Asesinato en Washington

VI

SESIÓN ABIERTA

A FELIPE RIVERO no le gustaba mezclar los asuntos políticos con su trabajo. No tenía privacidad en el cubículo rodeado de ventanales de su oficina en Sheehan Buick, en la calle Octava del sudoeste de Miami. Y, más aún, bajo su apariencia de vendedor de automóviles, no quería desenmascararse como activo e importante miembro del Movimiento Nacionalista Cubano. Pero cuando en febrero de 1975, Rivero se entrevistó con sus dos visitantes chilenos, confiaba en que con su congruente discurso y refinados ademanes, transformaría el mundano medio del negocio automotriz en un ambiente adecuado para encubrir la conversación acerca de importantes asuntos clandestinos.

Michael e Inés Townley se sentaron frente a él en sillones especialmente diseñados para acomodar a las nerviosas parejas en sus últimos momentos de indecisión, antes de desprenderse de sus ahorros y créditos para la adquisición de un coche nuevo de 7,000 dólares. Se habían presentado como Andrés Wilson y Ana Pizarro, agentes y emisarios del gobierno militar chileno.

Townley, que había llegado a Miami el 6 de febrero de 1965 con 25,000 dólares en el bolsillo y una misión que cumplir, luego de recorrer el círculo de los contactos correspondientes, había logrado llegar hasta Rivero y presentarle sus credenciales de agente de la DINA. Un contacto proporcionado por su superior en la organización, el coronel Espinoza, lo condujo al círculo más secreto de la comunidad de cubanos exiliados y, tras numerosos intentos fallidos con otros grupos, al MNC y a Rivero.

Había sido recomendado por el integrante del MNC Pablo Castellón, quien avaló la credencial de la DINA de Andrés Wilson con la aprobación de Vladimir Secen, (1) ex integrante de los grupos croatas pro nazis, que combatieron con el mariscal Tito en la Segunda Guerra Mundial.

Rivero tenía ademanes de barón y, hasta que logró informarles sobre su rancia y noble herencia familiar, cuyos antecedentes se remontaban al siglo XIX de Cuba, la última colonia española del Nuevo Mundo, las conversaciones que interesaban a los Townley no avanzaron.

Aunque más tarde, después de la revolución cubana, se convirtió en un exiliado desposeído, Rivero había mantenido su aire de arrogancia, carisma y superioridad racial. Su intelecto, estilo y coherente ideología, lo distinguían de los oradores vociferantes, los charlatanes y los bravucones machistas que abundaban en la conspiradora comunidad cubana de Miami. Antes de la revolución, el periódico de su padre, Diario de ¡a Marina, se hacía llamar el New York Times de Cuba. Los numerosos bienes de Rivero, ahora en poder de Cuba, que incluían una parte sustancial de las minas de cobre "Matahambre", lo habían ayudado a gozar de prestigio en el exilio.

Rivero había basado el Movimiento Nacionalista Cubano en una ideología (igual a la de Patria y Libertad de Chile) que incorporaba pensamientos de Primo de Rivera y los experimentos fascistas de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.

La filosofía política del movimiento sobresalió en el seno de la comunidad de exiliados gracias a su intento por unir las teorías de la naturaleza, la historia y el Estado al papel del individuo en la historia. El nacionalismo, palabra clave, tenía como fin ir más allá del simple deseo de regresar a la patria. Rivero creía haber hallado algo nuevo, situado entre el marxismo y el capitalismo, que garantizaba la justicia social mediante el control de los intereses de la propiedad privada y los sindicatos, por parte de un Estado autoritario.

Se sentía como un elemento purificador dentro del raquítico núcleo de los exiliados políticos, en parte debido a su desagradable experiencia con la CIA durante el entrenamiento para la invasión de Bahía de Cochinos. Tras desembarcar con las fuerzas invasoras, él se apartó de la tutela de la CIA. En 1961, en entrevistas televisadas, realizadas a los invasores por periodistas cubanos, Rivero se ganó la admiración de amigos y de enemigos en un debate ideológico que se llevó a cabo en presencia de Fidel Castro. Otros prisioneros, humillados y desmoralizados por su derrota, lloraron y pidieron perdón. Rivero se mantuvo firme.

Liberado por Castro con sus compañeros, en diciembre de 1962, recibió instrucción militar en Orange Bowl, Miami, cuando John F. Kennedy, sosteniendo firmemente la bandera de los invasores, prometió: "Puedo asegurarles que esta bandera regresará a manos de la brigada en una Habana libre".

Animados con la promesa del apoyo norteamericano en la lucha por el derrocamiento de Castro, algunos grupos de exiliados siguieron coordinando sus estrategias con la sede de la CIA en Miami, la JM/WAVE, y sosteniéndose con el apoyo financiero y sicológico de la CIA. El Movimiento Nacionalista Cubano de Rivero, más escéptico, siguió su propio camino. Rivero desdeñaba los esfuerzos inútiles de otros grupos por fomentar brigadas guerrilleras dentro de Cuba y organizar nuevos asaltos. En 1964, publicó la consigna de "guerra a través de todos los caminos del mundo" y condujo a sus seguidores a la práctica de aislados pero efectivos actos de terrorismo contra los diplomáticos cubanos y los barcos de países que comerciaban con Cuba. Durante un discurso que, en diciembre de 1964, "Che" Guevara pronunciaba en la sede de las Naciones Unidas, Guillermo Novo, miembro del MNC, lanzó un bazucazo al edificio. En 1967, Rivero fue acusado de participar en un atentado con bazuca contra el pabellón cubano en la Expo 67 de Montreal, Canadá. El sistema de la bazuca se convirtió en el sello del MNC.

Hacia 1975, muchos líderes del exilio y veteranos de Bahía de Cochinos que habían organizado la Brigada 2506, una especie de legión americana, compartían el escepticismo de Rivero frente a la CIA. Una década de frustrante exilio y la consolidación de Castro los había convencido de la vacuidad de la promesa de Kennedy en 1962. La brigada contrató un abogado y pidió que los herederos de Kennedy les devolvieran la bandera de Bahía de Cochinos. Ese mismo año, la brigada anunció públicamente su adhesión a un nuevo héroe del anticomunismo, quien les había prometido apoyar su causa. El general Augusto Pinochet recibió de la brigada la "medalla de la libertad", siendo el primer y único extranjero que recibía este premio.

Rivero era un organizador mediocre, que dejaba las tareas diarias a miembros menos inteligentes del MNC. Su fama dentro de la comunidad de los exiliados ya no se debía a la temeridad que había demostrado ante Castro en 1961, sino a su habilidad para llevar a efecto golpes audaces y actos grandilocuentes. Para él, los sucesos de Chile eran una oportunidad de llevar el MNC a la vanguardia y a sí mismo a la cima de la comunidad militante de los exiliados; era la oportunidad de transformarse en el número uno. Inmediatamente después del golpe del 11 de septiembre, empezó a hacer gestiones para convencer a Pinochet de que los considerara -a él y al MNC- como la más próxima contraparte ideológica del gobierno militar chileno y, más importante aún, lograr un reconocimiento del MNC y grupos militares aliados como el gobierno cubano en el exilio.

En diciembre de 1974, Rivero había mandado a rendir homenaje a Pinochet a dos miembros del MNC: Guillermo Novo y José Dionisio Suárez. Llegaron a Chile con otro líder en el exilio, Orlando Bosch. Aunque no los recibieron calurosamente, les dieron algunas esperanzas. Poco después de regresar a Estados Unidos, Novo, Suárez y otros tres representantes del MNC asistieron a una reunión formal en la Embajada de Chile en Washington con el Primer Secretario Tomás Amenábar, con el fin de discutir y consolidar proyectos. (2)

Ahora, en febrero de 1975, los agentes de la DINA que se sentaron frente a Rivero, representaban la primera respuesta del gobierno chileno a las demandas del MNC. En una entrevista posterior, Rivero recordó esta reunión:

Mucha gente viene a verme. Algunos son unos atorrantes. En esa ocasión, /Townley/ no tenía barbas. Llegó con una mujer, diciéndome que era agente del gobierno chileno y que su servicio quería ponerse en contacto con algún movimiento militante de la comunidad cubana. Yo sabía que era de la DINA (o de la CIA, o ambas cosas), pero no pensé que podía ser norteamericano. (3) Hablaba español como chileno. Pensé que era un ofrecimiento serio, pero no ahondamos en detalles. Él era un soldado y yo un general: la cabeza de mi movimiento.

No estaba dispuesto a hablar con él, ya que podía mandarlo a conversar con mi segundo, Guillermo Novo.

Le dije que mi sección de la organización estaba en receso, pero que podía ¡r a la zona norte, la única sección activa, y hablar con Guillermo Novo.

Rivero dio por terminada la reunión y acompañó hasta la salida a los Townley. Divertido, los vio subir a una camioneta que arrastraba una casa rodante y dirigirse hacia el oeste por la calle Ocho. Estaba impaciente por llamar a Guillermo y contarle que los chilenos habían "picado el cebo". "Pensé en qué tipo de ayuda podrían darnos los chilenos, tal vez una declaración pública que calificara al MNC como la esperanza de Cuba. Chile era nuestro regalón, nuestro preferido en el interior de la comunidad cubana. Si podíamos lograr que dijeran que éramos los mejores, nos convertiríamos en los líderes del movimiento de cubanos en el exilio. Eso es lo que ordené a Guillermo que les pidiera". También dijo que le pidió a Guillermo Novo que negociara apoyo financiero y "una base en la Antártica". (4)

En el avión que los llevó desde Miami a Newark, Nueva Jersey, Michael e Inés Townley conversaron acerca de su primera misión para la DINA y su éxito con Rivero. Más tarde, Townley reveló las órdenes que había recibido del general Manuel Contreras:

El general Contreras me dijo que se realizarían algunas reuniones de los derechos humanos en la ciudad de México, a las que asistirían miembros de los partidos Comunista y Socialista de Chile.

El general Contreras quería eliminar a algunas de las personalidades que asistirían a la reunión. Entre ellos, Carlos Altamirano y Volodia Teitelboim. El general Contreras me ordenó ponerme en contacto con exiliados cubanos anticastristas y pedirles ayuda ...

Antes de reunirse con Rivero, los Townley habían establecido contacto con otros grupos; pero Townley no encontró a ninguno digno de confianza y se mantuvo alejado de aquellos que él sabía estaban penetrados por el FBI y la CIA. Felipe Rivero, aunque obtuso y poco colaborador, manifestó, sin embargo, entusiasmo por el establecimiento de una relación de "ayuda mutua" con Chile. El MNC era un grupo pequeño y por eso más seguro, que había demostrado su habilidad en una larga lista de actos terroristas a través de los años.

La reunión había sido buena. Ahora, a ubicar al jefe de la "Zona Norte". Michael e Inés se rieron del pretencioso título, en una organización que contaba, a lo sumo, con veinticinco miembros activos.

Al llegar al aeropuerto de Newark, Townley llamó a Novo, presentándose como Andrés Wilson. Arisco y cauteloso al comienzo, Novo finalmente aceptó una invitación a cenar para esa noche. Los Townley rentaron un auto y en él hicieron los pocos kilómetros que los separaban de Union City, al norte, cruzando por el corredor del complejo industrial construido sobre los antiguos pantanos situados entre los ríos Hudson y Hackensack. En el lugar acordado para la reunión, el restaurante Cuatro Estrellas, se sentaron en un lugar visible e Inés escribió en una servilleta, con grandes letras de molde, ANDRÉS WILSON, colocándola en el centro de la mesa. Tres individuos entraron al restaurante, acercándose a ellos.

"De modo que ustedes son los chilenos que se reunieron con Felipe en Miami", dijo uno de ellos, estudiando la vestimenta típicamente norteamericana de Townley, su estatura y sus rubios cabellos.

Los cubanos se presentaron: Guillermo Novo, José Dionisio Suárez y Armando Santana. Olvidando las formalidades, interrogaron a Townley acerca de sus relaciones en Miami, dándole a entender claramente que sospechaban que tuviera contactos con la CIA o con el FBI y, en ese caso, lo veían como un agente que intentaba investigar su organización.

Con el fin de convencerlos acerca de su pertenencia a la DINA, les describió la detención e interrogatorio de Novo y Suárez en Santiago, la que había ocurrido pocos meses antes, en ocasión de su viaje a Chile con Orlando Bosch. La información impresionó a los militantes del MNC, pero al mismo tiempo aumentó su hostilidad hacia Townley y su mujer, al recordar el desagradable trato que habían recibido por parte de la DINA. La cena no disminuyó sus sospechas.

A la mañana siguiente, muy temprano, cuando Townley abrió la puerta de la habitación del motel, Novo, Suárez y Santana entraron violentamente al cuarto, armados, y los obligaron a tomar asiento. Townley, poniéndose de pie, cerró las cortinas, con lo que Novo lo acusó de estar enviando señales a agentes que esperaban afuera. Suárez y Santana revisaron el equipaje y, triunfantes, sacaron un pasaporte norteamericano a nombre de Kenneth Enyart y un carnet de identidad chileno a nombre de Andrés Wilson. Una sospechosa insignia que colgaba de un llavero encontrado entre sus pertenencias, se interpretó como prueba de la afiliación de Townley a la CIA. Los cubanos tenían sus armas a la vista, pero no apuntaban directamente a la pareja, permitiendo que Townley argumentara en su favor, tratando de convencerlos.

En un tono amistoso, les explicó el porqué de su doble identidad. Les manifestó entender y respetar sus sospechas y les sugirió que llamaran a la Embajada de Chile en Washington para asegurarse. Hicieron la llamada; del otro lado de la línea, una voz atestiguó en favor de Andrés Wilson; pero Novo sabía que la CIA o el FBI fácilmente podrían haber arreglado la conversación. Además, el español de Townley tenía un inconfundible acento norteamericano. Utilizando su encanto con los desconfiados cubanos, Townley les explicó que uno de sus padres era norteamericano. Por fin, guardándose la pistola, Novo dio la mano a Townley.

"A veces no queda más remedio que creer", dijo en español. Sellaron su recientemente ganada confianza con apretones de mano y pidieron café a la camarera. Un destello de reconocimiento, algo en sus rostros, un halo que todos los allí presentes entendieron, había hecho desaparecer las diferencias culturales y físicas. Si hubieran tenido una botella de "brandy" y vasos, sentados alrededor de la mesa del cuarto del motel, podrían haber llenado y empinado sus vasos, exclamando al unísono: "¡Viva la muerte!"

Townley delineó el plan de la DINA, destacando que coincidía con la estrategia de "guerra a través de todos los caminos del mundo", preconizada por el MNC. Contreras quería aprovechar la próxima reunión en la ciudad de México de los líderes de la UP, la primera que juntaría a los exiliados y los presos liberados recientemente, para sembrar el caos y la muerte. Un rápido y brutal golpe contra los primeros esfuerzos organizados de los exiliados chilenos, tendría un enorme y demoledor efecto, ya que los exiliados verían que la DINA era capaz de aniquilarlos, incluso en el más protegido de los países extranjeros. Townley planeó fabricar e instalar poderosas bombas en la reunión, a fin de lograr el doble efecto de "eliminar físicamente" a los más importantes dirigentes de la UP y aterrorizar al resto.

La inteligencia de la DINA había proporcionado la agenda, la lista de participantes y los lugares de la ciudad en que se realizarían las reuniones. La lista de asesinatos de Townley empezaba con Carlos Altamirano y Volodia Teitelboim, los cabecillas en el exilio de los partidos Socialista y Comunista, respectivamente. Y seguía con personalidades menos relevantes. Tenía licencia para matar la mayor cantidad posible, según dijo, consciente de que lo compararían con un "007" chileno. Novo estuvo de acuerdo en proporcionar los explosivos necesarios y asignó un miembro del MNC para que ayudara en la misión, con el que se encontrarían en Miami.

Más tarde, ese mismo día, Townley abrió la puerta dando paso a un hombre que le traía una bolsa café de supermercado. Cerrando la puerta, examinó el contenido: TNT, mecha y otras cosas que había encargado.

Esa tarde, los Townley se reunieron con Ronnie, hijo de Inés, en un restaurante chino, de Upper Manhattan. Townley trató de hacer agradable la reunión; consideraba al muchacho de veintitrés años (sólo nueve años menor que él) más como un hermano que como un hijastro. Inés mantuvo un tono superficial, evitando el tema que había provocado tanta amargura entre ellos en Chile: su identificación con el derrotado gobierno de Allende. Fue la última reunión entre madre e hijo. Después de cenar, Inés y Michael volaron a Miami.

Pocos días después, Townley recibió una llamada de Novo, quien le indicó esperar la llegada de un vuelo procedente de Newark. Usando un código preestablecido, se reunió con un muchacho de unos veinte años, cabello negro y cuidada barba. Con la llegada de Virgilio Paz, desempleado que trabajaba ocasionalmente como vendedor de automóviles usados, Townley tenía completo su equipo para lo que llamaba "Operación Sesión Abierta". Michael Townley, Inés Callejas y Virgilio Paz iniciaron una misión de la DINA de nueve meses por ocho países, destinada a atemorizar a chilenos exiliados previamente seleccionados y a los enemigos del Movimiento Nacionalista Cubano. Inés participaba como un miembro en igualdad de condiciones en el grupo de la DINA.

Para realizar el operativo, Townley había inventado un sistema consistente en instalar pequeñas pero potentes bombas dirigidas por radio. Con la bolsa de Nueva Jersey llena de explosivo plástico, TNT y mecha detonante, estaba preparado para fabricarlas.

El principal elemento de la bomba de Townley era un auscultador o silbato comúnmente usado por los médicos, policías y distribuidores. Se dirigió a una de las tiendas de Miami que había usado anteriormente para adquirir equipos electrónicos, la Silmar Electric Company, dirigida por el exiliado cubano Jorge Smith, quien también le había proporcionado servicio de espionaje en sus actividades realizadas durante el exilio. Smith le vendió un detonador de control remoto Fanon-Courier, consistente en un transmisor de radio, un aparato con diez tonos codificados y seis receptores. El transmisor y los receptores tenían una sola frecuencia fija y el codificador diez llaves, cada una de las cuales producía un tono. Sólo la combinación correcta de dos tonos, transmitidos a través de la frecuencia exacta, podían hacer sonar el silbato del receptor. En usos normales, el aparato sirve para mensajes dirigidos a la persona que posee el aparato.

Townley hizo modificaciones, de manera que la señal recibida accionara una carga eléctrica capaz de detonar una bomba. Logró lo que se proponía sacando el parlante y agregando baterías de conservación de voltaje en el detector, interruptores, alambre adicional y un detonador accionado electrónicamente. Adaptó el transmisor para conectarlo a un encendedor de cigarrillos de automóvil.

Mientras Townley, Callejas y Paz daban los toques a los seis detonadores y preparaban la casa rodante para viajar a México, los dirigentes chilenos en el exilio comenzaron a reunirse en la ciudad de México, preparándose para el 17 de febrero, día de la inauguración de la reunión de la Comisión Internacional Investigadora de los Crímenes de la Junta Militar de Chile. Orlando Letelier llegó desde Washington; Clodomiro Almeyda, recientemente liberado de la prisión, desde Caracas; Altamirano y Teitelboim, desde Europa Oriental.

Townley perdió varios días en Miami tratando de conseguir documentación falsa, pues quería evitar entrar a México con su propio nombre o con el pasaporte Enyart. Por fin, Novo les consiguió licencias de conducir falsas de Nueva Jersey bajo los nombres de Andrew y Ana Brooks. Paz obtuvo documentos que lo identificaban como Javier Romero. A toda prisa, los tres empacaron. Acordaron conducir durante toda la noche y terminar la fabricación de las bombas en el camino hacia la ciudad de México. Paz llevaba un rifle de alto poder con mira telescópica, pero lo meditó mejor y se deshizo de él antes de cruzar la frontera en Laredo, Texas. El equipo de la DINA, tras correr por las áridas mesetas de México en una casa rodante American Traveler montada en una camioneta Dodge, llegó a la ciudad de México semanas después de que hubieran partido los dirigentes de la Unidad Popular. (5)

En México, el trío ejerció vigilancia sobre los exiliados chilenos que habían formado un centro propio, la Casa de Chile. Townley estableció contactos con chilenos pro juntistas, organizando varias reuniones para reclutar un equipo que vigilara a los chilenos de oposición y los reportara a la DINA. (6) A mediados de abril, la casa rodante y sus tostados y saludables ocupantes, viajaron de regreso a Miami.

Townley se puso en contacto con la DINA y recibió órdenes de seguir hasta Europa a los exiliados que había perdido en la ciudad de México.

Inés Callejas regresó a Santiago, mientras tanto Townley y Paz viajaron a España que, bajo la dictadura del anciano Francisco Franco, era un lugar favorable para los operativos de espionaje de la derecha. La Embajada de Chile en Madrid servía de cuartel general a la DINA en sus actividades de espionaje de los exiliados residentes en Europa. Las operaciones de Townley, que envolvían posibles asesinatos o "sanciones", eran dirigidas directamente por el Comando General desde Santiago, a fin de mantenerlas en el mayor secreto.

Junto a Paz, Townley comenzó a rondar los círculos fascistas europeos. Se conectó con "gangsters" corsos, pistoleros sobrevivientes de la OAS de Francia (Organización Armada Secreta) y con una organización fascista que manejaba una seudo agencia noticiosa, con sede en Lisboa. En Madrid, ciudad que funcionaba como una especie de base de operaciones, Townley entró en contacto con operativos organizados por el servicio de inteligencia español y el recientemente formado movimiento fascista internacional, inspirado en la Triple A de Argentina.

A comienzos de mayo, Townley esperaba en el aeropuerto internacional de Madrid la llegada de Carlos Altamirano, procedente de La Habana. Más tarde, Altamirano recordó que un hombre alto se lanzó contra él, haciéndolo caer mientras corría a alcanzar una conexión que lo llevaría a Alemania Oriental.

A fines de mayo y en junio, Townley regresó a Miami y, de ahí, a Chile. (7) En Miami, solicitó a su amigo Jorge Smith otro transmisor codificador Fanon-Courier, mandando el nuevo equipo en un vuelo de LAN-Chile hacia Santiago y después a Frankfurt, Alemania, tras adaptarlo para asesinar.

En julio, Townley y Callejas viajaron a Madrid, reuniéndose con Paz. Yendo de un país a otro en automóviles rentados, los tres se dirigieron hacia el norte. Informaron acerca de los exiliados y las organizaciones de solidaridad con la resistencia, estableciendo a la vez contactos de trabajo con grupos de extrema derecha que deseaban realizar operativos en apoyo a la DINA.

Ocasionalmente, Paz iba solo en algunas misiones. Viajó a Irlanda del Norte para fotografiar los campos de prisioneros ingleses que alojaban a miembros del IRA (Ejército Republicano Irlandés). Más tarde, Pinochet enseñó las fotos de Paz a los corresponsales extranjeros en Chile, como una prueba de la hipocresía de las críticas contra Chile por parte del Comité Inglés de los Derechos Humanos.

Hacia mediados de septiembre, la unidad de Townley había hecho contactos, recolectado datos y realizado operativos en Francia, Bruselas (Bélgica), Luxemburgo, Amsterdam y otras ciudades de Holanda, hasta llegar a Frankfurt. Allí, con un funcionario de LAN-Chile, organizó un contacto con los colaboradores de la DINA en Alemania Occidental.

A FINES DEL verano de 1975, el propio Contreras se embarcó en un viaje por varios países con el fin de organizar una policía secreta latinoamericana y la coordinación de los servicios de inteligencia para combatir a los exiliados chilenos. Con un nombre falso, el jefe de la DINA viajó primero a Washington, D.C., a comienzos de agosto de 1975.

El general Vernon Walters, director adjunto de la CIA, se reunió con Contreras en el cuartel general de la organización, en Langley, Virginia.

Walters, que habla un fluido español, recibió calurosamente a Contreras. Como asesor político de Nixon, Walters era el responsable de las relaciones con las agencias de inteligencia extranjeras y había vigilado los entrenamientos de la CIA a la DINA durante su etapa organizativa, a comienzos de 1974. (8) En vista de la superioridad de la DINA sobre los demás servicios de inteligencia chilenos, evidente ya en el primer año de su existencia, había ordenado un estrechamiento de relaciones con esta organización.

Lo que conversaron Contreras y Walters, sigue siendo un secreto, pero el propósito del viaje del primero se reveló en su siguiente escala en Venezuela. Rafael Rivas Vásquez, director delegado del DISIP, servicio de inteligencia venezolano, se reunió con Contreras en el aeropuerto de Maiquetía, en la tarde del 27 de agosto, llevándolo a cenar en un lujoso restaurante situado en una colina y con vista panorámica de la ciudad. Al día siguiente, los funcionarios del DISIP sostuvieron una serie de reuniones con Contreras y el grupo de agentes de la DINA que lo acompañaba. Posteriormente, Rivas Vásquez informó acerca de la reunión:

Durante esas conversaciones, las que por supuesto están sujetas a la aprobación de cada gobierno, él /Contreras/ hizo una petición formal (pero verbal, que es la forma en que se hace este tipo de peticiones), en el sentido de que ellos querían obtener información acerca de las actividades de todos los exiliados chilenos residentes en esa época en Venezuela. Rechazamos darles esa información. Entonces, dijo que si, por último, podíamos proporcionarles toda la información de los chilenos exiliados que iban desde Venezuela a otros países: número de vuelo, fecha, destino. Y, por supuesto, también de los que llegaban al país, sólo para tenerlos más o menos vigilados y contar con informaciones actualizadas sobre sus actividades. También explicó que la DINA se había ampliado en su calidad de servicio de inteligencia, que tendría agentes en las embajadas en el extranjero, que ya estaban entrenando a todos los terceros secretarios de las embajadas chilenas ... de modo que pudieran servir como oficiales en el exterior.

Dijo que estaban realizando algunos viajes de buena voluntad para obtener el apoyo de los distintos servicios de inteligencia latinoamericanos. Como esto funciona sobre las bases de ... acuerdos verbales, había estado viajando mucho. /Dijo/ que estaba implementando un enorme esquema de servicio gigantesco y poderoso, que podría tener información de todo el mundo. (9)

De acuerdo a Rivas, el gobierno venezolano del presidente Carlos Andrés Pérez, ordenó al DISIP rechazar violentamente las proposiciones de Contreras. Pero éste, en un acto probablemente destinado a facilitar la cooperación informal de algunos agentes del DISIP, les proporcionó una serie de códigos y cifras con las que podrían comunicarse vía télex con la DINA en Santiago. También invitó a Rivas y al director del DISIP, Orlando García (un cubano exiliado) para que asistieran, con todos los gastos por cuenta de la DINA, a una reunión de los servicios de inteligencia latinoamericanos que se realizaría en Santiago el próximo mes de octubre. Los venezolanos declinaron la invitación. Continuando con su viaje, Contreras repitió el ofrecimiento a la policía secreta de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Todos ellos aceptaron la oferta.

A FINES DE septiembre, Townley, Callejas y Paz cargaron el automóvil rentado para dirigirse al sur, Habían recibido nuevas órdenes de Contreras. Hicieron un alto en Munich, donde la DINA había establecido contactos con ex simpatizantes nazis asociados con el líder de la Unión Social Cristiana, Franz Joseph Strauss. (10) Su siguiente escala fue en Viena, donde se detuvieron a recoger información y establecer contactos; de allá, se dirigieron hacia el oeste, entrando a Italia a través de Innsbruck y el paso Bremer. Exhaustos tras casi una semana de pesado viaje, llegaron a Roma. Tan pronto como encontraron un hotel y se acomodaron, Townley tomó el teléfono y se comunicó con sus contactos. Se estaba pasando el tiempo para dar cumplimiento a su misión y las órdenes de la DINA habían sido muy precisas: en septiembre, el mes de Chile, el mes del golpe.

Inmediatamente después del golpe militar, Roma se había transformado en la sede de los exiliados de la Unidad Popular. Cada partido designó sus representantes para constituir las oficinas de Roma, que coordinan las actividades en Europa occidental y editan la revista oficial de los exiliados, Chile-América. La organización de Roma reproducía en miniatura la conflictiva unión de partidos que había apoyado al gobierno de Allende, Aunque ya no se contaba con el poder, cada decisión seguía requiriendo de la aprobación de los partidos y los dirigentes hablaban, en primer lugar a nombre de su agrupación política. En el exilio, ningún dirigente representaba la Unidad Popular como tal. Sin embargo, la falta de unidad de criterios respecto de las tácticas y estrategia, característica de la UP en el exilio,, tenía la ventaja de permitir a los partidos, individualmente, una apertura al diálogo con los antiguos adversarios, los democratacristianos, en especial con quienes representaban las tendencias centristas e izquierdistas dentro del partido.

La presencia en Roma de Bernardo Leighton, estadista chileno cofundador del Partido Democratacristiano y ministro del Interior durante el gobierno de Frei, dio pie a una política más ecuménica al interior de la oposición chilena. Antes de exiliarse voluntariamente en 1973. Leighton llevó a una minoría democratacristiana a mantenerse en una implacable oposición al golpe militar. Hacia 1975, la mayor parte del partido, incluyendo al entusiasta sostenedor del golpe, Eduardo Frei, había cambiado su rumbo, yendo hacia una irreversible aunque tímida oposición al régimen de Pinochet.

Nuevamente en la vanguardia de su partido, Leighton, de 66 años, promovió la alianza UP-DC, con el propósito del restablecimiento de la democracia en Chile. Fue uno de los editores de Chile-América y con frecuencia aparecía en actos públicos junto a dirigentes de la Unidad Popular, en toda Europa. Leighton, apodado "el hermano Bernardo", habiendo sido una de las figuras políticas más populares de Chile, también ocupaba un lugar prominente dentro del movimiento democratacristiano internacional.

El Partido Demócrata Cristiano de Italia, en el poder, que desde hacía mucho tiempo mantenía contactos con los democratacristianos chilenos, invitó a Leighton para que se estableciera en Italia, donde realizaba su trabajo político en coordinación con el partido italiano.

Durante algún tiempo, la DINA había ejercido su vigilancia desde un departamento situado exactamente frente a la sede de la UP. (11) Ahora, tras meses de amenazas telefónicas y molestias de poca monta hacia los exiliados, Contreras aumentaba los ataques: Townley y su equipo tenían orden de asesinar.

Las instrucciones en este sentido fueron: los italianos deberían realizar la misión, bajo la supervisión de Townley. Los encargados de la DINA le transmitieron los nombres falsos y los números de teléfono de los agentes. En un tibio atardecer de septiembre de 1975, Paz, Callejas y Townley cenaron con un individuo cuyo nombre de batalla era Alfredo di Stefano, y con otros dos que lo acompañaban. Discutieron acerca de la política italiana y la chilena. Di Stefano y sus compañeros, expertos combatientes de la derecha italiana, pertenecían al Fronte della Gioventú (Frente Juvenil) del Movimiento Social Italiano, MSI, poderoso y violento grupo que públicamente proclamó su adhesión al fascismo de la época de Mussolini. Di Stefano se jactó de haber conducido, el 7 de diciembre de 1970, a un grupo de cincuenta comandos neofacistas en un asalto nocturno al Ministerio del Interior, en el Palacio Viminale. Según explicó, este acto podría haber sido el primer paso para dar un golpe militar e instalar en el poder a su líder, el fascista príncipe Junio Valerio Borghese. Los comandos habían permanecido en el palacio toda la noche, con las armas preparadas, comiendo emparedados y tomando café, en espera de los alzamientos militares en otras partes de la ciudad, los que jamás se produjeron. En la mañana, salieron rápidamente del lugar, llevándose 180 subametralladoras de los arsenales del Ministerio del Interior. Desde ese momento, se vanaglorió Di Stefano, se había convertido en uno de los diez o quince principales jefes de la ofensiva derechista contra el debilitado gobierno italiano. Townley comentó que la situación italiana presentaba considerables similitudes con el Chile de Allende y que Patria y Libertad, haciendo uso de tácticas similares a las del Frente Juvenil de Di Stefano, se había erigido en un factor importante de provocación de las fuerzas armadas para el derrocamiento del gobierno democrático. Chile tenía un gobierno marxista y una fuerte oposición demócrata cristiana pisándole los talones, explicó. Italia tenía un débil y vacilante gobierno democratacristiano, con un fuerte Partido Comunista entonando cantos de sirena por la unidad de centro izquierda. En ambas situaciones, señaló Townley, las fuerzas antimarxistas necesitaban bloquear cualquier posible alianza entre marxistas y democratacristianos. De este modo, los defensores de la cultura occidental podrían situarse en la dirección, con la ayuda de los militares.

De las abstracciones, Townley pasó al terreno concreto. En Roma, en este mismo momento, dijo, vive un exiliado chileno que representa esa amenaza de alianza de centro-izquierda. Este individuo pone en peligro no sólo nuestra victoria en Chile, sino también la causa italiana, así como la de otros países. Y tras esta incipiente alianza democratacristiana izquierdista, está Bernardo Leighton. Su eliminación representará un beneficio inconmensurable para los movimientos anticomunistas de todo el mundo. Paz, en su calidad de representante del movimiento de exiliados cubanos, manifestó estar de acuerdo con la operación. Townley explicó la importancia de Leighton, utilizando los análisis que manejaba el aparato de inteligencia de la DINA para demostrar cómo Leighton serviría de catalizador: "El hombre indicado, en el lugar indicado y en el momento indicado", para forjar la alianza antifascista chilena.

Estas explicaciones de Townley influyeron en los fascistas italianos, quienes vieron en Leighton, tal como la DINA pensaba, una amenaza para su movimiento en Italia, lo mismo que para la junta chilena. La elaboración de los planes se prolongó durante algunas semanas. Paz ofreció poner en práctica un plan secreto que eliminaría toda sospecha, tanto sobre la DINA como sobre los italianos. Éstos asesinarían al blanco escogido y el movimiento de exiliados cubanos se atribuiría el hecho. Septiembre había terminado y Townley, una vez más, estaba atrasado.

BERNARDO LEIGHTON Y su esposa Ana Fresno vivían una tranquila existencia en un modesto departamento de Via Aurelia, a pocas cuadras del Vaticano. La empedrada calle tenía mucho tráfico y unas angostas aceras que iban a lo largo de las antiguas murallas de los siglos dieciocho y diecinueve. Los Leighton, habituados a las comodidades de la clase alta, se habían adaptado sin quejas a una modesta vida de exiliados. Las amenazas, que en los últimos meses eran más frecuentes, preocupaban a Leighton, no porque las tomara en serio, sino porque, pacífico por naturaleza, no entendía por qué alguien podría querer hacerle daño. Sin embargo, la pareja accedió a tomar la precaución de no salir nunca sola.

El lunes 6 de octubre, Leighton y su esposa caminaban tomados del brazo por la acera, dirigiéndose a su edificio, el número 145. Acababan de bajar del autobús en Via Aurelia, luego de una tarde dedicada a hacer compras. Ana Fresno recuerda haber pensado, mientras caminaban, que la calle estaba anormalmente despejada. Aunque ya oscurecía, vio a un hombre que caminaba hacia ellos, por la acera de enfrente. Cuando se acercaban al portón de hierro del edificio de departamentos, escuchó el ruido de unas botas sobre la calle empedrada y vio al hombre cruzando en diagonal, justo detrás de ellos. Era joven, alto, robusto e iba vestido con sencillez.

Sonó un disparo. Ana se volteó y vio al hombre detrás, pudiendo ver el arma. Sonó otro disparo y una bala la hirió en el hombro derecho, haciéndola caer. Junto a ella, vio a su esposo con la cara ensangrentada. Trató de voltearse para ver mejor a su atacante, pero el cuerpo no le respondió. Oyó el ruido de las botas que corrían, y luego todo quedó en silencio. Pasó un automóvil. Un vecino, Bruno Fraséate, oyó los disparos y, dejando el programa de televisión que estaba viendo, corrió hacia la calle, encontrando a los Leighton ensangrentados, que yacían en la acera, junto a un coche. Ana Fresno, inmóvil pero consciente, preguntó si su esposo estaba vivo. Fraséate le contestó que aún respiraba y luego corrió a llamar a la policía. (12)

Leighton y Ana Fresno sobrevivieron al ataque. El proyectil de una pistola Beretta de 9 mm, entró por detrás del cráneo de Leighton, saliendo por encima de su oído izquierdo. Aunque estuvo inconsciente y luego alterado durante varios días, Leighton se recuperó, sólo sufriendo una pequeña pérdida de audición. El segundo disparo atravesó el cuerpo de su esposa, a la altura del hombro, dañándole la columna vertebral justo bajo la médula espinal. No recuperó nunca el control de sus piernas. Equivocadamente, los periódicos informaron que Leighton había sido herido en la frente y su esposa, en el cuello. El personal policial no corrigió estos errores.

El atentado criminal tuvo el efecto deseado. En adelante, Leighton se mantuvo en silencio y el hecho provocó temor en la comunidad de exiliados. Sin el concurso activo del dirigente que se autodefinía como "el hombre del diálogo" y sin que nadie aspirara a tomar su lugar, la incipiente unidad izquierda-democracia cristiana se desbarató. La acción del Partido Demócrata Cristiano se volcó hacia el grupo antimarxista que rodeaba al ex presidente Frei.

Townley y Paz viajaron a Miami, mientras la Callejas regresó a Chile. En Miami, se entrevistaron con el coordinador nacional del MNC, Ignacio Novo, hermano de Guillermo Novo y cofundador del MNC.

El 13 de octubre, una semana después del atentado contra Leighton, el periódico de Miami Diario de las Américas, proclive a los exiliados y editado en español, recibió un comunicado fechado el 10 de octubre y firmado por "Cero", uno de los nombres clandestinos del MNC, que se atribuía el atentado. Antes de regresar a Chile, Townley se encargó de algunos detalles y cabos sueltos. Encargó un transmisor y codificador Fanon-Courier, que fue enviado a las oficinas de Miami de LAN-Chile y, de allí, a Santiago.

El 15 de octubre, se dirigió a Fort Lauderdale, la supervigilada sede de Audio Intelligence Devices. Firmó la tarjeta de control como "Kenneth Enyart" y lo condujeron a la oficina de su amigo Jack Holcolm, director de AID. Hablaron de negocios. Townley colocó un pedido de 800 dólares en aparatos electrónicos para la DINA. Ya que el padre de Townley había concertado una cita para su hijo, Holcolm lo estaba esperando. Tarde, ese mismo día, con su sofisticado equipo pagado y embalado, se dirigió al aeropuerto internacional de Miami para tomar el vuelo nocturno de LAN hacia Santiago.

El 31 de octubre, estalló una bomba colocada bajo el automóvil del líder exiliado cubano Rolando Masferrer, volándole las piernas y dándole muerte casi instantáneamente. Masferrer, conocido como "el Tigre" por su ferocidad y astucia como coronel de Batista en la Cuba de los años cincuenta, había organizado su propio movimiento, gozando de cierta reputación en el seno de la comunidad cubana de Miami. Miembro del Partido Comunista hasta 1944, Masferrer se había volcado a la represión derechista con gran dedicación. Simultáneamente, había acumulado una fortuna considerable y una guardia privada de esbirros que había sacado de Cuba, llevándola consigo a Miami. Dentro de la comunidad de exiliados, muchos eran partidarios de Masferrer para la dirección del movimiento. El MNC lo consideraba corrompido y de dudosas intenciones.

El 4 de noviembre de 1975, "Cero" mandó un comunicado a las oficinas en Miami de la agencia Prensa Asociada (AP). El mensaje decía que "Cero" había ejecutado a Masferrer porque era una fuerza divisoria del movimiento de exiliados cubanos, acusándolo de ser agente del servicio de inteligencia G2 de Fidel Castro. "Cero" agregaba: "El señor Leighton fue baleado en la parte de atrás de la cabeza, utilizándose para ello una Beretta de 9 mm. Declaramos esto con el propósito de aclarar los informes contradictorios de la prensa y para identificarnos como los autores".

El comunicado desencadenó un ir y venir de cables de Interpol entre la policía italiana, el FBI y la policía de Miami. Sólo alguien directamente conectado con los autores del crimen podía conocer los detalles revelados en el comunicado de "Cero", el tipo de arma, la localización del disparo. (13) Las sospechas pasaron del Movimiento Social Italiano, en Roma, al Movimiento Nacionalista Cubano, en Miami.

En Chile, Townley hizo una relación de los detalles de su largo viaje a Contreras y Espinoza. Ahora existía una red para controlar y castigar a los exiliados chilenos en México, Estados Unidos y Europa. Los integrantes más importantes de la acción coordinada eran el Movimiento Nacionalista Cubano de Nueva Jersey y Miami y el Frente Juvenil del Movimiento Social Italiano. Townley entregó a Contreras los nombres y apodos de sus colaboradores, indicándole que existía un acuerdo de retribución para las misiones ya realizadas. Contreras estuvo de acuerdo y quiso ver a sus agentes a fin de someterlos a la única evaluación infalible que conocía, su juicio personal. Townley propuso llevar a Chile a varios de los cubanos e italianos con los que había trabajado íntimamente, a fin de que recibieran entrenamiento de la DINA. A Contreras le agradó la sugerencia, pues significaba que los agentes extranjeros, unidos en una lucha internacional contra el comunismo, recibirían instrucción profesional con el liderazgo de la DINA de Chile. "¡Exactamente igual a la CIA!", pensó.

Contreras se puso a soñar, imaginando la victoria contra el comunismo en varios frentes, todos originados en el Once de Septiembre chileno. Los nuevos bastiones del mundo subdesarrollado cumplirían lo que los tibios y "liberales" Estados Unidos no habían logrado hacer como líderes del "mundo libre": exterminar el comunismo, se encontrara donde se encontrara.

A fines de 1975, examinando el mapa del mundo, Contreras vio muchas amenazas, muchos enemigos por eliminar. Naciones Unidas había propinado un fuerte golpe a Chile. Los exiliados habían prestado testimonio ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, los que dieron como resultado una frontal condena a la tortura sistemática y el abuso de los derechos. Mientras Contreras revisaba los informes de inteligencia que le enviaban los agentes de la DINA desde Nueva York, resaltó entre todos un nombre en particular, el de un exiliado que, individualmente, había logrado persuadir a los representantes de países anteriormente amigos de Chile para que votaran en contra del gobierno del país en la resolución de las Naciones Unidas. Este hombre había penetrado en los salones de las Naciones Unidas como un semiembajador y los demás representantes lo habían tratado como un colega de respeto.

Contreras estudió el nombre: Orlando Letelier.


Notas:

1. Secen, una misteriosa figura dentro de la comunidad de exiliados cubanos, era llamado "el coronel" y tenía fama de estar conectado con los círculos de inteligencia latinoamericanos. Un informante del FBI de Miami, reportó que Secen, conductor de taxis, estaba relacionado con Jay Vernon Townley, padre de Michael, a través de "negocios bancarios" y que fue precisamente Jay Vernon quien los presentó. En su testimonio, Townley dijo que el jefe de operaciones de la DINA, Pedro Espinoza, fue quien le dio el nombre de Secen. Además de Castellón, Rivero y Secen, Townley sostuvo entrevistas con los activistas del MNC Ignacio Novo y Sergio Gómez y con el "jefe militar" de la Brigada 2506, Armando López Estrada.

2. También estuvieron presentes José Ponjoan y Ricardo Pastrana. de Nueva Jersey, así como Humberto Medrano, de Miami. La discusión se centró en un proyecto para presionar a Fidel Castro en el intercambio de presos cubanos y chilenos.

3. Rivero dijo que más tarde le informaron acerca de que uno de los padres de Townley era norteamericano.

4. Rivero hizo declaraciones similares cuando fue llamado a declarar ante el Gran Jurado en Washington, a mediados de 1978. Dijo haber llamado a Guillermo Novo, expresándole: "Hay unos chilenos que quieren verte. Ve si puedes conseguir que el Presidente o el gobierno declaren que somos el mejor movimiento y haz algo para dar una bofetada a nuestros rivales dentro de la comunidad cubana".

5. En la corte, Townley dio la impresión de haber llegado sólo uno o dos días después del final de la conferencia, pero los archivos de la frontera examinados por el FBI indican que el trío llegó a México el 15 de marzo, en tanto que la conferencia terminó el 20 de febrero.

6. Townley declaró haberse deshecho de todos los explosivos y detonadores en la ciudad de México, a fin de evitar problemas al regresar a Estados Unidos. Pero esto probablemente es cierto sólo en parte, ya que no había razones para tirar un aparato de aspecto inofensivo, cuyas piezas más costosas cuestan entre 250 y 350 dólares norteamericanos.

7. De acuerdo con el pasaporte Enyart, el itinerario de Townley fue: Miami-Santiago, 17 de mayo; Santiago-Buenos Aires, 1o. de junio; Buenos Aires-Miami, sin fecha; Miami-Santiago, 14 de junio; Santiago-Río de Janeiro, 19 de julio. El pasaporte no tiene sellos de Europa en 1975, probablemente a raíz de que los controles de inmigración se relajan en el caso de personas que viajan con pasaporte norteamericano.

8. Entrevistado por el FBI en 1979, Walters declaró que "parte de sus funciones como director adjunto de la CIA era coordinar y conducir las relaciones exteriores de la CIA y dentro de ese marco había recibido al general Contreras en 1975, cuando este último visitó Estados Unidos".

9. Extractos del testimonio de Rivas Vásquez, prestado el 29 de junio de 1978 ante el Gran Jurado Federal de Washington, D.C. Contreras dijo a otra fuente que él entregó al servicio venezolano la información de que la Junta Coordinadora Revolucionaria (coalición formada en 1975 por los grupos clandestinos latinoamericanos más extremistas), había decidido trasladar su sede desde Argentina a Caracas. Como se esperaba, negó a la fuente haber dado informes sobre los exiliados chilenos.

10. Respondiendo a una invitación de Pinochet, Strauss visitó Chile en 1976 y en esa ocasión hizo efusivos elogios al régimen. Su viaje fue organizado por el agente de propaganda de la DINA, Anthal Liptay.

11. Un vendedor de periódicos que repartía la prensa chilena, mencionó a los redactores de Chile-América que "las personas de enfrente" también estaban muy interesadas en Chile y habían estado comprando los periódicos chilenos. Cuando los trabajadores de la UP comenzaron a investigar, los agentes de la DINA evacuaron el departamento.

12. La calle estaba desierta, con la excepción de un hombre que se encontraba dentro de la cabina telefónica cercana, al que Fraséate pidió el teléfono. Las investigaciones policiales establecieron que la persona no podía haber escuchado los disparos desde la cabina, eliminando así las primeras especulaciones que sostenían su participación en el asesinato.

13. Hay dos teorías acerca del origen de la información del comunicado de "Cero" del 4 de noviembre. La más simple es que Townley y Paz estaban en Roma en el momento del atentado a Leighton y obtuvieron la información directamente de Alfredo di Stefano. Pero Townley declaró haber dejado Roma antes del hecho. De acuerdo a Townley, la información de "Cero" fue enviada por Di Stefano a la DINA en Santiago y de allí se le comunicó a Paz en Miami, para ser usada en el comunicado del 4 de noviembre. De acuerdo con la versión de Townley, él y Paz no sabían los detalles del acto cuando llegaron a Miami, por ello. Paz no pudo incluir ningún dato convincente en el primer comunicado.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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