Dawson


Testimonio del General Sergio Poblete
Muerte del General Alberto Bachelet

El 12de marzo de 1974 falleció en la cárcel pública de Santiago el general de la Fuerza Aérea de Chile Alberto Bachelet. Compartíamos, junto con otros 10 prisioneros, la celda número 12: los coroneles Carlos Ominami, Rolando Miranda, Ernesto Galaz (a este último el fiscal le pedía la pena de muerte); los capitanes Jorge Silva, Patricio Carbacho y Raúl Vergara (estos dos últimos también estaban condenados a la pena capital); empleado civil de apellido Cortez, los suboficiales Franklin Silva, Marillán y San Martín, y el teniente de Ejército Carlos Pérez Tovar (también condenado a muerte).

El general Bachelet era un hombre jovial, excelente profesional, idealista; su capacidad y entusiasmo lo llevaron a colaborar activamente, autorizado por el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, en funciones de responsabilidad, a pesar de haber sufrido antes una enfermedad al corazón. Eso fue suficiente para que el 11 de septiembre de 1973 fuera arrastrado y sometido a sistemáticos vejámenes y malos tratos, torturas físicas y morales, lo que lo afectó desde todos los puntos de vista. El trato que recibió el general Bachelet, según declaró el miembro de la Junta, general Leigh, había sido deferente y con especial consideración de acuerdo a instrucciones personales que él había dado al respecto. Es dable imaginar cuál fue el trato que recibieron aquellos que no disfrutaban de tan leal amistad. Tres días antes de su muerte había sido llevado a la famosa Academia de Guerra, donde fue vejado, como era costumbre en este lugar. Regresó muy afectado a la cárcel, pues el trato recibido y largas horas de pie durante el interrogatorio produjeron el impacto deseado por quienes lo interrogaron. Ese día martes 12 se encontraba lavando platos en la única llave que había para 140 prisioneros; regresó a la celda, manifestándome que se encontraba cansado. Estaba transpirando y pálido. Lo acosté en mi litera. Mandé a avisar a un médico prisionero, el comandante Yáñez, de la Fuerza Aérea, y al capitán de prisiones, jefe de la Guardia de la cárcel, de apellido Armijo. El doctor Yáñez vino de inmediato y, junto con el capitán Silva, otro prisionero, comenzamos a atender a Alberto. El doctor Yáñez hizo lo imposible, pero no tenia medios para la emergencia. Al capitán Armijo poco le importó el caso, y no dio ninguna facilidad. El general Bachelet murió entre sus compañeros. Una atención oportuna en un centro especializado le habría salvado la vida, pero la irresponsabilidad y la venganza pudieron más y no permitieron que siguiera viviendo.

(Denuncia y Testimonio, pág. 168).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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