Balmaceda y la contrarrevolución de 1891

Capítulo X

IMPLICACIONES INTERNACIONALES DE LA GUERRA CIVIL DE 1891

Un conflicto de la magnitud del que estudiamos, necesariamente tuvo repercusiones de carácter internacional que afectaron la posición de Chile en el Continente, y que produjeron una situación muy delicada en nuestras relaciones con los Estados Unidos.

1. Debilitamiento de la posición de Chile en América.

La Guerra Civil, con sus nefastos resultados, contribuyó de una manera muy decisiva a quebrantar la posición de preeminencia en que la Guerra del Pacífico y la acción del Gobierno de Balmaceda habían colocado a Chile entre las repúblicas latinoamericanas. Las pérdidas cuantiosas de vidas, la destrucción de abundante y valioso material bélico -especialmente el hundimiento del blindado Blanco Encalada- y los variados trastornos económicos ocasionados por la contienda menoscabaron en forma seria la potencia militar del país.

Además, el abandono por parte de los gobiernos posteriores a 1891 de la activa y creadora política económica impulsada durante la Administración Balmaceda, hizo que gradualmente se debilitaran las bases materiales necesarias para mantener la posición internacional que se había logrado. A partir de 1891, Chile perdió el ritmo de rápido desarrollo económico que había adquirido desde 1879 y que se había acentuado desde 1886; experimentó quebrantos financieros que perturbaron el conjunto de su actividad general; sus fuerzas productivas dejaron de multiplicarse con la rapidez que habían adquirido entre 1886 y 1890 y el Estado se restó notoriamente en la realización de esfuerzos conducentes a este fin. Se consolidó así la total dependencia de la economía chilena con respecto a la industria salitrera la que, además de estar firmemente atada a los designios antinacionales del monopolio imperialista, sufrió una violenta crisis en los años 1896 y 1897 motivada -entre otras causas- por la competencia que le hacía en el mercado internacional un producto sintético: el sulfato de amonio.

Estos hechos colocaron al país en una situación de crisis económica virtualmente endémica de la que dan elocuente testimonio los numerosos estudios realizados en esa época, los debates parlamentarios, la prensa e incluso informes de representantes diplomáticos extranjeros; por ejemplo, el 21 de abril de 1896, la Legación de Gran Bretaña en Chile presentó a su Gobierno un extenso informe en el que se daba cuenta de la gravedad que habían alcanzado los problemas económicos del país; en ese documento, se llagaba a señalar que los mercados de Santiago y Valparaíso

"pueden ser descritos, sin exageración de lenguaje, como en situación de parálisis". (1)

dos años más tarde, la misma Legación informaba al Foreign Office, de una manera estrictamente confidencial, que el estado de la economía chilena era en extremo precario y agregaba:

"El Gerente del Banco de Tarapacá y Londres, que tiene a su cargo las operaciones financieras del Gobierno de Chile, me habló ayer confidencialmente sobre la deplorable condición de las finanzas de este país, debido en forma muy especial al extraordinariamente fuerte drenaje de recursos nacionales causado por el estado de paz armada que por largo tiempo ha existido entre Chile y la República Argentina." (2)

En pocas palabras, la Guerra Civil tuyo como uno de sus efectos la interrupción del proceso de rápido avance económico iniciado en la década anterior. Y este fenómeno de debilitamiento de la estructura económica nacional, esta verdadera "inferioridad económica" que comenzó a manifestarse, restó a Chile el fundamento sobre el cual descansaba su posición aventajada entre las repúblicas sudamericanas.

Repercusión inmediata y directa de lo anterior fue la incapacidad creciente de Chile para disponer del material bélico que le permitiera resguardar su posición internacional; cada día se le fue haciendo más oneroso adquirir equipos para el Ejército y elementos para la Armada. Al debilitamiento económico correspondió, pues, inevitablemente un debilitamiento en la potencialidad militar.

Ahora bien: para la República Argentina era singularmente peligrosa la preponderancia chilena en Sudamérica; ambas naciones litigaban por una vieja cuestión de límites que envolvía extensos territorios patagónicos. Cuando Chile emergió de la Guerra del Pacífico como una potencia americana de primera categoría, esa cuestión de límites pasó a ser el punto concreto en torno al cual ambas naciones disputaban por un asunto más hondo y de mayor trascendencia: la supremacía en la parte meridional de América del Sur.

El Gobierno de Balmaceda tuvo cabal comprensión de este hecho; de ahí que desarrollara la acción reseñada en algunos capítulos anteriores.

En Argentina sucedió lo mismo, y por eso es que también allí se dio extraordinario impulso al desarrollo económico del país.

Hasta 1891, el vigor de que daba muestras Chile fue mayor que el que poseía Argentina; por esto es que Chile -sin gran esfuerzo- pudo mantener efectiva superioridad militar y naval sobre la República vecina.

Pero, con posterioridad a la Guerra Civil, esa situación comenzó a modificarse. Mientras Chile gradualmente se debilitaba, Argentina, bajo la Administración Uriburu (1894-1898) entraba en un período de rápido desenvolvimiento, logrando -como consecuencia de ello- incrementar sus fuerzas armadas sin que ello le ocasionara los trastornos que el armamentismo producía en Chile. De este modo, ya por 1896 la balanza del poder militar se inclinó en favor de Argentina; este país llegó a superar la potencialidad económica y bélica del nuestro.

Y así, como una consecuencia mediata de la Guerra Civil, quedó resuelta -de hecho- la cuestión de limites chileno-argentina. Chile hubo de ceder a los puntos de vista sustentados por el Gobierno de la Casa Rosada simplemente porque no contó con la fuerza necesaria para hacer prevalecer los suyos. El 21 de abril de 1896, el Ministro de Inglaterra en Santiago hacía presente a su Gobierno que dada la situación económica existente en Chile, un conflicto armado con Argentina sería desastroso para nuestro país (3). Poco meses después, el 22 de junio, el mismo diplomático escribía confidencialmente:

"Así, Chile está sin aliados o amigos y está política y financieramente más débil que el año pasado." (4)

Chile perdió la carrera que había emprendido con Argentina y debió limitarse a cuidar su hegemonía en la costa occidental de Sudamérica y a impedir que la superioridad lograda por Argentina tuviera repercusiones en esta región del continente.

A la luz de estos hechos, resulta extraordinariamente sugestivo el siguiente informe enviado a su Gobierno por el Encargado de Negocios de España en Chile. Al estallar la Guerra Civil,

"inmediatamente y con el objeto de marchar de acuerdo con mis colegas, me apresuré a presentarme al Decano del Cuerpo Diplomático que lo es el señor Uriburu, Ministro de la República Argentina, y aquí ruego a V. E. me permita hacer una ligera digresión:

"Me refiero a la diferente actitud de mis colegas del Cuerpo Diplomático, diferencia que embarazará no poco nuestra acción si ésta se hiciese en un momento necesaria de una manera colectiva.

"Efectivamente, los ministros de las Repúblicas ibero-americanas no solamente no se preocupan de la revolución y de sus consecuencias, sino que a la par que demuestran cierta indiferencia, se diría como que se complacen viendo que un país modelo hasta ahora, de paz y tranquilidad, origen indudable de su mayor prosperidad y poderío, entre en la senda de luchas intestinas y revoluciones que tan cara ha costado a los demás Estados de origen español. Casi todas las Repúblicas de la América del Sur son enemigas y por lo menos rivales de Chile y la actitud de sus representantes en ésta, que no es un misterio para nadie, es una consecuencia lógica de los sentimientos de aquéllas". (5)

Por otra parte, a la luz de esos mismos hechos narrados, se revela también cuan estrecho fue el criterio y cuan pobre la mentalidad de muchos hombres de Gobierno que actuaron en el período posterior a 1891. Jaime Eyzaguirre, en uno de sus últimos trabajos (6), reproduce un párrafo de lo que parece ser un diario íntimo del Presidente Errázuriz Echaurren, en el que se puede leer lo que sigue:

"Nuestras relaciones necesitan ser atendidas por una persona de reconocida competencia y tino, capaz de desarrollar un plan que asegure la preponderancia de Chile en Sudamérica y que tenga prestigio suficiente para evitar que su nombre se vea envuelto en las frecuentes crisis ministeriales."

Es decir, para el Presidente Errázuriz Echaurren el desarrollo de una acción que suponía la movilización entera del Gobierno y la realización de una política de alto vuelo, rica en contenido y de vastas proyecciones, era cuestión que debía ser atendida desde la cartera de Relaciones Exteriores por un hombre de competencia y tino...

2. Las relaciones de Chile con los Estados Unidos.

En la década 1880-1890, el vigoroso y rápido desarrollo del capitalismo norteamericano hizo que los Estados Unidos empezarán a tomar los caracteres de una potencia imperialista. Los círculos dirigentes de Wall Street, ansiosamente buscaban en el extranjero campos para la inversión del exceso de capitales acumulados; los industriales anhelaban las materias primas que se producían en otras regiones y deseaban colocar en el mercado externo los productos de sus potentes centros fabriles.

Los primeros pasos del imperialismo norteamericano no fueron fáciles; el mundo virtualmente había quedado repartido- entre las viejas potencias europeas, y el imperialismo inglés ejercía una influencia preponderante en todas las áreas del globo. Esto, sin embargo, no arredró a los norteamericanos; su empuje juvenil y la experiencia de sus éxitos expansionistas adquirida desde que se constituyeron como república independiente, los alentó a ser audaces y a rivalizar en cualquier parte con los Estados imperialistas que ya habían consolidado posiciones.

América Latina fue una de las regiones que primero atrajo la atención del naciente imperialismo yanqui. Por su proximidad geográfica, la consideró -y la sigue considerando- algo así como el "patio trasero" de su casa o como el emporio poseedor de enormes riquezas que -en virtud de un designio superior- debía controlar; los Estados Unidos asumieron por sí solos o se atribuyeron el papel de "hermano mayor" o "protector" de las repúblicas americanas, invocando para ello una presunta comunidad de evolución histórica derivada del hecho de haber sido ramas desprendidas de antiguos imperios coloniales europeos. Sobre la base de estas consideraciones, se elaboró la teoría panamericanista y también se quiso presentar a la Doctrina Monroe como una garantía para la libertad de las naciones del continente. Desde el año 1890 más o menos, los Estados Unidos iniciaron sus intentos para penetrar en América del Sur. Ya durante la Guerra del Pacífico, el Secretario de Estado James G. Blaine, junto con diplomáticos acreditados en el Perú, so pretexto de mediar en el conflicto, concibieron el audaz proyecto de colocar a este país bajo su protectorado o anexarlo; el Ministro americano en Lima, Mr. Christiancy abogaba entusiastamente por esto último; en una carta confidencial dirigida a Blaine el 4 de mayo de 1881, después de abundar en razones por las cuales aparecía aconsejable esta medida, agregaba:

"Cincuenta mil ciudadanos emprendedores de los Estados Unidos dominarían toda la población y harían al Perú totalmente norteamericano. Con Perú, bajo el Gobierno de nuestro país, dominaríamos a todas las otras repúblicas de Sudamérica y la Doctrina Monroe llegaría a ser una verdad se abrirían grandes mercados a nuestros productos y manufacturas y se abriría un ancho campo para nuestro pueblo emprendedor." (7)

Como no pudieran realizar este propósito, el 20 de septiembre de 1881, lograron firmar un convenio con el Gobierno peruano presidido por García Calderón, en virtud del cual éste cedía a los Estados Unidos el puerto de Chimbote para que en él establecieran una base naval; Chile paralizó este acto al disponer rápidamente que el blindado Blanco Encalada ocupara ese puerto y se estableciera en él una guarnición chilena cuyo jefe asumió la dirección política y militar de la zona.

Transcurridos algunos años, y cuando Blaine ocupaba por segunda vez la Secretaría de Estado, se enarboló la bandera del panamericanismo y del "destino común" de todas las naciones del hemisferio; fue así como en 1889 se convocó al Congreso de Washington -conocido como la Primera Conferencia Panamericana- con el manifiesto propósito de producir un agrupamiento de naciones subordinadas en torno a los designios de la Casa Blanca; en esta reunión fue concebida la actual Organización de los Estados Americanos (OEA) que tan nefastos resultados ha tenido para la libertad de los pueblos de América.

El éxito de todas estas iniciativas y de otras fue escaso; las ligaduras que unían a los países sudamericanos con Inglaterra eran en extremo sólidos para que pudieran romperse al primer embate adverso; ademas, desde muy antiguo, se miraba con singular recelo al "Coloso del Norte" y la triste experiencia de México servía de fundamento principal para ello. A pesar de esto, los americanos perseveraron en sus propósitos y se mantuvieron al acecho vigilando cualquiera coyuntura que pudiera favorecerlos.

En Chile creyeron encontrar esa oportunidad durante la Administración Balmaceda. Ya hemos hecho notar en algunos capítulos anteriores, que la representación diplomática norteamericana, al percibir la actitud manifiestamente antibritánica adoptada por el Gobierno, realizó indisimulados movimientos de aproximación hacia él; se procuraba por este medio estrechar las relaciones chileno-americanas e impulsar la restricción de la influencia que el imperialismo inglés había conquistado, substituyéndola por la influencia del imperialismo yanqui.

La misma alarma fue expresada por elementos británicos que carecían de investidura diplomática; el periodista Thompson, en carta dirigida a Mr. Stewart, alto funcionario del Foreign Office, hacía notar lo que sigue:

"Sería una lástima que Chile, que hasta ahora ha sido en aquella costa el baluarte contra la interpretación de la Doctrina Monroe hecha por Blaine, llegara a ser "blainista" a pesar de nosotros". (8)

Al estallar la Guerra Civil, las actividades de Patrick Egan -el Ministro americano en Santiago- sólidamente respaldadas por el Departamento de Estado, se hicieron aún más intensas. Viendo claramente que la fuerzas vivas del imperialismo inglés se habían cargado en favor de los rebeldes del Congreso y la Escuadra, optaron por dar el máximo apoyo posible al Gobierno balmacedista; esperaban, como lo advirtió Egan al Departamento de Estado en el informe del 23 de abril de 1891 que ya se ha citado, que una vez aplastada la rebelión, el Gobierno de Chile cultivaría "las más estrechas relaciones tanto comerciales como políticas con los Estados Unidos".

Los representantes diplomáticos de Inglaterra y Alemania observaron esta situación con cierta alarma. El Ministro alemán exteriorizó a su colega británico los temores que le inspiraban los trajines de Egan, razón por la cual Kennedy informaba a su Gobierno el 12 de abril de 1891:

"El Barón Gutschmied cree que Mr. Egan está trabajando activamente contra los intereses comerciales y políticos británicos y alemanes en Chile, y así establecer la influencia de los Estados Unidos en esta República." (9)

Días después, el 21 de mayo de 1891, el mismo Kennedy envió al Foreign Office un telegrama confidencial en que denunciaba el apoyo norteamericano a Balmaceda, y que concluía con las siguientes palabras:

"En cambio, de la mencionada activa asistencia contra las fuerzas revolucionarias, el Gobierno de los Estados Unidos espera que Chile denunciará sus tratados con los países europeos y concluirá un tratado comercial con los Estados Unidos." (10)

Los gestos y los actos amistosos del Gobierno de Estados Unidos a la causa de Balmaceda, parecen haber tenido positivos resultados para los americanos. Las esferas del Gobierno de Balmaceda pudieron establecer la diferencia entre la actitud inglesa y la norteamericana y, naturalmente, por obra de las circunstancias, se mostraron inclinados a aceptar los requerimientos que, en retribución de evidentes servicios, hacía el Gobierno de Washington. A este respecto, es de sumo interés un informe despachado por el Ministro de Inglaterra a Londres; relata una entrevista que sostuvo con Ricardo Cruzat -Ministro de Relaciones Exteriores- y en él se pueden leer los siguientes párrafos:

"El señor Cruzat, en seguida, se refirió a los grandes servicios que el Gobierno de los Estados Unidos parecía dispuesto a proporcionar al Gobierno de Chile, empleando barcos de guerra contra los dos buques de la escuadra revolucionaria que han embarcado armas desafiando la prohibición del Gobierno de los Estados Unidos. Dicha acción por parte de los Estados Unidos, dice el señor Cruzat, puede causar el colapso de la Revolución y podría, consecuentemente, colocar a Chile en la obligación de adherir a los puntos de vista políticos de Mr. Blaine, que habían sido enunciados en la reunión del Congreso Panamericano de Washington del último año.

"El señor Cruzat continuó señalando que cuando recientemente Alemania había intentado presionar sobre Brasil, el Gobierno de los Estados Unidos había enviado una flota para la protección del Brasil y, en pago de este servicio, había obtenido del Brasil un tratado comercial en favor de los productos de los Estados Unidos y en detrimento del comercio europeo.

"De la misma manera, continuó el señor Cruzat, Chile será probablemente competido a concluir un tratado comercial con los Estados Unidos, y en toda forma, a buscar en esa República protección y ayuda contra las demandas y pretensiones de los poderes europeos. Explicando la anterior afirmación, el señor Cruzat dijo que Chile denunciaría los tratados existentes con los Estados europeos, limitaría el comercio de cabotaje sólo a la bandera chilena; y, solicitando dinero de los Estados Unidos, que ese país estaba llano a concederle, Chile podría pagar las principales reclamaciones por perjuicios causados a extranjeros. En el hecho, el señor Cruzat me dio a entender que Chile rompería toda conexión con Europa y procuraría protección y relaciones comerciales con los Estados Unidos ...

"El señor Cruzat es un corredor de Bolsa, profesional, y solamente ha sido Ministro de Relaciones Exteriores durante dos meses; por eso a mí me ha parecido que su lenguaje era evidentemente un eco de los sentimientos y puntos de vista dados a conocer por el Presidente en sus diarias reuniones con el Gabinete, y la reciente acción del Gobierno de los Estados Unidos hacia las fuerzas revolucionarias, cómo ha sido informado por los miembros de este Gobierno, parecería confirmar el lenguaje del señor Cruzat." (11)

De este documento se desprende claramente un hecho: el Gobierno de Balmaceda contrastaba la conducta observada por las potencias europeas con la de los Estados Unidos; sobre la base de esto, anunciaba que en el Gobierno de Chile existía una disposición favorable para adoptar una línea política que lo aproximara a los Estados Unidos y a la posición internacional en que este país se había colocado.

El desenlace de la Guerra Civil significó el advenimiento al Gobierno de la República de elementos íntimamente conectados con el imperialismo inglés y que contaban con la simpatía y el apoyo de éste. Estos elementos, en razón de la actitud pro-balmacedista de los norteamericanos, estaban animados de una . profunda e indisimulada aversión hacia los Estados Unidos; no olvidaban el incidente del "Itata" (12) ni la acción -calificada de espionaje en favor de Balmaceda- que realizó el crucero yanqui "San Francisco" cuando las fuerzas congresistas desembarcaban en Quintero (13); tenían presente los agravios inferidos a los agentes confidenciales de la Junta de Iquique en Norteamérica (14); y la conexión cablegráfica establecida por The Central and South American Cable Company, una empresa americana que actuó protegida por barcos de guerra de esa nacionalidad; finalmente, estaban frescos los

"antecedentes, conocidos por todos, de la poca simpatía manifestada por la Legación Americana hacia la causa del Congreso" (15)

Este estado de ánimo, dio origen a una generalizada actitud de hostilidad hacia los Estados Unidos; el Ministro Egan fue mantenido a distancia por el Gobierno Provisional y a la representación diplomática norteamericana se la hizo objeto de manifiesta descortesía; tan ostensibles fueron estos hechos, que Mr. Kennedy pudo escribir al Foreign Office el 6 de octubre de 1891:

"Me aventuro a sostener que la Legación de los Estados Unidos no habría sufrido tales indignidades si no hubiera sido por la universal creencia de que el Gobierno de los Estados Unidos, actuando a base de los informes de sus diplomáticos, cónsules y oficiales navales, había mostrado las más fuertes simpatías por la causa del señor Balmaceda a través de toda la reciente guerra civil" (16)

Es interesante advertir que, este resentimiento antiamericano era cuidadosamente estimulado por ingleses y alemanes, para quienes -por razones obvias- era conveniente alejar de Chile la influencia de los Estados Unidos; en este sentido, es muy revelador un informe confidencial en el que el Ministro de Inglaterra en Santiago explica que

"el Gobierno Provisional de Chile, representado por el Ministro de Relaciones Exteriores, ha desafiado e insultado al Gobierno de los Estados Unidos y a sus representantes en ésta; esta política ha sido estimulada y apoyada por el Ministro alemán y por Mr. Thompson, quien combina sus deberes como corresponsal del "Times" y agente de firmas británicas";

señala luego Kennedy que

"el objeto de la mencionada campaña ha sido obtener el favor del Gobierno chileno. Lisonjeando el orgullo de los chilenos y urgiéndolos a desafiar a los Estados Unidos, el Barón Gutschmied y Mr. Thompson esperan asegurar ventajas para ellos en la forma de concesiones, órdenes para barcos, cañones, etc." (17)

Un clima como el señalado, favorecía la tirantez de las relaciones chileno-americanas y era, además, propicio para que se suscitara toda clase de conflictos. Y esto ocurrió; la Legación de los Estados Unidos tuvo entredichos con el Gobierno por el asunto de los refugiados balmacedistas, protestó por la presunta vigilancia policial de que se la hacía objeto, reclamó porque el Secretario de la Cámara de Diputados intentó hacer comparecer ante el Congreso -erigido en tribunal- a los miembros del derrocado Gobierno que estaban asilados; se negó a permitir que estas personas siquiera fueran citadas para que se presentaran ante sus acusadores.

Toda esta serie de tensiones acumuladas, contribuyó decisivamente a promover el incidente del "Baltimore" (18). En la tarde del 16 de octubre de 1891, en el barrio del Puerto -en Valparaíso- se produjo una reyerta entre marineros del barco de guerra americano "Baltimore" y marineros y civiles chilenos; como consecuencia de ello, dos americanos perdieron la vida y alrededor de veinte quedaron heridos.

Este episodio sangriento agravó enormemente la tensión que existía; dio origen a un agrio debate diplomático en el que los americanos hicieron derroche de prepotencia y mala fe, y en el que el Gobierno de Chile -con cierta ligereza- se dejó arrastrar por la provocación de los círculos imperialistas de Washington.

El 9 de diciembre de 1891, el Presidente Harrison leyó ante el Congreso su Mensaje anual y en él presentó una falsa relación de lo ocurrido en Valparaíso. Indignado el Ministro de Relaciones Exteriores -a la sazón Manuel Antonio Matta- envió al representante chileno en Washington un enérgico cable desmintiendo, en términos desusadamente violentos las aseveraciones de Harrison (11 de diciembre de 1891).

A raíz de la publicación de este cable, Egan suspendió toda comunicación con la Cancillería chilena. En Washington, Pedro Montt -el Ministro de Chile- trataba con Blaine de llegar a una fórmula amistosa de arreglo.

Pero, mientras esto sucedía, Harrison, probablemente el mismo Blaine y otros personeros del Gobierno americano se aprestaban para tomar radicales medidas en contra de Chile.

La conducta de los Estados Unidos era observada por Chile con cierta tranquilidad; para ello se contaba con el curso aparentemente satisfactorio que llevaban las negociaciones de Pedro, Montt con Blaine. En cambio, las cancillerías europeas, principalmente la alemana y la inglesa, veían el desarrollo de los acontecimientos con marcada inquietud. Ya en diciembre de 1891, el Gobierno alemán estaba enterado de que el propósito de los Estados Unidos era llegar a la guerra con Chile si no se acogían favorablemente sus demandas; la misma información fue obtenida en Inglaterra por conducto alemán. En efecto, el 26 de diciembre de 1891, el Embajador de Gran Bretaña en Berlín envió al Foreign Office un largo informe confidencial; en él explica que el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania puso en su conocimiento el contenido de una entrevista celebrada por el Ministro de Alemania en Washington con un alto personero del Gobierno americano para tratar del estado de las relaciones entre Chile y los Estados Unidos; como resultado de esta entrevista, el Ministro alemán llegó al convencimiento de que la guerra entre estos dos países era inevitable si Chile no da

"la satisfacción pedida, y él piensa que una guerra entre los Estados Unidos y Chile sería un hecho muy lamentable ya que Chile representa la única oposición de carácter serio que existe entre los Estados americanos hacia las doctrinas panamericanistas de la Gran República del Norte.

"Yo observé que los Estados Unidos no podían, en ningún caso, buscar la mediación de alguna potencia europea para procurar un avenimiento entre las dos repúblicas. S. E. dijo que ellos no la buscarían ni la permitirían, pero él pensaba que las Potencias podrían aconsejar a Chile en el sentido de mostrar gran moderación y cautela" (19)

En vista de esta situación, el Foreign Office instruyó a su representante en Santiago para que aconsejara a nuestro Gobierno en la forma sugerida por el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania (20).

El 21 de enero de 1892, cuando las conversaciones entre Pedro Montt y Blaine parecían haber llegado a un término satisfactorio, súbitamente el Secretario de Estado instruyó a Egan para que presentara a la Moneda un ultimátum en que se pedía:

1. Explicaciones por el incidente del Baltimore, que había afectado tan profundamente al pueblo de los Estados Unidos y que, a juicio del Gobierno de este país, constituía una expresión de enemistad chilena.

2. Prontas y completas reparaciones.

3. Retiro inmediato de las partes ofensivas del cable enviado por Matta a Pedro Montt el 11 de diciembre de 1891.

4. Satisfacción adecuada y con amplia publicidad por esas mismas expresiones que el Gobierno americano consideraba ofensivas en el más alto grado.

Finalmente, el ultimátum advertía que si las demandas no eran acogidas en forma rápida, al Gobierno americano "no le queda otro camino abierto que el de cortar relaciones diplomáticas con el Gobierno de Chile".

El 25 del mismo mes, el Presidente Harrison envió al Congreso de su país un mensaje relativo a las relaciones con Chile; en él .se puede leer lo siguiente:

"Al someter al Congreso estos documentos para la grave y patriótica Consideración que solicitan las cuestiones que comprenden, deseo expresar que es mi opinión que las exigencias hechas a Chile deben ser apoyadas y hechas cumplir. Si la dignidad, el prestigio y la influencia de los Estados Unidos no deben ser totalmente sacrificados, debemos proteger a aquellos que, en puertos extranjeros, despliegan la bandera o usan los colores de este Gobierno, contra el insulto, la brutalidad y la muerte que se les inflige en resentimiento por los actos de su Gobierno y no por falta alguna de ellos". (21)

Junto a estas amenazas, se dispusieron rápidos preparativos bélicos; se ordenó el alistamiento de barcos de guerra, se compraron algunos transportes y se elaboró un minucioso plan de operaciones militares contra nuestro país el que, entre otros puntos, contemplaba anular a la escuadra chilena y luego atacar toda la costa de Chile.

Estos hechos, sumados al agotamiento nacional producido por varios meses de guerra civil, y a la tirantez de relaciones con los tres países limítrofes, colocaron al Gobierno de Chile en la humillante situación de tener que acatar los términos del ultimátum yanqui; esto se hizo por medio de una comunicación que el Ministerio de Relaciones Exteriores hizo llegar a Egan el 25 de enero de 1892.

La victoria diplomática lograda por los Estados Unidos no produjo los resultados que tal vez el Departamento de Estado esperaba. En Chile, el resentimiento contra los americanos se acrecentó y por mucho tiempo se mantuvo latente, incluso en las altas esferas del Gobierno; en una ocasión, el Ministro de Inglaterra en Chile tuvo una larga entrevista con Jorge Montt; en esa oportunidad, el Presidente de la, República expresó su malestar por la acción de Venezuela en orden a solicitar la ayuda de los Estados Unidos en la disputa que sostenía con Gran Bretaña por el asunto de límites con la Guayana Inglesa;

"Su Excelencia -informaba el diplomático inglés al Foreign Office- comentó los discursos en el Senado de los Estados Unidos sobre la Doctrina Monroe los cuales, él dijo, indican claramente la idea de una eventual sujeción de todo el continente americano a los Estados Unidos, y él me aseguró que Chile, Argentina, Brasil, Bolivia y Perú estaban ahora plenamente alertas a la necesidad de resistir cualquier avance aparentemente amistoso del Gobierno de los Estados Unidos.

"El Presidente Montt calificó al Gobierno de los Estados Unidos Como inescrupuloso y corrompido, y habló con lenguaje tan desusadamente ardiente, que por esto me atrevo a informar sobre sus observaciones a Su Señoría" (22)

Por otro lado, y como un efecto de esa actitud manifiesta en Chile, el imperialismo americano no pudo debilitar la posición que había logrado en Chile el imperialismo británico.

"Su Excelencia me ha expresado -informaba el Ministro de Gran Bretaña a su país- el gran deseo del Gobierno chileno de atraer capitales y empresas británicas a Chile. Su Excelencia me explicó que durante la Administración del Presidente Balmaceda, las concesiones para trabajos públicos hablan sido otorgadas a norteamericanos y franceses, quienes habían sido apoyados por sus gobiernos, pero con desastrosos resultados para Chile". (23)


Notas:

1. Public Record Office: F. O. 132, Vol. 51. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. N 28. 21 de abril de 1896.

2. Ibid.: F. O. 132. Vol. 55. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Muy confidencial. N 18. 2 de abril de 1898.

3. Public Record Office: F. O. 132. Vol. 51. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. N 28. 21 de abril de 1896.

4. Ibid.: F. O. 132. Vol. 51. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Confidencial. N 4. 22 de junio de 1896.

5. Ministerio de Asuntos Exteriores de España: Archivo. Política. Chile, 1891-1900. H. A. N 2.356. Informe N 3, del 13 de enero de 1891, presentado por el Encargado de Negocios de España en Chile.

6. Jaime Eyzaguirre: Chile, durante el Gobierno de Errázuriz Echaurren, 1896-1901, pág. 61.

7. Citado por Antonio Varas en Reminiscencias Históricas y Diplomáticas. Revista Chilena de Historia y Geografía. Tomo LXXVIII. N 86. Septiembre-diciembre de 1936, pág. 71.

8. Public Record Office: F. O. 16. Vol. 272.-Carta de Thompson a Stewan 18 de junio de 1891.

9. Ibid: Vol. 264. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. N 33. 12 de abril de 1891.

10. Ibid: Vol. 257. Telegrama de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Confidencial. 21 de mayo de 1891.

11. Public Record Office: F. O. 16. Vol. 264. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Confidencial. N 48. 21 de mayo de 1891.

12. Este barco rebelde, después de cargar armas en el puerto de San Diego, de California, huyó hacia nuestro país; fue perseguido hasta Iquique por un barco de guerra americano y obligado a retornar a los Estados Unidos con todo su cargamento bélico.

13. En circunstancias que el ejército rebelde desembarcaba en Quintero, el "San francisco" apareció "inopinadamente en la bahía, llegó hasta corta distancia de los buques de guerra y transportes de tropas y se detuvo ahí un buen espacio de tiempo sobre sus máquinas ... La presencia del "San Francisco" fue considerada por todo el mundo como un acto de espionaje que redundaría en perjuicio del Ejército constitucional" (R. Cox Méndez: Recuerdo de l891.Pag.317).

14. R. Trumbull, agente de la Junta de Iquique, fue sometido a proceso a raíz del incidente del Itata.

15. Ricardo Cox Méndez: Recuerdos de 1891. Pág. 317.

16. Public Record Office: F. O. 132. Vol. 28. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. N 104. 6 de octubre de 1891.

17. Ibid.: F. O. 16. Vol. 266. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Confidencial. N1 143. Noviembre de 1891.

18. El estudio más documentado y completo que se ha hecho sobre este asunto es el que José Miguel Barros Franco presentó como tesis de grado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Se titula: "Apuntes para la historia diplomática de Chile. El caso de Baltimore".

19. Public Record Office: F. O. 132. Vol. 30. Informe de la Embajada de Gran Bretaña en Berlín. Confidencial. .No 241. 26 de diciembre de 1891. Copia enviada por el F. O. a la Legación de Gran Bretaña en Chile. 5 de enero de 1892.

20. Ibid.: E. O. 132. Vol. 30. Instrucciones, del F. O, a la Legación de Gran Bretaña en Chile. 5 de enero de 1892.

21. Citado por Barros Franco: Apuntes para la historia diplomática de Chile. El caso del Baltimore. Pag 67

22. Public Record Office: F. O. 132. Vol. 51. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Confidencial. N 20. 26 de febrero de 1896.

23. Ibid.: F. O. 132. Vol. 51. Informe de la Legación de Gran Bretaña en Chile. Comercial y confidencial. N 6. 6 de julio de 1896.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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