Ensayos quemados en Chile

ARTÍCULOS SOBRE MOVILIZACIÓN IDEOLÓGICA EN LOS ÚLTIMOS MESES DEL GOBIERNO POPULAR

El Teniente unido jamás será vencido

Era el grito con que marcharon sobre Santiago un reducido grupo de empleados de "El Teniente", cuya huelga ilegal y política terminó la semana pasada sin que el gobierno haya cedido un ápice en sus planteamientos. Aquí en la capital la consigna pasó a ser vociferada por los "trabajadores": los pibes del barrio alto, el lumpen, los krumiros de ayer y arribistas de hoy, las pobres y hambreadas señoras de los té canasta.

Detrás de ese grito estaba toda la táctica para la ofensiva derechista. Se trataba de movilizar masas, para que fueran éstas las que crearan un nuevo Octubre, sumándose a las fuerzas (camioneros, comerciantes, "colegios profesionales") que ya se tenía en esa ocasión. Había que dividir el movimiento sindical chileno para derribar a Salvador Allende.

Vale la pena, por lo tanto, analizar un poco más a fondo la significación de esas palabras, para comprender los objetivos ocultos del comando fascista.

Ante todo le robaron ese grito a la izquierda. El ritmo y la forma imitan el victorioso coro con que la U.P, había cantando sus jornadas triunfantes de los últimos años. El modelo para la consigna derechista era EL PUEBLO UNIDO... JAMÁS SERÁ VENCIDO. Ellos no tienen gritos propios, no tienen años y años de marchas y luchas callejeras, no tienen la vocación unitaria que la clase obrera y campesina han conquistado a lo largo de su historia. No le queda otra que utilizar versos populares que ya tienen prestigio en las masas, que el pueblo ya está acostumbrado a repetir. Con esto, pretendían mostrar que los que ahora repudiaban al gobierno eran quienes habían sido partidarios de ese mismo gobierno.

Simultáneamente, la Democracia Cristiana lanza la frase de que éste no es el gobierno de los trabajadores, sino de los... traidores. Es decir, no se derrocaría al régimen constitucional en nombre de los monopolios y del imperialismo, ni siquiera en nombre de los gremios, sino que sería la revolución supuestamente traicionada, las masas desilusionadas, lo que se opondría al gobierno. De esta manera ha actuado siempre el fascismo: en representación de sectores que quieren transformaciones, pero en realidad para mantener la explotación de clases que está siendo borrada por la U.P. El grito ayuda a emborrachar la perdiz.

Pero hay otro sentido en EL TENIENTE UNIDO... JAMÁS SERÁ VENCIDO. Y es la referencia a las fuerzas armadas. Esto viene a cobrar su real peso sólo en los últimos días. Se trata de pedir al conjunto de las fuerzas armadas chilenas que se unifiquen contra el gobierno. Esta intención queda confirmada con las últimas aseveraciones de la derecha. "El Mercurio" del día domingo 8 de julio asegura que la U.P. "está armándose contra las Fuerzas Armadas. No hay otra posibilidad". Y también revela el sentido del emplazamiento del Congreso: ".. . es de, alta importancia la declaración de la mayoría del Congreso que alerta al país sobre la gravedad del armamentismo clandestino y del atropello a las Fuerzas Armadas y Carabineros que tienen el deber de garantizar la seguridad interna". En días anteriores, comentando el frustrado golpe (cuyo significado político intentaron desestimar los voceros derechistas, presentándolo como un autogolpe o una "operación comando"). "El Mercurio" asegura que he aquí la prueba definitiva de que la única fuerza real en el país es el Ejército (EL TENIENTE UNIDO) y que ningún poder de masas (poder popular) puede oponérsele (JAMÁS SERÁ VENCIDO). Lo que querían era colocar a los institutos Armados en una posición neutral, independiente, para que pudieran intervenir como arbitro, es decir para que garantizaran la persistencia del poder de la clase dominante.

Por eso, el hecho positivo de los últimos días es el desahucio de la entrada de los militares al gabinete: "las Fuerzas Armadas actuaron unidas entre sí y sus mandos contaron con el respaldo y la cohesión interna de los respectivos institutos".

Eso es lo que se esconde detrás del grito de El Teniente. El llamado a la unidad de las Fuerzas Armadas. Pero no buscan esa unidad para que se respete la Constitución o las leyes que ellos mismos forjaron. No buscan esa unidad para defender a Chile de la más brutal agresión económica extranjera de su historia. No buscan esa unidad para que se colabore en la construcción de la patria. Quieren que El Teniente unido aplaste al gobierno y destruya al pueblo.


Chile un manicomio

Una locura.

Eso es lo que sería imponer una dictadura militar aquí en Chile. Una locura tratar de aplastar al pueblo.

Una locura, claro.

Pero para llevarla a cabo se necesitan muchas locuras particulares, que gran cantidad de chilenos pierda su salud mental. Se necesita que se descomponga la estabilidad de las emociones, que el país se hinche de desequilibrados que prefieran estallar en la guerra que construir en la paz.

La derecha viene trabajándose esta atmósfera desde mucho antes de 1970. Todos recordamos las múltiples y bien pagadas campañas del terror.

Pero sólo ahora, después de su fallido golpe del 20 de junio, sólo ahora, histéricos y temerosos, los enemigos de Chile sacan a relucir un nuevo y último consejo de su viejo sombrero. Tomaron la ley de control de armas y, extralimitando las fronteras de su aplicación, la desean utilizar como instrumento perfecto para desquiciar la vida familiar y pública de cada chileno.

Como no hay sanciones contra los falsos denunciantes, se trata de denunciar a cualquier ciudadano que tenga inclinaciones izquierdistas y aplaudir si le allanan el domicilio. Ese es su sueño: irrumpir en las fábricas, so pretexto de buscar inexistentes ametralladoras, y entorpecer la producción que ya no sirve sus intereses. Quieren que se registren las poblaciones y se asuste a los hijos de los trabajadores. Se relamen cada vez que se invade una distribuidora de alimentos.

Es decir, en definitiva, quieren que la ley de control de armas sirva para paralizar el país y con el objeto de iniciar desde ya, y de hecho, una caza de brujas al mejor estilo paraguayo y brasileño.

Abusando de ese cuerpo legal, pretenden, en la práctica, colocar a las Fuerzas Armadas al servicio inmediato de personas o instituciones que no sean el Poder Ejecutivo. Quieren que se forme una costumbre nacional nueva: denunciar al vecino por sus ideas. Que las órdenes directas para acciones militares surjan en el Congreso, en la Corte Suprema, en la SOFOFA, que sean los patrones los que puedan levantar el teléfono y pedir el desalojo de las fábricas, que sean los latifundistas los que gocen al ver la tierra devuelta a sus manos.

Maniobras para que las FF.AA. sean el arbitro, para que se conviertan en el poder ejecutivo y fiscalizador de la nación.

Por eso, estas denuncias hipócritas coinciden con la propaganda mercurial al "paraíso" paraguayo y al "milagro" brasileño. Por eso, el Senado manda sus conclusiones a los jefes de las FF.AA. para que deliberen políticamente. Por eso; se emplaza al gobierno para que desarme al pueblo, un pueblo cuyas ramas son la organización, la disciplina, cuyas armas son su CUT y su conciencia.

Quieren que el país pierda la cabeza.

Quieren que el país, enloquecido, se suicide.


La paciencia se acabó

"El Mercurio" en su página editorial ya derrocó al Gobierno.

Porque ya no se habla de "ilegitimo", "ilegal", ilícito", palabras que de tan cacareadas ya nos tenían la oreja acostumbrada y un poco sorda.

Ahora, lisa y llanamente, se ha borrado la existencia misma del Gobierno. Anticipan el hecho de que la derecha planea la destrucción violenta y material de las autoridades del país, se ha procedido de antemano a preparar en la conciencia y en la cabeza de los chilenos esa desaparición. Para los enemigos del pueblo ya no hay un Gobierno, sino que un "desgobierno". Ya no hay solución a los problemas nacionales, porque el Poder Ejecutivo está en "disolución". Para utilizar las palabras mismas de "El Mercurio", "falta un interlocutor autorizado y responsable que haga la parte del Gobierno en cualquier diálogo con opositores o grupos independientes", con lo que quieren decir que la oposición democrática estaría propiciando un consenso mínimo con fantasmas y que el Cardenal sugiere una paz con un ser invisible.

Para "El Mercurio", Allende ya no es presidente de Chile.

Este derrocamiento editorial del Gobierno Constitucional es parte de una campaña bien orquestada. En los últimos días, las más diversas personas e instituciones han venido entregando una serie de documentos, aparentemente dirigidos al Presidente de la República y que terminan con una significativa y coincidente frase: que cada cual asume su responsabilidad. Encomiable convergencia demuestran tantos seres diferentes, encomiable telepatía. Todos los industriales de Aconcagua y Valparaíso, la SIDECO, el señor Pareto, el enmascarado Thieme, los comentarios editoriales en Nueva York, Boeninger y sus consejeros, el Colegio de Ingenieros, las Juntas de Vecinos de Providencia, los profesionales de tal o cual industria, todos piden que cada cual -nótese bien, cada cual- asuma su responsabilidad. Daría la apariencia (quieren dar la apariencia) de que desde los rincones más aislados y dispersos de la comunidad, desde cada flotante islote de la patria, desde cada opinión absolutamente espontánea, se estaría reclamando responsabilidad.

¿Pero responsabilidad, de quién?

No se puede tratar de que el Gobierno asuma la responsabilidad, porque para "El Mercurio" el Gobierno ya no existe, hay un vacío de poder. Cada cual debe hacer esto, cada cual debe moverse por su cuenta, cada cual es libre, cada cual debe actuar sin restricciones, cada cual debe asumir la responsabilidad. Cuando dicen cada cual lo que significan, en realidad, es Fuerzas Armadas. Que las Fuerzas Armadas asuman la responsabilidad.

Es parte de una ofensiva contra el Gobierno que ya tiene una orden predeterminada.

Acordémonos que primero hablaron de desobediencia civil. Después pasaron a gritar la resistencia civil. Posteriormente las paredes se llenaron de llamados a la ofensiva civil. Ahora, en el mes de julio, estamos presenciando el inicio de la repetición del repertorio de frases, pero aplicados en este momento a las Fuerzas Armadas. Estaríamos ahora en la etapa de la "desobediencia militar".

Todo va junto. Bulnes, por ejemplo, anuncia que "estas instituciones deben actuar por propia iniciativa y sin esperar denuncias". Incluso, el Gobierno no podría reprimir a Patria y Libertad, las Fuerzas Armadas no tendrían por qué perseguir a quienes se levantan contra la "Anti-República" y el jefe del "Anti-Estado". El Presidente es un criminal que no debería, según "El Mercurio", ni siquiera ser oído, y no tiene por qué ser considerado Generalísimo. Para la derecha, el Ejército, la Aviación y la Armada deben obedecer sólo a la "institucionalidad" vigente, es decir, recibir órdenes emanadas únicamente de los poderes legítimos y existentes, el Congreso, la Corte Suprema, la Contraloría, etcétera.

Pero ya sabemos que después de la fase y la frase "desobediencia militar" vendrán los próximos pasos.

Nos parece que no se puede esperar que "El Mercurio" y los intereses que representa den esos próximos pasos. Nos parece que no podemos tolerar que exijan la "resistencia militar" para después proclamar la "ofensiva militar" contra el Gobierno.

Nos parece que el muy existente pueblo y el igualmente existente Gobierno de Salvador Allende deben proceder a demostrar su presencia. Nos parece que ha llegado la hora de clausurar "El Mercurio".


1. Este ensayo se basa en conferencias dictadas durante el verano (enero-febrero) de 1972, en Concepción, Valparaíso y Santiago, para profesores secundarios de castellano bajo el patrocinio del Centro de Perfeccionamiento del Magisterio del Ministerio de Educación.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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