joan alsina
Joan Alsina: chile en el corazón
CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO

capítulo 9

Nos encontramos en plena campaña presidencial de abril de 1970. El pueblo se ve sacudido por los programas de los candidatos. Y los círculos de iglesia, también. En este contexto de agitación popular Joan tomará una de las decisiones más importantes de su vida: entrar a trabajar como un funcionario más en el hospital regional Claudio Vicuña de San Antonio.

Un grupo de matrimonios cristianos nos reuníamos con Joan para analizar el evangelio, para descubrir qué es lo que nos pedia Jesucristo en relación con nuestro compromiso en la tierra, en el mundo del trabajo. Joan nos hablaba del sindicalismo, del matrimonio y de muchas otras cosas. Pero nosotros le fuimos como exigiendo un poco más, le fuimos pidiendo que estuviera más metido con nosotros, más adentro. Que no solamente viniera a nuestras casas para conversar, sino que él también participara del trabajo (1).

Simultáneamente, los sacerdotes de la zona de San Antonio se reúnen y toman una decisión: uno de ellos debe dejar parcialmente el ministerio parroquial para entrar a trabajar. Y la elección recae sobre Joan.

Como podéis suponer, esto me tiene muy contento. Esta decisión hará más efectivo mi trabajo entre la clase trabajadora, que es donde estoy más metido y donde conviene dedicarse más de lleno, porque es la más abandonada por todos.

Puedo decir que mis mayores alegrías durante mis años de sacerdote han sido siempre entre los pobres y los trabajadores. Es donde he hallado cosas más hermosas. Por lo tanto, creo que éste es definitivamente mi camino. Hay que decidirse, y que cada uno siga su camino. Es difícil, duro.

Pero, a la larga, es donde uno puede ser más efectivo y sentirse más realizado.

Con los otros curas del obispado y de la zona estoy muy bien avenido, cosa que me hace mucho bien, tal como podéis suponer. Saber que no trabajo solo. ni contra los demás, sino que tengo las espaldas bien guardadas... (2)

1. Joan se incorpora al trabajo profesional

En la última semana de abril de 1970, Joan se incorpora a su trabajo en el hospital de San Antonio.

Le dieron el trabajo más adecuado para él: funcionario de la oficina de personal, lo que le permitía relacionarse directamente con todos los trabajadores, desde el jefe del área hospitalaria hasta el último funcionario, desde los profesionales y técnicos hasta la mujer que atiende a los enfermos (3)

El terreno no le era completamente desconocido, pues llevaba dos años visitando a los enfermos en calidad de capellán del hospital, como representante de la parroquia, y allí celebraba misas, cosa que le daba derecho a percibir un sueldo como cualquier funcionario. Pero Joan comprendía que esta relación sacral y paternalista no era precisamente la que más necesitaba la estructura hospitalaria. Por ello, llevaba tiempo tratando de resolver su insatisfacción.

A la gente le ha caído muy bien verme allí trabajando. Y es que antes mi situación era algo embrollada: por ser capellán del hospital tenía un cargo en la oficina, sólo para cobrar un sueldo, y de hecho este cargo no se cumplía. Ahora, al menos, cumplo la mitad . (4)

Cumple la mitad porque no entra a trabajar la jornada completa, sino sólo seis horas. Ingresa en la oficina de personal con la misión de encargarse de todo cuanto significa el buen funcionamiento de la vida laboral: permisos de salida, licencias médicas, vacaciones, puntos familiares, escalafón, etc. Su trabajo específico, sin embargo, es llevar los ficheros de los permisos médicos, del grado en que se encuentran los empleados, y de los ascensos. Hay otra persona encargada de los contratos de trabajo y otra del control de los horarios. (5)

Puede que trabajar en una oficina no sea lo ideal. Tampoco os imaginéis una oficina impresionante, sino una oficina pobre, sencilla, desde la que uno está al servicio de la gente, al servicio de los trescientos trabajadores que tiene el hospital. Uno es un trabajador más entre los demás trabajadores, no es importante. (6)

El trabajo en el hospital le ocupa las mañanas. Las tardes las sigue dedicando a los contactos con grupos y personas. Desde el principio del curso escolar ya había dejado aquellas dos clases que daba en colegios religiosos y que le ocupaban dos mañanas. Lentamente, también va abandonando el trabajo con los jóvenes para dedicarse sólo a los adultos. Sigue yendo a las barriadas y llevando los grupos del MOAC.

«Ha sido un inmenso cambio de perspectivas»

Pronto empieza a explicar las razones que le han llevado a dar el nuevo paso y sus primeros descubrimientos en el mundo del trabajo. Escribe a unos amigos de Malgrat:

A vosotros, estando lejos, se os podría plantear una pregunta: Bueno, ¿no dicen que los curas tienen tanto trabajo, que no pueden con todo, que hay falta de curas, y en cambio se dedican a trabajar en cosas que «no son de curas»?

Mirad, yo creo que en América existen dos maneras de enfocar las cosas: una es dedicarte al trabajo de atención a la sacramentación. Si uno sigue este camino no acaba nunca. Otro camino es la evangelización. Y ahí es donde no importa tanto el tiempo que uno tiene y lo que dice --porque todos estamos cansados de palabras-- sino cómo vive. Y es en esta perspectiva donde se inserta el trabajo del sacerdote. Al estar uno sujeto a las mismas condiciones que ellos, el sacerdocio no aparece como una profesión de la que uno vive, sino como una actitud al servicio del pueblo. Y para mí, personalmente, ha representado un inmenso cambio de perspectivas en mi visión de las cosas. Yo era capellán del hospital, y el personal --hay unas 300 personas trabajando-- me apreciaba mucho. Y puedo deciros que al cabo de apenas un mes de estar trabajando veo la situación desde dentro de una manera totalmente distinta. (7)

El nuevo enfoque en la orientación del sacerdocio le ayuda también a poner orden en su trabajo, y a alcanzar una mayor integración interior. En una cinta a su familia, dice:

Hay dos maneras de enfocar el trabajo. Una, querer atender a todo: entierros, funerales, reuniones... pero llega un momento en que uno se dice: «Estamos haciendo como las mariposas, que están en todas partes pero sin hacer nada bueno en ninguna». Entonces yo veo - lo vamos viendo todos poco a poco, aunque cuesta-- veo que es mucho más interesante hacer una sola cosa bien hecha, dedicarse de lleno a ella. Concretamente, yo veo que tengo más vocación y más interés por la gente adulta, y que tengo que ir por ahí, y se acabó. Soy joven, sé que podría trabajar con los jóvenes, pero hay que decidirse porque uno no puede llegar a todo. Os aseguro que desde que trabajo tengo más tiempo para estudiar, para reflexionar, y para estar con la gente. ¿Por qué? Porque el trabajo me ha hecho un gran favor: me ha obligado a ser ordenado. Antes, cuando no tenía ningún trabajo fijo, tenía muchos y tenía que estar en cincuenta sitios a la vez. Ahora tengo un solo trabajo fijo que me obliga a poner orden en el trabajo de toda la semana. Esto hace que, a la larga, el horario me rinda más, y que incluso tenga más tiempo para descansar que antes. Los viernes por la tarde los paso en casa leyendo, atendiendo a la gente que viene, que así sabe seguro que me encontrará en casa, reflexionando y estudiando un poco. Porque si uno no estudia un poco se va repitiendo y repitiendo y llega un momento en que no dice ya nada nuevo a la gente, que se sabe el disco de memoria. Hay que ir cambiando, renovarse siempre.

No es nada extraordinario, no estoy en nada extraordinario, no soy un cura obrero, hago simplemente lo que hace todo el mundo: trabajar, y unos trabajan de una forma, y otros de otra. No me creo mejor ni peor que otros, simplemente hago mi trabajo como lo hacen los demás. Así es como yo lo veo. (8)

En la misma cinta grabada para su familia repite su punto de vista sobre la manera de ser chilena, y la catalana.

Me parece que me costaría trabajo adaptarme de nuevo a Cataluña, porque aquí hay una cosa que cada día me impresiona más, y es que la gente es muy afectuosa. Y uno se acostumbra a ello: a saber que la gente te da su confianza, que puedes llegar a casa de unos amigos y sentirte como en tu propia casa. Esto, en Cataluña no lo tenemos tanto: somos más secos y vivimos más encerrados en nosotros mismos.

Y a continuación pasa a revelar aspectos de su temperamento sobre los que creemos interesante insistir de nuevo.

A veces se juntan todos los catalanes, y empiezan a escuchar sardanas, L'Emigrant, la Rosor, la María de les Trenes, y puñetas, y a veces se echan a llorar, se emocionan y todo eso, y yo, como no me siento ningún emigrante ni ningún exilado, sino que me encuentro muy bien en Chile, no es que me ría de ellos, pero es algo que me carga bastante. Cuando la gente empieza a emocionarse, yo no sé qué hacer, porque yo no soy hombre de emociones. Tengo sentimientos, como todo el mundo; ¡sólo faltaría que no los tuviese! Pero las emociones se tienen... y se van, como el viento, vienen y se van, y por eso procuro que donde estoy yo no haya muchas emociones ni muchos sentimentalismos, porque los sentimentalismos no sirven para nada.

Os lo digo como os lo he dicho siempre: estoy muy contento de estar en Chile, me ha ayudado mucho venir a Chile, y me ha ayudado como hombre y como cura; y quiero mucho a Cataluña, y la quiero cada vez más, pero a mí lo que me interesa es, sea donde sea, saber hacer el bien, saber ser generoso con las personas, ayudarlas y sentirme realizado en el lugar donde esté. Y aquí en Chile me siento bien, me siento contento, y por lo tanto creo que las emociones sobran... para mí, personalmente, aunque comprendo que haya gente que no lo vea así. (9)

2. La campaña presidencial de 1970

Estamos en mayo de 1970. Faltan cuatro meses para las elecciones presidenciales y Chile está en ebullición. Los tres candidatos que se presentan recorren el país y estructuran comités de apoyo en todos los sectores de la sociedad chilena.

Ayer celebraron aquí el 21 de mayo, aniversario de la victoria de Chile sobre Perú en una guerra naval que hubo en 1879. Es un fiesta muy celebrada: empieza a funcionar el parlamento, el presidente rinde cuentas al parlamento de su gestión. Este es el último año que rinde cuentas el presidente Frei, el próximo ya será otro presidente, porque el 4 de septiembre habrá elecciones. (10)

El programa de la Democracia Cristiana

La Democracia Cristiana presenta a Radomiro Tomic con el lema: «Ni un paso atrás». Define su programa como «una vía no capitalista de desarrollo», encaminado a construir una sociedad comunitaria en la que los valores de la persona humana sean respetados y los intereses individuales sometidos a las superiores exigencias del bien común. Las dos metas fundamentales son: 1) la sustitución de las minorías en los centros de poder político, social, económico y cultural, y 2) la sustitución del capital financiero por los trabajadores organizados, como motor fundamental del esfuerzo productivo de la economía chilena, de modo que sean éstos los principales beneficiarios. Su programa electoral está saturado de promesas atrayentes: mantener sólo lo útil del antiguo orden, constituir un nuevo estado, democrático y moderno, completar la nacionalización del cobre, crear una nueva economía al servicio de los trabajadores, conservar una empresa privada eficiente, dar trabajo a todos los chilenos, transformar progresivamente todos los bancos comerciales en cooperativas, nacionalizar la banca extranjera, profundizar la reforma agraria, crear consejos comunitarios para la salud, establecer una previsión social única para todo el país, relanzar en profundidad la reforma educacional... pero todo como una alternativa al programa de la Unidad Popular encabezada por Salvador Allende y frente al poderoso candidato de la derecha. Jorge Alessandri, que cada día tiene más posibilidades de triunfar en la campaña electoral.

El programa de la Unidad Popular

La lucha es encarnizada. El programa de la Unidad Popular precisa:

Chile vive una crisis profunda que se manifiesta en el estancamiento económico y social, en la pobreza generalizada y en las postergaciones de todo orden que sufren los obreros, campesinos y demás capas explotadas.

Lo que ha fracasado en Chile es un sistema que no corresponde a las necesidades de nuestro tiempo. Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país, los que se derivan precisamente de sus privilegios de clase, a los que jamás renunciarán voluntariamente. En Chile las recetas «reformistas» y «desarrollistas» que hizo suyas el gobierno de Frei no han logrado alterar nada importante. En lo fundamental ha sido un nuevo gobierno de la burguesía al servicio del capitalismo nacional y extranjero, cuyos débiles intentos de cambio social naufragaron sin pena ni gloria entre el estancamiento económico, la carestía y la represión violenta contra el pueblo. Con esto se ha demostrado una vez más que el reformismo es incapaz de resolver los problemas del pueblo.

La única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el gobierno del pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente, e iniciar la construcción del socialismo en Chile.

Aún reconociendo que las clases dominantes nunca renunciarán voluntariamente a sus privilegios, el programa de la Unidad Popular establece que las libertades políticas y civiles serán respetadas escrupulosamente. Se confía sobre todo en la movilización del pueblo para vencer a las fuerzas opuestas: «La acción unitaria y combativa de la inmensa mayoría de los chilenos podrá romper las actuales estructuras y avanzar en la tarea de la liberación».

Una nueva Constitución política institucionalizará la incorporación en masa del pueblo al poder estatal. Su órgano superior será la Asamblea del pueblo, que actuará como cámara única legislativa, será elegida democráticamente y recogerá las diversas corrientes de opinión.

La economía se estructurará en tres áreas: la de propiedad social, la mixta y la privada. Pasarán a la primera área todas aquellas empresas imprescindibles para la conducción planificada del proceso económico: minería, banca, comercio exterior, monopolios de producción y distribución, y, en general, todas las grandes industrias de carácter estratégico. La pequeña empresa será respetada, y formará el área de propiedad privada que se beneficiará de la planificación general y la asistencia técnica y financiera del estado. Finalmente surgirá una nueva área, la mixta, que estará integrada por las empresas que combinen los capitales del estado con los privados. En las tres áreas se crearán mecanismos de participación de modo que los trabajadores --obreros y empleados-- se incorporen a un efectivo proceso de autogestión que permita su presencia en las instancias reales de decisión.

El proceso de reforma agraria será acelerado, y concebido dentro de la reforma general de la estructura económica, social y política que necesita el país. Los sueldos serán ajustados cada seis meses según el alza del coste de la vida, se unificará el sistema de seguridad social para eliminar los privilegios abusivos, la medicina será gratuita para todos los chilenos, la educación será democrática, única y planificada, los medios de comunicación social serán liberados del demonio de los monopolios y puestos a servicio de las organizaciones democráticas. En el plano internacional, el gobierno popular promoverá la plena independencia política, económica y social de Chile y propugnará la afirmación de la personalidad latinoamericana en el concierto de las naciones.

Finalmente, todo este proceso de radicales y profundas transformaciones se concibe como un periodo de transición democrática hacia el socialismo, que habrá de alcanzar sus etapas superiores en sucesivos gobiernos elegidos democráticamente por el pueblo a través del sufragio universal y secreto.

«Hay que afrontar el riesgo de la lucha por la justicia»

Con estos planteamientos, los candidatos se lanzan a la calle para conquistar la voluntad popular. El bullicio de la campaña electoral llega a oídos de la familia de Joan, que siente temor por su hijo. Este los tranquiliza:

No hagáis ningún caso de la radio. Por aquí estamos todos muy tranquilos. Existe tensión entre los diversos grupos políticos, porque este año se elige al nuevo presidente, pero la cosa no es para tanto. Lo que ocurre es que, con la distancia, las cosas se desfiguran y se hacen más grandes. Es como los chismes, que van de boca en boca y cada cual los cuenta a su manera, según el color de su cristal. (11)

En el mes de julio, el presidente de la conferencia episcopal chilena dirige una carta a tres dirigentes campesinos de Linares que le habían consultado sobre la reforma agraria y la violencia. Joan comenta en la hoja ciclostilada de la barriada Placilla:

Hoy todos hablan de revolución, de cambios, de violencia... Y siguen las discusiones y peloteras sin que nadie se ponga de acuerdo, porque todos piensan estar en toda la verdad. En la carta del presidente de los obispos de Chile se aclara dónde está la causa y la raíz de la violencia (ya sea abierta o disimulada).

Pero hay algo importante: la carta no es un bonito discurso sobre la violencia, sino una llamada a enfrentar los riesgos que supone la lucha por la justicia. Estaría bueno que los cristianos nos dejáramos de hablar tanto y de enorgullecemos de la doctrina social de la iglesia, y que ahora actuáramos más para construir un país en el que no reinara la violencia, la justicia y la opresión, sino la justicia, la solidaridad y la paz. ¡Ah!, y otra cosa más: la paz no significa tranquilidad y pacifismo, sino la construcción de una nueva sociedad donde todos vivamos como hermanos . (12)

En los últimos días antes de las elecciones Joan comenta que «la gente está abocada de lleno a las campañas, y nadie está para nada» (13) . Hay una huelga en el hospital, y Joan se ve obligado a seguir trabajando.

No me toméis por un esquirol. ¡Dios me libre! Lo que pasa es que en este país hay una ley que dice que los que llevan menos de seis meses trabajando no pueden alistarse en el sindicato ni ir a la huelga. Y, como yo llevo justo cuatro meses, me veo obligado a ir cada día y quedarme como un (pasmarote) porque, como la gente no va a trabajar, no hay trabajo de ningún tipo. (14)

Joan, aunque se identifica con el programa de la Unidad Popular, no se compromete abiertamente con la campaña de Allende ni hace ningún tipo de opción partidista:

El viernes tenemos elecciones presidenciales. Estos días no voy a ninguna parte, porque todo el mundo te quiere captar para su bando, y no conviene. Trabajo todo el día en la oficina, y lo aprovecho para mi labor. (15)

Por fin llega el 4 de septiembre de 1970. Acuden a las urnas más de tres millones de chilenos. Salvador Allende gana al candidato de la derecha. Jorge Alessandri, por un reducido margen de 39.338 votos, y alcanza así el 36,3% de los votos, contra el 34,9% del segundo oponente. El candidato de la Democracia Cristiana es derrotado con un 27,8%. Al no conseguir Allende la mayoría absoluta, la Constitución chilena no prevé --como, por ejemplo, la francesa-- una segunda consulta directa al pueblo, sino que corresponde al congreso decidir quién será el presidente de entre los dos candidatos con más votos. Con todo, por tradición se ha designado siempre al candidato de la primera mayoría. Eso convierte a Allende en presidente virtual de la República. Se abre una nueva etapa en la historia de Chile.

«Estamos contentos porque hemos ganado»

Allende ha llegado finalmente a la presidencia. Su lucha ha sido larga y difícil. Durante cuatro campañas consecutivas ha tratado de conseguirlo. La inmensa mayoría de trabajadores chilenos, que son la base social de su movimiento de masas, se alegran de la victoria.

Pocos días antes de morir. Pablo Neruda describió así al futuro presidente de la nación, muerto por la plena independencia de su pueblo:

Chile tiene muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes:

Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provienen del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera.

Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista fue un gobernante que consultaba todas las medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era un dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra que realizó Allende en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aún, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más que se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva. (16)

El lunes siguiente a las elecciones presidenciales, Joan escribe una larga carta a su familia en la que explica los detalles de la memorable jornada.

Queridos padres y hermanos: como os supongo enterados por la radio y la prensa del resultado de las elecciones aquí en nuestro país, os escribo estas letras para contaros cómo ha ido todo y cómo estamos. En primer lugar, el día de las elecciones fue un día tranquilo. No hubo alborotos ni nada por el estilo. La gente votó tranquilamente y se volvió a casa a esperar los resultados. Estuvimos en vela hasta las tres de la madrugada, porque hasta esta hora no se dio el resultado oficial de las elecciones. Ya podéis imaginaros lo nerviosos que estábamos todos, aunque a las 11 ya se tenía la seguridad de que ganaba Allende. Ahora vendrá la segunda parte. Estamos contentos porque hemos ganado, pero ganar no es bastante. Ahora es preciso que se vaya haciendo más justicia y que la gente deje de pasar hambre. Será difícil, pero la gente está contenta. Entre los trabajadores se tiene esperanza. Esta mañana he ido a trabajar y la gente estaba contenta y se felicitaba. Dios quiera que todo salga bien.

Debo deciros también que la situación de la iglesia no es de miedo, ni mucho menos. En Chile, la iglesia es respetada incluso por la gente de izquierdas, porque saben que nosotros, los curas, hemos estado y estamos a su lado, trabajando por la clase obrera. Entre los militantes de los partidos de izquierdas hay muchos católicos. Tal vez a vosotros os parecerá extraño, visto desde nuestro país, donde generalmente la gente de izquierdas son unos comecuras. Aquí el principal director de la campaña del candidato de las izquierdas era un católico (17). Es posible que recibáis otras informaciones sobre intranquilidad en el país, etc. Ayer yo dije misa como todos los domingos, y en todas partes fue igual. Ya os digo que entre la gente de izquierdas no tengo problema alguno. Si con alguien he tenido problemas desde que soy cura, ha sido con los ricos, a los que no les gusta que les digas la verdad. Pero con los pobres y los trabajadores no tengo el menor miedo. O sea que os ruego que estéis tranquilos por mí. De todos modos os pido que esta carta no la enseñéis a nadie. Ni siquiera a N.N. Ellos tienen otra visión de las cosas. Si os preguntan por mi, si he escrito, decid que sí, que estoy muy bien, y basta... Sobre todo en estos primeros tiempos, cuando la prensa extranjera hablará más de Chile, y tal vez equivocadamente, trataré de escribir más a menudo. Aunque trabajo no me falta. Ya sabéis que uno no puede escribir tan a menudo como desearía.

El problema fundamental que se plantea después de las elecciones es el de la unidad de la clase obrera. Muchos obreros y campesinos han votado por la Democracia Cristiana y han sido derrotados. La preponderancia de los vencedores o el derrotismo de los vencidos pueden ser un grave obstáculo para el incremento de un movimiento popular sólido y combativo. Joan señala:

La verdadera victoria es la del hombre que sabe perder sin desanimarse, sin que por ello deje de trabajar por los demás. La verdadera victoria es la del que piensa que no tiene derecho a disfrutar su triunfo hasta que lo puedan disfrutar todos. La verdadera victoria no es contra los demás, sino contra el hambre, la injusticia, la opresión y sobre todo el egoísmo, que es el peor enemigo de cada uno de nosotros y es la causa de todos los males. La verdadera derrota es la del que deja de luchar por los demás. La verdadera derrota es la del que no sabe reconocerla. La verdadera derrota es la del que se encierra en sí mismo, del que se taima y piensa que ya no vale la pena vivir. La verdadera derrota es la del que piensa que basta la victoria de las urnas para arreglar el país.

Las elecciones pasaron, pero no ha pasado la responsabilidad de todos nosotros en la construcción de un Chile mejor. Ojalá que todos olvidemos nuestras diferencias personales y no dejemos de luchar contra todo aquello que nos aparta unos de otros. Para que formemos de verdad en nosotros el hombre nuevo capaz de construir una nueva sociedad, en la que todos nos sintamos y seamos de verdad hermanos. (18)

Primeros conflictos

Empiezan a surgir las dificultades. Hasta ahora Joan había hablado muy bien de su relación y su unión con la gente. Todo parecía ir sobre ruedas. No había espinas, o si las había, no lo contaba a sus padres. El 23 de septiembre de 1970 escribe una carta en que revela los primeros puntos de fricción. Su labor con la juventud lleva a una conciencia y crecimiento colectivos. Esto le lleva a un enfrentamiento con la autoridad gubernativa, que, como el presidente electo todavía no ha asumido el cargo, representa al gobierno demócrata-cristiano.

A vosotros os gusta que os cuente problemas: pues bien, los primeros que he tenido han sido a causa de mi trabajo con la juventud. A veces se pasan un poco y te cargan el muerto a ti. El otro día los jóvenes celebraron una asamblea para discutir los problemas del pueblo. Estaba presente el gobernador, que no sirve para nada. Los chavales le dijeron todo lo que pensaban de él. ¡Joder, el jaleo que se armó! Yo no estaba, pero también me cargaban las culpas a mí.

El otro punto de fricción surge con las monjas de colegios religiosos. Sus planteamientos sobre la educación liberadora se van abriendo camino y provocan el recelo entre los que se sienten aludidos.

Con las monjas que tienen colegios también hemos estado un poco tensos. Siempre tienen miedo de que las niñas abran demasiado los ojos. Tú, Carme, ya sabes cómo son. Y siempre se quejan de que nosotros hablamos demasiado claro a las niñas. Y, como la mayoría de las niñas que van a las monjas son de clase más bien alta, puedes imaginar que todo les molesta. Ahora parece que la cosa está más calmada. Ayer tuvimos una reunión y les aclaramos una serie de cosas para que nos dejaran en paz. Veremos lo que dura la tranquilidad.

Por el contrario, el trabajo en el mundo obrero no ofrece dificultades a nivel personal. Sólo que sigue el problema de la división de los pobladores y la necesidad de trabajar sin descanso para superar dicha decisión.

El trabajo en el mundo obrero y en los barrios pobres no ofrece tantos problemas porque la gente pobre está contenta de que el cura sea como ellos y esté con ellos. Aquí el problema es más bien la inconstancia de la gente, y la miseria y la impotencia de uno para solucionarla. Porque dinero, yo tampoco tengo, y tampoco sería ninguna solución hacer limosna, porque no es una solución permanente. Otro problema es el de la división entre ellos, causada a menudo por gente de fuera interesada en que los pobres estén divididos. Porque, mientras los pobres están divididos, ellos son cada día más ricos y explotadores, y los pobres cada día más pobres.

Lograr la unidad es largo y difícil, y requiere mucha paciencia. Y estar entre ellos casi cada día. De todos modos veo que poco a poco las cosas se van logrando. En el barrio donde yo trabajo hay un grupo que trabaja unido y que va consiguiendo la mar de cosas. ¡Y necesitan tanto! Figuraos que no tienen ni agua en las casas, ni luz, ni alcantarillas. Todo son pozos ciegos, y la tierra es de arcilla. Imaginaros en invierno, cuando llueve. Parece como que andas sobre jabón.

En muchas casas las ventanas son sacos de plástico y el suelo, arcilla. Suerte que es un barrio donde da el sol, que si no, no sé lo que pasaría.

Joan se va comprometiendo en el proceso que se pone en marcha. Su familia está deseosa de que vaya a visitarlos, pero él ve que en estos momentos sería una irresponsabilidad abandonar el país. Además podría arriesgar su trabajo en el hospital. Lo que hace es tranquilizar a su familia; en la carta que citamos, escrita cinco días después de la anteriormente transcrita, repite cuatro veces que todo está tranquilo y que no deben preocuparse. Ofrecemos algunos fragmentos:

Decid a N.N. que esté tranquilo respecto a la situación política del país. Creo que habrá dificultades, como siempre las hay en un cambio de sistema, pero parece ser que la cosa no será tan difícil como pretenden algunos.

En cuanto a lo que decís de mi viaje, en realidad lo veo muy difícil, pues todavía no se sabe si harán el vuelo que hicieron el año pasado. Y aunque lo hicieran, no creo conveniente viajar. Se prevén tiempos de austeridad en el país, y reducirán los gastos de lujo, cosa que me parece muy conveniente. Y no creo que en estas circunstancias sea aconsejable que los curas nos dediquemos a viajar; viajar ha sido siempre un lujo para ricos, especialmente en estos países pobres donde nos ha tocado vivir. Y si nos hemos pasado tantos años predicando justicia para todos y austeridad, no creo que el mejor testimonio en estos momentos sea viajar. Es duro, pero es así. Además, hay otra razón: la del trabajo. Hace apenas unos meses que entré a trabajar y no me conviene dejarlo. En los dos meses que tendría que pedir de permiso podrían ocurrir muchas cosas. Y ahora que estoy bien no me conviene echarlo a perder. Comprendo que para vosotros es un poco difícil esperar más. Pero los años pasan volando y no creo que tardemos en vemos. No creo en modo alguno que nos echen fuera. Es otra cosa que me jodería mucho.

En cuanto a la situación política del país, hay calma. Algunos ricos están un poco asustados, pero si ellos no pueden ganar tanto para que otros puedan ganar más, tanto mejor. Estaría bien que le gente se diera cuenta de que las cosas no pueden seguir tal como están. (19)

3. Allende es proclamado presidente de la República

No obstante, no todos piensan así. Se acerca el 24 de octubre, día en que debe reunirse el congreso para designar al futuro presidente entre las dos mayorías más altas. Cada vez parece más claro que la Democracia Cristiana, presionada por la base y por los sectores más radicales, confirmará a Allende. La derecha y la ultraderecha se movilizan activamente para impedirlo. Y también los norteamericanos... Tal como revelará meses más tarde el célebre periodista Jack Anderson, la ITT, otras grandes empresas y la inevitable CIA intervienen activamente durante estos dos primeros meses, después de la elección y antes de la confirmación, para provocar un golpe de estado. El día D es el 22 de octubre, un grupo terrorista intercepta en plena vía pública el coche del general Rene Schneider, comandante en jefe de las fuerzas armadas, con el propósito de secuestrarlo y obligar así al ejército a salir a la calle en defensa de su jefe. Pero el general se resiste y es ametrallado allí mismo; murió al cabo de tres días. El hecho es tan sorprendente y provoca tal conmoción que produce efectos contrarios: no sólo el ejército no se levanta contra las autoridades legítimas, sino que incrementa su convicción constitucionalista y respeta la decisión que tomará el congreso dos días más tarde. En efecto, el 24 de octubre la Democracia Cristiana, después de haber hecho «jurar la Constitución» a Allende --en el doble sentido real y figurado, pues la víspera le había hecho firmar un «estatuto de garantías» por el que Allende se comprometía a respetar todas las libertades--, da su votación al candidato de la Unidad Popular, que se convierte así en presidente de la República por 153 votos a favor, 25 en contra y 7 en blanco. El 3 de noviembre, Eduardo Frei cruza la banda presidencial sobre el pecho de su sucesor constitucional. Salvador Allende. Una etapa llena de escollos ha sido superada.

Todos estos acontecimientos encuentran eco en el boletín de la barriada. Sobre el asesinato del general Schneider Joan escribe:

Rechazamos toda forma de violencia que se oponga al desarrollo de nuestro pueblo... Porque pensamos que la paz no se construye con las armas, sino con el aporte de todos al bien común... Pensamos que en muchos casos es una actitud hipócrita la violencia de aquellos que se dicen defensores de la libertad y de la paz, pero que no buscan otra cosa que la continuación del «desorden establecido», que favorece los intereses y el dinero de unos pocos privilegiados en perjuicio de muchos que no tienen lo necesario para vivir.

Y respecto al nuevo gobierno que ha asumido la presidencia, indica:

Creemos que el papel de la iglesia debe ser el de una colaboración activa y crítica. Activa, porque sabemos que estamos en el mundo para servir y no ser servidos. No para conversar o buscar privilegios, sino para conseguir la salvación de todos los hombres y de todo el hombre. Critica, porque creemos que el reino de Dios no es de este mundo y que ningún sistema político o económico tiene ni puede tener la respuesta a todos los problemas e interrogantes que se plantea el hombre. Porque pensamos que la vida no es un término, sino un camino, y que siempre tenemos la tentación de detenemos y pensar que ya lo hemos conseguido todo. Porque siempre tenemos que seguir avanzando. Que con la participación de todos lleguemos a hacer de Chile una gran familia en la que todos nos sintamos responsables de todos y dispuestos a servir y a sacrificamos unos por otros. (20)

«Estamos entre los trabajadores y luchamos con ellos»

Durante todo este tiempo, Joan no olvida las tareas propiamente pastorales o catequéticas. Estamos en noviembre, cuando en Chile se celebra el mes de María:

Lo iniciamos el 24 del 11 para terminarlo la víspera de navidad. Lo hacen por grupos. En cada barrio se reúne un grupo de personas para leer juntos el evangelio y comentarlo entre ellos mismos. Nosotros solemos asistir una vez a la semana. Y así el mes de María sirve para preparar espiritualmente la navidad. (21)

El compromiso de Joan es siempre creciente. Ahora participa en la creación de un sindicato:

¿Os acordáis de Maiplou ? ¿De aquel viejo mendigo que venía a comer a casa hace años? Esta mañana me he acordado de él. He ido a decir misa a un barrio de las afueras, y cuando regresaba a la parroquia me he encontrado a un viejo con la facha que podéis suponer. Llevaba en la mano un hermoso pescado, fresco, y buscaba entre la gente que salía de misa. De pronto me ve y grita: «Toma este congrio, es para ti». Es un pobre viejo que trabaja en la descarga de los barcos de pesca. Me ha traído un congrio que mide un metro. Es un buen hombre de familia buena, y todos los hermanos lo han abandonado porque es pobre. Vive solo en una pensión.

Aquí las personas pobres son muy buenas y se acuerdan de la gente que las quiere. Y lo reparten todo en su pobreza. Pero no vayáis a creer por eso que son unos corderitos memos que siguen al primero que encuentran. Hay gente muy inteligente que exige, trabaja y lucha por salir de su situación. Nosotros estamos con ellos y luchamos con ellos. El otro día me tocó reunirme con una treintena de trabajadores para formar un sindicato. Me pidieron orientación y estuve con ellos. Nadie se echó atrás. Podéis suponer cómo se pusieron los patronos cuando lo supieron. Son españoles y no piensan más que en la plata. ¡Mala suerte! Hay que ayudar a los pobres. (22)

Joan como predicador

Este contacto directo con los pobladores de las barriadas va configurando la personalidad evangélica de Joan. «¿Qué le vamos a hacer? Gracias a Dios, trabajo entre los pobres y soy tan pobre como ellos. Y estoy contento de ello, porque me da libertad para hablar. Y para actuar» (23). Una compañera de Joan, funcionaria del hospital, recuerda esta «libertad de palabra y obra» de que gozaba Joan.

Por su espontaneidad era muy querido, en especial por la juventud, pero no así por la pequeña burguesía. Joan terminó con la misa de 12 en la parroquia de San Antonio y en esta oportunidad les dijo a las señoras que estaban en misa: «Es más importante que ustedes vayan a preparar la comida de sus maridos que no que se estén dando golpes al pecho en estas horas». Recuerdo que en una misa dijo: «La gallina de arriba siempre caga a la de más abajo». Esto causó conmoción en la zona. No así entre la juventud, que se acercaba con gusto a la iglesia y sus misas eran escuchadas a iglesia llena porque tenían un contenido verdadero. (24)

Con todo, la reacción no siempre era favorable:

Recuerdo que Joan quería a los pobres. Nos contó que en San Antonio el vicario le pidió que dejara de decir algunas verdades... Una vez, en una misa, se salieron varias personas, pero a él no le importaba. (25)

Y es que la franqueza natural y directa tan propia de un hombre arraigado a la tierra, nacido en el Empordá, producto del campesinado catalán, hijo del pueblo y miembro voluntario de éste, le llevaba a ir siempre al grano, y esto, naturalmente, no gustaba a todo el mundo.

Me acuerdo que un sábado lo fui a buscar como a las seis de la tarde, para ir a una reunión a Llolleo. Me dijo: «Compadre, primero voy a hacer un casamiento y después vamos». Yo le dije: «Te ayudo, para no aburrirme». Fuimos a la sacristía, se vistió y salimos. Se puso delante de la gente --había bastante-- y les dijo: «Bueno, señores, vamos a empezar el show, así que acerqúense más para acá, para verles los vestidos, ¡perdón! las caras». Los novios estaban nerviosos, yo me reía. Antes de esposarlos, prosiguió: «Quiero decirles algunas cosas que ustedes me sugieren en estos momentos. ¡Cuánta gente hay ahora mismo que no tiene qué ponerse, porque son pobres, y los miro a ustedes y me avergüenzo ante Dios por la injusticia! Pienso, además, que después de este show, donde yo soy el actor principal porque soy el curita, ustedes se van a ir a la gran comilona, mientras hay miles de gentes que no tienen qué comer. Me avergüenzo sólo de pensarlo. Si ustedes, en vez de dar de comer a tanto aprovechador, pensaran un poco, podrían guardar esta plata, porque los tiempos que vienen no van a ser precisamente buenos para ustedes». Las señoras, muy bien vestidas --vestidos largos, sombreros--, estaban rojas de vergüenza y se miraban entre ellas. Cuando terminó, el padrino del novio le dijo: «Padre, le invito a la recepción, que es en mi casa». El le contestó: «Gracias, pero tengo una reunión con trabajadores, y para mí es más importante y provechosa que una fiesta. Vayanse en paz y que lo pasen bien». Se notaba el enojo de Juan, porque cuando salimos para ir a la reunión me dijo: «¿Te fijaste en la cara que ponían las viejas por lo que les dije ?». Yo le contesté: «No te amargues, todo tiene su tiempo».

La reunión fue en mi casa. Estuvimos hasta las tres de la madrugada discutiendo diversos temas, pero el central era el del momento político. El decía: «Yo no me caso con ningún partido», aunque vibraba con el sector de izquierda. Se le veía más contento porque la gente modesta, aunque fuera a través de muchos errores, iba adquiriendo conquistas sociales y en los centros laborales se veía que la plata rendía más. En el puerto mismo había más trabajo: de diez a quince barcos mensuales.

Juan seguía trabajando en el hospital, pero no lo hacía solo, porque éramos varios los compañeros que le ayudábamos. Seguíamos reuniéndonos. A veces hacíamos una pequeña comida. Primero se efectuaba una misa familiar, en la que comulgábamos con un poco de pan y vino. Después analizábamos nuestro compromiso a la luz del evangelio.

Juan fue catalogado por los ricos como cura comunista, extremista y muchas cosas más. Incluso llegaron a acusarlo ante el cardenal para que lo sacaran de este puerto... Pero la gente modesta, los trabajadores le decían el «cura choro», el hombre que hacía un apostolado como el que Cristo hizo en la tierra. Con esto demostraba a los que le atacaban que él era un hombre íntegro, que se entregaba a la gente sin esperar recompensa. Porque lo que siempre conversábamos y era nuestro lema es que había que darlo todo sin esperar nada. Pero Dios sabrá premiar lo que estábamos haciendo por los demás... (26)

4. Las primeras medidas del gobierno popular

Mientras tanto, el gobierno popular inicia su gestión. Las primeras medidas infunden especial optimismo a las clases populares. Se pone en marcha un programa de alimentación infantil que asegura medio litro de leche a cada niño, porque« los niños son los únicos privilegiados de Chile». Se disuelven los grupos especiales de policía, especialmente el «grupo móvil de carabineros». Se crea una unidad de servicios especiales para cubrir las necesidades más urgentes de las poblaciones marginales y frenar la escandalosa especulación en los precios de los medicamentos. Se concede amnistía a todos los presos políticos. Se restablecen relaciones diplomáticas con Cuba. Se nacionaliza la primera empresa textil como respuesta al boicot patronal que la mantenía en paro. Se expropian seis latifundios de propietarios que tenían a sus obreros sin pagar. Se crea un organismo especial para disminuir el desempleo, que ascendía a 180.000 obreros en el momento en que Allende asume la presidencia. Se acelera el ritmo de expropiación de latifundios. Se nacionalizan las empresas del acero y del carbón... (27)

El 3 de diciembre de 1970 Joan escribe a su familia estas líneas optimistas:

No estéis intranquilos por la situación política chilena. La cosa va bien y en el país hay tranquilidad y se avanza. No hay que negarlo ni taparse los ojos: habrá dificultades porque los ricos siempre han estado acostumbrados a mandar y a hacer lo que quieren, y va a ser difícil cambiar la situación.

Yo ahora estoy contento. Tengo mucho trabajo y no me puedo quejar. Las cosas van despacio, no tan aprisa como uno quisiera. Pero las cosas valiosas requieren tiempo, paciencia y esfuerzo.

Termina el año y Joan escribe una carta colectiva a todos los amigos de Girona para felicitarles las navidades. En ella hay una síntesis de lo que han significado para él y para el país los cambios habidos en Chile.

Queridos todos:

Ya ha pasado otro año, y una vez más, navidad nos da ocasión para ponernos en contacto.

Para nosotros ha sido un año muy movido. Hemos cambiado al presidente de la República. Nuevas caras, nuevas esperanzas y nuevas ilusiones. Pero no ha sido un cambio de rutina. Hay algo más. Hay una voluntad de cambiar las estructuras y de hacer un país más justo y más fraternal. Habrá que reflexionar mucho, trabajar mucho para que esta vez las esperanzas del pueblo no queden frustradas.

Somos muy conscientes de que se acercan años de serias transformaciones, y de que la iglesia no puede quedar al margen del progreso humano y espiritual de nuestro pueblo. No os preocupéis por nosotros, que no hay ningún tipo de persecución, ni mucho menos. Lo que se nos pide a todos es nuestro esfuerzo honrado y nuestra colaboración con el país.

En cuanto a mí, os puedo decir que estoy contento de ser sacerdote, y de serlo en estas circunstancias. Sabemos que el porvenir no se presenta nada fácil, pero creemos que saldremos adelante con bien. Este año he empezado a trabajar en el hospital seis horas diarias, sin abandonar mi trabajo en la parroquia. La experiencia ha sido positiva. El trabajar me ha ayudado a ser más sacerdote entre los compañeros trabajadores, a hacer más mía su vida y a no hablar desde fuera, sino desde la misma situación en que estamos todos.

Algunos diréis que hay mucho trabajo en la iglesia, y que en un país como Chile, donde faltan curas, parece extraño que todavía tengamos tiempo de trabajar para ganarnos la vida. Mirad, yo creo que lo importante no es estar en muchos sitios y hacer muchas cosas y pocas bien hechas, sino hacer pocas y bien hechas. Y creo que mi camino es el trabajo y la clase trabajadora, y es ahí donde quiero emplearme a fondo. Sé que algunos esperabais que este año pudiera ir a veros.

No es posible; sé que a los de casa les cuesta un poco, pero el país está en un plan de austeridad, y no creo que el mejor testimonio cristiano sea hacer un viaje, que para los de aquí es un lujo. Los sacerdotes no debemos ser ricos ni parecerlo.

Que paséis unas buenas navidades. Que el Cristo Salvador nos traiga su paz. Que él nos una, a pesar de las distancias, en la lucha por la libertad y la paz. Adiós.

El sector de la salud y el programa de la UP

Durante el verano de 1971, Joan no hará vacaciones. Todavía no ha cumplido un año de trabajo en el hospital y no puede pensar en un período de ausencia. Precisamente durante los meses de enero y febrero el trabajo de la oficina se incrementa. Hay que hacer los nuevos contratos, renovar los antiguos, poner al día los decretos del quinquenio --este año, de los 300 funcionarios del hospital Claudio Vicuña, 50 ó 60 tienen que ser ascendidos de grado-- y además, participar en la atención sanitaria de los campamentos populares de la zona, puestos en marcha por el gobierno de Allende. Todo esto le absorberá no sólo las horas de trabajo pagado --que desde principios de año pasan de seis a ocho--, sino también muchas otras de trabajo voluntario. Esta mayor dedicación hace que Joan se desahogue más en sus comunicaciones y cuente más detalles de su trabajo como funcionario del Servicio Nacional de Salud (SNS).

Para comprender mejor lo que nos irá diciendo y captar con mayor exactitud el alcance de su trabajo, es preciso tener primero una visión de conjunto de lo que era el sector de la salud cuando Allende asumió la presidencia, y de los principales objetivos que se propuso la UP para transformar dicho sector.

La nota característica era el clasismo. La Seguridad Social del estado no era unitaria, sino que existían dos tipos de servicios: uno para los empleados, técnicos y patrones, y otro para los obreros.

En cuanto a los presupuestos, he aquí unas cifras reveladoras: el 60% de la inversión fiscal en el terreno de la medicina alcanzaba el 25% de la población, mientras que el 75% restante tenía que conformarse con el 40%. Dicho de un modo más gráfico: en un obrero se invertían 400 escudos anuales, mientras que en un patrón se invertían 2.000 anuales, es decir, cinco veces más. El sector con ingresos más elevados disponía de un médico por cada 800 habitantes, mientras que los trabajadores asegurados en el SNS tenían un médico por cada 2.300 habitantes. Existía la medicina privada, a la que la mayor parte de médicos dedicaban más de la mitad de su tiempo. Si tenemos en cuenta que los que recibían este tipo de atención, a causa de los altos precios de la visita particular, eran sectores numéricamente muy reducidos y con ingresos muy altos, concluiremos que la inmensa mayoría de la población tenía que conformarse con el otro 50% de tiempo disponible. La distribución geográfica también agravaba la irracionalidad del sistema. El 60% de los médicos ejercía en la capital, donde vivía 1/3 de la población chilena. Los otros 2/3 estaban atendidos por el 40% restante. Sobre todo las zonas agrícolas eran las más olvidadas y con mayor mortalidad infantil. Había localidades campesinas en las que el índice rebasaba el dramático 100/100. (28)

El programa de la UP señalaba:

Se asegurará la atención médica y dental, preventiva y curativa a todos los chilenos, financiada por el estado, los patrones y las instituciones de previsión. Se incorporará la población a la tarea de proteger la salud pública.

Concretamente se pretendía crear un Servicio Único de Salud que eliminara las diferencias de atención médica entre obreros, empleados, técnicos y patronos, y pusiera en marcha la incorporación en masa de la población a la gestión sanitaria mediante la creación de consejos locales de la salud, que actuarían a nivel regional, y el consejo nacional de la salud a escala estatal. Igualmente se quería descentralizar la atención médica creando consultorios y centros de servicios de urgencia en todas las poblaciones, y en las zonas más apartadas del campo. Para responder a las nuevas necesidades, se pedía, en una primera etapa, el trabajo voluntario de médicos, estudiantes y funcionarios del área de la salud, para pasar más tarde a una reforma de las estructuras que Permitiese la atención médica gratuita para todos los chilenos. El programa era ambicioso y se pudo constatar que las tareas Propias de la salud movilizaban ampliamente al pueblo.

Los campamentos populares de verano

En una cinta que graba para su familia, Joan explica el trabajo que ha realizado durante el verano.

Durante el verano hemos tenido mucha gente. Con el gobierno popular se han fomentado mucho las vacaciones del pueblo, de los trabajadores, que han asistido a unos campamentos de vacaciones, aquí en la costa. Todos hemos andado muy atareados.

Tenéis que saber que aquí el Servicio Nacional de la Salud trabaja mucho. La medicina está mucho más socializada que en España, no desde ahora, ya hace tiempo. El Servicio Nacional de la Salud es como una ; red que cubre todo el país (si queréis podéis compararlo con Radio

Nacional de España, que tiene emisoras y puede llegar a todas partes).

Estamos divididos en zonas --ahora no recuerdo si son 10 ó 14-- y cada zona tiene áreas de salud. En cada área hay, al menos, un hospital base y otros hospitales especializados y también consultorios externos. Los consultorios son lugares donde van el médico y la enfermera. La gente va a curarse y lleva a los críos. Actualmente es gratuito. Antes, el que no tenía la libreta tenía que pagar. Ahora es gratuito para todos.

¿Qué es un área de salud ? Es un territorio más o menos uniforme, llevado por un grupo de profesionales, médicos, psicólogos, comadronas, enfermeras, auxiliares de enfermeras, técnicos en rayos X, técnicos de laboratorio, etc. Entonces, si estás enfermo, vas al consultorio o al

hospital a las horas de consulta, y te atienden gratuitamente. Ya os he dicho que, durante el anterior gobierno, los que no tenían libreta pagaban. Ahora no, todo es gratuito. Excepto algunos pequeños servicios, que todavía hay que pagar. Nosotros hemos tenido bajo nuestra responsabilidad el área de la costa, donde están los campamentos de verano, y hemos tenido que procurar por la higiene de los campamentos, el control de la comida que se vendía, la carne y el pescado, el control de las infecciones, etc. Tenéis que saber que aquí la diarrea es un problema muy grave. En San Antonio cada verano mueren unos 30 niños de colitis. Este año han muerto 6. Es una pena que hayan muerto seis niños, pero se ha hecho un gran esfuerzo para educar a la gente y la tasa de mortalidad infantil se ha reducido en un 75%. Creemos que es importante, un éxito muy grande de nuestro gobierno y del esfuerzo que ha realizado el ministerio de la salud. Todo esto ha dado mucho trabajo y no nos ha permitido hacer vacaciones. El servicio no ha dado

vacaciones a casi nadie durante los meses de verano. Ha sido un sacrificio muy grande no hacer vacaciones en verano, pero estamos muy contentos porque todo ha salido bien y seguimos trabajando. (29)

Joan encontró dificultades en el ejercicio de su cargo en la oficina de personal. Poseemos un testimonio que da fe de ello, y que al mismo tiempo explica la rectitud y honestidad con que

Joan ejercía su cargo, más allá de favoritismos políticos o personales.

Por iniciativa suya se creó en el Cerro Alegre del Puerto un centro asistencia!, donde dos veces por semana iban médicos para que las madres llevaran a sus hijos y no tuvieran que desplazarse al hospital, ya que durante aquel tiempo el hospital estaba considerado como uno de los más malos de Chile y donde moría más gente anualmente. Juan ayudó sin descanso, día y noche, para bajar este porcentaje de mortalidad, sobre todo entre los niños. Claro está que fue mucha la gente

que colaboró en esto, pero destacaba su trabajo, porque entre los funcionarios algunos no cumplían y ni siquiera asistían a su trabajo.

Fallaban cuando querían, y como él controlaba el tiempo, les descontaba las horas no trabajadas. Algunos empezaron a tratarlo de sapo (esquirol) o maricón. Incluso, muchas veces peleó con los doctores, porque a ellos no les importaba un comino que muriera gente. La posición de Juan fue siempre la misma y les decía: «Pensemos un poco cristianamente y dejemos la política a un lado, porque no se puede jugar con la vida de los demás. Cristo quiere a todos por igual, considerándolos como hermanos, y ustedes no deben tratar con ese odio a una clase que es como todas, sólo que es pobre, pero que tiene los mismos derechos». (30)

Esta independencia en el ejercicio de su cargo viene confirmada por otro testigo que se define a sí mismo como «momio y juntista» (carca y partidario de la Junta Militar) que dice:

A pesar de mi postura política, Juan era muy respetuoso de la opinión de los demás, no constituyendo ellos ningún problema. En política se oponía a los errores del sistema. Era tan sincero que tenía amigos en los dos lados. No era cerrado... (31)

Es decir, por su rectitud tenía amigos y enemigos en ambos bandos...

El trabajo y su sentido

Si seguimos las actividades de Joan durante el periodo que sigue al verano chileno de 1971 y que se inicia en el mes de marzo, nos daremos cuenta de que son agotadoras. No está quieto un

momento. Es verdad que su buena salud y su temperamento mesurado le ayudan a salir adelante en todo.

Trabaja en el hospital de 8 a 4. Empieza a dar clases de filosofía en el liceo nocturno de Barrancas, un pueblecito unido a San Antonio. No tiene sábados ni domingos, que dedica a la

Parroquia, así como las demás tardes de la semana.

Organiza la catequesis y vuelve a poner en marcha los grupos de profesores y trabajadores que no se han reunido durante la temporada de verano. Se encarga de la preparación de los novios. Sigue visitando las barriadas marginales, procurando que se asfalten las calles, participando en los programas de habitación, colaborando en los trabajos voluntarios, yendo este año por ejemplo a un colegio de niños desvalidos para ordenar su situación. Organiza otro grupo de matrimonios jóvenes. Y todavía le queda tiempo para participar en la ocupación de una fábrica por los obreros. Sobre este último acontecimiento, explica Joan:

Los compañeros obreros del sindicato de una fábrica de fibras, en la que hay un grupo de cristianos que trabajan, ocuparon la fábrica e hicieron huelga. La empresa no quiso arreglar la situación y, entonces el gobierno les quitó la fábrica y la puso en manos de los obreros. O sea que la fábrica no tiene dueños sino que la tienen los trabajadores:

uno de ellos --un obrero del puerto-- es el gerente de la empresa; también hay un interventor del estado, y ahora son ellos quienes dirigen la producción y la distribuyen. Hemos tenido que estar allí, con un grupo de cristianos que trabajan en esa fábrica, para que todo se hiciera con sentido cristiano, de seria responsabilidad, y que los obreros, los trabajadores supieran demostrar y demostraran que eran capaces de llevar la empresa, de hacerla funcionar, y que no necesitaban a ningún explotador que les robara el dinero y les hiciera sudar como a esclavos. (32)

Joan encaja este exceso de trabajo con fatiga, pero con plena consciencia de su situación personal. Una vez más explica a su familia el sentido de su vida:

Todo esto ha hecho que estos últimos meses fueran muy intensos, de mucho trabajo, y, os lo digo francamente, hay días en que me siento cansado, fatigado, que llego a casa y me tumbo en la cama y ya no sé ni dónde estoy. Quiero decir que me quedo dormido en el acto. ¿Recordáis que antes me gustaba leer o estudiar un poco antes de acostarme? Pues ahora no puedo; tengo que hacerlo por la tarde, o por la mañana, o durante los fines de semana. Pero estoy contento. Mirad, en la vida, y creo que esto os lo debo a vosotros, que me lo habéis enseñado mucho, que lo hemos vivido mucho en casa, en la vida lo importante es trabajar. Y una cosa que he aprendido en el evangelio, en la iglesia, es que en la vida lo importante es trabajar por los demás. (33)

Pero Joan nunca pierde de vista el sentido eclesial de su trabajo humano. El 1 de marzo de 1971 escribe a un compañero sacerdote y le explica sus dificultades íntimas ante las complicidades de la iglesia.

Del futuro político poco te puedo decir. La cosa apenas está empezando. Pero hay esperanza. Creo necesario que la iglesia se comprometa honradamente. No valen teologías angelicales, que de hecho, sólo sirven para justificar a la reacción. Ayer leíamos el Deuteronomio; la fe de Israel es la fe de un Dios que se compromete en la liberación de los pobres y los oprimidos. Creo que es una hipocresía de la iglesia decir que ha de ser para todos, cuando durante tantos años ha estado, y sigue estando en muchas partes, con una clase social y política bien determinada.

Yo estoy contento. A veces, te voy a ser franco, me cuesta creer en la iglesia. Creo que nos pasa a todos. Claro que uno tiene que pasar por encima de esos desfallecimientos, pero no siempre resulta fácil. Y menos cuando ves intereses tan sucios por medio... A mí, personalmente, me ha hecho mucho bien trabajar. Sólo podemos colaborar en la creación de un mundo nuevo en la medida en que estamos metidos en él. Creo que hay diversas formas de encarnación. Dios me libre de imponer ninguna.

No creo de ningún modo en una posible persecución de la iglesia. La izquierda chilena es inteligente, y la iglesia (jerárquica) también. Lo que creo es que muchas cosas se irán al agua por sí solas. Por eso creo que, en estos momentos, nuestro trabajo ha de situarse en la base y no intentar crear nuevas estructuras de defensa. El trabajo hay que llevarlo a nivel del hombre. ¿Te has fijado en que, en los países marxistas, la iglesia parece defender más que nada sus estructuras (léase negocios)? ¡Y qué diplomáticas son nuestras defensas de los derechos del hombre!

«Hacer una cosa, hacerla bien y hacerla a fondo»

En consecuencia con esta línea de iglesia, siente una fuerte necesidad de trabajar en equipo con otros sacerdotes. Subraya continuamente que en la nueva tarea sus compañeros le han ayudado mucho, y que no se encuentra solo. Por san José participa en una reunión de sacerdotes que trabajan profesionalmente. En ella se interrogan sobre el sentido de su trabajo y sobre los nuevos descubrimientos que han realizado en su nueva situación. Joan explicará dicha reunión en una cinta grabada para sus padres y dará una visión completísima de sus razones. Es un párrafo largo, pero creemos que es uno de los más importantes para conocer tanto el objeto sobre el que se habla, como el sujeto que habla. Respetamos el lenguaje coloquial:

Cada vez que recibo cartas de compañeros noto que entienden menos el que yo trabaje. Justamente por san José pedí un día de permiso y, aprovechando el puente, me reuní en Santiago con un grupo de curas que trabajan en el norte, en el centro, en las minas del sur. Uno hacía de taxista, otro trabajaba en un departamento del estado, otro era labrador en una hacienda, otro trabajaba en las minas de carbón... De modo que hay gente que se pregunta cómo es que los curas que llegan a Chile de países tan lejanos y diversos tienen tiempo para trabajar. Mirad, hay dos formas de enfocar el trabajo en la iglesia. Una, que yo llamaría de «tapahuecos», según la cual la iglesia debe salvar a todos los hombres, la iglesia tiene que estar en todas partes. Y anda, a meter curas por todos los sitios: curas en los colegios, curas en las parroquias... y haciendo muchas y muy pequeñas para que el cura pueda estar en todas partes atendiendo al mayor número de gente. Esta es una visión del problema; una visión que yo llamaría un poco antigua.

Pero hay otra, que es la que tenemos nosotros. Según ella, lo importante no es estar en todas partes, sino que lo que importa es que donde estemos, estemos de verdad. Pensamos que tiene que haber una serie de curas que estén presentes en el mundo obrero, y que esta presencia sólo puede darse a través de nuestro trabajo. O sea, que los trabajadores vean en nosotros no a un señor que tiene tiempo para dormir, para estudiar, para pasear, para entretenerse con los chiquillos, para dar la comunión a la viejecita, y para veinticinco cosas más, y después, en el tiempo que le sobra, dedicarse a ello, dedicarse a los pobres. No, nosotros no creemos que sea ésta la forma de presencia eficaz dentro del mundo trabajador. Nosotros creemos que es muy importante que estemos trabajando como ellos, aunque esto nos comporte una limitación. Porque es verdad que cuando trabajo no puedo atender a tanta gente como cuando estaba en la parroquia; pero también os diré con franqueza que ahora, en el hospital, viene mucha más gente a verme, a charlar conmigo, que cuando estaba en la parroquia. Porque en la parroquia no estaba nunca; siempre andaba arriba y abajo. En cambio, en el hospital, la gente sabe que puede encontrarme, porque tengo que estarme allí y porque tengo las puertas abiertas a cualquiera que tenga una necesidad... Entonces, los contactos que tiene uno, aunque sean mucho más esporádicos, son mucho más profundos. Un ejemplo: son ahora las siete menos cuarto de la tarde, y a las ocho tengo una reunión al otro extremo de San Antonio con un grupo que llevamos ya más de un mes sin vernos. Pues ahora, las reuniones duran tres o cuatro horas y son mucho más profundas, mucho más serias, porque todos vivimos la misma realidad. O sea, el cura ya no es aquel hombre que escucha, que aconseja, sino un hombre que lucha a su lado, porque si ellos tienen un sindicato, yo también tengo un sindicato, si ellos andan metidos en un comité de trabajo, también yo ando metido en un comité de trabajo, si ellos tienen reuniones después del trabajo, yo también tengo reuniones después del trabajo. ¿En- tendéis? Si ellos están explotados, yo también lo estoy; si ellos cobran un sueldo bajo, yo lo cobro más bajo aún. Entonces uno vive con más profundidad la situación que sufren, y llega mucho más a los demás. ¿Por qué? Porque no son gente a la que uno va, sino gente con la que uno está. Os digo con toda franqueza: me sentiría un poco mal si no trabajara. Bien o mal, he trabajado toda mi vida. El ejemplo que he vivido en casa ha sido siempre un ejemplo de trabajo. Os doy las gracias por haberme enseñado así, y ahora si no trabajara me sentiría mal. En cambio así me encuentro bien, me siento feliz, me siento contento. Yo me gano la vida, gano un pequeño sueldo --es poca cosa, ya lo sé: aquí los trabajadores del estado ganan poco, sobre todo los de la salud ganan muy poco--, pero ¡qué más da! Lo que a mí me importa no son las perras que gano sino estar profundamente allí donde estoy. Si en lugar de tener veinte reuniones a la semana, tengo solo cuatro, qué más da. A mí lo que me preocupa es que estas cuatro reuniones sean reuniones serias, sean reuniones profundas, y que si puedo ayudar a una persona, la ayude de una forma eficaz. Sé que he dejado muchos campos, sé que, por ejemplo, he dejado el campo de la juventud. Pero también sé que tengo profesores amigos míos con los que trabajo y me reúno una sola vez a la semana, que trabajan con jóvenes cada día y lo hacen mejor que yo. Sé que no hago catecismo, pero me reúno cada quince días con los catequistas. (Por cierto, ayer tenía una reunión y no pude ir porque salí tarde de trabajar. Pero tanto da; también está bien, también les conviene de cuando en cuando quedarse solas para espabilarse y asumir sus responsabilidades). A los padres de familia que quieren que sus hijos hagan la primera comunión, les digo:

«¿Queréis que vuestros hijos hagan la comunión? Bien: responsabilizaros. ¿Quién les hará la catequesis?» «Ah, no lo sabemos» «Bueno, pues yo tampoco». «Usted tiene que traernos catequistas». «¿Yo? Yo no los tengo en casa». «Nosotros tampoco». «Mala suerte, venga, busquemos todos» «Nosotros tenemos trabajo». «Yo también»... Entonces la gente se espabila, la gente se toma la iglesia no como algo que hacemos los curas para ellos, como quien monta un negocio para la gente, para ganar perras y ganarse la vida, sino que se responsabilizan de la iglesia como cosa propia, como algo que tienen que llevar ellos. Porque el cura es un hombre como todos, que trabaja, que tiene sus ocupaciones, que tiene sus horas de trabajo, sus horas de reunión, de contacto con ellos, y también sus horas de descanso.

Esta es, pues, la doble razón por la que creo que tengo que trabajar: porque es mi vocación personal, puesto que mi vocación es trabajar y vivir y ser cura en el mundo obrero, y porque así la gente se responsabiliza mucho más al ver que no tiene al cura a todas horas a su disposición. Y también por eso creo que los curas han de seguir trabajando. Me diréis que a veces es duro, sí, que a veces uno se siente solo, sí, que esto no permite tener contacto con otros sacerdotes, sí, que es difícil, sí, pero cuando estoy cansado y lo mandaría todo a hacer puñetas, me digo: Bueno, mis padres trabajan, mis hermanos trabajan, la gente, el mundo trabaja. El día que me muera, el día que mire la vida a distancia, cuando sea viejo, lo que me importará no es haber sido más o menos bonito, sino haber trabajado y haber trabajado bien por la gente. Nosotros los curas, lo grande que podemos dejar cuando miramos la vida desde otra perspectiva, desde otros ámbitos, o sea desde el ámbito de la vejez, es haber dejado un trabajo, haber servido a la gente, haberla ayudado profundamente. No como las mariposas, que están en todas partes, sino hacer una cosa, hacerla bien y hacerla a fondo. (34)

El humanismo de Joan no le permite olvidar lo cotidiano. Por eso termina su larga cinta con unas palabras dirigidas a sus Padres, interesantes para comprender los orígenes campesinos de Joan.

Y usted, padre ¿qué tal? Supongo que debe seguir corriendo detrás de las vacas y las temerás, para ordeñar. Nunca cambiará, padre. ¿Hay muchos temeros? Mire, de vez en cuando, descanse. Usted ha trabajado toda la vida y ahora le conviene reposar y disfrutar un poco de lo que ha tenido que trabajar y sufrir, lo que ha labrado, los años y las arrugas que ha dejado en aquellos estanques. Procure tomarse las cosas con calma y tranquilidad. No se deje dominar por los nervios. Viva tranquilo en casa como ha hecho siempre, que esto es lo importante.

Usted, madre, no sufra. Cuídese. Usted sigue trabajando, trabajando, y no se da cuenta de que está enferma. No se cuida lo suficiente. Ya no es ninguna niña para que tengan que decirle: «Haz esto, haz aquello». Usted sabe muy bien cuándo se encuentra bien y cuándo no. Cuídese. Ahora viene el verano, que es tiempo que sienta mejor, pero no hay que fiarse.

Y tú, María (la hermana menor), debes estar mosqueada porque me has escrito un montón de cartas y todavía no te he contestado. Mira, ayer me acosté a las tres de la madrugada, y hoy a trabajar a las ocho, como si nada. Hoy estaba solo en la oficina y he tenido un trabajo de miedo. He tenido que cerrar la puerta y no atender a nadie, porque si no, no sé cómo me las hubiera arreglado. ¡Qué le vamos a hacer! Hemos venido a esta vida a trabajar.

El amor de la pareja

Siguiendo en la línea de no olvidar las pequeñas cosas, las situaciones familiares o caseras, dirige unas letras a una pareja de Girona que tienen dificultades de comprensión mutua y lo han comentado con él. Joan les recomienda:

No abandonéis nunca el diálogo. Creo que es fundamental. A veces cuesta; es más fácil encerrarse en uno mismo, pero luego las cosas se endurecen y no es fácil arreglarlas. Sois jóvenes y debéis conservar esa capacidad de dialogar y de afrontar las cosas con serenidad y en la verdad. Hay un libro: El principito, que tiene un trozo muy bonito donde el príncipe habla con el zorro y le dice más o menos esto: «Los hombres de hoy no saben nada porque lo compran todo fabricado en las tiendas. Y como no venden amigos fabricados, no tienen amigos». Todo el trozo es muy bonito. El amor no es algo que nos sea dado de una vez por todas. Nunca habremos terminado de construirlo. Cada día hay que poner una piedra nueva. A veces hay que descansar. Os lo digo muy en serio y por experiencia; ya sabéis que a veces la vida nos ciega y no nos deja ver las cosas esenciales, que sólo se ven con el corazón. No os canséis de dialogar, de callar, juntos. Pensad que vuestro amor no se agota en vosotros, sino que hay muchas personas a vuestro lado que necesitan de vuestro amor y vuestra ilusión. Pensad que los demás os necesitan. Nunca debéis desmoralizaros. Ya sé que esto os parecerá el sermón de siempre, pero pensad que a distancia uno no puede concretar más. Los años pasan volando y no tardaremos en poder conversar largamente sobre todo esto y sobre otras cosas que no vale la pena comentar por carta. (35)

Una última anécdota de esta época.

Joan solía visitar a una familia aposentada chilena a la que le unía una fuerte amistad. Sin embargo, con el tiempo sus visitas se hicieron más escasas. En una carta lo comenta y explica sus motivos:

Mirad, yo voy a verles sólo de cuando en cuando por dos razones: una, porque tengo trabajo --si fuera muy a menudo, malo; significaría que no tengo otra cosa que hacer-- y la otra, porque no quiero que la gente me vea ligado a los ricos. Soy pobre porque Cristo era pobre, y creo que ya basta de que siempre se vea a la iglesia ligada a los ricos. ¿No os parece?. (36)

Así pues, vamos observando cómo las decisiones de Joan vienen tomadas con plena consciencia y reflexión, y que no tiene inconveniente en asumirlas, aunque se vea criticado. En su vida se da una plena coincidencia entre lo que piensa, lo que hace y lo que aparece. Todo ello nos va trazando la figura de un hombre con una sola cara, y dispuesto a jugar la carta hasta el final.

El movimiento "Cristianos por el Socialismo"

El 4 de abril de 1971 tienen lugar las primeras elecciones generales después de la elección presidencial. Van a renovarse los cargos municipales --concejales y alcaldes-- de 280 distritos. La Unidad Popular obtiene el 49,73% de los votos, frente al 47,57% de la oposición unida, encabezada por la Democracia Cristiana. El pueblo, pues, quiere seguir mayoritariamente la iniciada vía chilena hacia el socialismo.

Por lógica electoral, parecería que la Democracia Cristiana tendría que reconocer la voluntad popular, renunciar al liderazgo, e integrarse críticamente a los programas puestos en marcha por la Unidad Popular. Pero de hecho, aprovechando su situación de centro electoral y político, se dedica a hacer el juego a la derecha, y, de vez en cuando, demostrar transitorias identificaciones con la izquierda. No llega a practicar todavía la obstrucción sistemática, pero juega la carta del «paralelismo» político y social, en unos momentos en que era del todo necesaria una amplísima movilización popular unitaria para hacer triunfar el programa democrático del gobierno, contra una derecha dispuesta a jugarse el todo por el todo para hacer fracasar dicho programa.

En este contexto social y político nace en Chile el movimiento Cristianos por el Socialismo. Teniendo en cuenta que la legitimación ideológica de la Democracia Cristiana sigue siendo en gran parte la doctrina social de la iglesia con su tradicional anticomunismo, un grupo de 80 sacerdotes se ven en la necesidad de proclamar públicamente que para ellos no existe incompatibilidad radical entre marxismo y fe cristiana, y menos entre el programa de la Unidad Popular y las exigencias sociales del evangelio. Muy al contrario, ven en el proceso de transformación iniciado por el gobierno de Allende la forma concreta de acercarse a la sociedad igualitaria y fraternal que quería Jesús. El 16 de abril de 1971 entregan a la prensa una declaración en la que manifiestan:

Nos sentimos comprometidos en este proceso en marcha y queremos contribuir a su éxito.

Como cristianos no vemos incompatibilidad entre cristianos y socialismo. Todo lo contrario. Como dijo el cardenal de Santiago en noviembre pasado, «en el socialismo hay más valores evangélicos que en el capitalismo».

En este sentido es necesario destruir los prejuicios y las desconfianzas que existen entre cristianos y marxistas. A los marxistas les decimos que la verdadera religión no es opio del pueblo, sino estímulo liberador. A los cristianos les recordamos que nuestro Dios se ha comprometido con la historia de los hombres. Por lo mismo, apoyamos las medidas que tienden a la apropiación social de los medios de producción, a la aceleración y profundización de la reforma agraria, etc.

Constatamos que hay grupos significativos de trabajadores que, estando a favor de los cambios y siendo favorecidos por ellos, sin embargo no se incorporan activamente al proceso actual iniciado. La unión de todos los trabajadores, cualquiera que sea su opción partidista, es decisiva en esta única oportunidad que se le da a nuestra patria para lograr sustituir el actual sistema capitalista dependiente y hacer avanzar la causa de la clase trabajadora en toda América latina. Por eso hemos querido reflexionar y prepararnos en estas jornadas sobre «La participación de los cristianos en la construcción del socialismo».

Esta declaración produjo una verdadera conmoción en la opinión pública. Se inició un debate a escala nacional en el que participaron los medios de comunicación social, los partidos políticos, las comunidades de base. La jerarquía chilena redactó un «documento de trabajo» titulado «evangelio, política y socialismos» en el que se criticaba duramente la declaración de los 80. Desde entonces la polémica ya no se extinguiría. (37)

«Creemos que el socialismo es el único camino para salir de la miseria en que estamos»

Se acerca el primer 1 de mayo del gobierno popular. Joan comenta que irá a la concentración con el sindicato del hospital (38). El cardenal de Santiago también estará presente, por vez primera, al lado de Allende, en la tribuna presidencial, para dirigir un mensaje a los trabajadores. El artículo central del boletín Placilla está dedicado al sentido y orientación del trabajo humano, y resalta los diversos resultados que de él pueden obtenerse: «Con este sistema a algunos les va rebién y a otros remal. A algunos les alcanza apenas para vivir y a otros les sobra para botar (tirar)».

Termina con un planteamiento político general:

El Chile nuevo, del cual se habla mucho estos días, sólo será posible:

Con la acción responsable y organizada de los trabajadores; con la presencia en todos los niveles de decisión y planificación de trabajadores capacitados; con trabajadores que no busquen sólo su interés individual o el de su grupo, sino el bien de todos los chilenos; con trabajadores con verdadera conciencia de clase y que superen todos los sectarismos políticos y religiosos; con trabajadores responsables, con espíritu de trabajo y de sacrificio por el bien común. El trabajo dignifica al hombre. Nuestra tarea es mejorar el mundo para el bien de todos. (39)

El 9 de junio de 1971, es asesinado Edmundo Pérez Zujovic, ex-ministro del interior del gobierno Frei, al que se atribuía la responsabilidad moral de la matanza de pobladores de Puerto Montt, en marzo de 1969. El presidente Allende convoca al pueblo en la plaza de la Constitución para explicar los hechos y se declara el estado de emergencia en Santiago. Cuatro días después la policía encuentra a los responsables del asesinato y les da muerte.

Ayer tuvo lugar un atentado contra un ministro del gobierno anterior. El hecho ha producido confusión, pero el gobierno ha dominado la situación desde el primer momento. La versión más clara de los hechos es que hay elementos de extrema derecha que quieren crear molestias y hacer fracasar el programa del gobierno. (40)

El 20 de junio Joan escribe otra carta al párroco de Malgrat. En una rápida síntesis esboza el momento político que está viviendo Chile, y su opción personal.

La situación política del país es difícil, pero interesante y llena de esperanzas. La derecha lucha como puede, valiéndose de los resortes democráticos que Allende ha respetado, para hacer fracasar el gobierno revolucionario. «No pasarán». Sería una pena que lo lograran, pues creemos que el socialismo es el único camino para salir de la miseria en que estamos.

Estoy contento con mi trabajo. Me ayuda mucho a estar presente y a comprometerme mucho más con la gente, en un plano mucho más real y profundo. A veces, se lo digo sinceramente, se hace difícil, porque uno descubre las raíces del pecado y de la injusticia en las estructuras y en las personas. Y esto duele y desanima. Pero son las condiciones reales de la encamación: llevar la salvación de Dios hasta los últimos recodos del pecado, la injusticia, el dolor y la esperanza de los hombres. Y creo además que este trabajo que estamos realizando los sacerdotes dentro de la clase obrera ayuda a mostrar un rostro más auténtico de la iglesia. A pesar de las dificultades: sí, porque las hay. Pero allí donde empieza nuestra debilidad, empieza a manifestarse más claramente la fuerza de Dios.

El terremoto de 1971

La miseria de Chile a la que alude Joan se ve agravada periódicamente por los azotes de la naturaleza. En muchas de sus cartas se refiere al clima, ya sea a las grandes sequías, o a los fuertes temporales de lluvia, con todas las consecuencias que este vaivén extremo trae para la agricultura. Pero ahora hace su aparición el más grave de todos estos fenómenos: el terremoto que normalmente se presenta cada 5 ó 6 años, coincidiendo curiosamente con los cambios de gobierno. Y son en general las familias más pobres las más castigadas a causa de sus viviendas, que no soportan la menor sacudida al estar construidas con barro y paja. El 22 de julio Joan escribe a su casa. Reproducimos íntegramente la carta por el frescor que conserva su relato de los hechos.

Queridos padres y hermanos:

Ahora que ya han pasado todos los quebraderos de cabeza del terremoto, aprovecho un rato libre para contaros con más detalle los últimos acontecimientos, que supongo que ya conoceréis por la radio y la prensa.

Supongo que ya habréis recibido una carta que os mandé con un amigo que iba a España. No os había escrito porque el servicio de correos no funcionaba y porque los primeros días no tenía un segundo libre. Empecemos por el principio. El jueves día 8 yo me había quedado un rato más en el hospital porque tenía trabajo atrasado, cuando me llamaron de casa para que fuera en seguida, porque había llegado Ricard y quería hablar conmigo. Llegué a casa sobre las nueve y media de la noche. Cenamos e invitamos a Tomás a tomar café. Estábamos los tres y Enrié tomando una copita cuando de repente se apaga la luz. Enríe va a buscar una vela, y no había dado ni dos pasos cuando todo empieza a sacudirse. Se oía un ruido inmenso de cosas que caían y de casas que también caían. Yo sentí que me empujaban y me decían:

«Sal, que esta vez va de veras». Porque había visto temblores de tierra, pero eran pequeños y sin importancia. Y como mi casa es de madera y a las casas de madera nunca les ocurre nada, nunca salgo porque es peligroso salir. En realidad esta vez iba de veras. Salimos y allí sí que vi que la cosa era seria. Los faroles se meneaban y se notaban las sacudidas bajo los pies. Y de pronto se formaba como una niebla clara, extraña, y se veían las casas moviéndose como los árboles cuando hay tramontana. Sentí terror cuando oí el mar. Roncaba como una fiera. No era como cuando oíamos el mar allá en Roses, que sabíamos que soplaba grop. Era un rumor sordo que se iba acercando. Yo les decía: «Vamos al monte, que se sale el mar». Ricard callaba. Tomás y Enrié gritaban de espanto. Y todo esto duró dos minutos. Dos minutos que parecieron dos horas, que no terminaban nunca.

Cayeron muchas casas hechas de labrillo. La nuestra, como os decía, es de madera, y, gracias a Dios, no le pasó nada. No se rompió ni un vaso. En muchas casas al edificio no le pasó nada, pero los objetos de cristal y los platos se rompieron todos. ¿Os acordáis de aquella vez que Miquel y yo volcamos el armario de la sala y lo rompimos todo? Así era en muchas casas después del terremoto. Se cayeron montones de televisores. Y lo peor era que, después, la gente no quería ir a acostarse por miedo a que se les cayera la casa encima.

Cuando terminó todo yo me fui corriendo al hospital para ayudar si llegaban heridos. Efectivamente llegó gente herida, a quien le habían caído cosas encima. Había tres médicos y unas diez enfermeras que iban recibiendo a los heridos, y atendiéndolos. Ya os podéis imaginar el nerviosismo. Pero tuvimos suerte que el médico jefe del servicio de urgencia era un hombre muy frío y organizó muy bien la cosa.

Había otro problema. Los enfermos que estaban en el hospital estaban muy asustados y nerviosos por lo que podría haber pasado en sus casas, y el personal que trabajaba de noche, el mismo problema. Hasta hubo ataques de nervios. Para colmo, no había luz y el ascensor no funcionaba, y teníamos que subir a los enfermos a peso en las camillas. Y además la historia del teléfono. La gente que tenía a algún pariente fuera telefoneaba al hospital para saber si alguno de los suyos había llegado herido o muerto. Así que había que tener la lista con el domicilio de todos los que habían ingresado. Ya nos tenéis a todos haciendo listas a máquina, con velas y linternas. Allí todos hacíamos de todo. El viernes fui a dormir dos horas, a las 10 de la mañana, y después, vuelta al hospital porque había que organizar la vacunación de toda la población para evitar la epidemia. Con los terremotos se revientan los conductos de agua, y todo queda infectado y hay que vacunar a todo el mundo rápidamente.

Ahora vamos volviendo a la normalidad. Hubo gente que se quedó sin casa, pero vamos solucionando poco a poco el problema con la ayuda que recibimos del extranjero y la que da el mismo gobierno. Uno de los problemas que se han creado es el de la gente que trabaja en oficinas que se han derrumbado: ahora no tienen trabajo y hay mucha gente que lo está pasando muy mal. En San Antonio todavía no está solucionado el servicio de agua, y cada día tenemos que hacer cola para llenar tinas, palanganas, garrafas, cubos y cualquier cosa. Hasta con cestos...

Bueno, ya está bien de miserias. Gracias a Dios, la cosa no es tan grave como dicen los periódicos. Quedad tranquilos, que no nos ocurrirá nada que Dios no quiera.

Adiós. Podéis estar tranquilos, que todo va muy bien. Os quiere y recuerda vuestro hijo y hermano.

De esta época hemos recogido una anécdota que nos revela cómo Joan llevaba a cabo su tarea no sin dificultades, y cómo su actuación tenia cierta resonancia pública. Habla una funcionaría del hospital a la que pedimos que pusiera por escrito sus recuerdos sobre Joan:

Era una persona que se daba por entero a los demás y que se preocupaba mucho de la gente del hospital. Ayudaba a toda persona con problemas. Creo que había una o dos personas que siempre lo atacaban. Una de ellas era N.N. (nos abstenemos de identificarla; sólo diremos que se trata de otro funcionario que tenía un cargo importante en el hospital, y que, además, tenía acceso a una revista pública de carácter local). Siempre lo estaba espiando y publicaba cosas absurdas. Creo que la vez que salió en todos los diarios fue cuando el terremoto del 8 de julio, cuando hubo que desalojar la capilla del hospital para ocuparla como sala de medicinas. Las monjas se opusieron y dijeron que Juan había derribado la puerta de un puntapié. Y no fue así. Juan pidió autorización al hospital de Santiago y se la enviaron aceptada. Otra vez fue cuando pidieron a las monjas que se fueran a cuidar el asilo de ancianos de Lo Zarate, y también culparon a Juan de echar a las monjas a la calle. En realidad su labor no era necesaria en el hospital porque todas eran muy viejitas. (41)

A través de este testimonio nos resulta extremadamente difícil reconstruir exactamente la verdad de los hechos. No obstante, creemos poder deducir que la labor de Joan apuntaba también a reformar las estructuras que estaban a su alcance y que en cierto modo dependían de él, lo que le valió resistencias y enemistades. Tenemos ahí una pequeña pista que nos puede ayudar a descubrir las causas inmediatas que pudieron provocar su muerte.

5. Las primeras embestidas de la oposición

La gestión del gobierno popular seguía adelante. Durante los ocho primeros meses de 1971 se establecieron relaciones diplomáticas con la China Popular. Allende tuvo su primer conflicto con la corte suprema de justicia cuando ésta puso objeciones a su programa de socialización. Se inició el plan de expropiación de haciendas de más de 80 hectáreas; en muchos casos los campesinos se adelantaron a las acciones legales con ocupaciones que suscitaron enfrentamientos; ante estas alternativas, legales o no, muchos propietarios iniciaron una política de despojamiento de las haciendas, trasladando a Argentina muchas cabezas de ganado, y dificultando así el aumento de la producción agrícola y ganadera. Previo acuerdo del congreso, se nacionalizaron íntegramente las minas de cobre, propiedad de los Estados Unidos. Se llevó a cabo igualmente la nacionalización de las empresas textiles más importantes. La planta de la Ford Motor Company, cerrada por sus propietarios, fue requisada por el gobierno. El Export-Import Bank, de Washington (Banco Mundial) denegó un crédito de 21 millones de dólares solicitado por Chile para la compra de aviones comerciales. A nivel político, la Democracia Cristiana sufrió una nueva escisión con la salida de seis diputados que constituyeron el Movimiento de Izquierda Cristiana (MIC), que se integró a la Unidad Popular. (42)

A nivel de iglesia, durante el mes de agosto, los provinciales de los jesuitas y de los sagrados corazones tomaron la iniciativa de consultar al gobierno sobre la oportunidad de ceder tres colegios particulares al estado, previo pago correspondiente. Se armó un gran revuelo, como si se tratara de una violación de las garantías de la enseñanza particular, si bien, durante los dos últimos años del período demócrata-cristiano, se habían cerrado más de 400 escuelas particulares gratuitas por falta de financiación, y nadie había levantado la voz para defenderlas. El secretariado de Cristianos por el Socialismo convocó una rueda de prensa para pronunciarse a favor de la iniciativa de los dos provinciales, denunciar el clasismo de la educación particular pagada, y hacer una llamada para que se hicieran realidad los acuerdos de Medellín. Luego, con más calma, durante los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre, convocó unas jornadas para estudiar el tema de «La escuela católica en la transición al socialismo».

Durante el mismo mes de agosto de 1971 tuvo lugar el primer ataque serio de los comerciantes contra el gobierno popular. Como culminación de una campaña artificial de desabastecimiento en la que confluyeron productores, intermediarios y tenderos de la pequeña y gran burguesía, desaparecieron del mercado algunos artículos de primera necesidad, cosa que provocó disturbios y enfrentamientos. El 21 de agosto los comerciantes convocaron una jornada de huelga general que coincidió con la primera manifestación de «las cacerolas vacías», orquestada a bombo y platillos por la prensa de oposición nacional y extranjera. De nuevo se decretó el estado de emergencia en Santiago. Poco después, el 10 de octubre, se inició la primera huelga de camioneros hasta el 5 de noviembre. Significó la pérdida de 170 millones de dólares y la declaración del estado de emergencia en 24 de las 25 provincias chilenas.

El 11 de octubre, el contador general de la República, que había sido consultado por el gobierno sobre la cantidad a indemnizar por la nacionalización de las minas de cobre, dictaminó que no correspondía compensación alguna, y que eran las compañías mineras de los Estados Unidos las que debían dinero a Chile en concepto de rentas excesivas...

El curso de legislación de personal

En cuanto a Joan, tenemos una carta fechada en agosto, en la que hace un buen resumen de su tarea durante esta época. La dirige a unos amigos de Castelló, a los que no ha escrito desde hace tiempo. Ello hace que contenga algunas ideas que ya conocemos. No obstante, queremos transcribirla casi íntegramente para ofrecer la visión de conjunto que tenía Joan sobre sí mismo:

Aprovecho que hoy no tengo mucho trabajo en la oficina para escribiros cuatro letras. No ocurre cada día que uno tenga tiempo para dedicar a los amigos ¿Qué le vamos a hacer?

De mi vida, poco os puedo contar. Es una vida muy llena de trabajo, pero muy simple. Trabajo en la oficina de personal del hospital de San Antonio. Me corresponde hacer los contratos del personal, y los interminables trámites que cualquier administración pública hace a sus funcionarios, pues el hospital pertenece al gobierno. Es un trabajo bonito, porque me permite infinidad de contactos, y en él uno no es un simple ejecutor de órdenes, sino que tiene un poder de decisión, sobre todo ahora que con el nuevo gobierno, el servicio se ha democratizado y los trabajadores tenemos participación a nivel de la estructura del servicio.

Cuando salgo del trabajo sigo trabajando con los grupos apostólicos de trabajadores de otras industrias, y de los barrios marginales. Y ayudo a la parroquia, aunque estoy muy liberado de estructuras y tareas tradicionales. El hecho de participar a nivel de sindicatos me exige a veces ausentarme de San Antonio para reuniones y otros trabajos, y gracias a Dios esto es posible ya que por parte de la parroquia no encuentro ninguna traba.

Nuestra línea de trabajo se basa más en la relación y formación de personas que en las estructuras eclesiásticas. Creo que es mucho más importante la presencia de la iglesia en las estructuras del trabajo y de la sociedad que no en la estructura y el mundo aparte que tiene la iglesia. Somos muy pocos curas. Pero, a pesar de todo, creo que está justificado que trabajemos. Que lo importante no es que haya un montón de curas que están todo el tiempo libres para la gente, sino que el tiempo que dedica uno a la gente sea pleno, y desde una situación igual a la de los demás, no desde situaciones de privilegio. Es duro, y te aseguro que hay días que llego muy cansado a casa. Que no sé donde tengo los pies ni la cabeza, pero estoy contento. Imagínate, para una población de unos 60.000 habitantes somos cuatro curas. De los cuales, uno trabaja en la municipalidad, y yo trabajo en el hospital. Parece extraño, pero creemos que es la única manera de dar un nuevo rostro a la iglesia. (43)

Del 20 de septiembre al 13 de octubre participa en un curso de legislación de personal, en Santiago. En el boletín Placilla del mes de mayo, dedicado al significado y orientación del trabajo, había escrito que una de las condiciones que se piden al trabajador responsable es su capacitación.

No podemos actuar al lote (a tontas y a locas). Hay gente que es muy buena para mandarse lindos discursos sobre todas las cosas, pero que no se perfecciona, no busca saber más, conocer más, perfeccionarse. Y después son los que más se quejan cuando los hacen lesos (engañan) (44).

Consecuente con sus palabras y su preocupación por no ser «como las mariposas, que están en todas partes, sino hacer una cosa, hacerla bien y hacerla a fondo», emprende este curso de capacitación para realizar mejor su labor profesional.

Ahora estoy en Santiago, siguiendo un curso de legislación de personal de la administración pública. Cada día salgo de San Antonio a las 7, porque el curso empieza a las 9. Terminamos a la 1 y vamos a comer a San Antonio. Voy un rato a trabajar al hospital. Es sacrificado viajar 200 kilómetros cada día, pero conviene hacerlo, porque el cargo que tengo es delicado y no se puede actuar a la buena de Dios. Aquí los hospitales son del estado, y por tanto, todo el personal es funcionario del estado. Y la legislación es complicada. (45)

Conservamos los apuntes ciclostilados de este curso, con anotaciones personales de Joan. Los diversos apartados nos permiten adivinar el horizonte de su tarea como funcionario: remuneraciones, horarios laborales e incompatibilidades, cualificaciones, fiestas, licencias y permisos, previsión social, los funcionarios profesionales: médicos, farmacéuticos, etc., etc.

Mes y medio más tarde Joan comentará:

Estoy bien. Tengo trabajo y salud. Creo que ya os dije que había seguido el curso de legislación del personal de la administración pública. Esto me dio mucho trajín y me llevó de cabeza durante un par de meses. Ahora ya estoy al día del trabajo, y todo está más en orden. Aunque sigo muy atareado y no me sobra precisamente el tiempo. (46)

«Esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro»

Estas palabras del Che son las que mejor expresan lo que significó el paso de Fidel Castro por Chile. Llegó el 21 de noviembre y permaneció 23 días, durante los cuales hizo saltar las convenciones que rigen las visitas protocolarias de los jefes de estado. Su contacto directo y espontáneo con las multitudes, desde los mineros de la pampa salitrera hasta los ganaderos de la zona austral, pasando por todo tipo de reuniones con estudiantes, obreros, líderes políticos, representantes de la prensa, militares, sacerdotes, mujeres, jóvenes, universitarios, delegados sindicales, etc., marcó el estilo personalísimo de su visita.

Desde el punto de vista cristiano, el encuentro que tuvo más resonancia pública fue el que celebró con el cardenal de Santiago. Y también el que tuvo con más de 100 sacerdotes, representantes del movimiento Cristianos por el Socialismo, sobre el césped del jardín de la embajada de Cuba. No podemos recordar si Joan asistió a dicha reunión, pero sí que su familia y los amigos de Malgrat nos comentaron el impacto que le había producido la personalidad de Fidel y el convencimiento con que la recordaba.

Durante su estancia, Fidel se refirió en varias ocasiones al tema de la alianza entre cristianos y marxistas. Pero siempre añadía que esta alianza sólo era posible entre marxistas revolucionarios y cristianos revolucionarios, es decir, entre marxistas y cristianos que fuesen realmente antidogmáticos y anti burócratas, y que estuviesen realmente metidos en la lucha diaria para erradicar la miseria y la explotación.

La revolución es el arte de unir fuerzas, de aglutinar fuerzas para librar las batallas decisivas contra el imperialismo. Ninguna revolución, ningún proceso se puede dar el lujo de excluir a ninguna fuerza, menospreciar a ninguna fuerza. Ninguna revolución se puede dar el lujo de excluir la palabra sumar, y uno de los factores que determinó el éxito de la revolución cubana, donde nosotros éramos un pequeño grupo en condiciones difíciles, fue la política de unir, unir,

unir incesantemente.. (47)

En realidad, la visita de Fidel a Chile tuvo la virtud de cohesionar con mayor fuerza a la izquierda --incluso la extraparlamentaria (MIR)-- en torno a la figura de Allende --aunque fuera transitoriamente--... pero, al mismo tiempo, produjo un nuevo endurecimiento y alejamiento de la derecha, que radicalizó aún más su postura de lucha y ataque. El mismo día de la despedida de Fidel en el Estadio Nacional, el 2 de diciembre, se produjo una nueva y violenta manifestación de mujeres con «ollas vacías» que recorrió Santiago y obligó a declarar de nuevo el estado de emergencia. La operación se repitió en la zona residencial de la lujosa ciudad-balneario de Viña del Mar. Un grupo de sacerdotes y cristianos de dicha ciudad hicieron una declaración poniendo al descubierto el verdadero sentido de este tipo de manifestaciones.

Ollas que siempre han estado llenas y que nunca las habíamos oído sonar en favor de los que desde hace años pasan hambre, ahora levantan su ruidosa voz porque se les quita algo de lo que estaban acostumbradas a tener.

Los otros, los verdaderos pobres, los que desde hace años comen carne muy de vez en cuando, los que pasan el día entero con pan y té, familias que viven con sueldos bajísimos y con la amenaza constante de la cesantía, los que nada han perdido y algo esperan ganar con el régimen actual, éstos, nadie grita por ellos ni en favor de ellos. El clamor de los realmente oprimidos queda ahogado por la inquietud de los que bastante tienen y no quieren renunciar a nada.

Así, el problema actual de Chile queda muy desenfocado; ya no se sabe quién es el que verdaderamente sufre y merece atención en nuestro país; los pobres de veras tienen que seguir escuchando los problemas de los ricos...

Aunque fuera cierto lo que se rumorea por ahí, que la orientación económica actual no podrá mantenerse por mucho tiempo y tendrá que dar un marcado vuelco, aunque nos pongamos en esta situación extrema, mientras quede una posibilidad de avance y éxito en los planes actuales, toda persona digna y todo cristiano tiene que estar dispuesto a sacrificarse para que otros, que están en míseras condiciones, entren en la esperanza de algún día comer lo necesario.

Se acerca la navidad. ¿Alguien podría imaginar a la Virgen o a José y el Niño haciendo sonar sus ollas por las calles? La esperanza está en que intentemos tomamos en serio aquello de Belén. Entonces las ollas sonarán como panderetas cuando se anuncia la gran alegría de un cambio, la alegría de un nacimiento de todos, de una resurrección. (48)

El revuelo de la «marcha de las ollas vacías» se refleja en una carta de Joan donde de nuevo trata de tranquilizar a la familia:

Últimamente ha habido en el país problemas de víveres. Falta carne de ternera y algunos utensilios de lujo. Esto ha producido tensiones entre la gente, que está muy acostumbrada a comer carne de temerá y no le gusta lo demás. Yo no he tenido problema alguno, porque habiendo cerdo, pescado y cordero, ya estoy tranquilo. La situación política está movida. Yo estoy muy al margen, porque este año me he dedicado mucho al trabajo y a la parroquia. Por otra parte, podéis estar tranquilos, que no ando metido en nada. (49)

El congreso nacional de la CUT

La última actividad importante de Joan durante el año 1971 será su participación en el VI Congreso Nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT). Este organismo unitario del movimiento sindical chileno nació en febrero de 1953, cuando se celebró el primer Congreso Constituyente con la presencia de 2.300 delegados que representaban a más de 900 organismos sindicales. Su primer presidente fue el líder de la gestación unitaria, Clotario Blest, que alzó su bandera con el lema: «La liberación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos». En la Declaración de Principios de la CUT se puede leer:

El régimen capitalista actual,

fundado en la propiedad privada de la tierra,

de los instrumentos y medios de producción

y en la explotación del hombre por el hombre,

que divide a la sociedad en clases antagónicas,

explotados y explotadores,

debe ser sustituido por un régimen económico-social

que limite la propiedad privada

hasta llegar a la sociedad sin clases,

en la que se asegure al hombre y a la humanidad

su pleno desarrollo.

Frente al régimen capitalista

la Central Única de Trabajadores realizará

una acción reivindicacionista encuadrada

dentro de los principios y métodos de la lucha de clases. (50)

La coincidencia de objetivos entre la CUT y la Unidad Popular hizo que la primera apoyara la gestación del gobierno de la segunda, firmando diversos acuerdos sobre política de remuneraciones y formas de participación en las empresas del área social, y, en general, ayudando desde la base sindical las más importantes iniciativas del gobierno popular.

El próximo miércoles empieza el Congreso Nacional de la CUT. A mí me corresponde ir como delegado del nuevo sindicato. Estoy contento, y tengo que prepararme. Allí se reúnen los delegados de todos los sindicatos del país. Y uno que vaya por primera vez tiene que prepararse muy en serio para que no le cojan en calzoncillos. Casi todos son antiguos dirigentes, socialistas y comunistas. Hay que estar alerta. (51)

El Congreso tuvo lugar en Santiago durante los días 8 y 12 de diciembre, bajo el lema: «Los trabajadores construyen el Chile nuevo». Se hizo un balance de la aportación de la central en la conquista del gobierno popular, y una valoración del primer año de gestión de éste. El debate se centró sobre todo en torno a la participación de los trabajadores en la administración de las empresas del área social y mixta.

La participación no está planteada en las empresas del área privada. En estas empresas los trabajadores deben constituir comités de vigilancia de la producción. Estos comités deben preocuparse de que cada industria use al máximo su capacidad instalada, que se contraten nuevos turnos para incorporar a los compañeros cesantes, que esté asegurado el abastecimiento de materias primas y repuestos para que no se produzcan paros injustificados en la producción. Los dirigentes sindicales tienen la responsabilidad de velar para que estos comités de vigilancia de la producción funcionen y asuman las tareas que se les han asignado.

Para 1972 debemos ser capaces de crear y hacer funcionar eficientemente la participación en todas las 190 empresas del área social, y en las empresas del área mixta. La participación de los trabajadores es la condición primera para que estas empresas sean verdaderamente del área social. Los trabajadores tienen que asumir la histórica responsabilidad de dirigir la planificación y el manejo de estas empresas. (52)

La gestión democrática de las empresas del área social estaba concebida según una doble línea: ascendente o de participación, y descendente o de dirección. El organismo máximo de decisión era el consejo de administración, constituido al 50% por miembros elegidos por los trabajadores, y el otro 50% por miembros designados por el gobierno. La línea ascendente o de participación tenía como órgano principal la asamblea de todos los trabajadores: obreros, técnicos y administrativos; los diversos talleres elegían comités de producción que se reunían en un comité más amplio a nivel de departamento. De éstos salía el comité de coordinación que elegía a los que debían participar en el consejo de administración. En la línea descendente o de dirección, el consejo de administración designaba a un consejo de dirección que coordinaba la tarea a realizar en los diversos departamentos, a través de cuyos jefes transmitían órdenes a los jefes de taller y por medio de ellos, a todo el personal. Los sindicatos, como organismos de clase, no perdían ninguna de sus atribuciones en relación con la defensa de los intereses de los trabajadores, y tenían como misión la de organizar, dirigir, orientar y ayudar a la participación efectiva y unitaria. El cargo de dirigente sindical era incompatible con el de representante de los trabajadores en el consejo de administración; así conservaba su autonomía crítica y orientadora de la plena participación.

La conflictividad laboral tomaba así una nueva dimensión. La instancia de discusión colectiva era el consejo de administración, en el que los trabajadores estaban ampliamente representados, y el conocimiento de la rentabilidad real de la empresa permitía un planteamiento posibilista de las reivindicaciones. Las comisiones paritarias por ramos de actividad económica entre gobierno, empresa y trabajadores tampoco fueron eliminadas, cosa que permitía trazar una política salarial general para todo el ramo. Si no se llegaba a un acuerdo, se podía recurrir a una segunda instancia de discusión, a nivel de un comité ejecutivo económico de gobierno. Y concluía el Congreso:

Este es el camino por el que hay que seguir avanzando. La participación es una gigantesca arma revolucionaria en manos de la clase trabajadora. Si los trabajadores comprenden esto, si se empeñan en esta tarea con toda la capacidad creadora y de organización de clase, no habrá imperialismo ni monopolios capaces de dar vuelta a esta tortilla. (53)

Al cabo de nueve días de terminado el Congreso, Joan escribe a su familia:

Si no recuerdo mal, os había escrito que iría de delegado al Congreso de la CUT. Pues bien, ya fui, y estuvo muy bien. Quedé muy contento, porque es una experiencia muy interesante para comprender muchas cosas de la lucha obrera. Había otro cura que trabaja en el salitre. Y compañeros seglares cristianos que han trabajado conmigo (54)

«Cristo une a los que luchan por la liberación de todos los hombres»

Se acerca navidad, y Joan prevé que pronto podrá hacer una pequeña escapada a casa para tomarse un descanso:

No quiero pedir dinero al obispado, porque lo encuentro aún más humillante que pedíroslo a vosotros. Me he acostumbrado a trabajar para la iglesia sin recibir nada, y no quiero romper la costumbre ni el modo de hacer. Creo que nuestro trabajo debe ser desinteresado y por vocación, y que en modo alguno pueda ni siquiera parecer que trabajamos en la iglesia para ganamos la vida o para que nos paguen un viaje. (55)

Cada año, por navidad, Joan manda una felicitación colectiva a sus amigos de Girona y María, su hermana, es la encargada de hacerla llegar a sus destinatarios. Cuando le envía la de este año aprovecha para comentar su trabajo en el hospital, dado que hace poco que María ha empezado a trabajar. En estas lineas vemos unos de los rasgos de Joan que más tarde recordarán mucho sus compañeros funcionarios: la independencia y rectitud en el desarrollo de su labor, virtud nada fácil teniendo en cuenta que el cargo que tenía y el ascendente de que gozaba le habrían permitido mangonear las cosas a su antojo.

María, ¿cómo te va el trabajo? Supongo que mejor que al principio. Estos días he pensado mucho en ti. En el hospital soy el encargado de los contratos del personal. Y siempre hablo con la gente nueva que entra, para ayudarla a ambientarse y a solucionar las dificultades de los comienzos. Hoy he venido una señora a pedir trabajo para su hija y me decía:

«Mire usted, mi hija es muy fina y educada y no quiero que se rebaje a trabajar de enfermera. Quiero que sea oficinista o secretaria del dirección».

Ya te puedes figurar cómo nos reíamos --por dentro, claro-- y el corte que le he dado. Y cada día lo mismo. El trabajo es bonito, pero uno se encuentra con gente de todo tipo. Ya te puedes figurar la tira de cosas que le he dicho a la señora.

El año se está acabando, y estoy contento. Problemas no faltan. A veces, sobran. Las cosas no van tan de prisa como uno quisiera. Hay gente que no entiende o aún no quiere entender que la iglesia debe cambiar. Sueñan en años pasados y en cosas pasadas. Y hay otros que luchan y echan la zancadilla para que las cosas sigan igual. Y a veces esto es duro. Pero confío mucho en que saldremos adelante. (56)

En este último párrafo Joan parece aludir no sólo a las dificultades de orden político, sino también a las de cariz personal que vive en el seno de la iglesia. Se insinúa la crisis que estallará con fuerza al año siguiente. En la felicitación colectiva de navidad vuelve a hacer un balance del año entero:

Ya estamos a finales de año y se acerca navidad. Ha sido un año interesante, y a veces, duro. El nuevo gobierno no ha significado sólo un cambio de gente, sino también un cambio de estilo, y se va realizando un cambio de mentalidad. Con los valores y las dificultades que esto tiene. Como cristianos que somos, debemos reflexionar cada día sobre cómo descubrir y hacer descubrir a los demás el evangelio en esta nueva sociedad que se va gestando, a veces con dolor. La navidad nos da una esperanza, un camino. Cristo se hace solidario con todos, especialmente con los más pobres, con los más necesitados. Y da sentido a nuestras dificultades. «La luz vino a las tinieblas y no pudieron apagarla». Sabemos que el camino será largo. Pero Cristo nos da la seguridad de que llegaremos al fin. Encomendémonos mutuamente. Estamos lejos, pero Cristo une, en navidad más que nunca, a los que luchan por la liberación de todos los hombres.

Perdonad la felicitación común. No tendría tiempo para todos. Feliz navidad y feliz año nuevo.

6. Un paréntesis: vacaciones de Joan en Castelló

En la última carta del año 1971, Joan escribe a su familia que le conviene descansar un poco «más que del esfuerzo físico, de la tensión constante en que vivimos diariamente. Hay que vigilar la salud y los nervios. Si no, todo el trabajo se va a hacer puñetas» (57). El 3 de enero de 1972, en la carta que cada año manda a su madre para felicitarla, le comunica la noticia:

Tengo una buena noticia. Parece que, si Dios quiere y no pasa nada, este año celebraremos San José juntos. O sea, que en febrero o marzo podré viajar. Todavía no es seguro, pero hay esperanzas. Por supuesto, no tengo ni idea de día ni hora. Cuando llegue ya me veréis.

Y en efecto, Joan aprovecha las vacaciones de verano para ir a su casa. En otras ocasiones se había mostrado reticente ante este viaje, tanto por su elevado coste, como por el trabajo en el hospital, que no podía abandonar si no quería exponerse a perder el puesto. Ahora considera que la situación es distinta, y que ya no arriesga tanto. Está cansado, y también la familia siente deseos de verle. El viaje tuvo lugar en febrero, y la estancia duró cerca de dos meses.

Durante su estancia en la diócesis de Girona, Joan, aparte de convivir con sus familiares, se dedica a visitar a sus amigos sacerdotes y a pulsar el ambiente entre el clero. A decir verdad, quedó muy decepcionado del conjunto. Hemos consultado al doctor Estela sobre sus recuerdos de Joan durante esta época.

Estuvimos hablando un rato, no mucho. Hablamos de lo de Chile, de Allende. El se mostraba muy unido a todo aquello. Sumamente noble, muy inteligente, muy decidido cristiana y sacerdotalmente, en un plano que a mí me escapaba. Lo encontraba superior a mi disposición. Superior: yo no le criticaba, le admiraba.

No me extraña que él, que venía de un ambiente tan vivo y agitado y en el que ponía el corazón con toda la fuerza de su compromiso, encontrara aquí un clima de división entre la gente, y que no le hiciera la menor gracia que buena parte del clero y de la gente de iglesia, incluso compañeros suyos a los que admiraba mucho, se encontraran juzgados en su actuación por grupos más conservadores. Recuerdo que él lo había manifestado...

En general, todos los amigos con los que hemos podido conversar recuerdan esta doble impresión de Joan: por un lado, el entusiasmo por el proceso de Chile y por la tarea que podía realizar en él, y por otro, la falta de ilusión del clero gerundense.

En una cinta que mandará a su familia, ya de vuelta a Chile, explica los buenos resultados que obtuvo de su estancia:

Estos dos meses en Girona, con tiempo para pensar y comentar, me han servido de mucho. En primer lugar, para descansar. Estaba cansado, y en realidad me convenía. Llevaba fatiga acumulada de años, y los días que he pasado ahí, llevando una vida campestre y tranquila, me han servido para reposar y recuperarme bastante. No sólo por fuera, no sólo de cuerpo, sino también de espíritu. Tal vez por eso, a veces podíais pensar que no hablaba mucho, que podía haberos contado más cosas, aunque ya sabéis que yo todo lo encuentro normal, todo simple, que no me preocupo demasiado y voy tirando, tirando... La estancia me ha ido muy bien, y el ambiente de casa me ha ayudado mucho porque he visto que hay unión y tranquilidad entre todos. (58)

Ultima eucaristía con la familia

El día antes de partir celebra la eucaristía con sus hermanos. Creemos que se trata de una jornada importante y que ellos recuerdan con gran intensidad. Joan pronuncia una pequeña homilía, un comentario fraternal sobre las palabras de despedida de Jesús a sus discípulos, la víspera de su muerte, conservadas en el capítulo 15 de san Juan. Teniendo en cuenta los acontecimientos tan semejantes que habían de sucederle, las palabras de Joan, las últimas escuchadas de cerca por los suyos, adquieren una dimensión que entonces nadie podía imaginar. En realidad se trata de las palabras de despedida de Joan a los suyos, y tal vez también a todos nosotros. Helas aquí:

Este trozo del evangelio creo que nos da dos ideas claras sobre el sentido de nuestra convivencia y sobre el sentido de deciros adiós. Para un cristiano, un adiós no es nunca, y menos en este caso, una separación que traiga la tristeza, sino una separación que trae la alegría. Alegría porque hay dos cosas de las que debemos ser muy conscientes. La primera, que con nuestra separación todos cumplimos una responsabilidad dentro de la iglesia y dentro del mundo. Procuremos cumplir --a veces bien y a veces sin demasiado éxito--, procuremos cumplir lo de ir dando cada día nuestra vida por los demás. Vosotros con vuestro trabajo aquí en la familia, nosotros con otro tipo de trabajo. Esta sería la primera idea. Lo importante no es que estemos juntos --os lo he dicho muchas veces-- sino que cada uno, esté donde esté, trabaje y haga lo que Dios quiere de él.

Y la segunda cosa es lo que nos dice el Señor antes de partir: «En el mundo tendréis tribulaciones, en el mundo tendréis dificultades, pero tened confianza, porque yo he vencido al mundo». ¡Pues claro que tendremos quebraderos de cabeza! Vosotros aquí, yo allá, todos tenemos problemas. Pero sabemos que Jesucristo ha luchado antes que nosotros y que él no nos abandona jamás, porque Jesucristo está en nosotros y en todos nuestros hermanos.

El hombre de fe profunda que es Joan se trasluce en este breve comentario del evangelio, que tan bien conecta con sus últimas palabras escritas la víspera de su «pasión»: «El nos acompaña siempre, dondequiera que estemos», y con aquellas que escribió en la primera página de su libro de los evangelios, que precisamente regaló a sus hermanos en esta ocasión: «Tened confianza: Cristo ha vencido al mundo». También apunta lo que podríamos considerar el eje de su filosofía o concepción humana, factor importantísimo de su equilibrio personal: el sentido del trabajo bien hecho, el lugar que corresponde a cada uno, y el hecho de que, aunque ello implique separación física, no puede romper la unidad interior de la familia.

7. Vuelta a Chile y al trabajo

Joan vuelve a Chile en los primeros días de abril de 1972. Durante su ausencia, la vida política ha sido agitada. El congreso ha suspendido de sus funciones al ministro del interior, José

Tohá, en un gesto absolutamente extraordinario. Allende acata la decisión, pero lo nombra ministro de defensa. La Democracia Cristiana no acepta y recusa cualquier diálogo político con el gobierno. Muchos analistas políticos consideran que ahí empezó la amplia operación que culminaría el 11 de septiembre de 1973.

Las relaciones con los Estados Unidos se van erizando. En Nueva York, se embargan los bienes chilenos de la Compañía Aérea Lan-Chile, los de la Corporación de fomento de la producción y los de la empresa nacional de minería, medida exigida por la Kennecott, compañía ex-propietaria del cobre chileno, para forzar al gobierno de Chile a pagar la primera cuota de un crédito de 93 millones concedido en 1967 durante el gobierno de Frei. Allende paga y se levanta el embargo. Un mes después, el Washington Post empieza a publicar los documentos secretos de la ITT, descubiertos por el periodista Jack Anderson, que demuestran que la compañía internacional había tratado de promover un alzamiento militar antes de noviembre de 1970 con objeto de impedir el acceso de Allende a la presidencia. El mundo entero se sintió conmovido. El senado norteamericano ordenó una investigación, y al cabo de diez días la ITT reconocía públicamente la autenticidad de los documentos.

El 4 de abril de 1972, Joan escribe su primera carta a casa después del regreso. La dirige a su hermana María.

Llegué muy bien. El viaje, fantástico. Lo cuento en otra carta que mando a los padres.

¿Qué tal el trabajo? A mí me va bien. Lo tengo a montones. Hoy he recibido la visita de los inspectores del estado, en la oficina. Estaba solo. He pasado un poco de «canguelo», porque en mi ausencia las cosas han cambiado un poco en la oficina, y yo andaba un poco despistado. Me he acordado de ti, y de que a veces no te cuadraban las cuentas. Adiós. Termino porque tengo una reunión con los novios que se han de casar dentro de un mes. Hay muchos. Algunos ya creciditos, con hijos y todo. Veremos qué les diremos.

Tres días después completa el cuadro de su situación laboral:

Gracias a Dios he tenido mucho trabajo y muchos quebraderos de cabeza. Semana santa, principio de curso en la catequesis, hospital... Todo esto hace que a veces vaya muy cansado y no tenga mucho tiempo para recuperarme. Me quitan el sueño, os lo aseguro.

De lo que dijo Lluisa, os diré francamente que no lo entiendo. Nunca, y menos ahora, he tenido claro lo de quedarme definitivamente en Chile. Os soy sincero. No sé cómo lo entendió ni cómo me expresé yo. Podéis estar tranquilos. Ahora tengo una reunión con las madres catequistas (son ahora las 18,30). Después, misa, y por la noche, reunión en un barrio de San Antonio. De todos modos, aunque tengo trabajo, hay momentos que pienso: «Ahora estarías mejor comiéndote un conejo en la cocina de casa». Pero ¿qué le vamos a hacer? Al mundo hemos venido a trabajar.

Al cabo de tres días empieza a grabar una cinta para la familia en la que explica su viaje de regreso, sus impresiones sobre la estancia en Girona --que ya conocemos--, y dirige unas palabras a María, en las que expresa su pensamiento sobre la utilización del dinero:

Tú, María, medio en serio medio en broma, has dicho más de una vez que querías venirte a Chile. Lo que creo yo es que sí, que sería muy bonito que vinieses, pero también creo que es un lujo muy grande, un lujo que creo que hay que ganarse. La primera utilidad del dinero no es emplearlo en lujos, sino en comprar aquellas cosas que nos convienen. Una vez situados en la vida, una vez estabilizados, entonces podemos darnos algún lujo. Creo que un lujo así se lo pueden dar nuestros padres, porque han trabajado toda la vida. Si, a otro nivel, se lo quieren dar Miquel y Carme, pueden hacerlo porque trabajan y tienen su casa; pero cuando uno empieza a trabajar, lo primero que tiene que hacer es ir asegurándose las cosas, guardarlo todo para subsistir. Creo que en la vida crecer no quiere decir estirar las piernas, sino ir construyendo la posibilidad de vivir solo, por los propios medios. Si uno dice: «Tengo cuatro cuartos y me los gasto en cualquier puñeta», si es en cosas que te ayudan a vivir, a ser más tú, a ser más libre, más persona, entonces está bien; ahora bien, en cosas de lujo, yo creo, en principio, que no. A los lujos tenemos derecho justamente cuando poseemos lo más elemental. Imagínate una pareja que se casa y todavía no tienen casa, y ya se compran un coche, o se van a pasar unas vacaciones a Dinamarca. Es muy bonito pasar unas vacaciones en Dinamarca, pero luego vuelven a casa, y la casa no es de ellos... (59)

Primer encuentro latinoamericano de Cristianos por el Socialismo

En el mes de abril de 1972, ocurren tres hechos importantes en Chile: el primero es el Congreso Internacional de la UNCTAD, departamento de la ONU para la agricultura y el desarrollo, que reúne en Santiago a personalidades del mundo entero. Aprovechando esta ocasión, los partidos de la oposición deciden realizar un tour de forcé contra el gobierno para impresionar a la opinión internacional, y convocan una manifestación de masas, a la que asisten unas 300.000 personas, pidiendo un plebiscito para decidir el futuro de Chile. Finalmente, durante los días 23 al 30 de abril tiene lugar el primer encuentro latinoamericano de Cristianos por el Socialismo, que congrega a más de 400 delegados laicos» Pastores, religiosos y sacerdotes de todo el continente.

El único obispo que participa oficialmente es el de Cuernavaca, México, monseñor Méndez Arceo. Los obispos chilenos, a pesar de ser invitados, no mandan ninguna representación oficial. Con todo, el cardenal de Santiago recibirá a los congresistas en una reunión más bien tensa, que dejará una impresión muy desagradable en todos los participantes. Méndez Arceo dirá en el discurso inaugural:

Mi presencia aquí, en este primer encuentro, es decisión mía, consciente, plenamente elaborada. Es un acto político que tiende a la transformación de nuestro mundo latinoamericano. Yo estoy aquí por la misma razón que ustedes, los «encuentristas» de toda América latina, porque parto de la convicción de que para nuestro mundo subdesarrollado no hay otra salida que el socialismo.

Las conclusiones del documento final, aprobadas por la asamblea, están repartidas en dos partes. La primera analiza: 1) la realidad latinoamericana: un desafío para los cristianos; 2) intentos de liberación de América latina; 3) los cristianos y el proceso de liberación de América latina.

La segunda estudia aspectos específicos de este compromiso:

1) algunos aspectos de nuestro compromiso revolucionario;

2) cristianismo y lucha ideológica; 3) la fe en el compromiso revolucionario.

El documento concluye con las decisivas palabras del Che:

Los cristianos deben optar definitivamente por la revolución y muy en especial en nuestro continente, donde es tan importante la fe cristiana en la masa popular; pero los cristianos no pueden pretender, en la lucha revolucionaria, imponer sus propios dogmas ni hacer proselitismo para sus iglesias; deben venir sin la pretensión de evangelizar a los marxistas y sin la cobardía de ocultar su fe para asimilarse a ellos.

Cuando los cristianos se atrevan a dar un testimonio revolucionario integral, la revolución latinoamericana será invencible, ya que hasta ahora los cristianos han permitido que su doctrina sea instrumentalizada por los reaccionarios.

La interacción que se da entre la fe y el compromiso revolucionario se describe de la siguiente manera:

La fe cristiana es un fermento revolucionario crítico y dinámico. La fe agudiza la exigencia de que la lucha de clases se encamine decididamente a la liberación de todos los hombres, en particular, de aquellos que sufren las formas más agudas de opresión; y acentúa la orientación hacia una transformación global de la sociedad y no sólo de las estructuras económicas... La especifidad del aporte cristiano no debe ser pensado como algo anterior a la praxis revolucionaria que el cristiano traería ya hecho al llegar a la revolución. Lo que sucede es que en el curso de su experiencia revolucionaria la fe se revela como creadora de nuevos aportes que él ni nadie habría podido prever desde afuera del proceso.

El compromiso revolucionario tiene también una función crítica y dinamizadora en cuanto que obliga a la vivencia de la fe cristiana a tomar caminos inéditos e inesperados. Los cristianos comprometidos con el proceso de liberación, en efecto, (...) reencuentran los temas centrales del mensaje evangélico, liberados ya de enmascaramientos ideológicos.

El cristiano comprometido en la praxis revolucionaria descubre la fuerza liberadora del amor de Dios, de la muerte y resurrección de Cristo. Descubre que su fe no es la aceptación de un mundo ya hecho y de una historia predeterminada, sino que su fe es existencia creadora de un mundo nuevo y solidario e iniciativa histórica fecundada por la esperanza cristiana.

En el compromiso revolucionario el cristiano aprende a vivir y a pensar en términos conflictuales e históricos. Descubre que el amor transformador se vive en el antagonismo y el enfrentamiento, y que lo definitivo se acoge y se construye en la historia. El cristiano comienza a comprender así que en la brega por una sociedad distinta no hay neutralidad posible y que la unidad de la humanidad de mañana se construye en las luchas de hoy.

Esto conduce, en un espíritu de fe auténtica, a una nueva lectura de la Biblia y de la tradición cristiana, que replantee los conceptos y símbolos básicos del cristianismo de manera tal que no traben a los cristianos en su compromiso con el proceso revolucionario, sino que por el contrario los ayuden a asumirlo creadoramente.

Joan asistió al encuentro. Mes y medio más tarde comentará:

En la iglesia, las posiciones se van definiendo. Las jornadas de Cristianos por el Socialismo fueron positivas. En julio nos reunimos 200 curas de todo el país para estudiar el tema: Ministerio sacerdotal y lucha de clases. Frente al socialismo, la jerarquía adopta una postura cada vez más reticente. Parece que, a medida que los laicos y sacerdotes nos vamos comprometiendo, se asustan y utilizan todos los medios para evadirse del proceso en nombre de la cacareada independencia de la iglesia. De todos modos, creo que, por parte de las bases, la cosa va avanzando, y creo que hay una presencia cristiana que se va solidificando y concretando.

La segunda jomada de estudios a la que alude Joan se titulaba exactamente: Lucha de clases y evangelio de Jesucristo. El primer punto de las conclusiones indica:

El compromiso con los pobres y los oprimidos se da en la lucha de clases. No basta ser pobre o vivir en medio de los más oprimidos. Debemos entrar en la lucha de la clase proletaria, con organizaciones y disciplina, con conciencia de clase y decididos a jugamos hasta las últimas y superiores consecuencias de la lucha revolucionaria.

Podemos imaginar cómo estas palabras y, en general, su participación en los dos encuentros lo iban adentrando cada vez más en la lucha organizada del pueblo trabajador...

Elecciones en la CUT

Pocos días antes de que Joan escribiera la citada carta --junio de 1972--, se habían iniciado las elecciones sindicales para renovar, por medio del sufragio universal, todos los cargos de la CUT; él era miembro del citado organismo por su participación en el sindicato del hospital.

Por desgracia, no se puede decir que haya sido una campaña muy aleccionadora para la clase obrera. En estos momentos estoy pegado a la radio en espera de los cómputos oficiales. Se habla de un 75% de votos para los partidos de izquierda. Esta noche o mañana por la mañana sabremos los resultados. (60)

Y, en efecto, la victoria de la Unidad Popular se acercó al 75% de los votos; el resto lo obtuvo la Democracia Cristiana. De esta forma fracasaba el intento del partido opositor de crear una organización obrera paralela, y se ponía de manifiesto el fuerte arraigo del gobierno de Allende entre la clase obrera organizada, en contraste con la debilidad de la Democracia Cristiana, cuya base electoral era, sobre todo, campesina, y burguesía pequeña y mediana.

Durante esta época, el termómetro electoral reflejó los altibajos de la adhesión popular a la gestión de Allende, así como la fuerza de los pactos de la Democracia Cristiana con la derecha del Partido Nacional. El 28 de abril, la Unidad Popular fue derrotada en la elección de rector de la Universidad de Chile; ganó el candidato del pacto de la oposición, Edgardo Boenninger. El 1 de julio, por el contrario, en la elección complementaria de un diputado para La Serena, volvió a triunfar la Unidad Popular. . Si cuando Joan escribe a su familia lo hace siempre quitando importancia a los acontecimientos, para tranquilizarlos, en cambio, cuando escribe a sus compañeros es más claro:

Por aquí vamos luchando. La cosa se pone dura (no lo comentes) Hay un avance, pero no tanto como uno quisiera. Creo que, a pesar de todo, el mundo exige más de lo que le damos, ya por cobardía o bien por incapacidad. (61)

Por ejemplo, en el mes de agosto, cuando el país entero bulle Joan escribe a su casa que «la situación en el país es tranquila. Hay problemas con ciertos alimentos que faltan a veces en el mercado. Por ejemplo, la carne de temerá. Pero no nos morimos de hambre, ni mucho menos. Gracias a Dios, podemos hartamos» (62). De hecho, durante este mes de agosto se produce una gran escalada de la oposición para derrocar al gobierno. Una tras otra se producen manifestaciones de estudiantes, trabajadores de la Democracia Cristiana, y amas de casa que reúnen en su protesta el rechazo de las reformas educacionales, el encarecimiento de la vida y la escasez de alimentos, provocada artificialmente para provocar malestar entre la población. El método seguido en esta operación es muy sencillo: las familias pudientes adquieren cantidades desmesuradas de cualquier producto, y acaparan innecesariamente para que los artículos vayan desapareciendo poco a poco de las tiendas. Esta táctica de la oposición, tan bien programada, provoca poco a poco en el país una serie de pérdidas económicas y financieras cada vez más cuantiosas que no hacen sino acentuar la inflación. Con todo, las capas más pobres de la población mantienen su nivel adquisitivo gracias a las medidas de tipo social emprendidas por el gobierno.

La encrucijada de la izquierda

Sin embargo, los acontecimientos que conmueven más profundamente a la opinión pública en agosto de 1972 son los acontecidos en el campamento de pobladores Lo Hermida, donde unas familias sin casa han construido sus endebles viviendas y han intentado crear un «poder popular» al margen de la legalidad vigente. El sábado día 5 el campamento se ve rodeado por 130 carabineros; se inicia un tiroteo entre los pobladores y las fuerzas policiales que da como resultado 1 muerto, 7 heridos y 172 detenidos, todos ellos del bando de la población civil. Evidentemente, un hecho de esta naturaleza tiene una importancia gravísima durante la gestión de un gobierno que se dice y quiere ser popular.

Allende interviene personalmente para tratar de esclarecer los hechos. Finalmente, el director y el subdirector de la brigada de investigación social son destituidos de sus cargos.

Todo ello provoca una amplia discusión política a todos los niveles. La oposición lo aprovecha para acusar al presidente de labilidad y complicidad con una legalidad paralela que va apareciendo al margen de la constitucional. Campamentos como el de Lo Hermida son declarados por sus ocupantes como «territorios libres»; tienen vigilancia propia, tribunales populares, organizaciones autónomas... Con todo, el ataque de la oposición no es muy original, pues Lo Hermida no es sino un nuevo pretexto para seguir con su implacable lucha contra el gobierno.

pero los hechos de Lo Hermida tienen un fuerte carácter de encrucijada para las filas de la izquierda. Porque, más allá de los hechos policiales, lo que Lo Hermida revela públicamente es la existencia de dos estrategias políticas opuestas en el seno de la izquierda. Lo que está en juego es la concepción misma de movilización popular, y el papel que ha de jugar el gobierno.

Por una parte, para muchos sectores de la Unidad Popular, sobre todo para el Partido Comunista, la movilización de masas debe discurrir únicamente a través de los órganos legales existentes para no dar ocasión a la derecha de acusar al gobierno de violar la Constitución. Por otra parte, otro sector de la izquierda, especialmente el Partido Socialista y el MIR, sostiene que la movilización popular debe realizarse por los caminos que los mismos trabajadores vayan señalando en sus luchas. Así, mientras para los primeros las próximas elecciones parlamentarias de marzo de 1973 serán decisivas para el movimiento popular, para los segundos lo importante no es la vía electoral, sino la consolidación de las diversas expresiones del «poder popular», como los consejos comunales de campesinos, los comités de fábrica, los cordones industriales, los campamentos, etc. Mientras para los primeros estas expresiones son síntomas de caos y desorden, para los segundos son la plasmación de la organización que el pueblo se da y el camino para llegar a la sustitución de la legalidad vigente.

Estas dos estrategias de la izquierda, manifestada dramáticamente en los hechos de Lo Hermida, se irá acentuando durante los meses siguientes, denunciando la falta de conducción política del Proceso.

El movimiento Cristianos por el Socialismo, en una nota para alza la voz para preguntarse:

¿No será la represión contra el pueblo el precio de debilidades y búsqueda de alianzas ? ¿No habrá ceguera y falta de confianza en el avance revolucionario del pueblo? ¿No se estará cediendo a la presión de los poderosos y sus representantes políticos?

El único camino de liberación está en la unidad combativa de los pobres Esta unidad se construye a partir de los intereses, luchas y organizaciones de la clase trabajadora. Es el momento de unir fuerzas para avanzar. Es el momento de ser consecuentes con la construcción del socialismo, lo que exige sacrificios y austeridad, sobre todo en los que tienen la responsabilidad de conducir el proceso. Las fuerzas contrarias a los intereses de Chile están unidas. En la defensa de sus intereses egoístas, usan el parlamento, las leyes y los tribunales de justicia. Usan la burocracia y las fuerzas represivas. Engañan al pueblo deformando valores como «libertad», «patria», «paz», «poder», «nacionalismo», «participación», «democracia», etc. Hasta llegan a usar el sentimiento religioso del pueblo.

La situación es compleja, pero el evangelio nos exige una acción definida y sin ambigüedades. No se puede servir a dos señores. O estamos con los pobres y su historia de liberación o estamos contra ellos. (63)

8. La gran huelga patronal de octubre de 1972

Y tan unida, que estaba la oposición! Durante la primavera chilena da una nueva embestida conocida como la «operación octubre». Ante el propósito del gobierno de crear un sistema estatal de transportes para asegurar el aprovisionamiento normal del país, el gremio de propietarios de camiones inicia una huelga general el 10 de octubre que no terminará hasta el 4 de noviembre, y provocará graves problemas de abastecimiento. Los comerciantes se suman a la huelga, paralizando así las ventas del país. Se producen numerosos incidentes, y de nuevo se declara el estado de emergencia en 20 de las 25 provincias de Chile. El gobierno ordena requisar los vehículos y los pone bajo sus jurisdicción. Durante todo el mes se suceden las huelgas y los incidentes callejeros. Para facilitar una salida, dimiten todos los ministros y dejan completa libertad de acción al presidente. Allende incorpora a tres ministros militares: el comandante en jefe de la fuerzas armadas, general Carlos Prats, asume la cartera del interior, el general de la aviación, Claudio Sepúlveda, la de minería, y el contraalmirante Ismael Huerta, la de obras públicas. Se trata de tres ministerios decisivos para asegurar el orden interno, la normal producción y comercialización del cobre (64) y los programas de colocación laboral.

El 4 de noviembre, el general Prats se dirige a todo el país para pedir normalidad. Ante el prestigio del comandante en jefe, al día siguiente terminan todas las huelgas.

Durante estos días Joan escribe a su familia; se refiere a las huelgas, pero minimiza su alcance para tranquilizar a los suyos (65). pero el 11 de noviembre vuelve a escribir, y esta vez es mucho más explícito en sus manifestaciones:

Durante el mes pasado hubo una huelga de transportistas y comerciantes y de todas las fuerzas reaccionarias del país, que querían paralizarlo y así hacer caer el gobierno. Fue duro, pero a pesar de todo, a base de trabajo voluntario y disciplina, los trabajadores logramos que el país siguiera en marcha y no consiguieron lo que pretendían. Suerte que aquí la gente del pueblo es sensata, y los militares también. ¡Tendríais que haber visto a la gente recorriendo kilómetros a pie para llegar al trabajo y trabajar más que nunca para que hubiese producción y no se detuviese el abastecimiento del país! Ahora la cosa está tranquila, pero hay que estar alerta. No hay el menor miedo a una guerra civil. Por este lado podéis estar tranquilos. El gobierno se ha reafirmado y la gente ha aprendido una buena experiencia. Cuando el pueblo está unido y tiene consciencia, nadie le hace retroceder.

El 20 de octubre el secretariado nacional de Cristianos por el Socialismo publica un comunicado cuyas ideas principales son las que expone Joan en la carta anterior. Después de describir el sufrimiento que representan para el pueblo las huelgas en curso, analiza:

Llama la atención que estos paros coincidan con los ataques del imperialismo extranjero. Grandes compañías norteamericanas tratan de robamos el cobre. No aceptan que seamos dueños de nuestras propias riquezas. Todo el país rechaza ese embargo del cobre, pero no todos rechazan este paro organizado por los poderosos, que daña directamente a Chile. Muchos que nada tienen que ver con los poderosos son engañados por banderas de falso patriotismo. ¿Cómo pueden ser patriotas los que de hecho se unen a los enemigos de fuera del país ?

Después amplía la idea que Joan apuntaba en relación con la respuesta del pueblo ante la provocación:

En estos días el pueblo se ha unido más y ha mostrado toda su generosidad. Muchos trabajan una doble jomada. Gracias al trabajo voluntario cada familia del pueblo puede seguir comiendo. Gracias a la unidad combativa de la CUT y de las fuerzas de izquierda, la clase trabajadora se ha puesto en pie. Gracias a los soldados que están con su pueblo, el país puede seguir adelante. Gracias a los transportistas chóferes, comerciantes, médicos, profesionales que se arriesgan y siguen trabajando, crece la consciencia de sacrificarse por un nuevo Chile. Estudiantes, comités de vigilancia, juntas de abastecimientos y precios y otras organizaciones defienden el futuro del pueblo. Así actúan los patriotas. Se engañan los que creían que el pueblo permanecía pasivo.

Y siguen unas lineas tristemente proféticas:

No nos dejemos engañar: en Chile habrá libertad y democracia para todos cuando cambiemos la actual sociedad que beneficia a unos pocos. O cambiamos el actual sistema y construimos con creatividad y esperanza el socialismo, o el poder del capitalismo se endurecerá, con más odio y violencia como en las dictaduras de Brasil, Bolivia, etc. Ahí el capitalismo mostrará su verdadera cara arrasando con todas las libertades que dice defender.

La declaración termina con unas palabras también tristemente proféticas en el caso de Joan y de tantos otros chilenos:

«Nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos» (Jn 15): nuestro pueblo está decidido a dar su sangre hasta las últimas consecuencias. Cristo vive en la lucha del pueblo. El presente es difícil, el futuro es de liberación.

Durante los días 24 al 26 de noviembre de 1972, un mes después de esta declaración, los Cristianos por el Socialismo celebran su jomada anual a nivel nacional. Ha sido precedida y preparada por encuentros a nivel regional. Se reúnen 350 delegados de todo el país y algunos observadores extranjeros. Entregan un comunicado a la prensa en el que explican que, a nivel de organización interna, el movimiento ha formado 20 comisiones de trabajo según los diversos frentes: sindical, poblaciones, partidos políticos, sanidad, parroquias, campesinado, juventud, etc.

Analizan en profundidad la huelga patronal de octubre y el apoyo ideológico burgués que se le ha dado en nombre de la fe cristiana: por ejemplo la «campaña del rosario contra el marxismo», la actitud de los empresarios y colegios católicos, las emisiones de la radio del arzobispo de Santiago o del canal 13 de la Universidad Católica... Centran el debate en el problema de la unidad del pueblo y del fortalecimiento de sus organizaciones. Finalmente, proclaman que la fe cristiana es un amor revolucionario:

Las comisiones analizaron el problema de los falsos dioses que hay en Chile: el dios del egoísmo y de la libertad para unos pocos: el dios de la democracia y de la legalidad burguesa. Muchos que se dicen cristianos no creen en Dios, sino que creen en las leyes humanas y en el orden injusto que aplasta al pueblo. Durante este encuentro anual, los Cristianos por el Socialismo reafirmamos la fe en un solo Dios: el Dios de Jesucristo. Por eso colaboramos en la destrucción de los falsos dioses que encadenan al pueblo. Los Cristianos por el Socialismo vivimos nuestra fe en la lucha diaria por el socialismo. Cristo está en el pueblo oprimido y el pueblo chileno va rompiendo las cadenas del imperialismo y de la sociedad capitalista. Hemos llegado a la conclusión que amamos al Señor Jesús, haciendo la revolución.

Tareas diversas

Durante todo este tiempo, la aportación de Joan a la construcción del socialismo es, de nuevo, «hacer su trabajo, hacerlo bien y hacerlo a fondo». Da dos clases semanales de filosofía en la escuela media de adultos de San Antonio, a la que acuden obreros municipales, oficinistas, amas de casa. (66)

Ahora, además de todo lo que hacía, doy dos horas de clase en un liceo nocturno para trabajadores que estudian. Es muy interesante dar clases a adultos, y a los mismos compañeros de trabajo. Todo esto me llena y hace que no haya sentido añoranza desde que volví de Cataluña. (67)

Un amigo profesor comentará:

Este hombre, que decía las cosas claras y las llamaba por su nombre, se desempeñaba como profesor de filosofía, pero ésta era una pequeña labor. La verdadera labor la desarrollaba como cristiano, ya que se ocupaba de todos aquellos casos humanos que en una situación de esta especie se presentaban. Llegó hasta nosotros para solucionar un problema: la falta de profesores. Sin embargo, terminó como confidente y amigo, como el compañero fiel, pero en ningún caso hipócrita, ya que, si alguna vez tuvo que criticar duramente a alguien, lo hizo y en forma directa. Quizá por esto muchos no lo comprendieron en un principio, pero más adelante se convencieron de que era una persona en la que se podía confiar. Esto también lo creyeron sus amigos, porque sabían que era franco y leal. Permaneció en este establecimiento durante dos años. Cuando apareció un profesor que necesitaba las horas que él servía, se retiró, no sin antes haber cumplido esta gran labor de profesor, guía espiritual y amigo. Y, no obstante haberse retirado del establecimiento, siguió cooperando física, espiritual e intelectualmente con nosotros y muy especialmente con los alumnos trabajadores (a muchos les buscó ocupación). Hasta la rudeza que lo caracterizaba estaba llena de sinceridad, y de esta forma llegaba directamente hacia quienes verdaderamente lo necesitaban, los humildes y desposeídos. (68)

Estas palabras nos presentan de nuevo a un Joan para el que el oficio de profesor es también una plataforma de contactos humanos y expansión de su influencia y preocupación por el bien ajeno. Podemos descubrir una línea de conducta muy similar a la seguida en el hospital.

Pero tampoco abandona la tarea directamente ministerial o pastoral:

En la parroquia vamos organizando las cosas de manera que la gente sea cada vez más responsable de todo. Dividimos el trabajo por barriadas. Creo que la gente responderá bien y que saldremos adelante. Dios lo quiera. (69)

Mañana tengo una reunión con un grupo de parejas que formarán un equipo de preparación al matrimonio. Hasta ahora se daba una preparación, pero no existía mucha relación entre los que participaban en ella. Cada uno iba por un lado. Ahora lo reunificaremos y trataremos de dividir a las parejas en grupos pequeños, de los que se hará cargo un matrimonio-guía. Al ser más gente, irá mejor, pues hay más confianza y el trabajo es más efectivo. Dios quiera que la cosa salga bien. (70)

Procura realizar su tarea en la oficina de personal con rectitud e independencia:

Últimamente hemos contratado a 30 personas y hemos tenido que realizar un buen trabajo de selección. A veces cuesta ser justo y no dejarse llevar. (71)

Y no sólo ser justo. También cuesta realizar el trabajo con verdadera competencia profesional.

De la competitividad destructora al esfuerzo solidario

Así como el año pasado, durante los meses de septiembre y octubre siguió un curso de legislación de personal por espacio de 23 días, este año inicia otro que durará tres meses, de octubre a diciembre.

Ahora estoy viviendo en la parroquia de San Bernardo (la primera que lo recibió al llegar a Chile, la casa de paso de los gerundenses). Estoy siguiendo un curso en Santiago. Los sábados y domingos voy a la parroquia de San Antonio. También hago un viaje a la semana por si hay algún problema. El curso que estoy siguiendo es para la formación de jefes de personal. Somos unos 40 seleccionados, de todas partes del país. Está muy bien y es muy útil a la gente; pero hay que estar muy atento, pues exigen mucho. (72)

Aunque en las cartas se muestra lacónico, en una cinta que mandará a principios del año siguiente contará con gran riqueza de detalles el porqué del curso, y, sobre todo, la tarea verdaderamente extraordinaria que pudo llevar a cabo:

Hay algo que quiero contaros y es el curso que hice en Santiago, de octubre a diciembre. Como sabéis, estoy trabajando en la oficina de personal del hospital. Antes, mi trabajo, al menos oficialmente, consistía en llevar la lista del personal, mantener contactos, dar las asignaciones familiares -el equivalente de los «puntos» -, distribuir las vacaciones, es decir, todos los derechos de los trabajadores. Era un trabajo bastante limitado a la oficina. Pero ahora se le quiere dar una mayor abertura. Quieren que me haga cargo del bienestar del personal, la selección y distribución, preparación y evaluación del rendimiento, cómo puede incrementarse, etc. Y, claro está, para hacer todo esto se precisan una serie de conocimientos técnicos que los jefes de personal no poseían en ninguna parte del país. Tenía que ir el jefe de mi oficina, porque yo soy el segundo, pero el director me llamó y me dijo que por qué no iba yo.

En el curso éramos 44, llegados de todo el país, y divididos en dos grupos. Fue una experiencia muy interesante. Al principio pensábamos:

«Aquí, el que sepa saldrá adelante, y el que no, que se apañe». Nos encontramos con gente a la que le costaba mucho estudiar, porque llevaba muchos años trabajando, lo que produjo cierto desánimo en el curso. Ante esto, teníamos dos posibilidades: seguir la línea de competencia de modo que el que saliese adelante sacaría buena nota, y el que no, peor para él, o bien ayudarnos para que el curso entero saliese adelante. Lo que hacía falta no era que salieran uno o dos jefes de personal con un curso muy brillante y la máxima calificación, y que los demás, con los que también se habían gastado dinero, no sirvieran porque no habían rendido. Lo que había que hacer era avanzar todos juntos. Así pues, al acabar las clases, nos reuníamos por grupos y estudiábamos todos juntos.

Siempre recordaré el primer examen que hicimos, en octubre. Llevábamos 15 días de clase, y los hubo que sacaron un 7 --la nota máxima aquí en Chile- , y gente que sacó un 2, lo que significa que había bastante diferencia dentro del curso. En diciembre, en cambio, en el último examen, la nota máxima fue un 7, y la mínima un 6. Esto quiere decir que aquel curso, que había empezado con grandes diferencias, terminó con un rendimiento bastante nivelado.

¿Qué quiere decir todo esto? Que si la gente no se lanza a la competencia, sino que desea ayudar a los demás, el curso puede avanzar sin que destaquen dos o tres personas. Todo esto creó, como podéis pensar una gran solidaridad dentro del curso, un gran compañerismo, porque teníamos el curso dividido en grupos de trabajo y grupos de estudio y cada uno se trataba mucho con los demás. (73)

La actitud de Joan durante este curso de capacitación de jefes de personal es muy reveladora de su personalidad. Iniciado durante la huelga patronal de octubre, considera su tarea más importante el forjarse sólidamente para el ejercicio de su cargo profesional. Al escribir a sus familiares, comenta:

Aquí la situación está difícil. Por la situación externa, hay dificultades por el problema del cobre. También hay problemas internos por el conflicto con los amos de los camiones. ¡Qué se le va a hacer! Los quebraderos de cabeza nunca faltan. De todos modos, yo no he tenido más problemas que los del estudio. Con estos tengo de sobra. (74)

Con todo, no se desentiende de la problemática general del país. Pero considera que su contribución personal está en ayudar a crear aquellas condiciones humanas que hagan posible el surgimiento de un verdadero socialismo, donde todos y cada uno de los hombres pueda ocupar el puesto que le corresponde, más allá de las oportunidades discriminatorias que la sociedad le ha impuesto. De ahí su admirable tarea de esfuerzo colectivo para que todos sus compañeros de curso puedan alcanzar las mejores calificaciones. En realidad, las nuevas relaciones humanas que se iban creando dentro del proceso chileno se reflejan en su contribución individual. Se trata de construir un mundo basado, no en la competencia selvática, sino en el progreso solidario del grupo, en el que los que se encuentran en la cola son precisamente lo que requieren mayor atención. Un mundo en el que unas nuevas estructuras faciliten la aparición de un nuevo espíritu, el espíritu del «hombre nuevo» que traslade a la persona --como gustaba decir el Che-- «del reino de la necesidad al de la libertad», del reino de la competitividad destructora al del esfuerzo solidario, del reino del egoísmo y del provecho individual al de la comunión y auténtica fraternidad. Un compañero de curso vio así la actuación de Joan:

Juanito era el mejor del curso. El más preparado. El director lo quería conquistar para que fuera instructor. En realidad él había dado clases de psicología en la sección de adiestramiento. Pero decía que su lugar no era el de profesor, sino el de tener contacto directo con el personal en el trabajo. Recuerdo que cuando hacía una crítica la hacia claramente. Juanito criticaba que habían metido en el curso dos o tres personas por política y que retrasaban todo el curso porque no estaban preparadas. A pesar de esto, él trabajó para ayudarlas y para que acabaran bien el curso, como así fue. Su idea era llevar el curso hacia adelante. En el curso no se hacía política, pero sí que predominaban los simpatizantes de la UP. Lo más valioso del curso fue su amistad. (75)

Conservamos los apuntes ciclostilados del curso. Transcribimos algunos títulos para hacernos cargo de su contenido:

Definiciones de administración de personal: enfoques y etapas históricas. La tecnología, la productividad y la administración de personal. El comportamiento laboral. Necesidades psicológicas del trabajador. El trato como respuestas a las necesidades. Satisfacción e insatisfacción con respecto al trabajo. La jefatura: misiones y estilos. Análisis y descripción de cargos. Ingreso de personal. Adiestramiento. Evaluación de cargos y remuneraciones. La calificación. Movimiento de personal. La planificación de políticas de administración de personal: estadísticas de costo. Relaciones laborales...

Joan quedó muy contento del curso. Un testigo nos cuenta:

Los viernes venía de Santiago y llegaba los días sábado a mi casa. Me acuerdo de la última comida que se hizo en mi casa, junto a los amigos de siempre. Hicimos entre los dos un arroz a la valenciana. Eramos doce y mi esposa quedó sin comer porque faltó. El le dijo:

«No te preocupes, cualquier sábado te voy a preparar esto mismo para que comas a gusto, porque estos huevones son más hambrientos que la cresta». Esa noche se le veía contento porque le iba bastante bien en el curso y porque, además, estaba trabajando en lo que le gustaba. (76)

Los gastos que le causaban los continuos viajes entre Santiago y San Antonio empobrecían aún más su escuálida economía. Por navidad quiere mandar unos regalos a la familia. No puede

porque este tiempo que he vivido en Santiago he tenido más gastos y he tenido que pagar muchos viajes. Hambre no he pasado. No os preocupéis por esto. La vida ha subido, pero también me han subido el sueldo, y no me faltan maneras de espabilarme. Por aquí todo está tranquilo. Ha sido un año difícil, pero parece que vamos a pasar unas buenas navidades. (77)

La gran requisitoria de Allende ante las Naciones Unidas

Y, en efecto, desde que el general Prats había dirigido a la nación su llamamiento para que todo volviera a la normalidad el país se había mantenido relativamente tranquilo. El 4 de diciembre de 1972, Chile, gracias a su presidente, vivió una jornada de gran resonancia internacional al hablar Salvador Allende ante las Naciones Unidas. Como comentó Pablo Neruda: «Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo» (78). El diario francés Le Monde tituló su editorial: Allende, abogado del tercer mundo. En su discurso, el presidente denunció a las compañías multinacionales como verdaderas causantes del retraso de las naciones subdesarrolladas y principal obstáculo que encontraban los países pobres para su liberación.

El mundo se enteró con estupor, en julio último, de distintos aspectos de un nuevo plan de acción que la misma ITT presentara al gobierno norteamericano, con el propósito de derrocar mi gobierno en el plazo de seis meses. Tengo aquí el documento, fechado en octubre de 1971, que contiene los dieciocho puntos que constituían ese plan. Proponían el estrangulamiento económico, el sabotaje diplomático, crear pánico en la población, el desorden social, para que al ser sobrepasado el gobierno, las fuerzas armadas fueran impulsadas a quebrar el régimen democrático e imponer una dictadura.

Señores delegados: acuso ante la conciencia del mundo a la ITT de pretender provocar en mi patria una guerra civil. Esto es lo que nosotros calificamos de acción imperialista.

Comentaba el diario Le Monde:

La requisitoria del jefe del estado chileno ante las Naciones Unidas recuerda a aquella que pronunciara en septiembre de 1960 Fidel Castro, cuando también él tuvo que enfrentarse con el mal humor de las sociedades norteamericanas. Pero Allende, hombre de experiencia, inclinado a la convivencia y a la razón, se ha guardado de presentar su actual contencioso con algunas grandes empresas americanas como un conflicto entre Santiago y Washington. Con todo, la más poderosa potencia mundial no ha mostrado demasiada mansedumbre hacia el pequeño Chile, pues Washington, desde noviembre de 1970, ha puesto su veto a la concesión de créditos por el Banco Mundial o por otros organismos internacionales de financiación... El señor Allende ha sabido plantear en Nueva York uno de los problemas esenciales de nuestro tiempo. (79)

En vano, ya que --como diría Pablo Neruda-- «de nuestro lado del lado de la revolución chilena, estaban la constitución v la ley, la democracia y la esperanza». Pero por el otro...

Detrás de la ITT con sus puñales y los enredos de su felonía brotan los pillarines criminales y otros mondongos de la oligarquía: falsos adelantados sindicales, médicos de curiosos delantales, camioneros de pronto enriquecidos, colegios de abogados presumidos querían aprender los viejos vicios de nuestros elegantes meretricios. Y con Nixon de fondo principal se lanzaron al paro patronal bien cebados, dispuestos a que ayune el que no es del Partido Nacional. Así por la ITT desenfrenados sembraron el terror organizado: padres y tíos de un negro mercado oscuro como todos sus pecados. Contra la patria se lanzaron todos huelga de burros, huelga de rollizos, huelga de banquerizos principales, enchufados en los Bancos Centrales, y pálidos idiotas de rehenes con dueños de grandes almacenes: escondieron gallinas y cebollas, aceite, harina, cigarrillos, ollas para dejar sin pan, sin luz, sin nada al pueblo y a la patria apuñalada. (80)

Tres meses de práctica

Empieza el año 1973, el año que segará violentamente dos vidas: la del pueblo chileno y la de Joan Alsina, fiel al servicio de este pueblo. El año del 11 de septiembre, fecha que quedará marcada trágicamente en los anales de la revolución mundial y que será recordada como la fecha de la victoria de la fuerza militar sobre la razón democrática de un pueblo organizado.

La inflación causa estragos. El programa de la ITT para provocar el caos económico, hábilmente secundado por las fuerzas unidas de la oposición, desde la Democracia Cristiana hasta los grupos de ultraderecha como «Patria y libertad», va alcanzando su objetivo. El 6 de enero el gobierno anuncia la implantación de una «economía de guerra» que comporta el racionamiento de alimentos y la puesta en marcha de mecanismos de control sobre la producción y la distribución. A pesar de todo, las fuerzas armadas reafirman una vez más su lealtad al gobierno, cosa, si bien se mira, innecesaria en un régimen constitucional.

Este año Joan no tendrá vacaciones. Su ausencia de tres meses --por asistencia al curso de Santiago-- no le permite alejarse más tiempo de su labor. Ahora tiene que iniciar otros tres meses de prácticas, que le permitirán presentar una memoria en abril y recibir, después de un examen de grado, el título de «jefe de personal del Servicio Nacional de Salud». Está contento del curso de Santiago porque le ha permitido conocer a personas de todo el país (81). De regreso a San Antonio soporta las dificultades que vive el país en cuanto a la alimentación, pero le quita importancia para no asustar a los suyos.

Aquí ya empieza el tiempo de la caza. Ya he comido un par de conejos y tengo otros dos tiernos que guisaré esta noche antes de acostarme. Tengo almejas y gambas, o sea que esta semana ya tengo la comida solucionada.

Nos os preocupéis por mí, que aunque digan que en Chile nos morimos de hambre, la verdad es que no estamos tan mal. Cuidaros para que dentro de un par de años, cuando vaya a veros, os encuentre bien saludables. (82)

En una cinta que graba el 24 de febrero de 1973, Joan explica en qué consisten los tres meses de prácticas que está realizando en el hospital de San Antonio.

Estos tres meses me están dando mucho trabajo. Más de lo debido porque algunos compañeros de oficina, por diversas razones --una de las chicas ha dado a luz y tiene los 63 días de permiso que marca la ley--, están fuera. Esto me ha hecho trabajar con seis ojos para que todo funcionara, cosa que ha multiplicado el trabajo y me ha tenido muy absorbido. Pero estoy contento, la cosa va bien. Ahora estamos estudiando un plan de enseñanza y de nivelación, no sólo para las cosas de rutina, sino para que todo el personal vaya mejorando, suba de rendimiento y los pacientes estén mejor atendidos. En el fondo, el último objetivo de nuestro trabajo es que el enfermo, cuando llega aquí, esté mejor atendido, humana y técnicamente, y esto requiere un esfuerzo en el que estamos todos empeñados. Además, en abril tengo que presentar una memoria sobre todo lo que hemos hecho, cómo está el hospital, cómo va la administración de personal, cómo se trabaja, qué rendimiento se obtiene, qué garantías se le dan, cómo se le enseña, cómo se le selecciona, etc., etc. Todo esto es una experiencia muy bonita, muy positiva y que ha cambiado mucho el aspecto de la oficina, le ha dado mayor relación humana entre los colaboradores. Y he podido hacerlo no sólo con mejor voluntad, sino también con mayor efectividad las 8 ó 10 horas que trabajo. Me ha servido como actividad complementaria este verano, ha dado un cariz mucho más profundo a lo que hacía antes, que era mucho más burocrático, más de papeleo.

Y Joan, como si quisiera parar por adelantado el golpe de los que bien pronto le atacarán duramente por su forma de llevar el sacerdocio, hace una especie de honesta autodefensa, que resulta premonitoria de las dificultades que pronto lo atenazarán. En la misma cinta, añade:

Todo esto podría haceros creer que este trabajo me acapara cada vez más y que me alejo del sacerdocio. Creo yo que en cierto modo esto puede ser cierto, no en el sentido de que me alejo de ser sacerdote, sino de cierta forma tradicional de ser sacerdote: la de un hombre que vive en un mundo distinto del mundo real, un mundo en el que no caben las luchas y preocupaciones de cada día. Y en este sentido, sí. Ahora bien: creo que esto me ayuda a encontrar --no sólo a mí, sino también a otros compañeros que están en la misma línea de trabajo que yo-- una nueva forma de ser sacerdote, que creemos que va a servir mucho más para el mundo de mañana. No creemos ser mejores que los demás, no creemos ser extraordinarios, sino que, simplemente, buscamos otra cosa, otra forma que creemos que puede servir y que servirá. Mañana vendrá gente mucho mejor que nosotros, que vivirá situaciones mucho más arriesgadas y sencillas a un tiempo, y formas muy distintas de ser sacerdote. Nosotros, por nuestra parte, intentamos abrir un camino en el que el sacerdote no sea ya un hombre de afuera, que no vive en el mundo real, sino que sea un hombre que lucha, un hombre que llora, ríe, sufre y se conforta con las mismas alegrías y penas que los demás. Esto es lo que intentamos, lo que andamos buscando.

A veces es difícil, a veces cuesta trabajo, y también a veces uno se puede dejar llevar por cierta burocracia, cierta vanidad, o, finalmente, pensar que ya lo hace bien, que por el hecho de estar trabajando ya cumple. Y está también la tentación de creerse algo extraordinario. Pero no es así.

Y termina la grabación con unas reflexiones sobre la unión familiar y el sentido general de la vida.

Lo importante, siempre os lo he dicho, no es que estemos juntos físicamente, sino que, dondequiera que estemos, estemos unidos, nos amemos y luchemos por lo mismo.

Uno, cuando ve a gente que vive tan junta, tan apiñada, pero que en el fondo vive desunida, está contento al poder decir: «Yo estoy fuera de casa, pero nosotros seguimos unidos y seguimos juntos, con unos mismos ideales, valorándonos y amándonos cada día más y más» Esto es lo que importa. A veces hay personas que, viviendo juntas, no aprenden a quererse, a ayudarse.

Bueno, esta cinta se está terminando. Antes quisiera felicitar a padre por su santo y desearos que paséis una fiesta muy unidos, hermanos que es lo mejor que podemos tener en la vida. En la vida lo que vale no es el dinero, ni el poder, ni el ser grande, lo que vale es vivir unidos como hermanos. Yo este año no podré estar con vosotros, pero os vuelvo a repetir --ya no sé cuántas veces os lo he repetido-- que para nosotros lo importante es justamente eso, que, más allá de las distancias, nos una la voluntad de amar y la voluntad de servir.

9. Conflicto de Joan con la jerarquía local

En este mes de febrero se cumplen los cinco años de estancia de Joan en Chile, y termina el período del contrato entre la diócesis de Girona y la de Santiago. Los invisibles hilos de los que no están conformes con la manera de actuar de Joan empiezan a moverse para que éste se vea obligado a interrumpir su labor. Es sobre todo el vicario de la zona, representante del cardenal, el que se muestra más disconforme. Joan empieza a entrever que su estancia en San Antonio está en peligro. En la misma cinta del 24 de febrero, terminada el 24 de marzo, comenta:

Ahora estoy pendiente de una entrevista con los jefes de la iglesia, con el cardenal y su representante, puesto que han pasado los cinco años y seguramente cambiaré de parroquia.

Todavía no sé con seguridad a dónde iré, ni si se concretará este cambio, pues aún estamos en conversaciones. Tanto puede ser que me vaya a Santiago como que me quede en San Antonio. En ambos casos, no habría problema. Si voy a Santiago, estaré más cerca de los compañeros de Girona que viven allí. Pero si me quedo en San Antonio, tengo la compañía de los amigos que he ido haciendo durante estos cinco años. También dentro del Servicio Nacional de Salud hay quien quisiera que yo fuera a Santiago para hacerme cargo del mismo trabajo que hago aquí, pero en un hospital más grande. Todo esto lo sabré en abril, que es cuando se programa la actividad del servicio y cuando se dan los destinos. Si tuviera que ir a Santiago, ya tengo apalabrada una parroquia donde trabajar como sacerdote.

Unos días más tarde recibe una carta del arzobispado de Santiago en la que, de forma sutil y diplomática, se le dice:

Santiago, 20 de marzo de 1973 Muy estimado Juan:

Con esta misma fecha he remitido a España el informe anual, correspondiente a la labor que has realizado durante el año 1972. En él, además de incluir el trabajo que has desarrollado en la parroquia del Puerto de San Antonio, he mencionado las funciones de capellán que has tenido en el hospital y lo que has hecho en el MOAC. Textualmente he agregado lo siguiente: «Al poner término al tiempo de su contrato, el señor vicario episcopal correspondiente ha estimado oportuno dejar al padre Alsina en libertad de acción para que su obispo en España disponga lo que estime conveniente». Sin otro particular me suscribo como tu servidor en la iglesia.

Bernardo Herrera Salas Secretario general

Joan se da cuenta de que la sentencia está dictada y que necesariamente tendrá que abandonar San Antonio. El 26 de marzo escribe a sus hermanos:

En estos momentos lo que hago es dedicarme a trabajar en firme y procurar desligarme de San Antonio poco a poco y preparando bien el terreno.

Estoy contento del trabajo que he hecho en estos cinco años. Desde luego, podría haber hecho más. Pero uno tiene sus límites. Y las circunstancias adversas en las que me ha tocado trabajar la mayor parte del tiempo no me han ayudado mucho. Creo que he dado una nueva imagen del sacerdote y que he iniciado un camino que podría indicar hacia dónde deben ir las cosas. Siento que haya compañeros sacerdotes que no lo entiendan. Que piensan que la gente es tonta, o que seguimos como hace cincuenta años. Y por eso me duele que los haya que han jugado sucio conmigo, me han criticado y denostado. Suerte que he tenido amigos a mi lado que me han ayudado en todo momento. No puedo quejarme. Sé que tendré que afrontar esta nueva situación - el cambio-- y que no me será nada fácil. Que serán condiciones distintas y deberé acostumbrarme. Pero confío en Dios, que no me abandonará. Aunque uno nunca deja de ser hombre, y los sentimientos pesan. Y a medida que uno se va haciendo mayor, más trabajo cuesta cambiar y afrontar situaciones nuevas. Pero si es preciso, se hará. De todos modos, no creo que el cambio sea para antes de mayo o junio. O sea que ya os lo comunicaré oportunamente.

El conflicto de la jerarquía local quedó concretado en la persona del vicario episcopal de la zona de San Antonio, que fue el principal promotor del traslado de Joan. Un compañero sacerdote de Joan nos explica cómo eran estas relaciones:

Su relación con el vicario fue siempre abierta y sincera. A Joan siempre le gustaba jugar limpio y claro. Un día me decía que, cuando se preparaban las elecciones para un nuevo vicario de zona, un grupo de sacerdotes le pidió que se pusiera al frente de la campaña que querían iniciar contra el actual vicario, que se presentaba para la reelección Joan se negó: «A mí siempre me ha gustado jugar limpio y dar la cara». Estos mismos sacerdotes, más tarde, se pusieron a favor del vicario y contra Joan.

Recuerdo que un día me dijo: «Con el vicario nos llevamos muy bien siempre hablamos claro».

En lo que se refiere a su posible traslado a Santiago, el vicario le propuso que si quería quedarse en San Antonio debía dejar el trabajo del hospital. Joan dijo que quería seguir con las dos cosas: «Antes, cuando sólo iba al hospital a decir misa y a visitar a los enfermos, los trabajadores me pedían medallas y estampitas... cuando empecé a trabajar me hablaban de sus problemas de trabajo y de la familia...». Por eso Joan no quería dejar el trabajo, porque era una nueva forma de vivir el sacerdocio. Y hay que tener en cuenta que el trabajo no le impedía atender la parroquia, ya que llevaba la preparación matrimonial de las tres parroquias de San Antonio. Ante la negativa a dejar el trabajo, tuvo que dejar la parroquia. Un día el vicario le dijo: «Mira, he escrito a tu obispo de Girona notificándole que ya no perteneces a la parroquia, o sea que hemos caducado tu contrato». Es decir, la política de hechos consumados... (83)

De una forma aún más precisa, Joan, ya desde Santiago, explicará a su antiguo párroco de Malgrat los términos exactos del dilema:

En la zona donde estaba, el vicario episcopal me puso en la disyuntiva de dejar el trabajo del hospital o el sacerdocio. No tengo ganas de dejar ninguna de las dos cosas. Y hablé del asunto con el vicario de otra zona pastoral de la misma diócesis de Santiago, que me recibió con los brazos abiertos... Luché cuanto pude para quedarme algún tiempo más en San Antonio, pero creo que me habría quemado. Duele y amarga más luchar por quedarse en la iglesia que por dejarla. Antes de quemarme preferí pedir al servicio el cambio de hospital y dejarme de problemas en este sentido (84).

¿Qué pensar de la decisión de Joan? Su trabajo en el hospital ¿era realmente lo bastante importante como para anteponerla a la prolongación de su estancia en San Antonio? ¿Cuáles eran los verdaderos motivos de su oposición al vicario de la zona ?

En una carta de pésame que éste escribió a la familia, explica muy diplomáticamente:

Al final de su gestión en Chile por haber terminado sus cinco años de contrato con este arzobispado, aconsejé a Juanito que dejara Chile y regresara a su tierra para seguir estudiando allá entre sus compañeros y con las facilidades que ofrece Europa al clero. Juanito era un muchacho muy inteligente y creí que su vocación estaría entre libros, universidades y asesorías de universitarios. No lo veía como «cura de campo» o de pueblo chico, como son todos los de mi zona eclesiástica El pensaba que debía quedarse en Chile, y así lo hizo. Se cambió de zona y se fue a trabajar a Santiago. Obtuvo un alto cargo en el hospital como jefe de personal de un hospital grande de la capital y por ahí estuvo el camino de su ida sin regreso. (85)

No obstante, consultamos con un compañero chileno sacerdote muy amigo de Joan, con quien convivió en Santiago durante sus últimos meses de vida, y nos contó lo siguiente:

Juan veía que a través de su oficina podía establecer contacto humano con la gente. Realizaba su tarea con mucha alegría, con mucha espontaneidad. Daba gusto ir a su oficina a ver cómo llegaban las enfermeras las auxiliares, el personal de servicio, y observar cómo eran recibidos y atendidos. El resto de sus compañeros participaban un poco de su espíritu. Por ello consideraba que la oficina era un lugar privilegiado para trabajar y entrar en contacto humano con muchas personas, a las cuales, además, Juan seguía después. Su trabajo en la oficina de personal era eminentemente apostólico, pero el vicario creía que su desarrollo sacerdotal sería más efectivo en un puesto parroquial o como asesor de la zona, o en materias pastorales y teológicas. De ahí venía la discrepancia.

Pero había otra razón más de fondo. El vicario tampoco compartía su opción política. Juan, por su comportamiento con los trabajadores, tenía una opción política que coincidía con la opción de la izquierda, la cual no era compartida por el vicario. Había, pues, una razón de fondo --la visión de la participación del sacerdote en política-- y una razón de forma, la manera como Juan entendía el ejercicio de su sacerdocio (86).

A decir verdad, el vicario episcopal pertenecía a una de las familias más poderosas de Chile, y, en la actualidad, algunos de sus familiares ejercen cargos de responsabilidad en el gobierno de la Junta Militar. No es pues de extrañar que en su oposición a Joan hubiesen jugado también razones políticas...

Con este triste incidente se nos revela una vez más una de las más pesadas hipotecas de la iglesia jerárquica: su compromiso con la clase dominante, que le impide aceptar el pluralismo efectivo de los miembros de la comunidad cuando éste puede amenazar sus intereses de clase.

Por otra parte, es de destacar igualmente el instinto íntimo de Joan, que en vez de tropezar con esta piedra y quedar encallado en ella, sabe esquivarla airosamente y encontrar una salida a lo que es para él igualmente irrenunciable: el sacerdocio y el trabajo en el hospital. Claro está que esta elegancia intima tiene un precio: el sufrimiento, los golpes de la incomprensión y la incertidumbre ante el futuro. Pero tiene también un premio: una nueva maduración y un crecimiento personal que le acercarán cada vez más a la cumbre alcanzada con los acontecimientos del 11 dg septiembre.

10. Las últimas elecciones parlamentarias de 1973

Mientras Joan pasa esta fuerte crisis, el país también está expectante. Estamos en marzo de 1973, cuando deben celebrarse las elecciones parlamentarias. La oposición ha advertido al presidente de que, en caso de ganar, pedirá oficialmente su destitución. Por toda respuesta, en el discurso del 3 de febrero Allende declara: «Soy un presidente elegido por el pueblo, ratificado por el congreso, y mi mandato expira en 1976. Nada ni nadie impedirá que cumpla con esta obligación constitucional».

Nueve días antes de las elecciones Joan comenta en una cinta:

El próximo jueves, no mañana, sino el otro, hay elecciones de diputados; no creo que pase nada, últimamente la cosa está tranquila. No creo que vaya a haber problemas graves, al menos a corto plazo. Dicen que pasamos hambre, que aquí en Chile hay racionamiento, que hay pocas cosas, que es difícil encontrarlas. Mirad: dificultades, desde luego las hay, porque aquí, si no hay carne de temerá, no hay carne; la carne de pollo, la carne de conejo, la carne de cordero, la carne de cerdo, no son carne. Hay mucha gente que no sabe comer carnes, o no quieren o dicen que no les gustan. Pero hay que acostumbrarse a todo un poco. Yo, en este aspecto, no he tenido ningún problema, hasta ahora he tenido de todo.

En la parroquia me va bien, con el equipo. Esta noche nos veremos, aunque en este tiempo de elecciones no se puede hacer absolutamente nada, la gente anda atareada con la política, las campañas, haciendo propaganda. Y no hay manera de encontrar a nadie. Habrá que esperar a que pasen las elecciones, entonces hay posibilidades de hacer un trabajo más ordenado, más de conjunto (87).

El 1 de marzo, la oposición unida bajo el nombre de Confederación Democrática (CODE) concluye su campaña electoral con una concentración multitudinaria en la que toma la palabra el líder de la Democracia Cristiana Eduardo Frei, en un virulento ataque contra la Unidad Popular.

Las encuestas predicen que Allende obtendrá apenas el 32% de los votos. A medida que se acerca el día, se acentúa la radicalización de los diversos grupos.

El secretariado nacional de Cristianos por el Socialismo hace a llamada a la opinión pública en la que explica el contenido de clase de los dos bloques que se enfrentan en las elecciones, la opción que se abre para los cristianos. Entre otras cosas afirman:

Con los paros en octubre del año pasado, se aclaró mucho la película. Los capitalistas y otros más trataron de parar la revolución. Los trabajadores, tanto de izquierda como de oposición, no paramos. Por un lado estaba la clase opresora, por otro lado estaba la clase popular. Ahora pasa algo parecido. En estas elecciones no se enfrentan unos políticos contra otros políticos, un gobierno contra una oposición, no es la democracia contra el marxismo. En las elecciones de marzo van los ricos contra los pobres, los explotadores contra los explotados. Cuando votamos, no votamos por una o varias personas. En el fondo:

O votamos por la clase capitalista y sus partidos Nacional y Demócrata-cristiano o votamos por la clase trabajadora y los partidos de izquierda.

Votar por la CODE es: votar contra el pueblo, votar contra la igualdad, votar contra el socialismo.

Es votar para que se devuelvan fundos y fábricas a los patrones y el cobre a los yanquis. Es votar por las colas, el mercado negro y el acaparamiento producido por la derecha y el capitalismo. Un cristiano de verdad puede votar por los opresores y contra su pueblo ? Así, en el fondo de las elecciones, está la lucha de clases. O elegimos el camino de la dominación o elegimos el camino de la liberación. El presente es de lucha, el futuro es del pueblo.

La declaración termina con una llamada a los cristianos, a los que se convoca a realizar tareas concretas:

Los católicos y evangélicos del pueblo tenemos mucho que hacer durante estos meses: 1) participar en las tareas, conflictos y luchas de la clase trabajadora; 2) ayudar a formar los comandos comunales en la ciudad y en el campo; 3) trabajar para que el pueblo tenga los alimentos que necesita, a través de las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP), comandos comunales, canasta popular, almuerzos populares; 4) recordar a Camilo Torres, sacerdote y revolucionario de América, 15 de febrero; 5) orar y reflexionar con otros cristianos, porque en la lucha de liberación del pueblo encontramos a Cristo, nuestro maestro.

En realidad, en la vía chilena hacia el socialismo, que pretendía traspasar el poder de la clase capitalista a la clase trabajadora dentro de un esquema democrático-electoralista, la confrontación de intereses que se expresaba en la lucha electoral había alanzado su punto culminante de enfrentamiento, y se hacían imposibles las matizaciones. Como la elección iba solamente a dos bandos, en un mismo saco se podían encontrar proyectos secundarios divergentes --como podían ser los de la Democracia Cristiana y los del Partido Nacional-- pero que enfrentados con los proyectos del otro bando se hacían totalmente incompatibles y antagónicos. En etapas anteriores del proceso de lucha de clases sí que se pueden distinguir los diversos modelos de sociedad que busca cada grupo, tratando de arrastrar a los demás grupos. Pero llega un momento en que, si el proceso de libertad democrática es respetado, esta pluralidad de proyectos se hace del todo imposible y hay que llegar a las opciones definitivas ocultas en el proceso de transición del capitalismo al socialismo. Y, dentro del esquema electoral chileno, este momento era el 4 de marzo de 1973, día en que se ponía en juego, por una parte, que el presidente no pudiese ser destituido al ganar la oposición el número de legisladores que marca la Constitución para poder derrocarlo; y, por otra, que se obtuviera una mayoría suficiente en el congreso para que el presidente pudiese gobernar de acuerdo con el legislativo, que es el otro pilar fundamental de las democracias parlamentarias.

Los resultados de las elecciones tuvieron un gran impacto psicológico, ya que la Unidad Popular, contra todo lo previsto, obtuvo el 43,39% de la votación y ganó seis diputados y dos senadores más, que se restaron, naturalmente, a la oposición. Y esto, en las circunstancias de precariedad económica que atravesaba el país, era un apoyo importantísimo, sobre todo si tenemos en cuenta la composición social de los votantes de la Unidad Popular en su mayoría de extracción popular. Pero la oposición agrupada en la CODE obtuvo el 57,7% de votos, con lo que conservaba la mayoría parlamentaria, pero no alcanzaba la cifra de legisladores necesaria para destituir constitucionalmente al presidente. Se daba, pues, un empate jurídico que estrictamente hablando dejaba las cosas tal como estaban. A pesar de ello, en cuanto a las previsiones y teniendo en cuenta el aumento sustancial de confianza que había ganado el presidente desde su elección a la primera magistratura, era de temer --desde el punto de vista de la oposición-- que la curva ascendente de la Unidad Popular iría subiendo hasta cambiar la correlación de fuerzas en el parlamento, y, eventualmente, ganar de nuevo las elecciones presidenciales de 1976. Y éste era un riesgo que la oposición no estaba dispuesta a correr. Por eso muchos analistas políticos vaticinaban que» una vez descartada la vía constitucional para derrocar al presidente, habría sucesivos intentos hasta derrocarlo por la fuerza.

Con todo, no había llegado aún el momento, y los partidos se negaron para encajonar el golpe psicológico y reflexionar por separado, desde sus intereses y perspectivas, la estrategia a seguir

en el futuro.

Joan comentaría veinte días más tarde:

Aquí la situación después de las elecciones es bastante tranquila, a pesar de los problemas y dificultades que hay dentro del gobierno y con la oposición. Aquí vivimos muy marcados por la política, pero la cosa está bastante serena. El 44% que obtuvo el gobierno en las elecciones es un porcentaje que no se esperaba la oposición, que pensaba que sacaría un 30 o 32% como mucho. Ha sido un rudo golpe para la oposición, que creía que la popularidad del gobierno había bajado mucho. Esto hace que haya tranquilidad y que la discusión se sitúe al nivel más alto de las directivas políticas, pero que en la vida del pueblo las cosas vayan tirando y avanzando como antes. Así que podéis estar tranquilos (88).

Joan recibe el título de jefe de personal

A finales de marzo, Joan está terminando los tres meses de prácticas y tiene que empezar a pensar en la redacción de la memoria, cuya fecha de presentación debe ser el jueves 19 de abril. Cuatro días antes recuerda que el año anterior estaba en Castelló con los suyos, y aprovecha para escribirles y expresarles su estimación:

Hoy es domingo de ramos, y recuerdo que el año pasado en esta fecha estábamos juntos en Castelló, cuando yo estaba a punto de partir de regreso a Chile. ¡Cómo pasa el tiempo! No nos damos cuenta y ya tenemos otro año encima. Pero yo pienso que como más pasa el tiempo, más nos queremos. Lo que pasa es que, los momentos que hemos estado juntos los hemos vivido con tanta intensidad que creo que nos llenan más que si estuviéramos todo el tiempo juntos. Y todos sabemos unos y otros que no estamos perdiendo el tiempo, sino que cada uno de nosotros cumple su tarea con ilusión. Ojalá siempre nos dure este espíritu y esta fraternidad.

Este año la fiesta de ramos ha sido muy intensa para mí. Celebramos la bendición ayer tarde en la misa vespertina, esta mañana en una población de las afueras de San Antonio y al mediodía en la parroquia. Las tres veces me ha tocado a mí. Y cada vez pensaba en la diferencia que hay entre la fiesta de ramos en Cataluña y la de Chile.

Aquí vienen con pequeños ramos de palmera y olivo verde. Y cuando levantan los ramos ves un mar de verdor mezclado con el amarillo de algunas palmas que empiezan a amarillear. Es muy bonito. Y sin dulces ni golosinas, que es una tradición que aquí no se conoce. La fe de la gente en los ramos es muy sencilla, pero la prefiero a todo el lucimiento y la comercialización que existe en Europa. Ahora estoy trabajando en un informe que tengo que presentar el jueves sobre mi trabajo como encargado de la oficina de personal del hospital de San Antonio. Está a medio hacer, pero creo que este fin de semana podré dejarlo listo. De este trabajo depende mi destino dentro del servicio. Seguramente será en Santiago, pero no sé en qué hospital. Según el hospital donde me destinen, me tocará trabajar en una u otra parroquia o movimiento cristiano. Creo que en la próxima carta ya os podré dar más información. Porque supongo que con los nervios que tenéis ya debéis estar pensando que quién sabe dónde me tocará ir a parar. No os preocupéis. Ya tengo la casa buscada en Santiago. Gracias a Dios, los amigos no me faltan, y no he de tener ningún problema en este aspecto. (89)

Conservamos la memoria de los tres meses de prácticas. La introducción nos muestra algunos aspectos del trabajo de Joan para transformar el servicio de la oficina de personal y darle un aire más humano:

«Las cosas nos enseñan más sobre nosotros mismos que todos los libros del mundo, porque se nos resisten» (Saint-Exupéry).

Creo que la frase del piloto francés resume el sentido de toda práctica. La vida es lo que pone a prueba la validez de los conocimientos recibidos, y, sobre todo, nuestra capacidad de utilización. Porque no basta con «saben» la importancia de la administración de personal, conocer algunas de sus técnicas; hay que aplicarlas en una situación concreta y en un período determinado. Esto es lo que he intentado durante mi práctica: poner en práctica algunos de los conocimientos teóricos recibidos y tratar de ayudar a los compañeros a comprender que el elemento humano es el aporte más importante en cualquier institución.

Dos particularidades tuvo mi práctica que a veces la favorecieron y otras veces la dificultaron: 1) tuve que asumir inmediatamente la jefatura de la oficina de personal, lo que fue una ventaja en el sentido que no fui espectador de un proceso, sino que tuve que integrarme en el trabajo directo. Pero se hace más difícil analizar una situación cuando uno es parte integrante en ella, y 2) la práctica se realizó en tiempo de verano, lo que siempre supone un mayor movimiento de personal en el establecimiento, que repercute seriamente en la oficina.

Y sigue con una presentación del área hospitalaria de San Antonio: los servicios que ofrece, el presupuesto, el escalafón del personal, la organización interna, la presentación de su oficina de personal.

Viene después la distribución geográfica del área hospitalaria de San Antonio, servicios, presupuesto, escalafón, organización global, oficina de personal: política, tareas, adiestramiento, maquinaria, procedimientos, reclutamiento y selección de personal, etcétera.

A finales de abril pasa el examen de grado y recibe el título de «Jefe de personal de Servicio Nacional de Salud». El 15 de mayo escribe a la familia:

Yo por aquí sigo como siempre. Hace ya días que pasé el examen final de mi curso, me fue muy bien.

A primeros de junio iré a Santiago a trabajar. Precisamente, ayer estuve hablando con un compañero sacerdote que me había ofrecido ir a vivir con él si iba a Santiago, y ya quedamos de acuerdo. Después os daré la nueva dirección. Si he de decir la verdad, me cuesta trabajo dejar San Antonio, pero por otro lado estoy contento de ir a trabajar a Santiago, porque hay más posibilidades de hacer un trabajo como Dios manda. Llevo ya cinco años aquí, y uno, aunque no quiera, deja buenos amigos, y cambiar es siempre una aventura desconocida, de la que uno nunca sabe cómo saldrá. (90)

Ciertamente, seria «una aventura desconocida de la que uno nunca sabe cómo saldrá». A primeros de junio hace el traslado a Santiago, y con él se sitúa en el lugar donde, sólo tres meses y medio más tarde, le tocará vivir el último y más importante acontecimiento de su vida.

11. Joan se traslada a Santiago

Cuando Joan llega a la capital, el general Prats ya no es ministro del interior. El gabinete militar que se había formado después de la huelga patronal de octubre de 1972 renunció el 23 de marzo de 1973, después de las elecciones parlamentarias, y se constituyó un nuevo gobierno totalmente civil. El 19 de abril los mineros de El Teniente iniciaron una huelga en demanda de mejoras salariales, que duró 74 días --hasta el 3 de julio-- con un coste de casi un millón de dólares diarios. Durante el mes de mayo se produce un enfrentamiento armado entre militantes de extrema derecha y de extrema izquierda que deja un muerto y dos heridos graves entre los primeros. Doce días más tarde se efectúa un registro en los locales del movimiento de ultraderecha «Patria y libertad»; se requisan gran cantidad de armas y son detenidos varios de sus militantes. Durante el mes de junio, la oposición se atrinchera en el congreso: primero exige juicio parlamentario de responsabilidad, por la falta de alimentos, contra el ministro de economía. Orlando Millas; luego suspende a los ministros de minería y de trabajo, y finalmente declara inexpropiables las fincas agrícolas de superficie inferior a 40 hectáreas. El 14 de junio se logra detener una marcha de los mineros de El Teniente sobre Santiago; aunque no se produce violencia ni hay víctimas, la medida sirve para justificar nuevas acusaciones contra la «dictadura marxista», pretexto con el que se desatan nuevos conflictos gremiales. El 27 de junio fracasa un atentado de extrema derecha contra el general Prats, aún comandante en jefe de las fuerzas armadas, y se declara el estado de emergencia en Santiago. El 29 de junio se produce el primer intento violento de golpe de estado, conocido como el «tanquetazo»: un sector del regimiento de blindados de Santiago se rebela a las órdenes del coronel Roberto Souper, y durante unas horas pone sitio al palacio de La Moneda, que no se rinde gracias a la acción decidida de la guardia presidencial de carabineros y del general Prats. El intento deja un saldo de 22 muertos y un número indeterminado de heridos. Siete emisoras y dos diarios son clausurados por incitación al golpe. Para la oposición son otras tantas muestras del régimen «dictatorial» de Salvador Allende. Se declara el estado de emergencia en todo el país, pero el congreso deniega al presidente los plenos poderes que había solicitado para afrontar la situación. Al cabo de cuatro días termina la huelga de El Teniente; dimite todo el gabinete, y es designado uno nuevo, también civil.

Este mes de junio tan agitado es el primero que Joan pasa en Santiago. El Servicio Nacional de Salud, teniendo en cuenta los buenos resultados obtenidos en el examen de grado y el hecho de ser ya jefe de personal titulado, dispone su traslado al hospital de San Juan de Dios, de la capital, para que se haga cargo, el 1 de junio, de la oficina de personal de este gran centro hospitalario que emplea a 3.000 funcionarios (91). Tiene a 15 personas a sus órdenes. «Entre todos debemos controlar los contratos, derechos y deberes de todo el personal, y su movimiento» (92), «o sea que tengo que mirar que todo funcione, un buen jaleo. Hay gente de todo tipo. Unos que trabajan, otros que hacen como que trabajan, y otros que cada día llegan cansados al trabajo» (93). «El hospital está en la parte oeste de la capital. Trabajo no me falta. Y no salgo cada día a la hora que debiera» (94)

Desde el punto de vista de la iglesia, antes del traslado había hablado con uno de los obispos auxiliares de Santiago, don Fernando Ariztia, hombre sencillo, pobre, comprometido con el pueblo, que habría de jugar un importante papel a la hora de esclarecer los últimos días de Joan y que, después del golpe, tendría igualmente una actuación muy valiente ante la junta de defensa de los perseguidos, torturados y desaparecidos. De común acuerdo deciden que se ponga a las órdenes del vicario espicopal de la zona sur de Santiago, Paúl Laurin, y que viva en una de las barriadas extremas, la población J. M. Caro, con el consiliario nacional del MOAC, Alfonso Baeza. Su nuevo vicario episcopal escribe:

Cuando me pidió que lo recibiera en mi zona, sin titubear un momento le di mi más cordial bienvenida. El vicario de San Antonio me dijo:

«¿Cómo puede usted recibir a un cura que yo saco de mi zona pastoral ?». A lo que yo respondí: «¿Cómo puede usted molestarse siendo que acepto plenamente sus planteamientos ? además, de lo contrario ¿en qué queda la caridad sacerdotal?» (95).

Y su nuevo compañero de vivienda, el consiliario nacional del MOAC, añade:

Juan se vino a Santiago con la autorización del vicario episcopal de la zona y con el conocimiento del cardenal. Se vino a vivir a mi casa, siendo recibido como un sacerdote de la diócesis de Santiago de la zona sur y reconocido como el asesor del MOAC en esta zona. Me tocó «defender» su estilo sacerdotal ante el vicario episcopal de San Antonio. Apreciaba a Juan, pero nunca llegó a comprender lo valioso de su trabajo en el hospital, y el estilo de ser sacerdote que tenía. Recuerdo que en una oportunidad le hice resaltar el hecho de que Juan era uno de los pocos sacerdotes que en ese momento trabajaban y al mismo tiempo realizaba tareas parroquiales. Para casi la totalidad de los sacerdotes que trabajaban, no había compatibilidad (96). Por eso, cuando fue trasladado a Santiago, le ofrecí mi casa. Yo salí ganando por su compañía y porque era un gran cocinero. (97)

Al cabo de unas semanas de llegar a Santiago, Joan escribe a su familia:

Como creo que ya os dije en la última carta, vivo con un compañero sacerdote con el que ya había trabajado en el MOAC. Tenemos una casita muy bonita y acogedora, en la que cabemos bien los dos. Y, sobre todo, tiene una cocina muy amplia con todo lo necesario. No me puedo quejar. Claro que ahora gasto un poco más, pero me suben el sueldo y esto me permitirá seguir el mismo ritmo de vida que antes que nunca ha sido de lujo, pero que tampoco me hace morir de hambre. (98)

Así pues, desde el punto de vista pastoral, Joan no lleva ninguna parroquia, pero le encargan que ocupe el puesto de consiliario de los grupos del MOAC de la población J. M. Caro, donde reside, y también que, a partir de julio, dedique los domingos a ayudar a una población vecina donde no hay sacerdote, diciendo misas según las necesidades. Y que haga bien el trabajo del hospital, que ya es bastante. Las relaciones humanas son amistosas :

El vicario de la zona pastoral de Santiago me recibió con los brazos abiertos. Con el consiliario nacional del MOAC siempre nos hemos llevado muy bien, pues habíamos trabajado juntos en la formación de unos equipos en San Antonio, y me ofreció su casa y su compañía.

El 23 de junio escribe a un compañero sacerdote de Girona y le hace un resumen de los últimos acontecimientos y de la nueva situación:

Podría contarte muchas cosas de mi vida, pero me he vuelto casi tan gandul como tú en eso de escribir.

Y como las cartas no puedo encargárselas a la secretaria, me cuesta más trabajo. Estoy en Santiago, a cargo de la oficina de personal de un hospital que tiene unos tres mil funcionarios. O sea que trabajo no me falta. Durante el año pasado tuve problemas con mi famoso vicario episcopal, hasta el punto que me planteó que dejara o el sacerdocio o el trabajo. Y como no deseaba dejar ni una cosa ni otra, decidí, de acuerdo con mis compañeros, hacer un curso de administración de personal que me capacita para ser jefe de la oficina de personal. Hice el curso, la memoria, cuatro meses de prácticas y un examen de grado, y después, pedí el traslado al servicio, y me asignaron un hospital de gran complejidad administrativa. Figúrate, una empresa del estado y con tres mil funcionarios. Trabajo con un grupo de la HOAC, y ahora empiezo a estar metido en un centro de cultura obrera. Como puedes suponer, no me han encargado ninguna parroquia, sino que hago el ministerio por libre. Aunque me dolió salir de San Antonio, porque creo que había que dejar mejor asentadas una serie de cosas, creo que me ha sido beneficioso. Pues quema más luchar por quedarse en la iglesia que por salirse de ella. Que a veces uno tiene ganas de decir: «Iros a la mierda, ya os apañaréis, que yo de hambre no voy a morirme». Además, el hecho de trabajar donde quiera y como quiera es mucho mejor que estar aguantando viejas estructuras de parroquias con una sacramentalización que no conduce a nada.

El trabajo en el nuevo hospital poseemos el testimonio de un matrimonio amigo que nos explica el temperamento y la forma de actuar de Joan durante su estancia en Santiago y la rectitud con que ejercía su cargo en el hospital:

Desde su traslado a Santiago fuimos amigos inseparables. Nuestra amistad crecía más cada día. Juan no sólo fue un amigo, sino nuestro guía espiritual, tanto en nuestros problemas matrimoniales como en otros de cualquier índole.

Recordamos y con orgullo que siempre íbamos después de nuestros horarios de trabajo, de cinco y media a seis y media, a las concentraciones. Una de ellas fue en el tiempo del «tanquetazo», que nos fuimos a las seis horas al llamado de nuestro presidente.

Juan nunca ocultó en su trabajo su sacerdocio, al contrario, siempre lo dijo. Lo que no le gustaba era que sus compañeros de trabajo y amigos le trataran como tal. No quería que vieran en él al «cura» ni se le tratara con ese respeto que en Chile acostumbra a tratarlo el cristiano «pechoño» (beato). Le gustaba ser tratado como a sus semejantes. Que vieran en él antes que nada al amigo y que no existiera protocolo y que se le tuteara. Con esta línea Juan ganó muchos amigos. No sólo con eso. Juan irradiaba simpatía, felicidad. Quienes estuvimos cerca de él nos dimos cuenta de cómo se acercaba a uno. Juan, dentro de su trabajo, no sólo se limitó a cumplir su tarea, sino a ayudar a los compañeros, haciendo de esta manera su apostolado. Nunca fue político. Era de izquierdas, eso sí, pero jamás integró un partido. Fuimos muchos los que quisimos hacerlo integrar en un partido político, pero su respuesta siempre fue negativa. (99)

Tal vez la razón por la que Joan nunca quiso comprometerse con ningún partido político la podemos encontrar en las anécdotas que hemos podido recoger:

Un día, cuando estaba en el San Juan de Dios, nos contó indignado:

«Hace días veo salir personal con paquetes, y esto me llamó la atención. Hoy fui a hacer una revisión e inspección a los casilleros. Tuve una sorpresa muy desagradable. Me encontré con un armario lleno de detergente (Rinso, Omo, muy escasos en este tiempo). Pregunté a quién pertenecía. Era de un compañero de trabajo, de partido de izquierda, para venderlo al mercado negro». Juan dio orden inmediata de venderlo a precio oficial a todas las personas, fuesen de la ideología política que fuesen. (Otro jefe de izquierda hubiera tratado de ocultar la maniobra. Juan, no. Le obligó a venderlo a precio oficial entre todos). Una compañera de trabajo conversó con Juan y le contó sus problemas matrimoniales, además de decirle que su esposo no podía ver a los curas. Juan le contestó que si él fuera su marido haría lo que hace un padre con sus hijos: la tomaría, la pondría de rodillas y le daría unos buenos azotes. Esta señora lo contó a su esposo. A los pocos días llegó este señor a buscarla y dijo a Juan: «Hoy he cambiado de parecer hacia los curas. Muchas gracias. Por tí he logrado arreglar mi matrimonio».

De personas que trabajaron con Joan he escuchado estas referencias :

Juan fue el único jefe de personal que logró poner orden en el hospital. Otro dijo: Como el padre Juan no había otro. Logró poner orden en el departamento. Jamás nos dejaba parar el trabajo a las 14 ó a las 15 horas para ir a una concentración, fuera ésta UP o DC o Nacional. Siempre nos decía: «Señores, aquí se trabaja hasta las 17,30; después de esta hora, vayan a la concentración que quieran». Una jefa que no quería saber nada con la izquierda dijo: Juan fue un hombre recto y criterioso. El hospital ganó con la designación de Juan. Tenía grandes cualidades de líder. La gente escuchaba lo que Juan decía y planteaba. (100)

Disponemos de un último testimonio que tiene un especial valor por proceder de un miembro de la oposición, actual adherente a la Junta Militar:

A los pocos días de estar en el hospital llegó uno con una carta de recomendación de un político importante para que quedara contratado. Juan rompió la carta delante de él y le dijo: «Aquí tú respondes por lo que vales y no por la recomendación. Porque aquí puede venir el más momio de los momios y trabajará conmigo si responde a su trabajo.

Yo soy momio y juntista, pero ojalá hubiera habido muchos izquierdistas como Juan y no la pila de bandidos que se amparaban en las ideas y producían desorden. (101)

El «tanquetazo»

Aunque concede prioridad a su labor profesional en el hospital, Joan no se desentiende de la marcha política del país. El 30 de junio escribe una larga carta a sus hermanos en la que explica y analiza los hechos ocurridos la víspera. El juicio que emite sobre el «tanquetazo» refleja el de muchos otros chilenos, que no podían creer que las fuerzas armadas pudiesen romper su larga tradición constitucionalista para levantarse contra un gobierno constitucional. Y, como siempre, trata de tranquilizar a los suyos:

Ayer fui a San Antonio, y encontré vuestra última carta, en la que me felicitáis por mi santo; como veo que no habéis recibido algunas de las últimas cartas que he escrito, aprovecho ahora para escribiros otra, pues los hechos de ayer en Santiago, que supongo conoceréis por la prensa y la radio de ahí, os deben tener un poco intranquilos. Ayer, justo cuando viajaba para San Antonio, por radio dieron la noticia de que un regimiento del ejército se había levantado y que tenían los tanques delante del palacio presidencial, y que exigían que la guardia del palacio se rindiera y entregara la casa, y, por supuesto, el poder. Dispararon los tanques, las ametralladoras de uno y otro bando, y a las 11 el ejército leal, que era mayoría, dominaba la situación y los rebeldes se rindieron.

Parece un cuento de niños, pero os aseguro que la gente andaba bastante acojonada. Yo regresé a Santiago a las 3 de la tarde, y ya reinaba la calma, aunque la gente aún seguía muy asustada.

Hacía ya días que la DC y la extrema derecha andaban buscando camorra. A pesar de que ellos lo negaban todo, el gobierno denunció la preparación de una revuelta en diversas ocasiones. La derecha siempre lo desmintió. El jueves pasado aparecieron unas declaraciones del ministro de defensa del gobierno anterior en las que decía que el golpe de estado no era posible, y que se trataba sólo de una intención del gobierno actual para ocultar otros problemas. Ayer los hechos demostraron que no. La derecha no se resigna a perder los privilegios que tenía desde hace tanto tiempo, ni a que los de abajo puedan estar mejor.

Esta mañana he ido a la oficina, y el centro de Santiago está en calma, aunque estamos en estado de emergencia y hay que retirarse temprano a casa. Ayer por la tarde hubo una concentración de adhesión al gobierno constitucional a la que, por supuesto, asistí, y todo estaba tranquilo.

¿A qué se debió el fracaso del golpe? Creo que en este país la gente habla mucho, pero a la hora de la verdad se echa atrás. Hay un grupo de civiles y militares que piensan que se trata sólo de armar jaleo, y que todos los demás les seguirán. Pero ayer se vio que no. Que el regimiento que se levantó estaba solo y que las demás fuerzas, de las que se dudaba, respondieron con su lealtad al gobierno y al pueblo. Creo que la próxima vez se lo pensarán mejor. Pues los que se levantaron ayer pasan a la justicia militar, y tienen por unos cuantos años en el calabozo, si es que no los fusilan. En cuanto a mí, no os preocupéis, estoy ufano como una lechuga.

Sin embargo, el secretariado nacional de Cristianos por el Socialismo da un toque de alerta más penetrante e incisivo que la interpretación de Joan. Con fecha 5 de julio dirige una llamada a los pobladores titulada: Amigo cristiano: ahora... ¿estas con el pueblo o contra el pueblo? En los párrafos más destacados, advierte:

Lo que hemos logrado los obreros, los mineros, los campesinos, los pobladores, está amenazado. Las conquistas de los pobres son demasiadas según la derecha.

Los poderosos han decidido usar la violencia reaccionaria para destruir lo conquistado, para perseguir a los que queremos cambios.

Vemos que los jefes de la DC se han olvidado de nosotros y de su cristianismo. En las palabras dicen que son cristianos, humanitarios y pluralistas. Pero en los hechos andan hoy del brazo del Partido Nacional. Los cristianos debemos estar dispuestos a defender las conquistas de nuestro pueblo, que camina y se libera. Es ahora cuando tenemos que poner en práctica las palabras de Cristo: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos». Es por eso que no debemos seguir los pasos de la DC, que divide y engaña al pueblo.

Sigue una llamada a los diversos sectores de la población:

creyentes, pobladores, mujeres, independientes, y apolíticos para que abran los ojos y vean que es imposible estar simultáneamente en los dos bandos. Les invita a incorporarse a la lucha del pueblo, y añade:

A ti, que eres soldado y carabinero. Tú que has dejado nuestras familias y has elegido el difícil camino de las armas, te exigimos que veas en cada hombre del pueblo a tu hermano, a tu madre, a tu compañera. Tu alternativa es, o morir defendiendo los intereses de los capitalistas o vivir defendiendo el futuro de los obreros. A ti te repetimos: «Soldado amigo, el pueblo está contigo».

Y entre las instrucciones y tareas que señalan, hay una que dice: «Fraternizar con nuestros hermanos de clase, los carabineros y soldados que viven en nuestras poblaciones»

Carta de despedida a los amigos de San Antonio

Estamos ya en julio. Aunque Joan había preparado la partida de San Antonio con gran esmero, para no provocar más dolor del necesario, no pudo llegar a todas las familias para explicarles las razones de su traslado. Ahora, cuando lleva ya más de un mes ausente de San Antonio y puede mirar las cosas con mayor serenidad, decide escribir una carta pública de despedida que es una profunda expresión de sus sentimientos como hombre de iglesia y como hombre de fe. En ella se traslucen el dolor por la partida, las anteriores dificultades por ser comprendido y formar un equipo con los demás compañeros, el gran don que significó para él la labor profesional, la conciencia de los límites de su tarea, el agradecimiento por lo que ha recibido de los demás, su estilo tan personal de «abrir caminos», la sequedad de la experiencia del desierto, y, sobre todo, el sentirse un constructor más de reino que está más allá de las simples coordenadas de la historia, y que, por lo tanto, puede tener golpes ocultos, incomprensibles a los ojos inmediatos y humanos. Su referencia a Cristo como principio y fin de todas las cosas nos recuerda la vivencia central de su Ultimo escrito: «¿Entendéis ahora lo que significa el cuerpo de Cristo?... El nos acompaña siempre, dondequiera que estemos». Joan redacta su carta de despedida a San Antonio con una paz interior que contrasta con las tensiones externas del país. Si se tienen en cuenta los acontecimientos posteriores, sus palabras adquieren un significado que transciende la estricta contingencia histórica que las provocó:

Amigos de la zona rural-costa:

Antes de irme de la zona hubiera querido conversar un poco con todos. Y despedirme, y agradecer todo aquello que he recibido de ustedes, que sin exagerar, es infinitamente más de lo que yo he aportado. No fue posible.

Primero que todo, tengo que agradecer. Agradecer todo aquello que aprendí de todos ustedes. En la Zona di mis primeros pasos en Chile. Agradezco a todos aquellos que pacientemente fueron ayudándome a comprender la idiosincrasia de nuestra gente, y de nuestra iglesia, con todas sus grandezas y sus limitaciones. Agradezco a todos la posibilidad de haber convivido y trabajado juntos, desde posiciones y mentalidades distintas, empeñados en la búsqueda honesta de una iglesia más pura y más servidora.

Sé que hubiera podido trabajar más y hacer las cosas mejor. Cuando se mira una situación a distancia uno ve con más frialdad las cosas. Pero también sabemos que no todo está ganado ni todo perdido. Porque la iglesia no empieza ni termina en ninguno de nosotros y sabemos que sólo Cristo es el arquitecto del reino. El es el principio y el fin de todas las cosas. No, ninguno de nosotros...

Debo un recuerdo especial a los cristianos de San Antonio. Hubo tensiones y exigencias. Gracias a ellos, a los que me ayudaron a perfilar mi existencia sacerdotal en el trabajo. Me devolvieron algo muy importante de mí mismo. Gracias a los que tuvieron la honestidad de manifestarme en desacuerdos, sus temores, sus críticas. Me ayudaron a pensar, a revisar, a comprender algo que creo muy importante: nadie tiene el monopolio del espíritu. Esto vale especialmente para los sacerdotes del decanato, con quienes fuimos construyendo una unidad, dolorosa, tensa, superficial a veces, pero creo que fecunda.

Actualmente estoy en el hospital San Juan de Dios, y en el decanato Caro, en la zona sur. Vivo con Alfonso Baeza y trabajo en el MOAC. La iglesia es un ministerio de obediencia. No siempre fácil, ni siempre clara. Un día nos dicen «Ven», y venimos. Otro día nos dicen «Vete», y nos marchamos. Ojalá que a través de lo «humanamente absurdo» de nuestra vida sepamos descubrir el rostro de Dios, que muy a menudo se nos manifiesta a través de aquellos que parecieran los que más lejos están de él.

Quisiera desearles algo. Para ustedes y para mí. Que nunca nos sintamos satisfechos, que tengamos la audacia de buscar siempre nuevos caminos. Que sepamos aceptar el riesgo de equivocarnos, de no encontrar; en definitiva, la experiencia del desierto. Nuestra misión aquí no es gozar del reino, sino construirlo y acompañar a los demás en su búsqueda...

joan alsina

12. La última huelga patronal

Durante la huelga patronal de octubre de 1972, el congreso aprobó y el presidente promulgó la ley de control de armas. Con ella, los militares podían efectuar registros en fábricas, emisoras campamentos y viviendas sin mandamiento judicial. No obstan te, su aplicación a gran escala no empezó hasta después del fracasado golpe de estado del 29 de junio de 1973. Y lo más sorprendente es que la ofensiva no se dirigió contra la derecha, autora de decenas de atentados, sino contra la izquierda, y de forma especial contra las bases, los cordones industriales. Se inicia así una represión discriminada, al margen del gobierno, que recuerda la que sufrieron los comunistas treinta años antes. Durante el mes de julio, la tensión es extrema y los enfrentamientos continuos. El clima de rebelión, el desabastecimiento máximo y la carestía de la vida hacen la situación muy difícil. El 19 de julio el gobierno propone a la Democracia Cristiana el establecimiento de un diálogo que haga posible una solución por vías constitucionales. La Democracia Cristiana acepta, pero a cambio de establecer un gabinete militar con fuerte control sobre las gobernaciones y los municipios, lo que equivale a una claudicación del gobierno y de la coalición que le sustenta.

El 26 de julio empieza una nueva huelga de propietarios de camiones con la firme voluntad de llevarla hasta las últimas consecuencias. De hecho ya no terminará hasta la caída del presidente. Hay que tener en cuenta que Chile tiene 4.300 km. de longitud, con una red ferroviaria insuficiente (9,435 km.) frente a un considerable despliegue de carreteras (57.906 km.). Atacar este sector significa interrumpir la distribución de toda clase de artículos en cualquier punto del país. Es decir, que la derecha sabía dónde apuntaba. El demócratacristiano León Vilarin, líder de los camioneros, ya había previsto cómo evitar que los camiones volvieran a circular si el gobierno los requisaba, como hizo la última vez: inutilizándolos quitando alguna pieza clave del motor. Al día siguiente de iniciarse la huelga, un grupo de extrema derecha asesina al edecán naval de la presidencia, comandante Arturo Araya, que se había destacado en la defensa del palacio de La Moneda el día del «tanquetazo». A pesar de que la mayoría de los actos terroristas proceden de la derecha, las fuerzas armadas insisten en investigar y requisar las armas que puedan tener los grupos civiles de izquierda.

Cuando en Santiago la situación es tan tensa, y el odio y la violencia son el pan de cada día, adquiere un especial relieve la carta que Joan escribe el 22 de julio a sus hermanos, con ocasión del nacimiento del segundo hijo de su cuñada Carme, y en la que expone qué es el hombre y cómo deben ser educados los niños. otras circunstancias, estas reflexiones podrían sonar a «sermoneo», pero en las actuales, son la demostración de un vigor y una personalidad espiritual realmente sobrecogedores.

Espero recibir algún día las fotografías del niño. Me haría mucha ilusión, pues el niño hace dos meses ya que vino al mundo, y aún no sé nada de él. Y vosotros, ¿cómo estáis? Cuídate, Carme. Me dejaste un poco preocupado en la última carta que recibí de vosotros, en la que me decías que no se había cumplido tu ilusión de tener una niña. Ya te he dicho muchas veces que entiendo tu ilusión, y más aún desde tu experiencia concreta. Pero creo que las cosas no dependen de tradiciones o de fatalismos, del «tiene que ser así», sino que construimos nuestra vida de familia según nuestra libertad. Amad de veras y seréis amados. Enseñad a vuestros hijos a valorar la generosidad más que el egoísmo y el dinero, y vosotros seréis los primeros beneficiados con ello. No los eduquéis en una suavidad excesiva. Lo que hace al hombre no es la capacidad de ser servido, sino la capacidad de servicio, de entrega. No criéis niños egoístas ni bobos. Enseñadles a mirar juntos el futuro, y a que juntos construyan sus vidas, que, desde luego, será distinta de la vuestra, como nuestra vida es diferente de la de aquellos que nos precedieron.

Amar siempre significa enseñar a ser libres a los demás y a no poseerlos. Cuando entendemos el amor únicamente como un movimiento de posesión y no de entrega, lo pudrimos desde su misma raíz.

«Rebelión» de la marinería en Valparaíso

En los primeros días de agosto se conoce una noticia que conmueve la ya agitada vida política nacional. Más de cien oficiales, soldados y trabajadores de la marina son detenidos por orden de sus superiores porque no se han querido sumar a un nuevo intento de alzamiento contra el gobierno constitucional, promovido por oficiales de alta graduación. Se les acusa oficialmente de «insurrección» y todos ellos son salvajemente torturados para forzarlos a revelar posibles conexiones. Veinte de ellos son declarados culpables.

Un comité de apoyo de la marinería antigolpista, integrado por numerosas organizaciones obreras, profesionales, estudiantiles, políticas y religiosas, entre las cuales está el movimiento de Cristianos por el Socialismo, hacen pública una declaración en la que, entre otras cosas, dicen:

¿Cuál es el delito que justifica estos vejámenes? Lo único que se ha dicho es que no cumplieron sus deberes militares. Pero no se dice que en Chile nunca ha sido desobediencia e incumplimiento del deber no acatar las órdenes ni aceptar las arengas de oficiales dispuestos a derrocar al gobierno constitucional y reprimir al pueblo. A los ricos de este país no les conviene que el pueblo de Chile descubra que en Chile hay dos justicias: la justicia de la burguesía y los poderosos y la justicia que sufre el pueblo trabajador. La justicia que ha recibido el coronel Souper (jefe del levantamiento del 29 de julio) y la justicia que ha sufrido el sargento Cárdenas (uno de los principales represaliados por «desobediencia militar»). Lo que estos hermanos de clase han hecho, el conjunto del pueblo lo valora profundamente. Hoy este grupo de marineros ha hecho suya la larga lucha que en nuestro Chile han dado los obreros, campesinos profesionales y organizaciones de masas. Hoy este grupo de marineros es símbolo para todos los sectores del pueblo uniformado. Pueblo y soldados unidos formarán la patria nueva.

Ante la gravedad de los hechos, y a fin de reanudar el diálogo con la Democracia Cristiana cumpliendo sus condiciones, el 9 de agosto se crea un nuevo gabinete llamado de «seguridad nacional», con participación de los tres comandantes en jefe de las fuerzas armadas y del director general de carabineros, medida sin precedentes en la historia del país. Y es que a los hechos antes citados, se suma ahora la incorporación a la huelga de camioneros de otros muchos gremios profesionales. Y entre ellos, el colegio de médicos.

Los médicos se incorporan a la huelga patronal

Consultado el presidente del colegio de médicos sobre si esta huelga sería perjudicial para los enfermos, contestó: «Estamos en guerra contra el gobierno, y todas las guerras producen muertos» (102). El secretario general del mismo organismo pronuncia palabras semejantes: «Va a morir gente o se va a morir el país. Es lo mismo que en una guerra, uno tiene que matar». Con ello no hacen sino repetir las consignas del secretario general del grupo de ultraderecha «Patria y libertad», Roberto Thieme, que también había declarado: «Si el precio de la libertad es la guerra civil, tendremos que pagarlo. No es la primera vez, ni será la última, que la civilización, para subsistir, deba apelar a este terrible remedio».

El consejo nacional del colegio de médicos se recluta únicamente entre profesionales que ejercen en las mayores ciudades del país, Santiago, Valparaíso o Rancagua, lo cual garantiza el control absoluto de la derecha sobre una profesión ya históricamente clasista, puesto que el mayor porcentaje de médicos de izquierda se da entre los médicos jóvenes que ejercen en provincias.

Durante el mes de julio se había reunido el consejo regional de Rancagua, y había acordado la siguiente:

Reclamamos de nuestro consejo un liderazgo en la lucha por defender los valores democráticos. Si el marxismo se impone, con toda la fuerza y brutalidad que conocemos, no tendrá importancia el problema de la medicina curativa ni el SERMENA (servicio fiscal de atención sanitaria para profesionales y altos cargos de la administración pública, distinto del Servicio Nacional de Salud para el resto de la población asalariada), que no existirá, e incluso nuestro colegio, que tendría que desaparecer. Insistimos a nuestro consejo nacional que solicite al colegiado Salvador Allende su renuncia a la presidencia de la República.

En la misma sesión se presenta una «acusación» formal para ser aprobada: «Se acusa al doctor Allende de fraude a la Constitución, destrucción del estado de derecho, violación descarada de las garantías constitucionales, llevar al país a la dictadura del Partido Comunista, asesinato despiadado y cobarde, etc., etc»..

La orden de huelga fue seguida por la mayor parte de médicos durante el mes de agosto. Sólo un 20 al 45% no la acataron, y estos médicos sufrieron fuertes represalias, intimidaciones, e incluso atentados dinamiteros contra diversas instalaciones del servicio asistencial.

Pero frente a la ausencia de asistencia médica se creó el «Frente patriótico de profesionales y técnicos», que reunió al 25% de médicos y entre el 35 y el 40% de enfermeras, comadronas y otros funcionarios del SNS que no quisieron sumarse a la huelga. Se crearon igualmente los consejos locales de salud o «comités de defensa de la salud del pueblo», en los que se integraban los pobladores, que, junto con médicos y personal sanitario, lanzaron campanas de control de la diarrea infantil y la bronconeumonía, a base de la incorporación activa del núcleo familiar (103).

Podemos imaginar cuál fue la actitud de Joan. No nos consta que abandonara un sólo día su trabajo. Pero entendemos también que ello le había de acarrear fuertes enemistades. El 29 de agosto escribe a la familia:

Por aquí las cosas siguen tranquilas, pero con una tranquilidad tensa. Hay mucha intervención militar en el gobierno, cosa que nos da la segundad de que no va a haber golpe de estado, pero también el precio que pagamos por ello es que el proceso de socialización va más lento. Yo, con el trabajo de la oficina y el de los grupos, ya tengo el tiempo ocupado, así que no me queda para dedicarlo a otras actividades, digamos que peligrosas.

Sin embargo, la verdadera opinión de Joan durante este mes de agosto la conocemos gracias al testimonio de un amigo de San Antonio al que visitaba a menudo cuando iba a dicha ciudad

A principios de agosto de 1973 vino a mi casa y estuvimos conversando bastante sobre lo que estaba pasando, en aquellos momentos, aquí en Chile: paro de los camioneros, cierre de los comercios... Los comerciantes cometieron el crimen más grande que recuerda nuestra historia., escondiendo los alimentos y revendiéndolos hasta tres veces su valor. Juan esa noche me dijo: «Compadre, en Santiago la cosa anda mal. No sé si podré venir muy seguido, porque estoy temiendo lo peor. Y lo malo es que, si pasa algo --como un derrocamiento del gobierno-- el que va a pagar las consecuencias va a ser el trabajador. Me amarga mucho esta situación, porque no es lo que Cristo quiere, pero desgraciadamente es así: el cagado es siempre el más débil, el pueblo» (104)

13. La conjura

En efecto, en Santiago la situación es cada vez más tensa. A mediados de agosto se ha producido un atentado con dinamita que ha hecho saltar una torre de alta tensión y dejado a oscuras la capital y cuatro provincias de la zona central. En contraste con las declaraciones de la derecha y la ultraderecha, Allende anuncia: «Estamos al borde de una guerra civil y hay que impedirla», revelando así una de las ideas más persistentes de sus últimos días: su terror visceral a un enfrentamiento fraticida, que podría dejar un elevado número de muertos en ambos bandos. Es fácil que el espectro de la larga y dolorosísima guerra civil española resucitara en el espíritu del último y más cualificado responsable del proceso chileno, produciendo en él un conjunto de condicionamientos que marcarían decisivamente sus últimas decisiones políticas. Durante las semanas siguientes la ola de atentados irá creciendo hasta crear una situación de caos total.

El 17 de agosto la Democracia Cristiana anuncia oficialmente que apoya la huelga de transportistas. Circulan rumores de un inminente alzamiento de la fuerza aérea. El 22 de agosto, en los alrededores del edificio del congreso tienen lugar enfrentamientos entre militantes del Partido Comunista y del Partido Nacional; con un saldo de 12 heridos, 6 de ellos de bala. La cámara de diputados denuncia que el gobierno ha hecho de la violación de la Constitución «un sistema permanente de conducta». Un volante de «Patria y libertad» postula: «Allende se encuentra frente a dos alternativas: renuncia o se suicida». Y la cámara de diputados, con mayoría de la oposición, plantea a los militares el dilema de elegir entre el legislativo o el ejecutivo.

El 22 de agosto tiene lugar un hecho trascendental: el general Carlos Prats, comandante en jefe de las fuerzas armadas y ministro de defensa, se reúne con los generales del estado mayor del ejército y les pide que condenen los insultos que ha recibido el día antes por parte de las esposas de algunos de ellos, en el curso de una manifestación delante de su residencia. (Para incitar al golpe, también era frecuente que los generales Constitucionalista recibiesen sobres anónimos con plumas de gallina, para indicar que si no intervenían eran unos «gallinas»). Algunos generales se solidarizan con Prats, pero otros se niegan. El día siguiente, 23 de agosto, el general Prats presenta al presidente Allende su dimisión irrevocable, en un nuevo intento de mantener cohesionadas las fuerzas armadas. Sigue creyendo que éstas son la última garantía de mantenimiento del gobierno, y se elimina a sí mismo como posible factor de división. Y recomienda a Allende que designe como sucesor al general que había dado más pruebas de identificación con la doctrina militar tradicional y que mejor podía garantizar la unidad y disciplina de las fuerzas armadas: Augusto Pinochet Ugarte...

De esta forma el gobierno queda falto de su puntal más sólido, y totalmente a merced de quien todos conocemos... La extrema habilidad de Pinochet consigue engañar a los que le rodean, y así llega a la comandancia en jefe de las fuerzas armadas por la puerta grande y sin levantar la más leve sospecha. Ha llegado su hora, y desde su cargo privilegiado va a iniciar la gran partida de ajedrez en la que moverá las piezas de tal forma que a la hora del asalto final, la victoria estará asegurada.

Como comenta Joan E. Garcés, el valenciano asesor político de Allende, el error político de Prats consistió «en creer que la personalización, en un sujeto, de los dilemas colectivos podía resolver, al desaparecer el primero, los conflictos de los segundos, lo que le llevó a aceptar la ilusión de que su alejamiento del ejército satisfaría las exigencias de sus adversarios y contribuiría a conservar la unidad detrás del gobierno. Pero en realidad facilitó la unidad de acción de los conjurados» (105)

El mismo día de la dimisión del general Prats, Allende acusa a la cámara legislativa de «promover el golpe de estado» y de «incitar a la destrucción de las instituciones democráticas y apoyar a los que conscientemente andan buscando la guerra civil», pues --tal como afirma-- los diputados «han exhortado formalmente a las fuerzas armadas y carabineros a tomar una posición deliberante ante el ejecutivo».

El 26 de agosto es detenido Roberto Thieme, líder de «Patria y libertad». Confiesa su participación en el atentado de la torre de alta tensión y admite que su actuación va sincronizada con la huelga de camioneros y otros gremios profesionales. No se le somete a ningún tipo de tortura. El mismo día, diversas emisoras de radio difunden proclamas subversivas sin que el gobierno pueda evitarlo, pues el congreso le tenía atado de pies y manos al haberle negado los poderes que había solicitado.

El último día de agosto se produce la primera «jugada de ajedrez» importante en las filas del estado mayor. El titular de la comandancia en jefe de la fuerza aérea, general Ruiz Danyau, es sustituido por el general del aire Gustavo Leigh, futuro e importantísimo protagonista de los acontecimientos del 11 de septiembre...

«La derecha se lo juega todo para recuperar el poder»

Empieza el mes de la tragedia. El 1 de septiembre Joan escribe dos cartas: una a un compañero, y otra a la familia:

Por aquí las cosas andan difíciles. Las contradicciones se han ido agudizando cada vez más y el ambiente se hace denso. Ahora mismo tenemos a los médicos en huelga por motivos políticos, y a las enfermeras también. La tensión crece cada vez más y la derecha está utilizando a fondo sus últimas oportunidades para volver al gobierno. (En la segunda carta: «la derecha se lo juega todo para recuperar el poder»). Es difícil predecir cómo va a terminar esto. De todos modos, el pueblo es sensato y la serenidad se impondrá. No os puedo dar más información porque últimamente he estado muy ocupado por el trabajo y no he tenido mucho tiempo para charlar con los amigos.

Notemos que Joan dice que «ahora mismo tenemos a los médicos en huelga», y no, por ejemplo, «ahora mismo nosotros estamos en huelga». Es clara, pues, su permanencia en el trabajo.

Su modo de actuar se manifiesta también en el hecho de que, a pesar de la efervescencia que vive Santiago en estos últimos meses, aún le queda tiempo para dar unas horas de clase en la escuela de «mandos intermedios» del Servicio Nacional de Salud, mientras sigue con sus grupos del MOAC, atiende una barriada sin sacerdote, e inicia otro grupo nuevo de cristianos que trabajan en el área de la salud.

El trabajo con los grupos va bien. Además del MOAC, va creciendo poco a poco pero con seguridad un grupo de cristianos preocupados por el problema de la salud de la población. Nos reunimos una vez al mes. Normalmente el último domingo de cada mes. Somos gente de distintos hospitales y centros de salud. (106)

En la misma carta a la familia, del 1 de septiembre, alude a la falta de comestibles, tratando de tranquilizar a sus padres.

Últimamente llegó un número de Vida Católica que traía una carta de mossén Jesús Teixidor en el que decía que en Chile había problema de abastecimiento y que poco menos que pasábamos hambre. Es verdad que hay ciertas cosas que son difíciles de encontrar, pero si uno no es goloso y come de todo, no hay problema. Yo, gracias a Dios, no paso hambre. Hasta tengo tres pollos a pensión para matarlos cualquier día. Claro que no puedo comer filete de temerá todos los días, pero no me falta nada. No entiendo cómo gente que ha pasado hambre, de golpe y porrazo se ponen sibaritas y se quejan si no tienen caviar. Lo que pasa es que nunca se han espabilado. Con Alfonso, que es el cura con el que vivo, de vez en cuando vamos a San Antonio, y allí, que tengo más amigos, hacemos provisiones para todo el mes, y como tenemos una buena nevera, no nos falta nada.

El día 3 de septiembre va precisamente a San Antonio a visitar a una familia amiga:

Conversamos nuevamente sobre el tema de actualidad: la política, siempre mirada por nosotros en el plano de la fe en Cristo. Pero no podíamos hacer nada. El pensaba que la suerte ya estaba echada. Me acuerdo que comimos unos mariscos y congrios, que le gustaban mucho. Nos tomamos una botella de vino, y después estuvimos conversando de lo que él estaba haciendo en Santiago. Yo le hice algunas bromas, porque veía que la posición de la iglesia en aquellos momentos era muy observativa. Me acuerdo que le dije: «Juan, ¿por qué no mandas todo a la mierda como cura y te casas como han hecho otros curas, que dejaron los hábitos y viven felices?». El me dijo con esa seguridad en sí mismo: «No, compadre, yo sigo cura hasta que Dios quiera. Además, no sirvo para estar amarrado a nadie como vos, huevón». Nos reímos bastante, nos echamos un montón de tallas (bromas) y como a las dos de la mañana me dijo: «Bueno, compadre, quién sabe cuándo nos volveremos a ver, pero tengo que irme porque mañana, o mejor, dentro de un rato, tengo que hacer una misa en la parroquia de San Antonio». Nos despedimos, pidiéndole que se cuidara, sobre todo en Santiago, que era donde la cosa estaba más revuelta. Me dijo: «No se preocupe, compadre, yo tengo quién me cuide. Tú pórtate bien y cuida a tu señora y a los niños, y, si algo pasa, que sea lo que Dios quiera. Pero debemos seguir luchando por el camino de Cristo, que el premio es grande cuando uno se entrega sin recibir nada». Así fue nuestra última conversación. Tal vez muchas cosas se me olviden, pero lo más importante y lo que más recuerdo de mi hermano Juan es lo que cuento en este relato. (107)

Llega el 4 de septiembre, tercer aniversario del triunfo electoral de la Unidad Popular. Es el día en que Allende tendrá su último contacto directo con el pueblo que, en una imponente manifestación multitudinaria, le ratificará de nuevo su confianza.

Hoy se celebra en Chile el aniversario de la victoria de Allende. Ha habido una concentración grandiosa. Dicen que éramos más de un millón de personas. Era algo grandioso. A pesar de todos los problemas, la gente quiere seguir adelante.

Después he ido al trabajo. He encontrado a gente de San Antonio que había venido a la manifestación. Ya os podéis figurar la alegría que me han dado. (Tú, Carme, siempre te reías de los recuerdos que había dejado en Malgrat. Piensa que en Malgrat pasé dos años, y en San Antonio, cinco. Imagínate cómo debe ser).

Después he venido corriendo a casa a cenar. He cenado como un rey (patatas y guisantes y una buena chuleta, café, etc), y ahora, a trabajar un rato, que mañana tengo que preparar un trabajo para una revista del movimiento obrero. Estoy contento. Sé que no os atrevéis a decirlo, pero esta alegría mía a veces os deja como un sabor agridulce. Dulce porque nos queremos y estamos contentos con las alegrías comunes. Agrio, porque no podemos compartirlas de cerca. Así es la vida. Nunca sabemos dónde llegamos a encontrar la felicidad.

Al día siguiente estalla el conflicto entre la marina y el ejecutivo, porque la Unidad Popular ha presentado denuncia y defiende públicamente a los marineros y suboficiales «flagelados bárbaramente» a principios de agosto. El consejo provincial de campesinos de la provincia extrema de Magallanes alza su grito de protesta contra las instituciones militares por la forma violenta con que realizan los habituales registros de viviendas de campesinos simpatizantes de la Unidad Popular, al amparo de la ley de control de armas. Como respuesta, el general Manuel Torres de la Cruz declara que las fuerzas armadas no se darán descanso en su afán por descubrir y castigar a los «indignos chilenos y a los indeseables extranjeros».

El 6 de septiembre tiene lugar un enfrentamiento entre los camioneros en huelga y las fuerzas de los carabineros. En ellos muere el conductor Mario Mantucci. La Democracia Cristiana toma la decisión de acusar constitucionalmente a todos los ministros que no se hayan corregido en relación con las violencias que denunciamos el pasado 22 de agosto, cuando la cámara de diputados señaló que el gobierno había hecho de la violación de la constitución «un sistema permanente de conducta».

El día 7 Joan escribe una breve carta a su hermana María, en la que le comenta dos situaciones personales de ella: el trabajo y el noviazgo. De paso nos revela su propia actitud.

Querida María: Ayer recibí tu carta y la de madre. Me alegro de que sigas trabajando. Me alegra todavía más que te exijan. La gente aprende las cosas cuando se le exige que lo haga. No cuando se la deja hacer. Yo tengo por norma ser el primero en llegar a la oficina. Y abrir la puerta a medida que va llegando la gente. Así procuran no llegar tarde.

No sabía que tuvieses novio. Dios le dé paciencia. Y a tí también. No te voy a dar consejos, porque ya tienes quién te los dé, y con más experiencia que yo. Si los quieres escuchar, ya tienes para ir tirando. Sólo te diré una cosa: no hagas nada de lo que más tarde te puedas arrepentir. Y que esto te sirva para toda la vida. A ver si me mandáis algunas fotos. Debéis estar guapísimos. Y también de Joan (el segundo sobrino). Todavía no lo conozco. Adiós. Recuerdos a todos.

El mismo día 7, después de que Kissinger creara un grupo especial «para estudiar la situación chilena», y de que fuera llamado a Washington el embajador de los Estados Unidos, Nataniel Davis (que regresará a Santiago tres días después), aterrizan en el aeropuerto militar de El Plumerillo, Mendoza, ciudad fronteriza con Chile, 32 aviones de observación y de combate de los Estados Unidos. De ellos, 15 regresarán el día 13, dos después del golpe de estado. Simultáneamente, la escuadra naval de los Estados Unidos se sitúa frente a las costas chilenas, con el pretexto de realizar junto con la escuadra chilena la Operación Unitas. (108)

El sábado 8 de septiembre Allende y Prats se encuentran por última vez. Pasan la tarde entera estudiando la situación. Prats piensa que se está preparando una gran traición para antes de diez días. El mismo Pinochet ha estado diciendo al presidente durante toda la semana que se observaban síntomas inquietantes. Pero ni Prats llega a sospechar de su sucesor, que incluso la víspera le había dirigido una carta en la que le manifestaba su firme decisión de mantener la disciplina y defender al gobierno constitucional. Allende comunica a Prats que ha decidido convocar un plebiscito para la próxima semana. (109)

Ultima reunión con el MOAC

La tarde de aquel mismo sábado, Joan bautiza a una niña de un matrimonio catalán amigo suyo. El padre lo recuerda así:

El día 8 de septiembre Joan bautizó en casa a mi hija Montserrat. Nadie podía sospechar que seria el último bautizo que haría Joan. De las palabras que pronunció durante aquella sencilla ceremonia, recuerdo una cosa: destacó la responsabilidad de la comunidad de adultos que acompañaba al niño. E hizo esta reflexión: «No importa que Montserrat sea tan pequeña y que no podamos pedirle permiso para bautizarla. La vida es un valor que se comunica sin pedir permiso, porque es un bien indiscutible. Es tarea nuestra el procurar que Montserrat, a medida que vaya creciendo, vaya amando más y más este bien de la "vida" en Cristo y que no lo rechace nunca». (110)

Por la tarde de este mismo sábado, 8 de septiembre, Joan tiene su última reunión con uno de los grupos del MOAC, en la que, después de analizar los últimos acontecimientos del país, celebran conjuntamente la eucaristía. Escuchemos el relato de los asistentes:

Las reflexiones que nos hacíamos todos --gente comprometida en distintas actividades-- era acerca del futuro incierto del gobierno en ese momento y de lo que se veía venir. Todos veíamos venir un golpe de estado. Con mucho temor, porque sabíamos lo que eso iba a significar, especialmente para el pueblo. Pero me acuerdo que Juan dijo que se tenía que estar donde se tenía que estar. O sea que nadie debía correrse (evadirse), por muy difícil y duro que fuera lo que viniera. (111)

Recuerdo que mi marido le dijo: «Imagínate que fuera a pasar algo en el país. ¿Qué actitud tomarías? ¿Dónde estarías tú?. Porque se oía decir que la gente se arrancaba (se escondía). El respondió: «Yo voy a estar donde estén todos ustedes. Ese es mi puesto. En ningún otro lado». Fue una pregunta tonta; mi marido la haría no sé por qué. Pero ésa fue la respuesta que él dio. Así, al tiro (en el acto): donde estuviéramos todos, allí estaría él. (112)

Y el consiliario nacional del MOAC, otro de los asistentes, que concelebró la eucaristía con él, expresa así su impresión de aquella noche: «Sus palabras ese sábado nos impresionaron. Mostraban, con su sencillez característica, su compromiso con el pueblo de Chile. (113)

Al terminar la reunión se va a dormir a casa de uno de los matrimonios asistentes al acto:

Después de esa misa y esa reunión, Juan se vino con nosotros a casa, y, como era sábado, teníamos posibilidad de charlar hasta tarde. Estuvimos cenando juntos. Este es un aspecto que quisiera hacer notar, no en el sentido de algo superficial, sino de cómo hasta en ese detalle Juan se veía un hombre íntegro que sabía gozar de todo y vivir plenamente. Juan era un buen comedor, y, además, sabía cocinar. Cuestiones que a mí me enseñó y que todavía me sirven.

Llegando aquí se metía en la cocina y yo preparaba cosas, o él las preparaba por su cuenta. Ese sábado cenamos juntos, y estuvimos tomando unos tragos hasta tarde, los tres reflexionando.

Al día siguiente, Juan se levantó a las 9 y pico de la mañana, se duchó, empezó a cantar, se metió en la cocina y se hizo su tortilla. Estaba muy contento, y se fue como se iba siempre. «Hasta luego», porque uno sabía que podía volver en cualquier momento. Y ésa fue la última vez que vimos a Juan. (114)

14. Día «D», hora «H»

El domingo día 9, a las 10,30 de la mañana, Allende convoca a la comisión política del Partido Comunista para comunicarle su resolución de convocar un plebiscito ante la situación extrema en que se encuentra el país, y tratar de encontrar una solución constitucional que evite la guerra civil. Tres meses antes ha intentado persuadir a los partidos de la Unidad Popular de que acepten esta medida, pero ninguno de ellos había querido respaldar la iniciativa presidencial. Ahora, la comisión política del Partido Comunista responde que estudiará la propuesta y al día siguiente entregará un escrito con su decisión. Esta es afirmativa, y precisa que la convocatoria electoral habrá de ir encaminada a la formación de una asamblea constituyente que, en sesión simultánea con el parlamento ordinario, introduzca reformas limitadas o ampliadas en la Constitución, y, eventualmente, elabore un nuevo régimen constitucional.

El mismo domingo día 9, son llamados a la residencia presidencial el comandante en jefe de las fuerzas armadas, general Pinochet, y el inspector general del ejército, general Urbina, con el mismo objetivo. Allende está convencido de que sin la aceptación plena y la participación activa tanto de las fuerzas populares representadas por los partidos de la Unidad Popular, como de las fuerzas armadas, representadas por los dos generales convocados, los resultados del plebiscito son inviables. Pero con esta doble convocatoria por separado se pone de manifiesto el drama de la vía chilena hacia el socialismo: tres años después de la instalación de la Unidad Popular en el gobierno, los trabajadores no disponen de ningún tipo de organización defensiva propia, y toda la organización militar del estado se halla no sólo desvinculada, sino, como demostrarán los hechos, antagónicamente contrapuesta a los intereses de las fuerzas obreras. «En las próximas horas --dice Allende a Pinochet-- voy a anunciar la convocatoria de un plebiscito para que el país resuelva el camino a seguir...». Al día siguiente, el presidente comentará a sus amigos, casi con sorpresa, el impacto que causó en sus interlocutores: «Los ojos se les pusieron redondos, y Pinochet preguntó: --Pero, presidente, ¿es una resolución ya definitiva y firme la de llamar a plebiscito? --Sí, general; está resuelto. --Eso cambia toda la situación, presidente. Va a ser posible resolver el conflicto con el parlamento, y esto despeja la tensión (...)».

En realidad, el desconcierto de Pinochet está motivado por el hecho de que sus planes meticulosamente programados pueden irse a paseo. «Nuestra planificación --explicaría más tarde a la revista Vea, de Santiago-- quedó terminada y prácticamente lista para actuar el 14 de septiembre, (pero) tenía que tener un punto de desborde, vale decir que sin causar alarma nosotros pasaríamos de la paz a la guerra. O sea pasar del ambiente normal a la forma agresiva sin que esto se difundiera... antes no teníamos cómo hacer sin ser descubiertos». Y es que el 14 de septiembre había, como cada año, la preparación del desfile militar que debía tener lugar el día 19, con ocasión de las fiestas patrias. En tales circunstancias los movimientos de tropas habrían pasado desapercibidos a la opinión pública. Si Allende quería convocar un plebiscito inmediatamente, también había que adelantar la fecha del levantamiento. Pasar a la acción mañana mismo. Pero el día siguiente era Lunes. Y muchos oficiales estarían fuera y no se reintegrarían a sus puestos hasta las 7 ó 7,30 de la mañana, y las operaciones debían comenzar en las primeras horas de la madrugada... así fue como la misma tarde del domingo, junto con el jefe de la aviación Leigh y un enviado de algunos almirantes de la armada, determinaron como día «D» el martes, 11 de septiembre, y como hora «H» las seis de la mañana en Valparaíso y las siete y media en Santiago. (115)

El lunes día 10, Allende almuerza con sus ministros y constatan que hay aviones civiles en la base aérea de Cerrillos, cosa que va contra la ley (116). Allende comunica que ha hablado con Leigh y ha prohibido los registros que la fuerza aérea tenía programados para aquella tarde en varias empresas de la capital. También analizan la situación de la huelga patronal, y, para encontrar una salida, Allende pasa a hablar del tema principal de la reunión:

Me propongo dirigir al país un mensaje. Les he convocado para que viéramos la posibilidad de hacerlo esta noche. Ya está dispuesta la red oficial de radio y televisión. Es muy importante, y hay que pensarlo bien... Por ello quizás es mejor que hable mañana al mediodía. En cualquier caso, quiero hacerlo antes que se reúna el consejo nacional de la DC mañana por la tarde. Los demócrata-cristianos deben conocer mis planteamientos antes de que empiecen la sesión...

A la hora del café llega un mensaje del senador demócratacristiano Renán Fuentealba, líder del sector dialogante de la Democracia Cristiana, el mismo que hizo posible el fracaso del plan ITT-Kissinger-Frei para impedir el acceso de Allende a la presidencia. Tres años más tarde, dicho sector no sólo había perdido la dirección del partido, sino que se hallaba impotente para frenar las ansias contrarrevolucionarias de la derecha demócrata-cristiana. El mensaje de Fuentealba a Allende decía que éste debía desconfiar totalmente del partido Demócrata Cristiano, y que el único problema de su presidente. Patricio Aylwin, consistía en cómo deshacerse de Allende lo antes posible y al menor coste.

Así pues, las condiciones estaban maduras. Las políticas, las militares y también las históricas. Porque el día «D» decidido por Pinochet estaba a punto de empezar.


Notas:

1. Testimonio 20.

2. 7 de abril de 1970.

3. Testimonio 20.

4. 30 de abril de 1970.

5. Ibid., cinta del 22 de mayo de 1970.

6. Cinta del 22 de mayo de 1970.

7. 13 de mayo de 1970.

8. 22 de mayo de 1970.

9. Cinta del 22 de mayo de 1970.

10. Ibid.

11. 31 de julio de 1970. En otra carta de la misma época, y refiriéndose a los que quieren abandonar el país por miedo a la victoria de Allende, Joan comenta: «Aquí la situación no es tan complicada como dicen. Y no creo que nadie tenga que marcharse, salga el que salga. Yo al menos veo la situación con optimismo» (3 de agosto de 1970).

12. Placilla 14.

13. 24 de agosto de 1970.

14. Ibid.

15. 1 de septiembre de 1970.

16. P. Neruda, Confieso que he vivido, Barcelona 1974, 476-477.

17. Se refiere a Jacques Chonchol, futuro ministro de agricultura.

18. Placida 15.

19. 28 de septiembre de 1970.

20. Placilla 16.

21. 21 de noviembre de 1970.

22. Ibid.

23. 7 de abril de 1970.

24. Testimonio 11

25. Testimonio 8.

26. Testimonio 28.

27. Cf. Selser, Cronología: Cuadernos Marcha 74.

28. Chile hoy 16 y 19.

29. Cinta del 3 de junio de 1971.

30. Testimonio 28.

31. Testimonio 28.

32. Carta del 11 de octubre de 1975.

33. Cinta del 3 de junio de 1971.

34. Ibid.

35. 22 y 29 de marzo de 1971.

36. 22 de marzo de 1971.

37. Para un conocimiento completo de la historia del movimiento Cristianos por el Socialismo en Chile, se puede leer el apasionado estudio de uno de sus fundadores: P. Richard, Cristianos por el Socialismo. Su origen y desarrollo en Chile durante los años 1970-1973, Salamanca 1976.

38. 28 de abril de 1971.

39. Placilla 18.

40. 9 de junio de 1971.

41. Testimonio 5.

42. G. Selser, o. c.

43. 20 de agosto de 1971.

44. Placilla 18.

45. 28 de septiembre de 1971.

46. 26 de noviembre de 1971.

47. A los universitarios de Concepción, 18 de noviembre de 1971.

48. 6 de diciembre de 1971.

49. Primeros de diciembre de 1971.

50. Secretariado de Cristianos por el Socialismo, Los cristianos y la revolución, 33.

51. 4 de diciembre de 1971.

52. Memoria del VI Congreso Nacional de la CUT, 24.

53. Ibid., 26.

54. 21 de diciembre de 1971.

55. 4 de diciembre de 1971.

56. 21 de diciembre de 1971.

57. Ibid.

58. 9 de abril de 1972.

59. Cinta del 9 de abril de 1972.

60. 14 de junio de 1972.

61. Ibid

62. 11 de agosto de 1972.

63. Para todos los hechos de Lo Hermida, cf.. Lo Hermida: un interrogante a la revolución chilena: Pastoral Popular 131, 54-64.

64. El 30 de septiembre la compañía norteamericana Kennecott había solicitado y obtenido el embargo del cobre chileno en Francia, una remesa de 1250 toneladas por valor de dos millones de dólares. La superación de esta crisis internacional era, pues, pieza clave para la marcha interna de la economía apoyada preferentemente en las divisas obtenidas con la venta del cobre.

65. 19 de octubre de 1972.

66. 14 de junio de 1972.

67. 13 de junio de 1972.

68. Testimonio 4.

69. 11 de agosto de 1972.

70. 13 de julio de 1972.

71. 11 de agosto de 1972.

72. 19 de octubre de 1972.

73. Cinta del 24 de febrero de 1973.

74. 19 de octubre de 1972.

75. Testimonio 8.

76. Testimonio 28.

77. 15 de diciembre de 1972.

78. P. Neruda, o. c., 474.

79. Le Monde (6 de diciembre de 1972).

80. P. Neruda, Incitación al Nixonicidio. Paro pasional.

81. 3 de enero de 1973.

82. 11 de febrero de 1973.

83. Testimonio 7.

84. 20 de junio de 1973.

85. 25 de enero de 1974.

86. Testimonio 17.

87. 24 de febrero de 1973.

88. Cinta del 24 de febrero terminada el 24 de marzo de 1973.

89. 15 de abril de 1973.

90. 15 de mayo de 1973.

91. 16 de diciembre de 1973.

92. 20 de junio de 1973.

93. 15 de junio de 1973.

94. Ibid.

95. 14 de diciembre y 25 de septiembre de 1975.

96. Testimonios 17 y 14; carta del 18 de diciembre de 1973.

97. 15 de junio de 1973.

98. 13 y 20 de junio de 1973.

99. Testimonio 10.

100. Testimonio 10.

101. 11 de octubre de 1975.

102. Triunfo 612 (22 de junio de 1974).

103. Chile hoy 65, 8.

104. Testimonio 28.

105. J. E. Garcés, Allende y la experiencia chilena, citado por Triunfo (septiembre de 1975) 21-28.

106. 1 de septiembre de 1973.

107. Testimonio 28.

108. Actualmente, la intervención de los Estados Unidos en el golpe de estado está fuera de toda duda. El comité del senado norteamericano que investigaba las actividades de la CIA publicó unas notas de su director, Richard Helms, que explican cómo el presidente Nixon ordenó la preparación "el golpe de estado: «Tenemos una probabilidad entre diez, pero hay que salvar a Chile a cualquier precio. No nos podemos arriesgar, nuestra embajada no debe verse implicada. Pueden disponer de diez millones de dólares, Y más, si es necesario. Hemos de dedicar nuestros mejores hombres, y plenamente...»: cf. Mundo Diario (9 de diciembre de 1975).

109. Si para el relato de los acontecimientos políticos de este capítulo nos hemos basado sobre todo en la citada Cronología política: Cuadernos Marcha 74, para los hechos que ahora empezamos a explicar, nos basamos en el libro de J. E. Garcés, Allende y la experiencia chilena, tal como fue resumido por Triunfo (septiembre de 1975).

110. Testimonio 30.

111. Testimonio 23.

112. Testimonio 21.

113. Testimonio 14.

114. Testimonio 23.

115. Declaraciones al Miami Herald (18 de febrero de 1974).

116. Estos aviones se usarían al día siguiente para el traslado de tropas y material militar a todo el país, cubriendo así la rebelión.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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