Dawson


Testimonio de Osvaldo Puccio

El 11 de septiembre me encontraba con el compañero Salvador Allende en La Moneda. Los jefes de la Junta, por medio del Edecán Militar del Presidente de la República, coronel Badiola, se dirigieron a Allende: "Por favor transmite al Presidente Allende -me dijo el coronel- un recado de mi general Pinochet, que está como jefe de la Junta". Badiola había abandonado La Moneda no hacia más de media hora y ya estaba traicionando. "Mi general Pinochet -prosiguió- dice lo siguiente: Que le digas al Presidente Allende que renuncie inmediatamente y que venga al Ministerio de Defensa a hablar con él." Le transmití el recado al Presidente y él me dijo textualmente: "Contéstele lo siguiente: dígale primero que un Presidente de Chile, elegido por el pueblo, no renuncia; segundo, que el Presidente reside en La Moneda; tercero, que si él quiere que yo vaya al Ministerio de Defensa, que no sea maricón y que venga él personalmente a buscarme".

Muchas veces he dicho que la vida ha sido generosa conmigo. Uno de los rasgos de generosidad que ha tenido es haberme permitido vivir al lado de un hombre como Salvador Allende, haberme permitido entrar un poco en su vida y conocerlo en la verdadera dimensión humana. Un hombre que cuando le van a ofrecer un avión para que se vaya les dice: "Díganle que se meta el avión donde le quepa. Yo soy el Presidente de Chile. Además, de aquí no despega ningún avión sin mi autorización".

No estuve entre los que cayeron junto al Presidente Allende. Quince minutos antes de morir como héroe, él me mandó, junto a dos compañeros, al Ministerio de Defensa para lograr que los amotinados suspendieran el bombardeo de La Moneda y dejaran de disparar contra los edificios cercanos para evitar la inútil pérdida de vidas. Quiero mencionar otro detalle que refleja la actitud del compañero Allende en esos minutos. En el Palacio de la Moneda se encontraba conmigo Osvaldo, mi hijo mayor. Sabiendo cuál era el fin que espera a los últimos defensores del Palacio, Allende varias veces propuso a mi hijo abandonar el recinto diciendo que su deber era cuidar a su madre. Mi hijo respondía que con la madre se habían quedado los hermanos menores. Entonces Allende propuso a Osvaldo el cuidado de nuestro grupo que se dirigía al Ministerio de Defensa. A mí me susurró en voz baja que no dejara por ningún motivo que mi hijo volviera a La Moneda...

Recuerdo ahora las palabras de Salvador Allende ante el cuerpo de su Edecán Naval, el comandante Araya, asesinado por la reacción poco antes del golpe. Cuando le informaron del atentado, se trasladó rápidamente al Hospital Militar. Yo también fui y llegué en el instante mismo en que el compañero Allende, vestido con delantal de médico, terminaba, junto a otros médicos, de tratar de revivir el ya inerte cuerpo del capitán Araya. Allende se retiró, quedó el cuerpo desnudo de Araya. El comandante era gran amigo mío, me acerqué a él, lo miré, le cerré los ojos y me fui donde el presidente. Estaba muy impactado, sentado en una mesa, en una pieza vecina. De repente se paró bruscamente y volvió a la pieza donde estaba el cadáver de Araya. Llamó a los médicos (deben haber sido cinco o seis médicos militares, jóvenes casi todos) y les dijo: "Colegas, vengan", tendió la mano hacia el cadáver del comandante Araya y dijo: "Miren, esto es fascismo". Después del golpe, llegué en calidad de prisionero a ese mismo hospital y fui atendido por los mismos médicos. Los vi torturar horas y horas a compañeros que estaban heridos.

Viví en Alemania a comienzos de los años cuarenta y les puedo decir con absoluta y total certeza que el fascismo chileno es hermano gemelo del fascismo alemán... Quien me detuvo, al tomarme prisionero, me dijo: "Manos arriba, tío". Era el hijo de una prima hermana mía. O sea, los intereses de clase que defiende el fascismo pasan por encima de los nexos de sangre, de los nexos de amistad, de todos los otros valores con los que juega mucho la democracia burguesa. Con mis propios ojos vi convertirse en bestias a personas que había conocido a lo largo de toda mi vida Apenas son tocados sus intereses, la burguesía se olvida de toda la fanfarria que ha desplegado en torno a la familia, el respeto al amigo, el respeto a los valores intelectuales. El fascismo es el mismo en todas partes. Sólo que en Chile habla en castellano.

(Extractos de sus declaraciones en Revista Internacional (edic. chilena),
Praga, septiembre de 1976, págs. 79-80.)


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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