audacity to believe
Audacia para creer

Capítulo 19

R E N D I C I O N


"Desnudo espero la sacudida con que Tu amor me alzará
Has arrancado de mí, trozo a trozo mi aparejo
me has conmovido hasta las rodillas;
me tienes sometido, indefenso del todo"

(Francis Thompson - "El Sabueso del Cielo").

En las siguientes semanas fui muy a menudo a hablar con el sacerdote de San Ignacio. Infinitamente paciente, él escuchaba mientras yo repetía que no podría de ninguna manera ser monja y luego, con el aliento siguiente, le decía que estaba segura qué Dios estaba llamándome para que dejara todo lo que tenía. Finalmente, un día me dijo: "No puedo hacer nada más por Ud. hasta que haga un retiro". Me pareció una idea bastante peculiar tomar tiempo de mi trabajo para retirarme y orar y no comprendía adonde podría llevarme, pero tuve suficiente fe en su juicio y accedí a su petición.

Yo había hecho retiros años atrás cuando estaba en el colegio, y una vez siendo ya estudiante de medicina, había pasado el tiempo escuchando charlas del sacerdote que conducía el retiro, orando y, cuando me aburría, leyendo la vida de algún santo interesante. Estos retiros no duraban nunca más de tres días y siempre se hacían con un grupo de veinte o más personas, de modo que siempre había compañía, aunque no hubiera conversación. Fue con cierta vacilación, pues, que consideré la posibilidad de hacer un retiro de ocho días por mi sola, pero se me dijo que debía dejar mi casa y mi trabajo para estar completamente a solas con Dios.

Así, pies, la última semana de Mayo arreglé una bolsa con algunos libros y algo de ropa y me fui en un bus a una casa de retiro en un pueblo a una hora de Santiago. Era invierno y yo tuve para mí toda la gran casa de retiro, excepto por las tres monjas que estaban a cargo. El sacerdote vino todos los días a visitarme. Aunque yo no lo sabía entonces, un retiro dirigido como yo lo estaba haciendo es un privilegio concedido a ciertas personas en un momento crucial de sus vidas, especialmente cuando, implica una toma de decisión importante. Yo encontré todo el asunto medio pavoroso, y me dio una sensación muy inconfortable de la importancia de mi propia alma.

El retiro estuvo "estructurado" de acuerdo con los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. Ignacio era un noble vasco nacido en Loyola a fines del siglo XV. Se hizo soldado y parece que vivió una vida extremadamente alegre, aficionado al vino, las mujeres y al canto, hasta que fue herido en la batalla de Pamplona. Fue llevado a recuperarse al castillo de la familia, donde en el aburrimiento de la convalescencia quedó reducido a leer vidas de santos, porque no tenía otra literatura más entretenida a su alcance. A mí siempre me ha gustado esta parte de la historia: es tan fácil visualizar al joven galante, aburrido e inquieto,.. su pierna sobre un banco, pidiendo algo para leer; su respuesta a sus hermanas o tías que sólo podían proveerle de literatura piadosa debe haber sido algo digno de figurar en la historia. Pero, se nos dice que Ignacio se conmovió tanto con lo que leía que su mundo se dió vuelta y cuando su pierna mejoró se embarcó en una vida de servicio a Dios con todo el entusiasmo y vigor que había usado antes en divertirse.

El Ignacio que se me describió era un hombre muy práctico, un soldado y un hombre de mundo quo había sido derribado por su encuentro con Cristo y que, consumido de amor por su nuevo rey, dedicó su vida entera a tratar de inflamar a aquéllos que encontraba, con el mismo amor. Ignacio pasó mucho de su tiempo en París y trataba de persuadir a los que se interesaban en el servicio de Dios de pasar unos pocos días solos, en plegaria y reflexión. El les visitaba cada día en sus casas o en la pieza donde se habían refugiado para estar solos, y les llevaba un libro de ejercicios de sus notas, guiándoles a través de los días de su retiro. Este libro de ejercicios, manchado y con muchas correcciones pero todavía con los errores de ortografía del escritor, se hizo conocido como los Ejercicios de San Ignacio y ellos todavía, después de cuatrocientos años, siguen siendo usados cuando los hombres se apartan para estar con su Dios.

La premisa fundamental de Ignacio es que "el hombre ha sido creado para alabar, reverenciar y servir a nuestro Señor Dios, y así salvar su alma y todas las demás cosas sobre la tierra han sido creadas para ayudar al hombre a llegar el fin para el que fue creado.

Por supuesto, no hay nada nuevo en esta observación. ¿No había sabido yo desde pequeña en el colegio la verdad de que "¿De qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si al fin pierde su alma?" Es difícil saber por qué una presentación de una vieja verdad nos llega tan profundamente un día en particular, pero así es. Fue como si me hubiera puesto un nuevo par de anteojos y las cosas que se veían borrosas o distorsionadas, ahora caían en la perspectiva real. Todo era tan obvio. Los valores que se habían agrandado hasta más de lo natural, ahora eran puestos en linea como niños traviesos. Allí estaban, la salud, el éxito, la fama, los logros, la faz de la tierra, para ser usados o descartados en la medida en que ayudaban o impedían la persecución de la voluntad de Dios.

El día pasaba principalmente en oración y no hablaba con nadie, excepto mi guía, quien venía por las tardes para ver como progresaba. Gran parte del tiempo lo pasaba en el jardín, orando sobre un montón de hojas secas. Hacían un diván muelle, suave y seco, y las hojas que había en el suelo, a mi alrededor hacían un gran ruido si alguien se acercaba, y así yo no tenía cerca sorprendida en esta posición tampoco digna. Comía en silencio, y mi vida en mi hogar y en el hospital parecía algo que estuviera a miles de millas de distancia; mientras yo me enfrentaba conmigo misma y con mi creador en la quietud del jardín de la casa de retiro. Nadie con quien hablar y sin novelas que leer, no había escapatoria, y entonces dejé de correr y traté de escuchar lo que Dios tenía que decirme.

Luego de cinco días de oración y reflexión se me pidió oler y meditar sobre un pasaje del tercer capítulo del libro de Samuel. Leí que el señor llamó a Samuel tres veces y que el muchacho no comprendía quien lo estaban llamando, hasta que su maestro le indicó que se tendiera y esperara, y si el señor lo llamaba, el contestase: " hablaba, señor, tu siervo escucha". Así fue como, en una mañana de invierno en 1975 yo, recostada sobre una pila de hojas secas, y se mías las palabras de Samuel. Como en los días de mi niñez, veinte años antes, no oí voces ni tuve visiones pero, gradualmente se me hizo claro que Dios me estaba hablando. Supe, más allá de toda duda razonable, que me estaba pidiendo seguirlo y, para bien o para mal, para ser más rica o para ser más pobre, en salud o en enfermedad, por el resto de vida.

¿ Cómo puede uno transmitir la agonía y el éxtasis de ser llamado por Dios?. En un momento uno está transportada de gozo por la inmensidad del honor, el hecho increíble de haber sido escogida y, en el mismo aliento, uno grita: " no! no! no! por favor, yo no, no lo resisto!. Esos que segundos atrás era un privilegio, y se convierte en una exigencia terriblemente injusta. ¿ Porqué tendría que ser yo quien se le pidiera renuncia al matrimonio y a una carrera? ¿Porqué yo? ¿ Porqué no pudo yo acostarme con el hombre que amó y tener sus hijos?. Tengo sólo una vida; como pueden pedirme que renuncie a vivirla como quiero, como si no me significará nada?.

" Ah! es Tu amor en verdad
una maleza, si bien una maleza encarnada
que no permite otras flores excepto las suyas propias.
Ah debo...
diseñador infinito!
Ah ¡ ¿Tienes que carbonizar el leño para dibujar en él?"

(Francis Thompson. "El Sabueso del Cielo")

Mientras yacía allí, llorando a mares, mis oídos y mi pelo llenos de hojas y de otoño, supe que ése era el fin de la caza. Yo había elegido venir a este lugar y había invitado a Dios para que me hablara. Por supuesto que yo era completamente libre de contestar: "No, no quiero". Pero ésta sería una negativa clara y deliberada. Pensé en ello y supe que no quería decir "No" y que, independiente de cuanto me doliera sólo podía, humildemente, aceptar. Así, como cientos de hombres y mujeres han hecho antes que yo, pronuncié mi "Fiat".


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
Capitulo Anterior Proximo Capitulo