audacity to believe
Audacia para creer

Capítulo 48

EL FRIO AL LADO AFUERA DE SU CASA


"Este que habla
no nació dentro de tu rebaño,
pero mantenido por tu gracia
firmemente sujeto,
jamás apartará de tí su rostro.

Escucha la voz de aquellos
que con toda honestidad
se sienten dispuestos a escoger
el frío al lado afuera de tu casa.

Sin embargo,
todavía creen en tí,
aunque ni siquiera lo saben,
porque żno eres tú la verdad?
y esta gente no sólo la habla
sino que (en tu propia frase)
la lleva a cabo.

Eres la ballena
y los ojos puros que retienen la niñez
siguen mirando maravillados
la hermosura de tu tierra»

Eres la bondad
y te encuentro
en gente que te niega.
No es tu cuerpo,
pero en ellos es tu mente la que habla.

(Helder Cámara -"El desierto es fértil ")

A medida que pasaban las semanas me integré cada vez más a la comunidad de, la prisión, e hice muchas amigas entre mis compañeras de prisión. Mientras cosíamos en el patio de fuera, o caminábamos por el sendero de ejercicios, de a dos o de a tres, conversábamos.

Para todas nosotras, éste era un tiempo de comunicación directa, casi desnuda. La gente despojada de todo lo que tiene, privada de su libertad y amenazada de muerte, no gasta su tiempo en hablar tonterías. La preocupación de todas era la opresión que reinaba en Chile. Aunque ultrajadas por sus propias torturas, estaban mucho más preocupadas por la seguridad de aquéllos que todavía estaban en manos de la DINA, y por el sufrimiento de sus familias y la gente de Chile como un todo.

Tenían buenas razones para estar preocupadas, porque había muy pocas que no tenían un marido, un novio o un hermano que no hubiera desaparecido desde la detención. Muchas de ellas habían estado en la Villa Grimaldi u otros centros de tortura con prisioneros hombres y mujeres, que habían sido llevados y no se les había vuelto a ver más. Arriesgando represalias de la DINA, algunas muchachas habían dado evidencia en el Tribunal de haber estado detenidas con prisioneras cuyas desapariciones estaban ahora siendo investigadas.

Había mucha conversación también, de naturaleza filosófica, porque la confrontación con la muerte inevitablemente tiene un enorme impacto, y fuerza a la gente a examinar en qué creen. Que yo era una católica romana de verdad, era un hecho universalmente conocido, y había muchas de mis compañeras que estaban interesadas en discutir sobre religión. La profundidad y rango de estas conversaciones era considerable, porque las creencias de estas muchachas iban desde el ateísmo, pasando a través del agnosticismo y la fe tibia, hasta un profundo compromiso con el mensaje cristiano.

Ni una sola vez alguien atacó mis creencias, ni tampoco yo busqué convertir a nadie, sino que tratamos de comprendernos mutuamente un poco mejor. Yo traté, en particular, de comprender por qué el cristianismo y la lucha por la justicia social parecían incompatibles a los marxistas, porque como yo comprendía el mensaje de Cristo en el sentido de la liberación de los oprimidos y el establecimiento de una sociedad justa, así también lo comprendían estas mujeres, y por ello estaban luchando.

Nunca estudié las enseñanzas marxistas, ni ninguna otra teoría política, y no lo busqué entonces. Yo sólo quería comprender porqué la gente que yo amaba y respetaba odiaba a la Iglesia, que significaba tanto para mí. La contestación nunca fue completamente clara, pero lo que emergió fue qué este odio tenía una base histórica más que actual. Todos los abusos practicados por la Iglesia a través de los siglos, el abuso de poder y privilegios, y la acumulación de riquezas, de todo lo cual yo había oído sólo en forma vaga, pero ignorado convenientemente, fue colocado ante mí.

En el contexto latinoamericano, el odio de los revolucionarios hacia la Iglesia, parte del hecho que, desde la llegada de los conquistadores, la Iglesia apareció siempre aliada a la élite gobernante. En el campo, en particular, el sacerdote era pagado por el dueño de la tierra, y parece que allí la religión era realmente el opio de la gente, porque se les decía que aceptaran pacientemente sus condiciones de vida y trabajaran, porque ésta era la voluntad de Dios para con ellos.

La exasperación e ira de dos chilenos de origen campesino explotó en canciones:

Violeta Parra, tal vez la más conocida compositora folklórica e intérprete de sus canciones, y que puede ser considerada como la abanderada de los cantantes de protesta chilenos, cantó:

"Por qué los pobres no tienen
en este mundo esperanza?
Se amparan en la otra vida
Como una justa balanza
Pobre.. las procesiones»
Las velas y las alabanzas

De tiempos inmemoriales
se ha inventado el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos
Y el pobre que es inocente
Con su inocencia creyendo

Y para seguir la mentira
Lo llama su confesor
Le dice que Dios no quiere
Ninguna revolución
Ni pliegos ni sindicatos
Que ofenden su corazón"

(Violeta Parra "Porqué los pobres no tienen")

Una generación más tarde, en 1966, Víctor Jara escribió:

"Al pobre siempre lo asustan
para que trague todos sus dolores,
para que su miseria la cubra de imágenes
la luna siempre es muy linda
y el sol muere cada tarde.

Por eso quiero gritar no creo en nada
sino en el calor de tu mano en mi mano.

Por eso quiero, gritar
no creo en nada
Sino en el amor de todos los seres humanos".

(Víctor Jara - "La luna siempre es muy linda")

Escuchando la descripción de la antigua Iglesia en Latinoamérica, no es difícil comprender porqué la gente joven en busca de justicia y libertad se aparte de ella, en la esperanza de encontrar otra luz más brillante que seguir; no es de extrañar entonces, que ellos gritaran:

"No creo en nada, sino en el amor de los seres humanos"

Siendo una cristiana comprometida sólo en los últimos dos años, esa iglesia era una extraña para mí. La iglesia que yo conocía y amaba trabajaba y luchaba por los pobres, por los no privilegiados. Creyendo apasionadamente en la intrínseca dignidad de la persona humana y sus inalienables derechos, la iglesia que yo conocía, lejos de decir que Dios no creía en los sindicatos, se había aliado para, ser la voz de los que no tenían voz.

Los obispos de Latinoamérica habían declarado en Medellín que ellos estaban comprometidos:

- A inspirar, estimular y presionar por un nuevo orden de justicia que incorpore a todos los hombres en la toma de decisiones de sus propias comunidades;

- Promover la constitución y la eficacia de la familia, no sólo como una comunidad humana sacramental, sino también como una estructura intermedia en la función del cambio social;

- Hacer dinámica la educación, con el fin de acelerar el entrenamiento de hombres maduros en sus actuales responsabilidades (En 1950, un gran fundo en el norte de Santiago tenía una iglesia para sus trabajadores, pero no tenia escuela)

- Estimular la organización profesional de los trabajadores, que son elementos decisivos en la transformación socio-económica;

- Promover una nueva evangelización y catequesis, extensiva, que alcance a la élite y a las masas, con el fin de obtener una fe lúcida y comprometida;

-Renovar y crear nuevas estructuras en la Iglesia, que institucionalicen el diálogo y la colaboración entre obispos, sacerdotes y laicos;

- Cooperar con otras iglesias cristianas y con todos los hombres de buena voluntad que estén comprometidos en una paz auténtica, arraigada en la justicia y el amor.

El arzobispo Helder Cámara, de Brasil, voz profética de la nueva Iglesia latinoamericana, fue uno de los principales motores en la Conferencia de Medellín. Un hombre que trabaja por la paz con todos los hombres de buena voluntad, ha oído y aceptado las acusaciones contra la Iglesia:

"Nosotros, los cristianos de Latinoamérica, hemos oído, y somos responsables por la situación de injusticia que existe en este continente. Hemos permitido la esclavitud de los indios y africanos; y ahora żestamos tomando realmente una posición suficientemente fuerte contra los dueños de la tierra, los ricos y poderosos en nuestros. propios países? żO estamos cerrando los ojos y ayudando a pacificar sus conciencias, una vez que ellos han camuflado su terrible injusticia, dando donaciones con el fin de construir iglesias (a menudo escandalosamente grandes y ricas, en chocante contraste con la pobreza que las rodea), o contribuyendo a nuestros proyectos sociales? En la práctica, no parece sino que estuviéramos vindicando a Marx, ofreciendo a los parias un cristianismo pasivo, alienado y alienante, con toda justicia llamado un opio para las masas".

(Dom Helder Cámara - De una conferencia dada en París, 25 de Abril de 1968)

Dom Helder sigue, sin embargo, explicando el Cristianismo, aclarando que el cristianismo exige una revolución estructural en Latinoamérica y, en realidad, en todo el mundo, y habla del cambio de actitud entre los cristianos expresado en la Conferencia do Medellín. Como él vive en uno de los países más oprimidos de Latinoamérica, Dom Helder sabe bien cómo es el espíritu y el idealismo del revolucionario. En "Espiral de Violencia", él habla de tres formas de violencia,, que resultan la una de la otra. Básico para esta teoría es la comprensión de los conceptos de paz y videncia. La paz no existe sólo porque haya ausencia de lucha, "una paz basada en la injusticia". "LA PAZ DE UN PANTANO, con sustancias pútridas fermentando en sus profundidades no puede ser llamada paz. "El egoísmo de algunos grupos privilegiados conduce a incontables seres humanos a una condición sub-humana, donde sufren restricciones, humillaciones, injusticias: sin perspectivas, sin esperanza, su condición es la de esclavos. Esta es violencia institucionalizada".

"Esta violencia institucionalizada, situación que ha proliferado en Latinoamérica, atrae la segunda violencia. "la violencia de la revuelta", ya sea de los oprimidos, o de la juventud, firmemente resuelta a dar la batalla por un mundo más justo y humano."

Dom Helder, amigo de todo su pueblo, habla por los jóvenes revolucionarios; los jóvenes ya no tienen la paciencia de esperar que los privilegiados descarten sus privilegios. Los jóvenes muy a menudo ven que los gobiernos están demasiado atados a las clases privilegiadas. Los jóvenes están perdiendo la confianza en las iglesias, que afirman hermosos principios, grandes textos, notables conclusiones - pero sin decidirse jamás, por lo menos hasta ahora, a trasladar todo esto a la vida real. Los jóvenes se están volviendo cada vez más hacia la acción radical y la violencia".

He citado extensamente a Helder Cámara no sólo por que explica tan lúcidamente lo que inflama a los jóvenes revolucionarios, sino porque, aunque él los ama y los respeta, no comparte su punto de vista de que le violencia sea el único curso de acción que queda para lograr los cambios tan necesarios en la sociedad latinoamericana. Está convencido de que la lucha armada de los revolucionarios trae consigo la tercera violencia. La violencia de las dictaduras militares represivas, para quiénes la seguridad interna del país es más importante que los derechos de los que viven en él. Los regímenes que mantienen a la gente en condiciones de vida sub humana incuban revolucionarios y ellos, a su vez, atraen la ira de los regímenes que están tratando de derrocar, que responden con una violencia de proporciones aterradoras.

Como Martín Luther King, y el Mahatma Gandhi, Dom Helder es un "peregrino de la paz". En una conferencia sobre la violencia, en París, en 1968, él habló de la dificultad de encarar el clima de violencia que se les presenta a aquellos hombres de la paz que viven dentro de él:

"Es difícil no hablar de violencia, si es, o para condenarla desde lejos, sin molestarse en examinar sus variados aspectos o buscar sus brutales y lamentables causas, o para agitar las llamas desde una prudente distancia, a la manera de un "Che Guevara de salón".

Lo que es difícil es hablar de la violencia desde el espesor de la lucha, cuando uno adquiere conciencia de que a menudo algunos de los más generosos y bien dotados de los amigos de uno están siendo tentados por la violencia, o ya han sucumbido a ella. Les pido que me escuchen como a uno que vive en un continente cuyo clima es pre-revolucionario, pero que, si bien no tiene derecho a traicionar a las masas latinoamericanas, tampoco tiene el derecho de pecar, o contra la luz, o contra el amor..".

Esta, entonces, es su posición personal:

"Respecto a aquéllos que se sienten obligados en conciencia a optar por la violencia, no la demasiado fácil violencia de guerrillas de salón, sino la de aquellos que han probado su sinceridad con el sacrificio da sus vidas. En mi opinión, la memoria de Camilo Torres y del Che Guevara merecen tanto respeto como la de Martín Luther King. Yo acuso a los reales autores de la violencia: todos aquéllos que, ya desde la derecha como desde la izquierda, debilitan la justicia y previenen la paz. Mi vocación personal es la de un peregrino de la paz, siguiendo el ejemplo de Paulo VI, personalmente, preferirla mil veces que me maten a matar".

(Helder Cámara - París, 25 de Abril de 1968).

Es difícil en verdad hablar de lo positivo y lo negativo de la revolución violenta en Latinoamérica. Yo no busqué atender a Nelson Gutiérrez, ni se me ocurrió negarme a tratarle cuando me lo pidieron. No busqué la compañía de revolucionarios marxistas durante mis cuatro años en Chile ni, cuando fui puesta dentro de ellos, desdeñé su amistad. Mi compromiso profundo de cristiana y mi percepción incrementada de Cristo en todos los hombres, ha abierto mi corazón de tal manera que ahora puedo decir, simplemente y con total honestidad, que no odio a nadie.

He tratado de relatar honestamente la historia de mi encuentro con un grupo de jóvenes latinoamericanos cuya ideología y acciones les hace ser temidos, si no odiados por una gran cantidad de cristianos que les mal interpretan. Yo no soy marxista, pero estaría cometiendo una tremenda injusticia si, por temor a que crean que lo soy, no contara la verdad, como la comprendí, acerca de la gente con quien estuve en prisión. Les respeto por su integridad, los admiro por su generosa valentía, y les amo, simplemente y sin vergüenza alguna, porque son mis amigos. Comparto su anhelo por la restauración de la democracia en Chile y, aunque siento como un profundo deber hacer todo lo que esté en mi poder para terminar la violación de los derechos humanos, no me siento llamada a juntarme en sus luchas políticas y revolucionarias.

Como Helder Cámara y Martín Luther King, tengo la audacia de creer que :

"...algún día la humanidad se inclinará ante los altares de Dios y será coronada triunfante sobre la guerra y los derramamientos de sangre y la buena voluntad no-violenta y redentora proclamará su autoridad de la tierra. Y el león y el cordero andarán juntos y todos los hombres se sentarán bajo su propia viña e higuera y nadie tendrá miedo. Todavía pienso que venceremos".

(Martín Luther King 'Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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