El Movimiento Obrero en Chile

Capítulo IV

LA ETAPA DEL FRENTE POPULAR (1932 -1945)

LA DEPRESIÓN ECONÓMICA Y LOS NUEVOS PROBLEMAS NACIONALES

Chile era en la década del treinta un país con 4.300.000 habitantes, de los cuales un 28% vivía en las ciudades y demás centros urbanos. En este período la sociedad chilena va a sufrir los efectos de la más profunda y trascendental depresión económica que jamás ha asolado al mundo. Sin ahondar en este acontecimiento universal de múltiples y complejas consecuencias, se debe anotar que sus síntomas se hicieron presentes en las postrimerías del gobierno castrense contribuyendo en forma especial a crear las condiciones de su derrocamiento.

La crisis cíclica afecta duramente a la economía del país, tan dependiente del mercado internacional, terminando con la era del salitre e incorporando en forma paulatina la etapa del cobre. El descenso de la producción salitrera y cuprera es vertical, arrastrando consigo a todas las demás actividades económicas nacionales; se produce un colapso de la balanza de pagos internacional y de los recursos del presupuesto fiscal; se genera un desempleo hasta entonces desconocido en los anales del trabajo del país. Las exportaciones disminuyen en más de un 85%, lo que trae aparejada una baja de las importaciones, aunque en un porcentaje algo menor, por ser algunas de éstas esenciales para la economía del país. Esto último significa que se produce, además, un drenaje de las reservas metálicas del Banco Central. A la contracción de las demás actividades del país se une la paralización de las obras públicas, lo que acarrea una cesantía general que en 1931 se estima, según datos oficiales, en unas 130.000 personas entre empleados y obreros. La mantención rígida del patrón oro genera, entre otros efectos, una aguda deflación, con su secuela de quiebras e insolvencia de numerosas empresas, lo que, al agudizarse la escasez de circulante, contribuye a acrecentar el desempleo.

La crisis pone término en forma definitiva a la política de liberalismo económico que había imperado hasta entonces en la sociedad nacional. Por otra parte, deja al descubierto la gran vulnerabilidad de la economía y del país en general, su grado ex tremo de dependencia del mercado internacional y de los centros foráneos del alto capitalismo financiero; en otras palabras, el imperialismo aparece nítidamente como un factor determinante de la suerte de los millones de habitantes de este país.

El gobierno toma diversas medidas que configuran una política económica empírica que perdurará en los próximos años. Suspende la convertibilidad del billete, quebrando definitivamente el patrón oro, cuando la deflación conducía al país al caos económico. Se suspende además el pago de la deuda externa, y se establece el control de cambios, es decir, de las importaciones y las remesas, medida que permite al gobierno fijar prioridades para la importación de bienes, iniciar un control en la minería del cobre y estimular la industrialización.

La economía mundial empieza a recuperarse hacia 1933, con el estímulo de los preparativos de la próxima guerra mundial, y, posteriormente, por el desarrollo mismo de esta espantosa hecatombe que ensangrentara a la humanidad durante cinco años. En el campo interno, el Banco Central promueve sucesivas emisiones de papel moneda, política aplicada conscientemente por parte del gobierno, inclusive durante toda la gestión del Frente Popular. Estas medidas generan una inflación que contribuye por un lado a estimular las actividades económicas nacionales, aunque provoca por otra el alza de los precios de las subsistencias, especialmente durante el período del gobierno de Alessandri.

La depresión demuestra la fragilidad de la economía nacional, pero crea, por otra parte, las condiciones para elaborar las posibles soluciones que permitan al país salir de su estado de dependencia. Hasta entonces la minería de exportación había sido el sector dinámico de la vida económica del país. Dos sectores estaban llamados a reemplazarla: la agricultura y la industria. La primera actividad se muestra incapaz de superar su lento desarrollo debido a causas estructurales y sociales como la gran propiedad agrícola, el cultivo extensivo, propietarios absentistas y una masa campesina marginada de la economía y de la cultura. El movimiento obrero muestra tener conciencia de esta situación al empezar a plantear, por primera vez, el problema de la Reforma Agraria como medio para afrontar el cambio social.

La otra actividad es la industria manufacturera y fabril. Todas las medidas de política económica tomadas para afrontar la crisis conducen a estimular la industrialización nacional, la que va a tener su expresión política en el Frente Popular. Este va a llevar a cabo una actividad consciente en esta materia convirtiendo al gobierno en su principal promotor.

El Estado se constituye en el principal actor en la vida económica del país. Se han detallado, en párrafos anteriores, algunas de las medidas gubernamentales para afrontar la crisis cíclica. En otros aspectos como el salitre, el gobierno disuelve la Compañía de Salitre de Chile y en 1934 constituye la Corporación de Ventas de Salitre y Yodo, que se encarga de la comercialización del nitrato con la obligación de entregar un porcentaje de las utilidades al Estado para que lo destine al pago de la deuda externa. Con este propósito se crea la Caja de Amortización para hacerse cargo de este importante rubro, que empieza a convertirse en uno de los trascendentales problemas del país. Sin embargo, el salitre no vuelve jamás a ocupar su rol de primera magnitud en la economía del país y es desplazado por el cobre, totalmente producido por empresas extranjeras. El gobierno empieza a intervenir en las empresas del cobre al fijarles un tipo estable de cambio para sus retornos, pagos en moneda nacional y adquisiciones de bienes en el país. En 1942 se dictan nuevas leyes que crean nuevos gravámenes a esta actividad minera. Durante el período de la guerra se mantiene una producción sostenida del mineral, que se vende a precios estabilizados, pero inferiores al mercado, a una agencia del gobierno estadounidense, lo que significa un menor ingreso de unos 500 millones de dólares, suma que constituye, en rigor, la contribución de Chile a la causa de las potencias aliadas. En los primeros años déla crisis, el gobierno estimula la explotación de lavaderos de oro como medio de procurarse ese valioso metal y paliar el tremendo desempleo.

En la actividad agraria el gobierno trata de estimular las relaciones capitalistas de producción. El Frente Popular da un auge importante a la agricultura, traducido particularmente en la incorporación de más de treinta mil hectáreas al área regada y el mejoramiento de riego de otras ciento veinticinco mil hectáreas. Se estimula la mecanización con la traída de más de doce mil tractores y otras máquinas agrícolas, operación financiada con préstamos extranjeros, mediante los cuales se atiende también la preparación de tractoristas. Se crea el Servicio de Equipos Agrícolas Mecanizados, que realiza la casi totalidad de los destronques y otros aspectos de preparación de los terrenos inexplotados. Se importa ganado fino, se inicia la construcción de una red de mataderos frigoríficos, se crea la empresa productora de fertilizantes y se echan las bases de la Industria Azucarera Nacional. Todas estas medidas se complementan con un aporte estatal en materia de créditos que ha alcanzado -según los expertos- a más de un tercio de la capacidad crediticia nacional, pese a que la agricultura representa cerca de un sexto del ingreso nacional. En 1942 se formula un "plan agrario" como un intento de racionalizar las actividades del Estado en esta materia. Referente a los problemas de la propiedad y tenencia de la tierra, el gobierno mantiene una política de saneamiento de títulos, especialmente en la zona sur del país, y de colonización de tierras fiscales o de particulares expropiadas según las normas legales de la Caja de Colonización.

La industrialización del país recibe un estímulo considerable debido a las diversas medidas que el Estado adopta para afrontar la crisis, y que ya se han enunciado en párrafos anteriores. Un impulso lo darán las empresas privadas manufactureras y fabriles de la Nación y el otro lo va a iniciar la actuación empresarial del propio gobierno, todo lo cual contribuye a generar un crecimiento de más del 11% de la producción industrial como promedio anual durante los años 1941 a 1946. El gobierno frentepopulista crea en 1939 la Corporación de Fomento a la Producción, que se transforma en la institución destinada a orientar la industrialización del país creando las bases del proceso, vale decir el acero, la energía eléctrica, el petróleo. Las realizaciones de esta política estatal están a la vista. La Empresa Nacional de Electricidad ha ampliado en forma considerable la producción de energía eléctrica' la Compañía de Acero del Pacífico empieza a producir a partir de 1950; la Empresa Nacional de Petróleo abre su primer pozo en 1945, en 1952, la Empresa Nacional de Minería inaugura la fundición de Paipote y por ese tiempo empieza a producir la Industria Azucarera Nacional. Sería largo enumerar diversos otros aspectos de creaciones de industrias, créditos, asesoría técnica, etc., con que la CORFO ha estimulado el progreso de este sector económico, inaugurando una política que se ha mantenido hasta ahora en lo sustantivo y donde el Estado juega el papel más importante.

Todo este progreso industrial y económico se realiza pese a que, en los comienzos de 1939, un terremoto asola varias provincias de la zona central y de la Frontera, problema que fue afrontado mediante la constitución de la Corporación de Reconstrucción y Auxilio.

Las clases sociales empiezan a tener un nuevo reordenamiento a consecuencia de la creciente urbanización y del proceso de industrialización del país. Los grupos terratenientes de la zona central mantienen en general sus posiciones, beneficiados por la política económica de los gobiernos. Nuevos grupos logran expresarse políticamente a través del radicalismo. Un ejemplo ilustrativo es el del Ministro de Agricultura, de filiación radical, del primer gabinete frentepopulista, que es a la vez un conspicuo propietario de la zona sur. De este modo, la clase propietaria agrícola asegura la mantención de sus privilegios, impidiendo, por otra parte, la organización de los trabajadores de sus fundos. La burguesía industrial y comercial alcanza también un auge importante y gran parte de la acción gubernativa tiende a favorecerla en sus intereses. En realidad, la política de industrialización del Frente Popular no tenía por objetivo echar las bases de una economía socialista, sino crear una especie de capitalismo de estado y generar un grupo empresarial privado que dinamizara a la sociedad chilena, al igual que sus congéneres burgueses europeos, creadores de la revolución industrial del siglo pasado. También tienen como portavoz al radicalismo, en cuyas decisiones políticas juegan un papel importante. En otras palabras, nacen grupos empresariales fuertemente vinculados al Estado, que orientan su política general y constituyen un poderoso grupo de presión en el país.

Los trabajadores también tienen un crecimiento cuantitativo, en especial el sector obrero industrial urbano, que empieza a jugar un papel más importante en las luchas sociales. Los empleados, tanto del sector público como privado, son objeto de atención preferente de los gobiernos; una prueba es la promulgación en 1942 del primer estatuto administrativo de los trabaje dores estatales. La dictación en 1937 de varias leyes de protección a los empleados particulares, ubican a este grupo de trabajadores en una situación de relativo privilegio, en relación con los sectores obreros urbanos. El campesinado permanece marginado de las decisiones sociales, pese a los sucesos de Ranquil y a una serie de conflictos suscitados en los comienzos del Frente Popular y que serán acallados por los demás grupos sociales.

La etapa estudiada está jalonada en sus primeros años de grandes tensiones sociales, que irrumpen violentamente en la superficie de la sociedad nacional. Se anotó en su oportunidad que una huelga de profesionales (médicos, abogados, ingenieros, etc.) contribuye a la caída del gobierno y, como consecuencia, este mismo sector de clase media elige al jurista Juan Esteban Montero a la primera magistratura. Durante este período se subleva la escuadra en Coquimbo y Talcahuano, en el mes de septiembre, pero sus tripulaciones son sometidas por las tropas leales al gobierno. A fines de año, en vísperas de Pascua, afiliados fochistas asaltan los cuarteles de Vallenar y Copiapó, de resultas de lo cual son masacrados numerosos obreros, muriendo algunos policías. El gobierno continúa actuando en medio de una creciente tensión social, una oposición política tenaz y tremendos problemas económicos, hasta que un golpe de estado lo derriba el 4 de junio de 1932. La efímera República Socialista, cuyo análisis se hará en un párrafo próximo, representa el punto culminante de la lucha social en estos años.

Las luchas sociales recrudecen en el gobierno de Alessandri. Se exonera a más de cien profesores primarios en 1934. Al año siguiente se produce el levantamiento campesino de Ranquil. En esta zona se venía arrastrando, desde hacía algunos años, el problema de la tenencia de la tierra, que se traducía en el despojo a los pequeños agricultores y su arrinconamiento en los faldeos cordilleranos, manteniéndose una zona de invernada para su ganado. Se perseguía además el propósito de emplear a ese gran número de personas en las faenas de los lavaderos de Oro. Acosada por el hambre y el crudo invierno, una muchedumbre se desplaza en la zona de Lonquimay asaltando algunas pulperías, a lo que el gobierno responde enviando un poderoso contingente policial a cargo de su jefe máximo, que sofoca en forma sangrienta a los campesinos de Ranquil. Decenas de trabajadores mueren y otros tantos son procesados por la justicia y condenados a diferentes penas, las que posteriormente son anuladas por una ley de amnistía.

Otra manifestación social es la huelga nacional ferroviaria, a la que se unen los sindicatos de Santiago en un movimiento de solidaridad en febrero de 1936. Aunque la originan simples peticiones de orden económico, el gobierno procede a exonerar de la empresa ferrocarrilera a decenas de trabajadores, entrega a los militares el control de la situación, decreta el estado de sitio y relega a numerosos dirigentes de la oposición política. El impacto de esta huelga acelera la promulgación de la ley de seguridad interior del Estado, contribuye a la formación del Frente Popular en marzo de ese año y a la unidad sindical a fines de 1936.

El ascenso al poder del Frente Popular trae un cambio cualitativo en las luchas sociales. En primer término, canaliza el proceso de industrialización con activa participación del gobierno, con miras a fortalecer el capitalismo nacional y crear una burguesía que encabezará la revolución industrial en nuestro país. En segundo término, se mantiene la "paz social" durante toda la gestión gubernamental de la coalición citada. El movimiento obrero presta su colaboración para que el gobierno pueda desarrollar sin tropiezos sociales su política general. Tanto los sindicatos agrupados en la Confederación de Trabajadores de Chile como los partidos populares, apoyan al gobierno sea participando en él, como es el caso del Partido Socialista, o desde afuera, como el Partido Comunista. Los problemas obreros son encauzados dentro de los marcos legales del Código del Trabajo, registrándose escasos conflictos sociales en este período. El campesinado empieza a despertar en consonancia con estos cambios políticos, anotándose unos sesenta conflictos en distintos fundos del país. Sin embargo, estos comienzos de la presencia del trabajador del campo son sofocados por el propio gobierno, el que prohíbe a los funcionarios del Ministerio del Trabajo colaborar en la formación de organizaciones campesinas, política que cuenta con la aquiescencia tácita de las fuerzas del movimiento obrero, fundada probablemente en la precariedad de la base política del Frente Popular. Esta paz social permite al gobierno afrontar la catástrofe del terremoto, los problemas de la guerra y la industrialización acelerada del país. Por otra parte, provoca la división del movimiento obrero, la descomposición moral del socialismo y el auge relativo del comunismo.

La reconstrucción del orden político es compleja y conflictiva. Desde luego, los problemas que plantea la crisis, así como las formas de encararla, traen una reorganización total de las fuerzas políticas del país. Se puede decir, sin exagerar, que a partir de 1931 se crean o renuevan los partidos políticos de Chile. Se reunifican las distintas fracciones liberales para constituir el partido de esa denominación, portavoz de intereses capitalistas nacionales. Un sector más militante de esta tendencia derechista da origen al Movimiento Nacional Socialista, que se inspira en su homónimo alemán y desencadena la lucha callejera contra el movimiento obrero. El Partido Conservador, de raigambre católica, reagrupa sus fuerzas, apoyándose principalmente en los terratenientes de la zona central; la juventud del Partido, inspirada en los principios demócratacristianos. se separa de éste y da origen a la Falange Nacional, que va a colaborar con el Frente Popular. El Partido Radical sigue siendo el eje de la vida política del país, pese a las distintas fracciones que se disputan el control de sus directivas internas. Su contribución es decisiva para elegir a todos los gobernantes de la época, excepto en la República Socialista, y es el núcleo central de la coalición triunfante en 1938. La pugna entre el ala derechista del partido, exponente de sus sectores capitalistas y agrarios, y la masa asalariada de clase media motivada por un verbalismo de izquierda, que mantiene durante este tiempo y va a crearle problemas serios a la gestión gubernamental de los Presidentes de esa filiación. Finalmente, las secciones políticas del movimiento obrero se manifiestan en la reorganización del Partido Comunista y en la fundación del Partido Socialista, acerca de lo cual se dan más da tos en un acápite próximo.

Esta reorganización política se desenvuelve en la etapa que se está reseñando, contribuyendo a replantear los problemas nacionales con nuevos criterios, o simplemente con una política empírica, como es el caso de los partidos derechistas.

La reconstrucción institucional es ardua, como se desprende de los acontecimientos económicos y sociales que se han descrito en páginas anteriores. El gobierno "civilista" de Juan E. Montero hace frente a serios problemas económicos y también a otros de carácter social como la sublevación de la escuadra, la asonada de Copiapó y Vallenar, conspiraciones, etc., hasta que finalmente, al instaurarse la República Socialista, sucumbe.

La República Socialista

El 4 de junio de 1932 sobrevolaron Santiago varios aeroplanos de la FACH anunciando el estallido de la "revolución social". La proclama difundida expresa los motivos del movimiento insurreccional en los siguientes términos: "Hemos soportado pacientemente que una clase directiva corrompida por las más bastardas ambiciones y por la más insaciable sed de lucro y poderío, se enseñoreara en La Moneda y derrochara a su antojo los caudales nacionales; que conculcara las libertades públicas y persiguiera como elementos indeseables a todos los que tenían la altivez de levantarse a protestar contra tanta ignominia y que fraguara simulados complots subversivos para tener pretexto de ametrallar al pueblo, como ocurrió últimamente en Vallenar y Copiapó; que endeudara al país en forma increíble, sólo para disponer de recursos con los cuales poder mantener sus privilegios y seguir su vida de molicie, que se coludiera con el capitalismo internacional no ya tan sólo para entregarle nuestras riquezas naturales sino también la explotación de todos nuestros más grandes negocios, para hacernos perder casi completamente nuestra independencia económica y nuestra propia soberanía de nación; y que nos aniquilara y nos precipitara a la miseria y al hambre agobiados de impuestos, en medio de una cesantía jamás vista."

Una junta de gobierno integrada por Eugenio Matte Hurtado [2] , Carlos Dávila y el general Puga, se hace cargo de los asuntos gubernamentales, apoyada por el director de la Escuela de Aviación, Marmaduque Grove, y otros jefes militares, y rodeada del fervor popular santiaguino.

Diez días dura esta República, pero en este breve tiempo se toman una serie de iniciativas, algunas de las cuales perduran, quedando otras sólo como manifestaciones de buena voluntad. Entre las medidas políticas está la disolución del Congreso Termal que, designado en 1930, había sobrevivido al gobierno que sustentaba. Otorga amnistía a todos los procesados políticos sean civiles o militares, abarcando este beneficio a los amotinados de la escuadra, los participantes en los sucesos de Vallenar y Copiapó, etc. En el terreno económico transforma el Banco Central en Banco del Estado para regular el crédito, requisa el oro existente en casas de cambio y joyerías. En el campo educacional anula las medidas disciplinarias del Consejo Universitario contra varios estudiantes, y promulga un nuevo estatuto orgánico, que contempla el co-gobierno con la participación de profesores, estudiantes y egresados. Una iniciativa nacionalista es la promulgación de un decreto que deja en manos del presidente de la República la facultad de estudiar, conceder y caducar las pertenencias mineras, medida que de aplicarse, habría afectado a las compañías extranjeras. Finalmente se toman resoluciones que afectan a los problemas cotidianos de los trabajadores, como la devolución de las prendas depositadas en la Caja de Crédito Popular, la suspensión de los lanzamientos de aquellas habitaciones que cobran arriendos inferiores a $ 200, y la orden al Banco del Estado de conceder préstamos a los pequeños empresarios.

Los mítines se suceden diariamente en Santiago en medio , de las arengas de los dirigentes revolucionarios. Los partidarios del régimen forman la Alianza Socialista Revolucionaria de Trabajadores, que trata de encauzar el movimiento popular. Los comunistas organizan un Comité Obrero Revolucionario de Obreros. Campesinos, Soldados y Marineros con sede en la Universidad de Chile que posteriormente el gobierno traslada a otro lugar. La efervescencia llega a un punto tal que los diarios El Mercurio de Santiago y La Unión de Valparaíso anuncian la "socialización de las empresas", creando comités obreros para su administración. Todo esto produce la alarma consiguiente entre los sectores oligárquicos, los que incluso insinúan la intervención norteamericana en los asuntos del país, el embajador de Estados Unidos expresa su "preocupación" por la suerte de los depósitos de oro facilitados por bancos norteamericanos para formar la reserva del Banco Central y por otras medidas como la revisión de las concesiones mineras.

Todos estos hechos, unidos a las disensiones internas de Ia junta de gobierno, generan un nuevo pronunciamiento militar, como consecuencia de lo cual se apresa y relega a los genuinos líderes socialistas como Matte, Grove, González Rojas, y otros, e instaura los llamados "cien días" de Carlos Dávila.

La caída del gobierno provoca una huelga general de dos días -16 y 17 de junio- de los ferroviarios y sindicatos de la capital, movimiento que el gobierno reprime en forma drástica-

La experiencia de la República Socialista demuestra le posibilidad de que los trabajadores asuman el poder político en Chile, rompiendo, desde luego, el monopolio de la oligarquía y de sectores de clase media. Esto explica las críticas que los historiadores reaccionarios han dedicado en diferentes publicaciones a este acontecimiento.

En este período se crean las condiciones políticas que van a conducir a la formación en el año siguiente, del Partido Socialista, el que agrupa a los distintos núcleos que actuaron en la República estudiada. Se estimula el movimiento sindical, se fortalecen las distintas federaciones de sindicatos legales, las que van a organizar en 1933, la Confederación Nacional Sindical. Se consagra un líder en la persona de Marmaduque Grove, que obtiene una gran votación en las elecciones presidenciales en 1933. En cuanto a la gestión gubernamental de la República Socialista, diversas medidas, especialmente las políticas, lograron mantenerse vigentes, lo que prueba que respondían en forma adecuada a los problemas de ese tiempo. La República insinúa los grandes problemas del país, especialmente cuando enarbola la consigna de "independencia económica"; señala, además, la cuestión del imperialismo, y muchas de las medidas que se aprobaron o insinuaron en el programa de gobierno, van a constituir las "ideas de fuerza" del futuro. Por último, sus lemas "alimentar al pueblo, domiciliar al pueblo, vestir al pueblo y darle cultura", se transforman en el slogan "pan, techo y abrigo", levantado por la coalición del Frente Popular.

El gobierno que sucede a la junta de Dávila lo encabeza Arturo Alessandri, que en sus primeros años cuenta con el apoyo de los partidos tradicionales del país. Mantiene un gobierno autoritario, y mediante el empleo irrestricto de los mecanismos legales conculca las libertades públicas y persigue a los dirigentes ̊* la oposición. Incluso se crea un cuerpo paramilitar destinado a apoyar al gobierno: la milicia republicana, y se promulga en 1936 la ley de Seguridad Interior del Estado, cuerpo legal que cubre una gran gama de delitos políticos por primera vez en el País. Se han citado ya los acontecimientos sociales más significativos, como Ranquil, la huelga ferroviaria, las exoneraciones de profesores, etc., todo lo cual culmina con la masacre de varias decenas de nacístas en el edificio del Seguro Obrero, en septiembre de 1938.

Las actuaciones de este gobierno crean las condiciones políticas nacionales para un reagrupamiento de las fuerzas políticas de oposición, así como la unificación del movimiento sindical. También influye en estos acontecimientos el cambio de táctica del Partido Comunista y la final aquiescencia del Partido Socialista a integrar lo que se denominará el Frente Popular. Al mes de la huelga ferroviaria y de los sindicatos santiaguinos, se forma esta coalición, teniendo como eje al Partido Radical y apoyada por los partidos populares.

El Frente Popular gana por una mayoría de escasos cinco mil votos la Presidencia, el 25 de octubre de 1938. Se ha hecho referencia en otros acápites a su política económica y se ha esbozado también el clima de "paz social" que se mantuvo durante toda su gestión. Se debe agregar que el ejercicio de las libertades públicas fue plena, pese a las dificultades que experimentara el gobierno y al período de la guerra mundial en el que le cupo actuar. El Frente Popular elige a dos Presidentes de filiación radical: Pedro Aguirre Cerda (1938-1941) y Juan Antonio Ríos (1942-1946), ambos fallecidos antes de cumplir sus mandatos. Los ministerios se Integrarán a base de personeros de filiación radical, socialista, demócrata, incluso un falangista en las postrimerías de esta etapa.

El Frente se rompe formalmente en 1941 por iniciativa socialista, aunque este grupo no pasa a la oposición al gobierno; y se reconstituye posteriormente bajo el nombre de Alianza Democrática. La coalición alcanza la mayoría en el Congreso Nacional en 1941 y uno de los escasos frutos de este triunfo son las reformas constitucionales de 1943, que refuerzan la autoridad presidencial, especialmente en materia de gastos públicos

El término del conflicto bélico significa el fin de esta coalición política, y nuevos y profundos problemas emergerán de un mundo destruido materialmente y sobremanera horrorizado por la hecatombe de millones de seres humanos.

EL MOVIMIENTO OBRERO

La atención del movimiento obrero internacional está absorta en los grandes problemas de la etapa que se reseña: 1932-1945. Estos son a grandes rasgos: la crisis económica, la amenaza del fascismo y la división política y sindical de los trabajadores. Posteriormente, con la llegada de Hitler al poder, la preocupación se vuelca hacia la amenaza de la guerra, que no tardará en estallar desangrando a la humanidad durante cinco años.

Un vuelco se produce con ocasión del 7º Congreso de la Internacional Comunista reunido en Moscú en 1935. La Internacional abandona su política revolucionaria inmediata, cesa sus ataques a las otras fuerzas del movimiento obrero motejadas de "social fascistas" y concentra todas sus energías en la lucha contra la amenaza de las huestes del fascismo y nacismo, "que tratan de resolver los problemas de los mercados de esclavización de los pueblos débiles, mediante el aumento de la opresión colonial y un nuevo reparto del mundo por la vía de la guerra". Se llama a constituir un movimiento de unidad antifacista con las otras fuerzas obreras y elementos democráticos; en otras palabras, nace el Frente Popular. Estas coaliciones se forman en 1936 en tres países: Francia, España y Chile, con resultados distintos en cada uno de ellos. En Francia, el gobierno frente-Populista de tipo parlamentario logra aprobar una serie de reformas sociales, pero su actuación es breve, siendo reemplazado Por una coalición de grupos centristas y conservadores. En España se inicia la República, pero un pronunciamiento militar fascista desencadena una cruel guerra civil que termina en las vísperas de la guerra mundial con la derrota de los republicanos. En Chile, en cambio, conduce al triunfo a un presidente de filiación radical.

En aras de la unidad de las fuerzas antifascistas la Internacional Comunista se disolverá en 1943. Otros acontecimientos son: el cumplimiento del primer plan quinquenal de la Unión Soviética bajo la égida de Stalin; la llegada a la presidencia de Estados Unidos, en 1933, de Franklin D. Roosevelt, con una política para afrontar la crisis; pero, en general, la inestabilidad política y los golpes de estado constituyen los rasgos más característicos de la época.

En América Latina las guerrillas de Augusto César Sandino en Nicaragua representan entre los años 1930-34, la oposición armada a la política del "destino manifiesto" o de policía que sustenta por un largo período el gobierno estadounidense. El ascenso al poder de Roosevelt significa un cambio de planteamiento en las relaciones interamericanas con su política de "buen vecino". Se reemplaza la utilización de la fuerza, de la infantería de marina y la ocupación de los países, por los métodos diplomáticos y de cierto respeto a algunas normas de derecho internacional. El trasfondo de este cambio de política es la consolidación del imperialismo en la vida económica de los países del continente, convirtiéndose en un factor decisivo en sus destinos como naciones independientes y un elemento político fundamental para la acción del movimiento obrero.

Surge en la década del treinta un movimiento popular anti-imperialista. Ayudan al desarrollo de esta nueva fuerza, factores como el movimiento obrero, la reforma universitaria, el impacto de la revolución mejicana, la tradición democrática liberal y la influencia moral e ideológica de la Revolución Rusa. Su expresión más cabal es el Aprismo, cuyos cinco puntos de su programa máximo señalan las líneas de pensamiento de un sector popular importante en ese tiempo. Estos puntos son: 1º acción contra el imperialismo; 2º unidad de América Latina; 3º nacionalización de tierras e industrias; 4º internalización del Canal de Panamá y 5º solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo. Se forman diversos partidos populares o nacional-revolucionarios en varios países del continente, influyendo en la fundación del Partido Socialista de Chile. Estas fuerzas políticas estimulan también el crecimiento del sindicalismo y conjuntamente con los comunistas y otros grupos democráticos, logran en un congreso realizado en Méjico (1938), constituir la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), que unirá por espacio de diez años al proletariado continental.

Un hecho de interés lo constituye el gobierno de Lázaro Cárdenas, durante los años 1934 a 1940. Este gobernante es el virtual organizador de la Revolución Mejicana, a la que da nuevo impulso y vitalidad. Atrae la atención y la solidaridad de los pueblos del continente cuando procede a la nacionalización de las compañías explotadoras del petróleo de su país, filiales de los grandes consorcios internacionales.

El Partido Comunista

El Partido Comunista, después del derrocamiento del gobierno castrense, emerge con graves dificultades orgánicas, sacudido por serias disidencias internas. La política represiva del gobierno se vuelca en contra de los efectivos del movimiento obrero y, en especial, contra el comunismo, cuyos militantes son perseguidos y sus organismos desbandados.

El Partido empieza la tarea de reconstruir sus cuadros partidarios y en su primera reunión de directiva, procede a designar secretario general al abogado Carlos Contreras Labarca, que ejercerá el cargo hasta las postrimerías de 1945. Por otra parte, el Partido destaca como su representante máximo ante la opinión obrera y del país, a Elías Lafferte [3] , secretario general de la FOCH en esta etapa y postulante a las elecciones presidenciales que se efectúan durante estos años. La reorganización del Partido se lleva a cabo en medio de las difíciles condiciones políticas de esta época, en que la persecución gubernativa se manifiesta, entre otros hechos, en la disolución del congreso que el partido efectúa en abril de 1933 en Santiago, y en el encarcelamiento de la totalidad de los delegados.

El comunismo, en los primeros años de esta etapa, mantiene una política abiertamente revolucionaria, y padece, según las afirmaciones de sus directivas posteriores, de "izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo", que se manifiesta en la adopción de posiciones sectarias e intransigentes que lo aíslan de las masas trabajadoras. En la vida política del país, se presenta a todos los eventos electorales obteniendo escasa votación, y combate a las otras fuerzas del movimiento obrero por no compartir éstas su criterio ultrarrevolucionario.

En el terreno ideológico, el Partido combate el ala trotskista, que se separa de sus filas conservando durante un tiempo su misma denominación y pasando posteriormente a llamarse la Izquierda Comunista. La acción de este grupo consume grandes esfuerzos del Partido para delimitar el campo comunista de esa época. El grupo trotskista termina fusionándose hacia el año 1937 con el Partido Socialista, con la excepción de un núcleo que se mantiene autónomo con el nombre de Partido Obrero Revolucionario.

En 1934 el Partido comunista empieza a cambiar de planteamientos. Estima que para echar las bases de una acción revolucionaria es necesario, primero, crear las condiciones sociales que permitan a la clase obrera asumir el papel de vanguardia de la lucha social. En otras palabras, deben llevarse a cabo la independencia nacional, la reforma agraria y la industrialización del país, como condiciones previas para la construcción del socialismo.

Este análisis tiene como conclusión la necesidad de apoyar a la burguesía progresista para que ésta cumpla su rol histórico en nuestro país y en el continente americano.

La decisión del Séptimo Congreso de la Internacional Comunista, realizado en 1935, en que se llama a la formación de un Frente Popular para atajar la amenaza del fascismo y la eventualidad de una guerra mundial, contribuye a la formulación de esta política por parte del Partido Comunista. En general, la realidad política del país es propicia para la formación de esta coalición que triunfó, como ya se ha dicho, en los comicios presidenciales de octubre de 1938. El Partido Comunista no va a participar en tareas ministeriales aduciendo razones tácticas, entre otras, la de no comprometer al gobierno, pero apoya la gestión de Pedro Aguirre Cerda. Su actuación es pasiva durante un tiempo, especialmente durante el período de vigencia del denominado pacto nazi-soviético, pero en el terreno nacional hace críticas a la política gubernamental y en especial cuando el socialismo rompe el Frente Popular, en 1941, La invasión de la Unión Soviética y la guerra mundial, que entra a su punto álgido, hace que el partido inicie una tenaz campaña para alinear a Chile dentro del bloque de las potencias democráticas o aliadas; formula la política de unidad nacional, propicia el partido único de la clase trabajadora y plantea la movilización de todos los recursos del país en el esfuerzo de colaboración con los aliados, evitando o apaciguando la lucha social.

El Partido Comunista fortalece sus cuadros orgánicos, se templa ideológicamente y adquiere prestigio por su actitud internacional, lo que le permitirá jugar un papel importante en los hechos políticos de la etapa siguiente.

El Partido Socialista

Una nueva reagrupación de fuerzas políticas de los trabajadores se produce en los años 1931 y siguientes. Empiezan a proliferar diversos grupos que, bajo la denominación de "socialistas", organizan secciones y desempeñan un papel activo en la vida política del país. Los grupos más importantes son: la Nueva Acción Pública, fundada por Eugenio Matte Hurtado, abogado y gran maestro de la masonería; la Acción Revolucionaria Socialista, orientada por los ex dirigentes estudiantiles Eugenio González y Oscar Schnake; la Orden Socialista, integrada por profesionales; el Partido Socialista Marxista y el Partido Socialista Unificado, que agrupan a dirigentes obreros de los sindicatos legales. En general, todos estos grupos participan en los preparativos y ejecución del golpe de Estado que conduce a la República Socialista, que pese a su efímera vida, tiene hondas repercusiones en el devenir político del país. Uno de estos efectos es la unificación de las tendencias socialistas, que el 19 de abril de 1933, constituyen el Partido Socialista de Chile.

Desde sus comienzos el movimiento socialista ha mantenido, en general, ciertos rasgos que lo singularizan en la vida política nacional como fuerza partidista autónoma de centros internacionales y enraizada en la realidad nacional. El partido se define como socialista marxista. Acepta como método de interpretación de la realidad las teorías de Marx y Engels, no como un conjunto de dogmas estáticos, sino como una concepción creadora y viva enriquecida por los aportes de la ciencia y las experiencias históricas de la clase trabajadora. El partido es una organización de trabajadores, entendiendo por clase trabajadora al conjunto de aquellos que obtienen su subsistencia mediante pagos como sueldos, salarios, etc., y que no son poseedores de los medios de producción y cambio. Según este criterio, son trabajadores tanto los obreros industriales como los empleados, los campesinos, técnicos y profesionales, ya que en mayor o menor grado, experimentan la explotación, la frustración, lo deprimente del régimen capitalista.

En una palabra, todos estos sectores constituyen la mayoría nacional. El partido se proclama nacionalista porque lucha para desarraigar el imperialismo extranjero, nacionalizando las fuentes de riquezas básicas del país así como las demás actividades económicas denominadas por esta tendencia económica foránea. Es un partido revolucionario, porque se propone cambiar fundamentalmente las relaciones de propiedad y trabajo como principio para una reconstrucción completa de la sociedad. Las condiciones objetivas y subjetivas de Chile determinarán los caracteres en que se desenvuelva el proceso revolucionario. El socialismo lucha por la unidad del continente latinoamericano sobre la base de una economía orgánica anti-imperialista como medio eficaz de emancipar a las masas obreras y campesinas, garantizar nuestra independencia nacional y continental y abrir la posibilidad de influir en los destinos de la humanidad.

El socialismo chileno capta en gran medida las tendencias imperantes en el continente en esta etapa y que han sido citadas en párrafos anteriores. Afirma su individualidad partidista al no adherirse ni a la Internacional Socialista, ni a la Internacional Comunista, los centros del movimiento obrero de la época.

Los primeros pasos de esta agrupación política son difíciles por la hostilidad que los gobiernos mantienen en general contra el movimiento obrero. Pese a que en las elecciones presidenciales de fines de 1933 su candidato Grove obtiene una importante votación, esto no significó que la persecución política amainara; muy por el contrario, porque el Partido Socialista se transforma en uno de los principales voceros de la oposición al segundo gobierno de Alessandri

El socialismo plantea desde el principio el reconocimiento del sindicalismo legal y organiza su acción en su interior, animando las distintas federaciones de sindicatos que dan nacimiento a la Confederación Nacional Sindical. Esta es una de las fuerzas obreras que confluyen a organizar la Confederación de Trabajadores de Chile a fines de 1936.

También el socialismo participa en la reagrupación de las fuerzas políticas populares. Forma el Block de Izquierdas, y se opone en sus comienzos a la formación del Frente Popular impulsado por el Partido Comunista y un ala progresista del Partido Radical. Alega que el carácter de esta coalición es centrista y colaboracionista; cede sin embargo en su posición, y pasa a formar parte del Frente Popular. Esta determinación está influida por los acontecimientos políticos nacionales del año 1936 y por la guerra civil española.

El partido contribuye en forma importante a la campaña electoral de 1938 y entra a colaborar en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda. Durante todo el período de este presidente (1938-1941) mantiene tres carteras ministeriales: Fomento, Salud, y Tierras y Colonización, no escatimando esfuerzos en apoyarlo pese a que por iniciativa del partido, se rompe el Frente Popular en 1941.

En la elección del sucesor de Aguirre Cerda, el partido intenta postular un candidato propio, pero en definitiva apoya a Juan Antonio Ríos, que aúna a los electores en la Alianza Democrática, la que integran además de los partidos fundadores, la Falange Nacional y un sector de los liberales.

El Partido Socialista colabora el primer año con el nuevo gobierno, retirándose del mismo por causas internas. En efecto, el partido sufre una escisión promovida por una tendencia anticolaboracionista denominada "el inconformismo"; la división va a perdurar unos dos años, reintegrándose posteriormente al partido un sector importante de los escisionistas. Por otra parte, caen en el oportunismo y la corrupción algunos grupos dirigentes, lo que conduce al desprestigio de la agrupación traduciéndose esto en una disminución de su caudal electoral y en la pérdida de parte de su Influencia en los medios populares.

La Confederación de Trabajadores de Chile

A la caída del gobierno castrense, los trabajadores inician la reconstrucción de sus organizaciones sindicales. Los comunistas reorganizan la Federación Obrera de Chile en un congreso que llevan a cabo en septiembre de 1931. La FOCH logra parcialmente recuperar sus antiguos reductos, especialmente en las minas, muy afectadas por la seria crisis de desempleo. Su expansión y consolidación como fuerza sindical no registra un progreso cuantitativo debido a varios factores, como su oposición al sindicalismo legal convertido ya en esta etapa en una importante fuerza social, y por otra parte, la identificación de la Federación con la política partidista del Partido Comunista. Además, sus actividades son reprimidas con severidad por las autoridades gubernamentales; el congreso de 1934, por ejemplo, es disuelto por la policía y sus delegados encarcelados. Posteriormente vienen los acontecimientos que se expresan en la política frente-populista, y esto significa una reorientación de la FOCH, la que se incorpora a la corriente unificadora que conducirá al congreso de unidad sindical a fines de 1936.

Por su parte, los sindicatos legales empiezan a reagrupar sus efectivos. Se constituye una Confederación de Sindicatos Industriales de Santiago, en noviembre de 1931. Al año siguiente amplía su afiliación con los sindicatos profesionales de la capital, y participa activamente en los problemas sociales de esta época. Otros grupos sindicales autónomos echan las bases de la Federación Nacional Sindical y Organizaciones del Trabajo en Chile, en abril de 1932, abarcando tanto sindicatos legales como organismos libres de todo el país. Las dos federaciones citadas logran aunar sus esfuerzos orgánicos y gremiales y el 21 de marzo de 1934 dan forma a la Confederación Nacional Sindical, de orientación socialista, que brega por la unidad de la fuerza del trabajo organizado.

Diversas circunstancias crearán las condiciones que permiten la constitución de una confederación unitaria de trabajadores. Desde luego, la huelga nacional ferroviaria, la huelga general de Santiago y sus secuelas de febrero de 1936; la hostilidad manifiesta del gobierno de Alessandri hacia el movimiento obrero; las tendencias unitarias de las distintas agrupaciones nacionales sindicales, y un cambio político: la formación del Frente Popular. Todo esto va a permitir un entendimiento entre las tendencias mayoritarias de los sindicalistas para convocar a un congreso nacional de unidad sindical.

Los días 24 a 26 de diciembre de 1936 se reúnen los delegados que van a constituir la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH). La CTCH agrupa a los adherentes de las centrales existentes, como la FOCH, la Confederación Nacional Sindical y la Unión de Empleados de Chile. Asiste en sus primeros días la Confederación General de Trabajadores, anarcosindicalista, la que en definitiva se retira aduciendo razones ideológicas típicas de los anarquistas. La Confederación es básicamente una organización de obreros, estructurados en sindicatos legales; en federaciones nacionales: de la construcción, minera, metalúrgica de panificadores, molineros, madereros, y en uniones provinciales, como las que existen en Santiago en las industrias textiles y gráfica. Se afilian también a la CTCH la federación ferroviaria, la Unión de Profesores de Chile y de obreros municipales, las federaciones de campesinos y araucanos y la federación de peluqueros. La Confederación reúne a los trabajadores de distintas corrientes ideológicas, siendo las mayoritarias la socialista y la comunista, y grupos menores los demócratas, radicales y falangistas, todos ellos unidos en el Frente Popular y luego en su sucesora, la Alianza Democrática. Sin embargo, las vicisitudes de estas alianzas llevaron varias veces a una crisis orgánica de los cuadros de dirección de la CTCH en especial la pugna socialista comunista. Se debe agregar que la CTCH se incorpora con plenos derechos a la coalición frente-populista en julio de 1937 y participa en todos los eventos político-electorales, tanto en la etapa del Frente Popular como en la de la Alianza Democrática.

En el plano meramente sindical, la CTCH va a fomentar la acción reivindicativa de los trabajadores dentro del sistema de relaciones sancionado por el Código del Trabajo. Durante los gobiernos frentistas, contribuye particularmente a la paz social, lo que se traduce en el estallido de muy escasos movimientos sociales. Coopera en esta actitud la posición del propio gobierno, al que se podría calificar de "amigo de los trabajadores". La CTCH adopta una actitud colaboracionista respaldando con su fuerza organizada, en general, la gestión gubernamental, permitiendo a éste llevar a cabo sus iniciativas para industrializar el país. La CTCH entra incluso a participar en la estructura estatal; en esa época el Secretario General de la Confederación es consejero de la CORFO, y además la CTCH designa consejeros ante organismos como la Caja de la Habitación, el Consejo de Subsistencia y Precios, la Defensa Civil y el denominado Consejo Superior del Trabajo, destinado a elaborar una política laboral y que fenecerá por falta de recursos el año 1948. En otras palabras, la Confederación era una de las piezas importantes de la coalición gobernante.

La CTCH se vincula con organizaciones sindicales internacionales. Participa en 1938 en la fundación de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), colaborando activamente en su desarrollo, especialmente durante el transcurso de la segunda guerra mundial.

La CTCH actúa unida durante diez años; realiza dos congresos nacionales: uno en julio de 1939 y el otro en septiembre de 1943. Durante todo este período se mantiene latente la pugna entre sus tendencias mayoritarias, hasta que hace crisis en enero de 1946, con funestas consecuencias para la unidad de los trabajadores chilenos.

La Confederación General de Trabajadores

Esta agrupación, que reúne a los obreros de tendencia anarco-sindicalista, emerge a la caída del gobierno. Los antiguos miembros de la IWW y de la Federación Obrera Regional de Chile, superan sus disidencias acerca de criterios de organización sindical, y a partir de octubre de 1931 empiezan a actuar en la Confederación General. La CGT tiene como base el sindicato libre, rechaza en forma categórica la organización legal y mantiene sus reductos en la industria del calzado, sectores de obreros de la construcción, imprenta, marítimos, etc., sumando en su mejor época unos quince mil afiliados. Conserva también su autonomía en forma intransigente con respecto a las otras corrientes de movimiento sindical. Participa en el congreso de unidad que da origen a la CTCH, pero se retira antes de su término. Esta posición sectaria aísla a la CGT de las demás agrupaciones de obreros, reduce su actividad a la concertación de convenios colectivos en las industrias o sectores en que influye, pero paulatinamente va perdiendo fuerza en favor del sindicalismo legal y de las otras tendencias ideológicas del movimiento obrero.

Las federaciones de empleados

Los trabajadores de cuello y corbata también tratan de reconstruir sus organismos nacionales sindicales. La antigua Unión de Empleados de Chile emerge de nuevo llevando a cabo congresos pero no logra unificar a los empleados particulares tanto por sus posiciones sectarias en lo ideológico como por la acción personalista de elementos de su dirección. Un grupo de ella se incorpora posteriormente a la Confederación de Trabajadores de Chile.

Otro grupo de empleados constituye en 1931 lo que posteriormente se llamará la Federación de Instituciones de Empleados Particulares, que va a actuar durante toda esta etapa. En 1934 se constituye la Confederación Nacional de Empleados Particulares y en 1943, la Confederación de Sindicatos de Empleados Particulares, de suerte que durante la época frentepopulista coexisten tres federaciones autónomas, divididas por razones de índole política. Esta realidad debilita en general la fuerza gremial de los empleados particulares, que se basa fundamentalmente en los sindicatos profesionales, de afiliación voluntaria; y contribuye también a este debilitamiento el hecho de que a partir de 1937, este sector de trabajadores obtiene por vía legislativa una serie de garantías que lo favorecen notablemente. Oportunamente se expresó que las leyes que establecieron el sueldo vital, los reajustes anuales por el alza del costo de la vida y por la antigüedad, la asignación familiar, etc., constituyen durante un tiempo el modelo de reivindicaciones a que aspiran el resto de los asalariados.

Los empleados civiles del Estado empiezan a organizarse en asociaciones de tipo mutualista, como la agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), fundada en 1943. Los profesores primarios constituyen una especie de sindicato libre, la Unión de Profesores de Chile, que actúa en esta etapa.

El campesinado

La crisis económica pone en evidencia la magnitud del problema agrario del país y, desde luego, la suerte de los miles de personas que laboran en la atrasada y semifeudal estructura del campo. Los sucesos de Ranquil dramatizan la situación de los campesinos desposeídos de sus tierras, y revelan la forma en que se constituye la propiedad en la zona sur del país.

La reconstrucción del sindicalismo urbano estimula la organización de los trabajadores agrícolas, surgiendo en los primeros años de esta etapa la Federación Nacional Agraria, de orientación comunista, y la Liga de Campesinos Pobres, de fijación socialista, las que van a confluir en un congreso de unidad campesina, en abril de 1939. Surge la Federación Nacional Campesina, con unos cinco mil socios repartidos en unas cien Organizaciones libres de inquilinos y pequeños propietarios de la zona central del país. La Federación se afilia a la CTCH, actúa en numerosos conflictos colectivos en el campo y trata de expandir la organización campesina de acuerdo con la legislación del trabajo vigente. Sin embargo, estas actividades inquietaron de sobremanera al Ejecutivo, de suerte que el propio Presidente de la República dicta una orden a los funcionarios del Ministerio del Trabajo para que éstos no colaboren en la constitución de sindicatos campesinos. Esta resolución gubernamental es acatada por la CTCH y por los partidos políticos del Frente Popular, que tienen presentes la precaria situación política del gobierno frentepopulista y su voluntad de no crearle problemas sociales al mismo.

Otras organizaciones populares

De otras agrupaciones de trabajadores se dispone de escasa información. De esta época datan la cooperativa ferroviaria, que surte a todo el personal de la empresa de ferrocarriles del Estado, la cooperativa de los empleados de la beneficencia, etc.

En 1938 se organiza un Frente Nacional de la Vivienda con secciones en la capital. Es de orientación frentepopulista y lleva a cabo campañas de difusión de los problemas de los arrendatarios.


Notas:

2. Eugenio Matte Hurtado. Nace en Santiago el 6 de diciembre de 1898 . Abogado, periodista, Gran Maestro de la Masonería (1931-1932). Fundador de la Nueva Acción Pública (1931). Uno de los integrantes de la Junta de Gobierno de la República Socialista. Fundador del Partido Socialista Sanador de la República desde 1933 hasta su muerte, el 11 de enero de 1934.

3. Elías Lafferte Gaviño. Nacido en Salamanca el 19 de diciembre de 1886. Obrero en las oficinas salitreras. Ingresa al POS desde sus primeros años. Tesorero de la FOCH, elegido en el congreso de 1923. Perseguido durante el Gobierno castrense. Secretario General de la FOCH desde 1931. hasta el congreso de unidad sindical de 1936. Senador de la República en dos periodos (1937 a 1953). Presidente del Partido Comunista hasta su muerte, acaecida el 12 de febrero de 1961.


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