Dawson


Siete horas treinta

Llueve.

7,30 horas. Desayuno.

-Todo el mundo afuera

-Atención... ¡Firmes!

Nos formamos en dos columnas fuera de la barraca I, frente a la puerta y bajo la lluvia.

-Pasar... ¡lista!

-Uno, dos, tres... treinta y seis y último, mi teniente. Cada uno gritaba su número correlativo al que le seguía hacia la izquierda, en la formación, partiendo del delegado, que ocupaba el primer lugar a la derecha.

- Manos al pecho... Al trote... ¡March! Salimos trotando, bajo la lluvia, del patio de nuestra barraca al comedor. Al llegar a la puerta se detienen las columnas. Entran de a dos y en riguroso silencio. Se va a la ventanilla que da de la cocina al comedor. Los rancheros nos entregan un pocillo de té puro y un pan. Vamos tomando colocación en un pesado silencio. A la cabeza de nuestro mesón, de pie, está el blanco, lampiño, teniente "Cara de Vieja", con su ametralladora punto 30 en banderola. Comenzamos a sorber el té.

- Convídame el pan que te sobra...

- ¿Qué estás conversando?... ¿Acaso no sabes que está prohibido hablar en el comedor? ¿O quieres que te rompa la jeta con la culata de mi fusil?

- Es que ayer el capitán Zamora nos autorizó a hablar. -Negativa. Eso fue ayer. Hoy derogo esa autorización.

Seguimos tomando el té en silencio. Pasan cinco minutos.

- Apúrense, aquí no están en un restaurante. Los últimos acaban con su té.

- Atención... ¡Firmes!-. Nos paramos en dos filas a cada lado del mesón.

-De frente... ¡March!-. Vamos saliendo, formados hacia el patio.

Allí debíamos esperar que llegara el teniente para rendirle honores. Para eso debíamos colocarnos mirando hacia la puerta del comedor.

Nuestro delegado, Hugo Miranda, estaba a la cabeza. Cuando llega el teniente, ordena:

-Honores a mi teniente... Atención... ¡Media vuelt!-. Y quedamos dándole la espalda al "Cara de Vieja".

-Esto si, me rinden honores con el poto.

-Esto se arregla muy fácil... ¡Media vuelt! -,y quedamos mirando al "Cara de Vieja".

-No van a aprender nunca. Es inútil querer hacer soldados de ustedes... Atención... ¡Firmes!.. Al trote... ¡March!

Trotando, recorremos bajo la lluvia el camino de regreso a nuestra barraca. Felicitamos a Hugo. Nos juntamos alrededor del Viejo Silva.

-Cómo echamos de menos la canción matinal de Anselmo Sule en Compingin: "Buenos días mi amor, buenos días dulzura".

-Y con qué alegría la bailaba y la repetía...

-Chis, y ahora, con estos perros y con esta lluvia, quién va a tener ganas de cantar...

-¿Qué será de Clodomiro y de Joignant?

-Apúrense, son tres para las ocho y tenemos que formar para el Himno Nacional.

Nos ponemos los abrigos o parkas y las colpas y empezamos a evacuar la barraca.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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