Ensayos quemados en Chile

SALVACIÓN Y SABIDURÍA DEL HOMBRE COMÚN: LA TEOLOGÍA DEL READER'S DIGEST

"Cuando iba de patrulla en Vietnam, un soldado vio una gran cobra que se deslizaba por el sendero delante de él. Excesivamente miedoso de las culebras, mi amigo le disparó un tiro, revelando así nuestra posición al enemigo. Cuando el jefe de la patrulla le preguntó si no se le había ocurrido otra solución, él contestó vacilante: 'Sí mi coronel ..., pero creí que no teníamos tiempo para pedir un ataque aéreo'".

(Extraído de "Humorismo Militar", Selecciones del Readers Digest, mayo 1971).

"La opinión pública sabrá juzgar..." (Opinión del ciudadano Eduardo Frei Montalva, seguramente en uno de sus discursos públicos o en alguna conversación privada).

"Cierto hombre de ciencia, que hace muchos experimentos con ratas blancas, dice que a menudo se pregunta si no habrá alguna especie superior de aquellas ratas que nos esté usando a nosotros con igual propósito".

(Extraído de "Ideas Geniales", Selecciones del Readers Digest, mayo 1971).

Lo sabe todo el mundo.

No resulta una novedad constatar que Selecciones del Readers Digest (1) es abiertamente reaccionario. Es proverbial su defensa del modo de vida occidental, cristiano, anglosajón, capitalista y norteamericano. En el número de mayo de 1971 (2) (Tomo LXI, Nº 366), que nos servirá durante el transcurso de nuestro examen como muestra prototípica para una ejemplificación constante, hay, por lo menos, tres artículos que sin disimulo atacan el comunismo y los países socialistas ("Ángela Davis o la forja de un mártir", "Macao, Ciudad de Oro y Misterio", "El Gran Circo de Moscú"), y aseveraciones parecidas, pero más breves, se hallan desparramadas de contrabando en varías otras secciones. Si el Reader's sólo consistiera en esto, no pasaría de ser un burdo propagandista del sistema yanqui, y desnudarlo sería bastante fácil. Tal es así que muchas veces, al fijarse en los contenidos políticos explícitos, el ropaje más visible, se ha desatendido algo más importante: la manera en que la revista concibe el proceso de la comunicación misma, la estructura que ha adoptado para derrotar, y aprovechar, una serie de contradicciones generales en el mundo del siglo XX.

En efecto, el Reader's nace para entregar cierto tipo de información a un. lector que carece de ella y que no la puede ingerir en otros medios masivos de comunicación. Este receptor siente, por razones que examinaremos más adelante, la necesidad de dominar, sin ser especialista, sin tragarse libros ni revistas, sin crearse grandes rompecabezas, algunas porciones del conocimiento que le parecen indispensables. Usando el Reader's como puente-colador, el lector recibe "lo mejor de libros y revistas", en "condensaciones de artículos de interés permanente, coleccionadas en folleto". Es decir, el Reader's selecciona (lo que no es de extrañar, si tomamos en cuenta su título), distingue, entre miles y miles de publicaciones, aquellas que desbordan lo pasajero, lo meramente novedoso, para poder permanecer en la mente (y en los anaqueles) del comprador. Lo digno de mayor consideración, de ser estatua en la mente de cada cual, museo interior, se diferencia de lo que será olvidado mañana. Un manual turístico para la geografía de la ignorancia.

Por eso es un folleto. Más que una revista, porque, si bien conserva su servicio modernizador, su estar-al-día, puede guardarse para consulta incesante. Menos que un libro porque, si bien puede habitar una biblioteca, no ahuyenta al adquirente con un aspecto voluminoso, adusto o académico. Con las ventajas de uno y otro: el término medio comunicativo exacto para desempeñar la función. Este equilibrio, una característica que el Reader's reproduce en otras configuraciones suyas, garantiza que la revista se constituya en un recinto alejado tanto de la intelectualidad estéril de la élite como de los productos residuales de la sociedad de consumo. Su forma-to denuncia la hibridez dentro de la cual sale a luz, los reinos que quiere conciliar: es magazine o es libro, y ninguno de los dos, y ambos, según el punto de vista que se adopte, las conveniencias del lector, la encrucijada precisa donde lo periodístico y lo culto se mezclan, donde novedad y estabilidad, sensacionalismo y residencia, logran un amancebamiento pacífico.

Por eso, ese microcosmos, en cada entrega, se ocupa de todos los sectores que- la realidad abre, acentuando la penúltima información proveniente de ese campo. Nos encontramos, antes de abrir el folleto, en su portada, con un revoltijo de temas de la más variada índole. Es una realidad fragmentada, que reproduce la división del mundo en parcelas que el lector ha legitimado ya en su experiencia cotidiana. Cada área aparece claramente delimitada y aparte de las otras, separada de una posible cohesión globalizadora. La aparente autonomía de los diversos trozos refuerza subterráneamente la imagen que el lector se ha formado de sus propias potencialidades cognoscitivas en un mundo donde todo cambia con tanta fiebre, donde la especialización ha llegado a fronteras traumáticas, donde nada parece adquirir coherencia o integración.

Claro que este aislamiento asfixiante no aparece como tal. Por el contrario, permite que el Reader's, a la vez que entregue la impresión de pluralismo (que no pasa de ser temático y jamás invita a una polémica en que diferentes posiciones verdaderamente se enfrenten), ofrezca al lector la totalidad por acumulación, breve, entretenida, asimilable.

Nada está fuera de ese minimundo: geografía, biografías, historia, medicina, política, anécdotas, arquitectura, arte, problemas del mundo actual, relaciones familiares, los últimos adelantos tecnológicos, botánica, consejos, dietética, test, chistes, religión, secciones que, por lo demás, se repiten monótonamente (cambiando de contenido para atraer) de mes en mes. Simulando la ficción de que está atiborrado de informaciones, el folleto puede al mismo tiempo abordar cada sección sin relacionarla con los compartimentos laterales; puede enunciar los problemas ahí descritos como absolutamente particulares y las enseñanzas extraídas como desgajadas de toda ligazón cualitativa con aquello que se ha aprendido en el resto de la revista.

En virtud de que la fuente escrita, anterior, de cada porción es un libro o un ensayo especializado, resulta ser el origen mismo lo que viene a justificar esta parcialidad en la cognición. Al lector se le autoriza el espíritu con tal de que acepte antes la atomización contundente de ese conocimiento en espacios y líneas demarcatorias previamente establecidas por la sociedad, las santificadas e incontaminadas reservas de saber en que una clase social ha dispuesto y organizado el mundo. Es decir, el Reader's utiliza la división que impuso la burguesía, técnicamente inevitable, del trabajo intelectual (y material), necesaria para el desarrollo económico y el dominio de la naturaleza para validar a posteriori la subdivisión de la cabeza de los que quisieran aproximarse a ese conocimiento. La verdad en píldoras, en bolsillos, en roperos, en compartimentos inmaculados, consecuencia infernal de un sistema económico que aísla al hombre de la totalidad y enajena su humanidad, para el Reader's se convierte en precondición incuestionable para llegar a conocer auténticamente. Sólo la suma caótica de elementos disgregados puede asegurar al individuo su iluminación reveladora. Claro que este método es posible porque, por debajo de variaciones temáticas, diferencias meramente anecdóticas, se vive una unidad estructural profunda. Cada trozo "seleccionado" no puede sino repetir el mismo lenguaje, procedimiento, técnica, sistema y tesis ideológicas, que los otros componentes. Se reitera cíclicamente en las islas aparentemente independientes una misma bandera, clima, geología.

Pero hay otros motivos. Como buena parte de los artículos enfrenta algún problema que ha hecho crisis en la sociedad contemporánea, por ejemplo, armamentismo, hambre, drogas, delincuencia urbana, contaminación atmosférica, conflicto generacional, subdesarrollo crónico, convivencia comunitaria, etc., al separar un tema de otro se le dificulta al lector intuir de qué manera todas estas contradicciones nacen de un mismo y único sistema, y cómo cada fragmento que se ha deseado arrinconar no es sino un síntoma de una crisis considerablemente más grave y generalizada. El Reader's, además, al poder derrotar cada situación angustiante aparte de las discordancias paralelas que pueden advertirse en las demás, logra una transformación milagrosa, agorera. No se presenta el problema para indagar en sus causas o desentrañar sus orígenes, sino que, muy por el contrario, se nos pone frente a los ojos la manera en que en algún lugar modelo y con la inspiración de un ciudadano ejemplar, ese problema se halla envías de solución. Así, lo que interesa no es saber más acerca de las drogas y las razones por las cuáles éstas proliferan, especialmente en USA y Europa, para poder efectivamente colocar el dilema en su justa ubicación. Lo que interesa es ejemplificar la solución individual, imitable por todos, a esa incertidumbre. No hay tal contradicción generada por un sistema; ni siquiera habría un sistema. Sólo hay casos que algunos han sabido enfrentar exitosamente que otros podrán resolver con simétrica dedicación y por idénticas vías, siempre que lean Selecciones. A este procedimiento, al que volveremos pronto, ya que constituye el núcleo de la estrategia del Reader's, se agrega el hecho de que toda otra alternativa está eliminada y que cualquiera situación positiva que pueda interrogarse en esas disyuntivas se debe a lo que ellas tomaron prestado del sistema que propugna el Reader's.

Estas soluciones fracturadas pueden observarse en la mayoría de los artículos del número de mayo de 1971. En "Se nos mueren los océanos", dedicado al problema de la polución y los modos de combatirla. O en el abismo del hambre resuelto: "Revolución en la agricultura, promesa de abundancia". O la congestión en las carreteras y los accidentes: "Cuando se juntan el alcohol y el volante". O al enfrentar el problema de los accidentes laborales: Riku Ruopsa ("La Prueba de Fuego de Riku Ruopsa") supera el accidente mediante su garra y empuje, que cada cual debe tomar como arquetipo. O en la lucha contra el crimen ("Sherlock Holmes vuelve a vivir"), Pero donde llega al colmo es en dos ensayos diferentes ("Tranquilidad sin tranquilizantes" y "Saque provecho de las preocupaciones"), que resumen la actitud del Reader's frente a algo más que perturbaciones psicológicas.

Todos sabemos que a cada momento estamos saltones, irritables, tensos, preocupados. En gran medida debido al conjunto de problemas que el Reader's retrata separadamente en sus páginas como manifestaciones inconexas. Lo que exige, sin embargo, es que olvidemos los problemas, que no les prestemos atención. En vez de eliminar la causa, el foco infeccioso que es el mundo real, se ordena suprimir el resultado de ese mundo en el cuerpo humano, relajándonos. En vez de cambiar el mundo, se pide que nos tranquilicemos, adaptándonos cómodamente a las imperfecciones. Que el lector no indague, que siga con el Reader's mejor. Y hasta se propone que la fuente de tensión misma es un bien (en el caso de que no se pueda desterrar), podrá ser la dínamo que nos dé energía. "Si conseguimos que las preocupaciones nos sean de provecho, en vez de dejarnos devorar por ellas, a la larga acabaremos teniendo menos inquietudes que nos estimulen en nuestras labores. Pero no nos preocupemos ahora por eso, que ya habrá tiempo de hacerlo".

Estas explicaciones que el Reader's se hace de las contradicciones del sistema, y que comparte con todos los órganos de expresión del imperialismo y de la burguesía, tampoco deberían sorprender a nadie. En realidad, aun cuando se enfrenta con sectores "desconocidos", supuestamente lejanos de la problemática contemporánea (o por lo menos de las molestias que estas situaciones ocasionan); viajes al trópico o al pasado, los últimos avances médicos ("Noticias del mundo de la medicina", "Van ganando la batalla a la leucemia"), la explicación de fenómenos corporales ("Cómo nos adaptamos al frío"), las realizaciones de algún famoso personero del arte ("Guiomar Novaes, poetisa del piano"), problemas meramente técnicos ("El mundo fluido de los Sogréah", "El prodigioso avión Mirage"), etc., el Reader's no consigue asombrarnos. Utiliza métodos muy conocidos, reducciones que han sido estudiadas reiteradamente y que en esencia son los mismos que Roland Barthes examina en Mythologies.

Una muestra. Todo es exótico en este mundo. Es ese misterio lo que justifica el tono de guía turística y que disimula la trivialidad y monotonía de los descubrimientos, dignos de un parque de entretención. Lo anecdótico y accesorio divierten la atención del lector, mientras que las verdaderas razones, uniones o disimilitudes jamás son observadas. El psicologismo se repite hasta la saciedad, buscando el origen de los fenómenos en exacerbaciones caracterológicas. Hay un moralismo maniqueísta como única forma de dramatizar el mundo o explicarse sus conflictos. Se tiende a un optimismo sano, seguro de sí mismo. Se toman en cuenta sólo las opiniones que consolidan el punto de partida inicial.

Hasta aquí, en realidad, casi no se justificaría este análisis, ya que todo lo expuesto es comprobable en otras formas comunicativas. ¿Para qué repetirse?

Hay, no obstante, algo esencial al Reader's y que, si bien se nuclea en otros medios masivos, jamás con la intensidad, centralización y preeminencia que aquí, índice de que habría 'algo más que un calco de una estructura que se haya investigado anteriormente. Se trata de la "experiencia personal" como ombligo en torno"'al cual orbitan las demás coordenadas.

La presencia del individuo cotidiano y sus experiencias que no pueden ponerse en duda o desmentirse, es abrumadora en la revista. Empezando por la infaltable y cuasiarquetípica sección "Mi personaje inolvidable"; en los dos o tres artículos por número donde se narra algún evento especial que le acaeció a un ser común y corriente; en las innumerables ocasiones en que, sin abandonar un tono coloquial, de ligereza y familiaridad, algún "personaje importante" nos cuenta la forma en que le sucedieron hechos sencillos; o cuando el cuerpo humano mismo se hace apéndice de la personalidad rutinaria de un ser estadístico ("Yo soy la gónada de Juan", "Yo soy la oreja de Juan", que no aparecen en el número de mayo que hemos tomado como ejemplo); en los chistes y las "citas citables"; en todas estas partes, se diviniza el recetario del sentido común, de la percepción común, la simetría del denominador común.

A esto se debe agregar el hecho de que en cada condensación, por separada, trátese del tema que sea, el énfasis se coloca en los individuos que llevan a cabo la proeza. Como muestra, "Lerici y los etruscos". Importa el descubridor: cuánto gastó, cuánto ganó con la empresa, qué obstáculos tuvo que superar. En el museo muerto de los etruscos, en el lápiz labial de las etruscas, destacan las pisadas de Lerici. Lo mismo sucede con lo médico, con los aviones, con la agricultura, con el crimen. Hasta los seres "superiores", fuentes de noticias, se hacen normales y comprensibles, y cualquier lector puede sentirse cómodo en su presencia. La trayectoria biográfica del descubridor importa más que el descubrimiento mismo. Se suaviza de esta manera la lejanía de esa figura protagónica, ya que si bien es imposible que todos realicen exactamente esa "hazaña", todos alcanzarán a imitar al héroe en su evolución moral, su garra, su espíritu competitivo y caritativo, su superación, plagiario en todo aquello que lo autorizó a subir hacia el éxito.

Como veremos posteriormente, al tratar la teoría optimista de Selecciones, eso significa que el gigante que ha llevado a cabo la odisea merece el transcurso y el premio, debido justamente a que en su vida diaria es un hombre como cualquier otro, que ha cumplido con las leyes éticas del universo, cuya recompensa es la fama, la fortuna, el conocimiento. En todo caso, esta técnica consiente que la personalidad del "inolvidable" (chico o grande) sea mucho más significativa que sus acciones, que los avances que ha facultado. Al lector casi no le quedan en la cabeza los datos científicos, geográficos, históricos; se entera muy superficialmente (reforzándosele, de todas manera, la noción de que todo se podrá superar por medio de la tecnología, la modernización que salva cualquier mal). El hecho de que un Mirage "en sólo tres minutos puede ascender a 11.000 metros y alcanzar una velocidad de Mach 2,2, o sea, más del doble de la del sonido", dato inútil por lo demás, gira y complace la figura de Marcel Dassault y su evolución personal.

Lo que de seguro está grabado para el lector es la ejemplaridad del caso humano expuesto. La información científica, consecuencia de una vida dedicada al bien y al servicio del prójimo y coronada por el éxito, sé utilizará para lo que vale, chismografía, sobremesa, decoración. El lector no tiene por qué entender en realidad en qué consiste el avance científico o la novedad, en vista de que está reconfortado por el modelo humano que llevó a cabo este paso adelante. La repetición de la vida simbólica e insigne del personaje central del Reader's en la rutina cotidiana del lector, no sólo actúa como garantía de que las novedades descubiertas también lo beneficiarán a él, sino que tienden a reducir todo a su propia experiencia, traducir cada hecho desconocido a términos confidenciales.

Y por eso, queda licenciado en su valer. Aun aquella persona más alejada de esa situación pasiva de lector, alguien justamente activo y señero, puede categorizarse como espejo de un comportamiento emulatorio para todos los hombres. El hecho de ser precisamente un "hombre común" es lo que, aunque parezca paradojal, ha permitido a ese hombre "fuera de lo común" surgir. Razón por la cual los lectores intuyen que el Reader's es su hogar y mandan sus colaboraciones, chistes, experiencias, anécdotas. Todo está adelgazado hasta el yo; yo hice esto, yo lo conocí, yo estuve en tal lugar. Y cada ego comparte geométricamente las mismas preconcepciones y posibilidades, cada ser humano se hace común (y comunicativo) en la potencialidad de que su pequeña y transitoria existencia puede universalizarse en las páginas millonarias del Reader's.

Así, la revista impone la creencia de que cada uno debe tener confianza en su propia experiencia, en eso irreductible qué es un buen entender, te lo digo yo, a mí, a mí me vienes a discutir, pero si yo he vivido mucho, tengo muchas experiencias acumuladas, y cuya veracidad nadie podría poner en duda. Claro que se olvida detallar que esas experiencias a que debemos dar crédito, esa moralidad que es nuestro apoderado, no son naturales, ni ingresan al dominio de la universalidad que se objetiviza más allá de la historia, sino que, a su vez, tienen un origen social. El Reader's adula el "tí mismo", tú sabes, tu sentido común, la opinión pública, el hombre de la calle, fulanito Martínez, el Padre Hasbún, lo que todos sabemos, lo que nadie en su sano juicio discutiría, todo esto, para que se nos olvide que esa "orientación personal" es un producto. Frente a cualquier problema o cambio, habría que adoptar, por ende, las soluciones que hemos retransmitido desde el pasado (notemos la curiosa coincidencia con Descartes), las que están validadas por la tradición. Si sirvieron a tus abuelos, para tí también. Lo que supone un fondo (un fardo) eterno de sabiduría que ha ayudado a todos los hombres ahistóricamente (y en los artículos de arqueología, antropología, historia, se reincide en esta visión, acentuando la identidad "común" que el tiempo no ha podido manchar) y que estará siempre ahí, y que es el Reader's, naturalmente, el depositario y legítimo heredero de estos "conocimientos en conserva". Cada personaje que se dramatiza en el Reader's, por excepcional que sea y siempre que lo consienta su bondad, puede ser reducido a la misma experiencia común e individual de cada lector. A su vez, cada lector, por molido que este en el engranaje y la rueda del día-a-día, siempre podrá leer su semblanza (casi) biográfica en la revista. El equilibrio entre el protagonista de la historia y el coro espectador que lo observa descansa en el sube-y-baja de la práctica establecida que ha sido universalmente aprobada.

Pero esta Comitiva del lector dentro de la revista, su invasión extendida, sea por medio de seres representativos, corrientes como él mismo, sea por medio de la traducción de otras personalidades a un idéntico término medio satisfactorio, debe examinarse como índice de una estructura más profunda. Porque ese "hombre común" no sólo es punto de partida y transcurso, sino que también meta. Partiendo del hecho de que ese lector necesita informarse, de que desconoce algo que es esencial para su supervivencia en un mundo renovante y ajeno, el Reader's entrega, junto con las parcelas científicas, la tranquilidad. Todo es descifrable para ese hombre común; todo puede ubicarse en sus anteojos (anteojeras). Son "selecciones", muchas de ellas vueltas a redactar por "expertos" en un lenguaje coloquial y alegre. Por medio del Reader's, el lector puede informarse de todo, pero sin perder su condición de "hombre común". Acumula conocimientos, pero lo hace de una manera tan particular que no permuta su ser, eso irreductible que es su práctica cotidiana, sacrosanta perspectiva que lo confirma en su regularidad. El conocimiento no transforma al lector; por el contrario, mientras más lee el Reader's, menos necesita cambiarse a sí mismo. La fragmentación vuelve a cumplir aquí su rol primordial; no sólo dentro de cada folleto, sino que las ediciones sucesivas mismas tampoco suponen conocimientos previos, Entre mes y mes, el lector debe purificarse, sufrir una amnesia, enlatar el conocimiento adquirido en otro lugar para que no interfiera en el inocente placer de consumir más, nuevamente. Lo que se aprendió sobre los romanos no sirve para los etruscos. Hawai no tiene nada que ver con la Polinesia. La fácil erudición se posee para los efectos aquietadores de la "cultura general" y la "renovación informativa", para el intercambio de banalidades: sirve en cuanto pueda ser digerido anecdóticamente, pero se le ha limpiado su posibilidad de pecado original, la tentación de generar verdad o movimiento (cambio).

El Reader's es un estómago que digiere sin tener que evacuar. Milagrosamente desaparecen los conocimientos cuando amenazan pasar al intestino, dando muestras de descomposición o crecimiento. Digest. Digerir. Digestión. Puede usted masticar de todo, y en cualquier cantidad, sin sufrir calambres o harturas. ¿Para qué hacer esfuerzos? ¿Para qué sufrir las consecuencias? El futuro, el mundo, le pertenecen, porque las incógnitas no son tales. Se consolida al hombre común en su mitología y su representación colectiva: el universo, convenientemente segmentado, ya no es un misterio.

Estas características no son casuales. Obedecen al sistema económico y social dentó del cual nace Selecciones, la sociedad capitalista norteamericana y el tipo de hombre que la sufre. A este hombre se le ofrece un mundo de oportunidades supuestamente infinitas. Tal es así que "mi personaje inolvidable" (en el Reader's de mayo, como siempre), explícita esta filosofía para su hijo. "No tenía medios para enviarme al colegio universitario, así que ese problema estaba resuelto para él. Nunca se justificó por ello, ni mencionó el asunto. Pero, en cierto sentido me 'envió' al colegio en fin de cuentas. Una tarde, cuando yo tenía unos 16 años, estábamos en el césped de delante de casa. Era un hermoso día. 'Hijo mío', me dijo, 'mira hasta donde alcance tu vista. Es un gran mundo, y es todo tuyo. Lo único que tienes que hacer es lanzarte hacia él y tomarlo' ". Es el mito optimista de Norteamérica y la igualdad de todos para vencer en ese horizonte mágico. Claro que de hecho el capitalismo convierte a cada hombre en una pequeña tuerca, compitiendo enloquecidamente con los demás para poder subsistir, solitario, desconfiado, dentro del cajón de su pequeño oficio, experto en rincones. A ese hombre se le ofrece todo, pero se le "cumple" poco. Muchas llaves para una sola puerta, siempre la misma puerta.

El Reader's viene a "materializar" los sueños de estos hombres; recrea compensatoriamente el homo universalis que la cultura burguesa elevó a mito desde el Renacimiento adelante (3). La revista logra en su lectura lo que la sociedad no puede lograr en la realidad. Por un instante burbujeante, fantástico, cada uno se convierte en sabelotodo, sin que el conocimiento tenga que modificarlo, sin que su empleo afecte la conducta o la práctica. El lector puede dominar el universo sector por sector, mes por mes, escalando peldaño a peldaño, avanzando sin cambiar de lugar, como un ascensor al cual en vez de subir se le fuera cambiando el ilusorio paisaje de cartón. El hombre separado y fraccionado sigue siendo un ser solitario (con sus predios de sabiduría igualmente solitarios), pero se representa a sí mismo como integrado, en comunión con una totalidad acumulativa (y comulgando con los otros lectores).

No sólo en cada artículo sectorializado, por lo tanto, se minimizan y explican (y solucionan) falsamente los problemas suscitados por la sociedad contemporánea, sino que el concepto estructural de la comunicación que hay detrás del Reader's hace exactamente lo mismo con la angustia del hombre contemporáneo (en especial del norteamericano). Este tipo de revista es, en efecto, la conciliación en el terreno de las ideas de contradicciones insalvables en la realidad: la tensión entre infinitas posibilidades de desarrollo prometidas, y la limitación real y mediocre de cada situación. Entre la supuesta democracia de oportunidades para ser y conocer, y el encierro y aislamiento que se vive cada día.

Por otra parte, el Reader's satisface de esta manera tan específica, otra necesidad: la del consumo. Todo producto industrial, dentro del sistema renovable de objetos en nuestro siglo XX, estimula al comprador para que consuma un objeto que es siempre el mismo bajo la apariencia de ser otro.

Esto vale no sólo para la revista como objeto, mes a mes, folleto y folleto, sino que para el conocimiento mismo que propicia. El hombre contemporáneo vive estimulado por la novedad, incitado por el sensacionalismo a buscar lo inédito, lo que rompa con el molde normativo, siempre que lo pueda ingerir bajo la forma de lo reiterado y tranquilizador. Pero hay otra razón que potencia al Reader's: para los habitantes -del capitalismo son las ideas las que generan las diferencias entre los hombres, permiten el progreso y explican el éxito y, por lo tanto, es fundamental saber más que el otro para ganar y doblegar. Hay que producir y consumir más ideas por minuto, combustible eficaz para llegar más lejos. Por medio del Reader's pueden cumplirse estos afanes sin alterar el armazón del mundo o la relación tangencial, con lo docto. Todas esas apetencias son inevitables si se desea que el sistema funcione. (Por ejemplo, es imprescindible que haya novedades, que los hombres quieran consumir, que consideren que las ideas hacen la riqueza, que superarse es conocer más, porque si no el capitalismo abandona los fundamentos ideológicos que acompañan y enuncian mentalmente su dominio económico.) Pero tampoco es posible que la clase dominante complazca de verdad estos deseos, cuya realización está justamente limitada por el sistema económico mismo que los estimula. De este choque nace el Reader's.

Hay que acentuar la circunstancia de que el derecho y obsesión por comer -y que se proclama teóricamente como patrimonio de toda la población- no es contingente; ha sido internalizada en el sistema sanguíneo de la sociedad capitalista desde sus orígenes. Incluso podemos rastrear el mito de la búsqueda del infinito (leyenda fáustica), y las contradicciones reales de los hombres frente a ella, a lo largo de la literatura post-renacentista. (Es interesante observar que ya en sus comienzos el conocimiento se dividió para la burguesía en dos corrientes violentamente opuestas, según se trata de la continuación de la tendencia humanista, racional, armónica, científica, o bien de una tendencia que H. Hayden (4) llama antinaturalista, contrarrenacentista, demoníaca, de genialidad atormentada. El conocimiento como progreso y como maldición ya trasuntaba en esa época las contradicciones, más agudamente percibidas en el siglo XVII que ahora, del sistema, la desconfianza y la excesiva fe en la ciencia, sin duda exacerbadas por una lucha ambigua contra el contexto interpretativo feudal y dentro de él).

En todo caso, la divinización del descubrimiento científico del mundo era necesaria para dominar racional y técnicamente la naturaleza y para movilizar la inventiva, el individualismo, la experimentación y la observación, la aplicación práctica, etc., y poder así construir, con medios materiales y humanos, el mundo comercial e industrial. Y constituía, asimismo, un instrumento en la autodefinición inconsciente frente a la ideología feudal dominante y su visión estática del mundo. En esa época surgen las grandes teorías educacionales de los humanistas, que contemplan ya el uso -arriscando un tantico la nariz de tanto acercarse al vox populi- de la imprenta (primer gran medio masivo de comunicación), al servicio de sus ideales. Porque al irse corroyendo los vínculos precapitalistas, al liberar la interpretación de la gente junto con desamarrar sus trabas económicas, se le debía ir dando a esos seres (comienzos del proletariado) un cierto grado de conocimiento (cada vez mayor, según las condiciones materiales lo fueran exigiendo) para que se explicara en términos "libres" un mundo que antes había estado fijo y definitivo (5). Sin embargo, el peligro de que las masas efectivamente se educaran nunca fue una verdadera alternativa: el conocimiento sigue siendo privilegio de la mayoría que sustenta el poder económico y político, la que puede orientar el aparato educativo y disponer de él. Naturalmente, se continuaba agitando siempre la utopía de la burguesía: por medio del conocimiento os salvaréis. Y este conocimiento traería aparejado un progreso material sin par.

Pero a pesar de sus buenas intenciones, finalmente, en la sociedad de masas, la burguesía se encuentra frente a frente con su mito de la democracia de conocimientos (y oportunidades). La crisis que genera el capitalismo durante toda su existencia se agudiza en el mundo del siglo XX: ese cosmos tan perfecto está habitado cada día por más seres que tienen conciencia de su ignorancia y limitación. O deberían tener esa conciencia.

El Reader's supera esa crisis (y cuando me refiero al Reader's sin duda que incluyo tantas informaciones periodísticas, revistas, reportajes científicos) de una manera brillante: en ese pequeño mundo hecho a base de lenguaje se lleva a cabo lo que en la realidad es inverificable, la conversión microcósmica de cada uno en experto universal, Aristóteles redivivo en el quiosco de la esquina. El conocimiento, punto neurálgico de la sociedad capitalista, por lo que promete y no cumple, por lo que construye y progresa ante los ojos atónitos y por lo que prohíbe y no distribuye, se transforma así en hada protectora, consuelo y varita mágica. De un dolor de cabeza se extrae el Mejoral.

La revista misma y la forma de su compra masiva reproducen a nivel de experiencia primaria esta noción de paridad de derechos para comprender la realidad. Todos tienen acceso al Reader's, se vende extendidamente, es barato sí se toman en cuenta sus pretensiones,, enciclopédicas. No hay discriminaciones en la ventajosa lectura del Reader's: quien desee aprender puede acudir a esa escuela única y esa serie de textos sucesivos e idénticos entre sí, cambiante de tema y estático en su forma, formato y mensaje ideológico.

El lector, al comprar el Reader's, confía en que está absorbiendo ese mínimo indispensable, la información que -ni más ni menos- le explicará los problemas que no entiende y las áreas de la realidad que ignora. Todo ha sido elegido en función de esa perspectiva común, es un servicio exclusivo, nivelador de secretos y hermetismos y dificultades, para que él pueda sentirse satisfecho y pronto a enfrentar el nuevo mes si no con el conocimiento, por lo menos con la conclusión de que posee ese conocimiento.

Por eso es primordial que tenga fe en la revista, que sea "mía" (en vista de que sus propias experiencias las puede leer y reescribir desde los puntos de vista de "mi personaje inolvidable" y el hombre común, participando como anecdótico narrador de su propia existencia). Porque de esta manera se asegura que lo que ahí aparece es lo más importante y lo mejor, fruto de una selección consagratoria. Sentirse privilegiados sin dejar de pertenecer a la masa. Como él, por definición (y por determinación social), no tiene cómo conocer directamente, sin intermediarios, la copiosa producción contemporánea en todas las llanuras del conocimiento, el lector debe entregar voluntariamente su representación al editor del Reader's: ese super-lector-común ha leído todo lo que se ha publicado (absolutamente todo, se supone, ya que la variedad de la que se extrae es tan inmensa, pese a que es bien sabido que el Reader's manda a hacer artículos, publicándolos en diferentes revistas para poder después condensarlos) y, por último, la Revista en su conjunto representa la Mente Universal, la Divinidad que Conoce todo y que, por lo tanto, puede reducir también cada inconsistencia a los términos que estime convenientes para. su mejor captación. En esa summa (teológica) en que confían, en esa Mente Mítica, todo ha sido digerido, envasado, empaquetado. El Superestómago ha conocido previamente y otorgará la participación a sus consumidores en cuanto sea provechosa y decente (6).

Detrás del Reader's, por ende, se anima un proyecto político determinado, que se ve en el tipo de comunicación que sugiere, en el tipo de relación lector-productor-vehículo. Es la representación democrática burguesa misma, el Estado como garantía y objetivo vigilante, donde participar es consumir y participar en política es ser espectador de la radio, la televisión o los diarios, y depositar el voto cada cuántos años. El lector ha entregado al Reader's su derecho a conocer por su cuenta, a investigar, ha deseado ser Representado por la Revista que Selecciona. Lo que, por lo demás, es una mera repetición normal de su experiencia cotidiana enajenada, e incluso reitera una cierta teología inscrita en las cosas por el sistema.

La Revista es un ser superior (pero tan cercano, tan familiar, tan de "nosotros", tan amigo) que reconforta a los aislados fieles, los que deberán vivir ritualmente su lectura (y naturalmente su compra). El hábito, la adoración, la droga: entre lector y revista se ejercen en un dominio vertical que fundamenta el modo de comunicarse. En un universo absurdo, el Reader's asegura que el sentido común, asegura que la realidad y su tradición, verdaderamente existen. En un mundo donde la historia, llama al cambio o a la incertidumbre, el Reader's tranquiliza al lector con su propia naturaleza que no puede cuestionarse. En un universo sin Dios, el Reader's ... En una sociedad violenta, el Reader's... En una.... Reader's nuestro, que estás en los quioscos, entre los diarios que saben menos, lejos de los libros que aparentan, pero son sólo polvo, gracias, gracias, sálvanos...

Cada explicación parcial fragmentada se reafirma circularmente con el paternalismo básico con que se inicia la lectura, la dirección unívocamente vertical del conocimiento, que es pasividad, pero nunca actividad; absorción, pero nunca praxis. La Revista conoce por él, vive por él, lo orienta y decide. Y como él está dentro de la revista, sus experiencias personales tienen un lugar preferencial, el hilo de confianza no se rompe nunca. Así puede suceder que, incluso quienes puedan tener discrepancias con las actitudes políticas de la revista, su burdo anticomunismo, pudieran gozar el resto de sus secciones (supuestamente apolíticas).

El Reader's actúa como barrera y colador frente al mundo hostil y tenso. Todo lo que no aparece en sus columnas carece, de antemano, de interés. Con eso, basta y sobra. La revista puede hablar a nombre del hombre común, porque ella es el hombre común mismo potenciado cuantitativamente. No sabe más en esencia que el más ignorante de sus lectores. Tiene simplemente más datos, más personal, más hombres comunes talentosos trabajando y centralizando información, pero no ha perdido su simplicidad, su tono cómodo y amigable, su buen humor, su prudente alegría. No se ha puesto académico, ni sofisticado, ni enrevesa su lenguaje, ni es incomprensible, ni utiliza un lenguaje especializado. Vieron. El conocimiento no tiene para qué hacer eso con los seres humanos. El Reader's mismo demuestra que se puede conocer y seguir siendo la misma persona de siempre, que a pesar de su gargantuesca sabiduría no ha variado su línea. Demostración que se prueba al poder renovar incesantemente el contacto íntimo, inmediato, ser tan "buena gente". Superior, pero igual. Inalterables el receptor y el emisor y un movimiento perpetuo y febril y circular entre ambos.

Esta democratización del saber por medio de la traducción al idioma del hombre común, cumple otras funciones. Al servir de puente entre la élite tecnológica y la gran mayoría que vive en espera de este avance, tanto como fuente noticiosa como para su bienestar personal, el Reader's promulga una tesis implícita sobre la repartición del conocimiento en el mundo real. Tal como el Reader's informa igualitariamente a sus lectores, así los efectos prácticos de este conocimiento -en el mundo real- se distribuyen también equitativamente, con la propia sabiduría y seguridad que utiliza a revista. Cada lector puede recomenzar su carrera hacia el éxito al renovársele la democracia del saber, al disponer, después de la lectura niveladora, de la base mínima irreductible y suficiente para seguir ganando o perdiendo en la batalla por la fama, el dinero, el cariño. Todos quedan al mismo nivel, todos saben lo mismo, han tenido idénticas oportunidades purificantes por medio de la lectura: lo que ocurra después dependerá del talento de cada cual, de las desigualdades naturales que no pueden sino justificar las desigualdades sociales. Lo que la sociedad ha aportado a cada uno desaparece, para que podamos todos competir, y cada cual demostrar su valer individual, su capacidad incuestionable, y después el Reader's volverá a nivelar, etc. Porque el saber ya no sería privilegio ni podría entenderse como consecuencia de la situación que se ocupa en una clase social.

No olvidemos que el Reader's cobra sentido en un sistema donde se ha acentuado el hecho de que son los conocimientos. (unidos a una conducta intachable) los que permiten avanzar y donde es inevitable propiciar la fraternidad en el campo del saber. Al desterrar la ignorancia del lector, al garantizar el eterno retorno de la paridad en el punto de partida, el Reader's le da derecho al comprador a seguir compitiendo, a no seguir atrás. Es útil para la vida. Mediante su medicina mágica, su vitamina gnoseológica, este folleto borra de una plumada las diferencias en la repartición del conocimiento. La verdadera estratificación, nacida de una jerarquización clasista - más que de diferencias que tomaran en cuenta las efectivas capacidades, nacida de la necesidad de dominar las fuentes de la reproducción de ideas con que una clase social hegemónica funda y reconquista a diario su derecho a los medios de producción material, y que, además, se puede correlacionar con los países imperialistas y los subdesarrollados, la verdadera estratificación desaparece por obra del Reader's. Después de navegar por su sueño reparador, cada lector amanece en pie de igualdad. El que está al lado no sabe más que él, y si sabe más, por definición ese conocimiento -al no haber sido seleccionado por el Reader's- es superfluo,

Por eso es posible que el Reader's, no sólo en sus mensajes mismos, en sus reportajes a la ciencia, sino en el modo de comunicarlos, sugiera que la repartición de la tecnología en sí es neutra y objetiva. Cada lector de la revista no sólo tiene el mismo acceso a la noticia y al consejo que los otros lectores, sino que en su vida el nuevo adelanto médico vendrá tan prontamente a una mujer que vive en el barrio Recoleta, aquí en Santiago (y que compra el Reader's), como a una en Nueva York (que seguramente también compra el Reader's, según el estrato social del que provenga). El dispendio generoso de la comunicación enfatiza idéntica disposición para la ciencia que se está comunicando. La burguesía siempre ha confiado en la palabra, en el brillo y la extensión de su verbo, en la posibilidad de que el modo en que comunica las cosas en el plano de las ideas garantiza el modo en que las cosas son.

Pero esta repartición impersonal, justa, más allá de las fronteras ideológicas, esconde en realidad una trampa. Porque la técnica sólo favorece, según el Reader's, a aquellas personas que adoptan posiciones éticas determinadas. Los personajes que circulan dentro de sus páginas siempre tienen éxito, y esto se supone como consecuencia de su feliz descubrimiento y aplicación del conocimiento. Pero ese éxito es, ante todo, moral: queda supeditado a la bondad de los protagonistas, a su mérito. En una y otra ocasión la revista enfoca el momento en que el conocimiento, y especialmente la última novedad tecnológica, viene a resolver los problemas planteados. Impresión de racionalidad, progreso, futuro, etc. Pero el Gran Editor sólo ha seleccionado aquellos episodios en que la ciencia interviene después de haberse establecido simultáneamente la fianza de que los beneficiarios son de una moralidad intachable. Así la apariencia objetiva se disuelve: en cada ocasión se enfatiza el hecho de que la persona sobre la cual se escribe merece aquello (por razones estrictamente irracionales) y subyace la seguridad de que la distribución de los beneficios de ésa ciencia se hará de acuerdo con los comportamientos éticos que cada individuo haya mostrado previa y predestinadamente. (Quien relacione esto con la ética protestante y el espíritu del capitalismo, estudiado por Weber, gana premio). Es obvio que quien no se adscriba a las normas valorativas y conductuales vigentes (ya que de esas se trata, ese el punto de vista al que se acoplan los editores y los personajes mismos del Reader's y también teóricamente ese lector común) no podrá recibir las consecuencias mágicas del avance tecnológico. La división moral del mundo es anterior a la repartija del botín de los conocimientos. Como un gran médico brujo que sanciona, el Reader's sabe que sus lectores se portarán bien.

Pero la repartición moral de que hablamos se reproduce en la estructura misma de la revista: hay varias secciones dedicadas a hablarle directamente al lector ("¿Tendrá su hijo trabas para aprender?"), interpretaciones y consejos, a veces redactados en forma de pregunta y respuesta ("Preguntas que todos hacen acerca de la sexualidad"), donde se le entregan conocimientos que, sorprendentemente, a veces pudieran ser de alguna utilidad. Pero el contexto dentro del cual el Reader's entrega esa información ha sido prefijado por la relación emisor-receptor y por las enseñanzas de los demás artículos. La Revista, depositaría de lo conocido y por conocer, dueña de entregar, o no, la información requerida, confía en cada lector y en su capacidad para aplicar correctamente esa porción cognoscitiva que se le otorga desde las alturas de la cotidianeidad. Esos datos son absorbidos desde una perspectiva que. el lector ya ha internalizado y que no cuestiona: ya sabe cómo ha de comportarse si quiere que esa información le sirva de algo, tenga resultados. En efecto, al personalizar la intervención de la ciencia, o al hacer de cada viaje por la historia, la geografía, la biología o la astronomía una aventura individual o turística, al rodear todo siempre de anécdotas, esfuerzos, lágrimas y sonrisas, "instantáneas personales", se termina por irracionalizar lo científico, convirtiéndolo en algo taumatúrgico, fruto de hechicerías. La ciencia se acerca y se familiariza por medio de la experiencia individual, se hace comunicable, pero eso mismo aleja de la posibilidad de entenderla de verdad: se refuerza la noción de impotencia que el hombre contemporáneo tiene, pero al mismo tiempo se inocencia esta distancia y terror que podría angustiar al lector lo suficiente como para exigirle cuestionar el mundo y cuestionarse a sí mismo.

Es evidente. que en el fondo, detrás de tanto progreso, novedad, ilustración, el Reader's basa su dominio en un territorio moral previamente abonado. Los personajes protagonices y los lectores pasivos comulgan en la misma comunidad. La justicia divina y el ojo editor del Reader's se identifican. Dentro de este disco rayado, tal como la figura central del artículo recibía, gracias a su individualismo, rectitud, capacidad de superación, los beneficios de la ciencia y del éxito, así el lector recibe los consejos y apropósitos de la revista, comprendiendo que de nada le servirán si no demuestra por medio de su conducta personal (primera manifestación de esta conducta: comprar el Reader's; segunda: sentarse a leerlo; tercera: comentarlo con un amigo) que es el destinatario legítimo de tanto bien pronosticable, y que la confianza que la revista ha depositado en él se verá justificada.

De ahí que el tono cotidiano y sentimental, los consejos lacrimosos, la tan mentada abuelita tal o cual, la comunicación calculada como una conversación directa con el lector en un cómodo sillón, la buena fe, es la condición substancial, emocional, para que la Revista pueda ser creída, tal como ocurre en los foros televisivos o en la propaganda electoral, o en las relaciones amorosas. Directo al corazón, y la razón viene sólita. Que "el conocimiento deje de ser incomprensible y, por lo tanto, una amenaza, que se unte en azúcar y melodrama. Y, como siempre, se encontrarán secciones dentro de la revista que equivalen como mensaje a esta estructura total. En el que leemos como prototipo, "A mi hija, al comprar su primer automóvil" y "No soy supersticioso, pero...".

Vemos así que el optimismo tan famoso del Reader's, además de poder rastrearse supuestamente hasta la bonhomía e ingenuidad norteamericana, alegre confianza en el futuro, luz en los momentos de mayores tinieblas, permite el contacto con el lector en términos precisamente no-racionales, insta al lector a sentir que el Reader's tiene fe en él, en ese yo y su experiencia y lectura personales.

La universalidad de la redención que subasta mensualmente (y que se traduce cuantitativamente en los idiomas en que se edita, similar a "El Atalaya" de los Testigos de Jehová), supone que el hombre es básicamente bueno. Por eso, de ninguna manera es admisible que los pueblos de los países socialistas participaron en una revolución, y que sus gobiernos los representen. En absoluto. Para el Reader's la inmensa mayoría está aparte de ese proceso, y hay un reducido grupo de, hombres malvados o meramente equivocados que dirigen a los demás descamándolos. Lo mismo ocurre con los ateos o agnósticos. En el artículo religioso de turno ("¿Dios o la casualidad?"), el autor se apoya en los astronautas norteamericanos ("aquellos hombre pudieron haber entonado un elogio de sí mismos", pero como "tres modernos Reyes Magos" recitaron uno tras otro el primer capítulo del Génesis) para autorizar su tesis y no contento con ello busca la tradición, el pasado, como prueba: "Cuando me veo arrastrado a las tinieblas, cuando me acosan dudas pasajeras, recurro a un pensamiento muy simple. Quizá alguien lo tilde de vano y aun de infantil, pero a mí me da muy buenos resultados".

"Evoco las grandes mentes que en el curso de 20 siglos han creído en Jesús, mensajero de Dios. Con ellas ando en buena compañía. Y voy (y espero que también el lector) por la vida siguiendo una senda de esperanza."

En estos párrafos podemos ver resumidas muchísimas características que ya hemos distinguido, pero nos interesa destacar la normalidad de la creencia del autor, un hombre común como cualquier otro. Los que disienten quedan fuera de la "buena compañía", traicionan "20 siglos", la "simpleza", lo "infantil", los astronautas, "la senda de esperanza", al lector y a la revista.

Lo mismo sucede cuando el Reader's enfrenta a seres extravagantes que, abusando de la pureza y apertura del sistema norteamericano, pretenden romper la convivencia. Todo lo que sea revolucionario está ligado no sólo a la sombra y al demonio, sino a la anormalidad, al exotismo. Aquello es ajeno (y las connotaciones racistas no se hacen esperar) a la naturalidad del humano, a su especie biológica, al régimen de vida que se ha dado con óptimos resultados (todos se han salvado y han entrado al reino de Dios) durante tantos milenios.

Resulta, por lo tanto, que hay dos tipos de seres que son diferentes del lector de la revista: aquellos que tratan de mordisquear al sistema político y cultural cristiano-occidental, y que desenmascaran sus intenciones nefastas al actuar de una manera extraña, misteriosa, rara, digna de una clínica psiquiátrica (o sumidos en la inescrutable orientalidad de su conducta); y aquellos que, establecidos en la excepcionalidad de su talento, trasuntan en su vida toda la vertebración ética que cualquier lector puede imitar y atraer a su propio entorno. La traducción que hace el Reader's de estos últimos al esquema de la cotidianeidad, de la sencillez, de la "buena compañía", licencia su éxito en la larga pelea por la popularidad y por el control final del mundo.

La intimidad con los destructores está negada de antemano. Esos parásitos son tan ajenos a la comprensión, tan negros en sus motivaciones, tan incalculables, tan errados en su conducta, tan estrafalarias sus. costumbres, que a nadie se le ocurriría sugerir que tienen razón. Además, los que eran como ellos en el pasado han sido olvidados, no han sido registrados por el gran Reader's del siglo XX. Incluso cualquiera cualidad que éstos demostraran se considera consecuencia de características "occidentales" que todavía persisten. En "El Gran Circo de Moscú" lo bueno nace del genio, del individualismo, de la bondad, a pesar de los comisarios, de los látigos, de la vida gris y amurallada. ("A pesar de la cacareada sociedad sin clases de los rusos, en el Circo Soviético impera el sistema que se basa en las estrellas del arte").

Y así se llega a la siguiente ecuación: perversidad moral igual incomprensión y lejanía del lector. Son seres posesos, que tienen trato con potencias oscuras, exiliados del progreso racional y del Reader's y de la vida de todos los días, y como no descubren nada, ¿cómo van a ser capaces de repartir algún beneficio o adelanto? Incluso en un Reader's (7), donde se hablaba sobre Siberia, se mostraba a una gran ciudad científica como un éxito sólo porque estaba incontaminada, aislada del conjunto maléfico del resto de la sociedad, porque allá la competencia y los privilegios se permitían. Era casi una astilla "occidental" en el mundo socialista. El Reader's anticipa que el signo moral es lo que permite el discernimiento y, por lo tanto, el uso de la razón. Lo "común" que tiene cada lector es más importante que la ignorancia particular que pudiera tener, y la derrota continuamente.

La ciencia queda subordinada a la bondad y ésta, junto con comprobarse en la vida corriente de cada hombre, se define como un rechazo a todo cambio político, social o económico. Cuestionar el sistema, querer transformarlo desde una perspectiva que lo niegue, es quedar automáticamente fuera de la riqueza de los conocimientos. Criticar el sistema no es una forma de conocimiento. El optimismo condena esta crítica; la imagen positiva y vacua del mundo la condena; la repartición previa y jerarquizada de los conocimiento la condena; la burocracia de la seudoerudición la condena.

Al yo se le abren dos posibilidades de alcanzar o .soñar ser más, dos vías para la excepcionalidad: ser ángel benefactor, Prometeo, Leonardo, Albert Schweitzer, Richard Nixon, o convertirse en demonio oscurantista (comunista y alborotador). La racionalidad y sus fragmentos dispersos pertenecen por derecho propio al universo seráfico de los salvadores. Por oposición, es imposible que los del otro lado puedan explicar nada, o tener algún motivo racional para su comportamiento.

Así, el anticomunismo del Reader's se verifica a niveles mucho más profundos que el ataque abierto o soslayado en algunos artículos. Tiene que ver con su concepto de la comunicación como defensa automática del sistema capitalista y su ideología. La única visión que podría interpretar el mundo coherentemente y resolver el dilema básico del que surge el Reader's, el marxismo, queda fuera de combate antes de subir al ring. La victoria del Folleto es aun más portentosa si se toma en cuenta que el marxismo, justamente una visión científica, queda repudiado en el nombre vicario de la ciencia misma, con toda la apariencia de la objetividad y él sentido común. El Reader's, para ser comprado y leído, tiene que ser aceptado como racional, ponderado, iluminante, y todo adversario como contrario al verdadero amanecer. Pero este progreso está concebido precisamente como si el mundo real fuera formalmente idéntico al Reader's mismo, fueran esferas simétricas: hay que acumular cambios disgregados, como el lector acumula ideas, que no variarán la afable cara cotidiana del universo. Por eso, el pragmatismo, la pupila que se fija en lo inmediato, son necesarios para equilibrar con una concreción la forma básicamente abstracta y teórica, idealista, en que el Reader's postula la realidad. El "sentido común" no es sólo el baluarte contra la praxis (aquel conocimiento que realiza en el cambio del mundo y de sí mismo): es también la coartada para cualquier abstracción, para que la lejanía del Reader's se ponga la careta de familia y medio ambiente grato.

Podemos llegar a definir ahora las serias implicancias que tiene la solución que el Reader's propone para el mundo sub-desarrollado, habiendo eliminado al socialismo. El atraso de este mundo, que nunca es examinado como problema por el Reader's, se sugiere que se debe a varios factores que ya hemos observado: la rareza de sus costumbres, que fatalmente lo coloca al margen del modo habitual en que se debería merecer, y sumar, conocimientos; una renuencia a aceptar plenamente la tutela norteamericana; la modorra de climas adversos; la falta de una tradición de grandes cerebros.

Pero jamás el Reader's llegaría a auspiciar la idea de que estos pueblos están condenados per sécula al fracaso. Su optimismo lo impide.

La solución económica a estos problemas es fácil de adivinar. Se puede examinar en "Elda y su feria del calzado", donde un hombre, solitario, logra convertir una aldea abandonada en un próspero centro comercial e industrial. Métodos: importar maquinaria norteamericana, tener hombres emprendedores, tener fe en el futuro, permitir a esos hombres dirigir a su antojo las operaciones, tener ideas, ideas, ideas, modernizar y estudiar, adquirir una moralidad a prueba de habladurías, recibir medallas y felicitaciones del gobierno. "Indudablemente, el caso de Elda nos brinda una inequívoca lección: con trabajo, perseverancia, espíritu emprendedor (y con un hombre como Roque Calpena, que ya está forjando planes para exportar calzado a los países del bloque oriental), se, pueden aprovechar las energías que hoy dormitan en otros muchos lugares. Así está el camino, abierto por Elda, y toda la nación se beneficiará al aprovecharlo".

Pero más que nada el Reader's considera que la salvación de esos rezagados no puede venir sino a través del Reader's mismo. Por mucho que se industrialice e intervengan capitales extranjeros, sabe la revista que el problema básico es que esos pueblos deben merecer esa ayuda, deben fiarla con su propio existir cotidiano. La ciencia podrá salvar a esos subdesarrollados, siempre que ellos intuyan antes que la ciencia se destina sólo a aquellos que han consagrado la división del mundo en buenos y malos en los términos que el Reader's propone.

Así, la técnica podrá ayudar a esos países, con la condición de que sus habitantes se eduquen, tengan los conocimientos imprescindibles, la pureza moral, para que el progreso pueda fructificar. ¿Y quién puede entregar masivamente y en forma económica y científica esos conocimientos con el fundamento para la fertilidad de la aplicación tecnológica?

Readers Digest, of course.

A pesar de su procedencia norteamericana, el Reader's se defiende del cargo de que esto sería una penetración extranjera, porque apela al fondo universal que esos marginados tendrían dentro de sí. Al mismo tiempo, conserva todo lo autóctono, nacional, propio, bajo el aspecto de exotismo. Podríamos observar el mismo procedimiento cuando el Reader's escribe sobre estos países en sus secciones de divulgación geográfica. A medida que leen progresarán. A medida que se reduzcan (¿se resignen?) a ser "hombre común", reservando intacta e impoluta su originalidad cotidiana, mágicamente se avanzará en el bienestar y en el ingreso per cápita. La causa del subdesarrollo es, por lo tanto, la culpa de las ideas que oscurecen la cabeza de los pobres y atrasados, y no producto de una situación material. La solución no puede sino ser alimentarlos con las ideas correctas. "Digerir" nociones, para que lleguen por sí solas las comidas. "Seleccionar" bien sus amistades, y la casa (y techo) en que recibirlas saldrá abracadabra del suelo. "Leer" lo que se debe, y esperar que la materialización ocurra.

Al venderse a sí mismo, el Reader's vende todo un sistema.

Detrás de la luz iluminadora y santa de su falsa sabiduría, se prende (y por suerte, se apaga) una ampolleta Made in USA.

Enero, 1972.


Notas:

1. Este trabajo surgió a raíz de un análisis preliminar que se hizo para el programa de televisión "Importa", que realiza el Departamento de Español de la Universidad de Chile en el Canal 9 durante 1971. Ilustrado el texto del Reader's por dibujos de Oski, se comentaron uno por uno los artículos de la revista, y se introdujo el punto de vista del lector por medio de títeres. Agradezco la ayuda de Manuel Jofré Berríos, sin la cual este trabajo habría sido imposible.

2. Nuestra muestra es del año 1971 entero: doce números. Sin embargo, en vez de analizar la totalidad o desparramar los ejemplos más típicos, pensamos que lo más adecuado sería mostrar cómo -en un solo número- se dan todas las características estructurales de las demás. En realidad, cualquier número hubiera servido.

3. Véanse las ideas de Panofsky sobre "compartamentalización" en el Renacimiento.

4. Hyram Hayden, The Counter-Renaissance, Grove Press, New York, 1964.

5. Véase en Para leer el Capital (Siglo XXI, 1969), las secciones de Balibar sobre el feudalismo.

6. No puedo dejar de hacer aquí una alusión literaria: es como una parodia democrática de la infinita y aristocrática Biblioteca de Babel de que habla Jorge Luis Borges en Ficciones.

7. Abril 1971: en "El despertar de Siberia, tierra dormida", se dicen cosas como "hay en Yakutsk más automóviles particulares por habitante que en Leningrado o Kiev". "Se les ofrece una extensa variedad de incentivos y beneficios especiales." Y sobre Akademgorodok, la ciudad de los genios científicos, qué no se dice: "Cuanto más se aleja uno del Kremlin, más libres y cordiales se muestra (n) la mayoría de los soviéticos", o "en esa ciudad de la ciencia, tan apartada de la burocracia propia de la vida soviética, tan inflamada de libertad de pensamiento y expresión, es fácil olvidar los problemas que atormentan a Siberia y pensar únicamente en la magnífica promesa que encierra". Por eso, cuando se sugiere que "el futuro de Rusia surgirá de Siberia", frase de Lomonosov que veía el desarrollo de recursos naturales como lo esencial, el Readers hace que el lector interprete esa' frase como augurio de que habrá una norteamericanización de la Unión Soviética, que es la única solución. Pero se podrían hacer análisis similares en cada uno de los números del Reader's.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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