joan alsina
Joan Alsina: chile en el corazón
ECO Y SIGNIFICADO

capítulo 12

Tan pronto como se conoció la noticia de la muerte de Joan Alsina empezaron a llegar a su casa muchas cartas de pésame que expresaban el fuerte impacto que había producido, en Chile y en todas partes, el trágico acontecimiento. Dichas cartas constituyen un testimonio valiosísimo para descubrir el sentido de su existencia, ya que la mayor parte de ellas proceden de personas que estuvieron a su lado y lo acompañaron en su búsqueda.

Y, junto con las cartas de pésame, los diarios, las revistas, y, más tarde, los libros, se hicieron eco del acontecimiento. El Ultimo escrito fue como el anzuelo que atrajo la atención de tantos. El conjunto forma un todo imponente que revela la fuerte sensibilidad del pueblo y de los cristianos frente a un testimonio de tan alta calidad.

Sería interesante dar a conocer todo lo que se ha escrito sobre Joan Alsina. Pero, una vez más, los límites necesarios de esta obra nos obligan a seleccionar las ideas más importantes.

Si la voz del pueblo es la voz de Dios, escuchando la primera podremos descubrir qué nos ha querido decir Dios a través de este hombre que fue fiel a los puntos capitales del evangelio en el corazón mismo de una sociedad en cambio. Por eso el mejor camino para conocer el significado de su vida y de su muerte será oír a algunos de estos testigos.

La voz de los compañeros de ministerio

Las primeras cartas que llegaron a casa de la familia de Joan fueron, naturalmente, las de sus compañeros de Girona. Todas ellas fueron escritas en los primeros días y manifiestan gran emoción y una estimación muy notable. De regreso del entierro, uno de ellos ya esboza su primera semblanza:

Joan fue un magnífico ampurdanés. Su inteligencia estaba llena de sentido práctico. Su franqueza, que a veces podía parecer ruda, estaba llena de bondad y se ganaba la confianza de todos. Buen compañero y lealmente respetuoso con sus superiores, los trataba con estimación y agradecimiento, pero sin el menor servilismo. Su sentido de la justicia le llevaba a intervenir dondequiera que presentía una mala jugada o un abuso de autoridad. Limpio y directo en todo su proceder, decía siempre lo que pensaba sin dobleces ni segundas intenciones. Vivía el amor al prójimo con toda su intensidad, generoso y siempre dispuesto a escuchar, comprender y ayudar en cualquier problema.

Joan Alsina amaba muchísimo la libertad chilena, y era un hombre declaradamente de izquierda. Todo el mundo lo sabía, pues no disimulaba su pensamiento; pero no había dado su nombre a ningún partido político. Apreciaba a todos los de buena voluntad... y sabemos que los de buena voluntad --de cualquier bando-- también lo querían. Mantuvo firme la fe en Jesucristo y en la liberación total, así como la conciencia de su misión sacerdotal y la vinculación a la iglesia visible. El obispo, monseñor Ariztia, lo visitaba en la misma oficina del hospital, y, junto con el vicario, Paúl Laurin, lo comprendía y ayudaba en su búsqueda de nuevos caminos de presencia evangélica.

Joan Alsina fue una víctima más de la represión capitalista en América latina, pero una víctima muy noble y muy consciente de su misión. Ante el sacrificio de hombres de una sola pieza como él, sólo cabe callar, meditar y tratar de comprender la llamada que Dios nos hace por su mediación. (1)

Dos días después del entierro, otro compañero escribía:

Joan era como un hermano. Siempre su risa, su generosidad, su honradez. Nunca huyó, siempre supo dar la cara, buscando la verdad, lo justo, lo correcto.

Cuántas horas habíamos pasado juntos hablando, reflexionando, ayudándonos a ser más fieles a la tarea que teníamos encomendada. Juntos habíamos empezado el camino. Ahora, él nos ha tomado la delantera. El Señor habrá aceptado su sacrificio, su ofrenda. Su testimonio de fidelidad a Dios y a los hombres en su vida sacerdotal es el consuelo que él ha querido dejamos. El Señor lo ha recibido en su reino. ¡Nos sentíamos tan hermanados...! (2)

Al día siguiente, un compañero muy intimo de Joan y de su familia comentaba el Ultimo escrito:

¡Qué calvario estaréis pasando estos días!... ¡Qué sufrimiento el vuestro al saber la muerte de vuestro --y nuestro-- Joan! Dejadme que os diga que nosotros hemos tratado en lo posible de suplir vuestra ausencia. Lo hemos acompañado al cementerio. Hemos dejado unas flores sobre su tumba. Y lágrimas, muchas lágrimas. Porque lo queríamos de veras. Joan era más que un amigo. Un hermano. Un hombre de Dios. De una sola pieza. Joan pertenecía a «nuestra» familia. Se había dado entero a la iglesia. Hoy Joan es un mártir.

La carta que dejó escrita unas horas antes de morir es impresionante. Ya os llegará. Nosotros ya hemos hecho copias de ella. Este testamento espiritual nos da a entender cómo él siendo totalmente libre, pudiendo huir... no huye, sino que está decidido a ir donde está el peligro por solidaridad con los que corren la misma suerte, aquellos a quienes han matado o pueden matar. Es realmente una carta impresionante. No pasará de actualidad. No todos la comprenderán. Contiene un mensaje para todos los pueblos que esperan la liberación. Es un lenguaje profetice.

Padre, madre, hermanos de Joan: si miramos con fe lo que ha pasado, creo que podéis sentiros, no sólo resignados, sino incluso contentos. En vuestra familia tenéis un mártir, un santo. Un muerto que seguirá viviendo con su palabra profética entre nosotros. El nos irá indicando el camino. El rogará por nosotros desde el cielo ¡Felicidades!. (3)

Y junto con las cartas de pésame de los compañeros gerundenses, las palabras de los sacerdotes chilenos. Habla Enrique Troncóso, el que fue párroco de Joan durante su estancia en San Antonio.

Quiero deciros que aquí, en San Antonio, Juan fue muy querido y también apoyado muy de cerca. Tenía innumerables amigos que se han acercado hasta mí para expresarme su dolor. Todos reconocemos en Juan un amigo leal y fuerte, de gran personalidad e inteligencia, de mucha inquietud y estudio. Un sacerdote que luchó siempre por grandes ideales en bien de sus hermanos. Estimados don José y señora Genoveva: mis palabras las siento tan pobres y débiles al querer explicarles mis sentimientos y los de muchos otros... Pero deseo agregar ante Dios y ante vosotros que nuestra gratitud es inmensa. Vosotros nos habéis dado la vida entera de un sacerdote y de un amigo. (4)

Ignacio Ortuzar, párroco de la parroquia de San Bernardo, donde fue recibido Joan al llegar a Chile, y donde residió los últimos días de su vida, escribió:

Estoy cierto que Juan estará gozando de la presencia de Dios. Su existencia, aunque corta, fue muy llena de obras buenas. Su rectitud y entrega a los demás, especialmente a los más pobres, le ha merecido el premio que Dios tiene reservado a los justos. Ustedes tienen que darle infinitas gracias a Dios por el hijo que tuvieron. Juan supo ser fiel hasta la muerte, entregando su vida por los pobres de Chile. (5)

Paúl Laurin, el vicario episcopal que lo recibió «con los brazos abiertos» cuando Joan se trasladó a Santiago, que recibió su visita pocas horas antes de ser detenido y que le oyó decir: «No tengo nada que reprocharme en mi trabajo. Yo sé que mis compañeros de trabajo van a sufrir mucho y quiero ser solidario, estando junto a ellos. Son momentos cruciales en que uno debe ser consecuente con sus convicciones», comenta:

Con estas palabras uno ve inmediatamente la personalidad, la honradez, la entrega de Juan. Juan fue un hombre entero. No todos compartían las exigencias de su compromiso, pero su amor para con los más pobres y la rectitud de su conciencia fueron los motivos de su actuación. El sabía lo grave de la situación. Y sin embargo se jugó el todo por el todo, dando su vida por aquellos con quienes luchó a favor de un mayor respeto para los pobres y de una mayor justicia para los oprimidos. Juan dio su vida por ellos. Unos pueden decir que Juan fue imprudente. Los profetas que fueron matados por los enemigos del Señor, ¿fueron prudentes? Como dice la Biblia, la prudencia de los hombres es locura a los ojos de Dios, pero la imprudencia, es decir, la locura a los ojos de los hombres, es sabiduría a los ojos de Dios. Para muchos, los profetas eran imprudentes, pero ¿cuántas veces, bajo la etiqueta de prudencia, escondemos una vida cómoda y egoísta? Al lado del querido Juan me siento cobarde. Una palabra del sacerdote Camilo Torres me golpeó fuertemente: «Cuando celebro la misa, debo estar dispuesto a dar mi vida por los demás». En realidad, la misa no es un rito, sino una vida. Juan, cuando dio su vida por sus hermanos, acompañándolos en los momentos más difíciles, celebró la mejor de las misas, pues se identificó con Cristo, dando su vida como él lo hizo. No seremos juzgados bajo el aspecto de prudencia o imprudencia, sino sobre el amor. (6)

En contraste con las palabras que hemos leído, rebosantes de amor y comprensión hacia la obra de Joan, tenemos las de la carta de pésame del cardenal de Santiago, monseñor Raúl Silva Henríquez, que, aunque llegó puntualmente a la familia de Joan --fue escrita el 3 de octubre--, iba redactada en un estilo diplomático y frío que a los familiares de Joan les costó trabajo entender. La transcribimos íntegramente:

cardenal Raúl Silva,
Saluda con el mayor afecto de padre y pastor a don José Alsina y a doña Genoveva Hurtos, padres del sacerdote Joan Alsina Hurtos, que colaborara en la pastoral de nuestra arquidiócesis por cerca de cinco años.

Siempre la separación de los seres queridos produce un inmenso pesar y aún más cuando el que se separa es un hijo y un sacerdote; sin embargo, el Señor Jesús nos enseñó la esperanza en una vida nueva en que ya no habrá más llantos, ni lágrimas, ni dolor, ni muerte, porque todas estas cosas habrán pasado.

El cardenal de Santiago de Chile se une a usted don José y a usted doña Genoveva en su dolor y espera con confianza el cumplimiento de las palabras del Señor.

Sin embargo, si el cardenal de Santiago se muestra frío y distante, las palabras del obispo Ariztia, superior inmediato de Joan y gran colaborador suyo, reflejan un gran compromiso con él, al tiempo que desmienten rotundamente ciertos rumores propagados en ciertos sectores que pusieron en duda, y hasta llegaron a afirmar públicamente que Joan había abandonado desde hacía tiempo el ministerio sacerdotal.

Tal vez habría que buscar el origen de esta impostura en las palabras de aquel segundo capellán militar que visitó a Joan la tarde del día 19, y que, en uno de sus cargos, aducía abandono del ministerio sacerdotal. La calumnia llegó a España a través de otro sacerdote, también español y ferviente anticomunista, que vive en Viña del Mar y que lo escribió a un tercer sacerdote de Zaragoza, conocido como gran apóstol de la «hispanidad» y la «cruzada». Este entregó la noticia a la prensa, y de ella se hicieron eco algunas revistas de ultraderecha como Fuerza Nueva y ¿Qué pasa? Como el sacerdote de Viña del Mar mensajero de la mentira fuese formalmente interpelado por los compañeros de Joan en una carta fechada el 22 de diciembre de 1974 respondió:

No fui yo el inventor de esta noticia, pero sí que es cierto que se divulgó así por Valparaíso (provincia y diócesis a la que pertenece Viña del Mar). Una confusión explicable en aquellos días, porque fueron varios los sacerdotes de Gerona que se secularizaron. Contesto, pues, a su carta manifestando mi conformidad con usted de afirmar que Juan Alsina no estaba secularizado.

No sería precisa ninguna otra aclaración, pero como disponemos de la carta de su obispo más inmediato, creemos conveniente que el lector la conozca en su integridad:

Me extrañó mucho escuchar que en España circulaban algunos rumores que afectaban al sacerdocio de Juan Alsina, en el sentido que había dejado el ministerio hacía dos o tres años. Puedo manifestar con absoluta certeza la falsedad de todo aquello. En varias oportunidades estuve con Juan, dentro y fuera del hospital San Juan de Dios. La última vez el 17 de septiembre, dos días antes de su muerte. Anteriormente estuve también, tal vez unas tres semanas antes de la muerte de Juan, en una reunión con un grupo de cristianos que trabajaban en el área de la salud, reunión que terminó con la celebración de la eucaristía. En lo que conocí de Juan, siempre su intención y sus actitudes fueron de sacerdote y de preocupación por la evangelización de los pobres. Puedo desmentir terminantemente cualquier rumor en el sentido de un corte de Juan con la iglesia o de despreocupación de su fe o de abandono de su ministerio. Puede hacer el uso que le parezca de esta carta. Le saluda fraternalmente en el Señor.

FERNANDO ARIZTIA
Obispo auxiliar de Santiago

La voz del pueblo chileno

Abrimos ahora otra serie de testimonios, cuyos autores, por obvios motivos de seguridad, mantendremos en el anonimato. Pero antes de dejarles la palabra, queremos reproducir las palabras de un último compañero de Girona, que explica el eco que tuvo la muerte de Joan entre la gente del pueblo:

Entre la gente que conoció a Joan, especialmente los feligreses de San Antonio, los empleados del hospital de San Juan de Dios, y los compañeros del curso para jefes de personal, hay un recuerdo profundo de Joan, y para ellos es un verdadero mártir de nuestros días. Han venido a menudo a la parroquia a visitar su tumba, que han adornado, y en la que suele haber ramos de flores que no sabemos de dónde proceden. La cruz plateada que hay sobre la lápida es un regalo de los amigos del hospital, los jarros de cerámica, de los amigos de San Antonio. También nos han pedido muchas traducciones de su carta de despedida, y diversos recuerdos. Claro que todo esto se hace muy en privado, no clandestinamente, pero sí sin demostraciones demasiado ostentosas o manifiestas.

Creo que todos los hechos acontecidos sólo pueden interpretarse con visión de fe, no de justicia humana. Creo que las palabras que dice el libro de la Sabiduría, capítulos 3 y 4, son la mejor interpretación: su partida a los ojos humanos es considerada como una desgracia, pero es que Dios lo encontró digno de él. Era el más joven del grupo que estamos en Chile, pero su madurez era reconocida por todos. En fin, no quiero hacer un panegírico. (7)

De entre los chilenos, el primer testimonio que queremos citar es el de un sacerdote particularmente vinculado a Joan:

Desgraciadamente, en los momentos dolorosos, yo no estaba en Chile. Estaba en otra misión de la iglesia, en un país vecino. Allí me impuse de la atrocidad cometida contra su hermano.

Para mí fue un golpe tremendo. Fue una de las injusticias que se cometieron en esos días terribles. Fue también la consecuencia de su actitud sincera de entrega a su misión como sacerdote. Podría haberse escondido. No lo hizo, porque él estaba convencido que nunca había hecho nada contra el país al cual se había entregado. Es increíble la cantidad de gente que sufrió la muerte de Juan. Continuamente me encuentro con sacerdotes, obreros y gente de toda condición que lamentan lo sucedido. (8)

Ahora habla un hombre del pueblo:

Soy un chileno, católico, padre de cuatro hijos pequeños, profesor primario, residente en...

Me permito escribirle por su hijo Juan (Q.E.P.D.). Lo hago impactado como padre por su sacrificio, por la entrega total que hizo en nuestra patria por los pobres.

No tuve la suerte de conocerle personalmente, pero supe de sus afanes y de toda su lucha por los desposeídos de Chile. Comprendo y comparto la pena y el dolor vuestro, pero tenga la plena seguridad que Dios, nuestro Padre ya ha recibido a Juan en su reino, donde sí hay justicia amor y paz. En Chile fuimos muchos los que en verdad pensamos construir un mundo mejor, donde los pobres también vieran llegar el pan a sus mesas. Hoy ha caído la noche para mi pueblo, son muchos los idealistas muertos, muchos también los encarcelados y perseguidos, entre ellos nuestros amigos y familiares.

Se cometieron errores, es honesto reconocerlo, pero nunca un gobierno en Chile tuvo una oposición más cruel y despiadada. Que quede en ustedes la conformidad que Juan, al igual que Salvador Allende, fueron verdaderos mártires en la lucha por terminar con las injusticias sociales. Finalmente debo decirles que ha llegado a mis manos un documento escrito por su hijo un día antes de su sacrificio. Al leerlo me he emocionado, lo he guardado para mis hijos, como un ejemplo de un sacerdote de Dios, que, al igual que su maestro, vivió su pasión, sabiendo a conciencia el fin que el destino le tenía reservado. (9)

Al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Joan, llegó a casa de los Alsina la primera carta de aquel matrimonio que recibió la última visita de Joan antes de su ida al hospital y con quién había convenido en hablar en clave para averiguar si sucedía algo:

Somos un matrimonio amigo de Juan.
Quisimos haberles escrito el año pasado, pero la pena y el aturdimiento que sentimos era tan inmensa que nos faltó el valor para hacerlo ya que, de esa manera, no podíamos ir hacia ustedes dándoles un consuelo que ni nosotros teníamos.

Hoy, al cumplirse un año de tan trágico acontecimiento, queremos brindarles, desde la distancia, nuestro apoyo y nuestros recuerdos. Si hoy lo hacemos, es porque sentimos un poco superado aquello y queremos sentimos unidos a ustedes en esta fecha que jamás olvidaremos y que, por esas circunstancias de la vida, nos une. Prueba de esto es que en abril nació nuestra segunda hija, a la cual pusimos Juana, en recuerdo de nuestro querido y gran amigo, el cual, aunque ya no existe, siempre seguirá viviendo entre nosotros. En misa rogaremos por el descanso de su alma y para que a ustedes, su familia, llegue el consuelo de haberle perdido, aunque no olviden que siempre sigue viviendo, ya que a muchos nos dejó su sabiduría y enseñanzas.

Vaya con usted y familia nuestros sentimientos de dolor y recuerdos. Cariñosamente.

Nota: Hago extensivo este sentimiento en nombre de mis padres, quienes lo querían mucho.

Yo fui una de las personas que le vi por última vez el día 19, estando con él desde las 12 a las 13 horas. Y sus palabras cuando le pedí que no se fuera, no las olvidaré nunca: «El que nada hace nada teme. El deber me llama y cumpliré con él». (10)

Junto con las palabras de las cartas de pésame, de las que podríamos citar muchas más, poseemos los testimonios de muchas otras personas que convivieron con Joan, obtenidos gracias a una labor de consulta directa. Este material fue recogido dos años después de su muerte --precisamente cuando empezábamos a redactar esta biografía y para completar nuestras fuentes de información-- y refleja por una parte el convencimiento de unas ideas que se repiten de forma casi unánime, y por otra parte la precisión y serenidad que da la distancia temporal de los hechos. Aquí, más que nunca, nos vemos obligados a transcribir sólo una mínima parte, teniendo en cuenta que este fondo documental impresionante ocupa 12 cassettes con los testimonios de 73 personas. Cualquier intento de tergiversación de las actitudes y hechos de Joan habrá de chocar con este muro valiosísimo e irrefutable, pues la mayoría de los que hablan son gente sencilla del pueblo, poco dada a la hipocresía. Su valor crítico es, pues, de primera calidad. Antes de empezar la selección sólo queremos hacer notar que la transcripción escrita disminuye considerablemente el intenso impacto que produce su audición directa. Pero éste es un obstáculo insalvable. (11)

En primer lugar damos la palabra a un militante obrero del MOAC que conoció a Joan desde su llegada a Chile y que también experimentó el horror de la cárcel y la tortura. Un primer fragmento que seleccionamos de su largo parlamento explica la manera de ser de Joan:

Juan parecía que tenía dos personalidades. Cuando uno lo veía con toda la chispa, alegre, contando chistes, haciendo bromas, riéndose con tantas ganas. Y el contraste era cuando predicaba, serio y con una seguridad y responsabilidad que también llamaba la atención. Era fuerte y para algunos un tanto violento en el púlpito, pero no tenía dos personalidades, sino que era así, se sabía ubicar muy bien. Cuando había personas que no le conocían y conversaban con él, les llamaba la atención, pero no sabían definir qué era lo que encontraban en él. Y cuando les decíamos que era sacerdote, algunos decían «no lo parece», y otros decían: «ahí está lo raro que encontramos en él». Pero eso sucedía cuando no lo conocían, porque, después de haberlo conocido y tratado, la mayoría de la gente lo aceptaba íntegramente y simpatizaban con él y puedo decir con seguridad que muchos se enorgullecen de haberlo conocido, y mucho más los que fuimos sus amigos. Hoy a veces se escucha decir en confianza: «Yo era amigo de Juan»
o «Yo conocí al padre Juan»; esto puede dar una idea de cómo era.

Dedica la última parte de su parlamento a analizar las causas por las que Joan fue muerto:

Juan era y actuaba siempre como cristiano, y estaba comprometido como nosotros en la transformación de nuestro Chile. Se iba avanzando hacia una sociedad socialista, y así nos identificábamos. Pero esto no quiere decir que aceptáramos a todos los políticos de izquierda. Queríamos un gobierno del pueblo y para el pueblo. El gobierno de la UP estaba preparando el camino al socialismo. Criticamos en el momento oportuno a los que estaban fallando. El gobierno de la UP no alcanzó a tener el control económico del país y se estaba demorando mucho en conseguirlo. Esta fue una de las causas de su caída, y con ésta vino la represión más fuerte de que se tenga conocimiento en la historia de Chile, la dictadura fascista, que asesinó sin misericordia a miles de trabajadores, profesionales, artistas, intelectuales jóvenes, y aún hoy se encarcela, se tortura, se deporta, se quita el derecho a la patria a muchos chilenos que se los acusa de extremistas y marxistas y a los que se quiere acallar hasta la conciencia y el pensamiento. Se ha tratado de terminar con todas las personas que pueden hablar y hacer conciencia al pueblo y naturalmente a toda persona valiente y decidida. Por eso asesinaron a Juan. Le tenían miedo por lo que diría y tal vez haría. Juan era correcto. Hacía lo que le correspondía hacer. Era noble y leal con su pensamiento. Los que escuchen estas palabras no deben olvidar que cuando se emprende un camino, cuando se fijan metas, cuando se tienen nobles ideales y clara conciencia de clase, por ningún motivo deben olvidarse, sino que debe mantener la llama encendida, aunque esto signifique la muerte. Este era el pensamiento de Juan, que, al igual que Camilo Torres y muchos otros, han ofrendado sus vidas en aras de la justicia, la paz, el amor fraterno, que fue lo que predicó Cristo Jesús. Creo que el camino de Juan estaba trazado. No lo olvidemos nunca, y pienso que él desea que, junto con recordarlo, sigamos su camino. El desea que nuestras acciones sean el recuerdo de su vida. Juan físicamente está muerto, pero su ejemplo está vivo y eternamente será recordado como era. Muchos de sus amigos sufrimos el horror de la tortura, la cárcel y algunos la muerte, pero no hemos cambiado nada, seguiremos en la lucha por liberar a nuestra patria de la opresión de la dictadura fascista y para ello contamos con el recuerdo y el sacrificio de su vida, que será el símbolo viviente de nuestro camino hasta la muerte. (12)

Otro trabajador, también militante del MOAC, recuerda los primeros tiempos de Joan en San Antonio, y cómo fue exteriorizando su compromiso con las gentes del pueblo:

El me decía que su vocación sacerdotal estaba inspirada y dirigida a trabajar y vivir entre los más desposeídos de la sociedad e incluso entre aquellos que se sentían más abandonados de Dios. Allí era donde faltaba hacer presente la palabra de Dios, que es esperanza de una liberación. Pero esta palabra debía ser entregada con gestos, con hechos, con vida. «A esta gente no se les puede predicar desde el púlpito --me decía--. No creerán nunca. Hay que vivir y sufrir con ellos. Yo como "pantrucas", pescado y porotos en casa de ellos. A veces, a los hombres, los acompaño al bar y allí me cuentan sus alegrías, sus amarguras, sus esperanzas o frustraciones. Me he ido haciendo amigo de ellos, y estos mariscos que traigo me los dieron, junto con unos congrios, porque les dije que iba a tener visitas».

Nos decía estas cosas a mí y a otro amigo cuando íbamos una vez al mes a ayudarle en su trabajo y a asesorar otro grupo del MOAC, que había en San Antonio. El había elegido a los pescadores, trabajadores portuarios, a aquellos obreros que eran más postergados. Caminaba por las calles tristes y polvorientas del puerto, donde las poblaciones marginales se empinan en los cerros. En esa gente, siempre hostil a la iglesia jerárquica o institucional, pero «religiosa» por tradición, había penetrado Juan. Había tocado el alma de esas gentes, y éstos eran sus grandes amigos. Con algunos de ellos había logrado iniciar un grupo de reflexión. Se conversaba de sus problemas comunes la relación que tenían con los del MOAC y del evangelio.

Juan sufría mucho al ver las malas condiciones materiales en que vivían estos trabajadores, pero gozaba porque su trabajo de apostolado iba avanzando, ya que se adentraba en el alma de cada obrero, de cada mujer de pescador, o de aquellos rudos hombres que en cada salida al mar arriesgaban su vida para poder ganar algo para el sustento de sus familias. «Cuando uno se adentra más allá de la superficie de la miseria material humana --decía-- se encuentran valores espirituales que están dormidos por la amargura y la frustración, al sentirse, consciente o inconscientemente, postergados, en la sociedad en la que están insertados». Esto golpeaba fuertemente a Juan. ¿Cómo salir de esto? ¿Qué hacer para ayudar a que esos hermanos pudieran realizarse? ¿Cómo hacer que la iglesia respondiera verdaderamente a los más pobres ?

Juan veía que eran pocos en la iglesia los que pensaban como él en buscar formar distintas de llegar a los más pobres. Que el mensaje no fuera solamente una ayuda caritativa, que esto no es toda la caridad cristiana. Por eso que la respuesta se empezó a dar a través de algunos acontecimientos de trascendentales consecuencias que se empezaron a dar en Chile: al interior de la iglesia (el sínodo de Santiago) y a nivel político (ascenso al poder de la combinación izquierdista-marxista socialdemócrata y algunos de inspiración cristiana).

En un momento en que las condiciones se tornaron contrarias, Juan fue, junto con muchos otros, de los que trataron de poner paz, tranquilidad y cordura. En un momento en que todos estaban eufóricos, pujantes, Juan era querido y respetado por su prudencia, así como fue querido y respetado en las humildes poblaciones de los pescadores, cuando era él quien se desesperaba ante la pasividad del mundo ante la miseria.

Creo que para quienes lo conocimos más de cerca, como el pastor, el sacerdote y el hombre, él fue siempre un ejemplo de fidelidad al evangelio que se expresa en el servicio a los hombres, llegando incluso a dar su propia sangre por no claudicar de Cristo. (13)

Reproducimos ahora las últimas palabras de otra larga comunicación de un obrero, detenido y condenado a dos años de cárcel, pronunciadas tan pronto como recuperó la libertad:

La última vez que vi a Juan fue el sábado 3 de septiembre. Después lo dejé de ver y no supe más de él hasta el 28 de septiembre. Yo estaba preso, y supe que había sido fusilado y echado al río Mapocho de Santiago. Lloré su muerte como hombre, porque para mí Juan fue más que un amigo, un verdadero hermano, un soldado de Cristo, un verdadero apóstol de Dios aquí en la tierra. Mi amargura y tristeza por él la llevo muy adentro de mi corazón, porque él tenía razón cuando me dijo: «Lo que lamento de todo esto es que los que caigan serán siempre los más débiles, los trabajadores». Yo fui condenado a dos años de cárcel y recién salí en libertad y me alegra profundamente el que pueda dar a conocer un poco de la vida de Juan. Espero ser lo más claro en mi modesto relato, en él cuento todo lo que yo sé de mi hermano Juan. El se jugó hasta el final por su clase, fue siempre honesto. Como cura aceptaba las críticas, sobre todo, cuando eran constructivas. Rechazó siempre los abusos del lado que vinieran, en este país que es Chile y que tengo la esperanza que todo cambie. Les digo a sus padres y hermanos que este crimen que cometieron con Juan, así como los miles de asesinatos que cometieron, van a tener que pagarlos porque Dios es justo y Dios jamás olvida. Juan conmigo nunca tuvo secretos, fue siempre franco, porque yo sé que él también me consideró como su hermano y mejor amigo. Juan fue un gran hombre y un mejor apóstol de Cristo, y también un muy buen hijo. De acá les digo a sus padres:

Juan nunca va a dejar de estar entre la gente que lo conocieron porque entregó mucho de sí en pos de una igualdad, de una fraternidad, de una justicia mejor para todos. Sé que esto va a llegar porque son muchas las vidas, y el costo social es muy grande, y los verdugos que en estos momentos tienen dominado al pueblo tienen que pagar. La imagen de Juan quedará para siempre aquí en Chile, porque él murió por un ideal, ideal que llevamos metido muy adentro muchos que como él murieron y fuimos torturados y encarcelados. El pueblo siente odio y sed de venganza por los que murieron y por los que están todavía encarcelados...

Saludos a los padres y hermanos de Juan de un amigo que desde Chile está con ellos, porque Juan era mi hermano. (14)

Es curioso constatar que más de un testigo compara la muerte de Joan con el martirio de san Esteban. Ofrecemos ahora un testimonio verdaderamente impresionante. No sólo por el texto en sí, obra de un hombre muy sencillo de la clase obrera, al que casi faltan las palabras para expresarse --hemos tenido un trabajo increíble al tratar de poner orden en su comunicación oral y hacerla mínimamente inteligible al lector español-- sino, sobre todo, por la noticia estremecedora que nos llegó unos días antes de mandar este libro a la imprenta. Se trata de un matrimonio obrero de Santiago: Catalina Gallardo Moreno y su marido. Pues bien, el día 18 de noviembre de 1975 --es decir, dos años después del golpe de estado-- ella, de 29 años, su padre, Alberto Gallardo, de 64 años, su hermano, Roberto Gallardo Moreno, de 26 años y la mujer de éste, Mónica Pacheco, embarazada, fueron detenidos mientras se encontraban en su casa, llevados presos y fusilados al día siguiente. ¡Cuatro de una sola familia! La explicación oficial de la Junta también ha sido, como en el caso de Joan, «que murieron en un enfrentamiento entre extremistas y fuerzas del orden». Nosotros, con anterioridad a la noticia, ya habíamos seleccionado su testimonio por su impresionante belleza. Pero ahora, cuando nos hemos visto obligados a rehacer la presentación del texto para explicar y denunciar este hecho increíble, nos sentimos doblemente indignados y conmovidos al ofrecer sus palabras.

En el testimonio habla primero el marido de Katy (que no sabemos en qué condiciones se encuentra en estos momentos), y después la mujer asesinada. Refiriéndose a Joan, dice el marido:

En primer lugar, yo no podía creer cómo un hombre tan extraordinario hubiera sido muerto en tales circunstancias. Quedé perplejo ante tal situación y no sabía qué hacer. Después, recordando su vida, lo que hizo en el hospital, cómo fue ganándose la amistad de los compañeros, el cargo que ocupó con tanta responsabilidad, el clima que se vivía en aquellos días... lo comprendí.

Después quise ver el sentido de su vida, la sencillez que era y buscando la Biblia encontré un pasaje muy lindo escrito hace dos mil años. En él vi reflejada la muerte de Juan. Se trata de los Hechos de los apóstoles, capítulo 6, donde se cuenta la muerte de Esteban, un hombre que predicaba, un hombre lleno de la palabra de Dios. Cuando lo leímos con mi mujer vimos en aquel acontecer, en aquella situación, lo ocurrido con Juan, el sacerdote que dio la vida. Una de las cosas que más me impactó fue lo siguiente: cómo un grupo de testigos falsos lo empezaron a calumniar, y cómo él, ante todas las acusaciones, hizo un relato de lo que aconteció al género humano. Entonces Esteban les echó en cara lo duros que eran de cabeza, que habían matado a los profetas y que, cuando llegó Cristo, también lo crucificaron. Había tal convicción en su rostro, en sus palabras, que no quisieron oírlo y lo mataron, le tiraron piedras.

Con Juan ocurrió algo similar. Querido por la gente, daba palabras de vida y yo creo que de vida eterna, por lo que él reflejaba, por el conocimiento que tenía de la doctrina de Cristo. Eso impactó a un grupo de personas interesadas en conservar situaciones de privilegio y buscaron otras personas que lo acusaron falsamente, lo calumniaron.

Todo su testimonio de vida, toda su manera de ver el cristianismo, de ver su sacerdocio, de cuestionar inclusive a la misma iglesia. Porque también en la iglesia tuvo este adelanto, ese dar un paso, ese andar camino: estar en medio de los obreros, no solamente en medio, sino tomar la condición de obrero, y allí evangelizar.

Entonces, todo eso hizo un impacto grande. Esa renovación, esa autenticidad, ese ir a las fuentes mismas, produjo un gran escándalo en aquellas personas que lo calumniaron y luego lo llevaron preso. El no tuvo miedo, podría haberse escondido, podría haberse ido a otra parte tranquilamente, y hubiera estado muy bien. Pero él, consecuente con lo que predicaba, con la enseñanza de vida, no lo hizo. Fue adonde estaban sus ovejas, adonde estaban sus hermanos, que lo necesitaban en momentos tan tremendos, e, inclusive, en los últimos momentos estuvo apaciguándolos, dándoles a entender que la situación era tal que tenían que tener claridad sobre lo que sucedía. Luego lo tomaron preso, se lo llevaron y lo fusilaron.

Si fuéramos a las mismas fuentes, a la Biblia, no solamente encontraríamos el caso de Esteban, sino que la iglesia misma está llena de estos acontecimientos extraordinarios, de hombres que se adelantan a su época.

Entonces, uno que es obrero, que practica más o menos, pero no en el ideal, cuando veo un hombre cuyas palabras y cuyos hechos son una sola cosa, me causa un gran impacto, eso me da una dimensión mucho más grande en la vida. Entonces le agradezco mucho lo que ha significado en mi vida, el contenido que le ha dado. Porque yo creo en el Cristo resucitado y Juan también creyó y se la jugó en ese sentido. Yo he conocido muchos otros sacerdotes y he convivido con ellos. Al principio impacta que conversen con nosotros, pero después vuelven a sus lugares, donde tienen sus comodidades. Pero es muy diferente el meterse con nosotros, donde nosotros estamos trabajando, porque eso trae un compromiso muy grande, trae el compromiso de la muerte, como le ocurrió a Juan.

A veces nosotros nos preguntamos: ¿quién es el responsable de todo eso? ¿Juan? El agitaba todas estas verdades. A otros sacerdotes no les ha pasado absolutamente nada, porque solamente vienen algunas horas. Pero estar conviviendo las veinticuatro horas del día es muy distinto. Eso le da una dimensión mucho más grande a toda su vida. Juan comprendió esa dimensión, por eso se quedó entre nosotros. No estaba solamente de paso, sino que se comprometió hasta el fin. Entonces hay una gran diferencia en esto de abrir caminos. Algunos se toparon con la clase obrera, pero Juan fue hasta lo último, tomó el compromiso total con los obreros y entregó la vida por ellos. Entonces eso es grande, de contenido muy profundo. En el trabajo se ha comentado bastante. Yo ahora irradio todo esto. Uno no puede guardar todos estos soles que Juan le entregó. Han salido grupos, esta semilla esparcida no ha sido estéril porque hay otras personas que siguen el mismo camino que Juan.

Y su mujer, Katy, que estaba junto al entrevistado, al ser interrogada sobre el impacto que le causó la muerte de Joan, respondió :

Claro que me impactó su muerte, como me impactó la muerte de tantos miles y miles que murieron por jugarse por sus ideas, por los más pobres en definitiva. Claro que en el caso de Juan, por ser sacerdote, por ser un representante de Cristo, por representar todo el cristianismo, impactaba mucho, en el sentido de que me parecía más cerca, me pareció más cerca lo que ocurrió hace miles y miles de años (se refiere al martirio de Esteban). Porque yo pensaba que a Juan, y a tantos otros, los persiguieron tachándolos de un montón de cosas: de comunistas, de asesinos, de un montón de cosas, solamente porque defendían a los más débiles, a los que no tienen voz, y yo veía un parecido tan grande con lo que pasó cientos de miles de años atrás... Así también le pasó a Cristo, que lo juzgaron las autoridades, los que en aquellos tiempos decían que tenían la palabra de Dios en sus manos, esos, los escribas y fariseos, o sea los más entendidos en las cosas de Dios, esos fueron los que más juzgaron a Cristo. Y ahora ocurrió lo mismo: esa gente que juzgaron a Juan y a todos los demás lo hicieron diciendo que lo hacían por Cristo, por Dios, por la patria, por el bien de los chilenos, decían y lo dicen todavía, y resulta que uno, al final de todo, se pregunta: Bueno, y ¿quiénes son los chilenos? Porque si a los chilenos les están haciendo todo este tipo de cosas, solamente porque están defendiendo un poco más de pan y libertad...

Es tan distinto cuando un cura viene y quiere estar allí, escucha en un ambiente más pobre, es tan distinto cuando viene a ver qué pasa, en definitiva, a ver cómo el cura podría enseñar, cómo podría ayudar, es tan distinto del otro que viene a compartir con esta gente, a hacerse uno más, uno más. Y esto es lo que hizo Juan. Es totalmente distinto, porque ya no viene a ayudamos, a damos una mano, sino que viene con nosotros juntos, a ayudamos a salir, a tratar de liberamos. Yo creo que eso es lo más valeroso. El mensaje que yo he captado de toda su muerte es que se hizo uno más, haberse hecho uno de nosotros. Es muy distinto pedir desde detrás de un micrófono, o pedir en una misa, que estar en la brecha, en la casa tomando una choca (el té)... (15)

La voz de esta joven mujer de 29 años también ha sido acallada por la Junta Militar... Al oír sus palabras sencillas, lentas, incorrectas desde un punto de vista lingüístico estricto, pensamos en lo que dijimos en el capítulo tercero de la presente obra: que si descubrir la vida de Joan Alsina es interesante, no lo es precisamente porque él fuera un hombre excepcional, sino porque el descubrimiento de él --«uno de tantos»-- nos permite entrever lo que puede esconder detrás de cada una de las vidas que fueron segadas por la fuerza brutal del golpe de estado chileno. He aquí cómo, sin querer, al escuchar las palabras de esta mujer, se nos ha abierto otra rendija que nos permite adivinar la fuerza y calidad moral del pueblo trabajador que seguía a Allende con tanta simplicidad y esperanza...

No queremos concluir esta breve selección de testimonios sobre Joan sin transmitir el punto de vista de dos sacerdotes chilenos. El primero de ellos explica lo que podríamos llamar el valor pastoral de su vida; el segundo emite un juicio teológico. El primero, que es consiliario de la Acción Católica Obrera, dice:

Juan fue como queremos que sean los cristianos y como pretendemos que sean los movimientos. Es decir, que los cristianos sean plenamente solidarios de su clase, a partir de la lucha de los trabajadores, a partir del esfuerzo que hacen todos los obreros para ocupar el lugar que la sociedad les niega, esta sociedad capitalista que explota al trabajador que lo utiliza, que le impide participar de los beneficios, y que le impide ser una voz en esa sociedad. En este sentido, Juan, por su compromiso evangélico, no estuvo ajeno a la lucha, y la prueba de que no estuvo ajeno es que murió. Juan pudo ser identificado con ese pueblo en el momento en que fue derrotado, en el momento en que se frustraron sus aspiraciones de liberación. Y Juan estuvo con ese pueblo hasta el último momento. (16)

El segundo sacerdote, un teólogo, afirma:

Yo creo que hay pocas personas como Juan que hayan sido llevados hasta el extremo de lo que todos estamos llamados a ser como testimonios de nuestra fe. Juan había sido testigo de este evangelio que tratamos de vivir aquí, y que tratan de vivir muchos sectores de nuestro pueblo, un evangelio que es un mensaje de esperanza para un pueblo oprimido, para un pueblo que vive en una situación de esperanza muy total. Pero, al mismo tiempo, un evangelio que es muy exigente, que nos exige damos enteros y hasta las últimas consecuencias. Creo que Juan representa para nuestra iglesia el ser un testigo de la radicalidad del evangelio, de este evangelio que lo entendemos y tratamos de vivir como un mensaje de libertad, de plenitud, a partir de los pobres y oprimidos. Creo que la figura de Juan ha adquirido un valor de vanguardia y de signo profetice muy fuerte, muy radical, a partir de su muerte; una muerte que ciertamente él no escogió, como ninguno de nosotros puede escoger un tipo de muerte así, pero que en cierta manera nosotros recibimos como un don que el Señor hace a su iglesia, y especialmente a esa parte de su iglesia que comparte el sufrimiento del pueblo, porque es una iglesia que es parte del pueblo, y que está tratando de buscar una forma de convivencia y de compromiso que realmente no sea sólo la implantación de una iglesia que viene de afuera, sino de una iglesia que sea como la recreación que surja de este pueblo, a partir de la situación que está viviendo ahora.

En este sentido Juan no está solo, sino que es el exponente de todo un grupo, de todo un sector de la iglesia. A él, sin embargo, le cupo vivir esto en forma más radical y hasta el final. En todo ello hay un misterio de la elección de Dios. Yo creo que nadie es mártir por propia determinación: sería suicidio, y el Señor no quiere suicidas, sino que en cierta manera Juan fue escogido para eso.

Si alguna vez se puede hablar de palabra profética en la iglesia de hoy es en el caso de su Ultimo escrito. Los hechos de los días siguientes mostraron la verdad con que había sido escrito. Fue una palabra que Juan selló con su sangre, en realidad una palabra profética. Así es como yo lo veo. (17)

Hay una cosa que debemos observar. Que, si bien fueron varios los sacerdotes asesinados en Chile en los días siguientes al golpe de estado, sólo la memoria de Joan se mantiene viva de forma colectiva. Y así, dos anos después de su muerte, se ha celebrado aún una eucaristía --significativamente calificada de «cena de acción de gracias por el testimonio del sacerdote Juan Alsina»-- a la que asistieron más de 400 personas, una cifra importante si tenemos en cuenta el estado de represión y de terror que viven los chilenos. Concelebrada por 24 sacerdotes y presidida por el vicario episcopal, produjo un fuerte impacto en todos los asistentes. La homilía fue dialogada, y se aportaron los recuerdos de Joan, con el riesgo personal consiguiente. Presidía un gran cartel de 3 x 3 metros, en el que estaba dibujado un grano de trigo que revienta y germina, y en el que se podían leer las palabras del evangelio: «Si el grano de trigo muere, da mucho fruto». (18)

La «acción de gracias» de los chilenos la podemos ver resumida en estas palabras de un matrimonio amigo:

Juan:
Gracias por haberte conocido. Gracias por todo lo bueno que nos enseñaste. Como sacerdote fuiste un ejemplo para muchos. Como amigo nos supiste comprender y ayudar. Como ciudadano tendiste siempre la mano al que lo necesitaba. Jamás negaste un consejo a nadie. Diste tu vida para salvar a tus semejantes, preocupándote hasta el fin de los demás. Tu muerte fue injusta, pero, ¿acaso la de Dios no lo fue también?

«Tuve sed y me disteis de beber. Tuve hambre y me disteis de comer.

Tuve frío y me disteis abrigo». Todo esto hiciste con nosotros, tus amigos.

Guía nuestros pasos desde el más allá, como lo hiciste cuando aún tenías vida. Mil gracias, querido Juan. Tus amigos no te olvidan. (19)


Notas:

1. 28 de septiembre de 1973.

2. 30 de septiembre de 1973.

3. 1 de octubre de 1973.

4. 6 de octubre de 1973.

5. 19 de octubre de 1973.

6. 14 de diciembre de 1973.

7. 11 de febrero de 1974.

8. 14 de diciembre de 1973.

9. 18 de octubre de 1973.

10. 25 de septiembre de 1974.

11. Para superarla creemos conveniente la publicación de una cinta que permitirá no sólo escuchar la voz de estos testigos, sino también la de Joan, grabada en las cintas que mandaba a su familia. Agermanament tratará de ofrecer también este servicio.

12. Testimonio 9.

13. Testimonio 28.

14. Ibid.

15. Testimonio 20.

16. Testimonio 17.

17. Testimonio 16.

18. 27 de septiembre de 1975.

19. Testimonio 10.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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