Balmaceda y la contrarrevolución de 1891

Capítulo VI

FINALIDADES DE LA POLÍTICA ECONÓMICA DE BALMACEDA

El análisis que hemos hecho en las páginas precedentes sobre la acción realizada durante la Administración Balmaceda, nos permite llegar a una conclusión muy precisa: en el lapso 1886-1890, el Estado chileno puso en práctica una política creadora en el más alto grado, que tendía a aumentar la potencialidad económica del país mediante el desarrollo vigoroso y el crecimiento armónico de todas sus fuerzas productivas, en particular de aquellas destinadas a transformar al nuestro en un país industrial; así se tomaba ventaja de las propicias condiciones creadas por la Guerra del Pacífico para acelerar la evolución económica de Chile, facilitando el surgimiento y desenvolvimiento de un capitalismo de tipo industrial; así también se neutralizaban los nocivos efectos de la deformación que la estructura económica chilena comenzaba a experimentar por el predominio tan absoluto de la industria salitrera en el conjunto de la actividad nacional; por último, así se reducía la significación o gravitación que el imperialismo inglés adquiría de un modo cada vez más fuerte en nuestro país. Este es el sentido que algunos elementos quisieron imprimir a la trayectoria del desarrollo económico chileno a partir de 1879; interpretando a estos elementos y secundándolos ampliamente en sus aspiraciones estuvo el Presidente Balmaceda.

1. Conquista de la independencia con respecto al imperialismo inglés.

En relación con el imperialismo británico que había sentado sus reales en el país, el Gobierno de Balmaceda tuvo una actitud manifiestamente hostil, con lo que se daba expresión a un arraigado y genuino espíritu nacionalista. Dando formas a esta posición, Balmaceda enunció una .política salitrera adversa a los británicos, lo que provocó considerable alarma en los círculos respectivos; adoptó medidas encaminadas a romper el monopolio del Ferrocarril Salitrero, empresa a través de la cual North y sus asociados ejercían verdadera dictadura en Tarapacá; pretendió expropiar los ferrocarriles mineros del Norte Chico que se hallaban en manos de sociedades inglesas. Como una manera de reducir el predominio inglés y neutralizarlo, procuró lograr en Alemania y Francia recursos y elementos que corrientemente se obtenían en Inglaterra; es así como el año 1889 -y esto ya se ha indicado en páginas anteriores- se contrató un empréstito por 1.546.400 libras esterlinas con el Deutsches Bank; se mandaron construir tres grandes barcos de guerra en Francia; en Alemania se adquirió todo el material bélico necesario para renovar los armamentos del Ejército; con firmas. francesas y americanas se contrató la realización de algunas importantes obras públicas; se trajo una cantidad de pedagogos alemanes para que contribuyeran a la renovación de la educación pública, etc.

Toda esta serie de hechos constituye la materialización del claro sentimiento antibritánico que abiertamente animó a las altas esferas del Gobierno; la Legación de Gran Bretaña en Chile dio a conocer esta situación al Foreign Office en una cantidad de informes en los cuales se hacía notar la orientación, lesiva a los intereses británicos, de la política que realizaba el Gobierno chileno; en el informe confidencial N 31, del 15 de marzo de 1888, se puede leer lo que sigue:

"Estimo correcto transmitir a Su Señoría el adjunto extracto del "Diario Oficial" que es una expresión oficial de condolencia del Gobierno de Chile hacia Alemania y los alemanes residentes en Chile, porque él parece ir un poco más allá de los límites de un documento corriente de tal índole. Parece más bien tener algún sentido político y desde este punto de vista es digno de atención.

"La preponderancia comercial de Alemania en Chile que aquí se sugiere, no constituye por ahora un hecho; pero si es realmente el deseo del Gobierno chileno hacer de Alemania preponderante, no cabe duda que podrá hacer mucho para conseguir tal resultado. El presente es, infortunadamente, un momento de gran antipatía hacia Inglaterra." (1)

El 14 de mayo de 1890, en carta privada al Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Mr. Kennedy explicaba:

"... el barón Gutschmied, apoyado por su Gobierno, tiene gran influencia con este Presidente y ha asegurado muchas ventajas económicas para su país, a nuestras expensas. " (2)

Poco después, el 3 de junio de 1890, el mismo diplomático decía al Foreign Office:

"Desde que el Presidente Balmaceda asumió el cargo. Chile ha cultivado las más íntimas relaciones políticas con Alemania, con ventaja para los negocios y comercio de este país. Pero en el Congreso se han mostrado señales de resistencia a las grandes importaciones de cañones Krupp y de profesores alemanes." (3)

Es interesante señalar que Patrick Egan, el Ministro norteamericano en Santiago, al percibir el sentimiento dominante en los círculos de Gobierno, procuró decididamente acercarse a ellos con la esperanza de lograr algún provecho para los intereses de su país; esta conducta suya se acentuó al estallar la guerra civil; él estaba persuadido de que si en la contienda triunfaba Balmaceda, en Chile se abrirían enormes posibilidades para los hombres de negocios americanos; en informe pasado por este agente diplomático al Departamento de Estado el 23 de abril de 1891, se decía que el espíritu de semihostilidad de Gran Bretaña al Gobierno de Balmaceda será

"severamente juzgado por todos los chilenos cuando las presentes dificultades hayan desaparecido, y podrá servir para volver la atención de cada chileno patriota a la importancia de cultivar las más estrechas relaciones, tanto comerciales como políticas, con los Estados Unidos" (4)

Egan se equivocó en sus esperanzas y el triunfo de la oposición sobre Balmaceda deterioró apreciablemente las relaciones entre Chile y los Estados Unidos; tanto, que esta situación creó condiciones favorables para que se produjeran incidentes como el del "Baltimore", a raíz del cual incluso se llegó a temer la posibilidad de una guerra entre ambos países.

La abierta e indisimulada animosidad con que eran mirados los intereses británicos, provocó naturalmente en ellos una actitud defensiva. Fue así como estrecharon vínculos con elementos opositores; destacados políticos, miembros de los partidos contrarios a Balmaceda, se conectaron con los empresarios ingleses actuando como sus abogados, apoderados o gestores; ya hemos visto cómo los más conspicuos dirigentes se ligaron íntimamente a los salitreros de Tarapacá.

La orientación del Gobierno de Balmaceda tenía entonces como una de sus metas el logro de la independencia económica de Chile con respecto a Inglaterra, la mayor potencia imperialista del mundo en aquella época.

2. Consolidación de la situación alcanzada por Chile en Sud-américa.

Pero, además, tendía a consolidar la posición de hegemonía lograda por nuestro país en la zona del Pacífico americano y a impedir que los problemas internacionales pendientes -la cuestión de límites con Argentina, la cuestión del tratado de paz definitivo con Bolivia y la cuestión de Tacna y Arica con el Perú- pudieran amagar la situación de Chile. A este respecto, se temía que los tres países mencionados pudieran concertarse para imponer al nuestro las soluciones que ellos deseaban, recurriendo incluso a las armas para conseguir tal fin. Por otra parte, debe recordarse que el desenlace de la Guerra del Pacífico hizo de Chile una de las mayores potencias de Sudamérica; su predominio absoluto en la costa occidental americana, su poder económico acrecentado con la incorporación de la riqueza salitrera, su potencialidad bélica puesta a prueba y fortalecida en el curso mismo de la guerra, y su creciente influencia política, fueron los factores que produjeron tal resultado. Con esto se alteró radicalmente el equilibrio de poder existente entre las naciones latinoamericanas. "Chile es potencia en América", escribía el Presidente Domingo Santa María en 1885, y este hecho tenía forzosamente que provocar los recelos y despertar los temores de los países empeñados en mantener el equilibrio que se había logrado en el Continente y que aparecía roto en forma tan repentina como imprevista (5). En diversas cancillerías latinoamericanas esta nueva situación originó toda suerte de inquietudes; en el extremo suroeste de América se veía surgir a un coloso alentado por incontenibles anhelos expansionistas cuyos designios últimos nadie podía prever; de este criterio participaban incluso algunos observadores europeos; así, en 1890, el Ministro de Inglaterra en Santiago decía a su Gobierno: "Chile intenta ser el amo en Sud América antes de mucho tiempo" (6)

Semejante clima internacional no era, por supuesto, favorable a Chile; era susceptible de traducirse en acuerdos y decisiones que pudieran lesionar sus intereses. Algo de esto ocurrió en la Primera Conferencia Panamericana realizada en Washington el año 1889, por iniciativa del Gobierno de los Estados Unidos; allí se aprobó -contra la opinión de Chile- un proyecto en virtud del cual todos los conflictos internacionales que se suscitaran en América -y quedaban dentro de ellos los que Chile tenía pendientes con sus vecinos- debían ser resueltos obligatoriamente por medio del arbitraje. En 1890, Balmaceda dio cuenta al Congreso Nacional de su rechazo de este acuerdo en los siguientes términos:

"Juzgo que a nosotros no nos seria licito limitar la libertad de acción de las generaciones venideras para vindicar el derecho por los medios que autorizan las leyes internacionales, en las emergencias que a ellas únicamente corresponde apreciar y resolver. Toda restricción de los derechos del Estado, por procedimientos de excepción, no se aviene con la libertad que para toda eventualidad deseo reservar a los poderes públicos de mi Patria y a mis conciudadanos."

Es preciso anotar, por otra parte, que este surgimiento de Chile como potencia sudamericana fue mal visto en las esferas del Gobierno de los Estados Unidos. Ya durante la Guerra del Pacífico, los Estados Unidos intentaron colocar al Perú bajo su protectorado -a cambio de la concesión de una base naval en Chimbote-, a fin de contener el avance de las fuerzas chilenas hacia Lima; con este mismo objetivo, los norteamericanos realizaron una intensa presión diplomática sobre Chile, la que fue acompañada de una especie de demostración naval en nuestras costas (7). Con posterioridad a la Guerra, las relaciones de Chile con los Estados Unidos fueron bastante frías; para los planes de penetración norteamericana en América del Sur, era un obstáculo la existencia de un Estado económica y militarmente fuerte, dotado de gran influencia política y que contaba con el discreto respaldo inglés. Como se ha visto, los Estados Unidos modificaron su actitud hacia Chile a partir de 1890, cuando observaron que la política antibritánica de Balmaceda creaba condiciones favorables para que la influencia norteamericana pudiera hacerse sentir sobre nuestro país; esto llevó a Mr. Egan y al Departamento de Estado a abanderizarse abiertamente con Balmaceda.

En las delicadas condiciones internacionales expuestas, Balmaceda asumió la Presidencia de la República; él estaba perfectamente interiorizado de ellas, por cuanto -durante la Administración Santa María- había desempeñado la cartera de Relaciones Exteriores y luego había tenido la jefatura del Gabinete como Ministro del Interior. Balmaceda comprendió que Chile debía encarar esas condiciones peligrosas apelando a sus propios recursos, poniendo en juego sus propias potencialidades; él comprendió, además, que transformando Chile en una potencia sud- americana de primer orden por la acción de un complejo acontecer histórico, era preciso consolidar tal posición de una manera orgánica, lo cual suponía el desarrollo de una sólida estructura económica que sirviera de fundamento material adecuado al rango que el país ocupaba entre las naciones del Continente.

Y aquí radica otro móvil -uno muy decisivo- que inspiró el impetuoso movimiento de acelerada construcción económica que se desarrolló bajo su Gobierno. Porque la política económica puesta en práctica entre 1886 y 1890 tuvo en gran parte esa finalidad, es que ella se complementó con una política armamentista destinada a aumentar el poderío bélico de Chile. En medio de una situación caracterizada por la relativa tirantez de relaciones con los tres países limítrofes, con cada uno de los cuales había cuestiones serias y de trascendencia sin resolver, el Gobierno escogió el camino del fortalecimiento económico del país, y la adopción de una política de paz armada; en relación con esto último, Balmaceda fue muy explícito cuando en su Mensaje al Congreso correspondiente al año 1890, declaró: "Estimo que una de las mejores garantías de la paz, consiste en poseer los medios suficientes para mantenerla."

Había, pues, que dotar al país de los elementos militares y navales capaces de inhibir cualquiera coalición de Argentina, Perú y Bolivia que pudiera organizarse contra Chile, o para hacer frente a ella en caso de que llegara a constituirse. Por eso es que para Balmaceda, el Ejército y la Marina merecían

"especial consagración, pues le debemos esfuerzos comunes dirigidos a robustecer con orden y persistencia la defensa en el mar y en el territorio de la República." (8)

En conformidad a estos propósitos, se incrementaron vigorosamente los gastos de Guerra y Marina, como lo demuestran los siguientes datos:

1886 $ 7.657.969
1887 $ 7.259.960
1888 $ 8.416.545
1889 $ 14.353.534
1890 $ 13.849.028

Estos fondos se complementaron con algunos extraordinarios destinados a adquirir nuevos materiales bélicos; así, por ley del 20 de agosto de 1887, se autorizó la inversión de 400.000 libras esterlinas en ese objeto.

La breve reseña que haremos a continuación sobre la obra realizada por el Gobierno en materia de defensa nacional confirma lo ya expresado; a través de ella se puede percibir que las fuerzas armadas acrecentaron de una manera apreciable su capacidad defensiva y ofensiva; su equipo, junto con modernizarse, se aumentó substancialmente; además, se procuró mejorar la eficiencia de su personal mediante una más conveniente educación especializada.

a) Marina. Convencido el Gobierno de que por las particularidades geográficas del territorio nacional era preciso antes que nada mantener el dominio del mar, se decidió a incrementar el poder naval del país. Fue así como se ordenó la construcción del acorazado Capitán Prat, barco blindado de 6.670 toneladas, de gran velocidad, poderosa artillería y gran radio de acción; además, se dispuso la construcción de los cruceros Presidente Pinto y Presidente Errázuriz, de 2.080 toneladas cada uno; de las cañoneras lanzatorpedos Almirante Condell y Almirante Lynch, de 770 toneladas cada una; de los escampavías Cóndor y Huemul, de 148 toneladas cada uno, y de una lancha torpedera. Estos barcos, que en sí mismos constituían una flota poderosa y que debían incorporarse al servicio activo en 1891, se sumaron a los que ya existían en el país. De éstos, el blindado Cochrane, construido durante el Gobierno del Presidente Federico Errázuriz, fue modernizado completamente, ya que se le proveyó de nueva artillería gruesa, de lanzatorpedos, de alumbrado eléctrico y se mejoró su andar; a fines del Gobierno de Santa María, se había hecho lo mismo con el blindado Blanco Encalada, gemelo del Cochrane. Con las adquisiciones y modernizaciones ya mencionadas y los buques hábiles con que contaba, la escuadra chilena iba a quedar compuesta, a fines de 1891, de tres blindados, tres cruceros, dos corbetas y cuatro cañoneras, aparte de cuatro escampavías y diez lanchas torpederas, varias de ellas modernas y de gran velocidad; todo esto, sin contar algunos barcos antiguos, el blindado Huáscar entre ellos, aptos para prestar algunos servicios en cualquiera emergencia. Por la fecha indicada, la escuadra chilena iba a ser la más poderosa de América del Sur, superaría a las fuerzas navales combinadas de Argentina y Perú; además, este equipo iba a colocar a Chile entre las grandes potencias marítimas del mundo.

Contribuía a acrecentar este poder, la adquisición de los torpedos Whitehead, arma de extraordinaria capacidad ofensiva y que, con anterioridad a 1891, sólo poseían tres o cuatro naciones en el mundo, siendo Chile el único país latinoamericano entre ellas.

A pesar de este acrecentamiento de la Escuadra, el Gobierno hacía presente al Congreso, en 1890, que aún se necesitaban recursos para

"aumentar la Armada en forma adecuada a la extensión de nuestras costas y a la riqueza que debemos resguardar en ellas." (9)

A fin de no incurrir en los gastos que demandaba la adquisición de transportes de la Armada, el 1 de febrero de 1888 se empezó a subvencionar a la Compañía Sudamericana de Vapores para que sus barcos prestaran los servicios que correspondían a ese tipo de embarcaciones cuando las circunstancias lo requirieran.

Simultáneamente con la adquisición y modernización de barcos de guerra, se proyectó la fortificación de los puertos de Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Talcahuano, Lota, Corral y Ancud, contratándose en Alemania a Gustavo A. Betzhold para que actuara como director de esos trabajos y levantara los planos e los fuertes proyectados en Valparaíso, Talcahuano e Iquique. Con este plan, no sólo se deseaba la protección de las ciudades indicadas, sino también dar bases protegidas a la Escuadra. Se pensó también seriamente en la creación de una gran base naval en Llico;

"es opinión del Gobierno -decía Balmaceda en su Mensaje al Congreso del año 1889-, sustentada por nuestros más distinguidos marinos, que la escuadra de Chile, aun reforzada con naves poderosas, carece de un puerto seguro en donde basar sus operaciones militares en tiempo de guerra. Un puerto seguro e inexpugnable, con dique, astilleros y arsenales completos es no sólo el resguardo de nuestro poder marítimo, sino también el mejor medio de ofender al enemigo en caso de guerra."

De estos proyectos, sólo se realizó el relativo a la modernización de las defensas costeras de Valparaíso, en el que se instalaron fuertes dotados de artillería Krupp de largo alcance; también se artillaron algunos otros puertos, aunque sin hacerlo en forma tan completa como Valparaíso.

Aparte de las medidas anteriores, y como un complemento de ellas, en 1887 se creó la Escuela de Grumetes y Aprendices de Marineros, se mejoró la instrucción impartida en la Escuela Naval, establecimiento para el que se construyó un nuevo y bien equipado local, se procuró la formación de personal especializado -artilleros aptos para manejar armamento moderno, incluso los torpedos; mecánicos e ingenieros mecánicos, electricistas, etc.- de la Armada, y se embarcó a numerosos oficiales en unidades de guerra inglesas, francesas e italianas para que se perfeccionaran profesionalmente.

b) Ejército. En relación con las fuerzas terrestres, el Gobierno procuró perfeccionarlas a base de una más adecuada combinación de un pequeño ejército permanente, altamente entrenado, dotado de un numeroso y eficiente cuerpo de oficiales y suboficiales, con la Guardia Nacional, organismo semimilitarizado, sin una estructura férreamente regimentada, destinado a impartir cierto mínimo de instrucción militar a los ciudadanos en edad de cargar armas. Este criterio lo expuso Balmaceda en su Mensaje al Congreso en los siguientes términos:

"Un ejército de línea numeroso arrebata brazos a la industria, es costoso y no llena los fines de la Guardia Nacional. Esta, por el contrario, educa al pueblo, levanta el nivel de los deberes cívicos y cuesta pocos sacrificios al Erario Nacional. Con la suma que se invierte en dos mil hombres de línea, se pueden organizar cien mil hombres de Guardia Nacional."

De acuerdo con estas ideas, el año 1890 el Ejército de línea contaba con 5.719 plazas de soldados, 945 de jefes y oficiales y 677 de suboficiales; el cuerpo de oficiales y suboficiales era excesivo, ya que había uno por cada tres soldados; esto se explica, sin embargo, porque -como se ha dicho- el ejército permanente sólo constituía el armazón de un ejército que pudiera organizar el país en caso de necesidad, contando para ello con la Guardia Nacional la que, en 1890, se componía de 23.200 soldados y 1.100 jefes y oficiales.

A fin de que esta organización militar funcionara adecuadamente y en alguna emergencia sirviera de base a un ejército capaz de contar con un mínimo de 100.000 hombres que pudieran adiestrarse con facilidad y rapidez, se procuró que oficiales y suboficiales tuvieran la máxima eficiencia profesional posible. Con tal objeto se tomaron las siguientes medidas:

1. En 1887 se creó la Escuela de Clases destinada al perfeccionamiento de los suboficiales en servicio; empezó a funcionar el 1 de octubre de ese año y en un curso de siete meses de duración reentrenó a 68 sargentos segundos y cabos. El año 1889 se modificó el plan de trabajos de esta Escuela, llegando a transformarse en un establecimiento que entrenaba a los jóvenes que. quisieran incorporarse al Ejército como suboficiales.

2. Se aumentó la capacidad y se modernizó el plan de estudios y el trabajo profesional de la Escuela Militar con vistas a la formación de oficiales dotados de una más amplia cultura general y de más completa y sólida educación militar. Para este establecimiento se empezó la construcción del cómodo y espacioso local que ocupó hasta hace poco tiempo, se mejoró su biblioteca con la adquisición de numerosas obras de diversa índole (10) y se le proporcionaron otros materiales imprescindibles para sus actividades.

3. En junio de 1887 empezó a funcionar la Academia de Guerra, organismo al que correspondía formar los jefes superiores del Ejército. Por las reformas que se introdujeron en su organización y formas de trabajo en los años 1888 y 1890, este plantel logró en forma mucho mas satisfactoria los fines que se tuvieron presentes al crearlo.

En todos estos trabajos, el Gobierno contó con el valioso auxilio del general Emilio Kórner, oficial prusiano contratado a fines del Gobierno de Santa María.

Paralelamente a las medidas mencionadas, se procedió a renovar íntegramente el armamento con que contaba el Ejército, con la adquisición de nuevo material de artillería de procedencia alemana y con nuevos y más modernos equipos para la infantería y la caballería. Debe advertirse que estas adquisiciones se hicieron considerando las necesidades eventuales de un ejército de mayor volumen que los 5.719 soldados con que en 1890 contaba el de línea. Por otro lado, la antigua Dirección de Parque, Maestranza y Cartuchos se reorganizó a base de tres secciones, con finalidades distintas, dependientes del Ministerio de Guerra; surgieron de este modo la Sección Parque, encargada del almacenamiento y custodia del material de guerra; la Sección Maestranza, a la que se encomendó la tarea de reparar ese material, especialmente las piezas de artillería, y fabricar armas blancas y ligeras, y la Fábrica de Cartuchos y Artificios, que tuvo como misión la fabricación de proyectiles. La Sección Maestranza y la Fábrica de Cartuchos fueron equipadas con modernos recursos técnicos para que cumplieran satisfactoriamente su cometido, en tanto que para el funcionamiento de la Sección Parque se inició la construcción de un amplio arsenal.

También, por decreto del 25 de julio de 1888 fue reorganizada la Guardia Nacional; se mejoró el entrenamiento semimilitar que recibían sus componentes y se estrecharon más sus vínculos con el Ejército, de tal manera que en 1890, 214 oficiales de éste prestaban sus servicios en las filas de aquélla.

Finalmente, se construyeron varios locales para cuarteles, y se ampliaron o reconstruyeron otros; además, se perfeccionó el ramo de Sanidad Militar, dotándose a cada cuerpo de Ejército de un médico-cirujano, de una enfermería y de elementos auxiliares.

Por lo expuesto, se puede concluir que la política armamentista realizada durante la Administración Balmaceda fue activa en grado sumo; con el respaldo de ella. Chile pudo mantener la situación internacional que había logrado y pudo conjurar los peligros derivados de la existencia de problemas no resueltos con Argentina, Bolivia y Perú.


Notas:

1. Public Record Office: F. O. 16. Vol. 252. Informe de la Legislación de Gran Bretaña en Chile. N 31, confidencial, 15 de marzo de 1888.

2. Public Record Office: F. O. 16. Vol. 259. Carta de Kennedy al F. O. 14 de mayo de 1890.

3. Ibid. Vol. 259. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. N 45, 3 de junio de 1890.

4. U. S. Government: Papers relating to the foreign relations... Informe de la Legación de Estados Unidos en Chile, 23 de abril de 1891

5. De interés en relación con este asunto es el trabajo de Robert N. Burr, titulado The Balance of Power in Nineteenth Century South América: An Exploratory Essai, publicado en The Hispanic American Historical Review. Vol. XXXV, N 1, febrero de 1955.

6. Public Record Office; F. O. 16. Vol. 259. Carta enviada por Kennedy al Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, abril de 1890.

7. Véanse a este respecto: Gonzalo Bulnes: Historia de la Guerra del Pacífico y el ya citado ensayo de Robert N. Burr.

8. Mensaje del Presidente de la República al Congreso Nacional, 1887.

9. Mensaje del Presidente de la República al Congreso Nacional, 1890.

10. Sólo el año 1888 se adquirieron 1.341 volúmenes para esa biblioteca,


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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