Balmaceda y la contrarrevolución de 1891

Capítulo III

EL SALITRE Y LA POLÍTICA CHILENA (1886-1891)

1. La opinión pública y el imperialismo inglés.

Hacia el año 1887 la propiedad salitrera ya tenía contornos más o menos definitivos; las bases jurídicas en que descansaba su constitución habían sido trazadas firmemente y las fuerzas que realizaban el proceso de apropiación se hallaban en plena actividad. La "northización" de Tarapacá tomaba todos los caracteres de un hecho tangible: el imperialismo inglés se expandía con rapidez en la región salitrera realizando sistemática e inconteniblemente, la absorción de la más importante fuente de riqueza nacional.

La opinión pública reaccionaba con temor y desconfianza contra los avances imperialistas; vislumbraba en ellos una amenaza , que podía amagar, en cualquier momento y en forma seria, la soberanía chilena sobre Tarapacá. Aislada geográficamente del, resto de la República, los vínculos que unían aquella provincia con Chile eran en extremo endebles; desde el punto de vista legal, sólo databan desde la firma del Tratado de Ancón (1883) y si bien la mayoría de la población era chilena, había un considerable número de peruanos que vivían en las oficinas de la pampa y en los diferentes centros urbanos. Por consiguiente, existía el problema de hacer efectiva la incorporación de Tarapacá. Este problema requería una solución tanto más urgente cuanto que...

"... en la más rica provincia de la República, y en aquel territorio aún no ligado al resto del país por los indisolubles lazos de una mancomunidad de antiguos elementos, comienzan a crearse poderosos intereses que ya no tan sólo están amparados por nuestras autoridades y nuestras leyes, sino, lo que puede ser peligroso, protegidos por aquella acción y por aquella fuerza de los gobiernos extranjeros que siempre acompaña a los ciudadanos de un país en los establecimientos que levantan e intereses que constituyen en tierra extraña." (1)

A juicio de muchos políticos, periodistas e intelectuales, los capitales extranjeros ya habían transformado a la región salitrera

"... en una especie de pequeña parte de la India Inglesa usufructuada por una multitud de sociedades anónimas organizadas fuera de Chile, sin ningún interés nacional, cuyos directorios pueden entenderse fácilmente y establecer todos los monopolios de la producción y de los consumos, dejando a la nación una soberanía más nominal que real y de no expedito ni fácil ejercicio." (2)

Tan generalizadas se hallaban estas ideas que, a juicio de un biógrafo de North, muchos

"... espíritus asustadizos creen ver en este gigante (el coronel North) una boca tan enorme, capaz de tragarse a Tarapacá con todas sus salitreras y tras esto la bandera inglesa levantada más alta que la chilena, plantada aquella en el centro de tan rica porción del territorio nacional." (3)

El poder económico y la influencia de las empresas británicas eran tan extensos y avasalladores, que se les estimaba incompatibles con los altos intereses de Chile y con su propia independencia económica y aun política. Ilustran esta manera de apreciar el problema los siguientes trozos de un artículo de Alfredo Cocq Port que apareció en "La Libertad Electoral", en febrero de 1889, y que fue reproducido por publicación oficial del Ministerio de Hacienda:

"Lo que ha ocurrido en Tarapacá es uno de los tantos ejemplos de cómo el extranjero, por medio de sus capitales regidos por una superior organización económica, puede adueñarse de un territorio sobre el que no tiene dominio político, pero del cual extrae mayor provecho que el señor del suelo...

"La tendencia del mercado inglés para constituir un sindicato o compañía monopolista de nuestro nitrato es tan marcada, las maniobras preparatorias tan evidentes, que seriamos inexcusables si no adoptáramos, desde luego, medidas de defensa. Hoy no sólo se conquista a los pueblos por las armas, sino también por la absorción legal de sus riquezas." (4)

El proceso de penetración imperialista en Chile, iniciado con tanto vigor por los ingleses, fue medido en todo su alcance presente y futuro por quienes pudieron darse cuenta de lo que ocurría en Tarapacá. De este modo, se llegó a comprender que las fuerzas económicas extranjeras actuaban por encima de cualquier control que nuestro país pudiera establecer sobre ellas, toda vez que eran parte del poderoso capitalismo inglés, que se enseñoreaba -sin contrapeso- en el mundo entero. También se entendió que el dominio ejercido por los británicos en la industria del salitre significaba, de hecho, la preponderancia absoluta de éstos sobre toda la estructura económica de la República. El resultada de tal situación implicaba un manifiesto menoscabo de la soberanía nacional y la existencia de un peligro que amenazaba tanto la integridad territorial de Chile, cuanto su existencia misma como nación independiente. De ahí que se estimara que la absorción de las riquezas de un país era el método puesto en práctica por el imperialismo para sojuzgar pueblos sin necesidad de recurrir a la fuerza de las armas.

Desde otro punto de vista, se hacían consideraciones acerca de los efectos negativos que tendría cualquier monopolio extranjero ejercido sobre la industria salitrera. Ante la inminencia de este peligro. Francisco Valdés Vergara escribió lo siguiente:

"Dicha empresa tendría en sus manos todo el comercio de Chile, jugaría con el cambio sobre Europa y ejercería en la marcha de los negocios una influencia que no tendría ni podría tener contrapeso alguno.

"Su dominio en la parte norte de la provincia de Atacama y en los territorios de Antofagasta y Tarapacá sería absoluto. No habría trabajo ni movimiento comercial sino en los lugares que ella fijase, pues una simple orden de su directorio determinaría las salitreras que debieran mantenerse en actividad y dejaría las otras en reserva para el porvenir. Ella tendría, por consiguiente, derecho de vida o muerte sobre todas las poblaciones de ese extenso litoral chileno y en sus manos tendrían forzosamente que caer los ferrocarriles que hoy prosperan merced a la industria libre, los minerales que hoy se explotan ... y en una palabra, todas las fuentes de riqueza que el desierto encierra".

Agregaba Valdés Vergara, en seguida, que las empresas en manos extranjeras

"dominaría la altivez del pueblo chileno y empañaría las glorias por él adquiridas en defensa del honor y la independencia de su patria. El monopolio del salitre en poder de una empresa o compañía privada constituiría un odioso e insoportable tutelaje sobre los intereses públicos y privados de Chile ..." (5)

El estado de ánimo que había logrado apoderarse de la opinión pública fue determinante en la formación de una decidida actitud defensiva del patrimonio nacional, que estaba teñida de un marcado y ostensible sentimiento antiimperialista. Reflejo de esta actitud son las siguientes expresiones:

"Tarapacá no puede, no debe ser ni será jamás factoría extranjera; el pueblo de Chile no consentirá que esa provincia, como ninguna otra de la República, sea hacienda extranjera usufructuada por compañías anónimas inglesas y cuyos valiosísimos productos vayan a enriquecer ingleses residentes en Londres u otros puntos de la Gran Bretaña, ni que se nos deje la tolerada y nominal soberanía que se dejaba a los Nababs de India o reyezuelos de Asia por las compañías que han conquistado esas regiones." (6)

Otra consideración importante que amplios sectores de la opinión pública sustentaba era la relativa al escaso rendimiento que la industria salitrera daba al país. El control que de ella tenían los extranjeros originaba la emigración de cuantiosas riquezas obtenidas por trabajadores chilenos que laboraban en tierras ganadas con el sacrificio de toda la nación. Para muchos era motivo de irritación observar cómo, en el plazo de ocho años (1881-1888), los capitalistas ingleses habían amortizado alrededor del 50% de las inversiones realmente hechas y, en el mismo periodo obtuvieron utilidades ascendentes a $ 61.081.000 de veintinueve peniques. Estas cantidades constituían una ganancia desorbitada para capitalistas que no habían realizado el menor esfuerzo ni arriesgado los más mínimos capitales en el desarrollo de la industria; además, eran juzgadas muy altas y como una verdadera exacción para un país de economía tan débil como el nuestro. "El Heraldo", diario de Valparaíso, en su edición del 25 de febrero de 1889, empleaba los siguientes términos para dar formas a este malestar colectivo:

"No menos grave es el problema que hay que resolver en Tarapacá. Con nuestra sangre y con nuestro sacrificio conquistamos allí riquezas que antes habíamos fecundado con nuestro sudor y nuestros esfuerzos. Entretanto, ahora van pasando ellas con inusitada rapidez a manos de especuladores extranjeros que no tienen raíces en Chile, ni interés por su prosperidad, ni amor por su progreso.

"Gratos como debemos ser a los extranjeros que nos traen industrias, capitales o simple esfuerzo personal, no podemos mirar sin zozobras la apropiación de Tarapacá por quienes no nos traen nada y que, sin embargo, nos llevan mucho de lo que poseemos. ¿Qué bien nos hacen, en efecto, las sociedades anónimas que desde Londres se van adueñando de nuestros salitres? A nuestro juicio, absolutamente ninguno."

Confirmando esta manera de apreciar los hechos que tenía la opinión pública chilena, en el diario inglés "Financial Times" del 7 de febrero de 1889, se pueden leer las siguientes líneas:

"Es muy general en Chile la opinión de que el coronel (North) ha estado haciendo uso, con ventaja propia, de vastos recursos que muy bien habrían sido empleados para beneficio del pueblo chileno; y ahora que él ha iniciado la competencia con las propias instituciones de ese país y en detrimento de los intereses chilenos, la mencionada opinión se acentúa cada vez más." (7)

Incidiendo en este mismo aspecto del asunto, con fecha 22 de junio de 1889, "The Chilian Times" publicó una nota editorial en la que se comentaban los ataques de que se hacía objeto a North en el diario londinense "Financial News". En este editorial se informaba que el cónsul de Inglaterra en Valparaíso, Mr. W. H. Newman

"... fue requerido por su Gobierno para dar una opinión sobre los negocios salitreros..."

y además, reproducía una síntesis de tal informe que fue publicado por el "Times" de Londres; en esta síntesis se dan a conocer las siguientes palabras de Newman:

"Se siente y se expresa un notorio fastidio ante el hecho de que los beneficios de un artículo que constituye esencialmente un monopolio chileno, vayan a parar, de un modo preferente, a bolsillos extranjeros. El Presidente de la República se refirió a esto en la apertura de una exposición en Santiago, el pasado mes de noviembre..."

Es interesante advertir, que en Inglaterra se tuvo pleno conocimiento de este estado de ánimo de la opinión pública chilena. Aparte de las informaciones transcritas anteriormente, en diversos periódicos se expresaron puntos de vista análogos. "The Pall Mall Gazette", por ejemplo, expresaba:

"Parece que los chilenos no están muy satisfechos con la forma cómo su país está siendo explotado y con las grandes fortunas que están siendo hechas tan rápidamente por ingleses que trabajan las riquezas naturales de Chile. La antipatía nacional está dirigida especialmente contra el Coronel (North) como el más prominente de los financistas ingleses y encuentra expresión en la prensa nacional." (8)

En "The South American Journal", por otro lado, se puede leer lo que sigue:

"Los chilenos no parecen contentos con ser dejados a un lado tan rápidamente, y ver que los capitalistas europeos se apropian de todos los campos de nitrato de Tarapacá." (9)

En su aspecto constructivo, este espíritu auténticamente anti-imperialista alentaba la adopción de una política salitrera que resguardara convenientemente el interés nacional y que se orientara al aprovechamiento de los cuantiosos recursos que esa industria proporcionaba. En un interesante estudio publicado bajo, el seudónimo de Julius y Mayo, se decía a este respecto lo que sigue:

"Conduce asimismo, a mi propósito, que se tome nota de que Chile, merced a Tarapacá, podría explotar minas de fierro y establecer grandes fábricas de ferretería, calderería y toda clase de herramientas necesarias en las salitreras y minas, e instrumentos y útiles de la agricultura y empresas de explotación de sulfatoras, fábricas de pólvora y, en general, dar nacimiento y desarrollo a nuevas industrias e incremento a muchas de las actuales.

"Vamos a tener miles de kilómetros de ferrocarriles y muchos puentes y obras que consumirán muchos miles de toneladas de fierro: las minas abundan, y el modo de fomentar la industria fabril y de ir emancipándonos de Europa y Estados Unidos, es tener las primeras materias a bajos precios por la economía de los fletes, y uno de los más eficaces medios de fomentar la agricultura, es abaratar las herramientas y máquinas agrícolas, de aserrar madera, beneficiar vinos, etc., y esto se consigue de la manera indicada." (10)

A esto se añadía el vehemente anhelo de nacionalizar la industria salitrera como una manera de radicar en Chile la mayor parte de sus cuantiosos rendimientos y poner término a la peligrosa ingerencia que en ella tenía el capitalismo extranjero. Entre los que sostenían esta posición, había incluso quienes defendían la tesis de que el Estado chileno debía adquirir el monopolio del salitre. Así, por ejemplo, el senador Adolfo Ibáñez, en sesión celebrada por la Corporación de la cual era miembro, el 7 de marzo de 1887, manifestó:

"Si el Estado en su condición de tal no puede inmiscuirse en los arreglos que hagan los particulares para la dirección de sus propios negocios, puede y debe hacer sentir su influencia en su condición de dueño y propietario acaso de la mitad de los yacimientos salitreros susceptibles de explotación.

"Mientras tanto, se ha formado en aquella provincia una especie de Compañía de Indias que, andando el tiempo, puede aspirar a la condición de su propia autonomía.

"He aquí, pues, otro de los puntos muy dignos de llamar la atención de la administración actual; y por mi parte, creo cumplir con un deber ineludible al excitar, como en el caso anterior, el patriotismo de los señores ministros, a fin de prever los peligros que, si no son probables, por lo menos son posibles."

Sosteniendo este mismo punto de vista, Alfredo Cocq Port, en el ya citado artículo decía:

"Para nosotros el ideal absoluto lo resumiríamos en este aforismo... El Estado, único elaborador, único transportador y único vendedor del salitre." (11)

Por lo expuesto se puede apreciar que la opinión pública nacional tuvo una clara comprensión de lo que el imperialismo significaba para Chile tanto desde el punto de vista económico como político, y sobre la base de esta comprensión, se formó una poderosa y ampliamente difundida conciencia antiimperialista que actuaba en todos los círculos que deseaban el progreso y la prosperidad de la Patria. Como lo hemos hecho notar en otra parte, esta reacción que pudiéramos calificar de antiimperialista demuestra que en nuestro país se produjo el siguiente fenómeno universal señalado por Hilferding y ratificado por Lenin:

"el capital importado intensifica las contradicciones y provoca contra los intrusos una resistencia creciente de los pueblos, cuya conciencia nacional se despierta: esta resistencia se puede convertir fácilmente en medidas peligrosas dirigidas contra el capital extranjero ... " (12)

Desgraciadamente, en Chile hubo un margen apreciable de dirigentes políticos que se dejó seducir por el oro extranjero; de ahí que pusieran su prestigio y su influencia al servicio de los grandes empresarios del salitre.

2. Los industriales del salitre y los políticos chilenos.

Los sectores dominantes en la vida económica de un país se orientan a participar -directa e indirectamente- en sus asuntos políticos; pudiera decirse -repitiendo el título de un libro publicado hace algunos años- que la riqueza se mueve tras el poder y lo busca ansiosamente. Los hombres de negocios realizan efectivas incursiones en el campo político ubicándose estratégicamente en posiciones decisivas para procurar favorables influencias y atraerse la simpatía o adhesión de un sinnúmero de elementos, muchos de los cuales, sin estar vinculados directamente a sus intereses, pueden -sin embargo- serles útiles en el logro de sus fines. Es fácil comprender las razones que determinan tal conducta; mediante actuaciones como las mencionadas, los empresarios ganan el apoyo de legisladores y hombres de Gobierno, pueden mantener o conseguir privilegios, granjerias o beneficios de diversa índole y paralizar -en cambio- acciones perjudiciales o lesivas a sus intereses; en una palabra, los capitalistas colocan dentro de su órbita y para su servicio, las influencias que naturalmente proporciona el ejercicio de funciones públicas.

En Chile, una industria tan poderosa y llena desintereses contradictorios como la salitrera, no pudo menos de gravitar sobre la marcha política de la República, sobre todo si se consideran la cuantía de los capitales invertidos y el activo papel que en ella tenía el Estado como poseedor de numerosas oficinas, de valiosas reservas de caliche y como elemento fundamental en la regularización de la propiedad salitrera. De este modo, especialmente en el período que siguió a la Guerra del Pacífico, los industriales se vincularon de un modo efectivo a los círculos políticos chilenos utilizando al efecto variados procedimientos, especialmente aquél que consistía en nombrar abogados, representantes o apoderados a los más destacados personeros de los partidos o del Congreso. Retribuyendo los valiosos servicios que éstos prestaban, se pagaban -como es de suponer- altos salarios. Además, las compañías salitreras u otras ligadas a esta industria, mantenían en sus presupuestos de gastos, sumas de dinero que estaban destinadas a sobornar funcionarios públicos, miembros del Parlamento o jueces venales. Dada la naturaleza de estas indecorosas relaciones, es difícil encontrar alguna prueba documental de ellas. Afortunadamente, para conocer la influencia que los industriales del salitre ejercieron en los círculos políticos chilenos, disponemos de valiosos materiales.

a) El fondo de soborno y corrupción de los Ferrocarriles Salitreros y el proceso a los directores de esta Compañía en Inglaterra. El año 1897, poco después de la muerte de John Thomas North, un grupo de accionistas de la Compañía del Ferrocarril Salitrero inició una prolija investigación hecha en conformidad a las leyes británicas, con el fin de determinar en qué forma se había invertido una gruesa suma, ascendente a cien mil libras esterlinas, más o menos (alrededor de $ 280.000.000 moneda actual). Se constituyó al efecto un comité de accionistas que enjuició a varios directores de la citada Compañía, entre los que se encontraban Robert Harvey, R. A. Fowler, E. Manby, sir E. Ashmead-Bartlett, miembro del Parlamento británico, y J. J. Smith.

Con fecha 1º de enero de 1898, el "Railways Times" de Londres, publicó un editorial titulado El Fondo de Soborno y Corrupción de los Ferrocarriles Salitreros; junto a él, inició la publicación de las declaraciones .prestadas por los directores mencionados; éstas fueron reproducidas por la prensa chilena en el mes de febrero del mismo año. A continuación transcribimos algunos párrafos de esas declaraciones.

Interrogatorio a Robert Harvey, el 25 de mayo de 1897:

Pregunta: "Aparece en los actos del directorio que una muy gruesa suma ha sido pagada al señor Z... que parece haber tenido además un honorario fijo de mil quinientas libras esterlinas al año. (13)

Respuesta: "Aparte de otros emolumentos.

Pregunta: "¿Para qué se hacían estas grandes entregas de dinero?

Respuesta: "Se le hadan esas entregas de dinero porque él defendía los pleitos de la Compañía y porque afirmaba que gastando esas sumas conseguiría atraerse influencias que nos asegurarían el éxito y que para conseguirlo necesitaba ese dinero. Debe Ud. tener entendido que el modo de proceder de la justicia en Chile no está basado en el alto padrón de pureza que existe en este país. No digo que sea necesario cohechar jueces, pero creo que muchos miembros del Senado, escasos de recursos, sacaron algún beneficio de parte de ese dinero en cambio de sus votos; y que sirvió para impedir que el Gobierno se negara en absoluto a oír nuestras protestas y reclamaciones ..." (14)

Interrogatorio a sir Ashmead-Bartlett, miembro del Parlamento británico, el 28 de mayo de 1897:

Pregunta: "¿Podría darme Ud. detalles de la inversión de esos grandes ítem, de modo que se pueda ver cómo se han producido?

Respuesta: "No podría distinguir exactamente entre lo que se puede llamar gastos legales legítimos y gastos legales de carácter privado, lo que por supuesto, y no es un secreto para nadie, consistía en dinero regalado a gentes en Chile que se creía pudieran ser útiles al ferrocarril. La administración pública en Chile es, como Ud. sabe, muy corrompida y como se nos atacaba de todos modos, se nos aconsejó hacer ese gastó para resguardar los derechos del ferrocarril.

Pregunta: "¿La misma observación se aplica a las muy gruesas sumas de dinero que veo fueron pagadas al señor Z... ademas de su honorario fijo de quinientas libras esterlinas al año? (15) .

Respuesta: "Creo, aunque de ello no estoy seguro, que la mayor parte de ese dinero no era para él, sino para ser distribuido entre personas de influencia en Chile.

Pregunta: "¿Alguna vez manifestó usted su opinión con respecto a la corrección de esos pagos?

Respuesta: "Tuvimos muchas discusiones al respecto, pero llegamos a la conclusión, después de oír a personas que conocían aquello y la del coronel North y otros, que no tendríamos posibilidades de éxito en nuestras legitimas aspiraciones, a menos que hiciéramos ese gasto ... " (16)

Interrogatorio a R. A,. Fowler, el 24 de mayo de 1897:

Pregunta: "¿Se hicieron esos desembolsos con el propósito de cohechar funcionarios públicos?

Respuesta: "No puedo asegurarlo. Diría que a funcionarios del ferrocarril no, pero mas bien a funcionarios del Gobierno." (17)

Interrogatorio a E, Manby, el 26 de mayo de 1897:

Pregunta: "¿Puede usted decirme para qué se contrató los servicios del señor B ... y cuánto se le pagaba al año por ellos?

Respuesta: "No recuerdo cuánto se le pagaba al año, pero puedo Obtener el dato. Sus servicios eran más bien de carácter diplomático que de otra cosa. Era un hombre influyente en Iquique. Tenía por bajo cuerda bastante influencia política y pensamos que en cierto modo podría sernos muy útil." (18)

Interrogatorio a J. J. Smith, el 22 de mayo- de 1897:

Pregunta: "¿Alguna vez han recibido ustedes del coronel North algún justificativo de esos grandes desembolsos?

Respuesta: "Creo que no. Creo que deben ser calificados como dinero gastado en servicios secretos." (19)

Ocioso resulta destacar la gravedad de los hechos implícitos en las anteriores declaraciones. Al ser conocidas en nuestro país, provocaron justificada indignación, ya que dejaron en claro una situación que "El Mercurio" el 18 de febrero de 1898 describió en los siguientes términos:

"Hay en ese país (Inglaterra) una compañía cuyo domicilio legal está en Londres y sus negocios en la provincia de Tarapacá.

"Aquella compañía, a que el Gobierno de Chile, previa revisión de sus estatutos, ha dado autorización para que tenga en nuestro país agentes y representantes, publica en los diarios de Londres que desde 1887 a 1895 ha estado consagrada a corromper los poderes públicos de Chile, y en lo cual ha gastado más de noventa y tres mil libras esterlinas."

En el diario "La Tarde", del 26 de octubre de 1897, se comentaba lo relativo al fondo de soborno con estas palabras:

"Es preciso rendirse a la evidencia; no se trata de honorarios para recompensar el trabajo de los abogados; no se han aplicado esas libras esterlinas al pago de sueldos a los representantes, ni siquiera se han invertido en propaganda periodística. Ninguno de esos gastos podía ser considerado como secreto; ninguno de ellos podía imponer silencio al Presidente de los Ferrocarriles de Iquique. Luego, esas libras han ido a comprar conciencias, a torcer justicia, a corromper criterios o a pagar hombres influyentes, venales y pervertidos."

No sólo la Compañía del Ferrocarril salitrero de Tarapacá hacía esta clase de gastos; todas las empresas que actuaban en el Norte destinaban alzadas sumas al pago de abogados y gestores, de políticos corrompidos y antipatriotas, y de las diligencias que éstos pudieran hacer. Varios historiadores de la guerra civil de 1891 señalan que los salitreros eran defendidos por "influyentes y bien rentados abogados" (20), que "tenían vinculaciones sociales y disponían de influencias políticas" (21).

b) Políticos al servicio de los salitreros. José Miguel Valdés Carrera (22) dio a conocer la siguiente lista de políticos que actuaban al servicio de John Thomas North:

"Abogado y apoderado general: Don Julio Zegers.
"Abogados llamados consultores;
"Don Pedro Nolasco Préndez
"Don Eulogio Altamirano
"Don Adolfo Guerrero
"Don Ignacio Santa María
"Don Pedro Bannen
"Don Manuel A. Cristi
"Don Luis Martiniano Rodríguez
"Don Bernardo Paredes
"Don Carlos Walker Martínez
"Don Julio 2º Zegers
"Don Ricardo Trumbull
"Don Enrique Mac Iver
"Don Alberto Covarrubias." (23)

La generalidad de los autores ha desconocido la validez de las afirmaciones de Valdés Carrera, o bien ha estimado que fueron hechas con el mezquino propósito de desprestigiar a distinguidas personalidades que eran sus adversarios políticos. Del mismo modo, han sido desestimadas las afirmaciones de Rafael Balmaceda, según las cuales existía vinculado a la industria salitrera "una especie de sindicato secreto, formado por algunos diputados para manejar sus intereses en la capital. Entre ellos se contaba hasta el secretario de la Cámara de Diputados que no tenía siquiera el título profesional de abogado". (24)

Sin embargo, después de realizada una minuciosa investigación cuya base documental se da a conocer más adelante, es posible afirmar que Valdés Carrera no formuló falsas imputaciones. En las páginas que siguen se prueba la estrecha concomitancia que existía entre los dirigentes de la política chilena y los industriales del salitre.

I. Julio Zegers (25), con fecha 10 de febrero de 1898, envió a "El Ferrocarril" un remitido que en sus primeros párrafos decía:

"La prensa de Santiago ha reproducido las publicaciones de un diario inglés sobre esclarecimientos provocados por accionistas de los Ferrocarriles Salitreros de Tarapacá ... Como en esas publicaciones se hacen referencias al abogado de la Compañía y yo he sido ese abogado desde principios de 1881 hasta hoy, creo de mi deber dar, desde luego, algunas explicaciones..."

En sus ediciones correspondientes a los días 16, 18 y 25 de febrero, el mismo diario publicó tres remitidos de Zegers en el segundo de los cuales hacia referencia a sus honorarios y a los percibidos por su hijo Julio 2° Zegers (26).

Las anteriores declaraciones formuladas por el propio Zegers demuestran que él y su hijo tenían la calidad de abogados de North. Una confirmación más categórica todavía la constituye uno de los poderes otorgados al primero, que decía:

"En Iquique, República de Chile, a 5 de octubre de 1888, ante mí, el notario público que suscribe y testigos cuyos nombres se expresan, compareció don Samuel Federico Rowland... a quien doy fe conozco, dijo: que en su carácter de mandatario general, agente autorizado de la Compañía de los Ferrocarriles Salitreros Limitada, venia en sustituir o delegar en todas sus partes y sin limitación de ningún género en la persona de don Julio Zegers el poder general que la expresada Compañía le ha conferido en Londres el 18 de marzo del año en curso, a fin de representar a la expresada Compañía en la ciudad de Santiago en todos los asuntos en que tenga o pueda tener interés, sin restricción alguna. .. Así lo dijo y otorgó al pareciente firmando en comprobante, previa lectura con los testigos ... Marco A. Castillo. Notario." (27)

II. Enrique Mac Iver (28); también fue uno de los abogados de North, como lo demuestra el siguiente poder:

"En Iquique, República de Chile, a 15 de enero de 1889, ante mi, el notario público que suscribe y testigos cuyos nombres se expresan a la conclusión, compareció don Juan Dawson en representación de don Juan Tomás North, según se comprobará al final, mayor de edad, de este domicilio, a quien conozco y dijo: que venía en conferir poder general amplio a don Enrique Mac Iver, residente en Santiago de Chile, para que a nombre de su representante inicie y siga toda clase de juicios, tanto en primera como en segunda instancia, y ante toda clase de autoridades, contestando e interponiendo toda clase de demandas contra quien viese convenirle, ya sean sociedades, corporaciones o personas determinadas, con la más amplia facultad. Le faculta, en consecuencia, para que en la secuela de dichos juicios rinda toda clase de pruebas, y las exija ... y, en general, le da y confiere el uso de los derechos para la defensa de su representado, designados por la ley para aquellos actos que requieran mandato especial, el cual podrá delegar en todo o en parte para asuntos determinados en persona de su confianza y en aquellos casos que no pueda hacerlo por sí solo... Así lo dijo y otorgó el párente, previa lectura con los testigos ... Doy fe, Federico Talavera. Notario Suplente." (29)

Con fecha 15 de abril de 1889, el propio John Thomas North otorgó un poder especial a Enrique Mac Iver, en Santiago (30).

Es interesante constatar que Mac Iver desempeñaba sus funciones de abogado haciendo valer su calidad de parlamentario. Así, en poder extendido en favor de Henry Thomas para que actuara en Chile como agente de The Julia Nitrate Company Limited, y en el que se hace referencia a la forma cómo se constituyeron las propiedades de esta Compañía, hay el siguiente párrafo:

"Y por cuanto por dicho convenio de 5 de enero de 1889 fue proveído igualmente que el citado John Harrington prepararía y presentaría un buen título de los terrenos, depósitos y demás bienes que se convino vender libre de todo impedimento, bajo las leyes de la República de Chile, o tales otras leyes que fueron aplicadas al caso, a la satisfacción del señor don Enrique y Mac Iver, Diputado al Congreso." (31)

Es decir, en un documento privado, algunos clientes de Mac Iver creen conveniente dejar constancia de la calidad de diputado que éste tenía.

III. Eulogio Altamirano (32), publicó un desmentido en "El Ferrocarril" del 4 de marzo de 1898, con motivo de ciertas afirmaciones hechas en el sentido de que él había recibido dinero de North. Dice así el encabezamiento de esta nota:

"Jamás, en, época alguna de mi vida, he tenido relaciones con aquella empresa (el Ferrocarril Salitrero de Tarapacá), y que, en consecuencia, no he recibido honorarios ni de un centavo.

"Por el contrario, como antiguo abogado de la Casa de Gibbs, hice los mayores esfuerzos por alcanzar la autorización legislativa para construir el ferrocarril de Chucumata ... "

De esta declaración se desprenden dos hechos igualmente valiosos: 1) Altamirano era "antiguo abogado de la Casa de Gibbs", una de las grandes empresas salitreras británicas que actuaban en Tarapacá, y 2) Altamirano reconoce que, en su calidad de abogado de la referida empresa hizo esfuerzos -como parlamentario- para ".. .alcanzar la autorización legislativa para construir el ferrocarril de Chucumata...", es decir, usó de su investidura parlamentaria 'para proteger los intereses de la Compañía que lo tenía como abogado. Por lo demás, parece que semejantes procedimientos eran usuales en Altamirano. El 27 de diciembre de 1889, el Senado empezó la discusión de un proyecto de ley relativo a la concesión de títulos de propiedad a algunas empresas salitreras que no se habían acogido a la legislación anteriormente dictada. En esa oportunidad, el senador Eulogio Altamirano formulo esta pregunta:

"Desearía saber, señor Ministro, si en esta lista se ha olvidado las salitreras que reclaman los señores Gibbs."

Obtenida una respuesta negativa, el mismo senador agregó:

"Pido la palabra para rogar al señor Ministro tenga a bien fijarse en la situación en que se encuentra esta reclamación de los señores Gibbs que se está tramitando ante el Gobierno precisamente en los momentos en que el Congreso se ocupa de dictar esta ley, en la que debería tomarse en cuenta dicha reclamación con mayor motivo que todas las otras. De manera que si su Señoría no tiene presente las circunstancias de esta reclamación, me vería obligado a pedir segunda discusión para el proyecto, a fin de que en la sesión próxima pueda dar las explicaciones del caso.

"Yo podría darlas desde luego, pero soy abogado de los señores Gibbs y esta es la razón que me mueve a guardar silencio."

El Ministro de Hacienda contestó que desconocía la solicitud a que se refería Altamirano, lo que indujo a éste a iniciar el alegato en favor de la Casa Gibbs en los siguientes términos:

"Sin profundizar el asunto, puedo adelantar dos palabras: Los señores Gibbs son dueños de tres salitreras que vendieron en aquella época, al Gobierno del Perú; pero ..." (33)

Por otra parte, José Miguel Valdés Carrera, refiriéndose a la actuación que cupo al Consejo de Estado en 1889 al dar término al monopolio que tenía el ferrocarril salitrero en Tarapacá, declara:

"Debo consignar aquí, para honra de este alto Cuerpo, que el fallo que tanto ha mortificado a Zegers sólo tuvo un voto en contra, el de don Eulogio Altamirano, otro de los muchos abogados o consultores que North pagaba para atraerse influencias oficiales." (34)

Años más tarde, en 1898, el diario "La Tribuna" afirmaba que entre las personas que percibían sueldos pagados por Julio Zegers se contaba Eulogio Altamirano. (35)

IV. Carlos Walker Martínez (36), estuvo también estrechamente conectado con las empresas salitreras. En páginas anteriores hemos reproducido una información publicada 'por "El Mercurio" el 16 de febrero de 1889, en la que se dice:

"Don Carlos Walker Martínez, como representante de varios capitalistas de esta capital, se encuentra actualmente en Iquique gestionando la compra de algunas oficinas y pertenencias salitreras."

Además, en marzo de 1889, Cristóbal Zanelli, industrial italiano dueño de algunas oficinas, confirió a Walker Martínez el siguiente poder que da al mandatario facultades tan amplias, como las que tenía el propio mandante:

"En Iquique, República de Chile, a 23 de marzo de 1889, ante mí, el notario público suplente que suscribe y testigos cuyos nombres se expresarán a la conclusión, compareció don Cristóbal Zanelli... a quien conozco y expresó: que venía en conferir poder general amplio y sin limitación alguna al señor Carlos Walker Martínez, residente en Santiago, para que judicial y extrajudicialmente y ante cualquiera autoridad, ya sea judicial o administrativa, lo represente en todos los asuntos, juicios y negocios de cualquier carácter o naturaleza que sean unos u otros. Le faculta, en consecuencia, para que en ejercicio de este mandato practique cuanta diligencia sea conducente al más amplio desempeño de su cometido, pudiendo comprar, vender, hipotecar, arrendar, permutar, donar, aviar, donar, formar, prorrogar y disolver sociedades, girar, protestar, aceptar y pagar letras de cambio, pagarés y otros documentos comerciales. En el orden judicial hará uso, además, de las facultades generales del mandato, de las especiales de transigir, percibir, interponer recursos legales, incluso el de nulidad ... Así lo dijo y otorgó el pareciente firmando en comprobante previa lectura, con los testigos ... Doy fe. Ante mí. Federico Talavera. Notario Suplente." (37)

Por otro lado, Carlos Walker Martínez mantuvo relaciones comerciales y fue agente en Santiago de Guillermo Shiell, empresario inglés que tenía intereses en las salitreras y en otros minerales de la provincia de Tarapacá, según se desprende de un poder otorgado por éste a aquél con fecha 23 de febrero de 1889 en la ciudad de Iquique, ante el notario público suplente Federico Talavera (38). Además, la representación que le fue conferida por el salitrero Demófilo Herrera en su calidad de representante de R. Olcay y Compañía y Conejero Compañía (39), demuestra que las vinculaciones de Walker Martínez con los círculos salitreros de Tarapacá fueron amplias y estrechas.

V. Adolfo Guerrero (40), en nota enviada a la prensa y publicada por "El Ferrocarril" el 20 de febrero de 1898, formuló esta declaración:

"En 1889 sostuve como abogado, a nombre de la Compañía (del Ferrocarril Salitrero), ante el Consejo de Estado, la competencia declarada en ese fallo y que el Ministro de Industria desconoció, formulando, en representación del Presidente de la República, la respectiva contienda de competencia.

"Desempeñé esa comisión por encargo de don Julio Zegers, abogado de la Compañía y que estaba implicado para Defenderla en esta incidencia ante el Consejo de Estado."

Esta declaración confirma el siguiente trozo del acta de la sesión celebrada por el Consejo de Estado el día 27 de agosto de 1889:

"Por último, el Consejo entró a ocuparse de la contienda de competencia promovida por S. E. el Presidente de la República a la Excma. Corte Suprema con motivo de la demanda interpuesta contra el Fisco por la Compañía de Ferrocarriles Salitreros ... En favor de dicha competencia alegó el abogado don Adolfo Guerrero, en representación de la Compañía antes nombrada." (41)

VI. Marcial Martínez (42), fue otro de los abogados de North, según se desprende de la siguiente información publicada por "El Ferrocarril" el 17 de abril de 1889:

"Visita. En la tarde de ayer el coronel North, acompañado del señor don Juan Dawson, su representante en Chile, y de su abogado don Marcial Martínez, hizo una visita al Ministro de Industrias y Obras Públicas, don Enrique Sanfuentes."

VII. Domingo Toro Herrera (43), fue otro personaje que estuvo vinculado a North, como se puede deducir del siguiente párrafo contenido en la obra del periodista inglés William Howard Russell:

"Abril 30. El (North) fue a ver a sus abogados y amigos, entre ellos al señor Toro, quien fue uno de los pasajeros del Cotopaxi y que, en el momento del naufragio, exhibió el coraje de que antes había hecho gala en el campo de batalla." (44)

Revisando las listas de personas que viajaban en el mencionado barco, hemos verificado que "el señor Toro" a que se hace referencia es Domingo Toro Herrera (45).

Aparte de las personas mencionadas anteriormente, actuaron como abogados o representantes de North: Luis Barros Méndez (46), Félix Muga, Mariano G. Ríos, Marcial Gacitúa, Segundo Molina, Pedro Nolasco Salas, Miguel Carreño Gómez, Manuel Lecaros, Herberto Morrison, David Mancur, David Simpson, Heriberto Griffin, Edmundo Anson, William Watson, Gamble North, James Frank, Nicolás Linnich, y muchos otros que harían una larga lista.

El 15 de febrero de 1898, el diario "La Tribuna" publicó un artículo sobre las declaraciones que los directores del Ferrocarril Salitrero prestaron durante el proceso de que fueron objeto en Londres. Entre otras cosas, en este artículo es posible leer lo que sigue:

"El señor Zegers, penetrado de su puesto, del porvenir que le aguardaba con una empresa tan rica, lo primero que hizo fue buscar un medio de perpetuarse en el poder.

"Buscó colaboradores que, a su vez, lo eran del Gobierno.

"Entre éstos figuraban, con sueldos pagados por el señor Zegers, los señores Altamirano (Eulogio) Martínez (Marcial) y otros abogados de que en números más nos ocuparemos.

"Apoyaban al señor Zegers en sus gestiones los periodistas señores Zorobabel Rodríguez, Abraham Guerrero, Carlos Rogers, Isidoro Errázuriz y Gonzalo Bulnes.

"Todos ellos, personal y profesionalmente, defendieron los privilegios del Ferrocarril de Tarapacá con tanto o mayor entusiasmo que el abogado señor Zegers."

Días más tarde, el 27 de febrero, en el mismo diario apareció un largo artículo titulado Los Grandes Culpables, del cual entresacamos lo que sigue:

"Altamirano cobró por un informe cinco mil pesos y un mil pesos cada uno respectivamente de los señores Campillo y Cood.

"¿Se pagó algo al primero de los nombrados por un voto especial y único dentro del Consejo de Estado?...

"La cifra exacta del dinero que Guerrero recibió es la siguiente:

"Por su alegato en el Consejo de Estado.............................$ 8.000

"Sueldo (cuatro mil pesos anuales) desde 1887 a 1890......$ 12.000

20.000

"Siguen a Guerrero con su compromiso periodístico con el Sindicato, Carlos Rogers, Máximo R.. Lira y Zorobabel Rodríguez.

"Rogers obtuvo la publicación de los documentos de la Compañía y de los remitidos de Zegers en "El Ferrocarril". De muchas de esas piezas fue colaborador. "El Ferrocarril" se benefició con algo más de treinta y cinco mil pesos con aquellas inserciones. Rogers cobraba anualmente por su colaboración cuatro mil pesos, que en todo hace treinta y seis mil pesos.

"Zorobabel Rodríguez recibió igual subvención, primero para mantener su neutralidad, y luego para escribir en "El Independiente". Percibió sólo ocho mil pesos en dos años que tuvo influencia en aquel diario; más tres mil pesos por un informe que de él solicitó Zegers ...

"Máximo R. Lira, subsecretario de uno de los Ministerios, redactor de "Los Debates" y hombre influyente en la Moneda, ingresó también al círculo de Zegers, en las mismas condiciones que sus colegas anteriores, alcanzando a figurar en las listas de subvencionadores con la suma de doce mil pesos...

"Otro de los abogados que acompañaban a Zegers en sus tareas de torcedor de las leyes era don Luis Barros Méndez... Recibió Barros Méndez en el tiempo que acompañó a Zegers, cincuenta y un mil pesos ...

"La renta que en sólo nueve años percibió de la Compañía don Julio 2º Zegers, fue de cincuenta y cuatro mil cuatrocientos pesos...

"El señor Martínez, cobraba veintiún mil pesos anuales por sus honorarios."

Estas informaciones publicadas por "La Tribuna" con ocasión .del conocimiento que se tuvo en Chile del proceso a los directores de la Compañía del Ferrocarril Salitrero, revelan que los industriales extranjeros no sólo procuraron los servicios de connotados políticos, sino que también influenciaron a la prensa a través de periodistas tan destacados como Zorobabel Rodríguez (47), Máximo R. Lira (48) y otros.

Todo lo expuesto anteriormente es sólo una parte de la gran trama que ataba a los intereses de los capitalistas salitreros con elementos descollantes de la vida política chilena. Muchas cosas han quedado en la penumbra y, la falta de pruebas documentales como las transcritas en .las páginas precedentes, impedirá descubrirlas en toda su magnitud. Algunos párrafos de la ya citada declaración de Roben Harvey nos dan a conocer en sus líneas generales el complejo nudo de intereses económico-políticos que se había creado en Taparacá y que tenía sus ramificaciones en Santiago y en Londres:

"Teníamos que seguir los juicios de acuerdo con las costumbres del país; costumbres que probablemente las personas habituadas al sistema de Cortes de Justicia de Europa no aprobarían, pero estábamos en sus manos. Nuestros competidores fueron igualmente inescrupulosos, y se pagaba de un lado y de otro. Tuvimos que combatir dinero con dinero." (49)

Hemos dado a conocer solamente los nombres de algunos políticos chilenos vinculados al capital extranjero de Tarapacá. En Antofagasta ocurrían situaciones más o menos análogas. Así, por ejemplo, Melchor Concha y Toro (50) fue uno de los socios constituyentes de The Antofagasta and Bolivia Railway Company Limited, sociedad inglesa registrada en Londres, según se desprende del siguiente documento:

"Nosotros, las diversas personas, cuyos nombres, domicilios y descripciones se indican, deseamos constituirnos en sociedad, en conformidad a este memorándum de asociación y nos obligamos a tomar en el capital, de la Compañía el número de acciones que se marca al frente de nuestro respectivo nombre:

Melchor Concha y Toro, abogado. Santiago de Chile .... I

Emmanuel M. Underdoure, abogado de la reina. Temple.

Londres ...................

Lepel Henry Griffín. K.. C. S. I. St. James Street S. W. , . .

Richard Glyn, comerciante. 88 London Wall. E. C. . . . . .

William May, Caversham. Reading, Procurador . . . . . .

Charles William Forde, caballero particular. 252 Cornwail Road, W

W. A. Pittmon, caballero particular, St. Glus Gardens. W .

Fecha este día 27 de noviembre de 1888." (51)

Después de haber hecho luz sobre este penoso, aspecto de las actividades desarrolladas por algunos eminentes hombres públicos chilenos, podemos decir que los hechos señalados constituyen una triste confirmación de las siguientes palabras escritas por el ensayista peruano González Prada:

"Si el Perú se contagió con la ferocidad araucana. Chile se contaminó con el virus peruano. El contacto de ambas naciones recuerda el abrazo de Almanzor: un medio de comunicarse la peste. Nadie ignora que nuestro vencedor de ayer se ve atacado ya por el cáncer de la mas sórdida corrupción pública; las prensas de Santiago y Valparaíso lo dicen a todas horas y en todos los tonos. Chile retrata hoy al Perú de la consolidación y del Contrato Dreyfus; entra por el camino que nosotros seguíamos; será. lo que nosotros fuimos ... " (52)

Hay quienes afirman que el desempeño de funciones públicas es compatible con la defensa de intereses privados rivales o antagónicos de los intereses colectivos. Se trata, dicen, de actividades realizadas en dos planos distintos que no se interfieren. Por ejemplo, se puede ser miembro del Parlamento y defender desde allí las conveniencias de. la nación y, al mismo tiempo, abogado de elementos que pugnan por expandirse en detrimento de las mismas conveniencias nacionales. Ni aun teóricamente es posible sostener tal dualidad, pues nadie puede asumir honradamente, dos actitudes divergentes frente a un mismo problema. Así lo comprendió Julio Zegers cuando escribió:

"Padecen un error manifiesto los que creen que un hombre ha de tener una opinión como abogado y otra como diputado. Las opiniones de un hombre serán las mismas en su estudio, en el Congreso y en todas partes; y el único deber será siempre la defensa de esa su opinión en el foro, en el Parlamento y en la calle. Lo contrario es absurdo e inmoral." (53)

Estas palabras vienen de un hombre que sabía, por propia experiencia, la imposibilidad de moverse simultáneamente en sentidos distintos.

Por otra parte, es seguro que cuando los poderosos empresarios de la industria salitrera reclutaban abogados entre las figuras descollantes de la política nacional, lo hacían con el propósito de contar con los servicios de distinguidos miembros del foro y, además, con el fin de establecer conexiones que permitieran la protección de sus intereses mediante actuaciones realizadas en los planos político y administrativo; esto último era posible obtenerlo, naturalmente, de quienes habían hecho de la carrera política su principal actividad. Como lo señala Rafael Balmaceda,

"... los jefes de empresas de Iquique que encomendaron la gestión de sus intereses a abogados de cierto talento y notoriedad bien o mal adquirida, que vinculados al movimiento político desempeñaban actualmente cargos de diputados o senadores, contaban así con obtener influencias o aquiescencias benévolas para sus intereses." (54)

3. Política salitrera de Balmaceda.

Balmaceda llegó a compenetrarse profundamente de la enorme importancia que el salitre tenía en la marcha económica de la República; además, conoció los vicios -lesivos a los intereses de Chile- de que había adolecido la regularización de la propiedad salitrera. Por último, desde que asumió su alto cargo comprendió en toda su magnitud la trascendencia y proyecciones del predominio ejercido por capitalistas ingleses sobre una industria tan fundamental para el país. De ahí que poco después de ocupar la Presidencia, Balmaceda inició la adopción de algunas medidas y formuló una política salitrera que estaban orientadas a rectificar las situaciones existentes y a cambiar tanto la contextura como la evolución ulterior de la industria del nitrato.

a) Medidas adoptadas por el Gobierno (1887-1889). El 24 de febrero de 1887 el Congreso tomó conocimiento de un proyecto que fue despachado como ley de la República y promulgado el 18 de abril del mismo año. En virtud de esta ley, Se autorizó al Ejecutivo

"para pagar los certificados emitidos por el Gobierno peruano en conformidad a la ley de 28 de marzo de 1875 y decreto de 14 de diciembre del mismo año como precio de venta de los establecimientos salitrales comprados o expropiados en el territorio de Tarapacá."

Para cumplir esta disposición, también fue autorizada la contratación de un empréstito que produjera la suma de 1.113.781 libras esterlinas.

Realizada esta operación, quedaron resueltos varios problemas planteados por los tenedores extranjeros de certificados que no habían rescatado las correspondientes oficinas; por otra parte, el Fisco adquirió la propiedad de setenta y una oficina que, a pesar de no ser las más valiosas, representaban -sin embargo- una riqueza considerable que se incorporaba efectivamente al patrimonio nacional; refiriéndose a esta operación, en el Mensaje al Congreso correspondiente a 1887, Balmaceda podía decir:

"Hemos adquirido así la propiedad de establecimientos salitreros cuya maquinaria está menoscabada, pero cuyos estacamentos salitreros tienen un valor cierto y crecido."

Sumadas estas oficinas a las reservas fiscales no enajenadas, el Estado llegó a tener una mayor influencia sobre la industria, lo que le permitió contrapesar, con cierta eficacia, los avances de las empresas británicas.

Posteriormente, el 22 de julio de 1887, se dictó un decreto que en su parte resolutiva decía:

"Se deroga el decreto de 26 de enero de 1886 que autoriza la devolución de los establecimientos salitrales mediante la entrega y cancelación de los respectivos certificados."

Este decreto, aunque complementario de la ley anterior, tiene importancia porque estaba destinado a poner fin a la entrega de salitreras a los tenedores de certificados e importaba, por consiguiente, una fundamental rectificación de la política salitrera seguida desde 1881. Se inauguró así una nueva política en virtud de la cual no se produjeron enajenaciones de oficinas ni de terrenos salitreros del Estado; éste pasó a disponer de un poderoso elemento que serviría de base a los proyectos de nacionalización de la industria (55).

Contra este criterio gubernativo actuó el Congreso al dar su aprobación, en diciembre de 1889, al siguiente proyecto de ley de iniciativa parlamentaria:

"Artículo único. El Presidente de la República otorgará el titulo de propiedad de la oficina salitrera que corresponda a quienes lo hayan pedido y hubieren entregado, o en el término de noventa días entregaren cancelados en arcas fiscales, con arreglo al supremo decreto de 28 de enero de 1886, los certificados emitidos por el Gobierno del Perú en pago de la misma oficina, sin derecho a reclamo ni ulterior recurso contra el fisco, cualquiera que sea su naturaleza u origen."

Este proyecto tenía como finalidad permitir a algunos empresarios como Pedro Perfetti y la Casa Gibbs dar término al proceso de aprobación de algunas salitreras que no se había podido completar en atención a lo dispuesto por el decreto de 22 de julio ya citado. El Ejecutivo no acogió este proyecto, en razón de lo cual no llegó a ser ley de la República.

En abril de 1889 fue establecida la Delegación Fiscal de Salitreras y Guaneras, organismo creado en reemplazo de la Inspección General de Salitreras y Guaneras que existía desde la época en que el Perú ejercía dominio sobre Tarapacá. Sus funciones fueron:

1. Conservar, defender y vigilar las oficinas y terrenos salitrales del Estado;

2. Mensurar, reconocer y avaluar esos mismos terrenos y los estacamentos de propiedad fiscal y particular existentes;

3. Vigilar la marcha de los juicios en que tenga interés el Fisco y se relacionen con propiedades salitreras;

4. Proponer al Estado las medidas convenientes para fomentar el consumo del salitre y estudiar todo lo que se relacione con la marcha y desarrollo de la industria salitrera, y

5. Llevar la estadística del ramo.

Con esta medida, el Gobierno llegaba a disponer de una repartición encargada exclusivamente de atender los diversos y complejos 'problemas planteados por la industria del nitrato.

El 21 de diciembre de 1889 se presentó un proyecto de ley al Congreso que autorizaba al Ejecutivo para gastar cierta suma de dinero en el establecimiento de

"... un sistema de propaganda a fin de abrir nuevos mercados al salitre en Asia. América y Europa misma."

En la exposición de motivos del proyecto sé agregaba:

"La propaganda del consumo del salitre es hoy indispensable, no sólo para dar nuevo impulso a la producción y obtener de ese modo el incremento de las entradas fiscales, sino para salvar la difícil situación a que ha llegado la industria a consecuencia de su mismo desarrollo."

Aunque este proyecto no llegó a convertirse en ley, es revelador de la preocupación que tuvo el Gobierno en el sentido de abrir nuevos centros al consumo del salitre. Con este mismo criterio, el 15 de diciembre de 1888, el Ministerio de Hacienda envió a los cónsules de Chile en el extranjero una circular en la que pedia se le informara ampliamente respecto a las nuevas posibilidades que el exterior ofrecía al salitre. Las respuestas obtenidas contenían valiosas informaciones que fueron publicadas por el Ministerio de Hacienda en un folleto titulado: Fomento de la Industria Salitrera.

b) Orientación de la política salitrera de Balmaceda. A fin de tener los más amplios elementos de juicio sobre los cuales fundar acertadamente su política, con fecha 26 de noviembre de 1888 el Ministerio de Hacienda pidió al Inspector General de Salitreras un informe completo sobre el estado de la industria, que proporcionara datos sobre el volumen y los costos de producción del nitrato, de su cotización en el mercado de Londres y, su precio de venta, las utilidades que producía con indicación de las que quedaban en el país y de las que emigraban, etc. Se pedía también que el citado funcionario diera a conocer su opinión respecto de la forma cómo debería producirse la enajenación de la propiedad salitrera fiscal.

Con fecha 10 de diciembre de 1888, el Inspector General de Salitreras, Gustavo Jullian, presentó el informe solicitado y en él exponía lo siguiente (56):

Desde 1830 hasta 1887, la cantidad total de salitre exportado por Tarapacá, Toco, Antofagasta y Taltal ascendió a la cantidad de 216.000.000 de quintales españoles, siendo posible observar un considerable aumento desde el término de la Guerra del Pacífico; así, la exportación del quinquenio 1880-1884 fue superior en un 54% a la del quinquenio 1875-1879.

El precio de venta del salitre era el fijado en Inglaterra y en los años 1886, 1887 y 1888 fue de 9 chelines 4 peniques, 8 chelines 7 peniques y 9 chelines 2 peniques, respectivamente.

El costo de producción del salitre variaba de una oficina a otra, según la riqueza del caliche, las facilidades con que se contaba para elaborarlo, la distancia a que se hallaban las máquinas de los mantos calicheros, etc. Oscilaba entre $ 0,40 en las oficinas mejor dotadas, y $ 1,00 en las más pobres. Por consiguiente, el costo de elaboración de un quintal de salitre en la cancha de una oficina, se podía estimar en $ 0,70 por término medio, cifra susceptible de bajar con el perfeccionamiento de los medios de producción.

La utilidad percibida por los productores era calculada sobre la base de las siguientes cifras:

Costo de 1 qq. de salitre en cancha 0,70
Saco y envasadura 0,10
Flete, al cambio de 27 peniques 0,38
Derechos de exportación 1,00
Costo de 1qq. a bordo $ 2,33

A esta suma habría que agregar la amortización del capital invertido la que, sin embargo, se podría considerar pagada con la producción del yodo y con las utilidades ganadas en la venta de mercaderías y artículos de primera necesidad a los trabajadores.

Tomando en cuenta que el costo del salitre alcanzaba a $ 2,33 y su precio corriente era de 5 2,85, se podía calcular una utilidad media, por quintal, ascendente a $ 0,52, lo que representaba una utilidad anual de $ 8.320.000 si la venta llegaba a 16.000.000 de quintales. A estas utilidades habría que agregar las proporcionadas por el ferrocarril salitrero y que ascendían a $ 5.500.000 anuales.

Los beneficios que la economía chilena obtenía por cada quintal de salitre exportado estaban representados por los siguientes guarismos:
Jornal de trabajadores $ 0,50
Ensacadura 0,03
Comisión y embarque 0,15
Derechos de exportación 1.00
Total $ 1,68

El resto, es decir, $ 1,17 emigraba en forma de utilidades, maquinarias, amortización de capitales, etc.

Por las razonen expuestas, el Inspector General de Salitreras estimaba

" ... de gran conveniencia la idea de nacionalizar esta industria..."

y sugería que, para llevarla a cabo,

"... el Gobierno, al enajenar sus propiedades salitreras, se reserve una extensión de terreno virgen, de bastante superficie y buena ley para que así pueda organizar una sociedad nacional que las explote, con ventaja, por su cuenta."

Este documento tuvo una importancia excepcional; la objetiva descripción que en él se hacía de las condiciones por las cuales atravesaba la industria salitrera, sirvió de base a la política que con respecto a esa industria formuló Balmaceda en el curso del año 1889.

Esta nueva política, implicaba un cambio radical en el criterio que el Presidente parece haber tenido hasta el año 1887; él adhirió a los planteamientos básicos del informe mencionado, incluyendo el relativo a la conveniencia de nacionalizar las salitreras; y al hacer esto, se identificó con la actitud contraria a la mayor penetración del capital inglés en el Norte, que tan profundamente había arraigado en la opinión pública, según se ha señalado al comenzar este capítulo. Así se explica, que la Legación Británica en Santiago hubiera podido informar al Foreign Office lo siguiente:

"Desde el año 1887, los partidarios del Gobierno ahora en poder, han declarado frecuentemente la necesidad de nacionalizar los distritos salitreros. El Presidente Balmaceda expresó este punto de vista en su Mensaje al Congreso y desde entonces lo ha repetido pública y privadamente." (57)

A principios de 1889, Balmaceda realizó una gira por las provincias del Norte. En todos los círculos se comprendió el verdadero alcance del viaje Presidencial; "El Heraldo", en un comentario político decía:

"El viaje que el lunes emprenderá el señor Balmaceda al Norte asume, al decir de los palaciegos, las proporciones de un gran acontecimiento político y financiero.

"Dicen los adoradores del Presidente que éste va ganando la mano al coronel North en su marcha a Tarapacá y que aquél quiera tomarle los hilos al salitre." (58)

En esta visita a la Zona Norte no solamente se vio, pues, un rutinario viaje de carácter administrativo o político, sino una manifestación de los propósitos que ya animaban vigorosamente al Primer Mandatario del país; repárese a este respecto en el contenido del último párrafo del citado comentario periodístico; en él la idea central es que el Presidente pretendía, ni más ni menos, que impedir la futura y mayor expansión inglesa en la región salitrera.

Durante su viaje, el Presidente visitó Iquique, las salitreras de Tarapacá y Antofagasta, y las provincias de Atacama y Coquimbo. Se impuso de los principales problemas que afectaban a aquellas ricas zonas y conoció personalmente la forma como se desenvolvía la actividad económica en ellas. Además, en reiteradas ocasiones dio a conocer la política que su gobierno seguiría frente a los problemas del salitre. Entre los discursos notables por su contenido y por los principios que enunciaba, está el que pronunció en Iquique el 8 de marzo de 1889. En esa oportunidad, refiriéndose a la industria salitrera, dijo:

"La extracción y elaboración corresponde a la libre competencia de la industria libre. Mas la propiedad salitrera particular y la propiedad nacional, son objeto de seria meditación y estudio.

"La propiedad particular es casi toda de extranjeros y se concentra activamente en individuos de una sola nacionalidad. Preferible sería que aquella propiedad fuese también de chilenos ...

"La próxima enajenación de una parte de la propiedad salitrera del Estado, abrirá nuevos horizontes al capital chileno si se modifican las condiciones en que gira y las preocupaciones que lo retraen. La aplicación del capital chileno en aquella industria producirá, para nosotros, los beneficios de la exportación de nuestra propia riqueza y la regularidad de la propia producción, sin los rumbos de un posible monopolio.

"Ha llegado el momento de hacer una declaración a la faz de la República entera. El monopolio del salitre no puede ser empresa del Estado, cuya misión fundamental es sólo garantir la propiedad y la libertad.

"Tampoco debe ser obra de particulares, ya sean éstos nacionales o extranjeros, porque no aceptaremos jamás la tiranía económica de muchos ni de pocos. El Estado habrá de conservar siempre la propiedad salitrera suficiente para resguardar, con su influencia, la producción y su venta y frustrar en toda eventualidad la dictadura industrial de Tarapacá.

"Es oportuno marcar el rumbo y, por lo mismo, señalo en los perfeccionamientos de elaboración, en el abaratamiento de los acarreos, en los embarques fáciles y expeditos, en la disminución de los fletes y del seguro de mar y principalmente en el ensanchamiento de los mercados y de los consumos, los provechos que la codicia y el egoísmo pretendiesen obtener del monopolio. Es este un sistema condenado por la moral y la experiencia, pues en el régimen económico de las naciones modernas está probado y demostrado que sólo la libertad de trabajo alumbra y vivifica la industria."

El hecho de que este discurso haya sido pronunciado más o menos en los mismos momentos en que John Thomas North venía a nuestro país a "solidificar y extender intereses", al decir de uno de sus acompañantes, da a las declaraciones presidenciales el carácter de una verdadera declaración de guerra al capital monopolista inglés que ejercía una verdadera dictadura económica sobre la región salitrera. Así lo entendieron los empresarios ingleses que transmitieron el discurso íntegro a Londres, y así lo entendieron también los diversos sectores de la opinión pública.

Comentando las declaraciones presidenciales, "El Ferrocarril" escribió lo que sigue el 16 de marzo de 1889:

"El discurso pronunciado por S. E. en el banquete que le fue dedicado en Iquique, está siendo el tema obligado de todas las conversaciones en los círculos políticos y comerciales. Se da tanta importancia al discurso de nuestra referencia tomando en consideración los propósitos que trae a Chile el señor Narth, propósitos que serán frustrados si S. E. mantiene en el terreno de la práctica las ideas sustentadas en su discurso."

Por su parte, "El Mercurio" escribía el 25 de marzo:

"El último discurso del Presidente de la República en Iquique, expresando netamente sus ideas y propósitos acerca de la cuestión salitrera, habrá contrariado quizás un tanto los propósitos de Mr. North con relación a Tarapacá y sus importantes industrias."

Algunos meses más tarde, el 1º de junio, en su Mensaje anual, Balmaceda ratificó los conceptos anteriores y los expresó con un vigor y una crudeza jamás empleados por ningún Presidente de la República al decir, ante el Congreso Pleno, el Cuerpo Diplomático residente y los altos funcionarios públicos, lo siguiente:

"El examen atento del grave problema de la industria salitrera nos induce a formular una solución que juzgamos impuesta por las reglas generales de la libertad económica y por las especiales, y de que no es posible prescindir en la producción de un articulo que es de Chile y que sólo de nuestro territorio puede exportarse para su consumo en los mercados del mundo.

"Juzgo que las salitreras redimidas por el Estado deben venderse en licitación pública, por cantones, a fin de que en cada cantón las buenas, las regulares y las inferiores sean vendidas en la venta común. A la vez que se entreguen a la libre competencia y al libre comercio las salitreras redimidas, deberán enajenarse gradualmente cuatro mil estacas, escogidas entre los mejores terrenos salitrales a fin de formar establecimientos chilenos bien sea de sociedades formadas por individuos de cada provincia o de algunas provincias agrupadas, según fuese su importancia económica, o ya sea en otra forma que se estimare preferible, pero de accionistas chilenos y con acciones intransferibles durante un espacio de tiempo y después sólo transferibles a chilenos.

"Enajenadas las salitreras redimidas y las cuatro mil estacas destinadas a establecimientos nacionales, se vendería anualmente, en lo futuro, una mitad de estacas en libre licitación y competencia, y la otra mitad a accionistas chilenos en acciones intransferibles a extranjeros. De esta manera no se perturbaría la corriente de libre producción creada, y se aseguraría, a la vez, la radicación de la industria por capitales chilenos, y para industriales chilenos.

"La influencia del salitre en la agricultura y en la industria, y el desarrollo creciente de su producción, aconsejan al legislador y al hombre de gobierno no aplazar la solución del problema y resolverlo resguardando eficazmente el legítimo interés de nuestros nacionales.

"Es verdad que no debemos cerrar la puerta a la libre concurrencia y producción de salitre de Tarapacá, pero tampoco debemos consentir que aquella vasta y rica región sea convertida en una simple factoría extranjera. No podrá desconocerse el hecho muy grave y muy real de que la singularidad de la industria, la manera cómo se ha producido la constitución de la propiedad salitrera, la absorción del pequeño capital por el capital extranjero y hasta la índole de las razas que se disputaran el imperio de aquella vastísima y fecunda explotación, imponen una legislación especial basada en la naturaleza de las ¿osas y en las necesidades especiales de nuestra existencia económica e industrial.

"Es esta cuestión de tan profundas consecuencias para lo porvenir, que de ella dependerá, en gran parte, el desenvolvimiento de nuestra riqueza particular, hoy alejada de aquel centro fecundo de trabajo y de prosperidad general."

Este discurso ha merecido el siguiente comentario de Salas Edwards:

"Revelaban estas declaraciones la rectitud y el buen sentido patriótico que inspiraban todos los actos gubernativos de aquel mandatario; pero había tan manifiesta animosidad en los términos con que desde la tribuna presidencial se hacía referencia al inmenso capital extranjero invertido en la industria salitrera, y que era calificado en su discurso "a la faz de la República entera" de egoísta, codicioso y autor de la "dictadura de Tarapacá", que desde entonces el elemento extranjero predispúsose en su contra." (59)

De lo expuesto, podemos deducir que la política salitrera de Balmaceda estuvo guiada .por los siguientes propósitos fundamentales:

1. Romper el monopolio que los capitalistas ingleses ejercían en Tarapacá, como una manera de impedir que aquella región fuera "convertida en una simple factoría extranjera".

2. Estimular la formación de compañías salitreras nacionales cuyas acciones fueran intransferibles a ciudadanos o empresas extranjeras. De este modo, junto con neutralizarse la preponderancia británica, se lograba "radicar en Chile al menos una parte de los cuantiosos provechos de la industria salitrera".

3. Impedir el mayor desarrollo de las empresas extranjeras, aunque sin obstaculizar las actividades que ya realizaban.

4. Fomentar la producción del salitre mediante el empleo de medios técnicos más perfeccionados, la apertura de nuevos mercados y el abaratamiento de los fletes marítimos y terrestres.

Estos sanos y previsores propósitos, no alcanzaron a materializarse. A partir de 1889, las relaciones de Balmaceda con el Congreso comenzaron a deteriorarse de un modo visible y rápido. Desde ese momento, toda la gestión del Gobierno se vio esterilizada por la oposición de la mayoría parlamentaria.

4 Reacción a la política salitrera de Balmaceda.

El desarrollo de la política salitrera que Balmaceda se había trazado, y la formulación hecha en 1889 de los nuevos principios que la informarían produjeron, como era de esperar, profunda. impresión en los círculos capitalistas extranjeros vinculados a aquella industria, la que fue seguida de una ostensible reacción adversa.

Desde luego, el discurso que el Presidente pronunciara en Iquique fue inmediatamente transmitido a Londres, determinando, en la Bolsa de aquella ciudad, la baja de algunos títulos, en especial, de las acciones del Ferrocarril de Tarapacá (60).

Este mismo discurso fue comentado por William Howard Russell en los siguientes términos:

"Mientras estábamos a medio camino entre Europa y Sudamérica, el Presidente de Chile, señor Balmaceda, hizo una visita a los principales distritos de la República. En varias ocasiones, particularmente en Iquique, ha hecho declaraciones relativas a la política del Gobierno en los asuntos de orden interno y de sus intenciones respecto a las grandes industrias de Chile, que revelan la posibilidad de importantes cambios, los cuales pueden. afectar materialmente grandes intereses extranjeros dentro de sus fronteras..."

"Los discursos y la ansiedad provocada por ellos fueron, por supuesto, dados a conocer al coronel North a su arribo por sus agentes y por las personas encargadas de las empresas con las cuales está conectado ... " (61)

Más adelante, el mismo Russell agregaba:

"Poco después de nuestra llegada, el Presidente vino por unos pocos días a casa de un amigo suyo, en el agradable suburbio de Viña del Mar, e informó que podría recibir al coronel North, quien estaba en Valparaíso esperando su arribo. El señor Balmaceda iba en viaje a Santiago después de sus visitas a los centros chilenos y a las industrias y empresas europeas, en el curso de los cuales ha pronunciado discursos que, como ya lo he dicho, pueden ser considerados como la enunciación de una nueva política: "Chile para los chilenos". Es sabido que el coronel North ha venido desde Europa a solidificar y extender intereses, con respecto a cuyo crecimiento el programa del Presidente parece ser adverso, según se ha informado." (62)

Si se toma en cuenta que este autor formaba parte de la comitiva con que llegó North al país el año 1889, se puede concluir que las aprensiones que revelan las notas expuestas expresan fielmente el sentir del Rey del Salitre y demás personalidades que lo acompañaban.

Una reacción análoga es posible encontrar en las páginas de "The Chilian Times", periódico que se publicaba en Valparaíso y que era el portavoz autorizado de los intereses británicos que actuaban en la República. En este periódico, el ya mencionado discurso de Balmaceda fue comentado en la siguiente forma:

"El discurso de S. E. ha venido a aclarar toda duda respecto a las opiniones sustentadas por el Presidente y sus consejeros sobre ciertas cuestiones íntimamente ligadas al porvenir del comercio salitrero ... Las observaciones del Presidente sobre la influencia del capital extranjero en Tarapacá y sobre la concentración de la propiedad salitrera en manos de una sola nacionalidad, son interpretadas en algunos círculos como muestra de estrechez de espíritu unida a cierta antipatía nacional... " (63)

Esté mismo periódico publicó una nota fechada en Londres el 22 de marzo de 1889, que decía:

"Me he dado cuenta que en Chile hay quienes miran con recelo lo que se está haciendo en este país con respecto al salitre y están temerosos de que la gente de esta "villa" pueda comprar todo Tarapacá. Tal cosa es, sin embargo, un completo error. Por estos lados lo que interesa es cobrar buenos dividendos, dejando al Presidente o a cualquiera otro "manejar el coche" de acuerdo con sus propias ambiciones." (64)

Las opiniones transcritas demuestran fehacientemente que los empresarios extranjeros, y en especial los ingleses, comprendieron en todo su alcance las proyecciones de la política formulada por el Gobierno y que, a juicio de Russell, se resumía en el lema "Chile para los chilenos". Semejante política entrañaba la más seria amenaza contra la creciente influencia que el imperialismo conquistaba en nuestra vida económica y denotaba la intención clara y decidida de ponerle rápido término.

Es obvio pensar que, ante tal amenaza, estos elementos dieran todos los pasos necesarios para neutralizarlas movilizando todos los recursos de que disponían en Chile y fuera de él. De este modo, mientras North estuvo en Santiago, celebró entrevistas con el Presidente, con algunos Ministros, y estrechó las vinculaciones que mantenía con sus abogados. Simultáneamente con estas gestiones se puso en marcha un aparato propagandístico destinado a predisponer a la opinión pública en favor de los intereses extranjeros. Fue así como en la prensa aparecieron numerosos artículos -la mayoría de ellos anónimos- en los que se elogiaba "el esfuerzo" de los empresarios extranjeros, gracias a los cuales

"una provincia que vivió lánguida bajo el régimen peruano, crezca hoy floreciente y sea un verdadero emporio en el Pacifico." (65)

Tan lejos llevaron algunos periódicos esta defensa, que uno de ellos llegó a justificar el monopolio británico en los siguientes términos:

"En lo relativo a la especie de monopolio establecido por los extranjeros en la propiedad y explotación de las salitreras, debe reconocerse que es natural que no fueran los exiguos capitales chilenos, sino los abundantes capitales ingleses los que fueron a emplearse desde un principio en la producción del salitre." (66)

Los propósitos de modificar las características presentadas por Tarapacá eran criticados de la siguiente manera:

"En realidad lo que hay que hacer es dejar a la industria salitrera, al comercio, a los ferrocarriles y a todo lo que se refiere a esta provincia en la libertad de que ahora goza y que ha sido y es la verdadera causa del progreso asombroso que ha admirado a S. E. y los Ministros y personas que lo acompañaban. Si con el régimen existente en Tarapacá el fisco se repleta, las empresas particulares ganan, la situación del trabajador es buena y la del peón holgada; si con dejar a todos hacer lo que les conviene, todos ganan, ¿por qué pensar en poner cortapisas ni introducir reformas donde no se necesitan?

"Toda la protección que necesita Iquique es la de que le dote de las obras públicas de que carece y nada más. Dejarlo como está es la mejor política y la mejor ventaja para todos.

"En cuanto a la enajenación de las salitreras, cuanto antes se realice es mejor, porque menos se deteriorará el material de las oficinas y menores serán los riesgos que corra el Gobierno en la venta de las salitreras por las que en estos momentos hay verdadera fiebre de especulación; aprovechar de ellos es lo que aconseja el buen sentido." (67)

En "El Ferrocarril" del 28 de marzo de 1889, fue publicado un artículo de Francisco del Campo, titulado La Cuestión Salitrera y los Capitales Salitreros, en el que se niegan los propósitos monopolistas de North, se hace una vigorosa defensa a la acción de los capitales extranjeros y se concluye con las siguientes palabras:

"Las riquezas acumuladas por los extranjeros no deben inspirar recelos, porque son legítimo fruto de su actividad, trabajo e inteligencia, y sirven también al país con la protección que suelen dar a nuevas industrias, lo que desarrolla mayor consumo de productos nacionales y beneficia a nuestros esforzados trabajadores ...

"Hay universal convencimiento en que las futuras bases de la prosperidad nacional deben buscarse en el desarrollo industrial a que se presta admirablemente nuestro país por la abundancia y variedad de sus productos naturales, y nadie podrá negar que en esta vía nos es indispensable la cooperación extranjera, ya sea con sus capitales, ya con su experiencia y conocimientos. Quien ama de veras la patria, no debe hostilizar entonces a los factores de su grandeza."

En algunos diarios, la posición del Gobierno fue criticada en forma baja y mordaz, como lo demuestra el siguiente comentario hecho al viaje que Balmaceda realizó al norte:

"Sólo una tropa de actores noveles, haciendo el papel de reyes con coronas de cartón y de ministros con ropas de choleta y percal, han podido ofrecer con este viaje memorable una chacota tan indigna de los altos puestos que ocupan, como los papeles que han tenido la impavidez de representar el Presidente Balmaceda y su petulante ministro Sanfuentes ...

"Invadiendo los fueros del Congreso y ajando la dignidad de sus ministros, ha repartido millones a troche y moche en medio de francachelas y banquetes, en brindis que por su estrafalaria forma y por sus conceptos incoherentes y desatinados han parecido más propio de oírse en los ¡aros!... que en convites oficiales a que se asiste de punto en blanco y se beben aristocráticos vinos." (68)

Es posible .suponer que tras toda esta propaganda y estos desbordes, se ocultaba la mano de los intereses extranjeros y de las poderosas influencias que habían comprado en todas las esferas de la vida nacional. Sin duda alguna que los animadores de toda esta oposición que se alzaba contra la política salitrera de Balmaceda fueron S. M. el Rey del Salitre Mr. John Thomas North y los demás empresarios que actuaban en Tarapacá.

Por otro lado, no estaríamos lejos de la verdad si afirmáramos que el llamado "fondo de soborno y corrupción de los Ferrocarriles Salitreros" y otros "fondos" análogos -pero ignorados- de las compañías salitreras hubieran sido invertidos el año 1889 para alentar -en todos los círculos- esta oposición. De este modo, buscaban la forma de paralizar cualquiera iniciativa del Gobierno que pudiera lastimar sus intereses.


Notas:

1. "La Época": 17 de marzo de 1889.

2. "El Ferrocarril": 26 de mayo de 1889.

3. A. Abel Rosales: El Coronel don Juan Tomás North, págs. 128-129.

4. Alfredo Cocq Port: Salitre. Artículo publicado por el Ministerio de Hacienda en el folleto titulado: Fomento de la Industria Salitrera, págs. 147 a 134.

5. Francisco Valdés Vergara: La Crisis Salitrera y las Medidas que se proponen para remediarla, págs. 20 y 21.

6. "El Ferrocarril": 26 de mayo de 1889.

7. Reproducido por "El Ferrocarril" el 22 de marzo de 1889.

8. Reproducido en "The South American Journal" el 2 de febrero de 1889.

9. "The South American Journal": 1º de junio de 1889.

10. "El Ferrocarril": 26 de mayo de 1889.

11. Alfredo Cocq Port: Salitre. Artículo publicado por el Ministerio de Hacienda en el folleto "Fomento de la Industria Salitrera", pág. 147.

12. Citado por Lenin en "El imperialismo, fase superior del capitalismo". Obras completas. Tomo II, pág. 433.

13. Alrededor de $ 5.000.000 al cambio actual.

14. "El Ferrocarril": 11 de febrero de 1898.

15. A Z... inicial con que se designa a Julio Zegers, se pagaron 1.500 libras anuales hasta 1895; después esta suma se redujo a 500.

16. "El Ferrocarril": 11 de febrero de 1898.

17. Ibid.: 10 de febrero de 1898.

18. Ibid.: 11 de febrero de 1898.

19. Ibid.: 9 de febrero de 1898.

20. R. Salas E.: Balmaceda y el Parlamentarismo en Chile. Tomo I, pág. 152.

21. J. Rodríguez B.: Balmaceda y el conflicto entre el Congreso y el Ejecutivo. Tomo I, pág. 120.

22. José M. Valdés Carrera, político liberal, parlamentario y Presidente de la Cámara de Diputados. Durante el Gobierno de Balmaceda fue Ministro de Guerra y Marina, de Industrias y Obras Públicas, y de Hacienda. Decidido .partidario de Balmaceda, se exiló a Francia después de la guerra civil. Allí murió en 1898. Publicó un folleto titulado: La Condenación del Ministerio Vicuña. El Ministro de Hacienda y sus Detractores.

23. José M. Valdés C.: La Condenación del Ministerio Vicuña, pág. 108.

24. Nemo (Pseud. de Rafael Balmaceda) : La Revolución y la condenación del Ministerio Vicuña, pág. 29.

25. Zegers inició su vida política en el P. Nacional hacia 1864; en 1876 se incorporó al P. Liberal. Este mismo año fue elegido diputado, representación que invistió hasta 1894. Durante un corto período, en 1878, fue Ministro de Hacienda. En el seno del anarquizado P. Liberal llegó a ser un influyente jefe de grupo; jugó un papel preponderante en los acontecimientos que culminaron con la guerra civil. Triunfantes los promotores del conflicto, Zegers fue un irreconciliable perseguidor de balmacedistas.

26. Julio 2º Zegers, hijo del anterior. Miembro del P. Liberal y parlamentario durante varios períodos. Fue también un tenaz opositor a Balmaceda.

27. Archivo Nacional. Protocolos Notariales de Iquique. Marco A. Castillo, 1888. Registro Nº 3, Fs. 1472 a 1474, vuelta.

28. Enrique Mac Iver. Este patriarca y mentor, del Partido Radical durante muchos años, tuvo una destacada e influyente participación en diversas actividades nacionales, particularmente en las políticas. Parlamentario durante cuarenta y seis años (1876-1922), fue Ministro del Interior en 1894 y de Hacienda en 1892 y 1895; también desempeñó las funciones de Consejero de Estado. Ardiente opositor a Balmaceda, tuvo una participación decisiva en los conflictos que culminaron con la guerra civil; al estallar ésta, se trasladó a Buenos Aires, ciudad desde la que desarrolló una activa campaña en contra del Gobierno chileno.

Dentro del Partido Radical. Mac Iver representó la fracción moderada o derechista, es decir, a la fracción siempre dispuesta a conciliar con liberales y conservadores; sostuvo duras luchas con Valentín Letelier que aspiraba a impregnar el liberalismo avanzado del radicalismo con algunos principios socialistas.

Fue miembro de diversas instituciones; en todas ellas ocupó los cargos de mayor importancia. Así, fue Serenísimo Gran Maestre de la masonería chilena (1887-1894), Superintendente del Cuerpo de Bomberos, Presidente de la Sociedad Científica de Chile, etc.

Se distinguió en el foro santiaguino y sirvió como abogado a poderosas empresas británicas. Sus actuaciones en este terreno fueron visiblemente contrarias al interés nacional. Contribuyó a que las borateras chilenas fueran monopolizadas por la Bórax Consolidated, empresa a la que sirvió durante muchos años como abogado gestor.

A pesar de su alta jerarquía en la política nacional, incluso litigó contra el fisco, defendiendo intereses extranjeros en numerosas oportunidades. En 1895, poco antes de ser nombrado Ministro de Hacienda y después de haber sido Ministro del Interior, actuó como abogado de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta. Véase a este respecto una información publicada por "El Ferrocarril" el 26 de abril de 1895, que se titula: La Compañía de Salitres y el Fisco. Cuantioso litigio. $ 16.000.000.

29. Archivo - Nacional. Protocolos Notariales de Iquique. Marco A. Castillo, 1889. Registro N 1. Fs. 116 vuelta y 117.

30. Archivo Judicial de Santiago. Protocolos Notariales de Santiago. Eduardo Reyes L., 1889. Registro Nº 12. Fs. 314.

31. Archivo Nacional. Ministerio de Hacienda. Delegación e Inspección Fiscal de Salitreras. 1880-1889.

32. Eulogio Altamirano. Se inició en la política desplazándose del P. Conservador al Liberal. En su dilatada actuación pública ocupó los más variados e importantes cargos; fue Ministro del Interior durante toda la administración de Errázuriz Zañartu, y de Justicia, a fines del gobierno de J. J. Pérez; también fue miembro del Congreso y Consejero de Estado. Sirvió los puestos de Intendente de Valparaíso, Director de los Ferrocarriles y de la Caja Hipotecaria, etc. Opositor de Balmaceda, fue dirigente congresista.

33. Sesiones del Congreso, 1889. Vol. 1, pág. 416.

34. José Miguel Valdés Carrera: Ob. cit., pág. 23.

35. "La Tribuna": 15, 16, 24 y 27 de febrero de 1898.

36. Carlos Walker Martínez. Este político es tal vez la figura más descollante que el Partido Conservador haya dado al país. Ocupó importantes cargos, tanto en el Gobierno como en el Parlamento. Organizador de la Sociedad de Amigos del País, llamada a contener los avances del liberalismo, inició su carrera parlamentaria en las postrimerías del gobierno de J. J. Pérez, y fue diputado y senador en varias oportunidades. Por un corto tiempo (1873-1875) fue el representante de Chile en Bolivia y a su gestión se debió el Tratado de Limites de 1874. El año 1898 presidió el Gabinete en su calidad de Ministro del Interior.

Decidido adversario del liberalismo, combatió con sin igual ardor las administraciones Santa María y Balmaceda. Su actuación frente a este último mandatario fue tan violenta, que Walker Martínez merece ser considerado como uno de los promotores y dirigentes máximos de la guerra civil de 1891.

Simultáneamente con el desarrollo de sus actividades políticas, se dedicó al ejercicio de su profesión y, "... como abogado defendió importantes pleitos y realizó grandes negociaciones mineras. Fue presidente de la Compañía Boratera de Ascotán, vendida a un sindicato inglés" (Virgilio Figueroa, op. cit., pág. 1082) . Esta negociación fue el punto de partida del monopolio ;;| que la Bórax Consolidated alcanzó sobre las borateras nacionales. Para conseguir este fin, la referida Compañía "... nombró con un sueldo que fluctuaba entre dos mil libras esterlinas anuales, una comisión de abogados compuesta de D. Vicente Santa Cruz, D. Enrique Mac Iver y de otro parlamentario y ex Ministro cuyo nombre silenciamos porque aún está vivo en 1928." (Virgilio Figueroa: op. cit. Vol. II, pág. 328) .

37. Archivo Nacional. Protocolos Notariales de Iquique. Marco A. Castillo, 1889. Registro Nº 1. Fs. 489 vuelta y 490.

38. Archivo Nacional. Protocolos Notariales de Iquique. Marco A. Castillo, 1889. Registro Nº 1, Fs. 342-343.

39. Archivo Nacional. Protocolos Notariales de Iquique. Marco A. Castillo. 1889. Registro Nº 1. Fs. 489 vuelta y 490.

40. Adolfo Guerrero, miembro del partido Liberal, actuó como parlamentario desde el año 1882 y como periodista en los diarios "La Época" y "La Libertad Electoral". Partidario de José Francisco Vergara en la lucha presidencial de 1886, fue opositor a Balmaceda, a quien combatió con vehemencia desde 1890. Durante la guerra civil permaneció en Buenos Aires sirviendo a la Junta de Iquique. Desempeñó las funciones de Ministro de Relaciones Exteriores en dos oportunidades, en 1896 y en 1904.

Ejerció su profesión de abogado y "... fue muy versado en asuntos salitreros y tuvo la representación o defensa de varias comunidades salitrales." (Virgilio Figueroa: op. cit., Vol. III, pág. 393).

41. Archivo Nacional. Actas del Consejo de Estado desde el 29 de noviembre de 1888 hasta el 17 de agosto de 1891, pág. 158.

42. Marcial Martínez, abogado y diplomático de considerable prestigio; representó a Chile en el Perú, Estados Unidos e Inglaterra; además participó en varios congresos internacionales. Tuvo una discreta actuación política en las filas del Partido Liberal y fue miembro del Congreso Nacional en varias oportunidades.

43. Domingo Toro Herrera fue un político liberal que desempeñó diversos cargos públicos de importancia, siendo -además- parlamentario durante varios periodos. En 1897 tuvo a su cargo al Ministerio de Industrias y Obras Públicas. En los años inmediatamente anteriores a la guerra civil militó en las filas opositoras al Gobierno. Triunfantes los congresistas, fue implacable perseguidor de balmacedistas. Era hermano político del Presidente Balmaceda.

44. William Howard Russell: A Visit to Chile and the Nitrate Fields of Tarapacá, pág. 126.

45. "El Ferrocarril": 20 de abril de 1889.

46. Luis Barros Méndez, abogado, periodista y miembro del Partido Conservador; fue parlamentario y Ministro de Guerra y Marina entre 1903 y 1904. Como abogado actuó en compañía de Julio Zegers defendiendo el monopolio del Ferrocarril Salitrero de Tarapacá.

47. Zorobabel Rodríguez, político conservador de primera magnitud, que figura entre los más notables periodistas de la segunda mitad del siglo pasado. Fundó dos diarios de la colectividad a que pertenecía: "El Independiente" en Santiago y "La Unión" en Valparaíso. Durante más de veinte años fue diputado.

Economista de prestigio, fue un discípulo de Courcelle-Seneuil y se dedicó a la enseñanza y divulgación de las ciencias económicas.

Ardiente defensor del conservantismo, combatió a Bilbao, sostuvo una larga polémica con Eduardo de la Barra y fue un tenaz opositor a Balmaceda.

48. Máximo R. Lira, político y periodista conservador por muchos años, se incorporó a las filas liberales en la década de 1880. Fue parlamentario y diplomático.

Como periodista sirvió en los diarios "El Independiente", "Los Debates", "La Época" y "La Tribuna".

Siendo liberal, militó entre los opositores a Balmaceda y se asoció a los promotores de la guerra civil.

49. "El Ferrocarril": 11 de febrero de 1898.

50. Melchor Concha y Toro, influyente político liberal. Parlamentario durante treinta años más o menos; desempeñó las funciones de Ministro de Hacienda en el Gabinete presidido por Miguel L. Amunátegui (1869-1870) . Fue opositor al Gobierno de Balmaceda y, al estallar la guerra civil, se pronunció en favor del Congreso.

Se distinguió como hombre de negocios; tuvo poderosos intereses bancarios y mineros; extendió sus actividades a Bolivia y estuvo estrechamente asociado con capitalistas ingleses.

51. República de Chile. Boletín de Leyes y Decretos del Gobierno. Sociedades Anónimas, 1889. Vol. 1, págs. 402-403.

52. González Prada: citado por Augusto Iglesias en La Historia y los Historiadores. Revista Clio. Nos 8-9, septiembre-octubre de 1936.

53. Julio Zegers: Remitido. "El Ferrocarril": 23 de febrero de 1898.

54. Nemo (pseud.) : Chile. Una Página de Historia. La Acusación al Ministerio Vicuña y la Tercera Amnistía Parcial, pág. 7.

55. En verdad, en junio de 1888, el Gobierno presentó al Congreso un proyecto por el cual se autorizaba al Presidente de la República para vender en pública subasta establecimientos salitrales de Tarapacá, de propiedad estatal; este proyecto, después de haber sido aprobado en la Cámara de Senadores, quedó sin trámite en la de Diputados; aun cuando en él no se especificaba que esta transferencia se haría exclusivamente a empresas nacionales, es posible pensar que éste hubiera sido el criterio del Gobierno; ya en el Mensaje Presidencial del 1º de junio de 1887, Balmaceda expresó: "se medita acerca de los medios que permitan nacionalizar, en la medida de lo practicable, las industrias chilenas que hoy fructifican principalmente por el extranjero"; ahora bien: es un hecho que en el campo económico la única actividad productora en que los extranjeros tenían una posición preponderante era la industria salitrera; por tanto, en el texto citado, la referencia a ella es obvia. Cabe todavía señalar que el Gobierno reaccionó rápidamente contra esta iniciativa, ya que no dio ningún paso ni realizó gestión de ninguna naturaleza para que el proyecto fuera despachado por la Cámara de Diputados; es decir, por su propia voluntad, el Gobierno dejó morir su proyecto en el Parlamento.

56. Archivo Nacional. Ministerio de Hacienda. Inspección de Salitreras. 1888. Informe presentado por el Inspector de Salitreras al Ministro de Hacienda el 10 de diciembre de 1888.

57. Public Record Office: F. O. 132. Vol. 28. Informe presentado por la Legación de Gran Bretaña en Chile. Nº 78, 27 de julio de 1891.

58. "El Heraldo": 4 de marzo de 1889.

59. R. Salas Edwards: Balmaceda y el Parlamentarismo en Chile. Tomo I, pág. 154.

60. "El Mercurio": 14 de marzo de 1889.

61. William Howard Russell: "A visit to Chile... ", págs; 42-43.

62. Ibid. Pág. 81.

63. "The Chilian Times": 16 de marzo de 1889.

64. Ibid.: 11 de mayo de 1889.

65. "El Ferrocarril": 2 de enero de 1889.

66. "La Época": 19 de marzo de 1889.

67. "El Heraldo": 18 de marzo de 1889.

68. "El Heraldo": 1º de abril de 1889.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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