de Montt, aparecía un folleto de Sarmiento, el 5 de noviembre de 1850, cuyo titulo era ya una hábil consigna: "┐A quién rechazan y temen? A Montt. ┐A quién sostiene y desean? A Montt. ┐Quién es entonces el candidato? Montt". En ese opúsculo. Sarmiento condena lo que él llama la demagogia de oposición, que empezó siendo "liberal y propietaria con Lastarria", para tornarse "demócrata y socialista con Bilbao". Aprovecha la oportunidad para atacar la agitación de la Sociedad de la Igualdad y exponer su credo en las siguientes líneas: "La condición del pueblo no se mejora con discursos bíblicos que entran por un oiáo y salen por el otro; ni con paseos, ni bullangas. Se mejoran con caminos, con riquezas, con exportación de productos, que hacen subir el salario, ocupan brazos y desenvuelven la inteligencia. Se le mejora por las escuelas, por la enseñanza, por los hábitos de orden. Todo lo de más ct son picardías de ambiciosos para hacerse un pedestal y elevarse o son ilusiones de poetas que no conocen la vida, ni su país, ni la sociedad en que viven".

La Sociedad de la Igualdad, a pesar de su gran agitación y del movimiento popular que logró impulsar, no alcanzó a formar una conciencia política en las masas ni logró constituir una oposición sólida capaz de luchar victoriosamente contra el gobierno, debido a la extrema debilidad económica de los nacientes sectores burgueses y populares. Sin embargo, es imposible negarle el rol que jugó y su influencia en el movimiento democrático posterior. Por otra parte, la acción de la Sociedad de la Igualdad sirvió para que se manifestara un vigoroso pensador, como lo fuera Santiago Arcos Arlegui. Arcos conocía ampliamente las doctrinas de los diversos socialistas utopistas franceses y había presenciado los movimientos populares que se gestaban en el seno de la sociedad gala de fines de la segunda mitad del siglo XIX. Era, pues, un adepto de las ideas democráticas y socialistas y un partidario fervoroso de su establecimiento por medio de la lucha del elemento popular. Arcos, a la luz de sus ideas, enfocó el proceso del desarrollo de la sociedad chilena y en su análisis se define como el primer escritor nacional que haya estudiado en forma sistemática las clases sociales chilenas, caracterizando notablemente sus intereses antagónicos y la lucha que se verifica entre ellas. Santiago Arcos es el primero que ha planteado en forma profunda, la existencia de la lucha de clases en el seno de nuestra sociedad. En seguida, estudió la realidad política de su época y describió a los grandes partidos en que se organizara la clase poseedora. Profundizó en la búsqueda de las causas que han originado el lamentable estado económico y social del país, afirmando que ellas residen en el injusto sistema de propiedad imperante, emanado de la Conquista, que ha determinado la formación de clases sociales rivales, la pobreza general y el atraso del país.

6. Arcos no se quedó en la simple crítica. Expuso los remedios que, en su opinión, podrían cambiar en forma radical la realidad dominante. Fundamentalmente, propuso la inmediata repartición de la propiedad territorial, como la única y decisiva medida para aliviar las condiciones de vida de las grandes multitudes laboriosas, y la sola base seria y posible de una democracia económica y política.

Arcos se coloca de este modo como el más genuino precursor del movimiento obrero moderno que lucha por conseguir la eliminación de la desigualdad económica, social y política, para establecer la justicia social sobre bases definitivas. Vio con toda claridad que las instituciones políticas, el derecho público, eran derivaciones, manifestaciones, de la estructura económica, la que era preciso modificar en forma total para lograr la reforma política. Toda transformación política que no se realiza como consecuencia de un profundo cambio de la estructura económico-social, es una quimera. Era preciso, para Arcos, de acuerdo con ese criterio, en primer termino, repartir la tierra entre las masas campesinas, con el objeto de poner fin a su servidumbre, que se mantenía casi idéntica a la de la época de las encomiendas. Sólo de tal manera se concluiría con la dominación agobiadora de la oligarquía terrateniente.

He ahí también su diferencia con Bilbao. Este, al igual que los liberales, no permitía que ni siquiera temporalmente se tocara el derecho de los propietarios, aunque fueran grandes latifundistas. Para Bilbao, como para los liberales, el remedio principal a todos los males que aquejaban al país era el mantenimiento de una amplia democracia y de las libertades públicas, estimando que podían realizar esa reforma política con sólo corregir las líneas del derecho público por medio de leyes adecua- das. En cambio, para Arcos, lo estaba en la medida indicada y en la distribución de la propiedad territorial, ya que su posesión en manos de una minoría era la causa de la miseria imperante y de las clases sociales antagónicas.

7. La clase dominante, después de aplastar una insurrección en abril de 1851, proclamó e hizo triunfar la candidatura presidencial de Manuel Montt. Su victoria fue considerada ilegal por su contendor el general Cruz, provocándose la sangrienta guerra civil que terminó en la costosa e indecisa batalla de Loncomilla. Es reconocido el triunfo de Montt y a su alrededor se reagrupan las fuerzas conservadoras, gobernando sobre la base de una dictadura apoyada en omnímodas facultades extraordinarias (la mitad de su decenio estuvo bajo dicho régimen) en drásticas leyes represivas, a fin de impedir el avance del liberalismo en el plano político, reforzado siempre por el constante desarrollo económico.

Precisamente durante el decenio de Montt (1851-1861), crece grandemente la productividad del trabajo. El progreso económico y técnico transforma las condiciones de vida. El auge de la minería: metales preciosos (plata), carbón y cobre (entonces Chile era el principal productor de cobre en el mundo); el desarrollo de las vías férreas, las exportaciones de productos agropecuarios (mercados de California y Australia) y el aumento del comercio, produjeron el enriquecimiento de numerosas familias que pasaron a constituir una nueva clase social, vigorosa y pujante, distinta de la aristocracia terrateniente. El proceso económico tiende a la formación de una burguesía minera, manufacturera y comercia!, sobre las ruinas de la economía semi feudal de la primera mitad del siglo XIX. Es el momento de tránsito de dos economías; la feudal y la capitalista. Surge y se desarrolla con inusitado impulso la burguesía y el movimiento demo-liberal que representa. Esta nueva clase social se rebela contra el régimen semi feudal imperante, ataca el sistema de reacción política que predomina y lucha abiertamente para imponer el liberalismo. Desea la limitación, de las facultades del Poder Ejecutivo, por medio de la ampliación del sufragio; la elección del Senado por votación directa; el nombramiento de los intendentes y gobernadores por el voto popular; la supresión del veto presidencial; la abolición de las facultades extraordinarias.

El propio Montt se vio obligado, por la presión de las fuerzas económicas en crecimiento, a llevar a cabo una serie de importantes reformas. Entre ellas: supresión del diezmo, gravoso impuesto indirecto; oposición al restablecimiento de los jesuitas: choque con el clero en defensa de los derechos del Estado en sus relaciones con la Iglesia (patronato); abolición de los mayorazgos, que afectó a 18 grandes vínculos que inmovilizaban la propiedad agraria; intensificación de la colonización en el sur del país, construcción de vías férreas, para lo cual contrató un empréstito externo por $7.000.000 a la casa Baring Brothers y Cía. de Londres; aumento de la explotación del carbón de Lota y Coronel (en 1852, don Matías Cousiño. que había sido uno de los accionistas del ferrocarril de Caldera a Copiapó, fundó la primera compañía minera de aquella región y, diez años más tarde, la producción había subido de 7.815 toneladas, en 1852, a 36.715 toneladas en 1863); fomento de la producción cuprifera (en 1858 los hornos de fundición de Guayacán, de José Tomás Urmeneta y Maximiano Errázuriz Valdivieso entregaban 26.000 qq de cobre al mes elaborados por 30 o 40 chimeneas, y en la década del 70 Chile enviaba al mercado internacional la mitad del cobre producido en el mundo) ; expansión del comercio; desarrollo de la educación; fundación de la Caja de Crédito Hipotecario, en 1856, destinada a facilitar dinero a los hacendados con garantía de la propiedad inmueble, institución que con el correr del tiempo sera decisiva en la determinación de los rumbos de la política oligárquica y que en su época permitió incorporar al comercio y al mercado una enorme cantidad de tierras enfeudadas por la traba del mayorazgo; dictación del Código Civil, en 1857, lo que constituyó un avance innegable sobre el arcaico régimen jurídico feudal.

Andrés Bello fue el redactor del Código Civil; ideológicamente era de tendencias conservadoras. A poco de llegar al país, durante el gobierno de los liberales, escribió que las "instituciones democráticas han perdido aquí su pernicioso prestigio". No obstante, a menudo, se desesperaba contra la pereza y atraso de la aristocracia pelucona. En el Código Civil quedó estampado el criterio frío, impersonal, al servicio de una estructura social dominada por una pequeña oligarquía privilegiada. El historiador conservador don Jaime Eyzaguirre caracteriza el contenido de ese código de la manera siguiente: "Hasta ese concepto paternalista y aristocrático de la sociedad, llevado por Portales y Egaña al campo político, encuentra sus proyecciones en el derecho privado. Cuando Bello reglamente el contrato de trabajo de los criados domésticos y los conflictos que de él pudieran derivarse dispone que a falta de otra prueba, sea creído el patrón sobre su palabra en orden a la cuantía del salario, al pago del salario del mes vencido y a lo que diga haber dado a cuenta por el mes corriente. Semejante disposición, dictada en una época en que las capas bajas de la sociedad carecían de toda cultura, equivalía a entregar la plenitud de éstos en manos de la clase dirigente".

El Código Civil fue concebido como expresión de un derecho abstracto y absoluto, fundándose en el respeto por una individualidad abstracta, autónoma e igual en todos los seres. Pero, a pesar de su aparente armazón metafísica, el Código Civil era el "código de los propietarios".

El Código Civil, aunque producto de una época histórica determinada, tuvo por objeto, al ser dictado, imponer normas fijas y durables a la sociedad cambiante y mudable, en defensa de la propiedad y de la clase poseedora, categorías eternas e inmutable para la burguesía.

La aparición de nuevas fuerzas productoras y el aumento de la riqueza, generada por la minería y que, a su vez, da impulso a la industria y al comercio y libra a la agricultura del estancamiento; la extensión paulatina de la educación y las reformas enumeradas, provocaron el debilitamiento de la aristocracia colonial y su rebelión contra Montt en tal forma que el Partido Conservador se alejó del gobierno, a pretexto de un incidente de carácter religioso, debiendo los partidarios del Presidente echar las bases de un nuevo organismo político para defender su administración: el Partido Nacional, de tendencias conservadoras moderadas y laicas, denominado corrientemente montt-varista y que será más tarde el partido de los grandes banqueros.

8. El desarrollo económico de la época queda bien establecido en algunos guarismos. Desde 1845 a 1860 se triplican las cifras del comercio. El comercio exterior, de importación y exportación, alcanza en 1860 a cerca de 50 millones de pesos; el tráfico de cabotaje se aproxima a los 20 millones. La exportación de minerales, que en 1845 llegó a unos 41/2 millones de pesos de 48 d., sumaba en 1860 cerca de 19 millones de pesos; y la agricultura, cuya exportación alcanzaba en aquel año al millón de pesos, era en 1860 de más de 41/2 millones. En la misma forma había crecido la población urbana de poco más de un millón de habitantes a 11/2 millones. Habían mejorado las comunicaciones y la inmigración, aunque poco numerosa, había incorporado elementos europeos valiosos y progresistas a la economía nacional.

Este desarrollo económico debido a la explotación de las minas de metales preciosos en Atacama, al incremento de la agricultura a causa de los buenos mercados externos y al aumento del comercio, permitió la formación de sectores urbanos con mayores fortunas y nuevas influencias que fortalecieron a la naciente burguesía. Frente al oligarca terrateniente, miembro de la vieja aristocracia colonial, de concepciones feudales, surge el hurgues capitalista, de tendencias liberales, que, poco a poco, constituye una nueva y pujante clase social, con capitales propios, necesidades especificas y aspiraciones nuevas.

En las sociedades divididas en clases antagónicas, la conquista del poder político ha sido siempre la mira de todas las clases nuevas. De ahí la acción decidida de la burguesía nacional para capturar el gobierno e imponer su programa democrático-liberal, que contemplaba el respeto de las libertades públicas, la libertad de sufragio y la secularización de las instituciones, la limitación de las facultades presidenciales y la purificación de las costumbres electorales, con el objeto de impedir que el Ejecutivo generara los poderes públicos.

En el momento de romper con el modo de producción semi-feudal, el liberalismo económico y político y el individualismo jurídico importan un paso decisivo en el progreso nacional. Un nuevo sistema de producción y un nuevo régimen de propiedad, el burgués-individualista, hacen nacer nuevas relaciones sociales y determinan nuevas posiciones políticas.

9. En esta época, como consecuencia del desarrollo económico. se crean los primeros bancos. La idea de fundar una institución bancaria con participación del Estado surgió casi junto con la Independencia, aunque la primera tentativa para hacer realidad esta aspiración se debió a Antonio Arcos, quien bajo el gobierno de Manuel Bulnes, en 1849, consiguió la autorización para instalar el Banco de Arcos y Cía., que fracasó a causa de la desconfianza del público hacia el mencionado banquero por sus turbios negocios, durante la dictadura de 0'Higgins-Rodríguez Aldea. En 1856. la firma Ossa y Cía., con el nombre de Banco, inició la emisión de billetes a la vista y al portador. Cuatro años más tarde estas operaciones fueron legalizadas al fundarse el Banco de Chile con un capital de S 400.000. En 1865 cambió su razón social por la de Banco Nacional de Chile. Luego se crea el Banco Edwards, en Valparaíso (4).

El 23 de julio de 1860 se promulgó la ley de Bancos. La informaba el más completo liberalismo, de acuerdo con las ideas del economista francés radicado en el país, Courcelle-Seneuil.

Cualquier persona hábil para ejercer operaciones comerciales podía fundar bancos de emisión. Los defensores de la intervención del Estado en el campo de la economía y de la creación de un Banco Nacional, fueron vencidos. Los partidarios de la libertad bancaria triunfaron plenamente y por eso la Ley de Bancos de 1860 consultaba sólo el interés de los accionistas y directores. Podían elevar las emisiones hasta el 150% de su capital efectivo. Así surgen los bancos nacionales y también los extranjeros. Su influencia desastrosa para nuestra economía se manifestó en las crisis de 1861-65, 1876-78 y 1898. En las dos últimas la legislación bancaria inspirada por Courcelle-Seneuil fue la doctrina y justificación del curso forzoso y del reinado del papel-moneda. Sólo por ley del 31 de julio de 1898 se reservó el Estado el derecho de emisión. Las demás disposiciones de la Ley de Bancos de 1860 estuvieron en vigencia, con pequeñas modificaciones, hasta la reforma monetaria de 1925. El más vigoroso contradictor de Courcelle-Seneuil fue don Pedro Félix Vicuña, cuyas ideas están claramente presentadas en un folleto: Apelación al crédito público por la creación de un Banco Nacional (Valparaíso, 1862). Es indudable que los bancos fueron fundados .como resultado del incremento de los negocios mineros y comerciales y de la capitalización anexa a ese desarrollo económico, y la ley de Bancos, según las ideas liberales e individualistas, respondían exactamente a las aspiraciones y necesidades de la nueva economía. Los bancos reforzarán v acrecentarán el poder del sector plutocrático y desde temprano mantendrán un apreciable control del gobierno hasta imponer el régimen papelero, con la consiguiente desvalorización de la moneda en su beneficio y en el de los terratenientes mineros e industriales.

10. Desde mediados del gobierno de Montt se imponen ampliamente las teorías económicas liberales y libre-cambistas. Logra una influencia preponderante el economista francés Gustavo Courcelle-Seneuil, quien orienta la política económica del gobierno durante siete años (1855-1863), al fijarle rumbos en calidad de Consultor Técnico del Ministerio de Hacienda. La prédica. de Courcelle-Seneuil ayuda al triunfo de la política del "laissez-faire", a costa de la riqueza nacional. Mientras que las legislaciones de los Estados europeos estaban inspirada en un sistema proteccionista, a base de derechos elevados a las mercaderías extranjeras y primas de exportación a los productos del país, que era lo útil para Chile en aquellos instantes, el economista trances se pronuncia por una legislación bancaria libérrima y por una legislación que estableció la más absoluta libertad en nuestras relaciones comerciales y en la navegación de cabotaje.

Las ideas de Courcelle-Seneuil orientaron la Ley de Bancos, como hemos visto, e inspiraron la Ordenanza de Aduanas, del 31 de octubre de 1864, que liquidó la posibilidad de hacer de Chile un país industrial y de permitirle desarrollar una importancia marina mercante, dejándolo como mero productor extensivo y exportador de materias primas. Para fomentar el intercambio de productos se declaró la reciproca libertad de comercio, extendiéndose "el principio de igualación de banderas" a naciones como Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos. Se produjo en el acto el desequilibrio de nuestra balanza de comercio con esos países y una funesta competencia para la industria y marina mercante chilenas. (La marina mercante contaba en 1866, con 258 naves, que sumaban 68.218 toneladas; y, en !890, con 150 barcos, que totalizaban 72.000 toneladas, lo que indica su estagnación, incapaz de competir con las marinas mercantes europeas favorecidas con las disposiciones liberales de la legislación vigente en el país). La estadística de comercio internacional, desde 1844 a 1891, demuestra que los valores importados sobrepasaban en mucho a los que salían del país, lo que empobrece a Chile al dificultar una sana y apreciable capitalización, pues impide su industrialización, mantiene el atraso agrario y permite la penetración abierta del imperialismo.

La influencia de Courcelle-Seneuil fue vasta, ya que se vio favorecida por las condiciones de la situación nacional. Las nuevas tuerzas sociales y económicas encontraban en el liberalismo su camino y justificación; y la reacción feudal también adhiere a sus principios, porque, en lo económico el "laissez-faire, laissez-passer", garantiza y afirma su monopolio. Eso explica que el Partido Conservador ultramontano y el Partido Liberal se unan en diversas ocasiones (fusión liberal-conservadora contra Montt; gobierno liberal-conservador durante la presidencia de Errázuriz Zañartu). Además, ante la inevitabilidad de las reformas jurídicas, de carácter liberal, impuestas por la burguesía y la dialéctica del desarrollo económico, la reacción latifundista y clerical se cubre con su bandera ideológica y lucha por derrumbar la omnipotencia del Ejecutivo y, en cambio, propicia la comuna autónoma, que consagraría el poder feudal en campos y aldeas, y la "libertad electoral", para impedir el intervencionismo gubernamental, reemplazándolo por el cohecho, que le permitiría comprar los sillones del Congreso. En ambas conquistas se asentaría un nuevo régimen político: el parlamentarismo, que supondría la subordinación del Ejecutivo al Congreso y donde dominaría, sin contrapeso, la reacción feudal en intimo consorcio con la nueva plutocracia. Finalmente, la reacción clerical defiende "la libertad de enseñanza", aplicando el principio del "laissez-faire" a la educación, como si ésta fuera algo económico y mercantil; su lucha por la libertad de enseñanza lo es para imponer, a su sombra, una organización educacional propia que le asegure su dominación ideológica, junto a su predominio económico-social y político.

El liberalismo individualista afirmó el feudalismo existente, a la vez que ayudó al desarrollo de una burguesía minera y comercial y facilitó la penetración de las economías más evolucionadas, o sea, del imperialismo. El país se desarrolla, pero sin guardar armonía con su verdadera esencia económica y social y sin conexión con sus legítimos intereses y perspectivas. Chile pasa a ser un vasto mercado de productos manufacturados extranjeros y proveedor de materias primas, especialmente minerales. Esta situación se mantiene a lo largo de un siglo, porque favorece a ciertos sectores económicos poderosos, que son los que controlan la economía y el Estado, pero es ruinosa para el país en su conjunto y expoliadora en alto grado para sus grandes masas trabajadoras (5).

La ciencia económica, orientada por Courcelle-Seneuil y por sus discípulos Miguel Cruchaga Montt, Zorobabel Rodríguez, Camilo Cobo y otros, consagró el orden de cosas analizado. Los pocos espíritus que con clara visión del porvenir defendían un sano nacionalismo económico, un proteccionismo adecuado, reclamando para Chile una economía industrial y una expansión marinera, fueron aplastados y silenciados.

11. En la base, el movimiento popular se desenvuelve lentamente. En las faenas mineras se van constituyendo núcleos obreros considerables y con motivo de la realización de grandes obras públicas (ferrocarriles de Santiago-Valparaíso y Santiago al Sur; caminos, edificios, etc.) se organiza un importante proletariado de la construcción. Pero el sector popular más importante lo constituye siempre la capa artesanal. La producción artesanal es típica del modo de producción feudal y, precisamente, a pesar del desarrollo económico de la época, predomina en general, en la economía de la nación, el régimen semi-feudal, debido al escaso desarrollo de la industria.

La producción artesanal estimula los ideales de cooperación antes que las explosiones de rebeldía; por ello la capa artesanal de esa época, después de las activas y fracasadas luchas de la sociedad de la Igualdad, se refugia en organismos mutualistas, que son los órganos de asociación obrera que anteceden a los sindicatos. En 1853 se fundó en Santiago la "Sociedad Tipográfica", que fue la primera del país. Poco a poco se fueron creando diversas otras en esta misma ciudad y en las principales del país. A consecuencia de las transformaciones económicas señaladas, se produce un aumento de la población obrera en las ciudades, lo que crea nuevos problemas sociales y, entre ellos, el de la habitación. En esta época se inicia la construcción de conventillos que, con el tiempo, han constituido una de las peores lacras del régimen dominante.

La debilidad de la masa trabajadora y su carencia de conciencia de clase explican su papel pasivo y su ninguna acción política. La clase revolucionaria, porque es poderosa y tiene conciencia de sus intereses, es la batalladora burguesía naciente.

12. En las elecciones de 1858 triunfaron varios personajes, que serían luego sus destacados personeros: Ángel Cutodio Gallo, Tomás Gallo y Manuel Antonio Matta. Con Lastarria, Isidoro Errázuriz y otros, publicaron La Asamblea Constituyente, periódico destinado a difundir las ideas y reformas liberales, que son su grito de guerra frente a la dictadura conservadora. El gobierno declaró el estado de sitio y desterró a los mencionados dirigentes, lo que encendió la mecha de la revolución, que ya estaba bastante gestada, aunque no madura, por el proceso económico.

A principios de 1859 se produjo el levantamiento revolucionario en Copiapó, centro de la riqueza minera, acaudillado por don Pedro León Gallo, quien, vencedor en los comienzos, fue derrotado más tarde, debiendo escapar a Argentina. En la misma forma se sublevaron los indígenas en el sur, estimulados por los revolucionarios, manteniendo por más de dos años una lucha enconada con las fuerzas de la República.

La revolución de 1859 puso frente a frente al gobierno, apoyado en la clase terrateniente, feudal, y a la burguesía minera, liberal, que ascendía vigorosamente. Este es el mérito de dicha revolución, la cual, a pesar de haber sido vencida, señala el término de los gobiernos conservadores y feudales y abre paso a la era liberal que, poco a poco, se amplía y profundiza.

Aplastada la revolución de 1859, Montt dominó con mano férrea. Eligió un parlamento íntegramente adepto a su política y por medio de una "ley de responsabilidad civil" no dejó opositor en pie; pero la crisis económica de 1861, reflejo, en gran parte, de la realidad mundial, agravada por los trastornos de la guerra civil de 1859, la rebelión araucana, la disminución del rendimiento de la minería y el cierre de los mercados de California y Australia, debilitó su poder. Se paralizaron varias obras públicas y se produjeron numerosas quiebras y el empobrecimiento de muchas familias.

La administración de Manuel Montt logró dominar la grave situación política de 1859, pero terminó agobiada por una honda crisis económica, que no supo prever. A raíz de esta crisis se advierten ya los graves males de la estructura económica del país, no obstante su progreso, y los defectos y vicios de la clase pudiente, dueña de la fortuna. En efecto, las ganancias extraordinarias provenientes de las exportaciones de minerales y productos agrícolas no se capitalizaron en alto grado, con el objeto de mejorar y aumentar la producción y desarrollar una industria nacional. La mayor parte de esos ingresos cuantiosos originados por los magníficos negocios agrícolas y mineros, no fueron aprovechados íntegramente, pues la oligarquía los derrochó torpemente. La aristocracia chilena ha gozado del reconocimiento casi unánime de haber poseído sobriedad y austeridad en sus costumbres y formas de vida durante el siglo XIX. No es verdad y, por el contrario, ha tenido una inclinación hereditaria por el lujo, la ostentación y el derroche. Ha vivido en medio de un exceso de consumos irreproductivos y de un permanente despilfarro. Ha tenido especial gusto por los viajes rumbosos por Europa y por vivir lujosamente, gastando el producto de sus haciendas en vestidos, joyas, licores finos y recepciones. En cambio, se ha negado sistemáticamente a mejorar la técnica de sus explotaciones y a dignificar la vida de sus inquilinos. En las obras de Francisco A. Encina, Nuestra Inferioridad Económica, y de Francisco Valdés Vergara, Problemas económicos de Chile, se encuentran datos y observaciones abundantes sobre esta lamentable actitud de la aristocracia dominante.

En su mayor parte, el progreso económico anotado se realiza en forma espontánea, sin intervención consciente del Estado ni de acuerdo con un criterio técnico que pretenda dar vida a una economía nacional poderosa.

En 1857 se produjo un descenso brusco de las exportaciones por el cierre de los mercados de California (abierto en 1848) y Australia (abierto desde 1852); a ello se agregan una permanente administración agrícola defectuosa, una inadecuada explotación del suelo y una ausencia de intervención técnica del Estado, sobre todo en cuanto a organización del trabajo, todo lo cual genera la crisis mencionada, que se hace sentir desde 1858 y que alcanza su cúspide en 1861.

Para conjurarla, Courcelle-Seneuil recomendaba la reorganización y progreso de la agricultura. En cambio, su contradictor, don Pedro Félix Vicuña, defendía la creación de un Banco Nacional, que se propondría, entre otros fines, eliminar el elevado interés del dinero, verdadera usura imperante. En lo que respecta a las medidas indicadas por Courcelle-Seneuil para mejorar la agricultura, a Pedro F. Vicuña le parecían muy útiles, a fin de sacar a los hacendados de la rutina, pero estimaba que "Chile, antes que agricultor, estaba llamado a ser industrial" (El Mercurio, mayo-junio de 1861).

El crecimiento de la burguesía y el desarrollo de una más amplia conciencia social; la revolución de 1859, que demostró el poderío de dicha clase; las propias reformas de Montt, que afectaron a la clase aristocrática, haciéndola perder parte de su importancia social, y la crisis de 1861, fueron las causas que provocaron la nueva era de moderación que encarnan José Joaquín Pérez (1861-1871), mandatario tranquilo, quien, según el joven Balmaceda, era indiferente y "ebrio de indolencia"; y Federico Errazuriz Zañartu (1871-1876), a través de cuyos gobiernos se fortalece la burguesía demo-liberal.

Durante el decenio de J. J. Pérez, Chile tuvo que enfrentar la intervención del capitalismo europeo en el Pacífico. Según escribía Marx, en 1861, Inglaterra, Francia y España concertaron una nueva Santa Alianza para proceder al reparto del mundo. España interviene en Santo Domingo (1861), Inglaterra, Francia y España, en México (1861-62); luego, Francia en México, tratando de crear un imperio (1863-67) ; Inglaterra interviene en los Estados Unidos, apoyando a los sudistas contra Lincoln. En Chile se desarrolla la aventura de Aurelio de Tounen (1862), quien pretendía formar la Nueva Francia, con el apoyo de Napoleón III, y utilizando a los elementos mapuches, en abierta resistencia a la penetración de los ejército de Cornelio Saavedra, en la región del Malleco. Por otra parte, España lleva a cabo, desde 1862, una odiosa intervención en el Perú, amenazando la independencia de ese país, e indirectamente, la de Chile. La actitud de España desencadenó la guerra (1865-1866), provocando cuantiosos daños a Chile, al mismo tiempo que dejaba a la Madre Patria en una lamentable posición. La Santa Alianza del capitalismo europeo fue denunciada por J. V. Lastarria, B. Vicuña Mackenna, M. A. Matta, en Chile, y por Francisco Bilbao, desde Argentina, como una amenaza a la independencia de América, a la democracia y a la libertad.

En las administraciones de J.J. Pérez y F. Errázuriz Z. gobierna una extraña fusión liberal-conservadora, que sólo rompe su armonía a mediados de la presidencia de Federico Errázuriz. Agitándose el ideario liberal se logró una serie de reformas jurídicas: ley de amnistía para los revolucionarios de 1859: derogación de la ley de responsabilidad civil; ley interpretativa de 1865, que consagraba la libertad de cultos; ley que prohibió la reelección del Presidente para un período inmediato; dictación de los Códigos de Comercio (1867) y Penal (1873) y Ley de Organización y Atribuciones de los Tribunales (1875), que abolieron el fuero eclesiástico; ley electoral de 1874, que amplió en forma apreciable la masa de electores; reforma de la Organización del Senado, pasando a ser generado por votación-directa; plena vigencia de los derechos de reunión, asociación y libre emisión de ideas; mejoramiento y extensión de los servicios educacionales y de sus beneficios (instrucción primaria, enseñanza de los ramos científicos y supresión de la enseñanza del latín).

Sin embargo, estas reformas políticas y jurídicas no lograron ni lesionaron la base económica del poderío de la reacción, y tampoco dieron solución a los apremiantes problemas surgidos en la crisis de 1858-1861, que se presentaran de nuevo desde 1873 en adelante.

El país, al comenzar el último tercio del siglo XIX, continúa presentando una acentuada faz rural. En 1865, la población urbana alcanzaba apenas al 28,6%. mientras que la población rural era del 71,4%, casi las tres cuartas partes del total. En 1869 tuvo lugar la primera Exposición Nacional de Agricultura, y el análisis de la realidad agraria de la época, a través de las estadísticas existentes, demuestra que el latifundio dominaba sin contrapeso. Habría podido creerse que la abolición de los mayorazgos y el establecimiento de la herencia, conforme a las disposiciones del Código Civil, habrían iniciado su destrucción, pero no fue así, pues si lo descompusieron parcialmente, el proceso de la concentración de la riqueza la recompone y centraliza cada vez más. En este mismo año de 1869 existía la siguiente distribución de la propiedad:

Pequeñas propiedades 27.551
Medianas propiedades 1.991
Grandes propiedades 316

Es marcado el predominio de la gran propiedad, con el agravante de que se concentra cada vez más. Así, en 1925, fecha de la dictación de la constitución democrática que nos rige que declara que la propiedad es una función social, el panorama era el que indicamos:

Pequeñas propiedades (hasta 50 hectáreas) 87.464
Medianas propiedades (51-1.000 hectáreas) 19.739
Grandes propiedades (1.001-más de 5.000 ha.) 2.650

Estas cifras indican que la gran propiedad ha aumentado, en ese lapso, en 838,6%; la mediana propiedad en 991,41% y la pequeña propiedad sólo en 321,09%. La gran propiedad y la mediana han experimentado una elevada concentración en desmedro de la pequeña.

En cuanto a la técnica del trabajo agrícola, en 1875 había en el país un total de 3.000 máquinas agrícolas. En 1920, un total de 158.698, pero el grueso de esta cantidad estaba constituido por arados de fierro (103.114) y rastras (26.032). En cambio, solo había 2.127 sembradoras y 3.466 trilladoras. En 1930, las maquinarias aumentan a 265.733, pero de esa cantidad los arados de fierro son 238.231; las sembradoras alcanzan a 3.204 y las trilladoras a 4.542. También se agregan 1.660 tractores y casi 6.000 motores.

En más de medio siglo el progreso es muy relativo, pues el gran porcentaje de aumento corresponde a los arados de fierro y no a las máquinas perfeccionadas. Es que la gran propiedad mantiene métodos atrasados y rutinarios de cultivo, basados fundamentalmente en el trabajo humano de peones e inquilinos; el uso de las maquinarias es reducido. Y cuando las introduce provoca una disminución de la gente ocupada, dando lugar a una despoblación del campo y a un aumento de la capa de los sin trabajo, que se agrupan en las aldeas o forman parte del ejercito de los trabajadores ambulantes y que viven de los más extraños expedientes, constituyendo un "ejército agrícola de reserva", ocupado en las épocas de faenas, cuando son necesarios mas brazos; no se abren perspectivas creadoras para estos cientos ni se intenta, en forma seria, convertirlos en propietarios independientes, organizados en cooperativas o colonias colectivas. Por ello es que si la introducción de maquinarias en el cultivo agrícola es urgente, lo debe ser al servicio de la colectividad, sin dar origen a los problemas de la desocupación y de la miseria, para lo cual tiene que estar en relación con una reforma agraria, que en el fondo es la lucha por una nueva redistribución de la tierra agrícola.

De todos modos, este desarrollo capitalista inicial de la agricultura convierte a millares de inquilinos y ocupantes en jornaleros, lanzándolos a las minas, a las obras públicas, a las ciudades y fuera del país: a California y Australia, a buscar oro y al Perú, a construir ferrocarriles (desde 1868 a 1872, Meiggs contrató a más de 25.000 obreros chilenos).

En la realidad que hemos reseñado, los grandes capitalistas poseen la propiedad privada de la tierra, del crédito, de las maquinarias, de los medios de producción, en resumen, y acrecientan sus ganancias sin beneficio para las clases trabajadoras. El absolutismo liberal-individualista y libre-cambista, defendido por Courcelle-Seneuil, mentalidad formada en la Europa industrial de mediados del siglo XIX, es el causante del atraso económico del país y de la grave deformación de la economía nacional, a partir de la época de Montt y que solamente Balmaceda, con extraordinaria visión de estadista, trató de modificar, lo que provocó su caída, aplastado por las fuerzas plutocráticas y conservadoras.

El liberalismo económico mantuvo y reforzó la economía colonial de Chile al garantizar el predominio del monopolio agrícola de unas cuantas familias, controladoras de la oferta y la demanda. Así, desde la Colonia se define y mantiene el carácter de nuestra economía: agricultura semi-feudal y minería de exportación basada en la preeminencia de un mineral: oro en la Colonia, plata en el segundo tercio del siglo XIX (república conservadora), cobre hasta la guerra del Pacifico (república liberal), salitre desde fines del siglo XIX (república parlamentaria y penetración del imperialismo inglés), cobre nuevamente desde la dictadura de Ibáñez (dominio del imperialismo norteamericano). El salitre, en su época de esplendor, financiaba en dos terceras partes el presupuesto nacional; hoy día, éste se subordina al cobre.

Lo positivo del liberalismo es su influencia indudable en el establecimiento de un régimen político y jurídico más democrático, aunque éste posee siempre un carácter de ficción, por estar construido sobre la base de una injusta realidad económica. El "sufragio universal" no hace otra cosa que darle forma legal al dominio de la clase terrateniente-plutocrática, desde que las masas de peones e inquilinos constituyen el sector más fuerte del electorado nacional, dócil a las órdenes de sus amos feudales.

13. En las elecciones de 1864, junto con ser derrotados los montt-varistas, fueron elegidos los primeros diputados radicales (M. A. Matta, Tomás Gallo, J. M. Espejo, R. Claro Cruz y Manuel Recabarren), grupo político formado en 1863 por el sector más avanzado del liberalismo, el que combatía la fusión liberal-conservadora y propiciaba un programa "radical" en orden a disolver las formas políticas del pasado. El Partido Radical surge como expresión política de la burguesía engendrada por el desarrollo minero del norte del país, y es apoyado más tarde por el anti-centralismo de las provincias agrícolas sureñas. Representaba genuinamente el movimiento democrático-burgués y juega un apreciable rol en las luchas políticas de ese período. La acción del radicalismo se reforzó con la constitución del Club de la Reforma, que agrupaba a la juventud más avanzada de la época, del Partido Nacional y de las diversas tiendas liberales. Su órgano. La Reforma, llevó a cabo grandes campañas. Posteriormente, el Partido Radical encontró innumerables adeptos en la pequeña burguesía o clase media intelectual egresada de los liceos y de la Universidad, clase que empezaba a desenvolverse en las grandes ciudades y que alcanzará gran importancia en nuestros tiempos. El Partido Radical luchaba contra el autoritarismo pelucón, por la laicización del Estado y por la extensión de la enseñanza con carácter científico. Defendió, junto con los demás grupos liberales, la reforma educacional que suprimió el latín e introdujo la enseñanza de los ramos científicos; combatió la teoría de la libertad de enseñanza de Abdón Cifuentes, personero conservador, quien deseaba que la educación se orientara por el principio liberal del "laissez-faire, laissez-passer", como si fuera una mercancía, en oposición a la teoría del Estado docente, y que pretendía montar una estructura educacional católica, en abierta oposición al Estado.

Esta lucha del liberalismo contra la política educacional sectaria y proselitista de los conservadores, tuvo en esa fecha su principal abanderado en don Diego Barros Arana y permitió al Partido Radical exhibir su combatividad ardorosa en contra de la Iglesia y de los conservadores. En 1871 aparecieron las Saludables advertencias a los verdaderos católicos y al clero político, de V. Erasmo Gesuit, pseudónimo del escritor Eduardo de la Barra. El mismo salió, poco después, en defensa de Bilbao, periódicamente atacado con virulencia y saña por los plumarios conservadores. En 1873 apareció la segunda edición de su Vida de Francisco Bilbao, refutación a un folleto de sacristía. Su finalidad era trazar un cuadro verídico de la vida, hechos e ideas del gran tribuno chileno, rebatiendo los conceptos de Zorobabel Rodríguez, escritor de la escuela ultramontana, estilo Veuillot, y muy aplaudido por los clericales.

Ambas publicaciones suponían un fuerte ataque al fanatismo y sectarismo católicos.

El Partido Radical fue partícipe del famoso Club de la Reforma, cuyas actividades se iniciaron el 4 de septiembre de 1868, agrupando a los sectores políticos que pretendían la reforma de las instituciones por medio de leyes adecuadas. Sobre todo combatían el autoritarismo presidencial, manifestado en su abusiva intervención en los actos electorales y, asimismo, deseaban la reforma de la ley de imprenta que se prestaba para que el gobierno ejercitara presiones injustas al intervenir en la designación de los jurados que actuaban en los procesos de esa naturaleza.

El Club de la Reforma llevó a cabo una fuerte ofensiva en contra de la intervención electoral y de las "elecciones dirigidas", como se había acostumbrado, y en dicho organismo se dieron a conocer diversos políticos que ocuparían, en seguida, cargos de primera magnitud.

El Partido Radical pretendía imponer un régimen político y jurídico liberal, pero no enfocaba un plan de reformas económicas y, en especial, la solución del problema decisivo del latifundio.

El latifundio ha sido la gran rémora del desenvolvimiento natural y fecundo de la sociedad chilena. Ha impedido un desarrollo vasto de la agricultura; no ha permitido el crecimiento de la producción agropecuaria y ha causado la horrible miseria de las clases campesinas, a la vez que ha sido el más serio obstáculo para el funcionamiento de un régimen político democrático. Con razón ha escrito un notable investigador norteamericano: "La marcada desigualdad que significa la existencia de latifundios hace imposible toda realización democrática; ningún país puede mantener un genuino gobierno popular cuando el grueso de la riqueza está en pocas manos" (6)

Chile tuvo su primera gran crisis económica entre los años 1858 y 1861, a consecuencia del cierre de los mercados de California y Australia. Superado ese trastorno volvió a vivir una grave situación desde 1873 en adelante, hasta culminar en 1877-1878. Esta intensa crisis se precipitó sobre el país a causa del descenso de los precios de los productos agropecuarios. En esta época Chile vendía trigo hasta a la Argentina. Y los precios del trigo, maíz, avena y arvejas, que alcanzaron un índice l06 en 1873, empezaron a bajar sostenidamente hasta llegar al índice 53 en 1896. La exportación agrícola se reduce de 112 millones de pesos de 6 d., a 50 millones, en 1881. Este resultado se debió a la incorporación, a la producción mundial, de vastos territorios vírgenes en Canadá, Estados Unidos, Rusia, India, Australia y Argentina, y al mejoramiento de la técnica económica. La superación de esta crisis implicaba un aumento de la producción y una baja de los costos, mediante el cultivo intensivo y la utilización de la técnica en la explotación, pero el feudalismo imperante se oponía a esta urgente evolución y nada hizo por mejorar sus cultivos, del mismo modo que no había escuchado los consejos de Courcelle-Seneuil en la crisis de 1861.

En ningún instante el Partido Radical, grupo de avanzada ideológica, analiza, enfrenta y señala estos graves asuntos económicos. Mantiene ante ellos la misma actitud superficial de los sectores liberales y tradicionales.

La crisis agraria originó un mayor empobrecimiento de los campesinos y su deserción de los campos y, coincidiendo con tan grave crisis agrícola, el rubro minero sufre el agotamiento de las minas de alta ley y una apreciable baja en su producción. En esta época nuestro país era un gran productor de plata (en el decenio de 1851-1860 alcanzó a 124.000 kgs. anuales; después decae la producción, aunque en algunos períodos se mantiene fuerte y en 1900, por ejemplo, se alcanzó una producción de 158.000 kgs.) y ocupaba el primer lugar en la producción de cobre, llegando en 1869, año cúspide, a 51.000 toneladas de cobre fino en barras y ejes. Representaba el 61% de la producción mundial. Pero pierde paulatinamente ese lugar, de tal modo que en vísperas de la guerra de 1914 sólo alcanza el 4,3% de esa producción.

La baja de la producción minera y de sus valores respectivos fue grave, ya que ocupaba entonces un sitio destacado como reguladora del equilibrio de nuestra balanza de pagos. Los consumos extranjeros, en sus dos terceras partes, eran pagados con los valores de la exportación minera de cobre, oro y plata. Desde 1844 a 1880, el monto del valor de la exportación de la minera fue de $ 523.804.155, de 18 d.; y el de la agricultura de $238.967.996. En el período de 1880-1890, el valor de la exportación de la minería fue de unos 150 millones y el de la agricultura de unos 84 millones de pesos. La incorporación al mercado mundial de nuevos distritos mineros, así como el correlativo aumento de la producción mundial y la disminución de los costos por la perfección de los procedimientos, provocaron una baja en los precios de estos metales. En Chile se brocearon las minas mas ricas, en cuya explotación se empleaba una técnica rudimentaria y ello determina la baja producción y el encarecimiento de los costos, imposibilitándola para la competencia en los precios del mercado mundial.

El agrarismo colonial y la minería extensiva dan lugar a las crisis mencionadas y, además, en lo que respecta a la estructura económica del país, impiden un desarrollo industrial de importancia. No obstante, por esta época, se forman algunas industrias: fabricas de calzado, cerveza, paños, aceites, muebles y, en 1867, se establece la primera fabrica de hilados y tejidos de algodón (pero sólo en 1883 se constituye la Sociedad de Fomento Fabril y en 1887 se crea el Ministerio de Industrias y Obras Públicas; en cuanto a la enseñanza industrial del Estado, se organizó durante el gobierno de Manuel Bulnes, y en septiembre de 1849 se inauguró la Escuela de Arles y Oficios, aunque sólo algunas decenas de años más tarde entra a jugar un rol de cierta consideración).

La débil capitalización que se origina permite la colonización de las provincias de Antofagasta (Bolivia) y de Tarapacá (Perú), región a la que se van a instalar millares de obreros chilenos (tal como lo habían hecho en la construcción de los ferrocarriles peruanos), más empobrecidos aún a raíz de la crisis de 1873, lo que dará nacimiento al grave problema internacional, que culminará en la guerra del Pacífico (1879-1883). Por otro lado, millares de chilenos emigran hacia Bolivia a trabajar en las minas de plata y otros millares colonizan los territorios de la Patagonia chilena.

Estas crisis económicas repercuten en el crecimiento de la población. El aumento, que fue de 2,35% entre 1843 y 1865, bajó a 1% entre 1865 y 1907. La población se dobló en ese período; en cambio, entre 1875 y 1907, con las provincias del norte incorporadas, sólo aumentó en un 60%. El aumento es lento, a pesar de la fuerte natalidad, porque la pobreza del país, la miseria de las capas populares y la mortalidad infantil, su consecuencia, limitan el aprovechamiento de esa elevada natalidad a la vez que el país no ofrece grandes expectativas al inmigrante.

El desarrollo de la agricultura, encerrada en anticuados moldes; la minería extensiva, en continua disminución; el escaso crecimiento de la población, tanto por la emigración de muchos elementos nacionales valiosos como por la escasa inmigración, determinan una lentísima acumulación de capitales, requisito previo para todo desarrollo económico vasto y, sobre todo, frustran la industrialización, en escala importante, del país. Hasta 1870 la acumulación de capitales fue lenta y a partir de esa fecha se hizo prácticamente nula. La capitalización en vasta escala se hizo imposible, a pesar de las grandes riquezas naturales del país, por el atraso de la economía, sujeta siempre a mi todos anticuados y coloniales y por la conducta derrochadora de la clase dirigente, a lo que se agregará más adelante la expoliación imperialista. No obstante, se forman capitales que juegan un papel económico grande. Se originan en los bajos salarios y en las terribles jornadas de trabajo de las faenas agrícolas y mineras. A lo largo del siglo XIX se produce, en Chile, una acumulación primitiva, dando vida a los capitales que permiten intensificar las explotaciones mineras especialmente, desbordándose hacia las regiones del norte. (7)

Y frente a tan desolador panorama económico-social la educación, por su equivocada orientación, conduce a la juventud a la ineptitud para el trabajo fabril y comercial, la "juventud ilustrada" se pierde en un profesionalismo estéril que la llena de apetitos viles y la vacía al profesionalismo político, en vez de llevarla al esfuerzo común por hacer progresar y desarrollar la economía nacional; y el contingente que no es reclutado por la politiquería se incorpora a la burocracia, que es inflada incesantemente hasta convertirse en un sector parasitario, formado de burócratas e intermediarios, que pesa gravemente sobre el presupuesto nacional. Y este sector se incorporara, en su mayor parte, a las filas del Partido Radical, donde llegara a constituir, con el correr del tiempo, su fuerza principal.

A pesar del desarrollo capitalista del país, las clases populares, aunque experimentan un importante incremento en cuanto a clase social, permanecen sujetas a la mas dura explotación. En el campo, los peones e inquilinos poseen condiciones de vida escasamente diferentes a las de la época colonial. Apenas ganan los medios para subsistir y reproducirse como clase expoliada; y en las minas su existencia es pavorosa. Los viajeros visitantes de las faenas extractivas (entre ellos Darwin, quien, en su "Viaje de un naturalista alrededor del mundo", dedica varios capítulos a la actividad minera chilena), donde se concentran millares de obreros, se asombran de la terrible situación en que se desenvuelven. Las clases populares, en las que descansa todo el proceso productivo de la nación, no participan de los beneficios económicos creados por su esfuerzo ni tampoco tienen ingerencia en la dirección política de sus destinos.

La aristocracia terrateniente, al acaparar la tierra cultivable, ha dominado sin contrapeso el país, explotando y subyugando a las grandes masas de trabajadores de la tierra. La democracia que se impone poco a poco por la acción de la burguesía demo-liberal, es sólo formal, sin existencia práctica en los hechos y en las relaciones sociales, donde dominan sin atenuantes los poderosos dueños de la fortuna.

14. El desarrollo de la riqueza minera determinó la formación de capitales nacionales, que sus poseedores particulares necesitaron emplear en empresas reproductivas. Aumentan sus faenas mineras y capitales chilenos y obreros chilenos inician la explotación económica de las provincias de Antofagasta y Tarapacá.

Se destacan numerosos hombres de esfuerzo y espíritu de empresa en la exploración del desierto de Atacama y, asimismo, en su posterior explotación económica. Sobresalen los copiapinos Diego de Almeida, fundador del puerto de La Caldera; José Antonio Moreno, fundador de Taltal; Juan López, explotador de las guaneras de Mejillones y descubridor de yacimientos salitreros, y José Santos Ossa, oriundo de Freirina, fundador del puerto de Antofagasta y descubridor del salitre en esa vasta región (Despoblado de Atacama).

Capitalistas chilenos realizan tempranamente cuantiosas inversiones en la industria salitrera. Entre ellos, Pedro González de Candamo; Francisco Puelma, que mantuvo faenas en Iquique y en Bolivia; Pedro León Gallo y Goyenechea, asociado a sus hermanos Tomás y Ángel Custodio, que elaboraron yacimientos de salitre en Tarapacá y fueron habilitadores de los salitreros ingleses Mac-Lean y Williamson; Matías Cousiño, explotador del carbón de piedra de Lota y abastecedor más tarde de las salitreras.

José Santos Ossa y Francisco Puelma obtuvieron de Bolivia, en 1866, una concesión para su "Compañía Explotadora del Desierto de Atacama". Explotarían salitre y bórax y debían habilitar la caleta de La Chimba, haciéndola puerto (Antofagasta). La sociedad se amplió con la incorporación del poderoso capitalista Agustín Edwards y la firma Antonio Gibbs e hijo (la más fuerte factoría explotadora de salitre en Tarapacá por aquel entontes, bajo el nombre de Gibbs y Cía.), la firma pasó a denominarse "Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta". Las faenas salitreras prosiguieron ampliándose. En 1870-71, el explorador chileno José Antonio Barrenechea descubrió salitre en El Toco. En estos años, de 1870 a 1872, el capital chileno producía una cuota de salitre poco interior a la peruana y muy superior a la que producían los capitalistas ingleses y alemanes que tenían apreciables inversiones. Por otra parte, capitales chilenos habilitaban a muchos de esos productores extranjeros. El mercado financiero de Valparaíso se hallaba representado, en la industria salitrera de Tarapacá, en mas de ocho millones de pesos. Esta situación preponderante del capitalismo chileno se mantuvo invariablemente hasta la guerra del Pacifico.

Las explotaciones salitreras se ven facilitadas grandemente por los descubrimientos de diversos minerales de plata. En 1870, el porteño José Díaz Gana, al frente de una cuadrilla de cateadores, descubrió el rico mineral de plata de Caracoles, de donde salió una gran riqueza, que ayudó a entonar las faenas mineras del desierto de Atacama y a fortalecer el predominio económico chileno. Por esta época, en 1875, a raíz de la expropiación de las Salitreras acordada por el gobierno del Perú, en Chile se estimuló el reconocimiento de la zona de Taltal para explotar salitre. Se destaca don Daniel Oliva, quien, asociado a otras personas, entre las cuales sobresalían Manuel y Alfredo Ossa, hijos de don José Santos Ossa, establecieron varias oficinas. Manuel Ossa, al explorar la zona de Taltal a Caldera, descubrió en 1878 los minerales de plata de Cifunchos, San Carlos y Caupolicán. (8)

A consecuencia de estas faenas, la plata y el salitre son los rubros fundamentales de la economía chilena. El cobre es desplazado. El agotamiento de los minerales más ricos y el desarrollo de los grandes depósitos cupríferos en los Estados Unidos, entre 1870 y 1880, hizo declinar la importancia de Chile como país productor de cobre. Desde 1880, a raíz de la victoria en la guerra del Pacífico, el salitre lo reemplazará totalmente.

15. Las empresas salitreras y los ricos minerales de plata explotados en el desierto de Atacama fortalecen a la burguesía y acrecientan el florecimiento económico de la época. Es el momento en que la burguesía liberal plantea la realización de diversas medidas democráticas que desencadenan enconadas luchas con la clase feudal-terrateniente. Se suscitan los problemas de la libertad de enseñanza, defendida por la aristocracia y el clero, a quienes convenía, en oposición al Estado docente, patrocinado por los liberales (y definido en forma brillante, algunos años más tarde, por don Valentín Letelier en su libro La Lucha por la Cultura), y el de las llamadas cuestiones teológicas, que eran una serie de reformas destinadas a debilitar a la Iglesia, poderoso sostén del régimen feudal. Las principales eran: supresión del fuero eclesiástico (la única que se llevó a efecto con motivo de la dictación del Código Penal y la ley de Organización y Atribuciones de los Tribunales), laicización de los cementerios, matrimonio civil, separación de la Iglesia del Estado. La contienda por estas reformas dio lugar a dramáticas luchas y discusiones que, a menudo pusieron en peligro la estabilidad del sistema político imperante (9).

La crisis económica de fines de la administración de Federico Errázuriz, debida al agotamiento de las minas de plata, caída del precio del cobre, baja de los precios de productos agropecuarios y a los crecientes empréstitos (la deuda externa alcanzaba a sesenta millones de pesos y su servicio significaba quitar al país cuantiosos recursos), impidió la realización pronta de esas reformas, prolongando su debate por muchos años (sólo en 1925 se obtuvo la separación de la Iglesia del Estado, medida que pone termino a esas luchas de carácter religioso).

El presidente Aníbal Pinto (1876-1881) asumió el mando en medio de una difícil situación. La disminución de la minería y el desastroso año agrícola de 1877 dio origen a una grave crisis de producción. Y como en aquel entonces las principales entradas del Fisco eran los derechos aduaneros sobre importación y exportación de productos y mercaderías, el erario se encontró en circunstancias aflictivas. Para remediar esta disminución de las rentas nacionales debió contratar nuevos empréstitos, los que no fueron suficientes para solucionar la crisis, la que se agravó notablemente por la escasez de circulante, causada por la exportación de monedas de oro y plata que debía hacer el comercio para cubrir sus obligaciones en el exterior, produciendo el aumento del interés del dinero, la baja del cambio internacional y el alza del costo de la vida. Así, la crisis económica se agravó con la crisis monetaria, de tal suerte que la agricultura quedaba seriamente afectada y próximos a la quiebra los bancos. En estas circunstancias el gobierno tomó una medida de graves consecuencias para el país: el 23 de julio de 1878 se dictó una ley de inconvertibilidad de los billetes de bancos, lo que daba a éstos curso forzoso en todas las transacciones. De este modo se declaró moneda legal, para el pago de todas las obligaciones, los billetes emitidos por los bancos. Se partió declarándolos inconvertibles por un año; pero nuevas leyes postergaron el plazo indicado y autorizaron al Presidente para realizar grandes emisiones de papel, las que aumentan con motivo de los gastos que impuso la guerra del Pacifico. Se inicia el régimen de papel moneda que provocará una permanente inflación, de funestas consecuencias económicas, sociales y políticas. El 10 de abril de 1879 se promulgó la primera ley de emisión de papel moneda, fecha que debe ser recordada como una de las más siniestras de nuestra evolución histórica. Los bancos imponen la inconvertibilidad del billete, que favorecía a los grandes agricultores, industriales y banqueros y, en cambio, significaba una estafa para los depositantes y el Fisco. Así, por ejemplo, jugó un señalado papel en la dictación de esta medida el Banco Nacional de Chile, cuyos directores se habían otorgado en préstamo, a julio de 1878, la suma de $ 1.960.019, de un capital total de 4 millones de pesos. Por otra parte, el Estado estaba excedido en sus giros y no pudo resistir la imposición de los bancos. Las grandes emisiones se traducirán en la inflación y en la desvalorización constante de nuestra moneda, lo que aumentará la miseria de las capas populares.

El honrado y certero escritor Julio Valdés Cange afirma que "la crisis moral que hoy nos sacude tuvo su origen en un hecho económico, el papel moneda inconvertible establecido en 1878 por las penurias del erario y mantenido después por las necesidades derivadas de la guerra Perú-boliviana. El billete depreciado favoreció al agricultor rico, al hacendado, al magnate; y como este dominaba en el gobierno, particularmente en el Congreso, cuando las necesidades cesaron y el Fisco pudo retirar sus billetes, el régimen de papel moneda subsistió con doloroso perjuicio para el resto del país" (10). En sus Cartas a don Pedro Montt describe las consecuencias de la depreciación, que causó trastornos profundos y lamentables a la industria y al comercio, en los salarios y en la fortuna privada, de la siguiente manera: "El encarecimiento rápido de todos los medios de subsistencia trajo para las personas que vivían de sueldos o de renta lijas, situaciones difíciles, mientras no se nivelaron los estipendios con las necesidades, lo que siempre es dificultoso y tardío. Hubo comerciantes importadores que debían grandes sumas en Europa; habían vendido a plazo su mercadería cuando la moneda conservaba su valor o sólo había perdido muy poco y vinieron a recoger el pago de sus cuentas en billetes depreciados, lo que les irrogó pérdidas cuantiosas. Hubo otros comerciantes que se encontraban con sus bodegas llenas de mercancías pagadas en su mayor parte, que vendieron después a buenos precios, realizando ganancias pingües. Hubo, no obstante, una clase de industriales que solo encontraron ventajas en el régimen de papel-moneda; fueron los agricultores. Eternamente endeudados a causa del sistema extensivo de cultivar el suelo que se usa en nuestro país, los dueños de la tierra se hallaron en la situación más favorable que es dado imaginar: sus granos, vendidos en Inglaterra, eran pagados en oro, y ellos saldaban aquí sus cuentas en moneda averiada. Si antes el agricultor tenía que venderles mil fanegas de trigo para cancelar una deuda de diez mil pesos, con el billete depreciado le bastó vender dos mil; el resto fue una ganancia extraordinaria e imprevista. También debe tomarse en cuenta que en los campos es donde se realiza mas tardíamente la nivelación de los salarios con las necesidades, de tal modo que los hacendados siguieron durante años pagando a sus inquilinos y trabajadores jornales irrisorios . . . Esta holgura económica de los dueños de los campos de cultivo, originada por el papel-moneda depreciado, ha sido la fuente de todas nuestras calamidades... Por desgracia, conforme bajaba el cambio, los agricultores veían aumentar sus rentas y se encariñaban profundamente con un sistema monetario que les permitía enriquecerse sin trabajar y sin hacer el menor esfuerzo ..."

De este hecho señalado por Valdés Cange deriva el que no se haya podido llevar a cabo la conversión, a pesar de la riqueza de que disponía el Estado desde que se ganara la guerra del Pacífico, y según el compromiso que se había sellado cuando se recurrió a medida tan extrema, es decir, que la inconvertibilidad del billete seria momentánea. Cuando se quizo hacer la conversión "se presentaron dos obstáculos serios para efectuarla, velados convenientemente por cierto, dos intereses que habían surgido a 1a sombra del curso forzoso: el de los grandes propietarios rurales y el de los bancos de emisión".

La clase terrateniente, siempre endeudada, recurre a la desvalorización sistemática como una manera sencilla de saldar sus compromisos y vivir su existencia de derroches y prodigalidades a costa del sufrimiento de los asalariados y de su empobrecimiento constante.

La razón está de parte de Valdés Cange, ya que el poder de cambio de esos billetes disminuyó a veces hasta en un 25% del valor nominal. Cuando se estableció el curso forzoso todos creían que no duraría más de unos tres meses y luego se restablecerían los pagos en especies metálicas. Pero pasaron varios años, hasta que en 1895 se restableció la circulación monetaria solo por tres años y con un cercenamiento de la moneda a menos de la mitad de su valor intrínseco. Desde 1898 sigue la nefasta política monetaria que reduce el primitivo peso chileno a la octava parte de su valor: de 48 d. baja a 6 d. en 1925, llegando a valer en algunos períodos poco más de un penique y, en el presente, fracciones de penique. (11)

En consecuencia, el dominio del latifundio y de una casta terrateniente se hace más expoliador por las manipulaciones monetarias que realizan los miembros de esa clase, que son los que dominan en el Ejecutivo y en el Legislativo. El peso de dicha acción tienen que soportarlo, en detrimento de sus condiciones de vida, las masas laboriosas: empleados, obreros, campesinos, pequeños comerciantes y pequeños agricultores.

16. Al Presidente Pinto correspondió afrontar la larga y costosa guerra del Pacifico (1879-1883), que se produjo, esencialmente, por la conquista de la región salitrera. La cuestión de limites con Bolivia estaba, también, subordinada al problema del salitre y demás riquezas minerales de esta zona. De todas maneras, el tratado firmado en 1866 no fue cumplido por Bolivia, debiendo firmarse uno nuevo en 1874, según el cual Chile abandonaba todas sus prerrogativas concedidas por el de 1866 con la garantía única de que la industria salitrera chilena estaría exenta del pago de contribuciones por un plazo de veinticinco años.

Es preciso destacar que fueron exploradores chilenos los que descubrieron los yacimientos de guano en la región de Mejillones y los de salitre en Antofagasta y Tarapacá. Fueron consorcios capitalistas chilenos y obreros chilenos los que los explotaron. construyendo caminos, ferrocarriles, fundando el puerto de Antofagasta y haciendo prosperar otras ciudades. Se calcula que el 95% de la población del litoral era chilena. Sólo la Compañía de Salitres de Antofagasta tenía invertido un millón de libras esterlinas en sus faenas. Los chilenos avanzaron hasta Tarapacá, invirtiendo en dicha provincia cuantiosos capitales. En la circunscripción municipal de Antofagasta, según el censo de 1878, en un total de 8.507 habitantes, eran chilenos 6.554 y bolivianos 1.226. Los otros eran de diversas nacionalidades. La totalidad de los mineros de Caracoles eran chilenos. En Tarapacá se ocupaban, tanto en las guaneras, en la industria salitrera y en los ferrocarriles, más de 10.000 obreros chilenos (13.000 según el escritor peruano Fernando Casos). Roberto Hernández, en el libro citado, expresa con respecto al progreso que los chilenos llevaron a cabo en el norte que "en el espacio de dos años la poderosa asociación de banqueros chilenos y exportadores ingleses había construido en Antofagasta y en el Salar del Carmen, distante dos o tres leguas del embarcadero, vastos edificios y cómodos muelles; erigió máquinas a vapor construidas especialmente en Inglaterra para su explotación, levantó enormes aparatos de resaca en la ciudad y en todos sus ingenios; enganchó numerosas cuadrillas de trabajadores y echó, por último, la planta de los dos grandes adelantos que más se necesitan: el ferrocarril y el telégrafo".

Se produjeron molestas vicisitudes entre los capitalistas chilenos y los gobiernos peruano y boliviano. Diversas medidas protección i tas tomadas por éstos se tradujeron en pérdidas enormes para los consorcios chilenos. El gobierno peruano decretó primero el estanco del salitre (1873) y, en seguida, el monopolio para el Estado de las salitreras de Tarapacá, dictando en 1875 una ley de expropiación, lo que se tradujo en la ruina de las empresas chilenas en el momento en que en nuestro país se iniciaba la grave crisis económica que ya hemos señalado. Con mucha razón una comisión salitrera chilena que visitó al Presidente del Perú, a raíz de la expropiación, le expresó: "El Estanco y después el monopolio nos han arruinado. Tarapacá comercialmente era nuestro. Nuestros capitales y nuestros brazos la han formado; y cuando comenzábamos a ver los frutos de nuestra empresa, se nos arroja y se nos arruina". La importancia que había alcanzado la industria salitrera era grande, pues en el año de 1875 ya se exportaron 331.460 toneladas métricas.

Los hechos indicados son los que plantean a la clase capitalista chilena la necesidad de la conquista de la riqueza salitrera como una solución a la crisis económica y financiera que arruinaba al país, originada, entre otras causas, por el agotamiento de las antiguas fuentes de recursos y por el déficit creciente de los presupuestos. La gravedad de la situación nacional era tan profunda que Balmaceda creía, en 1890, según una referencia del historiador Alberto Edwards, que sin la guerra del Pacifico el gobierno de Pinto bien pudo haber terminado en un revolución.

Daniel Martner, en su Historia económica de Chile, expresa al respecto: "Jamás una administración se había encontrado en situaciones mas delicadas y trascendentales para la vida económica de la república que la de don Aníbal Pinto. Pero jamás una administración fue más favorecida en la solución de una grave crisis que la de este Presidente. La crisis económica que había llegado a su cúspide con la declaración de la inconvertibilidad del billete de banco en 1878, encontró un termino inesperado con la guerra del Pacífico a principios de 1879. Y decimos que encontró un termino inesperado porque ésta puso al país en posesión de inmensos recursos".

Por otra parte, en el fondo se establece una rivalidad entre Chile y Perú, en la lucha por obtener el monopolio total de esta gran riqueza y la supremacía en el Pacífico Sur.

La chispa que encendió la guerra fue un decreto del gobierno boliviano que gravó con un impuesto de 0.10 el quintal de salitre que se exportara, contraviniendo expresamente el Tratado de 1874. La Compañía de Salitres, al sentir amenazados directamente sus intereses, se negó a pagarlos y pidió apoyo al gobierno de Chile. Mientras tanto, el gobierno boliviano dictó un decreto "reivindicando las salitreras detentadas por la Compañía y disponiendo el remate de las mismas". Ante esta situación el gobierno chileno hizo ocupar militarmente Antofagasta, con lo cual se inició la guerra.

Así, pues, los diversos consorcios capitalistas que financiaron las empresas salitrera, provocaron la guerra para obtener el monopolio de esa riqueza en pugna con el gobierno peruano y defendiendo un menor impuesto de exportación que les permitiera mayores utilidades. El gobierno chileno los defendió en vista de los cuantiosos intereses nacionales invertidos en la industria y por la posibilidad de financiar los gastos del Estado con las entradas provenientes de los impuestos. Frente a las minas de cobre y plata broceadas y a una agricultura atrasada y en decadencia, el salitre suponía la recuperación en vista de las entradas extraordinarias que proporcionaría por concepto de exportación. Esto explica que en septiembre de 1879, al cabo de pocos meses de guerra, el gobierno estableciera un impuesto de exportación al salitre de 0.40 por qq. métrico, que con el tiempo debía constituir la principal fuente de recursos del país. En 1880, en plena guerra, se exportaron 223.974 toneladas. En 1890 ya las exportaciones pasaron de un millón de toneladas.

La guerra del Pacífico fue una solución a la crisis económica de 1873-1878 en que se debatía el país, y la riqueza salitrera reemplazó a la plata y a los dineros provenientes de la exportación de cereales, permitiendo nuevamente a la clase gobernante dominar sin sacrificios para sus intereses particulares. Nuestros trabajadores, "rotos", convertidos en soldados, lucharon con sin igual valor, conquistando esa valiosa riqueza para el exclusivo provecho de la clase poseedora y el capitalismo imperialista. Terminada la guerra volvieron a la explotación y a la miseria. Valdés Cange, al terminar sus cartas a Pedro Montt, expresa un juicio duro y exacto relacionado con esta triste realidad, cuando escribe: "Tal vez me he extendido demasiado, Excelentísimo señor, para probar que el origen de nuestros males esta en esta oligarquía agricultora que se formó aprovechando su situación favorecida, en los mismos momentos en que el pueblo, su víctima de ahora, iba a derramar su sangre en los campos de batalla por la Patria, por ellos que, en los días de angustias y de zozobras, se enriquecían en el ocio". El juicio es duro, pero justo, desde que muchos de ellos se enriquecieron como abastecedores del ejercito en campaña, y otros, verdaderos "acaparadores de tierra", se beneficiaron comprando a vil precio las pequeñas propiedades de muchos miembros de las capas populares que se empobrecieron a causa de la guerra.

El gobierno de Santa María, (1881-1886) debió fijar las condiciones de paz, las que fueron estipuladas en el Tratado de Ancón con el Perú y el Tratado de Tregua con Bolivia, según los cuales Chile obtenía las provincias de Antofagasta y Tarapacá en forma definitiva y ocuparía Tacna y Arica. Chile vivió peligrosos momentos al término de la guerra, ya que la importancia de la riqueza salitrera y del guano despertó la codicia y el apetito de los consorcios financieros internacionales, que hacían toda clase de maniobras para obtener el apoyo de sus respectivos gobiernos a fin de arrebatarle a Chile dichas riquezas.

Ganada la guerra. Chile entra a poseer el monopolio de una substancia indispensable para el consorcio mundial, sin grandes exigencias de técnica. Esta riqueza significó la salvación de la clase dirigente, aseguró su dominio político y económico, el mantenimiento del feudalismo y la liviandad tributaria. Pero, a la vez, trajo consigo la existencia de otro peligro agudo para la independencia nacional: el capital imperialista. Hasta ese instante el capital extranjero había intervenido a través de algunos empréstitos, del establecimiento de sucursales de algunas grandes casas de comercio, de navegación, seguros y créditos; pero es el salitre el que sirve de auténtico vehículo al imperialismo. Ayuda a esta penetración violenta del imperialismo en el país la miopía de la clase gobernante aumentada por su adhesión ciega a los principios económicos del más ortodoxo liberalismo, al no haber hecho nada por recuperar los certificados salitreros. El gobierno procedió a restituir las salitreras a sus antiguos dueños o a los tenedores de los certificados emitidos por el Perú al expropiarlas. La consecuencia fue la casi total desnacionalización de la industria. Mr. North, el "rey del salitre", se transformó en magnate salitrero aprovechándose de esta circunstancia, pues había acaparado muchos certificados por sumas irrisorias, certificados que el gobierno chileno le reconoció.

Desde 1880, pues, el imperialismo penetra en el salitre y en nuestra economía hasta deformarla totalmente. El imperialismo es el capitalismo tras la conquista de materias primas en un mundo ya repartido, de tal modo que al lado de las colonias entran a existir los países dependientes, mercados de venta y esteras de inversión de capitales; movido por el deseo de obtener una tasa mayor de beneficio y para debilitar a los grupos rivales llega a las anexiones violentas y desata guerras destructivas.

Desde la guerra del Pacífico inicia y extiende su penetración el capitalismo ingles hasta ser desplazado, en gran parte, por el imperialismo norteamericano, desde el término de la primera guerra mundial, en 1918, y en Chile desde 1925, con la visita de la Misión Kemmerer (aunque en 1913 capitales yanquis habían comenzado la explotación de Chuquicamata, el mineral de cobre más grande del mundo); hoy día es dueño absoluto de nuestra débil economía.

Por otra parte, la incapacidad y el egoísmo de la clase dirigente queda de manifiesto al no utilizar la riqueza salitrera para crear una industria nacional, como lo tratará de hacer Balmaceda en su período, sino que la emplea solamente para derogar casi totalmente el sistema financiero creado por Rengifo, basado en impuestos directos a la clase dueña de la fortuna. Rengifo puso orden en las finanzas por medio de algunas atinadas reformas y su sistema financiero, que se inició en 1834, se conservó con pequeñas modificaciones hasta la época de la guerra del Pacífico. En 1870, por ejemplo, año de prosperidad antes de las dificultades y crisis que se abren desde 1873, se percibían las siguientes entradas:

Comercio exterior 6,53 millones de pesos de 48 d.
Impuestos Internos 2,93 " " "
Servicios públicos 0,29 " " "
Rentas Varias 0,18 " " "
9,93 millones de pesos de 48 d.

Estos 9,93 millones de pesos de 48 peniques equivalen a 79,4 millones de pesos de 6 d. A consecuencia de los derechos de exportación cobrados sobre el salitre desde el termino de la guerra del Pacífico, las rentas derivadas del comercio exterior aumentan extraordinariamente, ascendiendo en 1890 al 87,2% del total y en 1900 al 91,3%. Los impuestos internos: estanco, territorial, a las transferencias, patentes, herencias y donaciones, rentas (haberes), son suprimidos. En 1900 el único impuesto directo que percibía el Estado era el de los derechos de papel sellado, timbres y tasas.

En 1880, año inicial de las grandes entradas por exportación del salitre, el Estado percibía en pesos de 6 d., por comercio exterior, 74,9 millones de pesos; por impuestos internos, 28,6 millones (estanco, 13,2; impuesto territorial, 5,3; alcabala, o transferencias, 3,2; patentes, 1,5; papel sellado y timbres, 1,8; herencias y donaciones, 0,2; a la renta, o haberes, 3,1) y por servicios públicos, bienes nacionales y rentas varias, 6,6. Es decir. las entradas del Estado se elevaban a 110,1 millones de pesos de 6 d. y casi un tercio de esa suma correspondía al aporte directo de la masa nacional. En cambio, a raíz de la supresión de los impuestos directos internos, en 1910, en una suma de 393, millones de pesos de 6 d. de entradas percibidas por el Estado el comercio exterior entrega 345,8 millones de pesos de 6 d. y el resto, 47,4 millones, corresponden a los derechos de papel se liado y timbres (7,5), alcoholes (4,3), seguros (0,8), servicio-públicos (10,4), y rentas varias (24,4.).

Es así como desaparecen los impuestos directos reemplazados por los derechos de exportación del salitre, de tal modo que la clase dueña de la fortuna no contribuye con nada al financiamiento del Estado y al desarrollo de la economía nacional. Y aún se produce esta paradoja tremenda de que, a menudo, el Fisco tenga que recurrir a los empréstitos en el exterior para realizar algunas obras o para saldar los déficit presupuestarios. Al estallar la guerra del Pacífico, la deuda del país, en pesos de 6 d. oro, era de 438,5 millones de pesos, correspondiendo 153.3 millones a la interna y 285,2 millones a la externa, y el peso valía en aquel entonces 45 peniques oro. En 1913 el monto de los empréstitos extranjeros se elevaba a 1.374 millones de pesos de 6 d. oro; en cambio el valor de la deuda interna era de 55,4 millones de pesos de 6 d. oro.

17. Al mismo tiempo que se ponía término a la guerra del Pacífico, se concluía la pacificación de la Araucanía, iniciada en la década de 1860. Precisamente en 1880, cuando la casi totalidad de las fuerzas militares nacionales estaban en el norte, los araucanos se sublevaron, atacando los diversos fuertes y aldeas de la Frontera. Desde 1881 a 1883, el coronel don Gregorio Urrutia libró algunas campañas que dieron por resultado el sometimiento total de las regiones del Alto Bio-Bio, Cautín y Toltén, donde se establecieron firmes lineas, fundando diversos pueblos: Temuco, el 24 de febrero de 1881; Lautaro, Nueva Imperial, Carahue, Freire, Villarrica, etc. En esta forma, las regiones más apropiadas para la agricultura y ganadería vacuna y más ricas en bosques, se incorporaban al cultivo. Los indígenas fueron despojados de casi todas sus tierras, constituyéndose el gran latifundio sureño, que organiza la producción agropecuaria de esa zona en las mismas condiciones de explotación de las masas de peones, inquilinos e indios, que en la región central del país. Los territorios pacificados fueron repartidos entre los miembros de la clase dominante, altos jefes militares y familias concesionarias del abastecimiento del ejército. El propio jefe militar, Cornelio Saavedra, recibió 4.000 cuadras. Pero quien personifica la nueva agricultura de "la Frontera", es José Bunster, hombre de empresa, descendiente de ingleses, nacido en Valparaíso. Al amparo de Cornelio Saavedra adquirió valiosas tierras hasta convertirse en el verdadero conquistador de Malleco. En 1880 llegó a ser el primer productor de cereales. Aumentó su inmensa fortuna prestando fondos a los pequeños agricultores, o sea, practicó la llamada "compra en verde", extorsión odiosa del pequeño agricultor. Mantuvo un verdadero dominio de la agricultura cerealista de "la Frontera". Lo expuesto significó el empobrecimiento de los indios y su embrutecimiento por la introducción en sus costumbres, en vasta escala, del consumo del alcohol. El alcohol fue un instrumento tan efectivo como las armas en la dominación y expoliación de los araucanos. En el comercio de él se basó la riqueza de algunas familias que luego crearon verdaderos feudos en esas provincias. Los sectores de explotados se ampliaron con la pacificación de la Araucanía y su incorporación a la "civilización". (12)

La pacificación de la Araucanía supuso la implantación del pernicioso sistema del latifundio en la vasta región más apropiada para una grande y eficiente expansión agropecuaria. La política de ventas, arrendamientos y concesiones de terreno fiscales a simples particulares o a sociedades de particulares formadas expresamente para pedir grandes extensiones de suelo favoreció el abuso y especulación en vez de impulsar una auténtica colonización. Esas sociedades particulares procedieron casi todas en forma fraudulenta y no cumplieron sus compromisos para con el Fisco. Han significado un reforzamiento del latifundio y han estagnado el proceso de algunas regiones al mantener valiosos predios sin cultivo, a la vez que han generado conflictos sangrientos al servir de poderoso atractivo para lo esforzados pioneros, verdaderamente colonizadores, de empuje y laboriosidad. En el periodo de 1901-1906, por ejemplo, si otorgaron 46 grandes concesiones con un total de 4.700.000 hectáreas (Concesión Rupanco, hecha a la Sociedad Nuble Rupanco, en Osorno; Concesión el Budi, en Cautín; Concesión General Koerner, más tarde Concesión Woodhouse; Concesión Nueva Italia, en Malleco, etc.).

Este sistema de concesiones a sociedades particulares o a grandes funcionarios, dio origen al latifundio sureño y obliga a miles de genuinos colonos a abandonar la región para radicar se en el territorio de Neuquén, donde alrededor de 20.000 chilenos han fecundado esas pampas. Además provocó una larga secuela de crímenes, robos, despojos, cuatrerismo, bandalaje y conflictos sociales que aún no se resuelven del todo.

Por esta época también comienza a tener importancia económica el territorio de Magallanes. A fines de la administración Errázuriz, debido principalmente a la gestión del gobernador Dublé Almeyda (1874-77) y de su sucesor Wood Arellano, se inicia el desarrollo de la explotación económica de Magallanes. En 1874 se establecen una serie de esforzados europeos quienes serán los creadores de la industria ganadera, y sus descendientes los magnates que controlarán toda esa vasta región. Entre ellos se destacan los ingleses Reynard y Hamilton; los españoles José Menéndez y José Montes; el portugués José Nogueira; los franceses Juan y Gastón Blanchard; el suizo Mario Marius; el balto (Livonia) Elías Braun; y otros yugoslavos, alemanes e italianos.

Enrique L. Reynard importó los primeros cientos de ovejas desde las islas Malvinas, con fines industriales y, luego, Nogueira y Menéndez siguen su ejemplo. Son estos pioneros quienes organizan las primeras estancias. La llegada de contingentes de colonos franceses y suizos, y de otras nacionalidades, amplían esas faenas. Los gobernadores mencionados impulsaron la ganadería y permitieron la ocupación de las tierras. En 1884 se inician los remates en amplia escala. Se saca a remate público el arrendamiento de 500.000 hectáreas a $ 0.5 cada una por término medio. Otras porciones se entregaron en arrendamiento en lotes de 2.000 a 30.000 hectáreas. Por ejemplo, José Nogueira recibió 180.000 hectáreas. Luego, su esposa, doña Sara Braun, y su hermano Mauricio Braun, constituyeron la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, con casi dos millones de hectáreas, entre propias y arrendadas.

Magallanes es el asiento del desarrollo ganadero nacional de las industrias de la lana y carnes. Hoy día más de dos y medio millones de ovejas cubren esa región. En 1883 eran 30.000; en 1892. 400.000: en 1903, 1.832.000; en 1918, 2.187.000; en 1928, 2.500.000 y en 1943, 2.600.000. En esta industria reside la fabulosa riqueza de las tres o cuatro familias que han controlado prácticamente las decenas de miles de kilómetros cuadrados de Magallanes. La explotación latifundista alcanza aquí proporciones increíbles. Alguien ha expresado que Chile limita al sur con la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, en vista de la extensión de sus terrenos.

La incorporación de Magallanes a la economía nacional se llevo a cabo en las mismas condiciones de crueldad e injusticia que la de la Araucanía. Sus pobladores fueron exterminados y los que sobrevivieron fueron despojados de sus tierras. Martín Gusinde, que hizo una exploración, en 1918, a Tierra del Fuego, expresa que "la adquisición por tuerza y el robo del terreno invadido y ocupado por los civilizadores, quitó a los indios todo medio dé subsistencia ..." Asimismo, da horribles datos sobre la inhumana exterminación de los indios onas, cuyas cabezas eran objeto de un remunerativo negocio. (13)

La riqueza de Magallanes quedó concentrada en pocas manos y en su mayor parte en poder de extranjeros, porque los gobiernos los favorecieron casi siempre con mayor largueza en las concesiones que a los nacionales. Un perspicaz ensayista ha escrito: "La mayor parte de las tierras magallánicas fueron entregadas a sociedades anónimas y el suelo lo ocuparon las compañías explotadoras cuyas oficinas centrales estaban en Londres o en otras capitales europeas. Si se hubiera seguido una política de división de la tierra conforme al precepto de que ella es una función social, se habría fomentado no sólo la población del territorio sino que se habría multiplicado la riqueza y se habría establecido con títulos definitivos a muchos pequeños capitalistas, que fueron eliminados poco a poco a medida que los poderosos estancieros, ya enriquecidos, adquirían las tierras en los remates ordenados por los gobiernos...". (14)

La conquista del salitre se refuerza, desde el punto de vista agrícola y ganadero, con la incorporación de nuevas y ricas regiones al cultivo nacional. La Frontera llega a ser la zona de mayor producción cerealista y la más importante región maderera y asiento de la ganadería vacuna; pero su control económico quedó en manos de grandes latifundistas y concesionarios, forjándose una serie innumerable de graves problemas que todavía no logran solución. Magallanes se transforma en la base de una poderosa industria ganadera, pero su riqueza quedó concentrada en tres o cuatro grandes familias, favorecidas en el otorgamiento de las concesiones que aquí alcanzan extensiones monstruosas.

La pacificación de la Araucanía; la explotación económica de Magallanes; el desarrollo de la ganadería en el centro del país, son fenómenos que se han llevado a cabo en forma violenta, a base del latrocinio y del despojo de los débiles, utilizándose métodos condenables, todo lo cual ha creado una situación de evidente injusticia económica y social. (15)

La posesión de la riqueza del salitre y la extensión de la superficie agrícola se traducirán en un aumento considerable de la riqueza y en una gran decadencia moral de los círculos dirigentes del país, sobre todo desde 1891, cuando cambia la orientación política. La inmoralidad surge arrolladora porque un Fisco relativamente rico se alza sobre un pueblo pobre y en un país sin industrias; y mientras la clase dueña de la riqueza suprime en su totalidad los impuestos directos a sus cuantiosos bienes, otorga salarios misérrimos a los trabajadores y agobia al pueblo con impuestos indirectos a los consumos. Escándalos financieros, de enorme cuantía; desfalcos en la administraron pública; engaños en la realización de obras públicas, en grandes concesiones de minas y terrenos agrícolas, pasan a ser corrientes y provocan una grave corrupción política y moral que alcanza caracteres odiosos durante la denominada época de la "república parlamentaria"..

18. Durante la administración de Santa María se pone en circulación una riqueza fabulosa debido a los hechos económicos indicados. Las rentas públicas y la fortuna privada crecen extraordinariamente.

Debido a los derechos de exportación que gravaban al salitre y al guano, las rentas fiscales aumentaron bruscamente de 15,4 millones en 1879 a 35,4 millones en 1881. El estado chileno, tradicionalmente pobre, se hace repentinamente rico, y la dase dirigente, en vez de mantener el sistema financiero creado por Rengifo, y considerar como extraordinaria la renta salitrera, invirtiéndola en obras reproductivas que cambien la base material del país, la dedica a sufragar los gastos del Estado. En 1880 se deroga el estanco, en 1883 el derecho de faros y el de tonelaje; en 1884 el de exportación a la plata y al cobre; en 1888, la alcabala y, luego, la contribución de herencias y donaciones y, finalmente, cedió el impuesto territorial irrisorio a las municipalidades, como también los derechos de patentes.

En un artículo aparecido en El Mercurio de mayo de 1882, con el título de Los millonarios de Chile viejo, se precisa que existían, en ese año, 59 fortunas personales de más de un millón de pesos de 48 d. En total sumaban 180 millones, o sea. Varios miles de millones de pesos al cambio actual. De dichas fortunas, 24 eran de origen colonial. Las demás provenían del carbón. plata, cobre, salitre y oro; de los negocios ferroviarios y marítimos; de las exportaciones a California y Australia y de las nacientes industrias. El articulo mencionado agregaba que "en ningún otro país sudamericano podía registrarse por esos años mayor riqueza particular".

Con estos recursos se prosigue la realización de un vasto plan de obras públicas: ferrocarriles, puentes, caminos, puertos. edificios; se fomentó la inmigración, estableciéndose nuevas colonias de alemanes, suizos, y franceses; se crean diversos servicios administrativos; se mejora la enseñanza. Sin embargo, a pesar de toda esta cuantiosa riqueza no se rescató el papel-moneda, que se depreció hasta valer sólo 25 peniques.

La emigración del oro y la plata y el establecimiento indefinido del régimen de papel-moneda causaron esa desvalorización monetaria a la mitad de su valor anterior, lo que determina un gran encarecimiento de la vida y una gran inestabilidad de las transacciones comerciales. La disminución del poder adquisitivo de la moneda afectó como siempre a las masas asalariadas y, en general, a los consumidores. Con razón dice Alberto Edwards en su obra La Fronda Aristocrática que "las riquezas conquistadas en la guerra del Pacifico permitían gobernar muellemente, sin necesidad de acudir a impuestos impopulares, y la subsistencia indefinida del papel moneda, lejos de perjudicar a los intereses oligárquicos, los servía, sin que las clases medias, ni mucho menos el pueblo, sospecharan siquiera el despojo sistemático de que eran objeto".

A pesar de las nuevas riquezas, la clase trabajadora de las ciudades y de los campos no experimenta ningún bienestar apreciable. Sigue sometida a la mas dura explotación. Sólo en la superestructura política se logran diversas reformas que afirman un régimen jurídico más democrático.

Se dictó una ley que establecía la libertad de los cementerios (ley de cementerios laicos) y un decreto que prohibía la fundación de cementerios particulares con carácter religioso; se promulgaron las leyes de matrimonio civil y de registro civil; las que fueron consideradas sacrílegas por la Iglesia; se dictó, también, una ley de garantías individuales y se amplió a toda su extensión lo que se denomina sufragio universal; en efecto, la Ley de 1884 da derecho a voto a todos los chilenos varones mayores de 21 años que sepan leer y escribir. Sin embargo, se mantuvo la unión del Estado y la Iglesia.

El inspirador principal de las reformas señaladas, de carácter liberal todas ellas, había sido el Ministro del Interior don José Manuel Balmaceda, quien sucedió a Santa María para el periodo de 1886-1891.


Notas:

1. Gonzalo de Reparaz: Geografía y Política

2. Véase su ensayo: Fisonomía histórica de Chile.

3. Daniel Martner: Historia económica de Chile. Tomo 1║, pág. 215.

4. El Banco de Bezanilla. Mac-Clure y Cia. había comenzado sus operaciones como casa de consignaciones y corretajes en 1854.

En la Minería se constituyó una categoría económica especial, la de los habilitadores, o prestamistas, quienes levantaron fortunas habilitando pirquineros (pequeños mineros independientes). -En esta actividad se originó el poderío de la familia Edwards- Agustín Edwards Ossandón entregaba mercaderías y los mineros le reembolsaban en minerales; también compraba minerales robados (cangalla). Contribuyó a financiar el ferrocarril de Copiapó a Caldera. Más tarde, la crisis de 1870 le permitió realizar una operación lucrativa a costa de la ruina de los mineros atados a los habilitadores. Hizo efectivas sus garantías obligando a los deudores a entregarles sus pertenencias a precios irrisorios. Acaparó todo el cobre a un precio nías bajo que su costo de extracción y, en seguida, al aumentar la demanda lo vendió en magnificas condiciones, levantando una fortuna inmensa. Pato a ser el primer "rey del cobre" y su casa de prestamos mineros se transformó en el gran Banco Edwards. De tal manera, en Valparaíso, se consolida una poderosa oligarquía bancaria. de gran importancia en el desarrollo económico nacional, ayudando sobre todo a incrementar la minería.

5. Véase el libro de Leonardo Fuentealba H.: Courcelle-Seneuil en Chile. Errores del liberalismo económico, 1946.

6. Georges Mac-Bride: Chile, su tierra y su gente. Es uno de los más completos trabajos sobre el origen y desarrollo del latifundio en nuestro país y de las consecuencias diversas que entraña para la vida nacional.

7. En el libro de Marcelo Segall: "Desarrollo del capitalismo en Chile", se encuentra un análisis impresionante del proceso de acumulación primitiva en nuestro país. Este alcanza caracteres increíbles en la explotación inicial de los abonos: huano y salitre.

El libro de M. Segall, de difícil lectura, es un valioso y enorme trabajo, desde un punto de vista marxista. un tanto mecánico, del proceso económico-social de Chile durante la segunda mitad del siglo XIX.

8. los datos relacionados con la participación de los chilenos en el descubrimiento y explotación del salitre y, en general, de las actividades mineras en el desierto de Atacama y en Tarapacá, están detallados en la obra de don Roberto Hernández : El Salitre (Resumen histórico desde su descubrimiento y exploración). Valparaíso, 1930.

9. Don Ricardo Donoso ha escrito un grueso volumen: Las ideas políticas en Chile, donde estudia con prolija minuciosidad, y en forma exhaustiva el largo proceso, en sus diversos aspectos e innumerables peripecias, de estas reformas.

10. Sinceridad. Chile intimo en 1910. El Doctor Julio Valdés Cange (pseudónimo del educador Alejandro Venegas Canis) ha estudiado en forma detenida la situación económica, social, política y moral de Chile desde esta época. Su primera publicación: Cartas al Excelentísimo Señor don Pedro Montt sobree la crisis moral de Chile en sus relaciones con el problema económico de la conversión metálica, apareció en Valparaíso en 1909. Este librito sólo contiene dos cartas y un post-scríptum, pues debido al fallecimiento del Presidente no imprimió las tres restantes que deberían formar otro volumen. Sin embargo, Valdés Cange las rehízo ampliando su análisis, hasta abarcar veintiséis cartas dirigidas a don Ramón Barros Luco, y que dio a luz al año siguiente con el titulo: Sinceridad. Chile intimo en 1910, penetrante y notable obra en la que agota la investigación del origen y consecuencias del problema de la desvalorización monetaria.

11. Para conocer en detalle el proceso de la desvalorización de la moneda en Chile es preciso leer el libro de Frank Withson Fetter: La inflación monetaria en Chile. Este escritor manifiesta en su obra que la estabilidad de la historia política de Chile se explica poique el poder ha estado concentrado en manos de una pequeña y conservadora aristocracia de agricultores. ligados familiarmente entre si, la que dió durabilidad al gobierno y tradicionalismo a sus instituciones. Este ha sido "el gobierno de las cien familias". En seguida, demuestra que su desgraciada experiencia monetaria se ha debido al predominio dentro de esa aristocracia de los terratenientes fuertemente endeudados, a su vez poderosos dirigentes en las esferas gubernativas, cuyas tendencias inflacionistas fueron el principal factor de los desórdenes monetarios que han agobiado al país.

12. El problema indígena aun se mantiene sin solución. Diversos son los autores que lo han analizado y expuesto en sus contornos y alcances. Valdés Cange en Sinceridad lo analiza breve y penetrantemente; asimismo, Nicolás Palacios en Raza Chilena. A manera de información reproducimos una página que condensa gráficamente su origen y realidad, tomada de la obra de don Agustín Edwards: Mi Tierra. porque este escritor no puede ser tachado de apasionado o precipitado. Dice así: "Aún hoy hay en estas provincias (se refiere a las de Arauco. Bio-Bio, Malleco y Cautín) una inseguridad en el dominio de las tierras, provocada por la forma irregular en que se ha constituido la propiedad que se acentúa hasta convertirse en un grave problema en las regiones más al sur. Remates de terrenos fiscales, en gran parte ocupados desde tiempo inmemorial por indígenas que se han visto expulsados de sus heredades, denuncios de terrenos baldíos que no lo eran en realidad, ocupaciones de tierras que a nadie servían ni nadie reclamaba, hasta que el ocupante las hizo productivas, ejecuciones a los indígenas por deudas imaginarias o risibles, que han privado a estos de buenas extensiones de tierras para dárselas a gentes que no han pretendido trabajarlas, sino revenderlas, pagándose con creces del supuesto crédito, por todas partes, brotando como hongos al pie de los robles, los títulos espúreos de propiedad de detentadores de verdaderos latifundios. He ahí Araucanía. De todo ese hervidero de abusos, en el fondo de los cuales no hav otra cosa que el pecado original de las tierras vírgenes o inexploradas. emerge poco a poco una Araucania nueva, de producción potente, de agricultura científica, de industria organizada".

13. Estas afirmaciones de Gusinde han sido refutadas por el señor Armando Braun Menéndez, en su obra Pequeña historia de Tierra del Fuego. Es preciso destacar que el señor Braun Menéndez es integrante de las familias dueñas de esa zona

14. Domingo Melfi D., El hombre y la soledad en las tierra magallánicas.

15. Para conocer en detalle el proceso de la pacificación de la Araucanía se puede leer la obra de don Tomás Guevara: Historia de la civilización de la Araucanía, en 3 vols. Existen otras obras como las de Horacio Lara y Leandro Navarro. Pero lo cierto es que la verdadera historia de esta empresa esta por escribirse.

Con respecto a la realidad magallánica es digno de destacarse el valioso contenido de tres discursos que pronunciara en el Senado don Oscar Schnake V. en 1937, cuando se discutió el asunto del arrendamiento de esas tierras. Asimismo, es importante el trabajo de José Gómez Gazzano: La cuestión agraria en Magallanes. Santiago 1938.

En lo que respecta al desarrollo de la ganadería vacuna chilena, tiene raíces que no hablan muy bien de los procedimientos empleados por los hacendados para impulsarla. Ya V. Pérez Rosales, en su notable libro Recuerdos del Pasado, relata sus peripecias durante once años como contrabandista de ganado entre Chile y Argentina, en la región central; el geógrafo francés Reclus habla en su Geografía Universal del comercio ganadero entre ambos países y del contrabando a que ha dado origen: "En tiempos en que los indios de las pampas merodeaban en el territorio argentino, los chilenos les inducían a que robasen ganados para comprarselos después y matarlos o venderlos en las ferias de Chillán". Recientemente. un investigador argentino, don Reinaldo Pastor, en una obra en que analiza las guerras de los indios en la jurisdicción de San Luis demuestra esta afirmación con hechos y documentos.


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