audacity to believe
Audacia para creer

Capítulo 36

AHORA QUE SE HA HECHO LA OSCURIDAD


("...Esa noche, ese año que se hizo la oscuridad
yo miserable yacía luchando con (mi Dios) mi Dios".)

Gerard Manley Hopkins. Carrion Comfort

Después que apagaron la radio portátil y la conversación de los guardias, en la pieza contigua, se extinguió, yo todavía permanecía despierta, inquieta y pensativa: "Ser tratada de acuerdo a la ley chilena". ¿Qué significaba esto? De qué tamaño les pare cía mi crimen ante sus ojos. Nunca se me había ocurrido pensar que yo podía ser culpable de un crimen, pero lo cierto era que yo había asistido a uno de los hombres más buscados en Chile y que deliberadamente me había abstenido de notificar acerca de su paradero. Yo todo lo había visto solamente como una infracción a los reglamentos y que podía resultar, exclusivamente, con mi expulsión del país, pero sucedía que ahora yo estaba siendo tratada como una criminal.

Sola, sin poder conciliar el sueño en la oscura celda, mi imaginación corría alborotada. Ellos seguramente me encontrarían culpable porque yo nunca negué que había tratado a Gutiérrez. ¿Cuál sería la condena? Probablemente iría a prisión. Mi memoria me recordó haber leído algo acerca de un profesor de inglés en Berlín Oriental que había sido sentenciado a prisión por haber ayudado a escapar a la gente. ¿Podría, realmente, llegar a ser un hecho el que yo fuera a perder los cinco o diez años siguientes de mi vida en una cárcel chilena?

Repentinamente, como un viento frío, un pensamiento me vino: tal vez podrían sentenciarme a muerte, tal vez el ayudar a revolucionarios conducía a la pena de muerte o tal vez me encontrarían culpable por la muerte de Enriqueta. Parecía absurdo e increíble, pero, ¿no estaba toda esta situación más allá de lo razonable y más allá de lo creíble?

Si ellos pudieran arrestarme a punta de cañón en presencia del padre Halliden, conducirme con la vista vendada a un lugar secreto y torturarme por doce horas, ¿acaso ellos, ahora, no eran capaces de fabricar malamente un caso en contra de mí, de manera que fuera encontrada culpable por una corte de justicia?

Confundida y asustada me dirigí a Dios. Yo había estado tan segura de sus planes. Estaba por regresar a Inglaterra, dispuesta a ser monja, y dedicar toda mi vida a su servicio. ¿Había El cambiado de opinión? O, ¿es que yo no había entendido bien sus señales? Que mi vida era para dedicarla a su servicio no cabía duda alguna, pero de aquí a que ese servicio pudiera ser emprendido de una manera tan diferente a como yo lo había escogido..., ¿había yo interpretado equivocadamente sus designios?

Allí permanecía, luchando con la idea de que había firmado un cheque en blanco y que le había pedido a El que dispusiera de mí según su voluntad y ahora que el crítico momento de su cobro había llegado, yo estaba asustada.

Permanecí toda la noche reflexionando y cuestionándome a mi misma (...)

("Sumérgete
en los designios de Dios.
Sumérgete
profundamente, como tú puedas. '
No temas
por tu fragilidad
o por el peso de las aguas.
No temas
por tu vida, o por tus miembros
que los tiburones atacan con fiereza.
No temas el poder
de las corrientes traicioneras bajo el mar.
Simplemente, no te asustes.
déjate llevar. Serás conducido
como el niño a quien su madre
lo lleva a su pecho
y contra todo lo que venga, será su refugio".)

Helder Cámara
El Desierto es Fértil

Probé rezar:

'¡Dios mío!, ¡auxilíame! ¡Te ruego me saques de aquí! No, esto no lo puedo pedir. Esto no sería aceptar con agrado lo que El me tuviera preparado. Intenté de nuevo...

"Te ruego. Señor. Ayúdame a ser valiente. Estoy muy asustada. Por favor, ayúdame".

Eso ya parecía mejor.

"Señor, no sé lo que quieres de mi. Tengo miedo. No quiero morir. Ayúdame a aceptar lo que Tú me indiques".

Nunca una noche me pareció tan larga. Agotada, luchaba contra la necesidad imperiosa de suplicarle a Dios ser liberada, aunque muy dentro de mí sabía que era mi tiempo de prueba y que estaba en condiciones de aceptar lo que El me enviara o de pedir me dejara libre. Y sabía que al ofrecerme a El tenía ante todo que hacerlo incondicionalmente y dejarlo que libremente dispusiera de mí como lo estimare mejor.

El momento y la invitación de caminar sobre las aguas había llegado y también de demostrar que tenía la fe para confiar en El entera y libremente.

("Abandonarse es dejarse ir sin rumbo.
Sin nada que te detenga, sin nada que te anule.
Abandonarse es recibir todas las cosas de la misma manera
como se recibe un regalo
con manos plenas y corazón abierto.
Abandonarse a Dios es el acto más sublime en la vida de un hombre".)

Anónimo
de Discípulos y otros extranjeros, de E. J.Farrel

Cuando amaneció estaba enferma, exhausta. Aturdida me lavé y bebí mi té, esperé por el ruido de los cerrojos de mi puerta que anunciarían la llegada de mi escolta. No tuve que esperar mucho y, sintiéndome como si ya hubiera sido condenada, caminé al auto, detrás del coronel.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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