Balmaceda y la contrarrevolución de 1891

Capítulo I

INCORPORACIÓN DEL SALITRE A LA ECONOMÍA CHILENA

1. Efectos económicos de la Guerra del Pacífico.

En 1879 estalla la Guerra del Pacífico. La significación de este conflicto es tan extraordinaria, fueron tan profundas sus proyecciones, que bien puede sostenerse que a partir de él la historia de Chile entra en un nuevo período.

La Guerra del Pacífico tuvo trascendentales consecuencias en la vida económica chilena; el dominio adquirido sobre las provincias de Antofagasta y Tarapacá se tradujo en la posesión de enormes riquezas; encerraba un territorio cuya superficie se aproxima a los 180.000 kilómetros cuadrados.

Se sabe que ambas provincias, sobre todo la primera, eran centros de considerable actividad minera y comercial con anterioridad a 1879. Poseían en plena explotación los únicos yacimientos de salitre natural existentes en el mundo; tenían además, importantes minerales de plata, como los de Caracoles y Huantajaya y, en la costa, valiosos depósitos de guano. Existían también minerales de cobre, yacimientos de azufre, bórax y muchas otras substancias, algunas de las cuales eran explotadas en forma incipiente desde antes de la Guerra. Aparte de estas riquezas en explotación avanzada o reciente, ambas provincias eran poseedoras de una infinidad de otros recursos, muchos de los cuales no se aprovechan ni aún hoy día. Por otro lado, se habían construido algunos caminos y vías férreas, funcionaban varias fundiciones y maestranzas y -en fin- disponían de una serie de otros elementos de apreciable valor e importancia económica. La población de ambas provincias superaba ligeramente los 100.000 habitantes hacia 1885; una gran parte de ella, alrededor del 40%, formaba una población activa enrolada en las distintas faenas que allí se desarrollaban. En pocas palabras, Chile incorporó fuerzas productivas enormes, que aún en la actualidad tienen una importancia de primer orden en su estructura económica.

La adquisición de tan vasto emporio de riquezas tenía necesariamente que gravitar en todos los planos de la economía nacional. Desde luego, fue una vigorosa inyección que puso término a la crisis que padecía el país desde 1874 y que había alcanzado su punto culminante en 1878; esta crisis cerró el ciclo de la economía chilena, que tuvo como fundamento al cobre, y la Guerra abrió otro nuevo que descansó en el salitre.

La renta nacional experimentó un crecimiento vertiginoso, como lo revelan los siguientes datos:

1. El comercio internacional aumentó en la siguiente forma:

1879 $ 64.864.041
1880 80.611.505
1885 90.881.170
1890 135.567.341

2. Las exportaciones subieron de $ 42.069.433 en 1875, a $ 50.895.501 en 1880 y a $ 67.678.262 en 1890; en los mismos años, las importaciones subieron de $ 22.794.608 a $ 29.716.004 y a $ 67.889.079.

3. El cabotaje experimentó un alza de $ 35.618.119 en 1879, a $ 53.558.637 en 1880 y a $103.792.745 en 1890.

4. Las rentas fiscales ordinarias, que en 1879 eran de 15 millones 398.568 pesos de 33 peniques, subieron a $ 28.410.417 de 30 peniques, para llegar a $ 53.202.548 de 24 peniques en 1890.

Los datos señalados denotan una súbita y poderosa expansión económica que encerraba grandes perspectivas para que el país lograra un vigoroso desarrollo.. Sin embargo, este crecimiento de la riqueza nacional, no fue un efecto de la armónica expansión de todas las fuerzas productivas del país, sino que resultó de la incorporación de la industria salitrera. Chile adquirió el monopolio mundial en la producción de nitrato de sodio, un producto cuya importancia en el mercado mundial se hacía cada vez más notoria.

Pues bien: el salitre supeditó en importancia a todas las demás fuentes de producción; toda la actividad nacional comenzó a reposar en una fuente de riqueza gigantesca que hacía -por su magnitud- un contraste muy agudo con las demás existentes en el país; entre las más importantes de éstas, se observaba incluso un proceso de disminución; el cobre, por ejemplo, entró en un período de decaimiento justamente a partir de 1880; las actividades agropecuarias perdieron el ritmo de crecimiento que habían poseído desde mediados del siglo. Las rentas fiscales descansaban de un modo preponderante en los derechos de exportación que pagaba el salitre y el yodo; estos derechos, que en 1880 representaron el 5,2% de las entradas ordinarias del país, cubrieron el 33,7% de ellas en 1885 y el 52% de 1890 (1); de esta manera, la suerte de la hacienda pública quedó estrechamente ligada a la suerte de la industria salitrera. Por otro lado, los aumentos de las exportaciones, importaciones y cabotaje estuvieron también determinados por la industria del nitrato. Además, esta industria proporcionó directa e indirectamente trabajo para miles de empleados y obreros y gravitó también en la vida financiera de la República.

En resumen, Chile consolida y hace todavía más intensa su calidad de país monocultor; un solo artículo, el salitre, pasó a constituir el nervio de toda su estructura económica, todo lo cual significa que en nuestro país se hizo notar la presencia de una profunda deformación en su desenvolvimiento económico.

Este fenómeno sólo se diseñó como una mera posibilidad en el período inmediatamente posterior a la Guerra del Pacífico; el fenómeno que se ha dado en llamar "nuestra inferioridad económica" se vislumbraba como una amenaza cierta, pero susceptible de ser controlada. Hubo elementos que previeron los perniciosos efectos de semejante estado de cosas; sospechando que la riqueza salitrera podía ser eminentemente transitoria, creyeron que sus rendimientos debían ser invertidos en el armónico robustecimiento de todas las ramas de la producción chilena. "Pasará el salitre -se decía- y tal vez no nos dejará sino el remordimiento por la escasa utilidad de la renta que produjo; pero cada fábrica o industria nueva nos hará más ricos y fuertes, dejando en el país el dinero que paga por sus productos, disminuyendo su precio, aumentando la renta pública y llamando al trabajo a ese numerosísimo elemento social que en otros países vive de su esfuerzo individual y que en el nuestro, como en los demás de la raza, vegeta al calor o con la expectativa del presupuesto nacional o municipal (2)." Porque hubo esta actitud arraigada en importantes elementos sociales, es que fue posible la realización de una política económica creadora destinada a habilitar al país y establecer variadas fuentes de riqueza de valor más permanente, utilizando recursos juzgados circunstanciales o extraordinarios, que proporcionaba el salitre; éste fue justamente el fundamento y el sentido de la política económica que se realizó durante la Administración Balmaceda y que fue decididamente impulsada por este Mandatario y sostenida por el sector de la burguesía nacional que pretendía llevar a Chile a la etapa del capitalismo industrial. Desgraciadamente, esta política no fue continuada por sus sucesores, por lo que ya en los últimos años del siglo XIX y en los primeros del presente se acentuaron en Chile los rasgos que lo caracterizaban como un país económicamente retrasado.

Como un factor agravante de la deformación económica de Chile, el control de la industria salitrera fue tomado por capitalistas extranjeros, quienes, desde esta posición estratégica tan sólida, comenzaron a ejercer una influencia decisiva en toda la economía nacional. El salitre tuvo la rara virtud de importar a nuestro país al imperialismo británico, el más avanzado de la época, el que aprovechando las circunstancias, hizo efectiva nuestra sujeción a él.

2. Capitales salitreros en Tarapacá.

Desde su descubrimiento hasta mediados del siglo XIX, los mantos caucheros de Tarapacá fueron explotados en pequeña escala por mineros que poseían reducidos capitales y empleaban medios técnicos muy rudimentarios. A partir de 1850 más o menos, se empezó a generalizar su uso como fertilizante en Europa, lo que dio un nuevo impulso a la industria del salitre. Empresarios peruanos y luego algunos chilenos aportaron sus capitales y su energía para aumentar la producción de nitrato y modernizar los procedimientos empleados para obtenerlo; posteriormente también actuaron algunos individuos ingleses, italianos, alemanes y españoles residentes en el Perú. Los círculos capitalistas europeos no se interesaron, en aquel entonces, por una industria incipiente y de dudoso porvenir. El año 1875, los capitales invertidos en Tarapacá se distribuían, por nacionalidades, en la siguiente forma (3):

Nacionalidad Número de estacas Capacidad productora Precio de venta al Gobierno peruano
Soles
Peruanos 8.905,5 9.420.000 10.665.033,18
Chilenos 2.037,5 3.943.000 3.554.726,00
Ingleses 2.451,5 2.200.000 2.825.000,00
Alemanes 319,0 1.285.000 1.508.000,00
Italianos 1.498,0 762.000 847.900,00
Españoles 480,0 338.000 337.044,36
Bolivianos 19,0 45.000 14.500,00
Franceses 3,0 18.000 4.000,00
Totales 15.713,0 18.011.000 19.756.203,54

Estas cifras corresponden a los avalúos y mensuras hechos por el Gobierno del Perú cuando se puso en vigencia la ley de expropiación de salitreras dictada en 1875 y en ellas se ve que los peruanos tenían bajo su control el 54% de la industria, siguiendo las inversiones chilenas que alcanzaban al 18%; en cuanto a los ingleses, ellos eran dueños del 15% de las estacas en explotación y tenían el 12% de la capacidad productora total de la industria y cuyo valor era equivalente al 14% de las oficinas expropiadas. Estos datos no representan con exactitud el valor, la superficie ni la capacidad productora de las propiedades inglesas. Los empresarios de esta nacionalidad impusieron condiciones al Gobierno peruano y éste, en su afán de llegar al monopolio, "... tuvo que contemporizar con los industriales extranjeros y especialmente con los que, como la Compañía de Salitres de Tarapacá, disfrutaban de cierta influencia industrial (4) ..." o contaban con el respaldo de elementos políticos.

Cuando se habla de capitales de una determinada nacionalidad, se quiere significar que ellos provienen del país cuya nacionalidad se les asigna. En el caso que estudiamos, pudiera creerse que los capitales que aparecen bajo el rubro "ingleses" fueron importados desde Inglaterra o estaban organizados en sociedades con sede en aquel país. No era, sin embargo, ésta la situación de los "capitales ingleses" de Tarapacá. Se les considera así porque los empresarios que los manejaban eran ciudadanos británicos; pero la verdad es que la mayor parte de ellos provenía de Lima o de Valparaíso. El Banco de Lima y el Banco Nacional del Perú tuvieron en la provincia de Tarapacá uno de los centros más importantes de sus actividades y concedieron cuantiosos créditos no sólo a industriales peruanos, sino también a ingleses y chilenos que los solicitaban. Por su parte, con anterioridad a 1860, varias casas chilenas otorgaron también créditos a los salitreros y, a partir del año 1870, grandes contingentes de capitales eran exportados desde Valparaíso a la zona del salitre. "Fue en esa época cuando Iquique y Pisagua contrajeron fuertes deudas con el mercado de Valparaíso. La Compañía Chilena de Consignaciones invirtió en habilitaciones salitreras hasta cerca de $ 1.500.000. El Banco Edwards, que hizo adelantos en este mismo negocio, y cuatro o cinco casas de ese puerto comprometieron aquí más de $ l.000.000 (5)." Los banqueros porteños hacían inversiones directas en la industria del nitrato, o bien, proporcionaban capitales a empresarios de otras nacionalidades, particularmente ingleses. En Valparaíso, por otra parte, se organizaron varias sociedades anónimas que tenían por objeto explotar algunas oficinas en el norte y centro de Tarapacá. Estas empresas acrecentaron sus capitales, recurriendo a los bancos de esta plaza. He aquí los nombres y el capital de las citadas compañías:

Nombre Capital
Compañía Salitrera Pisagua $ 400.000
Compañía Salitrera América 400.000
Compañía Salitrera California 200.000
Compañía Salitrera Solferino 450.000
Compañía Salitrera Nueva Carolina 400.000
Compañía Salitrera Chucumata 400.000
Compañía Salitrera San Carlos 350.000
Compañía Salitrera Sacramento 500.000
Compañía Salitrera Negreiros 300.000
Compañía Salitrera Valparaíso 300.000
Compañía Salitrera Peruana 520.000
Total 4.200.000

Para facilitar las activas relaciones entre banqueros chilenos e industriales del salitre, el Banco de Valparaíso estableció, en 1880, una sucursal en Iquique, cuya administración fue confiada al ciudadano inglés Juan Dawson; además, el Banco Edwards, y junto con él otras entidades bancarias chilenas, mantuvieron sus arcas abiertas a todas las compañías salitreras.

Lo expuesto evidencia que entre capitalistas chilenos y empresarios ingleses existió una clara comunidad de intereses, mediante los cuales se crearon fuertes y permanentes vinculaciones. Ellas perduraron durante mucho tiempo y, mancomunadas, resistieron los embates de las circunstancias adversas. Aun en la actualidad no se han deshecho vínculos creados hace tantos años. Esta clase de relaciones, no siempre las más deseables al interés nacional, jugaron un activo papel en la posterior desnacionalización de la industria salitrera, facilitando a los empresarios británicos los capitales con que éstos adquirieron el dominio sobre ella.

Cualquiera que haya sido su origen, el capital inglés que debió haber penetrado a Chile después de la guerra, era muy inferior al chileno, que se reincorporaba; además, alrededor del 50'7 de las salitreras debieron haber continuado en manos de capitalistas peruanos. Sin embargo, el campo relativamente estrecho en que actuaban los ingleses se acrecentó en forma considerable como consecuencia de las diversas medidas con que el Gobierno de Chile permitió la definitiva constitución de la propiedad salitrera, y -también-, por efecto de la acción realizada por algunos capitalistas chilenos que, con su intervención, hicieron posible el traspaso de las oficinas a los ingleses. De este modo, hacia el año 1890, alrededor del 70% de la industria del nitrato estaba controlada por empresas que tenían su residencia en Londres, o que estaban conectadas con ellas.

Antes de analizar la forma cómo se produjo este proceso, conviene advertir que la penetración del capital inglés no fue, en manera alguna, determinante en el progreso de la industria. Ella comenzó a adquirir su progreso inicial gracias a los capitalistas peruanos y chilenos y al esfuerzo que desplegaron individuos de estas nacionalidades. Lo único que hicieron los ingleses fue dominar una industria en pleno auge y fundar sociedades que no aumentaron ni un centavo, la riqueza pública o la capacidad industrial del país. Más aún, la intervención de los ingleses resultó, a la postre, dañina, toda vez que perturbaron la marcha de la industria, elevando ficticiamente su capital, lo que dio origen a la perniciosa intervención de especuladores y de operaciones bursátiles en una actividad tan delicada para Chile. Un ejemplo comprueba fehacientemente lo anterior:

John Thomas North adquirió la Pampa de Lagunas en 110.000 libras esterlinas que, sumadas a las 140.000 libras correspondientes a los gastos de instalación, daban una inversión real de 250.000 libras esterlinas. Pues bien, sobre la base de estas inversiones, North formó dos empresas: The Lagunas Nitrate Company Limited y The Lagunas Syndicate Limited que tenían, en conjunto, un capital de 2.122.000 libras esterlinas, es decir, cerca de nueve veces superior a las verdaderas inversiones hechas. Semejante operación, calculada para producir el rápido enriquecimiento de especuladores, afectaba a fondo la marcha de la industria, pues en los precios del salitre se debían consultar los intereses y amortizaciones de un capital que no se habla incorporado efectivamente a la producción y que se había vinculado a la industria salitrera únicamente ante la expectativa de buenos dividendos. Surgía entonces el imperativo de alzar los precios; pero, como el mercado mundial no se hallaba en condiciones de absorber grandes cantidades de nitrato a precios relativamente altos, en junio de 1884 los productores formaron una "combinación" que tenia como finalidad limitar la producción. De este modo, entre 1884 y 1885 la cantidad de salitre exportado bajó de 12.152.000 quintales a 9.478.000 y el precio subió de 6 chelines en enero de 1884 a 8 chelines 8 peniques en septiembre de 1885. Los efectos de esta medida no tardaron en hacerse sentir; disminuyeron fuertemente las entradas fiscales, se redujo el volumen del comercio internacional, hubo cesantía y la demanda por el abono chileno disminuyó (6). Esto último, que era el único motivo de preocupación para los empresarios, los indujo a disolver la combinación a partir de 1887. En años posteriores, periódicamente se organizaron otras que produjeron nefastos resultados sobre la economía chilena y que, a la larga, contribuyeron a la decadencia de la propia industria salitrera, ya que los países necesitados de fertilizantes alentaron la producción de salitre sintético como un modo de librarse del monopolio que operaba sobre la industria chilena de nitratos; de esta manera. Chile perdió primero su calidad de único productor de salitre en el mundo; luego, gradualmente, fue perdiendo su rango de principal productor. Desde que comenzaron a organizarse estas combinaciones, la opinión pública expresó sus temores frente a ellas; así, en "El Tarapacá" de Iquique, el día 20 de septiembre de 1886 se indicaba que la combinación que funcionaba por aquella época,

"... no hace sino enriquecer a unos cuantos capitalistas con menoscabo de las rentas de la nación, de la ruina de los pequeños industriales, de la pobreza de la provincia, de la ruina del cabotaje y de la continua y creciente emigración de los habitantes".

3. Constitución de la propiedad salitrera.

a) Expropiación de 1875. En 1872, Manuel Pardo fue proclamado Presidente del Perú en circunstancias que esa República se hallaba sumida en una grave crisis económica provocada por los desaciertos de sus antecesores, por la disminución de las ventas de guano y por los trastornos financieros que habían culminado con el curso forzoso del papel moneda. En esta situación, Pardo concibió el plan de obtener recursos para el fisco echando mano de la industria salitrera. Con este fin, el 18 de enero de 1873 se dictó una ley que estableció el estanco del salitre y la prohibición de que continuaran enajenándose los terrenos salitreros fiscales; además, se estableció que el Estado pagaría dos soles cuarenta centavos por cada quintal de salitre. Adquirido a este precio, el salitre se vendería según su cotización en el mercado, es decir, ganándose alrededor de dos chelines por quintal.

La baja del salitre hizo del estanco un mal negocio. En tales condiciones, el Gobierno dio un paso más: resolvió expropiar los terrenos y oficinas salitreras. Fue así cómo el 28 de marzo de 1875 se puso en vigencia la Ley de Expropiación, que disponía lo siguiente:

"Artículo 2. Queda prohibida la adjudicación de terrenos salitrales.

"Articulo 3. Se autoriza al Poder Ejecutivo para adquirir los terrenos y establecimientos salitrales de la provincia de Tarapacá, adoptando con este objeto las medidas legales que juzgue necesarias. Se le autoriza, igualmente, para celebrar los contratos convenientes para la elaboración y venta del salitre.

"Articulo 4. El Poder Ejecutivo contratará, con garantía de los terrenos que compre y de los demás terrenos salitreros pertenecientes al Estado en la provincia de Tarapacá, un empréstito que no exceda de siete millones de libras esterlinas, que se aplicará en esta forma: hasta cuatro millones de libras esterlinas para hacer efectivas las disposiciones de esta ley, y hasta tres millones de libras esterlinas para concluir los ferrocarriles contratados por el Gobierno y atender a las necesidades generales del Estado.

"Artículo 5. Mientras el Poder Ejecutivo pueda dar cumplimiento a lo dispuesto en los artículos anteriores, se establece un impuesto sobre cada quintal de salitre que se exporta por los puertos de la República, que no bajará de quince centavos de sol, ni excederá de sesenta, a juicio de aquél." (7)

Estas disposiciones fueron perfeccionadas por decreto de 14 de. diciembre de 1875, que reglamentaba los procedimientos expropiatorios. Los empresarios cuyas salitreras habían sido expropiadas, recibieron como pago 'certificados' o 'vales' pagaderos dentro del plazo de dos años con letras sobre Londres y al cambio de cuarenta y cuatro peniques por sol; mientras no se realizara el pago, esos bonos ganarían un interés trimestral del 2%.

b) La Guerra del Pacifico y la depreciación de los certificados. Al producirse la guerra con Chile, la totalidad de las oficinas salitreras habían sido expropiadas y en poder de sus antiguos propietarios se hallaban los certificados correspondientes. En el curso de la guerra, que desde fines de 1879 se mostró desfavorable para el Perú, los certificados se depreciaron. El pánico que se apoderó de los tenedores peruanos y la incertidumbre que había respecto de la política salitrera que adoptaría el Gobierno chileno, fueron las causas fundamentales de la depreciación (8); se juntó a esto la acción de algunos especuladores que, valiéndose de artimañas, provocaron artificialmente la baja de título a objeto de adquirirlos cuando habían llegado a su mínima cotización. En algunos momentos los certificados llegaron a representar la pérdida de un 80% y aun de 90% para el tenedor. "A mediados del año 1879, antes del golpe decisivo de la guerra, se cotizaban los certificados por un 60% de su valor nominal. Después de las derrotas de Sari Juan y Miraflores, los títulos de 183 libras 6 chelines 8 peniques, bajaron a 20 y 30 libras, es decir, a un 11% del valor nominal (9)." Una vez que se produjo la ocupación chilena, los propietarios peruanos procuraron proteger sus intereses haciendo traspaso o ventas de los certificados a extranjeros; tal hecho aceleró el proceso de baja, lo que afectó de modo preferente a los tenedores peruanos, quienes temían ser hostilizados posteriormente por el Gobierno de Chile; los títulos que se hallaban en manos de capitalistas chilenos también experimentaron fluctuaciones notorias durante los primeros meses de la guerra; sólo aquellos que estaban en poder de ciudadanos neutrales permanecieron sin oscilar debido a la confianza que éstos abrigaban en que los resultados de la guerra no afectarían a sus intereses, o de que Chile -en caso de triunfar- respetaría sus derechos. Previendo tal situación, el Ministro inglés en Lima informaba confidencialmente a su Gobierno, que si "el resultado (de la guerra) asegura a Chile Las provincias de Atacama y Tarapacá, ello será ciertamente para ventaja del comercio extranjero" (10).

Es fácil comprender que semejante estado de cosas favoreció la acción de especuladores inescrupulosos que adquirían los certificados cuando estaban de baja. El representante de la Casa Gibbs en Lima -Mr. Read- propuso a la central que comprara todo el papel salitrero; estimaba Read que con sólo 600.000 libras esterlinas se podrían adquirir todos los certificados, con excepción de los que tenía en sus manos la Casa Gildemeister (11).

Por su parte, John Thomas North, usando ampliamente del crédito que le concedió el Banco de Valparaíso, junto con su socio Robert Harvey, adquirió los certificados correspondientes a numerosas oficinas, entre las que se pueden mencionar las que siguen: Primitiva, Peruana, Ramírez, Buen Retiro, Jaspampa, Virginia, etc. Años más tarde, en 1895, North relataba su participación en estos negociados diciendo:

"Entretanto, sobrevino la guerra entre Chile y el Perú, produciendo una .enorme depreciación, que sufrieron todos los valores peruanos, entre otros, los " certificados salitreros emitidos por el Gobierno para obtener apresuradamente algún dinero.

"Conocía mejor que los demás extranjeros el valor exacto de esos certificados, desde que sabia, por mis trabajos precedentes y por mis viajes, que muchos de aquellos terrenos contenían muy importantes depósitos de salitre. En consecuencia, compré, a pesar de su descrédito, cantidades considerables de ellos, persuadido de que el Gobierno chileno triunfaría en la guerra y, vencedor, respetaría plenamente el derecho de propiedad que constituían estos títulos emitidos por el vencido." (12)

Estás operaciones de compra de certificados las pudieron realizar ciudadanos extranjeros, que carecían de capitales, gracias al "establecimiento en Iquique de una agencia del Banco de Valparaíso, cuyos capitales, manejados por un extranjero, fueron generosamente puestos a su servicio" (13). Hasta el año 1884 se calculaba que los bancos Nacional de Chile y de Valparaíso tenían prestados alrededor de $ 5.000.000 a personas, principalmente ingleses, que se habían dedicado a la adquisición de certificados. Entre los deudores ,del Banco de Valparaíso se destaca John Thomas North, quien tenía créditos por sumas superiores a $ 600.000. Los bancos chilenos fueron, pues, la fuente de recursos que utilizaron los especuladores ingleses. De esta manera, ciudadanos de esta nacionalidad llegaron a monopolizar en sus manos los únicos títulos que acreditaban derecho de propiedad sobre las oficinas que el Perú había expropiado en 1875. Se había dado el primer paso para la desnacionalización de la industria salitrera; el siguiente se consumaría con las medidas que el Gobierno chileno adoptó para facilitar la regularización de la propiedad salitrera.

Algunos capitalistas chilenos también compraron certificados; entre éstos podemos mencionar a Agustín Edwards Ross, el banquero de Valparaíso, quien actuaba representado por su socio Eduardo Délano.

c) La reconstitución de la propiedad salitrera después de la guerra. Ya en 1880, al avanzar las fuerzas chilenas sobre Antofagasta y Tarapacá, el Gobierno debió encarar el problema de la regularización de la propiedad salitrera. A fin de resolverlo, con fecha 3 de enero de 1880, fue designada una comisión presidida por Álvaro Covarrubias para que estudiara el régimen de propiedad salitrera que habría de establecerse en definitiva. Concretamente, la comisión debería pronunciarse acerca de la conveniencia de continuar con el monopolio fiscal establecido por el Perú, o devolver las salitreras a las empresas privadas.

Con fecha 8 de junio de 1880, la comisión hizo entrega de un extenso informe, cuyas conclusiones eran contrarias al sistema monopolista, Al efecto.. decía el informe que, si los depósitos; salitreros no son

"... administrados con prudencia y tino y si no se cambia por completo el Sistema que se ha seguido con ellos bajo la administración peruana, podrían muy bien convertirse en una herencia desastrosa, o, por lo menos, en un negocio difícil y ocasionado a manejos perjudiciales de dudosa moralidad." (14)

Para llegar a esta conclusión, se tomaba como premisa la defectuosa organización del monopolio fiscal peruano; a juicio de la comisión, en él pudo observarse que:

"...desde los primeros momentos pareció comprenderse que, a medida que terminaba la explotación libre y se estrechaba la cadena del monopolio fiscal, esto es, a medida que la negociación iba cayendo en manos de los recaudadores, administradores, cargadores y consignatarios o vendedores del salitre, los rendimientos o beneficios del negocio declinaban y aún corrían peligro de hacerse quiméricos para el Estado" (15).

Con estas razones, se terminaba aconsejando al Gobierno que:

"... en lugar de ese sistema peligroso y absorbente, es de desear que Chile acate y mantenga la primera de las reglas de la buena economía pública que condena toda intervención gubernativa en los dominios especiales de la industria" (16).

Estas conclusiones no sólo deben ser miradas como un producto de la mentalidad liberal dominante en la apreciación de los fenómenos económicos; es probable que sobre los miembros de la comisión se haya dejado sentir también la influencia de los intereses salitreros tan estrechamente vinculados, en aquella época, a los círculos financieros de la República y, a través de éstos, a las altas esteras de la política nacional y aun del Gobierno. Poco después de publicado el informe que comentamos, . apareció un folleto en cuyas primeras páginas se podía leer lo que sigue:

"Las esperanzas que nos había hecho concebir el personal con que fue formada esta comisión han sido enteramente defraudadas.

"Ella no ha orillado siquiera ninguna de las grandes cuestiones sujetas a su estudio. Apenas enuncia algunas sin atribuirles importancia y sin haber comprendido su alcance. Otras las analiza con espíritu preconcebido. Ha restringido sobre todo la ancha esfera que le estaba designada, e inspirándose en un estrecho espíritu de fiscalismo, llega a conclusiones erróneas y mezquinas." (17)

El informe de la Comisión Consultiva y tal vez la dificultad de mantener el régimen de monopolio establecido por el Perú, que significaba para el Gobierno de Chile hacerse cargo de una deuda ascendente a 4.194.263 libras esterlinas, indujeron al Gobierno, el 11 de junio de 1881, a devolver provisionalmente los establecimientos salitreros adquiridos por el Gobierno peruano, a quienes depositaran en arcas fiscales por lo menos las tres cuartas partes de los certificados emitidos por cada salitrera y completaran -además- en moneda corriente, una suma igual al precio de la otra cuarta parte. Este decreto fue modificado el 6 de septiembre de 1881 al autorizarse la devolución provisoria de las salitreras por las que se entregare más de la mitad de los certificados y se depositare el resto de su valor nominal a razón de cuarenta y cuatro peniques por sol. Mientras se tomaban medidas definitivas, y a fin de mantener en explotación la industria, el 28 de septiembre de 1881 se expidió un decreto autorizando el arrendamiento de salitreras fiscales.

El 28 de marzo de 1882, considerando "... que el interés del país aconseja dar a la industria salitrera un carácter de estabilidad que empeñe en su desarrollo todo el interés privado e imprima su lógico desenvolvimiento a las medidas provisorias.. . (18), adoptadas anteriormente, el Gobierno decretó lo que sigue:

"Articulo 1. El jefe político de Tarapacá procederá a otorgar títulos de propiedad definitivos a las personas que en virtud del decreto de 6 de septiembre de 1881 estuvieren en la tenencia provisoria de establecimientos salitreros de aquel territorio y hubieren enterado en arcas fiscales el total de los certificados o vales emitidos por el Gobierno del Perú, en representación del precio de venta de los referidos establecimientos.

"El mismo titulo de propiedad será otorgado a las personas que dentro del término de noventa días, contados desde la fecha del presente decreto, entregasen cancelados al Fisco todos los certificados o vales referentes al establecimiento salitrero cuya propiedad soliciten ...

"Artículo 6. Las oficinas que, vencido el plazo de noventa días indicados en los artículos anteriores, no se hayan enajenado en la forma y condiciones precedentemente establecidas, como, asimismo, aquellas que hubieren sido devueltas al Fisco en ejercicio del derecho que acuerda el articulo 3, serán enajenadas en pública subasta, y con su precio liquido y las cuotas de arrendamiento, si las hubiere, se formará un fondo de responsabilidad o Certificados emitidos por el Gobierno del Perú en representación del precia de la oficina a que correspondan."

A este decreto se acogieron quienes tenían oficinas con estacamentos ricos en caliche y cuyas máquinas estaban en buenas condiciones. En cambio, los que tenían certificados con yacimientos muy explotados o con deficientes instalaciones, prefirieron conservar los títulos en su poder y conseguir que el Gobierno de Chile los pagara de acuerdo con su valor nominal. El Ministro Sanfuentes dio a conocer este hecho a la Cámara de Diputados en los siguientes términos:

"Y cuál fue el resultado de estas operaciones? El rescate nos llevó las mejores salitreras; la subasta, las regulares; y tan sólo quedaron en nuestro poder aquellas oficinas por las que ni siquiera se ofreció el 50% de su valor de compra." (19)

En virtud de las disposiciones anteriores, fueron devueltas a particulares y enajenadas más de ochenta oficinas que cubrían alrededor de 7.000 estacas; quedaron en poder del Fisco setenta y una oficinas con una superficie de 8.230 estacas.

Los decretos que venimos estudiando son la piedra angular de la reconstitución de la propiedad salitrera de Tarapacá, así como también de la influencia preponderante que en ella alcanzaron los capitalistas ingleses. Algunos tenedores de certificados como John Thomas North, Robert Harvey, la Casa Gibbs y otros llegaron a ser los propietarios de las más importantes y ricas oficinas salitreras, con lo cual pudieron ejercer un efectivo control sobre la industria.

Pero, además de estas disposiciones gubernativas, también contribuyeron a que las salitreras fueran controladas por los ingleses, algunos chilenos que habían adquirido certificados y que, una vez en posesión de las correspondientes oficinas, las vendían a industriales, especuladores o capitalistas británicos. Los antecedentes que damos a conocer arrojan bastante luz a este respecto; en febrero de 1880 fue presentado al Gobernador Civil e Inspector de Oficinas Fiscales de Tarapacá, la siguiente solicitud:

"Iquique, febrero 18/880.
"Señor Gobernador Civil e Inspector de Oficinas Fiscales:

"El que suscribe representante de los S. S. A. Edwards y Cía. a US., digo: que he venido con el objeto de tomar posesión de la oficina salitrera denominada "Sacramento" y como no puedo hacerlo sin una orden de US., vengo, por lo tanto, a suplicarle tenga a bien ordenar se ponga dicho establecimiento a mi disposición como representante de la Casa citada.

"Es justicia.

(Firmado) Eduardo Délano." (20)

Esta solicitud fue informada favorablemente por Robert Harvey, el Inspector General de Salitreras, y la oficina Sacramento fue entregada a Délano, representante de Edwards. Posteriormente, esta oficina fue vendida a los ingleses, quienes formaron con ella y con otro establecimiento, la San Sebastián Nitrate Company Limited.

Por otra parte, el 20 de julio de 1881, Ascencio Almonte, gran industrial peruano, dueño de la oficina Esperanza en el cantón de Lagunas, firmó una promesa de venta de los certificados correspondientes a esta oficina, a Agustín Edwards y a Federico Várela. El día 26 del mismo mes, Eduardo Délano, en representación de estas personas, pidió que se le entregara la mencionada oficina, lo que se hizo provisionalmente. El 24 de abril de 1882, Eduardo Délano, Francisco Donoso Vergara, Juan Francisco, Pedro María y Ramón Rivas, pidieron que se les concediera definitivamente la oficina Esperanza, ya que ellos eran dueños de los respectivos certificados. El día 15 de julio de 1882, el Inspector General de Salitreras hizo entrega de esta oficina a Daniel Feliú, apoderado de Délano y Cía., y el año 1888 fue vendida a North por la suma de 110.000 libras esterlinas (21).

Algunos hombres públicos chilenos, valiéndose de las influencias que les proporcionaba el ejercicio de altos cargos, también lograron "beneficios salitreros"; entre ellos cabe mencionar a Gonzalo Bulnes (22), quien tomó ventaja de su puesto de Intendente de Tarapacá para realizar grandes negociados salitreros en la provincia que había sido confiada a su administración (23).

d) El control de las salitreras por los ingleses. Poco después de 1882 y como resultado de estas medidas, los ingleses tenían bajo su dominio alrededor del 34% de la industria y los chilenos el 36%; los peruanos habían quedado fuera del número de grandes productores y sus bienes estaban en vías de pasar a otras manos.

Algunos años más tarde, en 1889, ya los ingleses dominaban los centros vitales de la industria salitrera, ejerciendo sobre la totalidad de ella una influencia sin contrapeso. En un informe pasado por la Legación de Chile en Londres al Ministerio de Relaciones Exteriores con fecha 8 de febrero de 1889, encontramos la siguiente lista de las empresas británicas que explotaban las salitreras:

a) Liverpool Nitrato Company Limited. Fundada por North y. Harvey y registrada en Liverpool en 1883. Su capital era de 150.000 libras esterlinas. Los dividendos pagados ascendieron al 26% en 1885, 20% en 1886, 40% en 1887 y 40% en 1888. Las acciones de 5 libras alcanzaron a cotizarse hasta en 35 libras, pero en enero de 1889 bajaron a 26;

b) Colorado Nitrate Company Limited. Fundada por North y Harvey en 1885 con las oficinas Buen Retiro, Nueva Carolina, Pozo Almonte y Peruana. Capital: 200.000 libras esterlinas. Dividendos: 10 y 15%. Las acciones de 5 libras se cotizaron a 10;

c) Primitiva Nitrato Company Limited. Fundada por North con las oficinas Primitiva y Abra de Quiroga. Capital: 240.000 libras esterlinas. Dividendo: 10%. Cotización de las acciones de 5 libras: 32;

d) London Nitrate Company Limited. Fundada por James Inglis y Cía. en 1887 con la oficina Puntunchara. Capital: 160.000 libras esterlinas, compuesto de 60.000 libras en acciones preferidas y 110.000 en acciones diferidas. Dividendos: 14% las acciones preferidas y 211/5 las diferidas. Cotización de las acciones de 10 libras: 30;

e) San Pablo Nitrate Company Limited. Fundada por Harvey y James en 1888 con la oficina San Pablo. Capital: 160.000 libras esterlinas. Dividendo: 10% en el segundo semestre de 1888. Cotización de las acciones de 5 libras: 11 libras.

f) San Jorge Nitrate Company Limited. Fundada por Harvey & Inglis en diciembre de 1888 con las oficinas San Jorge y Solferino. Capital: 375.000 libras esterlinas. No se habían pagado dividendos a la fecha del informe; pero las acciones de 5 libras se cotizaban a 13 en la Bolsa de Londres;

g) San Donato Nitrate Company Limited. Fundada por Harvey y Lockett en enero de 1889 con la oficina San Donato. Capital: 200.000 libras esterlinas. Antes de un mes de haberse lanzado las acciones, al mercado, se cotizaban con 3 libras de premio cada una en la Bolsa, y

h) San Sebastián Nitrato Company Limited. Fundada por Bush, Inglis y Robertson con las oficinas Sacramento y Tegethoff en febrero de 1889. Capital: 160.000 libras esterlinas en acciones de 5 libras; apenas lanzadas, estas acciones obtuvieron un premio de 2 libras cada una.

Poco tiempo después de presentado el informe en referencia, el 29 de marzo de 1889, la misma Legación, en su Memoria anual al Ministerio de Relaciones Exteriores dejaba constancia que hasta el mes de febrero en Inglaterra se habían constituido 15 compañías salitreras con un capital de 3.490.000 libras esterlinas; las acciones de todas estas compañías tenían -en la Bolsa de Londres- una, cotización de 6.666.000 libras esterlinas (24). Según la Memoria presentada por la misma Legación al Ministerio respectivo, el 18 de abril de 1890, la cantidad de compañías salitreras había subido -hasta fines de 1889- a 19; en conjunto representaban un capital de 4.625.000 libras esterlinas y sus acciones tenían -por su cotización en la Bolsa- un valor de 7.827.000 libras esterlinas (25).

A los datos contenidos en los mencionados informes, hay que agregar las oficinas de la Casa Gibbs, que eran ocho; las dos oficinas de Campbell y las oficinas de Guillermo Schiell, de F. G. Lomax, de. Rawson y Whitelegg, de Jewell, de Williamson Baltour, de C. E. Brookins y de Blair y Cía.

En total, a fines de 1889, alrededor de cuarenta compañías salitreras inglesas operaban en el Norte, con un capital en ningún caso inferior a los 7.000.000 de libras esterlinas; agregúense a éstas las que formó North en el distrito de Lagunas con un capital de 2.122.000 libras esterlinas, y se tiene así que directamente en la industria del nitrato los ingleses habían hecho una inversión que pasaba los 9.000.000 de libras esterlinas.

Aparte de las mencionadas, en el Norte actuaban las siguientes empresas:

The Bank of Tarapacá and London. Fundado por N. M. Rostchild and Sons y John Thomas North como principales accionistas. Capital: 1.000.000 de libras esterlinas. Su objeto era desarrollar negocios bancarios en Chile y particularmente en Tarapacá, 9 donde tendría por clientes a las sociedades salitreras establecidas en Londres y, en general, a todas las que actuaran en la zona norte. Gerente en Iquique fue designado Juan Dawson, quien anteriormente ocupaba el cargo de agente del Banco de Valparaíso en Iquique.

The Nitrato Railways Company Limited. Registrada en agosto de 1882, teniendo por base los ferrocarriles construidos en Tarapacá en virtud de las concesiones hechas por el Gobierno del Perú a la firma Montero Hermanos. Capital: 1.200.000 libras esterlinas. En 1888 se emitieron bonos hipotecarios por valor de 3 2.000.000 de libras esterlinas, lo que significó un aumento del capital con que giraba la empresa. Dividendos: 12,% en 1887.

The Tarapacá Water Works Company Limited. Registrada en 1888 con el objeto de comprar una concesión hecha por el Gobierno de Chile para abastecer de agua potable a Iquique y sus alrededores, y adquirir una empresa de la misma índole ya existente en esa ciudad. Capital: 400.000 libras esterlinas. Las acciones de 7 libras se cotizaron en la Bolsa a 13.

The Nitrato and General Investments Trust Company Limited. Registrada a mediados de enero de 1889. Capital: 500.000 libras esterlinas. Esta sociedad se formó con el fin de comprar acciones de las compañías salitreras formadas en Inglaterra o en otros países, introducir nuevas sociedades en el mercado de valores y hacer, en general, inversiones de diverso carácter, aunque de preferencia en aquellas empresas que alguna conexión pudieran tener con la industria salitrera.

The Nitrato Provision Supply Company Limited. Iniciada en enero de ,1889, por Robert Harvey, socio de North y otros accionistas de compañías salitreras. Su capital inicial ascendió a 200.000 libras esterlinas y sus finalidades eran las siguientes:

"comprar un molino cerca de Talca, comprar o arrendar terrenos en Chile para la crianza de ganado; comprar o construir bodegas en diversas ciudades para el abastecimiento de los frutos del país que se consumen en las diversas oficinas salitreras y ocuparse, en general, de la provisión de víveres y mercaderías extranjeras para las sociedades ya iniciadas y las que se formen en adelante en Tarapacá" (26).

The Tarapacá Nitrato Company Limited. Capital: 160.000 libras esterlinas. Objeto: comprar al Gobierno de Chile algunas oficinas de su propiedad ubicadas en la provincia de Tarapacá (27).

En resumen, y sobre la base de los datos expuestos, se puede estimar que a fines de 1889, el monto de los capitales ingleses invertidos directa e indirectamente en la industria salitrera oscilaba entre 14.000.000 y 15.000.000 de libras esterlinas, sin tomar en cuenta la participación que algunos ingleses tenían en sociedades de otra nacionalidad. También trabajaban en el Norte empresas alemanas, italianas, chilenas y algunas peruanas; sin embargo todas ellas formaban parte de un bloque relativamente compacto sometido a las directivas inglesas y que tenía como centro de sus operaciones la ciudad de Londres, donde funcionó un Comité Permanente del Nitrato.

Por lo que se ha visto, al término de la década 1881-1890, la desnacionalización de la industria salitrera tenia todos los caracteres de un hecho consumado; el fruto más valioso de la Guerra del Pacífico no quedó en manos chilenas, sino que fue absorbido por el imperialismo inglés.

e) La fiebre salitrera. En 1888 los círculos capitalistas de la City llegaron a tener una plena comprensión de las grandes posibilidades que presentaba el Norte de Chile como campo propicio para sus inversiones; el nitrato ejercía una atracción tan intensa como la que había despertado el oro de California o las riquezas de África.

"La avidez de pronta ganancia -informaba la Legación de Chile en Londres- hace que estas inversiones sean favoritas del público, de especuladores, pues la industria de salitreras en explotación permite distribuir inmediatamente y durante cierto tiempo grandes dividendos que autorizan la cotización de las acciones con primas considerables." (28)

Una verdadera fiebre se apoderó entonces de Londres; la demanda por los títulos de esta industria aumentó inusitadamente, lo mismo que el afán por constituir nuevas empresas explotadoras de caliche. "El Ferrocarril", en una información venida de Londres daba a conocer en los siguientes términos el estado de ánimo de los ingleses:

"Continúa la fiebre por adquirir las acciones de las compañías de nitratos. "Tan grande es, efectivamente, el apetito que demuestra el público por esta clase de títulos, que apenas se hace el anuncio de una nueva compañía, en que aparece el nombre de nitrato, que las acciones se ven adornadas de un alto premio. No se buscan informes sobre el valor intrínseco de las propiedades que se van a adquirir; cuanta palabra aparece en los prospectos se toma como expresiva de la verdad más indiscutible, y el crédulo público se precipita a adquirir las nuevas acciones como si de ello dependiera su propia vida y su fortuna.

"Esto no puede menos de parar en mal, porque ciertos promovedores de empresas, de carácter poco escrupuloso y que tienen echado un ojo avizor sobre todo movimiento que ofrece lucro fácil, no dejarán de soltar en la plaza algunos proyectos tan ilusorios como funestos.

"Y también ha de suceder que esa misma constitución de tantas empresas para explotar la propia cosa, habrá de aumentar tanto la producción de ella que es muy problemático que la demanda llegue a equipararse con la oferta." (29)

De esta información se desprenden los siguientes hechos importantes: a) en Londres había efectivo interés por aumentar las inversiones en la industria salitrera; b) algunos especuladores desarrollaban sus actividades teniendo únicamente en vista la obtención de ganancias fáciles; y, c) la inversión de tan cuantiosos capitales entrañaba una amenaza para la estabilidad de la industria. En efecto, el precio del salitre debería contemplar un margen para las ganancias y amortizaciones, lo que sumado a los costos de producción, significaba un alza. El mantenimiento del precio alzado suponía dos alternativas: limitación de la producción, o bien liquidación de los pequeños productores; una y otra cosa resultaban perjudiciales para Chile. Ahora, en caso de no aumentar los precios, los inversionistas no percibirían buenos . dividendos, con lo que la cotización de las acciones bajaría y se quebrantaría la solidez financiera de las empresas que actuaban en la industria.

Desde fines de 1889 los precios del salitre comenzaron a declinar, llegando a 4 chelines 10 peniques, en diciembre de 1890. Esto indujo a los productores a formar una nueva "combinación" destinada a restringir la producción, lo que se hizo a contar desde el 1 de enero de 1891. Mientras duró la combinación, los precios subieron, llegando a 6 chelines 4 peniques en 1892, precio que se mantuvo sin notorias oscilaciones hasta el año 1894.

Reflejando el estado febril que se había apoderado de los círculos londinenses. Santiago y Valparaíso también fueron alcanzados por el torbellino del salitre. Abogados, capitalistas y hasta políticos de prestigio desplegaban la máxima actividad para participar de los beneficios que la diosa Fortuna dispensaba tan pródigamente. A este respecto, es ilustrativa la siguiente crónica publicada por "El Mercurio" el 16 de febrero de 1889:

"Negociaciones salitreras. Han continuado grandes negociaciones extranjeras de este preciado abono.

"En estos últimos días se han realizado ventas tan valiosas como en la última quincena.

"El 10 del presente quedó definitivamente arreglada la venta de las oficinas salitreras de Iquique, Tegethof, Sacramento, Rosario de Tupiza, de propiedad de la Casa Blair y Cía.

"La venta fue hecha en 135.000 libras esterlinas a la Sebastián Nitrate Company Limited.

"La Casa Gibbs, una de las más fuertes de Sudamérica, vendió en Londres a una sociedad que gira con millones, las oficinas Patria y Palma.

"Don Carlos Walker Martínez, como representante de varios capitalistas de esta capital, se encuentra actualmente en Iquique, gestionando la compra de algunas oficinas y pertenencias salitreras."

Como se ha hecho notar, las operaciones realizadas en Londres no significaron sino una nominal incorporación de nuevos capitales a nuestro país. La mayor parte se incorporó a través de la venta a sociedades constituidas en Inglaterra y a precios muy abultados de oficinas salitreras que habían sido obtenidas por especuladores ingleses mediante la compra de certificados salitreros depreciados durante la Guerra del Pacífico. Por lo demás, la ausencia de efectivo aporte de capitales a los países donde los ingleses "realizaban sus inversiones", fue dada a conocer por "The Economist" influyente periódico londinense especializado en asuntos económicos; en un artículo titulado "The course of speculation in mines" que se publicó el 29 de junio de 1889, se puede leer lo que sigue:

"Tomando una compañía con otra, encontramos que alrededor de los tres cuartos del capital nominal está representado por la cantidad pagada en dinero o acciones, o en ambos, por las propiedades compradas, dejándose alrededor del 25% como capital de trabajo".

Por tanto, es perfectamente lógico afirmar que ninguna de estas negociaciones estaba hecha con el propósito de aumentar la riqueza industrial de Chile; sólo se perseguían las ganancias que podían proporcionar transacciones hechas sobre la base de una industria floreciente. La economía chilena no se benefició con ellas, sino que -por el contrario- se perjudicó, toda vez que la marcha de la industria salitrera quedó subordinada a los intereses o conveniencias de especuladores audaces o inescrupulosos, de los cuales John Thomas North fue un exponente típico.


Notas:

1. Para que se aprecie la importancia que los derechos de salitre y yodo tuvieron en la formación de los ingresos ordinarios del Estado, baste señalar que entre 1880 y 1820 aquellos representaron, en promedio, cerca del 43% de éstos.

2. Sociedad de Fomento Fabril: Boletín N 1, enero de 1889.

3. Guillermo Billinghurst: Los Capitales Salitreros de Tarapacá. Pág. 23

4. Guillermo Billinghurst: ob. cit., pág. 24.

5. Ibid., págs. 37-38

6. El comercio internacional que había llegado a $ 132.324.392 en 1883. bajó a 90.881.170 en 1885; las entradas fiscales disminuyeron de 44.248.695 en 1883, a 36.078.455 en 1885.

7. Memoria del Delegado Fiscal de Salitreras y Guaneras. 1900, págs. 137-138.

8. En The Economist, de Londres, se describía este estado de ánimo en los siguientes términos: "La confusión que existe ahora entre los poseedores de certificados peruanos es casi indescriptible". (17 de enero de 1880).

9. Semper y Michels: La Industria del Salitre en Chile, pág. 138.

10. Public Record Office: F. O. 61. .Vol. 344. Informe de la Legación de Gran Bretaña en el Perú. Confidencial N 111. 27 de diciembre de 1881.

11. Guillermo Billinghurst: Los Capitales Salitreros de Tarapacá, pág. 49.

12. Gastón Calmette: El Coronel North. Entrevista publicada en Le Fígaro, de París, el 23 de abril de 1895, y reproducida por El Ferrocarril, el 12 de junio de ese año. El texto íntegro de esta entrevista aparece en el apéndice del capítulo II.

13. Nicanor Montes: El Problema Salitrero, pág. 7.

14. Cuestión Salitres. Informe presentado al Supremo Gobierno por la Comisión Consultiva, pág. 4.

15. Ibid pág 13

16. Ibid pág 16

17. La Cuestión del Salitre. Estudios sobre ella, págs. 4-5.

18. Memoria del Delegado Fiscal de Salitreras y Guaneras. 1900, págs. 205-206

19. Sesiones del Congreso. 1888. Vol. 1, pág. 234.

20. Archivo Nacional. Ministerio de Hacienda. Inspección General de Salitreras. 1880.

21. Archivo Judicial. Juzgado de Comercio. Santiago. Demandante: el Fisco.4 Demandado: Délano, Eduardo y otros. Materia: Nulidad de títulos. 1889.

22. Gonzalo Bulnes fue un notable político, diplomático e historiador que actuó en el Partido Liberal. "En 1883 fue Intendente de Tarapacá y su administración fue objeto de acerbas acusaciones. Se le sindicó de haber intervenido en grandes negociaciones salitreras y mediante ellas haber fundado la base de su engrandecimiento económico" (Virgilio Figueroa: Diccionario Histórico y Biográfico de Chile. Tomo II, pág. 276)

23. El 28 de agosto de 1886, El Tarapacá informaba: "Don Gonzalo Bulnes, ex intendente de esta provincia, llegó en el último vapor del sur. Su venida es únicamente relacionada con los negocios de la oficina salitrera que compró durante su administración." La Igualdad, del 25 de septiembre de 1885, publicó la siguiente información: "El público se ha impuesto con sorpresa que don Gonzalo Bulnes, intendente de la provincia de Tarapacá, ha renunciado a su empleo para dedicarse a la industria privada. Es la primera vez que en Chile un funcionario haya renunciado a un empleo para dedicarse al trabajo en propiedades que antes pertenecían- al Estado y que durante su administración han sido cedidas a terceros, para pasar a manos del mismo funcionario que tomó parte en la negociación."

24. Memoria del Ministerio de Relaciones al Congreso. 1889. Documento anexo

25. Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores al Congreso. 1890. Documento anexo

26. Ministerio de Hacienda: Fomento de la Industria Salitrera. Informe de la Legación de Chile en Londres, pág. 127.

27. La lista precedente ha sido hecha a base de los datos contenidos en el informe de la Legación de Chile en Londres, pasado al Ministerio de Relaciones Exteriores con fecha 8 de febrero de 1889.

28. Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores al Congreso. 1889. Informe de la Legación de Chile en Londres. 29 de marzo de 1889. Documento anexo.

29. El Ferrocarril: 26 de febrero de 1889.


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