Dawson


El monasterio de Chateng por la noche

En este mundo de rectilínea geometría nada es superfino. Todo está armoniosamente proporcionado; cada cosa. destinada a cumplir su fin predeterminado. Con regularidad se dan todas las secuencias. No hay lugar en él para los sueños infantiles ni para fantaseos de ancianos decrépitos. Como es el lugar en que se practica el estado de calma. está libre del ruido, porque el ruido es una espina para la concentración.

Los confines del monasterio están señalados por cuatro líneas rectas, que forman un cuadrilátero y establecen el espacio interior, el espacio de una vida. En realidad de verdad, sus límites no separan de lo que queda fuera, ya que lo único que rige es el espacio interno y sus regularidades matutinas y vesperales, que se coordinan con las leyes eternas del pasar del tiempo, que siempre permanece inmóvil.

La línea recta de sus confines se introduce en el espacio interior y crea las separaciones secundarias. Son cuatro líneas rectas que crean los doce espacios esenciales, los cuales aparecen como una secuencia de los doce eventos principales. Cada espacio interior tiene su propio silencio, silencio poderoso como en el caso de las catorce ideas inexpresables o indecibles. Cada uno tiene su propio patio con guijarros, que son distintos unos de otros, pero dentro de todos y en su conjunto reina siempre el orden perfecto, que se da en la inmovilidad del que reza o en la posición de los soldados de la Guardia Imperial, mientras esperan una orden.

En este mundo de rectilínea geometría existen rectángulos, cuadriláteros, polígonos y figuras similares. En su construcción, la sabiduría antigua evitó la línea curva, producto de la conciencia ignorante, tan propensa a la loca alegría pasajera, tan cercana a todo lo terreno que separa del Supremo Bien, que es el vacío, la contemplación, producto de la aptitud natural hacia el orden, el respeto y la disciplina, la buena disposición y la tranquilidad mental.

La exclusión de la linea curva es necesaria, porque es una línea imperfecta. Toda otra opinión es anormal y absurda. Es como negar que hay seis tipos diferentes de seres sensitivos, que migran en la existencia cíclica: dioses, semidioses, espíritus famélicos, animales y habitantes de los infiernos. No es una línea perfecta como la línea recta, la única que lleva a la clara luz o al sendero sin error en armonía con las varias disposiciones o con los cuatro sellos. En cambio, la línea curva lleva a la duda, y ésta, a la falta de respeto y a la desobediencia. Y la desobediencia es el hecho imposible. Porque el mundo está ordenado, necesario es obedecer, y por esta razón, en el monasterio, la única línea curva que se produce, fugazmente, es aquella que marca la puerta al abrirse. Por eso la sabiduría antigua enseña que la mejor defensa es una puerta cerrada.

Desde luego, en el monasterio las ventanas no se abren. Diez mil años estarán cerradas. Además, ¿para qué deberían abrirse? Nosotros, que hemos sido despertados de la ignorancia común, sabemos que el mundo es enemigo y vacío.

A veces, en mis sueños agitados, en las noches insomnes o cuando llueve, me parece ver una flor entre los guijarros, o una puerta que no quiere cerrarse, o creo percibir un rayo de sol jugueteando locamente entre los elementos, y me pregunto angustiado: ¿por qué el agua de un espejismo no es vista por quien está cerca?, ¿cómo obtener el ojo que ve la realidad?

En este mundo de rectilínea geometría, todo armoniosamente regido por el orden, el respeto y la obediencia, porque así debe ser, ¿cómo hacer para que las puertas estén cerradas diez mil años y el orden sea eternamente inmóvil?

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En Dawson, con Fernando Flores, tuvimos la oportunidad de leer algunas obras del doctor Benjamín Spock, pediatra norteamericano destacado y luchador enérgico por los derechos civiles en Estados Unidos. Nos enteramos también, entonces, de su decisión -muy criticada- de hacerse bonzo budista y de retirarse de la vida social, partiendo al Tibet a enclaustrarse en un monasterio.

Curiosamente, la descripción del monasterio -cuyo nombre no es exactamente Chateng, ya que cito de memoria- me pareció sorprendentemente coincidente con lo que podía ser una descripción del campo de concentración de Dawson. Decidí entonces aprovecharla para enviar al exterior, mientras estaba todavía recluido, una visión de lo que era el campo. Escribí un texto, lo traduje al inglés, le inventé un título ("El monasterio de Chateng") y se lo atribuí al doctor Spock. Pudo así pasar la censura de las autoridades del campo y salir al exterior.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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