audacity to believe
Audacia para creer

Capítulo 25

CONFRONTACION EN MALLOCO


"Cada uno de nosotros pagará cuando se
le pida su parte de sacrificio...,
sabiendo que todos nos vamos acercando,
cada vez más, al hombre nuevo
cuya figura ya empieza a aparecer.

(Ché Guevara).

En la noche del 15 de Octubre de 1975, los principales miembros del partido izquierda revolucionaria fuera de la ley, MIR, fueron sorprendidos por las fuerzas de seguridad en sus cuarteles generales en Malloco, un pequeño y somnoliento pueblo campesino a unos 15 Km. de Santiago. Las fuerzas de seguridad atacaron a las diez de la noche y en el combate que se produjo, y que duró 4 horas, murió un hombre y otro recibió dos heridas de bala en una pierna. Increíblemente, a pesar de la vigilancia de helicópteros con reflectores, dos hombres y dos muchachas escaparan con un bebé. Ellas entregaron el bebé a una vecina comprensiva y, luego de pasar una noche en una zanja, se las arreglaron para eludir a las fuerzas que rodeaban el área y desaparecieron. El combate en Malloco y la muerte de un importante revolucionario llenó los titulares de todo Chile. Los periódicos publicaron fotografías de los fugitivos y se inició una intensa búsqueda.

Es difícil explicar cómo pudo suceder que esto dramático suceso casi escapara a mi atención. Yo no tenía ninguna clase de contacto con ningún revolucionario, y los nombres de Andrés Pascal y Nelson Gutiérrez no significaban nada para mi. Yo compraba periódicos sólo ocasionalmente y, cuando Lo hacía, era raro que leyera algo más que los titulares. De este modo, y en esta ocasión me enteré que había habido otra confrontación entre los militares y algunos miembros de la resistencia. Conociendo la falta de libertad de prensa me pregunté cuánto de esto sería cierto. Echando una mirada a los periódicos en los quioscos observé los rostros de dos hombres y dos muchachas que durante varios días aparecieron en las primeras páginas de, pero ciertamente que no los estudie a fondo.

Temprano en la mañana del martes 21 de octubre me visitó un sacerdote, y quien me preguntó si estaba preparada para atender a un hombre con una de herida de bala en una pierna .

Ya había sucedido. Había llegado el momento que, ni había esperado ni había temido, sabiendo que inevitablemente llegaría. Sin vacilar contesté: "sí", sabiendo perfectamente que ello podría significar el fin de mi carrera en Chile. No pensé en los pro y los contra: un médico enfrentado al caso de un nombre herido no pone en una balanza el valor de ese hombre en oposición al valor de otros posibles pacientes. En un desastre con muchas víctimas, por supuesto que se asignan prioridades pero, cuando el paciente es uno solo, el médico lo atiende. Al reflexionar, pienso que tal vez esta sea más una ética cristiana que una estrictamente médica: el valor de un individuo contra el estado. De todas maneras, no dude ni un segundo. No me correspondía juzgar a ese hombre, sino curarle.

Tal vez sea difícil para cualquiera sin el conocimiento de lo que es la vida en un estado de represión policial darse cuenta de la imposibilidad de pensar siquiera que este hombre se presentara en un hospital en busca de tratamiento. Las posibilidades de escapar al ser detectado eran nulas por que, no sólo su fotografía había sido publicado en cada periódico de Santiago, sino que todos los pacientes de Chile deben presentar su carné de identidad donde constaba su fotografía. En cuanto le hubieran detectado, lo hubiesen trasladado a uno de los hospitales que pertenecen a las fuerzas armadas, donde había sido interrogado, torturados y posiblemente muerto. Muy conocidos por su audacia y valentía, los miembros del MIR eran especialmente odiados por la DINA.

La actitud del gobierno hacia el MIR se revela en un relato de una entrevista entre el presidente Pinochet y los dos fundadores del Comité de la Paz, los obispos Frenz y Ariztía.

El presidente dijo: " ustedes los pastores y sacerdotes tienen que pensar de esa manera. Si yo estuviera en la posición de ustedes, seguramente actuaría como ustedes. Pero, considerando que soy el presidente de Chile, y en ese carácter, debo decirles a ustedes que la seguridad del estado es más importante que los derechos humanos. Los miristas deben ser torturados porque son enfermos y locos. Sin tortura no cantan".
(testimonio del obispo Helmuth Frenz, dado en Helsinki, febrero de 1976)

Mi amigo no me dijo el nombre del herido, pero me indicó que era uno de los recientes fugitivos del incidente de Malloco. Me pidió ir a cierta oficina de la ciudad, donde encontraría a alguien que me conduciría hasta el paciente.

Luego él se marchó. Recogí mi instrumental, lo coloqué en mi cartera y me encaminé hacia esa oficina.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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