audacity to believe
Audacia para creer

Capítulo 8

EL GOLPE - 11 DE SEPTIEMBRE 1973


" Generales traidores
Miren mi casa muerta, miren a Chile roto,
de cada casa sale el metal quemante en vez de flores»
Vengan y miren la sangre en las calles,
vengan a ver la sangre en las calles".

En la mañana del 11 de Septiembre yo abrí las persianas de mi pieza que daban a la calle Bilbao, una de las principales avenidas de Santiago y me asomé al balcón para ver qué prometía el día. Aunque las calles estaban tranquilas, esto no me llamó la atención, pero lo que si encontré raro fue la manera en que la mujer del edificio de departamentos de enfrente me hacía señas amistosas y alegres. Esto era curioso. Ella era una mujer madura que vivía sola en un buen departamento, y no éramos amigas. No me preocupé más del asunto y, luego de desayunar partí a buscar la leche, mientras estaba haciendo la cola noté vagamente que parecía haber más hombres haciendo de lo que era habitual, y que conversaban animadamente en voz baja; no pude comprender qué decían, pero oí mencionar vagamente a Valparaíso, el gran puerto del país. Eran más de las once cuando volvía a casa y me salió a encontrar mi amiga Consuelo con la cara de color ceniza y me dijo: Ha habido un golpe de estado y los militares se han tomado el gobierno.

Ella había estado escuchando la radio cuando, súbitamente, la música se detuvo y una voz ruda dijo: "esta es la Junta Militar...". Yo escuché junto con ella la voz de los nuevos gobernantes de Chile emitiendo órdenes al pueblo. Todas las estaciones de radio entregaban el mismo mensaje: había terminado la libertad de expresión.

Siempre práctica, ni pensamientos inmediatos fueron para la alimentación de la casa y de los perros; así, partí de los mente hacia la feria de pescado y verduras. Ya reinaba el caos: la gente estaba apresuradamente guardando sus instalaciones y muchos abandonaban todo y partían en los carros con caballos hacia sus hogares. Compré lo que pude, pescados y huevos y tome una gran cantidad de matas de a pie que habían sido abandonadas por un vendedor al huir. Mientras llenaba mi canasto podía oír el tableteo de los fusiles ametralladoras de este el centro, a una milla de distancia. Volví a casa y encontrar consuelo todavía pegada a la radio, no quien me dijo horrorizada: "van a bombardear La Moneda". La Moneda es la tradicional casa de gobierno. Es uno de sus más famosos monumentos y está situado en medio del densamente poblado se entró en la ciudad, enfrentado al hotel carrera-sheraton. se nos informó por radio y que se había pedido a Allende que abandonara la sede del gobierno, a pero el había rehusado. A las once hizo su último discurso por la radio Magallanes, que fue la última radio que cayó en manos de los militares. No voy su discurso entonces, pero dos meses después del golpe me dieron una grabación de el. Mucho se ha dicho de Allende: que fue un héroe , que fue un traidor, que fue un hombre fuerte, que fue débil, a que murió por el país, que la traicionó. Los militares no deseaban hacer un mártir de el, pero obstinadamente rehusó todos los ofrecimientos de salvoconducto y murió solo en la casa de gobierno y. Creo que sus últimas palabras son suficiente testimonio de que el fue un hombre íntegro, que vivió y murió por el pueblo que amaba, por los ciudadanos no privilegiados de Chile, y ... "no hay amor más grande para el hombre el que lo hace entregar la vida por sus amigos ":

Compatriotas:

"esta será seguramente la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes... colocado en un trance histórico, para que con mi vida la lealtad de el pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregaríamos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente.

Tienen la fuerza. Podrán avasallar. Pero no se tiene en los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestras y las en los pueblos.

Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un nombre que sólo fue un intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra de que respetaría la constitución y la ley y así lo hizo...

Me dirijo ante todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesino que creyó nosotros, a la ofrecida que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los míos y. Que me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales colegios de clase para defender también las ventajas que la sociedad capitalista dió a unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, que entregaron su alegría y su espíritu de lucha.

Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos. Porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las líneas férreas, destruyendo los oleoductos y gasoductos....

Trabajadores de mi patria: tengo fue en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento crisis y amargo en que la traición pretende imponerse.

Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores ˇ

estas son mis últimas palabras, y tengo la certeza de que mi sacrificios no será en vano.

tengo la certeza de que por lo menos será la sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".

Fiel a sus amenazas, el nuevo gobierno de Chile dejó caer bombas en el centro la ciudad. Consuelo y yo observábamos desde el balcón de nuestra casa cuando los hawker hunter con gran precisión bombardearon la casa de gobierno y, un poco después, la residencia presidencial en la densamente poblada zona de la calle Tomás Moro.

Resulta difícil traducir en palabras el significado real de estos actos. Las fuerzas armadas se habían combinado y habían rodeado tanto La Moneda como el hogar del presidente. El Presidente estaba en su despacho y su esposa estaba en el hogar. El pueblo de Chile y estaba desarmado, excepto el cuerpo de guardia del presidente y, sin embargo, se consideró necesario bombardear el centro de la ciudad y la casa de Allende. Es como si las fuerzas armadas que tomaron el control de Inglaterra bombardeara el número 10 de la calle Downing y Westminster, para dar al mundo la impresión de que estaban sofocando y un levantamiento armado masivo.

Por la tarde ya todo había terminado. "Fait accompli". Allende había muerto, sus ministros prisioneros y todos Chile bajo la bota militar. De la radio emanaba una continua corriente de ordenes: los trabajadores tenían que abandonar las fábricas de irse sus casas; cualquiera que fuese encontrado en las calles después de las seis que la tarde sería muerto a balazos; cualquiera que estuviera conversando sería arrestado. Un Chile acostumbrado esté mucho tiempo a la libertad total de expresión y acción, de súbito se encontró prisionero dentro de sus propios muros.

Todo el día nos sentamos en casa al lado de la radio y observamos a los obreros apresurándose volver a casa a pie, porque los buses dejando de circular. Todo el día oímos el tableteo de ametralladoras en diferentes sectores de la ciudad, y el humo del palacio de la moneda en llamas oscurecían el cielo con una gran nube negra. No sabíamos nada de nuestras amistades, sólo que estábamos todos ahora bajo la ley marcial. Orden tras orden eran dadas, y se volvían a repetir las primeras. Chile estaba en estado de emergencia; las fronteras estaban cerradas; estábamos aislados del resto del mundo. Luego se dieron ordenes de que ciertas personas se presentaran ante las autoridades; largas listas de nombres de ministros del gobierno; listas de doctores, abogados, conferenciantes universitarios, periodistas, etc. Como el gran señor del "mikado", la Junta tenía una "listita" de aquellos que consideraban sus enemigos.

El día pasó. Acerqué mi cama a la ventana para poder ver la calle porque me cansé de estar mirando interminablemente por la ventana. Luego que los trabajadores se dirigieron a sus hogares la calle se llenó de tráfico militar: camiones llenos de soldados, tanques y autos veloces y menos de militares de alto rango. No sabíamos nada, sino sólo lo que podíamos ver y oír: el humor de la moneda, el sonido constante de las ametralladoras, la movilización de tropas, y la monótona voz del locutor en la radio, que sólo daba ordenes no noticias.

Así que esto es un golpe militar: en menos de un día, la visión del nuevo Chile fue destruida junto con el hombre que había creído que el podía conseguir una redistribución de la riqueza en su país sin derramamiento de sangre. Allende no había tenido la violenta forma de Fidel Castro, o del Ché Guevara. El había creído que podían llevar adelante una revolución sin sangre, pero no había tomado en cuenta la inversión de la CIA de 8 millones de dólares para ser caer el gobierno, ni el triunfo del fascismo latente en ciertos sectores de la clase media chilena. El había creído con Pablo Neruda que "todos cabemos en esta tierra mía".


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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