Dawson


Río Chico

Cuándo llegaré a mi mar.

Pues así y de tal manera, en otoño como en invierno, el río pequeño -que desagua las minúsculas correntadas solferinas de las cercanas colinas- parece detenido. Sin embargo, por debajo de la capa de nieve fluye, turbulento y enojado, porque no le puede ver la cara al Sol, señor de los ríos y de la vida.

Asimismo y de tal manera, bajo una apariencia risueña y apacible, a veces alegre y divertida, fluye el río interno de mi vida, el torbellino escondido e íntimo de mis pasiones, al no encontrar su cauce auténtico y lejano. Amor lejano.

Digo lejano, pero me equivoco. Pero si estás siempre dentro de mi. Te extraño tanto y te tengo en mí.

He aquí a la naturaleza toda cubierta de blanco: he aquí el blanco suelo, los árboles blancos, el camino blanco, el blanco blanco del blanco mar.

¿Será eterna esta apariencia? ¿Será pasajera?

La razón nos dice "pasarán, la nieve se disolverá, mas el corazón angustiado pregunta, quedamente: ¿Cuándo?

Sí, el herido pajarilla del sentimiento se demanda a sí mismo: ¿Cuándo te tendré conmigo?

El corazón está triste porque honda pena le entristece.

¿Acaso también se petrifica el corazón?

¿Acaso también el corazón se transformará en blanco y frío yermo? ¿Cuánto durará esta separación de la mar que me espera?

Pero el viento del alba porta ya el amarillo olor del polen.

"Va a haber una buena primavera y un buen verano", dice mi amigo el baqueano. Y tú, corazón doliente, tú, te crees porque, al fin, la nieve se empieza a derretir; ves cómo los hombres ayudan a la primavera rompiendo los trozos de nieve del camino; ves cómo vuelven las moscas, ahora bien venidas: cómo vuelan los tordos alocados, viejos marchitos, amigos del contraste: cómo el primer aire se rejuvenece y adquiere la sutil fragancia de los primeros cielos; cómo los árboles recobran sus antiguas hojas verdes y las flores de las primicias empiezan a cubrir la tierra. Y todo esto, ensordecido con el alegre canto de diucas y gorriones y acompasado por la presencia, sonora y solemne, de los caiquenes.

Dicen los cazadores que siempre andan en parejas y que cuando matan a la hembra, nunca el macho se separa de ella, aunque lo maten.

"Para sufrir nacemos...
Pero también para ser leales..."

Tú ves que todo florece: sin embargo, el corazón te dice, sin palabras y al oído: Sí. Es cierto. ¿Pero para mí cuándo la primavera llegará?

El río pequeño, cuyas ondas vienen a besar de nuevo la orilla de la mar, lentamente, envía sus aguas cansadas en su eterno recorrer con golpes de sonido de cosa que se cierra. Siente el inconfundible olor de las viejas plantas anteriores. Oye que un insecto se ahoga paulatinamente y que un trozo de tierra de sus bordes cae al agua, empujado por el viento del crepúsculo.

Pues así, de tal manera, de nuevo te encuentras tú con tu apasionado y dolorido corazón que espera, con esperanzas muchas e interminablemente se repite: ¿Cuándo llegaré a mi mar?


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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