Dawson


Amarillo blanco

Las grandes aves de esta tierra marina reciben alborozadas a las aves migratorias que llegan huyendo de los calores del Norte.

Junto a ellas, tal vez incitados por los cantos y gritos de la gran confraternidad aérea, despiertan de su entierro los insectos. Como el imán atrae las partículas de fierro, se lanzan presurosos al polen recién nacido. Están subyugados por el olor de la actividad sexual de las flores, por su química generatriz. Comienzan su labor coloreando de amarillo al bosque y sus florestas adyacentes. Hoy hasta el aire es amarillo. gualda es también la tierra y sus flores, que, somnolientas, surgieron de un día para otro. Amarillo es el aroma del polen, también lo es la lenta fragancia de las resinas.

El cielo celeste blanco es movido por el calor naciente: se ha desprendido de las nubes y de los vientos australes y en las tardes sólo nos presenta arreboles anaranjados. Lucha el arrebol rosado con el amarillo de la tierra. Es el esfuerzo precursor de una nueva creación.

En la ardorosa noche vital una luciérnaga ensaya los indeterminados pasos de su danza: cuando vi a esa luz errabunda, moviéndose en un espacio de más o menos dos metros de alto, se forjó en mi mente la imagen de un átomo en movimiento.

Hay una caliente fiebre que a todos abraza: nos volvemos niños. Sentimos de nuevo el calor natural que abandonamos al nacer. La infancia de la naturaleza nos incita a no ser más un solo yo: somos una brizna madura de la madre inmortal, que muere y nace a la vez; donde la muerte es permiso de la vida: eslabón de una cadena infinita, que no tiene comienzo puesto que no hay en ella determinación alguna. La muerte es el nombre obscuro que, nosotros, los humanos, en nuestra ignorancia establecemos como fin. El fin engendra la pregunta. La naturaleza no hace preguntas. Es creadora en sus respuestas.

En cambio, nosotros establecemos nuestra dignidad con la pregunta. La pregunta también es niña: Es la inquietud con la cual nuestros hijos nos proyectan hacia el porvenir. Es la hora buena de la creación mañanera y que vuelve a repetirse en el crepúsculo. Es el momento claro en que captamos las relaciones ocultas de las cosas y entendemos el lenguaje mudo con el cual se comunican los seres naturales.

Es la estación azul que ha llegado de golpe, representada por un pastelón de verde pasto, cuajado de margaritas y manzanilloncs enanos. Es un metro cuadrado de primavera que trac calor a nuestros cuerpos y esperanza al corazón.

* * *

Es medio día. Al volver de los trabajos forzados, uno de los prisioneros, precisamente el doctor Girón, trae en sus manos un pastelón de verde pasto, cuajado de margaritas y manzanillones enanos. Limpiamos de pedruscos una superficie de tierra equivalente, allí lo plantamos y lo regamos continuamente.

De esa manera llegó la primavera al campo de concentración de Compingin.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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