Dawson


Testimonio de Stanley Faulkner

Está el caso del profesor Enrique Kirberg, que está en la Penitenciaría de Santiago. Su mujer, Inés, me dijo que está mal de salud y que, a menos que sea liberado pronto con el fin de obtener una buena asistencia médica, la situación se le hará intolerable.

Pasé varias horas con Josefina Montes, la mujer de Jorge Montes, y con una hija de éste; él es miembro del Comité Central del Partido Comunista. En julio, él, su mujer y sus dos hijas. Rosamaría y Diana, fueron arrestados. En diciembre fue llevado a Tres Alamos, donde estuvo un mes; después estuvo unos días en la Penitenciaría; después, en la Cárcel de Talcahuano y en la isla Quinquina. Fue enviado en enero, por un periodo breve, a la Penitenciaría de Santiago y de allí a una cárcel de Valparaíso. A pesar de todos los interrogatorios por los que ha pasado, no tiene todavía cargos. Durante todos estos traslados ha estado muchas veces sin comida, sin agua y esposado; se le ha mantenido de pie durante días enteros y estuvo con la vista vendada cuarenta y cinco días. Se le dijo que su mujer y sus hijas habían sido violadas y que él debería confesar. En su desesperación, le pidió a un guardia que le permitiera escapar para que le dispararan. En la petición de hábeas corpus, su abogado sostuvo que el tratamiento que recibía violaba la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Internacional sobre Derechos Humanos y la Convención de Ginebra sobre prisioneros de Guerra y el artículo 10 del decreto ley 228. No es necesario decir que el recurso de hábeas corpus fue denegado el 13 de febrero de 1975, junto con otros veintitrés.

Su hija Diana, de veintiséis años, fue mantenida cuarenta y cinco días con la vista vendada. Está ahora en Tres Alamos, sección 4.a, incomunicada.

La otra hija. Rosamaría, de veintitrés años, y la madre, estuvieron también con la vista vendada durante cuarenta y cinco días. En el período de reclusión sufrieron ultrajes. Estaban siempre sometidas a custodia, incluso cuando iban al baño, y se las hizo desvestirse y andar desnudas. También fueron golpeadas en el cuerpo. Piensen por un momento el efecto traumático que todo esto les produjo, especialmente a la joven de veintitrés años.

También pasé varias horas con Lily Corvalán y su familia, en su casa. Puedo decirles que él está sobreviviendo su prisión en Ritoque, así como lo hizo en la isla Dawson. Ella lo visita cada domingo y le lleva alimentos para suplementar la dieta de la cárcel. Esto también se puede decir de José Cademártori. Su mujer me dijo que los domingos muchas esposas viajan las tres horas que hay entre Santiago y Ritoque para estar unas pocas horas con sus maridos.

Hablé también con varias otras cónyuges, cuyos nombres no puedo mencionar. Todas me dijeron que el tratamiento en Ritoque, en cuanto prisión, no es tan malo como en otros lugares.

(Denuncia y Testimonio, pág. 116. El autor del testimonio es abogado norteamericano,
miembro de la Comisión Investigadora Internacional.)


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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