Ensayos quemados en Chile

EL LLANERO SIN ANTIFAZ

Entrevista exclusiva de Ariel Dorfman

Como dentro de poco en nuestro país se editará un libro que denuncia al Llanero Solitario como un agente de la ideología burguesa, la Quinta Rueda decidió entrevistar al popular personaje. Después de confirmar los consabidos datos biográficos, se mostró -lo que no es sorprendente- llano a que se despejaran todas las dudas sobre su reputación, para que la opinión pública chilena, en la que confía. Juzgue, sin ideas foráneas, su conducta. Aunque evidenció cierto resentimiento hacia las revistas culturales, accedió a utilizar un lenguaje adecuado a este nuevo tipo de lectores. He aquí algunos extractos del diálogo:

-Vamos al grano. ¿Por qué lleva máscara?

LLANERO: Al grano. Es un modo conveniente de representar la ley, la justicia, el orden. No tengo cara, eh, se puede decir que soy todos los hombres, que no tengo odiosas preferencias. Cada lector puede proyectar su propia vida anónima en ese hombre también anónimo detrás del antifaz . .. Por lo demás, me deja mayor libertad para destruir a los malos, sin temer represalias.

-¿Los malos?

LLANERO: Los que rompen las leyes. Los que destruyen la paz social.

-¿Por eso siempre defiende a los ricos?

LLANERO: Más que una infamia, eso es mentira. ¿Por qué lo dice? Soy como un juez, igual para todos. Observe. Con frecuencia defiendo a los pequeños propietarios, a los inválidos, a los huérfanos, a los mismos indios, ¿no es cierto, Toro? ...

TORO: Ug.

LLANERO:... cada vez que los poderosos trascienden los límites de la ley, cada vez que se sobrepasan. Claro que un criminal atenta tanto contra ricos o pobres. Defiendo la propiedad de ambos.

-Pero a los bandidos usted los manda a la cárcel y a los ricos los engaña para forzarlos a regenerarse, arrepentirse. ¿No es favoritismo eso?

LLANERO: ¿Cómo pueden hablar de favoritismo, si yo nunca he recibido un dólar por mí trabajo? Mi lema, el desinterés.

-¿De qué vive entonces?

LLANERO: Afortunadamente descubrí una mina de plata. Me proveo de ella para mis necesidades, que son estrictamente profesionales. Defiendo a la naturaleza contra los elementos antinaturales. Es legítimo, después de todo, que deduzca mis gastos directamente de ella.

-¡Lástima que no podamos todos tener una mina de ésas!

LLANERO: Ah, pero la tiene. Es su propia naturaleza. Dígales eso a sus lectores tan cultos. Cada cual saca lo que le corresponde de la fuente con que hemos nacido. Bonito pensamiento, ¿no? Pero ojo. Hay que merecer. Llevar una vida ejemplar. Yo, vea, yo demuestro en cada aventura una ley moral única, la misma que recorre todo el universo. Soy un educador.

-Parece que usted no cree que la moralidad es un resultado de cambios históricos.

LLANERO: Mi vida es la prueba de lo equivocado que está usted. Mire a mi lado. Un caballo sin frenos de ninguna especie, un salvaje, "Plata". Y dejó su vida libre para servir la justicia humana, una ley superior. ¿Cree que algo transitorio, pasajero, lo podría haber convencido? A este otro lado este indígena. Toro, que también fue bárbaro y ha dedicado su vida a secundarme ... No, señor periodista, la naturaleza misma reconoce mi misión más alta, de mil milagrosas maneras ... ¿Y quién es usted para dudar de mí?

-Bueno, lleva una máscara. Es justo que tenga mis reservas.

LLANERO: Usted es igual a todos. No ve que me pongo la máscara para quedar atado aquí, lejos de una existencia normal. A veces llego a envidiar al flojo de Superman, que puede descansar en ese Clark Kent. Me encadené a mi máscara.

-¿Entonces se la pone sabiendo que va a tener problemas? Porque según me acuerdo, apenas llega a un lugar lo reciben a balazo limpio.

LLANERO: ¡Es la crucifixión! ¡Si usted escuchara las frases hirientes! Qué no me dicen. Forajido, cuatrero, estafador, malvado, criminal, marginado. Desconfianza, rechazo. Ni un rostro que ayude ... Pero ésa es la aventura, ahí está la gracia: demostrar mi verdad, contra la corriente. Y al final, aja, siempre me tienen que señalar, se someten a mi leyenda. He triunfado, superando todos los obstáculos.

-Otra cosa. ¿Cómo hace para llegar siempre en el momento más difícil?

LLANERO: Otro error. Estoy solucionando problemas que cualquier realidad, la suya, la del lector, la mía, está repleta de situaciones críticas. Su vida no es tan diferente de la mía: usted también busca solucionar ciertos problemas, para poder vivir pacíficamente.

-Pero los obstáculos que usted enfrenta no tienen nada que ver con el mundo cotidiano. Es una fantasía. En eso estaremos de acuerdo.

LLANERO: Otro error. Estoy solucionando problemas que aquejan y molestan a los lectores.

-Un ejemplo.

LLANERO: El otro día salvé a un viejito, jubilado de ferrocarriles, que quería suicidarse. Le demostré que su vida seguía teniendo sentido, aún podía ayudar, renové su fe. En otra ocasión, un hombre despedido por borracho y ladronzuelo... Lo derroté. Un ejemplo más: protegí a unos indios , a quienes se les quería quitar la reserva que habían obtenido por medio de un tratado de paz. Esas son cosas que preocupan a la gente que sigue mis aventuras: qué hacer con los viejos, con los que no tienen trabajo, con los que quieren conservar sus pequeñas propiedades y vivir en tranquilidad.

-Pero usted no parece nunca enfrentar la causa de los fenómenos. ¿Por qué no exige que devuelvan las tierras robadas a los indios? O solucione el problema global de la vejez: ese hombre ya no tenía fuerza de trabajo que vender, así que lo botan.

LLANERO: Ese tono no me gusta. Hay que tener respeto por el otro, libertad de expresión... Vamos por partes. Uno hace lo que puede. Mejor salvar un viejito que no salvar ninguno. ¿O quería que lo ayudara a suicidarse? Además, ¿para qué están los lectores? Que sigan mi modelo, y ahí sí que habrá cambios. Con respecto a los indios, yo no me meto en cosas del pasado. Tanto dato histórico sólo sirve para confundir... Ahora bien, hay algo que no me gusta en todo esto. Sus preguntas son tendenciosas. Me trata de mezclar en asuntos políticos, y usted sabrá que yo soy independiente, neutral, apolítico. Esas complicaciones se las dejo a los teorizadores, que no lo han hecho nunca muy bien cuando se trata de ser hombres de acción. A mí lo que me interesa es hacer el bien.

-¿Y por qué no prefiere que los poderes públicos se hagan cargo de la lucha contra el crimen? ¿Usted no se siente representado por ellos?

LLANERO: ¿No le dije que siempre entrego al delincuente a la policía? Lo que pasa es que sin la colaboración del ciudadano privado es imposible la justicia, sin la plena participación ...

-Entonces, ¿por qué rechaza las ofertas que le hacen de ser sheriff?

LLANERO: Movilidad, ante nada. Pero también me preocupa el lector. Él tiene cierto resentimiento e incluso temor frente al Estado. En su vida común, ese Estado lo castiga, lo limita, le impone leyes. No está en contra de los objetivos de esos aparatos e instituciones, pero quisiera demostrar que él puede hacer lo mismo de una manera más eficaz. Ahí estoy yo. Tengo toda la capacidad del Estado, ninguna dé sus desventajas. Hago el mismo trabajo de la patrulla del ejercitó, pero el lector sabe que lo hago por su bien, acepta la necesidad de esas acciones. Y para hablarle francamente, creo que gente como usted tiene algo de culpa en esto.

-¿Yo?

LLANERO: Los periodistas, los seudointelectuales, los que escriben mucho y después no saben usar los puños. Ustedes azuzan las sospechas del hombre común: que el Estado es represivo, que está al servicio de una clase social para velar por sus intereses económicos. ¡Pamplinas! Es fácil sembrar el odio. Abusar con la ingenuidad del pueblo. Pero vea, a mí no me pueden decir que soy del Estado, ¿no? Ni que pertenezco a una clase, aunque simpatizo con los desposeídos, claro. El lector puede depositar su confianza en mi desempeño. Impongo la armonía más allá de la pugna de intereses. Realizo y permito la participación democrática. El lector puede imitarme: cada individuo renueva, con su moralidad, las leyes que lo rigen. Entre todos corregimos los desvíos y problemas que hemos enfrentado y también mostramos que el cuerpo social necesita nuestra activa vigilancia para lo que pueda regularse solo, buscar su natural equilibrio y temperatura normal que elementos rebeldes y afiebrados buscan desarticular con propósitos inconfesables. Así que antes de hablar de cambios, hay que tener el alma muy limpia y pura, hay que ser bueno.

-Su bondad tendrá oportunidad para manifestarse. ¿Cuál será su respuesta frente a ese libro que lo denuncia?

LLANERO: Soy bueno, pero no soy tonto. Me han atacado mucho, así que estoy acostumbrado. Si pude contra las balas ¡qué me importa la chismografía de los envidiosos! Parece que ya no queda nada sagrado. Sólo injurias, calumnias. Apenas supe que las habían agarrado con el pobre Pato Donald, que como usted sabe no tiene quién lo respalde, supuse que no tardarían en emprenderlas conmigo. Es una venganza: los antisociales, ésos se han puesto de acuerdo para pagarle a algún mercenario intelectual.

-Palabras duras.

LLANERO: Mi desafío y respuesta es mi popularidad. Yo llego a millones. Hasta El Mercurio me publica. Y ese libro no lo va a leer nadie.

-Y si se encuentra con el autor, ¿qué le hará?

LLANERO: Si él no utiliza la violencia, si se limita a hablar nomás, lo ignoro. Pero sí trata de poner en práctica sus teorías, imponer por la fuerza sus puntos de vista a los demás habitantes tranquilos de este mundo, bueno, ahí estaremos, firmes, ¿no es cierto. Toro?

TORO: Ug, Kemo Sabay.

Octubre, 1972.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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