Chile Vencerá

Armand Mattelart

NOTAS SOBRE EL "GREMIALISMO"
Y LA LINEA DE MASAS DE LA BURGUESÍA CHILENA

"Independientemente de la forma en que se estructure la oposición, sus métodos de acción deberán apoyarse, a todas luces, con mayor fuerza en las bases de la sociedad que en los clásicos instrumentos asambleístas y de propaganda general pertenecientes a los partidos tradicionales. Las juntas de vecinos, los centros de madres, las cooperativas, los sindicatos y demás organizaciones gremiales requieren la presencia permanente -y no reducida solamente a las periódicas campañas electorales- de quienes representan las grandes corrientes de la opinión pública [...]. De la unión explícita o implícita de los sectores de la oposición puede surgir una acción concreta en el centro de trabajo, el barrio y los puntos de avituallamiento que sirva de contrapeso en la dictadura que los marxistas están ejerciendo en la base. No basta con que los sectores democráticos lleguen al público a través de los grandes medios de información; deben ligarse a la masa. Esto supone grandes sacrificios y a menudo un cambio sustancial en las costumbres y estilos de vida de la gente. Como quiera que sea, nuestra democracia no podrá salvarse a menos que parta de una convicción íntima que surja en el seno de las organizaciones de base [...] La tarea de penetración en las masas es difícil, sobre todo cuando el régimen imperante puede mantener una demagogia activa"...

"La democracia en la base", El Mercurio, 10 de marzo de 1973.

Este texto militante no pertenece a una requisitoria de Lenin contra Kautsky, Martov y demás "héroes" de la Internacional amarilla de Berna que pretendían resolver el problema de la lucha contra el enemigo de clase mediante lugares comunes sobre la libertad, la igualdad y la democracia en general. Pertenece, ni más ni menos, a un editorialista del principal y más antiguo periódico de la burguesía chilena, y apareció algunos días después de las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. No tiene nada de excepcional. En el transcurso de los tres años del gobierno popular, la burguesía, en sus periódicos, en sus panfletos, durante su práctica a veces vacilante, es cierto, lanzó continuamente la consigna de la necesidad de un retorno a la base, de un contacto con las masas para resistir activamente al régimen popular.

"Ninguna ama de casa, ningún habitante, ninguna persona capaz hoy de expresarse y actuar, tiene derecho a esperar que otros defiendan la libertad del país. Las organizaciones de base en el barrio, la escuela, la empresa y otros campos, deben contar con el apoyo de esas masas democráticas [...]

Actualmente, la restauración espontánea de la gran significación de la política en la sociedad constituye una importante experiencia [...]. La mujer, el campesino, el artesano, se dan cuenta hoy de que la limpieza de las calles, el derecho a la vida, la leña para calentarse y la posibilidad de encontrar un empleo dependen de posiciones políticas [...]. La lucha de los sectores democráticos exige nuevas actitudes morales, hombres nuevos, sectores sociales más amplios, ideas realistas y voluntades inquebrantables". (El Mercurio.)

A manera de boutade, y si no sentimos temor por las analogías formales, podemos decir que en su oposición al gobierno popular, la clase dominante chilena fue una burguesía "leninista". Una burguesía que, en el transcurso de los últimos años, adoptó un modelo de "línea de masa" para tratar de recuperar la parte de poder político perdido y luchar cuerpo a cuerpo con las masas populares. El hecho de que estas acciones situadas bajo el signo de la "línea de masa" hayan desembocado en un golpe de Estado militar, no le resta valor en modo alguno. En realidad, la intervención de los generales no hizo más que completar esta estrategia "reduciendo" los costos -y los riesgos de derrota- de la fase insurreccional, comenzada por una huelga general de los sectores sediciosos, a la que llegaba lógicamente ese nuevo tipo de "línea de masa" propugnada y apoyada por la burguesía chilena.

¿Cómo se desarrolló, en una situación de clases dada, la ideología que alimentó esta práctica burguesa de la "línea de masa"? ¿Cómo puso en marcha esta burguesía su movimiento de masa? Por último, ¿dónde están ahora esta ideología y esta práctica, después del brutal rompimiento del régimen democrático?

I. LA FORMACIÓN DE LA IDEOLOGÍA GREMIALISTA

La clase dominante chilena dista mucho de haber sido siempre la promotora de las organizaciones de base y de las acciones de masa, incluso entre sus partidarios habituales. Si en 1971 su órgano de información alentaba con tanta insistencia la politización de los ciudadanos, lo que, según sus propios términos» "significa la desaparición del individualismo y el final de la indiferencia hacia el bien común", fue precisamente por haber desterrado la política explícita de su discurso, que predominaba en las demás fases de la hegemonía burguesa. En 1961 gritaba, todavía cuando el Parlamento aprobó la nueva ley del sindicalismo campesino. (Las leyes represivas que la derecha tradicional había impuesto hasta aquellos momentos habían limitado el número de los sindicatos en las zonas rurales a veinticuatro, que apenas agrupaban a dos mil miembros.)

El empecinamiento de la clase dominante fue igualado únicamente por el que ella misma opuso algunos meses después a los proyectos de leyes que, inspiradas en la política de "promoción popular" del régimen de participación de la democracia cristiana, hacían posible la "incorporación social" de la población a la sociedad existente, mediante un sistema de organizaciones de base tales como las "juntas de vecinos", los "centros de madres", los "centros culturales" y otras. Igual resistencia provocaron las nuevas unidades económico-agrícolas de carácter comunal -ya fueran cooperativas o asentamientos- propuestas por la política de reforma agraria de Frei, que no tenía otro objetivo que el de modernizar a un sector atrasado del capitalismo. Aún en 1970, esta clase dominante asesinaba a los funcionarios democristianos de la Corporación de reforma agraria, con el pretexto de que politizaban los campos con sus ideas colectivistas extrañas a la "realidad campesina". Los ideólogos de esos modelos democristianos de autogestión eran enemigos de clase en aquella época, y el jefe del organismo de expropiación -quien bajo el gobierno de Allende se convirtió en uno de los líderes más fervientes de la sedición- era considerado entonces como un activista marxista disfrazado de democristiano.

Estos pocos antecedentes permiten apreciar mucho mejor la magnitud del salto dado por la clase dominante en los tres últimos años. ¿A partir de qué momento se inicia esta redisposición, y qué elementos llevan a la burguesía chilena a una revisión de su estrategia y su organización de clase? Para responder a esta pregunta, tenemos, primero, que contestar otra: ¿de qué clase dominante, de qué burguesía se trata?

Burguesía dependiente, monopolista y genérica

1. Dependiente. Las bases económicas de esta dependencia y esta unión al ritmo de expansión del sistema capitalista internacional son múltiples. Primero hubo la fase del capitalismo comercial. Los centros de actividades económicas primarias son manejadas indirectamente entonces por los capitalistas británicos, quienes no realizan inversiones directas en la producción nacional, pero sí la controlan mediante el establecimiento de los precios, de las cuotas de producción y el monopolio de las vías de comercialización interna, así como el acceso a la economía internacional.

Luego, después de 1880 y de la Guerra del Pacífico, vino la economía de enclave, la cual tuvo su primera manifestación en el salitre. La economía de enclave provoca un efecto de importancia en la clase dominante local: las economías centrales actúan independientemente de la iniciativa de los productores locales, empezando a perder de ese modo su significación en la economía nacional. En 1887, bajo esa nueva modalidad de dependencia, el capitalismo inglés ya se había apoderado de una gran parte de los yacimientos minerales, que también unió al control y a la propiedad de los transportes, del abastecimiento y de la comercialización.

Posteriormente vinieron las inversiones realizadas en común por los capitalistas criollos y los grupos extranjeros, durante las cuales parece incontrolable el proceso de desnacionalización de la economía, y el dinamismo del desarrollo de Chile depende cada vez más de los intereses externos.

La inversión extranjera, que en 1958 alcanzaba los cuarenta o cincuenta millones de dólares, pasa en 1968-69 a ciento noventa millones. En 1967, el 40% de los activos de las sociedades anónimas industriales se hallaba bajo el control del capital extranjero. En 1966, el espectro de la dependencia era el siguiente: 35% de la agricultura, 73,3% de las minas, 40,6% de la industria, 34,1% del comercio, 47,4% del transporte y las comunicaciones, y 24,2% de los servicios. A este tipo de dependencia polar externa que surge de las inversiones directas, hay que añadir otras formas más sutiles, como la dependencia tecnológica: entre 1955 y 1966, mas del 40% del valor total de las importaciones de bienes de equipo está destinado al sector industrial.

2. Monopolista. Un solo índice nos hará comprender el grado de la concentración del poder económico en Chile. En 1965, la producción de diez empresas cubría más de la mitad de la producción total de cada rama de actividades.

Ofrezcamos los siguientes ejemplos: en bebidas, diez empresas cubren el 68,8% de la producción; en la rama textil, el 45,6%; en la industria de muebles, el 56,2%; en la industria del papel, el 91,3% (en este sector es una sola empresa en realidad la que monopoliza prácticamente toda la producción); en las pieles, el 60,1%; en la metalurgia, el 56,9%; y así sucesivamente. La evidencia se hace mayor si consideramos que en el 85% de las sociedades anónimas aproximadamente, los diez mayores accionistas controlan el 50% del total de las acciones.

3. Genérica. Las características estructurales de Chile antes de 1930, y las modalidades específicas que éstas imponen al proceso de sustitución de las importaciones, engendran la consolidación de un grupo hegemónico cuya base económica atraviesa toda la gama de los sectores de la economía.

"El rejuego de los intereses comunes conduce a la definición y a la identificación de una gran burguesía dominante, antes que a la aparición de burguesías específicamente identificadas con una actividad económica en particular. Esta gran burguesía dominante, por su carácter monopolista y una imbricación intersectorial avanzada, se expresa en el plano ideológico con una forma particularmente significativa: como burguesía genérica". (1)

La respuesta de la clase dominante

A todo lo largo de su historia, el grupo hegemónico ha tenido que enfrentarse, en muchísimas ocasiones, a la presión de sectores progresistas. Según el caso, ha respondido con un fortalecimiento de su posición o, por el contrario, imitando el proyecto del adversario para tratar de recuperar los elementos que le resultaban favorables en las políticas aplicadas. En 1891, este grupo rechaza la política del presidente Balmaceda, quien trata de limitar la expansión de la economía de enclave imperialista, y lo lleva al suicidio. De esta forma, la clase dominante hizo abortar el proyecto de revolución burguesa. En los años treinta, en la época del Frente Popular -coalición en la que participan los partidos obreros-, es ella la que impone las leyes represivas contra el sindicalismo campesino, y también la que se une luego al régimen imperante, tratando así de apoderarse de las empresas estatales creadas durante el Frente Popular para acelerar el desarrollo industrial y contener la presión de los sectores medios y populares.

En 1920, cuando las clases medias -producto del desarrollo económico de las últimas décadas- reclaman la democratización del sistema, la extensión del sufragio y un mayor acceso a la educación y el empleo, esta misma clase dominante les responde abriendo el ciclo populista con Arturo Alessandri.

En todas esas últimas tentativas, la burguesía chilena demostró su flexibilidad al tratar de encontrar nuevas formas que permitieran conciliar los intereses de los diversos sectores dentro de los límites de su democracia formal, sin perder jamás un centímetro de su poder. Habrá que esperar la época del régimen democratacristiano para asistir, en el seno de la clase dominante, a una seria revisión de sus métodos de resistencia a las presiones de los sectores medios y populares La reforma agraria del presidente Jorge Alessandri ya había provocado ciertos choques entre los latifundistas del sur del país y la Sociedad Nacional de Agricultura.

Los efectos del proyecto de reforma agraria del gobierno democratacristiano, a su pesar, llegarían mucho más lejos. En realidad, la administración imperante no aplicará esta ley sino muy lentamente. En 1970, el 18,5% de las tierras irrigadas, y alrededor del 8% de las tierras no irrigadas, ya habían sido expropiadas; pero la promulgación de la nueva ley -conjuntamente con la creciente presión del campesinado- bastó para estremecer la coherencia ideológica del sector agrícola de la clase dominante.

Siendo este sector de la economía el único afectado por una reforma que "corría el riesgo" de convertirse en estructural bajo la presión campesina secundada por los partidos populares, la oposición de la clase dominante al régimen democratacristiano se movilizó en su mayor parte alrededor de este sector y de la reforma agraria. Para no señalar más que un índice gráfico: entre 1965 y 1966, el diario El Mercurio publicó un total de doscientos cuarenticinco editoriales relacionados con la situación en los campos (reforma agraria, sindicalismo campesino, expropiación, etc.). En cuanto al periódico Diario Ilustrado se refiere, órgano del Partido Nacional, esta cifra se elevó en esos mismos años a más de trescientos sesenta editoriales.

Frente a la organización de la lucha de clases en el campo, la clase dominante responde con la reestructuración de sus organizaciones de clase para el sector agrario. Y ese modelo de resistencia se convierte en la plataforma de un esquema de acción y de una ideología embrionarios, que algunos años más tarde servirán para combatir -esta vez codo con codo junto a la democracia cristiana- al gobierno popular.

La reestructuración del gremio

¿En qué condiciones se encontraba la organización de la clase dominante cuando asumió el poder la democracia cristiana?

Durante mucho tiempo, la única organización patronal -el único gremio avant la lettre- que existía en el país era la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). Fundada en 1838 en tiempo de un rico comerciante, Diego Portales, padre del fascismo chileno de hoy, la SNA se consolida definitivamente en 1869. Durante cincuenta años aproximadamente, será el único instrumento de defensa reconocido de los intereses de la clase dominante. Íntimamente ligada desde su inicio a los partidos Conservador y Liberal (que se unieron bajo el gobierno de Frei en una sola formación política llamada Partido Nacional), la SNA agrupó en su seno no sólo a los grandes hacendados, sino también a los banqueros, los industriales y los comerciantes. Pero esto no era sino una consecuencia y una prueba más de la imbricación de los diversos sectores de la clase dominante chilena. Entre 1830 y 1930, de cuarentiséis presidentes, vicepresidentes y directores de esta institución, se pueden contar dieciocho senadores, treinticuatro diputados, veintinueve ministros u hombres de Estado, quince presidentes de banco, dieciséis directores de la industria, del comercio y de las minas, seis directores de periódicos y cinco personalidades de la esfera universitaria; estas funciones, claro está, se reunían a veces en manos de una misma persona.

En 1883, bajo el impulso de la SNA, se fundan otros dos gremios de la clase dominante: la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), en la que estaban agrupados los industriales, y la Sociedad Nacional de Minería (SONAMI), en la que se reunían los propietarios de minas. Será necesario esperar hasta los años treinta para asistir a la formación del primer frente común reconocido de la clase dominante, llamado Confederación de la Producción y del Comercio, que en realidad no era más que la unión de la SNA, la SOFOFA y la SONAMI, y a la que se adhirieron luego, en 1934, la Cámara del Comercio, integrada por los grandes comerciantes, y la Cámara de la Construcción, en 1951, que reunió a los contratistas de este sector.

La SNA no desmentiría su vocación de vanguardia en la organización de la clase dominante. Fue ella la que fundó el primer gremio, la primera en lanzar la consigna de reestructuración de las organizaciones patronales, y también la que desde las primeras horas del golpe recibió de la Junta la misión de planificar el contenido de las informaciones difundidas por los medios masivos de comunicación centralizados (radio, TV y prensa escrita) a fin de alentar la represión. Y todo eso después de haber llamado a la sedición a través de todo el periodo de gobierno popular, sirviéndose de su cadena radial (Radio Agricultura), una de las más potentes de Chile, cuyo consejo de administración está dirigido por el presidente de la SOFOFA.

Pero, antes de continuar, tratemos de resumir en qué consistió esta famosa reestructuración del gremio durante el periodo de Frei.

1. Un primer hecho llama la atención y aclara la importancia del salto dado. En 1965, la SNA contaba 1 834 miembros en sus filas. En 1969, ya eran 4 500. Al propio tiempo, el número de afiliados a los sindicatos de trabajadores agrícolas -organismos de participación regional de los latifundistas, recortados con la misma tijera que la SNA- pasó de 1 917 a 9 803.

2. Este reflujo de los agricultores hacia la organizaciones patronales deja entrever la importancia de una presión de la base sobre las organizaciones que defienden sus intereses. Antes de 1965, casi durante sesenta años, frente a cada amenaza de una coyuntura económica, la SNA llamó en muchas ocasiones a estrechar las filas entre los agricultores. Pero ninguno de estos llamamientos desembocó en un proyecto de organización permanente de la solidaridad, ni entre los agricultores ni entre otros sectores de la economía.

3. Durante los seis años del gobierno de Frei, la SNA agita sus bases, se moderniza y se democratiza; amplía el marco social de reclutamiento de sus miembros al abrirse-a los propietarios de extensiones medias, al descentralizarse, al integrarse al consejo de dirección de los representantes de cada una de las asociaciones de agricultores, y al sustituir los hombres "tradicionales" de su directorio por hombres jóvenes, agricultores "eficientes y progresistas" que le dan un nuevo auge.

4. Durante ese periodo, también se moderniza su ideología. Hasta el presente con fuerte predominio jurídico-político, tiende a refugiarse en el dominio económico. Al programa -que ella tilda de "político"- que quiere instaurar la democracia cristiana, le opone el del tecnócrata, que remite al plano de las utopías la necesidad de un cambio en las estructuras de propiedad sobre la tierra, y que funda todas sus esperanzas en la aplicación de la cien- . cia y la tecnología: a diferencia de ciertas clases dominantes en otros países de la América Latina, no se opone a la revisión del principio de propiedad privada, y acepta establecer una distinción entre propietario eficiente y propietario ineficiente en nombre de su racionalidad económica. Esta formación de la ideología tecnocrática alcanzará definitivamente su objetivo político en el programa electoral de Jorge Alessandri, quien, de hecho, no conforme con celebrar de manera unívoca el poder de la ciencia y de la tecnología para modernizar las estructuras del país, lanza por primera vez la consigna del "fin de las ideologías" y de la desaparición de los partidos políticos.

5. Esta ideología tecnocrática cobra una forma particular al transformarse en gremialismo.

¿Cuáles son los postulados de esta ideología gremialista? La clase dominante los formula mediante ecuaciones y antinomias relativamente simples. Veamos su contenido en este periodo de la resistencia a la reforma agraria.

a) El gremialismo en sí se presenta como un movimiento independiente y apolítico circunscrito a la defensa de los intereses económicos de sus partidarios.

"No vale la pena comentar los argumentos demagógicos que le han querido atribuir a nuestra unión de agricultores propósitos políticos y hasta cierta tendencia a alterar el orden público. Nosotros representamos un sector de la producción que carece de actividad política; trabajamos en calidad de gremio [...]. Unidad, ¿para qué? Queremos ser claros y precisos. No pretendemos constituir una fuerza para un enfrentamiento político con el gobierno, pues esto no es de nuestra incumbencia y sería un grave error que tergiversaría el sentido gremial de nuestras asociaciones [...].

b) Su proyecto es la restauración de la primacía de lo económico sobre el sentido político representado por los partidos.

El proceso de cambio que predica es una modernización realizada de acuerdo con las normas técnicas y no políticas. La reforma agraria propuesta no pertenece a la esfera política, es un instrumento de demagogia, no hace más que difundir la agitación social, responde a los intereses de los partidos, y no producirá más frutos que el hambre y el caos. En resumen, nos llevará al desorden. Una reforma agraria concebida según las normas del orden y de la racionalidad económica, por el contrario, deberá conformarse con reformar la empresa y la explotación agrícola, perseguirá la eficiencia económica y, por tanto, estará de acuerdo con los intereses nacionales (y no sólo con los de los partidos); la única participación posible, dentro de ese marco, para los campesinos no puede ser otra que la participación en las "ganancias".

c) Para imponer este presunto proyecto técnico de reforma agraria y contrarrestar el proyecto político del adversario, se hace necesario poder contar con organizaciones democráticas en las que no exista ningún tipo de divergencia entre representantes y representados.

"Una de las importantes críticas dirigidas contra las organizaciones gremiales que agrupan tanto a los trabajadores como a los empresarios, es la de que no reflejan las aspiraciones o inquietudes de quienes representan.

Renovar nuestra organización, impregnarnos de un concepto moderno de la empresa, y hacer más flexibles nuestros contactos con los agricultores a fin de obtener una representatividad más amplia y más auténtica".

Al modelo de participación de la democracia cristiana, la que también habla de integración de clases y le ofrece al pueblo tomar parte en la sociedad existente -sin poder brindarle contenido a consecuencia de sus ambigüedades-, le responde ofreciendo la participación a sus miembros dentro de sus organizaciones de clase. El circuito semántico del integracionismo democratacristiano promueve la reformulación de la. solidaridad económica de la clase dominante y le permite revocar la fachada de su ideología de dominación.

d) La colaboración de clase es posible. Únicamente la política, los partidos y los agitadores han desviado al campesino de la comunidad natural que debe existir entre éste y el patrono. "Nuestra acción gremial es clara y definida. Nos sentimos plenamente solidarios con aquellos que, de una manera o de otra, tienen vínculos con la tierra, ya sean obreros agrícolas, propietarios, granjeros o cooperativistas."

Con Frei, la práctica y la ideología de ese gremialismo embrionario apenas extralimita la esfera de la agricultura. El único dominio mayor en el que logra abrirse paso es el universitario. En respuesta al movimiento estudiantil, a las ocupaciones de universidades y a la reforma que quiebra la estructura del poder vertical en la enseñanza superior, la derecha universitaria propone un modelo de participación gremialista a partir de 1968. Las mismas dicotomías que en el gremialismo agrario: se trata aquí de restaurar el reinado de lo académico y de la ciencia, frente a la política de los estudiantes que se han transformado en "grupo de presión utilizable para experimentos político-revolucionarios". Se trata de restaurar la comunidad universitaria precisamente allí donde los agitadores han implantado un modelo anarquista demagógico, politiquero, de falsa participación.

Nos queda aún por ver qué grupo tiene a su cargo la formación de esta ideología que emana de una práctica de resistencia concreta. Nos ocuparemos de este problema más adelante.

II. LA "LINEA DE MASA" DE LA BURGUESÍA (1970-73)

Hasta junio de 1971, el gobierno popular encuentra una oposición múltiple, disminuida por su derrota electoral y la frustración del golpe de Estado. Entre junio de 1971, fecha del asesinato de Pérez Zujovic, y marzo del año siguiente, la oposición se une y logra mantener un frente unido aparentemente dirigido por la democracia cristiana. Aunque sigue una política de agitación diferente de la de ese frente, la organización Patria y Libertad colabora estrechamente con él y enmarca las manifestaciones masivas que realizan los militantes de la Juventud Demócrata Cristiana o el Frente Patriótico de Mujeres. Esta es la época en que la oposición sigue creyendo en el carácter minoritario de la Unidad Popular y en la posibilidad de recuperar el poder sin ruptura; la época en que la derecha utiliza principalmente, sin dejar a un lado, claro está, los frentes de masa, los instrumentos clásicos de la democracia burguesa: su Parlamento, sus partidos, sus tribunales, su Contraloría (organismo fiscal superior), su aparato ideológico de comunicación masiva, etc., para luchar contra el gobierno popular. A partir de abril de 1972, hay una nueva crisis en la dirección de la derecha: el trabajo político de los partidos se orienta hacia las organizaciones gremiales. En junio del propio año, el Partido Nacional y el ala freísta de la democracia cristiana -sin ponerse de acuerdo en relación con el hombre providencial, a lo que no llegarán jamás- deciden, expresa y tácitamente a la vez, recurrir a la táctica del movimiento de masa, y abren el frente gremialista (que comenzaron a estructurar en los primeros meses del gobierno de Allende). La primera acción de gran envergadura nacional de esta nueva fase de la ofensiva de la derecha se pone de manifiesto con la huelga patronal de octubre de 1972. Por su parte. Patria y Libertad vuelve aparentemente a su libertad de movimiento y comienza a difundir su programa nacionalista para una nueva sociedad a partir de abril. Más tarde, se lanzará a la táctica terrorista, con apoyo tácito del Partido Nacional que todavía se disfraza con los atuendos de la ideología liberal. La segunda acción general de masa se desarrolla diez meses más tarde, luego del "Tancazo" (golpe de Estado fallido del 29 de junio de 1973, que se revelaría como el ensayo general del putsch), esta vez perfectamente coordinada con las operaciones de los comandos de la extrema derecha. El movimiento de masa que había iniciado la unión Partido Demócrata Cristiano-Partido Nacional, mostraba ya la tendencia, en los dos meses anteriores al putsch, a convertirse en propiedad exclusiva de la extrema derecha. Las direcciones de los gremios se revelaban más acordes con el Partido Nacional y Patria y Libertad que con la deforme democracia cristiana de derecha que seguía creyendo en el golpe constitucional o "golpe blanco". El gremialismo, expresión de la línea de masa de la clase históricamente dominante, empezaba a triunfar sobre lo que había sido un día el "participacionismo", expresión de la línea de masa de los sectores medios aliados a la democracia cristiana. La tierra de nadie que separaba a la clase dominante de las masas populares, y que la utopía de la democracia cristiana había tratado de ocupar durante más de ocho años, de hecho había desaparecido hacía mucho tiempo. Para los partidarios sinceros de una tercera posición, el putsch fue un despertar algo brusco ante esta realidad. Era demasiado tarde para indignarse y denunciar la manipulación del centro por parte de la derecha. La democracia cristiana le había dado tiempo para que se volviera a armar a la clase dominante, y había servido de antesala a su fascismo.

Ahora vamos a tratar de caracterizar los grandes rasgos de esta línea de masa.

Una ideología en acción

La ideología gremialista es la que hemos visto surgir alrededor de 1965. Pero esta vez cobró cuerpo definitivamente y pretende ser una alternativa conceptual y práctica para el marxismo del régimen popular. Sin embargo, se impone aquí un señalamiento: a diferencia de Patria y Libertad, que desde los primeros momentos de 1972 fija desvergonzadamente el carácter fascista del gremialismo y su ambición de construir una nueva sociedad bajo sus auspicios, la línea de masa de la burguesía no se muestra ni se define públicamente sino como un método de acción para exigir una rectificación de las acciones del gobierno popular. No será hasta después de estallar la segunda huelga nacional -la de agosto-septiembre de 1973- cuando el discurso gremialista procedente de la línea de masa se hará más explícito y dará un paso adelante, ofreciendo y proponiendo a sus masas una reforma global para la sociedad chilena enferma del cáncer del marxismo, desplazando así el discurso equívoco del freísmo, y llegando incluso más allá de sus límites. El discurso gremialista, en aquellos momentos, ya estaba listo para ser transmitido a los militares que, más tarde, lo convertirían en armazón de la nueva constitución.

1. El poder gremial va más allá de la concepción marxista de la lucha de clases, pues agrupa a los individuos teniendo en cuenta no su condición de patrono o de asalariado, sino la profesión y la actividad que ellos realizan. Este poder gremialista pretende dejar sin valor las definiciones marxistas-leninistas de lo que se debe entender por "pueblo", "burguesía", "explotadores" e "imperialismo". Citemos este fragmento antológico publicado en El Mercurio el 22 de octubre de 1972:

"Han tomado parte en la huelga: camioneros, modestos comerciantes, artesanos y pequeños industriales, obreros, campesinos, empleados, técnicos y profesionales, entre otros. La composición social de los gremios en huelga no se puede calificar de burguesa, ni de obrera ni de campesina. En ese movimiento se han reunido distintas condiciones sociales, porque era la actividad o la especialidad propia del individuo lo que prevalecía, y no una clasificación artificial en virtud del binomio explotadores-explotados."

O bien este otro párrafo, aparecido ocho días más tarde:

"Algunos sectores de la Unidad Popular [...] piensan que se trata de una huelga de la burguesía, de los jefes de empresa, de los patronos. Según su punto de vista marxista, todavía piensan en el mundo del capitalismo inglés del siglo pasado, que conoció su amo: algunos ricos explotadores y una multitud de pobres explotados. Esa no es la realidad chilena de hoy. Hace años que entre nosotros se practica una enérgica redistribución de los ingresos; la clase superior tradicional se confunde con la burguesía media; muchos obreros forman parte de la clase burguesa, y hasta los campesinos de las cooperativas tienden a aburguesarse."

2. El poder gremial surgió espontáneamente de los gremios como respuesta "profundamente chilena de sus adherentes", que no viene sino después que han agotado todos los recursos a las instancias políticas y administrativas para resolver los problemas propios de su actividad y profesión: falta de abastecimiento, piezas de repuesto, equipos de , hospital..., pero también el sectarismo, la falta de respeto por la jerarquía en el trabajo.

3. El poder gremial es una nueva forma de solidaridad entre todos los sectores sociales, más allá de las divergencias doctrinales. En El Mercurio se podía leer:

"Es de señalar que los ex presidentes Alessandri y Frei han visitado a los dirigentes gremialistas que se encuentran en la cárcel. Estas dos figuras reúnen a su alrededor a la inmensa mayoría nacional. Su gesto de apoyo al movimiento gremial pone de manifiesto el carácter justiciero y democrático de ese movimiento."

Las relaciones de la ideología gremialista

Como hemos visto, el gremialismo nace de una respuesta de la clase dominante chilena a la práctica de su enemigo de clase. Sin embargo, esta respuesta dista mucho de ser metabólica, está muy .lejos de surgir espontáneamente de ese cuerpo social. Tiene sus ideólogos que la han inspirado, y que, sobre todo, se han esforzado por conceptualizarla a partir de esa práctica de la lucha de clases, tal como ella se expresa en la realidad concreta de Chile. Podemos identificar dos fuentes fundamentales en la gestación de esta ideología: primero, el imperialismo norteamericano y sus modelos de sindicatos libres; segundo, los representantes criollos de la ideología católica integrista que giran en torno al Opus Dei.

a) El sindicalismo libre. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo norteamericano ha tratado de introducirse en el sector sindical en la América Latina, con la finalidad confesa de "apoyar y reforzar el contingente de trabajadores democráticos". Para ello, cuenta con sus organismos generales y especializados al mismo tiempo. En los Estados Unidos, aparte del Departamento de Estado, la CIA y demás servicios de información, existe sobre todo la AFL-CIO (Federación Americana del Trabajo-Confederación de Sindicatos Obreros) , cuyas tesis sobre el "sindicalismo de empresa" son ampliamente conocidas. Su primer instrumento para la América Latina fue la ORIT (Organización Regional Interamericana de Trabajadores), fundada en 1951 para "combatir la penetración comunista en el movimiento obrero latinoamericano". Esta organización cuenta actualmente con veinticinco millones de miembros, entre ellos las grandes confederaciones de la América Latina, con excepción de las de la Argentina, Chile, Bolivia, República Dominicana, Ecuador y Uruguay y desde luego Cuba. Sin embargo, este instrumento, inspirado en una concepción rígida de la guerra fría, se reveló rápidamente como inadecuado y puso muy pronto al descubierto sus relaciones con el Departamento de Estado al apoyar abiertamente los golpes de estado de Guatemala y Brasil, así como la invasión a la República Dominicana. En 1961, cuando empieza la era de la Alianza para el Progreso, se funda el IADSL (Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre).

Según los términos de sus propios folletos de propaganda, se trataba de "utilizar los cerebros y experiencias del movimiento obrero norteamericano para combatir el peligro continental que representa el castrismo". En 1962, el IADSL trata de dividir la CUT (Central Única de Trabajadores, de Chile), en la que predominaban los partidos populares, al promover el paralelismo sindical valiéndose de los diferentes sindicatos democristianos. Sin embargo, en 1966, la democracia cristiana rompe definitivamente sus relaciones con la ORIT y el IADSL, sin dejar de permitirles a algunos de sus miembros que continúen cumpliendo con sus obligaciones en el Consejo de Dirección del AIDSL, como es el caso, entre otros, del ministro del Trabajo. A partir de ese momento, el imperialismo intensifica su trabajo con las asociaciones de tipo profesional, sin olvidar por ello a los demás sectores de trabajadores; en estos últimos años, trabaja especialmente con la ANSCO (Asociación Nacional de Supervisores del Cobre), y, al igual que en toda la América Latina en aquella época, con los sindicatos del transporte.

No es casual que fuera la ANSCO la que tomara la iniciativa de formar, el 5 de mayo de 1971, el primer frente profesional contra la Unidad Popular, a partir de las reivindicaciones de los supervisores del cobre, quienes acababan de perder su salario en dólares. Este frente, llamado CUPROCH (confederación Única de los Profesionales de Chile), que participó directamente en la última huelga de la conspiración, fue alentado por Julio Bazán, democratacristiano de filiación, antiguo abogado de la Corporación del Cobre y, sobre todo, antiguo responsable del Partido Demócrata Cristiano para las relaciones sindicales internacionales y antiguo representante de la UNIAPAC (Asociación Patronal Católica). Tampoco fue casual que la Confederación de Propietarios de Camiones de León Vilarín se haya transformado en detonador de las huelgas patronales de octubre de 1972 y agosto de 1973, y haya servido de intermediario con la CIA para financiar el movimiento. En octubre de 1972 entraron en Chile doscientos millones de dólares. Este aflujo de moneda extranjera hizo bajar, además, la tasa de cambio en el mercado negro en un 30%. Cada camionero en huelga recibía un sobre con 5 000 escudos (o sea, alrededor de 160 dólares según el cambio oficial vigente en aquel momento, o 40 dólares en el mercado negro) diarios por camión.

b) El Opus Dei criollo. No obstante, el verdadero ideólogo del gremialismo chileno, el que lo formula y es capaz de convertirlo en una doctrina que "asuma el relevo" del socialismo, hay que buscarlo en un grupo de católicos de extrema derecha: el Opus Dei. Las necesidades de la coyuntura ofrecían, en efecto, un terreno de primera calidad a la ideología de ese grupo: ideología paradójica e incluso contradictoria, pues es modernista e integrista al propio tiempo.

Al igual que en España, su madre patria, antes de ser un grupo religioso, esta agrupación, llamada también "Santa Mafia", es una casta de tecnócratas -íntimamente ligados al capitalismo monopolista y dependiente- que se autodefinen como modernizadores. Modernizadores de la economía y de la política, pero no precisamente de su base dogmáticamente religiosa. Son devotos del poder técnico-profesional: el nuevo político es el experto. Como escribe un eminente miembro de este instituto secular español, autor de un significativo libro titulado El crepúsculo de las ideologías,

"son los juristas, los sociólogos, los economistas y los ingenieros los que sustituyen al Príncipe en la tarea de elaboración de la mayor parte de las decisiones gubernamentales concretas [...]. La mejor forma de realizar el orden, la justicia, el desarrollo material y cultural en una coyuntura concreta, no es del dominio de ningún decreto soberano, de ninguna votación mayoritaria, sino de las ciencias económicas y políticas".

Presente en todas partes y en ningún sitio al mismo tiempo, a los miembros del Opus Dei los encontramos entre los dirigentes de Patria y Libertad y del Partido Nacional, en el Ejército, en la Iglesia. (A modo de anécdota, podemos referir que el jefe de la Policía política durante el gobierno de Frei era un miembro eminente del Opus Dei y uno de los adversarios más encarnizados del MIR en la clandestinidad.) Pero hay algo seguro: no los vemos jamás en la democracia cristiana -a no ser para realizar un trabajo de infiltración-, por la que sienten un odio exacerbado, aun cuando tengan que aliarse a esos cristianos renegados, a esos Kerensky, que le permitieron al marxismo penetrar la Cristiandad.

Ese grupo, casi invisible, ha seguido paso a paso la formación de esta "nueva ideología gremialista", en la que vuelven a encontrarse reminiscencias del viejo corporativismo. Lo encontramos primero detrás de la Sociedad Nacional de Agricultura, en tiempos de la reforma agraria freísta. Es un antiguo ministro de Alessandri y ¿efe del Opus Dei chileno quien les propone a los latinfundistas, cuya imaginación no es una virtud mayor, la técnica gremialista, y les ofrece sus fundamentos doctrinarios. En esa misma época, los "capellanes" del Opus Dei presiden la creación del movimiento estudiantil gremialista en la Universidad Católica de Chile y en algunas universidades del interior del país. En los primeros meses del gobierno popular, son precisamente sus ideólogos quienes toman en sus manos la programación editorial de El Mercurio y dirigen directa, aunque nunca abiertamente, otros órganos de información (sobre todo Qué pasa, el único semanario de análisis político en manos de la derecha no democratacristiana) El Opus Dei suministra igualmente medios financieros y publicistas (Jaime Guzmán, sobre todo, uno de los peritos-juristas encargados de redactar la nueva Constitución del general Leigh Guzmán) a la única cadena de televisión de la oposición (Canal de la Universidad Católica de Chile) en sus campañas sediciosas contra la Unidad Popular. Por lo menos tres de los principales ideólogos del Opus Dei están presentes en la famosa reunión de la conspiración del "pastel de choclo" (pastel de maíz), celebrada en marzo de 1972, en la que los grupos oposicionistas discuten la adopción de una política de masa. La semana anterior al putsch, es precisamente un miembro del Opus Dei de Chile quien se encarga de vender en el mercado internacional, por cuenta de esta institución calificada de religiosa, una cantidad de oro como no había conocido jamás el mercado de este metal precioso y que lo obliga a bajar sus cotizaciones. Y como veremos más adelante, el único grupo que, al desaparecer la democracia cristiana del panorama de los militares, es capaz de brindarle al fascismo naciente no el apoyo de las masas, pero sí un conjunto de doctrinas y un cuerpo de peritos susceptibles de legitimar su política antimarxista de "reconstrucción democrática".

Sin embargo, los miembros del Opus Dei no son numerosos. Forman una élite que se "pega" al poder por la tradición de su ascendencia aristocrática o por su especialidad. En Chile, en los últimos años, el Opus Dei se ha rodeado sobre todo de jóvenes economistas, sociólogos e ingenieros egresados directamente de las universidades "liberal-manchesterianas" de Chicago, u otras del mismo estilo. Luego del viraje de la democracia cristiana hacia la derecha, el Opus Dei redobla su labor de proselitismo con los universitarios y los profesionales de ese partido, desprovisto ya de credibilidad doctrinal. Pero a pesar de su número reducido, es el único grupo que durante todo este periodo de Frei y de Allende remontó sistemáticamente la historia contra la corriente.

Los frentes gremiales

Para lanzar sus acciones de masa, la derecha contaba, desde la llegada de Allende al poder, con sus gremios tradicionales, incondicionalmente al servicio de los intereses de la clase dominante: la SNA, la SOFOFA, la SONAMI, la Cámara de Comercio y la Cámara de la Construcción, reunidas bajo el frente de la Confederación del Comercio y la Producción. Así como la SNA emprendió la guerra contra la reforma agraria de la democracia cristiana modernizando su ideología y su organización de clase, la SOFOFA, organismo que reunía a los grandes industriales y que constituía el gremio más afectado por el establecimiento del sector estatizado de la industria, se unió a la SNA en la lucha contra las fuerzas progresistas, adoptando en la lucha contra las fuerzas progresistas, una posición de modernizador de la economía. "De igual forma que muchos revolucionarios trabajan, movidos por una inquietud auténtica, tenemos la obligación, como hombres de empresa privada, de presentar nuestra propia revolución". Esta declaración data de junio de 1971, época en que la burguesía todavía estaba convencida de recuperar el gobierno popular a través de los instrumentos de su democracia. Pero esta "revolución" no se operó en la empresa, sino directamente en la calle. En enero de 1973, el presidente de la SOFOFA señalaba:

"Las perspectivas que 1972 ha abierto para la acción gremial en gran escala, representan un fenómeno constructivo, extraordinario y permanente al propio tiempo, para el futuro de Chile [...]. Tenemos una tarea urgente e inevitable para el porvenir inmediato: debemos ayudar con toda nuestra energía al triunfo antimarxista."

A esos frentes patronales se unieron los gremios de pequeños propietarios. Sobre todo, hubo dos que acompañaron a la burguesía en todas sus aventuras sediciosas, y que se pusieron a su entera disposición al transformarse de cierta forma en sus militantes de base, sus comandos, sus agitadores semiprofesionales. Por una parte, estaban la Confederación de Propietarios de Camiones, fundada diecisiete años antes, y la Confederación del Comercio Detallista y de la Pequeña Industria, fundada durante el régimen democratacristiano, y uno de los pocos gremios controlado directamente por la democracia cristiana. Paradójicamente, frente al gobierno popular, la Cámara del Comercio, que desde hacía decenios protegía los intereses de los grandes comerciantes, y la Confederación del Comercio Detallista, se unen y fundan el Frente Nacional del Sector Privado (FRENAP) en 1971 para luchar contra la estatización.

En el interior de las organizaciones profesionales es precisamente donde se debía operar el cambio más importante. Con anterioridad al gobierno popular, la historia de Chile no conocía ningún frente técnico-profesional. Cierto es que existían los colegios de médicos, de abogados y otros, pero nunca dieron prueba de solidaridad activa. En la tarea de resistencia cívica de la reacción, a partir de las reivindicaciones de los supervisores del cobre, se crea la Confederación Única de Profesionales de Chile, en mayo de 1971 (CUPROCH), que tiende a reagrupar a todos los profesionales, sin distinción de actividad. A completar esta primera organización viene la Confederación de Colegios Profesionales, que a partir de junio de 1972 agrupa todos los colegios legalmente reconocidos de médicos, abogados, dentistas, ingenieros, contadores, sicólogos, enfermeras y otros... En vísperas del golpe de estado, el Frente Nacional de Profesionales -que agrupa a las dos organizaciones anteriormente citadas- había logrado reunir a su alrededor a más de ciento catorce organizaciones profesionales. Uno de sus dirigentes, miembro de la Orden de Abogados, explica claramente el porqué de esta reagrupación.

"La necesidad de estos organismos profesionales surge con el gobierno de la Unidad Popular, que ha obligado a crear este tipo de organismos que son organismos de guerra, de guerra antimarxista. Estamos en un estado de guerra interna, y estamos siendo agredidos por el régimen marxista."

¿Qué fuerza tenía la izquierda en esas organizaciones de pequeños propietarios y profesionales? Aquí existe una gran oscilación. Por ejemplo, el Consejo de Arquitectos tenía una dirección de izquierda; el de los ingenieros y el de los abogados eran tan derecha que sus dirigentes estaban presentes en la reunión que fijó la política de masa de la burguesía. No resulta exagerado afirmar que alrededor del 60% o del 75% de los miembros de los cuerpos profesionales era contrario al gobierno popular. No es necesario recordar que el Colegio Médico fue uno de los elementos de peso en la agravación de las crisis durante la huelga de la conspiración. Por primera vez en la historia de Chile, los médicos, olvidando todos sus principios de deontología profesional, abandonaron sus consultas en los hospitales, claro que sin dejar de ejercer su actividad en sus consultas privadas. Entre los pequeños propietarios, para volver al ejemplo de los camiones, la Confederación controlaba 25 000 camiones de los 52 000 existentes en el país. Pero debemos agregar que las 3 500 rastras (de 12 a 24 toneladas) estaban bajo el control de la Confederación y de las grandes empresas monopolistas del transporte que, en la organización, coexistían con el pequeño propietario de un camión del año 1938. Durante la huelga de octubre, los camioneros disidentes trataron de fundar su propio movimiento (MOPARE), a pesar de las acciones gansteriles al estilo de Hoffa llevadas a cabo por la Confederación y sus aliados de Patria y Libertad. El Frente Patriótico de Profesionales, que trató de agrupar a los profesionales de izquierda, nació igualmente en octubre.

Agitación en la base

1. Si es cierto que la espina dorsal de la lucha de masas de la burguesía fue el poder gremial en su rama patronal-técnico-profesional, no lo es menos que existían otras formas de acción de masa, tan importantes como ella, en la resistencia cívica. Las citas de El Mercurio reproducidas al inicio de estas notas representan una prueba de ello. Las juntas de vecinos, las asociaciones femeninas, las federaciones estudiantiles y otras, son organizaciones que permitían que los diferentes sectores de la población se movilizaran políticamente a partir de su práctica cotidiana en sus centros de trabajo, de recreación, y sus puntos de abastecimiento. Así se oponen las juntas de vecinos, controladas en gran parte por la derecha y las asociaciones femeninas locales, a las JAP (organismos de base del control de abastecimiento y de los precios establecidos por la Unidad Popular a partir de 1972). Al proyecto de reforma del sistema de la enseñanza secundaria, se le oponen los consejos de alumnos y las federaciones estudiantiles. La derecha trata de no dejar al margen de la movilización permanente a ninguno de los sectores en los que se podía introducir.

2. Para llevar a cabo sus acciones de masa, la burguesía se vio en la necesidad de modificar sus modelos de dominación ideológica. Sus diarios, sus emisoras radiales, su televisión; en resumen, el aparato ideológico del Estado llamado "medios de información", sufrió un cambio de importancia. La burguesía "leninista" volvió al esquema leninista de organización de la prensa, y transformó sus medios informativos en "agitadores colectivos". Luego dejó de emitir los mensajes genéricos de su cultura de masa y abrió en todos sus órganos de prensa secciones "frentes sociales", que relacionaban todas las informaciones con las actividades concretas de los distintos sectores en la resistencia cívica, rompiendo así con su tradición mercantil y competitiva de transmisión vertical de sus mensajes y con la función de desorganización de sus públicos, verticalidad y desorganización que caracterizan sus modelos de comunicación cuando detenta todo el poder. Por otra parte, ese cambio en sus modelos de comunicación no es más que un ejemplo de la manera en que la burguesía utilizó la superestructura del Estado en la lucha política diaria. No le bastaba ya con administrar esa superestructura desde lo alto de su balcón de clase dominante; estaba obligada a hacerla descender a la calle para utilizarla así en la tarea de agitación de las masas y transformar a éstas en defensor activo del Estado burgués. Masas que a partir de ese momento se sentían relacionadas con la defensa de la justicia, de la escuela, de la libertad de prensa, de la constitución... Por ejemplo, ya no se defiende la justicia burguesa en general; ahora se defiende, contra los tribunales populares en gestación, el privilegio del juez de ser el único que imparta la justicia. Haciendo esto, se defiende con mayor generalidad las prerrogativas de cada una de las demás categorías profesionales. Ya no se defiende la libertad de prensa genérica, sino el privilegio profesional del periodista, contra la aparición de corresponsales y diarios obreros en las organizaciones de masa, de ser el único que maneja la información, de ser "objetivo".

En esta estrategia de "politización de las masas", la clase dominante les dio a los sectores más heterogéneos una palabra previamente elaborada: le prestó una voz a la "mayoría silenciosa" para convertirla en una "masa sediciosa", haciéndole creer que esa voz le pertenecía, y que la sedición a la que se lanzaba respondía a sus propios intereses. En una palabra: le hizo creer que era ella quien decidía su destino. Apoyándose en motivaciones individualistas que en esos periodos de ofensiva comportan en sí mismas una dimensión unificadora, la burguesía logró unirse con su "base" y movilizar la a partir de estimulantes profundamente desmovilizadores en sí. Quizá el ejemplo más ilustrativo sea el de esa mujer que, cuando las famosas "manifestaciones de las cazuelas", sale a la calle, en nombre de su liberación política, enarbolando el signo más puro de su explotación ancestral: una cazuela... La burguesía le brindaba su esclavitud travestida de libertad, y su inercia envuelta en activismo.

Esta estrategia tuvo por efecto la politización de todos los sectores de la vida cotidiana.

3. La lucha ideológica cobra, pues, dimensiones decisivas. La burguesía observó al pie de la letra la consigna famosa: "Para derrocar el poder político siempre es necesario crear ante todo la opinión pública y trabajar en el aspecto ideológico. Así proceden las clases revolucionarias, pero también la contrarrevolucionarias". En esta empresa, la burguesía estuvo secundada directamente por el imperialismo, que tuvo a su cargo las campañas internacionales de difamación de la Unidad Popular, a través de los organismos internacionales especializados, que agrupan a los propietarios de los medios masivos de comunicación norteamericanos y latinoamericanos: la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que controla desde el Christian Science Monitor hasta El Mercurio (en 1969, el presidente de esta sociedad era el presidente del consejo administrativo de El Mercurio). Pero este ¡trabajo de orquestación fue mucho más allá, y la burguesía demostró que su línea de masa no podía ser otra que una línea de masa basada en la falsa conciencia y la manipulación. Las agencias norteamericanas de publicidad -las mismas que planifican en todo el mundo la programación del mito del "milagro brasileño"-, como la Mc Cann Erickson, la Marplan, elaboraron el plan de ataque contra las acciones emprendidas por la Unidad Popular. En un informe confidencial, la Marplan escribe: "Hay que demoler la imagen del estado-patrono; hay que estimular el sentido de la «propiedad» entre los trabajadores, sentido que se ha manifestado entre los campesinos pero que, por razones evidentes, sigue aún muy débil entre los obreros industriales". Todos los medios eran buenos: la campaña comprendía la proyección de filmes en todos los cines del país, y de copias de 16 mm. para las reuniones en las villamiserias, las juntas de vecinos, las asociaciones femeninas y, siguiendo siempre los términos de la Marplan,

"para promover el interés y alentar a la masa a que exprese sus opiniones con entera libertad. Esas opiniones deberán ser grabadas en cinta magnetofónica, y las mejores, las más inteligentes, las más claras, las más osadas, se utilizarán con fines publicitarios: no debemos olvidar en ningún momento que debemos hacer que se oiga la voz del pueblo."

Esta "penetración de la masa" debía hacerse mediante la difusión de octavillas e incluso fotonovelas,

"gracias a las cuales, con la participación de artistas conocidos del teatro nacional, la radio, la canción, etc..., se pueden hacer cuentos muy populares, con un impacto dramático, que contienen el mensaje de nuestra campaña, para que de esa forma, gracias a ese medio tan popular, se grabe profundamente en la mente de la gente de las capas sociales más bajas, socioculturalmente hablando."

Cuando vislumbró la posibilidad de perder la calle que la izquierda le había abandonado en los primeros tiempos ("en el transcurso del primer año los reaccionarios ¿(prendieron con mayor rapidez que las masas", decía Fidel Castro durante su visita a Chile), la clase dominante colgó los hábitos democráticos de su línea de masa y abrió la puerta a los militares. Luego comprendió que sin el Ejército, y frente a la línea de masa ascendente de las fuerzas populares, su propia línea de masa revelaba ser, de hecho, un "tigre de papel".

III. EL PUTSCH DE LOS GENERALES GREMIALISTAS

¿Analfabetos en el poder?

Para la clase dominante, el día del putsch estuvo lleno de agradables sorpresas. Generales y gremios se felicitaron recíprocamente, y cada uno elogió la acción inteligente y patriótica del otro. "El movimiento militar", declaraba el general de aviación Leigh Guzmán, "se convirtió en el intérprete de la mayoría absoluta del país, que desde hace más de un año nos pedía que pusiéramos fin al caos".

Haciendo honor a "la trascendental e histórica decisión" de las fuerzas armadas profesionales, el presidente de la Confederación del Comercio y de la Producción, con el consenso tácito de los militares, se atribuía una parte de la victoria: "Lo que sucede actualmente demuestra que el gremialismo constituye una fuerza invencible que ha superado todos los obstáculos, los prejuicios, el miedo y la pusilanimidad política". Algún tiempo antes, este mismo personaje, hermano del subdirector de El Mercurio-, había declarado:

"Nuestro movimiento fue la opción vital de un pueblo desesperado que no encontró otra forma de expresar su descontento sino a través de los gremios. Los partidos políticos también cumplieron su misión, pero me parece que no estaban preparados para un ataque frontal contra el marxismo. Lógicamente, un buen discurso, una declaración, un proyecto o una ley, logran un gran efecto en un Estado de derecho. Pero como estábamos en plena ley de la selva, se requería encontrar otra vía para afrontar el problema".

Desde los primeros momentos, el único que se mostró completamente perplejo y tan lleno de rabia como de miedo fue Eduardo Frei, líder de lo que debía ser el "golpe blanco", quien veía escapar su presa en el instante en que, según creía, estaba próximo a agarrarla. Los servicios de información del Pentágono y de las Fuerzas Armadas norteamericanas, en perfecta coordinación con la CIA, que preparaba el "golpe constitucionalista", habían decidido intervenir verticalmente y abandonar a esa solución legalista en que participaba el sector freís-ta, siguiendo las sugerencias de los agentes dobles de esa misma CIA. A partir de ese momento, Frei tendría que conformarse con el papel de lacayo, y la humillante anécdota que vivió al segunda día del putsch es sumamente simbólica: al acudir a interesarse por la suerte que corrían algunos sacerdotes detenidos en la Escuela Militar, las protestas de Frei ante un coronel que le pidió que se identificara ("todo el mundo me conoce: soy el presidente del Senado"), dieron origen a esta respuesta: "Ya no hay Senado, y por tanto no hay presidente tampoco; el auto que ocupa usted en estos momentos es propiedad del Estado, de manera que queda confiscado". Y mandaron a Frei para su casa en un jeep guiado por un simple cabo...

Desde las primeras horas del putsch, la empresa de los generales se transformó en una bufonada sangrienta. Se vino abajo la delgada pared que separa la civilización de la barbarie. Después de haber acusado durante tantos años, y con mayor tenacidad a partir del gobierno popular, a las fuerzas de izquierda de ser los agentes totalitarios de la barbarie, de hacer tabla rasa de los valores acumulados por la humanidad hasta el presente, de la cultura y la tradición, los generales y la burguesía se entregaron a la arbitrariedad y al vandalismo más absolutos.

En Chile, llevados por su furor antisubversivo, los generales Savonarola queman el libro de Galbraith Cómo controlar a los militares porque no saben distinguir al economista conservador norteamericano de un representante de la New Left. Cuando el general que se encuentra al frente de la Policía Judicial descubre, en la agenda del exjefe de la policía durante el gobierno de Allende, la nota:

"A las 18 horas, ¿Cómo, por qué y para qué se asesina a un general?", la exhibe en la TV como prueba convincente de la participación de ese jefe de la Policía, en el "Plan Z". En realidad, se trataba de una proyección, a las seis de la tarde, del documental cubano de Santiago Álvarez sobre el asesinato del general Schneider, que lleva ese título...

La nueva Constitución: ¿1835 en 1973.

Los índices de que disponemos van todos en el mismo sentido: el orden nuevo que propone la Junta es el mismo que, dos años antes, figuraba en el programa de Patria y Libertad. Ocho días después del golpe, Leigh Guzmán anuncia la creación de un grupo de cinco peritos juristas encargados de redactar la nueva Constitución. Sin excepción alguna, todos son antiguos ministros o colaboradores de Alessandri, o bien miembros del Opus Dei. En general, se trata del mismo equipo que preparó el proyecto de reforma constitucional de Alessandri, al que se unió Jaime Guzmán. Según Leigh,

"La Constitución actual es un remiendo, los constantes zurcidos la han transformado en un documento anacrónico. Vigente desde 1925, fue lo que permitió que el país alcanzara un grado de politización sin precedente. En Chile, un niño podía ser miembro de un partido político a partir de los siete u ocho años".

En realidad, el golpe de los militares es el golpe de los gremios; toca a muerte por los partidos políticos. Hay que institucionalizar, pues, esta nueva fuerza, y crear la nueva sociedad a su imagen y semejanza. He aquí cómo definía Leigh, en su jerga, sus intenciones constitucionalistas

"Para mí, el gremialismo es el que agrupa a obreros profesionales [sic], los empleados, por sectores de especialidades, que no defienden nada más que sus reivindicaciones sociales, sin olvidar la concepción [sic] y el apoyo que deben brindarle a la comunidad. Esos son los verdaderos gremialistas. Cuando utilizo esa palabra, no me estoy refiriendo al gremialismo político, instrumento de que se sirven los partidos políticos para captar más voces con fines claramente .... politiqueros. El verdadero gremialismo es el que agrupa, por especialidad y sector, a los trabajadores. Los gremios del transporte, de la construcción, los colegios profesionales y otros, son verdaderos gremios".

De hecho, estos son los grandes ejes de la nueva Constitución que, según las últimas informaciones, estará terminada para fines de 1974: hacer participar a los jóvenes, las mujeres, los gremios y las Fuerzas Armadas profesionales para impedir que "el marxismo vuelva a plantar sus garras en nuestra patria". Los grandes conceptos -si así podemos llamarlos- de esta nueva sociedad, se insertan hoy en todos los medios informativos de la derecha chilena, los únicos existentes. Estos conceptos son criollos y cosmopolitas al propio tiempo; los mismos del Orden Nuevo en Francia, del MSI en Italia, más o menos sofisticados de acuerdo con el caso. Vamos a examinarlos, en su extrema simplicidad delirante, a partir de algunos documentos redactados por Patria y Libertad que, como todos sabemos, se disolvió voluntariamente tres días después del putsch, ("objetivo alcanzado") para testimoniar una vez más su apoyo a la Junta, y se diluyó en el aparato administrativo del estado militarizado.

1. Cuatro conceptos: Patria - Pueblo - Familia - Gremios.

Patria. La patria es un destino histórico que trasciende los individuos, los partidos y las ideologías. Ella se ha forjado a partir de la sangre de los que murieron en los campos de batalla, y el esfuerzo creador de las generaciones que nos han precedido. De ahí que no podamos renegar del pasado, pero es mucho más grave todavía comprometer el futuro de la patria sometiéndola a una ideología extranjera. El comunismo persigue tales objetivos, y declara que la patria es un prejuicio burgués que se debe eliminar. Esta posición es un delito de alta traición.

Pueblo. El pueblo no pertenece a una clase social determinada. Está compuesto por todos los habitantes de Chile, identificado con su destino histórico. Nuestro pueblo tiene una idiosincrasia y un estilo de vida propios, incompatibles con las fórmulas importadas. El comunismo pretende dividir al pueblo chileno, y predica la "lucha de clases" entre propietarios -"la clase explotadora"- y proletarios -"la clase explotada".

Familia. La familia es la célula básica del organismo social, y por eso el marxismo trata de debilitarla. Con ese fin, alimenta los conflictos generacionales, mina la autoridad de los padres y destruye el respeto filial.

Gremios. Los gremios son las agrupaciones que necesitan los trabajadores, los estudiantes, los profesionales y los jefes de empresas para hacer valer sus derechos.

2. Cinco objetivos. Darle a Chile:

- una democracia funcional u orgánica, que se obtendrá mediante la participación de los gremios, las federaciones universitarias, los jóvenes...;

- un Estado integrador: ante el Estado al servicio de un partido o de una clase, hacemos un llamamiento para construir un Estado integrador al servicio de todos los chilenos;

- un gobierno autoritario: un Estado moderno es una organización compleja que, para evitar la anarquía y el desorden, exige una autoridad fuerte. Es necesario extirpar la demagogia política, terminar con la corrupción moral y poner fin al caos económico que sólo genera desempleo y miseria. Para alcanzar esos objetivos, la primera medida es el restablecimiento del principio de autoridad:

- una economía moderna y una empresa integrada: aceptamos la empresa privada y la propiedad individual con las limitaciones que determina el bien común, porque constituyen los pilares de la libertad humana. Pero aspiramos a sustituir la empresa actual, basada en la compraventa del trabajo, por una empresa integrada, en la cual el aumento de la producción transforme a todos los chilenos en propietarios. Darle al pueblo:

- un sentimiento de responsabilidad colectiva, la cual es el fundamento de la disciplina social, sin la que resulta imposible el desarrollo económico y el progreso espiritual del pueblo.

Se trata, como bien podemos ver, de documentos redactados para una propaganda de masa. Sin duda alguna, estos conceptos se podrán pulir y sofisticar entre las manos de los peritos juristas de la Junta. Por burdos que sean, estos conceptos representan perfectamente la trama de los mensajes unilaterales a los que la retórica predominante ha acostumbrado al público a partir del 11 de septiembre de 1973.

"El país necesita un gobierno autoritario y austero en que se tenga confianza moral para aplicar una profunda política de rectificación [...]. Los marxistas han creado la imagen del jefe de empresa explotador. Nosotros estamos convencidos de que el mundo avanza hacia una integración que no tiene nada que ver con esa imagen de mezquindad, explotación y egoísmo. Estamos interesados fundamentalmente en luchar por una empresa flexible y dinámica, en la que cada uno, cualquiera que sea la función que realice, pueda sentirse como parte de un trabajo común".

Y así sucesivamente, mientras que en las minas de cobre El Teniente, por ejemplo, se ha dejado sin empleo a más del 20% de los obreros...

La burguesía chilena quiere volver al viejo sueño de Diego Portales de los años treinta del pasado siglo. Ese padre de la "nacionalidad chilena" fue el que escribió en esa fecha:

"La República es el sistema que debemos adoptar. Pero ¿saben cómo la concibo para este país? Como un gobierno fuerte y centralizador cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, para que de ese modo puedan atraer hacia el camino del orden y las virtudes a todos los ciudadanos [...].

El sentido y el amor al orden que manifiestan todas las clases del Estado constituyen una barrera inexpugnable contra la cual chocarán y se aplastarán los proyectos de los desorganizadores incorregibles que no desean buscar otra vía para mejorar su suerte, que no sea la del desorden, la ruina de las instituciones y la gente decente, y la posesión de empleos que no son capaces de desempeñar fiel y dignamente."

En ese legalismo ilegal, todavía tienen tiempo para pensar en una nueva constitución. Una nueva constitución que, con una terminología "moderna, orgánica y funcional" de la tecnocracia, en realidad no es más que una especie de teocracia que se niega a confesar sus bases metafísico-religiosas. Los generales, aplicando la utopía de su clase dominante, se ven reducidos a privar de toda viabilidad su proyecto de modernización capitalista. Deseando fijar en un sistema político, como si fuera para la eternidad, su efímera victoria sobre el proletariado, relegan la economía a un segundo plano, y dejan así apartadas a las clases en que descansa el proceso de acumulación capitalista. ¿Podrán hacerlo durante mucho tiempo?


Notas.

1. Víctor Brodersohn: Consideraciones sobre el carácter dependiente de la burguesía industrial chilena. Santiago de Chile, Ceso, 1969, p, 3.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
Capitulo Anterior Proximo Capitulo Sube