joan alsina
Joan Alsina: chile en el corazón

capítulo 5

DIARIO INTIMO

Joan es una vocación de primera hora. Ingresó en el seminario de Girona cuando tenía 11 años de edad y salió cuando tenía 19. Allí estudió los cinco cursos de humanidades, correspondientes al bachillerato de la época, y los tres de filosofía, similares a la iniciación de una carrera universitaria. Pasó, pues, en este centro eclesiástico, toda su adolescencia y parte de su juventud.

Conservamos, de esta época, un diario de vida, que titulaba Diario íntimo; consta de ocho cuadernos, con un total de 328 páginas, muchas de ellas escritas con una letra muy pequeña. A través de estos apuntes podemos seguirlo con bastante regularidad, desde tercero de humanidades a primero de filosofía, que corresponden a los cursos comprendidos entre el año 1955 y el 1959, y los años 13 al 17 de su vida. De segundo curso de filosofía, conservamos sólo un pequeño fragmento de diario, y de tercero, algunas cartas.

Teniendo en cuenta la extensión de su Diario íntimo, y también su monotonía, nos limitaremos a seleccionar los fragmentos más interesantes para presentar un bosquejo crítico que nos permita captar los rasgos más fundamentales de su personalidad y también las características más destacadas de la educación recibida en el seminario de Girona en aquellos años pre-conciliares. Habrá que hacer un esfuerzo de adaptación para comprender la mentalidad de aquellos tiempos, tan distinta, afortunadamente, de los nuestros. Pero creemos que puede resultar interesante conocer las raíces históricas de la vocación religiosa y social de Joan.

Como suele ocurrir en esta clase de escritos, su autor jamás pensó que serían conocidos.

Al encabezar su primer cuaderno, escribe: «No lo mires nunca, y si tanto te interesa, pídemelo». La sinceridad es su rasgo fundamental, y al empezar su diario del quinto de humanidades anota la siguiente introducción:

Han pasado las vacaciones y el mes de octubre con la gripe asiática que no nos ha dejado comenzar el curso hasta ahora. También yo iniciaré mi diario. Procuraré escribir a menudo. Dejaré caer algunos pensamientos, lo que me haya impresionado más durante el día. No será literario, pero será sincero. Al menos, procuraré serlo.

La sinceridad en un factor muy esencial en la vida del espíritu. Saber reconocer la falta, la deficiencia allá donde esté. Saber explicar al director espiritual y también a Jesús, al Jesús nuestro, que está chez nous en el sagrario, todas aquellas cosas que nos han pasado durante el día. Y hasta para escribirlas sencillamente en nuestro diario íntimo, porque un día las podamos mirar y remirar y, también, damos cuenta de nuestro avance o relajación en la vida espiritual.

A la Virgen santísima, madrecita amorosa de todos los sacerdotes, quiero ofrecer este sencillo trabajo en prenda de mi afecto y generosidad hacia ella.

Pero que sea cada día más generoso, madre, que no tenga nunca lo suficiente.

Sed vos toda nuestra vida y esperanza (1).

Desde esta postura esencial de sinceridad hacia Dios y hacia su propia conciencia, comenzamos la descripción de las líneas fundamentales de la personalidad de Joan. Para facilitar la lectura, agrupamos temáticamente los textos seleccionados y ponemos al pie de página los fragmentos complementarios.

1. Relación con el mundo

Una de las cosas que más sorprenden al leer su Ultimo escrito es la profunda identificación que muestra tener con el mundo de la naturaleza. La belleza de las imágenes y la singular significación que les da hacen pensar que nos encontramos ante un hombre con una especial sensibilidad para con las cosas del ciclo natural. Y, efectivamente, en muchos pasajes de su Diario, encontramos aquella chispa poética que nos hace recordar su origen empordanés.

I. De mañana ¡Era todo oscuridad cuando me levanté! Salí para ver las últimas estrellas y, ¡oh desilusión!, llovía. He ido a misa. Un aire quieto, reacio a dejar paso al sonido vibrante de una campana. Pero el sonido trasciende y me llega. Resplandeciente, melancólico... Hay mucho fango sobre la tierra. Poca gente. Un niño va a la escuela. La madre, a comprar.
hip, chap, chip, chap. Solamente las pisadas quiebran el silencio de la calle solitaria.

II. Mediodía. La lluvia ha cesado. Me llega otra vez el sonido cansado de la campana, naaang... Su sonido me parece la pata que estira un perro cuando se despereza. Ángelus domini... Un aire denso recoge la plegaria que sube hasta Dios. Ya vuelven los niños de la escuela. Cansados... empapados por haber jugado mientras llovía.
Chip, chap... Tengo pereza. Como el aire y como todo. No tengo ganas de pensar.

III. Ya es de noche. Hoy, en Castelló, faltarán muchas viejecitas al rosario. La iglesia estará sola, oscura.
Carme y Matilde seguro que no irán. ¡Qué frío!, debe pensar la abuela Carme. Anneta, sí. ¡Faltar, ella! Eso, jamás. Tengo jaqueca y no sé de qué. Hace dos horas que llueve nuevamente. Todo el día lo mismo, lo mismo todo el día. El cielo de plomo, el aire cansado. Un niño, una mujer, melancolía, jaqueca, tristeza.

Ángelus. Y no sé que más.
Una oración a Dios, por los que no tienen techo. En lo profundo del alma.
Afuera, chip, chap, chip, chap...
Chim, chim, chim. Llueve y está oscuro (2).

En su Ultimo escrito expresará decepcionado lo que significa para él el drama del golpe de estado chileno que interrumpió violentamente la ruta iniciada por el pueblo: «Hemos acabado un camino --escribirá--, hemos abierto un sendero, y ahora estamos en las piedras». Sorprende leer una comparación similar dieciséis años antes:

Nuestras vidas son como riachuelos de montaña. Salen de madre con unas aguas transparentes y limpias. Siguiendo el camino cogen maleza y hojas, que luego se pulen al encontrarse con piedras y escollos. La comparación no es tan violenta. Nacemos puros, limpios e inocentes como ángeles, pero nuestra alma se va desviando un poco, apegándose a las cosas de este mundo. Pero frotando con las piedras duras de la vida, que son los sufrimientos, se va purificando, y se toma otra vez limpia, blanca y ligera para volar a Dios. ¿Y cómo se coge esta suciedad? Pues saliendo de nuestro camino, del camino que nos ha designado Dios nuestro Señor. Aunque sigamos otro que parezca mejor. En éste también nos mancharemos, pues no seguiremos a Jesús como él quiere, ya que él dijo: «Si alguno quiere seguirme, que coja su cruz», y no la de los otros, aunque parezca mejor. Eso pensaba hoy en las filas (3).

Y también en su Ultimo escrito anota: «Es terrible una montaña quemada. Pero hay que esperar que de la ceniza mojada, negra, pegajosa, vuelva a brotar la vida». ¿De dónde nace esta comparación. No deja de ser sorprendente lo que encontramos escrito quince años antes:

Hoy hemos ido de paseo largo. Hemos salido a la una del seminario y hemos regresado a las seis y media. Hemos ido hasta el Montnegre. Joaquim Ruyra, poeta blanense, en su obra Entre f lames, nos habla de una propiedad de bosques que tenía en la montaña de Montnegre y que llegaba hasta Caca. Describe unas montañas quemadas, granjas ruinosas. Negras por la acción del fuego. Pero hoy era muy diferente. El sol nos sonreía por entre las nubes «de algodón». Un cielo azul, purísimo. Abajo, en la tierra, campesinos, arrieros, mujeres, etc. (4)

Si nuestras aproximaciones son exactas podemos deducir que Joan tenía un temperamento muy retentivo y que su proceso espiritual venía de muy lejos...

Sin embargo, la sensibilidad que Joan demostraba tener hacia la belleza del mundo natural no se detenía en la captación de los simples fenómenos externos, sino que, siguiendo la línea de la más genuina tradición cristiana éstos eran percibidos como una transparencia de la invisible belleza de aquel que es su fuente.

En la belleza, hemos de ver a Dios. En una flor, en un riachuelo y, también en estos nuestros hermanos y hermanas que ha puesto Dios en el mundo (5)

Si la naturaleza le hace vibrar, la arquitectura de su iglesia de Castelló, también le inspira bellas descripciones:

Hoy después del santo rosario hemos ido a dar una vuelta detrás del ábside de la iglesia.

Tantas veces que había pasado por allí y nunca lo había encontrado tan bonito. Hace un tiempo espléndido. La luna, tranquila, lo ilumina todo. Es hermoso contemplar la naturaleza en ciertos momentos. El alma siente un no sé qué de añoranza de la patria que ya vislumbra.

Hemos cantado dos canciones muy bellas. El agua susurraba bajo una fuente en medio de las plantas, rompiendo el silencio de la noche.

¡Qué hermoso es todo lo que ha hecho Dios nuestro Señor! Buenas noches. Virgen santa.

Venimos ávidos de cantos y de anhelos (6).

Esta alegría también la experimenta Joan al participar en las celebraciones litúrgicas. El texto que reproducimos es una bella síntesis de sensibilidad poética tanto frente a la naturaleza impersonal como a las fiestas vivas del cristianismo. Día de la candelaria del año 1959:

Bendición de cirios. Densa llama de centenares de cirios. Soplo del espíritu. Llanto de un niño, pureza de la Virgen. Y la tierra cubierta de nieve en los tejados; nieve en la tierra; en los árboles nieve. Sobre la pureza inmaculada del paisaje aparece una virgen humilde y pura que deslumbra y funde a la nieve. Esta tarde hemos hecho un paseo largo. Ya no hay nieve en el camino. Pero aún queda sobre el musgo del bosque y en los prados solitarios. La montaña gris --verde de hojas y blanca de nieve-- destila. Hace frío. Con todo, vamos lanzando bolas de nieve que se quiebran, ruedan y van a mancharse por tierra. En el bosque, el ruido persistente del agua que goteando choca con las hojas. Hemos ido a Canet d'Adri. Hay un remanso en el cual casi me ahogué. Por suerte un compañero me salvó. He rezado el rosario pisando la nieve estropeada por las botas de los cazadores. Hemos regresado al seminario ya de noche.

Dejamos con pesar otros textos. Transcribimos, para terminar, uno que data de la fiesta de resurrección, del año 1959.


Sábado santo y domingo de gloria.
Vuela bajo un cielo de gloria una nube de nieve y de sol.
Hay en el aire empordanés una canción de caramella (7) que brota de la boca de un niño.
Ya no llueve ahora.

Las cosas de este mundo no son reales, son aparentes

Joan pues, era dado a percibir, por inclinación espontánea, la bondad del mundo natural. Conectaba así con la corriente bíblica, francamente optimista ante las criaturas. Pero, por influencia de sus formadores, la vena platónica del recelo y desconfianza ante las cosas penetró en su interior y trastocó en parte su raudal espontáneo.

«Las cosas del mundo --diversiones, goces, alegría mundana no son reales, son aparentes, desaparecen en la oscuridad de la duda, de la lejanía (8).

Si el mundo es aparente y puede aprisionarlo en sus redes, hay que mantener una actitud espiritual de desprendimiento interior.

Hemos de mantenemos alejados del mundo, no esclavizándonos a criatura alguna, y, con el corazón libre como una pluma, volaremos siempre hacia Dios (9).

Esta tarea de desprendimiento le pide un constante esfuerzo y un apelar a aquel que, por ser el origen de todas las cosas, puede cuidar de su libertad.

Gracias, madrecita, por todo. Imploro solamente una cosa: que sepas alejar mi corazón de los charcos de los consuelos mundanos para ir a beber a las fuentes que manan hasta la vida eterna. Madre de la divina gracia, rogad por nosotros a Dios (10).

Asegurada esta libertad del corazón, su espíritu puede dirigirse hacia las cosas verdaderamente valiosas.

Nuestro corazón es muy amplio. Podemos llenarlo de nosotros mismos: ¡qué pequeño queda entonces! Podemos llenarlo de las criaturas. ¡Cuidado! Las criaturas para Dios, en todo caso. Y, finalmente, puede llenarse de Dios y de su santísima madre. ¡Qué grande, qué amplio queda, entonces, nuestro corazón! ¡Cuántas cosas caben en él! Misiones, compañeros, padres, amigos, familiares, bienhechores, enemigos, etc. (11)

La finitud y limitación del mundo lleva, en contraposición, a un sentido más perfecto y creciente de la grandeza de Dios, proyecto último del sacerdote y origen y justificación de su tarea apostólica.

Hoy he ido a conversar con el doctor Bosch. Hemos hablado de filosofía. De la literatura. De la inteligencia. Y también del mundo.

El mundo ha conocido al mundo. Al progreso. Lo que puede hacer. Pero ha perdido su sentido de Dios. Se ha unido demasiado a la materia. Y ha perdido el espíritu. El mundo de hoy no tiene alma. Piensa en divertirse. En los satélites artificiales. Pero ha perdido el sentido de Dios. Y lo ha perdido todo. Nosotros, mañana, seremos sacerdotes. Y en el seminario hemos de transformamos en unos jóvenes levitas que tienen el sentido de Dios. Me ha dicho, además, que había que profundizar la piedad. Una piedad que sea mezcla de sentimiento y también de inteligencia. Tomar conciencia de la grandeza de Dios. Dios infinito, eterno. En contraposición a las cosas de este mundo, cosas finitas, perecederas.

Pongamos un poco de fuego de Dios en este mundo. Este mundo al que se ha agarrado la zarpa del demonio (12).

La experiencia de que las cosas del mundo son perecederas, la tuvo por primera vez, de una manera próxima y vital, al morir un compañero suyo de seminario, Joan Béseos. Recuerda la circunstancia:

Ha caído como una bomba en la comunidad. Mossén Balateu, excitado ha dicho: «Levantaos. Vamos a rezar el rosario. Béseos ha tenido un ataque al corazón... Se está muriendo. Vamos. Vamos. Ha recibido ya la extrema unción y el viático». Ha muerto a las seis de la tarde. Con la dulce paz del justo que pasa a una mejor vida. Ayer a las 10 de la noche aún vivía. Ayer estaba tan tranquilo como siempre. Y hoy... ¡ya está en el cielo ¡ Lo más triste es que ha muerto lejos de sus padres. Están en Almansa (Albacete). Le ha preguntado al doctor Bosch:

--¿Voy a morirme, mossén?
--Sí, hijo --le ha dicho el doctor Bosch.
Y se ha puesto a llorar.
¿Y sus padres? ¿Lejos de él? Es verdaderamente triste.

He recordado aquellos versos de Jorge Manrique:

«Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando».

No sé qué más decir. Es un hecho tan elocuente, que nos da unas lecciones tan grandes, que sólo nos resta callar y pensar.

¡Cuan presto se va el placer!
¡Cómo, después de acordado,
da dolor!
¡Cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor! (13).

Al cabo de seis días del entierro, celebran, el miércoles de ceniza, el inicio de la cuaresma. Joan comenta:

No pensamos demasiado en la muerte. Hacemos como las mariposas nocturnas que vuelan en torno a una llama, hechizadas. Hasta que caen en ella, quemadas.

No seamos mariposas. A veces también revoloteamos alrededor de las pasiones y cuando nos damos cuenta tenemos las alas quemadas, quebradas.

Y no podemos ya más volar hacia Dios. Pensemos en los novísimos. La vida es corta. La muerte vendrá pronto. No sabemos cuando, pero será pronto. ¿Qué son 50 ó 60 años? Nada. ¿Y sabemos si llegaremos a esta edad? ¡Cuántos hay que mueren a edad temprana! Joan Béscos, por ejemplo. «¡Recuerda, hombre, que eres polvo y que en polvo te has de convertir!» (14).

2. Sexualidad

La reticencia ante las criaturas, provocada por la educación del seminario, se concreta de una manera explícita en el punto de las relaciones con las chicas y la sexualidad en general. Aquí la actitud es taxativa.

Hoy retiro espiritual. Gozo y alegría de las almas que viven en la gracia del Señor. Esta alegría tranquila y serena se esparce a pleno chorro. No la de aquellos hombres mundanos que buscan la felicidad en las cosas de aquí abajo.

Aunque los oigamos reír sonoramente todo el día «a carcajadas». Esos no son felices. El mundo, por más que lo prometa, no da la felicidad. El Señor no nos ofrece tardes de domingos, con puestas de sol por fondo, sentados junto a una chica, enamorando... e incluso deleitándonos sensualmente. «Eso no es ser feliz. La sensualidad no da la felicidad». Un instante de embeleso, pero nada más. Absolutamente nada más...

María es «la causa de nuestra alegría». Es la que «avanza como aurora luminosa, bella como la luna, radiante como el sol» (Cantar de los cantares).

La aurora nos hace pensar siempre en la alegría, en la paz interior. ¡Cómo se espera la claridad del nuevo día, tras una noche de insomnio! (15).

La virtud de la pureza es uno de los valores absolutos de la vida del seminarista. Si recorremos el Diario de Joan nos daremos cuenta de que es mucho más explícito, mucho más «natural», en sus primeros cuadernos, que en los siguientes. Significa que en los primeros años de seminario, que además coinciden con los años más fuertes de su pubertad, el chico no había sido aún completamente «modelado» por el rasero uniformador de los criterios educativos de sus superiores, que buscaban la «sublimación» de la fuerza sexual en el ámbito de la pureza.

En el año 1956, cuando tenía 14 años, en plena pubertad por tanto, pasa una primavera muy excitada. Durante todo el mes de mayo y principios de junio alude continuamente a su lucha. Transcribimos cronológicamente:

Día 4.
En este mes de mayo pienso mucho. Estoy bastante contento. Tengo muchas tentaciones de pureza. Me cuesta portarme bien, pero sé que la vida aquí en la tierra es una milicia y que hemos de ayudar a Cristo a cargar su cruz, aceptando las luchas que el demonio nos lanza para vencerlas con la ayuda de Dios.

La conversión es obra de un instante, la santificación lo es de toda la vida.

Día 8.
He estudiado bastante en el primer estudio. En el segundo he fallado un poco. Buen Jesús, ayúdame. Virgen María, os ofrezco todo mi estudio por las misiones. He de luchar mucho contra las pasiones y contra los instintos de la carne. He ido a hacer una visita con Soler. La hice bastante bien.

Día 10.
Cada vez, a medida que nos vamos haciendo mayores, nos cuestan más las cosas. Catorce años. ¡Qué insoportables son estos años. Señor! ¡Y de ellos depende toda la vida! Jesús mío, que jamás tenga que arrepentirme de mi infancia, pero vos. Señor, tened misericordia de mí. Madre del Verbo Eterno, dadme vuestra ayuda. Verdaderamente el demonio, «como león rugiente», me cerca y tienta mucho. Me cuesta conservarme puro, y cuando salimos a la calle, aunque sea desde el seminario al campo de fútbol, me es aún más difícil impedir que la imaginación se me rebele, ayudando al pobre cuerpo.

Día 22.
He visitado al doctor Bosch y me ha hablado de la hermosura de la pureza. Hemos de ser puros con naturalidad. Hemos de explicar nuestras tentaciones al director espiritual.

Día 28.

En estos días, tengo bastantes tentaciones contra la pureza, y tengo la imaginación bastante dislocada, pero diré junto con el salmista: «Si los enemigos me atacan, mi corazón no tendrá miedo».

Día 5 de junio.
El lunes el doctor Bosch me hizo un sermón: Soy demasiado fresco al hablar de las chicas. Algunas veces siento un afecto a las criaturas que parece desviarme del amor a Dios y de la vocación. A este amor que nosotros hemos renunciado y tenemos que dejar. Si alguna vez hablamos con chicas, hemos de hablarles con naturalidad, no como dos enamorados, sino como hablaríamos con un compañero. Hemos de ver en las criaturas almas, no cuerpos. «Dadme almas y quitadme todo lo demás» (Cardenal Merry del Val). Me he fijado en lo que me dijo el doctor Bosch. Hablo con demasiada franqueza de chicas. Por ahora no he notado ninguna desviación, pero ¡cuidado!

Al año siguiente, 1957, ya no habla tanto de su lucha, pero continúan apareciendo los esfuerzos que ha de llevar a cabo.

Día 19 de marzo.
¡Cuánto pesa el cuerpo, Señor! Tú lo sabes mejor. Jesús, ¡no puedo! Te lo digo a solas. Al oído, para que me escuches y me ayudes. Como lo hicistes con Simón de Cirene, ayúdame porque ya no puedo. Me pesa mucho el cuerpo.

Día 11 de mayo.
Castidad: Hemos de luchar mucho a nuestra edad. Hemos de luchar pero con serenidad. Y, esta serenidad, nos la ha dado Cristo. Hemos de hacer de tal modo, que, cuando venga el demonio, nos encuentre ocupados.

Ser valiente no es ser rebelde. No es hacer aquello a que nos impulsan nuestras pasiones. Eso es ser débil, eso es ser cobarde, más que cobarde.

Durante el mes de marzo del siguiente año ocurre una anécdota muy significativa para entender lo que era la educación de la sexualidad en aquellos tiempos de seminario. Circula por su curso un librito de iniciación sexual titulado Díganos la verdad. Joan lo lee y escribe el día 17:

Ayer leí: Díganos la verdad. Es un folleto muy bonito. Algunos del curso lo han comprado. Dice muy bien las cosas. No te das ni cuenta cómo te lo explica. Una cosa encuentro extraña: no me ha excitado en absoluto. Mejor todavía. Además he visto las cosas tan claras como jamás las había visto.

Los capítulos son «Tu y tu madre». «Tu padre». «Tú y el cuerpo».
«Tú y la chica». «Pretendientes al altar».
Hay unas oraciones muy bonitas en cada capítulo.
Deseo que haga bien a muchos adolescentes. Quiero hacerlo llegar a algunos de Castelló.

Pero parece que la presencia del folleto provoca un cierto revuelo en el curso. El prefecto del seminario hace una llamada de atención, para detener aquel pequeño «escándalo».

El día 21 escribe Joan:

Ayer el doctor Bosch me llamó de mañana temprano. Un sermoncito «serio». Ha habido algo sobre Diganos la verdad. Fuerte. Peligroso en los demás.

Yo estaba cabizbajo y serio. No tema ningunas ganas de chistar. No he dicho casi nada. Serio como un espárrago. A veces soy bastante ligero con las cosas.

Pero, sobre todo durante las vacaciones de verano, es cuando ha de tenerse más protegido al seminarista.

Las charlas de los superiores versan con insistencia sobre el tema de la pureza. Joan escribe aquel mismo verano:

La virtud que más adorna al sacerdote y al seminarista es la santa pureza.
Hemos de conservarla cueste lo que cueste.
Huyendo de los peligros próximos y remotos.
Con una vida de oración y mortificación.
Con la frecuencia de los sacramentos.
Devoción y entrega total a la Virgen María.
Ella, nuestra madre, purísima, y nosotros sus hijos.
¿Por qué no podemos imitarla en eso, en esta angelical virtud?

Durante el verano del 58, cuando Joan tiene 16 años, la reiteración de los superiores es constante. Durante el mes de agosto, los seminaristas, como cada año, van a pasar unos días de seminario de verano al santuario de Santa María del Collell, dedicado a la patrona de Girona.

Día 8.
Hoy el doctor Bosch habló un poco fuerte sobre la pureza.

O ser puros o abandonar este camino. Llevemos siempre la luz, el calor del bien obrar a nuestro alrededor.

Día 16.
Hoy el doctor Bosch nos ha hablado de la virtud de la pureza. Es una virtud de valientes, de decididos y de inteligentes. Pidamos a la Virgen la valentía y la decisión que precisamos para obtener virtud tan necesaria al sacerdote. Pidámosle por todos los que nos rodean, por aquellos pobrecillos que no conocen nada el valor. Ellos muestran todo lo que tienen: la bestia; por eso se desnudan. Nosotros cubrimos el cuerpo para que resalte más lo que llevamos de espiritual y divino.

Reina del cielo,
amada madre nuestra,
dadnos a todos
un corazón puro como la nieve.

Día 17.
Ayer el doctor Bosch, al hablamos de la pureza y de la gracia, citó una frase muy bella de monseñor Piera: «Comulgar cada día para estar en gracia y estar en gracia para comulgar cada día». ¡Qué hermoso es eso! Pedir cada día a Jesús la valentía para conservamos puros, en estado de gracia.

¿Y qué mejor aliciente hay, que mejor pueda espoleamos para conservamos puros, que saber que mañana podremos recibir de nuevo a Jesús? Que éste sea el gran consuelo después de haber comulgado:

«¡Mañana volveremos!».
Y este pensamiento nos colmará de santa decisión para conservamos
como buenos hijos de la santísima Virgen.

Día 22.
Retiro del «seminario de verano». El sermón sobre todo ha sido bastante interesante. Ha hablado mossén Venanci sobre la santa pureza. Para ser puros necesitamos ser hombres de oración y de mortificación. Durante este mes que me resta de vacaciones, no dejaré jamás la meditación.

Tampoco descuidaré la mortificación. Ayúdame, Virgencita.

Hemos acabado ya el seminario de vacaciones. Gracias, madre. Es a vos a quien lo debemos. Os agradecemos todo lo que hemos hecho, todas las gracias que nos habéis concedido.

Hacednos ir a casa con un corazón más puro. Que llevemos siempre en él ese fuego de amor a Cristo con el que vos nos habéis inflamado. Que seamos ángeles en la tierra, para poderos cantar después en el Cielo.

Como síntesis de lo que podríamos considerar «teología de la pureza», recibida en el seminario, escribirá:

Hemos de respetar nuestro cuerpo. Es templo de la santísima trinidad. Para gloria de Dios.

Llevémoslo con santo orgullo de sentimos sagrarios de Jesús; templos del Espíritu santo (16).

Después, prácticamente, ya no habla más del tema sexual, que se da por asumido dentro de la espiritualidad general de la vocación sacerdotal (17).

3. Pecado

Esta actitud de lucha es llevada hasta las últimas consecuencias. El pecado es un mal absoluto que ha de ser rechazado absolutamente. El recuerdo de las postrimerías del hombre actúa a modo de dique de contención:

Hacía ya días que nos preparábamos para los santos ejercicios, y hoy han comenzado. Los predica mossén Domingo. Pecado. Antes morir que pecar. Pensar en el infierno unos segundos cada día. Tentaciones. ¡Señor, ayúdanos! Pensar de vez en cuando en la muerte. No consentiré jamás tentaciones, sobre todo contra la pureza. Pasión. Siete palabras. Judas. Rezar cada día cinco padrenuestros a las cinco llagas de Cristo (18).

El ejercicio de las prácticas de piedad es la mejor disciplina para conseguir la victoria contra las tentaciones:

¡Eureka! ya lo he descubierto. En estas vacaciones he pasado de todo, pruebas, he luchado, he vencido, me han vencido, pero ahora ya he encontrado el secreto de la fuerza. Comunión, misa y visita espiritual. La comunión es maná bajado del cielo que nos fortalece en la lucha contra las pasiones. Misa: divino sacrificio que, recordándonos los sufrimientos de Cristo, nos incita a no pecar y a huir de las ocasiones peligrosas. Visita al santísimo sacramento. Deliciosos momentos en que el alma se desahoga a sus anchas con Jesús (19).

Dos días después escribe, con grandes letras mayúsculas, la fórmula sintética:

Virgen santa, haced que nunca cometa un solo pecado y, si un día hubiese de venir la hora estúpida, envíame antes la muerte.

4. Vocación

Si, en forma negativa, el pecado es uno de los límites absolutos que el seminarista no puede transgredir, en forma positiva la vocación sacerdotal es el otro valor absoluto que atrae y cataliza todos sus esfuerzos para conservarse puro y continuar el camino iniciado.

Hoy el doctor Bosch nos ha exhortado a conservar la preciosa flor de la vocación sacerdotal. El demonio nos tentará contra la santa pureza y hasta nos hará sentir fastidio (si se puede decir) por la vocación sacerdotal, haciendo que la perdamos. Pero, ¡buen Jesús, ayúdame! (20).

Su corazón adolescente --sólo tiene 14 años-- recuerda y anota la anécdota que le ha narrado uno de sus formadores:

Hay un peligro de perder la vocación. «Una vez --me ha dicho mossén Pelach-- un joven de 17 años sintió la llamada de Dios al sacerdocio».

Un día el sacerdote que le guiaba y preparaba para su alta misión advirtió que estaba preocupado y poco alegre y le dijo: «Tú te has enamorado (de alguna chica)». «Sí, padre», le contestó el joven.

«También yo --dijo el sacerdote-- me enamoraría si mirase demasiado a las chicas».

El seminarista --como me dijo el otro día el doctor Bosch-- ha de renunciar a las criaturas y ha de reservar su corazón exclusivamente para Dios (21).

Los actos litúrgicos, sobre todo la misa, son estímulo diario para mantener viva la llamada vocacional omnipresente.

Ayer, asistiendo a la misa solemne, me ilusionó enormemente ser sacerdote. ¡Qué suerte ser llamado a tan elevada misión! (22).

Y con los actos de culto diarios, también el recorrido anual de las fiestas cristianas es un estímulo para fundir la mística de la vocación con los diversos misterios litúrgicos. A propósito de la fiesta de reyes del año 1957, escribe:

Una estrella: Nuestra vocación, y siguiendo el camino que nos ha señalado, aunque se esconda, la volveremos a encontrar con Jesús en nuestras manos en el Belén de la primera misa. Siguiendo el ejemplo de los reyes magos, vamos más adelante siempre por los caminos de la perfección y del amor a Dios.

Toda la mística vocacional puede resumirse en esta frase del 31 de marzo de 1957:

Oh sacerdote, ¿quién eres tú?
Tú eres un hombre Dios.

5. Ascética

La construcción de una personalidad sólida como la que demostró tener Joan no es obra de un día ni tampoco el resultado espontáneo de una naturaleza bien dotada. Es fruto de un esfuerzo constante de superación, sabiamente conducido por un conjunto de elementos interiores y exteriores, capaces de templar el carácter y darle una fisonomía propia fuertemente orientada al servicio y amor de los demás.

Santa Teresita del Niño Jesús tendrá un papel muy importante en esta tarea de formación. Lee la Historia de un alma por primera vez a los 15 años de edad y al cabo de un año y medio inicia su tercera lectura. Entusiasmado por el descubrimiento del camino de la infancia espiritual, asimilará con fuerza sus rasgos característicos: la sencillez y humildad de corazón, la obediencia y aceptación de la voluntad de Dios, el abandono confiado en sus manos y, también, el fortalecimiento de la propia voluntad mediante los pequeños sacrificios de cada día. «Es fenomenal esta santa. ¡Qué espíritu de sacrificio cuando decía: Tenía sed de ser olvidada! Esta mañana pensaba cómo nos santificaríamos si supiésemos aprovechar las cosas pequeñas de cada día. Llenaríamos gota a gota nuestra vida de pequeñas cosas que nos harían fieles y capaces para las cosas mayores» (23).

«Estoy cansado»

La firme decisión de ser fiel en las cosas pequeñas le lleva a controlar los altibajos de su temperamento, especialmente sacudido por los años de la adolescencia. Recorrer esta línea de conducta es una de las cosas más atrayentes del estudio de su Diario.

Estoy cansado. El corazón. El cuerpo. Las cosas. ¡Cómo pesa, Señor, todo eso! Cansado de cuerpo y de espíritu. Jesús, ayúdame. María, confórtame (24).

Hace unos días que me siento con mucha aridez espiritual. A veces miro fijamente al sagrario y me parece que un muro se interpone entre Jesús y yo. ¡Qué prueba, Dios mío! Es que Jesús me ama. También a santa Teresita le pasaba eso, y ella... contentísima siempre. Señor, que no pida yo consuelo, sino perseverancia (25). Hoy estoy muy contento, a diferencia de la semana pasada que parecía una calamidad. He estudiado mucho más y me he comportado mejor. Esta mañana no me encontraba muy bien, pero luego me he repuesto un poco (26).

Hoy no sé qué me pasa. Amodorrado, triste, no haría ninguna cosa. Parezco un aburrido de la vida. Incluso no sé por qué hago este diario. Durante el estudio me aburría y me han sorprendido leyendo Vida y luz (27).

La primavera ha venido. Sí, ciertamente, ha llegado la primavera y también el renacer de plantas y de pájaros. Hemos de renacer espiritualmente. Jesús exige mucho de nosotros mismos, especialmente en esta época primaveral. Mortifiquemos nuestro cuerpo. Y llegaremos seguros a Cristo (28).

«No peldaños, sino hermanos»

Entre la red de mortificaciones diarias y el dominio de la propia voluntad está el buen trato con los compañeros. Es importante detenerse en este punto porque nos permite descubrir los primeros ejercicios de aquella cualidad humana y cristiana que, llevada hasta sus últimas consecuencias, conducirá a Joan a una muerte heroica.

Me he peleado con Pere y con Lluís. Me ha pegado, pero no me ha hecho ningún daño. Soy demasiado bueno y demasiado malo. No sé qué he de hacer. Devolverle el golpe. «Si alguno te da una bofetada en una mejilla, preséntale también la otra». No se lo devuelvo. Tengamos caridad. Pero recordemos que la caridad comienza por uno mismo. ¿Qué he de hacer? ¡Espíritu santo, iluminadme! (29). Hoy un chico me ha hecho enfadar mucho. No le he dicho nada, con bastante esfuerzo. Porque me han hecho callar. Me han dicho que no sacaría nada de provecho (30).

Ayer hubo algunos que me criticaron bastante. Alabado sea Dios. De todas maneras, por lo menos vigilaremos para no hacerles daño, incitando a criticar. Parece increíble que, en el corazón del hombre, puedan caber tantas envidias y tantas cosas que lo roen (31). Hay un poco de efervescencia. Algunos gritaban y le tomaban el pelo a Parada. También yo se lo he tomado un poco y Arbat me ha llamado la atención.

Procuraré corregirme.

Vale más un aviso con caridad que una crítica por la espalda y con adulación. Con eso no haremos nada. En cambio, de una llamada de atención se puede obtener mucho provecho. Espero corregirme si la Virgencita del cielo me ayuda. Precisamente en este momento hago examen particular de conciencia sobre eso (32).

La buena relación con los compañeros, por lo tanto, es objeto de una disciplina explícita y voluntaria. Su fuente de inspiración, sin embargo, será el evangelio y el ejemplo de Jesús.

Mossén Vidal, mi confesor, me ha hablado del silencio de Jesús. Jesús, sin embargo, callaba. El silencio es divino. Ante la acusación injusta. Ante la burla de un compañero. Ante las calumnias y mortificaciones del prójimo. Y una sonrisa. Santa Teresita sonreía siempre. Y callaba. Con un dolor inmenso. Era una gran santa. Alegre. Jovial. Sacrificada por las misiones y por los sacerdotes (33).

Todo eso le permite ir elaborando visiones sintéticas del amor a los demás.

Nuestros compañeros han de servimos para volar hacia Dios, «no peldaños, sino hermanos» para practicar con ellos la caridad (34).

No nos riamos nunca de lo que pueda hacer una persona, aunque no entendamos del todo lo que hace. No sabemos si le cuesta sacrificio. En este caso desalentamos a la persona y la herimos en lo profundo de su corazón.

¡Cuánto nos enseñan a veces las experiencias personales! Cuántas cosas no las haríamos si antes de obrar pensásemos: ¿Me agradaría si lo hicieran conmigo? ¡Cómo cambiaría todo! (35).

6. Obediencia

Uno de los puntos más cuestionados de la formación del seminario es el de la obediencia. En aquellos tiempos se buscaba más un hombre dócil que un hombre crítico, más un hombre seguidor que creador, más sometido a las estructuras preexistentes que emprendedor de nuevos caminos. Mientras fuese respetada y cumplida la norma externa no importaba llegar a las justificaciones más sofisticadas, y también más reaccionarias. Como por ejemplo esta que podemos leerle el 28 de febrero de 1959: «Ser libres no quiere decir hacer lo que uno desea, sino hacer voluntariamente aquello que está mandado». O bien esta otra del mes de octubre del mismo año: Libertas a coactione non libertas a lege, «sentirnos libres de la coacción, pero no de la ley». Es decir, la norma por encima de todo. Si hay dificultades personales es un problema de cada cual ver el modo de resolverlas con el menor daño posible. ¡Qué lejos estamos de lo que decía san Pablo:

«¡Es para la libertad para lo que Cristo nos ha liberado!» (Gal 5,1).

El hombre que penetraba más profundamente en la conciencia del seminarista era el director espiritual, que se convertía en el verdadero timonel de aquellas vidas en formación. «Hemos de explicarle nuestras tentaciones», hemos leído anteriormente (36). Porque resulta que el director espiritual era el intérprete más autorizado de la voluntad de Dios.

Nosotros no podemos conocer la voluntad de Dios por nosotros mismos la mayoría de las veces. Necesitamos de alguien que nos la manifieste. Este «alguien» ha de ser el director espiritual. ¿Quién, sino nosotros, le ha de abrir nuestra alma al director espiritual? Por eso se necesita un gran espíritu de sinceridad y veracidad para abrírsela. A él, que nos ha de ayudar a conseguir nuestro cristianismo, hemos de referirle todos nuestros actos y sentimientos, incluso aquellos que nos puedan parecer más insignificantes. Para que conozca así nuestro interior y nos pueda guiar hacia Dios (37).

Si las cosas no van bien, entre otros motivos es porque «no hablamos con el director espiritual y es ahora, ahora que "ya no somos niños", que necesitamos una mano que nos dirija hacia el sacerdocio, que nos conoce porque nos hemos abierto a él» (38).

Las frases «fulgurantes» de Camino ayudan al desprendimiento del propio juicio:

Hemos de someter nuestro criterio al de los superiores. Sin criticar ni juzgar sus disposiciones. ¿Por qué hacerlo? Solamente teniendo una voluntad firme, sabremos no tenerla al momento de obedecer. (Camino) (39)

Se trata, pues, de una verdadera y estricta obediencia de juicio, que excluye toda iniciativa crítica.

Hoy mossén Colomer me ha llamado y me ha advertido que iba demasiado con un compañero. Procuraré corregirme. Hemos de someter nuestro juicio al de los superiores y no pensar jamás que hacen las cosas para divertirse o por alguna razón absurda. Por tanto, hemos de abstenemos de criticarlos (40)

«¡Ah, si todos fuésemos unos jóvenes de carácter...!»

En el seminario, sin embargo, se sembraron gérmenes de auténtica promoción personal. Como suele pasar en estos casos, confluyeron diversas corrientes educativas en la misma conciencia para triunfar, finalmente, una sobre las demás. En este punto de la obediencia concebida como docilidad, triunfó la vena creativa, que en Joan se concretó en aquella permanente inquietud «de abrir caminos», que tuvo hasta el final. He aquí algunas muestras de ello.

Mossén Prats me ha animado y entusiasmado a seguir con más ahínco los caminos de la vida (41).

Hacedme, Señor, un joven de carácter, perseverante. Un joven que siga su ideal. El sacerdocio.

Quiero ser el dueño de todos mis sentidos y sentimientos.
Quiero ordenar mis pensamientos.
Quiero pensar antes y después hablar.
Quiero tomar consejo antes de obrar.
Quiero conocer el pasado,
pensar el porvenir
y hacer fructificar el presente.
Quiero trabajar con alma y vida,
sufrir sin palabra de queja,
siempre sin claudicaciones,
y morir tranquilo, un día,
con la esperanza cierta de la gloria.

¿Puede haber un programa de vida más sublime? Leo El joven de carácter. Es fantástico. ¡Ah, si todos fuésemos unos jóvenes de carácter! ¡Qué bien iríamos! (42).

Hoy el doctor Estela me ha llamado después de la lectura espiritual. Me ha hablado de la imaginación. Es algo que hemos de saber dominar mucho. Nos puede servir y de hecho nos ha de servir para formar nuestro carácter. Incluso, si no la sabemos dominar, influirá en nuestro humor y a veces nos puede llevar a hacer un mal papel en la vida. Sirve también al hombre de gobierno e incluso al científico. Hay que ver las cosas --a veces-- diferentes de como son en realidad. Un hombre que, frente a un problema, no sepa una solución diferente de la que hasta el momento se ha propuesto --eso en el caso del hombre de gobierno-- no mejorará nunca nada. Todo le parecerá que está bien. Y así no se avanza jamás.

Me dijo que tenía que obrar siempre según unos principios firmes. Nunca hemos de estar satisfechos de nosotros mismos: pensar que aún no hemos llegado, que todavía estamos en camino. Eso ha de animamos a trabajar mucho.

También dijo que tema que ser observador. Fijarme en las cosas. No curioso. Observador (43).

En primero de filosofía, se divide el curso en grupos de formación espiritual e intelectual. Uno de los temas tratados es el carácter. Los criterios que se elaboran comienzan a sonar diferentes. «Hay que tener unos principios firmes, buenos, y obrar conforme a estos principios. Jamás hemos de traicionar nuestras ideas, nuestras convicciones. Si comenzamos a ceder en las cosas pequeñas, terminaremos por ceder en las grandes» (44). Los orígenes de la rectitud y firmeza de carácter de Joan hay que ir a buscarlos en estos años evolutivos del seminario (45).

7. Formación intelectual

Dentro de la formación del carácter hay que hacer una referencia especial al estudio. Joan estaba intelectualmente bien dotado. Tenía buena capacidad de raciocinio y normalmente «daba en el clavo». Era un hombre razonable, equilibrado en sus juicios, que tomaba sus decisiones prácticas después de una larga y mesurada reflexión. La existencia misma del Diario, redactado con cuidado y durante varios años seguidos, es testimonio de su carácter observador y ordenado.

Aunque pueda parecer un tópico decirlo, normalmente era el primero de su curso. Encontramos en su Diario las notas del cuarto de humanidades: 10 en todo, a excepción de un 9 en religión y un 7 en música. Y las del quinto de humanidades: 10 también en todo, excepto un 9 en religión y un 6 en música.

El estudio, para él, se integraba en la educación de conjunto:

La vida sobre la tierra es una milicia. Mantengamos nuestra mirada, no encuadrada en el ahora, sino oteando siempre horizontes más elevados. Dando sentido a nuestra vida, estudiando, por ejemplo, una lección no por la buena calificación, sino preparándonos para aquella gran lucha de la obra de Cristo contra el mundo y el demonio. Vislumbrando horizontes, pero aprovechando todas las piedrecillas que encontramos en el camino de nuestra montaña del sacerdocio (46).

A través de las lecturas que cita en su Diario --más de 30 títulos en cuatro años-- podemos descubrir sus inquietudes intelectuales. La espiritualidad, la literatura y la poesía eran sus temas preferidos. Entre los autores religiosos encontramos a Merton, Toth, Quoist, Raimond, san Agustín, santa Teresa de Avila, fray Luis de León, Neubert, Grignion de Montfort, Escrivá; entre los literatos, a Joaquim Ruyra, Juan Ramón Jiménez, Claudel, Balmes, Bernanos, Tagore, Camus, Saint-Exupéry. Era también aficionado a los clásicos y a los poetas catalanes, de los cuales citaba fragmentos a menudo.

Tenía también interés por los idiomas. Diversas páginas de su Diario están redactadas en un buen francés. En el primero de filosofía, en la Academia literaria en honor de santo Tomás de Aquino, escribió y leyó en latín una Oda a santo Tomás, que resultó premiada. Menciona también sus estudios de inglés. Y en cuanto al catalán, hay que decir que siempre escribió en esta lengua, de la que tenía un correcto dominio, aún desde adolescente, lo cual no deja de tener un cierto valor teniendo en cuenta que siempre recibió todas las clases en castellano.

8. Fe

Si miramos ahora los aspectos más específicamente cristianos, podremos constatar que su robustez de carácter se ve fortalecida por su identificación con la persona de Jesucristo. Citaba a menudo las palabras de san Pablo: «Mi vivir es Cristo». A los quince años se sentía fuertemente impresionado por el discurso de Pío XIII a los obreros de la JOC. Lo transcribe íntegramente y aún lo recuerda, al cabo de dos años, en la fiesta del primero de mayo.

A veces se imagina uno, muy equivocadamente por cierto, que los jóvenes cristianos miran el futuro del mundo con recelo, que sienten tristeza y temor ante los progresos científicos y técnicos que podrían llegar a ser tropiezo y obstáculo para su fe; que son, en una palabra, débiles e impotentes ante la pobreza, la injusticia social de todas las formas de opresión que subsisten en nuestra sociedad contemporánea, y que se resignan pasivamente a aceptar un destino que los aplasta. Muy por el contrario, porque vosotros sois católicos, sois mucho más fuertes que los demás, «vosotros gozáis de la certeza indefectible de la victoria final». Sí, nosotros tenemos la seguridad del triunfo final, porque tenemos a Cristo: todo lo podemos en aquel que nos conforta (47).

Palabras muy similares eran las que tenía escritas en la primera página de su evangelio: «Tengamos confianza; Cristo ha vencido al mundo». ¿Qué veía Joan en la persona de Jesús como para sentirse atraído por él? Nos lo dice de esta manera:

A nuestros 13 ó 16 años queremos en la vida un hombre seguro que nos guíe por los caminos de este mundo: un hombre seguro, un hombre que no vacile.

Jesús es la encarnación de la seguridad, él es sereno, seguro. Sus enemigos, en cambio: prejuicios, dudas, traiciones. Jesús era bueno: se percibía en su mirada, en la tranquilidad de su rostro, en el amor y benevolencia que mostraba su persona toda. Era generoso. Nuestro ideal es la generosidad de carácter. Y Jesús era generoso. Había hecho tantas cosas buenas que lo presentaban ante aquellos jóvenes como la encamación de la generosidad. La verdad. «Buscad la verdad en todas las cosas». Jesús era la verdad. A nuestra edad queremos y necesitamos verdad y libertad. Jesús era libre. Estaba desprendido de todas las cosas terrenas, y estaba en la verdad. Queremos verdad, no duda ni confusión. A esta edad es muy fácil la confusión en medio de estas luchas. Pero luchamos con serenidad por un ideal, por una causa noble. Jesús, el maestro en todas las cosas, demostró que vivía para un ideal y quería llevarlo a cabo. Vivir un ideal. Encontraremos en él la verdad si vivimos un ideal noble y lo vivimos bien (48).

El misterio del Verbo presente entre los hombres, que será una de las ideas centrales de su Ultimo escrito, lo encontramos formulado en estas palabras:

La vida del cristianismo tiene su fundamento en Jesucristo. «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Jesús es nuestra vida. Jesús está en nosotros. Nuestra vida cristiana ha de estar totalmente impregnada de Jesús (49).

El carácter absoluto y exclusivo de la opción cristiana, que le llevará a vivir el servicio hasta la muerte, lo formula también el primero de marzo de 1959.

Cristo nos dice en el evangelio que no quiere posiciones ambiguas. «Quien no cosecha conmigo, desparrama». O Cristo o el demonio. No podemos servir a dos señores. El evangelio es clarísimo y no admite interpretaciones a nuestro antojo.

Las festividades litúrgicas --sobre todo la navidad y la semana santa-- vividas año tras año le irán introduciendo en el misterio de Cristo. Sus últimas palabras escritas serán. «Adiós. El nos acompaña siempre dondequiera que estemos».

«Mi vivir es María»

El Diario íntimo de Joan, más que una descripción de las cosas que le ocurren, es un diálogo personal con Dios. Si bien el interlocutor más frecuente es Jesús, sobre todo en los primeros tiempos, poco a poco la presencia de María se va haciendo más y más intensa, hasta llegar a un punto en que monopoliza casi el diálogo.

Este hecho es muy ilustrativo para entender el papel que tenía la Virgen María en la espiritualidad cristiana preconciliar, sobre todo en los seminarios.

Si bien ella, desde el punto de vista teológico tenía siempre un papel secundario y era presentada como puente de relación con Cristo, desde el punto de vista afectivo se realizaba una peligrosa sustitución.

Peligrosa desde el punto de vista psicológico, porque María cumplía el papel de «mujer universal» --compañera, esposa y madre-- que en la afectividad de los seminaristas sustituía a las mujeres concretas de la calle, con las cuales no tenían un trato habitual. Su sexualidad era así sublimada por una vía que, por idealista y abstracta, era mistificada y falsa. Las alusiones y los diálogos con María son incontables en el Diario de Joan.

Peligrosa también desde el punto de vista teológico, porque a partir de esta situación vivencial era fácil caer en formulaciones doctrinales verdaderamente aberrantes y quizás incluso heterodoxas. De María numquan satis, Mihi vivere María est. Pro ípsa, cum ípsa in ípsa et pro ípsa (50) son frases que podemos leer en su Diario, plagios de expresiones que sólo son plenamente válidas referidas a Jesucristo. Ponemos algunos ejemplos. Sustitución de la madre:

La verdadera devoción a la madre debe tener dos cosas: confianza e imitación de sus virtudes. A veces nuestras madres terrenas no nos entienden lo bastante bien. A veces no es demasiado prudente contarles problemas íntimos del seminario. A la madre del cielo, en cambio, sí que se lo podemos contar todo, porque ella lo sabe tanto o mejor que nosotros mismos y nos entiende muy bien (51).

Sustitución inconsciente de la mujer:

Hoy hemos concluido el mes de María. Hemos terminado ya este mes tan bonito. Nos ha predicado mossén X. Ha dicho que teníamos que ser esclavos de la Virgen María. No hemos de tener nada propio. Todo ha de ser para ella. Es la mejor dueña. ¡Es la reina! ¡La reina de nuestros corazones! ¡Qué hermoso es ser paje de la reina del cielo! Los sacerdotes son los pajes de María Inmaculada. Por eso necesitamos ser puros, humildes, como ella. Preparemos un sacerdocio fecundo a su lado. Nos han dado una estampa de la Virgen, de El Greco. Es guapa la Virgen en aquella estampa. Algunos decían: «Se parece a una artista de cine».

Pobre, madrecita. No os pueden pintar hermosa porque sois vos. Cuando El Greco os pintó, no había artistas de cine. Además estáis muy «recogida», allí en la estampa. ¡Pobre madre! ¿Quiere decir, que no os pueden pintar hermosa? (52).

Expresiones de ternura y devoción total:

¡Cuan dulce y consolador es. Virgen María, poder postrarse a vuestros pies ante la aflorada imagen del seminario! Hace ya tres años y jamás me ha cansado vuestra mirada (53).

Esta tarde he ido a dar el beso a la madre, le he confiado todas mis preocupaciones, toda mi miseria. Pobre madre, le damos lo malo para que nos lo quite de encima. Y nos quedamos lo bueno (54). El doctor Cases me ha dicho hoy que me ocupase en pensar en la Virgen durante todos los momentos libres del día. Ella presidiría entonces nuestra vida y nos ayudaría mucho más porque estaríamos mejor dispuestos para recibir su gracia.

¡Si supiéramos introducir a María de lleno en nuestra vida, qué bien iríamos! (55).

En fin, las citas serían incontables.

9. Contexto social

Las alusiones a hechos externos contemporáneos son muy escasas en el Diario de Joan. Su estilo colonial sobre temas de espiritualidad marca unos límites muy precisos. Pero podemos pensar que si la vida social y política del país y del mundo hubiese estado más presente en la vida del seminario, esto se habría reflejado más a menudo en las impresiones escritas de Joan.

Cataluña hace exultar su corazón. El día de san Jorge del año 1959 pinta en rojo cuatro barras bien grandes, en la hoja de su Diario y añade: «Hoy es san Jorge. Por eso las cuatro barras. Por eso, ¡Viva Cataluña!». Son años en que el hecho catalán es vivido aún de forma casi clandestina. Para la festividad de la Virgen de Montserrat del mismo año, los alumnos escriben en la pizarra de la clase un «Viva Cataluña». Joan comenta que «el profesor se enfadó». San Jorge le despierta también sentimientos de generosidad y de combate por un ideal noble.

Hoy es san Jorge, patrón de Cataluña. San Jorge era un perfecto caballero. Generoso, entregado al servicio del ideal. ¡Cuántas veces negamos nuestro ideal! ¡Seamos, pues, perfectos caballeros! Como san Jorge. Porque todos estamos llamados a esta lucha por el ideal: Cristo. ¡Marchad adelante! Siempre adelante. Permanecer de pie, cuando los demás se sientan. Sonreír, cuando ellos aprietan los dientes. Darles de tu agua, cuando tienen sed. Cargar con la fatiga de los débiles. Iluminar a quienes están en la oscuridad. Hacia el atardecer, cuando todos descansan, ¡Hablar por ellos al Señor! (56).

«Hemos de vivir con los obreros»

La «cuestión obrera» se va introduciendo también en la vida del seminario. Con una visión muy religiosa y paternalista, primero :

Hemos de acercar a los obreros a Dios. Están muy alejados de él. Ateos. Rezando mucho por ellos, desde aquí. Trabajando, mañana, intensamente (57). Ayudemos a hacer triunfar a los obreros cristianos sobre aquellos que no aman a Cristo. Pidamos a Jesús, que también fue «obrero», por los hermanos de trabajo. Que sea siempre su modelo. (58)

Pero después, a partir de primero de filosofía, la cosa va cambiando gracias al influjo del prefecto del seminario, que es hijo de la barriada obrera de Sarria de Ter y que trabaja intensamente con grupos de HOAC. Se incrementan las relaciones entre los militantes obreros y los seminaristas.

Han venido cuatro hombres de la HOAC. Nos han hablado de sus problemas, de la necesidad que tienen de consiliarios. Nos han animado a preparamos para guiarlos bien por la vida (59).

Conservamos de aquella época una encuesta que hizo Joan a unos militantes de la HOAC, probablemente en una de sus salidas a las barriadas obreras de Girona. Por su importancia en orden a conocer los orígenes de su vocación social, la transcribimos íntegramente (60):

1. ¿Qué concepto tienen los obreros del sacerdote ?

--Tienen un concepto lleno de prejuicios. Ven en el sacerdote, no al verdadero representante de Cristo en la tierra, sino a un hombre más que ha elegido el sacerdocio así como habría podido elegir otra carrera u oficio.

Creen que es un burgos más, que está vinculado plenamente a la burguesía, a la cual apoya, mientras que se aparta de los obreros. Consideran que el cura se debe a todos, pero fundamentalmente a los pobres y no ven en él suficiente amor por la pobreza. Al cura, lo quieren santo o, al menos, con una auténtica aspiración a la santidad.

2. ¿A qué se debe que el sacerdote sea tan mal visto entre los obreros?

--En primer lugar, creo que es por desconocimiento de lo que es el sacerdocio y también --en eso no hago sino transmitir la visión de mis compañeros de trabajo-- porque el cura no hace los esfuerzos necesarios para encamarse en los trabajadores. Ven que los curas sólo se les acercan para administrarles los últimos sacramentos. Se interesan más por su muerte que por dar una respuesta a los problemas de su vida.

3. ¿Cree que hay alguien que ha influido en eso?

--Sin duda han influido mucho ciertas corrientes de signo marxista en la concepción de nuestros trabajadores, corrientes que tienden a ridiculizar y a menospreciar la figura del sacerdote. Y da la impresión que a los curas les da miedo enfrentarse con los problemas de la vida del trabajo, huyendo del contacto con los trabajadores y encerrándose en ambientes más o menos fieles a la iglesia. Se les hace imposible entonces comprender su mentalidad.

4. Bien, el obrero debe tener unas virtudes y unos defectos; ¿cuáles son en general

--Amor al trabajo y a la familia. Su espíritu de sacrificio. Y sus defectos: falta de una auténtica solidaridad que lleve a la unidad de los trabajadores. A eso se debe en gran parte el materialismo y el individualismo que reina en nuestra sociedad.

5. ¿-El obrero está bien dispuesto a recibir el mensaje de Jesucristo?

--He de responder con un sí rotundo cuando este mensaje se les presenta con toda su autenticidad, sin mixtificaciones y aceptando ante ellos todas las consecuencias. La prueba más clara es la respuesta que dan todos los trabajadores a los cursillos de iniciación apostólica de la HOAC. La figura de Cristo tiene la misma fuerza de atracción para los obreros del siglo XX que para los pescadores de la Galilea del siglo I. El evangelio es demasiado divino como para defraudar a los hombres. Al contacto con el sacerdote y con la transparencia del mensaje evangélico desaparecen los prejuicios. Son muchos los que en estos cursillos han pasado de las tinieblas a la luz, para iluminar el mundo del trabajo.

6. ¿Los sacerdotes han trabajado lo suficiente entre los obreros?

--Se puede asegurar que se han dado grandes pasos y que la inquietud apostólica y social ha calado fuertemente en el espíritu de muchos sacerdotes de nuestra patria. La HOAC, separada del resto de la iglesia, no puede obtener nada sin muchos consiliarios. Allí donde hay consiliarios santos, entregados plenamente al servicio de los pobres, se ha formado siempre un movimiento obrero cristiano poderoso. Podemos ver muchos ejemplos en nuestra propia diócesis.

7. ¿Y los obreros católicos han hecho lo suficiente?

--El cristiano es un eterno insatisfecho. Es el hombre que abomina del «ya es suficiente» en el camino de amar a Cristo y de hacer el bien a los demás. Se han realizado grandes esfuerzos encaminados a encarnamos en nuestros hermanos de trabajo. Pero aún hemos de esforzamos más para que nuestra encarnación se realice entre los más pobres, entre los que menos tienen, no solamente en el orden material, sino también en el orden espiritual y sobrenatural.

8. ¿Qué desean encontrar los obreros en el sacerdote?

--Que se esfuerce por encamarse en la vida de ellos. Que procure comprenderlos y, sobre todo, amarlos. No con palabras, sino con hechos, que son los que convencen. Viviendo una vida de pobreza, de austeridad y de sacrificio. El cura ha de ser capaz de renunciar voluntariamente a aquellas cosas a las cuales están obligados a renunciar los trabajadores. Ha de considerarse uno más de entre ellos y se les ha de entregar sin reservas, como Cristo. En una palabra, que sea santo, que aspire verdaderamente a serlo.

Este testimonio es todo un documento que permite captar la mentalidad de la época, en particular la de la HOAC.

Tenemos otro aún, una conferencia recibida en el seminario y que Joan anotó en su cuaderno con fecha del 20 de febrero de 1960. Encontramos muchos puntos de contacto entre ambos.

Es la hora de los obreros. Han tomado conciencia de clase. Nosotros hemos de trabajar para que la actual estructura surja sin «pecado original», una estructura cristiana desde el primer momento. ¿Son los obreros quienes se apartan de nosotros, o somos nosotros los que nos apartamos de los obreros? ¿Son los obreros quienes se apartan de la iglesia o es la iglesia la que se aparta de los obreros? El obrero tiene la angustia de ver su actual situación, tiene la esperanza en un mundo mejor y ve la necesidad de una urgente lucha. Hay que dar una respuesta al obrero. Por eso, fuera los métodos anticuados; estamos en otra época. No hemos de hacer el apostolado desde arriba o a distancia, sino desde abajo o a su lado. No seamos paternalistas, sino apóstoles saturados de Jesucristo. Apresurémonos. El comunismo ha dado una falsa respuesta, pero respuesta al fin y al cabo. Nosotros tenemos otra mucho mejor, infinitamente mejor. El evangelio. Hemos de hacer presentes las virtudes del evangelio en la vida del obrero.

Debemos adaptamos.

No podemos de hecho concebir a un rico haciendo apostolado en un medio obrero. Hemos de ver con ellos, como ellos, para que nos comprendan y los comprendamos, sobre todo porque Cristo vivió pobre. Y algo más duro todavía: hemos de renunciar a nuestra mentalidad para encarnarnos en la mentalidad obrera. Quizás esta es la renuncia más dura. Pero es necesario. Hay que hacer nuestros sus problemas, su vida. Como Cristo hizo suyos los problemas y la vida del pueblo en que vivió.

Hemos de aceptar todas las reivindicaciones, todas las ideas del obrero, por revolucionarias que sean, mientras no estén en pugna con el derecho natural, con la doctrina social de la iglesia y con el evangelio.

Hemos observado la claridad con que se expresa lo que hoy se denomina la «tercera vía». Ni capitalismo ni marxismo. Los cristianos tienen una solución mejor: el evangelio. Soporte ideológico de las democracias cristianas, que se abrirán paso como alternativas políticas al socialismo. Será interesante recorrer la evolución ideológica y personal de Joan, al contacto con la realidad chilena. Muchas de las cosas que encontramos escritas en estos documentos llegarían a convertirse en vivencia personal durante sus años de labor pastoral.

10. Renovación

Antes de pasar a las etapas posteriores de la vida de Joan es necesario destacar el hecho quizás más importante de la historia de la iglesia del siglo XX, que tanto facilitará la incorporación efectiva de los cristianos a las luchas del mundo obrero: el concilio. Joan reseña así su convocatoria:

Ayer el santo padre Juan XXIII anunció en la iglesia de San Pablo la próxima convocatoria de un concilio ecuménico, para continuar el Vaticano interrumpido en el año 1870. El fin principal es el retomo de los hermanos separados, además de la edificación de los fieles. En el Vaticano se guarda una reserva absoluta sobre el particular. Hacia el mes de octubre se celebrará en Roma un sínodo diocesano de sacerdotes. Es el primero que se celebra desde el concilio de Trento (61).

Pienso en Juan XXIII: En medio del tráfago de un mundo modernizado por la técnica y la maquinaria, busca por encima de todo la unión de todas las iglesias y convoca al concilio ecuménico (62). Ayer dieron noticias sobre el concilio: El santo padre ha dicho que se necesitan al menos dos años de preparación y que no podrá comenzar hasta fines del año 1960. A fines del presente (1959) se celebrará el sínodo de sacerdotes diocesanos de Roma para cuestiones de derecho canónico (63).

Sería una equivocación pensar que el concilio fue una iniciativa exclusiva de Juan XXIII. En realidad las ansias de renovación se sentían desde hacia tiempo en toda la iglesia universal. Juan XXIII no hizo sino percibir esta necesidad y darle forma histórica. El doctor Estela, precisamente días antes de su convocatoria, había hecho una magnífica charla a los seminaristas sobre la necesidad y los criterios del cambio.

Todo el cristianismo es renovación. Ir progresando en el amor de Cristo. Rompiendo viejas rutinas e ir dejando moldes antiguos. La vida cristiana consiste en unirse estrictamente a Cristo. Vivir la vida de Cristo. Revestimos del hombre nuevo que ha sido creado en justicia y en espíritu de verdad.

Puede parecer muy especulativo todo esto, mucha teoría, pero para el nivel práctico nada. No, no es en absoluto esto. Todo lo haremos bien, si amamos a Jesucristo. «Ama y haz lo que quieras».

Para imitar a Jesucristo, para ser otros Cristos, hemos de amar a Jesús.

El amigo siempre quiere imitar a quien ama (64).

Dentro del contexto global de la renovación de la iglesia, también habrá que cambiar la práctica pastoral del sacerdote. Convocado ya el concilio, habla el doctor Estela sobre este punto.

Sed sacerdotes modernos, de hoy día, pero sin invertir los valores que son esenciales al sacerdote. Nuestro sacerdocio no ha de acomodarse al mundo.

Yo pensaba luego que, si admitimos las ligerezas mundanas, si las incorporamos a nuestra vida privada, nos alejaremos mucho de la adaptación al mundo.

Actualmente, adaptarse al mundo quiere decir: ser un gran testimonio de pureza, de integridad entre tanta corrupción. Es así como hemos de adaptamos. Por lo menos yo lo pienso así. Mala cosa, cuando todos están «de acuerdo», cuando nadie contradice. No puede ser el discípulo más que su maestro. Y recordemos las palabras de Simeón: «Será puesto como una seña de contradicción». «Salvación para muchos y perdición para los otros» (65).

¿Cómo y cuándo nació la vocación misionera de Joan? ¿Qué influencias recibió que motivaron su determinación de ir a Chile ? Todo su Diario está lleno de alusiones al hecho «misionero», como se denominaba en esos tiempos. Queremos finalizar esta reseña de su paso por el seminario de Girona, ofreciendo algunos elementos representativos del conjunto.

11. Sentido misionero

Podemos afirmar que sin la presencia del doctor Estela como rector del seminario, tal vez no se habría dado esa apertura universalista que vivieron sus alumnos.

A raíz de una amistad con un chico alemán que conoció durante el verano, escribe Joan: «Verdaderamente ensancha el corazón el tener contacto con chicos de otras naciones, unidos todos por el lazo de un gran amor: Jesús padre de todos» (66).

La visita de padres misioneros al seminario, con sus correspondientes relatos, es como la apertura de una ventanilla que permite vislumbrar la totalidad de la geografía humana.

Comentando el evangelio del día de la ascensión, Joan reza:

Haced, Jesús mío, que yo, desde la alta montaña, dirija la mirada hacia la tierra, desde los indígenas de la Tierra del Fuego bástalos amarillos de la perseguida Asia, desde Rusia hasta Alaska, India, España, la católica España, Francia, la hija primogénita de la iglesia, y toda la tierra habitada por Dios «hasta la consumación de los siglos » (67).

Hay una charla del doctor Estela que le impresiona muy vivamente :

¡Corazones universales, corazones amplios! Este ha de ser nuestro lema. Un corazón abierto, un corazón grande, muy grande, capaz de abrazar al mundo entero. Quiera Dios que salgan de nuestro seminario muchas vocaciones misioneras, que sepan responder a la llamada del Señor. Un mundo mejor.

Debemos contribuir a la formación de este mundo mejor en el cual tienen un papel primordial las misiones. Unidad dentro de la universalidad de la iglesia. Si no somos universales, no somos dignos de ser llamados cristianos ni mucho menos católicos.

«No te agarres a Cristo --dice don Ángel--, que si no eres universalista se te escapa» (68).

«No hagamos iglesias --repite--, sino iglesia». Seamos, pues, todos uno dentro de este cuerpo místico que es la iglesia. No se trata de hacer un occidente mejor, una España mejor, sino un mundo mejor, y, en su interior, caben desde el santo padre hasta la última ancianita que vive en una trista cabana olvidada. Hemos de formar este mundo mejor todos.

Seamos, pues, consecuentes con una fuerte conciencia misionera. ¡Siempre adelante hacia Cristo! (69).

Durante estos meses en los que revolotea por su mente la idea del «mundo mejor», como fruto probablemente de la campaña promovida por el padre Lombardi con la amplia bendición de Pío XII, nos relata Joan una anécdota muy divertida que demuestra la agudeza y vivacidad de su temperamento:

Hoy se han apagado las luces. He encendido una cerilla. Todo el mundo se ha echado a reír. ¿Por qué? No lo sé.

--¡Alsina, esa es una falta notable!

-i...!?

Risa general. La falta nadie me la quita, pero he pensado que si todos hubiésemos hecho lo mismo habríamos tenido luz suficiente para vernos todos. A la formación de un mundo mejor, hemos de contribuir todos. Con nuestro granito de arena. Siendo mejores en las cosas ordinarias de cada día. De cada instante (70).

El espíritu misionero y universal es alimentado por un conjunto de festividades que mantienen permanentemente la atención de los seminaristas: el Domund, el día de la santa infancia, el del oriente cristiano, el de la iglesia perseguida... Se organizan además conferencias y círculos o academias misionales en las que los muchachos pueden participar de forma activa en alguna tarea de carácter formativo o asistencial en relación con las misiones (71). Se comenta, en una de estas reuniones, la encíclica Fidel donum de Pío XII, que tuvo tanta importancia en orden a abrir las diócesis a la colaboración misionera, restringida hasta ese entonces a las órdenes religiosas (72). En aquella época se empieza a hablar de la «diócesis misionera» como una dimensión nueva y casi prioritaria de la iglesia diocesana. Y comienzan a salir hacia África y América los primeros sacerdotes.

Es en este contexto de espiritualidad interior y de efervescencia colectiva que va cristalizando la voluntad misionera de Joan.

Con motivo de la festividad de san Francisco Javier, patrono de las misiones, reflexiona:

Allá lejos hay 28.000 sacerdotes que han sentido la llamada de Cristo. ¿Y por qué no nosotros? Pourquoi pas nous ¿Por qué no podemos como ellos ser unos muchachos entregados a Cristo? Seamos ya misioneros desde aquí. Y quizás también un día nos llamará Jesús a allá, lejos. Pero mucho más próximos a él. San Francisco Javier, rogad por nosotros, y dadnos un verdadero espíritu misionero (73).

La lectura de las Cartas de san Pablo le hace descubrir el sentido último del «verdadero espíritu misionero»:

Hacerse todo con todos, judío con los judíos, romano con los romanos, gentil con los gentiles. Aquí está todo el fundamento del Apóstol de las gentes. Darse a todos y adaptarse a todos. Llorar con los que lloran y alegrarse con los que están alegres (74).

Participa en el IX cursillo misional de Barcelona, cuando hace tercero de filosofía. Se estudia el tema «Proyección misionera de la iglesia particular», en el que se debate la cuestión del hermanamiento de las diócesis de Europa con las de América y de África, como una forma de concretar y llevar adelante la labor misionera de la iglesia universal. Joan decide ir a Chile, donde ya otros compañeros han iniciado el camino. Dejará el seminario de Girona para ir a Madrid a estudiar la teología. Se encuentra allí el seminario hispanoamericano, dedicado a la formación más especializada de los que quieren marchar a las misiones. Se inicia una nueva época que marcará muy profundamente la evolución personal de Joan.


Notas:

1. Noviembre de 1975.

2. 2 de febrero de 1959.

3. 5 de febrero de 1957.

4. 6 de febrero de 1958.

5. Escrito en 1957, El Collell.

6. 23 de septiembre de 1958.

7. Las caramellas son canciones que por pascua de resurrección cantan grupos de muchachos ante las casas, recibiendo por ellas obsequios de los vecinos.

8. 11 de mayo de 1957.

9. 14 de febrero de 1957.

10. 5 de julio de 1958.

11. 6 de mayo de 1957.

12. 10 de enero de 1958.

13. 12, 13 de febrero de 1958.

14. 19 de febrero de 1958.

15. 4 de mayo de 1957.

16. 25 de abril de 1958.

17. 17. La moral puritana que recibió en el seminario queda reflejada también en sus cartas. A propósito del baile, advierte a su hermano Miquel: «Supongo que en Caldes, después de las sardanas, haréis baile. A ver qué haces. Aunque estés solo, has de saber nadar contra la corriente. Cuando alguien te ayuda es muy fácil, pero cuando estás solo, no lo es tanto. Yo haré "palanca" desde aquí. Veremos qué haces tú. Ya supongo que no irás a Calella. Es mejor que lo dejes para otros que son más hombres... o más bestias. No tengo nada que decir de las sardanas, de lo que sí tengo que decir es de lo que viene después, como en todas partes, pero Calella es Calella...» (3 de mayo de 1960). Al año siguiente concreta más su pensamiento: «El baile no es pecado. Es ocasión próxima de pecado. Ahora bien, hay que prepararse para bailar bien mediante la oración constante. Yo sé de chicos que mientras bailan, rezan, hablan con Jesucristo y así no les cuesta tanto mantenerse puros. La "palanca" es la única solución. Sólo Cristo puede ayudamos» (23 de enero de 1961). Son los años en que los cursillos de cristiandad se extienden por toda Cataluña. Uno de sus métodos era «hacer palanca», es decir, hacer un rato de oración por un compañero determinado, considerado en «peligro». Resulta muy pintoresco lo de bailar y al mismo tiempo hablar con Jesucristo...

18. 29 de octubre de 1955.

19. 5 de abril de 1956.

20. 25 de marzo de 1956.

21. 9 de junio de 1956.

22. 29 de abril de 1957.

23. 8 de febrero de 1957 y 4 de junio de 1958. Por esta mismo época escribe una carta a un compañero de su edad, de Castelló, en la que desarrolla ideas parecidas: «A nuestra edad es difícil tener voluntad. Somos ligeros. También nos es difícil a nosotros, seminaristas.

Se hacen muchos elogios de la adolescencia --nuestra edad--. Pero a menudo no se ven o no se quieren ver los defectos que tenemos. Son muchos: falta de voluntad, sobre todo en las cosas pequeñas, --que, como me dices en la tuya, son el principio, el comienzo de todas las cosas grandes. Con todo, piensa que, por difíciles que sean los propósitos, la oración es omnipotente. Con Jesús y María lo podrás todo. "Todo lo puedo en aquel (Jesús) que me conforta" decía san Pablo. Así, pues, en Jesús, que será quien te confortará en la oración, también tú lo podrás todo. Hasta "vencer al Maligno".

No me parece bagatela --cosa de poca importancia-- que hayas podido organizar un equipo de fútbol en Castelló. Además de gustarme porque es una cosa de Castelló --y de Castelló me gusta todo--, indica que, cuando queréis, podéis. Y si podéis en esas cosas relativas, también podréis en la lucha y en ser buenos, que son cosas inmensamente mejores que un equipo. No quiero decir que eso --el equipo-- no tenga importancia, pero al lado de lo otro --ser bueno--, es muy relativo. Bueno, chico, tengo que estudiar. Adiós» (26 de mayo de 1957).

24. 6 de marzo de 1958.

25. 10 de marzo de 1958.

26. 11 de febrero de 1957.

27. 25 de enero de 1957.

28. 21 de marzo de 1957. También a su hermano Miquel le aconsejará firmeza y dominio de sí mismo: «Me dices que no eres feliz como quisieras. Mira, la vida sobre la tierra es vida de milicia, o sea, una vida dura, de trabajo y sacrificio. La tierra nunca será un cielo ni para ti ni para nadie. Ahora bien, es preciso que cojamos nuestra vida y la acerquemos cuanto podamos a Dios. Y ¿cómo? Rezando y amando. El amor te hará feliz, pero el amor es duro, el amor es difícil. Sobre todo si se ama de verdad. Sobre todo si lo que se busca es el bien de las personas queridas»...

29. 29. 10 de marzo de 1956.

30. 9 de junio de 1957.

31. 10 de diciembre de 1958.

32. 23 de abril de 1959.

33. 14 de marzo de 1958.

34. 6 de febrero de 1957.

35. 35. 14 de febrero de 1957.

36. 22 de mayo de 1956.

37. Hoja hallada entre otros apuntes personales

38. 6 de febrero de 1957.

39. 29 de abril de 1957.

40. 13 de abril de 1957.

41. 5 de marzo de 1956.

42. 8 de enero de 1959. En la construcción de la personalidad, el buen uso de la imaginación es un factor decisivo.

43. 8 de enero de 1959.

44. 27 de enero de 1959.

45. Nos parece interesante dar el texto de una carta que escribió Joan a un compañero de Banyoles muy amigo suyo, que a menudo le contaba sus cosas. El amigo, de 17 años, la había contado en una carta anterior los conflictos que tenía con sus padres por sus diferencias en el enfoque de las tareas del campo. Los criterios que expone Joan son reflejo de la concepción sumisa y espiritualista, de obediencias e inmolación que recibía en el seminario de Girona. Joan escribe esta carta cuando está en tercero de filosofía. La transcribimos íntegramente:

«He recibido tu carta, y te repito lo que te dije durante las vacaciones de pascua. No debes preocuparte tanto. Tienes 17 años. Piénsalo. Eres joven. La solución no es que tú tomes las riendas de todo. La solución es obedecer. Es cierto que tú piensas por tu cuenta. Que encuentras ciertos medios atrasados, que podría producirse más. Supón que yo, al ver los detalles y detallazos que se descuidan en la parroquia de Castelló, pensara que la solución está en que yo me ponga de párroco en Castelló, porque veo muchas cosas y podría hacer rendir más a la gente espiritualmente. ¡Qué absurdo! ¿verdad? Pues es lo mismo.

La solución tampoco es estallar con malas caras e impertinencias. Por su parte no se arregla nada. Al contrario. Por tu parte, bajas en la oración, en la humildad y en la caridad. Por parte de todos se va acentuando la ruptura entre padres e hijos hasta llegar a una penosa separación. Y en el principio de toda separación está el orgullo y la poca caridad de no saber disimular las ideas opuestas.

Además, esa tirantez no te va nada bien en el aspecto espiritual. Porque, como mínimo, pierdes el tiempo diciendo: ¡Ah, si yo estuviera bien en casa, si me entendieran, si pudiera hacer esto y lo de más allá! ¡Cómo rezaría! ¡Qué humilde sería! ¡Cuánta caridad tendría! Y mientras tanto, no rezas, ni eres humilde, ni caritativo. Cuando el evangelio te exige que seas humilde, caritativo y hombre de oración a todas horas.

Dios quiere que seas un santo en ese ambiente difícil. Si la santidad fuera fácil, ya no tendría mérito. Además, ese ambiente te ayudará a aprender la difícil lección del silencio. Como Jesucristo, que cuando lo azotaban, crucificaban, calumniaban, callaba. Así nos lo dice el evangelio.

Aprende, pues, a callar, según el ejemplo de Cristo. No es una buena solución desahogarse con Francesc. Lo que pasa en tu casa no es asunto suyo. Por mucha confianza que le tengas. Desenfoca totalmente el problema. Tiene una mentalidad muy distinta de la tuya, de "solterón" de 27 años metido en una familia con la que nunca se ha entendido.

Si quieres desahogarte puedes contármelo todo a mí, sin miedo de criticar: entre amigos, decirse las cosas de la familia no es criticar, ni muchísimo menos.

Y después, desahógate con Jesucristo. El te consolará. Y con mossén Pere, que te ayudará y comprenderá. Y, sobre todo, oración, oración, oración y oración. Y humildad y sencillez en el saber callar, en el saber obedecer, como Jesús, que calló y obedeció durante 30 años. Y después... no te preocupes demasiado. No tienes edad para preocuparte por eso. Piensa, proyecta, pero no creas que vas a realizarlo inmediatamente. Las cosas tienen que madurar, y tú tienes que estar a buenas con tus padres. En ninguna parte estarás mejor que en casa. Ya lo sabrás cuando lleves un tiempo fuera. No se conoce el valor de muchas cosas hasta que se han perdido.

Tú puedes y debes querer a tu familia. El diablo existe. Y te pone esos tropiezos en tu vida espiritual. Pero Jesucristo también está dispuesto a ayudarte y a darte su fuerza para sobreponerte a todas las dificultades de la vida. Sólo espera que se lo pidas y que seas humilde, porque "sólo a los humildes da Dios las gracias".

Bueno, adiós. Me gusta lo que me dices: que estudie. Pero lo que hay que hacer es ser santo. Un sacerdote santo hace más bien que un sacerdote muy sabio, pero cuya santidad sea floja. Adiós. Te encomiendo a Dios. Hazlo tú también para que pueda seguir adelante y ser muy santo y hacer mucho bien a las almas, que lo necesitan mucho» (17 de abril de 1961).

46. 14 de febrero de 1957.

47. 29 de noviembre de 1957.

48. 11 de mayo de 1957.

49. 2 de junio de 1957.

50. «Nunca diremos lo suficiente de María», «Mi vivir es María», «Por ella, en ella y a través de ella».

51. 31 de enero de 1959

52. 1 de junio de 1958

53. 2 de octubre de 1957

54. 54. 5 de julio de 1958.

55. 30 de enero de 1959.

56. 23 de mayo de 1959.

57. 1 de mayo de 1957.

58. 1 de mayo de 1958.

59. 26 de abril de 1959.

60. En una carta a su hermana, fechada el 16-5-60, comenta: «Ayer fuimos a un pueblo que está a tres kilómetros de Girona. Todos los vecinos trabajan en una fábrica. Nos reunimos con el sacerdote y algunos militantes de la HOAC (Acción Católica para obreros), y nos contaron sus experiencias, cómo habían entrado en la HOAC, etc. Muy interesante. Había uno que había sido comunista. Puede que volvamos el domingo que viene. Todavía no lo sabemos».

61. 26 de enero de 1959.

62. 1 de febrero de 1959.

63. 5 de febrero de 1959.

64. 10 de enero de 1959.

65. 5 de mayo de 1959.

66. 21 de enero de 1959.

67. 10 de mayo de 1959.

68. D. Ángel Sagarminaga, director de las Obras pontificias misioneras.

69. 17 de noviembre de 1957.

70. 9 de enero de 1958.

71. Con su hermano Miquel comenta una de estas charlas: «El sábado vino un misionero africano, y nos habló durante dos horas sobre África y el problema de las misiones. Chico, esto da que pensar. Ver a un hombre que te habla durante dos horas, casi llorando a sus 50 y tantos años es algo que hace reaccionar. Hace pensar que después de veinte siglos de cristianismo hay 1.700 millones de hombres que no conocen a Cristo. Y sin embargo, muchas veces los cristianos no sabemos nada de eso, y todos tenemos nuestra responsabilidad ante Dios. Y todo por culpa de los sacerdotes, que, como somos los primeros en no estar muy convencidos, por culpa nuestra, no hablamos de ellos a la gente más que un día de vez en cuando, y aún así, para salir del paso.

Si no nos despertamos todos, sacerdotes y fieles, orando por el concilio y por las misiones, ya nos zarandearán el día del juicio» (3 de mayo de 1960).

72. 4 de marzo de 1957.

73. 3 de diciembre de 1957.

74. 18 de enero de 1958


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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