audacity to believe
Audacia para creer

Capítulo 9

LOS DÍAS SIGUIENTES


"cuanta humanidad
expuesta al hambre, frío, pánico, dolor,
presiones morales, terror y locura?"

( escrito en el estadio Chile
Víctor Jara, 12 de septiembre 1973 )

Dormí como corresponde la noche del 11 de septiembre, perturbada por las ametralladoras y por el innumerable pasó de los vehículos militares. Al día siguiente la calle estaba desierta y la radio nos informó que había toque de queda por todo el día en que el que saliera a la calle sería fusilado. Se dieron a conocer nuevas listas de personas de quienes se requería presentarse a las autoridades militares, y también se anunció que todos los extranjeros en "situación irregular", es decir sin sus documentos en regla, tenían que presentarse al departamento de policía más cercano, habiendo sido incapaz de hacer frente a los infinitos trámites para renovar mi visa, le había dejado expirar y ahora descubrí que estaba vencida en nueve meses y, lo que era peor, mi pasaporte había expirado un año antes. Me puse nerviosa y empecé a preguntarme si debería presentarme a las autoridades, pero consuelo firmemente me dijo que no fuera estúpida, así es que no dije ni hice nada. Y estuvo muy bien, porque después supe que un inglés cuyos documentos estaban caducados, inocentemente se presentó y le hicieron pasar dos días detenidos en el Estadio.

Pasamos el día observando el continuo tráfico de los camiones y tanques del ejército por la calle principal que sólo días antes habían sido una activa días tránsito normal. La única luz de ese día fue cuando la anciana dama a cuyos gatos yo había ayudado, me llamo para decirme que había hecho pan y podía darme dividida entre molestarla y cometer una gran locura, elegir un momento en que la calle estaba desierta y lo que volver a casa sana y salva, con mi pan.

Esa noche hizo su aparición el helicóptero. volando si luces para que no le disparara de este abajo los miembros de la resistencia , circuló sobre ciudad como un murciélago gigantesco en busca de presas. supimos además que en esos días se realizaron ataques a las poblaciones marginales matando hombres y mujeres y niños y tomando muchos prisioneros.

Aunque vine a saberlo mucho tiempo después, miles de chilenos, adultos, estudiantes y colegiales fueron tomados prisioneros durante los primeros días del golpe. Tan grande fue el número de detenidos que tuvieron que acomodarlos en los dos grandes campos de deportes de Santiago: el estadio Chile y el estadio nacional. Se practicaron allanamientos en fábricas y universidades y cualesquiera personas sospechosa debe ser pro Allende era apresada. En el estadio nacional solamente hubo entre 5000 y 7000 prisioneros agrupados en los vestuarios, ubicados en el subterráneo. Sólo los dejaban salir fuera durante una hora al día. Estos prisioneros eran interrogados y muchos de ellos fueron torturados y muertos. Las mujeres eran violadas, y tanto los hombres como las mujeres eran golpeados y sometidos a tortura eléctrica. Soldados aburridos se entretenían violando a las mujeres y jugando a la ruleta rusa con pistolas en que algunas recámaras estaban cargadas y otras vacías.

Un caso bien conocido y trágico en esos primeros días fue muerte de Víctor Jara. El era uno de los cantantes folklóricos más apreciados y mejor conocido de Chile; durante de el régimen de Allende, el escribió, compuso y cantó canciones para la nación que surgía: canciones tiernas y canciones de protesta. La suya era una voz de libertad y justicia conocida a través de toda la tierra. El 11 de septiembre había sido invitado a cantar en un festival en la Universidad Técnica. Así, fue detenido junto con los cientos de estudiantes y profesores cuando allanaron la universidad. Fueron llevados al Estadio Chile y fue allí donde, en los últimos tres días de su vida, escribió el siguiente poema:

"cinco mil muertos hay aquí
En esta pequeña parte de la ciudad

Cinco mil somos.
me pregunto, ¿cuántos más seremos
en otras ciudades y en el país entero?
aquí solamente
hay diez mil en manos que plantan semillas
y hacen andar las fábricas.

cuanta humanidad
expuesta al hambre, al frío, al pánico, al dolor,
las presiones morales, el terror, la locura
seis de nosotros se perdieron
como en el espacio estrellado.

Uno muerto, otro golpeado como nunca imaginé
que un ser humano podía ser golpeado.

Los otros cuatro quisieron terminar ese terror
uno, saltando hacia la nada,
otro de golpeando su cabeza contra la pared,
pero todos la mirada fija en la muerte.

Qué horror puede crear la cara del fascismo ¡
ellos llevan sus planes a cabo con precisión de cuchillo
nada les importa,
para ellos la sangre es igual a las medallas,
y la matanza, un acto de heroísmo.

Oh, Dios, ¿ es éste el mundo que creaste?
para esto tus siete días de obra y maravilla
dentro de estas cuatro paredes
solamente un cierto número existe
que no progresa nada
que lentamente buscarán más y más esa muerte
pero súbitamente mi conciencia despierta
y veo esta marea sin corazón que late
si no un pulso de máquinas,
y los militares mostrando sus rostros de matrona
llena de dulzura.

dejad que México, Cuba y el mundo
clamen por esta atrocidad.

somos diez mil manos que no producirán nada.
¿ Cuántos seremos en el país entero ?

La sangre de nuestro compañero presidente
retumbar la con mayor fuerza que las bombas
y las ametralladoras
que difícil es cantar
cuando te debo cantar que el horror
el horror en que vivo
y el horror en que muero
verme entre tanto
y tantos momentos de infinitud
en que el silencio, los gritos
son el fin de mi canción
lo que yo veo jamás había visto
lo que he sentid y siento
dará nacimiento al momento..."

nota: sheila entrega el poema sólo en inglés. No hemos podido conseguir el original.

El 16 de septiembre, cinco días después del golpe, Joan Jara, fue visitada por un amigo que le dijo que él había muerto y que su cuerpo estaba en la morgue de la ciudad. He aquí el relato de lo que sucedió:

"entraron a la morgue por una puerta lateral y vieron lo que la señora Jara describe como montones de cadáveres que llenaban totalmente la enorme habitación.

El espacio normalmente han reservado para los cadáveres estaba y no y también lo estado el espacio usado habitualmente para manipular los cuerpos. La señora jara tuvo que ir arriba, a las dependencias de la administración, antes de encontrar el cuerpo de su marido que, según le dijeron, llevaba allí tres días.

Sus ropas, dice la señora Jara, estaban destrozadas y algunas le habían sido sacadas a pedazos. Los huesos de sus manos habían sido quebrados y su espalda, creía ella, también estaba quebrada. Además, a había recibido muchas heridas de bala.

(Joan Jara. Como lo relató a Mark Arnold-Forster del Manchester Guardian, 23 de octubre de 1973)

Yo no conocí a Víctor Jara en Chile y nunca oí sus discos hasta después del golpe, pero recuerdo que el cónsul inglés estaba ayudando a Joan y sus niños a dejar Chile cuando fui a preguntarme acerca de mi pasaporte y visa en octubre. El relato de ellas es uno de los más importantes el que se describen los sucesos de Chile en los primeros días posteriores al golpe, porque es un relato de primera mano.

Joan Jara es testigo de algunas de las muertes en los primeros días después del golpe. En el informe que amnistía internacional se publica el testimonio de un grupo de prisioneros brasileños detenidos en el estadio Chile este testimonio fue entregado a la delegación de amnistía durante su permanencia en Santiago.

El informe de amnistía dice, de esos primeros días:

"inmediatamente después del golpe, las condiciones generales fueron espantosas. Esto fue antes de que a los observadores extranjeros se les permitiera entrar al país. La Junta, luego de anuncia que no se permitiría visitas a los lugares de detención antes de que el comité internacional de la Cruz Roja hubiera hecho inspecciones, mantuvo al citado comité esperando en la frontera argentino chilena durante una semana entera antes de abrir las fronteras. Durante este periodo el estadio Chile (que no debe confundirse con el estadio nacional ) estuvo en activo.

El primero, probablemente el más notable de los centros de detención usados fue el estadio Chile, un pequeño estadio construido para el baloncesto y otros deportes similares. La mayoría de los prisioneros estuvieron detenidos en condiciones de hacinamiento durante cinco días después 11 de septiembre. Muchos informaron que no recibieron alimento ni bebida durante esos días. Los detenidos allí informaron que habían presenciado ejecuciones y habían oído prolongado fuego de ametralladoras, lo que indicaría, por la muerte de sus camaradas, o simulación de ejecuciones ".

El informe continúa:

"Del estadio Chile, los prisioneros fueron trasladados al Estadio Nacional de Santiago que, eventualmente, a fue desocupado después de la primera semana de noviembre de 1973. En el estadio nacional había por lo menos algún grado de protección. Los oficiales de la Cruz Roja y de la comisión de refugiados de las naciones unidas, como también diplomáticos extranjeros cuyos con nacionales estaban detenidos allí, podrían hacerles visitas frecuentes. A mediados de noviembre, la comisión de refugiados había procurado la liberación y expulsión del país de casi todos los extranjeros.

Para los chilenos, sin embargo, no hubo tales garantías. Aunque las autoridades dieron estadísticas del número de detenidos, su negativa a dar listas de prisioneros hizo que muchos de ellos temieron por sus vidas. Fue significativo que uno es senador chileno detenido a y entregar a una lista garabateado a los representantes de amnistía internacional que visitaron el estadio el 7 de noviembre. Era urgente que estos nombres fueran publicados en el extranjero con el fin de proteger las vidas de los prisioneros. Los propios representantes de amnistía también oyeron dos prolongados tableteo de ametralladora dentro del estadio el día 7 de noviembre, día en que muchos prisioneros fueron trasladados.

Mirando hacia atrás, parecería que el número de ejecuciones simuladas fue mayor que el número real de ellas, y que pocos de esos continuos tableteo de ametralladora fueron dirigidos contra los prisioneros; pero se ha documentado la muerte de algunos chilenos dentro del estadio nacional y cerca de él. Más que eso, el una entrevista con un periodista extranjero, el comandante del estadio, Jorge Espinoza, una vez alegó que aproximadamente 60 personas habían sido muertas por extremistas de izquierda después de su liberación del estadio. Cuántos fueron muertos dentro?

Muchísimo más grande que el estadio Chile, el Estadio Nacional es un gran estadio de fútbol con capacidad para unas 80.000 personas. De nuevo reproducimos informe escrito por un grupo de extranjeros que describe las extremas condiciones físicas en que fueron detenidos. Este informe fue entregado a la delegación de amnistía en Santiago:

"El estadio Nacional es un campo de deportes en que los estadios de fútbol y atletismo están situados en un amplio espacio de veinticinco a treinta hectáreas rodeadas por muros de más de 2 m de altura, con capacidad para más de 80.000 personas, también estaba allí el velódromo (para ciclismo) con capacidad para más de mil espectadores.

Los prisioneros fueron transportados al estadio de este las prisiones o estaciones de policía en autobuses. a su llegada eran entregados a los soldados que actuaba como sus guardias. Luego de haber registrado su entrada, y cualesquiera que fuese su estado de salud, era trasladados a los vestuarios que había en sido transformados en celdas. En algunos casos los prisioneros tenían que permanecer en los corredores esperando ser ubicados en las celdas, cuando no había lugar.

Los pequeños vestuarios tenía 70 m cuadrados incluyendo los baños y las duchas. El área utilizable para dormir y vivir era de unos 45 m cuadrados. En estas celdas amontonaban de 90 a 100 personas (en decir, medio metro cuadrado o menos por persona). Las habitaciones más grandes eran de unos 70 m cuadrados, más los baños y duchas en una habitación adyacente; y estas habitaciones había entre 120 y 170 personas. En algunos días tanto las celdas pequeñas como las grandes podían estar más o menos llenas que eso, a causa de los continuos traslados. Los pasillos, también usados como celdas, eran los corredores que dan entrada a las filas de asientos hacia el norte y el sur del gran edificio de hormigón . En cada pasillo había entre ciento veinte y doscientas personas que, para los propósitos de dormir, era en obligadas a usar parte de los baños y los tramos de las escaleras adyacentes (los pasillos tienen cerca de 15 m de largo por tres de ancho). La puerta hacia el exterior estaba cerrada por un gran enrejado de hierro que dejaba entrar el viento y la tierra. En otras palabras, es una edificación cuya construcción y características la convertían en una prisión inmensa y organizada.

Durante la primera semana de funcionamiento del campo de concentración, los prisioneros pasaban las 24 horas del día encerrados en los vestuarios y los pasillos. A cada uno se le daba una manta y por alimento se le daba una tasa de café con leche y un pequeño pedazo de pan en la mañana, y otra reacción similar en la tarde. Nada más. Después de la primera semana la ración de pan aumentó... desde el décimo día en adelante, el prisionero vio mejoraba su ración con sopas, lentejas, guisantes o alubias. Uno dormía sobre el suelo con una mitad de la manta debajo y la otra mitad cubriéndole. Andando el tiempo, algunos prisioneros lograron obtener una segunda manta. Las celdas eran frías y húmedas, dada la proximidad de las duchas y la falta de luz del sol. Desde la segunda semana en adelante los prisioneros fueron llevados a las graderías, desde las diez hasta las dos, y desde las 16 hasta las 19. Esto empezó cuando, tanto los periodistas chilenos como los extranjeros comenzaron a escribir sobre el trato que recibían los prisioneros, para probarles y efectivamente recibían "buen trato".

Miles de familiares de los prisioneros y los desaparecidos venían todos los días hasta las rejas del centro deportivo buscando noticias de sus parientes, algún hecho que permitiera confirmar su presencia allí, o a traerles alimentos y ropas. Excepción hecha de algunos casos aislados, ni una sola cosa ni mensaje era llevado a los prisioneros desde el exterior, ni ellos podrían decir una sola palabra a sus familiares. De los paquetes (cuya distribución estaba bajo el control de la Cruz Roja chilena), sólo uno de cada dos llegaba a su destino; todos los paquetes eran cuidadosamente realizado y ni las galletas, chocolates, frutas o cigarrillos eran entregados directamente a los prisioneros.

Para todos los prisioneros, las perspectivas más terroríficas eran los interrogatorios. Los representantes de la Junta han dicho muchas cosas acerca de la rapidez de los interrogatorios, pero muy poco acerca de los métodos usados. Entre 200 y 300 prisioneros eran interrogados al diario en el tercer piso del establecimiento o en el velódromo. En el tercer piso los interrogatorios tenían lugar en la gran sala ocupada por militares sentados en mesas separadas o en pequeñas habitaciones situadas detrás de esas mesas, donde eran llevados a cabo interrogatorios "más intensivos".

Durante los interrogatorios, estimamos que alrededor del cincuenta por ciento de todos los prisioneros eran severamente torturados, habitualmente golpeados en forma prolongada y primitiva, aunque (como puede leerse más abajo) en algunos casos específicos, se usaban técnicas de tortura más selectivas. En el velódromo, donde tenía lugar la mayor parte de los interrogatorios, cerca de 200 prisioneros eran llevados diariamente bajo escolta de una guardia fuertemente armados. Después eran entregados a un equipo de interrogación (estos equipos provenían de cada rama de las fuerzas armadas, la policía nacional, y también de la policía de investigaciones). Era en este edificio, y a 300 m de la parte central del estadio donde se llevaba a cabo el apaleo sistemático.

Dependiendo del tipo de acusación general que afrontaba el prisionero, podría ser tratado con una cierta lenidad, o golpeado y pateado durante varias horas. También se citan casos de prisioneros que fueron torturados con electricidad, a quienes se les introdujo agua a presión por la nariz o la boca, o que fueron enfrentados a ejecuciones simuladas. Después del interrogatorio, los prisioneros eran clasificados como: "libertad condicional", que significaba que podrían ser liberado en unos pocos días; "sospechoso", que quería decir que tenía que esperar un segundo interrogatorio mientras se examinaba su hoja de cargos y los resultados del primer interrogatorio a cargo de la inteligencia militar; o "peligrosamente sospechoso", lo que significaba que tenía muy escasas esperanzas de liberación y podía anticiparse torturas y nuevos interrogatorios."

Este informe de atrocidades cometidas está corroborado por amnistía internacional, que envió una delegación a Chile en noviembre de 1973, y por muchos de los prisioneros que fueron liberados de estadio y que tuvieron la valentía de hablar en Chile, o se sintieron libres de cara evidencias una vez que estuvieron fuera del país.

Para nosotros, en casa, no hubo posibilidad de saber lo que estaba sucediendo en otras partes de Santiago sino hasta el 13 de septiembre. Cuando se levantó el toque de queda, entre las doce y las quince horas., salimos de casa a compra provisiones en las tiendas locales. Súbitamente, en la tarde, sonó el timbre y apareció la hermana de consuelo, Claudia, con otras dos hermanas. Tratando de parecer informal, las saludé en la reja y, sonriendo y charlando alegremente para beneficio de los observadores vecinos, las conduje dentro.

A diferencia de Consuelo, Claudia había sido políticamente activa, trabajando con el partido socialista, y había sido supervisora y coordinadora en alguna de las fábricas que había sido tomadas por los trabajadores. El 11 de septiembre ella había estado visitando Lucchetti , la fábrica de pasta más grande de Santiago. Después del golpe, el día se había quedado para acompañar a los trabajadores, a y nos contó como la fábrica había sido allanada por la policía. Habían entrado y ordenado a todas las mujeres echarse de cara al suelo, mientras se llevaban a los hombres. Un estudiante brasileño había sido abatido a balazos delante de ella, y ella misma había escapado de ser detenida porque se pensó que era una trabajadora de las fábrica.

Luego de pasar las noches del 11 y del 12 en la fábrica, ella se había ido con las otras mujeres cuando levantaron el toque de queda y caminó por calles laterales las 4 millas hasta la casa de Consuelo; con ella había otro muchacha, cuyo marido había estado en la Universidad Técnica, y una tercera que tenía siete niños desamparados desde el 11, en el otro lado de Santiago.

Con la llegada de Claudia y sus amigas me di cuenta que, aunque ésta no era mi guerra, yo no podía permanecer fuera de ella, porque Consuelo tenían que dar refugio a su hermana. Era así de simple para Consuelo:1 arriesgaba la vida por un amigo y por la familia (aun que el ex marido de Claudia obviamente sentía de manera diferente, ya que le negó autorización para acercarse a casa). Con poco más de una hora hasta el toque de queda, consuelo cogió su autor y condujo a la tercera muchacha a través de Santiago para que pudiera llegar hasta donde sus hijos, que no había en tenido alimento alguno durante dos días. Me senté a la ventana con el corazón en la boca preguntándome si ella algunas vez volvería. No hubo, sin embargo, ningún problema, y cuando volvió ella y Claudia comenzaron a telefonear a para tratar de saber acerca del resto de la familia.

Al principio no había noticias, pero al día siguiente empezaron a filtrarse rumores de que el marido de la otra hermana, su sobrino y el novio de la muchacha estaban todos muertos. Fueron días grises y tensos. Que pasé la mayor parte el tiempo tratando de preparar comida para este creciente número de huéspedes y visitantes que venían a discutir el futuro de Claudia. Yo comprendía poco de lo que se decía, pero recuerdo haber tenido un furioso altercado con Claudia, pues pensé que estaba tratando de organizar un centro de resistencia este nuestra casa. Le dije que yo no estaba preparada para morir por una causa perdida, y sólo para que consuelo no replicar a que esta era su casa, su hermana y su país y, que si yo pensaba así, era mejor que regresara inmediatamente a Inglaterra. Esto me sacudió y empecé a pensar que tenía razón.

Y el 15 de septiembre pude ir al hospital por primera vez, ya que todas esas áreas estuvo acordonada por la policía hasta ese día.

Esta fue una visita memorable: encontré a los médicos y amigos agrupados en el patio del hospital discutiendo los sucesos de los días anteriores a. Luego que lo saludé fui a mi sala para ver cómo estaban los pacientes y les dije a un par de mis amigos acerca de mi pasaporte y visa que habían expirado. Media hora después salía fuera de nuevo y encontré que el grupo se había ido; buscándonos, volví a la sala sólo para descubrir que veinte médicos habían sido arrestados y llevados en un bus, y que el hospital estaba cerrado y no había podía salir sin autorización policial. Mis amigos estaban bien informados y más preocupados por mi de lo que yo misma lo estaba. Me dijeron que tenían que irme inmediatamente y que la puerta de la sección de maternidad todavía estaba sin vigilancia. Afortunadamente yo conocía los vericuetos del hospital y pude salir a la calle sin ser descubierta.

Mientras caminaba hacia casa pase por una tienda de discos y en un impulso en que y pedí un disco Chile no que había oído una sola vez: la cantata Santa María de Iquique, en el norte de Chile, un trabajo moderno muy hermoso que habla de los días en que los trabajadores del salitre de Iquique, en el norte de Chile, eran explotados por los señores ingleses y chilenos de Iquique. al principio, el vendedor negó que de lo tuvieran, pero terminó vendiendome el último que le quedaba, una copia defectuosa. Así fue como compré mi primera música chilena de protesta, de la cual yo iba a aprender mucho acerca de esta guerra.

Cinco días después Claudia logró introducirse en una embajada con sus dos niños. Nunca olvidaré la tensión de esos días en que ella se escondió en nuestra casa. Típico de lo que le pasó a miles de chilenos, el ya de pronto tuvo que enfrentar el hecho de que era buscada por la policía y que, si ellos la encontraban, a probablemente la matarían. Hubo una pesadilla cierta mañana en que un bus lleno de soldados se detuvo en el exterior de la casa y nosotros pensamos que la habían descubierto, pero después de unos pocos minutos, continuaron su camino.

Ella estaba desgarrada por tener que irse a un país que no conocía y sin saber si su compañero estaba vivo o muerto. Hubo, además, un drama agregado cuando ella rehusó irse sin su hijo que estaba con el padre; pero, por fin, él cedió y ella desapareció de nuestras vidas llevándose consigo a un triste paquetito con un vestido, un par de sandalias y un libro.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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