joan alsina
Joan Alsina: chile en el corazón
CONCLUSIÓN:
¿SAN JOAN ALSINA?

capítulo 14

Terminamos esta biografía... Las últimas palabras que hemos leído, impresionantes en su simplicidad y grandeza, son una bella síntesis de todo cuanto nosotros hemos podido recoger y sabido expresar en tomo a ese hombre de pueblo, Joan, que fue capaz de dar lo mejor de sí mismo al servicio de los demás hombres, sus hermanos. Sin un hogar, sin unos padres como los que tuvo, tal vez Joan no hubiera sido nunca el que fue, ni hubiera hecho nunca lo que hizo. Las grandes vidas vienen de lejos, y la de Joan sería incomprensible sin el ambiente inicial de Castelló d'Empúries.

Tal vez por eso el eco de su muerte fue muy intenso en su tierra. El mismo día que se conoció la noticia, el 29 de septiembre de 1973, el obispo electo de Girona, monseñor Jaume Camprodón, escribía a la familia:

Antes de conocemos ya nos toca compartir el dolor. Ayer me comunicaron desde Girona el fallecimiento de su querido hijo, mossén Joan. El había salido de la casa paterna para servir a la iglesia; es justo que los primeros responsables de ésta mostremos, en nombre de todos, nuestro agradecimiento hacia la generosidad de mossén Joan y hacia ustedes. «Nadie ama tanto como el que da la vida por el que ama». Dios no se deja vencer en generosidad, y esto, dentro del dolor, debe comunicarles esperanza.

Quisiera que transmitieran mis sentimientos a los demás familiares junto con la promesa de mi plegaria por su hijo.

Y junto con las palabras del obispo llegaron a casa otras cartas que expresaban idéntica solidaridad cristiana. Se organizaron funerales y se pronunciaron homilías. Los diarios se hicieron eco del trágico acontecimiento, y prácticamente no hubo revista especializada en temas religiosos o catalanes que no publicara el Ultimo escrito y esbozara una rápida semblanza de su personalidad. El lector encontrará una breve muestra de ello en los apéndices de este libro.

Sin embargo, no quisiéramos terminar este estudio sin comentar un articulo aparecido en la revista Correspondencia de Barcelona (n.° 119), en el que su autor, Jordi Planes, plantea un tema que a primera vista podía parecer exótico y chocante. Con el título de De la caritat al martiri: a propósit de mossén Joan Alsina, escribe el autor:

Mientras esto escribo, hace un año que murió Joan Alsina en Chile, de muerte violenta. Un año que ha pasado muy de prisa, menos para aquellos que, como él, se han detenido en la historia: en Chile, parece que son muchos. Pero no todos como él. Y algunos, tal vez como él. Veamos.

Alsina era un cristiano de Castelló d'Empúries que se creyó llamado al sacerdocio. Y fue sacerdote. Yo no le conocía: sus compañeros de estudio en Girona seguramente podrían contamos muchas cosas de su vida de seminarista --anónima, como suele ser la vida de un seminarista corriente--, y de su vida de sacerdote novel. Lo harán, espero que muy pronto. Que lo digan todo y bien claro. Yo me imagino a Alsina siguiendo el concilio con la fe y esperanza con que lo seguimos tantos, con la misma ilusión. Y me lo imagino leyendo medio a escondidas las crónicas de los diarios, insípidas, en las que había que adivinar las cosas con el corazón más que con la cabeza. Y después me lo imagino leyendo las constituciones y decretos conciliares, y las encíclicas posteriores: y creyéndose todo. Como el evangelio...

Y porque lo cree todo se va a Chile, a llevar la buena nueva, como quien va a felicitar las pascuas: con el corazón en la mano. Pero como ha leído las piezas más logradas del magisterio eclesiástico, como se ha creído, de evangelio en encíclica, que la buena nueva pasa por los humildes (todos sabemos que, ahora, es éste un leitmotiv que no se salta ni el obispo más carca), se mete entre los humildes con su buena nueva a cuestas. Paralelamente, en Chile, los humildes habían tomado el poder político: no era culpa de Alsina, claro, pero seguro que tampoco le sabía mal. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, ¿verdad ?, Alsina seguía, hombre entre los hombres, con su buena nueva y cantidad de otros problemas. Según parece, está previsto que los que acarrean la buena nueva tendrán problemas (véase el evangelio, por ejemplo). Los problemas gordos vinieron cuando en Chile cambiaron de César (y, para colmo, fue Augusto: Augusto Pinochet, un centurión). Parece que se lo temía, por lo que escribe. El hecho es el hecho: mossén Joan Alsina apareció cosido a balazos, víctima de centuriones y herodianos. Como el Otro...

Lo que escribió mossén Alsina antes de morir lo han reproducido muchas publicaciones religiosas --casi todas- del país, desde las neutras hasta las comprometidas, para entendemos. Su testamento, literariamente hablando, es más bien torpe. Quiero decir que el interés debe venir de otro lado. Y si ha sido aceptado con tanta unanimidad, ello significa, si la teología no me falla, que expresa el sentir de la iglesia: nadie lo ha contradicho. En sus funerales, en Castelló D'Empúries, los superiores jerárquicos estaban al lado de sus padres y de su testimonio: si los padres siguen fieles a su memoria, ojalá también lo hagan sus superiores jerárquicos. El nudo de la cuestión, al fin y al cabo, es la memoria de Jesús de Nazaret, el Crucificado.

El evangelio de san Juan dice --cito de memoria-- que «no hay mayor prueba de amor que dar la vida por aquel al que se ama» (perdón si me falla la memoria). Mossén Joan Alsina lo hizo. ¿Es o no es eso una virtud heroica? Si lo es, mossén Alsina es un santo canonizable. Si no, dejemos en paz su recuerdo y pasemos a otra cosa: no tranquilicemos nuestra conciencia con la sangre de un hermano.

Pero como yo creo que es heroico --cristianamente heroico-- lo que hizo mossén Alsina, como creo --personalmente creo-- que su ejemplo es ejemplar tal como lo han contado --como me lo han contado--, me atrevo a sugerir humildemente y firmemente -sinceramente y sin rencor-- que se instruya un proceso de beatificación a mossén Joan Alsina i Hurtos, natural de Castelló d'Empúries, sacerdote de la diócesis de Girona, inmolado en Chile en el ejercicio de su misión evangelizadora entre los humildes, y por esta causa, sólo por esta causa (que se demuestre eventualmente lo contrario, si llega al caso). Que los responsables del poder eclesiástico a los que corresponde instruir este proceso tomen acta: a nadie puede molestar tener un santo. Que todos los que hemos conocido la caridad y el martirio de mossén Alsina demos testimonio. Y si no, que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos...

Yo respondería a los deseos de mi buen amigo Jordi Planes diciendo lo siguiente:

1. Estoy contento al haber contribuido con esta biografía prácticamente exhaustiva a lo que pedía a los compañeros de seminario de Joan: que nos contaran muchas cosas de él. Aunque no fui compañero de Joan en ningún momento de su carrera, sí estuve en la mayor parte de los escenarios en los que él vivió: excepto el seminario de Girona (pues yo estudié en Barcelona), también cursé el 4.° de teología en el seminario teológico hispanoamericano de Madrid, y, más tarde, trabajé durante nueve años en Chile, aunque en la diócesis de Valparaíso. No obstante, para poder llenar este pequeño vacío, me he esforzado en estudiar con toda conciencia los documentos disponibles y he hablado con muchos de sus compañeros de ministerio y otras personas que lo conocieron, con el objeto de poder reconstruir con la mayor fidelidad crítica su itinerario y evolución personales.

2. También yo he llegado a la convicción de que el testimonio de Joan es un caso clarísimo de fidelidad heroica al evangelio y a su máximo precepto, el amor a los hermanos, sellado con la efusión voluntaria de su sangre. Me complace decir, cuando ya mi tarea toca a su fin, que nunca me he visto obligado a encubrir ningún aspecto de su personalidad para hacerla más irreprochable, y, por tanto, más susceptible de una adhesión sin reservas. Todo lo que he escrito sobre Joan es todo lo que hay sobre Joan. Nada más y nada menos.

3. Por lo tanto, también yo estoy de acuerdo en esto: si tiene sentido la canonización de un cristiano hoy día, desde un punto de vista histórico, teológico y evangélico, no veo ningún inconveniente en que este cristiano sea Joan Alsina.

4. Pero mis dudas surgen no en cuanto a la elección de la persona, sino en relación con el hecho mismo de la «canonización». Y no porque no vea un sentido muy intenso al hecho de que un cristiano excepcional sea puesto «en el candelero» por la autoridad máxima de la iglesia. Muy al contrario, creo que este gesto de reconocimiento, no sólo es habitual en todos los grupos humanos en relación con sus miembros más preeminentes, sino que es muy adecuado, tal vez más, en el caso de la iglesia, que es fundamentalmente una invitación perenne a seguir a aquel que es su inspirador: Jesucristo. Creo firmemente que Joan Alsina, como Camilo Torres y Néctor Paz, es un testigo excepcional de la radicalidad del evangelio vivido en el seno de una sociedad en cambio.

Lo que ocurre es que es ilusión ingenua creer que la iglesia jerárquica puede asumir y «canonizar» a un hombre cuyo testimonio precisamente pone en tela de juicio su complicidad, abierta o encubierta, con los poderes de este mundo. Los intereses en juego, con los que está intensamente comprometida, son demasiado fuertes para dejarla libre de hacer un gesto tan consistente y audaz. Todo esto llegará. Pero tendrán que pasar los años para que sea posible... Desgraciadamente habrá que esperar a que la nueva sociedad esté establecida y su reconocimiento no implique riesgo alguno para la institución... De sobra sabemos, pues la historia nos lo demuestra constantemente, que la iglesia institucional --que no la de las bases-- llega tarde a todas las situaciones sociales, económicas y políticas. No nos debe extrañar, pues, que mire con recelo, y aún por muchos años, a pesar de ciertas declaraciones de circunstancias, todo lo que significó el proceso encabezado por Salvador Allende, y que, en cambio, tan bien entendió Joan Alsina. Habrá que cargarse de paciencia...

5. Pero volvamos al hecho de la «canonización». Ciertamente yo encontraría una contradicción muy fuerte entre la vida modesta, pobre, honrada, luchadora, amante, fiel, de Joan, y el hecho estrafalario de colocarlo en «la gloria de Bernini». ¡Pobre Joan! ¡Qué mal se sentiría en ella! O mejor, ¡pobre iglesia! ¡Qué lejos está de sus santos y sus pobres! ¡Cuánto debe cambiar para que éstos acepten su reconocimiento público sin entrar en contradicción con sus ideas!

6. En cualquier caso, creo que la última palabra debe decirla el pueblo, porque el pueblo es la voz de Dios, y el papa no debe sino recoger lo que este pueblo quiere y espera, cumpliendo su misión de ser «el siervo de los siervos de Dios». Para mí, un papa que no interprete las esperanzas y las angustias del pueblo tiene muy poco sentido: desde luego, reconozco su legitimidad histórica y apostólica, pero desconozco su fidelidad evangélica. Y en este orden de cosas, conforta constatar que, en relación a Joan Alsina, el pueblo va diciendo lentamente su palabra. Tal como ya hemos dicho, no deja de sorprender que, siendo más de uno los cristianos y sacerdotes asesinados en Chile, sólo Joan va creando a su entorno un movimiento de sorpresa y admiración creciente. Y también de conversión y seguimiento. Es todo un signo, que debe damos mucho qué pensar. No sólo a nosotros, sino también a la jerarquía de la iglesia; también ella, lentamente, mucho más lentamente de lo que quisiéramos, va dando signos de una conversión esperanzadora. Así pues, amigo Planes, debemos echarle una mano para que siga avanzando en esta línea y para que no desmaye en su esfuerzo. Y sin olvidarnos de nosotros mismos, que también necesitamos de la conversión para no decepcionar al pueblo que nos observa y al evangelio que nos llama.

7. Por mi parte, asumo gozosamente las palabras del periodista barcelonés Antonio Álvarez Solís, que, en un reciente comentario a raíz de la canonización de un santo español totalmente desconocido del siglo XVII, fray Junípero Macías, se quejaba, con su inconfundible ironía, de la elección de un hombre que tan poco significa para el mundo de hoy, de un hombre que precisamente tenía por lema «la prudencia, la paciencia y la caridad» (!). Comenta Álvarez Solís:

Sin embargo, debiera iniciarse la canonización de gentes que nos enseñan a vivir, a clamar por nuestra libertad, a rugir por la igualdad, a indignamos hasta el paroxismo ante los valores y las estructuras. Uno sueña con ver en los altares a un santo cuya imagen rechine de dientes, con los puños apretados y dando una patada a cualquier cosa de aquellas que nos repatean a nosotros. (1)

Si es así, amigo Planes, yo también firmo: ¡bienvenido Joan Alsina a los altares! Pero no a unos altares hechos de columnas de mármol y rayos retorcidos, sino a otros hechos de sinceridad, autenticidad, pobreza, grandeza y lucha del pueblo. Imagino su nombre dibujado de prisa en las paredes de los barrios suburbiales, con resabio de pintada subversiva. Si es así, de acuerdo, adelante con la canonización de Joan, y la de tantos como él. Pero también con una condición: que el reconocimiento público de Joan sea ahora mismo, no dentro de tres siglos, cuando ya el proyecto de Allende y el de tantos otros pueblos de la tierra sea un hecho asumido por la historia de los hombres. Es ahora cuando debe hacerse, cuando la sangre de la vida, del gozo y de la esperanza está todavía caliente; cuando los pueblos y los hombres la siguen derramando para que la lucha y la esperanza no se enfríen y pueda surgir una sociedad nueva, como en lo del grano de trigo...

Joan Alsina: tú nos has dado un testimonio a prueba de balas, y por eso te has instalado sólidamente en un terreno de firmeza y convicción que difícilmente podrá ser removido. Es por eso que te queremos, como también te quiere, y muy profundamente, aquel pueblo en el cual, desde el cual y por el cual diste tu vida: Chile.

Desde Cataluña estamos orgullosos de tí, y, como signo de solidaridad indestructible, fundimos tu lucha en la nuestra para construir un mañana de libertad y de victoria.


Notas:

1. Flexibilidad: Diario de Barcelona (30 de septiembre de 1975).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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