joan alsina
Joan Alsina: chile en el corazón
EL DESPERTAR COLECTIVO
(1968-1970)

capítulo 8

Joan termina su estancia en Malgrat pocos días después de las navidades de 1967. Durante el mes de marzo de aquel mismo año había contraído matrimonio su hermano Miquel con Carme. Conservamos la homilía de la boda. Si se quiere, no es nada del otro jueves, pero expresa hermosamente lo que Joan pensaba sobre el amor matrimonial. Cuando Joan se preparaba para ir a Chile, Carme estaba esperando su primer hijo. Joan estaba muy ilusionado con la idea de que llegara un nuevo Alsina a la familia. Las cartas escritas con motivo del nacimiento --mayo de 1968--, cuando llevaba cuatro meses en Chile, son un bello testigo de ello.

Antes de partir pasó cuatro meses en su casa. Cuando llegó el momento, no quiso que sus familiares le acompañaran al aeropuerto de Barcelona para ahorrarles la dureza de la despedida. Se iba en equipo, con otros dos compañeros, también sacerdotes de Girona. Siempre conservaría una buena amistad con ellos. El 29 de enero de 1969 tomó el avión hacia Chile. Llegaba en uno de los momentos más interesantes de este país: cuando la experiencia demócrata-cristiana, encabezada por el presidente de la República, Eduardo Frei, terminaba su segundo tercio, y estallaba con fuerza la crisis social y política. Para comprender el alcance de este momento histórico, nos parece conveniente explicar primero el contexto general, para después insertar en él la entrada de Joan.

1. Evaluación del gobierno demócrata-cristiano

En 1964, Eduardo Frei fue elegido presidente de la República por la mayoría absoluta del 56,1% de votos.

Prometió al pueblo una «revolución en libertad» que había de producir radicales transformaciones en las estructuras del país sin alterar sus estructuras democráticas. Su campaña electoral, financiada por los Estados Unidos con un millón de dólares mensuales (1), fue fulgurante. Se desarrolló simultáneamente en dos frentes ideológicos: el del nacionalismo, de cara a los diversos estamentos de la patria para agruparlos y conectarlos con los gestores históricos de la independencia, y el del anticomunismo, bajo la acusación de que el movimiento comunista llevaba al totalitarismo y a la privación de libertad.

La corriente nacionalista encontró su expresión bella y multitudinaria en la «Marcha de la patria joven». El 21 de mayo de 1964, conmemoración de la victoria de Chile sobre Perú, millares de jóvenes procedentes de todas las provincias de Chile emprendieron una marcha sobre Santiago que culminó con una grandiosa manifestación el 21 de junio en el parque Cousiño. Frei se dirigió a la multitud congregada, diciendo:

Amigos del norte y del sur:
¿Cómo podría decirles mi emoción y la emoción de los hombres junto a los cuales yo comencé mi vida y que están aquí en la tribuna --ustedes los ven--, cómo podría decirles lo que ustedes son para mí? Yo me figuraba anoche -o creía oírlo, tal vez--, yo veía a un niño que, corriendo, le decía a su padre:
--Ahí vienen, ahí vienen. Vienen de Arica, cruzan Tarapacá, van por Concón, por Placida. Miren cómo montan sobre la cuesta de Chacabuco. Miren cómo los otros pasan por Cancha Rayada, por Rancagua y por Maipú. Padre, ¿quiénes son? ¿Son los demócratas cristianos?
--No, más que eso.
--¿Son los freístas?
--No, hijo, mucho más que eso.
--¿Quiénes son, padre?
--Hijo, ¿no ves las banderas?... Son los mismos, los del año 1810, los del año 1879, los del año 1891... ¡Son la patria! Sí, amigos, ustedes son eso. Son la patria, son la patria. Gracias a Dios (2).

Y con gritos ensordecedores de «Frei, sí; otro, no. Frei, sí; otro, no», el himno nacionalista demócrata-cristiano, Sol de septiembre, resonó por todo el parque:

Brilla el sol
de nuestras juventudes.
La noche muere en el ayer.
Es el fuego de las multitudes
que nos llama a vencer:
¡Frei, Frei, Frei, Frei!

Pero la victoria de Frei se basaba en un segundo componente ideológico --el anticomunismo-- que promovía su candidatura como alternativa de la corriente que representaba su peligroso oponente: Salvador Allende, candidato de la izquierda unida en el FRAP (Frente de Acción Popular). La campana de terror contra el comunismo estuvo presente en todos sus discursos. La candidatura demócrata-cristiana --decía Frei-- llegaba en unos momentos en que «América latina se halla amenazada por militarismos, como el del Brasil, o totalitarismos insolentes, como el de Cuba, siendo de esta última la candidatura de Salvador Allende un simple remedo criollo». La campaña de terror llegó hasta tal extremo, que la noche antes de las elecciones, cuando ya había concluido el tiempo para la propaganda electoral, los chilenos pudieron escuchar con sorpresa una grabación de Juanita Castro, hermana de Fidel, exilada voluntariamente de Cuba, en la que denigraba el régimen cubano y advertía a las madres chilenas que, si ganaba Allende, sus hijos serían presos por el estado y conducidos a campos colectivos de educación.

La iglesia católica, en conjunto y a todos los niveles --obispos, presbíteros, laicos--, apoyó mayoritariamente la candidatura de Frei y abonó ideológicamente sus planteamientos. Dos años antes, cuando el país se preparaba ya para las elecciones, los obispos habían publicado una carta pastoral sobre El deber social y político de los cristianos en la hora presente, en la que se decía expresamente:

No es posible la colaboración con el comunismo. No debe, pues, causar extrañeza que la iglesia declare que quienes hacen tal no están en comunión con ella. Con dolor lo decimos: son hijos que se han apartado de la casa paterna.

Que eso no haga olvidar empero a los católicos que la iglesia ha condenado los abusos del liberalismo capitalista. Más aún, la iglesia concretamente no puede aceptar una situación que viola los derechos de la persona humana y, por ende, la moral cristiana. Es deber imperioso y urgente de los católicos el procurar una renovación profunda y rápida de ese estado de cosas no cristiano. Existe la obligación y aun la urgencia de apoyar soluciones eficaces contra la miseria, aunque no sean todo lo perfectas que sería deseable. Esta labor de transformación debe ser sincera y mirar a una auténtica y real elevación y promoción social, cultural, política y espiritual del mundo del trabajo (18 de septiembre de 1962).

Por si fuera poco, el cardenal de Santiago, pocos días antes de la elección de Frei, en una conferencia en la universidad de Valparaíso, afirmó: «Ni capitalismo ni comunismo: debemos apoyar aquellas vías que, desde un espíritu cristiano, respeten la democracia». Más claro, agua.

Salvador Allende fue derrotado, obteniendo tan sólo el 38,9% de votos.

Durante el gobierno demócrata-cristiano se iniciaron amplios movimientos populares de indudable trascendencia. La experiencia freísta significó el despertar colectivo del pueblo chileno y la posibilidad de introducir cambios en la legalidad.

1. La reforma educacional se vio muy reforzada durante los primeros años. Se construyeron escuelas por todo el país (cerca de 3.000, casi una y media por día de gobierno); la matrícula creció notablemente (un 46,1% mientras que durante el período anterior sólo aumentó en un 27,1%), y con el fin de dotar de profesorado a la nueva y numerosa demanda, los jóvenes bachilleres fueron invitados a enrolarse en unos cursos acelerados durante el verano. Los universitarios se movilizaron en la construcción de escuelas, y la educación llegó a los lugares más apartados del campo. La matrícula universitaria aumentó en un 124%, y el analfabetismo, si bien no fue derrotado, se redujo de un 16,4% en 1964 a un 11% en 1969.

2. El segundo éxito del gobierno de Frei tuvo lugar en el terreno de la organización popular. La ley de juntas vecinales permitió dotar de personalidad jurídica a todos los organismos e instituciones comunitarias ya existentes tales como juntas de vecinos, centro de madres, clubs deportivos, centros juveniles, centro de padres y apoderados, de tal manera que al término del período se podían contabilizar 19.901 unidades legalizadas. Sólo los centros de madres, dedicados a ampliar la educación del hogar, agrupaban a 450.000 mujeres.

3. Con la reforma agraria el gobierno Frei asestó un serio golpe a los intereses de la clase dominante. Aunque la aprobación de la ley en el congreso no se consiguió hasta julio de 1967, se llegaron a expropiar 1.224 haciendas, con una extensión total de 3.200.000 hectáreas. Simultáneamente con el cambio de propiedad, creció la organización campesina. Durante el período freísta, el número de sindicatos agrícolas pasó de 24 a 400; el de cooperativas, de 26 a 222, con 100.000 y 30.000 afiliados respectivamente. Se constituyeron 900 asentamientos o unidades comunitarias de explotación agrícola que beneficiaron a 28.000 familias y a unos 15.000 trabajadores de la tierra. El movimiento campesino experimentó un crecimiento desconocido hasta entonces (3).

Pero con todo, no se hizo la revolución. El candidato de la Democracia Cristiana a las elecciones de 1970, el líder del ala liberal del partido, Radomiro Tomic, hablaba así de la gestión del gobierno Frei:

¿Por qué no hicimos la revolución?

Las razones son varias. En mi opinión el programa de gobierno ofrecido en 1964 contenía una contradicción fundamental que no fue vista por ninguno de nosotros. Mientras el programa de desarrollo social impulsaba los cambios, al concientizar al pueblo y darle organización, el programa de desarrollo económico (con excepción de la reforma agraria) no sólo se ha apoyado en la estructura capitalista y neocapitalista de alto nivel, sino que en aspectos importantes la ha robustecido aún más, como en el caso de los convenios del cobre, de la promoción acelerada de las inversiones extranjeras, del impulso dado al régimen de sociedades mixtas con capital foráneo, del apoyo a la industria automotriz, de la revisión quincenal del tipo de cambio entre el peso y el dólar, etc.

La contradicción entre el programa de desarrollo social de orientación comunitaria y el programa de desarrollo económico traducido en la práctica en una política de garantías y estímulos al capitalismo nacional y extranjero, es decir, en el robustecimiento del capitalismo, era inoperable y no se ha podido aguantar (4).

En efecto, durante el período de Frei, las estructuras internas del capitalismo nacional, fuertemente concentrado y monopolista, no sólo quedaron intactas, sino que aumentó su dependencia respecto al capitalismo extranjero, sobre todo de los Estados Unidos, con el cual estaban estructuralmente vinculadas.

La nacionalización del cobre no se llevó a cabo totalmente, sino que el estado chileno se convirtió en socio de las compañías norteamericanas, al adquirir el 51% de la acciones, y aún así, a cambio de sobrevalorar las instalaciones e «incentivar» a las compañías con reducciones de impuestos y disminución de las tasas de interés. Las compañías estaban satisfechas; una de ellas no vaciló en escribir en el informe anual de 1967: «La Kennecott ha suscrito voluntariamente y entusiásticamente un acuerdo con el gobierno de Chile... Dicho acuerdo amistoso será beneficioso para el gobierno y para la compañía». Como resultado de esta operación, los ingresos del estado por el cobre descendieron de un 64% en 1964 a un 57% en 1969 (5).

Las inversiones de Estados Unidos aumentaron de 789 millones de dólares en 1964 a 963 millones de dólares en 1968 (6).

Durante este mismo período, las ganancias de las inversiones extranjeras ascendieron de un 14,5% a un 22,1% (7). Como señalaban los economistas del Centro de Estudios Socio-Económicos de la universidad de Chile, el capital extranjero, en vez de constituir un factor vital en el proceso de desarrollo --tal como afirmaban sus partidarios-- representó una clara forma de intensificación de los lazos de dependencia con el centro imperialista, cosa que en definitiva se tradujo en un proceso de desnacionalización y descapitalización de la economía chilena (8).

Las contradicciones entre el progreso económico, de carácter capitalista dependiente, y el progreso social, de carácter independentista y nacional, produjeron un aumento del malestar en el pueblo, que no veía los cambios prometidos ni notaba sus efectos. Para amortiguar los movimientos reivindicativos, el gobierno pretendió dividir a las organizaciones de clase prometiendo la «libertad sindical» con objeto de crear sindicatos paralelos. El intento fracasó a causa de la firme oposición de la Central Única de Trabajadores, y entonces la Democracia Cristiana creó un «Comando nacional de trabajadores», que hasta llegó a celebrar de forma paralela y por su cuenta el primero de mayo.

Junto al aparato sindical, se intentó instrumentalizar la ley de juntas vecinales para hacer más honda la división del pueblo. En todas las poblaciones de Chile aparecieron juntas de vecinos y centros de madres de carácter demócrata-cristiano, frente a los de inspiración socialista.

Ante el fracaso de la operación, el gobierno tuvo que recurrir a medidas más claramente represivas, y se enfrentó violentamente con el pueblo. Durante los tres primeros meses de 1966, los mineros de El Teniente participaron en una huelga para mejorar sus condiciones económicas. Los mineros de El Salvador se solidarizaron con ellos. Las tropas rodearon el recinto de la compañía americana Anaconda donde se hallaban reunidos, y mataron a 6 hombres y 2 mujeres, e hirieron a otros 40. En noviembre de 1967 se convocó una huelga nacional para protestar contra el intento del gobierno de impedir el alza de los salarios y prohibir temporalmente el derecho de huelga. Soldados y miembros del «grupo móvil» (cuerpo de policía entrenado especialmente contra disturbios) rompieron la huelga con helicópteros, gases lacrimógenos, tanques y pistolas; el resultado fue de 7 muertos, cuatro de ellos niños, y multitud de heridos. Finalmente, en marzo de 1969, la policía del «grupo móvil» desalojó por la fuerza a un grupo de 100 familias campesinas que habían ocupado pacíficamente unos terrenos en desuso para construir sus casas, en Puerto Montt. Murieron ocho campesinos, y treinta fueron heridos.

Ante esta situación, el apoyo popular a la Democracia Cristiana fue disminuyendo. Del 56% alcanzado en la elección presidencial de 1964, pasó a un 42% en las parlamentarias de 1969, aunque alcanzó la mayoría absoluta de los escaños de la cámara baja, y pudo colocar a los doce candidatos que había presentado a la cámara alta. En las elecciones municipales de 1967 obtuvo un 35,6%, en las parlamentarias de 1969, un 29,8%, y finalmente en las presidenciales de 1970, se quedó con un 27,8%; fue entonces cuando triunfó el candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, con un 36,2%, a poca distancia del candidato de la derecha, Jorge Alessandri, que obtuvo un 34,9%. La confianza decreciente del pueblo en la DC contrastaría más tarde con el apoyo ascendente a la gestión de Salvador Allende durante sus apenas tres años de gobierno, en los que pasó de un 36,2% en septiembre de 1970 a un 43,3% en marzo de 1973, caso insólito en la historia de Chile.

2. La crisis de la iglesia chilena

En relación con el proceso demócrata-cristiano, Regis Debray analiza:

Durante los seis años de poder, la Democracia Cristiana preparó, muy a pesar suyo, las condiciones para un proceso revolucionario al abrir el camino para las verdaderas conquistas populares. A causa de su tortuosa inconstancia y falta de voluntad, enfatizó y legitimó la necesidad de medidas auténticamente radicales, y elevó de paso el nivel ideológico de tolerancia de la clase media.

La DC fue la primera víctima de sus propios instrumentos de dominación ideológica. Al intentar plasmar su proyecto reformista, que equivalía a integrar a la clase baja desorganizada dentro del sistema imperante de explotación, disparó en la base un movimiento revolucionario espontáneo de las masas, que desbordó inevitablemente los límites de su propio proyecto (9).

Este movimiento de la base repercutía, al tiempo que causaba, en los aparatos de expresión cultural. Los cantantes populares contribuyeron poderosamente a desmontar el instrumento ideológico de dominio, desmitificando algunas de sus ideas vertebrales. El concepto de «libertad», eje de toda la operación demócrata-cristiana, fue puesto en tela de juicio:

¡Qué linda es la democracia
en este hermoso país!
¡Qué hermosas son las callampas
que se pueden construir!
Esto permite que el pobre
y el rico, de igual a igual,
tengan los mismos derechos
cuando llaman a votar.
Me gusta la democracia
porque permite apreciar
el arrollador avance
del que tiene libertad
para exprimir a unos cuantos
y aumentar el capital.

(Ángel Parra)

Juntamente con el arte popular, también la iglesia experimentó los embates de los cambios ideológicos que conmovían la base. El domingo 11 de agosto de 1968, un grupo de 9 sacerdotes, 3 religiosas y 200 laicos ocupó la catedral de Santiago, símbolo material de la iglesia chilena. Colgaron una gran pancarta entre las dos altas torres que decía: Por una iglesia junto al pueblo y su lucha. Durante el tiempo que duró la ocupación tuvo lugar, entre otras cosas, una misa, una conferencia de prensa y varias reflexiones en común. La misa se celebró con pan y vino. Se oró por el pueblo de Biafra, por los caídos en la guerra de Vietnam, por la clase obrera explotada en América latina, para que los cristianos supiesen cambiar de orientación, por los procesos políticos del Brasil, por los muertos por la liberación de América latina, por el pueblo uruguayo en lucha... Ángel e Isabel Parra cantaron el Oratorio para el pueblo. Durante la ocupación hubo conflictos con la policía que rodeó el templo. La conferencia de prensa aclaró los motivos de aquella ocupación, y se entregó el Manifiesto de la iglesia joven (véase apéndice).

Este hecho insólito (10), probablemente el primero en el mundo entero, conmovió profundamente la opinión pública del país. Fue programado a propósito unos días antes del viaje de Pablo VI a Bogotá, donde debía inaugurar el congreso del episcopado latinoamericano en Medellín, a fin de llamarle la atención sobre los graves y urgentísimos problemas de los pueblos del continente. El congreso de Medellín tuvo un fuerte impacto, y está considerado como el verdadero concilio ecuménico de América latina. En él, después de analizar la violencia estructural de los sistemas imperantes y a fin de evitar la solución extrema de la violencia revolucionaria --adoptada por cristianos destacados como Camilo Torres, el cura guerrillero muerto en un enfrentamiento con el ejército colombiano el 15 de febrero de 1966, o Néstor Paz «Francisco», el joven boliviano muerto en la campaña guerrillera de Teoponte el 8 de octubre de 1970--, los obispos hacen un llamamiento urgente para iniciar por vías pacíficas los cambios profundos que necesita el continente (11). Señalan como imperativo inexcusable:

1. Defender, según el mandato evangélico, los derechos de los pobres y oprimidos, urgiendo a nuestros gobiernos y clases dirigentes para que eliminen todo cuanto destruya la paz social: injusticias, inercia, venalidad, insensibilidad.

2. Denunciar enérgicamente los abusos y las injustas consecuencias de las desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles, favoreciendo la integración.

3. Alentar y favorecer todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base, por la reivindicación y consolidación de sus derechos y por la búsqueda de una verdadera justicia.

4. Urgir para que en muchos de nuestros países se detenga y revise el actual proceso armamentista, que constituye, a veces, una carga excesivamente desproporcionada con las legítimas exigencias del bien común en detrimento de imperiosas necesidades sociales. La lucha contra la miseria es la verdadera guerra que deben afrontar nuestras naciones.

5. Denunciar la acción injusta que en el orden mundial llevan a cabo naciones poderosas contra la autodeterminación de pueblos débiles, que tienen que sufrir los efectos sangrientos de la guerra y de la invasión, pidiendo a los organismos internacionales competentes medidas decididas y eficaces.

6. Alentar y elogiar las iniciativas y trabajos de todos aquellos que, en los diversos campos de acción, contribuyen a la creación de un orden nuevo que asegure la paz en el seno de nuestros pueblos» (12).

El lenguaje es claro y preciso, y marcará un hito en el proceso de incorporación de los cristianos en las luchas de liberación de los pueblos latinoamericanos. Su influencia no tardará en hacerse sentir.

3. Hacia la unidad popular

En Chile, la repercusión más clara de la crisis interior de la iglesia tendrá lugar en el mismo seno del Partido Demócrata Cristiano. Antes de dar comienzo a la campaña electoral para las presidenciales de 1970, la DC discutió en junta nacional la estrategia a seguir. Se vislumbraban dos posibilidades: agruparse con las demás fuerzas del pueblo para formar una amplia coalición de izquierdas que se enfrentara unida a la derecha y venciese al capitalismo, o bien quedarse aislada y presentar una candidatura que señalara un «camino propio», equidistante del proyecto socialista y de las fuerzas reaccionarias. El ala derecha de la DC, encabezada por Frei, logró imponer esta segunda opción, y como la Constitución chilena no prevé la presentación del presidente para un segundo período, se eligió candidato del partido a Radomiro Tomic, líder del ala liberal y hombre capaz de arrastrar a las masas. Aun elaborando un programa casi de izquierdas que propugnaba una sociedad no capitalista de desarrollo, llamada «comunitaria», no obstante, para llevar a buen término el programa, era preciso contar con las fuerzas de derechas del partido, cosa que iba a abrir de nuevo el divorcio producido en el período anterior entre las declaraciones populistas y la realidad de los hechos.

Al ser derrotada la primera vía, un grupo de militantes de la primera hora decidió separarse de la colectividad y enrolarse en las filas de la Unidad Popular en gestación. Redactaron una carta dirigida a su presidente en la que analizaban profundamente la línea seguida por el partido hasta entonces y explicaban las razones que les impulsaban a entrar en la coalición de izquierdas. Por su agudeza y sinceridad creemos que se trata de un texto de suma importancia; el lector podrá encontrarlo íntegro en el apéndice. En este texto se traza la historia del partido desde su nacimiento, sus principios doctrinales, la contradicción entre los principios y la práctica durante los años de gobierno, para desembocar finalmente en una defensa de la necesidad de la unidad de todas las fuerzas que se consideren y sean verdaderamente populares.

Nunca más queremos trabajar para dividir a los obreros, a los campesinos, a los pobladores, por separar y enemistar a las fuerzas del pueblo. Aunque otros lo hagan, no lo haremos nosotros. Queremos trabajar por todo lo contrario, por construir la unidad del pueblo, la unidad pluralista del pueblo, y esto queremos hacerlo tanto en el plano ideológico (a través del diálogo constructivo que ya está en marcha en el mundo) como en lo programático y en la acción concreta de la lucha social...

No nos iremos a otro partido ni cambiaremos nuestra inspiración doctrinaria fundamental, que siempre ha sido la que viene del cristianismo. Nos organizaremos para seguir luchando por aquello que ha tenido un carácter permanente en nuestra acción: retomar el legado moral de la Falange, unimos a la lucha del pueblo por la justicia, por la democracia, por la revolución, por la nueva sociedad comunitaria y socialista.

El 18 de mayo de 1969 se fundó el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) que, como su nombre indica, quería luchar por la unión política de todas las fuerzas revolucionarias del pueblo que combatiesen por la sustitución del capitalismo y la construcción del socialismo en Chile. Su primer secretario general fue Jacques Chonchol, más tarde ministro de agricultura en el gobierno Allende. Al presentar el nuevo movimiento al país, sus fundadores manifestaron:

La unidad popular es el instrumento revolucionario para construir en Chile una sociedad socialista y comunitaria. El gobierno de Frei fue el último intento posible de modernizar el capitalismo sin recurrir abiertamente a la dictadura económica, social y política. Este intento fracasó. Hoy es necesario buscar nuevas vías.

El primer requisito es la conquista del estado por el pueblo, la construcción de un estado popular. Sólo sobre esta base es posible pensar en la nacionalización de las grandes industrias y la minería del cobre, hierro, salitre y carbón; en la realización de una reforma agraria masiva y drástica; en la expropiación de la banca y establecimiento de mecanismos eficaces de planificación y control de la economía. Sólo un estado en manos de los trabajadores puede asegurar efectivamente la participación de los trabajadores en esferas cada vez más amplias de propiedad y poder, impulsando una efectiva democratización de la economía, de la política y la cultura. Sólo un poder popular amplio y enraizado en las masas puede hacer frente al imperialismo y suscitar una verdadera mística colectiva de trabajo, disciplina social, y un sentimiento real de identidad nacional.

Sabemos que, al adoptar esta posición, nos alejamos de los modelos históricos a través de los cuales diversos países han construido el socialismo. Pero sabemos también que con ello reivindicamos la lección más honda de la experiencia revolucionaria contemporánea: que no hay modelos universales de aplicación general, que cada país debe buscar con originalidad su propio camino, con audacia e imaginación creadora. Así entendemos la lucha por una sociedad de trabajadores: como una tarea que el pueblo va decidiendo cada día, aprendiendo de su práctica política, forjando su propia teoría. Nuestro compromiso fundamental es con ese pueblo que lucha, busca e indaga; no con fórmulas de ningún tipo, por valiosas que puedan resultar como gula y orientación.

El 21 de octubre de 1969 se producía el «Tacnazo» (no confundir con el «tanquetazo» del 29 de julio de 1973, intento militar contra el gobierno de Allende, precursor del golpe de estado). Dos unidades del ejército del regimiento Tacna, conducidas por el brigadier Roberto Viaux, se rebelaron con el pretexto de reivindicaciones de carácter económico y equipamiento insuficiente. El gobierno de Frei lo consideró como el primer eslabón de una escalada más amplia, y lo sofocó con facilidad. Su líder, Roberto Viaux, volverá a estar implicado en los acontecimientos de octubre de 1970, cuando fue asesinado el comandante en jefe de las fuerzas armadas, general Rene Schneider, en un intento para que Allende no asumiese la presidencia.

Durante el mismo mes de octubre de 1969 cristalizó el comité coordinador de la Unidad Popular, después de largas conversaciones que duraron meses. Cada partido de la coalición de izquierdas nombró a un candidato, y de entre ellos debía salir el candidato único de la UP. El Partido Comunista eligió a Pablo Neruda como representante. Oigamos cómo lo explica él mismo en sus Memorias, cosa que nos permitirá igualmente descubrir el ambiente de aquellas jomadas trascendentales.

Una mañana de 1970 llegaron a mi escondite marinero, a mi casa de Isla Negra, el secretario general de mi partido y otros compañeros. Venían a ofrecerme la candidatura parcial a la presidencia de la República, candidatura que propondrían a los seis o siete partidos de la Unidad Popular... Cuando le dije al camarada Corvalán que aceptaba, lo hice en el entendimiento de que igualmente se aceptaría mi renuncia, en la convicción de que mi renuncia sería inevitable. Era harto improbable que la unidad pudiera lograrse alrededor de un comunista. En buenas palabras, todos nos necesitaban para que los apoyáramos a ellos (incluso algunos candidatos de la Democracia Cristiana), pero ninguno nos necesitaba para apoyamos a nosotros.

Pero mi candidatura, salida de aquella mañana marina de Isla Negra, agarró fuego. No había sitio donde no me solicitaran. Llegué a enternecerme ante aquellos centenares o miles de hombres y mujeres del pueblo que me estrujaban, me besaban y lloraban. Pobladores de los suburbios de Santiago, mineros de Coquimbo, hombres del cobre y del desierto, campesinas que me esperaban por horas con sus chiquillos en brazos, gente que vivía su desamparo desde el río Bío Bío hasta más allá del estrecho de Magallanes, a todos ellos les hablaba o les leía mis poemas a plena lluvia, en el barro de las calles y caminos, bajo el viento austral que hace tiritar a la gente.

Me estaba entusiasmando. Cada vez asistía más gente a mis concentraciones, cada vez acudían más mujeres. Con fascinación y terror comencé a pensar qué iba a hacer yo si salía elegido presidente de la República más chúcara, más dramáticamente insoluble, la más endeudada y, posiblemente, la más ingrata. Los presidentes eran aclamados durante el primer mes y martirizados, con o sin justicia, los cinco años y los once meses restantes.

En un momento afortunado llegó la noticia: Allende surgía como candidato posible de la entera Unidad Popular. Previa la aceptación de mi partido, presenté rápidamente la renuncia a mi candidatura. Ante una inmensa y alegre multitud hablé yo para renunciar y Allende para postularse. El gran mitin era en un parque. La gente llenaba todo el espacio visible y también los árboles. De los ramajes sobresalían piernas y cabezas. No hay nada como estos chilenos aguerridos.

Conocía al candidato. Lo había acompañado tres veces anteriores, echando versos y discursos por todo el brusco e interminable territorio de Chile. Tres veces consecutivas, cada seis años, había sido aspirante presidencial mi porfiadísimo compañero. Esta sería la cuarta y la vencida.

Cuenta Arnold Bennet o Somerset Maugham (no recuerdo bien quién de los dos) que una vez le tocó dormir (al que lo cuenta) en el mismo cuarto de Winston Churchill. Lo primero que hizo al despertar aquel político tremendo, junto con abrir los ojos, fue estirar la mano, coger un inmenso cigarro habano del velador y, sin más ni más, comenzar a fumárselo. Esto lo puede hacer solamente un saludable hombre de las cavernas con esa salud mineral de la edad de piedra.

La resistencia de Allende dejaba atrás a la de todos sus acompañantes. Tenía un arte digno del mismísimo Churchill: se dormía cuando le daba la gana, A veces íbamos por infinitas tierras áridas del norte de Chile. Allende dormía profundamente en los rincones del automóvil. De pronto surgía un pequeño punto rojo en el camino: al acercarnos se convertía en un grupo de quince o veinte hombre con sus mujeres, sus niños y sus banderas. Se detenía el coche. Allende se restregaba los ojos para enfrentarse al sol vertical y al pequeño grupo que cantaba. Se les unía y entonaba con ellos el himno nacional. Después les hablaba, vivo, rápido y elocuente.

Regresaba al coche y continuábamos recorriendo los larguísimos caminos de Chile. Allende volvía a sumergirse en el sueño sin el menor esfuerzo. Cada veinticinco minutos se repetía la escena: grupo, banderas, canto, discurso y regreso al sueño. Enfrentándose a inmensas manifestaciones de miles y miles de chilenos; cambiando de automóvil a tren; de tren a avión, de avión a barco, de barco a caballo; Allende cumplió sin vacilar las jomadas de aquellos meses agotadores. Atrás se quedaban fatigados casi todos los miembros de su comitiva. Más tarde, ya presidente hecho y derecho de Chile, su implacable eficiencia causó entre sus colaboradores cuatro o cinco infartos (13).

Así quedó forjada la Unidad Popular, y con ella, la posibilidad de empezar a caminar por «la vía chilena hacia el socialismo», si se ganaban las elecciones...

Fue en este contexto general de reagrupamiento y lanzamiento de fuerzas en el que Joan Alsina llegó a Chile, el 30 de enero de 1968, dos años y medio antes de las elecciones presidenciales.

4. Año 1968: Primeros contactos de Joan con el pueblo

El contrato de Joan con la diócesis de Santiago era por un período inicial de cinco años. En realidad, estuvo allí cinco años y nueve meses. Para reconstruir este último período de su vida disponemos de 124 cartas, en su mayoría dirigidas a la familia, y 7 conversaciones grabadas en cinta magnetofónica. El contenido de sus comunicaciones refleja normalmente situaciones domésticas, como la salud, la comida, la ropa, el dinero, referencias familiares. Sin embargo, encontramos también en ellas amplias explicaciones de su labor y del porqué de sus opciones. Al mismo tiempo, conservamos algunos escritos publicados en hojas parroquiales y algunos resúmenes de reuniones que nos permiten conocer más a fondo su evolución interior en relación con los problemas sociales, políticos y eclesiales, así como los cambios habidos en su concepción del ministerio sacerdotal. Finalmente, conservamos también testimonios orales y escritos de personas que convivieron y trabajaron con él. Todo ello nos permite reconstruir con bastante regularidad y exactitud el cuadro de su personalidad.

Las cartas y grabaciones personales vienen citadas con la fecha de envío. Los testimonios siguen una numeración convencional. Teniendo en cuenta que muchos de estos testimonios nos han llegado juntos en una misma cinta, la numeración corresponde a la de la cinta, lo que significa que un mismo número puede aplicarse a testimonios distintos. Toda la documentación, debidamente clasificada, pertenece a la familia Alsina Hurtos.

Ya en Chile, Joan pasa un mes en la capital:

Santiago es una ciudad inmensa --escribirá--, grande como Barcelona, pero mucho más extensa, pues las casas no son tan altas, y hay muchas plazas, avenidas y espacios verdes. La vegetación es muy parecida a la catalana. Sólo que aquí hay muchas palmeras y eucaliptus. Por otra parte, hay robles, encinas, fresnos, olmos, pero todo mucho más grande (14).

Pasa su primera estancia en la parroquia de San Bernardo, ciudad que se encuentra en las afueras de la capital. El párroco, don Nacho Ortuzar, es un hombre cordial. Sobre él escribirá un año más tarde: «Este anciano fue un padre para nosotros... Quiere mucho a los curas y vamos a su casa cuando queremos, como si fuera la nuestra» (15). Trabajan con él dos curas de Girona, y esta parroquia se convirtió en lugar de recepción y de paso para los curas llegados de Girona. Precisamente Joan pasará allí sus últimos días, antes de ir voluntariamente al hospital de San Juan de Dios, donde será hecho preso y conducido a la muerte.

Los primeros días los dedica a visitar la ciudad y conocer sus gentes:

La gente es muy amable y coñona. Te acogen muy bien. A veces te llegan a aturdir con tantas atenciones. Te invitan y sacan lo que tienen y más. Son bastante pobres, pero sobre todo de mentalidad. Visten muy mal, sobre todo los hombres. En verano llevan americana y zapatos. Apenas si conocen las sandalias. Las mujeres y las chicas visten muy al día. Hay muchos niños sin escuela. A los 7 y 8 años cogen una caja de madera, un trapo, un cepillo y a limpiar zapatos. Otros venden helados, diarios, caramelos, y se pasan el día dándote la lata para que les des plata.

Yo ya he dado el dinero a guardar a un lugar seguro. Si no, en cuatro días me quedaría sin blanca. Porque los que no tienen trabajo, ya de pequeños aprenden a hacer trabajar las manilas. Os decía que a veces son pobres de mentalidad: hay casas donde apenas pueden vivir y mantienen cinco perros que no les sirven para nada.

Viven apelotonados, pero en ninguna barriada falta su campo de fútbol. Al cura le quieren y respetan mucho. Me contaba uno de Girona que pasó un tiempo en un barrio donde había muchos cogoteros (ladrones y pilletes) y nunca le faltó nada, y podía ir donde quisiera. Nadie le tocó nunca nada, ni mucho menos. Era el padrecito del barrio y le querían con locura.

La comida es buena. De momento no he dejado nunca nada en el plato. Sólo que le echan azúcar a todo, hasta al melón. Yo, donde ellos echan azúcar, echo sal o ají, que es una especie de romesco, pero muy picante. El vino que he tomado hasta ahora es buenísimo. Comen carne a todas horas. El pescado es manjar de hambre. Desde que he llegado aquí he comido pescado una sola vez, y aún se disculpan por servírtelo. Les parece que te hacen una ofensa. Una cosa que comen mucho y cocinan muy bien es el choclo: una especie de maíz tierno, muy bueno. Lo comen en puré y en pastel. A mí me gusta mucho. Puede que de otra cosa sí, pero de hambre no voy a morirme, en este país.

Los precios del vestido y el calzado son muy altos. Café no hacen nunca. Si quieres tomar, tienes que ir al bar. En las casas se han acostumbrado al nescafé, y nadie puede hacerles cambiar. Yo ya me he acostumbrado (16).

En el hemisferio sur las estaciones son contrapuestas a las del hemisferio norte. Por eso, cuando Joan llega a Chile, se encuentra en pleno verano. A los pocos días establece su primer contacto con el Movimiento Obrero de Acción Católica, MOAC, con ocasión de un campamento de verano en El Quisco, a la orilla del mar.

No penséis en la playas de Roses. Aquí el mar no es nada pacifico, aunque se llame Pacífico.

Es bravo y muy frío, aunque el cuerpo se acostumbra en seguida. Una de las cosas bonitas es sentarse sobre unas rocas bien altas y ver cómo las olas se estrellan allá abajo. Por la tarde, cuando el sol se pone, es uno de los espectáculos más hermosos que os podáis imaginar. En un día de calma, ver olas que al estrellarse forman siete metros de salpicaduras y espuma. Es precioso. Tampoco debéis imaginaros un verano al estilo del de nuestras tierras. Hay una gran diferencia entre el día y la noche. De día te asas que es un contento. Hace un calor seco y fuerte, y en cambio de noche tienes que dormir con una manta. En el campamento, dormía con dos mantas, y ya sabéis que yo no soy ningún friolero. Eso de poder dormir bien por la noche, sin calor, es algo que va muy bien (17).

El contacto familiar con los matrimonios chilenos le permite captar algunas de las características del temperamento chileno:

La gente fue muy buena con nosotros. Siempre lo es. Son delicadísimos. Te sacan todo lo que pueden para obsequiarte. Y cuanto más pobres, más. No saben qué hacer para tenerte contento. Pero hay que tener cuidado, porque son distintos a nosotros. Nosotros, si vemos algo que no nos gusta, no sabemos disimular, lo decimos y en paz. Ellos en cambio, por no herirte, nunca te dicen nada en contra, por mal que hagas las cosas. A ellos lo único que les interesa es no herirte ni molestarte. Además, otra cosa que tienen es que no son muy constantes. Lo hacen todo espontáneamente, sin preocuparse demasiado por nada. Pero ¡en fin! con un poco de cuidado no creo que vaya a ser ninguna dificultad importante.

En este campamento del MOAC conoce al consiliario nacional, Alfonso Baeza, con quien le unirá una fuerte amistad, y con quien convivirá durante los últimos meses de su vida. Su orientación obrerista, manifestada en los primeros años de pastoral en Malgrat, la mantendrá durante los cinco años y nueve meses pasados en Chile, vinculado al movimiento, del que se convertirá en consiliario.

De vuelta a Santiago se dedica a visitar las parroquias necesitadas de curas:

Como faltan por todas partes, los del obispado tienen muy en cuenta la mentalidad y las aptitudes de la gente, y antes de decirte: «Vete a tal pueblo», te hablan y tienen en cuenta tu opinión. Aunque eso de escoger también es jodido, nunca sabemos qué puede irnos mejor, y quebraderos de cabeza los hay por todas partes (18).

Finalmente, de entre las cinco o seis posibilidades que se le ofrecen escoje y es destinado al puerto de San Antonio, que es el segundo del país, después de Valparaíso.

La ciudad portuaria

San Antonio es una ciudad de 60.000 habitantes con tres parroquias: San Antonio, Barrancas y Llolleo. Tiene un núcleo comercial y el resto es población trabajadora: estibadores, pescadores y obreros industriales. Está construida sobre cerros que descienden en semicírculo sobre el mar, en los que se encuentran las pequeñas casas de madera donde vive la gente más pobre. Son las poblaciones, o barriadas suburbiales. Joan es destinado a la parroquia central de San Antonio, que tiene 20.000 habitantes. El párroco es un hombre joven, de 30 años, Enrique Troncóso, con quien entablará una buena amistad. Hay un segundo cura que tiene a su cargo la catequesis de toda la zona pastoral, que es más grande que la diócesis de Girona. Los tres van a formar un buen equipo de trabajo, y Joan normalmente hablará muy bien de ellos.

Nosotros vivimos en una casita que tenemos detrás de la parroquia, y delante hay unas monjas que nos hacen la comida y nos arreglan la casa. Lo hacen muy bien y son muy simpáticas (19) ... La gente es muy afectuosa y hospitalaria. De momento voy conociendo la parroquia porque dentro de poco vamos a repartirnos el trabajo. Además del normal, a mí me tocará trabajar en dos barrios muy grandes, cada uno más grande que todo Castelló. Son gente que trabaja principalmente en el puerto y en la industria. Gente más bien sencilla, pero buena. Normalmente, más vale trabajar con gente pobre que con ricos y negociantes. (20)

De momento las primeras tareas que asume son las de preparación de los niños que van a recibir la primera comunión y confirmarse. Pero ya desde el primer momento inicia un camino que no abandonará nunca y que tendrá un papel decisivo en su vida:

También me hago cargo de un hospital, y esto lleva muchas horas, porque casi cada día tengo que pasar a ver a todos los enfermos, y si quiero verlos a todos sin entretenerme demasiado, siempre paso más de dos horas. Me va muy bien porque así voy conociendo al pueblo, pues el hospital es del «seguro» y todos son trabajadores y más bien pobres (21).

La gran preocupación de Joan es comprender el temperamento de la gente, tan distinto del de la de Malgrat:

Al principio me sentía como una vaca ante un piano. Gracias a Dios, los curas y la gente más cercana a la parroquia me han ayudado mucho. Y ahora ya empiezo a despabilarme y a trabajar de firme en la parte que me corresponde. Y la gente ya me conoce (22).

Esto es lo que dice al cabo de cuatro meses de estar en San Antonio, y en la misma carta sintetiza todo lo que ha hecho y descubierto hasta el momento:

Los chilenos son muy sensibles y les haces un gran bien interesándote por ellos personalmente. No quieren dinero ni cosas, sólo que les atiendas. Ahora han llegado unas dos mil personas a un barrio nuevo que se están construyendo ellos mismos. Son casas de madera y uralita. La gente es pobre y necesita muchas cosas. He ido a menudo a verles y a pasar ratos con ellos. Nunca les he dado ni una perra, aunque los hay muy necesitados. Pero ni yo tengo dinero, ni les haría ningún bien que se lo diera. En cambio, aprecian mucho que vaya a verles y les escuche. El otro día ya me pidieron para hacer una iglesia. Les hice comprender que ahora no podía ser. Que mientras ellos pasan estrecheces para hacerse una casa, sería un lujo hacer una casa que sólo serviría una vez a la semana. Y Dios no quiere lujos. Lo que quiere es que se ayuden entre ellos y que cada vez más vayan teniendo lo necesario. Si quieren tener misa, se puede decir en un local que tienen para reuniones. Es suficiente. Lo entendieron muy bien. Además se puede decir misa en una casa grande, donde quepan todos. Ver gente, hablar con ellos, ayudarles a ser un poco mejores en su vida, tal es mi trabajo de cada día. Esto requiere constancia y no dejar de vivir nunca con ellos. El hecho de que nosotros tampoco tengamos mucho dinero ni vivamos mucho mejor que ellos nos ayuda mucho a estar a su lado y a que no nos consideren unos extraños, sino otras personas como ellos. Aquí no se conoce el tipo de comecuras que se encuentra en España. La gente es sencilla y nunca te recibe mal. Lo que fastidia es que nunca sabes si te tienen confianza o es sólo que te reciben bien. Yo personalmente creo que empiezan a tenerme confianza, porque a veces ya me hablan de cosas serias y difíciles. Cuando un chileno te cuenta verdades, se puede decir ya que te aprecia, porque es algo que les cuesta mucho por su forma de ser.

Precisamente esta familiaridad en el trato con las personas, y el conocimiento que todos tienen de él es lo que más sorprende al doctor Estela, el querido rector del seminario de Girona, cuando lo visita en los primeros días del mes de agosto:

El recuerdo más grande que conservo de Joan es el de mi estancia de uno o dos días en San Antonio. Me recibió, improvisó una comida, me acompañó por la parroquia. Recuerdo que lo vi formal, responsable, inteligente, decidido, en el despacho parroquial. Daba sus órdenes, atendía a la gente que había que recibir, no perdía el tiempo. Al día siguiente me acompañó al puerto, a unas barriadas de gente pobre. Me di cuenta de que tenía una gran intimidad y conocía a todos, cosa que me extrañó pues sólo llevaba allí 4 ó 5 meses. Aquella gente le escuchaba y hacía caso de lo que les decía: les invitaba a una reunión que iba a celebrarse aquellos días. Le vi muy sereno. Por la noche fuimos a cenar con una familia española. Me llevé una impresión muy curiosa de aquella familia, que había sido de un comité republicano durante la guerra, aquí en Girona. Disentían fuertemente de Frei, entonces presidente de la República, porque lo encontraban demasiado socialista. Me dije a mi mismo: «Se nota que han hecho dinero en Chile. No son como en Girona. Como lo cuidan...» (23).

«Hay que comprometerse»

Los acontecimientos de agosto de 1968 --ocupación de la catedral de Santiago, nacimiento de la iglesia joven, viaje del papa a Colombia, congreso de Medellín-- no encuentran una resonancia explícita en el epistolado de Joan. Sólo disponemos de una carta a un compañero sacerdote de Girona que refleja indirectamente lo que ocurría en su espíritu durante aquellos meses:

Hay que comprometerse. No creo que valga la pena venir a Chile sólo por pasar algunos años más. Hay que llegar al fondo, porque, aquí como en cualquier parte, la iglesia se está jugando muchas cosas. Uno siente una sensación de impotencia en la encrucijada que estamos viviendo. Al mismo tiempo, uno descubre también la acción de Dios en los movimientos actuales. No creo haber reflexionado y rezado nunca tanto como en Chile. El activismo en América es un mito.

Cuanto más se compromete uno en la vida, más siente la necesidad de orar y pensar. De otro modo, no hay avance posible. De momento me toca ver, mirar, escuchar y callar mucho. El ambiente del puerto es duro, hay que entrar en él con paso lento y seguro. Creo que lo voy consiguiendo. Creo que pronto podré empezar una nueva comunidad cristiana en una nueva población. Y un grupo de MOAC. He comenzado un grupo de JEC muy interesante. Chile es un país joven donde en modo alguno se puede abandonar a la juventud. Aquí tenemos un liceo de enseñanza media con unos 1.500 alumnos. Y además, la enseñanza privada. Imagínate el panorama. Políticamente, yo veo las cosas así: Frei no ha dado todo lo que podía dar a causa de presiones internas como la politiquería y los grupos de la derecha económica y política, y de presiones exteriores. Hoy día estamos rodeados de gobiernos militares. Bolivia, Argentina, Brasil, y desde ayer. Perú (24) . La Alianza para el Progreso es un fracaso. La izquierda está dividida, y concretamente el PC, totalmente vendido a Rusia. El panorama, más que negro, es incierto y la gente no le ve ninguna salida al asunto.

La iglesia va avanzando. Va tomando conciencia de su situación, y cuenta y pesa en el país. La jerarquía es muy sensata. Con algunas excepciones.

Tal vez mi visión es algo impresionista y poco meditada. Hoy hace siete meses que estoy en la parroquia, y ocho en Chile. O sea que es muy poco (25).

Esta carta fue escrita en los primeros días del mes de octubre. Disponemos de un testimonio que nos explica en qué consistían las reuniones del MOAC, y cómo en una de ellas Joan se planteó la necesidad de salir un poco del reducto parroquial para entregarse más intensamente a las poblaciones. Lo transcribimos respetando la espontaneidad del lenguaje.

Fue así como nos juntamos en octubre un grupo de amigos cristianos, todos casados y con hijos, y con mucha inquietud por los momentos que vivía Chile, sobre todo en lo que respecta a lo laboral. En esa reunión, a través del evangelio, fuimos descubriendo que teníamos que comprometemos donde trabajábamos, ya fuera en el sindicato, en la población, en la parroquia, en cualquier parte donde pudiéramos hacer algo para que la gente entendiera que había que luchar por lo que nos corresponde, por la libertad y por ser respetados como seres humanos.

A medida que pasaba el tiempo nos fuimos haciendo más amigos y nos fuimos haciendo críticas más fuertes. Joan tenía muchas inquietudes, le preguntamos: «Bueno, compadre (era una forma de tratarnos), ¿en qué estáis trabajando? ¿No crees que entre esas cuatro paredes de la iglesia ta vai a poner viejo y vai a ser un cura cabrón como los demás?». El, después de miramos un poco a todos, nos dijo: «Bueno, ¿qué creen ustedes que puedo hacer si a la iglesia van puras viejas huevonas, que lo único que hacen es golpearse el pecho y comulgar? Lo que pienso, y para ello necesito la ayuda de ustedes, es ver la forma de meterme en las poblaciones, en los hogares modestos donde hay problemas económicos, donde el hombre de la casa se toma la plata (embriagarse), le pega a la mujer, donde los chiquillos andan a pata pelada... Creo que puedo llegar a ellos, porque es mucha la gente que está perdiendo la fe en Cristo y, sobre todo, se va alejando de la iglesia». Reconoció que los curas tenían la culpa y que había llegado el momento de que la iglesia fuera a la gente, pero mostrándolo con hechos concretos, porque ya la gente no cree en las palabras.

Fue así como, cada vez que nos reuníamos, nos íbamos dando cuenta de que Joan se estaba comprometiendo con el mundo obrero, llegando a la gente con mucha cautela para no ser criticado, ya que en San Antonio la parroquia depende de los comerciantes, que son todos de plata, en su mayoría, españoles y turcos. Con ese temor se fue metiendo en los alrededores del puerto de San Antonio, especialmente en las poblaciones modestas, donde había problemas de escuelas, médicos, postas de primeros auxilios, y un montón de cosas más... (26).

Entre las barriadas extremas que visita Joan, habla de una que tiene 3.000 habitantes --«más que Castelló»-- y de la que se encarga él solo.

La gente es pobre y tiene poco trabajo. Esto trae problemas: pero alegrías no faltan. Con la próxima carta os mandaré una hoja que hemos empezado a hacer para la gente de los barrios de la parroquia. Mañana, si Dios quiere, sale el primer número. Dios quiera que la cosa eche adelante. Esto requiere trabajo y gastos. De alguna parte habrá que sacarlo.

No disponemos del primer número, pero sí del segundo, que debía salir en la segunda quincena de octubre de 1968. Se trata de una hoja ciclostilada, doblada por la mitad en forma de cuaderno, y de sólo cuatro caras. Lleva el nombre de la barriada: Placilla, y un subtítulo que reza: «Al servicio de los pobladores».

Dedica las páginas centrales a la ley de juntas vecinales, recientemente firmada. El presidente Frei, al promulgarla en un acto de masas, reconoció que «esta ley no crea las juntas de vecinos y demás organizaciones comunitarias; lo que hace es reconocerlas como un hecho; es darles expresión constitucional y jurídica; es incorporarlas a la vida nacional».

En efecto, la organización vecinal existía en Chile desde mucho antes, y era la forma de sociabilidad natural y espontánea de aquellos que establecían sus viviendas y chabolas en barriadas en las que faltaba lo más imprescindible: cloacas, abastecimientos, locales sociales, agua, luz, vigilancia municipal, transportes, escuelas. Fue así como surgió una organización popular diversificada en múltiples instituciones: Juntas de vecinos, centros de madres, clubs deportivos, centros culturales.

Entre dibujos muy rudimentarios, casi de escuela primaria, el artículo que redactan Joan y sus compañeros viene encabezado por un recuadro que dice:

Todo lo que es dar poder al pueblo es bueno. Pero hay que proporcionarle también los instrumentos útiles para ejercerlo. No basta el simple derecho a pataleo, y ni siquiera el derecho de voto. Uno de estos instrumentos puede ser la ley de juntas vecinales, firmada recientemente. Analicemos brevemente las ventajas que puede traemos y las dificultades y peligros que pueden surgir.

Y señalan entre las ventajas la posibilidad que ofrece la ley a los vecinos de liberarse de padrinazgos políticos, de conocer más de cerca la realidad de los problemas, y facilitar la incorporación de más pobladores a la tarea común. Entre los inconvenientes, enumeran el hecho de que le ley no prevé suficientemente la financiación de las juntas vecinales, que deja un margen a la manipulación por los políticos, que puede alejar la preocupación por los problemas nacionales, y que se puede convertir en un eslabón más de la burocracia estatal. Terminan con una cita del Vaticano II: «Se ha de alabar el proceder de aquellas naciones que,

en un clima de verdadera libertad, favorecen la participación del mayor número posible de ciudadanos en los asuntos públicos», en letra mayúscula y enmarcado con doble recuadro. Finalmente, en la hoja se dan noticias de la barriada, como la traída del agua y la próxima construcción de cloacas.

Joan está contento con su tarea durante su primer año de estancia en Chile.

Cada vez me acostumbro más a estar con el pueblo y tengo menos ganas de salirme de él. La gente me quiere y tengo trabajo de veras. Irse de casa cuesta. Pero cuando uno ve que obra bien, que la gente le tiene confianza, que le pide y exige y espera de uno, ya no se acuerda de nada. La satisfacción es mucho mayor que el sacrificio. Gracias a Dios no me falta ni me sobra nada. Os puedo decir con mucha alegría que soy pobre, y digo con alegría porque ésta es la única condición para ser libre. Aquel que no tiene nada que perder, puede decir siempre todo lo que quiera. Y esto para un cura es muy importante, dondequiera que esté. Vosotros lo sabéis muy bien (27).

Cuando unos amigos de Malgrat le hacen saber la muerte repentina de un compañero, Joan se encara con este hecho inusitado con una reflexión muy propia de él y que aparece a menudo en sus escritos:

Ahora que somos jóvenes no pensamos demasiado en la muerte, la vemos como algo lejano y ajeno, que no nos afecta a nosotros. Pero estos hechos repentinos nos deben hacer pensar que esta vida es para aprovecharla. No sirve de nada quedarse jodido ante la muerte de un compañero, y después, al cabo de un tiempo, no acordamos más de ella. Lo que interesa es saber aprovechar la vida para algo importante. Y no llevar la vida rutinaria e inútil que llevamos a veces, sin ocupamos de nada provechoso. Es preciso que nos preguntemos muchas veces en la vida: ¿qué he hecho hasta ahora que valga un poco la pena? A los demás ¿les sirve de algo que yo esté en este mundo ? (28).

Se acercan las fiestas navideñas. Joan comenta que a medida que se va adentrando en su tarea tiene menos tiempo para escribir a todos los que le mandan cartas. Se extraña de que le lleguen tantas cartas de Malgrat. No creía que la gente le quisiera tanto. Por fin opta por una felicitación colectiva en la que se refleja de nuevo el hombre de fe y el hombre del servicio y del trabajo bien hecho, que, con firmeza y decisión, sabe dónde está y a dónde quiere llegar.

1968 está terminando y se acerca navidad.
Ha sido un año interesante y lleno de cosas nuevas.
Os puedo asegurar que estoy muy contento de haber venido a Chile.
Hay trabajo, y del bueno, y también ganas de hacerlo.
Deseo que también vosotros terminéis el año con alegría y paz. Y que
con la luz y la fuerza que nos trae el Señor comencemos el año nuevo.
Cada año es un don de Dios. Una oportunidad para mejorar, para
hacemos más maduros.
A pesar de la distancia que nos separa, nos sentiremos unidos en una
misión común: la de servir a Dios en nuestros hermanos.
¡¡Feliz navidad y año nuevo!!

5. Año 1969: Tareas de promoción popular en las barriadas y entre los enseñantes

Durante los meses de enero y febrero de 1969, Chile cambia de aspecto. Son las vacaciones veraniegas, y las actividades de carácter comunitario se ven interrumpidas. La gente se dedica a preparar excursiones colectivas a la playa o a la montaña. Cada domingo las carreteras se ven transitadas por gran número de autocares con grupos de gente festiva. Estas salidas normalmente están organizadas por las mismas organizaciones vecinales, parroquiales o clubs deportivos. En Viña del Mar se celebra el tradicional festival de la canción que reúne verdaderas multitudes. La gente del pueblo no siente mucha afición a subir montañas, a pesar de ser los Andes tan imponentes y estar tan cerca. Seguramente por falta de recursos, el excursionismo y la escalada no han tenido arraigo entre la juventud. El temperamento tampoco ayuda: la ancestral abulia les lleva menos a conquistar cimas que a tumbarse en la playa horas y más horas, días y más días para «broncearse». No se trata de ningún deporte, pues el agua del mar está fría, y las olas son desagradables. Lo que se busca es simplemente la relajación total. La famosa flojera sudamericana encuentra su expresión más adecuada.

Con todo, durante el verano se manifiestan también muchas de las cualidades de los chilenos. Una de ellas es la hospitalidad. Las familias de la capital van a visitar a sus parientes de la costa, y ocupan materialmente los pequeños habitáculos:

Aquí en Chile las vacaciones son sagradas. Figuraos que una de cada dos familias de San Antonio tiene visita de Santiago, gente que viene aquí a la costa a pasar las vacaciones de verano. Imaginad que aquí las casas son pequeñísimas, pero siempre hay sitio para acoger a uno más. Si son siete, no tienen el menor inconveniente en recibir a siete más. Hoy he ido a una casa que son nueve, y al entrar me encuentro con una invasión de chiquillos y con una mesa puesta para la tira de gente: «¡Coño! ¿qué pasa? ¿Tanto ha crecido la familia?» «No, mira --me dice la dueña-- es que el otro día mi hermana se peleó con su marido y los hemos recogido a todos» ¡Eran 18 en la mesa! Y sólo disponen de un sueldo. No sé cómo se las apañan. Todos tienen un buen plato de cocido del que hacen aquí, que hechan de todo dentro: carne, choclo, patatas hervidas... Hacen milagros con el dinero. Tienen poco, pero les cunde. Atender a las visitas es algo sagrado. Cuando tienen una, no piensan en nada más: atenderla, hacer que se encuentre a gusto, que esté contenta, poder cumplimentarla en todo (29).

¿Tú diciendo misas y la gente muñéndose de sed?

De este verano de 1969 procede una anécdota que indica la influencia que Joan ejercía sobre sus compañeros sacerdotes, y cómo el estilo de su sacerdocio ayudaba también a los demás. Lo cuenta el mismo protagonista:

Me parece estar viéndolo. Era en el verano del 69. En aquella época yo estaba en un pueblecillo de la cordillera, Alhué. Era el año seco. Durante todo el año anterior no había llovido. No había agua para los animales, ni casi para las personas, que bebían racionada la poca que quedaba. Joan solía venir de cuando en cuando. Y aquella tarde llegó al atardecer en la única «micro» (ómnibus) que subía a Alhué una vez al día. Yo no estaba. Decía misa en una de las treinta capillas que tenía la parroquia.

Joan llegó y se quedó pensativo, mirando fijamente de lo alto del puente: el río iba seco y había una fila de mujeres con críos haciendo cola. Esperaban poder sacar un cubo de agua y llevarlo a su casa. Los pozos estaban totalmente secos, y sólo aquel hoyo daba un poco de agua, que salía turbia. Más allá se veían unos animales --bueyes, vacas, temeros-- que literalmente se morían de sed. Al anochecer llego yo en el jeep. Venía de Quelentaro, un pueblo a 100 km. de distancia. Las primeras palabras que me dijo Joan fueron éstas:

--«¡Hola, chico! ¿Qué haces tú por aquí?». Yo, que aún no le esperaba, le contesto: --«Pues mira, vengo de decir misa en Quelentaro, de hacer bautizos y bodas». Sin dejarme decir nada más, me interrumpe: «Así que tú diciendo misas, haciendo bautizos y bodas, y tu gente muñéndose de sed, ¿eh? ¡Pues si que estamos bien!».

No nos faltó tiempo para conversar. El tema de fondo era éste: el párroco de Alhué --en este caso yo-- tan preocupado corriendo de un lado para otro, diciendo misas, bautizando y dando sacramentos... y allá ante sus narices la gente y el ganado muñéndose de sed. Todavía me parece estar oyendo sus palabras: «...tan preocupados por seguir manteniendo una forma de iglesia totalmente desencarnada de la realidad humana y de los problemas reales de la gente...». Al día siguiente, cuando yo iba a acompañarle a la «micro» para regresar a San Antonio, me decía como resumiendo todo lo que habíamos hablado largamente: «Mira, Miquel. Menos misas y menos sacramentos... y trata de hacer lo que puedas para solucionar el problema vital que tiene esa pobre gente que se está muriendo de sed».

¿Queréis saber cómo terminó todo aquello? Durante medio año suspendí la visita a capillas en días laborables, tuvimos diversas reuniones con los hombres del pueblo, y se tomó el acuerdo de hacer un canal de cuatro kilómetros para traer el agua al pueblo. Trabajamos todos, hombres, mujeres y niños. El gobierno nos pagaba 5 escudos diarios (15 ptas.). Total, que a pesar de las dificultades y problemas, al cabo de medio año el agua llegaba al pueblo, y entre la alegría de todos, celebramos una misa al pie del canal, pedida por la misma gente con quien durante medio año --codo con codo-- habíamos acarreado piedras y hecho estallar cartuchos de dinamita. ¡Aquella sí que fue una misa participada y concelebrada con todo el pueblo! (30).

«Chile es muy bonito»

Joan aprovecha este período veraniego para conocer el país. Con un compañero va al sur, la región de los lagos y los volcanes, una de las más maravillosas de Chile, descrita por Neruda en sus Memorias.

...Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos --escribe Neruda en sus Memorias--, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno... Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro en la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes... Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo... El ciprés de las guaitecas intercepta mi paso. Es un mundo vertical: una nación de pájaros, una muchedumbre de hojas. Un tronco podrido: ¡qué tesoro!... Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas, y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma... En la altura, como gotas arteriales de la selva mágica, se cimbran los copihues rojos... El copihue rojo es la flor de la sangre, el copihue blanco es la flor de la nieve... El universo vegetal susurra apenas hasta que una tempestad ponga en acción toda la música terrestre. Quien no conoce el bosque chileno no conoce este planeta (31).

Joan pudo conocerlo. «Ahora estamos en Villarrica, un lago que hay hacia el interior de la cordillera. Es muy bonito y tranquilo. Estamos pasando aquí unos cuatro días. Hoy hemos ido a la falda de un volcán que hay a la orilla del lago. Hemos hecho la comida en el bosque. Estofado de ternera con patatas. Ha salido bien. Yo hago de cocinero» (32). De su viaje de veinte días, en el que ha recorrido 3.000 km. y que le ha costado 1.500 pías., saca esta conclusión: «Chile es muy bonito. Estos días he andado un montón de kilómetros, y me he dado cuenta de lo bonito que es. Lástima que sean tan pobres. Y otros tan ricos. Porque ya sabéis: allí donde hay gente demasiado pobre es que hay otra demasiado rica» (33).

«Los militares son muy respetuosos»

De vuelta a casa encuentra cartas de la familia. Su padre se muestra temeroso porque ha oído hablar de revueltas en América latina. Joan lo tranquiliza mandando una cinta a la familia. Sus palabras son interesantes pues reflejan la opinión general que tenían en aquel momento los chilenos sobre los militares:

Usted, padre, me dice si aquí hay revueltas... Mire, en todo el año, la revuelta que hemos tenido más cerca ha sido la del Perú. Y Lima, la capital, se encuentra tan lejos como Barcelona de Dinamarca, o un poco más. O sea que la cosa quedó bastante lejos y no nos afectó en nada. Aquí nadie habla nunca de revueltas. Los militares son muy respetuosos y también, es muy curioso, muy respetados por la gente, que les quiere. Incluso los carabineros, los guardias civiles de España, son muy respetados, aunque no tanto como los militares, porque dan más miedo y molestan más, pero con todo son más respetados que en nuestra tierra. Los militares son gente honrada, muy nobles y muy buenos. El ejército chileno es muy disciplinado. Chile es un pueblo que sabe convivir (34).

En realidad, la doble opinión de Joan sobre el ejército y sobre la policía era muy objetiva en aquel tiempo. El pueblo estimaba a los carabineros porque los veía normalmente velando por el ejercicio de sus libertades, ya sea en los momentos de emergencia --robos, incendios, enfermedades-- o preocupándose por el orden en las concentraciones y manifestaciones políticas. Pero la otra cara, la represiva, el pueblo también la conocía, ésta es la que se fue agravando a medida que pasaba el tiempo y la policía se iba pertrechando con equipos y grupos especiales antidisturbios. El «grupo móvil» se fue haciendo tristemente célebre a lo largo del período Frei, y una de las reivindicaciones más sentidas y exigidas por el pueblo era su disolución. Ya hemos recordado que fue precisamente durante este mes de marzo en que Joan graba la cinta para su familia cuando tiene lugar la matanza de Puerto Montt, que deja un saldo de 9 campesinos muertos y 30 heridos.

El ejército, sin embargo, se mantenía al margen de la política contingente. Las fuerzas armadas chilenas pasaban por ser de las más profesionales y constitucionalistas de toda América latina. Aún así, las reformas iniciadas por el gobierno demócrata-cristiano empezaron a inquietarles. No podemos olvidar que desde el punto de vista de clase, muchos de sus altos oficiales pertenecían a la oligarquía financiera y terrateniente amenazada por los programas reivindicativos de los líderes populares y populistas. De modo que no era nada inverosímil la ingerencia del aparato militar en la marcha política de la nación. El primer intento tuvo lugar con el «Tacnazo» del 21 de octubre, cuando el regimiento Tacna de Santiago se levantó a las órdenes del general Roberto Viaux, y el golpe fue sofocado rápidamente:

Como supongo que debéis saber, aquí hubo un intento de golpe de estado, pero la cosa no pasó de ahí. Aquí los militares son juiciosos y no tienen ganas de hacer tonterías. Y la gente tampoco está para militares. Todos quieren el gobierno civil. La cosa fue muy rápida. La gente, al principio, se asustó, pero todo terminó pronto (35).

Pero el hecho tenía raíces más profundas, y revelaba que la pretendida independencia de las fuerzas armadas empezaba a resquebrajarse.

«Trabajo no me falta»

Las actividades de Joan durante este curso de 1969 son múltiples. Sigue trabajando en la parroquia central de San Antonio, llevando la catequesis de los niños. Empieza a visitar dos nuevos barrios, uno de pescadores y otro de obreros portuarios. Durante el mes de abril cristaliza de forma definitiva el primer grupo de matrimonios trabajadores, vinculados al MOAC. Inicia un grupo de profesores cristianos, y se incorpora así al mundo de la educación. Da clases de religión en dos colegios de la iglesia. Sigue con la capellanía del hospital de San Antonio y visita a los enfermos a menudo.

Trabajo no me falta. Prácticamente no estoy nunca en casa. Ya me llaman «la visita». Durante los tres últimos meses, debo de haber cenado tres veces en casa. La gente quiere que estés con ellos. Si están en casa, que estés en casa; si están en una esquina, en la esquina, si en la barriada, en la barriada. Y es allí donde ellos te encuentran y pueden conversar contigo, y donde tú puedes conocerlos y quererlos de veras. La gente es muy afectuosa y se ofende mucho si no les aceptas algo. Al contrario de Cataluña, donde si uno se toma demasiada confianza, le tienen por un caradura. Y es aquí donde se trabaja de verdad, porque ya conocéis la historia de los curas que se quedan encerrados en su casa: no dan golpe y nunca llegan a conocer y a estar con el pueblo. Aquí es muy difícil encontrar aquel tipo de comecuras que tenemos en España, y sobre todo en Cataluña, los que si pudieran te escupirían en la cara, aunque ya vamos cambiando un poco todos. Aquí, no. Al cura se le quiere, y le quieren todos: el de derechas, el de izquierdas y el de en medio. Eso no cuenta. El cura es el cura, y le quieren (36).

Es el trabajo en las barriadas lo que más lo absorbe. Siguiendo el boletín ciclostilado que escriben él y sus compañeros podemos conocer los principales puntos de interés de esta época. En los primeros días de marzo de 1969 se celebran las elecciones parlamentarias, en las que la Democracia Cristiana pierde 27 escaños en la cámara de diputados y la mayoría absoluta, obteniendo el 29,8% de los votos, a poca distancia del 28,1% de la izquierda. Un poblador de la barriada dirige una carta abierta al diputado elegido por la zona, carta que publica el boletín (37).

Esta carta no es para pedir nada. Estamos ya tan cansados de pedir, de promesas que no se cumplen y de trámites que nunca terminan... Ni tampoco le vamos a atorar con discursos sobre lo que debe hacer. Pero tenemos algunas tincadas que exponer.

Lo primero que esperamos es que no se pierda (de la vista). Estamos demasiado acostumbrados a conocerlos por la pura foto. Preferiríamos conocerlos directamente en nuestras poblaciones, en los sitios donde trabajamos y vivimos.

Ah, ¿sabe? Nos parece bien que de vez en cuando se raje con unas cuantas «decisiones de hombre». Pero preferimos que escuche nuestros problemas, nuestra vida, y que nos ayude a tomar conciencia de nuestra situación y a buscar los caminos eficaces de solución.

Tampoco estaría de más que nos ayudara a organizamos. A veces uno tiene la impresión de que lo que interesa es dividir a la gente. Y no lo entendemos porque pensamos que esto de la política tendría que servir para unir ¡as fuerzas del país al servicio de todos los chilenos. Con eso no queremos decir que todos deben pensar igual. Cada uno es bien libre. Pero da la casualidad que el hambre, la cesantía, la falta de escuelas, de agua, de luz, la sufrimos todos por igual, en poblaciones, por supuesto. Porque nos imaginamos que donde vive usted no falta nada de todo esto...

Fíjate que se nos imagina que seria mejor que en lugar de hablar tantos discursos bonitos se comprometieran más y no todo quedara en unas palmaditas en la espalda y otras lindezas por el estilo... Con todo eso no queremos decir que la política sea algo malo. Creemos que es algo muy sagrado. Por eso nos molesta que la profanen algunos vividores que nunca faltan. Chaito. ¿Nos veremos pronto o será hasta la próxima campaña?

JUAN VERDEJO

Probablemente este «poblador» es el mismo Joan, pues el nombre de la firma es el tradicional chileno para personificar al hombre del pueblo, y Joan se llamaba... Juan. La desunión a que alude la carta, y que fue uno de los intentos permanentes del gobierno demócratacristiano para contener la marea ascendente del movimiento popular, es su preocupación máxima, y sus mayores esfuerzos van dirigidos a resolverla:

En la barriada donde estoy trabajando más intensamente, porque son más pobres y tiene 3.000 habitantes, había una desunión de cojones. Poco a poco lo vamos arreglando. Y es que la gente, mientras estaba desunida, no hacía nada ni avanzaba en nada. Justamente el próximo martes tienen la primera reunión los dos bandos con un delegado del ministerio. Yo no estaré presente, pero he ido trabajando en ello bajo mano y de frente, y creo que la cosa irá bien. Os mando una hoja que hago todos los meses para la gente. Ya me diréis qué os parece (38).

No disponemos de la hoja mencionada, pero sí de la siguiente, del mes de agosto, en la que se alude a las ideas del boletín anterior. Está consagrada a la conciencia de clase. Extraemos algunas frases.

A cada uno de nosotros se nos plantea una pregunta; ¿Tengo yo conciencia obrera o no?

Hay que terminar con un mundo en que unos pueden tirar la plata en leseras (tonterías), mientras otros viven en el barro y en la miseria. Ese es nuestro punto de partida. No hay conciencia obrera si no hay espíritu de superación.

Otra cosa fundamental es la solidaridad. Porque tenemos la experiencia de que solos no podemos conseguir nada. Cuando uno avanza solo, sin preocuparse de los demás, traiciona a su clase y colabora en la división del mundo obrero. En el Boletín pasado se habló de esta división. Y todos tenemos conciencia de cómo otros se aprovechan de nuestra división. Es un valor que hay que conseguir con esfuerzo. Este será el tercer paso. Las cosas no se nos dan hechitas desde arriba. Ni la conciencia obrera es una cosa que se dé en las personas por el puro hecho de trabajar. Hay que pelearlas y sacrificarse.

Y también se necesita, creo, esfuerzo para comprometerse y gastar tiempo y energías para conseguir nuestra superación. Esos son los principales puntos de la conciencia obrera. Seria bueno que reflexionáramos y viera cada uno de nosotros dónde está (39).

«Hay que conservar la alegría y el buen humor»

Durante este mismo mes de agosto escribe una carta a su casa que nos sirve para captar la visión que de sí mismo tenía Joan durante este tiempo. La transcribimos porque, entre otras cosas, nos explica el porqué de una de sus más constantes características: la afición por la cocina y la satisfacción por la comida. De nuevo se nos revela su profundo y equilibrado humanismo.

Del trabajo os puedo decir que me va bien, y que cada día tengo más. Ya ni sé en cuántas cosas estoy metido. De todos modos me vigilo, y de momento estoy muy bien de salud. Este invierno me vacuné contra la gripe asiática, de la que anunciaron que había epidemia, y por el momento me he salvado. Y aquí el mes de agosto es el peor. La comida me va muy bien. Siempre me ha gustado. Hoy, tal como os decía, es mi día libre. Lo que hago los miércoles, si tengo que ir a Santiago, es levantarme tarde, leer un rato y después de comer hacer la siesta, porque normalmente voy muy atrasado de sueño. Hoy he ido a comer a casa de Tomás. Como no tenían criada, nos ha tocado guisar a nosotros. Hemos hecho la caracolada. Una buena fuente de caracoles, y después una chuleta de cerdo para cada uno con patatas hervidas. Ya me imagino que Carme debe decir: «Este Joan sólo sabe hablar de comilonas. Sigue tan glotón como siempre». Mira, estas cosas son púnelas, pero ayudan a vivir entre tantos quebraderos de cabeza como tiene uno; si no, uno acaba como aquellos curas viejos y amargados que no hacen más que dar la lata a todo el mundo. Hay que conservar la alegría y el buen humor, y hacer tanto trabajo como se pueda, sin dejarse amargar por los problemas, que, como podéis figuraros, son muchos. Estoy contento porque creo que ha valido la pena venir a este pueblo de San Antonio. La gente me aprecia de veras y puedo trabajar porque la gente confía en mí. Y eso es muy importante. Que uno pueda presentarse donde quiera porque la gente tiene confianza. Y que pueda exigir y que la gente pueda exigirte a ti. Creo que vale la pena, y todos saben que pueden pedirme y exigirme lo que sea y en cualquier momento. Y saben que si me piden tonterías, soy lo bastante franco para decirles que eso es una tontería y listos. Bien, no os quiero cansar más por hoy, porque quiero ir a ver a los enfermos del hospital. Que hace ya dos días que no los he visto y seguro que me echarán una bronca. ¿Qué le vamos a hacer? Uno no puede estar en todas partes a la vez, y tiene que repartirse hasta donde alcance (40).

¿Somos realmente independientes?

Se acercan las fiestas patrias del 18 de septiembre. Joan no está de acuerdo en la forma como las celebra el pueblo. «Yo, por poco que pueda, me largaré a la montaña. Un día es bonito, porque hacen bailes populares, pero más ya no. Aprovecharé para reposar un par de días. Para mí ésta será la mejor fiesta» (41). En el boletín reflexiona sobre el significado de la fecha (42).

Celebramos la independencia de la patria, pero ¿somos realmente independientes? ¿somos libres?

Vemos gente sin trabajo. Dicen que en San Antonio hay 10.000 cesantes. 10.000 familias que no son libres del todo. Vemos gente con sueldos bajos. Otros que tampoco son libres. Tienen trabajo, pero deben venderlo a bajo precio. Vemos gente con sueldos mejores y que viven bien. Pero no hacen nada para cambiar la situación, para que los demás suban. Tampoco son libres, están atados a su dinero, a sus cosas. Vemos gente que rehuye los compromisos. Que se refugian en el trago o en la crítica permanente de los demás. No comen ni dejan comer. Tampoco son libres.

Vemos enfermos que no pueden ser atendidos. Muchas veces dos en una misma cama. ¿Somos libres? ¿Para qué? No todo es tan negro.

Hay gente que se preocupa. Ve los problemas y no se calla. Ni se queda encerrada en su casita. Procura hacer conciencia en los demás. Y se une para hacer algo.

Estos son los que verdaderamente son libres. Los que ven los problemas y hacen algo por solucionarlos.

Porque la solución de San Antonio no está solamente en las autoridades, sino en todos nosotros. Ahora que ya pasó el 18 y que todos andamos planchados, pensemos:

¿Soy libre yo? ¿qué estoy haciendo por mi país?

En estas palabras, breves y sencillas, Joan explica lo que será la idea motriz de todo el programa de Allende: que, conquistada la independencia política en 1810, el pueblo chileno debe acceder a una segunda y nueva independencia, la económica, sin la cual la palabra «libertad» no es sino un engaño creado por la burguesía para mantener sus privilegios, mientras engaña al pueblo con el espejismo de la libertad formal, que le permite, sí, depositar su voto para elegir a sus gobernantes, pero que en realidad lo mantiene en una situación discriminatoria en el ejercicio de esta libertad, comparado con el uso que de ella pueden hacer diariamente los que disponen de bienes materiales.

En busca de una educación liberadora

La necesidad de una educación comprometida con la liberación del pueblo es el tema central de la reflexión que lleva a cabo en el otro círculo en el que Joan participa activamente: el de los profesores de enseñanza secundaria. Personalmente, y en su tarea pastoral, goza de una libertad que no se puede comparar con la del clero de Girona, y que es un reflejo de la mayor libertad política que existía en Chile.

Nosotros tenemos una ventaja muy grande. Tenemos mucha más libertad para actuar y trabajar. Tenemos la posibilidad de planear las cosas a nuestro gusto, sin estar atados a instituciones y cosas que, más que ayudar, lo que hacen es destrozar la vida de uno. Ayuda mucho el mismo carácter de la gente, que es muy liberal (43).

Con todo. Chile ha entrado en una etapa en la que todo se pone en tela de juicio, y sobre todo la «revolución en libertad», que ha abierto los ojos a muchos sobre el verdadero alcance de la segunda palabra del slogan. En septiembre de 1969, Joan comenta:

Ahora, para acabarlo de arreglar, me he metido en un grupo de profesores de escuela secundaria, y esto, como podéis imaginar, exige mucho. No es nada fácil, pero la cosa tira adelante. Y así vamos tirando. El sábado pasado tuvimos una jomada de estudio con chicos, chicas y profesores de enseñanza secundaria sobre la educación liberadora. Estamos preparando otra para el mes que viene sobre las estructuras capitalistas y la juventud.

Como podéis figuraros, elementos reaccionarios no faltan y, aunque estamos en un régimen democrático, no paran de tocamos los cojones. A veces uno se harta. Ahora mismo han venido a buscarme para una reunión donde creo que nos van a dar palo, porque dicen que adoctrinamos a la juventud con ideas revolucionarias que no son propias de cristianos. Y mientras tanto, el pueblo pasa hambre, y hay cuatro ricos hijoputas que tienen a sus niños en colegios católicos, porque queda fino, y no quieren ni oír hablar de las exigencias sociales de nuestra vida cristiana. Como en todas partes. Lo que pasa es que aquí, si dices la verdad, no te meten en la cárcel, pero los que viven bien a base de la miseria de los demás te tocan los cojones hasta hartarse (44).

De la primera jomada de estudios a la que alude, que había tenido lugar el sábado anterior a la carta (dirigida no a la familia sino a los amigos de Malgrat, cosa que explica tal vez su léxico «más florido»), conservamos las conclusiones. Una de ellas resume:

Creemos que una gran parte de la juventud está alienada en un mundo irreal. Entre las causas de este fenómeno señalamos algunas: estructura capitalista de nuestra sociedad, bajos salarios... miseria, ídolos falsos... espectáculos decadentes, conformismo y falta de concientización, medios de comunicación al servicio del «imperialismo internacional del dinero», la educación está primordialmente al servicio de una clase, que no la comparte con la sociedad, sino que la utiliza en su propio provecho.

La carta a los amigos de Malgrat está fechada el 2 de septiembre, pero interrumpida y reanudada el 22 del mismo mes. Mientras, ha tenido lugar en Cartagena, ciudad cercana a San Antonio, del 15 al 17 de septiembre, la segunda jornada citada sobre «las estructuras capitalistas y la juventud». Joan lo comenta así:

La semana pasada asistí como delegado a un congreso de enseñanza secundaria. Estuvo la mar de bien. Lástima que había demasiados curas, frailes y monjas. Yo no tengo mucha esperanza en esas cosas masivas, porque después, cuando la gente se vuelve a casa, hacen lo que les da la gana y se ríen del resto. Se trató el tema: Educación y desarrollo. Aquí, como en todas partes, la enseñanza de la iglesia, está predominantemente al servicio de las clases dominantes, que son las reaccionarias y las que se oponen al desarrollo. De todos modos, se puede ver cómo lentamente se va creando una conciencia. La cosa va muy despacio, pero va andando. Justamente esta noche tengo una reunión con todos los elementos de nuestra zona que se dedican a la enseñanza privada. Ya veremos qué sacamos en claro. De momento, ya me han dicho unos que quieren echarme una bronca. Será cuestión de dejar que se desahoguen, y después, cuando se hayan calmado, presentar planes.

¿De qué viene a liberarnos el Señor?

Mientras en la base del pueblo se van realizando todas estas discusiones, los representantes de diversos partidos políticos que desean la construcción del socialismo en Chile llegan a un acuerdo para formar la amplia coalición de izquierdas de la Unidad Popular. En el mes de octubre se crea el comité coordinador, y en diciembre se aprueba conjuntamente el programa básico de gobierno. Se acerca la navidad, y Joan publica en el boletín de la barriada un escrito sobre el sentido que debe tener esta fiesta en el contexto social que el pueblo está viviendo, y que es un buen resumen de las cuestiones que se ha venido planteando a lo largo del año (45).

Los cristianos no creemos en el viejito pascuero (Papá Noel). Creemos en Jesucristo, que viene a salvarnos. Y esto quiere decir que el Señor viene a liberamos de aquellas cosas que nos impiden avanzar, ser más personas, y vivir como hijos de Dios y ¿de qué cosas tiene que liberamos el Señor?

1. De nuestra comodidad. Todavía a veces pensamos que las cosas se arreglan solas. Que lo mejor es que nos las den hechas. Sería bueno que nos diéramos cuenta de una vez para siempre que sin sacrificio no podemos avanzar nadita.

2. De las malas lenguas. En todas partes hay gente que trabaja. Pero los que no sirven para nada son aquellos que sólo viven para juzgar y criticar a los demás.

3. De la burocracia y de la politiquería. La política es buena. Pero, cuando a uno le están molestando por un sello o por cuanta tontería existe, dan ganas de mandarlos a todos a la punta del cerro. Y que el Señor nos dé cabeza para elegir a buenos políticos. Que sirvan al pueblo, que no le engañen con bonitos discursos y con promesas que no sirven para llenar la olla.

4. De nosotros mismos. Sí, de nosotros mismos, porque todos tenemos la tendencia a creernos macanudos sin preocupamos de los demás. Es cierto que las estructuras no sirven y que hay que cambiarlas. Pero también es cierto que, si no cambiamos nuestro corazón, el cambio de estructuras no sirve para nada. Sería como si para quitarnos el mal olor de encima nos pusiéramos agua de colonia, pero no nos laváramos.

Y de muchas cosas más nos tiene que liberar el Señor. Pero nuestra liberación no se puede hacer sin nosotros, si nosotros no ponemos nada de nuestra parte. Tenemos que hacerles empeño aunque nos cueste sacrificio. Repito que lo que vale requiere nuestro esfuerzo. ¡¡Feliz navidad a todos!! Tú que has venido a anunciar la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo...

Y también a sus amigos de Girona les escribe una carta colectiva en la que sintetiza su segundo año de Chile.

Queridos todos:

Ya ha pasado un año más en mi estancia en Chile. Y si el año pasado os decía que estaba contento de haber venido, este año os puedo decir que lo estoy el doble. Creo que hemos avanzado. Hemos tenido más problemas, pero la cosa sigue adelante. Hemos conocido a más gente, nos han exigido más trabajo.

Algunos de los planes que habíamos esbozado el año pasado ya son una realidad, otros han quedado atrás. O porque el tiempo nos ha quedado corto, o porque no convenían. Uno no puede siempre llegar hasta donde querría. Y las primeras impresiones no siempre son las mejores.

Os hemos tenido presentes a través de vuestras cartas. He procurado contestar a algunas, pero debo reconocer que los buenos propósitos que tenía al marchar de contestar a todas las cartas, se han ido al agua. Las cartas se van amontonando y llega un día en que uno renuncia a responder a todos.

Respecto al trabajo, os puedo decir que este año hemos trabajado con más coordinación que el año pasado. Y muy unidos con los curas del sector. Esto ha hecho que fuéramos un poco más efectivos. Y que nos ayudemos un poco más entre todos. Y sobre todo nos ayuda a ver mejor la realidad en la que estamos metidos, que a veces es muy distinta de la de nuestro país.

Cuando recibáis estas líneas ya habréis pasado las navidades. Puede que incluso el año nuevo. Deseo que el Señor nos dé a todos la alegría de sentimos salvados por él. De saber que, aunque estemos lejos unos de otros, nos une la alegría de saber que, dondequiera que estemos, estamos haciendo la voluntad del Señor. ¡El Señor viene y nos salva!

6. Año 1970: Acción entre obreros y estudiantes

Esta vez, durante la temporada de verano de 1970, Joan sigue con su trabajo. Por navidad ha recibido una carta de sus familiares en la que le manifiestan su añoranza, y la nostalgia por no tenerlo entre ellos. El 2 de enero graba una cinta para felicitar a su madre, que se llama Genoveva, y dice:

Os he encontrado un poco alicaídos, sobre todo a la madre. Tenéis que tomaros las cosas con más tranquilidad. Es lo que os he dicho siempre: lo importante no es que estemos juntos. Lo importante es que cada uno cumpla su tarea y esté bien donde está. Porque ¿qué sacamos con estar juntos si no damos golpe? Creo que es difícil aceptar esto, sobre todo para vosotros. Yo tengo problemas, pero también satisfacciones, y muy grandes. Vosotros, claro, estas satisfacciones no las tenéis, no las palpáis. Pero creo que lo importante es que cada uno de nosotros siga adelante y se realice dondequiera que esté. ¿Entendéis? Lo importante no es que estemos juntos, sino unidos, dondequiera que estemos.

En realidad habéis sido vosotros mismos quienes nos habéis enseñado esto.

Nos los habéis enseñado con vuestra forma de vivir y con los consejos que nos habéis dado. Siempre nos habéis dicho: «Eso tenéis que arreglároslo vosotros; eso tienes que decidirlo tú...». Vosotros siempre me habéis dicho: «La casa la tendrás siempre abierta, pero eres tú quien tiene que decidir.

Creo que es muy importante que nos hayáis enseñado así, y ahora comprendo que os cueste, sobre todo a vosotros, y que en algunos momentos estaríais más contentos si yo estuviese con vosotros.

Os lo digo con toda sinceridad: nunca me ha faltado nada desde que estoy fuera. No me ha faltado el trabajo, ni el pan, ni el vestido, no me ha faltado dinero --tampoco me ha sobrado--; por lo tanto, no puedo quejarme. Además, yo no he venido aquí a ganar dinero, sino a trabajar y a realizar una labor. Y yo creo que he hecho una labor, como la habéis hecho vosotros todos, y que la cosa va adelante, y que, al menos para mí, ha sido muy positivo haber venido aquí. He aprendido muchas cosas, he aprendido a desenvolverme solo --más aquí que cuando estaba en Malgrat--, y creo que esto me ha hecho un gran bien, y que vale la pena haber venido aquí... Hay sacrificios en la vida que merecen la pena. Por eso os digo que no debéis preocuparos ni pasar pena por mí.

Estos cinco años pasarán pronto. Ya han pasado dos... y después ya veremos lo que pasa. Lo importante no es que el tiempo pase; lo importante es que lo aprovechemos. Pasar el tiempo es hacerse viejo, aprovecharlo es crecer. Por eso os digo que estéis tranquilos. Los hay que tienen a los hijos cerca, pero están peleados con ellos. Lo peor no es estar lejos. Lo peor es estar cerca y peleados. Tened, pues, serenidad, tened paz y tomaros las cosas con tranquilidad.

Se advierte que es una comunicación surgida muy desde dentro. Joan les repetirá continuamente estas ideas, sobre todo la de que «Lo importante no es que estemos juntos, sino que estemos unidos». El buen entendimiento entre todos los miembros de la familia es una de sus constantes preocupaciones. Y también la idea, casi obsesiva, de la importancia de realizar una tarea, y hacerla bien. Nos atreveríamos a decir que esta doble dimensión (comunitaria-familiar y activa-hacia afuera) forma los dos pilares fundamentales de su equilibrio humano. Sorprende la insistencia con que las refleja en sus comunicaciones.

Pastoral juvenil

En consecuencia, Joan sigue trabajando durante el verano. La preocupación por el mundo estudiantil, y más generalmente, por la juventud sigue absorbiendo su tiempo.

En San Antonio hay un liceo de enseñanza secundaria que es del estado, tres que son particulares y cinco que son de la iglesia. Yo doy clase de religión en dos de ellos: uno de frailes y otro de monjas, que son las que guisan para nosotros. Esto me ocupa dos mañanas a la semana (46).

Sigue sus reuniones con el grupo de profesores:

Aquí, normalmente, el profesorado está muy alejado de la iglesia y de Dios. Nosotros, sin embargo, tenemos un pequeño grupo de profesores que están muy cerca de nosotros, que trabajan mucho y mantienen un estrecho contacto con nosotros. Nos reunimos semanalmente, cada miércoles. Las reuniones son muy divertidas; llegamos a casa de uno de ellos y preparamos la cena. Nos apañamos como podemos porque tanto ellos como nosotros somos bastante pobres. A veces vamos a las pesqueras por pescado. Son empresas que tienen barcas de pesca, y lo venden más barato. Después hacemos la reunión. Tocamos temas de los estudios, de la familia, temas que interesan, y a la vez nos permiten ir trabando amistad (47).

Durante el mes de junio de 1964, con este grupo, había realizado una encuesta entre los jóvenes de los dos últimos cursos de los liceos. Repartieron más de seiscientas. Después, en un teatro, hicieron una presentación de todo lo que pensaba la juventud de la zona (48). Durante el mes de enero de 1970 se reúne con siete curas y dos monjas para preparar la pastoral de la juventud durante el curso próximo.

Nos dedicaremos más a la juventud de las poblaciones, a la juventud trabajadora, que a los estudiantes, y procuraremos que todo quede integrado dentro de la pastoral de conjunto del obispado (49).

Durante la última quincena de enero, organiza un encuentro con la juventud de la zona, que dura cuatro días (50).

Pastoral obrera

También durante esta última quincena participa en el encuentro nacional del Consejo Nacional del MOAC, que dura una semana y en el que participan laicos y sacerdotes, para programar el trabajo del curso. El asiste en calidad de delegado de la zona de San Antonio, porque tiene a su cargo no sólo el grupo que ha formado y otro en proceso de gestación, sino también la coordinación de todos los grupos que existen en las tres parroquias de la ciudad. Conservamos los esquemas preparatorios del encuentro, que tiene como tema principal las condiciones de la vida obrera. El exordio dice así:

Es un hecho claro la existencia de ricos y pobres, fuertes y débiles, privilegiados y desamparados. Es un hecho claro que los más pobres, los asalariados, los marginados de la sociedad, no participamos en los bienes creados por el progreso, ese progreso del cual se enorgullece tanto el hombre y que está hecho con la sangre y sufrimiento de miles de víctimas obreras en los campos, industrias o en la construcción del confort para unos pocos privilegiados.

Sin embargo, esto que está tan claro, tan sangrante, la mayoría de las veces apenas nos conmueve, apenas hablamos de ello, y, sobre todo, apenas nos lleva a comprometemos en una verdadera lucha. Son todavía demasiado pocos los cristianos obreros que, como exigencia de fe, están participando activamente en las organizaciones preocupadas de la promoción obrera.

Viene a continuación el clásico esquema del ver, juzgar y actuar. Los hechos estudiados son la falta de viviendas, los sueldos insuficientes, la poca participación en los bienes de consumo, las condiciones de la sanidad.

Por ejemplo: la atención médica en los consultorios, las condiciones en que se recibe, las condiciones sanitarias de las casas y de las poblaciones (alcantarillado, agua potable). La pregunta síntesis es: ¿a qué se debe esta situación que permite que sólo algunos puedan satisfacer sus necesidades (incluso de confort, de lujo), mientras la mayor parte no tiene para vivir como persona? ¿Por qué?

Las causas se analizan apoyadas en textos del evangelio («Dios condena la riqueza, cuando hay pobreza a su lado») y en la Pacem in terris. Finalmente la pregunta clave para encaminar la discusión sobre lo que habrá que hacer durante el año queda formulada así:

Además de la acción actual del mundo obrero, ¿qué sería necesario realizar para que los trabajadores lucharan más eficazmente para conseguir mejores condiciones de vida?

Su condición de cristiano, ¿qué les exige, además, en esa lucha obrera por obtener mejores condiciones de vida?

En la misma carta en que Joan explica su participación en este encuentro del Consejo Nacional del MOAC, escribe a continuación: «Ahora estoy metido en un cursillo de dirigentes sindicales» (51). ¿Fue ésta su respuesta inmediata a la pregunta clave planteada a los asistentes del encuentro...?

En medio de tanta actividad, precisamente durante los meses de verano, que es cuando todo se paraliza, Joan decide tomarse unos cuantos días de descanso.

Este año no pienso ir de un lado para otro durante las vacaciones. Es importante que uno no sólo dé vueltas y vueltas, haga cosas y más cosas, sino que, de cuando en cuando, también conviene sentarse, reposar, un poco y mirar hacia atrás. Si no, a veces, uno se mueve mucho y, en realidad, no hace nada de provecho (52).

Sale hacia el sur en auto-stop con cuatro compañeros. El día 20 de febrero escribe a su familia desde Coelemu. Nuevamente le impresiona la belleza de la costa chilena: «Hay unas rocas preciosas donde estallan las olas como yo no había visto nunca, porque aquí, cuanto más al sur vas, más bravo es el mar». Les pasa una aventura, y tienen que volver a la casa donde estaban hospedados, haciendo 21 kilómetros a pie y de noche. «Era una noche de luna por un camino precioso. A un lado, bosques de pinos, y al otro un río con chopos en la orilla. No se os ocurra pensar en los bosques de pinos que hay en Besalú. Son unos bosques de pinos espesos, de un verde oscuro impresionante. Como los bosques de la Vall d'Aran» (53).

Antes de regresar a San Antonio pasa por Concepción, la segunda ciudad industrial del país, donde visita a unos compañeros del seminario de Madrid. «Lo hemos pasado muy tranquilos, descansando y riendo. Ahora que ya he vuelto de las vacaciones, os mando cuatro letras para deciros que estoy bien, y que todo ha ido muy bien» (54).

7. Celibato y ministerio sacerdotal

Durante este mes de marzo de 1970 regresa de Girona un compañero sacerdote que ha ido a visitar a la familia. Le trae una carta abierta escrita por un cura muy significado en la diócesis, en la que explica los motivos que le han llevado a renunciar al ministerio y casarse. Esta carta, al ser colectiva, ha sido leída en su casa, y en general ha creado una gran conmoción en Girona. Más tarde, otros dos compañeros, también de Girona, que trabajan con Joan en Chile, toman la misma decisión. Todo ello induce a su familia a preguntarle cuál es su opinión sobre los hechos. Joan dedica muchas de sus cartas a contestar a dicha pregunta: cuatro y una quinta a la familia, y otras dos cartas a compañeros sacerdotes de Girona. Todo nos permite conocer ampliamente su punto de vista sobre uno de los problemas más vivos de la iglesia postconciliar. Sin seguir el orden cronológico de las comunicaciones, vamos a exponer ahora los diversos aspectos que Joan ve a la cuestión, cosa que nos hará descubrir los matices de su pensamiento y la mirada profunda y comprensiva para todos los datos existentes en cada caso; se nos revelarán algunos de los rasgos más sugestivos de su madura personalidad, tan respetuosa de los demás y tan penetrante en todos los aspectos humanos, evangélicos y eclesiales que tales decisiones implican.

Ante todo, él entiende que unos hechos de tal densidad no pueden ser afrontados con los sentimientos alterados. Es necesaria una serenidad inicial, sin la cual es imposible cualquier juicio correcto.

Hay una cosa que ha chocado mucho en Girona, y de la cual quisiera hablaros. Me refiero al matrimonio de varios compañeros sacerdotes, amigos míos y vuestros. Quisiera hablar de ello desde una perspectiva imparcial, no desde la primera impresión de angustia, de incertidumbre, de dolor, de añoranza, sino con la frialdad, sinceridad y simplicidad de ahora, que miro las cosas con más tranquilidad (55).

Lo primero que hay que hacer es esforzarse por entender los hechos. Sin una comprensión exhaustiva de todos los elementos humanos del problema no se puede llegar a un planteamiento adecuado. Joan recuerda la formación recibida durante la adolescencia y la primera juventud.

Ciertamente, los años que pasamos en el seminario de Girona no fueron los más adecuados para formamos como hombres cristianos y sacerdotes. Aparte del doctor Estela, poco se podía aprovechar. Creo que la crisis que estamos pasando ahora es fruto de la falta de imaginación y de la cobardía de los que formaron a los sacerdotes. Para los que tuvimos la suerte de salir de Girona a tiempo fue muy beneficioso encontramos con un seminario abierto y bueno como era el de Madrid. Tenía sus imperfecciones --lógicas--, pero allí uno era persona y tenía libertad para formarse (56).

Y para explicar mejor lo que significó la educación recibida emplea la imagen del camino y la senda, que encontraremos más tarde en su Ultimo escrito.

Mirad, cuando a nosotros nos ordenaron sacerdotes, veíamos un camino de vida que era duro de seguir, pero que valía la pena seguir. Como uno que está al pie de una montaña alta y dura, y ve una senda y dice: Sí, puedo subir. El camino es duro y difícil, pero no estoy solo y Dios no me faltará. Adelante. Pero resulta que va subiendo y de pronto el camino se acaba, y hay que escalar y andar por entre los matorrales. De pronto el mundo y la iglesia han cambiado tanto que ya no nos sirven los caminos tradicionales de la iglesia. Ya no vale seguir con lo de siempre, sino que uno, amando mucho, tiene que abrirse su propio camino junto con los demás, y seguir subiendo. Entonces los hay que dicen: Yo sigo en el camino, y se sientan al borde y no hacen nada más, y olvidan que el camino es para avanzar, no para quedarse sentados y criticar a los que se cansan y escalan y se lastiman con los espinos.

Otros dicen: Yo no puedo seguir. Y dejan honestamente el sacerdocio, y se casan, y siguen otro camino, también cristiano. Creo que es una actitud más positiva que la de los que se quedan sentados y no hacen nada, y no abren nuevos caminos, ni dejan abrirlos. Y otros hemos dicho: ¿No hay camino? Pues subiremos por la roca y desbrozaremos los matorrales. Es otro tipo de gente que la iglesia necesita. Gente que abra camino. Que se pincha y se lastima, y que a veces da rodeos y que a veces se equivoca. Pero que abre nuevos caminos para la iglesia en el mundo. Y es ahí donde, a veces, surge el problema más dramático: hay sacerdotes que han seguido esta opción y de repente se sienten solos.

Ven que abren camino, que los demás les siguen, pero que no ayudan, que no comprenden los nuevos caminos que ellos han abierto, que los critican. Y es entonces cuando el sacerdote que ha querido seguir abriendo camino necesita una compañía, que no es sólo sexual, sino humana. No es que se sientan abandonados por los demás cristianos, sacerdotes o no, sino que por su manera de ser, por la dura tarea que supone seguir adelante, necesitan esta compañía humana que les ayude, con la que se sienten comprometidos, con quien creen que podrán construir un mundo mejor. Y entonces salen los obispos y dicen: ¡Ah, tú no puedes abrir nuevos caminos! Lárgate del sacerdocio. Que pasen otros a abrir camino, pero tú, no. Mientras que los que se quedan tumbados, y no avanzan sino que sólo critican, nunca son molestados por la jerarquía. ¿Qué le vamos a hacer? ¿Por qué no les dejan seguir? (57).

Para Joan, el punto de partida es la deficiente educación sexual recibida en el seminario.

La situación es dura para todos: pasar de una visión terrorista de la mujer, por ejemplo, en la que todo era pecado, a verla con serenidad en todos sus valores, ha sido difícil para muchos (58).

Con todo, esto es superable, y de hecho, muchos lo superan. Hay que calar más hondo para comprender por qué muchos sacerdotes se ven en la necesidad de cambiar de vida. Al analizar el caso de un compañero suyo, observa:

Como podéis suponer, su caso me ha dolido. El problema fundamental de Ramón no es precisamente el celibato, sino el enfoque que se pueda dar al sacerdocio. Creo que en el fondo Ramón nunca o casi nunca se había sentido profundamente satisfecho de ser sacerdote. Se ha esforzado mucho, pero los que vivimos a su lado nunca lo hemos visto plenamente feliz y satisfecho. Esto puede parecer extraño a primera vista, pero es una realidad. Ramón vivía contento, pero no profundamente feliz de ser sacerdote. Esto es lo más jodido. Cuando existe este problema de fondo, aparecen todos los demás: la soledad, el celibato, etc. Esto no es ningún reproche: nadie tiene la obligación de sentirse feliz en el sacerdocio. Cada uno elige el camino que le parece ser el suyo (59).

Y Joan ¿dónde se encuentra? ¿Cuál es su situación personal? Cada vez que habla del caso de sus compañeros, se refiere de paso a sí mismo:

Os puedo decir que como cura me siento realizado, y aún os diré más: mucho más que cuando estaba en Cataluña. Claro que ya sabéis que nunca se puede decir «de esta agua no beberé» (60). El hecho de la situación de Ramón me ha ayudado a reafirmar mi postura. Ahora bien, no querría que creyerais en ningún momento que yo me considero mejor que Ramón. No me siento mi mejor ni peor. Sencillamente, estamos en caminos distintos. Cada uno tratando de hacer lo mejor posible en el lugar donde cree honradamente que tiene que estar. Nosotros no somos nadie para juzgar a los demás. Cada uno es libre de buscar su camino, y hay que respetarlo (61).

Invita a sus hermanos a aconsejar a los familiares de Ramón según estos criterios:

Ellos, seguramente, a la primera ocasión que tengan, irán a veros. Les habrá dolido mucho el golpe, y deben de estar deshechos. Creo que tenéis que ayudarles a ver esto: lo importante no es dónde está uno, sino cómo está y cómo se siente. Es necesario que cada uno busque el camino en el que se siente realizado. Lo importante es que Ramón se sienta bien y contento. Y es él, y nadie más que él, quien tiene que decidir su camino. De todos modos, no les va a ser nada fácil comprenderlo. Y aún más estando él lejos de su casa. Hay que ayudarles y hacer que comprendan la decisión de Ramón. Que no ha sido tomada a tontas y locas, sino después de una tranquila reflexión. No es la decisión de un niño, sino la de un adulto. Así es la cosa. ¡Qué le vamos a hacer! (62).

Y de nuevo Joan habla de su caso personal:

Bueno, dejémonos de historias. Ser cura cuesta, como cuesta ser un buen casado. Hay momentos en que uno lo mandaría todo a hacer puñetas. Pero puedo deciros que la misma gente nos ayuda y nos exige. Si uno vive cerca de las personas y es sincero, y no se crea barreras ni pedestales, las mismas personas ayudan. Nunca he estado cerrado a los demás, y sabéis muy bien que no soy perfecto, y que así como yo les ayudo, también ellos me han ayudado a mí. Vosotros preguntáis: el celibato ¿tiene que costar? Os contesto con franqueza: cuesta, sobre todo cuando la renuncia a la mujer no es una renuncia general, abstracta, sino una renuncia concreta a vivir la vida al lado de otra persona, y el problema fundamental no es exactamente la necesidad de una unión sexual, sino de algo más profundo y serio.

Por eso os decía que hay que vivir muy enamorado y con una visión muy clara de la labor que se está haciendo. A veces me preguntáis: bueno y tú ¿por qué no te casas? Yo contesto: mirad, de momento la mujer que me gusta más es mi sacerdocio. Y hay gente que lo entiende y gente que no lo entiende. Y, ya veis, a veces hay gente que no tiene nada de cristiana que lo entiende mejor que los mismos cristianos. Si ven que uno está plenamente dedicado a su labor, que no es cura para vivir bien, que no se aprovecha de la gente, llegan a entender que debe de haber algo más fuerte que el sexo y el dinero para mover a las personas.

Este es el sentido que yo le veo al celibato. Si el hecho de no tener mujer no nos sirve para estar más disponibles, para trabajar más, para tener la libertad de ser pobres, no sirve para nada. Si junto con el testimonio del celibato no damos un testimonio de servicio, es como si el vino se volviera vinagre (63).

«Prefiero ver a un cristiano contento que a un cura amargado»

En junio de 1971 escribe a su querido párroco de Malgrat, mossén Joan Bosch, y le cuenta la repercusión que ha tenido entre los gerundenses el matrimonio de los dos compañeros, y cómo ha sido encajado por la comunidad.

La situación de los de Girona, tanto los casados como los célibes, es, en general, de serenidad. El hecho de que últimamente se hayan casado Ramón y Xavier nos ha hecho a todos mucho más solidarios. Y nos ha ayudado a profundizar más en nuestro sacerdocio.

Sociológicamente, el hecho de que un cura se case, aquí no requiere los mismos cojones que en España. Allá, el que se casa casi tiene que huir de su ambiente. Y los que se quedan están protegidos por una especie de caparazón tradicional que hace que se sientan seguros porque su fidelidad ha quedado reconocida.

En Chile, por el contrario, no ocurre así. En primer lugar, el cura que se casa no es rechazado por la comunidad (salvo casos muy concretos). Ramón viene a casa con su mujer, salimos juntos, etc. La gente los recibe y los sigue tratando como antes. Creo que esto es mucho más positivo para todos. Porque, a los que nos quedamos, no nos deja en una tranquilidad estéril, sino que nos ayuda y nos obliga a replantear a cada momento con mayor profundidad la vivencia de nuestro sacerdocio en el celibato. Creo que se necesitan pantalones tanto para quedarse como para casarse (64).

La conclusión que saca de todos estos razonamientos pone de manifiesto la libertad de espíritu de Joan, que le permite gozar de la alegría ajena, olvidando su propia situación personal.

Estoy contento al verlos contentos, al ver que se sienten realizados, al ver que tienen mujer que les quiere y al ver que ellos también quieren a su mujer. Tienen un hogar hermoso y en él me siento como en casa. Y, ya veis, prefiero ver a un cristiano contento que a un cura amargado. Vosotros los habéis conocido, esos curas amargados, curas tristes que parecen hartos de vivir, que no encuentran ningún sentido a la vida. Prefiero que un cura diga: «Mira, me voy, busco otro camino, voy a rehacer mi vida», antes que se quede, que se amargue y que amargue a todo el mundo (65).

No obstante, Joan no deja de plantearse el problema pastoral que presenta a la iglesia el hecho de que tantos sacerdotes elijan el camino del matrimonio, con lo que deben renunciar al ministerio. Le disgusta la política que sigue en esto el Vaticano.

A lo mejor soy un atrevido, pero Roma no entiende. Cada vez que se plantea un caso, dice: ¡No son nada los que se van, comparados con los que se quedan...! ¡Menudo consuelo! ¡Matemáticamente es cierto! Pero no piensa que por cada cura que se va hay una comunidad que sufre, que se plantea el problema. ¿Cuál es la solución? No la veo clara, pero la matemática no me satisface en modo alguno (66).

En realidad la solución que Joan ve ya la exponía en la primera de las seis cartas dedicadas al tema:

Creo que la solución normal sería: 1) ordenar a hombres ya casados, con unos años de matrimonio; 2) a los curas que se han casado, dejarles un tiempo para organizar su nueva vida, y después, si lo desean, que se reintegren al ministerio.

Y, de nuevo a nivel personal, concluye:

Estoy contento de ser cura. A veces la gente me lo pregunta, y es una pregunta que está en la base de toda la problemática actual, de lo que se oye en la radio, de lo que se lee en los periódicos, de las noticias que uno recibe. Mirad, yo puedo deciros: estoy contento de ser cura. Vale la pena hacerse cura, vale la pena renunciar a un montón de cosas. Porque uno vive, porque uno lucha, y porque ve que puede hacer algo por este país, que da algo a la gente y que trae algo al mundo de hoy. Y esto es lo que da más alegría y satisfacción (67).

¿Dónde me encuentro yo? Mirad, creo que procuro abrir nuevos caminos. Procuro que los hombres tengan otra imagen de lo que es un sacerdote. Estoy contento. Tengo compañeros de lucha y creo que algo se va haciendo. ¿Hasta dónde seré fiel a este camino? Sólo Dios lo sabe. Que él nos dé la fidelidad (68).

El celibato vivido en la pobreza al servicio de los demás será una de las motivaciones últimas que explican el por qué irá al hospital el día 19 de septiembre de 1973, arriesgándose y presintiendo que pueden detenerlo. La mujer de un matrimonio muy amigo, le llamará angustiada el 11 de septiembre al hospital:

Me contestó con garabatos (tacos): «Ándate a tu casa, no te arriesgues, acuérdate que tienes un hijo». «¿Y tú»?, le dije. «No os preocupéis, estoy bien y aquí estaré hasta que pueda salir». Le avisé que había llegado una tarjeta postal de Cataluña. «Ya, me dijo, guárdamela y nos vemos en tu casa. Ándate y no te arriesgues». Y colgó el teléfono...


Notas:

1. Bernard Collier, Una revolución sin paredón: The New York Times Magazine (19 de febrero de 1967).

2. 1810: año de la independencia de Chile; 1879: inicio de la guerra de Chile contra Perú para anexionarse las tierras del salitre; 1891: el presidente Balmaceda intenta nacionalizar las compañías británicas del salitre.

3. Las cifras proceden de documentos oficiales del gobierno demócrata-cristiano.

4. Citado en el informe político del MAPU en su Primer Congreso Nacional.

5. New Chile, NACLA 1972, 115.

6. Survey of current business.

7. U.S. Department of Comerce, citado en cuadernos Liberación.

8. O. Caputo y R. Pizarro: Punto Final 114, 19.

9. Entrevista Allende-Debray: Punto Final (16 de marzo de 1971) 5-6.

10. Cf. el informe completo en Los cristianos y la revolución, Santiago de Chile 1973.

11. Un teólogo chileno resume así la aportación de Medellín en cuanto a la creación de una nueva conciencia en el seno de la iglesia del continente respecto a los problemas sociales y políticos que suscita el estado de violencia estructural en la que se hallan sumidos dichos países:

«Todos los hechos presentados hasta aquí configuran en América latina una situación de desorden establecido, la violencia institucionalizada.

1. La violencia está instalada, porque las masas son mantenidas violentamente en situación infrahumana por las minorías poderosas. Son mantenidas al margen de los bienes y responsabilidades comunes, sin posibilidad de promoción ni de participación en la vida social y política. Sus derechos humanos son atropellados por la situación de injusticia y de opresión.

2. Habitualmente se está ejerciendo violencia con el pobre: cuando no encuentra trabajo, cuando debe hacer largas colas en las oficinas públicas, cuando sus hijos enferman por mala alimentación, cuando no es oído por la justicia, etc.

3. Nuestra sociedad capitalista, que subordina los derechos humanos a los resultados económicos, está montada sobre un esquema violento.

4. Llamamos a todo esto "violencia" porque no es una realidad fatal, un problema técnicamente insoluble, sino el fruto injusto de una situación voluntariamente mantenida.

En vista de este estado de cosas, surge la lucha por su transformación. Nuevamente se nos da un análisis de los diversos aspectos que inciden en el fenómeno de la violencia defensiva o revolucionaria.

1. La lucha de clases la han desencadenado con frecuencia los ricos contra los trabajadores, explotándolos.

2. Los grupos que detentan el poder --social, económico y político-- tienden a no entregar la participación efectiva y justa a los demás grupos; entonces se produce la lucha.

3. Ante la gravedad de la injusticia (violencia instalada) y la resistencia ilegítima a los cambios (violencia represiva), se comprende que surja la tentación y la realidad de la violencia revolucionaria.

3.1. En efecto, muchos de los mejores, especialmente entre los jóvenes, pierden la paciencia.

3.2. Pero la violencia engendra mayor violencia: los regímenes políticos se endurecen (dictaduras) y la tentación de la violencia revolucionaria crece. Se produce así la "espiral de la violencia": opresión-subversión-represión...»: R. Muñoz, Nueva conciencia de la iglesia en América latina. Salamanca 1974, 91-92.

12. Congreso de Medellín. Documento sobre la paz, n. 22, 23, 27, 29, 32 y 33.

13. P. Neruda, Confieso que he vivido, Barcelona 1974, 460.

14. 4 de febrero de 1968.

15. 24 de febrero de 1969.

16. 4 de febrero de 1968.

17. 1 de marzo de 1968.

18. 16 de febrero de 1968.

19. 5 de marzo de 1968.

20. 14 de marzo de 1968.

21. 23 de abril de 1968.

22. Julio de 1968.

23. Conversación grabada en Girona el 25 do julio de 1975.

24. Se refiere al golpe de estado protagonizado por el general Velazco Alvarado.

25. 4 de octubre de 1968.

26. Testimonio 28.

27. Cartas del 3 de septiembre y 25 de noviembre a la familia, y del 25 de noviembre a un amigo de Malgrat.

28. 13 de marzo de 1968.

29. Cinta del 18 de marzo de 1969.

30. Presencia 337 (28 de septiembre de 1974) 13.

31. P. Neruda, o. c., 13 ss.

32. 14 de febrero de 1969.

33. 24 de febrero de 1969.

34. Cinta del 18 de marzo de 1969, y carta del 24 de febrero de 1969.

35. 24 de noviembre de 1969.

36. Cinta del 18 de marzo de 1969.

37. Los Cerros 6.

38. 21 de enero de 1969.

39. Placilla 9.

40. 13 de agosto de 1969.

41. 29 de agosto de 1969.

42. Placilla 10.

43. 21 de junio de 1969.

44. A los amigos de Malgrat, 2 de septiembre de 1969.

45. Placilla 11.

46. Cinta del 2 de enero de 1970.

47. Ibid.

48. 21 de junio de 1969.

49. Cinta del 2 de enero de 1970.

50. 6 de febrero de 1970.

51. Ibid.

52. Ibid.

53. 20 de febrero de 1970.

54. 2 de marzo de 1970.

55. Cinta del 3 de junio de 1971.

56. 11 de marzo de 1970.

57. 20 de abril de 1971.

58. 11 de marzo de 1970.

59. 9 de noviembre de 1970.

60. 12 de 1969 (?).

61. 21 de septiembre de 1970.

62. Ibid.

63. 8 de enero de 1971.

64. 20 de junio de 1971.

65. Cinta del 3 de junio de 1971.

66. 1 de marzo de 1971.

67. Cinta del 22 de mayo de 1970.

68. 20 de abril de 1971.


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